Los cinco libros de Moisés

Los cinco libros de Moisés
José Ángel Fernández, España

Recientemente el conocido escritor y locutor de radio Cesar Vidal ha escritouna serie de entregas acerca de la Hipótesis Documentaria, una teoría que intenta explicar la composición del Pentateuco como la unión de distintos textos creados por distintos autores en distintos momentos de la historia y con intenciones muy distintas. En los distintos escritos de esta serie, ya concluida, Cesar ha intentado convencer a sus lectores de que los argumentos que se enseñan hoy día en los seminarios bíblicos de todo el mundo y que apoyan la creencia de que Moisés no fue el autor del Pentateuco no están bien fundamentados y proceden principalmente de ideas materialistas, marxistas y ateas que no desean otra cosa que atacar la fe en la Biblia. A juzgar por lo que se puede leer en esos escritos, parecería que todo creyente fiel a la fe cristiana debería creer que Moisés escribió los cinco libros del Pentateuco de forma plena, como la tradición eclesial ha afirmado durante siglos. Sin embargo, es parte del llamado protestante el no dejarnos llevar a ciegas por lo que hemos recibido de la tradición de la Iglesia sino más bien analizarlo a la luz de las Escrituras. Por eso, es menester mirar a los argumentos en los que se basa el propio Cesar para realizar estas afirmaciones tan contundentes.

En uno de sus últimos escritos de esta serie podemos leer sus razones principales para creer que Moisés escribió estos cinco libros:

“Las razones fundamentales para sustentar este punto de vista eran que así lo indica el propio texto, que así se había transmitido por generaciones y que ninguno de los manuscritos de la Torah con que se contaba indicaba ni siquiera de manera indirecta que en su redacción hubieran participado más autores o que el texto final fuera un ensamblado de distintas obras”.

Tres razones que parecen claras: el propio texto afirma la autoría de Moisés, la tradición así lo ha creído durante siglos, y en los textos no hay ninguna muestra, “ni siquiera de manera indirecta”, de que en su redacción hayan participado más autores que el propio Moisés. La pregunta es: ¿qué evidencias hay en los textos bíblicos que apoyen estas razones? En primer lugar, para afirmar el primer punto y diferenciarlo claramente del segundo hemos de encontrar evidencias de que dentro del propio Pentateuco se declara firmemente que el autor es Moisés. Es decir, hemos de encontrar evidencias de que el autor ha firmado sus escritos con su propio nombre, y estas evidencias han de proceder del propio texto, no de otros. Sin embargo, curiosamente, las evidencias que encontramos en los escritos de Cesar acerca del primer punto son citas que no proceden del Pentateuco sino de la Biblia en general. De hecho, en el Pentateuco sólo encontramos una cita (Deuteronomio 31:9, 24-26) donde se afirma que Moisés estaba escribiendo un “royo de torah” antes de su muerte, pero como todo estudioso de la Biblia sabe, la palabra torah puede ser traducida de muchas formas (por ejemplo, “una palabra de instrucción”), sin necesidad de tener que afirmar que lo que Moisés estaba escribiendo era el Pentateuco.

Por tanto, de los tres argumentos presentados por Cesar nos quedan dos realmente. Sin embargo estos dos están estrechamente relacionados porque, aunque no cabe duda de que la tradición ha atribuido durante siglos el Pentateuco a Moisés, eso no constituye en sí mismo evidencia suficiente como para creer algo; no creo decir nada controvertido al afirmar que a veces la tradición se equivoca. Si algo hemos aprendido de la Reforma es que la lectura honesta, seria, informada y libre de los textos bíblicos tiene la capacidad de cambiar estructuras de pensamiento y tradiciones, por muy asentadas que estén. Por tanto, es necesario y fundamental que Cesar Vidal tenga razón en su tercera afirmación, “que ninguno de los manuscritos de la Torah con que se contaba indicaba ni siquiera de manera indirecta que en su redacción hubieran participado más autores”, para que podamos concluir que la tradición está en lo correcto al creer que Moisés escribió todo el Pentateuco y no sólo algunas partes.

A juzgar por el énfasis que encontramos en toda esta seria de escritos, me consta que de alguna forma Cesar debe ser consciente de la importancia de este tercer argumento. Al poner el énfasis de todos sus escritos en un estudio cuidadoso de los textos bíblicos, de alguna forma Cesar reconoce que la credibilidad de sus afirmaciones y ataques depende de si realmente los textos apuntan a que Moisés fue el único autor o no lo fue. Es por eso que emplea todas sus fuerzas para intentar desbancar evidencias de dobletes textuales, de repeticiones, de problemas lingüísticos, etcétera. Como buen protestante, Cesar sabe que si el texto aporta suficientes evidencias de que hay problemas claros con la afirmación de la autoría mosaica, la tradición ha de ser dejada a un lado. Encontramos este énfasis, por ejemplo, en su intento de explicar que los dos relatos de la creación que aparecen en el libro del Génesis no son realmente dos historias de la creación creadas por distintos autores sino dos versiones de una misma historia creadas por un mismo autor. Para utilizar sus propias palabras:

“Según la HD [Hipótesis Documentaria], tendríamos un relato E en el capítulo 1 y otro J en el capítulo 2. La realidad es que más bien nos hallamos ante un relato único de la creación que, primero, hace referencia al cosmos y que luego se centra en el hombre”.

Y podemos extender esta misma apreciación a los mencionados dobletes que aparecen en la Biblia. En sus propias palabras:

“A decir verdad, pretender que los supuestos dobletes [que encontramos en el Pentateuco] indican distintos documentos narrando sólo un hecho es un disparate tan considerable como si un historiador señalara que la ruptura del frente francés por Sedán que llevó a cabo el ejército alemán en 1870 y en 1940 sólo fue un solo episodio y que ese solo episodio fue confundido por dos redactores diferentes que consideraron que se trataba de hechos distintos. Por supuesto, ese historiador – verdadero trastornado – es imposible de encontrar. En este caso como en otros aspectos, la HD aparece una vez más como fruto de prejuicios en lugar de cómo resultado de una investigación seria”.

No es la primera vez que alguien ataca los dobletes que aparecen en la Biblia. Ya en los evangelios existe el problema de las repeticiones que se contradicen entre sí, como también existe la respuesta (ofrecida desde varios campos conservadores) de que tales repeticiones no son otra cosa que la consecuencia de que en la historia a veces ocurre el mismo evento varias veces (Jesús limpió el templo al menos dos veces, etcétera). Sin embargo en mi opinión Cesar usa palabras un tanto desproporcionadas en su ataque. Decir que cualquiera que se atreva a decir que en el Pentateuco aparecen dobletes es un trastornado que no sabe distinguir dos eventos claramente separados de uno sólo es ir un poco más lejos de lo que se debe, sobre todo cuando no se tienen evidencias de que lo que se dice es cierto. Después de todo Cesar, al igual que aquellos a quienes ataca, solo transmite su propia opinión acerca de este asunto. Tanto uno como los otros basan sus opiniones en las presuposiciones con las que leen el texto bíblico. Quien tenga el tiempo y las energías de leer el resto de las entregas de esta serie se encontrará una y otra vez afirmaciones similares intentando desbancar cualquier problema textual que podamos leer en los textos. Por lo visto tenemos que creer que los que encontramos problemas textuales en el Pentateuco estamos acercándonos al texto con unos prejuicios anticristianos, mientras que las explicaciones de Cesar acerca de por qué esos problemas no están ahí realmente (aunque parezca que sí lo están) proceden de un estudio serio y cuidadoso de los textos.

Lo irónico del asunto es que, además de no presentar las evidencias necesarias para apoyar afirmaciones tan atrevidas como las que hace, Cesar nos sorprende en su último mensaje aceptando que quizá, después de todo, hay algún que otro versículo del Pentateuco que ha podido ser escrito por algún otro autor. En su último mensaje de esta serie, después de hablar en contra del pensamiento evolucionista, materialista, marxista y ateo de aquellos que se atreven a creer que la mejor explicación para todos los problemas textuales es que el Pentateuco es una mezcla de distintos textos escritos por distintos autores y editados y puestos juntos posteriormente, nos deja atónitos con esta afirmación:

“Obviamente, algunos versículos como los últimos de Deuteronomio donde se hace referencia a la muerte de Moisés se atribuían a un redactor posterior pero en conjunto la Torah seguía considerándose mosaica”.

¿Obviamente?, ¿me podría decir alguien por qué ‘obviamente’? Después de todo, si según Cesar estamos tratando de un autor que ha escrito acerca de los comienzos del universo por inspiración divina y hemos de asomarnos a sus textos desde una perspectiva sobrenatural (opuesta al naturalismo que tanto ataca), ¿por qué no podría este mismo autor haber escrito acerca de su propia muerte?, ¿en qué nos basamos para determinar que ‘obviamente’ estos versículos no pudieron ser escritos por Moisés pero los demás sí lo fueron?, ¿por qué tenemos que rechazar todas las evidencias de dobletes, los distintos argumentos lingüísticos y los distintos problemas textuales que apuntan a varios autores, pero aceptar que ‘obviamente’ Moisés no pudo escribir sobre su propia muerte?, ¿acaso no va esta afirmación en contra del tercer argumento que Cesar estaba poniendo delante de nosotros para apoyar la autoría mosaica, que “ninguno de los manuscritos de la Torah con que se contaba indicaba ni siquiera de manera indirecta que en su redacción hubieran participado más autores”? Porque si es tan obvio que algunos versículos no pudieron ser escritos por Moisés y han de ser atribuidos a otros autores, ¿no va eso en contra de la autoría mosaica de todo el Pentateuco?

Quizá no nos demos cuenta de la importancia de esta concesión. Quizá no seamos conscientes de que la erosión que ha ido ocurriendo durante siglos y que ha acabado en negar la autoría de Moisés de todo el Pentateuco procede precisamente de concesiones como esta, de pequeños versículos aislados y problemáticos que han ido acumulándose poco a poco hasta llegar a afirmar, finalmente, que es imposible que Moisés escribiera todo este conjunto de textos. Me parece irónico que después de criticar tan fuertemente a cualquiera que se atreva a anunciar problemas textuales con algunas partes del Pentateuco Cesar admita (casi por necesidad) que de hecho esos versículos problemáticos existen y además fueron escritos por otros autores. Pero es que esos problemas textuales fueron precisamente los que levantaron la voz de alarma en primera instancia. Isaac ibn Yashush notó allá por el siglo XI que algunos de los nombres citados en la lista de reyes de Génesis 36 vivieron después de la muerte de Moisés y por tanto Moisés no pudo escribir esa lista. Un siglo después, Abraham ibn Ezra mencionó algunos pasajes problemáticos que apuntaban a distintos autores, pasajes que hablaban de Moisés en tercera persona, que usaban términos que Moisés no habría conocido, que describían lugares que Moisés no habría visitado, y usaban palabras que reflejaban otros tiempos y lugares distintos a los de Moisés. Estos problemas fueron los que provocaron que Bonfils escribiera en el siglo XIV: “Y esto sirve de evidencia de que estos versículos fueron escritos en la Torah de forma tardía, y de que Moisés no los escribió”. De hecho, cualquiera que se moleste en leer el Pentateuco con la mente un poco abierta (ni siquiera hace falta que lo esté mucho) se dará cuenta de que más allá de tratarse de algunos pocos versículos perdidos en el texto que pueden ser explicados sin problemas, el Pentateuco está lleno de este tipo de versículos problemáticos.

Al contrario de lo que afirma Cesar, no se trata de uno o dos versículos aislados, ni tampoco de un problema que procede de la crítica textual del siglo XIX pero que nunca existió antes. Desde los tiempos de Orígenes, pasando por estudiosos como Isaac ibn Yashush (siglo XI), Abraham ibn Ezra (siglo XII), Bonfils (siglo XIV), Tostatus de Avila (siglo XV), Lutero, Carlstadt o Andreas van Maes (siglo XVI), Thomas Hobbes o Isaac de la Peyrere (siglo XVII), H.B. Witter, J. Astruc o J.G. Eichhorn y hasta llegar a nuestros días, siempre hemos tenido entre nosotros lectores de la Biblia que han encontrado problemas con las afirmaciones dogmáticas de la Iglesia. Y cabe destacar que entre todas las afirmaciones dogmáticas, una de las más cuestionadas ha sido que Moisés hubiera sido el único escritor del Pentateuco. Fueron estos problemas textuales los que llevaron a Espinoza a afirmar que: “Está… tan claro como el sol al mediodía que el Pentateuco no fue escrito por Moisés sino por alguien que vivió mucho después que Moisés”. Y todo esto, recordemos, estaba ocurriendo mucho antes del nacimiento de Wellhausen. Todo lo contrario de lo que Cesar afirma, que “la creencia en que los cinco libros de la Torah se debieron a la redacción de Moisés se mantuvo inalterable hasta finales del s. XIX”.

Ocurre igualmente con los problemas de los dobletes y de los distintos nombres de Dios, tan atacados por Cesar en sus artículos. Hace unos siglos tres investigadores llegaron al mismo descubrimiento separadamente. Uno de ellos era el ministro alemán H.B. Witter (1711), otro el doctor francés J. Astruc (1753), y el último el estudioso de la Biblia alemán J.G. Eichhorn (1780). El descubrimiento al que estas personas llegaron se resumió en la combinación de dos grupos de evidencia: los dobletes en los relatos del Pentateuco y los distintos nombres de Dios. Estas personas se dieron cuenta de que aparentemente había dos versiones distintas de varias historias de la Biblia. Luego notaron que a menudo una de las versiones utilizaba un nombre de Dios y la otra otro distinto. Para limitarnos a la historia de la creación, en el primer capítulo del Génesis la Biblia cuenta una versión de cómo el mundo fue creado para luego en el segundo darnos una historia diferente. En algunos casos ambas relatan los mismos puntos mientras que en otros casos ambas parecen contradecirse directamente (el orden de los eventos es el ejemplo más obvio de estas diferencias). Ambas historias presentan visiones distintas de lo que ocurrió; distintas perspectivas, podríamos decir. Pero lo que estos tres investigadores notaron además es que la primera versión de la creación siempre hablaba de Dios utilizando la misma palabra, Elohim (35 veces). Por otro lado la segunda versión siempre hablaba de Dios utilizando otro nombre, Yahweh (11 veces). La primera versión nunca llamaba a Dios Yahweh, mientras que la segunda nunca llamaba a Dios Elohim.

Por si fuera poco, este descubrimiento no se limitaba a una sola historia (como podría ocurrir en otros documentos de la época), sino que se repetía en distintas partes del Pentateuco. Por ejemplo, la historia del diluvio y el arca de Noé puede ser separada igualmente en dos relatos similares aunque distintos entre sí, con uno de ellos utilizando un nombre para Dios y el otro utilizando otro. Y esto se vuelve a repetir en la historia del pacto de Dios con Abraham, el relato en el que Abraham da nombre a su hijo Isaac, la historia en la que Abraham dice a un rey que su mujer es su hermana, la historia de Jacob viajando a Mesopotamia, la historia de la revelación de Dios a Jacob en Betel, la historia de Dios cambiando el nombre de Jacob a Israel, la historia de Moisés sacando agua de una roca, etcétera. Estos investigadores llegaron a la conclusión de que no estaban tratando con un libro que simplemente se repetía muchas veces sino que estaban leyendo distintos textos creados por distintos autores que alguien se había tomado la molestia de poner juntos en uno solo.

A partir de esos comienzos, a lo largo de los años esta teoría ha ido creciendo cada vez más hasta convertirse en la Hipótesis Documentaria que conocemos hoy. Es cierto que no han faltado críticos, sobre todo procedentes de los campos más conservadores, donde se cree que esta Hipótesis es el producto de la crítica liberal que intenta desbancar la autoridad de la Biblia. Sin embargo, aunque entre criticismos y ataques, la teoría ha encontrado un lugar en seminarios y centros de enseñanza bíblica de todas las denominaciones y tendencias. Si la Hipótesis Documentaria está siendo enseñada en la mayoría de seminarios de todo el mundo y no existe prácticamente ningún estudioso del Antiguo Testamento que se atreva a afirmar que ‘los cinco libros de Moisés’ fueron escritos por Moisés (o por una sola persona), esto no se debe a “la pereza que caracteriza a ciertos segmentos del mundo académico para actualizar lo que aprendieron décadas antes” (esta afirmación clama al cielo), como tampoco se debe a su agenda oculta, o su pensamiento materialista, evolucionista, marxista o ateo, sino simplemente a que esa es la mejor explicación. Es cierto que aún quedan muchos puntos por debatir, acerca del lugar en que estos documentos fueron escritos, acerca de la forma en la que estos documentos han de ser dilucidados, acerca de la utilidad (o falta de ella) de utilizar hipótesis como la documentaria para resolver estos problemas, etcétera. Pero la hipótesis en sí misma continúa siendo el punto de partida de todos estos debates, y por tanto ningún estudiante serio del Antiguo Testamento puede permitirse pasar un tupido velo y no estudiarla.

Por tanto, creamos lo que creamos y aceptemos las evidencias que aceptemos sobre este tema, lo que está claro es que decir que hay dos versiones de la creación, o afirmar que el Pentateuco contiene dobletes escritos por distintos autores y editados para formar una sola composición, no es decir algo completamente loco y digno de personas trastornadas que no comprenden la historiografía y la naturaleza de los textos bíblicos. Igualmente, decir que Moisés no escribió los cinco libros del Pentateuco no es declarar que estamos en contra de la fe cristiana o en contra de la autoridad de las Escrituras. Entre los críticos que han aportado argumentos para apoyar estas afirmaciones tenemos a doctores, filósofos, médicos, ministros, pastores o teólogos, de distintas tendencias teológicas, separados muchos de ellos por siglos de diferencia, que han vivido en contextos distintos y que han sido influenciados por distintas ideas políticas y filosóficas. Por tanto todas estas cuestiones no pueden ser explicadas a la ligera por medio de un par de comentarios arrogantes, sin aportar evidencias suficientes de que todos estos pensadores fueron engañados por sus prejuicios en contra de la autoridad de la Biblia. No vale con insultar de forma paternalista aquellas opiniones que no concuerdan con nuestra visión de la Biblia. Hay que argumentar con seriedad. Si es verdad que todas estas afirmaciones en contra de la autoría mosaica del Pentateuco son clara y evidentemente falsas, mostremos las evidencias que poseemos para llegar a esa conclusión. Y si no disponemos de dichas evidencias entonces dejemos abierta la puerta a la posibilidad de que tanto ellos como nosotros podemos estar en un error.

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Los cinco libros de Moisés…¿y por qué no?

Los cinco libros de Moisés…¿y por qué no?
José Hutter, España

El artículo de D. José Ángel Fernández, publicado hace unos días en Lupa Protestante bajo el título “Los cinco libro de Moisés”, me parece muy interesante, porque abre la posibilidad de profundizar en un tema altamente controvertido desde hace varios siglos y de forma particular en los últimos 50 años. El artículo se refiere a algunos puntos muy concretos de esta controversia y me gustaría, con toda brevedad, aportar algunos elementos a este debate. Vaya por delante que estoy muy de acuerdo con el señor Fernández en que es preferible prescindir de acusaciones e ironías que – por otro lado – creo notar también en algunas partes de su artículo.

Mi intención no es, por lo tanto, crear más polémica gratuita, sino simplemente aportar algún dato que espero sea de interés para los lectores. Se tratará de datos muy puntuales que tienen que ver básicamente con los tres puntos que D. José Ángel critica en la publicación de D. César Vidal. Tratándose de una simple réplica prescindo de notas a pie de página y procuro no elaborar los argumentos con más detalles. Esto, sin embargo, debería ser la meta de un trabajo más extenso sobre el tema.

Fernández hace la siguiente observación: “De hecho, en el Pentateuco sólo encontramos una cita (Deuteronomio 31:9, 24-26) donde se afirma que Moisés estaba escribiendo un ‘royo [sic] de torah’ antes de su muerte”.

Esta afirmación no es correcta. Lo que el versículo expresa literalmente es que Moisés “terminó de escribir las palabras de esta ley en un libro”. Pero es solamente un detalle. Lo que es mucho más importante es que la observación de Fernández causa la impresión equivocada de que Moisés no escribió en otros momentos, lo cual no es cierto.

Hay otros lugares en el Pentateuco donde se menciona explícitamente que Moisés escribía cosas, no necesariamente en un rollo – aunque con cierta probabilidad usaría uno de papiro a la hora de apuntar textos más extensos, como era la costumbre en sus tiempos. Para documentar estos pasajes, me permito añadir la siguiente relación (citas según la Biblia de las Américas):

  • Éxodo 24:4: “Y Moisés escribió todas las palabras del SEÑOR.”

  • Números 33:2: “Y Moisés anotó los puntos de partida según sus jornadas, por el mandamiento del SEÑOR, y estas son sus jornadas, conforme a sus puntos de partida.”

  • En Éxodo 17:14 y 34:27 Dios le manda a Moisés explícitamente escribir algo que venía de parte de Dios:

“Entonces dijo el SEÑOR a Moisés: Escribe esto en un libro paraque sirva de memorial,…“

“Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: Escríbete estas palabras; porque conforme a estas palabras he hecho un pacto contigo y con Israel.”

Creo que todo el mundo que afirme la historicidad de estas palabras estará de acuerdo en que Moisés no se sentó una tarde y se dijo: “Hoy me siento inspirado, voy a escribir el Pentateuco,” sino que se trata más bien de una obra que poco a poco fue creciendo y donde Moisés hizo el papel de redactor, es decir, juntando material o fuentes ya existentes (ver más adelante en este artículo), palabras que había recibido de parte de Dios directamente (por ejemplo, las leyes) y observaciones propias. Esto no quita que en ocasiones puntuales un redactor final – que podría haber sido por ejemplo Esdras – añadiera algún que otro comentario o detalle. Y esto por cierto no está ni muchísimo menos reñido con el concepto de inspiración que un servidor enseña y defiende.

Este fenómeno no sería extraño porque vemos, por ejemplo, en el libro de los Salmos (que en realidad son cinco libros) la mano de un redactor final. Esto no quita que, por ejemplo, el salmo 72 pueda contener alguna añadidura de ese redactor final (o del redactor del libro II de los Salmos), – que en la gran mayoría de nuestras traducciones aparece como versículo 20 – sin negar ni por un momento que el autor del salmo fuera un personaje que vivió con bastante anterioridad a los tiempos de este redactor final.

Hay que entender bien la argumentación: nadie dice que el Pentateuco fuera escrito palabra por palabra por Moisés como autor original – yo por lo menos nunca me he encontrado con un teólogo que lo creyera. Moisés usa fuentes – el mismo texto lo dice (Números 21:14); y el capítulo 34 puede haber sido añadido por Josué como lo afirma, por ejemplo, el Talmud. Esto es una cosa. Pero decir que el Pentateuco es fruto de diferentes obras de diferentes épocas a partir del siglo VIII a.C. hasta el siglo V a.C. es una cosa totalmente distinta. La palabra “obviamente” – que critica el autor en la publicación de Vidal – expresa este hecho con suficiente claridad. Comparar la autoría de los supuestos dobletes con la autoría no mosaica de la muerte de Moisés en el capítulo 34 es comparar peras con manzanas. Una cosa tiene que ver con la supuesta – y nunca comprobada – existencia de varias fuentes del Pentateuco, y otra, con la costumbre de aquellos tiempos de que el seguidor de un gran líder terminaba las obras de aquel con el relato de su muerte.

El punto débil de la Hipótesis Documental es el hecho de que se basa sobre suposiciones, teorías y deliberaciones teóricas, pero no tiene ni UNA sola evidencia arqueológica a su favor en cuanto a la existencia real de un documento J, E, P o D como fuente real y auténtica (aparte del hecho de que es prácticamente imposible encontrar dos comentaristas defensores de la HD que estén de acuerdo sobre la extensión exacta de las respectivas, supuestas fuentes J, E, P y D. De hecho, el catedrático Dr. Samuel Külling comprobó en su tésis doctoral (Kampen, Holanda), ya en el año 1965, que la datación de los supuestos documentos P en el libro de Génesis contradice todos los hallazgos arqueológicos y hechos históricos recientes de la historia del Medio Oriente.

Si se me permite hacer brevemente un comentario sobre el tema de las supuestas repeticiones en los textos del Pentateuco: en primer lugar, habría que establecer cuidadosamente si dos historias o una supuesta repetición del mismo acontecimiento de verdad constituyen una repetición, o si no se trata más bien de dos historias similares. Pero aparte de eso, los estudios de los arqueólogos en las últimas décadas han aportado suficientes indicios de que este fenómeno “repetitivo” es muy común también en otros textos del Medio Oriente (véanse por ejemplo las obras extensas de uno de los más reconocidos arqueólogos a nivel mundial, el Dr. Kenneth Kitchen).

Como ya dije, nadie duda que Moisés pueda haber usado otras fuentes. Aún así, se puede afirmar que Moisés es el redactor del Pentateuco. Para mí es evidente que en el mismo Pentateuco Moisés se apoyó en fuentes antiguas, (por su educación, Moisés dominaba varios idiomas y tenía acceso a material muy antiguo de los egipcios) pero estas fuentes no tienen nada que ver con los documentos hipotéticos que en la HD se llaman J, P, D o E. Y por cierto, en la teología protestante, la “erosión” de la creencia en la autoría de Moisés no empezó, en contra de lo que supone Fernández, con estas “concesiones” que hablan de fuentes auténticas o comentarios de un redactor final, sino con las teorías de Astruc, Wellhausen y otros que nunca fueron comprobadas científicamente, por ejemplo, por un hallazgo arqueológico o un documento externo que mencione la confección del Pentateuco a raíz de la mezcla de varias fuentes en un solo escrito.

Por supuesto, Fernández tiene razón cuando dice que la tradición en ningún caso es vinculante, y que bien puede estar equivocada. Pero cuando el texto – es decir, la única fuente de los acontecimientos descritos – apunta en la misma dirección que la tradición – y si además la arqueología hasta el día de hoy no ha aportado ni un solo detalle que apoyara la real existencia de las fuentes postuladas por Wellhausen y otros – entonces hacemos bien en tomar también la tradición en serio.

Pero no quiero quedarme solamente en la crítica, sino que me gustaría aportar por lo menos algún argumento – tal vez no tan conocido – a favor de la autoría mosaica del Pentateuco. Curiosamente existen algunos detalles en el texto del Pentateuco que indican que el autor de esta obra tiene un trasfondo más bien egipcio y no un trasfondo de un israelita educado en la monarquía post-davídica del siglo VIII o VII a.C., o incluso un sacerdote del exIlio babilónico. Vamos a considerar algunas de estas – llamémoslas “huellas dactilares” – mosaícas:

En Génesis 13:10 se compara la llanura del Jordán con “la tierra de Egipto en dirección de Zoar”. Si los postulados de la teología defensora de la HD fueran correctas y esta parte del Génesis fuera producto de un tiempo muy posterior, ¿qué sentido tendría para un autor israelita el comparar el valle del Jordán con un lugar egipcio que prácticamente ningún israelita conocía? Sería absurdo. Sin embargo, si tomamos el testimonio del Pentateuco en serio, y partimos del hecho de que Moisés y su generación acababan de salir de Egipto, entonces la comparación tiene todo el sentido del mundo. Zoar era una referencia para los israelitas de la generación del éxodo. Lo mismo ocurre, por cierto, en Números 13:22. Se compara la fecha de la construcción de Hebrón con la cronología de la construcción de la ciudad egipcia de Zoán. Si Moisés es el autor, la referencia tiene sentido, si no, el comentario carece de importancia.

Las mismas raíces “extranjeras” del autor las vemos reflejadas en Génesis 33:18. Todo israelita sabía perfectamente la ubicación de la ciudad de Siquem desde la conquista del país bajo Josué. Sin embargo, para una generación que acaba de salir de Egipto, la explicación tiene mucho sentido, de la misma manera que a un español que vive en España no hay que explicarle donde está Sevilla, pero para alguien de fuera del país la información de que se encuentra en Andalucía puede ser importante.

Por lo tanto, la afirmación de Fernández que “de los tres argumentos presentados por César nos quedan dos realmente”, me parece un tanto prematura y superficial en exceso. Hace falta algo más que página y media para poder llegar a esta conclusión y descartar un argumento bien fundado. Y precisamente este amor al argumento detallado sería una condición para un debate serio, sobre la base del texto hebreo en todos sus detalles y matices.

Animo a D. José Ángel Fernández a ponerse manos a la obra. Siempre me tendrá a su disposición para un debate del tema, partiendo del texto bíblico en hebreo y tomando en cuenta la literatura contemporánea sobre el tema. No hay que olvidar, la responsabilidad de comprobar la no-autoría de Moisés del Pentateuco recae sobre aquellos que no toman en serio estos indicios internos del texto. Sería interesante poder leer una explicación convincente de estos versículos “egipcios”, sobre todo tomando como base el texto hebreo, de cara a la afirmación de la teoría de fuentes que ubica la redacción de una parte del Pentateuco en el exilio babilónico.

En cuanto a los dos problemas que Fernández menciona (por un lado, la mención de reyes en Génesis 36 que no vivieron en los tiempos de Moisés, sino posteriormente y, por otro lado, el fenómeno de que Moisés habla de sí mismo en la tercera persona singular), hay explicaciones perfectamente coherentes cuya elaboración más detallada no puede ser la finalidad de esta breve respuesta.

Por la sencillez del argumento, solo quiero referirme al último de los dos casos mencionados: no hay que olvidar que existen obras antiguas que usan la tercera persona singular, aunque hablen en ciertos momentos de su mismo autor. Ejemplo notorio de este fenómeno es la obra de Julio CésarBellum Gallicum, o la Anábasis de Jenofonte, por no mencionar la Guerra de los Judíos de Josefo. Y por cierto, nadie que cree en la autoría de Moisés del Deuteronomio se asustará por el “problema” de la muerte de Moisés relatada en el capítulo 34. Ya en el Talmud (Baba Bathra 146) se le atribuye esta sección a Josué.

Fernández sigue: “De hecho, cualquiera que se moleste en leer el Pentateuco con la mente un poco abierta (ni siquiera hace falta que lo esté mucho) se dará cuenta de que más allá de tratarse de algunos pocos versículos perdidos en el texto que pueden ser explicados sin problemas, el Pentateuco está lleno de este tipo de versículos problemáticos” .

Cierto que algunos versículos pueden resultar problemáticos, pero también desde la postura de la defensa de la autoría de Moisés hay explicaciones perfectamente coherentes y científicas, y no ayuda precisamente a un debate riguroso, si Fernández anima a los defensores de estos argumentos a tener una mente más abierta. Conozco estos argumentes, los he estudiado, he leído libros de los autores originales en varios idiomas y aún así, no me convencen. No tiene nada que ver con que una mente esté más “abierta” que otra. Lo que nos debe estimular es la búsqueda de la verdad. Este tipo de “veredictos” sobran – y seguramente el Señor Fernández estará de acuerdo conmigo en esto.

Quiero abordar muy brevemente otro tema mencionado por Fernández: suponer dobletes porque se usan distintos nombres de Dios es, hoy por hoy, un argumento muy débil, incluso para los defensores de la HD. Sin ir más lejos, podemos encontrar dos salmos que únicamente se difieren por el uso del nombre de Dios que emplean. Se trata de los Salmos 14 y 53. Ambos son de David – si uno toma en serio el título del Salmo. Pero incluso para aquellos que no lo tomaran en serio, es indudable, entonces, que ambos salmos se “atribuyen” a David. El Salmo 14 usa el nombre Yahwé, el Salmo 53 usa el nombre Elohim. Pero es el mismo Salmo. ¿Tenía dos autores? Uno en el siglo VIII y otro en el siglo VI, digamos, en Babilonia? ¿No podría ser que se usaba el mismo salmo de David con dos nombres de Dios diferentes porque expresaban diferentes características de Dios? Del uso de ciertos nombres de Dios en determinados contextos habla ya en el siglo XII el rabino Jehuda Halevi en un libro llamado Cosri, donde explica la etimología de cada nombre divino y su uso. En nuestros días existen excelentes obras que profundizan en este fenómeno, como, por ejemplo, aquel de Umberto Cassuto The Documentary Hypothesis del año 1941. Pero desde luego no hace falta postular diferentes épocas para el uso de ciertos nombres de Dios.

Un último y breve comentario que no puede quedar sin una pequeña respuesta. D. José Ángel afirma en su artículo: “no existe prácticamente ningún estudioso del Antiguo Testamento que se atreva a afirmar que ‘los cinco libros de Moisés’ fueron escritos por Moisés.” Es una afirmación no solamente muy atrevida, sino demostrablemente falsa. Me permito facilitar solamente los nombres de siete de los más destacados catedráticos y expertos del AT en el mundo de habla alemana (para que no se me acuse de citar solamente teólogos anglosajones). Cuatro de los siete catedráticos, por cierto, hicieron sus doctorados en facultades teológicas protestantes estatales, nada sospechosas de ser “fundamentalistas” o “conservadoras”. Todos estos expertos del AT siguen enseñando, salvo el Dr. Külling, que murió hace algunos años y el Dr. Huntemann que se retiró hace poco:

Dr. Samuel Külling, fundador de la “Staatsunabhängige Theologische Hochschule” en Basilea, Suiza, reconocida por el Cantón de Basilea como universidad privada y facultad teológica.

Dr. Helge Stadelmann, director de la “Freie Theologische Hochschule” en Giessen, Alemania, reconocida hace unos meses como universidad privada y facultad teológica por el estado federal de Hesse, Alemania.

Dr. Jakob Thiessen, actual director de la STH en Basilea, Suiza.

Dr. Heinrich von Siebenthal, uno de los mayores expertos en arqueología, historia del Medio Oriente, Hebreo y Arameo en lengua alemana.

Dr. mult. Thomas Schirrmacher, director actual del “Martin Bucer Seminar” en Bonn, Alemania.

Dr. mult. Georg Huntemann, doctor en filosofía por la universidad de Erlangen y doctor en teología por la universidad de Berna, Suiza.

Dr. Hans-Georg Wünch, experto en AT y docente en el Seminario en Altenkirchen, Alemania.

Por cierto, casi se me pasa mencionar a un teólogo que según los expertos de su tiempo destacaba por sus profundos conocimientos del Antiguo Testamento: su nombre es Jeshua ben Miryam, también conocido como Jesucristo. Él también creía en la autoría del Pentateuco por parte de Moisés (Juan 5:46.47; 7:19 et al.) ¿Se habrá equivocado hasta el Hijo de Dios en este asunto?

*José Hutter es profesor en el seminario español SEFOVAN

Los cinco libros de Moisés (Nota aclaratoria)

Los cinco libros de Moisés (Nota aclaratoria)
José Ángel Fernández, España

(Esta es una nota aclaratoria en respuesta al mensaje de D. José Hutter acerca de la columna titulada: Los cinco libros de Moisés.)

Siempre que escribo una respuesta a una serie de artículos espero que los lectores comprendan, en caso de no querer leer todos los artículos que provocaron mi respuesta, que en ocasiones el tono y la forma de lo que digo viene dictado por el tono y la forma de los artículos que originaron el escrito. En este caso, como expliqué, me dediqué a responder a una serie de artículos de Cesar Vidal en donde se hacían afirmaciones gratuitas, no solo acerca del A.T. sino también acerca de las personas que tuvieran opiniones contrarias a dichas afirmaciones. Por tanto sacar ciertas respuestas de dicho contexto puede llevar a error, dando la impresión de que el tono de mis frases no es adecuado.

Ya que en mi columna me limité a criticar las tres razones fundamentales en las que se apoya Cesar Vidal para afirmar la autoría de Moisés de los cinco libros del Pentateuco, es menester ver en qué parte de mi crítica he metido la pata.

  1. El Pentateuco afirma que su autor fue Moisés. En mi columna mencioné que: “en el Pentateuco sólo encontramos una cita (Deuteronomio 31:9, 24-26) donde se afirma que Moisés estaba escribiendo un ‘royo de torah’ antes de su muerte”. Como dije, ni siquiera esto equivale a una ‘firma de autor’, ya que la frase puede indicar que Moisés estaba escribiendo todo tipo de cosas. En este punto Hutter comenta que mi afirmación no es correcta: “Lo que el versículo expresa literalmente es que Moisés ‘terminó de escribir las palabras de esta ley en un libro’”. Como dije en mi columna, la palabra ‘torah’ se puede entender como ‘palabra de instrucción’, que es precisamente lo que menciona Hutter en su respuesta. Por tanto, no entiendo muy bien dónde está mi error. Quizá lo que más moleste a Hutter de este comentario es que “causa la impresión equivocada de que Moisés no escribió en otros momentos”. ¡Desde luego que escribió! Pero ese no era el tema de discusión. Es obvio que el líder de un pueblo ha de estar en el ‘negocio’ de escribir (por ejemplo para registrar las leyes que han sido creadas). Pero eso no implica que en el Pentateuco tengamos la ‘firma de autor’ que estábamos buscando. Sólo se dice que Moisés escribía (en ninguno de los textos mencionados por Hutter se utiliza la palabra ‘torah’). Por supuesto que Moisés no se sentó una tarde y escribió todo el Pentateuco. Ni mucho menos. Y por supuesto que el Pentateuco es una obra que poco a poco fue creciendo. ¿Tenemos en ella partes que proceden de la mano de Moisés? Pues yo nunca dije que no. Mi respuesta a Cesar en este punto era, simplemente, que el Pentateuco no afirma en ningún momento que Moisés haya sido su autor. Y dado que nadie ha presentado hasta ahora dicha ‘firma de autor’, me parece que mi crítica a la primera de las razones utilizadas por Cesar aún permanece en pie.

Pero una vez aclarado este punto, vale la pena hacer una segunda aclaración. Hutter explica que él nunca ha dicho que Moisés hubiera escrito el Pentateuco ‘palabra por palabra’ (de hecho, reconoce que hoy día nadie cree eso). Quizá Moisés pudo haber ejercido de redactor, “juntando material o fuentes ya existentes”. Tampoco elimina la posibilidad de que en el texto podamos encontrar evidencias de la mano de algún que otro “redactor final” añadiendo algunos otros comentarios y detalles. O sea que, a juzgar por estas palabras, es posible que quizá Moisés hubiera recibido de alguna mano anterior (no la suya) un par de fuentes con historias de la creación y que él, en algún momento en los que se sentaba a escribir, hubiera decidido juntarlas para formar una sola. La verdad es que esto me confunde un poco: cuando se habla de ‘autor’ normalmente se entiende que se está hablando de la persona que ha creado la obra, no quien ha tomado otras fuentes y las ha puesto juntas. Quizá al final va a resultar que Hutter y yo estamos más cerca de lo que parecía en un principio y que todo esto es simplemente un problema de terminología. ¿Quizá Cesar quiso decir eso también cuando habló de la autoría de Moisés? Es posible que así sea. En este caso, entonces, ya no hay problemas con los dobletes porque, como es obvio, Moisés pudo tomar distintas versiones de una misma historia que estaban circulando en el momento y juntarlas formando una sola. Igualmente, si Moisés pudo tomar textos de otros autores y mezclarlos para formar ‘sus’ libros, ya no es posible utilizar (como hace Hutter) detalles del texto que indican que debieron ser escritos por un autor de trasfondo egipcio como evidencias de ‘huellas dactilares’ de Moisés. ¿Qué impide que Moisés, o un redactor posterior, tomara textos egipcios y los añadiera a los textos ya existentes?

Me parece que esta es simplemente una forma facilona de escapar de la encrucijada en la que entramos cuando queremos afirmar que Moisés escribió el Pentateuco. Después de todo, como dije claramente en mi columna (citando textualmente a algunos autores), son precisamente problemas textuales como estos los que provocaron la ‘erosión’ de la creencia en la autoría de Moisés (esta erosión ha sido la que, en mi opinión, ha cambiado también quién tiene la responsabilidad de demostrar qué, ‘burden of proof’). Al fin y al cabo, ‘mezclador de fuentes’ no equivale a ‘autor’ en la mente de muchas personas (aunque Foucault y Barthes tendrían algo que decir sobre esto). No me cabe duda de que si comenzamos a cambiar el sentido de las palabras de esta forma podemos acabar creando listas de autores mucho más largas que la presentada al final de la respuesta de Hutter con nombres de estudiosos que estarán de acuerdo con ‘mi versión’ de la verdad.

  1. La tradición así lo ha creído. Dado que Hutter concuerda conmigo en que “la tradición en ningún caso es vinculante, y que bien puede estar equivocada”, podemos dejar este punto a un lado.

  1. “Ninguno de los manuscritos de la Torah con que se contaba indicaba ni siquiera de manera indirecta que en su redacción hubieran participado más autores”. Si no me equivoco, con lo dicho hasta ahora debería bastar para responder también a este último punto de los mencionados por Cesar Vidal en sus escritos ya que, como Hutter reconoce en su escrito, es muy posible que en el Pentateuco hayan participado más autores que solamente Moisés. Sin embargo, he de referirme brevemente a los tan demonizados dobletes. Ya cité, en la columna de Lupa, varios casos en los que aparecen repeticiones dentro del Pentateuco. También expliqué el proceso de descubrimiento por el que pasaron tres estudiosos de la Biblia para llegar a las conclusiones a las que llegaron. Pero nadie ha de suponer que, por haber dejado la historia en ese punto, en las últimas décadas de estudio bíblico nos hemos quedado simplemente en las diferencias en los nombres de Dios como único argumento a favor de los dobletes. Si de verdad Hutter ha estudiado este tema tan cuidadosamente como dice y ha leído la literatura conocerá de sobra que elementos para la duda hay muchos, más allá de los distintos nombres de Dios. Sin embargo, a juzgar por el párrafo que dedica a este punto, parecería que Hutter solamente conoce ese problema. Ya que este no es lugar (ni habría espacio suficiente) para mostrar todas las evidencias que apoyan esa conclusión, invito a cualquier lector interesado a buscar esta información en cualquier diccionario bíblico (una mirada rápida a Anchor Bible Dictionary muestra al menos 10 puntos de evidencia a favor de los dobletes y de la diversidad de fuentes).

Concluyo. Cualquiera que haya leído mi columna habrá notado que mi intención en aquel texto fue responder tres puntos utilizados por Cesar Vidal para defender la autoría de Moisés del Pentateuco. En ningún caso me puse a escribir una defensa férrea de la Hipótesis Documentaria, acerca de la cual incluso acepté que existen controversias que aún no han sido resueltas y que bien podrían echarla por tierra (lo que no quita que sea enseñada en los seminarios bíblicos). Por tanto, aunque no debería ser necesario decirlo, me parece obvio que criticar la Hipótesis Documentaria no constituye una crítica a mi columna. Sin embargo, para mi sorpresa ese parece ser el centro principal de la crítica que Hutter hace de mi escrito.

Por otro lado, Hutter no tiene problemas para aceptar que Moisés usó fuentes antiguas – todas las que sean necesarias para eliminar los problemas textuales – pero tiene inmensos problemas para aceptar que en el Pentateuco existan fuentes posteriores a Moisés (aunque reconoce que quizá existió algún redactor final que añadió uno o dos detalles al texto). Dice que las teorías de la Hipótesis Documentaria “nunca fueron comprobadas científicamente, por ejemplo, por un hallazgo arqueológico o un documento externo que mencione la confección del Pentateuco a raíz de la mezcla de varias fuentes en un solo escrito”. Pero no salgo de mi confusión en este punto: resulta sorprendente el hecho de que Hutter pueda aceptar sin ningún problema que Moisés mezclara fuentes en un solo escrito, pero se empeñe en negar que lo mismo no pudo ocurrir cuando el Pentateuco cayó en manos del supuesto redactor final (es decir, que ese redactor final no pudo tomar varias versiones de distintas historias y juntarlas para formar un único documento final).

Me permito hacer una crítica final al escrito de José Hutter. Hutter critica en la parte final de su respuesta mi comentario acerca de la necesidad de una “mente un poco abierta” para poder ser convencidos en una dirección u otra. Asimismo afirma que: “lo que nos debe estimular es la búsqueda de la verdad”. Comparto este último punto pero no el primero. Siento no compartir su opinión de que ese tipo de veredictos acerca de tener ‘la mente abierta’ sobran. En mi experiencia cristiana he conocido demasiados casos ya en los que la necesidad de defender ciertas declaraciones de fe en las que se afirma la ‘inspiración’ e ‘inerrancia’ de las Escrituras ha provocado la presencia de prejuicios inescapables que han condicionado todo el debate desde un principio. No implico con esto que Hutter tenga dichos prejuicios, o que no los pueda superar, pero no creo que el comentario esté de más.

Antes de terminar me pongo a disposición de José Hutter para continuar esta conversación (en la sección de comentarios, en mi blog o por email), aunque no prometo respuestas rápidas a los temas que se planteen. Mi intención, como la suya, es llegar a la verdad, si es que eso es posible. Si no, al menos me conformo con haber tenido una conversación agradable.

Los españoles son católicos, pero también son alérgicos a las misas

Los españoles son católicos, pero también son alérgicos a las misas

Un 76% de los españoles se define como católico, pero seis de cada diez casi nunca participan en los oficios religiosos

Misa de la familia, presidida por Rouco, en Madrid. E. PARRA / G. SANZ

H.M. – Madrid – 15/07/2009 17:15

Sentirse católico no significa en absoluto cumplir con los preceptos religiosos. En nuestro país, por ejemplo, una de cada cuatro personas se define así. Sin embargo, a la hora de pasar a la práctica, pocos acuden regularmente a misa. Es más, sólo una de cada diez va a la Iglesia cada domingo.

Frente al 76% de las personas que se definen como católicas, un 14,5% se declaran no creyentes y un 5%, ateos. Apenas un 2% aseguran que son creyentes de otras religiones, según datos del Barómetro de junio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

Por sexos, hay más católicas (81%) que católicos (71%) y, en cuanto a la edad, cuanto más viejo es el entrevistado, más aferrado está a la cruz.

Un 94% de los mayores de 65 años se definió como católico, un porcentaje que baja progresivamente entre los que tienen 55-64 años (85%), 45-54 (80%), 35-44 (70%), 25-34 (64%) y 18-24 (64%). Las cifras, sin decimales, han sido redondeadas.

Viejos y mujeres van más a misa
Estos datos, sin embargo, se dan de bruces con los que miden la asistencia a los oficios religiosos. Así, un 58% de los que se consideran católicos casi nunca van a misa, mientras que un 14% acude varias veces al año. Un 9% va alguna vez al mes, un 15% casi todos los domingos y festivos y, finalmente, el 2,5% va varias veces a la semana.

Los hombres están menos presentes en las ceremonias que las mujeres, al igual que los viejos son más fieles a la parroquia que los jóvenes. Por citar algún ejemplo, un 67% de los hombres no va casi nunca a misa, mientras que la cifra baja al 50% en el caso de las mujeres. Y, en cuanto a la edad, un 36% de los mayores de 65 casi nunca se pasa por la iglesia, mientras que un 79% de los chavales entre 18 y 24 años no pisan el templo.

publico.es

Menem en la iglesia…

Menem en la iglesia…

Posted: 14 Jul 2009 03:09 PM PDT

Va Menem (ex presidente de los argentinos) a una iglesia y se arrodilla ante Jesús y le dice:

-Jesús, estoy totalmente arrepentido y quisiera redimir mis pecados.

-Esta bien, hijo, que has hecho. (Le empieza a hablar Jesús)

-y… despueés de 10 años de gobierno he dejado a mi gente en la
ruina y la miseria.

-Dale gracias al señor

-También he traicionado a la gente de mi partido la cual me ha
seguido a todas partes y a la hora de contar conmigo les di la
espalda.

-Dale gracias al señor

-Aparte mientras el pueblo sufría y estaba en la miseria, unos
pocos, (mis amigos) se enriquecían gracias a la corrupción.

-Dale gracias al señor

-Y por último lo peor, por mi ambición desmedida de poder hasta he
perdido un hijo y casi ni me importo.

-Dale gracias al señor

-Pero Jesús, estoy realmente arrepentido y tu lo único que tienes
para decir es “dale gracias al señor” ?

– Si, dale gracias al señor, que estoy aquí clavado, que sino bajo y
te rompo el c… a patadas, h… de …!!

Gracias “Max KCR” por el aporte:)

La OMS dice que las farmacéuticas necesitan incentivos para crear nuevos medicamentos y vacunas contra la gripe A

La OMS dice que las farmacéuticas necesitan incentivos para crear nuevos medicamentos y vacunas contra la gripe A

GINEBRA, 14 (Reuters/EP)

La directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chan, aseguró hoy que las empresas farmacéuticas necesitan incentivos, incluidos patentes lucrativas, para poder seguir creando nuevos medicamentos y vacunas contra amenazas sanitarias emergentes, como la pandemia de gripe A.

“El progreso en sanidad pública depende de la innovación. Uno de los más grandes pasos hacia adelante para la salud han dado paso al desarrollo e introducción de nuevos fármacos y vacunas”, dijo Chan.

El mes pasado, la máxima responsable de la OMS señaló que las patentes pueden ayudar a asegurar que las farmacéuticas desarrollan medicinas para “seguir en la vanguardia del desarrollo de nuevos fármacos” para tratar enfermedades como la malaria o la tuberculosis.

El descubrimiento de infecciones por el virus H1N1 que resisten el tratamiento con el antiviral ‘Tamiflu’, comercializado por Roche, y la estrategia global para asegurar las vacunas contra la gripe ha demostrado la importancia de que exista un sólido sector dedicado a la investigación y el desarrollo de nuevos tratamientos, según Chan.

“La innovación es necesaria para seguirle el ritmo a la aparición de nuevas enfermedades, incluida la gripe pandémica causada por el nuevo virus H1N1”, indicó en un encuentro sobre propiedad intelectual y salud, un tema polémico que ha dividido a países pobres y ricos.

Durante su discurso, Chan dijo que la mayoría de los problemas que enfrentan los países en desarrollo a la hora de acceder a fármacos podrían solucionarse realizando pequeños ajustes al actual sistema de patentes que, según apuntó, “opera como un estímulo para la investigación y desarrollo de nuevos productos

El pasado mayo, en la Asamblea anual de la OMS, los países ricos y pobres no consiguieron alcanzar un consenso sobre cómo se deberían compartir las muestras del virus H1N1 y otras cepas del virus de la gripe con compañías dedicadas a crear vacunas a partir de estas muestras biológicas. Indonesia fue uno de los países que más mostró su rechazo, argumentando que los países en desarrollo no podrán permitirse comprar los medicamentos que se fabriquen con su ayuda.

Chan aseguró que este asunto, “uno de los más difíciles y de los que más divisiones ha creado en la OMS”, ha identificado problemas con las patentes, pero señalo que el actual régimen de propiedad intelectual no necesita ser desmotado para conseguir la equidad.

Para la responsable de la OMS, la actual capacidad mundial de fabricación de vacunas es “finita e inadecuada para una población que ronda los 6,8 billones de personas, aproximadamente todas las personas susceptibles de padecer esta infección a causa de este nuevo y contagioso virus”.

La OMS ha recomendado que los trabajadores sanitarios, las embarazadas y los niños tienen prioridad en el acceso a las vacunas de la nueva gripe y destaca que cualquier país del mundo podría necesitarlas. Según Chan, la vacuna ideal contra esta pandemia debería proteger contra las cepas de gripe estacional así como contra una amplia gama de virus candidatos a generar una pandemia.

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http://www.solociencia.com/noticias/0907/14181221.htm

Un dinosaurio con pico de loro que comía frutos secos

Un dinosaurio con pico de loro que comía frutos secos

(NC&T) Los paralelismos entre este cráneo y el de los loros, que tienen el hábito de cascar frutos secos y que, como aves, es muy probable que desciendan de los dinosaurios, resultan notables en opinión de Paul Sereno, paleontólogo de la Universidad de Chicago. Sereno y dos colegas de la República Popular China han realizado el estudio.

Los paleontólogos descubrieron el nuevo dinosaurio, al que le han dado el nombre de Psittacosaurus gobiensis, en el Desierto del Gobi, Mongolia Interior, en 2001. Han dedicado años a preparar y estudiar el espécimen. El dinosaurio tiene aproximadamente 110 millones de años de antigüedad, correspondiendo al Período Cretácico medio.

La cantidad y el tamaño de los gastrolitos en las aves se correlacionan con las preferencias dietéticas. Los gastrolitos más grandes y numerosos apuntan a una dieta de comida más dura, como por ejemplo frutos secos y semillas. El psitacosaurio estudiado tiene un gran montón de gastrolitos, más de 50, suficientes para moler cualquier cosa que comiera.

Técnicamente hablando, este dinosaurio es importante también porque exhibe una manera hasta ahora desconocida de masticar, la cual Sereno y sus colegas han apodado como masticación de “ángulo inclinado”. Las mandíbulas son movidas hacia atrás o hacia arriba. Queda por ver si otros dinosaurios herbívoros o reptiles tenían el mismo mecanismo.

Dinosaurio con pico
Representación artística del Psittacosaurs. (Foto: Todd Marshall)

El estilo inusual de masticación ha resuelto un importante misterio con respecto a los patrones de desgaste por uso observados en los dientes de psitacosaurio.

http://www.solociencia.com/arqueologia/09071504.htm

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