segunda venida IX-Cristianismo primitivo

segunda venida IX-Cristianismo primitivo

Los cristianos de la primera hora no fueron ni un grupo sectario, subversivo o ideologizado, ni un grupo espiritualista desenganchado de la realidad. En ellos el cristianismo se mostró inmediatamente por lo que era y es: una experiencia de vida, una precisa manera de ser y de actuar dentro de las circunstancias y los problemas de todos los hombres, una posibilidad de vivir las circunstancias y los problemas de todos los hombres de un modo distinto, específico, mas verdadero y más humano. Por tanto, una cultura.

Con esto se comprende también por qué llamaban tanto la atención de todo el mundo: de las clases más bajas como de las más altas, del esclavo como de su amo, de la persona débil como de quien tenía fuerte personalidad, de los que no podían estudiar como de los cultos, de los ancianos como de los jóvenes. Y, por supuesto, no podían no llamar la atención del poder, sobre todo cuando, por ejemplo, un alto funcionario, un senador, un oficial del ejército, o el propio emperador, se enteraba de que en su propia casa, en la-misma corte, uno de sus hijos o hijas, o los siervos, o la esposa, o un amigo, o un compañero en la lucha política y en el campo de batalla, se habían hecho cristianos.

Pero su vida, y la comunión que los caracterizaba, era una denuncia clara, contundente, de las injusticias y abusos del Estado y de la sociedad. Respetaban a todo el mundo, incluso a los ricos y poderosos, pero su estilo y su concepción de la vida, de los amigos, del prójimo, era otra cosa: “comparten la mesa, pero no el lecho”, leemos en la Carta a Diogneto. Y, si tienen familia, “no se deshacen de los hijos que conciben”.

La ley, en Roma, estaba clara: el “paterfamilias”, por ejemplo, tenía derecho de vida y de muerte no sólo sobre los esclavos, sino sobre la esposa y los hijos. En cualquier momento y por cualquier razón, podía incluso suprimirlos, sin que el Estado de ninguna manera interviniera. Entonces no se podía no ver la novedad radical del comportamiento cristiano: la persona, sea cual fuere su condición, hombre o mujer, niño o anciano, esclavo o libre, es un valor absoluto. Ninguna autoridad humana y ningún poder está por encima de ella, ni de ella puede disponer a su antojo.

Pero lo más importante a tener en cuenta en todo esto, lo más decisivo, sin lo cual no entenderíamos nada del cristianismo, es que no era ni pretendía ser “fruto o conquista del talento y especulación de hom bres estudiosos”, como subraya el anónimo cristiano en su carta al amigo pagano Diogneto; que no era, ni es, una “filosofía humana”.

Esa experiencia de vida nueva, cambiada, esa cultura, esa novedad radical, que sin embargo resultaba más verdadera y humana que cualquier otra, no era y no es algo inventado por gente superior, genial, presumida, en una palabra, obra de manos humanas: quienes la viven son absolutamente conscientes de que la han encontrado, la han recibido, viene “de lo alto”, esto es, de Jesús de Nazaret, Aquel que había afirmado y mostrado ser el Hijo de Dios hecho hombre y que, según su experiencia, sigue vivo y presente.

Pedro debe haber permanecido largos períodos en Roma durante más de veinte años. Pero, en el año 49, lo encontramos nuevamente en Palestina, presidiendo, junto con Juan y Santiago (el Menor), al primer Concilio de la Iglesia, el Concilio de Jerusalén.

Están presentes también, y son protagonistas, Bernabé y Pablo. El tema es definir de una vez el problema de los cristianos que vienen del paganismo. La decisión unánime es que no hay que imponerles la circuncisión, ya que para ser cristianos no son necesarias las obras de la ley mosaica, sino la fe en Jesucristo.

Después del Concilio, Pedro se queda un tiempo, visitando las comunidades locales, incluso la comunidad de Antioquía, donde sucede el famoso “incidente” del que habla san Pablo en la carta a los Calatas (2, 11-14). En esa oportunidad, acosado por cristianos judíos que en su corazón no habían aceptado la decisión del Concilio de Jerusalén, Pedro había dejando de frecuentar a los cristianos provenientes del paganismo, provocando la pronta reacción de Pablo.

Probablemente ese mismo año, o poco más tarde, Pedro regresa a Roma. Allí, de todos modos, lo encontramos en el 64, año en el que, abruptamente, se desata la increíble, tremenda persecución neroniana, que horrorizó a los mismos paganos. Los hechos son conocidos: Nerón, frente a un violento incendio que había arrasado con una parte muy grande de la ciudad (se murmuraba en el pueblo que era obra de Nerón), indica a los cristianos como responsables del incendio y los manda ejecutar en masa, haciéndolos crucificar y quemar sobre las mismas cruces. El macabro espectáculo de esas antorchas humanas ardiendo en la noche de Roma, donde encontraron indiscriminadamente el martirio hombres, mujeres, jóvenes y ancianos, ha quedado indeleble y emblemático en la memoria histórica de la humanidad.

Estudios recientes revelan que en ese mismo año 64 d.C. -y no en el 67, como se creyó hasta ahora- Pedro también encontró el martirio.

Algunos se preguntan si Pedro y todas las víctimas de la locura de Nerón fueron “mártires” -es decir, muertos por la fe, por ser cristianos- o si no se trató, en realidad, de una simple, aunque trágica, casualidad. Lo que le importaba a Nerón-así razonan algunos historiadores- era atrapar a los primeros que se les cruzara por el camino para transformarlos en chivos expiatorios y aplacar la furia de la gente. De hecho, no hubo ningún proceso, ninguna incriminación de “superstitio illicita” y “maléfica” para el Estado, como sucederá, por ejemplo, en las futuras persecuciones de Decio, Valeriano y Diocleciano. Dicho en otros términos, todos habrían sido ejecutados no por cristianos sino por incendiarios. Nosotros mismos, dijimos que desde la crucifixión de Cristo hasta el año 62 jamás

Roma había considerado a los cristianos como políticamente peligrosos. Más bien, en distintas oportunidades, los había defendido contra los ataques de los judíos.

Sin embargo, es forzoso reconocer que en la Roma imperial, desde algún tiempo, y ya antes de la persecución, muchos habían empezado a percibir que el cristianismo, por su vida y por su cultura, constituía un peligro inmensamente más grave que cualquier atentado o acción subversiva.

Recordemos, en primer lugar, que Nerón -quien, durante los primeros años de su gobierno, había actuado sabiamente, siguiendo los consejos de hombres como el estoico Séneca- a partir del año 62 había cambiado radicalmente su política: no sólo había hecho asesinar a su madre Agripina, a su primera esposa Octavia y a su segunda esposa Popea, sino que había dado a toda su política un vuelco autoritario y absolutista, empezando, al mismo tiempo, a perseguir precisamente a estoicos y a cristianos. De los primeros pudo deshacerse rápidamente, empezando por su antiguo maestro Séneca, al que obligó a suicidarse. Con los cristianos, en cambio, se encontró con que el peligro no eran personas individuales, o posibles competidores a nivel político, sino todo un estilo de vida y toda una cultura de la que brotaba en forma directa un contundente “juicio moral” que se demostraba inmensamente más dañino que cualquier oposición o complot político.

Por otro lado, hacía tiempo ya que en la alta sociedad romana, como también en las clases más bajas -junto con el interés y la simpatía de algunos, hasta las conversiones más impensadas y clamorosas- se registraban rumores pesadísimos sobre los cristianos. Calumnias infamantes. El mismo Tácito, cuando relata lo del incendio de Roma, afirma que los cristianos, aunque no hubiesen tenido nada que ver con el incendio, eran seguidores de una “execrabilis superstitio” y que se caracterizaban por “odiar al género humano” (Annales, XV, 44, 5-6).

¿Qué habían hecho para merecer semejante acusación? El historiador romano no lo dice, amparándose en que eso era opinión general, y que la gente también los odiaba a ellos, porque los consideraba culpables de haber provocado la ira de los dioses y de ser responsables de las desgracias (flagitía) que aquéllos enviaban del cielo sobre Roma (Anna-les XV, 44, 4).

Recordemos al autor de la carta a Diogneto: “Los judíos los combaten como a gente extraña, los gentiles los persiguen y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben explicar el motivo de su hostilidad”.

La venida de Cristo,esperanza cristiana.

La esperanza cristiana se centra en la venida de Cristo, que puede describirse como su “segunda” venida (He. 9.28). Por consiguiente, la expresión veterotestamentaria, “el *día de Jehová”, que en el Nuevo Testamento se usa para describir el acontecimiento relacionado con el cumplimiento final (1 Ts. 5.2; 2 Ts. 2.2; 2 P. 3.10; cf.cf. confer (lat.), compárese “el día de Dios”, 2 P. 3.12; “aquel gran día del Dios Todopoderoso”, Ap. 16.14), es característicamente “el día del Señor Jesús” (1 Co. 5.5; 2 Co. 1.14; cf.cf. confer (lat.), compárese 1 Co. 1.8; Fil. 1.6, 10; 2.16).

La venida de Cristo se conoce como su paruséa (“venida”), su apokalypsis (“revelación”) y su epifaneia (“aparición”). La palabra paruséa significa “presencia” o “llegada”, y se usaba en el griego helenístico para las visitas de dioses y gobernantes. La paruséa de Cristo será la venida personal del mismo Jesús de Nazaret que ascendió al cielo (Hch. 1.11); pero será un acontecimiento universalmente evidente (Mt. 24.27), una venida en poder y gloria (Mt. 24.30), para destruir al anticristo y la iniquidad (2 Ts. 2.8), para reunir a su pueblo, tanto los vivos como los muertos (Mt. 24.31; 1 Co. 15.23; 1 Ts. 4.14–17; 2 Ts. 2.1), y para juzgar al mundo (Mt. 25.31; Stg. 5.9).

Su venida será, también, un apokalypsis, un “quitar el velo”, una “revelación”, cuando el poder y la gloria que ahora le son propios en virtud de su exaltación y sesión celestial (Fil. 2.9; Ef. 1.20–23; He. 2.9) serán revelados ante todo el mundo. El reinado de Cristo como Señor, actualmente invisible al mundo, se hará visible en ese momento por su apokalypsis.

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¿Fue Adán un individuo histórico real?

¿Fue Adán un individuo histórico real?
Luego continuamos con escatologia.Aprovecho este post para colocar un articulo muy interesante,sobre Adan, el de la biblia, el que los evolucionistas no creen que existio,ya que ellos creen que provenimos de un antecesor comun,alguna especie de mono.

Posted: 23 Sep 2009 02:58 PM PDT

Dr. James Anderson

Dr. James Anderson

El 12 de septiembre, la Wilberforce Fellowship publicó un video del Dr. Tremper Longman III llamado “¿Existe un Adán histórico?” En este video Longman expresó sus dudas sobre la existencia de Adán como un personaje histórico, sugestión que va contra la interpretación histórica del evangelicalismo y que trajo algunas respuestas de teólogos consevadores. Una de estas respuestas fue escrita por el Dr. James Andreson, profesor de teología y filosofía en el Reformed Theological Seminary en Charlotte, Estados Unidos, en su blog. A continuación está mi traducción del artículo del Dr. Anderson.

En un video clip que sin duda traerá discusión en la blogósfera evangélica, el Profesor Tremper Longman III expresó dudas acerca de si los primeros capítulos de Génesis nos deben llevar a pensar que Adán fue un individuo histórico real (en el mismo sentido que Jesús, dice, fue un individuo histórico real). No voy a comentar aquí la visión particular de Longman o sus razones para su afirmación, sólo voy a ofrecer doce razones preliminares del porque la visión evangélica de la Biblia nos obliga a creer en la existencia de Adán como un individuo histórico real.

1. Para comenzar, el género literario básico de Génesis 1-4 es el de narrativa histórica (opuesta de, por ejemplo, poesía, código legal o apocalíptico). Esto no quiere decir que aquellos capítulos no pueden contener lenguaje figurado; muchos estudiosos conservadores del AT afirmaría que de hecho lo contiene. Pero esto implica que aquellos capítulos (como el resto de Génesis) fueron escritos por el autor con la intención de reportar eventos importantes en el espacio-tiempo histórico. Como tal, debería haber la fuerte presunción de que el Adán de los capítulos 1-4 no es menos una figura histórica real que el Abraham de los capítulos 12-25.

2. Los primeros cinco versículos de Génesis 5 no sólo describen eventos en la vida de Adán, ellos contienen datos numéricos específicos de esos eventos. Lo que sería extraño si el autor no considerara a Adán como una figura histórica real. (¡Este punto se aplica igualmente para el autor humano como el divino!) Por ejemplo, se nos dice que Adán vivió 930 años. ¿Por qué alguien podría hacer una afirmación de un hecho tan preciso acerca de la vida de cierto individuo si el individuo en cuestión nunca vivió realmente? (Ref. Gén. 25:17; 50:26; Num. 33:39; Deut. 34:7; Jos. 24:29; etc.)

3. El autor de Génesis presenta el libro como una descripción histórica perfectamente integrada. No existen pasos obvios entre una narrativa no histórica a una narrativa histórica. Es más, somos enfrentados con una serie de secciones narrativas, todas introducidas con alguna variante de la fórmula “Estas son las generaciones de…” (Gén. 2:4; 5:1; 6:9; 10:1; 11:10; 11:27; 25:12; 25:19; 36:1, 9; 37:2). La implicación es que Adán y Eva no son menos figuras históricas que Noé, Sem, Abraham, Ismael, Isaac, Esaú y Jacob.

4. Adán es mencionado en la genealogía de 1 Crónicas 1. La presunción es que Adán es tan individuo histórico como la demás gente que aparece en la genealogía. Una cosa a conceder (como muchos estudiosos conservadores del AT harían) es que existen espacios en las genealogías del AT; las palabras hebreas para ‘padre’ e ‘hijo’ ciertamente permiten aquello. Lejano a eso es sugerir que estas genealogías se deslizan imperceptiblemente entre no históricas e históricas.

5. La interpretación de Oseas 6:7 está en disputa, pero un buen caso puede ser ofrecido al tomar a ‘Adán’ como una referencia al primer ser humano, en lugar del nombre de un lugar o como ‘humanidad’, lo que toma sentido en el contexto. (Las notas en la Biblia de Estudio ESV resumen la racionalidad de esta lectura.) Sería tonto descansar sobre este versículo; pero por otro lado, no puede ser menospreciado. Si esta es de hecho la lectura correcta, presta un gran apoyo al caso preliminar sobre el Adán histórico.

6. La genealogía de Jesucristo dada en Lucas 3:23-38 traza todo El camino de vuelta a Adán. Aunque parece que la genealogía no está completa (ni pretende estarlo), es difícil creer que Lucas podría haber aceptado la idea que su lista mesclara lo histórico con lo no histórico. ¿Si Adán no fuera un individuo histórico, no minaría el punto de Lucas, a saber, que Jesús es la segura esperanza para todo ser humano, tanto judíos como gentiles? ¿Cómo podría una genealogía parcialmente ficticia llevar a un punto teológico verdadero?

7. En Mateo 19:3-9, como respuesta a la pregunta acerca del divorcio, Jesús refiere a los fariseos de vuelta al relato de la creación de Adán y Eva en Génesis 1-2. Jesús toma como garantizado que el relato de Génesis describe un evento e individuos históricos reales. ¿Si la pareja de esposos paradigmática nunca existió no dejaría sin sentido el argumento de Jesús?

8. En Romanos 5:12-21, Pablo bosqueja su famoso paralelo entre Adán y Jesús. La transgresión de ‘un hombre’ (Adán) trajo juicio y muerte, pero la obediencia de ‘un hombre’ (Jesús) trae justicia y vida. Si Adán no existió realmente, el paralelo de Pablo – sobre el cual depende su argumento teológico – se caería.

9. En el mismo pasaje, Pablo afirma que “reinó la muerte desde Adán hasta Moisés” (versículo 14). Pablo claramente se refiere a un periodo específico de la historia de la humanidad; pero si Adán no fuera una figura histórica real, entonces no existe tal periodo, en cual caso la afirmación de Pablo falla en su referencia (y por lo tanto falla en expresar una verdad).

10. El paralelo de Pablo entre Adán y Cristo reaparece en 1 Corintios 15:21-22 (también en el versículo 45). La misma consideración de Romanos 5:12-21 se aplica aquí. Si el pecado de Adán no es un evento histórico, el argumento de Pablo falla.

11. En 1 Timoteo 2:12-14, Pablo se refiere a detalles específicos acerca de la creación y caída de Adán y Eva para apoyar su instrucción acerca de la enseñanza de la mujer en la iglesia. La coherencia del argumento paulino depende crucialmente de la historicidad del evento al cual apela.

12. Judas 14 alude a “Enoc, séptimo desde Adán”; es una presunción razonable que el autor de Judas veía tanto a Enoc como a Adán como individuos históricos. Sí, entiendo que surgen complicaciones con el uso de Judas del libro pseudoepigráfico 1 Enoc, y yo no podría querer poner más peso en este punto que el de la interpretación de Oseas 6:7, pero los evangélicos deberíamos mantener en la mente tres simples puntos: (1) toda la Escritura es verbalmente inspirada; (2) Judas es escritura; y (3) el autor de Judas no estaba obligado a mencionar que Enoc era el “séptimo desde Adán”.

Tomados juntos, estos doce puntos añaden un fuerte caso preliminar para la visión cristiana tradicional de que Adán fue un individuo histórico real. Cualquier erudito que sostenga la autoridad e inerrancia de la Escritura, pero niegue estos puntos, tendrá un montón de cosas por explicar. Si todos tenemos que lidiar con los primeros capítulos de Génesis, apelar a género y otras consideraciones literarias puede proveer suficiente agitación. Pero las doce observaciones de arriba indican que la historicidad de Adán es un cordón permanente en la historia, teología y ética bíblica. Tira ese cordón y, tarde o temprano, todo el tejido se desarmará.

Reformado reformándome

la segunda venida de Jesus VIII. PALESTINA EN TIEMPOS DE JESÚS. La dominación romana

la segunda venida de Jesus VIII
PALESTINA EN TIEMPOS DE JESÚS. La dominación romana

En el año 30 (o 29) de nuestra era, tres cruces fueron levantadas en las afueras de Jerusalén: en dos de ellas morían dos hombres condenados por delitos comunes; en la tercera, moría Jesús de Nazaret. Eran los días de la Pascua judía, por tanto el hecho sucedió entre marzo y abril de ese año.

Jesús había sido arrastrado ante dos tribunales y sometido a dos juicios: el del Sanedrín y el del Procurador romano Poncio Pilato. El Sanedrín condenó a Jesús por blasfemia: se había proclamado hijo de Dios. Pero las autoridades judías, como leemos en el evangelio de san Juan, no tenían autorización para emitir y ejecutar sentencias capitales. Por eso, en la madrugada del día viernes, llevaron al preso ante el tribunal de Pilato.

La acusación, en este caso, fue otra y muy hábil: este Jesús se había proclamado rey de los judíos, es decir, se había puesto en contra del «César», o sea, del emperador de Roma. Pilato se dio cuenta de que la acusación no tenía ningún fundamento, pero tuvo miedo de que los judíos lo denunciaran a Roma y mandó que Jesús fuera crucificado. Sin embargo, el desenlace posterior de los acontecimientos, tanto en Palestina como en Roma, no fue favorable para Pilato y resultó que incluso la decisión de condenar a Jesús había sido políticamente equivocada. De hecho, en el año 36, será destituido.

El emperador de Roma era Tiberio (19-36 d.C.), primer sucesor de Augusto. En realidad, hasta el año 31, Tiberio había dejado el pleno manejo del imperio en manos de Sejano, su plenipotenciario. Y Pilato era un hombre de este último. Pero en el año 31 Sejano cae en desgracia. El propio Tiberio se deshace de él y retoma el control del imperio. Con respecto a la turbulenta provincia de Siria (que ahora incluye a Palestina) su legado Vitelio -en el año 36- destituye al sumo sacerdote Caifas y decide que Pilato debe irse a Roma para rendir cuenta de toda su política hasta el momento. El juicio es desfavorable y Pilato muere de muerte violenta.

De este modo empezamos a descubrir que -a partir del año del año 31 y, como veremos, hasta el año 62, cuando Nerón (54-68 d.C.) cambió radicalmente su política- Roma no fue hostil al cristianismo. Más bien, y durante más de treinta años, miró con una cierta simpatía y tolerancia a esta nueva secta que había aparecido entre los judíos, aunque sea por la simple razón de que estos la combatían. Y en distintas oportunidades, ya sea en Roma, ya sea en Palestina, las autoridades romanas defendieron a los cristianos de las agresiones del judaismo, como veremos sobre todo en el caso de san Pablo.

Esto no impidió hechos violentos -como la lapidación de Esteban en el año 34 por manos del Sanedrín y como la decapitación de Santiago en el año 42 por orden de Herodes Agripa I- pero estos hechos no correspondían a la voluntad de Roma y fueron juzgados como abuso de poder.

Es que los romanos -pragmáticos como siempre- se dieron cuenta inmediatamente de que ni Jesús ni sus seguidores eran peligrosos desde el punto de vista estrictamente político, se dieron cuenta que de ahí no iba a surgir ninguna de las tentativas subversivas que caracterizaban, en cambio, otros sectores del judaismo.

Señales de los tiempos

El Nuevo Testamento sostiene insistentemente que la venida de Cristo es inminente (Mt. 16.28; 24.33; Ro. 13.11s; 1 Co. 7.29; Stg. 5.8s; 1 P. 4.7; Ap. 1.1; 22.7, 10, 12, 20). Esta inminencia temporal, sin embargo, está condicionada por la creencia de que “antes” deben producirse ciertos acontecimientos (Mt. 24.14; 2 Ts. 2.2–8), y especialmente por la clara enseñanza de que la fecha del fin no puede ser conocida de antemano (Mt. 24.36, 42; 25.13; Mr. 13.32s; Hch. 1.7).

Todo cálculo queda eliminado, y los creyentes viven en diaria expectativa precisamente porque la fecha no puede ser conocida. La inminencia tiene menos que ver con fechas que con la relación teológica entre el cumplimiento futuro, y la historia pasada de Cristo y la situación actual de los cristianos.

El “ya” promete, garantiza, exige el “todavía no”, de manera que la venida de Cristo ejerce una presión continua sobre el presente, haciendo que la vida cristiana se oriente hacia ella.

Esta relación teológica explica el característico escorzamiento de la perspectiva en la profecía de Jesús sobre el juicio de Jerusalén (Mt. 24; Mr. 13; Lc. 21) y en la profecía de Juan acerca del juicio de la Roma pagana (Ap.); estos dos juicios se vislumbran como acontecimientos relacionados con el triunfo final del reino de Dios, por la sencilla razón de que teológicamente lo son, cualquiera sea el lapso cronológico entre ellos y el fin.

Es precisamente porque se acerca el reino de Dios que los poderes de este mundo son juzgados incluso en el transcurso de la historia de esta era. Todos los juicios de esta naturaleza constituyen anticipos del juicio final.

La teoría según la cual Jesús fue un revolucionario, o de que, había venido para liberar a los oprimidos de las esclavitudes políticas y sociales, no tiene ningún fundamento histórico.

No obstante, sería un error de interpretación mucho más grave concluir que Jesús y el cristianismo han sido y son portadores de un espiritualismo inocuo, o de una simple moral, o de un culto más en el panorama mundial de las religiones. Más tarde, Roma misma comprenderá muy bien la verdadera naturaleza y el verdadero peligro que le venía del cristianismo. No un nuevo partido o una nueva ideología, sino una nueva vida y una nueva cultura, un comienzo de otro mundo -más humano y más vivible- dentro este mundo, dentro de una sociedad profundamente en crisis que, en el caso del imperio romano, ya no tenía en sí misma ningún fundamento sólido, ningún valor humano -ni siquiera la antigua tradición de los padres fundadores- en que poder consistir.

Tal como resulta a lo largo de toda su historia, el cristianismo demuestra su verdadera identidad, su novedad radical y su fuerza, no cuando se opone al poder con las mismas armas del poder, sino cuando construye nuevas formas de vida.

Vemos que ya existía la maldad de los tiempos también bajo los romanos. Pero Jesús vino al mundo. No perdió sus años gimiendo y lamentando la maldad de los tiempos. Cortó por lo sano. De manera muy simple. Haciendo al cristianismo. El no se quedó incriminando o acusando. El salvó. No incriminó al mundo, sino que dio su vida para que todo aquel que en el creyere no se pierda,sino fuere salvo”

Bibliografia

  • Dicc. Bibl. ed Certeza
  • De la Tierra  a las gentes,Asoc. civil Promocion cultura y fe

Ver

La segunda venida de Jesús VII. La vida cristiana y la esperanza

La segunda venida de Jesús VII. La vida cristiana y la esperanza

El evangelio es una buena noticia

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su hijo nacido de mujer y nacido bajo la ley”. Gálatas 4: 4

Recordemos que la palabra “cumplimiento” significa : “todas las cosas que tenían que pasar, pasaron”

Éste verso declara que Dios el Padre envió a Su Hijo cuando “el tiempo fue cumplido”. Había muchas cosas ocurriendo al mismo tiempo en el primer siglo que, al menos desde el razonamiento humano, parecía ser el ideal para que Cristo viniera. Esto incluye lo siguiente:

1) Había gran expectación entre los judíos de ese tiempo por la llegada del Mesías. Los romanos gobernaban sobre Israel, haciendo que los judíos estuvieran ansiosos por la aparición del Mesías.

2) Roma había unificado gran parte del mundo bajo su gobierno, dando la sensación de unidad a las muchas tierras conquistadas. Además, como el imperio se encontraba relativamente pacífico, hizo posible que los primeros cristianos pudieran viajar para esparcir el Evangelio, cosa que hubiera sido imposible durante otros tiempos.

3) Mientras que Roma había conquistado militarmente, Grecia lo había hecho culturalmente. Una forma “común” del idioma griego (diferente al griego clásico) era el lenguaje comercial, que era hablado a través de todo el imperio, haciendo posible la comunicación del Evangelio a muchos diferentes grupos de gente, mediante un lenguaje común.

4) El hecho de que los ídolos de mucha gente habían “fallado” al negarles la victoria sobre los conquistadores romanos, causó que muchos abandonaran su adoración. Al mismo tiempo en las ciudades más “cultas”, la filosofía y la ciencia griega de ese tiempo, dejó a otros espiritualmente vacíos de la misma manera que en la actualidad, el ateísmo y los gobiernos comunistas han dejado un vacío espiritual en las personas.

5) Las religiones misteriosas de ese tiempo, enfatizaban un dios-salvador y requerían que sus adoradores le ofrecieran sacrificios sangrientos; por lo que hacía que el Evangelio de Cristo, que implicaba un ultimo sacrificio, no fuera algo increíble para ellos. También los griegos creían en la inmortalidad del alma (pero no del cuerpo).

6) El ejército romano reclutaba soldados de entre las provincias, exponiendo a estos hombres a la cultura romana y a las ideas (tales como el Evangelio) que de otra manera, no habrían alcanzado a aquellas lejanas provincias. La primera introducción del Evangelio en Gran Bretaña, fue resultado del esfuerzo de soldados cristianos estacionados ahí.

Es a partir de este glorioso evento que una buena noticia se echó a rodar por el mundo. Un mundo viejo y cansado de malas noticias, que son sólo versiones renovadas de la tragedia humana, escuchó el mensaje de alguien que prometió “hacer nuevas todas las cosas”. Así, avanzando contra las tinieblas, la luz verdadera siguió su curso fulgurante que nada ni nadie pudo ni puede ni podrá detener.

De esta manera conciben los autores bíblicos el anuncio del Evangelio de Jesucristo por los caminos del Mundo. Pablo habla de la dinamita de Dios de la cual él no se avergüenza. Juan habla de “la luz que brilla… y la oscuridad no ha podido apagarla”. Lucas narra la épica de un avance incontenible contra viento y marea, en el mundo greco-romano del siglo I.

Esta buena noticia no fue tan sólo un sistema de ideas que se contrapuso a los sistemas de ideas, de aquella época o los hoy vigentes en el mundo. No fue ni es una ideología más en el supermercado intelectual del momento.

Es un poder, es una  forma de vivir y plantarse frente al mundo, es un comunidad que trasciende barreras. Para recuperar el sentido vigoroso de un estilo de vida evangélico hay que sacar el Evangelio de manos de los vendedores profesionales que la han vuelto un inocuo producto comercial que se ofrece al mejor postor. Dondequiera un ser humano que invoca el nombre de Cristo se atreve a vivir por él; se esfuerza por practicar sus demandas de amor, justicia, servicio y arrepentimiento; alza sus ojos con esperanza y vence el temor, allí es donde está avanzando el Evangelio.

A partir del siglo I, siglo tras siglo, vivir el Evangelio ha sido toda una aventura que ha probado las promesas del Dios de Abraham, Isaac, Jacob, Jesucristo y Pablo. Hoy sigue siendo así. La atmósfera de nuestro tiempo es otra. La oposición de afuera y las traiciones de dentro han cambiado de rostro. Jesucristo es el mismo hoy, ayer y siempre y por ello hay que entender cómo vivir el Evangelio eterno de nuestro tiempo.

La vida de los cristianos primitivos era realmente digna de ser imitada.

Una carta de un cristiano anónimo del siglo II d.C. dirigida a un pagano llamado Diogneto, describe de una manera viva y actual el carácter de la experiencia cristiana de los orígenes y su sorprendente contenido de novedad en un mundo que no era cristiano.

Los cristianos no se distinguieron de los demás hombres ni por su territorio, ni por su lengua, ni por su vestimenta,. No habitaron en ciudades propias, ni usaron un lenguaje particular ni llevaron un género de vida especial. Su doctrina no fue el fruto o la conquista del talento y la especulación de hombres estudiosos; ni profesaron, como hicieron algunos, un sistema filosófico humano.

Vivieron en ciudades griegas o bárbaras según les hubo tocado en suerte a cada uno. Siguieron las costumbres de los habitantes del país en el vestido, la comida y el resto del vivir. Sin embargo, dieron muestras de una forma, de vida admirable y, al decir de todos, increíble. Habitaron en sus patrias respectivas, pero como forasteros; participaron en todo como ciudadanos, pero se comportaron como extranjeros. Toda tierra extranjera fue como una patria para ellos y toda patria era al mismo tiempo tierra extranjera.

Se casaron como todos y engendraron hijos, pero no se deshacían de los hijos que concebían. Tenían la mesa en co mún, pero no el lecho. Vivían en la carne, pero no según la carne. Pasaron su vida en la tierra, pero eran ciudadanos del cielo. Obedecieron a las leyes establecidas, pero con el tenor de su vida superaron las leyes.

Amaron a todos, y todos les perseguieron. Se los condenó aún sin conocerlos. Se les dió muerte y con ello recibieron la vida. Muchos fueron  pobres, pero aun asi enriquecieron a muchos; a veces carecían de todo, pero en todo abundaron; …¡hicieron el bien y fueron castigados como malhechores.

…¡los judíos los combatieron como a ex traños y los gentiles los persiguieron. Sin embargo, los mis mos que los aborrecian no saben explicar el motivo de su hostilidad hacia ellos.

Para decirlo en una palabra, los cristianos son al mundo lo que el alma es al cuerpo. Esta, en efecto, se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así, también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; así, también los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo{…) El alma ama el cuerpo y a sus miembros, a pesar de que éste la aborrece; del mismo modo, los cristianos aman a los que los odian{…¡ Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar”.

La vida cristiana y la esperanza

El cristiano vive entre el “ya” y el “todavía no”, entre la resurrección de Cristo y la futura resurrección general en el momento de la venida de Cristo. Esto explica la estructura distintiva de la existencia cristiana, fundada en la obra terminada de Cristo en el pasado histórico y, al mismo tiempo, desenvolviéndose en la esperanza del futuro que se nutre de esa misma historia pasada, y es garantizada por ella. La estructura se ve, por ejemplo, en la Cena del Señor, donde el Señor resucitado está presente en medio de su pueblo en un acto de “recordación” de su muerte, que es a la vez un simbólico anticipo del banquete escatológico del futuro, que da testimonio, por lo tanto, de la esperanza de su venida.

El período que transcurre entre el “ya” y el “todavía no” es el período del Espíritu y el período de la iglesia. El Espíritu es el regalo escatológico prometido por los profetas (Hch. 2.16–18), por medio del cual los cristianos participan ya de la vida eterna de la era venidera. El Espíritu es el creador de la iglesia, el pueblo escatológico de Dios, que ya ha sido transferido de la potestad de las tinieblas al reino de Cristo (Col. 1.13). Por medio del Espíritu presente en la iglesia la vida de la era venidera ya se está viviendo en medio de la historia de este presente siglo malo (Gá. 1.4). Así, en un sentido, la nueva era y la era pasada se superponen; la nueva humanidad del postrer Adán coexiste con la vieja humanidad del primer Adán. Por la fe sabemos que la vieja era va pasando y que está sujeta a juicio, y que la futura depende de la nueva realidad de Cristo.

El proceso del cumplimiento escatológico en la superposición de las edades comprende la misión de la iglesia, que cumple el universalismo de la esperanza veterotestamentaria. La muerte y la resurrección de Cristo constituyen un acontecimiento escatológico de significación universal que, sin embargo, debe cumplirse universalmente en la historia mediante la proclamación mundial del evangelio por la iglesia (Mt. 28.18–20; Mr. 13.10; Col. 1.23).

Sin embargo, la línea divisoria entre la era antigua y la nueva no corre sencillamente entre la iglesia y el mundo; corre a través de la iglesia y a través de la vida del cristiano individual.

Estamos siempre en proceso de transición del antiguo al nuevo, viviendo en tensión escatológica entre el “ya” y el “todavía no”. Somos salvos, y no obstante seguimos aguardando la salvación.

Dios nos ha justificado,  es decir ha anticipado el veredicto del juicio final al declararnos absueltos por medio de Cristo. Sin embargo. todavía “aguardamos por fe la esperanza de la justicia” (Gá. 5.5).

Dios nos ha dado el Espíritu por medio del cual compartimos la vida de resurrección de Cristo. Pero el Espíritu es solamente el primer anticipo (2 Co. 1.22; 5.5; Ef. 1.14) de la herencia escatológica, el pago inicial que garantiza el pago total.

El Espíritu constituye las primicias (Ro. 8.23) de la cosecha total. Por lo tanto, en la presente existencia cristiana todavía conocemos lo que significa la lucha entre la carne y el Espíritu (Gá. 5.13–26), entre la naturaleza que heredamos del primer Adán y la nueva naturaleza que recibimos del postrer Adán, Todavía estamos a la espera de la redención de nuestro cuerpo en el momento de la resurrección (Ro. 8.23; 1 Co. 15.44–50), y la perfección sigue siendo la meta hacia la cual proseguimos (Fil. 3.10–14).

La tensión entre el “ya” y el “todavía no” representa una realidad existencial de la vida cristiana.

Por esta misma razón la vida cristiana incluye el sufrimiento. En esta era los cristianos necesariamente deben compartir los sufrimientos de Cristo, para que en la era futura puedan compartir su gloria (Hch. 14.22; Ro. 8.17; 2 Co. 4.17; 2 Ts. 1.4s; He. 12.2; 1 P. 4.13; 5.10; Ap. 2.10), es decir la “gloria” pertenece al “todavía no” de la existencia cristiana. Esto se debe tanto al hecho de que todavía estamos en este cuerpo mortal, como también porque la iglesia aún permanece en el mundo donde Satanás tiene el dominio. Por lo tanto, su misión es inseparable de la persecución, así como lo fue la de Cristo (Jn. 15.18–20).

Es importante notar que la escatología del  Nuevo Testamento nunca se reduce a mera información acerca del futuro. La esperanza futura siempre tiene pertinencia para la vida cristiana presente.

Por este motivo se la toma repetidamente como base para las exhortaciones para que la vida cristiana concuerde con la esperanza cristiana (Mt. 5.3–10, 24s; Ro. 13.11–14; 1 Co. 7.26–31; 15.58; 1 Ts. 5.1–11 ; He. 10.32–39; 1 P. 1.13; 4.7; 2 P. 3.14; Ap. 2s).

La vida cristiana se caracteriza por su orientación hacia el momento cuando el gobierno de Dios ha de prevalecer finalmente en todo el universo (Mt. 6.10), y por consiguiente los cristianos han de representar esa realidad frente a todo el dominio aparente de la iniquidad en la era actual.

Han de esperar aquel día en solidaridad con el vehemente deseo de la creación toda (Ro. 8.18–25; 1 Co. 1.7; Jud. 21), y han de sufrir aguantando con paciencia las contradicciones de la hora actual.

La capacidad de resistir es la virtud que el Nuevo Testamento más a menudo asocia con la esperanza cristiana (Mt. 10.22; 24.13; Ro. 8.25; 1 Ts. 1.3; 2 Ti. 2.12; He. 6.11s; 10.36; Stg. 5.7–11; Ap. 1.9; 13.10; 14.12). A través de la tribulación de la presente era, el cristiano aguanta, incluso regocijándose (Ro. 12.12), con la fortaleza de la esperanza que, fundada en la resurrección del Cristo crucificado, le asegura que el camino de la cruz es el camino hacia el reino.

El creyente cuya esperanza está cimentada en los valores permanentes del futuro reino de Dios se verá liberado de la esclavitud en la que viven los materialistas de este mundo (Mt. 6.33; 1 Co. 7.29–31; Fil. 3.18–21; Col. 3.1–4).

El cristiano cuya esperanza es que Cristo finalmente lo presentará perfecto delante de su Padre (1 Co. 1.8; 1 Ts. 3.13; Jud. 24) se esforzará por alcanzar esa perfección en el presente (Fil. 3.12–15; He. 12.14; 2 P. 3.11–14; 1 Jn. 3.3). Ha de vivir en constante vigilancia (Mt. 24.42–44; 25.1–13; Mr. 13.33–37; Lc. 21.34–36; 1 Ts. 5.1–11; 1 P. 5.8; Ap. 16.15), como siervo que espera diariamente el regreso de su amo (Lc. 12.35–48).

La esperanza cristiana no es utópica. El reino de Dios no se construye mediante el esfuerzo humano; es obra de Dios mismo. No obstante, puesto que el reino representa la consumación perfecta de la voluntad de Dios para la sociedad humana, será a la vez el móvil para la acción social cristiana en el presente.

En la hora actual el reino se anticipa principalmente en la iglesia, la comunidad de aquellos que reconocen al Rey, pero la acción social cristiana para el cumplimiento de la voluntad de Dios en el seno de la sociedad en general será también señal del reino que se avecina.

Los que oran por la venida del reino (Mt. 6.10) no pueden menos que poner por obra dicha oración hasta donde les sea posible. Lo harán, sin embargo, con ese realismo escatológico que reconoce que todos los anticipos del reino en esta era serán provisorios e imperfectos, que el reino venidero no debe nunca confundirse con las estructuras sociales y políticas de la presente era (Lc. 22.25–27; Jn. 18.36), y estas últimas con frecuencia incluirán oposición satánica al reino (Ap. 13.17).

De esta manera los cristianos no sufrirán desilusión ante los fracasos humanos, sino que persistirán en su confianza en la promesa de Dios. El utopismo humano tiene que redescubrir su verdadera meta en la esperanza cristiana, y no a la inversa.

Miremos a Jesus, quien invitaba a que le siguieran, pero nunca coaccionaba a nadie. Cuando terminaba de hablar solía decir: “el que tenga oídos para oír, que oiga”. Más bien Él fue víctima de la intolerancia de los sacerdotes, escribas y fariseos, a quienes criticaba por estar demasiado aferrados a la letra de la ley. Mientras éstos todo lo arreglaban con el cumplimiento estricto de las normas, Jesús dice que no ha sido creado el hombre para la ley, sino la ley para el hombre. Y así Jesús “violaba el sábado”, curando enfermos en días en que la ley lo prohibía; era criticado porque a veces no cumplían ni él ni sus discípulos las normas del ayuno; aunque respetaba el templo, lo relativizó (Para orar enciérrate en tu cuarto, adora a Dios en espíritu y en verdad); consideró injusta la ley que castigaba a la adúltera, daba más importancia al amor al prójimo que a ciertas leyes rituales ( Véase la parábola del Buen Samaritano). Cuando algunos de sus discípulos se celaban de que otros expulsaran demonios en su nombre, Él les reprendió. Otro tanto ocurrió cuando le pidieron que mandase fuego del cielo y consumiera a aquellos que no les quisieron recibir en una aldea de Samaría.

Todos sabemos que muchos de los amigos de Jesús, de las personas que le acompañaban, no se distinguían precisamente por su buena fama, llámense, Mateo, Zaqueo, Magdalena o la Samaritana… Jesús, en este sentido, pasaba ampliamente de los comentarios y cuchicheos de la gente. Era una persona verdaderamente libre. Por eso mismo era tolerante. O en todo caso, si alguna vez sacó el genio, fue precisamente con los intolerantes. Porque, eso sí, Jesús nunca renunció a sus firmes convicciones y a su lucha contra la mentira, la injusticia y el pecado, como tampoco nosotros debemos renunciar.

Este es el Jesus que esperamos, pero glorificado.No el Jesús religioso,light, descafeinado,que muchos predican hoy,sino el Cristo de la Gloria. Recordemos que el viene pronto.

1ª. Epístola de Juan 4:1,3 dice: “Amados, no creáis a todo espíritu sino probad los espíritus si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y éste es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo”

“Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, . . . para que redimiese a los que estaban debajo de la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.”gal.4:4

fuentes:

Continúa crisis en el Seminario Teológico Presbiteriano

Continúa crisis en el Seminario Teológico Presbiteriano

México | Martes 10 de Mayo, 2005 Patricio

La crisis en el Seminario Teológico Presbiteriano de México, que se originó el 6 de abril último, se agudizó en los últimos días y amenaza la continuidad de las labores académicas de una de las instituciones de formación teológica evangélica más antiguas del continente, pues tiene 123 años de existencia.
Según una declaración de las autoridades y del personal administrativo del STPM el 6 de abril último los estudiantes decidieron declararse en huelga, tomaron las aulas y la capilla del Seminario y cerraron la puerta de entrada al local.
Las autoridades acusaron a algunos grupos de poder existentes en la Iglesia Presbiteriana de estar detrás de las protestas estudiantiles y de generar una campaña de desprestigio contra el Seminario. Igualmente lanzaron críticas a la Comunidad Teológica y al grupo local del Consejo Latinoamericano de Iglesias por apoyar la actitud de los alumnos.
Los estudiantes, por su parte, demandaron la renuncia del rector Hilario González y del administrador Jorge Rodríguez, a quienes acusan de actuar con prepotencia, arbitrariedad y de mala administración de los recursos.
Después de 23 días de mantenerse en huelga, 31 alumnos residentes del Seminario, profundizaron su medida de lucha e iniciaron el 27 de abril una huelga de hambre. La medida fue levantada al día siguiente una vez que el Consejo del Seminario confirmó la expulsión de los estudiantes.
Según Tania Tamez, una de las estudiantes expulsadas, con el apoyo de los profesores Rubén Arjona, Rubén Montelongo, Leopoldo Cervantes-Ortiz, Mariano Ávila y Hugo Gallardo se va a constituir una Facultad Autónoma de Teología Reformada, para permitir que los estudiantes concluyan sus estudios teológicos. Hoy el Seminario sólo está funcionando con 8 alumnos.
Los estudiantes han recibido apoyo de la Comunidad Teológica de México, que cedió un salón para que los estudiantes pudieran dormir y al parecer la Facultad funcionaría en un primer momento en dicha institución. En los últimos días, informó Tamez, los estudiantes se están alojando en casas de amigos y otros han vuelto a sus regiones para conversar con sus respectivos presbiterios.
La Iglesia Nacional Presbiteriana de México mantiene desde hace 128 años el Seminario, como centro de formación de pastores y músicos. Los primeros reciben el título de licenciados en teología y los segundos alcanzan un grado técnico.
Según Hugo Gallardo, ex profesor del centro, los problemas con alumnos son cíclicos, pero sólo dos movimientos han afectado a la institución. El primero ocurrió en 1973, cuando hubo protestas relacionadas con cuestiones académicas, en las que participó el hoy rector, Hilario González Torres.
El origen del segundo, explicaron voceros de los alumnos en protesta, se remonta a diciembre de 2003, cuando se generaron quejas por la falta de agua caliente! y el suministro de comida en mal estado. Tras un paro de labores de tres días, el problema se resolvió “aparentemente” con la instalación de una mesa de diálogo y el compromiso oficial de investigar el asunto.
A partir de entonces se aplicaron diversas sanciones a los estudiantes, que fueron radicalizando su postura, hasta llegar a la situación actual, en que al negárseles el acceso a los dormitorios, el 27 de abril, colocaron cuatro tiendas de campaña -en uno de los jardines del inmueble.
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La segunda venida de Jesus VI. Escatología en el Nuevo Testamento

La segunda venida de Jesús VI. Escatología en el Nuevo Testamento

Que es verdad?

La noción bíblica de verdad, que es diversa de la griega, ha permanecido viva en toda la tradición de la Iglesia (en los padres que no experimentaron el influjo platónico, en la liturgia y en los documentos del magisterio); pero aquí reviste acentos diversos.

El término verdad designa la revelación cristiana, la verdadera fe.

Podemos citar de la tradición de los Padres,a:

1.san Ireneo:

Para san Ireneo, la verdad es “la doctrina del Hijo de Dios” (Adv. HaerlIl, 1,1: SCR211,20); regula veritatis es para él casi sinónimo de regula fidel.

2.San Cromado de Aquilea

El observa que el alma fiel se nutre “de la divina Escritura, del alimento de la fe y de la palabra de verdad” (Sermo 12,6: CCL 9A,55). Según san Gregorio, viven siempre en la Iglesia “almas que irradian la luz de la verdad” (Moralia 19,17: PL 76,106).

En los textos litúrgicos vuelven diversas veces las fórmulas siguientes: la verdad del evangelio, la luz de la verdad, la verdad cristiana (o católica), etc.

3.Concilio Vaticano II

Tambien podemos citar el conocido Concilio Vaticano II, que fue un concilio ecuménico de la Iglesia católica siendo uno de los eventos históricos que marcaron el siglo XX. Fue convocado por el papa Juan XXIII, quien lo anunció desde el mes de enero de 1959. Fue el Concilio que contó con más representación de todos, con una media de asistencia de unos dos mil padres conciliares procedentes de todas las partes del mundo y de una gran diversidad de lenguas y razas. Asistieron además miembros de otras confesiones religiosas cristianas.

El conc. Vat. II permanece fiel a esta tradición: a la luz de la fe hay que “escudriñar toda la verdad encerrada en el misterio de Cristo” (DV 24); y en un texto largamente discutido, el concilio dice que “los libros de la Sagrada Escritura enseñan aquella verdad que para nuestra salvación quiso Dios que quedara consignada en las letras sagradas” (DV 11).

La verdad de la segunda venida

Es esta verdad,la que procuramos enseñar con sencillez de corazón,verdad, que como he escrito en el parrafo anterior, “los libros de la Sagrada Escritura enseñan aquella verdad que para nuestra salvación quiso Dios que quedara consignada en las letras sagradas”.

A modo de ilustración de esta verdad revelada en la Biblia, puedo citar al conocido predicador norteamericano John McArthur, el que comenta algo muy importante, y es que la segunda venida de Cristo, el regreso corporal del Señor, “no es un punto en el que las escrituras sean ambiguas o confusas.”[1]

McArthur nos expresa en este libro que trata sobre la segunda venida del Señor, su opinión sobre esta verdad radical de la fe cristiana,que es el retorno glorioso del Señor Jesucristo:

“Creo que de forma literal Cristo regresará victorioso un día a la tierra, en forma corporal y visible. Mis convicciones en esta materia son tan firmcs como mi creencia en Cristo mismo. Mi fe en el futuro regreso de Cristo es tan firme como mi certeza absoluta en cuanto a su obra redentora consumada en el pasado. Es más, estoy dispuesto a sostener que el hecho de la segunda venida del Señor es una doctrina cardinal del cristianismo. Es el fin y la meta del propósito de Dios sobre la tierra, y su clímax divino será tan preciso y lleno de propósito como todas las demás revelaciones de Dios. Quienes abandonan la esperanza del regreso corporal de Cristo, de hecho han abandonado el cristianismo verdadero.[2]

También comenta MaArthur, su preocupación por  el abandono de esta doctrina importante de la fe cristiana:  “Cada vez más y más personas que quieren que se les llamen cristianas están desaprobando cualquier expectación en torno a la segunda venida. Por ejemplo, los teologos liberales, abandonaron hace mucho tiempo su creencia en el regreso literal de Cristo.

Algunos de ellos simplemente se limitan a espiritualizar todas las Escrituras proféticas al afirmar que la única «segunda venida» de Cristo ocurre cuando El es recibido de forma personal en el corazón. Otros van todavía más lejos al tratar la esperanza de los apóstoles en el regreso de Cristo como un mito y una falsa expectativa, y rechazan en esencia la promesa bíblica de la segunda venida y toman su lugar entre los burladores (cp. 2 Pe. 3:3,4).” [3]

Como bien comenta MacArthur, “esta clase de equivoción es la que precisamente, los que parten de una apreciación muy devaluada de las Escrituras, corno es el caso típico de los teologos liberales.

Igualmente, el apóstol Pedro dio advertencia a los hermanos. “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado. Y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (2 Pedro 2:1-3).

Muchos cristianos en las iglesias del Nuevo Testamento fueron subvertidos y alejados de las verdaderas doctrinas de las Escrituras porque ellos se descuidaron de “comprobar todas las cosas” y no examinaron y probaron las enseñanzas de estos falsos apóstoles. Pero la iglesia en Efeso no se olvidó de las advertencias y avisos de Pablo y Pedro, y de los otros verdaderos apóstoles. En el libro de Apocalipsis, Jesucristo encomió a los creyentes de Efeso porque ellos examinaron y comprobaron aquello que aclamaban los que alegaban ser apóstoles y resultaron ser mentirosos. “Yo conozco tus obras, tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos” (Apocalipsis 2:2).

Como estos falsos maestros profesaban ser ministros de Jesucristo, podemos estar seguro que ellos citaban las Escrituras. Sus falsas doctrinas tendrían que haber parecido que tenían mucha autoridad y eran muy convincentes, porque ellos lograron socavar la fe de algunos cristianos del primer siglo. ¿Cómo fue que la iglesia de Efeso pudo resistir a esta influencia tan poderosa? Si los hermanos de Efeso no hubiesen ejercitado sus mentes para discernir entre verdad y error, ellos no hubiesen reconocido a estos hombres como falsos apóstoles. Pero debido a que los hermanos en Efeso eran hábiles en el uso de las Escrituras, pudieron discernir que esos hombres no enseñaban las verdaderas doctrinas de Jesucristo.

Veremos en este capitulo,la perspectiva escatológica del Nuevo Testamento.

La perspectiva neotestamentaria

El carácter distintivo de la escatología neotestamentaria está determinado por la convicción de que en la historia de Jesucristo el acto escatológico decisivo de Dios ya se ha realizado, aunque de manera tal que la consumación del mismo sigue siendo futura.

Hay en la escatologia neotestamentaria tanto un “ya” de cumplimiento realizado, como un “todavía no” de promesas pendientes. Existe tanto un aspecto “realizado” como un aspecto “futuro” en la escatología neotestamentaria que, como consecuencia, probablemente podría describirse con más propiedad mediante la expresión “escatología inaugurada”

La nota de cumplimiento escatológico ya iniciado significa que la escatología veterotestamentaria se ha convertido en realidad presente, en alguna medida, para el Nuevo Testamento. Los “últimos días” de los profetas han llegado: porque Cristo fue “manifestado en los postreros tiempos” (1 P. 1.20); Dios “en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (He. 1.2); los cristianos son aquellos “a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Co. 10.11); “es el último tiempo” (1 Jn. 2.18); cf. (lat.), compárese también Hch. 2.17; He. 6.5.

Por lo demás, los escritores del Nuevo Testamento se oponen a la fantasía de que el cumplimiento ya se ha completado (2 Ti. 2.18).

Es importante conservar la unidad teológica de la obra redentora de Dios, pasada, presente, y futura,“ya” y “todavía no”. Con demasiada frecuencia la teología tradicional ha mantenido separados estos aspectos: por un lado la obra terminada de Cristo, y por el otro las “últimas cosas”. Según la perspectiva neotestamentaria las “últimas cosas” comenzaron con el ministerio de Jesús. La obra histórica de Cristo asegura, requiere, y apunta hacia la consumación futura del reino de Dios. La esperanza cristiana para el futuro se desprende de la obra histórica de Cristo. La iglesia cristiana vive entre el “ya” y el “todavía no”, envuelta en el movimiento progresivo del cumplimiento escatológico.

La escatología inaugurada ya se descubre en la proclamación de Jesús acerca del reino de Dios. Jesús modifica la expectativa puramente futura de la apocalíptica judía mediante su mensaje de que el gobierno escatológico de Dios ya se ha acercado (Mt. 3.17). El poder del mismo ya actúa en las acciones victoriosas de Jesús sobre el reino del mal (Mt. 12.28s). En la persona misma de Jesús y su misión está presente el reino de Dios (Lc. 17.20s), exigiendo respuesta, de manera que la participación del hombre en el futuro del reino está determinada por su respuesta a Jesús en el presente (Mt. 10.32s). Así Jesús hace del reino una realidad presente que, sin embargo, sigue siendo futura (Mr. 9.1; 14.25).

El carácter escatológico de la misión de Jesús tuvo su confirmación en la resurrección. La resurrección es un hecho escatológico que pertenece a la expectativa veterotestamentaria del destino final del hombre, de manera que la inesperada resurrección del hombre Jesús, antes que todos los demás, determinó la convicción de la iglesia de que el fin ya había comenzado.

Él ya se ha levantado de los muertos como las “primicias” de los muertos (1 Co. 15.20). Jesús ya ha entrado, en nombre de su pueblo, en la vida eterna de la era escatológica; ha dado el paso inicial como pionero (He. 12.2) para que otros lo puedan seguir. En las palabras de Pablo, él es el “postrer Adán” (1 Co. 15.45), el Hombre escatológico. Para todos los demás hombres la salvación escatológica significa ahora compartir su humanidad escatológica, su vida de resurrección.

De manera que para los escritores del Nuevo Testamento, la muerte y la resurrección de Jesús constituyen el acontecimiento escatológico absolutamente decisivo que determina la esperanza cristiana para el futuro: véase, p. ej. por ejemplo, Hch. 17.31; Ro. 8.11; 2 Co. 4.14; 1 Ts. 4.14.

Esto explica el segundo aspecto que distingue a la escatología neotestamentaria. Además de su característica tensión entre el “ya” y el “todavía no”, la escatología del Nuevo Testamento se distingue por ser totalmente cristocéntrica.

El papel de Jesús en la escatología neotestamentaria va mucho más allá del papel del Mesías según la esperanza veterotestamentaria, o la judaica de épocas posteriores. No hay ninguna duda de que él es el Hijo del hombre celestial (Dn. 7), el profeta escatológico (Is. 61; cf.cf. confer (lat.), compárese Lc. 4.18–21), el Siervo sufriente (Is. 53), y aun el rey davídico, aun cuando no como lo esperaban sus contemporáneos.

Pero la concentración neotestamentaria del cumplimiento escatológico en Jesús refleja no solamente el cumplimiento por su parte de estos papeles esencialemente escatológicos.

Para la teología neotestamentaria Jesús expresa tanto la obra escatológica de salvación del propio Dios, como también el destino escatológico del hombre.

En consecuencia, él es, por un lado, el Salvador y el Juez, el Vencedor sobre el mal, el Agente del gobierno de Dios, y el Mediador de la presencia escatológica de Dios ante los hombres: él es en sí mismo el cumplimiento de las expectativas veterotestamentarias de la venida escatológica de Dios mismo (cf. (lat.), compárese Mal. 3.1 con Lc. 1.76; 7.27).

Por el otro lado, él es, también, el Hombre escatológico: no sólo ha logrado sino que define, en su propia humanidad resucitada, el destino escatológico de todos los hombres. De modo que ahora la afirmación más acertada en cuanto a nuestro destino es que seremos como él (Ro. 8.29; 1 Co. 15.49; Fil. 3.21; 1 Jn. 3.2). Por estas dos razones la esperanza del cristiano se centra en la venida de Jesucristo.

En todos los escritos del Nuevo Testamento, la escatología ostenta estas dos características distintivas: ha sido inaugurada y es cristocéntrica. Sin embargo, existen diferencias de énfasis, especialmente en cuanto al peso relativo que se le acuerda a las expresiones “ya” y “todavía no”. El cuarto evangelio destaca marcadamente tanto la escatología realizada como la identificación de la salvación escatológica con Jesús mismo (véase, p. ej.p. ej. por ejemplo, 11.23–26), pero no elimina la esperanza futura (5.28s; 6.3–9, etc.).

Concluyo este sexto capítulo sobre escatología,haciendome eco sobre el comentario del predicador MacArthur, comentando que como cristianos, tenemos que estar continuamente comprobando cada enseñanza que leemos o escuchamos por medio del estudio cuidadoso de las Escrituras.

Los cristianos de Berea fueron alabados porque ellos con diligencia buscaban en las Escrituras: “Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, [los Judíos que no creían, los cuales inmediatamente rechazaron las enseñanzas del apóstol Pablo que Cristo fue resucitado de la muerte], pues recibieron [los de Berea] la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11,corchetes añadidos).

Este acontecimiento en el libro de Hechos revela que los Cristianos de Berea estudiaban con diligencia las Escrituras para comprobar si las cosas que habían oído eran verdad. Ellos no reaccionaron con ojos cerrados dejándose llevar por sus emociones, ni se negaron a considerar las enseñanzas de Pablo. Sino que, ellos cuidadosamente examinaron las Escrituras y comprobaron ellos mismos que Pablo en verdad, predicaba el verdadero mensaje de Dios.

Al igual que los de Berea, tenemos que diligentemente escudriñar y examinar las Escrituras para poder discernir entre verdadera doctrina y falsa doctrina. Mientras ejercitamos nuestra mente para este propósito, seremos aptos en usar las Escrituras. Si no ejercitamos nuestra mente y aprendemos a discernir verdad entre error, no seremos Cristianos espiritualmente maduros. ” Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la Palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:13-14).

Demasiados cristianos han permanecido como niños espirituales porque han transferido la responsabilidad que Dios les ha dado para discernir verdad entre error, hacia un ministro, a un concilio de alguna iglesia o a alguna organización religiosa. Sus ministros le han dicho que ellos, son incapaces de entender las Escrituras y deben someterse a las decisiones doctrinales de sus lideres, los cuales solamente pueden interpretar las Escrituras.

Pero nunca fue la intención de Dios que nosotros, como creyentes individuales, pongamos nuestra confianza en lideres humanos, los cuales declararían que solamente ellos tendrían la autoridad de establecer doctrina. Estos líderes se han olvidado de las muchas advertencias en el Nuevo Testamento acerca de estar en alerta contra falsos maestros y falsos apóstoles, los cuales alegan servir a Dios.

El apóstol Pablo dio esta advertencia, “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos (Hechos 20:29-30).

Los cristianos hoy tienen que estar constantemente en alerta contra falsos ministros, cuyas enseñanzas parecen ser inspiradas, pero resultan ser perversiones de las verdaderas doctrinas de las Escrituras. Es nuestra responsabilidad personal como cristianos comprobar y examinar las enseñanzas de cada ministro, maestro o erudito por medio del estudio de las Escrituras. A través de seguir el mandato de “examinadlo todo” podremos aprender a reconocer y rechazar la falsa doctrina, y podremos mantenernos firme en las verdaderas doctrinas de Jesucristo.

Notas

1. John F.McArthur,La segunda venida,p. 12

2. Ibid,p.9.

3. Ibid.

Fuentes bibliograficas

La segunda venida de Jesus V – ESCATOLOGÍA

Según Pablo, Cristo se halla entronizado «sobre todo principado y autoridad, y poder y
señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo (literalmente: “en esta
edad”), sino también en el venidero (lit.: “en la venidera edad”)» (Ef. 1:21).
Mediante estas expresiones —«este siglo (o edad)» y «el venidero siglo (o la venidera
edad)»— el apóstol resume todo el tiempo, presente y futuro. Y afirma que este tiempo (aioni
tuto), esta edad, se halla bajo el señorío de Cristo. El mismo Señor usó lenguaje similar:
prometió a sus leales seguidores: «De cierto os digo que no hay nadie que haya y dejado casa,
o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más
en este tiempo (esta edad), y en el siglo venidero (o la edad venidera) la vida eterna» (Lúc.
18:29-30). Es evidente que bajo las expresiones «en este tiempo» y «en el siglo venidero» el
Señor incluye el presente y el futuro. También en Lucas (20:34-36) leemos: «Los hijos de este
siglo (lit.:edad) se casan y se dan en casamiento; mas los que fueren tenidos por dignos de
alcanzar aquel siglo (edad) y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni se dan en
casamiento. Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de
Dios, al ser hijos de la resurrección.» De nuevo vemos toda la extensión que podemos imaginar
agrupada bajo dos expresiones: teste siglo» y «aquel siglo»; pero también aqui la línea divisoria
entre las dos edades es la misma: la resurrección de los muertos, acontecimiento que toda
escuela interpretativa admite que tendrá lugar en la segunda venida del Señor. Para los
dispensacionalistas —y aqui también para los premileniales— el esquema de las edades
futuras no el doble, sino triple: 1) este siglo, la presente edad: 2) el milenio, y 3) el estado
eterno, «aquel siglo», «el siglo venidero». Para la exégesis amilenial sólo hay dos estados: 1)
«este siglo», y 2) «el siglo venidero», o lo que es lo mismo: «estos postreros», últimos, días,
inaugurados con la venida de Cristo al mundo, y, al final, la eternidad, que comienza con la
resurrección y el juicio, precedidos de la segunda venida de Cristo, personal, audible y
visiblemente.
Todas las escuelas de interpretación profética concuerdan en reconocer esta presente época
como un período de maldad (Gal. 1:4), y salvo, tal vez, los escasos adherentes al
postmilenialismo (y aun éstos con matices y puntualizacionea), ningún cristiano espera que
todo el mundo sea convertido completamente dentro de esta edad, «este presente siglo malo».

La segunda venida de Jesus V – ESCATOLOGÍA

Escatologia:Del griego esjatos, último.
Es la rama de la teología que estudia las enseñanzas bíblicas concernientes al final de los tiempos, en particular del período relacionado con la Parusía o segunda venida de Jesucristo y los acontecimientos relacionados.
Entre los temas escatológicos están el milenio, la atadura de Satanás, la tribulación, los dos Testigos, el Anticristo, la batalla de Armagedón, la resurrección de los muertos, el rapto de la iglesia, el juicio final y los nuevos cielos y tierra. Entre los capítulos predominantemente escatológicos del N.T. están Mateo 24, Marcos 13, Lucas 17 y 21, 1 Corintios 15, 1 Tesalonicenses 4-5, 2 Tes 1-2 y 2 Pedro 3.
En una u otra forma, la mayoría de los libros de la Biblia tratan con temas relacionados con el fin de los tiempos; pero algunos tienen mayor énfasis escatológico que otros, entre ellos Daniel, Ezequiel, Isaías, Joel, Zacarías, Mateo, Marcos, Lucas, 2 Tesalonicenses, y desde luego, Apocalipsis.
Contrastando con las concepciones cíclicas de la historia, los escritos bíblicos entienden la historia como un movimiento lineal en dirección a una meta.
Dios dirige la historia hacia el cumplimiento definitivo de sus propósitos para la creación. De manera que la escatología bíblica no se limita al destino del individuo; tiene que ver con la consumación de toda la historia del mundo, hacia la cual se dirigen todos los actos redentores de Dios en la historia.
I. La perspectiva veterotestamentaria
El carácter futurista de la fe judía tiene su origen en el llamado de Abraham (Gn. 12.1–3) y la promesa de la tierra a heredar, pero en el mensaje de los profetas es donde radica su pleno carácter escatológico, que se proyecta hacia una meta final permanente conforme al propósito de Dios en la historia. La expresión profética “día de Jehová” (acompañada de una serie de expresiones similares tales como “en aquel tiempo [día]”) se refiere al hecho futuro de la acción decisiva de Dios respecto al juicio y la salvación en el campo de la historia.
Para los profetas está siempre estrechamente relacionado con el contexto histórico del momento, y de ninguna manera se refiere necesariamente a los días finales de la historia. Sin embargo, en forma creciente surge el concepto de una resolución final de la historia: un día de juicio más allá del cual Dios establece una era permanente de salvación. Una escatología plenamente trascendente, que espera un acto de Dios directo y universal, más allá de las posibilidades de la historia común, que da lugar a un mundo radicalmente transformado, es característica de la era apocalíptica, que ya se vislumbra en varias partes de los libros proféticos.
Los profetas describen con frecuencia la era escatológica de salvación que se halla más allá del juicio. Fundamentalmente es la era en la cual ha de prevalecer la voluntad de Dios. Las naciones han de servir al Dios de Israel y conocerán su voluntad (Is. 2.2s = Mi. 4.1s; Jer. 3.17; Sof. 3.9s; Zac. 8.20–23). Habrá paz y justicia internacionales (Is. 2.4 = Mi. 4.3), y paz en la naturaleza (Is. 11.6; 65.25). El pueblo de Dios tendrá seguridad (Mi. 4.4; Is. 65.21–23) y prosperidad (Zac. 8.12). La ley de Dios será escrita en sus corazones (Jer. 31.31–34; Ez. 36.26s).
Se asocia frecuentemente con la era escatológica al rey davídico que ha de gobernar a Israel (y, a veces, a las naciones) como representante de Dios (Is. 9.6s; 11.1–10; Jer. 23.5s; Ez. 34.23s; 37.24s; Mi. 5.2–4; Zac. 9.9s). Un aspecto sobresaliente de estas profecías es que el Mesías ha de reinar en justicia.
En el  Antiguo Testamento todavía no se usa “Mesías” [Cristo] como término técnico para el rey escatológico.) Otras figuras “mesiánicas” en la esperanza veterotestamentaria son el “uno como un hijo de hombre” (Dn. 7.13), el representante celestial de Israel, quien recibe el dominio universal, el Siervo sufriente (Is. 53), y el profeta escatológico (Is. 61.1–3). Generalmente la acción escatológica de juicio y salvación se lleva a cabo con la venida personal de Dios mismo (Is. 26.21; Zac. 14.5; Mal. 3.1–5).

Según Pablo, Cristo se halla entronizado «sobre todo principado y autoridad, y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo (literalmente: “en esta edad”), sino también en el venidero (lit.: “en la venidera edad”)» (Ef. 1:21).

Mediante estas expresiones —«este siglo (o edad)» y «el venidero siglo (o la venidera edad)»— el apóstol resume todo el tiempo, presente y futuro. Y afirma que este tiempo (aioni tuto), esta edad, se halla bajo el señorío de Cristo.

El mismo Señor usó lenguaje similar: prometió a sus leales seguidores: «De cierto os digo que no hay nadie que haya y dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más en este tiempo (esta edad), y en el siglo venidero (o la edad venidera) la vida eterna» (Lúc. 18:29-30). Es evidente que bajo las expresiones «en este tiempo» y «en el siglo venidero» el Señor incluye el presente y el futuro.

También en Lucas (20:34-36) leemos: «Los hijos de este siglo (lit.:edad) se casan y se dan en casamiento; mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo (edad) y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni se dan en casamiento. Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.»

De nuevo vemos toda la extensión que podemos imaginar agrupada bajo dos expresiones: «este siglo» y «aquel siglo»; pero también aqui la línea divisoria entre las dos edades es la misma: la resurrección de los muertos, acontecimiento que toda escuela interpretativa admite que tendrá lugar en la segunda venida del Señor.

Para los dispensacionalistas —y aqui también para los premileniales— el esquema de las edades futuras no el doble, sino triple:

1) este siglo, la presente edad:

2) el milenio, y

3) el estado eterno, «aquel siglo», «el siglo venidero».

Para la exégesis amilenial sólo hay dos estados:

1) «este siglo», y

2) «el siglo venidero», o lo que es lo mismo: «estos postreros», últimos, días, inaugurados con la venida de Cristo al mundo, y, al final, la eternidad, que comienza con la resurrección y el juicio, precedidos de la segunda venida de Cristo, personal, audible y visiblemente.

Todas las escuelas de interpretación profética concuerdan en reconocer esta presente época como un período de maldad (Gal. 1:4), y salvo, tal vez, los escasos adherentes al postmilenialismo (y aun éstos con matices y puntualizacionea), ningún cristiano espera que todo el mundo sea convertido completamente dentro de esta edad, «este presente siglo malo».

«Los postreros días»
«Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a loa padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo» (Heb. 1:1-2).

¿Qué significa la expresión «postreros días»? Algo muy distinto de lo que la mayoría de los cristianos suponen hoy.

El término es empleado a menudo por los autores del Nuevo Testamento (Hech. 2:17; Heb. 9:26; 1.ª Pcd. 1:20) para señalar el tiempo que comenzó con la venida de Jesucristo al mundo:
«Cristo…. cordero sin mancha y sin contaminarcion, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempo por amor de vosotros…» (1ª Ped. 1:19, 20).

«Ahora, en la consumación de los siglos, se presentó (Cristo) una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado» (Heb. 9:26).

En estos —y en otros parecidos— textos es toda la época que cubre desde la primera hasta la segunda venida de Cristo la que se considera como «los postreros dias», «la consumación de los siglos», «el cumplimiento del tiempo». «los fines de los siglos», etc. Los últimos tiempos,biblicamente hablando, son los nuestros desde la encarnación del Hijo de Dios. Con su venida, Jesucristo ha inaugurado el Periodo final de la historia del mundo y de la humanidad; periodo que puede durar, no obstante, varios miles de años.

Al comentar las palabras del apóstol Juan: «Hijitos, ya es el último tiempo» (1.ª Jn. 2:18), señala J. M. Ghyseis: «No es materia discutible la enseñanza apostólica de que, de acuerdo con la Escritura, la ascensión de Cristo y la venida de! Espíritu Santo en plenitud constituyen la apertura del último período de la historia. El final ha comenzado. Este presente período en el que vivimos es el último en el programa divino.»

Y si este presente período es el último, nada queda sino el estado eterno, los cielos nuevos y la tierra nueva con que se cerrará definitivamente «el último día» que ahora vivimos, y se inaugurará la bienaventuranza eterna de los escogidos.

Bibliografía

  • Diccionario bíblico, ed.Certeza
  • Escatologia,Jose Grau.
  • Diccionario Lapalabra.org

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