Jesús y la justicia social

Escribo un segundo artículo sobre los principios sociales del Cristianismo con la intención de responder a la crítica que de ellos hace Carlos Marx. Utilizo en exclusiva argumentos tomados del Nuevo Testamento.

Jesús y la justicia social

Cuando el Señor inaugura su ministerio en la sinagoga de Nazaret lee estas palabras de Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos” (Lucas 4:18).

El Evangelio es predicado primero a los pobres, desheredados de los bienes terrenos. Las Bienaventuranzas (Mateo 5:3-11) son ocho cartas para el mundo de la pobreza, ocho rayos de esperanza a la clase más explotada en el curso de la Historia.

El juicio final tendrá muy en cuenta el comportamiento del hombre para con ese mundo de la pobreza, desheredado de bienes materiales y de afectos humanos.
“Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos mis pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mateo 25:34-46).

Al joven rico, que desea conocer la forma de heredar la vida eterna, eterna preocupación del hombre desde la caída de Adán, Cristo le dice: “Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo” (Lucas 18:18-30).

La gran lección de este pasaje es que las riquezas suelen ser un obstáculo para alcanzar la presencia de Dios.

En la parábola del rico necio (Lucas 12:13-21), de una gran carga social, Cristo se pronuncia contra la avaricia y contra la retención injusta de la propiedad con imágenes y conceptos superiores a los usados por Marx.

Cristo no fustiga al terrateniente, pero le hace ver su necedad al invertir los valores de la existencia, descansando su objetivo en la vida misma en lugar de pensar en lo trascendente.

Al propio tiempo descubre la miseria del corazón humano; el egoísmo del capital, cuya única preocupación consiste en multiplicar sus valores, sin importarle las necesidades ajenas.

En tema de justicia social, Cristo es aquí más marxista que el propio Marx.

J. A. Monroy es escritor y conferenciante internacional.

© J.A. Monroy, ProtestanteDigital.com (España, 2008).

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