3 artículos, 1 libro, 1 video

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Posted: 16 Jun 2009 10:00 AM PDT
El método histórico crítico Hector Hernán Molano Cortés, artículo sobre la hermenéutica

El Espíritu Santo Edwin H. Palmer, libro completo, 256 páginas

Figuras Literarias en Acción Estudiantes, FUSBC, presentan el hipérbole, el símil y el sinécdoque (YouTube)

Gloria, gracia y verdad: Ratificación del pacto sinaitico en el evangelio de Juan Alexander Tsutserov (Reseña del libro)

El método de la teología de la liberación
Hector Hernán Molano Cortés, este artículo incluye una aplicación

recursosteologicos.org

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¿Puede la iglesia oponerse al movimiento gay?

¿Puede la iglesia oponerse al movimiento gay?

Posted: 17 Jun 2009 02:10 AM PDT

Como es de costumbre, he estado discutiendo con algunos homosexuales en Lupa Protestante (no daré el link esta ves, pues ellos consideran que nuestra conversación amerita a darles mas importancia a su causa), y me he quedado asombrado en sus afirmaciones. Por lo visto, estas personas no están dispuestas a oír razón o a ver los hechos, lo único importante para ellos es que la iglesia sea ‘inclusiva’, como Jesús quiere que lo sea.

Jesús se ha hecho en una pelota que estos activistas piensan llevar de un lado a otro. Jesús es un hombre Judío ‘aguado’, que soportaría que hubieran homosexuales entre sus seguidores, a pesar de que el mismo dijo que el matrimonio fue establecido por Dios entre un hombre y una mujer: Mateo 19:5-6 y Marcos 10:8.
Es mas, cuando Jesús habla de ser inclusivo, da un caveat, que es el siguiente:

  • Juan 5:14 Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.;
  • Juan 8: 10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? 11 Ella dijo: Ninguno, Señor.

Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
Queda claro, que para Jesús, la inclusividad consistía en aceptar a cualquier pecador a la fe, pero no incluía que estos siguieran en los pecados que antes practicaban. De esto, Pablo, el tropezadero de los activistas gays, es consistente con las enseñanzas de Jesús.

En I Corintios, es donde mas claro nos dice que los creyentes no podían seguir viviendo como lo hacían en sus antigua vida:

  • I Cor. 6: 8 Pero vosotros cometéis el agravio, y defraudáis, y esto a los hermanos. 9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.11 Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

Así que afirmo, que la Biblia es afirmante, pero no como los activistas gay la quieren hacer leer, o quieren convencer al mundo de ello.

¿Pero podrá la iglesia parar el movimiento gay? Estoy viendo como el mundo apunta aquellos que se oponen a tales uniones como intolerantes y homofobicos. Ósea, aquellos que queremos mantener el standard bíblico, seremos no solo tachados de intolerantes, sino que también perseguidos y encarcelados, como ha pasado en Suecia y Canadá. Es en la verdadera iglesia de Cristo, aquella que esta dispuesta a sufrir por la fe una ves dada a los santos, que tendrá que oponerse a que el mundo dicte lo que creen y lo que practican.

Lo triste es cuando aquellos que dicen ser la iglesia, son muy prontos en aceptar la agenda gay. Estos, aun después de haber rechazado las enseñanzas básicas del cristianismo, se dicen ser ‘iglesia inclusiva’. Es triste ver como un grupo se puede engañar a si mismo, creyéndose cristianos, pero no incluyendo al Cristo bíblico, por ser este no grato a su ‘tolerancia’.

Les insto a mantenerse firmes ante lo que se viene. Está escrito, que seremos perseguidos por nuestra fe, pero nos espera un gran galardón.

Dios les bendiga.
Luis Alberto Jovel

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BEDELIO

BEDELIO

Una gomorresina fragante, transparente, de color amarillento, savia de los árboles del género Commiphora, apreciada por su uso como perfume. Se la encontraba en la tierra de Havila, cerca de Edén (Gn. 2.12), y su color era igual al del maná (Nm. 11.7).

El heb.heb. hebreo bƒd_oµlah pasó al gr.gr. griego como bdellion. Si bien este préstamo aparece en las traducciones gr.gr. griego posteriores del ATAT Antiguo Testamento, la LXXLXX Septuaginta (vs. gr. del AT) traduce anthrax y krystallos, quizá porque la goma endurecida se parecía a una piedra preciosa, o en razón de las sustancias asociadas en Gn. 2.11s. (Alhajas)

“Una palabra no muy diferente de la hebrea (beddlah), es una resina aromática amarillenta, que parecería no concordar bien con oro y ónice. Puesto que la bedolah era eviden­temente blanca más bien que amarilla (Ñm. 11:7; cf. Ex. 16:31) solamente el sonido de la palabra puede sugerir el bedelio, y la vieja conjetura de que debiera traducirse “perla”43 al menos es plausible. También hay incertidumbre en cuanto a ónice. El hebreo es soham, que reaparece como la piedra sobre la cual se grababan los nombre de las doce tribus para el afod (Ex. 28:9, etc.), y como un objeto de cierto valor (Job 28:16; Ez. 28:13). Hay razones para identificarlo con el lapislázuli, pero no con certeza.”[1]

(del hebreo bedola). La mayoría de los estudiosos aceptan que se trata de una resina aromática, amarillenta, transparente, cerosa y plástica. Otros sostienen que es una piedra preciosa o una perla (así lo interpreta la LXX).
Se menciona dos veces en el Antiguo Testamento: Gn 2.12, en la descripción del Edén, y Nm 11.7 en la descripción del color del maná.

“(del hebreo bedola). La mayoría de los estudiosos aceptan que se trata de una resina aromática, amarillenta, transparente, cerosa y plástica. Otros sostienen que es una piedra preciosa o una perla (así lo interpreta la LXX).

Se menciona dos veces en el Antiguo Testamento: Gn 2.12, en la descripción del Edén, y Nm 11.7 en la descripción del color del maná.” [2]

Segun el Diccionario de la Real Acadamia española:[3]

(Del lat. bdellium, y este del gr. bd³llion).

1. m. Gomorresina de color amarillo, gris o pardo, olor suave y sabor amargo, procedente de árboles burseráceos que crecen en la India, en Arabia y en el nordeste de África. Entra en la composición de varias preparaciones farmacéuticas para uso externo.

Notas

1. Derek Kidner,Genesis,p.73-74,ed. Certeza,1967,The Tyndale Press,Londres,Inglaterra,edic. español impr. en 1985, E.U.

2. Diccionario Nelson

3. D.R.A.E.

Bibliografía:

  • KBKB L. Köhler y W. Baumgartner, Hebräisches una aramäisches Lexicon zum Alten Testament³, 1967; RACRAC T. Klausner et al. (eds.). Reallexicon für die Antike und Christentum, 1941-, 2, pp.pp. página(s) 34f; EJ, 4, pp.pp. página(s) 354.I.H.M.I.H.M. I. H. Marshall, B.A., M.A., B.D., Ph.D., Profesor de Exégesis del Nuevo Testamento, Universidad de Aberdeen, Escocia.(Diccionario Biblico ed. Certeza)
  • D.R.A.E.
  • Diccionario Nelson
  • Derek Kidner,Genesis,ed. Certeza,1967,The Tyndale Press,Londres,Inglaterra,edic. español impr. en 1985, E.U.

Guihón

Guihón

(río, manantial).

Uno de los cuatro ríos que se ramificaba de la corriente que procedía de Edén, y del que se dice que “rodea toda la tierra de Cus”. (Gé 2:10, 13.)

En la actualidad no es posible identificarlo con certeza. Desde un punto de vista geográfico, no parece posible que la “tierra de Cus” mencionada aquí sea Etiopía, como suele ocurrir en relatos posteriores.

Más bien, podría referirse a la tierra que ocupaba Cus antes de que la humanidad se dispersara una vez que se confundieron las lenguas en Babel. (Gé 11:9.) Hay quien opina que el Guihón era el río Araxes (Araks en la actualidad), que nace en las montañas que están al NO. del lago Van y desemboca en el mar Caspio.

Por otra parte, algunos lexicógrafos relacionan la “tierra de Cus” que aparece en Génesis 2:13 con los casitas (en acadio, kassu), pueblo que habitaba la meseta del Asia Central y que aparece en antiguas inscripciones cuneiformes, pero cuya historia permanece un tanto oscura.[1]

(río, manantial).
1. Uno de los cuatro ríos del Edén. Ha sido indistintamente identificado con varios ríos, entre ellos el Nilo. Si «la tierra de Cus» es Etiopía (Gn 2.13), Gihón es el Nilo; pero es más probable que Cus se refiera a una región al este de Mesopotamia, en la que después habitaron los kasitas.
Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

Uno de los cuatro ríos del Edén. Ha sido indistintamente identificado con varios ríos, entre ellos el Nilo. Si «la tierra de Cus» es Etiopía (Gn 2.13), Gihón es el Nilo; pero es más probable que Cus se refiera a una región al este de Mesopotamia, en la que después habitaron los kasitas.[2]

Para el río Ghión la identificación más probable es el Nilo, ya que “rodea toda la tierra de Etiopía”. En la antigüedad el término “Kush” (Etiopía) se utilizaba para describir lo que hoy día es el centro-norte de Sudán, justamente en la zona donde el Nilo se retuerce antes de bifurcarse y efectivamente parece “rodear” el país más que atravesarlo.

Kush no era un término desconocido ni inusual para los escribas judíos del s. VI A.C. que compilaron el Antiguo Testamento. Los que hoy llamamos “faraones negros” (la dinastía kushita) reinaron en Egipto en el s. VII, apenas 100 años antes de la redacción definitiva del Génesis. Eran un fenómeno reciente y podría asegurarse que ningún judío instruido del s.VI se confundiría al emplear ese término.

En cambio la hipótesis de asimilar “Kush” con el país casita que se mencionas no se sostiene. Ni desde un punto de vista lingüístico ni histórico. La dinastía casita, producto de una invasión bárbara de pueblos montañeses, desapareció de Babilonia en 1124 A.C. sin dejar demasiado recuerdo histórico detrás suyo. En esas fechas los judíos estaban todavía asentándose en Palestina y fundando los primeros núcleos estatales. Es muy poco probable que un habitante de Siria o Palestina los recordara 600 años después, pero si lo hiciera asociaría el nombre “casita” a una población bárbara de una época oscura, no a una étapa de prosperidad e inocencia.

Notas

1. http://mx.answers.yahoo.com/question/index?qid=20090211202814AAYmR6l

2. Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

Apologética

Apologética

La Apologética en teologíaliteratura consiste en la defensa sistemática de una posición o punto de vista. La palabra Apologética proviene del griego apología (απολογία), que designa la posición de defensa militar contra un ataque.

El primero en usar el término con ambas connotaciones es John Henry Newman quien intitula su autobiografía espiritualista Apología Pro Vita Sua en 1864. Pero las primeras referencias pueden ser encontradas en la Apología de Sócrates (en la cual Platón toma la defensa de Sócratesdurante su proceso), pero también algunas obras de apologistas de comienzos de la cristiandad como las dos Apologías del Mártir San Justino, dirigidas al emperador Marco Aurelio.

Actualmente el término hace referencia al método de estudio empleado en algunos casos particulares, por grupos o individuos que promueven causas sistemáticamente, justificando ortodoxias, o negando a conveniencia algunos actos e incluso crímenes. La “lógica” apologética se basa en el “blanqueamiento” de las causas que apoya, principalmente a través de la omisión de los hechos negativos (percepción selectiva) y la exageración de los argumentos y hechos positivos; ambas técnicas comunes en la retórica clásica.

Apologética en las religiones

Apologética en el Judaísmo

Apologética católica en la historia

La Iglesia primitiva

En la antigua iglesia Cristiana existieron maestros y pastores apologéticos, como lo son: Pablo (2 Corintios 10:5), Pedro (1 Pedro 3:15), Judas (Jud 1:3), etc. La defensa que todos ellos hacían era mayormente hacia los Judíos, los cuales era tropiezo para los nuevos creyentes cristianos. Otra corriente que aumentó la apologética en el Paleocritianismo fue cuando comenzó el Gnosticismo cristiano, el cual despuésIreneo de Lyon condenó como herejía en el 180 d. C.

El mejor ejemplo de defensa del primer siglo se encuentra en el Nuevo Testamento, el cual contiene que existió un hombre llamado Apolos que practicó la apologética de una manera audaz. En el libro de los Hechos se le menciona más precisamente: “Llegó entonces a Efeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor…” Hechos 18:24,25 (RV)

Y más adelante: “y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo

Era Patrística

S. II, la literatura cristiana es sobre todo apologética. Contra judíos, paganos y emperadores. Justino Mártir muestra el cumplimiento de la profecía bíblica en el Cristianismo. En el s. III, Tertuliano continua con brillantez la apologética. En Alejandría Clemente compuso una exhortación a la conversión “El Protreptico”. Orígenes sucede a Clemente, escribe “Contra Celso”. Con estos autores la apologética alcanzó refinamiento filosófico. En el s. IV ArnobioLactancio suceden a Minucio Félix, s III, se dirigen a los romanos para su conversión. Eusebio de Cesarea en su “Preparación evangélica” responde a Porfirio. Él y Atanasio ven el derrumbamiento del paganismo en el Imperio. En el s. V Teodoreto de Ciro realiza una “Summa contra el paganismo”. En Occidente la apologética brilla con Agustín, contra los maniqueos, “La ciudad de Dios”. Su obra la continúan Orosio, Salviano; y los papas León IGregorio I.

El Medievo

S. VII, la apologética responde a los musulmanes. Juan Damasceno escribe diálogos entre cristianos y musulmanes. Escriben debates,Isidoro de SevillaPedro Damián (s. XI), Ruperto de Deutz (s. XII). Abelardo escribe un diálogo no polémico entre un filosofo, un judío y un cristiano. En el s. XIII Tomás de Aquino escribe la “Summa contra gentiles”, aborda verdades como la existencia de Dios, la inmortalidad del alma, la Trinidad y la Encarnación. S. XIII, Ramón Martini escribe contra los sarracenos. J. Torquemada, Dionisio Cartujano escriben contra los musulmanes. Desde el s. XIV escotistas y ockamistas sostienen que es posible alcanzar la fe por la sola razón. Durante el Renacimiento M. Ficino, elabora una síntesis entre la filosofía platónica y la fe cristiana. Defiende la inmortalidad del alma y la divinidad de Cristo.

Del siglo XVI al siglo XVIII

Lutero desprecia la razón para tratar de asuntos espirituales. La Revelación se ha de aceptar sobre la fe. Melanchthon usa la razón para la preparación a la fe. Juan Calvino en su obra “Instituciones de la Religión Cristiana” (1559) defiende el carácter Revelado de la Sagrada Escritura sobre argumentos de Scoto y los Nominalistas. Los católicos del s. XVI se ocupan de las disputas con protestantes. Juan Luis Vives escribe sobre “La verdad de la fe cristiana”, de la necesidad y fundamentos de la religión cristiana para la salvación. Al final aborda los asuntos de judíos y musulmanes. Moisés Amyrant escribe sobre la indiferencia religiosa. Jacques Abbadie escribe contra la critica bíblica de Spinoza. Los católicos del s. XVII acusan a los protestantes de enfatizar la razón. Pascal en sus “Pensamientos” apuesta por el corazón. Algunos católicos del s. XVII intentan demostrar casi matemáticamente el hecho de la Revelación, influidos por el racionalismo. Los apologistas anglicanos defienden la religión revelada. S. Clarke defiende la Teología Natural y que el NT concuerda con la razón. A finales del s. XVIII W. Paley reúne los argumentos contra escépticos, contra deistas e historiadores escépticos. Apologistas alemanes, protestantes y católicos defienden la historicidad de los Evangelios. En Francia, Rousseau y Voltaire fueron criticados por los católicos. Se defienden las verdades de la Teología Natural, la posibilidad y necesidad de la Revelación.

Siglo XIX

Al final del s. XVIII se reacciona contra el Racionalismo de la Ilustración. En Alemania se introduce una nueva apologética, el instinto religioso que da origen a la fe. Se defiende el monoteísmo como modelo de religión. En Francia renace el Catolicismo Romántico. El papado era esencial contra la anarquía religiosa. Para entrar en la fe es necesario aceptar la revelación. España dio dos distinguidos apologetas católicos,Jaime BalmesJuan Donoso Cortés. En Alemania G. Hermes sostenía que la razón practica demuestra que la aceptación de la fe es esencial para el imperativo moral. En Italia G. Perrone se centra en la religión revelada, replico a los críticos racionalistas de los Evangelios. En Inglaterra J. Newman investiga el camino personal hacia la fe. El cristianismo es la única religión que colma la aspiración de la fe natural. En los EEUU dos conversos del protestantismo O. Brownson y I. Hecker, reavivaron la apologética. El concilio Vaticano I (1870) enseñó que el asentimiento a la revelación cristiana esta justificado sobre dos argumentos. Apoya dos estilos de apologética: uno bíblico e histórico, y otro experimental y eclesial. La apologética protestante siguió varias tendencias. Hegel y sus seguidores intentaron demostrar la conformidad entre dogma cristiano y la evolución del mundo. Kierkegaard atacó el hegelianismo como una distorsión del cristianismo. Neokantianos intentaron manifestar los beneficios de la fe cristiana. En Inglaterra se hace una apologética más personal y afectiva. La critica bíblica y el evolucionismo biológico se aceptan, los apologistas protestantes se dividen en dos escuelas: una conservadora que rechaza los avances y otra liberal que acoge los avances de la ciencia.

Siglo XX

M. Blondel estudia el dinamismo de la voluntad (L´Action, 1893). Que solo se satisface con el don sobrenatural. La apologética debe demostrar que el cristianismo satisface el deseo sobrenatural inherente, “método de inmanencia”. En Alemania, la apologética recoge la fenomenología. Los años 30 y 40 se producen avalanchas de historias de conversos, T. MertonE. GilsonJ. MaritainT. Chardin intenta una síntesis entre ciencia y fe. Neoortodoxos, K. BarthR. Bultmann rechazan la apologética. P. Teillich responde a Barth, que la apologética es omnipresente en la Teología Sistemática. El anglicanismo dio agudos apologistas laicos como G. K. Chesterton (quién luego se convertiría al catolicismo) yC. S. Lewis. Corrientes protestantes encuentran en el Jesús histórico la norma de la fe. Pannenberg insiste que la verdad de fe debe concordar con la razón universal. En la teología posterior a 1940 hubo un resurgir de la apologética blondeliana. K. Rahner se acerca pero rechaza el voluntarismo de BlondelH. U. von Balthasar se opuso a Rahner por ser excesivamente antropocéntrico. Aunque la apologética se ha practicado desde los orígenes, tiene dudosa reputación. Muchos apologistas se han resistido al racionalismo apologético para demostrar el hecho de la Revelación cristiana. En la teología actual la apologética es inseparable de la fe y la teología.

Apologistas contemporaneos

La siguiente es una lista parcial de apologistas de diferentes denominaciones cristianas:

Enlaces externos 

Bibliografía adicional 

  • Pearce, Josep

Debate sobre la Trinidad

DEBATE SOBRE LA TRINIDAD

NORMAS DEL DEBATE SOBRE LA TRINIDAD ENTRE A. YUSUF Y D. VICENTE (26/09/04 – 3/10/04).

1) Partiendo de la base de que mi punto de vista es el católico y el tuyo el musulmán, podremos emplear la Biblia y el Corán, así como la tradición Patrística, para probar o desautorizar nuestros respectivos enfoques. Huelga decir que ni a ti te vincula todo lo que afirme la Biblia, sino sólo en tanto que es acorde al Corán, ni a mí me vincula todo lo que sostenga el Corán, sino sólo en tanto que se corresponde con la Biblia. Los argumentos filosóficos serán válidos para los dos.

2) El debate empezará el lunes próximo y terminará el viernes de la misma semana, pudiéndose prorrogar los días que convenga en caso de que fuera necesario.

3) Será un debate singular, entre tú y yo, aunque subsidiariamente se añada quien lo desee para aportar su punto de vista, que podremos tener o no en cuenta.

4) Ambos participantes dispondremos de un turno en cada ocasión. Es decir, no se podrá responder dos veces seguidas y en mensajes separados hasta que el otro contendiente no haya consumido la suya. Te cedo la entrada, si estás conforme.

5) La extensión de los escritos deberá ser razonable, en aras de la fluidez. Este principio puede sacrificarse en un momento determinado, si se estima pertinente, pero no por sistema. No estará permitida la remisión a textos ajenos, salvo citas oportunas y bien traídas a colación.

6) Las actas del debate se publicarán en lugares visibles de los foros de ambos polemistas una vez terminado aquél*1, en su integridad y sin omitir ningún contenido relevante.

*1 Como puede apreciarse, me he tomado la licencia de irlas publicando antes de su terminación.

Dirección del debate:

* * * * * *

PRIMER TURNO.

(1) ABDALLAH YUSUF

En el Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso

La Paz sea con todos ustedes. Saludos. Dice el Sagrado Corán:

“¡Oh, Gente de la Escritura! ¡No exageréis en vuestra religión! No digáis de Dios sino la verdad: que el Mesías, Jesús, hijo de María, es solamente el Enviado de Dios, Su Palabra, la cual El Ha comunicado a María, y un Espíritu que procede de El. No digáis ‘Tres’. ¡Basta ya! Será mejor para vosotros. Dios es sólo Un Dios Uno. ¡Creed, pues, en Dios y Su Mensajero! ¡Glorificado sea de tener un hijo! Suyo es cuanto hay en los cielos y en la tierra. Dios basta como Protector. El Mesías no tiene a menos ser un siervo de Dios. Tampoco los ángeles allegados lo tienen. A todos aquellos que menosprecien adorarle y sean altivos, les congregará hacia Sí (en el Infierno)”. (4:171 y 172)

“No creen, en realidad, aquellos que dicen: Dios es el Mesías, hijo de María. Dí ¿Quién podría impedir que Dios, si El quisiera, Hiciera morir al Mesías, hijo de María, a su madre y a todos los de la tierra? De Dios es el Dominio de los Cielos y de la Tierra y de lo que entre ambos existe. El crea lo que quiere. Dios es Omnipotente”. (5:17)

“No creen, en realidad, quienes declaran: Dios es el Mesías, hijo de María, siendo que el mismo Mesías ha dicho: ¡Oh, hijos de Israel! ¡Adorad a Dios, mi Señor y el vuestro! Dios veda el Jardín (del Paraíso) a quien asocia algo a Dios. Su morada será el Fuego. Los impíos no tendrán quien les auxilie”. (5:72)

“No creen, en realidad, quienes dicen: “Dios es el tercero de una trinidad. ¡No hay más Dios que Dios Unico! Si no paran de decir eso , un castigo doloroso alcanzará a quienes de ellos no crean. ¿No se tornarán hacia Dios pidiéndole perdón? Dios es Indulgentísimo, Misericordiosísimo. El Mesías, hijo de María, no es más que un Enviado que fue precedido por otros enviados. Su madre era veraz. Ambos tomaban alimentos (como cualquier mortal ). ¡Mira cómo les explicamos los Signos! ¡Y mira cómo se desvían! Dí: ¿Acaso vais a adorar en lugar de Dios a aquello que no puede dañaros ni beneficiaros? Dios es Quien todo lo oye, Quien todo lo sabe. Dí: ¡Oh, gente de la Escritura! No exa- geréis en vuestra religión, profesando algo diferente a la Verdad, y no sigáis las pasiones de la gente que ya antes se ha extraviado, que extravió a muchos y que se apartó del camino recto”. (5:73 a77)

“Y cuando Dios le dijo: ¡Oh, Jesús, hijo de María! ¿Acaso has sido tú quien le dijo a la gente?: ¡Tomadnos a mí y a mi madre por dioses en lugar de Dios! (Jesús) le contestó: ¡Glorificado seas! ¿Cómo voy a decir algo que no tengo por verdad? Si lo hubiera dicho, Tú lo Habrías sabido. Pues Tú conoces lo que hay en mí, más yo no conozco lo que hay en Tí. Tú eres Quien conoce perfectamente todo lo oculto. No les he dicho más que lo que me Has ordena do: ¡Adorad a Dios , mi Señor y el vuestro! Fui testigo de ellos mientras estuve con ellos. Pero cuando me llamaste hacia Tí, fuiste Tú Quien los controló. Tú eres Testigo de todas las cosas. Si les castigas, son Tus siervos. Si les perdonas, Tú eres Poderosísimo, Sabio”. (5:116 a 118)

“El (Jesús -P-) no es más que un siervo a quien Hemos agraciado y a quien Hemos puesto como ejemplo a los hijos de Israel”. (43:59)

Dios Altísimo es Veraz.

Sostengo que la doctrina de la trinidad no tiene fundamentos ni en la Revelación confirmada ni en la razón o el intelecto. Se trata de un dogma impuesto a partir de los Concilios de Nicea y Constantinopla, dogma que los cristianos son forzados a aceptar en forma ciega, sin posibilidad de razonamiento lógico ni análisis intelectual, y que contiene más de una aberración tanto desde el punto de vista del intelecto como del Mensaje de todos los Profetas (con ellos sea la Paz).

Y sostengo que la postura del Islam expuesta en forma resumida en los anteriores párrafos del Sagrado Corán es correcta desde el punto de vista racional, lógico, y desde la visión traída por todos los Profetas y las enseñanzas dejadas por ellos, incluso por el mismo Jesús (la Paz sea con él). Veamos qué tiene para decir nuestro amigo cristiano en defensa del dogma trinitario.

Dios es Amigo de los creyentes sinceros: los extrae de las tinieblas hacia la luz. Y no hay Fuerza ni Poder sino en Dios Altísimo. Que Dios Bendiga, otorgue Su Misericordia y Paz a nuestro Profeta Muhammad y a su familia, y a todos los Profetas anteriores. Que la Bendición de Dios, Su Misericordia y Paz sean con quienes buscan la verdad por la verdad misma.

Saludos.

Abdallah Yusuf de La Plata.

* * *

(1) DANIEL VICENTE

En primer lugar, hay que corregir los errores más frecuentes acerca de la Trinidad. El Dios de Israel no son tres dioses, sino uno solo, expresado en tres personas o hipóstasis distintas. Ahora bien, su expresión no depende de la polisemia del lenguaje de los hombres, pues refiere al primero de los principios ontológicos, previo a toda multiplicidad y a todo ser; ni hace alusión a la misma persona en tres estados sucesivos (como creen los modalistas), ya que las tres son coeternas; ni remite a ninguna operación aritmética de agregación o multiplicación, dado que no concierne a la cantidad.

La Trinidad, entonces, no puede concebirse humanamente, desde un prisma finito, temporal, obtuso. Ella es, en consecuencia, incomprensible, insondable, inefable, indeducible, inagotable. Es el bautizo de fuego para la fe, pero también piedra de tropiezo y roca de escándalo para la impiedad. Los cristianos creemos porque el Verbo profetizador y profetizado se hizo carne, murió y resucitó; porque su presencia subyace en la letra de las Escrituras y fue conocida por los Patriarcas, si bien en la sacra tiniebla de lo que todavía no puede soportarse; porque incluso los filósofos inspirados, fieles o paganos, dan razón de ella.

No mintáis a sabiendas al decir que la Trinidad fue un dogma conciliar, una invención de obispos, pues ningún concilio se habría celebrado si la fe de la mayoría de la Cristiandad no se hubiera visto atacada por las heréticas indagaciones de Arrio, basadas en la filosofía de Aristóteles. No afirméis insensatamente que Constantino promovió una división tal, ni olvidéis que la unidad religiosa del Imperio era uno de sus principales cometidos. No creáis, por último, que los católicos hostigaron a los arrianos por sus errores, sino más bien que aquéllos tuvieron que sufrir persecución a manos de éstos por su fidelidad al mensaje apostólico.

La humildad y la debilidad de Jesús, esgrimidas como una lacra por los enemigos de su nombre, no constituyen objeciones válidas a su condición divina. Son un misterio en la economía de nuestra salvación, que no podía llevarse a cabo por la sola gracia, endurecidos como estábamos para recibirla, sin gravísimo menoscabo del humano albedrío y del orden universal. Tan necesario era el sacrificio de Cristo, muerto por nuestros pecados, como que creyésemos que no era un mero hombre el que perecía por nosotros, sino el propio Dios creador, que descendió a vivir con los hombres a semejanza de los mismos para confirmarnos su doctrina, desvelarnos las Escrituras y abrirnos el camino a la vida eterna. El mayor de todos puede y debe servir a sus hermanos para ser el mayor en caridad. Intentad, musulmanes, entender esto y os habréis hecho con la esencia del cristianismo, que es la imitación del Cristo.

Saludos.

Daniel.

* * * * * *

SEGUNDO TURNO.

(2) ABDALLAH YUSUF

En el Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso

La Paz sea con ustedes: saludos a todos. En mi primer mensaje yo dije:

“Sostengo que la doctrina de la trinidad no tiene fundamentos ni en la Revelación confirmada ni en la razón o el intelecto. Se trata de un dogma impuesto a partir de los Concilios de Nicea y Constantinopla, dogma que los cristianos son forzados a aceptar en forma ciega, sin posibilidad de razonamiento lógico ni análisis intelectual, y que contiene más de una aberración tanto desde el punto de vista del intelecto como del Mensaje de todos los Profetas (con ellos sea la Paz)”.

Parte de mis afirmaciones ya han sido confirmadas por el amigo Daniel (irichc) en su mensaje, ya que él dice:

“La Trinidad, entonces, no puede concebirse humanamente, desde un prisma finito, temporal, obtuso. Ella es, en consecuencia, incomprensible, insondable, inefable, indeducible, inagotable”.

Es decir que es un dogma que no se puede razonar ni concebir con la lógica o el intelecto. Es irracional, una aberración desde el punto de vista del intelecto. Tal es así que no lo pueden explicar con palabras simples y directas, como hablaba Jesús y los demás Profetas (con ellos sea la Paz).

Yo dije que los cristianos son forzados a aceptar el dogma en forma ciega, sin ningún análisis racional. Daniel (irichc) acota:

“Los cristianos creemos porque el Verbo profetizador y profetizado se hizo carne, murió y resucitó…”

¿Cómo puede verificar un cristiano que realmente Dios se hizo carne, murió y resucitó?

Y si murió, ¿qué pasó con el resto de la trinidad? ¿En esos días dejaron de ser tres personas y pasaron a ser sólo dos? ¿O todo Dios murió y el Universo quedó sin Administrador? ¿O sólo fingió morir? ¿O sólo murió una parte, un tercio de Dios?

Veremos luego si tiene fundamentos en la Revelación. Pero hablemos un poco de los concilios. El concepto de la trinidad se fue desarrollando a partir de la continua influencia del paganismo grecorromano dentro del cristianismo primitivo, a pesar de que los cristianos orientales eran marcadamente unitaristas. La división entre facciones culminó en enfrentamientos sangrientos, que llevaron al Emperador Constantino, flamante cristiano, a convocar el primer Concilio General en Nicea, en el año 325, para determinar los dogmas oficiales del cristianismo. Las posturas eran la trinitaria, sostenida notoriamente por Clemente y Atanasio, y la unitarista, de Arrio, sacerdote de la Iglesia de Alejandría y discípulo de Luciano de Antioquía.

Arrio decía que “el Hijo” era de distinta naturaleza que “el Padre”, que era una criatura de Dios. Merced a la influencia política desplegada por los primeros, la asamblea de Nicea definió la doctrina de las relaciones del Padre y del Hijo, declarando que la naturaleza de éste era de la misma substancia que el Padre, es decir, consubstancial a Él. De esta manera triunfó la postura trinitaria, que cobró forma con el conocido dogma atanasiano o Credo. Esto precipitó la masacre y persecución de los “herejes” unitaristas, lo cual llevó a la muerte aproximadamente a un millón de personas (Primer genocidio cometido con el ropaje cristiano).

España por su parte fue “arriana” (es decir, monoteísta) hasta el siglo VII. Gracias a un edicto del rey Recaredo I, que creía en la Trinidad, se implantó el catolicismo y con él la Trinidad, en el año 600 y bajo pena de muerte de todo aquel que no estuviese de acuerdo. Así fue como se terminó de eliminar todo vestigio de creencia unitarista dentro de los cristianos, en especial dentro de la Iglesia.

Posteriormente otras tendencias han supuesto algo parecido a la postura de Arrio. Por ejemplo los Testigos de Jehová los cuales creen, basados en algunos versículos (como Apocalipsis 3:14), que Jesús es la primera creación de Dios y no es Dios ni es igual a El, por lo que no tendría sentido una Trinidad: Pr 8, 22; Jn 17, 5; Col 1, 15-16, Ap 3, 14 Luego de Nicea hubo otro Concilio en Constantinopla donde se refinó el texto del dogma, se dilucidó la naturaleza divina y humana a la vez de Jesús y se incorporó el Espíritu Santo a la figura de la trinidad. Es decir que hasta el año 381 DC (Concilio de Constantinopla, bajo el emperador Teodosio) no fue instituido el dogma de la trinidad.

A pesar de esto, se debieron realizar cerca de veinte o más Concilios ecuménicos hasta el Vaticano II, para los católicos, aunque los protestantes no los siguen todos, al menos desde Trento alrededor del 1500. Sin embargo, si siguen los de los primeros siglos, donde se produjeron las peores aberraciones doctrinales. Pues ambos grupos mayoritarios en el tema de la trinidad están de acuerdo.

Entre los Evangelios, es el de Juan de donde se sacan más datos que supuestamente aluden a la trinidad, aunque es Pablo, al parecer, quien primero habla de ella o, mejor dicho, de lo que entendieron más tarde que debería ser una trinidad. Y nos referimos a expresiones de las que se puede inferir este dogma, pero que no está expuesto en forma clara y explícita.

Cuando hablamos de argumentos basados en expresiones de los Evangelios, se debe tener en cuenta un punto fundamental que ya mencionamos en la primera parte de este trabajo: que no se conservan Evangelios originales ni anteriores al siglo IV, por más que los cristianos quieran esforzarse en negarlo. Lo único anterior son piezas de tamaños diminutos como el p52, de 7x5cm, supuestamente perteneciente al evangelio de Juan, que es del siglo II (en red se puede encontrar una fotografía del pedazo de papiro).

David Lyle Jeffrey dice lo siguiente : “De acuerdo a la creencia católica ortodoxa, Dios es Uno en naturaleza, en tres personas Padre, Hijo, y Espíritu Santo. Ninguno de ellos precede o creó o supera en posición o poder al otro .En términos teológicos precisos, las tres personas son una en substancia, coeternas, y mutuamente iguales. Esta doctrina, es estos términos no aparece en las Escrituras …La doctrina de la trinidad fue forjada gradualmente a lo largo de un período de unos trescientos años o más… No sorprende entonces que el tema de la consustancialidad, coeternidad, e igualdad entre las personas (de la trinidad) haya permanecido como un centro de diversos debates teológicos y que fuese discutido con frecuencia en el contexto de diversas herejías…En 381 DC los Obispos se reunieron de nuevo en Constantinopla, y establecieron la forma final del dogma (tal como se conoce hoy)” Diccionario de la Tradición Bíblica en la Literatura Inglesa, David Lyle Jeffrey, p. 785

Hay mucho para hablar en este debate que recién recién comienza. Que la Bendición de Dios sea para quienes buscan la verdad por la verdad misma. Saludos. Abdallah.

* * *

(2) DANIEL VICENTE

Querido Abdallah:

Dices que ni la revelación divina ni el intelecto humano coadyuvan en la noción trinitaria de Dios. Te mostraré que sí.

La doctrina de la Trinidad sostiene que, así como Dios es eterno, su Logos procede eternamente de Él. Ahora bien, el propio Corán designa la misión universal de Jesucristo y emplea el verbo “proceder”, en boca de Dios, para referirse al Salvador:

“Lo pondremos como aleya [signo] entre los hombres y como misericordia procedente de Nos” (Azora 19:21).

También, en el siguiente pasaje, parece indicar que Jesús fue engendrado en el seno de María por el Espíritu Santo, y del mismo modo, insiste en su misión universal en la Tierra, algo que lo distinguiría de todos los profetas que le precedieron:

“Y acuérdate de aquella que conservó su virginidad. Infundimos en ella parte de nuestro Espíritu. De ella y de su Hijo hicimos una aleya [signo] ante los mundos” (Azora 21:91).

No es, en fin, menos explícito en este otro, señalando a Jesús como Palabra de Dios e intercesor ante Él:

“Acuérdate de cuando los ángeles dijeron: ‘¡Oh, María! Dios te albricia con un Verbo, emanado de Él, cuyo nombre es el Mesías, Jesús, hijo de María; será ilustre en esta vida y en la última, y estará entre los próximos a Dios…'” (Azora 3:40-45).

Pero es especialmente en el Evangelio donde encontramos sus títulos de divinidad:

1) Jesús está profetizado en Daniel como “Hijo del hombre”, en Isaías como el siervo sufriente (“Dios con nosotros”), y es reconocido por San Juan Bautista en los mismos términos: “He aquí al cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn. 1, 29).

2) Jesús realiza su entrada mesiánica en Jerusalén montado en un pollino, como profetizó Zacarías.

3) Dios proclama de él: “Éste es mi Hijo amado en quien me complazco: escuchadle” (Mt. 3, 17; Lc. 9, 36).

4) Jesús, como Dios, se arroga la potestad de cambiar los nombres: “Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro” (Mt. 16, 18).

5) También dice que “el Hijo de Dios es mayor que el sábat” y que ha venido para dar cumplimiento a la Ley, cosa que ningún otro profeta había osado antes, ya que sólo él estaba investido de plena autoridad divina. Él renueva los mandamientos (“Habéis oído que se dijo… Pues yo os digo…”).

6) Jesús, a quien la naturaleza obedece, calma la tempestad (cf. Mc. 4, 35-41).

7) Jesús, como el espíritu de Dios narrado en el Génesis, camina sobre las aguas (cf. Mc. 6, 45-52). Pedro lo acompañó siguiendo su mandato, y tuvo que tomar su mano para no hundirse.

8) Jesús prevé las persecuciones contra los cristianos: “y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes” (Mc. 13, 9-13), así como la división que causará su doctrina entre judíos, paganos y musulmanes: “Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra…” (Mt. 10, 35).

9) Jesús remite los pecados, para escándalo de los fariseos (cf. Mc. 2, 7). Afirma: “¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!” (Mt. 11, 6).

10) Jesús da la vida eterna: “El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará” (Mc. 8, 34-35), porque es superior a la vida: “Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío” (Lc. 14, 26-27)..

11) Jesús es eterno y omnipresente: “Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20).

12) Jesús predice el momento de su propia resurrección, al tercer día (Mt. 20, 19).

13) Jesús habla de sí mismo como Maestro (“No está el discípulo por encima del maestro”) y Rey (“mi reino no es de este mundo”).

14) Jesús separará el grano de la paja en el Juicio final (cf. Mt. 25, 31-46).

15) Los discípulos de Jesús le reconocen como Dios, a lo que él asiente complacido: “Verdaderamente eres Hijo de Dios” (Mt. 14, 36); “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt. 16, 16); “Señor mío y Dios mío” (Jn. 20, 28).

16) Jesús se declara Hijo del Hombre ante el Sanedrín, y es mandado crucificar por ello (cf. Mt. 26, 64-66).

Para finalizar por ahora, también el Antiguo Testamento ofrece múltiples testimonios de la filiación celestial de Jesús y del carácter trino de Dios. No entraré de momento a examinar las profecías. Bástenos con saber a qué estaba aludiendo Jesucristo cuando habló del “signo de Jonás” como el último y más importante de sus milagros.

La apologética musulmana adopta al respecto el punto de vista de los herejes docetas (de dokéo, parecer, y dóxa, opinión), que creían que Cristo sólo en apariencia había tenido un cuerpo y, por lo tanto, sólo en apariencia había muerto. No podían concebir que Dios, el Señor del universo, expirase en la cruz, sin reparar en que fue su carne la que murió y no su espíritu. Modalismo y docetismo, pues, se complementaban para negar las cualidades humanas de Cristo, justo al contrario de lo que sucede en el Corán. Allí se dan cita, en una amalgama contradictoria, el ebionismo (Jesús como puro hombre) y el docetismo (Jesús como espíritu inmaterial y cuerpo aparente):

“Ellos [los judíos] dicen: ‘Ciertamente, nosotros hemos matado al Mesías, Jesús, Hijo de María, Enviado de Dios’, pero no le mataron ni le crucificaron, pero a ellos se lo pareció. Quienes discuten y están en duda acerca de Jesús, no tienen conocimiento directo de él: siguen una opinión, pues, con certitud, no le mataron.

Al contrario, Dios lo elevó hacia Él, pues Dios es poderoso y sabio” (Azora 4:156-158).

¿Cómo explica el Corán que los discípulos dieran fe de su resurrección? ¿Acaso Mahoma conoció mejor su suerte, seiscientos años después? ¿Se dejaron matar los Apóstoles por una mentira que ellos mismos habían imaginado? ¿O tal vez interpretaron mal las palabras de Jesús? Porque, se dirá, que Dios pusiera a Jesús a buen recaudo para preservarlo de la muerte no obsta para que luego le permitiera mostrarse ante sus allegados, no como resurrecto, sino -si se me permite la distinción- como re-suscitado. Esto es, no como vencedor sobre la muerte, sino como superviviente de un simple coma. Aquí, afirman ellos, residiría el signo y el milagro de Jonás: en prevalecer, con la ayuda de Dios, incólume después del gran peligro.

Nos proponemos demostrar la falta de base de esta pretensión.

a) No hay nada milagroso en resucitar por medios naturales: incluso la medicina es capaz de ello en la actualidad. Además, Jonás no fue reanimado en un trance agónico, sino salvado de la muerte total, es decir, de la muerte física, ya que se encontraba en un peligro inminente, y de la espiritual, puesto que desobedeció a Dios cuando se le ordenó marchar hacia Nínive.

Pues bien, Jesús nos ofrece el signo de Jonás. ¿Qué significa? También él tuvo que afrontar dos clases de acechanzas, la física (la disposición de los fariseos para matarle) y la espiritual (el diablo tratando de vencerle mediante tentaciones). Si escapaba a los fariseos, habría sucumbido al diablo (cf. Mt. 16, 21-23: “¡Aléjate de mí, Satanás! Quieres hacerme tropezar, que no piensas como Dios, sino como los hombres”), a diferencia de Jonás. Por otro lado, si derrotaba al diablo, no debía escapar a los fariseos, como estuvo tentado en el Jardín de los Olivos. De modo que, ante la disyuntiva absoluta, debía morir y resucitar para cumplir su propia profecía (cf. Jn. 2, 19), repetida múltiples veces en el anuncio de su pasión. No valían para ello una victoria a medias ni una fuga rocambolesca, que habrían caracterizado a Cristo como mentiroso y cobarde, inferior a cualquier mártir.

b) Entonces, ¿por qué anunció Cristo su resurrección si finalmente iba a evitar la muerte? ¿Puede seguir siendo considerado un profeta cuando su principal profecía fue un fraude? En este caso, elegid: O bien no fue un verdadero profeta, y el Corán se equivoca cuando le designa así, o bien fue un auténtico profeta, lo que convertiría al Corán en mentiroso en lo tocante a la resurrección de Cristo. En ambos casos la infalibilidad del Corán queda truncada.

c) ¿Es que los musulmanes no creen en la resurrección de la carne? Sí creen. ¿Qué sentido tiene, pues, argüir tan apasionadamente en favor de resurrecciones inmateriales y rechazar la de Jesús, en cuerpo y alma? ¿Se puede inferir del aserto de que los resucitados, como los ángeles, no tienen pasiones humanas (según Jesús, cuando es preguntado por los fariseos a propósito de una cuestión escatológica) el que carezcan en absoluto de materia? ¿Cómo podrían ser dichos ángeles visibles a los hombres en ese caso? Y, sobre todo, ¿qué les haría distintos a Dios?

d) Para terminar, contra aquellos que alegan que Jesús “abrió su boca” mientras estaba siendo juzgado, a diferencia del siervo sufriente que nos profetiza Isaías, valga recordar que no la abrió en su defensa, tal y como la profecía establece:

“… como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus esquiladores, enmudeció y no abrió su boca” (Is. 53, 7).

Por consiguiente, no trató de salvarse a sí mismo con sus palabras a los fariseos y a Pilatos, sino que, por el contrario, no hizo más que confirmar su papel mesiánico con ellas.

Saludos.

Daniel.

PS: ¿Podrías acreditar históricamente alguna de las “masacres” y “genocidios” que citas?

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TERCER TURNO.

(3) ABDALLAH YUSUF

En el Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso

La Paz de Dios y Sus Bendiciones sean con todos. Saludos. Vayamos despacio y punto por punto, sin diversificarnos demasiado porque de lo contrario me llevarían varios mensajes responderte.

Para empezar, el Sagrado Corán es claro y contundente, y se explica a sí mismo. Por lo tanto, te aconsejo que no pretendas argumentar con el Corán, pues como ves las aleyas que yo expuse en mi primer mensaje son más que claras. Por otra parte, para pretender argumentar en base a una palabra o una expresión del Corán hay que usar el texto original en árabe y no las traducciones. Pero veamos unos párrafos traducidos del Corán:

“(Recordad) cuando los ángeles le dijeron: ¡Oh, María! Dios te anuncia la buena nueva de una Palabra ( un ser extraordinario) procedente de El. Su nombre es el Mesías Jesús, hijo de María. Tendrá prestigio y nobleza en este mundo y en el más allá, y será de los allegados ( o próxi mos a Dios). Hablará con la gente desde la cuna y en la madurez, y será de los justos. Ella inquirió : ¡Señor! ¿Cómo voy a tener un hijo si ningún homre me ha tocado? Le dijo: Así será, Dios crea lo que quiere. Cuando decide algo (ordenado su existencia), solo dice:¡Se! Y entonces es (inmediatamente). El (Jesús) enseñará el Libro y la sabiduría, la Torah y el Evangelio” (3: 45 a 48)

El Sagrado Corán es claro respecto de Jesús (con él sea la Paz): es uno de los grandes Profetas próximos a Dios que nació de una virgen, sin padre. No es Dios ni Hijo de Dios.

En cuanto a la Biblia y el concepto trinitario: La palabra “Trinidad” no esta en la Biblia. No figura en toda la Biblia. La única mención es el versículo de 1 Juan 5:7 : “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo: y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra, el Espíritu, y el agua, y la sangre: y estos tres concuerdan en uno.”

Este párrafo proviene de la versión de King James, de 1611, y constituía la evidencia más grande de la Doctrina de la Trinidad. Pero esta parte, “el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo: y estos tres son uno” ha sido eliminada en La Biblia de Jerusalén (versión revisada) de 1952 y l971 y en muchas otras Biblias, ya que era un comentario que se había juntado al texto griego cuando los escritores añadían notas al transcribir los originales manuscritos hebreos. Véase también la Traducción del Reino Interlinear de las Escrituras griegas.

Isaac Newton reconocía que este versículo de 1 Juan 5:7 es una adición y que comenzó a aparecer de manera estándar a partir de la versión en griego de la Biblia de Erasmo de Rotterdam, e incluso Newton puntualiza que dicha adición aparece recién en la TERCERA EDICION de dicha Biblia (1466/1536).

Y muchos eruditos investigadores concuerdan en lo mismo : que este párrafo no existe en los Códices antiguos y es considerado como un agregado posterior. Todas las versiones modernas de la Biblia, como la Revised Standard Version, la New Revised Standard Version, la New American Standard Bible, la New English Bible, y la Phillips Modern English Bible, entre otras, han quitado dicha adición ( el susodicho versículo) sin la menor ceremonia. Veamos lo que dice al respecto Benjamín Wilson en su libro “Emphatic Diaglott : “Este texto conteniendo el testimonio celestial no puede ser hallado en NINGUNO de los manuscritos griegos antiguos anteriores al SIGLO QUINCE. No es citado por ninguna de las autoridades eclesiásticas (santo Tomás, san Agustín, etc) los Padre, incluso cuando los temas discutidos (en las controversias, con unitaristas como Arrio) hubieran llevado naturalmente a su utilización (como prueba de la canonicidad de la trinidad).Por lo tanto este texto (1Juan 5:7) es notoriamente espurio”

Otros como el fallecido Dr. Herbert W. Armstrong, sostienen que dicha adición fue hecha a la Vulgata de San Jerónimo durante el clímax de polémicas con unitaristas. Cualquiera haya sido el motivo y el tiempo en que esta se haya hecho, hoy es universalmente reconocido que dicho versículo (1Juan 5:7) es una adición tardía y por lo tanto está siendo descartado como falso.

Daniel ha planteado:

“Entonces, ¿por qué anunció Cristo su resurrección si finalmente iba a evitar la muerte? ¿Puede seguir siendo considerado un profeta cuando su principal profecía fue un fraude? En este caso, elegid: O bien no fue un verdadero profeta, y el Corán se equivoca cuando le designa así, o bien fue un auténtico profeta, lo que convertiría al Corán en mentiroso en lo tocante a la resurrección de Cristo. En ambos casos la infalibilidad del Corán queda truncada”.

“c) ¿Es que los musulmanes no creen en la resurrección de la carne? Sí creen. ¿Qué sentido tiene, pues, argüir tan apasionadamente en favor de resurrecciones inmateriales y rechazar la de Jesús, en cuerpo y alma? ¿Se puede inferir del aserto de que los resucitados, como los ángeles, no tienen pasiones humanas (según Jesús, cuando es preguntado por los fariseos a propósito de una cuestión escatológica) el que carezcan en absoluto de materia? ¿Cómo podrían ser dichos ángeles visibles a los hombres en ese caso? Y, sobre todo, ¿qué les haría distintos a Dios?”.

Puntualicemos:

Los musulmanes creemos en la resurrección de la carne, sin duda alguna. Creemos que Jesús era un Profeta. No creemos que sea Dios encarnado ni que como Dios haya venido a morir en la cruz para quitar los pecados del mundo y redimir a la Humanidad. Por varias razones: primero, es inconcebible que Dios se presente como un hombre, limitado y débil. Además es inconcebible que necesite hacerlo para redimir al mundo del pecado: con dar la orden era suficiente. Además, es irracional que un acto de maldad y crueldad redima a la Humanidad del pecado. En realidad la carga con más pecado. Y si recuerdas la parábola del señor que arrienda una tierra y luego envía a sus mensajeros a cobrar la renta (luego la busco, si Dios quiere), es claro que la muerte del “hijo” del señor no redime a los arrendatarios sino que los condena definitivamente.

Veamos un poco las propias palabras de Jesús negando su condición Divina:

”Nada hago de mí mismo” (Juan 8:28);

“el Padre mayor es que yo” (Juan 14:28);

“el Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (Marcos 12:29);

“Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero que no sea como yo quiero sino como Tú.” (Mateo 26:39) ;

“Padre, en tus manos encomiendo mí espíritu.” (Lucas 23:46).

Alguien llamó a Jesús (P) “maestro bueno” en Mateo 19:16. El contestó: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es bueno sino uno, ese es Dios”. Así que si Jesús (P) no quería ni siquiera que le llamaran “bueno”, no toleraría que le llamaran Dios.

Existen unos puntos clave para comenzar a analizar.

Primero: cuando los discípulos lo vieron luego de su resurrección, se postraron ante él y lo adoraron. Ya dijimos que aquí se usa la palabra griega “prosekunesan” que en realidad significa “reverenciar”, indicando que ellos se inclinaron ante él en señal de respeto, tal como los discípulos hacen ante un gran maestro. Esto no implica que Jesús (P) haya aceptado ser adorado como a Dios. Si vemos en 2 Reyes 2:15, la gente se postró delante de Eliseo en recibimiento:

“…Y vinieron a recibirle y se postraron delante de él.” (2 Reyes 2:15)

En Josué 5:13 a 15 se relata que Josué recibe la visita de una aparición, una figura con forma de hombre con una espada en la mano que viene a hablarle y se presenta como “Príncipe del ejército de Jehová”. Josué lo saluda prosternándose delante suyo:

“Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró…” (Josué 5:14)

Hay en Juan 9:35 a 38 Otra cita que también menciona “y le adoró”, aunque la consideración es la misma que la anterior.

Segundo: cuando Jesús (P) usa expresiones que podrían dar lugar a que se piense que se está refiriendo a él mismo como a Dios. Por ejemplo, en la cita anterior, en Juan 9:35 a 38, Jesús (P) dice “yo soy” (en realidad dice “el que habla contigo, él es”), y esta expresión “yo soy” los cristianos a asocian al “Yo soy” que manifiesta Dios en Exodo 3:14, de donde deriva el nombre “Yahvé” o “Jehová”. Otras expresiones similares como “El que me ha visto, ha visto al Padre” son usadas para argumentar que Jesús (P) declaró ser Dios mismo. Pero tales expresiones en realidad no son explícitas y (suponiendo que no sean agregados falsos) requieren de una interpretación, una exégesis profunda para entenderlas. Por ejemplo:

” Nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Mt 11, 27). No está diciendo que él sea Dios, sino que él conoce a Dios, que él es el camino para llegar al conocimiento de Dios y fuera de él no hay puerta (“Yo soy el camino, la verdad y la vida”). Por supuesto : él es el Profeta de su época, el Mensajero y guía de parte de Dios de su tiempo. En tal sentido estas expresiones pueden ser comprendidas.

El hombre debe apegarse a las expresiones y palabras explícitas, no a las alegorías que requieren interpretación. En las palabras explícitas, Jesús (P) ha declarado no ser Dios, tal como las que antes mencionamos y otras que luego si Dios quiere expondremos. Pero no quiero usar por ahora más de dos mensajes y hacer una exposición más detallada me llevaría mucho más que eso. Así que por hoy termino con esto y seguimos mañana si Dios quiere.

Que Dios Bendiga a quienes buscan la verdad por la verdad misma. Saludos. Abdallah

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(3) DANIEL VICENTE

Contraviniendo en parte mi propia norma, contestaré todas tus objeciones escriturísticas utilizando a San Hilario de Poitiers (La Trinidad), es decir, con un texto ajeno y extenso, pero “bien traído a colación”. Espero que se me valore el esfuerzo de documentarme.

<< Los herejes juzgan que se ha de negar que nuestro Señor Jesucristo sea Dios por naturaleza, porque dijo: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno más que el único Dios” (Mc. 10, 18). El contenido de toda respuesta se ha de sacar necesariamente de la razón de la pregunta. Así se responderá a lo que se pregunta. Y, ante todo, pregunto al falso intérprete de esta frase si piensa que el Señor se opone a que se le llame bueno y hubiera preferido que se le llamara malo, pues parece que es lo que quiere decir con esta frase: “¿Por qué me llamas bueno?”. No creo que haya nadie tan necio que quiera atribuir una confesión de maldad al que dijo: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, porque soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas, pues mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt. 11, 28-30). ¿Se confiesa manso y humilde, y creeremos que se irrita porque se le llama bueno? La diversidad de estas dos afirmaciones nos muestra que es contradictorio que uno que ha dado testimonio de su bondad rechace que se le llame bueno. No podemos pensar, por lo tanto, que se haya irritado porque se le haya llamado bueno. Debemos buscar, por consiguiente, a qué otra afirmación que le afecta quiere oponerse aquel que no podemos creer que haya rechazado el apelativo de “bueno”. Veamos qué dijo el que le preguntaba además de “bueno”. Dice: “Maestro bueno: ¿qué cosa buena he de hacer?” (Mt. 19, 16). Le llamó, por tanto, dos cosas; “bueno” y “maestro”. Y puesto que Jesús no se opuso a que le llamara “bueno”, es necesario que se oponga a que se le haya llamado “maestro bueno”. Pero rechaza que se le llame “maestro bueno” en un modo tal, que se opone a la fe del que le pregunta más que a los apelativos de “maestro” y “bueno”. Pues el joven se había hecho orgulloso por la observancia de la ley, desconocía el fin de la ley que es Cristo y se creía justificado por las obras; y sin entender que Jesús había venido a las ovejas perdidas de la casa de Israel y que era imposible a la ley salvar a los creyentes mediante la fe en la justificación, pregunta al Señor de la ley y Dios unigénito como a un maestro de los preceptos comunes y consignados en la ley. El Señor rechazó esta impía profesión de fe en él, porque se le preguntaba sólo como maestro de la ley, y respondió: “¿Por qué me llamas bueno?” (Mc. 10, 18). Y para dar a entender en qué sentido debía ser considerado y confesado bueno, añadió: “Nadie es bueno más que el único Dios” (Mc. 10, 18), y así no rechazó el nombre de “bueno” si se le atribuía como a Dios. …… Pero tal vez se podría oponer a esta nuestra fe ortodoxa la afirmación de tu herética incredulidad, según la cual esta confesión de incapacidad sería incompatible con la idea del Dios verdadero: “En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por sí mismo, más que lo que ha visto hacer al Padre” (Jn. 5, 19). Si no fuese porque el doble enojo de los judíos exige una doble respuesta, sería ciertamente una confesión de debilidad decir que el Hijo nada puede hacer más que lo que ha visto hacer al Padre. Pero con una sola frase se responde, a la vez, a dos acusaciones de los judíos, que le reprochan el crimen de violar el sábado y que no pueden soportar que Cristo se declare igual a Dios al confesar que Dios es su Padre (…) Pero veamos qué respondió el Señor: “Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo” (Jn. 5, 17). Por favor, hereje, muéstrame cuál es el trabajo del Padre, pues todas las cosas existen por medio del Hijo y en el Hijo, las visibles y las invisibles. Y tú que sabes más que los evangelios, tienes que haber alcanzado necesariamente el conocimiento del obrar del Padre por alguna otra doctrina misteriosa para que nos puedas mostrar al Padre que trabaja. Pues el Padre trabaja en el Hijo, de acuerdo con lo que este mismo dice: “Las palabras que os digo no las digo yo, sino que mi Padre, que permanece en mí, él mismo lleva a cabo sus obras” (Jn. 14, 10). ¿No ves qué significa “Mi Padre trabaja hasta ahora”? (Jn. 5, 17). Dijo estas palabras para que se viera que tenía el poder de la naturaleza del Padre y que había usado en las obras hechas en sábado este poder de su naturaleza, pues si el Padre trabaja en él cuando él trabaja, hace falta que él también trabaje cuando trabaja el Padre. …… El que no conoce nada de la economía de nuestra fe, no puede entender sus misterios, y el que no ha aceptado la doctrina del Evangelio, camina lejos de la esperanza del Evangelio. Se ha de creer que el Padre está en el Hijo, y el Hijo en el Padre, en virtud de la unidad de naturaleza, del poder de su fuerza, de la igualdad del honor que se les debe, de la generación del Hijo. Pero tal vez sea contrario a esta confesión nuestra el testimonio del Señor cuando dice: “El Padre es mayor que yo” (Jn. 14, 28). ¿No es, acaso, ésta, hereje, la flecha de tu impiedad? ¿Son éstas las armas de tu locura? ¿Acaso te has olvidado de que la Iglesia no conoce dos innascibles, ni tampoco confiesa dos padres? ¿Te has olvidado de la encarnación del mediador, y en ella de su nacimiento, su cuna, su crecimiento, su pasión, su cruz, su muerte? Cuando has renacido en el bautismo, ¿no has confesado al Hijo de Dios nacido de María? Y si el Hijo, al experimentar todas estas vicisitudes, dice: “El Padre es mayor que yo”, ¿crees que se ha de ignorar que esta economía de tu salvación consiste en el vaciamiento de su forma de Dios? ¿Y que el Padre ha permanecido fuera de esta asunción de las debilidades humanas, en la eternidad feliz de su naturaleza incorruptible, sin adquirir nuestra carne? (…) Y no afirmamos que el Padre está en el Hijo al modo de una penetración corporal, sino que la naturaleza engendrada por el Padre, de la misma esencia que él, tiene en ella, de modo natural, la naturaleza del que la engendra, y que aquella naturaleza que permanecía en la forma de la naturaleza que la engendró, asumió la forma de la naturaleza y de la debilidad corporal. Existía (en el Hijo encarnado) lo que es propio de la naturaleza divina, pero ya no estaba en la forma de Dios, porque al despojarse de sí había adquirido la forma de siervo. No es que hubiera desaparecido la naturaleza divina de tal manera que no existiera ya, sino que la naturaleza de Dios, continuando en el ser, había asumido la condición humilde del nacimiento terreno, y ejercitaba el poder propio de su esencia en el modo de existir de la condición humilde asumida. Y el Dios nacido de Dios, hallado como hombre en forma de siervo, obraba como Dios en sus acciones milagrosas, y no dejaba de ser Dios, al que mostraba con sus hechos, ni le faltaba el ser de hombre en cuya condición fue visto. (…) ¿O es acaso una ofensa para el Dios unigénito [= Cristo] tener como Padre al Dios que no puede nacer, cuando su nacimiento como unigénito del Dios innascible le hace subsistir como naturaleza unigénita? El Hijo no es el origen del propio ser y no ha tenido su nacimiento de la nada cuando no era, sino que existe como naturaleza viviente que procede de la naturaleza viviente, tiene en sí el poder de su naturaleza, y con la confesión del origen de esta naturaleza da testimonio de su gloria y de la gracia de su nacimiento acaecido en la gloria. Y paga al Padre esta deuda para remitir su obediencia a la voluntad del que le ha enviado, pero no para que su humildad al obedecer debilite su unidad de naturaleza; “él se hizo obediente hasta la muerte” (Flp. 2, 8), pero después de la muerte no deja de estar “sobre todo nombre” (Flp. 2, 9). (…) Ciertamente, el Padre es mayor, por ser el Padre. Pero el Hijo, por ser el Hijo, no es menor. El nacimiento del Hijo hace al Padre mayor, pero la naturaleza del que nace no tolera que el Hijo sea menor. El Padre es mayor porque se le ruega que glorifique al hombre asumido. El Hijo no es menor, porque recupera la gloria junto al Padre. Y así se lleva a cumplimiento tanto el misterio del nacimiento eterno como la economía de la encarnación. Porque el Padre, porque es Padre y glorifica ahora al Hijo del hombre, es mayor, y el Padre y el Hijo son una sola cosa, porque el Hijo nacido del Padre, después de la asunción del cuerpo terreno, es exaltado a la gloria del Padre. (…) Y aunque por el significado de las palabras se juzgue que son diferentes el que no puede nacer y el que nace, este último no es, con todo, ajeno a la naturaleza del que no puede nacer, porque no recibe de ningún otro origen su subsistencia; pues, aunque no haya recibido el ser innascible juntamente con el Padre, del Dios que no puede nacer ha recibido el ser Dios. …… Pero los herejes entienden como una negación de su naturaleza divina el que se haya dicho (…): “El día y la hora nadie los sabe, ni los ángeles en el cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Mc. 13, 32 + Mt. 24, 36). (…) Y en primer lugar, antes de hablar del sentido y la razón de estas palabras, se ha de considerar, con el juicio del sentido común, si puede creerse que ignore algo de cualquier cosa aquel que es el principio de todas ellas en lo que son y serán. Pues si todo existe por medio de Cristo y en Cristo y existe de tal modo por medio de él que todo tiene en él (Col. 1, 16) su ser, aquello que no es ajeno a él ni deja de existir por medio de él, ¿cómo no entrará también en su conocimiento, cuando muchas veces éste, por virtud de su naturaleza, que no puede ignorar nada, abarca aquello que no existe ni en él ni por él? Y aquello que no tiene su razón de ser más que a partir de él y no recibe más que en él el desarrollo hacia lo que es y será, ¿cómo quedará fuera del conocimiento que corresponde a su naturaleza, por el cual y en el cual se contiene todo aquello que se ha de hacer? (…) Pues todas las veces que Dios dice que ignora, ciertamente confiesa ignorancia, pero no se encuentra limitado por ella. Pues su no saber nada tiene que ver con la debilidad de la ignorancia, sino que se debe a que no es tiempo de hablar o a que no ha llegado la oportunidad de obrar. Dios habá así a Abraham: “El clamor de Sodoma y Gomorra ha colmado la medida y sus pecados son muy grandes. Por lo tanto, bajaré y veré si, de acuerdo con su clamor, han llegado hasta el límite; y en el caso contrario, lo sabré” (Gén. 18, 20s). Tenemos, por consiguiente, al Dios que no sabe y que, con todo, no ignora; pues, si sabe que los pecados son muy grandes y, a pesar de todo, baja para ver si han colmado la medida o para saberlo si no la han colmado, vemos que no lo ignora porque no lo sepa, sino que entonces lo sabe porque ha llegado el tiempo de obrar. El que Dios sepa, no es, por lo tanto, un cambio desde la ignorancia, sino la plenitud del tiempo. Hay que esperar todavía a que sepa. Pero no podemos pensar de él que no sepa, y, con todo, todavía espere para saber; por ello es preciso que el hecho de que no sepa sabiendo o sepa ignorando no obedezca más que al designio de hablar o de actuar. (…) En los evangelios encontramos muchas cosas que el Señor ignora conociéndolas. No conoce a los que obran la iniquidad y se glorían en muchos milagros hechos en su nombre cuando dice: “Y entonces juraré que no os conozco. Apartaos de mí todos los que obréis la iniquidad” (Mt. 7, 23). Afirma, incluso con juramento, que no conoce a aquellos a los que, con todo, no desconoce como obradores de iniquidad. No los conoce, por tanto, no por ignorancia, sino porque a causa de la iniquidad de sus obras son indignos de su conocimiento; confirma la verdad de lo que dice incluso con el vínculo del juramento. Tiene el no ignorar en el poder de su naturaleza y conserva el no saber en el misterio de su voluntad. (…) Por lo tanto, el Hijo no conoce el día, porque lo oculta. Y dice que solamente el Padre lo sabe, porque sólo él no se lo oculta a él solo. Pero, como dije, no se refiere a dificultades de su naturaleza, como si él conociera cuando ha dejado de ignorar o como si oyera cuando el Padre ha empezado a hablar. …… Los herejes, al no poder negar estas cosas explicadas por el Señor para dar a conocer el misterio de su nacimiento divino, tratan de eludirlas y de referirlas a la concordia de voluntades, de tal manera que Dios Padre y Dios Hijo no tengan una sola divinidad, sino una sola voluntad. Hablan como si el lenguaje de la enseñanza divina no tuviera recursos y como si el Señor no hubiese podido decir “Yo y el Padre queremos una sola cosa”, o como si esto fuera lo mismo que “Yo y el Padre somos una sola cosa” (Jn. 10, 30). O como si, incapaz de hablar, no hubiese podido decir: “El que ve mi voluntad, ve la voluntad de mi Padre”; o esto significara lo mismo que “El que me ve, ve también al Padre” (Jn. 14, 9). O no pudiera utilizarse en el lenguaje divino la expresión: “La voluntad de mi Padre está en mí, y mi voluntad está en mi Padre”, sino que a esta frase equivaliese: “Yo estoy en el Padre, y el Padre en mí” (Jn. 14, 10). (…) Por esta razón ha pedido que, si era posible, fuera apartado el cáliz de él; porque como para Dios nada es imposible -como él mismo dice: “Padre, todo te es posible” (Mc. 14, 36)-, con todo, es imposible para el hombre no ser vencido por el miedo del sufrimiento y además la fe sólo puede conocerse mediante la prueba. Y así, como el hombre, quiere que el cáliz se aparte de él a causa de los hombres, y su voluntad, como la de Dios que procede de Dios, se identifica con la decisión de la voluntad paterna. …… Por lo tanto, si para que pudiéramos entender que moría dijo: “Dios, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt. 27, 46); y: “Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu” (Lc. 23, 46), ¿deberemos pensar que, al preocuparse por nuestra confesión de fe, más que eliminar nuestras dudas, declaró que él era débil? Cuando iba a resucitar a Lázaro, ruega al Padre. ¿Necesita, acaso, la oración el que dice: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo sabía que siempre me escuchas, pero lo he dicho por la multitud, para que crean que tú me has enviado”? (Jn. 11, 41s.). Pidió, por tanto, por nosotros para que no ignorásemos que era el Hijo. Y puesto que a él no le aprovechaban las palabras de su petición, hablaba para provecho de nuestra fe. Él no estaba necesitado de auxilio, pero nosotros estábamos necesitados de su enseñanza. También pidió ser glorificado, y al instante se oyó desde el cielo la voz del Padre que le glorificaba. Y ante la admiración que suscitó la voz que se había oído, dijo: “Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros” (Jn. 12, 30). Por nosotros pide al Padre, por nosotros habla el Padre. Todo se hace para conseguir nuestra confesión de fe. Y si la respuesta de Dios que le glorifica no se concede por escuchar su petición, sino a causa de la ignorancia de los oyentes, ¿cómo el lamento de su pasión, en la mayor alegría del sufrimiento, no se habrá de interpretar como dirigido a la instrucción de nuestra fe? (…) Y si Cristo, conservando la seguridad que le daba su divinidad, mostró que moría con toda confianza para mostrar su real asunción de la humanidad, ¿por qué la confesión que el Hijo de Dios nos hace de sí mismo de que se ha hecho hijo del hombre y ha muerto por nosotros, ha de servir, sobre todo, para negar su divinidad? >>.

Saludos.

Daniel.

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CUARTO TURNO.

(4) ABDALLAH YUSUF

En el Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso

Que la Paz y las Bendiciones del Altísimo sean con quienes buscan la verdad por la verdad misma. Saludos a todos. Homosapiens: aquí debatimos sobre la trinidad, nada más. Y lo hacemos aquí por propuesta de Daniel que eligió este foro para el debate. Si quieres, abro en esta misma lista otra cadena de mensajes y debatimos sobre la existencia de Dios.

Daniel: tengo que leer atentamente el largo texto que expusiste, aunque por lo que vi son explicaciones bastante dogmáticas y no muy convincentes desde lo racional. Luego lo puntualizamos si Dios quiere. Te mando ahora otro texto para tí

Argumentos referidos a la Divinidad de Jesús (P):

– Jesús es Dios porque está lleno del Espíritu Santo.

Sin embargo, otros personajes mencionados en la Biblia también estaban llenos del Espíritu Santo:”Porque era (Barnabás) varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe: y mucha compañía fue agregada al Señor.” (Hechos 11:24) “Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que lo obedecen”(Hechos 5:32). Ver también Hechos 6:5; 11 Pedro 1:21; 11 Timoteo 1:14; 1 Corintios 2:16; Lucas 1:41.

– Pero Jesús ya estaba lleno del Espíritu Santo en el vientre de su madre.

Lo mismo pasó con Juan el Bautista : “Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan. …. Porque será grande delante de Dios, …. y será lleno del Espíritu Santo, aún desde el seno de su madre.” (Lucas 1:13-15)

– Jesús podía hacer milagros : Dio de comer a cinco mil personas con sólo cinco panes y dos peces.

Lo mismo fue hecho por Elíseo y Elías. Elíseo dio de comer a cien personas con veinte panes de centeno y algunas espigas de trigo : “Entonces él lo puso delante de ellos, y cernieron, y sobró, conforme a la palabra de Jehová.” (II Reyes 4:44) Elíseo aumentó el aceite de una viuda y le dijo : “Ve, y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tu y tus hijos vive de lo que quede.” (II Reyes 4:7) Puede consultarse también : I Reyes 17:16: “la tinaja de la harina no escaseó, ni menguó la botija del aceite, conforme a la palabra de Jehová que había dicho por Elías”. I Reyes 17:6: “Y los cuervos le traían (a Elías) pan y carne por la mañana, y pan y carne a la tarde, y bebía del arroyo.”

– Jesús podía curar la lepra.

Y también Elíseo le dijo a Naaman el leproso que se lavara en el Jordán: “Él entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios(Elías): y su carne se volvió como la carne de un niño, y fue limpio.” (II Reyes 5:14)

– Jesús podía hacer que un ciego viera de nuevo.

También lo hizo Elíseo: “Y oró Elíseo, y dijo: Te Ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del joven, y miró.” (II Reyes 6:17) “y así que llegaron a Samaria, dijo Elíseo: Jehová, abre los ojos de éstos, para que vean. Y Jehová abrió sus ojos, y miraron, y se hallaron en medio de Samaría.” (II Reyes 6:20)

Elíseo también fue ordenado a que cegara : “y luego que descendieron a él, oró Elíseo a Jehová, y dijo: Te ruego que hieras a esta gente con ceguedad, Y los hirió con ceguedad, conforme al dicho de Elíseo.” (II Reyes 6:18)

– Pero Jesús podía resucitar a los muertos.

También Elías lo hizo : “Y Jehová oyó la voz de Ellas: y el alma del niño volvió a sus entrañas, y revivió.” (I Reyes 17:22) Y también Elíseo : “Después subió, y se echó (Elíseo) sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y se calentó la carne del joven.” (II Reyes 4:34)

Incluso los huesos de Elíseo podían devolver un cadáver a la vida con sólo tocarlo : “Y aconteció que mientras algunas personas estaban enterrando a un hombre, he aquí que vieron una guerrilla; con lo cual echaron al hombre dentro del sepulcro de Elíseo; y el hombre fue rodando hasta tocar con los huesos de Elíseo, cuando revivió y se levantó sobre sus pies.” (II Reyes 13:21).

También Pedro resucitó a un muerto (ver Hechos 9:40)

– Pero Elías y Elíseo hicieron maravillas rezando al Señor.

Jesús (P) también hizo milagros con la gracia de Dios, como él mismo reconoció : “No puedo yo de mi mismo hacer nada”(Juan 5:30) “Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a ustedes.” (Lucas 11:20)

Todos los milagros hechos por Jesús (P) habían sido hechos por Profetas anteriores, discípulos e incluso infieles. Por otra parte, Jesús (P) no podía hacer nada donde no había fe: “Y no pudo hacer allí alguna maravilla; solamente sanó unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos. Y rodeaba las aldeas de alrededor, enseñando.” (Marcos 6:5-6)

Y en más de una ocasión atribuyó el milagro a la fe de la persona : “Tu fe te ha salvado”. Incluso dijo que cualquier persona con un poco de fe podía realizar portentos asombrosos : “De cierto os digo que si tuvierais fe como un grano de mostaza diríais a este monte : Pásate de aquí allá, y se pasará ; y nada os será imposible” (Mateo 17:20)

Vemos en Hechos que los discípulos como Pedro y también el mismo Pablo (que entre otras cosas sana a un paralítico : Hechos 14:10) realizaban milagros y portentos maravillosos. Pero siempre se deja en claro que son milagros de Dios por intermedio de estas personas (ver Hechos 19:11 y Hechos 14:15).

– Jesús caminó sobre las aguas.

También Pedro lo acompañó en esa famosa caminata. Y recordemos que Moisés alzó sus brazos sobre el mar y dividió las aguas : “Entonces los hijos de Israel entraron por medio de la mar en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda.” (Éxodo 14:22)

– Jesús podía expulsar demonios.

El mismo Jesús (P) admitió que otra gente podía hacerlo “Y si yo en unión con Beelzebú echo fuera los demonios, ¿sus hijos, en unión con quién los echan fuera? Por tanto, ellos serán sus jueces.” (Mateo 12:27 y Lucas 11: 19)

Y los discípulos podían expulsar demonios e incluso producir curaciones milagrosas. Es más : en Marcos 16:17 se señala la capacidad de expulsar demonios como uno de los signos de los que creen en Jesús (P), es decir de los cristianos creyentes.

Incluso los falsos profetas pueden hacer maravillas, tal y como lo dijo el mismo Jesús : “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y darán señales grandes y prodigios; de tal manera que engañarán, si es posible, aún a los escogidos.” (Mateo 24:24) “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” (Mateo 7:22)

– Pero Jesús fue resucitado tres días después de morir.

Jesús (P) no es el único en volver a la vida. Quizás alguien pueda alegar que a diferencia de Lázaro y otros resucitados, Jesús (P) supuestamente resucitó sin la intervención de nadie al respecto. Pero si leemos en Mateo 27 dice describiendo el momento en que ocurrió la supuesta muerte de Jesús en la cruz :

“Y se abrieron los sepulcros y muchos cuerpos de santos que habían dormido se levantaron ; y salieron de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad y aparecieron a muchos.” (Mateo 27:52 y 53)

Sobre la doctrina de la resurrección de Jesús (P) luego haremos un somero comentario de la visión islámica al respecto. Sólo diremos brevemente que era un dogma de Pablo, que nunca vio a Jesús vivo : “Acuérdate que Jesucristo, el cual fue de la simiente de David, resucitó de los muertos conforme a mi evangelio.” (11 Timoteo 2:8). Es Pablo quien insiste con este dogma luego de su conversión, incluso predicando sin haber recibido ninguna enseñanza directa de Jesús (P) ni haber tomado ninguna instrucción de Pedro ni de otros apóstoles. El predica conforme a sus propios pensamientos e insiste continuamente en la importancia de la muerte de Jesús (P) en la cruz y su posterior resurrección.

El dogma de la resurrección en Marcos 16:9-20 ha sido eliminado en muchas Biblias. Si no es eliminado se imprime en letra pequeña o entre paréntesis y con un comentario. Véase la Versión Común Revisada, la Nueva Biblia Americana, la Traducción del Nuevo Mundo de la Escritura de los Testigos de Jehová y la Traducción del Reino Interlinear de las Escrituras griegas.

De cualquier manera, el hecho de que haya muerto y resucitado no es una prueba de su Divinidad. Primero, porque ya otros fueron vueltos a la vida, como Lázaro. Incluso otro de los Profetas fue resucitado luego de estar muerto muchos años, según el Corán. O el caso de Enoc, que desapareció “porque se lo llevó Dios” (Génesis 5:24). O Elías que “subió al cielo en un torbellino” (2 Reyes 2:11).

Sobre el punto concreto de la resurrección de Jesús (P) hablaremos un poco después si Dios quiere. Lo importante a remarcar aquí es que no es un argumento válido para considerarlo Dios, puesto que Dios es el Viviente Eterno que nunca muere.

Saludos. Abdallah

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(4) DANIEL VICENTE

Querido Abdallah,

Yo no he afirmado que Jesús fuera Dios por estar lleno del Espíritu Santo, multiplicar los panes y los peces, curar la lepra y la ceguera, resucitar muertos, etc. Los pasajes escriturísticos que aduje fueron muy otros, y no los has contestado aún. Pero para que todo no se reduzca a un intercambio hermenéutico, te presento un argumento que tú y algunos de los asiduos de esta comunidad ya conoceréis.

Baso mi noción de la Trinidad en tres axiomas:

1) No hay pensamiento sin sujeto pensante, y viceversa, no hay sujeto pensante sin pensamiento.

2) Nadie puede ser su propio pensamiento, ya que ello conllevaría una contradicción entre el sujeto y el objeto. El sujeto debe ser siempre mayor que el objeto para comprenderlo.

3) Nada es sin una actividad.

E infiero lo siguiente:

a) “La verdad es la verdad” es la primera verdad.

b) No puede existir sin una actividad, de modo que debe ser pensada por alguien.

c) Es pensada por el Padre, y dicha verdad es el Hijo.

d) El Padre es mayor que el Hijo. Sin embargo, son la misma realidad, puesto que no hay pensamiento sin sujeto pensante ni sujeto pensante sin pensamiento.

e) El acto mismo de pensar (distinto a lo pensado y al que piensa) es el Espíritu Santo.

f) Luego entiendo la Trinidad como “El sujeto pensante (Padre) en el acto de pensar (Espíritu Santo) el pensamiento (Hijo)”.

……

Este argumento puede complementarse con la siguiente explicación:

I.
“‘La verdad es la verdad’ es verdad” forma parte del conjunto de verdades, en tanto que es verdad, pero sólo de un modo tangencial, en tanto que no necesita ninguna otra verdad como fundamento y existe necesariamente.

Toda verdad debe cumplir tres propiedades: 1) no contradecirse consigo misma, 2) no contradecirse con las demás verdades y 3) inferirse de las demás verdades. Dios sólo cumple 1) y 2). De ahí que esté y no esté en el conjunto de las verdades.

Me inclino a pensar que Dios carece de fundamento. Si Dios tuviera un fundamento, habría algo lógicamente previo a Dios, más simple que él, más básico, y por consiguiente, mayor. La verdad es abstractiva, es decir, negativa. Lo más compuesto coincide con lo más contingente, con lo innecesario o superfluo.
II.
La Trinidad resuelve el problema de cómo es posible la “creatio ex nihilo” de lo material desde la plenitud divina, inmaterial.

Los gnósticos proponían una prolación o degradación de Dios hacia lo material. Antes de ésta, se habrían dado un Silencio y un Abismo insalvables entre el Creador y la criatura.

La ortodoxia católica objeta a esa concepción la coeternidad de la Palabra, engendrada de la misma substancia de Dios antes de todo tiempo. El Verbo divino es, antes de su encarnación,la Imagen invisible del Creador, pero también es la imagen invisible o racional de todas las criaturas. Ejerce de mediador entre ambas realidades.

La verdad sería inactiva y no podría crear si no fuese, al mismo tiempo, expansiva. La verdad autosuficiente, pues, también implica lo verdadero. En resumen, la Trinidad puede condensarse en el siguiente aserto: “Que la verdad (Padre) es la verdad (Hijo) es verdad (Espíritu Santo)”. No existe una forma más simple de expresar la primera de las proposiciones verdaderas, fundamento infundado del resto.

Si el Islam niega que esa proposición sea cierta, entonces el Islam se equivoca e incurre en falsedad, lo cual sólo puede atribuirse a doctrinas de hombres, no a Dios. Si el Islam cree que hay un modo más simple de expresar esa primera proposición verdadera, muéstrelo sin demora.

III.

1) Dios no creó el mundo arbitrariamente, sino conforme a ideas sustentadas en la Verdad.

2) Dios Padre, sin embargo, no se identifica plenamente con las ideas coeternas, ya que éstas presuponen un fin creador y un orden vinculante. Pero el fin de la Creación es accidental con respecto a la potencia eterna de Dios, inengendrada y autosubsistente.

Asimismo, la providencia creadora de Dios depende de su voluntad, no su voluntad de la providencia.

Por último, las ideas son por naturaleza concebibles, mientras que Dios es absolutamente inconcebible.

3) Cristo es la suma de todas las ideas que tienden a la Creación, y es también su fundamento engendrado: el Bien, la Verdad, la Vida.

Dios, empero, es el fundamento de Cristo.

4) Dios, potencia totalmente indeterminada, engendra la Verdad, potencia absolutamente determinada. Ésta, a su vez, engendra al Espíritu, que es el acto infinito absolutamente determinado, en tanto es conforme con la Verdad.
Saludos.

Daniel.

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QUINTO TURNO.

(5) ABDALLAH YUSUF

En el Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso

La Bendición de Dios sea con quienes buscan la verdad por la verdad misma. Y la Paz sea con todos. Saludos.

Homosapiens: tus planteos son de lo más acertados y precisos. Muestran con poquisimas palabras la incoherencia del dogma trinitario, incoherencia que Daniel nos muestra con sus mensajes y explicaciones irracionales. Daniel primero nos dijo:

“La Trinidad, entonces, no puede concebirse humanamente”.

Luego trata de explicar lo inconcebible y claro: su explicación es inconcebible. Así Daniel nos dice:

“Baso mi noción de la Trinidad en tres axiomas: (…)”.

Esta explicación es similar a la que brinda el texto que él mismo expuso de San Hilario de Poitiers sobre la trinidad, aunque trataba sobre otros puntos. Me refiero a que son explicaciones retorcidas, irracionales, que giran y dan vueltas las palabras hasta acomodarlas a su gusto. Porque Jesús dijo “Sólo Dios es Bueno” y ellos leen: “Y como yo soy bueno, yo soy Dios”. Y Jesús dijo “El Padre es mayor que yo” y ellos leen que Jesús es el hijo coeterno y cosubstancial.

Todas estas cosas no hacen más que confirmar lo que dije en un primer momento: la doctrina de la trinidad es un dogma irracional que debe ser aceptado ciegamente, sin ninguna posibilidad de análisis o razonamiento lógico.

Daniel: ¿Quieres que conteste a los pasajes escriturísticos? Primero trae una Escritura original inalterada y confiable, no un texto al que le han metido mano durante siglos para adaptarlo al dogma. Y luego intenta explicar con tus palabras este dogma irracional. E intenta explicarnos por qué Dios necesitó encarnarse para librarnos del pecado, por qué necesitó morir para purificar el mundo del pecado, y fundamentalmente por qué el pecado sigue existiendo en el mundo a pesar de este sacrificio extremo. ¿Acaso Dios no podía simplemente ordenar que el pecado fuese removido? ¿Necesitaba encarnar y morir? ¿Y cómo es que el pecado sigue existiendo? Y ya que mencionaste la “prueba de Jonás” que eran 3 días y 3 noches, ¿cómo es que la cuenta no da, pues murió el viernes de día y el domingo a la mañana ya estaba resucitado? ¿No falta al menos una noche? ¿O también es otro misterio inconcebible por el cual 3 días y 3 noches entran en un día y medio?

Desarrollo del dogma trinitario.

Durante los primeros siglos de la era cristiana, la Iglesia formula su dogma trinitario rechazando los conceptos monoteístas a los que califica de “herejías”. Esta fue la obra de los Concilios antiguos, ayudados por el trabajo teológico de los Padres de la Iglesia. Para la formulación del dogma de la trinidad, la Iglesia debió crear una terminología propia con ayuda de nociones de origen filosófico: “substancia”, “persona” o “hipóstasis”, “relación”, etc. Al hacer esto, no sometía la fe a una sabiduría humana, una razón o lógica, sino que daba un sentido nuevo, sorprendente, a estos términos. En adelante, ellos definirían la fe como un “misterio” más allá de la razón y de la capacidad humana.

En el año 325, la Iglesia establece en el primer Concilio Ecuménico de Nicea que el Hijo es “consubstancial” al Padre, es decir, un solo Dios con él. El segundo Concilio Ecuménico, reunido en Constantinopla en el año 381, conservó esta expresión en su formulación del Credo de Nicea y estableció que Jesús era Hijo Unico de Dios, engendrado del Padre antes de todos los siglos, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, consubstancial al Padre”.

La fe apostólica relativa al Espíritu fue establecida recién por el segundo Concilio Ecuménico en el año 381 en Constantinopla. Igual que con Jesús, el Espíritu Santo es definido como procedente del Padre (y del Hijo: de ambos), de la misma substancial y naturaleza, coeterno con ambos.

Intentar comprender estas definiciones resulta imposible. ¿Cómo puede “proceder de” o “ser engendrado por” y a la vez ser coeterno? Es una simple contradicción de términos a la cual denominan “misterio”.

Figura en la Nueva Enciclopedia Católica : “…Es difícil en la segunda mitad del siglo veinte ofrecer un claro, objetivo y directo ‘racconto’ de la revelación, evolución doctrinal y elaboración teológica del Misterio de la trinidad. En la discusión trinitaria, la Iglesia Católica tanto como otras presenta una silueta de algún modo inconstante (o no firme). Han sucedido dos cosas. Existe un reconocimiento por parte de los exegetas y los teólogos bíblicos, incluyendo un número creciente de católicos apostólicos romanos, de que uno no debería hablar del trinitarismo en el Nuevo Testamento sin estar seria y adecuadamente calificado. Existe también el paralelo cercano del reconocimiento de los historiadores del dogma y los teólogos sistemáticos que cuando uno habla del trinitarismo, debe moverse desde período de los orígenes del cristianismo a digamos, el último lustro de la cuarta centuria. Es solo entonces cuando el que puede llamarse el dogma trinitario definitivo “Un Dios, tres personas” es intensivamente asimilado dentro de la vida y pensamiento cristiano…fue el producto de tres siglos de evolución doctrinal…” ( Nueva Enciclopedia Católica, Volumen XIV, p. 295.)

Es digno destacar que este texto posee el Nihil Obstat e Imprimatur, lo cual significa que su contenido se halla fuera de cualquier error moral o doctrinal. Como vemos, claramente reconoce que el dogma trinitario no se establece en la Biblia sino que es el producto de tres siglos de “evolución doctrinal”…

Un intento por explicar el dogma.

Los cristianos dicen (extraído de foros de internet):

“La Trinidad es una. No confesamos tres dioses sino un solo Dios en tres personas: “la Trinidad consubstancial”. Las personas divinas no se reparten la única divinidad, sino que cada una de ellas es enteramente Dios: “El Padre es lo mismo que es el Hijo, el Hijo lo mismo que es el Padre, el Padre y el Hijo lo mismo que el Espíritu Santo, es decir, un solo Dios por naturaleza”.”Cada una de las tres personas es esta realidad, es decir, la substancia, la esencia o la naturaleza divina”.

Las personas divinas son realmente distintas entre sí. “Dios es único pero no solitario”. “Padre”, “Hijo”, “Espíritu Santo” no son simplemente nombres que designan modalidades del ser divino, pues son realmente distintos entre sí: “El que es el Hijo no es el Padre, y el que es el Padre no es el Hijo, ni el Espíritu Santo el que es el Padre o el Hijo”. Son distintos entre sí por sus relaciones de origen: “El Padre es quien engendra, el Hijo quien es engendrado, y el Espíritu Santo es quien procede”. La Unidad divina es Trina. Las personas divinas son relativas unas a otras. La distinción real de las personas entre sí, puesto que no divide la unidad divina, reside únicamente en las relaciones que las refieren unas a otras: “En los nombres relativos de las personas, el Padre es referido al Hijo, el Hijo lo es al Padre, el Espíritu Santo lo es a los dos; sin embargo, cuando se habla de estas tres personas considerando las relaciones se cree en una sola naturaleza o substancia”. En efecto, “todo es uno (en ellos) donde no existe oposición de relación”.

“A causa de esta unidad, el Padre está todo en el Hijo, todo en el Espíritu Santo; el Hijo está todo en el Padre, todo en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo está todo en el Padre, todo en el Hijo”.

Comentario: como podemos ver, les resulta difícil explicar este asunto sin basarse en la fe en algo incomprensible, un misterio inexplicable en el cual hay que creer pero no se puede conocer. Para decir esto, son capaces de llenar libros y libros con palabras y frases como las expuestas que no nos dejan más que confusión. Pues la mayor parte de las afirmaciones se contradicen entre sí y carecen de todo asidero lógico. Además, para justificarse, siempre utilizan algunas partes de la Biblia que en general son las más alegóricas, dejando de lado otras más explícitas. Frases oscuras y alegóricas que a veces descubrimos que son agregados espurios, tal como ya mencionamos en la primera parte de este trabajo.

Cualquier intento por obtener una explicación clara sobre el dogma y la creencia trinitaria caerá siempre en algo similar a lo expuesto.
El concepto de “La Trinidad” de “Dios” no nace en el Antiguo Testamento. El pensamiento del Antiguo Testamento no se aparta del repetidísimo mensaje de que “Hay un solo Dios”. Lo establece muy claramente desde el Primer Mandamiento de la Ley

Sin embargo “los Padres de la Iglesia” llegaron a la conclusión de que “Dios” es una TRINIDAD formada por el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. ¿De dónde sacaron esa fórmula? San Valentín (100-180 d. C.) “padre de la iglesia” y autor de “Sobre Las Tres Naturalezas” (que fue el manuscrito precursor de la doctrina trinitaria) usa terminología “platónica” al describir las tres personalidades de “Dios”. Y, aunque los eruditos cristianos lo nieguen, existe también un fuerte componente del gnosticismo en las enseñanzas cristianas originales.

El gnosticismo fue una corriente muy combatida y perseguida por la Iglesia, que entre otras cosas decía que el conocimiento era un asunto reservado para unos pocos elegidos, en tanto que el común de la gente no accedía al mismo, no lo podía comprender ni captar. Así tenemos que el concepto trinitario está más cercano a las enseñanzas gnósticas que a las bíblicas. Y para quienes digan que el gnosticismo es del siglo II o III DC podemos decirles que el dogma trinitario es del siglo III o IV DC.

La formulación de la trinidad por parte de Athanasius, un diácono egipcio de Alejandría, fue aceptada por el Concilio de Nicea en el 325 D.C., es decir más de tres siglos después de la partida de Jesús (P).

No hay duda de que el paganismo romano influyó sobre esta doctrina, el dios trino; el Sabbath (Sábado) fue desplazado al domingo; el 25 de diciembre, que era el cumpleaños de su dios solar ‘Mitra”, fue adaptado como fecha de nacimiento de Jesús. La Biblia sin embargo prohíbe la adoración de ídolos e imágenes como las que acostumbran a llevar los cristianos. Veamos en Jeremías 10:2-5:

‘No aprendan las costumbres de los paganos, ni se espanten de las señales del cielo, de las cuales los paganos se espantan: porque las practicas de los pueblos son vanidad. Pues se corta un árbol del bosque; se labra con herramientas, se labra por mano del artífice; con plata y oro lo adornan; con clavos y martillos le afianzan para que no se tambalee. Son como una palmera, de obra torneada ; mas no hablan: han de ser llevados, porque no pueden dar un paso. No tengan temor de ellos; porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder.”

En Isaías 43:9 a 20 se detalla la insensatez de la idolatría con palabras como estas : “Parte del leño quema en el fuego; con parte de él come carne, prepara un asado y se sacia ; después se calienta y dice : ¡Oh! Me he calentado, he visto el fuego ; y hace del sobrante un dios, un ídolo suyo ; se postra delante de él, lo adora y le ruega diciendo : Líbrame, porque mi dios eres tú.” (Isaías 43:16 y 17)

Sin embargo, los cristianos se abocaron a la adoración de imágenes, la fabricación de ídolos y el culto a innumerables “santos” los que se adoran como si fueran dioses (más allá del tema de la intercesión cuya doctrina original es correcta).

La trinidad y los símbolos asociados.

El concepto de la trinidad cristiana fue una creencia adoptada de religiones paganas anteriores al cristianismo. Podríamos continuar mencionando otras creencias, símbolos y costumbres paganas que la iglesia cristiana adoptó. Por ejemplo “La Cruz”. Es bien sabido que el primer símbolo de la cristiandad fue un pez. En las copas sacramentales, sellos y lámparas, el Espíritu Santo era simbolizado por una paloma y a Cristo por un pez. La cruz no fue adoptada sino hasta mucho después de la partida de Jesús. Una de las razones principales de esto es el hecho de que Jesús, quien murió en la cruz (según los cristianos) es considerado maldecido por Dios (Galatas 3:13) El actual conocimiento histórico reconoce el hecho de que la cruz era considerada como un símbolo religioso mucho antes del advenimiento de Jesús. Era adorada en la India como el símbolo del dios hindu AGNI,”la luz del mundo” Era colocada en las manos de Siva, Brahma, Vishnu, Krishna, Tvashtri y Jama. La cruz era también conocida entre los budistas de los tiempos antiguos de los seguidores del Lama del Tibet. Los antiguos egipcios también adoptaron la cruz como un símbolo religioso de sus dioses paganos. Innumerables dibujos egipcios los muestran representándose a ellos mismos sosteniendo cruces en sus manos. Entre ellos, el salvador egipcio Horus es representado sosteniendo una cruz en su mano. El también es representado como un infante sentado en la rodilla de su madre con una cruz sobre el asiento que ellos ocupan. La mas común de las cruces usada por estos paganos egipcios, la CRUX ANSATA, fue después adoptada por los cristianos. El Salvador egipcio Osiris, el dios egipcio de la muerte y del inframundo, es a veces representado alargando esta cruz a los mortales significando que ellos han descartado la mortalidad por la vida por venir.

Otras similitudes que encontramos con el paganismo es en lo referente a los relatos de las vidas de estos dioses paganos. Por ejemplo, ATIS, este dios pagano era hijo de la virgen Nana. Fue el “salvador” y “único hijo engendrado” Su sangre se cree ha renovado la fertilidad de la tierra, por lo que se le consideraba un símbolo de inmortalidad. Se cree que murió el 24 de Marzo y resucitó poco después. Comidas sacramentales y bautismo de sangre eran características de su iglesia. Otro dios pagano, ADONIS o TAMUZ, este dios nació de un virgen y fue el “salvador” de Siria. Murió en redención de la humanidad y resucitó después en primavera. DIONISIO o BACO, fue el “único hijo engendrado” de Júpiter, el rey de los dioses de los romanos y el señor de la vida y la muerte(para los griegos su padre fue el todopoderoso Zeus) Dionisio fue nombrado el dios del vino y la juerga. Dioniso murió a manos de los Titanes, quienes lo desmembraron, rostizaron las piezas y comenzaron a comérselas. Pero Zeus intervino antes de que acabaran, y salvó algunas de las piezas, y encargó a Apolo enterrarlas en Delfos. Según dice la mitología, Dionisio se levantó de la muerte y dijo a la humanidad: “YO SOY QUIEN LOS GUIA; SOY YO QUIEN LOS PROTEJE Y QUIEN LOS SALVA, YO SOY ALFA Y OMEGA”. El fue muerto para redimir a la humanidad y fue llamado “el asesinado”, “el cargador de pecado”, “el redentor”… En celebración a su festival sus adoradores observaban el SPARAGMOS, el desmembramiento de un animal vivo, el comer de su carne y el beber de su sangre. Los participantes creían que ellos estaban realmente tomando parte de el cuerpo y sangre del dios. El vino tenía un lugar central en sus festivales.

Si analizamos estos rituales y creencias paganas, vamos a encontrar puntos de coincidencias y aspectos muy familiares con las creencias y rituales cristianos. Pero esto no debe ser considerado como algo imposible y sumamente extraño.

En el proceso de Evangelización, algunos portadores del cristianismo, creyeron que era bueno aceptar algunas creencias propias del lugar donde estaban evangelizando y tomarlas para lograr más adeptos. Por ejemplo, cuando vinieron a América Central y del Sur, tomaron algunas tradiciones indígenas, fiestas y celebraciones y las adjuntaron a la evangelización para que los recién conquistados acepten mas fácilmente la nueva religión. Lo mismo ocurrió en los orígenes de la Iglesia cristiana, cuando tuvieron que llevar el mensaje del Evangelio a las ciudades de Roma, cuyos habitantes no estaban acostumbrados ni al pensamiento ni a las prácticas semíticas. Vemos en Hechos cómo esto derivó en el Primer concilio de Jerusalem donde claramente se establece la abrogación de los mandatos que Jesús (P) ordenó respetar y dijo que perdurarían en tanto duren los cielos y la tierra. Así se abrogó la circuncisión, las distintas prohibiciones alimenticias, las diversas normas de higiene y purificación, etc. No es difícil comprender después de observar tales modificaciones que también hayan adoptado las creencias y costumbres paganas impregnando con ellas el nuevo dogma a seguirse ciegamente, incuestionablemente.

La doctrina trinitaria no tiene base en las Sagradas Escrituras.

La Biblia dice claramente :

“Oye, Israel; Jehová nuestro Dios, Jehová Uno es”.( Deutoronomio.6:4 )
Y este Primer Mandamiento fue designado por Jesús (P) como el Gran Mandamiento, el mayor de todos, el más importante (Mateo 22:34 a 40 y Marcos 12:28 a 34).

La palabra “Trinidad” no esta en la Biblia. No figura en toda la Biblia. La única mención es el versículo de 1 Juan 5:7 : “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo: y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra, el Espíritu, y el agua, y la sangre: y estos tres concuerdan en uno.”

Este párrafo proviene de la versión de King James, de 1611, y constituía la evidencia más grande de la Doctrina de la Trinidad. Pero esta parte, “el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo: y estos tres son uno” ha sido eliminada en La Biblia de Jerusalén (versión revisada) de 1952 y l971 y en muchas otras Biblias, ya que era un comentario que se había juntado al texto griego cuando los escritores añadían notas al transcribir los originales manuscritos hebreos. Véase también la Traducción del Reino Interlinear de las Escrituras griegas.

Isaac Newton reconocía que este versículo de 1 Juan 5:7 es una adición y que comenzó a aparecer de manera estándar a partir de la versión en griego de la Biblia de Erasmo de Rotterdam, e incluso Newton puntualiza que dicha adición aparece recién en la TERCERA EDICION de dicha Biblia (1466/1536).

Y muchos eruditos investigadores concuerdan en lo mismo : que este párrafo no existe en los Códices antiguos y es considerado como un agregado posterior. Todas las versiones modernas de la Biblia, como la Revised Standard Version, la New Revised Standard Version, la New American Standard Bible, la New English Bible, y la Phillips Modern English Bible, entre otras, han quitado dicha adición ( el susodicho versículo) sin la menor ceremonia. Veamos lo que dice al respecto Benjamín Wilson en su libro “Emphatic Diaglott : “Este texto conteniendo el testimonio celestial no puede ser hallado en NINGUNO de los manuscritos griegos antiguos anteriores al SIGLO QUINCE. No es citado por ninguna de las autoridades eclesiásticas (santo Tomás, san Agustín, etc) los Padre, incluso cuando los temas discutidos (en las controversias, con unitaristas como Arrio) hubieran llevado naturalmente a su utilización (como prueba de la canonicidad de la trinidad).Por lo tanto este texto (1Juan 5:7) es notoriamente espurio”

Otros como el fallecido Dr. Herbert W. Armstrong, sostienen que dicha adición fue hecha a la Vulgata de San Jerónimo durante el clímax de polémicas con unitaristas. Cualquiera haya sido el motivo y el tiempo en que esta se haya hecho, hoy es universalmente reconocido que dicho versículo (1Juan 5:7) es una adición tardía y por lo tanto está siendo descartado como falso.

La Trinidad no es bíblica. La palabra Trinidad no está ni tan siquiera en la Biblia o en los diccionarios bíblicos, no fue nunca enseñada por Jesús (P) ni mencionada por él. No hay base o prueba alguna en la Biblia para aceptar la Trinidad. La única mención del Dios “trino” es esta de 1 Juan 5:7, reconocida como una adición. Siendo así que la Biblia no contiene versículos que validen la doctrina trinitaria, siglos después de la partida de Jesús, Dios “inspiró” a algún escriba anónimo para insertar este versículo, para así “clarificar” la “verdadera” naturaleza de Dios, como parte de una “trinidad” (o triuno, para ser más precisos).

En cuanto a : «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.» (Mateo 3:16-17) Tal versículo no se halla en esta forma ni en los escritos de los Padres, como Clemente de Alejandría o Justino Martir, ni en el Códice Bezae, la Latina Antigua, ni en los escritos de San Agustin y otras autoridades cristianas. Así que, si las palabras de los Padres y las versiones antiguas no concuerdan con las posteriores, estas últimas no pueden ser tomadas como prueba de nada. La Encyclopaedia Britannica dice: “La fórmula bautismal trinitaria no se remonta al propio Jesús, esto es evidente y ha sido reconocido por todos los críticos independientes.” Y esto tiene su correlato en 1 Juan 5:7.

En Mateo 28:19 todavía encontramos: “bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” Estos párrafos también cuestionados no han sido eliminados todavía de la Biblia (aunque deberían al menos ser puestos entre paréntesis). ¿Son ellos una prueba de la trinidad? No. En primer lugar, es necesario cuestionar esta declaración de extender en forma universal el mensaje del Evangelio, contraria a las palabras del propio Jesús (P) de haber sido enviado sólo a las ovejas perdidas de Israel (Mateo 15:24). En segundo lugar, es necesario tener muy en consideración las pruebas y evidencias sobre que estos párrafos en realidad son agregados posteriores al establecimiento del credo.

La doctrina trinitaria como ya mencionamos fue introducida por el sínodo Católico Romano a principio del siglo IV en el Concilio de Nicea en el año 325 D.C. Luego el credo Atanaciano hizo de la trinidad un Dogma fundamental. El triunfo de los que sostenían tal dogma (que fue un triunfo en lo político, no en el debate intelectual) llevó a los unitaristas a ser catalogados de herejes y ser masacrados. De ahí que sólo permanecieron quienes sostenían el dogma trinitario. No obstante, el dogma no se encuentra anunciado como tal en el texto de la Biblia. Sólo podemos encontrar algunos párrafos confusos que hablan de una supuesta divinidad de Jesús (P) los cuales se contradicen que otros que niegan rotundamente tal posibilidad, como luego veremos si Dios quiere.

Los que buscan la verdad con sinceridad, lo comprenden todo. Dios facilita el camino de la comprensión y abre las puertas al entendimiento. Dios es Amigo de los creyentes: los extrae de las tinieblas de la ignorancia hacia la luz del conocimiento, la fe y la buena guía. Y hay suficiente luz para aquel que quiera ver. Pueden seguir haciendo la de los tres monos sabios o pueden abrir los ojos y ver. Que Dios Bendiga a quienes buscan la verdad por la verdad misma. Que la Paz sea con todos ustedes. Saludos. Abdallah

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(5) DANIEL VICENTE

Estimado Abdallah:

Dije, por descontado, que la Trinidad no es humanamente concebible, así como no lo es Dios. Eso no equivale a afirmar que es totalmente oscura, incognoscible o incluso, como tú pretendes, absurda y aberrante. El amigo H. se ha retirado de la conversación sin definir qué entendía por “perfecto”. ¿Por qué no lo haces tú por él?

Pero, ya que cuestionas sin razón ni autoridad lo legítimo de nuestras Escrituras, deja que yo haga lo propio, más atinadamente, con las vuestras. Me serviré del testimonio de San Juan Damasceno, último Padre de oriente, al que cito a continuación (traduciendo del francés):

<< Queda aún la religión de los ismaelitas, que prevalece aún en la actualidad, extravía a los pueblos, y anuncia la llegada del Anticristo. (…) Así pues, en tiempos de Heraclio, practicaban abiertamente el culto idolátrico. A partir de esa época y hasta nuestros días un falso profeta, llamado Mohammed, se ha alzado entre ellos, el cual, después de haber tomado conocimiento, por azar, del Antiguo y el Nuevo Testamento, y de haber frecuentado a su vez con toda probabilidad a un monje arriano, ha fundado su propia herejía. Después de ganarse el favor del pueblo simulando piedad, insinúa que una Escritura venida del cielo le ha sido revelada por Dios. Habiendo redactado en su libro ciertas doctrinas risibles, les transmite esta forma de adorar a Dios. (…) Muchos otros absurdos dignos de la risa se encuentran en este Libro [el Corán]. Pero les respondemos: ¿Quién atestigua que Dios le ha dado una Escritura, o quién, entre los profetas, ha anunciado que un tal profeta debía venir? Los ponemos en aprietos cuando les decimos: Moisés recibió la Ley en el Sinaí, a la vista de todo el pueblo, cuando Dios apareció entre la multitud, el fuego, las tinieblas y la tempestad; y todos los profetas, después de Moisés, han anunciado una y otra vez que el Cristo vendrá, que el Cristo es Dios y el que el hijo de Dios llegará revestido de carne, será crucificado, que morirá y resucitará, y que él es el que juzgará a vivos y a muertos. Y cuando decimos: ¿Por qué vuestro profeta no ha venido del mismo modo, con otros para ofrecer de él testimonio, y por qué Dios, que ha dado la Ley a Moisés a los ojos de todo el pueblo, sobre una montaña humeante, no le ha transmitido igualmente la Escritura de la que habláis, en vuestra presencia, para lograr vuestra total certidumbre? Responden que Dios actúa como le place. Esto, decimos nosotros, no lo sabemos menos bien, pero os preguntamos cómo la Escritura ha sido revelada a vuestro profeta. Ellos contestan que ha sido durante el sueño cuando la Escritura ha descendido sobre él. Para burlarnos de ellos les decimos: Puesto que ha recibido la Escritura durante el sueño, sin darse cuenta de dicha actividad, el adagio popular le conviene perfectamente [“Me cargas con sueños”]. Les volvemos a inquirir: Puesto que él mismo os ha ordenado, en vuestra Escritura, no hacer nada o no recibir nada sin testigos, ¿por qué no le habéis pedido vosotros: tú primero, prueba con la ayuda de testigos que eres profeta y enviado de Dios; y que la Escritura testimonia en tu favor. Entonces, vergonzosamente, guardan silencio. Con razón les insistimos: puesto que no os está permitido desposar a una mujer, ni comprar ni adquirir sin testigos, y que no admitís poseer ni siquiera asnos o ganado, sin un testigo, en ese caso no tomáis mujeres, bienes, asnos ni nada sino ante testigos; ¡sólo, pues, la fe y la Escritura las aceptáis sin testigos! Ya que aquel que os ha transmitido dicha Escritura no posee garantías por parte de nadie, ni conoce a quien testimonie en su favor en el pasado. ¡Mucho mejor que eso, la ha recibido durante el sueño! >>.

Con respecto a la doctrina de la Trinidad, dime: ¿No es tu pensamiento uno contigo mismo, ya que es imposible que existas sin pensar, consciente o inconscientemente? ¿Y no procede de ti tu pensamiento? Ahora bien, ¿dirías que tú eres tu pensamiento, esto es, tu entendimiento, o quizá algo más? ¿Acaso careces de voluntad o de consciencia (visión interna)?

Retomo el texto del Damasceno:

<< Nos llaman “asociadores”, porque, dicen, introducimos cabe Dios un asociado en tanto que decimos que el Cristo es hijo de Dios y Dios. Nosotros les contestamos: eso es lo que los profetas y la Escritura nos han transmitido. Vosotros también, puesto que lo afirmáis, aceptáis los profetas. Y si nosotros nos equivocamos al decir que Cristo es el hijo de Dios, son ellos los que nos lo han enseñado y transmitido. Algunos de ellos dicen que hemos injertado esa doctrina en los profetas, interpretándolos de manera alegórica, y otros que los hebreos, por odio, nos han extraviado atribuyendo estos textos a los profetas, para perdernos. De nuevo les decimos: Vosotros, que sostenéis [en vuestra Escritura] que el Cristo es Verbo y Espíritu de Dios, ¿por qué nos injuriáis como “asociadores”? Pues el Verbo y el Espíritu son cosas inseparables de aquel en el que se encuentran naturalmente. Si, pues, está en Dios como Verbo de Dios, evidentemente también será Dios. Pero, si está fuera de Dios, Dios está según vosotros sin Verbo y sin Espíritu. Así, al evitar asociar uno a Dios, lo mutiláis. Sería mejor para vosotros, en efecto, decir que tiene un asociado, antes que mutilarlo y convertirlo en algo semejante a una piedra, a un bosque, o a cualquier objeto inanimado. Éste es el motivo por el que, al llamarnos “asociadores”, mentís; nosotros, a cambio, os llamamos “mutiladores” de Dios >>.

¿Y a santo de qué, por cierto, te empeñas en cargar las tintas sobre la evolución dogmática del concepto de Trinidad? ¿Es que el hombre ha de tener un conocimiento perfecto de las realidades divinas en todo momento, sin que pueda experimentar cambio en su percepción de las mismas? ¿Con qué derecho aceptas la inspiración de los profetas, tan vacilante a veces, y desconfías de la de los Padres? Fue el propio Jesús quien proclamó, refiriéndose al Espíritu que habría de venir en el Pentecostés y asistiría a la Iglesia en toda tribulación futura:

“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar” (Jn. 16, 12).

Ahora bien, para vosotros el Espíritu Santo no actúa sobre toda la humanidad, sino que se ha encarnado en un solo elegido, el Consolador o Paráclito, que identificáis con Mahoma. Algo propio de herejes, que pretenden arrogarse una comprensión exclusiva para justificar su alejamiento de la tradición, pues también los maniqueos lo identificaban con Mani y los montanistas con Montano.

Pasemos a la “absorción cristiana” del paganismo. Es recurrente en las páginas ateas, siempre tan bien documentadas, aludir a los “orígenes egipcios” del “mito de Jesús”. Sin entrar en detalles farragosos propios de eruditos o pseudoeruditos, y obviando la problemática de inserir el fenómeno mesiánico, el monoteísmo y la iconoclastia hebreas en un contexto pagano, reduzcamos el problema a dos casos con dos hipótesis:

Casos:

1) Los historiadores de las religiones han hallado claros paralelismos entre relatos egipcios y la Vida de Jesús.

2) Los teólogos cristianos han hallado claras referencias en la Ley y en los profetas a la Vida de Jesús, así como a su doctrina.

Hipótesis:

1) Resulta muy sencillo relacionar la Vida de Jesús con la Biblia, dada la vaguedad de ambos escritos y la posibilidad de forzar la interpretación. Pero, en ese caso, también debería ser un juego de niños el relacionarla con los relatos egipcios. E incluso con algún cuento chino, si buscamos bien.

2) Los paralelismos entre los Evangelios y los relatos egipcios son sorprendentes, de modo que podemos excluir la hipótesis de que se trate de una mera coincidencia textual. Sin embargo, en ese caso, también deberíamos descartar que la relación de la Vida de Jesús con las profecías del Antiguo Testamento fuera producto de la manipulación, y habríamos de reconocer a Aquel como el Hijo de Dios anunciado.

O es fácil manipular los textos o no lo es en absoluto. Si es fácil, la correlación de historias que presentan los estudiosos resulta superflua, y Cristo existió realmente y en los términos divinos que el Evangelio señala. Pero si es difícil, entonces no podemos considerar las coincidencias entre Antiguo y Nuevo Testamento como simples invenciones de teólogos, expertos en la Ley, y habremos de deducir que en ambos casos se trata de escritos inspirados. Tertium non datur.

Tanto en un extremo como en el otro, el musulmán, como el ateo y el escéptico, quedan cogidos en sus propias palabras.

En fin, como veo que repites argumentos pasados, tal vez porque no encuentras más ni mejores, me limitaré a recordarte lo que ya antes les opuse:

1) Que Dios sea declarado uno no obsta para que sea trino. La Trinidad no es una tríada. Ahora bien, si citas a Moisés, cita también a David:

“Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, En tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies” (Sal. 110, 1).

2) La universalidad de la misión de Jesucristo la reconoce el Corán, por ejemplo, cuando dice:

“Y acuérdate de aquella que conservó su virginidad. Infundimos en ella parte de nuestro Espíritu. De ella y de su Hijo hicimos una aleya [signo] ante los mundos” (Azora 21:91).

E insisto: olvidas, o más bien omites deliberadamente, este pasaje tan significativo del Evangelio, a propósito de la fe de la cananea:

“‘Sí, Señor -repuso ella-, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos’. Entonces Jesús le respondió: ‘Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas'” (Mt. 15, 27-28).

3) ¿Dónde están tus testimonios históricos de las masacres católicas contra los arrianos? Yo puedo mostrarte, entre otros documentos, la crónica de Sulpicio Severo, que ya conocerás, en la que se narra la opresión de los católicos por los arrianos. ¿Qué, si no, iba a mover a un obispo como San Hilario -tantas veces exiliado- a escribir un panfleto durísimo contra nada menos que el emperador Constancio?

Contestaré al resto de tus preguntas (a saber: necesidad de la economía en la salvación de los hombres, prefiguración veterotestamentaria de Cristo) en los mensajes sucesivos. Tu turno.

Saludos.

Daniel.

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SEXTO TURNO.

(6) ABDALLAH YUSUF

En el Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso

La Paz sea con ustedes. Saludos. No, Daniel, no: el debate es sobre TRINIDAD, no sobre Islam. Para debatir sobre Islam abrimos otro foro. La propuesta era sólo para debatir sobre la trinidad. Apegate a lo acordado.

Tú dices que uno tiene pensamientos que proceden de uno y son independientes de uno. También tiene sentimientos y deseos. En consecuencia, quizás se pueda alegar que Dios no necesariamente tiene “tres personas” sino que puede tener más que no conozcamos. Puede tener 4, 10, 99 o infinitas personas. Si es humanamente inconcebible, ¿por qué limitarlo a 3? Tu argumento no me demuestra la existencia vde la trinidad. Es, como todo lo que exponen sobre este tema, una explicación rebuscada más para tratar de explicar algo que no tiene explicación.

¿Por qué digo que no tiene explicación? Simple: Porque es hijo de… o es Dios mismo. Es coeterno o procede de… Son cosas contradictorias en sí mismas. Luego seguimos si Dios quiere. Saludos y que Dios bendiga a quien busca la verdad por la verdad misma. Hay suficiente luz para aquel que quiere ver. Abdallah.

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(6) DANIEL VICENTE

Querido Abdallah:

Has sido tú quien ha criticado la revelación cristiana, alegando que fue manipulada por la tradición a lo largo de los siglos. Yo, sin aceptarte eso, te contesto que vuestra Escritura sí está viciada, pero además “ab initio”, y todo ello sin salirnos del tema de la Trinidad.

Recuerdo, por cierto, que introdujiste la cuestión de los iconos en un mensaje anterior. Aunque la pasé por alto, para no desviarme de nuestro principal cometido, puedes abrir un hilo donde se trate este problema y lo discutiré con mucho gusto.

Volviendo a la Trinidad, comentas:

“Tú dices que uno tiene pensamientos que proceden de uno y son independientes de uno. También tiene sentimientos y deseos. En consecuencia, quizás se pueda alegar que Dios no necesariamente tiene “tres personas” sino que puede tener más que no conozcamos. Puede tener 4, 10, 99 o infinitas personas. Si es humanamente inconcebible, ¿por qué limitarlo a 3?”

No tienes en cuenta que con mi ejemplo no intentaba parangonar la mente humana con la divina, sino sólo mostrarte que es posible que la procedencia implique, al menos, dos manifestaciones distintas en un mismo ser. Siendo este ser infinito, también lo serán sus formas de manifestarse, esto es, su acción y el producto de la misma: sujeto, predicado y objeto; gerundio, infinitivo y participio. Ahora bien, sin entrar en el detalle de que los “sentimientos” que mencionas son pasiones y no puede haber pasión en Dios, mientras que los “deseos” se identifican con su voluntad pura, te contesto del siguiente modo, valiéndome de Ramón Llull (Libro de los secretos de la Santísima Trinidad y de la encarnación):

“Si alguien dijera que hay en Dios más de tres personas e intentase probarlo afirmando que hay en Dios más de tres dignidades: unidad, magnitud, eternidad, poder, sabiduría, y otras; a éste le podemos responder que en Dios cualquiera de estas dignidades es la otra. Así pues, el unificante, el bonificante, el magnificante, el eternizante, el potenciante, y lo que sigue, son una única persona, que es Dios Padre; el unificado, el bonificado, el magnificado, el eternizado, el potenciado, y lo que sigue, son una única persona, que es Dios Hijo; y unificar, bonificar, magnificar, eternizar, potenciar son una única persona, que es Dios Espíritu Santo. Es necesario que esto sea así para que una dignidad de Dios pueda ser igual a otra”.

Y no podemos concebir que Dios y su acción o el producto de su acción sean la misma persona, porque incurriríamos en el absurdo de afirmar que Dios se actúa o se engendra a sí mismo desde la pura nada.

Añade Santo Tomás de Aquino (Compendio de teología):

“Además, como Dios lo abarca todo en una sola mirada de su Inteligencia, y su amor se extiende a todo por un solo acto de su Voluntad, es imposible que en Dios haya muchos verbos o muchos amores; por tanto, si el Hijo procede como Verbo y el Espíritu Santo como Amor, está claro que no puede haber en Dios muchos hijos o muchos espíritus santos.

Más aún, se dice que algo es perfecto cuando es único (en su género). Lo que admite fuera de sí alguna cosa del mismo género no es absolutamente perfecto y, por esta razón, las cosas que son absolutamente perfectas en su naturaleza no se multiplican en número…”.

Puedes acusarme de confiar demasiado en la filosofía, dependiente de la razón natural, y muy poco en la revelación. Termino, pues, este turno reseñando una parte significativa de la justificación veterotestamentaria de la Trinidad que hace Novaciano, autor un siglo anterior al Concilio de Nicea:

<< Moisés escribió además que Dios se apareció a Abrahán “junto a la encina de Mambré, cuando él estaba a mediodía sentado a la puerta de su tienda” (Gen. 18,1), y a pesar de haber visto a tres hombres, llamó a uno de ellos Señor. Después de haberles lavado los pies, les ofrece panes, cocidos al rescoldo, con mantequilla y abundante leche e insiste a los huéspedes, sin dejarles marchar, a que coman. Después de esto, oye que será padre y escucha que Sara su esposa habrá de darle a luz a un hijo suyo y es informado de la destrucción de los habitantes de Sodoma -cosa que merecían padecer-, y se entera de que Dios había descendido a causa del clamor de los sodomitas. Si los herejes pretenden ver en este pasaje que el Padre fue recibido como huésped con dos ángeles, entonces han considerado que el Padre es visible; si por el contrario lo consideran un ángel, dado que sólo uno de los tres ángeles es llamado Señor ¿por qué contrariamente a lo habitual se llama Dios a un ángel? La explicación podría consistir en que para poder atribuir a Dios Padre su propia invisibilidad y poder dejar al ángel su propia inferioridad, hay que creer que quien se apareció a Abrahán y fue recibido como huésped no fue otro que el Hijo de Dios que también es Dios. Hecho huésped de Abrahán prefiguraba simbólicamente lo que había de suceder, que estaría entre los hijos de Abrahán, a cuyos hijos [los apóstoles] les lavó los pies como prueba de que él era el mismo al devolver en los hijos el derecho de hospitalidad, que en otro tiempo le había prestado su padre. (…) Y sin embargo, a pesar de todo esto la misma Escritura divina con razón no cesa de llamar ángel a Dios y de proclamar Dios a un ángel. En efecto, cuando este mismo Jacob iba a bendecir a Manasés y Efraín, los hijos de José, teniendo las manos cruzadas sobre las cabezas de los muchachos, dijo: “Dios que es mi pastor desde mi juventud hasta este día, el ángel que me libró de todos los males, bendiga a estos muchachos” (Gen 48,15-16). Tan es así que al mismo que había llamado Dios lo llama ángel, que al final de la frase puso en singular la persona de la que estaba hablando, cuando dijo: “Bendiga a estos muchachos”. Por el contrario, si hubiese querido que se tuviese al ángel por otro ser distinto, habría abarcado las dos personas con el número plural. Ahora bien, en lo referente a la bendición empleó el número singular de una única persona, con lo que quiso dar a entender que Dios y el ángel eran la misma persona. Pero Dios Padre no puede ser considerado Dios y ángel [enviado], mientras que Cristo sí puede serlo. Fue a éste a quien Jacob indicó como autor de esta bendición al poner sus manos entrecruzadas sobre los muchachos, como si Cristo fuese el padre de ellos, mostrando con la colocación de las manos la figura y la forma futura de la pasión. Por tanto, como nadie duda en llamar ángel a Cristo, que nadie titubee en proclamarlo también Dios, al comprender que éste mismo en el momento de la bendición de estos muchachos, mediante el misterio de su pasión simbolizado en la figura de las manos, era invocado como Dios y como ángel >>.

Me han quedado cosas en el tintero para la próxima ocasión, pero más te van quedando a ti. Espero tus objeciones sobre la totalidad de los puntos tratados.

Saludos.

Daniel.

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SÉPTIMO TURNO.

(7) ABDALLAH YUSUF

En el Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso

La Paz sea con todos ustedes. Saludos: Daniel, tu ejemplo del pensamiento no es aplicable, pues ¿qué es el pensamiento? ¿Tiene una existencia independiente luego de pasar a existir? Digamos, yo pienso en un objeto: ¿Ese pensamiento pasa a tener una existencia independiente? ¿Es algo aparte del ser que piensa?

Quizás sea yo quien no capte la lógica de este mensaje tuyo. Pero francamente no alcanzo a seguir la línea de pensamiento y razonamiento hasta llegar a la trinidad.

En cuanto a los tres visitantes de Abraham (con él sea la Paz), es otro argumento que una vez escuché y también me pareció ridículo y absurdo. No merece mayor comentario: se cae por sí mismo.

No ví tu respuesta sobre cómo la prueba de Jonás, los 3 días y 3 noches, pueden entrar en un día y medio…

La doctrina de la trinidad

Un dogma de fe.

El misterio de la doctrina de la trinidad es para los cristianos, precisamente la raíz de sus creencias. Va mas allá de lo que puede ser una aseveración filosófica. Es un dogma de fe que afecta toda sus creencias, prácticas y modo de vida en general. Y como tal, suelen tener dificultad para explicarlo.

Veamos algunos argumentos planteados por los propios cristianos en defensa de su dogma (extraído de otros foros de internet) :

“El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la ‘jerarquía de las verdades de fe’. Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela, reconcilia consigo a los hombres, apartados por el pecado, y se une con ellos”.

“Los cristianos son bautizados ‘en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo’ (Mt 28, 19). Antes responden ‘Creo’ a la triple pregunta que les pide confesar su fe en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu: ‘Fides omnium christianorum in Trinitate consistit’ (“La fe de todos los cristianos se cementa en la Santísima Trinidad”).

Los cristianos son bautizados en ‘el nombre’ del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y no en ‘los nombres’ de estos, pues no hay más que un solo Dios, el Padre todopoderoso y su Hijo único y el Espíritu Santo: la Santísima Trinidad.

“La Trinidad es un misterio de fe en sentido estricto, uno de los ‘misterios escondidos en Dios, que no pueden ser conocidos si no son revelados desde lo alto’. Dios, ciertamente, ha dejado huellas de su ser trinitario en su obra creadora y en su Revelación a lo largo del Antiguo Testamento. Pero la intimidad de su Ser como Trinidad Santa constituye un misterio inaccesible a la sola razón e incluso a la fe de Israel antes de la Encarnación del Hijo de Dios y el envío del Espíritu Santo”.

Comentario : como vemos, tal como nos ha demostrado Daniel en este foro, los cristianos intentan explicar el dogma de la trinidad expresando un sinnúmero de palabras y frases complicadas que giran entorno a un asunto: la trinidad es un misterio más allá de la razón, incluso inaccesible a la creencia de la Humanidad antes de Jesús (P). Dicen que hay pruebas de la trinidad en la creación y en los textos bíblicos, pero sin embargo no explican cómo los hombres antes de Jesús (P) no alcanzaban a comprender este concepto. Tampoco se explica cómo hoy no se puede comprender el concepto a no ser que se reciba “una revelación desde lo alto”.

Es decir que, como hemos dicho, se trata de un dogma de fe que el creyente debe aceptar sin cuestionar y sin buscarle explicaciones. Si no alcanza a comprenderlo, deberá pedirle a Dios que lo ilumine y le permita aceptar este dogma, o caerá inevitablemente en el abismo de la perdición. Bajo tal presión, al cristiano no le queda otra salida más que aceptar y repetir una y otra vez estos argumentos dogmáticos inentendibles y tan difíciles de explicar en simples palabras.

Argumentos que además son aberrantes al intelecto. ¿Por qué insisto con esto? Porque decir que Dios tuvo que encarnarse para purificar al mundo del pecado y que murió en una forma cruel e inhumana, y este acto salvaje sirvió para salvar a la Humanidad, es una completa aberración sin ningún sentido lógico ni racional. ¿Cómo lo Eterno, Infinito y Absoluto va a encarnarse en una criatura material, limitada y débil? ¿Cómo el resto del mundo puede soportar la Presencia directa de la Divinidad? ¿Cómo es que finalmente muere? ¿Cómo es que necesita de esto para librar al mundo del pecado? ¿Cómo es que un acto salvaje, cruel e inhumano sirve para la redención de la Humanidad mientras que el hombre es que ejecuta el acto con su mano y no quien lo padece con paciencia? ¿Cómo es que finalmente el pecado sigue entre nosotros y la maldad sigue reinando en el mundo? ¿Sería, entonces, necesario que Dios vuelva a encarnarse, vuelva a aparecer entre nosotros para que lo volvamos a matar con crueldad y saña, a fin de librarnos de los pecados que hemos acumulado en los últimos 20 siglos?

[sigue la repetición del apartado “La trinidad y los símbolos asociados” (vid. quinto turno), a la que se añaden los párrafos que reproducimos acto seguido].

¿Con qué fin? En primer lugar, para facilitar que la gente acepte la nueva religión, pues contiene conceptos similares a sus creencias paganas aberrantes. En segundo lugar, con el fin de afianzar el poder de la clase sacerdotal. Pues este Dios encarnado que se sacrifica para redimir el pecado y salvar a la Humanidad, es quien deja como representante Suyo a la Iglesia, la cual llevará adelante la “voz de Dios” en la tierra (especialmente en Europa) como interprete de Su Voluntad, custodio de los Libros Revelados (guardados celosamente por la Iglesia que no dejó que fuesen conocidos durante muchos siglos) y administradora de los rituales de salvación en forma exclusiva. Así, quien desee la salvación deberá recurrir a la Iglesia, aceptar lo que le digan, someterse sumisamente a su poder y conformarse con lo que le brinden de conocimiento sobre religión. La Iglesia les garantiza a los fieles el Paraíso eterno y la felicidad. Sólo les pide una pequeña cosita a cambio: el mundo.

Que la Bendición de Dios sea con quienes buscan la verdad por la verdad misma. Hay suficiente luz para aquel que quiere ver, y quienes buscan la verdad con sinceridad lo comprenden todo. Dios es Amigo de los creyentes sinceros: los extrae de las tinieblas de la confusión y la ignorancia hacia la luz del conocimiento y la buena guía. Que la Paz sea con todos ustedes. Saludos. Abdallah

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(7) DANIEL VICENTE

Estimado Abdallah:

Planteas varias cuestiones difíciles de resolver. La primera es si la encarnación repugna a la naturaleza de Dios. Es decir, te preguntas si Dios omnipotente puede encarnarse sin dejar de ser Dios omnipotente. En segundo lugar, si debe encarnarse para librarnos de nuestros pecados. Te contestaré a lo primero con San Gregorio de Nisa (Gran Catequesis [traducido del catalán]) y a lo segundo con San Ireneo de Lyon (Contra los herejes). Escribe el Capadocio:

<< Dicen que el nacimiento y la muerte son cosa propia de la naturaleza carnal. También yo lo digo. Pero lo que precedió al nacimiento y lo que siguió a la muerte está fuera de nuestra naturaleza. Porque, si contemplamos ambos extremos de nuestra vida, sabemos desde dónde empezamos y hacia qué fin nos dirigimos. En efecto, el hombre empieza a existir a partir de una pasión, y con una pasión se consuma. En cambio, en aquel caso, ni el nacimiento [de Cristo] tuvo lugar a partir de una pasión, ni la muerte terminó en una pasión, ya que ni el placer dominó en su nacimiento, ni la corrupción sucedió a la muerte. ¿No crees en ese milagro? Me alegra tu incredulidad, porque reconoces plenamente que los milagros están por encima de la naturaleza por las mismas razones que hacen que consideres por encima de la fe las cosas que te he dicho. El hecho de que nuestra predicación no vaya por la vía de lo que es natural debería ser para ti un argumento en favor de la manifestación de la divinidad. En efecto, si lo que creemos sobre Cristo cayese dentro de los límites de la naturaleza, ¿dónde estaría su divinidad? Pero, si lo que se relata supera a la naturaleza, aquello que te merece desconfianza indica precisamente que es a Dios a quien predicamos. El hombre nace, efectivamente, a partir de un ayuntamiento y, tras la muerte, entra en la corrupción. Si nuestra predicación se limitara a esto, de ningún modo ibas a creer que es Dios aquel del que testimoniamos haber poseído los atributos de nuestra naturaleza. Pero, si escuchas decir que, pese a que nació, devino fuera de lo común tanto en el modo de su nacimiento como en el hecho de no estar sujeto a la alteración de la corrupción, lo mejor, en buena lógica, sería que enfocases tu incredulidad hacia otra dirección y que pensaras que Él no es un hombre como los que vemos según la naturaleza. (…) ¿Cuál es, pues, la razón -dicen- para que la divinidad haya descendido a una condición tal en que la misma fe pueda dudar de que Dios -realidad inconmensurable, incomprensible e inexpresable, superior a toda gloria y a toda grandeza- se mezcle con la inmundicia de la naturaleza humana, hasta el punto de que con esta mezcla con la bajeza se envilezcan sus acciones soberanas? (…) Examinemos, entonces, en primer lugar, qué es lo contrario de la virtud, cosa que en cierto modo ya hemos investigado en lo que precede. Así como la oscuridad se opone a la luz y la muerte a la vida, así aparece claro que el vicio -y sólo él- se opone a la virtud. De la multitud de cosas que podemos considerar en la creación no hay nada que se oponga a la luz o a la vida salvo aquello que se considera como su propio contrario: no una piedra, un madero, el agua, el hombre ni cualquier otro de los seres, sino la oscuridad y la muerte. Lo mismo sucede con la virtud: nadie dirá que se considere como su contrario ninguna otra criatura salvo el concepto de vicio. Si nuestra doctrina anunciase que la divinidad ha nacido en el vicio, el adversario tendría oportunidad de atacar nuestra fe acusándonos de mantener doctrinas incoherentes e inverosímiles con relación a la naturaleza divina. Efectivamente, sería sacrílego afirmar que la sabiduría misma, la bondad, la incorruptibilidad, o cualquier otro sublime atributo o apelación, ha experimentado un cambio cayendo en su contrario. Ahora bien, si la verdadera virtud es Dios; si ninguna naturaleza se opone a la virtud excepto el vicio; si Dios nace, no en el vicio, sino en una naturaleza humana; si no hay en ello nada indigno o vergonzoso y se es ajeno a la pasión del vicio, en la cual Dios ni nació ni podía nacer según su naturaleza, ¿cómo es que se avergüenzan al confesar que Dios se ha amparado de una naturaleza humana, siendo así que, en la condición humana, no se descubre ninguna oposición con el concepto de virtud? Porque, efectivamente, ni la facultad de razonar, ni la inteligencia, ni la ciencia, ni nada parecido en las propiedades del ser humano es contrario al concepto de virtud. Ahora bien, dicen que la misma transformación que se da en nuestro cuerpo es una pasión. Pero Dios es impasible. Por consiguiente, tienen una concepción extraña de Dios los que determinan que Aquel que es impasible por naturaleza entra en comunión con la pasión. Contra estas objeciones utilizaremos de nuevo el mismo argumento: el término “pasión” se emplea en un sentido propio y en un sentido impropio. Lo que se hace voluntariamente provocando un cambio desde la virtud hacia el vicio es verdaderamente una pasión. En cambio, lo que se observa en la naturaleza, cuando progresa por etapas según una secuencia que le es propia, debería llamarse con mayor exactitud acción antes que pasión. Así, por ejemplo, el nacimiento, el desarrollo, la permanencia del sujeto en la absorción y la evacuación de la comida, la coalición de elementos que forman el cuerpo y la disolución, de nuevo, de este compuesto, con el movimiento de dichos elementos hacia aquello que les es afín. Así pues, ¿con qué se puso en contacto la divinidad según nuestro misterio? ¿Con la pasión en sentido propio -es decir, con el vicio- o con el movimiento según la naturaleza? Porque, si nuestra doctrina asegurase que la divinidad nació sujeta a algo perverso, habría que rechazar el absurdo de esta doctrina, la cual no formularía nada sensato sobre la naturaleza divina. Pero, si se dice que la divinidad asumió nuestra naturaleza, que desde un principio había recibido de ella el nacimiento y la subsistencia, ¿cómo puede decirse que nuestra predicación se aparta de la idea que conviene tener de Dios, puesto que no instamos a entrar a formar parte de la fe a ningún concepto de Dios que suponga una condición pasional? Porque no decimos en absoluto que un médico se convierte en enfermo cuando se dispone a curar al enfermo, sino que, al contrario, tan pronto entra en contacto con la enfermedad, el médico permanece libre del mal >>.

Con respecto a la segunda cuestión, leemos en San Ireneo:

<< Este oráculo [“Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”] quedó manifiesto cuando el Logos de Dios se hizo hombre, asemejándose al hombre y asemejando el hombre a Sí para que mediante la similitud con el hijo se haga el hombre digno de estimación ante el Padre. En los tiempos pasados decíase del hombre que había sido hecho a imagen de Dios, mas no se echaba de ver, invisible como era aún el Verbo a cuya imagen había sido hecho el hombre. De ahí también que perdiera fácilmente la similitud. Mas al hacerse carne el Logos de Dios, autentificó ambas cosas: demostró la verdad de la imagen, hecho en persona lo que era su imagen, y fijó establemente la similitud, asemejando juntamente el hombre al Padre invisible por medio del Verbo visible. No sólo por lo dicho significó el Señor al Padre y a Sí. Los dio también a conocer por la Pasión. En efecto, para deshacer la inobediencia del hombre ocurrida al principio en el árbol, “hízose obediente hasta la muerte y muerte de cruz” (Phil. 2, 8), y sanó con la obediencia ocurrida en el árbol la transgresión habida en el árbol. Mensajero (…) Economía de tal naturaleza no la llevaba a cabo por medio de ajenas creaciones, sino de las suyas propias; ni por frutos de ignorancia o penuria, sino por sustancias provenientes de la sabiduría y poder del Padre. (…) Salta a la vista, según eso, que el Señor vino a su casa, y su propia creación, sostenida por él, le llevó a cuestas. Recapituló la desobediencia que tuvo lugar en el árbol, mediante la obediencia también en el árbol; y la seducción en que incurrió con mal engaño la virgen Eva, destinada ya al marido, la deshizo la verdad con que recibió el buen mensaje del ángel la Virgen María, ya bajo marido. En efecto, así como aquella fue seducida con el discurso del ángel para que huyese de Dios faltando a su palabra, así ésta fue evangelizada con el discurso del ángel para que, obediente a su palabra, llevase a Dios; y si aquélla fue seducida a fin de no obedecer a Dios, ésta movióse por sí a la obediencia de Dios; por donde la Virgen María vino a ser abogada de la virgen Eva; y así como el humano linaje quedó obligado a la muerte por una virgen, fue desligado por otra; he ahí compensada la desobediencia de una virgen por la obediencia de otra. Más aún, el pecado del protoplasto se corrigió con el castigo del primogénito, y la astucia de la serpiente quedó vencida con la simplicidad de la paloma (cf. Mt. 10, 16), rotos los lazos con que habíamos sido atados a la muerte >>.

Sólo me queda aclararte, por el momento, que Cristo derrotó al pecado, pero no lo exterminó. Ello habría supuesto acabar también con nuestro libre albedrío.

Sobre los tres días y las tres noches de Jonás, en relación a la profecía de Cristo, escribe San Agustín de Hipona (Concordancia de los evangelistas):

<< Pues tampoco el mismo triduo de la muerte y resurrección del Señor puede entenderse rectamente a no ser desde este modo de hablar que emplea la parte por el todo. El mismo Mateo dice: “Como Jonás estuvo en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará también el Hijo del hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra.” Si se computa el tiempo, sea desde que entregó su espíritu, sea desde que fue sepultado, no se halla íntegro más que el día del medio; es decir, tomemos el día del sábado entero, esto es, con su noche; en cambio, respecto a los días que le dejan en el medio, es decir, la preparación de la Pascua y el primer día de la semana, al que llamamos domingo, entendamos el todo por la parte. ¿Qué ayuda el que algunos, coartados por estas estrecheces y desconocedores de que este modo de expresión, es decir, el todo por la parte, es de gran valor a la hora de solucionar los problemas de las santas Escrituras, quisieron contar como noche aquellas tres horas, de la sexta a la nona, en que se oscureció el sol, y como día las otras tres horas en que de nuevo fue devuelto a la tierra, es decir, desde la nona hasta su ocaso? Pues sigue la noche del sábado inmediato, que, computada con su respectivo día, harán ya dos noches y dos días; pero, además, después del sábado sigue la noche del primer día de la semana, es decir, del domingo incipiente en la que el Señor resucitó. Habrá, pues, dos noches, dos días y una noche, aunque se pudiera entender entera y no mostrásemos que aquel amanecer es su parte última; por lo cual, ni enumeradas aquellas seis horas, en tres de las cuales se oscureció el sol y en tres de las cuales brilló, se hallará justificación para hablar de tres días y tres noches. Sólo queda, pues, que, mediante aquel modo frecuentísimo de hablar de las Escrituras por el que se entiende el todo por la parte, hallemos como día inicial el tiempo de la preparación de la Pascua en que el Señor fue crucificado y sepultado, y por esa su última parte tomemos el día entero que ya había transcurrido; el día del medio, en cambio, es decir, el sábado, lo tomamos no por una parte, sino en su totalidad; el tercero, a su vez, por su parte primera, es decir, por la noche con su tiempo de día. Así resultará el triduo. Es lo mismo que se dio en los ocho días tras los cuales subió a la montaña. Refiriéndose a ellos, Mateo y Marcos, mirando a los días del medio, íntegros, dijeron “después de seis días” donde Lucas había dicho “después de ocho días” >>.

Espero que esto resuelva tus dudas.

Saludos.

Daniel.

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OCTAVO TURNO.

(8) ABDALLAH YUSUF

En el Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso

La Bendición de Dios y Su Misericordia cubran a quienes buscan la verdad por la verdad misma. La Paz sea con todos ustedes. Saludos. Daniel: tus mensajes no dejan de demostrar la incoherencia del aberrante dogma cristiano, una aberración que contradice la razón, la lógica y el mismo mensaje de los Profetas. Tú dices que Dios es Todopoderoso y por eso podía encarnarse. No es así. Dios es Todopoderoso, sin duda, pero no puede hacer algo que va contra Su propia naturaleza. No puede dejar de existir, pasar a ser limitado, dejar de ser Dios. No podemos argumentar apoyándonos en el Poder Absoluto de Dios para decir que puede hacer algo que va contra Su propio Ser. Pero además ustedes dicen que Dios necesitó encarnarse para redimir a la Humanidad y vencer al pecado, especialmente al pecado original. ¿Por qué Dios necesita hacer esto así? ¿Acaso Dios se equivocó y para enmendar su error se autocastiga encarnando para sufrir una muerte dolorosa? ¿Y cómo un acto cruel, salvaje e inhumano sirve de redención para la Humanidad, si no es un ser humano el que se sacrifica sino Dios Mismo?

Pero cuando uno medita usando la razón en este asunto, surgen otras cuestiones aberrantes que claramente muestran la falsedad del dogma inventado. Porque si Dios tuvo que encarnarse para morir en la cruz a través de un acto de completa maldad y así pudo vencer al pecado, triunfar sobre el mal, redimir a la Humanidad y salvarla, ¿los que cometieron tal acto salvaje y malvado estaban predestinados a realizarlo? ¿Qué hubiera pasado si todo el pueblo judío hubiese aceptado unánimemente a Jesús y no lo hubiesen condenado a muerte? En tal caso, un acto de obediencia, sumisión y piedad hubiera traído el fracaso de la Misión de Jesús como Dios encarnado, mientras que el éxito lo logra gracias a la desobediencia, la rebeldía y el rechazo de un grupo que llevó a tal extremo su negación que lo condenó a una muerte violenta y cruel. Entonces, la obediencia lleva al fracaso mientras que la desobediencia con malicia perversa lleva al éxito (y cuanto más maldad y violencia, mejor). ¿Acaso no es una doctrina aberrante, incoherente, irracional, ilógica y hasta perversa, diría yo?

Es más: leyendo objetivamente los Evangelios, vemos que el modo en general en que Jesús (P) trataba a la gente y a sus discípulos era usando expresiones fuertes y duras (“hombres de poca fe”), muy terminantes cuando se trataban de los enemigos de la verdad (“generación de víboras”, “hipócritas”, etc.) y con mucha firmeza a la hora de actuar (como cuando expulsa a los mercaderes del templo : Mateo 21:12, Marcos 11:15, Lucas 19:45 y Juan 2:13), todo lo que resulta contrario a la creencia cristiana sobre el amor y la función salvadora de Jesús (P) a través de su autosacrificio. Pues si todo esto fuera así, no habría razón para hablarles de ese modo y tratarlos de tal manera brusca. En cambio, si pensamos que su trato tenía la intención de despertarlos, hacerlos tomar conciencia y motivarlos a la búsqueda de la salvación a través del sacrificio, el esfuerzo por la purificación propia, etc., entonces tiene lógica y sentido. En tal caso, su trato responde al amor por ellos, ya que haciéndolos tomar conciencia puede guiarlos hacia la salvación, la cual tendrá lugar de acuerdo al sacrificio que cada uno realice de sí mismo, no al sacrificio de Jesús por ellos. A menos, claro está, que pensemos que Jesús los trataba de esa manera para provocarlos a fin de que ellos cayeran en la rebeldía y el odio hacia él al punto que lo terminaran matando con crueldad, con el objetivo de cumplir su Misión como Dios encarnado, morir a manos de ellos y redimir a la Humanidad venciendo al pecado. No obstante, tal descripción es aberrante al intelecto y al corazón. Por lo tanto, sólo puedo concluir que Jesús los trataba de hacer tomar conciencia y llamarlos a la obediencia a Dios, la sumisión y el camino del bien. Si él los convocaba con buena intención, si ellos hubieran obedecido y no lo hubieran matado, ¿qué hubiera ocurrido? ¿Habría fracasado Dios en su intento de redimir a la Humanidad y vencer sobre el pecado?

Los musulmanes no creemos ni aceptamos el “pecado original”. No creemos que cada ser humano nazca cargando la falta cometida por su ancestro primero, Adán (P). Si bien creemos en Adán (P) y en su historia, el Islam tiene al respecto una visión particular, diferente a la del Cristianismo, y no aceptamos que el error de Adán (P) se haya transmitido a toda la Humanidad, cargando a cada ser humano con un pecado desde su nacimiento. Para el Islam, cada ser humano nace en la pureza, en un estado libre de toda mancha o corrupción o pecado. Y cada alma es responsable sólo por lo que hace, sin cargar con lo que hayan hecho sus antepasados o sus contemporáneos. Dice el Corán :

“Dios no es injusto en absoluto con los hombres, sino que son los hombres los injustos consigo mismos”. (10:44)

Para el Islam, todo ser humano nace puro e inocente, en un estado llamado “fitrah”, su naturaleza primigenia, que es pura y buena. Luego al crecer, a través de su libertad de acción y voluntad elige una de las posibilidades que tiene delante suyo : hacer el bien o hacer el mal. Así va juntando méritos o faltas, y el Día del Juicio será juzgado por esto, recibiendo su remuneración : el premio del Paraíso o el castigo del Infierno.

Como podemos advertir, el Islam posee profundas diferencias de conceptos con respecto al Cristianismo, la religión más conocida en Occidente. Por ejemplo, este mundo, en la visión islámica, es un lugar de prueba. No es un lugar de castigo del hombre por la falta de su padre Adán (P), ni es un sitio de residencia permanente, más allá del cual no hay nada. Es un lugar de paso donde es sometido a una prueba por parte de Dios. Y como es un lugar de paso, tarde o temprano las criaturas tienen que abandonar este mundo para ir a la Morada Permanente. Por lo tanto, la muerte es una necesidad, es una puerta de paso hacia otro estado y no un castigo.

Las condiciones del mundo son las óptimas para que cada ser humano supere con éxito su prueba y alcance el éxito en la Morada Permanente : el Paraíso. Cada ser humano nace en el sitio y la época que son las más propicias para que supere su prueba y logre un buen resultado final. Como las condiciones de cada individuo son diferentes a las de los demás, existe entonces una gran diversidad de estados, cada uno con su grado de responsabilidad y todos con las mismas oportunidades ante Dios.

Todas los seres humanos tienen la misma posibilidad de superar la prueba y obtener la Gracia de la Recompensa Divina en el otro mundo. Dios es Sabio, Justo, Generosísimo y Misericordiosísimo. Otorga a cada individuo una posibilidad igual a la de otros y toma en cuenta todas las consideraciones.

Para los musulmanes, Jesús (P) es un Profeta, uno de los más grandes Mensajeros, el Mesías prometido al pueblo de Israel. Pero no es “hijo de Dios” ni “Dios encarnado” o “Dios Hijo” como parte de la trinidad. Los musulmanes rechazamos por completo el concepto de trinidad y de divinidad de Jesús (P). Para el Islam Jesús (P) es un ser humano tal como lo eran los demás Profetas. A pesar de aceptar que haya nacido de una virgen, sin un padre biológico, no se considera a Jesús como hijo de Dios ni como algo más que un ser humano. Así como Dios hizo a Adán (P) sin padre ni madre, hizo a Jesús (P) sin la intervención de un padre, como parte de los signos milagrosos que lo individualizaban como el Mesías esperado. Por otra parte, el Mensaje de Jesús (P) no fue universal, sino que era limitado y restringido para el pueblo de Israel. Y no vino a modificar la Ley de Moisés (P) sino a cumplirla y hacerla cumplir entre los judíos. La universalidad del Mensaje de Dios tiene lugar con el Profeta Muhammad (BPD), quien trajo un Mensaje, el Islam, y un Libro Sagrado, el Corán, para todos los pueblos de todas las épocas hasta el fin de los tiempos.

Saludos a todos y que Dios Bendiga al sincero buscador de la verdad. Abdallah

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(8) DANIEL VICENTE

Abdallah:

Tu versión tendenciosa y superficial del sacrificio de Cristo patentiza que no lo comprendes. La piedad que él tuvo contigo se la pagas tú con malicia y desaire fariseo.

1) No va contra el ser de Dios el encarnarse. La encarnación es un milagro del más alto orden y, como tal, escapa a la comprensión de los hombres, así como a la de los ángeles. No se sustrae a ella, añado, por atentar contra la razón o el sentido moral de las criaturas, sino porque los supera infinitamente. He aquí el prodigio: Cristo mantuvo su naturaleza divina y, sin renunciar a ella, haciéndose maldición, se revistió de la naturaleza humana. Puede resultar chocante a alguien ajeno a nuestros misterios que Dios, que es inmutable, progrese y evolucione (como nos cuenta Lucas al narrar la infancia de Jesús), sienta hambre y sed, pueda ser tentado, experimente pasión en el patíbulo, etc. Los cristianos afirmamos -con contradicción aparente- que Dios Hijo sufrió, pero no así Dios Padre, y que no obstante ambos son un mismo Dios. Ahora bien, ello se explica por la doble naturaleza de Cristo, divina y humana, unidas en una sola persona (en la llamada “comunicación de idiomas”) y, sin embargo, inmiscibles. Así, pues, Jesucristo padeció por su filiación con la estirpe de David, no por su origen divino. Dios no descendió a la carne, sino que la carne ascendió a Dios, santificándose por Él. Se resuelven de este modo todas las aporías teológicas que esbozas y que los Padres no ignoraron. Escribe San Cirilo de Alejandría (¿Por qué Cristo es uno):

<< ¿Quién sería tan insensato e ignorante como para pensar que la naturaleza divina del Verbo pueda convertirse en algo que no era o para imaginar que la carne, transformándose, haya llegado a ser de la misma naturaleza que el Verbo mismo? Eso es imposible. Lo que nosotros decimos es que hay un solo Hijo y que una sola es la naturaleza del Hijo, aunque se admita que ha asumido carne dotada de alma intelectual. Según dije, hizo suyo lo humano y en ese sentido, y no en ningún otro, lo confesamos nosotros Dios y hombre al mismo tiempo >>.

Más adelante:

<< ¿No decimos acaso que el hombre, entendido en el sentido que lo somos nosotros, es uno y que una es su naturaleza, a pesar de que no es homogéneo, sino compuesto de dos elementos, el alma y el cuerpo? (…) Y si alguien tomase aparte la carne, separándola del alma que le está unida, ¿no dividiría en dos hombres al que es uno, destruyendo así lo que le es característico? >>.

Prosigue:

<< También el sapientísimo Pablo escribe “Aun cuando nuestro hombre exterior se va desmoronando, el hombre interior se va renovando de día en día” (2 Co. 4, 16). (…) Él conocía a la perfección las partes que componen este único ser y establece entre ellas una diferencia que es sólo metafórica. Por hombre interior entiende el alma y por hombre exterior, el cuerpo. Está recordando el uso de las Sagradas Escrituras, que a veces mencionan una parte para referirse a la totalidad del hombre vivo, como cuando Dios dice: “Derramaré mi espíritu en toda carne” (Jl. 3, 1). Y también cuando Moisés se dirige a los israelitas: “Cuando tus padres bajaron de Egipto eran setenta y cinco almas” (Dt. 10, 22). Y otro tanto habremos de encontrar a propósito del Emmanuel. Después de la unión, de la unión con la carne, aunque se le llama Unigénito y Dios de Dios, no se ha de entender que sea sin la carne, que no sea hombre. Y aunque se le llama hombre no se quiere negar que sea Dios y Señor >>.

Para terminar:

<< Si piensan que, por no ser nada ante la naturaleza divina, la naturaleza humana desaparece y, según dicen ellos, se dispersa, habremos de responderles: “Os equivocáis y no conocéis ni las Escrituras ni el poder de Dios” (Mt. 22, 29). Pues, en efecto, no resulta imposible a la bondad de Dios hacerse capaz de soportar los límites de la humanidad. Eso es lo que, para empezar, quiso significar Moisés, de modo misterioso, cuando, figuradamente aún, describió el misterio de la Encarnación. Dios se manifestó en el desierto en una zarza, bajo la forma de una llama de fuego que ardía en la zarza sin que ésta se consumiera, hecho ante el cual Moisés quedó estupefacto ¿Cómo existían simultáneamente el fuego y la leña? Algo tan fácil de quemarse soportó la violencia de la llama. Era sólo, como ya he indicado, un símbolo del misterio venidero y significaba que la naturaleza divina del Verbo habría de soportar, por decisión propia, los límites de la naturaleza humana. Pues para Dios nada hay imposible >>.

Como expresé al final de mi primer turno, para ser el mayor también hay que ser el mayor en caridad. Caridad es amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. El dios de los musulmanes, Allah, que no engendra, que no ofrece a su Hijo para la salvación de la humanidad (la cual, lejos de ser su prójimo, es la grey de sus esclavos), ése no es un dios caritativo, porque, si fuera verdadermente Dios, podría y debería hacerlo; pero no lo hace, ni lo ha hecho, ni lo va a hacer. Cualquiera, entonces, puede ser más caritativo que Allah. Cualquier mártir de Allah que se deje matar por su causa y ore por la salvación de sus verdugos es más caritativo con Allah de lo que Allah lo fue con ellos y con él mismo. ¿Admites que la caridad es una virtud? De contestar afirmativamente, se siguen las consecuencias que muestro. Y, si se niega y se la asimila entre los vicios o las acciones indiferentes, ¿no habrá que decir que el Islam es una doctrina aberrante y deshumanizadora?

2) Dios no se equivocó en nada al crearnos, fuimos nosotros los que pecamos (y lo hacemos constantemente cuando olvidamos a Dios) a causa de un uso ilegítimo de nuestro albedrío. Quizá los partidarios del hado y la fatalidad (“fatum mahometanum”) no podáis entender esto sin ver en ello un absurdo, pero no lo hay. Absurdo es negar el libre albedrío y atribuir el mal moral a Dios.

3) Dios, por último, no vino a que le mataran, pero sabía que le matarían. Vino a traer la salvación, tanto si se aceptaba como si no. También Moisés tuvo que imponerse a un pueblo rebelde, y no por ello promovió la desobediencia ni ella era parte de su misión: más bien su presupuesto. O, para expresarme filosóficamente, la muerte de Jesús iba a suceder así (era el único hecho composible), aunque no era necesario que sucediera así (no era el único hecho posible). ¿Acaso no pudo Dios hacer de Mahoma un idólatra? Pero ésta, me dirás, es una posibilidad no actualizable. Muy bien, te contesto en tus mismos términos: aplícalo a la crucifixión.

Un comentario más. Como musulmán dices que te resulta escandaloso que alguien muera por ti a causa de tu falta, falta que, por si fuera poco, afirmas que no te afecta. Pues bien, leo en un foro afín a tu religión el siguiente titular:

“Italia es humillada por un héroe musulmán” ( )

Se refiere a la noticia sobre un inmigrante nigeriano que perdió su vida por salvar la de un hombre que iba a ahogarse. La falta la cometió dicho hombre, tanto si fue más allá de su capacidad por imprudencia, como si, aún sin concurrir su voluntad, quedó atrapado por un cambio súbito del oleaje (en este caso diríamos que, aunque no cometiera la falta en sentido propio, quedó afectado por ella). Y es heroico que se le salvara y que se perdiera la vida por intentarlo. ¿Ves por dónde voy? Cristo murió no por un solo hombre, sino por toda la humanidad. Cristo no improvisó nada en un momento desesperado, sino que cumplió aquello para lo que había nacido. Cristo no humilló sólo a Italia, mejor dicho, a la Roma pagana, sino que acabó con la pujanza de los démones. ¿Y sigues creyendo que no le debéis homenaje por eso y sí por ser el precursor de vuestro Mahoma?

Dejo para más adelante el examen pormenorizado del pecado original, subtema digno de otro hilo, aunque por razón de coherencia lo trataré en éste.

Saludos.

Daniel.

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NOVENO TURNO.

(9) ABDALLAH YUSUF

En el Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso

La Bendición de Dios y Su Misericordia cubran a quienes buscan la verdad por la verdad misma. La Paz sea con todos ustedes. Saludos.

Las respuestas brindadas por Daniel dejan en claro que el dogma trinitario no tiene coherencia ni base racional lógica que se pueda razonar intelectualmente. La explicación de los 3 visitantes que tuvo Abraham (la Paz sea con él) es un claro ejemplo de esto, pretendiendo ver una representación de la trinidad en ese hecho. Otro ejemplo lo tenemos en el intento de explicar cómo 3 días y 3 noches, es decir 72 horas, pueden caber en un período de poco más de un día y medio, que cuanto mucho fueron 40 horas o un poco más. Pues Jesús (la Paz sea con él) dijo que iba a dar la “prueba de Jonás” y estar desaparecido 3 días y 3 noches. Si falleció a lo sumo el viernes al mediodía y ya en la madrugada del domingo había resucitado, por más que pretendamos que los días duras 2 o 3 horas, sigue faltando por lo menos una noche. Sin embargo, si empezamos a contar desde el momento en que supuestamente Jesús es capturado, la madrugada del jueves, desde ese momento a la madrugada del domingo sí hay 3 días y 3 noches, es decir 72 horas completas. Podríamos deducir que en ese momento el verdadero Jesús desapareció y fue capturado otro en su lugar, por lo que el crucificado fue otro y no Jesús, tal como sostiene el Sagrado Corán. Claro que esto tira abajo todo el dogma cristiano, pues si Jesús no murió en la cruz, no vino con el objetivo de ser sacrificado, entonces no vino a redimir a la Humanidad del pecado original, sino que vino por otra razón.

En cuanto al intento de explicar cómo no va contra el ser de Dios el encarnarse, no es más que otro intento fallido por explicar lo inexplicable, lo irracional, lo ilógico. Sólo confirma lo que dijimos desde el primer momento.

Pero quizás la cumbre de la incoherencia llega al confundir a Dios con el Hijo de Dios. Porque si Dios encarnó, no sacrificó a Su hijo sino que se sacrificó a Si Mismo. Luego, Jesús ¿era Hijo de Dios o Dios Mismo encarnado?

Vamos a explayarnos un poco sobre el tema del pecado original y el sentido de la muerte de Jesús (la pasión), pero antes quisiera exponer también otros argumentos que muestran usando la lógica y los propios textos bíblicos, que el dogma trinitario es un invento irracional e insostenible. Para esto voy a tener que usar varios mensajes, disculpándome de antemano por lo extenso del material. Voy a publicar una parte hoy y si Dios quiere la otra mañana, para que tengan tiempo de analizarlo y reflexionarlo. Les pido que se tomen la molestia de leerlo con atención y luego pueden cuestionarlo si lo desean. Y no se preocupen por un recalentamiento del debate, pues lo pactado era concluir el debate este mismo fin de semana. Y no creo que valga la pena prolongarlo más.

Saludos a todos y que Dios Bendiga al sincero buscador de la verdad. Abdallah

En el Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso

La Bendición de Dios y Su Misericordia cubran a quienes buscan la verdad por la verdad misma. La Paz sea con todos ustedes. Saludos. Hemos dicho más de una vez que el dogma de la trinidad es ilógico, irracional, incomprensible, inaceptable por el intelecto sano y pensante. Ahora veremos si realmente concuerda con las palabras de Jesús y sus enseñanzas.

[repetición de fragmentos del turno segundo].

El punto es que, como casi toda la teología y las creencias cristianas, estas no tienen basamento alguno en la Biblia. Los dogmas fundamentales fueron creados por hombres, a los que se les atribuyó para esto una supuesta guía e infalibilidad otorgada por el Espíritu Santo. La pregunta que surge es la siguiente: si Dios hubiera querido explicar Su Naturaleza como de un Dios en tres personas o “Dios trino”, ¿por qué no mencionó esto explícitamente en la Biblia? De ser así, no se hubiera necesitado ningún Concilio para que aclarase el punto y fijase el dogma, y mucho menos, escribas mentirosos para que alteraran las Escrituras para que cuadraran con sus decisiones.

[…]

Es importante tener en cuenta que la doctrina de la trinidad no se deja ver en el Antiguo Testamento y tampoco en el Nuevo Testamento. Lo que se encuentra en el Nuevo Testamento sobre la trinidad (y lo que se quiera ver en el Antiguo Testamento) no son más que expresiones que se asimilan al Dios trinitario y que son la base para las definiciones de fe trinitaria, como se entiende ahora. Tales definiciones tuvieron lugar y tomaron forma después de Jesús (P) y de los apóstoles. La mayoría de estas expresiones han sido identificadas y reconocidas como agregados posteriores, y en otra parte es claro que han sido alteradas para coincidir con el dogma. Como por ejemplo, el versículo de la Epístola 1 de Juan, 5:7, única mención al “Dios trino” en toda la Biblia, reconocida como un agregado espurio.

[…]

La “primera persona” de la trinidad.

En el Sagrado Corán vemos el uso de la palabra “Señor” para referirse a Dios, en el sentido de Creador y Educador, Aquel que administra los asuntos de las criaturas favoreciendo su desarrollo y guiándolas para que alcancen su plenitud. Y dice claramente :

“Jamás Ha engendrado ni Ha sido engendrado, y nunca nadie se Le asemeja.” (112:3 y 4)

En consecuencia, Dios no es “padre” ni “hijo” en el sentido que no engendra ni ha sido engendrado. No surge de El, Exaltado y Glorificado sea, ningún semejante por ningún proceso de engendramiento. Esto es muy claro en las enseñanzas coránicas.

En cambio en la Biblia vemos el uso del término “Padre” referido a Dios en lugar del término “Señor”.

La invocación de Dios como “Padre” es conocida en muchas religiones. La divinidad es con frecuencia considerada como “padre de los dioses y de los hombres”. Es una concepción común entre paganos. Los idólatras consideran que algunos de sus ídolos o “dioses” son “Dios padre”, otros “Dios madre” y otros “Dios hijo”.

Al designar a Dios con el nombre de “Padre”, se indica principalmente dos aspectos: que Dios es origen primero de todo y autoridad trascendente y que es al mismo tiempo “bondad y solicitud amorosa” para todos sus hijos. El lenguaje usado se sirve así de la experiencia humana de los padres que son en cierta manera los primeros representantes de Dios para el hombre. Pero esta experiencia dice también que los padres humanos son falibles y que pueden desfigurar la imagen de la paternidad y de la maternidad. He aquí la primera falla del uso de tal terminología : el montar una imagen antropomórfica de Dios para terminar atribuyéndole los vicios y defectos humanos. Muchos versículos de la Biblia dejan ver esta falla :

“Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo y reposó…” (Génesis 2:2)

“Y oyeron la voz de Jehová que se paseaba en el huerto al aire del día…” (Génesis 3:8)

“Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra y le dolió en su corazón” (Génesis 6:6)

“Y dijo Jehová en su corazón : No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre…” (Génesis 8:21)

Esta concepción antropomórfica domina toda la creencia cristiana.

La segunda falla de tal atribución es aún más notoria y peligrosa : implica el considerar a Dios como Padre en relación a una entidad exclusiva, la cual llevará el epíteto de “Hijo”. En efecto : el uso de tal terminología, que en un principio parece una simple consideración nominal, ha servido para dar lugar a las complejas consideraciones trinitarias. Pues a partir de tales términos se cayó en la necesidad de definir la naturaleza del “Padre” y del “Hijo”y la relación entre ambos, desembocando en el Concilio de Nicea. Toda una ironía que hayan cometido un error que el mismo Pablo en su Epístola a los Romanos advierte :

“Y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible” (Romanos 1:23)

El problema se subsana al definir correctamente los términos : Dios es Señor de todas las criaturas y de los Universos, Creador y Administrador de todas las cosas, Compasivo y Misericordiosísimo, pero no “Padre” de ninguna criatura en particular en el sentido de haber engendrado algún semejante.

Algunos párrafos de los Evangelios señalan esto con claridad :

En Juan 20:17 dice “Jesús le dijo: “Suéltame, pues aún no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre, que es vuestro Padre; a mi Dios, que es vuestro Dios.”

En Mateo 23:9 Jesús dice : “No llaméis padre vuestro a nadie en la tierra ; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos”

En Juan 8:39 a 47 vemos que los eruditos judíos le plantean a Jesús que ellos tenían un padre que era Dios. Jesús (P) no declara que esto es imposible, pues él es el único hijo de Dios, sino que dice : “Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais ; porque yo de Dios he salido y he venido ; pues no he venido de mí mismo, sino que El me envió.”

Jesús (P), en las palabras que nos llegan de los propios evangelios, no niega que determinadas personas puedan ser llamadas o consideradas “hijos de Dios”, lo cual no implica que El los haya engendrado. Tal como figura en el sermón de la montaña : “Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9)

[…]

El hombre debe apegarse a las expresiones y palabras explícitas, no a las alegorías que requieren interpretación. En las palabras explícitas, Jesús (P) ha declarado no ser Dios, tal como veremos a continuación.

Pruebas que evidencian que Jesús no es Dios.

Vamos a revisar algunos argumentos desde el ‘Nuevo Testamento’ para comprobar a partir de los mismos Evangelios que Jesús no es Dios, y que sólo era un Profeta:

Jesús no conoce lo oculto:

“Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo ni el hijo, sino el padre” (Marcos 13:32)

Es decir, solamente Dios conoce lo oculto (y lo aparente) de todas las cosas, y El le otorga tal conocimiento a quien El quiere. Gracias a esto, Jesús (P) tenía determinados conocimientos ocultos, tal como lo tuvieron todos los Profetas. Pero es algo que Dios Mismo le otorga, y él sin esto no puede acceder a tal conocimiento.

Jesús tampoco conoce mucho de lo manifiesto:

“Al día siguiente, cuando salieron de Betania tuvo hambre, y viendo de lejos una higuera que tenia hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero, cuando llegó a ella nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos” (Marcos 11:12-13)

¿Es posible considerar que el Creador y Administrador no conozca la estación de las frutas? Pero veamos otro ejemplo : En Mateo 9:18 a 26, Marcos 5:21 a 43 y Lucas 8:40 a 56 se relata uno de los milagros donde una mujer logra curarse de su dolencia tocando el manto de Jesús (P) por detrás, sin que él lo supiese. Jesús (P) se da cuenta que algo había ocurrido y preguntó con insistencia : ¿Quién ha tocado mi manto?” Si fuese Dios, ¿necesitaría preguntar?

Jesús no es igual a Dios:

“Porque el Padre mayor es que yo”. (Juan 14: 28)

Esta declaración clara y explícita además de echar por tierra el dogma de la consubstancialidad diferencia claramente a Dios, el Señor y Dueño absoluto, del siervo, una criatura siempre menor.

Jesús no es Poderoso:

“No puedo hacer nada por mí mismo”. (Juan 5: 30)

¿Qué quiso decir con ‘nada por mí mismo’? Lo que cualquier Profeta anterior a él dijo: Todo se hace en nombre de Dios, nuestro Creador y no porque un ser humano pueda hacer nada por su propia cuenta.

En Mateo 20:23 y Marcos 10:40 vemos que ante una petición concreta de Santiago y Juan, Jesús (P) responde : “El sentaros a mi derecha y a mi izquierda no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre.” Es decir que admite no poder otorgar una petición a dos de sus discípulos más cercanos e íntimos, pues esto que le pedían no dependía de él sino del Padre, de Dios.

Por otra parte, el realizar milagros asombrosos no lo convierte en Dios, pues otros Profetas e incluso personas comunes los hacían. En Hechos 14:8 a 17 vemos que Pablo y Bernabé son tomados por dioses porque realizaban milagros, y ellos rechazan, porque es Dios Quien realiza estos portentos. “Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo” (Hechos 19:11)

Jesús no acepta que lo llamen “bueno”:

“Entonces vino uno y le dijo: maestro bueno: ¿Qué bien haré para tener la vida eterna? Él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino uno: Dios”. (Mateo 19:16-17)

¿Han visto que Jesús no acepta que le llamen bueno? Y no acepta que le llamen Dios, porque él solo era Profeta de Dios, no Dios Mismo.

Jesús es tentado por Satanás:

“Y luego el espíritu le impulso al desierto y estuvo allí en el desierto cuarenta días y era tentado por Satanás” (Marcos 1:12-13)

Esto contradice el dicho de la Biblia que dice: “porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie” (Santiago 1:13)

Quizás alguno pueda alegar que en definitiva Satanás no logró doblegar a Jesús (P) con su tentación y no hay contradicción con las palabras de Santiago. No obstante, ¿puede ser tentado Dios? Es decir, si Jesús fuese Dios, no hubiera sido llevado al desierto, ni hubiera sido tentado. Porque Satanás en cualquier caso, es inferior a Dios y por supuesto a Jesús. Y si afirmamos que pudo tentar a Dios, entonces es como un oponente de Dios capaz de tentarlo, lo cual carece de lógica y fundamento.

También alguien puede argumentar que el mismo Jesús (P) como respuesta a Satanás le dice : “No tentarás al Señor tu Dios” (Mateo 4:7). No obstante, si se lee completo el párrafo de Mateo 4:1 a 11 se entiende claramente que no se está refiriendo a él mismo como a Dios. Veamos esto por partes :

Primero en Mateo 4:1 a 4, Satanás tienta a Jesús que está ayunando diciéndole que convierta las piedras en pan para comer, y la respuesta de Jesús es “No sólo de pan vive el hombre”. Es decir que está afirmando su propia condición humana. Luego, en Mateo 4:5 a 8, Satanás lo lleva al pináculo del templo y le dice que se tire desde allí, pues Dios seguramente mandará a los ángeles para impedir que caiga, y Jesús responde “No tentarás al Señor tu Dios”. Es decir que él afirma que no va a tentar a Dios, no va a poner él a prueba a Dios. Finalmente, en Mateo 4:9 a 11, Satanás le ofrece todo el mundo a Jesús si él acepta adorarlo. Y Jesús responde : “Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a El sólo servirás”. Es decir que Jesús sostiene que sólo va a adorar y servir a Dios, con lo cual queda claro que él no es Dios.

Jesús no es enviado para toda la Humanidad:

“Él respondiendo, dijo: no soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 15:24).

Tal como antes vimos, la Misión de Jesús (P) no abarca toda la Humanidad sino a las tribus de Israel.

Jesús tuvo hambre y sed:

“Por la mañana, volviendo a la ciudad tuvo hambre” (21:18) “dijo: tengo sed” (Juan 19:28)

Jesús duerme:

“Mientras navegaban, él se durmió entonces Jesús, cansado del camino se sentó así junto al pozo” (Juan 4:6)

Comer, beber y dormir forman parte de las necesidades de las criaturas, las cuales son limitadas, débiles, dependientes. Tales cualidades no son compartidas por Dios en absoluto. Jesús (P) dormía mientras que Dios nunca duerme : “He aquí, no se adormecerá ni dormirá Él que guarda a Israel.” (Salmos 121:4)

Jesús se estremece y se conmueve:

“Se estremeció en espíritu y se conmovió” (Juan 11:33)

Jesús llora:

“Jesús lloró” (Juan 11:35) “comenzó a entristecerse y a angustiarse” (Mateo 26:37) “Entonces Jesús les dijo: mi alma está muy triste hasta la muerte” (Mateo 26:38)

Llorar, conmoverse, estremecerse, todo forma parte de las cualidades humanas, no del Ser Perfecto, Inmutable y Absoluto que es Dios.

Jesús es débil:

“… y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle” (Lucas 22:43)

Si Jesús hubiese sido Dios, como afirman los cristianos, no hubiera necesitado que un ángel (que es creación de Dios) y le hubiera tenido que fortalecer puesto que sabemos que Dios es más Poderoso que ningún otro ser, que Dios es Omnipotente y No Necesita del auxilio de nada ni nadie.

Incluso en Mateo 9:35 a 38 vemos que Jesús (P) advierte que el trabajo que tiene con los discípulos es mucho para ellos y dice “Rogad, pues, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies”.

Jesús se esconde:

“Así que, desde aquel día acordaron matarle, por tanto, Jesús ya no andaba abiertamente entre los judíos’ (Juan 11:53-54) ‘uno de los alguaciles, que estaba allí, le dio una bofetada… le respondió: ¿Por qué me golpeas?” (Juan 18:22-23)

Incluso en algunas oportunidades les pidió a aquellos a quienes benefició con algún milagro, que no le dijeran nada a la gente sobre sus portentos y que siguieran los mandatos de la ley de Moisés (ver Mateo 8:1 a 4). Y resulta muy claro en Getsemaní que él no quería afrontar la prueba que se aguardaba : “Padre mío: si es posible, pase de mí esta copa ; pero que no sea como yo quiero sino como Tú quieres”. (Mateo 26:39)

Jesús oraba por las noche, postrado y al aire libre:

“… Yendo un poco adelante (Jesús) se postró sobre su rostro orando” (Mateo 26: 39)

“… Yéndose un poco adelante (Jesús) se postró en tierra, y oró” (Marcos 14: 35)

Al margen de considerar la forma de oración y rezo que Jesús y los Profetas (P) enseñaron, que es la forma que se sigue en el Islam y que los cristianos nunca adoptaron, el punto es que adora y expresa devoción a Dios, lo cual deja a las claras que es siervo de Dios, no Dios Mismo.

Hemos visto algunos argumentos que evidencian a través de los mismos Evangelios que Jesús (P) no es Dios. A continuación expondremos los argumentos usados para sostener la Divinidad de Jesús y los rebatiremos todos usando los mismos textos bíblicos tal como hoy se encuentran.

Argumentos referidos a la filiación Divina de Jesús.

¿Jesús es el Hijo de Dios?

El Concilio de Trento (1545-1563) define que el sentido del dogma es: La persona que subsiste en la naturaleza humana, (de Cristo) es el Hijo natural de Dios. La filiación es propiedad de la persona, no de la naturaleza. En Cristo no hay más que una persona que procede del Padre por generación eterna, por lo mismo en Cristo no puede haber más que una filiación de Dios: la natural.

Si bien resulta difícil armonizar esta afirmación con la consubstanciación y coeternidad de Jesús, como ya dijimos antes: todo el credo es difícil de explicar y entender. Veamos qué dice la misma Biblia:

En el bautismo de Jesús por Juan el Bautista en Mateo 3:17: “Y he aquí una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo consentimiento.”

Pero no se debe aceptar la palabra Hijo literalmente, porque muchos Profetas y la gente común son también llamados hijos de Dios en la Biblia :

“Y (Moisés) dirás al Faraón; Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito.” (Éxodo 4:22)

“Él [Salomón] edificará una casa a mi nombre, y él será mi hijo, y yo seré su padre; y afirmaré el trono de su reino sobre Israel para siempre.” II Samuel 7:13-14 6 I Crónicas (Paralipómenos) 22:10.

“Soy para Israel un padre, y Efraín es mi primogénito.” (Jeremías 31:9)

Esto al margen de que en Exodo 4:22 se acaba de llamar a Israel primogénito también. ¿Cuál es el primogénito, Israel o Efraín?

La gente común también pueden ser hijos de Dios :

“Ustedes son los hijos del Señor Dios” (Deuteronomio 14:1).

“Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9)

“Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra ; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.” (Mateo 23:9)

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios… Amados, ahora somos hijos de Dios.” (1Juan 3:1 y 2)

Incluso la gente común también pueden ser llamados primogénitos :

“Porque a los que antes conoció, Él (Dios) también predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, que el también sea el primogénito entre muchos hermanos.” (Romanos 8:29)

En cuanto a que es el Hijo Unigénito de Dios, mucho antes de que naciera Jesús, Dios dijo a David : “Yo publicaré el decreto: Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy.” (Salmos 2:7) Así que David también es el hijo unigénito de Dios. Y si leemos el párrafo, vemos que se está refiriendo a David (P), no a Jesús (P) como interpreta Pablo en Hechos 13:33.

El significado de “hijo de Dios” no es literal sino metafórico. Puede referirse a cualquiera que tenga el amor de Dios. Jesús también dijo que Dios no era sólo su Padre sino también Padre de todas las personas en general : “Para que sean hijos de nuestro Padre”; y “Sean, pues, perfectos, como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” (Mateo 5:45-48).

Así que en muchos pasajes de la Biblia “Hijo de Dios” se usa con el significado de amor y afecto, proximidad a Dios, aplicado no sólo a Jesús. Verás hijos e hijas de Dios (II Corintios 6:18): “Y seré a vosotros Padre, Y vosotros seréis mis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.” A la vista de estos y otros pasajes de la Biblia, no hay razón alguna para considerar a Jesús el Hijo de Dios en un sentido literal o exclusivo.

Si alguien argumenta que como Jesús no tuvo padre, entonces es “hijo de Dios”, ¿por qué no considera así pues a Adán también el Hijo de Dios? No tenía padre ni madre, y también es llamado Hijo de Dios en Lucas 3:38: “Seth, que fue de Adán, que fue [hijo] de Dios.”

En Hebreos 7:3. dice : “Sin padre, sin madre, sin linaje; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, más hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote continuamente.”

¿Quién es él? La respuesta está en Hebreos 7:1: “Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, el cual salió a recibir a Abraham”. Él es más único que Jesús o Adán. ¿Por qué no es preferido como hijo de Dios o Dios mismo?

La metáfora se usa abundantemente en la Biblia, a veces exageradamente; (Exodo 3:8): “a tierra que fluye leche y miel”. También en Deuteronomio 1:28: “las ciudades son grandes y encastilladas hasta el cielo”. Y en Deuteronomio 9:1: “para entrar a poseer naciones más numerosas y más fuertes que tú, ciudades grandes y encastilladas hasta el cielo.”

Si sabemos que la Biblia habla en metáforas y exageraciones, podemos entender fácilmente que incluso la expresión Hijo de Dios no tiene el significado literal que tiene para nosotros el ser hijos de nuestros padres.

Ya vimos que la expresión Hijo de Dios es abundantemente aplicada en la Biblia a otras figuras aparte de Jesús (P). (Mateo 5:9): “Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios.” (1 Juan 5:2): ” …. En esto conocemos que queremos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos.” (Romanos 8:14): “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.” (Filipenses 2:14-15): “Hagan todo sin murmuraciones ni contiendas, Para que sean irreprensibles y sencillos, hijos de Dios.”

Las palabras “hijos de Dios” han sido usadas por todos los israelitas en el Deuteronomio 14:1 y 32:19, Isaías 63:8 y 16 y en Oseas 1:10. Véase también Job 38:7 y Génesis 6:2-4. La expresión “tu padre” ha sido utilizada cuando Dios se dirige a los discípulos y otros (Mateo 5:45): “Para que sean hijos de nuestro Padre”. Véase también Mateo 5:16 y 48, Lucas 12:30 y 11:2. A veces las palabras “padre” e “hijo” se usan para acentuar y remarcar su asociación con otras cosas como en la expresión “padre de la mentira”, “hijos del infierno” e “hijos de Jerusalén” utilizadas por Cristo (P) para con los judíos en Mateo 23. De la misma manera, “hijos de Dios” e “hijos del Día del Juicio” ;se refieren a la residencia del Paraíso. Hijo de Dios significa nada menos que una persona piadosa querida de Dios. Lo contrario es “hijo del Diablo” que fue usado por Jesús (P) cuando discutió con los judíos (Juan 8:44): “Ustedes de su padre el diablo son.” Es obvio que ni Dios ni el diablo pueden ser padres de alguien en el sentido estricto de la palabra. Es por tanto necesario entender estas palabras en un sentido metafórico.

Jesús (P) niega las falsas doctrinas respecto a él.

En Lucas 4:41 figura : “Y salían también demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres Cristo el Hijo de Dios. Más riñéndolos no les dejaba hablar; porque sabían que él era el Cristo.”

Está claro aquí que rehusaba ser llamado Hijo de Dios. Rehúsa de nuevo en Lucas 9:20-21, e incluso les acusó de ello:

“Y [Jesús] les dijo [a los apóstoles]: ¿Y ustedes, quién dicen que soy? Entonces respondiendo Simón (Pedro), dijo: El Cristo de Dios. Más él, conminándolos, mandó que a nadie dijese esto”.

Incluso vemos que reitera la expresión “Hijo del Hombre” para referirse a sí mismo, remarcando su naturaleza humana. Hoy en las Biblias vemos esta expresión marcada con mayúsculas, pero tengamos en cuenta que las lenguas semíticas como el hebreo, el arameo y el mismo árabe carecen de mayúsculas.

Jesús (P), era el Mesías esperado, un Profeta, el Mensajero de Dios y Su siervo obediente. El remarcó esto en sus palabras. Por ejemplo : “De cierto, de cierto os digo : El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió” (Juan 13:16)

Sin embargo, fue “ascendido” por los propios hombres de “maestro” a “Hijo de Dios”, “Señor” y finalmente “Dios mismo”. Veamos en Juan 3:2: “Éste vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabbi (maestro en el lenguaje hebreo), sabemos que eres un maestro que viene de Dios…” (Juan 6:14): “Aquellos hombres entonces, como vieron el milagro que Jesús había hecho, decían: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.” Jesús es llamado también profeta en Juan 7:40, Mateo 21:1 1, Lucas 7:16 y 24:19. Pero luego vemos en Hechos 9:20: “Y luego en las sinagogas el [Pablo] predicaba a Cristo, diciendo que éste era el Hijo de Dios.” Se puede deducir de aquí también que los primeros cristianos todavía utilizaban las sinagogas, pero que más adelante cuando el cristianismo se desvió de la enseñanza original de Jesús, se establecieron iglesias. Pablo, Bernabé y los gentiles fueron expulsados de las sinagogas, acusados de blasfemia y contaminación. Véase Hechos 13:50, 17:18 y 21:28.

En Lucas 2:1 1 vemos: “Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.” Luego en Juan 1:1: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” Así tenemos este paso paulatino de una categoría a otra en la consideración de la figura de Jesús (P).

Ya vimos antes que algunos de los versículos considerados esenciales para sostener hoy el dogma trinitario son en realidad agregados posteriores al texto bíblico, como la mención del triuno en 1Juan 5:7. Esto resulta inconcebible para el modo de pensar de un musulmán y no porque su mente no pueda captar las realidades sutiles o los misterios metafísicos, sino por no poder aceptar que alguien base su fe en algo semejante. Porque, según este criterio, cualquiera, en cualquier tiempo y lugar, puede ser atreverse a poner en boca de Jesús palabras JAMAS pronunciadas por él, ni por sus discípulos e incluso Dios Mismo para clarificar los Escrituras, siglos después de la partida de Jesús (¿es que acaso, siendo Dios encarnado, cometió el “error” de no dejar en claro su naturaleza o su pertenencia a la sustancia de Dios?).

Fijémonos en lo que hicieron con las Biblias el Arzobispo de Canterbury, Lanfranc y el cardenal Nicolás, bibliotecario del Vaticano, durante los siglos XI y XII : las “corrigieron” secundum Ortodoxam fidem. Sin embargo los Códices antiguos, descubiertos relativamente en tiempos recientes, carecen mayormente de esas “correcciones” y así no encontramos trazos de la trinidad ni de la supuesta “divinidad” de Jesús en ellos. En cuanto a la expresión “hijo de Dios”, como ya señalamos, hay incontables párrafos tanto del Nuevo como del Antiguo Testamento, así como de los propios Rollos del mar Muerto en donde se llama “hijo de Dios” a muchos otros a parte de Jesús. Así que debe ser entendido el término como referido a criaturas creadas por un Padre y no como hijo de Dios en forma literal.

La “tercera persona” de la trinidad : el Espíritu Santo.

Dicen los cristianos (extraído de foros de internet):

“Antes de su Pascua, Jesús anuncia el envío de ‘otro Paráclito’ (Defensor), el Espíritu Santo. Este, que actuó ya en la Creación y “por los profetas” (Credo de Nicea-Constantinopla), estará ahora junto a los discípulos y en ellos, para enseñarles y conducirlos “hasta la verdad completa” (Jn 16, 13). El Espíritu Santo es revelado así como otra persona divina con relación a Jesús y al Padre.

El origen eterno del Espíritu se revela en su misión temporal. El Espíritu Santo es enviado a los apóstoles y a la Iglesia tanto por el Padre en nombre del Hijo, como por el Hijo en persona, una vez que vuelve junto al Padre. El envío de la persona del Espíritu tras la glorificación de Jesús, revela en plenitud el misterio de la Santísima Trinidad.

La fe apostólica relativa al Espíritu fue confesada por el segundo Concilio Ecuménico en el año 381 en Constantinopla: ‘Creemos en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre’. La Iglesia reconoce así al Padre como ‘la fuente y el origen de toda la divinidad’. Sin embargo, el origen eterno del Espíritu Santo está en conexión con el del Hijo: ‘El Espíritu Santo, que es la tercera persona de la Trinidad, es Dios, uno e igual al Padre y al Hijo, de la misma substancia y también de la misma naturaleza. Por eso, no se dice que es sólo el Espíritu del Padre, sino a la vez el Espíritu del Padre y del Hijo’.

El Credo del Concilio de Constantinopla (año 381) confiesa: ‘Con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria’”

Cuando leemos textos como el que acabamos de exponer, lo que nos queda más en claro es que no se puede explicar ni entender la naturaleza trinitaria. Sólo hay que aceptarla tal como se la define : como dogma. En el Concilio de Nicea no se habló del Espíritu Santo como una de las personas de la trinidad. Recién en el Concilio de Constantinopla es donde tal figura es introducida al círculo del dogma.

¿Qué bases bíblicas hay para esto? : las ya mencionadas y comprobadas adiciones espurias : el versículo de 1Juan 5:7 (única mención del Dios trino) y la fórmula bautismal.

Aparte de esto, la mención del Consolador o “Paraclito” del Evangelio de Juan. Al respecto si Dios quiere en la siguiente parte vamos a realizar un análisis en detalle. Para empezar, es necesario investigar si este “Consolador” es el Espíritu Santo u otro ser. Lo más factible es que se refiera a otro ser, pues el Espíritu Santo ya se encontraba entre ellos y había aparecido en reiteradas ocasiones (por ejemplo, ver Lucas 1:67: “Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo…” Y también en Lucas 3:22: “Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma…”). En definitiva, no tiene sentido prometer el envío de algo que ya estaba entre ellos. Y en caso de aceptarse que se refiere al Espíritu Santo, hay que ver cómo se interpreta esto como la mención de la “tercera persona” de la trinidad. Pues en realidad sólo es el anuncio de algo que va a llegar en el futuro.

A continuación vamos a brindar un análisis racional de la doctrina cristiana, usando la lógica y algunas partes de la misma Biblia. Por supuesto que el amigo Daniel tendrá luego la posibilidad de desmentir lo que aquí afirmamos y explicarlo desde su óptica cristiana. Luego, cada uno es libre de razonar y ver dónde se encuentra la verdad. Hay suficiente luz para aquel que quiere ver.

El esquema de creencias cristianas.

Vamos a tratar de presentar a grandes rasgos el esquema de lo que se en resumen la creencia cristiana para luego rebatir unos puntos y exponer finalmente lo que es la creencia islámica.

Según la creencia cristiana, Adán pecó y, por su pecado, toda la Humanidad resultó condenada a cargar ese “pecado original”. Pasado un tiempo, Dios envía a Su Hijo (o dicho de otra manera, Dios encarna en el Hijo, o Dios Hijo aparece en el mundo) con el fin de redimir a la Humanidad del pecado, muriendo en la cruz de una manera salvaje e injusta. Tres días después (o al tercer día, para ser más precisos), Jesús resucita y encomienda a los discípulos el bautismo, rito con el cual a partir de ahí el hombre puede librarse del pecado original y entrar en la salvación. De esta manera, Dios se reconcilia con el hombre.

Existe un sinnúmero de planteos contra esta creencia tal como es expuesta. Enumeraremos sólo algunos :

1.- ¿Por qué toda la Humanidad debe cargar con el pecado original y llevar la carga de la falta de un hombre?

2.- ¿Qué ocurrió para que Dios decidiese redimir a la Humanidad de tal carga?

3.- ¿Por qué para concretar tal redención Dios necesita encarnar (o enviar a Su Hijo) y venir al mundo a morir en la cruz? ¿Por qué no puede simplemente decretar la redención?

4.- ¿Cómo es que un acto de tremenda injusticia como es la muerte inmisericorde de un inocente puede servir de redención? ¿Cómo puede servir de redención un acto donde el ser humano no se sacrifica, sino que es quien ejecuta el mal, mientras que el sacrificado es Dios Mismo? ¿Acaso puede imaginarse un acto peor que matar al propio Dios? ¿Cómo puede ser que el peor de los actos jamás imaginados puede servir para librar a la Humanidad del pecado?

5.- Si la redención ocurrió con la muerte de Jesús en la cruz, ¿por qué se sigue requiriendo de un rito como el bautismo para librarse del pecado original?

6.- ¿Qué pasó con los justos obedientes a la ley de Moisés (esa ley que Jesús ordenó seguir y respetar) que nacieron antes de Jesús? ¿Para qué les pidió Dios que respeten la ley si esto no les servía de redención?

7.- ¿Qué pasa con aquellos que no atienden los mandatos de la ley luego de Jesús? ¿Acaso sólo por haber nacido después y haber recibido el bautismo están a salvo, sin ningún esfuerzo ni mérito de su parte?

8.- Si Jesús es el “cordero que nos libra de los pecados”, ¿por qué el mundo no es un lugar mejor luego de su sacrificio? ¿Por que las condiciones del mundo y de la vida misma de la gente no ha cambiado sino que, por el contrario, han empeorado?

9.- Si los contemporáneos de Jesús se hubiesen comportado correctamente y lo hubiesen seguido y obedecido, sin condenarlo a muerte ni crucificarlo, ¿qué habría pasado? ¿Habría fracasado la Misión de Jesús al no poder morir en la cruz?

10.- Si el pecado ingresó por la desobediencia de Adán, ¿cómo puede redimirse con otro acto de desobediencia mayor que el anterior, que encima es cruel, malvado y perverso? ¿Acaso la obediencia y sumisión no da ningún resultado?

Estos son algunos de los planteos más evidentes que surgen del dogma cristiano y que hacen que muchas personas en occidente se hayan apartado de la religión por la incoherencia y completa ausencia de justicia en el esquema así expuesto.

El esquema ha sido montado a modo de “castillo de naipes”, con piezas sueltas que se sostienen mutuamente. Quitar una de estas piezas hace que todo este castillo dogmático se derrumbe. Por ejemplo, si el pecado original no existe, ya el resto del dogma no tiene razón de ser. O si Jesús no es Dios ni Hijo de Dios, por ejemplo, o si su misión no era morir en la cruz, o si hubiera muerto de otra manera, etc. Cualquier cambio en el esquema hace que el dogma se derrumbe por completo como un “efecto dominó”.

Lo primero que un creyente debería plantearse es si el esquema de creencias se encuentra en el Libro Revelado. Lo segundo es si todo el edificio doctrinario tiene fundamentos lógicos aceptables, basados en la razón y la ciencia. Ninguna de estas cuestiones existe en cuanto a los puntos esenciales del esquema de creencias cristiano.

El pecado original.

Según el dogma, Adán (P) cometió un pecado tan grave que condenó a toda la Humanidad a cargar la culpa. Por tal razón, los recién nacidos llevan el pecado original y requieren del bautismo para que dicho pecado les sea removido. No obstante, la misma Biblia contradice esto al decir claramente :

“El hijo no llevará el pecado del padre” (Ezequiel 18:20)

Algunos cristianos argumentan que la “carga” que la Humanidad sobrelleva por el pecado de Adán (P) es tener que soportar este mundo con sus condiciones, llevar esta vida de esfuerzos y sacrificios para terminar con la muerte. Dicen que antes del pecado, Adán (P) vivía en el Paraíso con todas las comodidades a su alcance, todas las necesidades cubiertas y sin ningún problema ni contratiempo, y al pecar fue condenado a vivir en este mundo al cual todos nacemos llorando, con el dolor de nuestras madres, y en el cual debemos soportar un sinnúmero de dificultades. No obstante, esto no es lo establecido como parte del dogma católico en el concilio de Trento, en el cual se establece claramente que el pecado original es innato, no adquirido.

Pero más allá de contradecir lo establecido en el concilio de Trento, este planteo tiene varias objeciones. En primer lugar, el hombre fue creado para vivir en la tierra :

“Entonces dijo Dios : Hagamos al hombre a nuestra imagen… y señoree… en toda la tierra” (Génesis 1:26)

“Y los bendijo Dios y les dijo : Fructificad y multiplicaos ; llenad la tierra y sojuzgadla y señoread…” (Génesis 1:28).

En segundo lugar, si la carga del pecado original es vivir en este mundo y sobrellevar esta vida, tal carga no se ha redimido ni con la muerte de Jesús (P) ni se quita con el bautismo. Si fuera así, deberíamos haber vuelto a la vida del Edén luego de la crucifixión y resurrección de Jesús (P), cosa que no ocurrió. Y el bautismo debería quitar a los cristianos el peso de vivir en este mundo y sufrir sus condiciones, cosa que no ocurre. Los bautizados sufren y padecen las condiciones del mundo como cualquier otra persona : padecen hambre, dolores, enfermedades, cansancio, agotamiento, decaimiento y finalmente mueren como todos los demás. Entonces es evidente que esta no es la “carga del pecado original”. Luego, si esta carga es una culpa por la cual debemos rendir cuentas el Día del Juicio, ya dijimos que tal opción es rechazada por la misma Biblia :

“El hijo no llevará el pecado del padre” (Ezequiel 18:20)

Y también :

“Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad” (Salmos 32:2)

“Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado” (Romanos 4:7)

“¡Cuán preciosa, oh, Dios, es tu Misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas” (Salmos 36:7)

“El mal perseguirá a los pecadores, mas los justos serán premiados con el bien.” (Proverbios 13:21)

“Decid al justo que le irá bien, porque comerá de los frutos de sus manos. ¡Ay del impío! Mal le irá, porque según las obras de sus manos le será pagado” (Isaías 3: 10 y 11)

La lectura tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento deja en claro que el ser humano recogerá el Día del Juicio el fruto de sus propias acciones, aquello que sembró en el mundo con sus propias manos. Y no se menciona el “pecado original” en las palabras de ninguno de los Profetas de la Biblia, ni siquiera en las propias palabras de Jesús (P), quien continuamente en sus parábolas menciona el esfuerzo del ser humano en obtener a través de sus acciones la salvación. Es Pablo quien establece el asunto (Romanos 5:12 a 21), mencionando a la muerte como la carga del pecado original :

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” (Romanos 5:12)

En la visión islámica no existe un concepto similar al pecado original. Adán (P) cometió una falta, es cierto, pero fue perdonado. Sus hijos no cargan con ninguna culpa. Para el Islam, todo ser humano nace puro e inocente, en un estado llamado “fitrah”, su naturaleza primigenia, que es pura y buena. Luego al crecer, a través de su libertad de acción y voluntad elige una de las posibilidades que tiene delante suyo : hacer el bien o hacer el mal. Así va juntando méritos o faltas, y el Día del Juicio será juzgado por esto, recibiendo su remuneración : el premio del Paraíso o el castigo del Infierno.

Este mundo, en la visión islámica, es un lugar de prueba. No es un lugar de castigo del hombre por la falta de su padre Adán (P), ni es un sitio de residencia permanente, más allá del cual no hay nada. Es un lugar de paso donde es sometido a una prueba por parte de Dios. Y como es un lugar de paso, tarde o temprano las criaturas tienen que abandonar este mundo para ir a la Morada Permanente. Por lo tanto, la muerte es una necesidad, es una puerta de paso hacia otro estado y no un castigo.

Las condiciones del mundo son las óptimas para que cada ser humano supere con éxito su prueba y alcance el éxito en la Morada Permanente : el Paraíso. Cada ser humano nace en el sitio y la época que son las más propicias para que supere su prueba y logre un buen resultado final. Como las condiciones de cada individuo son diferentes a las de los demás, existe entonces una gran diversidad de estados, cada uno con su grado de responsabilidad y todos con las mismas oportunidades ante Dios.

Todas los seres humanos tienen la misma posibilidad de superar la prueba y obtener la Gracia de la Recompensa Divina en el otro mundo. Dios es Sabio, Justo, Generosísimo y Misericordiosísimo. Otorga a cada individuo una posibilidad igual a la de otros y toma en cuenta todas las consideraciones.

No queremos explayarnos extensamente en este punto pues no es este el lugar adecuado. Con lo expuesto sobre la visión islámica es suficiente. Pasaremos al siguiente punto que consiste en analizar las consecuencias del dogma del pecado original.

La Misión de Jesús (P) : un cuestionamiento fundamental contra el dogma.

Como antes dijimos, el dogma cristiano se encuentra montado de tal manera que al quitar una pieza, las demás se caen solas. Pues todo el sentido de la Misión de Jesús (P) es la remoción del pecado original de los hombros de la Humanidad. Ahora bien : si cuestionamos el pecado original argumentando que no se encuentra en las enseñanzas de ninguno de los Profetas (P) ni lo acepta la razón ni la lógica, sino todo lo contrario, ¿cuál sería entonces la Misión de Jesús (P)?

Si el pecado original no existe, entonces ya no hay razón para que Dios “encarne” en la figura de Jesús (o “mande a Su Hijo” que no es lo mismo, pero como parte del “misterio” del dogma se ha transformado en lo mismo) ni muera en la cruz para luego resucitar. Todo esto ya no tiene razón de ser desde el momento en que rechazamos el concepto de pecado original.

¿Pero cuál fue entonces la Misión de Jesús (P)?

Podemos establecer dos objetivos concretos de lo que podría ser la Misión de Jesús (P) que surgen de la lectura de los mismos Evangelios.

1.- La corrección de los desvíos introducidos entre los israelíes del Mensaje de Moisés (P) y de los demás Profetas llegados a ellos.

2.- El anuncio de la próxima llegada de un “Consolador” y un “Reino de
los Cielos”, lo cual puede interpretarse de diferentes maneras. Para nosotros, los musulmanes, la interpretación correcta es el anuncio de la llegada del Profeta Muhammad (BPD) y el Islam.

Estos dos objetivos son claros en las palabras de Jesús (P), pero no resulta claro que él anunciara haber venido a redimir a la Humanidad del pecado original.

Existe entre las parábolas dichas por Jesús (P) una que resulta muy significativa al respecto de este asunto : la parábola de los labradores malvados (Mateo 21:33, Marcos 12:1 y Lucas 20:9). Según ella, un padre de familia plantó una viña, la cercó, labró, edificó y luego la arrendó a unos labradores. Tiempo después envió a sus siervos a los labradores para recoger sus frutos, pero ellos maltrataron a los siervos y hasta los mataron. Entonces el señor envió a su hijo, pensando que a él lo respetarían. Sin embargo, los labradores mataron al hijo para apoderarse de su herencia. Entonces Jesús (P) plantea : ¿Qué hará el señor con esos labradores? La respuesta es contundente : los destruirá matándolos sin piedad y les dará la viña a otros.

Más allá de lo que uno pueda interpretar de estas palabras, resulta claro que se opone al dogma de la redención del pecado original por el sacrificio del “Hijo de Dios”, pues de ser así el final de la parábola debería haber sido que el señor libera a los labradores de pagarles su renta. Pero no es esto lo que Jesús (P) nos está diciendo. Y si leemos las palabras de Juan el Bautista en Lucas 3:17, nos dice claramente que quien vendría después de él “recogerá el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que nunca se apagará”. Tampoco alude a la redención de la Humanidad.

Si leemos atentamente “Hechos de los apóstoles” encontraremos que es Pablo quien, tras su conversión a partir de una visión, comienza a predicar (sin haber recibido ninguna instrucción por parte de quienes estuvieron junto a Jesús -P-) las ideas del dogma:
“Enseguida predicaba a Cristo en las sinagogas diciendo que éste era el Hijo de Dios” (Hechos 9:20)

Pablo hace de la crucifixión de Jesús (P) y su resurrección posterior el eje de su prédica :

“Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio ; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo.” (1Corintios 1:17)

“Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado” (1Corintios 1:23)

“Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo y a éste crucificado.” (1Corintios 2:1 y 2)

“Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana también es vuestra fe”. (1Corintios 15:14)

Sin embargo, si consideramos que el pecado original no existe como tal, entonces la muerte y resurrección de Jesús (P) deja de tener sentido fundamental como redención y pasa a ser sólo un signo más de la veracidad de Jesús, una prueba más de su autenticidad, tal como puede serlo su nacimiento de una virgen o los otros milagros y portentos que realizó. La forma en la que haya muerto no cambia el hecho que su Misión haya presentado los dos objetivos primordiales que antes expusimos.

Visión islámica de la crucifixión.

Como ya dijimos, para el Islam no existe el pecado original. Si bien Adán (P) cometió una falta, la misma fue perdonada por Dios, aunque igualmente fuese enviado a la tierra, que era el lugar donde debía venir. Porque Dios había creado al hombre no para su permanencia eterna en el Edén, sino para su paso por el mundo.

Adán (P) estaba en el Edén como un bebé en el vientre de su madre : poseyendo una vida placentera y cómoda, pero destinado a salir de ahí para venir a este mundo donde debe desarrollar una etapa de su existencia, que es la etapa de prueba. Y como ésta es una etapa transitoria, finalmente tendrá que morir para pasar así a la siguiente etapa, concluyendo en un estado permanente cuyas condiciones dependen de las acciones desarrolladas en este mundo.

Entonces, no hay un “pecado original” heredado desde el nacimiento. El ser humano nace limpio y puro, sin manchas, libre por completo de todo pecado. Nace en un estado tal que el mismo Jesús (P) elogia y alaba diciendo : “De cierto os digo que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mateo 18:3)

En ningún momento Jesús ni los Profetas anteriores a él hablaron de un “pecado original” que era necesario remover con un ritual como el bautismo. Juan el Bautista (P) bautizaba, y nunca dijo estar removiendo el pecado original. Es posible que alguien alegue que el propio Juan el Bautista (P) aclaró que aquel que vendría después de él traería un bautismo diferente, “de fuego” (Lucas 3:16). No obstante, el bautismo de los apóstoles y el que hoy usan los cristianos de distintas ramas es igual al bautismo de Juan el Bautista (P) : con agua.

Para los musulmanes, no hay pecado original, por lo que no es necesario realizar un rito para removerlo del alma humana. El hombre nace puro. Luego, cuando crece y adquiere conciencia y voluntad, va llenando con sus acciones el libro donde ellas son registradas para su posterior evaluación el Día del Juicio. El ritual realizado sobre un recién nacido (el bautismo católico) no tiene incidencia en el registro de sus acciones ni tiene ninguna repercusión en él para el Día del Juicio.

Por lo tanto, para los musulmanes Jesús (P) no vino para morir en la cruz. Jesús (P) fue un Profeta, no Dios encarnado ni Hijo de Dios. Como Profeta tenía una Misión que era la de transmitir un Mensaje. La forma como muriese no afectaba al Mensaje. Para tal fin, era lo mismo que muriese de esa forma o de otra, sea combatiendo a los enemigos o por alguna enfermedad luego de una larga vida.

Es más : si nos remitimos al Sagrado Corán, Jesús (P) no fue crucificado.

En efecto, según el Corán, Dios salvó a Jesús (P) de las intrigas de sus enemigos y lo rescató de morir en la cruz. Según el Corán, el hecho de la crucifixión existió, por lo cual el pueblo de Israel lleva la carga de tal crimen. Pero no fue Jesús el crucificado, sino otro en su lugar.

¿Es posible encontrar pistas de esta versión en la misma Biblia? Sí, es posible. Y vamos a enumerar algunas :

1.- La negación de Pedro (P) : Es muy conocida la negación de Pedro cuando capturan a Jesús (P). Pero, ¿estaba Pedro negando conocer a Jesús o estaba diciendo que esa persona que habían capturado no era Jesús (P)? Por lo general la gente toma este hecho como una enseñanza sobre la debilidad y cobardía del ser humano que en un momento difícil es dominado por el miedo y llevado a mentir, a negar la verdad, a ocultarse. En efecto : la gente acepta esto como algo natural porque piensa en lo que ella misma haría en tal circunstancia. Sin embargo es imposible que Pedro, quien era el sucesor designado de Jesús (P) y por ende la cabeza de los creyentes de su época, fuese dominado por el miedo a la muerte. Pedro, quien caminó sobre el agua junto a Jesús (P), quien presenció milagros asombrosos, que acompañó a Jesús en toda su Misión, ¿podría acaso tener miedo a morir?

Descartando de pleno tal posibilidad, nos quedan dos alternativas : estaba disimulando, ocultando su fe (es decir, haciendo lo que en el Islam se llama “taqiiah”) o estaba tratando de comunicar otra cosa. Siendo este suceso un hecho tan notorio que quedó registrado en los 4 Evangelios canónicos, consideramos que no pudo tratarse de un acto de “taqiiah”, pues el líder y jefe de los creyentes de esa época no le cabría aplicar la “taqiiah” en tal circunstancia. De haber sido así, debería haber dado luego varias explicaciones detalladas de su accionar justificándolo para sus seguidores. Pero sin embargo nada dijo al respecto. Consideramos por lo tanto que en realidad nos estaba dejando un dato sobre un hecho puntual : aquel a quien acusaban no era Jesús (P).

2.- La prueba de Jonás : Dijo Jesús (P) : “La generación mala y adúltera demanda señal ; pero señal no le será dada sino la señal del Profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.”

Estas palabras son consideradas como un anuncio de su muerte y resurrección, y es así que los cristianos siempre remarcan que “al tercer día resucitó”. No obstante, él dice bien claro que va a estar desaparecido “tres días y tres noches”. Si tenemos en cuenta que la crucifixión tuvo lugar el día viernes a la mañana, ocurriendo la muerte después de la hora novena (Mateo 27:46 ; Marcos 15:34 ; Lucas 23:44). Si tenemos en cuenta que el domingo a la madrugada María Magdalena se presenta ante el sepulcro, “muy temprano a la mañana” (Marcos 16:2 Lucas 24:1) “siendo aún oscuro” (Juan 20:1) y ya había ocurrido la resurrección. Si contamos viernes, sábado y domingo, tenemos los 3 días. Pero si contamos los días y las noches, tenemos el día del viernes, la noche del viernes, el día del sábado, la noche del sábado y ya el domingo resucitó muy temprano, antes de que se hiciera de día. Sólo son dos días y dos noches. Pero si contamos a partir del momento en que ocurre la captura de Jesús (P), jueves a la madrugada, tenemos el día del jueves, la noche del jueves, el día del viernes, la noche del viernes, el día del sábado y la noche del sábado : tres días y tres noches. El tiempo que él dijo que iba a estar ausente.

3.- El cambio de actitud de Jesús tras la captura : Se trata de un detalle que también debe ser considerado. La figura de Jesús (P) antes de ser capturado se muestra siempre firme, segura, con gran elocuencia, con mucha fuerza en sus discursos y actitudes. Sin embargo, al ser capturado cambia por completo su forma de ser y se convierte en callado, sumiso, sin respuesta a nada ni ante nadie. No responde ante Herodes, no responde ante Pilatos, tampoco ante Caifás y el concilio de sacerdotes. Incluso en el momento de la crucifixión llega a decir “Padre : ¿Por qué me has abandonado?” (Mateo 27:46 y Marcos 15:34). Si bien la explicación de estas palabras según algunos intérpretes es que estaba recitando un Salmo, ya que coinciden con el Salmo 22:1, cabe también la pregunta de por qué eligió precisamente este Salmo y no otro, por qué precisamente estas palabras que exhiben una queja a Dios y no otras de alabanza, confianza en El y sumisión a Su Voluntad.

En síntesis, el Jesús que se nos presenta en los Evangelios desde su captura a su muerte es muy distinto al descrito antes de su captura e incluso al que se menciona después de su resurrección. No hay una concordancia entre las personalidades de uno y otro. Y no hay ninguna justificación para el silencio de Jesús en un momento en que no corresponde el silencio sino la denuncia ante la injusticia.

Más allá de estos elementos señalados, los musulmanes tenemos al Sagrado Corán que declara que Jesús (P) no fue crucificado sino que esto es algo que a los judíos les pareció que fue así. Nosotros no necesitamos más pruebas que esta, a pesar de lo cual hemos expuesto esta serie de detalles con pistas de los propios Evangelios que avalan esta versión.

Bueno: ahora el amigo Daniel puede exponer sus respuestas y explicaciones a lo que yo expuse, y cada uno de los presentes puede ver dónde se encuentra la luz de la verdad y dónde están las sombras de la confusión y la mentira. Hay suficiente luz para aquel que quiere ver. Y el corazón sincero encuentra el simple camino recto a la verdad. Claro que puede usar todos los mensajes que considere necesario para una respuesta satisfactoria y bien aclaratoria.

Por mi parte considero que este debate no necesita prolongarse más y puede concluir de acuerdo a lo pactado, este fin de semana. No deseo molestar a los miembros de esta lista con un tema que quizás no sea de su interés. Si Dios quiere, si no hay otras cuestiones que responder, mañana expongo mis conclusiones y reflexiones finales sobre este debate y por mi parte lo doy por terminado, a menos que Daniel quiera seguirlo. Por mi parte no tengo inconvenientes en seguir el debate, pero no quiero molestar ni incomodar a los miembros de esta lista, cuyo objetivo no es el análisis de estos temas.

Saludos a todos y que Dios Bendiga al sincero buscador de la verdad. Abdallah

En el Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso

Conclusiones y reflexiones finales sobre el debate sobre el dogma trinitario.

Saludos y que la Paz sea sobre todos ustedes.

Hemos transitado un poco a través de los argumentos sobre el dogma trinitario, tanto a favor como en contra del mismo. Durante esta semana cada uno de nosotros ha podido exponer sus puntos de vista, sus objeciones, sus argumentos y pruebas. Por mi parte, he mostrado la debilidad argumental del dogma, su irracionalidad, su tremenda falta de lógica y razón. Daniel por su parte nos ha brindado sus argumentos y explicaciones, las cuales pueden convencer a algunos y a otros no.

Particularmente no veo en todo lo que él expuso absolutamente nada que pueda convencer o satisfacer a nadie, excepto a quien de antemano cree y sostiene el dogma cristiano con toda la fuerza de la sinrazón. Es decir que los argumentos de Daniel como todos los argumentos que brindan los cristianos sobre la trinidad sólo le sirven a quienes de antemano creen que tal dogma es verdadero y lo aceptan antes de debatirlo o razonarlo. Pero ninguno de esos argumentos puede convencer a quien no tiene una postura tomada antes de la exposición y análisis.

Por esta razón es que considero que tales debates en definitiva no tienen mayor utilidad. Por eso no quise darle lugar en la lista donde estoy exponiendo un Curso trimestral de Islam (para los interesados, la lista está aquí http://groups.msn.com/CursodeIslam y pueden solicitar el ingreso ya mismo, aunque el curso se reinicia si Dios quiere en un mes y medio por lo que la solicitud quedará pendiente hasta ese momento), porque tenía que perder una semana y desviarme de la línea trazada por el curso. Así que le propuse al amigo Daniel que desarrolláramos el debate en otra lista de su elección, y él escogió esta lista de ateos, por lo cual los hemos molestado estos días. Pero no se preocupen, pues por mi parte no los voy a seguir molestando, a menos que me pidan explicaciones sobre algún tema referente al Islam o a las religiones en general, o que me pidan que me quede para debatir otro asunto. No rechazo ningún debate y no le doy la espalda a ningún intercambio, pero no quiero molestar donde no me llamaron. Si alguien quiere tomar algún punto de lo expuesto en el debate y pedir que lo desarrollemos más o que lo respondamos (ya que han quedado varios puntos sueltos), puede escribirme en esta lista o en privado (abdallahdlp@hotpop.com)

Yo quisiera darle a Daniel y a todos los amigos cristianos que pudieran haber seguido este debate un mensaje.

El Islam no es vuestro enemigo. No tienen que vernos como adversarios o competidores o como una amenaza contra vuestra fe. El Islam es una religión de la cual pueden aprender mucho, si pueden superar los prejuicios y el fanatismo. Contiene conocimientos sobre la historia de los Profetas que no figuran en la Biblia y que ustedes pueden aprovechar. Contiene enseñanzas sobre Dios y reflexiones que los pueden beneficiar espiritualmente. No se encierren en los prejuicios. Sepan abrir sus mentes y sus corazones, y verán las enseñanzas de Jesús (con él sea la Paz) en el Corán y en la figura del Profeta Muhammad (con él sean la Bendición y la Paz, y con su Descendencia).

Por supuesto que en el Corán van a encontrar palabras de fuertes amonestaciones que apuntan a reprocharlos y hacerles tomar conciencia. Efectivamente es así. También las encuentran en la Biblia cuando el propio Jesús llama a sus discípulos “hombres de poca fe” y los critica duramente a fin de que tomen conciencia. Deben ver las palabras del Corán como un sacudón que Dios les da a fin de que despierten y tomen conciencia de la realidad.

Vamos a ver a continuación algunas de las expresiones del Corán dirigidas a los cristianos:

Y dicen: «Nadie entrará en el Jardín sino los judíos o los cristianos.» Ésos son sus anhelos. Di: «¡Aportad vuestra prueba, si es verdad lo que decís!» (2:111)

Ni los judíos ni los cristianos estarán satisfechos de ti mientras no sigas su religión. Di: «La dirección de Dios es la Dirección». Ciertamente, si sigues sus pasiones después e haber sabido tú lo que has sabido, no tendrás amigo ni auxiliar frente a Dios. (2:120)

Los judíos dicen: «Los cristianos carecen de base», y los cristianos dicen: «Los judíos carecen de base», siendo así que leen la Escritura. Lo mismo dicen quienes no saben. Dios decidirá entre ellos el día de la Resurrección sobre aquello en que discrepaban. (2:113)

Dicen: «Si sois judíos o cristianos, estáis en la vía recta». Di: «No, antes bien la religión de Abraham, que fue monoteísta y no asociador». (2:135)

Un grupo de la gente de la Escritura desearía extraviaros; pero no extravían a nadie sino a sí mismos y no se dan cuenta. ¡Gente de la Escritura ! ¿Porqué no creéis en los signos de Dios, siendo, como sois, testigos de ellos? (3:69 y 70)

Di: «¡Gente de la Escritura !¿Por qué no creéis en los signos de Dios? Dios es testigo de lo que hacéis». Di: «¡Gente de la Escritura !¿Por qué desviáis a quien cree del camino de Dios, deseando que sea tortuoso, siendo así que sois testigos? Dios está atento a lo que hacéis». (3:98 y 99)

Si la gente de la Escritura creyera, les iría mejor. Hay entre ellos creyentes, pero la mayoría son perversos. (3:110)

No todos son iguales. Entre la gente de la Escritura hay una comunidad honrada: durante la noche, recitan las aleyas de Dios y se prosternan. (3:113)

Los judíos y los cristianos dicen: «Somos los hijos de Dios y Sus predilectos». Di: «¿Por qué, pues, os castiga por vuestros pecados? No, sino que sois mortales, de Sus criaturas. Perdona a quien Él quiere y castiga a quien Él quiere». De Dios es el dominio de los cielos y de la tierra y de lo que entre ellos está. Es Él el fin de todo. (5:18)

¡Gente de la Escritura ! Nuestro Enviado ha venido a vosotros, aclarándoos mucho de lo que de la Escritura habíais ocultado y revocando mucho también. Os ha venido de Dios una Luz, una Escritura clara. (5:15)

¡Gente de la Escritura ! Nuestro Enviado ha venido a vosotros para instruiros, después de una interrupción de enviados, no sea que dijerais: «No ha venido a nosotros ningún nuncio de buenas nuevas, ni monitor alguno». Así, pues, sí que ha venido a vosotros un nuncio de buenas nuevas y un monitor. Dios es Omnipotente. (5:19)

Si la gente de la Escritura creyera y temiera a Dios, les borraríamos sus malas obras y les introduciríamos en los jardines de la Delicia. (5:65)

Di: «¡Gente de la Escritura ! No hacéis nada de fundamento mientras no observéis la Tora. el Evangelio y la Revelación que habéis recibido de vuestro Señor». Pero la Revelación que tú has recibido de tu Señor acrecentará en muchos de ellos su rebelión e incredulidad. ¡No te aflijas, pues, por el pueblo infiel! (5:68)

“¡Oh, Gente de la Escritura! ¡No exageréis en vuestra religión! No digáis de Dios sino la verdad: que el Mesías, Jesús, hijo de María, es solamente el Enviado de Dios, Su Palabra, la cual El Ha comunicado a María, y un Espíritu que procede de El. No digáis ‘Tres’. ¡Basta ya! Será mejor para vosotros. Dios es sólo Un Dios Uno. ¡Creed, pues, en Dios y Su Mensajero! ¡Glorificado sea de tener un hijo! Suyo es cuanto hay en los cielos y en la tierra. Dios basta como Protector. El Mesías no tiene a menos ser un siervo de Dios. Tampoco los ángeles allegados lo tienen. A todos aquellos que menosprecien adorarle y sean altivos, les congregará hacia Sí (en el Infierno)”. (4:171 y 172)

Di: «¡Gente de la Escritura ! No exageréis en vuestra religión profesando algo diferente de la Verdad y no sigáis las pasiones de una gente que ya antes se extravió, extravió a muchos y se apartó del recto camino». (5:77)

“Los judíos dicen: Ezra es el hijo de Dios. Y los cristianos dicen: El Mesías es el hijo de Dios. Eso es lo que sostienen con sus bocas, imitando lo que ya antes habían dicho los incrédulos. ¡Que Dios combata contra ellos! ¡Cómo pueden ser tan desviados! Han tomado a sus doctores (rabinos) y a sus monjes (obispos) así como al Mesías, hijo de María, como señores en lugar de tomar a Dios, cuando las órdenes que habían recibido no eran sino las de adorar a Un Dios Uno. ¡No hay divino excepto él! Glorificado Sea. Está por encima de lo que le asocian”. (9:30 y 31)

“No creen, en realidad, aquellos que dicen: Dios es el Mesías, hijo de María. Di ¿Quién podría impedir que Dios, si El quisiera, Hiciera morir al Mesías, hijo de María, a su madre y a todos los de la tierra? De Dios es el Dominio de los Cielos y de la Tierra y de lo que entre ambos existe. El crea lo que quiere. Dios es Omnipotente”. (5:17)

“No creen, en realidad, quienes declaran: Dios es el Mesías, hijo de María, siendo que el mismo Mesías ha dicho: ¡Oh, hijos de Israel! ¡Adorad a Dios, mi Señor y el vuestro! Dios veda el Jardín (del Paraíso) a quien asocia algo a Dios. Su morada será el Fuego. Los impíos no tendrán quien les auxilie”. (5:72)

“No creen, en realidad, quienes dicen: “Dios es el tercero de una trinidad. ¡No hay más Dios que Dios Unico! Si no paran de decir eso, un castigo doloroso alcanzará a quienes de ellos no crean. ¿No se tornarán hacia Dios pidiéndole perdón? Dios es Indulgentísimo, Misericordiosísimo. El Mesías, hijo de María, no es más que un Enviado que fue precedido por otros enviados. Su madre era veraz. Ambos tomaban alimentos (como cualquier mortal). ¡Mira cómo les explicamos los Signos! ¡Y mira cómo se desvían! Di: ¿Acaso vais a adorar en lugar de Dios a aquello que no puede dañaros ni beneficiaros? Dios es Quien todo lo oye, Quien todo lo sabe. Di: ¡Oh, gente de la Escritura! No exageréis en vuestra religión, profesando algo diferente a la Verdad, y no sigáis las pasiones de la gente que ya antes se ha extraviado, que extravió a muchos y que se apartó del camino recto”. (5:73 a 77)

“Aquellos a quienes les dimos las escrituras [judíos y cristianos] lo conocen [a Muhammad (BPD)] igual como conocen a sus hijos. Ciertamente, una parte de ellos ocultan la verdad [las cualidades de Muhammad (BPD) escritas en el Torah y el Evangelio], y ellos lo saben.” (2:146)

“Entre la gente de las escrituras [Judíos y cristianos] hay quienes creen en Dios y en lo que te fue revelado [A Muhammad (BPD)] y en lo que se les reveló. Humildes ante Dios, no venden los versículos de Dios por algo de poco precio. Esos tendrán su recompensa junto a su Señor…” (3:199)

“Por cierto que aquellos que creen ( en el Profeta del Islam ), los judíos, los cristianos y los sabeos ( seguidores de Juan el Bautista ), en tanto crean en Dios y en el Ultimo Día y obren el bien, tendrán sus recompensas ante su Señor y no habrá ningún temor sobre ellos ni estarán tristes.” (2:62)

“Cuando ellos (que se llaman Cristianos entre ellos mismos) oyen lo que se hizo descender al Enviado (Muhammad), ves a sus ojos derramar lágrimas porque saben la verdad. Dicen: Señor nuestro, creemos; inscríbenos como testigos. ¿Por qué no hemos de creer en Dios y en la verdad que nos ha enviado si ansiamos que nuestro Señor nos haga entrar en el Paraíso junto a la compañía de los justos?” (5:83 y 84)

“Di: ¡Oh, gente de la Escritura! Convengamos en una fórmula aceptable para nosotros y vosotros, según la cual no adoraremos más que a Dios, no Le asociaremos nada y no tomaremos a ninguno de nosotros como señor aparte de Dios. Y si vuelven la espalda, di: Sed testigos de que somos musulmanes”. (3:64)

El día de la Resurrección, Dios fallará acerca de los creyentes, los judíos, los sabeos, los cristianos, los zoroastrianos y los asociadores. Dios es testigo de todo. (22:17)

Dios Altísimo es Veraz.

[siguen más citas del Corán sobre María]

Amigos cristianos: Les aconsejo con la mejor de las intenciones que no vean en el Islam un enemigo al cual combatir o un oponente con quien hay que competir para lograr el mayor número de seguidores. Dejemos de lado las cuestiones de doctrina teórica, las cuales han de resolverse finalmente el Día del Encuentro con Dios. Miremos un poco el mundo que hoy tenemos ante nosotros, el cual puede mejorar simplemente si los cristianos siguen las enseñanzas de Jesús y los musulmanes las enseñanzas de Muhammad (con ambos sea la Bendición y la Paz). Si los seguidores de religiones simplemente se esforzaran por seguir las enseñanzas claras y sencillas de cada religión, el mundo entero cambiaría para transformarse en un lugar de paz, armonía, buena convivencia, bienestar y prosperidad para todos.

Los seguidores de distintas religiones debemos saber que nuestro enemigo, el enemigo de la Humanidad, es el grupo de tiranos opresores que explotan a la mayoría de los pueblos para quedarse con la mayor parte de las riquezas posible. Ellos promueven el odio y la división entre los pueblos a fin de mantenernos entretenidos con peleas internas mientras en la confusión y el caos ellos siempre terminan ganando. Nuestro mensaje debe ser claro y contundente.

¿Eres cristiano? Sigue las simples y claras enseñanzas de Jesús (con él sea la Paz) en cuanto al amor al prójimo, la caridad, la consideración hacia los demás, el seguir el camino del bien, el no mirar la paja en el ojo ajeno, el ofrecer la otra mejilla, el respetar los 10 Mandamientos, etc.

¿Eres musulmán? Entonces sigue las simples y claras enseñanzas del Profeta Muhammad (BPD) en cuanto al amor al prójimo, el respeto por la vida y los derechos, el apego a la verdad y la justicia, la caridad, el seguir el camino del bien, la buena convivencia con todo el mundo, etc…

No hay diferencia en la esencia del mensaje y las enseñanzas de Jesús y las de Muhammad (con ambos sean la Bendición y la Paz). Las diferencias se dan en las cuestiones de la doctrina, la teología y las prácticas rituales de devoción, pero no en las enseñanzas morales y en lo que debería ser la conducta del cristiano y del musulmán.

Si la mitad de la Humanidad hoy se reparte entre estas dos grandes religiones, ¿por qué el mundo no es un lugar de paz, armonía, amor fraternal, buena convivencia, justicia y piedad? Porque ni cristianos ni musulmanes siguen las enseñanzas de sus respectivas religiones. Entonces, la cuestión no es cómo vencer al seguidor de otra religión, como derrotarlo en un debate o convencerlo para que cambie de religión. La cuestión más importante es cómo podemos ser cada día mejor, cómo podemos ser mejores cristianos o mejores musulmanes. Cada uno en su propia religión debe comenzar por respetar y seguir las enseñanzas de su propia religión y apegarse al mensaje simple de Jesús o Muhammad (con ambos sean la Bendición y la Paz), sea cristiano o musulmán.

Y no hay Fuerza ni Poder sino en Dios Altísimo.

A los ateos que han seguido el debate quiero decirles una cosa: si son ateos por ser libre pensadores, por haber visto la conducta lamentable que en la historia han tenido las jerarquías religiosas como la Iglesia y los curas entre los católicos, los pastores evangelistas o muchos que llevan títulos de sheijes entre los musulmanes, y han terminado en el rechazo sistemático de toda religión, les aconsejo que presten mucha atención y sepan distinguir entre las enseñanzas de una religión y lo que hacen sus seguidores. Nosotros siempre decimos “el Islam es perfecto, los musulmanes no lo son”. Si van a juzgar las religiones por la conducta de los hombres, lógicamente que van a ser siempre ateos. Pero si son sinceros y su rechazo no busca sólo promover la corrupción y el libertinaje, les recomiendo que traten de estudiar las enseñanzas fundamentales de las religiones haciendo abstracción de la conducta desviada, corrupta y pecaminosa de la mayoría de quienes dicen ser sus seguidores. Y tal como les dije a los cristianos, no vean al Islam como un enemigo, sino como una fuente muy rica de conocimiento, enseñanzas y reflexiones muy útiles para la vida misma, para el crecimiento del ser humano y el bienestar del mundo entero. Claro que quienes toman el ateísmo como un medio para extender la corrupción y la inmoralidad sólo verán en el Islam una fuerte amenaza contra sus anhelos de libertinaje. Pero hacia ellos no está dirigido mi mensaje.

A quienes les interese conocer el Islam, pueden acercarse a nuestra lista UNIDAD ISLAMICA (http://groups.msn.com/UnidadIslamica) y ver el material o preguntar lo que quieran (como está dedicada a difundir temas del Islam, no se admite la difusión de otras creencias o religiones). También pueden buscar el CURSO TRIMESTRAL DE ISLAM que brindamos en este sitio http://groups.msn.com/CursodeIslam con la aclaración de que si hoy solicitan el ingreso, el mismo quedará pendiente durante poco más de un mes, hasta que el curso se reinicie.

Si desean, pueden contactarse conmigo en privado (abdallahdlp@hotpop.com) o pueden preguntar en esta misma lista. Pero a menos que quede alguna cuestión que precise aclaración, por ahora este debate queda concluido y mi participación ya no será con la misma continuidad.

Y no hay Fuerza ni Poder sino en Dios Altísimo. Que la Bendición, la Misericordia y la Paz sean con todos los Profetas y Mensajeros que Dios ha mandado para guiar al hombre hacia el camino del bien. Que Dios bendiga a quienes buscan la verdad con sinceridad y sin prejuicios, por amor a la verdad misma. Que la Paz sea con todos ustedes. Saludos. Abdallah Yusuf de La Plata (co administrador de Unidad Islámica http://groups.msn.com/UnidadIslamica )

* * *

(9) DANIEL VICENTE

Abdallah:

Dices -después de decenas de mensajes de catequesis- que lo importante no es ser cristiano o musulmán por la doctrina teológica, sino por la práctica. ¡Como si pudieran disociarse tan fácilmente!. ¿Y qué hay de la salvación, de la pureza de la fe? ¿Se reduce todo a ser pacífico y cortés? ¡Entonces no deberíamos haber abandonado el paganismo, que a bien seguro consideraba también estas virtudes!.

En lo sucesivo voy a responderte a todo lo que me has planteado en tus alegatos precedentes. Para ello, dividiré mi exposición en 4 puntos:

1) Justificación histórica de la Trinidad

2) Justificación racional de la Trinidad

3) Justificación soteriológica de la Trinidad

4) Justificación escriturística de la Trinidad

Ruego a los participantes que, mientras no diga haber terminado, no interrumpan mi turno con nuevas intervenciones, del mismo modo que yo no lo he hecho ni lo he visto hacer con mi oponente.

En las próximas horas perfilaré los apartados por concluir, de los que por el momento ofrezco sólo el primero. En el transcurso del domingo entregaré los demás, hasta llegar al cuarto.

Dejo a sabiendas tres temas fuera de discusión, que por ser demasiado amplios iban a perjudicar el tratamiento del presente. Son: a) El culto de las divinas imágenes o iconos en el catolicismo; b) La validez de la Ley en relación al reino de Dios y c) La plausibilidad de la identificación de Mahoma con el Paráclito. Una vez finalizado el debate, si se tercia, podemos polemizar sobre ellos en discusiones separadas.

Esto es todo, saludos.

Daniel.

I. Justificación histórica de la Trinidad.

Empiezo mi noveno y último turno con una pequeña aclaración histórica. El arrianismo, que fue la herejía que desató el primer concilio del catolicismo, a propósito de la divinidad del Hijo, no era el sentir común del pueblo contra el que los pérfidos obispos nicenos se confabularon, sino el golpe de timón de una elite subalterna que, en base a la Escritura y a la filosofía, pretendía demostrar que el Padre y el Hijo no podían ser iguales en substancia (“homousios”). Así pues, despojando a Jesús de su divinidad y ajustándolo a una estricta relación Creador-creado, se cortaba el nudo gordiano de los misterios y se cerraba el paso a la salvación perfecta, por más que se diera al Mesías el título honorífico de “primera entre las criaturas”. Vino a ser, en definitiva, un intento de politizar prematuramente la fe cristiana para convertirla en un monoteísmo casi indiferenciado del judaico que redundase en un césaro-papismo, en detrimento de los derechos de la Iglesia. A una jugada política (la perversión del dogma y el flirteo con el poder) siguió otra jugada política (la celebración del concilio y la anatemización del arrianismo); a un ataque filosófico (el logicismo aristotélico aplicado a la revelación) siguió una defensa filosófica (el idealismo platónico adoptado por los Padres). Ahora bien, cuando los arrianos ganaron influencia con Constancio, los católicos se convirtieron en “herejes” y empezaron a sufrir persecuciones tan crueles como las de Decio y Diocleciano. Nos recuerda San Atanasio (Apología por su huida [traduciendo del francés]):

<< ¿A quiénes han buscado y hallado sin tratarlos indignamente y como les plugo? ¿A quiénes han buscado y hallado sin reducirlos a una muerte miserable o a una invalidez completa? En efecto, lo que parece ser obra de jueces, es promovido por ellos; o más bien los jueces se ponen al servicio de sus designios y de su perversidad. ¿Se encontrará algún lugar que no conserve un monumento de su malicia? ¿Un adversario que no haya sido víctima de sus maquinaciones y acusaciones inventadas al modo de Jezabel? ¿Una iglesia que hoy no esté de luto a causa de las conjuras urdidas contra su obispo? Antioquía por Eustacio, confesor y campeón de la ortodoxia, Balanea por el admirable Eufratión, Paltos y Antarados por Quimacio y Carterio, Adrianópolis por Eutropio, el amigo de Cristo, por su sucesor Lucio, con una fe para ellos cargada de cadenas y una muerte entre las fieras, Ancira por Marcelo, Berea por Quiros, Gaza por Asclepas? Todos estos hombres copiosamente maltratados de antemano se han visto exiliados por los actos de esos bribones. En cuanto a Teódulo y Olimpios, obispos de Tracia, en cuanto a nosotros mismos y a nuestros sacerdotes, ordenaron que nos acosasen, resueltos, si nos encontraban, a vengarse sobre nuestras cabezas. Lo cual habría supuesto nuestra muerte segura si, contra sus esperanzas, no nos hubiéramos escapado aún una vez más >>.

No sólo los obispos, sino también el pueblo sufrió las consecuencias del complot arriano:

<< En la hora octava del santo día del Pentecostés, el pueblo, ocupado en el ayuno, salió para rogar cerca del cementerio, ya que rechazaban la comunión con [el obispo arriano] Jorge. Aquel lamentable individuo tuvo noticia del asunto. Excitó el celo del general Sebastián, que era maniqueo. Ése mismo, entonces, con una tropa de soldados armados, portando sus espadas desnudas, sus arcos y sus flechas, en día de domingo, se lanzó contra el pueblo. Encontró a varias personas en oración -la mayoría se marchaban ya, pues era hora avanzada- y fueron sus actos de la altura que cabía esperar de un hombre de su devoción. Hizo encender algo de leña, se llevó a las vírgenes cabe al fuego, y quiso hacerlas decir que pertenecían a la fe de Arrio. Pero a la vista de su resistencia victoriosa, de su indiferencia a las llamas, las forzó a quitarse sus vestidos y mandó que las golpearan en el rostro hasta dejarlas, al poco, irreconocibles. En cuanto a los hombres, logró prender a cuarenta y ordenó azotarlos según un método poco común: con ramos de palmeras acabados de cortar -erizadas de espinas- se determinó cruelmente desgarrarles la espalda. Muchos de ellos necesitaron la intervención reiterada de un cirujano a causa de las espinas hundidas en la carne; otros, a su vez, no pudieron soportarlo y murieron. A continuación, todos aquellos que habían sido prendidos, en bloque, junto con las vírgenes, se vieron relegados en el Gran Oasis. Los cuerpos de las víctimas no fueron mientrastanto devueltos de inmediato a las familias, sino que los verdugos los tomaron a su agrado y se vieron arrojados sin sepultura con la ilusión de poder camuflar su ignominiosa crueldad >>.

Os excuso de seguir leyendo el relato de hechos tan escalofriantes, que nos narra amargamente desde su exilio el obispo Atanasio, perseguido y vituperado. ¿Eran estas las persecuciones de las que hablabas, Abdallah? ¡A fe mía que existieron! Pero por parte del bando que tú defiendes, es decir, por parte de los herejes, de los insurrectos.

Sin embargo, hay quien, ignorante del dolor y de la devoción del pueblo, afirma que la Trinidad fue sólo eso, la traducción doctrinal de la voluntad de la Iglesia de no ser ninguneada por los emperadores. Es decir, si Cristo era Dios, entonces era Rey de todo el orbe, y su obra terrenal, la Iglesia, su justa heredera. Pero semejante tesis cae por su propio peso, porque en ese caso la persona del Espíritu iba a resultar totalmente superflua: bastaría, en efecto, con hablar de una biunidad para lograr ese propósito. Eso respecto a los tiempos teocéntricos. En lo tocante a los actuales, también habría que suponer, con los materialistas, que, al darse la separación entre Iglesia y Estado, el dogma de la Trinidad iba a perder su sentido práctico. ¿Por qué, entonces, no se deshicieron de ella o la tomaron como una alegoría en lugar de como una realidad viviente?

Si el cristianismo ortodoxo hubiera querido vender su Mesías a los paganos a cualquier precio, añado, lo habrían emparejado con María Magdalena y habrían hecho de ellos dos divinidades más en el panteón: ése sería el modo de obrar propio de los farsantes. Para ser unos oportunistas, con todo, los cristianos tuvieron muy poco tacto al deshonrar a los dioses de sus jerarcas: los llamaban ídolos de madera, hechos por manos de hombres, sede de los “démones malos”, etc. Si la Trinidad, en fin, no fuese más que una superestructura de la conveniencia política del clero, no se habría mantenido estable antes y después de las persecuciones pagana y arriana, sino que habría cambiado con ellas. Por ejemplo, el trinitarismo debía haberse atenuado en épocas de hostigamiento anticatólico y marginación de esa fe, cuando fue más bien al contrario: no sólo no se derivó hacia el subordinacionismo ecléctico y conciliador (Eusebio de Cesarea), sino que se vio la urgencia de exaltar y fijar la divinidad del Hijo (San Atanasio, San Hilario de Poitiers, San Basilio Magno, San Gregorio de Nisa, etc.). Y es que a algunos les molesta reconocer que los católicos no cedieron en nada. Al menos no doctrinalmente, que otra cosa sería hablar de la disciplina. Por descontado que hubo una mezcla de culturas, pero no se trató de un batiburrillo arbitrario, sino de una aleación de materiales bien conjuntados, de una coalición de fuerzas coherentes entre sí: filosofía y revelación, acrisoladas en la teología; esoterismo y evangelio, fundidos en la cristología, etc.

Observa que el cristianismo no reúne todos los requisitos para ser considerado una ideología: no se adapta en la substancia, sino a lo sumo en la forma; ha variado tan poco que aún podemos leer sus textos fundacionales y a sus primeros apologistas sin sentir extrañeza. Compárese a guisa de paralelismo con la diferencia, producida en sólo dos siglos, entre el ideario jacobino (igualdad radical ante la ley, mística de la propiedad privada, separación total entre poderes) y las democracias contemporáneas, caracterizadas por la revisión y corrección profundas de sus presupuestos. La burguesía en el poder, con tal de mantenerlo, modificó su concepción de la legalidad, de la función social de la propiedad o de la interrelación entre legislativo y ejecutivo. Los que se mantuvieron fieles a su ideario (anarquistas) se radicalizaron y quedaron en minoría. Otro tanto sucedió con el trotskismo en la URSS. Pero en la Iglesia los fieles fueron siempre mayoritarios, y no se requirieron versiones descafeinadas del dogma una vez obtenida la hegemonía. Puede alegarse que la Iglesia renunció al milenarismo con San Agustín, pero, en tanto que éste no es integrante del dogma cristiano, sino que es uno de sus modos de interpretación, no nos afecta para el caso. La Trinidad, pues, es esencial al cristianismo desde el principio hasta el fin.

II. Justificación racional de la Trinidad.

La distinción entre conocimiento filosófico y conocimiento revelado no es una argucia cristiana para encubrir sus dogmas. Los musulmanes también la contemplan, y así, Mollâ Sadrâ, uno de sus máximos comentaristas, escribe [subrayado mío]:

<< El conocimiento por inspiración (ilhâm, el conocimiento de los nabîs, de los awliyâ) no se diferencia del que es adquirido por el esfuerzo (iktisâb, el conocimiento de los filósofos) ni en la realidad en sí del conocer, ni en su sede (el corazón), ni en su causa (el Ángel, el Cálamo, Gabriel, el Espíritu Santo, la Inteligencia agente), pero se diferencia de él en cuanto a la cesación del velo, sin que esto dependa de la decisión del hombre. Igualmente, la comunicación divina al Profeta (wahy) no se distingue de la inspiración (ilhâm) por nada de todo eso, sino únicamente por la visión del Ángel que confiere el conocimiento. Pues los conocimientos no son actualizados por Dios en nuestros corazones más que por la mediación de los ángeles, como lo dice este versículo qoránico: “No le es dado al hombre que Dios le hable, sino por una comunicación desde detrás de un velo, o bien envía a un ángel” (42/50-51) >>.

¿Quién sino Jesús, el Unigénito, rasgó el velo del Templo tras su muerte, es decir, desveló las Escrituras a todo el que, después de él, y jamás sin él, quisiera penetrarlas? ¿Quién sino Jesús es el ángel (mensajero) de la Buena Nueva y de las bienaventuranzas? El Evangelio no nos habla, como el Corán, de terceras personas que inspiren al portador de la Palabra: sólo está Cristo. El misterio de la Trinidad, pues, se muestra como una verdad revelada, no como un sofisma. Es algo con lo que debéis transigir si queréis mantener íntegra la parte sana de vuestro texto sagrado, ya que de lo contrario os veréis obligados a desfigurarlo por completo, como hacéis con la Biblia.

Pero hasta el Islam retiene en su imamología una imagen, aunque distorsionada, de la encarnación. Dice el “Imam eterno”:

<< Los profetas pasan y cambian. Nosotros somos Hombres eternos… He conocido a Dios antes de que fuesen creados los cielos y la tierra… La luz que emana de la lámpara no es la propia lámpara; pero si no estuviera esa luz, ¿cómo se sabría qué es la lámpara? ¿cómo se sabría que hay una lámpara o dónde se encuentra ésta? … Los Hombres de Dios no son el propio Dios; ein embargo, no son separables de Dios >>.

No sólo de la encarnación. También, como veremos, de la eucaristía:

<< El Imam ha dicho: estoy con mis amigos en todas partes donde me buscan, en la montaña, en el llano y en el desierto. Aquel a quien he revelado mi Esencia, es decir, el conocimiento místico de mí mismo, no tiene necesidad de una proximidad física. Y ésa es la Gran Resurrección >>.

Después del examen de las huellas de la Verdad en el Islam, se me disculpará la larga cita de San Buenaventura sobre este tan controvertido tema, el de la racionalidad y conveniencia del dogma trinitario (Cuestiones disputadas sobre el misterio de la Santísima Trinidad):

<< A lo que se objeta que ninguno está obligado a lo que no puede, hase de decir que, aunque el hombre no lo pueda por sí solo [creer en la Trinidad], lo puede, no obstante, ayudado del divino auxilio, que siempre está a su alcance cuando hace lo que puede. Y puesto que en su mano tiene el poner las condiciones previas a la fe, se le considera capaz de poder, y a ello se le debe obligar, principalmente cuando no falta la inspiración, tanto interior como exterior; lo que acontece en el tiempo de la gracia revelada. (…) Y si objetas que no debería ser obligatorio [creer en la Trinidad], porque la ley de gracia debe ser de fácil cumplimiento, hase de decir que como el amor al enemigo no es fácil a todos, sino a los que tienen la caridad, así creer en Dios trino, aunque parezca difícil al infiel, es, no obstante, fácil al que goza de la fe. (…) A lo que se objeta que, si estuviéramos obligados a creer este misterio, sería por ser verdadero o por ser una verdad preceptuada, hase de decir que estamos obligados porque su verdad cae bajo precepto. Y si preguntas: bajo qué precepto, respondo que bajo el primero, en el cual se dice: “Escucha, ¡oh Israel!: el Señor Dios nuestro es el solo y único Señor. Al Señor Dios tuyo temerás y a él solo servirás”. Por este precepto estamos obligados expresamente a creer que Dios es uno, y, además, implícitamente se nos manda creer que Dios es trino. Esto se demuestra así: por este precepto quedamos obligados a dar a Dios culto de latría, que allí se denomina servidumbre. Mas la expresión dar culto, aplicada a las cosas espirituales, está tomada de las materiales; en lo material, cultivar los campos es sacar a luz los gérmenes que nacen de la tierra. De la misma manera, dar culto a Dios es confesar con el corazón, con la boca y las obras que Él es el principio, de tal manera que no es perfecto culto si no confesamos que Él es el principio, por quien todo principia, no tan sólo como causa eficiente en la creación, sino también como causa reficiente en la redención y perficiente en la glorificación; tampoco se le da perfecto culto si se cree que es principio en el tiempo, a no ser que se crea a la vez que es principio por quien todo principia desde la eternidad; tampoco se le da perfecto culto si no se cree que Él es el principio que desde toda la eternidad da origen a otro principio; todo esto creemos cuando creemos que el Padre engendra al Hijo eternamente, que espira con el mismo Espíritu Santo, para que eternamente haya en Dios un principio que procede de otro principio, y un principio que no tiene principio. (…) De lo dicho se deduce claramente por qué agradaron a Dios los sacrificios en tiempo de la ley escrita, ordenados al culto divino; a saber: porque eran figuras que anunciaban y prefiguraban la reparación humana realizada por la oblación del cordero inmaculado y el derramamiento de la sangre de Jesucristo. Es evidente asimismo la razón por la que en el estado de la ley de gracia no se ofrece sacrificio figurativo, sino al mismo Jesucristo en su carne y sangre; a saber: porque es el tiempo de dar a Dios culto verdadero y perfecto; conviene, por tanto, que se ofrezca un verdadero y perfectísimo sacrificio, que sea verdaderamente el único y solo sacrificio, Jesucristo. Es asimismo evidente por qué se condenan los infieles. Porque si el que ofende gravemente a un rey de la tierra, arrebatándole una porción pequeña de su reino, se hace merecedor de ser expulsado del mismo, con mayor razón el que niega que Dios es principio de quien todas las cosas proceden en el tiempo, o que es principio “ad intra” desde toda la eternidad, gravemente deshonra a la majestad divina, y se hace merecedor no sólo de ser arrojado del reino de Dios, sino también de ser precipitado en el suplicio del infierno en compañía del demonio y de sus ángeles. Es asimismo evidente por qué damos culto a Dios por medio de la fe. Porque pensando de Dios como la fe cristiana piensa, pensamos que Él es principio altísimo y piísimo, y, por tanto, que ha de ser temido y a la vez amado; temor y amor que apartan al hombre del mal y lo enardecen en el bien; ésta es la perfecta justicia, que hace a quien la posee digno de la bienaventuranza eterna >>.

Y Ramón Llull, en sentido análogo (Vida Coetánea):

<< Todo ente perfectamente bueno es tan perfecto en sí mismo, que no necesita hacer ni mendigar el bien fuera de sí. Tú dices que Dios es perfectamente bueno desde siempre y para siempre. Luego no necesita mendigar ni hacer el bien fuera de sí, porque si fuera así no sería perfectamente bueno sin más. Y porque tú [musulmán] niegas la Santísima Trinidad, suponiendo que no existiera, Dios no sería perfectamente bueno desde siempre hasta que produjo el mundo en el tiempo. Y tú crees en la creación del mundo. Y por esto, Dios fue más perfecto cuando creó el mundo en el tiempo, que antes; ya que la bondad es mejor cuando se difunde que cuando existe ociosa. Esto lo digo en cuanto a ti. Pero en cuanto a mí, digo que la bondad desde siempre es difusiva. Y esto pertenece a la razón de bien que es difusivo de sí, y así Dios Padre bueno, de su bondad engendra al Hijo bueno y de ambos es inspirado el Espíritu Santo bueno >>.

Al hecho de que el sacrificio de Cristo no haya traído la felicidad eterna al mundo se contesta como sigue: por él podemos ingresar, mediante nuestra fe y nuestras obras en esta vida, en el reino de los cielos después de la misma.

III. Justificación soteriológica de la Trinidad.

Para entender el pecado original, distingamos antes entre vicio y pecado:

Defino el vicio como una inclinación natural a obrar irracionalmente.

a) Una inclinación, puesto que se da reiteradamente.

b) Natural, ya que excluye la preformación del deseo en la conciencia. Podríamos hablar, en cambio, de posformación o racionalización.

c) Manifestada mediante signos exteriores y visibles, dado que nos empuja a obrar.

d) Irracional, desde el instante en que no queremos los fines de ese acto, por lo que asentimos a él padeciéndolo.

Según este punto de vista, el sexo es siempre un vicio, a no ser que o bien nazca del amor consciente hacia el otro, o bien se oriente a la procreación, o se den ambos casos.
El vicio, pues, se caracteriza por no tener fin, por tomarse como fin en sí mismo. Expresémoslo en un silogismo:

La mera búsqueda del placer es común a animales y hombres. Los animales son irracionales. Luego, la mera búsqueda del placer no puede ser racional.

Consecuencias del sexo vicioso (que, recordémoslo, es un fin en sí para los que lo practican): concepciones no deseadas, embarazos no deseados, hijos no deseados, matrimonios no deseados…

Así que el peor vicio es el que más se ajusta a la definición que he formulado más arriba, a saber: el que es movido por una pasión más poderosa y el que produce consecuencias menos racionales, esto es, accesorias al vicio y no queridas por sí mismas, buscadas en tanto que complemento o medio para la perduración del vicio como fin en sí.

Ahora bien, una inclinación natural no es mala per se, sino en la medida en que subordina la racionalidad y extravía sus fines. Por ejemplo, la inclinación de comer o la de hacer el amor no deben considerarse necesariamente malas: son malas cuando rompen el cerco de la conciencia y se apoderan de ella.

Yendo un poco más allá: el vicio nos acerca al pecado, y el pecado nos aleja de Dios. O lo que es lo mismo: puede haber vicio sin pecado y pecado sin vicio. Sin embargo, todo pecado es irracional, porque conlleva la condenación eterna, que es un fin no deseado. Ahí entramos en la esfera de la creencia. También podríamos decir que, a pesar de nuestro albedrío, estamos naturalmente inclinados a pecar a causa de nuestro desconocimiento de Dios, pues en eso consiste la primera falta.

Luego, bien mirado, pecado y vicio no serían tan distintos: el primero parte del desconocimiento teórico, el segundo de la indolencia práctica.

En resumen, se peca por desconocer a Dios, pero el desconocerlo (o, mejor dicho, el olvidarlo, ya que su absoluta ignorancia resulta imposible) no es en sí un pecado. Más bien es el origen necesario de todo pecado, su compendio o germen, y por consiguiente, el pecado original.

El estado anterior al pecado original, pues, tiene una doble simbología: la del hombre sumamente imperfecto, incapaz de resistir a sus pulsiones bestiales (la serpiente-diablo); y, a su vez, la del hombre sumamente perfecto, próximo a Dios y aspirante a la inmortalidad, de la que toma consciencia en el mismo instante en que asume su mortalidad (los animales carecen de ambos tipos de conocimiento).

Al respecto del peliagudo asunto escribe San Agustín de Hipona (Revisiones):

<< La realización plena del bien consiste en que ni siquiera exista en el hombre la concupiscencia del pecado. Cuando vive santamente, la voluntad no da su asentimiento a esta concupiscencia, no obstante, el bien no se da en plenitud, porque (el hombre) aún vive dentro de la concupiscencia, aunque su voluntad le oponga resistencia. El bautismo aniquila lo que de culpa tiene tal concupiscencia, pero permanece la debilidad, contra la que lucha con el máximo esfuerzo todo bautizado que progresa en el bien, hasta que sea curado. “El pecado” que “no reside en lugar alguno, sino en la voluntad” ha de entenderse ante todo del que es resultado de una justa condena -tal pecado, en efecto, “entró en el mundo por un solo hombre”-, aunque incluso el pecado por el que se consiente a la concupiscencia del pecado no se comete sino por la voluntad. Por eso dije también en otro lugar: “Pues no se peca sino voluntariamente”. (…) Así, la voluntad fue, conforme a nuestra definición, “un movimiento del alma, exento de toda coacción, dirigido a no perder o a conseguir algo”. A nadie se le ha considerado coaccionado a hacer algo que no hubiese hecho si no hubiese querido. Lo hizo, pues, porque quiso, aunque, no obstante haber obrado voluntariamente, no pecó al no saber que era pecado lo que hacía. Por tanto, ni siquiera tal pecado pudo existir sin voluntad, aunque se trata de la voluntad referida al hecho, no al pecado; hecho que, sin embargo, era pecado, en cuanto que se hizo algo que no debía haberse hecho. En cambio, quien peca a sabiendas, si puede ofrecer resistencia, sin pecar, a quien le fuerza al pecado y no la ofrece, peca en verdad voluntariamente, porque quien puede resistir no se ve forzado a ceder. Por el contrario, cuando alguien no puede resistir voluntariamente a la apetencia que le coacciona y, en consecuencia, obra contra los preceptos de la justicia, nos hallamos ya ante un pecado que es, además, castigo del pecado. En conclusión, es totalmente verdadero que no puede haber pecado sin voluntad. De igual manera definí el pecado con estas palabras: “Pecado es la voluntad de retener o conseguir algo que la justicia prohíbe y de lo que hay libertad para abstenerse”. La definición es verdadera porque se refiere únicamente a lo que es pecado, excluyendo el castigo del pecado. En efecto, cuando el pecado se entiende en sentido doble, en cuanto pecado propiamente y en cuanto pena del pecado, ¿cuál es el poder de la voluntad sometida a la apetencia que la domina, si no suplica ayuda, en el caso de que sea piadosa? Es libre en la medida en que está liberada, y en esa misma medida se le llama voluntad. En caso contrario, se le ha de llamar con mayor propiedad a toda ella apetencia antes que voluntad. Apetencia que no es, como piensan los insensatos maniqueos, una adición proveniente de una naturaleza extraña, sino un vicio de la nuestra, que sólo lo sana la gracia del Salvador. Si alguien dice que la misma apetencia no es otra cosa que la voluntad, aunque viciosa y al servicio del pecado, no hay que replicarle ni hemos de hacer un problema de palabras, cuando la realidad está clara. Queda mostrado también, pues, que no hay pecado sin voluntad, ya en el momento de la obra, ya en su origen. Escribí también: “Ya podía haber investigado si el género de almas malas había tenido alguna voluntad mala antes de su mezcla con el género de las almas buenas. Si no la tenía se hallaba sin pecado y era inocente y, en consecuencia, no era mala”. Preguntan (los pelagianos): “¿Por qué, pues, afirmáis el pecado en los niños, cuya voluntad no consideráis culpable?” Les respondemos que ellos no son culpables por efecto de su voluntad, sino en virtud de su origen. Considerado en su origen, ¿qué es todo hombre terreno sino Adán? Y Adán poseía ciertamente voluntad, y al haber pecado mediante esa voluntad, “el pecado entró en el mundo”. Dije igualmente: “Las almas en ningún modo pueden ser malas por naturaleza”. Si alguien me pregunta cómo entiendo las palabras del Apóstol: “También nosotros fuimos por naturaleza hijos de la ira como los demás”, le respondo que al hablar de naturaleza quise que se entendiera aquella a la que se le da el nombre con propiedad, es decir, aquella en que fuimos creados sin vicio alguno. A ésta la llamamos naturaleza en atención a su origen, origen que ciertamente tiene un vicio que es contra la naturaleza. Dije también: “Considerar a alguien como culpable de pecado porque no hizo lo que no pudo hacer es la cima de la maldad y de la locura”. Preguntan (los pelagianos): “¿Por qué entonces se considera culpables a los niños?” Les respondo: En virtud de su origen están atados por la culpabilidad de quien no hizo lo que pudo hacer, es decir, cumplir el mandato de Dios >>.

Y, desde un enfoque distinto, aunque complementario, apunta el contemporáneo Pío Moa:

<< Un profesor de filosofía, muy anticlerical, que hace años solía ir por el Ateneo, probaba el absurdo del cristianismo recurriendo a la idea del pecado original: “¿Cómo puede tener pecado un recién nacido que todavía no ha hecho nada, bueno ni malo? ¿Puede imaginarse algo más fuera de razón? Es el típico embaucamiento para justificar el oficio y sobre todo el beneficio de los curas”. Sin embargo se trata probablemente de la intuición más profunda de la condición humana: ésta, separándose de la condición animal, entraña la tendencia al mal (y al bien), y en esa tendencia inevitable se encuentra la raíz del pecado. La religión sitúa el bien y el mal en la persona misma, en el individuo, al margen de las circunstancias exteriores. Asimismo, acepta, como queda claro en el libro de Job, el carácter misterioso de esa condición y de la relación entre el bien y el mal, y entre la recompensa y el castigo que en la tierra puedan tener uno y otro, pues, en definitiva el ser humano sería, como el resto de la creación, obra de Dios, cuyos designios sólo en pequeña medida resultarían penetrables a la razón humana. La inclinación al mal lleva consigo la culpa, sentimiento insoportable que tratamos de proyectar fuera de nosotros por medio de incesantes racionalizaciones. Como explica Paul Diel, buena parte de la actividad psíquica consiste en una rumia de agravios, justificaciones sobrecargadas de emotividad y ofrecidas a uno mismo, etc., cuyo objetivo es en buena medida proyectar la culpa sobre el prójimo, o sobre las circunstancias: rechazarla de una u otra manera. Esto se percibe fácilmente en las conversaciones, cuyo tema frecuente es el ataque emocional, injurioso o burlón, al prójimo, se trate de conocidos o incluso de amigos, o de entes más lejanos, como personajes públicos, o abstractos como diversas instituciones o “la sociedad”. De ahí lo fácil que suele ser la solidaridad en el ataque a un tercero, y lo peligroso de aludir a actos o actitudes que pongan en evidencia al interlocutor: “Di las verdades y perderás las amistades”, asegura el refrán. Esta proyección de la culpa tiene un carácter casi incontrolable, apenas consciente y apenas racional. Puede decirse que una diferencia básica entre la religión y la ideología consiste en la actitud ante el mal. La religión sostiene que el mal, y por consiguiente la culpa, es intrínseco al individuo, y que atenuarlo o, en casos ya muy difíciles, superarlo por completo, exige un combate interno y permanente. La ideología niega tal cosa, y considera el mal un hecho accidental, nacido de la ignorancia, la miseria u otras limitaciones. Superando esas limitaciones mediante mecanismos sociales (desde la revolución comunista a la “ingeniería social”, pasando por el adoctrinamiento desde la infancia), el mal desaparecerá. La lucha interna del individuo queda descartada así como un absurdo, generador de obsesiones e histerias (y como a veces así ocurre, buena parte de la crítica de las ideologías a la religión se basa en la absolutización de esos casos). El hombre es naturalmente bueno, y en ese sentido la ideología ofrece una liberación radical de la culpa. De ahí su atractivo sobre mucha gente. Pero en la práctica, la ideología choca con una multitud de hechos y tendencias que impiden a la esencial bondad humana manifestarse con plenitud. En consecuencia racionaliza que, por un mecanismo más o menos claro, aquella bondad no impide el surgimiento de fuerzas sociales opuestas al bien. Ese mal, por fortuna, no es esencial, sino externo, histórico y superable, puede y debe ser combatido. La tarea de los justos aunque no se llamen así consiste precisamente en aniquilar esas exteriores fuerzas del mal, y de ahí la engañosa similitud de las conductas ideológicas con las religiosas, especialmente las de tinte mesiánico. Pero, al revés que la religión, la ideología puede definirse como una formidable máquina de proyección y socialización de la culpa, de efectos bien palpables en las matanzas del siglo XX: en los enemigos de la causa se concentra toda la culpa, y por tanto no debe tenerse consideración alguna con ellos >>.

En resumidas cuentas, el pecado original es la desobediencia a Dios. La pena por ese pecado es la muerte, y no el mundo. Además, se admite que nadie es bueno, sino Dios (cf. Mc. 10, 17)). Y, por el mismo motivo, que todos nacemos ateos y sólo dejamos de serlo gracias a la revelación sobrenatural.

Si Cristo es Dios, la comisión de pecados por parte del hombre pasa a ser plena responsabilidad suya, ya que ha tenido un Maestro perfecto en la doctrina de la salvación. De lo que se sigue que, si el hombre no se salva, es, ahora sí, por su culpa exclusiva, por el mal uso que ha hecho de su libre albedrío, una vez que se le ha ofrecido la posibilidad en la historia de redimirse del pecado original.

IV. Justificación escriturística de la Trinidad.

Tu argumentación principal en este punto, Abdallah, ha rotado sobre dos ejes:

1) Que el Corán niega taxativamente la Trinidad en varios pasajes, cosa que a mí, como cristiano, no me vincula en lo más mínimo.

y:

2) Que la Biblia no afirma la Trinidad, lo que se ha probado falso mediante el examen del Nuevo Testamento, que completaremos ahora, y se tendrá ya por falsísimo tras proceder al escrudriñamiento de las Escrituras en su conjunto. Porque, si estas mienten, o bien los discípulos de Cristo fueron mentirosos en su totalidad (lo cual es inverosímil, dada la coherencia de su predicación, reflejada en cientos de papiros, a pesar de que la misma se difundió por todo el orbe) o que las siguientes generaciones de cristianos fueron prevaricadoras con la tradición recibida. Ahora bien, de ser esto cierto, ¿por qué San Juan redactó su evangelio contra los ebionitas, que negaban la divinidad de Cristo? ¿No se opuso con este modo de actuar a lo que veía como una falsificación evidente de la misión de Jesús?

Pero todavía objetas contra la Palabra de Dios su palabra misma, al tomar las enseñanzas en el sentido que te interesa. Que éste no es el único posible, ni el más apropiado desde una visión global, ni el seguido por los autores católicos, se verá acto seguido. La parábola de la viña y los obradores, como la de la higuera seca, dispensacionalista, dirigida sólo al pueblo judío renegado (cf. Mt. 21, 45), nos viene ilustrada por San Ambrosio de Milán (Comentario al Evangelio de Lucas):

<< “Un hombre plantó una viña”. Muchas son, según los autores, las interpretaciones que se pueden dar a esta palabra de la viña, pero Isaías ha explicado con toda claridad que la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel (Is. 5, 7). Y ¿quién sino Dios es el que ha creado esta viña? (…) Y continúa diciendo que el Señor de la viña va a venir porque la majestad del Padre reside también y en el mismo grado en el Hijo, o porque en los últimos tiempos su presencia se hará sentir más en los corazones de los hombres. Así, ellos mismos pronunciarán su propia sentencia condenatoria, es decir, perecerán los malos y la viña pasará a manos de otros colonos >>.

Sobre la prefiguración del Hijo recogemos los testimonios de Tertuliano (Contra Práxeas [traducido del catalán]):

<< Pero en las anteriores obras de la creación del mundo, ¿qué hallamos escrito? En primer lugar, cuando aún no existía el Hijo: “Dijo Dios: ‘Haya luz’, y hubo luz” (Gn. 1, 3), y al momento fue hecha la Palabra, “luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo” (Jn. 1, 9) y mediante ella también apareció la luz en todo el mundo. Después, con la asistencia y la ayuda de la palabra, que es Cristo, Dios quiso crear y creó: “Dijo Dios: ‘Haya un firmamento…’. E hizo Dios el firmamento” (Gn. 1, 6-7). (…) Y el mismo que hizo las realidades primeras, o sea, la Palabra de Dios, hizo todas las demás: “Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe” (Jn. 1, 3). Y si la Palabra es Dios, tal y como dice Juan: “la Palabra era Dios” (Jn. 1, 1), tienes que son dos, uno que dice que exista la luz, otro que la trae a la existencia. Cómo debes entender a este segundo, ya te lo he dicho, con el nombre de persona, no de substancia, para marcar la distinción, no la división. Por otro lado, siempre y en todo lugar confieso una sola substancia en tres bien unidos; sin embargo, para aclarar el sentido de esto, he de decir que son dos: uno que manda y otro que realiza. Porque no mandaría, si obrase él mismo; en cambio, manda si hay alguien a quien encarga la realización; ni sería preciso que se lo mandase a sí mismo, si fuera uno solo, porque lo haría ya sin mandamiento alguno, y no esperaría que nadie se lo mandara >>.

Así como de San Hilario de Poitiers (Tratado de los misterios):

<< Por otra parte, la embriaguez de Noé causada por el fruto de la viña que él mismo plantó, es figura de la pasión. El Señor trasladó una viña de Egipto y la plantó (Cf. Sal. 79, 9). Y en otra ocasión: “La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel” (Is. 5, 7). En efecto, su pasión fue causada por las obras del pueblo que Él trasladó y plantó. Si, tal vez, alguno piensa que la embriaguez de Noé no tiene relación con la prefiguración de la muerte del Señor, se convencerá por los acontecimientos que siguieron, porque, en los Evangelios, el cáliz bebido por el Señor manifiesta la muerte que había de padecer. Como eran tres hijos, la desnudez del padre sirve de burla a uno, mientras que los otros dos la esconden, pero, aunque los dos, de acuerdo, lo han cubierto, tras la maldición del tercero, la bendición es distinta para cada uno de los otros dos a pesar de que habían realizado una misma obra. Bajo la imagen de estos tres hijos se manifiesta la humanidad entera, es decir, los que viven bajo la Ley, los que viven bajo la gracia y los gentiles. De éstos, los gentiles se burlan de la muerte del Señor y del cuerpo desnudo de Dios, pero en los que ocultan la desnudez se contiene la prefiguración de la Ley y la gracia >>.

Entre muchos otros.

Y, para concluir, los que aporta Joaquín de Fiore (A los hebreos [traducido del italiano]):

<< “Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo venía Como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano Y fue llevado a su presencia. A él se le dio imperio, Honor y reino, Y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, Que nunca pasará, Y su reino no será destruido jamás” (Dn. 7, 13-14). (…) ¿Quién es éste tan grande y sublime, que llegó hasta el “Anciano”, si no es Cristo que viene para cumplir el juicio en la gloria del Padre? Todos deberán render honores al Hijo como al Padre, en cuanto a él le es dado llegar hasta el Anciano, en presencia de aquellos que le despreciaron hasta que fue elevado a la grandeza de la gloria del Padre >>.

De los cuales omito las múltiples referencias a Isaías, por todos conocidas.

Sobre la “cruci-ficción” islámica:

Has insinuado sin pudor alguno que Cristo es un asesino por omisión y un vil cobarde, siendo Pedro su cómplice. Pero, para ello, este último también debería ser un mentiroso, ya que su exposición de la fe concuerda con el resto de apóstoles, Pablo entre ellos, que creían y predicaban la muerte y resurrección de Jesús.

Ahora bien, Pedro se arrepintió de negar a su maestro. Dices que una debilidad así es “inconcebible” en Pedro, a pesar de que Cristo la predijo. ¿Por qué consideras, entonces, concebible la vergonzosa debilidad del Jesús coránico al renunciar a la cruz que él mismo había anunciado?

Y, como postrer apunte, Jesús sí responde al Sanedrín y a Pilatos, aunque no en su defensa, sino confirmando su asunción del papel de Mesías por el que se le juzgaba. Su mansedumbre y sumisión no son ominosas, puesto que están profetizadas en Isaías y en Juan el Bautista bajo la figura del Cordero de Dios.

Sobre el Espíritu Santo nos hablan Dídimo el Ciego (Tratado sobre el Espíritu Santo):

<< El Salvador afirma que el Espíritu Santo es enviado por el Padre en su nombre. Ahora bien, propiamente el nombre del Salvador es Hijo, porque con este término se indica la comunidad de naturaleza y, por decirlo así, la propiedad de las personas. Y por el hecho de que el Espíritu Santo es enviado por el Padre en el nombre del Hijo, hay que reconocerlo no como siervo, ni como un ser extraño, ni separado del Hijo. Y como el Hijo viene en nombre del Padre cuando dice: “Yo he venido en el nombre de mi Padre” (Jn. 5, 43), -en efecto, es exclusivo del Hijo el venir en nombre del Padre manteniendo a salvo la propiedad del Hijo respecto al Padre y la del Padre respecto al Hijo-, así, por el contrario, ningún otro viene en el nombre del Padre, sino que viene, por ejemplo, en el nombre del Señor o de Dios o del Omnipotente. Es cosa que podrás observar claramente leyendo con serenidad a los profetas. En efecto, Moisés, el gran siervo y amigo de Dios, vino en el nombre de “Aquel que es” y en el nombre del “Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob”, cuando Dios se dirige a él: “Así dirás a los hijos de Israel: ‘El que es’ me ha enviado a vosotros”, y enseña enseguida después: “Les dirás: El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob me ha enviado a vosotros” (Ex 3, 14-15). La misión de siervos ciertamente justos, cuales eran los profetas, de los cuales dijo: “Ordenaré a mis siervos, los profetas, por medio de mi Espíritu” (Za 1, 6), tuvo lugar en nombre de Dios. Y puesto que se mostraron dignos de Dios, son reconocidos como venidos en el nombre de Dios. Y progresando en la perfección y permaneciendo bajo el mando del único Dios, vinieron por orden del Dios omnipotente. Y pues los hijos de Israel mientras estaban en Egipto aprendiendo a adorar “a aquellos que no son”, considerándolos como dioses y tributándoles honores divinos como a creadores del mundo, fue necesario que Moisés fuera enviado a ellos por el que es indicado con el nombre de ‘El que es’, para que liberándolos de los falsos dioses, los guiase al verdadero Dios y al Señor de los patriarcas Abrahán, Isaac y Jacob. Por tanto, como los siervos que vienen en el nombre del Señor, por el hecho mismo de que le están sujetos y le sirven, revelan al Señor reflejando sus cualidades: pues son siervos del Señor; así también el Hijo, que viene en el nombre del Padre, trae consigo la propiedad y el nombre del Padre y, por esto, se le llama unigénito Hijo de Dios. Y como el Espíritu Santo es enviado por el Padre, en el nombre del Hijo, teniendo la propiedad del Hijo, en cuanto que éste es Dios, pero no la filiación, como para ser hijo suyo, esto indica que está ligado al Hijo en la unidad. Por esto es llamado Espíritu del Hijo, porque hace hijos de adopción a los que lo quieran acoger. Dice: “Y puesto que sois hijos de Dios ha enviado el Padre a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que grita: ¡Abba, Padre!” (Ga 4, 6) >>.

Y, por otro lado, San Ambrosio de Milán (El Espíritu Santo):

<< Por tanto, la unidad es inseparable, porque donde, según el testimonio de la Escritura, se indica el Padre, Cristo, o el Espíritu, allí está toda la plenitud de la Trinidad. Pero también el mismo Pedro, en el ejemplo que propusimos, primeramente dijo “Espíritu Santo” y luego dijo “Espíritu del Señor”. He aquí el texto: “Ananías, ¿por qué Satanás ha llenado tu corazón para mentir al Espíritu Santo, engañando acerca del precio del campo? ¿Acaso cuando lo tenías no permanecía tuyo y vendido no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste en tu corazón este delito? No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hch. 5, 3-4). Y más abajo dice a su mujer: “¿Por qué os habéis puesto de acuerdo para tentar al Espíritu del Señor?” (Hch. 5, 9). En primer lugar, entendemos que llamó “Espíritu del Señor” al Espíritu Santo. Después, habiendo dicho antes “Espíritu Santo” y añadido: “No has mentido a los hombres, sino a Dios”, es necesario que en la expresión “Espíritu Santo” entiendas o bien la unidad de la divinidad, porque cuando es tentado el Espíritu, se engaña a Dios, o bien, si pretendes excluir la unidad de la divinidad, sin duda que tú mismo, según las palabras de la Escritura, confiesas que el Espíritu es Dios >>.

Y agrego que si el Espíritu Santo no fuera Dios, la misión salvífica de Cristo se vería constreñida en el tiempo y en el espacio, pasando a depender de las obras terrenas y no de Dios. En pocas palabras, simplificando el misterio al máximo: Dios Padre está fuera del tiempo, Dios Espíritu está en el tiempo, Dios Hijo está en el espacio y en el tiempo (en la encarnación y en la eucaristía).

¿Qué duda cabe ya de que la Trinidad tiene un sólido fundamento escriturístico? El Dios cristiano no es antropomorfo, sino que es Jesús, el Cristo, quien es deiforme por su virtud. Por eso puede afirmar: “En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán fuese, yo soy” (Jn. 8, 58). En él “todo se ha cumplido ya”, como indica Jaime Pérez de Valencia (Tratado contra los judíos):

<< Por tanto, hay que advertir, de acuerdo con todos los Profetas, que Cristo, el Mesías prometido en la Ley, había de realizar principalmente siete funciones buenas, entre otras muchas. Primero, había de venir al Segundo Templo. Segundo, había de entregar una Ley Nueva, perfecta, universal y común a todos los pueblos y naciones. Tercero, había de morir por todos y con su muerte liberar a todos del pecado. Cuarto, había de resucitar, y tras su resurrección, había de reinar universalmente en el cielo, en la tierra y en el infierno. Quinto, había de enviar por todo el orbe a sus discípulos, convertidos del judaísmo, quienes debían someter todo el pueblo gentil a Cristo, destruir los ídolos y expulsar al diablo de este mundo. Sexto, debía dispersar al incrédulo y obstinado pueblo judío y destinarlo y someterlo a una cautividad perpetua. Séptimo, había de glorificar y hacer dichosos en cuerpo y alma a sus fieles, al final del mundo, cuando tenga lugar su segunda venida y el juicio final >>.

Con esto ha quedado probada la Trinidad históricamente, racionalmente, soteriológicamente y escriturísticamente.

Saludos.

Daniel.

http://www.miscelaneateologica.tk

http://www.tuobra.unam.mx/publicadas/041003231435.html

Misterios Bíblicos

Misterios Bíblicos

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Además puedes ver lugares bíblicos desde el espacio con Google Earth y con fotografías de visitantes del lugar provistas por Panoramio.com, en este enlace.

Esperamos que sea bendecido y fortalecido con estos artículos. Si tiene dudas, consultas o inquietudes no dude en contactarse con nosotros a waldemarp@gmail.com.
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