¿Existe el juicio final?

¿Existe el juicio final?

Junio 22nd, 2009

Pero tus muertos si volverán a vivir, sus cadáveres resucitaran. Los que duermen en la tierra se despertaran y darán gritos de alegría. Porque tu envías luz como roció y los muertos volverán a nacer de la tierra. (Isaías 26,19)

Hablar de la muerte implica también un Juicio, y un juicio final, el hablar de este es sinónimo de pánico, hablar de lo que nos espera después de la muerte es algo que evitamos conocer o hablar. En nuestro interior existe una interrogante constante: ¿Existe el juicio final?

Como reaccionaria usted si le digo que no existe el juicio final por que se ha perdido, quiero compartirles lo que me entere hace poco: “robaron el juicio final” ¡Oh! Qué buena noticia, dirán algunos, de la que nos salvamos dirán otros feligreses. Un momento no se apresure en tomar sus propias conclusiones, si digo que “robaron el juicio final” me refiero a la pintura del pintor flamenco Hans Memling. En el año 1473 unos piratas robaron esta pintura de “El juicio final”, Uno de ellos como era piadoso regalo esta obra a una iglesia Hoy día esta pintura se encuentra en el Museo Nacional de Gdansk, Polonia.

El juicio final espera a todos desde Adán y Eva hasta el último ser humano que nazca.

Por el juicio final tendrán que pasar todos, no crea que solo su suegra pasara por el juicio, no piense que solo su vecino “el insoportable” pasara por el juicio. No crea que solo los pecadores tendrán un juicio final. A todos sin excepción, después de la muerte nos esperan un juicio.

Cuando rezamos el credo lo recordamos así: Creo en Jesucristo que está sentado a la derecha del Padre, desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

La Biblia detalla el juicio final así: Vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado en el. Delante de su presencia desaparecieron completamente la tierra y el cielo y no se los volvió a ver por ninguna parte. Y vi los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono; y fueron abiertos los libros, y también otro libro, que es el libro de la vida. Los muertos fueron juzgados de acuerdo con sus hechos y con lo que estaba escrito en aquellos libros. El mar entrego sus muertos, y el reino de la muerte entrego los muertos que había en él y todos fueron juzgados, cada u no conforme a lo que había hecho. Luego el reino de la muerte fue arrojado al lago de fuego. Este lago de fuego es la muerte segunda, y allí fueron arrojados los que no tenían su nombre escrito en el libro de la vida. (Apocalipsis 20,11-15)

El Juicio final llegara algún día. Antes que el juicio llegue nuestro propósito de vida Cristiana tiene que ser la de constantes hechos y acciones que demuestren que amamos a Dios y al prójimo con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas.

Una vida de amor quita el temor del juicio final, porque en el amor no hay temor.(1ra Juan 4,18)

Cuando llegue la plenitud de los tiempos, la fe y la esperanza desaparecerán, solo quedara EL AMOR.

Hoy quiero compartirles el secreto para salir absueltos del juicio final, el secreto para tener inscritos nuestros nombres en el libro de la vida. La formula se llama las tres “A” es decir:

AMAR AMAR Y AMAR

Adhemar Cuellar

Ocho maneras de demostrar a las personas heridas que nos interesan

Ocho maneras de demostrar a las personas heridas que nos interesan

Junio 23rd, 2009

“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (Gálatas 6:2).

Veamos 8 herramientas útiles para demostrar a las personas que tenemos interés en ellas y que las podemos contener en momentos de adversidad.

1. Escuchar, escuchar y escuchar Cuando realmente escuchamos a las personas les demostramos que sus problemas y preocupaciones nos importan. Cultivemos la habilidad de oír no sólo las palabras sino también el sentimiento que conllevan. Si desarrollamos la habilidad de escuchar seremos una eficaz fuente de ayuda..

2. Tener cautela al aconsejar Más que dar un consejo ayudemos a las personas a identificar y a evaluar las opciones que tengan para afrontar un problema. Ayudemos a pensar, formulando preguntas adecuadas de manera que el atribulado encuentre otros cursos de acción para resolver sus dilemas.

3. Evitar emitir juicios y condenas Las personas que han cometido un error o tomado una mala decisión no necesitan nuestras críticas. Llevemos a las personas perturbadas a la certeza de que el perdón de Dios cubre todo error o pecado cometido.

4. Evitar decir “Sé cómo te sientes” Cuando decimos que sabemos cómo se siente alguien significamos que estábamos en sus zapatos al momento de vivir la situación conflictiva. En vez del mentado “Sé como te sientes” consideremos: “Percibo la angustia en tu rostro”, “Trasuntas estar herido”, “Viví una experiencia similar y te comprendo”.

5. Estar atentos a señales de advertencia Si una persona que siempre luce feliz y vital denota profunda preocupación en su rostro por varios días consideremos esto como señal de advertencia de que algo funciona mal. Prestemos atención.

6. Comprender el poder de la compañía Ante una muerte, crisis severas o enfermedades complejas nos preguntamos qué decir. Empero, nuestra presencia física habla mucho más que las palabras que se verbalicen.

7. No divulgar jamás una confidencia.

Quienes desahogan sus secretos más íntimos lo hacen porque confían plenamente en nosotros. Es vital que siempre conservemos en un plano confidencial todo lo que nos han compartido.

8. Dejar que Dios nos guíe El salmista oró: “Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; Enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame” (Salmos 25:4-5). Pidamos a Dios que nos enseñe, que nos dé las palabras adecuadas y oremos para que dé receptividad a la persona que solicita ayuda.

Pastor Gary Hardin, Primera Iglesia Bautista, Shepherdsville, Kentucky

La salvación del hombre y la gloria de Dios

La salvación del hombre y la gloria de Dios

Tony Segar
Tony Segar Esta a cargo de capacitación, relaciones académicas y web deSoftware Bíblico Logos. De origen mexicano, radica ahora en los EE.UU.

Tony Segar

Junio 22, 2009 by Tony Segar

El Dios de las escrituras es soberano tanto de la iglesia como del mundo que la entorna Ef. 1:20-21. Como tal ha establecido una simbiosis entre ambas esferas que redunda para Su gloria y el bien de Su iglesia. Los sucesos de la historia de la iglesia purifican la historia universal y los sucesos de la historia universal –por mas malos que estos sean- catalizan el avance de la iglesia.
El renacimiento fue uno de estos sucesos de la historia universal con el que Dios catalizó el avivamiento titánico de la Reforma. Dos factores sobresalientes del renacimiento: el regreso a las fuentes originales y el enfoque sobre el individuo (con desenfoque en las instituciones) se tradujeron en el redescubrimiento de las escrituras y de la relación del individuo delante de Dios.
Fue precisamente este el palpitar de reformadores como Martín Lutero y Juan Calvino al escudriñar las escrituras para descubrir ¿Cómo es que le individuo puede ser salvo?, ¿Cómo es que el individuo pecador puede relacionarse con un Dios de inexorable justicia?, ¿Cómo es que el individuo puede estar bien con Dios?
La amartillante convicción de pecado que se agolpaba en el corazón de Lutero lo llevo a re-escarbar la gloriosa doctrina de la justificación en la epístola a los Romanos extraviada a muchos en la época del Medievo. Su impotencia por agradar a Dios le causaba una desesperación transformada por este hallazgo a un glorioso sosiego expresado en versículos como Rom. 5:1 Justificados pues por la fe tenemos paz para con Dios.
Mientras que Lutero escudriño con el lente bíblico la salvación del individuo delante de Dios, Calvino reenfocó más allá al fin supremo de esta: la gloria de Dios. Captó que desde cualquier ángulo de observación la salvación deslumbra al lector con refulgentes emanaciones de la gloria de Dios: la gloria de su amor, de su justicia, de su compasión, de su misericordia, de su soberanía.
En sus escritos Calvino exalta la gloria de Dios subrayando la exclusividad de Él en la obra de salvación de principio a fin. Es decir, en la salvación, el hombre no es un colaborador sino espectador, no es dador sino recipiente, no es benefactor sino beneficiario. Calvino demostró esta realidad partiendo del atroz diagnostico del hombre en las escrituras: desde la planta del pie hasta la coronilla el hombre ha sido tan avasallado por el pecado que ninguna de sus partes quedó intacta. Todo lo que procede de él es –usando el lenguaje de Génesis Gen 6.5- “…de continuo solamente el mal”. La cura requerida para el hombre es total; solo Dios puede operar. El hombre en su caída no es un enfermo con necesidad de un pomo de medicina, o moribundo que requiere primeros auxilios para reavivarse, sino un muerto que requiere un remedio radical: una resurrección espiritual, un génesis, un nuevo nacimiento, nada menos que el aliento de vida divino. Todo proviene de Dios, nada aporta el hombre, excepto: su pecado. Así lo afirma la escritura: “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.”
Ante el diagnostico fatal del hombre Calvino pone por contrapeso la iniciativa total de Dios. Parte con la elección, continua con una predestinación que toma al pecador y no lo suelta sino hasta que lo deposita en la gloria. Antes y después de ser salvo el hombre queda incapacitado para voltear a sí mismo, absorto ante la portentosa gracia soberana de Dios. El cantante Jesús Adrian Romero expresa bien el asombro del creyente ante tales realidades: “Qué sería de mí si no me hubieras alcanzado, donde estaría yo si no me hubieras encontrado…”
Calvino también señala el blanco central de la salvación: la gloria de Dios, la gloria de su Hijo. La predestinación, la elección y el llamado eficaz de Dios no concluyen al rescatar al pecador de la refulgencia de las llamas del infierno, sino al revelar la refulgencia de la gloria de Dios en su Hijo. Así lo afirma la escritura “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” Rom. 8:29. Dios transforma carbones en brillantes que enmarcan la gema principal de la gloria del Hijo de Dios desplegada con su máxima refulgencia en la salvación.
Indudablemente este será nuestro sentir en el cielo. Seremos reflectores de la gloria de Cristo anhelando perdernos cava vez más en el asombro de ella. Aún ahora en nuestro diario caminar nuestra aspiración debe ser que Cristo sea visto en nosotros, más de Cristo y menos de nosotros pues cuando sale el sol se desvanecen las estrellas.
Tanto Calvino como Lutero siguen hablando por sus escritos aun después de 500 años de muertos. Aprendamos a dar gracias por sus enseñanzas. En cuanto a Lutero, por la justificación re-descubierta que infunde paz a nuestro corazón; tocante a Calvino, por el enfoque central de la salvación que nos mueve ahora y en la eternidad a perdernos en la adoración de la gloria de Dios.