Del horror al ocio en el Ars luliano y el problema del vacío en la discusión Leibniz-Clarke

Del horror al ocio en el Ars luliano y el problema del vacío en la discusión Leibniz-Clarke

Principios teológicos en la epistemología de las ciencias

José G. Higuera Rubió
Instituto Brasileiro de Filosofia e Ciência Raimundo Lúlio
Salvador

0. Proemio

La biotecnología y en especial sus animados mecenas dicen haber descubierto el ‘lenguaje de Dios’ representado en el genoma. De cualquier forma el ‘texto divino’ carece para nosotros de un sentido integral. Esperamos, optimistas, el avance en la investigación que descifra los familiares términos del lenguaje de la vida. Con ello el conocimiento sobre el desarrollo y las funciones de cualquier criatura estarán disponibles para el hombre.

En este hecho científico encontramos el eco de una antigua relación entre el conocimiento de la naturaleza y el conocimiento de Dios. Cada vez que un saber cambia de forma drástica el panorama del conocimiento la humanidad dice haber ganado algo de las virtudes de Dios. En el caso del descubrimiento del genoma la capacidad para recrear seres vivos más allá del plan natural –eugenía–.

En filosofía este affaire podría empezar con Platón. Cuando propone que los elementos utillizados por el demiurgo para crear el orden del cosmos son los cinco sólidos regulares. Kepler sigue esta idea y su cosmógrafo representa el orden de las órbitas del sistema solar según los sólidos platónicos.

Fue Galileo quién decía leer en la naturaleza los carácteres de la matemática puestos por Dios en ella. Lectura que mejoraría después Newton. La escuela de Chartres y Roger Bacon consideraban a la naturaleza el gran taller del máximo Artífice. El universo por el orden y la variedad de sus hechos fue considerado una noble máquina. Siguiendo a Dios el hombre crea máquinas que le ayudan a superar sus límites.

Estas ideas descansan sobre las atribuciones o virtudes que concebimos de Dios. Cuando el hombre cree rozar alguna de estas atribuciones el conocimiento y la naturaleza parecen revelarse como un libro escrito por Dios al que tenemos, por fin, acceso. La realidad del conocimiento parece depender aquí de la realidad máxima de Dios representada en sus atributos –Poder, Sabiduría, Voluntad, Justicia, Eternidad, Gloria, Bondad, Verdad, Perfección, Grandeza–.

Las páginas de la ciencia escritas por el creador actuan en la eternidad, aunque nos importan más las páginas escritas en nombre de Dios por matemáticos, físicos, biólogos, astrónomos sin dejar de lado a los teólogos. Que versados en el conocimiento universal veían crecer la Gloria de Dios en las experiencias y conclusiones de la ciencia. En esos célebres libelos, impulsados por la inspiración de la providencia, encontramos la presencia de los atributos de Dios. Guiando al conocimiento hacia la participación que las criaturas y los fenómenos tienen en las potestades divinas.

Leibniz y Llull tenían como proyecto construir un modelo de conocimiento general basado en principios fundamentales, los atributos de Dios. El Ars Magna y la Mathesis Universalis subordinan los principios de las ciencias particulares y las causas que operan en el mundo a un conocimento global de la realidad construido por razones primeras.

La discusión entre Llull y los Maestros de artes, en París, llamados ‘averroístas’; la disputa entre Samuel Clarke y Leibniz, aparecen porque aquellos oponentes interpretaban a los atributos divinos de una forma que confundía los primeros principios con la acción de las causas en la naturaleza generando contradicciones en la concepción humana de la divinidad y en el conocimiento de la realidad.

El resultado podría verse en la concepción de una naturaleza imperfecta en sus procesos, insuficiente de razones para ser explicada y lejana de la realidad máxima del Ser primero. Estas limitaciones crean una incompatibilidad entre los atributos divinos y las causas que operan en el mundo, frustrando el proyecto de una ciencia general que estudie lo real.

Las discusiones en torno a la existencia del vacío en el espacio –Leibniz– y el ocio en la naturaleza –Llull– son los casos más prominentes en el siguiente estudio sobre las relaciones entre los atributos de Dios, el orden de la naturaleza y el conocimiento humano.

1. Horror al ocio

En la correspondencia entre Samuel Clarke y Gottfried Leibniz, este último dice: que es imposible suponer un Dios que admita la existencia del vacío en la naturaleza, porque tendríamos por lo menos una ley natural creada como un decreto excepcional de la Voluntad divina y no establecida por su Sabiduría. Esta contradicción entre la Voluntad y la Sabiduría implica que Dios actua sin orden, o peor, que lo hace para corregir la creación[1]. En algún momento Dios sufrió un descuido o fue en exceso ‘ocioso’.

La contradicción entre Dios y las leyes de la naturaleza sería una implícita venganza del sentido común en nuestra metafísica, dado que cualquier fenómeno podría ser ‘improvisado’ sin cumplir con una regla y menos aún con ciertas condiciones sensibles que el conocimiento requiere. El vacío a pesar de los experimentos de Torricelli y el acuerdo cartesiano no es verificable experimentalmente, según Leibniz. No existe una ley natural que lo explique. Por lo tanto pensar que Dios admite el vacío, como lo defendian los seguidores de Newton, significa inventar por ocurrencia una ley. De paso creando una confusión entre los atributos divinos que competirían entre sí en su potestad.

Esta incompatibilidad entre la ciencia del Ser –generalísima– y las ciencias particulares que contienen las reglas para los fenómenos naturales sería rebatida por Ramon Llull. Cuando explica para sus contemporáneos de París la actividad infinita y continua de Dios frente a la idea de una materia –pasiva– presente desde siempre. Tal materia pasiva es una contradicción frente a la existencia del Ser supremo y delante de las leyes naturales que son también decretos divinos. Porque la acción de estas leyes –naturales y divinas– sería precedida de una ley pasiva: la existencia de una materia que no actua. Tendriamos un ‘acto-ocioso’ –pasivo– que no esta dentro de ninguna ley activa en la naturaleza. Esta ley de la materia regiría –de forma sorprendente– después de ser principiada por la acción de Dios. Tendríamos una ley que no rige desde su principio que es lo mismo que no tener ninguna ley. La creación no es un acto nacido de lo pasivo, pues supondríamos que la virtud creadora no actuó antes de la existencia de la materia.

Para la concepción de naturaleza que se tenia en la Edad Media la materia era el centro de una discusión sobre el origen del mundo y la acción de Dios en los fenómenos. Si la materia es una regla fuera de las reglas de la naturaleza para qué las leyes divinas? La materia es una contradicción entre la ciencia generalísima del Ser y las ciencias particulares. En este caso la cosmología discute con la teología, como en la disputa Leibniz-Clarke la física discute frente a la ciencia del Ser.

Lo anterior respecto a las contradicciones entre leyes ‘pasivas’ en la naturaleza tales como la existencia del vacío o la permanencia de la materia.

Lo que sigue a estas discusiones es cómo mantener las leyes naturales en concordancia con la actividad continua del creador sin poner en riesgo la naturaleza divina y el conocimiento de la naturaleza. Para lograr un acuerdo entre la ciencia general –del Ser– y ciencias particulares –de la naturaleza–.

Al existir el ‘ocio’ en los decretos divinos la concepción sobre el Ser está fallando. Las siguientes son algunas de las concepciones que surgen al aceptar un lapso de inactividad en el creador y la naturaleza. Estas posiciones tienen una larga trayectoria en la historia del pensamiento: i) Dios actua según el día, es decir hace lo que puede por deshacer lo hecho el día anterior. De forma que las leyes naturales son ‘milagros’. Permanentes decretos divinos. Se defiende con ello la identidad entre Dios y el universo; ii) Dios actua cuando alguna ley necesita de un hecho excepcional para ser cumplida. Asunto que concilia los fenómenos y los milagros, pues ambos son decretos de la voluntad divina; iii) Dios trabaja de acuerdo a sus propios decretos que ni el mismo puede romper. De forma que los milagros ya estan dictados tanto como las leyes. Dios se obedece a sí mismo hasta en las excepciones.

El primero es el Dios ‘improvisador’ –sociniano[2]– que no se ajusta a un orden fijo y debe crear reglas nuevas a cada día. El segundo es el Dios ‘relojero’ que debe darle cuerda al mundo para que la máquina marche de acuerdo a su diseño. El tercero es el ‘Artífice’, el divino arquitecto[3]. En el primer caso observamos un Dios que actua siempre pero sin orden; en el segundo, otro que actua cuando el orden que creó se desajusta; y en el último caso, uno que actua según el plan establecido por su sabiduría[4].

En los dos primeros la voluntad y el poder divinos gobiernan la creación y parecen dejar de lado a la sabiduría. En el último la voluntad y el poder estan al servicio o mejor son compatibles con la sabiduría divina que dispuso el orden de las cosas.

En las discusiones con sus contemporáneos, Llull y Leibniz defienden este último Dios de principios frente a un Dios de voluntad y reglas caprichosas. Esto modifica las nociones de ciencia general del Ser frente a las ciencias particulares. Quiere establecer una dependencia entre los principios metafísicos del Ser –concebidos como los más generales: las virtudes de Dios– y los principios del conocimiento humano. En especial, los principios de las ciencias que conllevan algún nivel de probabilidad. Dado que para las ciencias particulares la fuente del conocimiento son los hechos del mundo y de la elección cuidadosa de un método demostrativo, que use principios generales, depende el conocimiento de los fenómenos y las pruebas sobre la realidad del Ser en el orden universal de la naturaleza.

La discusión gira en torno del: ‘horror al ocio’[5]. Los argumentos que sustentan la existencia del ocio en la naturaleza suponen la inactividad de una ley natural, que nos lleva a una contradicción –aparente– entre Dios y la naturaleza. Dios tendría el Poder para restringir o modificar la acción de las leyes naturales o podría inventar excepciones. La posición de Llull y Leibniz dice que Dios no crea en sí contradicciones, pues el Poder y la Voluntad no se oponen a la Sabiduría y la Perfeccción, en Dios, para modificar el orden de la creación. Lo anterior corresponde a una exigencia sistemática no contradictoria que las Virtudes de Dios respetan.

2. Las virtudes divinas

El Poder y la Sabiduría divinos no son contradictorios. Son virtudes supuestas como compatibles. Enunciados del tipo: “La sabiduría es poderosa”; “El poder es sabio” son tomadas como afirmaciones positivas sobre la existencia divina por Llull y Leibniz. Construir estos enunciados usando las demás virtudes divinas demuestra formalmente que no existen limitaciones en Dios. No puede suceder que las leyes de la naturaleza o el mismo Dios cree para sí mismo límites como el vacío o la falta de actividad en su creación. Por tanto será un error decir que Dios obedece a su Sabiduría o que la Sabiduría obedece a la Voluntad. Una virtud como la otra son planteadas como ilimitadas y no contradictorias[6].

Desde el punto de vista luliano y leibniziano las Virtudes de Dios satisfacen la posibilidad de la existencia del sujeto de máxima perfección. Demostrada, para Llull, en los enunciados no contradictorios sobre sus Virtudes[7]. En los enunciados las virtudes se sustituyen unas a otras de la siguiente forma: La Bondad es Grande, La Justicia es Poderosa, La Sabiduría es Verdadera, La Grandeza es Buena, El Poder es Justo, La Verdad es Sabia, La Justicia es Grande, El Poder es sabio, La Bondad es Verdadera, La Justicia es Sabia… En estos enunciados las virtudes están definidas como no contradictorias y por ello unas se convierten con las otras, así como cada virtud y enunciado se convierte con la esencia del Ser que es su identidad ilimitada. La determinación no contradictoria de las Virtudes como su conversión entre sí y con la esencia divina demuestran para el intelecto la posibilidad de la existencia del Ser primero.

Las Virtudes en la naturaleza demuestran la existencia divina no sólo como posibilidad, sino como la realidad ostensible de un orden, de criaturas y acontecimientos, que se regula a sí mismo. Este juicio que nos lleva de la Obra –la naturaleza– al Máximo Artífice –Dios– hace parte del Ejemplarismo Medieval seguido por Llull y que Leibniz apreciaba, por la riqueza de consecuencias que se siguen de asumir la ostentación de la existencia divina en la participación de las criaturas, y de nosotros mismos, en las Virtudes de Dios.

En medio de la ostentación de las Virtudes de Dios y la posibilidad intelectual de su existencia encontramos la necesidad del orden natural. Esto implica que las leyes que regulan la naturaleza deben expresar la participación y la posibilidad de las virtudes de Dios en los fenómenos del mundo. Lo que las Virtudes establecen es una compatibilidad entre la posibilidad lógica y la realidad del ser que pasa por la necesidad de las leyes naturales. Por ello los argumentos de Llull y Leibniz contra la existencia del ocio o del vacío en la naturaleza sostienen la compatibilidad de las Virtudes de Dios como principios lógicos, naturales y metafísicos.

El conocimiento de Dios se obtiene através de los mismos principios –las virtudes– que se utilizan en el conocimiento de la naturaleza y del hombre. Esto crea una dependencia de orden ‘superior’ entre el conjunto de virtudes –principios primeros y fundamentales– los fenómenos naturales y el conocimiento humano. Cada vez que algún hecho en particular quiera demostrarse la demostración debe hacerse recurriendo a aquellos principios, si al explicar un fenómeno el recurso a las virtudes crea contradicciones entre ellas, como sucede para el vacío y el ocio en la naturaleza, la demostración es inválida y no corresponde a la realidad de los hechos como a la realidad del Ser divino.

Lo anterior, establece que un conocimiento general de Dios y la naturaleza requiere un conjunto de principios simples y universales no contradictorios. Sabemos que esto no sucede sólo en la metafísica sino para los sistemas formales en general.

El conocimiento humano necesita de un conjunto de principios que satisfagan su conocimiento del mundo y de Dios. Estos principios son las virtudes, que al mismo tiempo son fundamento ontológico y cognitivo: “Principios essendi[8] et cognoscendi”. Estas virtudes demuestran la posibilidad real del sujeto de máxima perfección y la existencia del primer Artifice. La Bondad, el Poder, la Gloria, la Eternidad, la Justicia, la Sabiduría, la Verdad, la Perfección, la Voluntad, forman un conjunto no contradictorio de principios simples en sí mismos[9], que reunen lo que el hombre puede demostrar y conocer de Dios.

Para Llull estos principios cumplen diversas funciones de acuerdo a la obra –lógica, apologética, didáctica– y al término que usa para nombrar las virtudes divinas[10]. Estos principios simples y generales se pueden concebir desde diversos puntos de vista.Tenemos tres funciones para las virtudes de Dios, que son: Dignidad, Atributo, Potestad.

Dignidad es principio lógico: la forma en que Dios se muestra al intelecto según principios generales. En términos escolásticos, Dignidad es la palabra latina para el griego axioma[11]. Estos principios no dependen de otros[12]. Son el punto más alto de la cadena analítica y el primer recurso para el conocimiento. En diversos contextos Llull muestra el uso lógico de Dignidad. Un principio que reune en sí lo más general del conocimiento.

Por Atributos se entienden aquellas perfecciones divinas que pueden ser participadas por las criaturas[13]. Desde este punto de vista los Atributos son causa de la forma de ser de las cosas. El atributo es la referencia a un sujeto que tiene una cualidad o que la incluye porque actua según ella. Podría pensarse que equivale a la esencia en tanto que nos muestra lo que la cosa es en medio de sus actos. Vemos porque es tan importante para Llull conservar la forma sujeto-predicado de los entinemas clásicos. En ellos se enuncian las relaciones de atribucion, de cualidad y esencia propia de las cosas.

Desde el punto de vista de la Potestad, los principios revelan la finalidad de toda la creación. Las cosas son y perseveran en su ser gracias a ellos. Constituyen la propiedad de las personas de la Trinidad y su acción en el mundo al transmitir su fuerza perfeccionadora a la creación. La potestad tiene un cáracter meramente metafísico.

Los tres puntos de vista sobre las virtudes divinas son el fundamento para la construcción de un modo universal del saber. De este fundamento provienen el Ars Magna de Llull y posteriormente la Mathesis Universalis de Leibniz. Porque las Dignidades son los principios generales del conocimiento, los Atributos las causas de las cosas en su forma de ser y las Potestades la acción continua en la naturaleza de la perfección divina.

Las virtudes ‘gobiernan’ todos los planos del universo. Son los universales ante rem, in re y post rem. Universales anteriores a las cosas debido a su identificación con el ser de Dios antes de su existencia. Universales en las cosas, porque ellas constituyen las cualidades y las operaciones de las criaturas. Universales posteriores, porque el hombre conoce por ellas las criaturas y con su conocimento las orienta hacia la perfección de Dios.

Al conocer, el hombre explica el perfeccionamiento del mundo y su forma de ser con las Virtudes del creador. El principio demostrativo –dignidad– es al mismo tiempo la finalidad –potestad– de las cosas y la razón de su forma de ser –atributo–. Esta cadena deductiva que va de los primeros principios, más simples, a razones más complejas y que regresa nuevamente a los primeros principios, puede encontrarse también en la demostración geómetrica. El procedimiento es similar porque el punto de partida es un conjunto de definiciones, con ellas se explica un problema cuya resolución es admitida porque usa las definiciones propuestas. En estas demostraciones encontramos un círculo que parte de las definiciones y pasa por el problema, que para ser solucionado indica las definiciones del principio. Por circulares a este tipo de demostraciones se les denomina: autoreferenciales.

Lo anterior nos ayuda a iluminar la posición de Leibniz frente a las virtudes divinas.

En un fragmento de 1679[14] Leibniz reúne lo que para él son los principios más generales del conocimiento y los principios de algunas ciencias particulares. En los principios más generales toma las virtudes divinas y escoge algunos términos que pueden relacionarse con ellas. En el fragmento no queda claro, ni está explicado el porqué de esta búsqueda por sinonimias para los nombres de las virtudes de Dios:

Bonitas (Honestas, decus, commoditas, salus, benignitas, utilitas…)

Duratio (Constantia, stabilitas, perseverantia, firmitudo…)

Cabe preguntarse si Leibniz establecía ciertas precisiones en los principios para encontrar su generalidad en ciertos rasgos o cualidades. Podría compararse este fragmento con el Discurso de Metafísica donde en númerosos apartes encontramos que la naturaleza y sus criaturas poseen em diversos grados las Virtudes o como las llama Leibniz las Perfecciones de Dios. Acaso esta búsqueda de significados para las Virtudes no trata de presisar la participación de diversos estados del mundo en las Perfecciones divinas?

En el fragmento de 1676 –Si el ser perfectísimo existe[15]– Leibniz deja las sinonimias para establecer una definición de los principios. Define ‘perfección’ como un principio simple o no complejo. Para demostrar esta determinación de los principios presenta el siguiente problema: No se puede establecer la falsedad de la afirmación: A se contradice con B, porque ni A, ni B –al ser perefecciones– pueden descomponerse para hallar una contradicción. Por tanto lo que se define como perfección no es contradictorio, y así podemos concebir un sujeto que reúna todas las perfecciones sin cualquier límite: Dios.

Esta determinación de las Perfecciones de Dios, independiente del número o de los nombres que ellas tengan, establece la prioridad lógica de las Virtudes de Dios como el primer conjunto no contradictorio de principios generales para el pensamiento. La tarea intelectual de Leibniz entre 1666 y 1686 se dedicó en gran parte a la definición de un conjunto de principios primitivos para el pensamiento que sirvieran de base para todo conocimiento. Los Speciminia o el Alfabeto de los Pensamientos Humanos representarían en complejas fórmulas o algoritmos cualquier conocimiento lo que llevaría a uma reforma de todas las ciencias a la luz de estos primeros fundamentos: Las perfecciones divinas[16].

En El Discurso de Metafísica de 1686 vemos que las Virtudes de Dios se consideran en su relación con el mundo y la manera en que su máxima perfección guia el plan divino para el mundo y el hombre[17]. El Discurso es uma obra póstuma escrita para rebatir a los cartesianos en especial Arnauld.

Los cartesianos atribuyen, según Leibniz, el origen de las primeros principios a la voluntad divina y por tanto la existencia de ellos depende de este arbitrio supremo. Leibniz argumenta que los primeros principios no pueden ser más que originados por la máxima sabiduría del creador que escoge los principios más perfectos para obtener el mayor número de consecuencias de ellos. La riqueza del mundo y su variedad de fenómenos obedecen a esta simplicidad y perfección que reside en las Perfecciones divinas. Leibniz quiere demostrar que las causas finales y las causas eficientes no son contradictorias en la naturaleza.

Hemos reunido en Leibniz tres puntos de vista similares a los de Llull sobre las virtudes de Dios[18]. Son los axiomas o principios más simples. Los atributos que, como la Bondad, identifican diferentes cualidades en las cosas y las Potestades que actuan según un orden de máxima perfección.

La discusión de Leibniz con Llull sobre el número de las perfecciones o sí la virtud Gloria está primero que las demás, puede quedar de lado al limitarnos, en estas líneas, al examen del uso de estos tres puntos de vista: axiomático, cualitativo-causal y metafísico.

Es notorio el énfasis que tanto Llull como Leibniz[19] hacen en las causas finales –las Potestades–. El sentido teleológico de las Potestades subordina los actos de las criaturas –debidos a los Atributos– y los actos de conocimiento –debidos a las Dignidades–, ya que lo que sucede en el mundo y lo que conocemos sólo es posible por la existencia de una finalidad. La finalidad es un perfeccionamiento constante que reside en Dios y sus virtudes que principiaron a las criaturas y con ello al saber. Sorprende que un mismo conjunto de principios –en este caso las Virtudes– sean en sí mismas un ciclo de actos: de Dios, del mundo, del conocimiento. Actos cuya finalidad es su principio y su transcurso se da en razón de estos aparentes extremos, la naturaleza y el conocimiento, que son lo mismo em la unidad del Ser supremo.

Las llamadas causas eficientes –atributos de las cosas– no están subordinadas a las causas formales –principios del conocimiento– dado que son parte de las causas finales, como instancias de un acto que transcurre en el mundo según la finalidad[20]. Por ello las contradicciones aparentes del tipo: existe el ocio en la naturaleza. Donde una causa eficiente es identificada a una causa formal creando la incompatibilidad en las causas finales, se disuelven en las demostraciones elaboradas desde las Virtudes, que contienen –virtualmente– estos tres modos. Porque en Dios la contradicción esta disuelta en su ilimitada compatibilidad.

De estas tres perspectivas sobre las virtudes de Dios y su compatibilidad[21] ambos autores quieren construir una Ciencia General. En que la no contradicción de los puntos de vista sobre las virtudes y la continuidad de sus actos une el conocimiento de la naturaleza y los decretos de Dios.

Si Dios es la fuente de los principios rectores del conocimiento, como de las causas de las cualidades de las cosas y del perfeccionamiento de las almas, ningún acto de Dios tiene un termino o un momento pasivo. Esta concepción de las virtudes nos habla de una acción continua. Un constante actuar de las virtudes en sus diferentes puntos de vista. Por tanto cuando se encuentre una contradicción en el uso de alguna de ellas, se transmitirá a la forma de concebir los fenómenos y a los principios del conocimiento como se verá a continuación.

3. La naturaleza

Una contradicción entre los puntos de vista sobre las virtudes de Dios genera una incompatibilidad de Dios con su creación. Esta contradicción es solo aparente, pues no se encuentra en la realidad, ni en la realidad de la naturaleza ni en la de Dios. Tanto Llull como Leibniz recurren a esta apariencia contradictoria para construir sus argumentos contra el vacío y el ocio que modifican la concepción de la naturaleza y de la acción de Dios en el mundo.

Platzeck en su artículo sobre estos filósofos alude al conocimiento que tenía la filosofía natural[22] sobre el horror que tiene la naturaleza por el ocio y el vacío. Leibniz escribió para la princesa Sofia que el vacío aceptado por la física de Newton y los cartesianos contradice a las virtudes divinas. Para Llull, desde la naturaleza divina es imposible pensar que los actos propios de las virtudes de Dios hayan dejado de suceder, antes, en el momento y después de la creación.

La naturaleza no tiene instantes de absoluta pasividad ni contiene una relación absoluta entre vacío y materia. Es el intelecto quién desea limitar tanto a la naturaleza como a Dios. Desde el pensamiento luliano y leibniziano defender el ocio o el vacío genera una contradicción entre las virtudes de Dios porque se pretende inferir de una forma particular de conocimiento una ley de la naturaleza. Por ello se genera una paradoja en los principios que rigen el conocimiento y el ser.

Decimos que la contradicción es aparente por la inherente limitación del conocimiento humano. Como lo dice Leibniz, queremos que el mundo y hasta Dios se comporte como nuestro fragmentario conocimiento lo dicta. Llull diría que las concepciones humanas no pueden determinar lo que ellas mismas no pueden concebir, las virtudes divinas. Cuando el intelecto humano se depara con una contradicción es por sus propias limitaciones y no porque la naturaleza carezca de razón.

Siguiendo el camino de la contradicción aparente Llull y Leibniz reducen al absurdo tanto el vacío como el ocio en la naturaleza. Las virtudes de Dios como principios primeros no pueden generar contradicción.

El libro de la posibilidad

En las innúmeras discusiones de Llull con los musulmanes y los maestros de Artes de la Universidad de París se trataron las siguientes cuestiones:

a) La acción conjunta de las virtudes de Dios.

b) La imposibilidad que tiene el hombre de percibir y conocer las virtudes de Dios.

En el primer caso, la acción conjunta de la Bondad, la Sabiduría, el Poder, la Justicia, la Perfección… debía ser mostrada tanto para el origen del mundo como para los estados subsecuentes de la naturaleza. La pregunta a la que debía responder Llull es como un mismo Dios actua y crea el mundo a partir de sus virtudes sin que ellas sustituyan al mismo Dios o que Dios actue independiente de ellas. En este caso Llull enfrenta argumentos del tipo: la Bondad no es una virtud divina. O este otro: Dios no puede tener virtudes que nos hagan pensar en una acción múltiple cuando se le concibe como la unidad. Este último es un típico argumento islámico. Llull podía responder según los diferentes puntos de vista que tiene sobre las virtudes de Dios. En este caso utiliza la perspectiva del Atributo y la Potestad.

Como ya vimos, las virtudes como Atributos son la causa de la cualificación de las cosas y la Potestad la via que determina Dios para la realización de esas cualidades.

La Bondad es Atributo en tanto las cosas poseen esa cualidad y tienden hacia ella, perfeccionándose cada día. Como Potestad, la Bondad es el fin de perfeccionamiento que las cosas tienen en sí mismas y a donde conducen sus actos particulares. Si se negara la Bondad en estos dos aspectos se negaría la acción de Dios en las cosas.

La Bondad como atributo nos recuerda el ejemplarismo luliano, recurso que nos ayuda a encontrar los trazos del creador en las criaturas. O como dice Goethe preguntándose respecto de la luz: acaso sin su presencia en nuestros ojos podríamos percibirla? Lo mismo sucede con la Bondad: sin la definición de este Atributo, como demostraríamos su presencia en las cosas. Podríamos conocerla?

Por tanto la acción de la Bondad es un acto propio de Dios y de sus virtudes. De ahí los enunciados: La Bondad es Grande, la Justicia es Buena, la Verdad es Buena.

En el segundo caso Llull tiene que enfrentar el intelectualismo de la ciencia lógica que elimina la posibilidad de concebir lo múltiple como no contradictorio. Es decir que si Dios posee virtudes el hombre debe explicar satisfactoriamente por qué Él es Bueno y Magnifico, Justo y Verdadero, sin dejar de ser Dios; o como entender lo Justo y lo Magnifico en las cosas cuando de ellas sólo conocemos estados cambiantes y contradictorios. Es decir, que un A no puede ser al mismo tiempo Justo y Magnifico por principio lógico.

Llull recurre a las Virtudes tomadas desde el punto de vista lógico como Dignidades, o sea, los principios más generales y simples del conocimiento. El argumento luliano explica que los carácteres más universales no son contradictorios en sí mismos y por tanto explican la existencia de su unidad en Dios. De la misma forma los conocemos en las cosas. Por tanto, un A que es bondadoso puede ser justo porque según la definición de Dignidad, no son contradictorios. El argumento luliano posee una estructura sutilmente analítica pues debemos aceptar ciertas definiciones para confirmar el resultado del argumento.

La natural limitación del intelecto humano impide percibir en un solo acto de conocimiento los actos del creador en sus diferentes puntos de vista. Por ello para cada acto ilimitado del Ser existen otras posibles acciones discretas del intelecto. Así, el Ars Magna es un método de conocimiento en que el intelecto recoge y demuestra los actos de las virtudes de Dios en las diversas formas en que aparecen para el conocimiento.

El mundo deviene un libro de posibilidades, pues, la posibilidad pura para el intelecto esta en los principios activos del Ser: las Virtudes. Si Dios es la acción axiomática, cualitativa y perfeccionadora, el hombre argumenta según estos puntos de vista sobre los actos de Dios y demuestra que la posibilidad de estos actos es ilimitada para el conocimiento y para la naturaleza.

Los argumentos lulianos disuelven el “horror al ocio” al ser virtualmente activos. Cada argumento demuestra un punto de vista sobre los actos del Ser y deja otros por demostrar, ya que cada acto del Ser contiene diversos puntos de vista sobre la acción de las virtudes.

Con un uso similar de las virtudes de Dios Leibniz enfrentará la física de su tiempo en contradicción con su ciencia general del ser y el plan divino de la Théodicée.

Máquina dentro de máquinas

Leibniz no se convencía de la existencia de una ley natural de movimiento –la gravedad– que podría actuar a distancia entre los cuerpos. La mecánica newtoniana funcionaba, como un conjunto de leyes sobre el movimiento, porque existen en el espacio vacíos que permiten la acción de las fuerzas en los fenómenos físicos.

El espacio, aunque absoluto y real para los cuerpos, es discontinuo para los fenómenos del movimiento. Leibniz pensaba que si el espacio es una realidad para los cuerpos y el movimiento un accidente de los mismos, desde el punto de vista de Newton no tendríamos como distinguir sustancias de accidentes. El vacío seria una propiedad del espacio sin ser propia de los cuerpos, a pesar de permitir que ellos se muevan en el espacio. Las cosas y sus afecciones tendrían una relación como la que tiene un grupo de personas con un solo abrigo; lo intercambian entre sí e ignoran a quíen pertenece[23].

Esta indefinición de los accidentes respecto de las sustancias crea otro problema. Mientras el abrigo es usado por una sola persona las otras deben aguardar por un turno para usarlo. Por este motivo en la física de Newton los accidentes ocurren porque una voluntad lo quiere así. Es necesario pensar en un agente mecánico –primero– que elige a quíen le corresponde el abrigo. En palabras de Leibniz el ‘reloj’ –la naturaleza– necesita del ‘relojero’[24] –Dios– porque la máquina necesita de vez en cuando cuerda –‘voluntad’[25]– para funcionar.

A la indiferencia entre accidentes y sustancias se suma la afirmación de Newton que dice que el espacio es: ‘sensorium Dei’[26]. Dios tiene como propiedad el espacio y por eso el espacio es absoluto. En las criaturas, en cambio, el espacio es un accidente y por ello Dios debe verificar que los accidentes de los cuerpos se realicen en los fenómenos. Opera, de esta forma, como el primer mecánico de la creación. También se cumple para Él la incapacidad de distinguir qué es accidente y qué sustancia. Por ello la naturaleza se lentifica o está ‘ociosa’ porque espera a que Dios redistribuya en su ‘sensorium’ las fuerzas, los vacíos y los cuerpos para que los fenómenos ocurran.

Estas paradojas las atribuye Leibniz a la elección de ‘causas ociosas’[27] para explicar las operaciones de Dios y las criaturas. Una de estas causas ociosas sería afirmar que el espacio es absoluto porque es una propiedad divina[28] –el sensorium–. Como bien lo demuestra Leibniz, bajo esta idea no se llega a explicar una cantidad suficiente de fenómenos. Otro problema es que si el espacio es una propiedad de Dios, implica que Dios actua sólo por Voluntad en contradicción con su Sabiduría[29] y Perfección, puesto que la máquina natural necesita de ‘cuerda’ para funcionar. Finalmente la compatibilidad entre causa primera y causas secundarias simplemente estaría confundida en la Voluntad del Creador sin ninguna explicación o razón que demuestre esta misteriosa unión: la causa primera mezclada con las causas segundas sin ninguna razón que las explique ni las relacione.

Cuando este debate sucedió Leibniz estaba cerca de fallecer. La última carta de Samuel Clarke esta fechada días antes de la muerte del célebre bibliotecario. Entiendo que la madurez del pensamiento leibniziano permite afirmar que en esta disputa con el traductor de los Principia estan reflejadas las ideas matrices de Leibniz.

Desde su juventud a Leibniz le inquietaron las catégorias más generales del conocimiento humano. En los géneros generalísimos clásicos no encontró la universalidad que buscaba. En el Ars combinatoria[30] plantea que es el orden relacional de estos principios lo que modifica nuestra comprensión de ellos. El problema no será hallarlos porque, como el mismo Leibniz dirá, es imposible encontrarlos en el mundo pues en él son tan rudimentarios que decepcionan nuestras búsquedas. El problema es demostrar que estos principios simples y primitivos se encuentran relacionados e implicados en razones más complejas y están presentes en los fenómenos del mundo. El término clave es orden, porque se quiere demostrar que principios más complejos se explican y se relacionan con otros no complejos y más generales.

Una vez más, lo que contradice el orden de las causas secundarias afecta a la causa primera por la forma en que se concibe la realidad de esta relación dentro de lo que suponemos orden natural. La discusión con los newtonianos es sobre el orden de lo que concebimos como realidad y lo qué es.

Leibniz considera, como Llull, que el orden real y la realidad de las cosas es superior a ellas mismas. Es el orden de Dios y sus virtudes que son los principios simples y primitivos de todo saber. También existen leyes naturales, demostrables por principios. Leibniz da como ejemplo que un cuerpo que se mueve circularmente alrededor de un centro terminará escapando de su trayectoria por la tangente del circulo. Esta ley no la puede irrespetar Dios. Por tanto, pregunta, cómo se puede pensar que Dios ordene su creación para romper Él mismo con ese orden?

La coincidencia de nuestro pensamiento con la realidad de las cosas, es decir, la demostración del orden de los primeros principios y de las causas secundarias según lo que concebimos en el intelecto y comprendemos en los fenómenos es lo que Leibniz muestra en los principios de razón suficiente y de indiscernibles.

Desde los primeros principios y el orden complejo en el que se encuentran, cada criatura o hecho tiene una razón para ser determinada así y no de otra manera –principio de razón suficiente[31]–. Por ello en el Arte Luliano cada Virtud opera como la posibilidad de concebir, de dar una razón para cada acontecimiento del mundo y del conocimiento.

De lo anterior se deriva que cada cosa o hecho es concebible según las razones que lo explican en su propio estado o circunstancia. Cada estado es indiscernible en sí mismo de otro que le siga porque se explica según sus propias razones que también son los primeros principios. Por tanto para cada principio o razón existe una serie posible de estados donde se muestra de forma diversa o bajo diversos puntos de vista. Esto nos recuerda que en el Ars luliano para cada acto de las virtudes divinas –razones primeras– hay diversos puntos de vista para el conocimiento. Ejemplo de ello es la Escala del Entendimento Humano en la cual se encuentran diversos grados de participación de las criaturas en las virtudes de Dios desde el fuego hasta el cielo. Cada grado de la escala expresa desde su punto de vista el orden de las razones primeras.

Sin estos principios: razón suficiente y de indiscernibles ignoramos cuál es el orden real y a la vez concebible de las cosas.

Estos dos principios tienen como supuesto la compatibilidad de las razones primeras: las virtudes de Dios. En la discusión con Clarke la contradicción entre Voluntad, Sabiduría y Perfección no permite distinguir en los hechos del mundo qué corresponde a los accidentes y qué es lo concebible de las sustancias.

La posición de Clarke excluye el principio de razón[32] porque con una contradicción –Voluntad contra Perfección– queremos explicar fenómenos concebidos como indiferenciados: el vacío, el espacio, el movimiento y los cuerpos.

He llamado a este capítulo ‘máquina dentro de máquinas’ porque los principios primeros –las virtudes– se comportan activamente sin ser ‘mecánicos’ es decir sin precisar de generadores de fuerza. En el Ars combinatoria Leibniz pensó un cálculo que permite determinar los diversos ordenes o complejizaciones en que los principios se disponen: un sistema de posibilidades donde podríamos encontrar tanto las razones como los estados complejos que ellas explican.

Tenemos así, en los primeros principios, una máquina que incluye virtualmente todas las máquinas posibles. El mundo natural es una máquina de máquinas. Al observar las criaturas y los fenómenos encontramos la inclusión continua de máquinas sin llegar a percibir un mecánico que las hace andar. Por ello diría Leibniz que Dios no es intramundano –no es el relojero de la creación– sino supramundano. Trasciende la cadena virtulamente ilimitada de sus máquinas.

Cada máquina de la naturaleza lleva en sí las razones suficientes que la explican en sus posibilidades y que en la naturaleza están determinadas necesariamente por las leyes que rigen los fenómenos. El conocimiento humano demuestra la necesidad de las leyes desde la posibilidad de sus razones primeras que trascienden a toda máquina natural y a todo acto de conocimiento. Por ello el intelecto se ocupa del trabajo de establecer, para las leyes, su conveniencia con los primeros principios y, respecto de los hechos del mundo, la necesidad de unas leyes que los expliquen. La conveniencia[33] es la relación compatible entre causa primera y causas secundarias en los fenómenos. La necesidad es la relación no contradictoria entre las leyes que rigen los hechos y el conocimiento que tenemos de ellas gracias a los primeros principios. La conveniencia es la profesión de fe del filósofo que observa las causas secundarias desde los primeros principios. La necesidad es la base de la ciencia general de las leyes de la naturaleza construida desde nuestro conocimiento del mundo y su relación con los primeros principios.

El principio de razón suficiente lleva en sí mismo la coincidencia entre los estados del mundo y las razones que los determinan. Porque cada posibilidad de hechos es demostrable y determinable por el principio de indiscernibles. Según esto es posible encontrar la razón de cada hecho y saber por qué se cumple necesariamente en la naturaleza. Las leyes naturales rigen en cada fenómeno de esta forma y por ello son necesarias. Lo que sigue entonces es un recuento del orden de las razones y los hechos para establecer las leyes que se cumplen necesariamente y la conveniencia que existe entre ellas y los primeros principios.

4. Habitus regens: conveniencia y necesidad

Como lo hemos visto, el horror otiositatis y el horror vacui aparecen en las discusiones de los filósofos Llull y Leibniz alrededor de las posiciones que suscitan los siguientes puntos:

a) La identidad de los primeros principios. La multiplicidad no-contradictoria de las virtudes en la unidad de Dios. Las acciones de Dios en el mundo son virtuosas y comunican sus virtudes a las cosas.

b) la subordinación por esta relación de identidad de las causas segundas que operan en los fenóménos. Tal subordinación se demuestra en la necesidad con que las leyes del mundo ocurren en las cosas.

c) Establecer la Ciencia General –Ars o Mathesis– basada en a) y b) que contiene la necesidad formal de las razones segundas sostenida por la posibilidad de los primeros principios en la unidad del Ser supremo que los comunica al mundo y al conocimiento.

Sin a) o b) el punto c) no es factible. Pero si seleccionamos alguno de los puntos y lo eliminamos obtendremos interesantes consecuencias.

Si negamos a) tendremos un Dios limitado por sí mismo. Sus cualidades no serían positivas sino meros nombres, abstracciones o etiquetas que el hombre crea para la poca generalidad que alcanza su percepción de las cosas. El gobierno de las leyes de la naturaleza no tendrá comunicación con la divinidad y por ello es puramente nominal; sin principios primeros o evidentes por sí mismos la naturaleza tendrá un orden concebible pero no real, pues el arbitrio del conocimiento humano establece sólo probabilidades. Dios es pasivo y sus ideas descansan –literalmente– en su intelecto y no intervienen en el reino nominal de la naturaleza. Esta separación entre los reinos natural y divino alienta el debate político europeo del finales de la baja Edad Media. Precisando un poco, la necesidad es para las leyes de la naturaleza sólo probable y la conveniencia entre la naturaleza, el Creador y el conocimiento un sueño de la fe.

Si negamos b) los primeros principios no se articulan con las causas segundas: se consideran iguales a ellas y se confunden en la naturaleza. Es la solución panteísta que considera a Dios: L’Âme du Monde. Dios se identifica con la naturaleza. Para los newtonianos el creador interviene de forma directa en las leyes de la naturaleza cuando una suspensión de su eficacia lo requiere. Dios ayuda con su voluntad a que la naturaleza funcione según las leyes que los fenómenos ostentan. Es un Dios intramundano que aparece ocasionalmente para reparar lo que no funciona. Aquí el problema de la comunicación entre razones primeras y causas segundas se elimina al ser confundidas por el orden que supone el hombre en la naturaleza. La necesidad de las leyes resulta de la verificación que el intelecto humano hace de ellas y porque Dios ayuda a la naturaleza en los momentos en que la verificación lo requiere. La conveniencia entre primeros principios y causas mundanas, se convierte en la conveniencia entre leyes y constatación experimental de hechos según aquel ‘relojero’que da cuerda a la creación. Sin principios primeros a los cuales se remiten las dos anteriores.

Sólo con a) tenemos una Ciencia hecha por las facultades del entendimiento según los habitos del sentido común. Los intentos por generalizar son sólo una convención provisional a la que el hombre llega cuando concibe ciertas coincidencias entre lo intelectual y lo fenoménico. Sólo con b) tenemos una Ciencia de causas segundas identificadas como causas primeras. Lo general de los fenómenos se supone como una de las propiedades del Ser.

En estas dos ciencias tenemos el desarrollo de una hipótesis sobre la necesidad de las leyes de la naturaleza sin llegar a una conveniencia. Al no tener primeros principios, ni las causas segundas, ni el conocimiento poseen algo con lo cual convenir. Se debe advertir que tal conveniencia es un acto de comprensión limitado para el hombre e ilimitado para Dios. Como ya se dijo, es la base de una profesión de fe –filosófica–.

El mundo concebido bajo leyes necesarias es una especie de gobierno. El reino de un divino soberano o de sus pretensiosos subditos. Las posiciones, ya apreciadas, quieren sustentar la necesidad de este gobierno que confunde al soberano con las leyes en favor de los obedientes subditos o al soberano con su reino en perjuicio de las leyes.

Leibniz y Llull encuentran la conveniencia entre el Soberano y sus Virtudes[34] aplicada a las leyes del reino y al conocimiento que los subditos adquieren de ella. Por tanto es posible que las virtudes del soberano se comuniquen al reino y a sus gobernados. Lo anterior muestra y establece un Habitus regens[35] propio no sólo de la necesidad formal de las leyes sino de la conveniencia entre las virtudes del soberano comunicadas a los súbditos en su conocimiento y ejemplificadas en el reino por los acontecimientos que en él ocurren.

En ningún momento las leyes o el reino sustituyen la acción del soberano. Esta conveniencia entre virtudes, leyes y reino alude a la acción continua de Dios en la naturaleza. Los debates leibnizianos y lulianos quieren desmentir la supuesta holgazanería del soberano en su reino. La conveniencia abre camino a una ciencia general construída por nobles subditos que tienen como profesión de fe esta compatibilidad entre virtudes del soberano, leyes de gobierno y reino. Leibniz piensa la conveniencia como una república universal de las almas[36].

Bibliografia

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Llull, Ramon, A Ramon Llull Reader. Doctor Illuminatus, ed. y trad. Anthony Bonner, Princeton, University Press, 1993.

Lullus, Raimundus, Ars brevis (lateinisch-deutsch), ed. y trad. Alexander Fidora, Hamburg, Meiner, 1999.

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Ruiz Simon, Josep M, L’Art de Ramon Llull i la teoria escolàstica de la ciència, Barcelona, Quaderns Crema, Assaig, 1999.

[1] “[…] los toma para sí como directivas de sus propias meditaciones. Si no fuese así, no hubiera escrito todavía en el año 1716 a la reina de Inglaterra: ‘Yo no hubiera tocado por nada esta cuestión del vacío, si no hubiese observado que la opinión del vacío perjudica a las perfecciones de Dios (déroge aus perfections de Dieu) como casi todas las demás opiniones que son contrarias a las mías. Pues las mías son ligadas casi todas con el gran principio de la suprema razón y perfección de Dios.” E.W. Platzeck, “Gottfried Wilhelm Leibniz y Raimundo Llull”, en: Estudios Lulianos 16 (1972), pág. 129-193, aquí pág. 179.

[2] Nombre adoptado por el panteista inglés John Toland (1705) . Inspirado por el pensamiento de Laelius (1525-1562) y Faustus (1539-1604) Socinus. Toland admitía estas tres concepciones: i) el universo cambia continuamente; ii) el universo no tiene centro ni periferia; iii) Dios es intramundano. Tanto Miguel Servetius (1511-1553) como Giordano Bruno defendieron estas posiciones. En la actualidad algunos científicos adhieren a estas ideas. Ver: http://www.home.swbell.net/noam/index.htm

[3] “[…] la naturaleza es dependiente de un artesano demasiado perfecto para hacer una obra que tenga necesidad de ser reparada.” Clarke, Samuel; Leibniz, Gottfried Wilhelm, La Polémica Leibniz-Clarke, Madrid, Taurus, 1980, pág. 83.

[4] “[…] reconheço e exalto a habilidade de um artifice, não só ao mostrar quais os desígnios que teve ao fazer as peças da sua máquina, mas ainda ao explicar os instrumentos de que se serviu para construir cada peça, sobretudo quando estes instrumentos são simples e engenhosamente inventados” (“§22 […] reconozco y exalto la destreza de un obrero, no sólo mostrando que designios há tenido al hacer las piezas de su máquina, sino también explicando los instrumentos de los que se há servido para hacer cada pieza; sobre todo cuando estos instrumentos son simples e ingeniosamente inventados […]”) G.W. Leibniz, Discurso de Metafísica (1686), Lisboa, Edições 70, 1985, pág. 56.

[5] Tanto Llull como Leibniz debaten la existencia del ocio y el vacío en la naturaleza. Para la época el problema se denominó “horror vacui” y “horror otiositatis”. Conservo la expresión completa porque el “horror”, el vacío y el ocio son objeto del debate. No hay tal “horror” si se explica porque no hay vacío u ocio.

[6] Et en totes ses dignitas

Sens que ociós foe ‘stats

Eternalment et infinida,

E non pogra ser complida

Neguna de ses dignitats,

Pus hi fos ociositas.

Aplicació de Art general – De teologia, I y II, en: Obras rimadas de Ramon Llull, ed. Rosselló, Palma, 1859, pág. 387-388. L. Eijo Garay, “Las dignidades lulianas”, en: Estudios Lulianos 18 (1974), pág. 26-46.

[7] En la figura A del Ars Magna encontramos la representación de los enunciados no-contradictorios de las virtudes divinas. Para Llull cada virtud se convierte con las demás y cada enunciado se convierte con la esencia del Ser primero. Las virtudes se postulan como no-contradictorias y la convertibilidad de las virtudes en los enunciados demuestra la realidad del Ser primero en sus virtudes. Ver nota 9.

[8] “Lulio, como base y arranque de toda su Arte fija esas cualidades bondad, grandeza, eternidad, poder, sabiduría, etc. como ‘principios primitivos verdaderos y necesarios, sin los cuales nada hay, y por los cuales cuanto existe se aleja del no ser’; pero al tratarse de Dios, es decir del Supremo ser, cuyos atributos y perfecciones son verdaderos principios de toda perfección creada, los llama dignidades.” L. Eijo Garay, art. cit., pág. 27.

[9] “Raimunde, advertas, quod principia primae figurae sunt in Deo dignitates reales, quae sine confusione invicem convertuntur simpliciter in una simplicissima essentia deitatis, ut bonitas Dei sit magna de se et per se et propter se, ne in Deo sit compositio et accidens. Oportet etiam quod quaelibet dignitas habeat actum suum intrinsecum, essentialem, naturalem, substantialem, et quod omnes actus convertantur et sint unus actus numero simpliciter infinitus et aeternus, ne inde vacuitas, otiositas et defectus.” Thomas Le Myésier, Breviculum seu electorium parvum Thomae Migerii, (Corpus Christianorum Continuatio Mediaevalis LXXVII), Turnhout, Brepols, 1990. Figura IV, parágrafo 2, linea 10-19.

[10] “[…] usa Lulio de las palabras: Dignidades, Atributos, Virtudes, Propiedades, Cualidades y Perfecciones, unas veces poniendo una sola de estas palabras, otras poniendo dos o más, para expresar las divinas perfecciones; pero no indistintamente; ni llama dignidades a todas las perfecciones, ni a las que da ese nombre, se lo da siempre, sino sólo en determinados tratados.” L. Eijo Garay, art. cit., pág. 26.

[11] “Este tecnicismo no es hoy extraño porque hemos dado carta de naturaleza a la palabra griega, y decimos axioma; axioma en griego se traduce en latín dignitas (de axios digno) […]” L. Eijo Garay, art. cit., pág. 30.

[12] “Para extirpar equivocaciones y dudas llamamos estos principios simple y absolutamente primeros, no precisamente porque ellos descienden de otros, sino porque ellos no descienden de otros; y en esto se ve que tal primitividad más retiene la naturaleza de la primitividad que la primitividad de la causa y el efecto; porque la primera es absoluta mientras la otra es respectiva.” De demonstratione per aequiparantiam. Prólogo. Citado por L. Eijo Garay, art. cit., pág. 31.

[13] “[…] Dignidades, que son las perfecciones, atributos y virtudes de Dios de que son participación y semejanza cuantas perfecciones y virtudes en mayor o menor grado haya en las criaturas; de suerte que por el conocimiento de ellas, raciocinando, se eleva nuestra inteligencia al de las de Dios.” L. Eijo Garay, art. cit., pág. 25.

[14] G.W. Leibniz, Sämtliche Schriften und Briefe, Sechste Reihe, Vierter Band, Teil B, 1677 – Juni 1690, Berlín, Akademie Verlag, 1999, pág. 1021, Frag. 215, “Cyclognomica” (1677-1679).

[15] “Todas las perfecciones son compatibles entre sí, es decir pueden tenerse en el mismo sujeto. Llamo perfección (de Dios) cada cualidad simple que es positiva y absoluta o sea que exprime sin algunos límites por más que exprime.” E.W. Platzeck, “Gottfried Wilhelm Leibniz y Raimundo Llull”, en: Estudios Lulianos 16 (1972), pág. 129-193, aquí pág. 168-169.

[16] “No oso definir por ahora, si jamás pueda ser establecido por los hombres un perfecto análisis de las nociones o sea si [los hombres] puedan reducir sus pensamientos a ciertos ‘prima possibilia’ y a nociones en si irresolubles o, lo que da lo mismo, a los atributos absolutos divinos, como a las causas primeras y a la última razón de las cosas.” Cita de Meditationes de cognitiones, veritate et ideis (1684) en E.W. Platzeck, art. cit., pág. 167.

[17] “[…] Deus é um ser absolutamente perfeito; mas não se consideram suficientemente as consequências disto; e para nelas penetrar mais profundamente, vem a proposito observar que há na natureza muitas perfeições, todas diferentes, que Deus possui todas em conjunto, e que cada ume lhe pertence no mais alto grau.” G.W. Leibniz, Discurso de Metafísica (1686), Lisboa, Edições 70, 1985, pág. 11-12.

[18] “[…] La multiplicidad no puede tener su realidad sino de las unidades verdaderas, las cuales proceden de otro lugar y son otra cosa que los puntos de los cuales es patente […]” Nuevo Sistema de la Naturaleza (1695), Tratados fundamentales, Madrid, Ed. Losada, BA, 1946.

[19] “Raymond Lulle encor fit le mathematicies et s’avisa en quelque façon de l’art des combinaisons. Ce seroit sans doute une belle chose, que l’art de Lulle si ces termes fundamentaux [Unum, Verum, Bomun] Bonitas, Magnitudo, Duratio, Potentia, sapientia, Voluntas, Virtus, Gloria n’estoient pas vagues et par consequent servoient seulement à parler et point du tout a decouvrir la verité.” Projet et essais pour arriver à quelque certitude pour finir une bonne partie des disputes et pour avancer l’art d’inventer (1686), en: Couturat, Fragments Inédits, reimpr. Hildesheim, 1961, pág. 177.

[20] “Este postulado de no considera las causas efectivas sin las causas finales –es decir, sin rehusar el punto de vista teleológico en la metafísica– puede todavía juzgarse como consecuencia de las tesis de los dos pensadores Llull y Leibniz, según la cual los principios absolutos en sumo grado se exigen mutuamente, sobre todo el poder, la sabiduría, la perfección y la gloria de Dios.” E.W. Platzeck, “Gottfried Wilhelm Leibniz y Raimundo Llull”, en: Estudios Lulianos 16 (1972), pág. 129-193, aquí pág. 155.

[21] “A causa de la coincidencia de todos los atributos divinos en la esencia de Dios –y esta coincidencia es un postulado absolutamente necesario, si se acepta la existencia de Dios–, valen las proposiciones siguientes: La sabiduría divina es su bondad, y su bondad es su poder; consecuentemente la sabiduría divina es el poder de Dios. De modo semejante declara Leibniz en su Specimen calculi universalis: Dios es sabio, el sabio es justo, luego Dios es justo.” E.W. Platzeck, art. cit., pág. 178.

[22] Leibniz recuerda el debate medieval en filosofía natural (la eternidad del mundo, la permanencia de la materia) con los averroístas y su prolongación hasta Socinus y Bruno. No se puede afirmar si Leibniz conoció los argumentos lulianos contra el ocio en la naturaleza, aunque en el siguiente fragmento se refiere a la influencia averroísta en la primera época de la nueva ciencia: “[…] houve um tempo em que o averroísmo quase prevaleceu entre os filósofos da Italia […]” Discurso sobre a teologia natural dos Chineses, Lisboa, Colibri/Universalia, 1991, pág 44.

[23] “Si el espacio es propiedad o afección de una sustancia que está en el espacio […] he ahí una extraña propiedad o afección que pasa de sujeto a sujeto. Los sujetos dejarán así sus accidentes como un vestido com el fin de que otros sujetos se puedan revestir. Después de eso cómo se distinguiran los accidentes de las sustancias?” Clarke, Samuel; Leibniz, Gottfried Wilhelm, La Polémica Leibniz-Clarke, Madrid, Taurus, 1980, pág. 110.

[24] “Según ellos, Dios tiene necesidad de poner a punto de vez en cuando su reloj […] Esta máquina de Dios es tan imperfecta que está obligado a ponerla en orden de vez en cuando […]” Clarke, Samuel; Leibniz, Gottfried Wilhelm, ob. cit., pág. 51.

[25] “Improbat illa quod Newtonus cum suis vult, Deum subinde opus habere correctione suae machinae et reanimatione.” Leibniz to Wolff 12, dec/175.258, en: The Correspondence of Isaac Newton, vol. VI, 1713-1718, Cambridge, University Press/Royal Society 1976.

[26] “El espacio es el organo del que se sirve Dios para conocer las cosas.” Clarke, Samuel; Leibniz, Gottfried Wilhelm, ob. cit., pág. 33.

[27] “Leibniz habla a veces frente a una actitud fatalística de ciertas ‘raissons paresseuses’ y dice en su Théodicée: ‘la razón ociosa es un verdadero sofisma’, rechaza también el ‘Sabbat des Quiètes’ en Dios, es decir ‘el estado de holgazanería y de inutilidad’”. E.W. Platzeck, art. cit., pág. 155.

[28] “M. Clark dispute contre le sentiment des Cartesiens qui croyent que Dieu ne sauroit destrire une partie de la matiere pour faire une viude, mais je m’etonne qu’il ne voye point que si l’Espace est une substance different de Dieu, la même difficulté s’y trouve. Or de dire que Dieu est l’Éspace, c’est luy donner des parties.” The Correspondence of Isaac Newton, vol. VI, 1713-1718, Cambridge, University Press/Royal Society, 1976, pág. 252.

[29] “Dios no hace nada por casualidad, no es un Dios arbitrario. No es el Dios del poder absoluto en el sentido de que este concepto pueda prescindir de la sabiduría divina.” E.W. Platzeck, art. cit., pág. 146.

[30] “El método combinatorio se justifica para él por el hecho, supuesto por la fe, de que los atributos de Dios como su bondad, su grandeza, su poder, su sabiduría, su voluntad etc, se conciben como valores absolutamente equivalentes, pues coinciden en plena identidad con la esencia divina. Por consiguiente son la base óntica del cálculo generalísimo de la combinatoria.” E.W. Platzeck, art. cit., pág. 133.

[31] “El principi de raó suficient, tal com és descrit per Leibniz a la Monadologia afirma que un fet no pot ser veritable o existent ni cap enunciat pot ser veritable sense que hi hagi una raó suficient perquè sigui així i no d’una altra manera. L’Art de Llull actua d’acord amb aquest principi.” Josep M. Ruiz Simon, L’Art de Ramon Llull i la teoria escolàstica de la ciència, Barcelona, Quaderns Crema, Assaig, 1999, pág. 206, nota 214.

[32] “En una carta del 19 de octubre de 1716, es decir tres semnas antes de morir, Leibniz escribe para Pierre Remond de Montmort: “He reducido el estado de nuestra disputa a este gran axioma que nada existe o sucede sin que haya una razon suficiente, por la cual algo más bien así [como es] que de otra manera.” Cuando cuatro días más tarde comunica todavía a J. Bernoulli el mismo principio añade, que “Clarke se ve obligado a recurrir a la mera voluntad de Dios sin fundarla en una razón o motivo, lo que me parece ser absurdo y a la vez contrario a la sabiduría divina y a la naturaleza de las cosas”. E.W. Platzeck, art. cit., pág. 157.

[33] “En Llull la conveniència sol apuntar a l’ordre de la causalitat final, mentre que la necessitat fa refe referència a la formal. Cal insistir en la importància de les reflexions teológiques teològiques en l’Art: En Llull com en Leibniz, la presa en consideració de la causalitat final és un fertil principi d’invenció.” Josep M. Ruiz Simon, ob. cit., pág. 203, nota 207.

[34] “[…] las palabras Dignitates, Imperatrices, Reginae, Honraments, Principia, Virtudes, implican un concepto de dominio, de señorio, de supremacia; pero no en el sentido de honor externo, de título cortesano, de laudatoria distinción, sino esencialmente de eficacia causativa, tanto ontológica, en el mismo sentido que para el raciocinio las dignitates, la propositio máxima o propositio princeps de los otros escolásticos.” L. Eijo Garay, “Las dignidades lulianas”, en: Estudios Lulianos 18 (1974), pág. 26-46, aquí pág. 34.

[35] “[…] habitus regens llamaba San Alberto Magno al hábito de los primeros principios por los que se rige y gobierna cada ciencia; habito que, tratándose de la teología es –dice– lumen fidei.” L. Eijo Garay, art. cit., pág. 34.

[36] “Deus é o monarca da mais perfeita república, composta de todos os espíritos, e a felicidade desta cidade de Deus é o seu principal desígnio.” G.W. Leibniz, ob. cit., pág. 86.

http://www.hottopos.com/convenit5/10.htm

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Debate en Apologética:Evidencialismo Vs Presuposicionalismo

Debate en Apologética:Evidencialismo Vs Presuposicionalismo

Los dos acercamientos básicos de la Apologética:

  1. Evidentialismo:
  2. Presuposicionalismo:

En el área de la Apologética la cristiandad evangélica ha sido dividida por varios años en dos acercamientos. Estos son los siguientes:

Evidencialismo:
Afirma que existe evidencias racionales para probar la existencia de Dios. A veces se le llama, “Apologética Clásica”, porque muchas de las evidencias fueron desarrolladas durante épocas pasadas.

Fundamental a este acercamiento es una suposición acerca de la capacidad del razonamiento humano. Se asume que la capacidad del razonamiento humano no ha sido tan dañado por la caída para imposibilitarle al hombre para deducir la existencia de Dios. Sin esta suposición, todas las formas del Evidencialismo llegan a ser sin valor.

Este punto puede ser algo difícil para los teólogos de la rama Reformada, la cual asume que el hombre caído es incapaz de cualquier bien espiritual que contribuya a su salvación. Que la facultad humana para razonar correctamente no se perdió por la caída; solamente la esclavizó al pecado.

Así el hombre muy bien puede razonar desde la naturaleza de la creación a la existencia de Dios. Pero a causa de que el hombre es predispuesto al pecado, el hombre rehusa seguir sus premisas a la conclusión lógica de que Dios existe. El problema, pues, no está con la razón del hombre, sino con su voluntad.

La mayoría de los evidencialistas, no afirman, pues, que el hombre puede venir a Dios por el poder de su razón. Solo que existe la evidencia suficiente para demostrar la existencia de Dios de manera que el hombre queda sin excusa de su rebelión. Para el evidencialista, una base primaria para la condenación del hombre es su conocimiento, y no su ignorancia.
Como evidencias de lo correcto de su acercamiento, los evidencialistas usan tales textos como Ro.1:18-20 & Ps.19:1.

El evidencialista empieza con la creación, incluyendo el hombre mismo, como punto de partida. Los críticos del Evidencialismo dicen que al hacer esto, exaltan la razón sobre las Escrituras, y dejándole al hombre autónomo en su orgullo como el punto central de la realidad. Los evidencialistas contestan a esto de que su acercamiento prueba la Escritura y que cualquier otro acercamiento es un razonamiento circular.

Existen dos clases escuelas básicas de Evidencialismo:

La Escuela Natural enfatiza los argumentos filosóficos basados en la naturaleza de la creación. Esto incluye los argumentos Cosmológico y Teleológico.
La Escuela Religiosa tiende a enfatizar tales pruebas como el cumplimiento de la profecía, la unidad milagrosa de la Biblia, los milagros, y la persona de Jesucristo.

Históricamente, teólogos de la rama Reformada, tales como Calvino y Agustín, han sostenido una mezcla de estas dos escuelas. Ellos asume que hay evidencias objetivas suficientes para probar la existencia de Dios. Pero también afirman que estas evidencias no pueden convertir al hombre a cause de su atadura al pecado. Una obra regenerativa del Espíritu es necesaria para que la razón del hombre funcione correctamente en el reino espiritual.

Presuposicionalismo:
Este acercamiento a la apologética, inventada en este siglo por el Teólogo reformado Cornelio Van Til, sostiene que la existencia de Dios es indeterminable por pruebas racionales, y debe ser aceptada por la fe como una presuposición a priori. Es solamente después de aceptar la existencia de Dios por la fe, que el creyente experimenta evidencias de la existencia de Dios.

Los Presuposicionalistas afirman este acercamiento es el único que no principia con la autonomía del hombre. Ellos afirman que cualquiera acercamiento que principia con el razonamiento humano como autónomo es un fundamento corrupto que conduce, eventualmente, a una autonomía pecaminosa. Así la única forma de evitar esta autonomía, es empezar sin autonomía, i.e., con la presuposición de que Dios existe.

Visto que Dios es la realidad final, la base de toda existencia, es un error empezar razonando sobre cualquier otra base que no sea la presuposición de Su existencia.

Muchos teólogos conservadores, incluso algunos reformados, apoyan el Presuposicionalismo. La actitud general entre muchos de ellos es que este es el único acercamiento piadoso a la apologética, y desprecian a los evidencialistas como si fueron algo liberales, o por lo menos no muy espirituales en su manera de pensar.

Problemas Con El Presuposicionalismo
Los críticos han señalado algunos debilidades devastadoras en el Presuposicionalismo. Teólogos reformados muy respetados, tales como R.C. Sproul, John Gerstner, Gordon Clark y otros han lanzado argumentos letales que los Presuposicionalistas no han podido refutar. Entre estos ataques están los siguientes:

1. Apologética Presuposicional es una premisa auto-contradictoria. La palabra “Apologética” se refiere a la defensa de una posición tomada. Pero una “presuposición”, por definición, es una posición tomada previamente a la evidencia. Como el Dr. Gordon Clark dijo a Van Til un día, “Seré feliz de escuchar una defensa de su posición…¡tanto como ud. no me dé una buena razón para ella!” El Dr. Clark quiso decir que en el momento en que un Presuposicionalista le dé evidencia cualquiera de su posición, entonces el dejaría de ser un Presuposicionalista, y llegaría a ser un Evidencialista. Los Presuposicionalistas todavía no han encontrado la forma para salir de este dilema.

2. Otra forma para exponer este mismo dilema ha sido preguntar al Presuposicionalista por qué ellos presuponen la existencia del Dios Cristiano y no otra clase de dios. Invariablemente ellos se refieren a las evidencias de la existencia de Dios y Su naturaleza como revelada en la creación. Pero los Evidencialistas señalan que esto es robar evidencias del campo Evidencialista para apoyar la posición Presuposicionalista.

3. Los críticos señalan que es un razonamiento circular presuponer la existencia de Dios afín de comprobar la existencia de Dios.

4. Los críticos afirman que los Presuposicionalistas acusan a otros lo que ellos mismo hacen, i.e., principiando con el razonamiento humano como punto de partida. Tenemos que comenzar con nuestra propia mente, no importa cual sea el acercamiento que escojamos. Aun si empezamos con la presuposición de la existencia de Dios, es todavía nuestra propia mente que toma la decisión de hacerlo así. De hecho, si hacemos esto es normalmente porque tenemos en mente algunas razones para hacerlo así. Si uno tiene una preferencia por el Presuposicionalismo, en lugar del Evidencialismo, es porque tiene razones para ello.

Por lo tanto, el Presuposicionalista empieza con tanta autonomía como el Evidencialista, sea que lo admita o no.

El Evidencialista afirma que no es pecaminoso empezar con una posición autónoma, porque no hay otra forma de empezar. No tenemos otro punto con que comenzar que con nuestra propia mente. La autonomía llega a ser pecaminosa cuando la evidencia nos dice que existe un Creador, y rehusamos someternos a El.

5. Finalmente, los Evidencialistas señalan que las Escrituras mismas, que los Presuposicionalistas creen, toma una posición Evidencialista sobre la materia. El Apóstol Pablo argumentó la responsabilidad del hombre desde la evidencia inherente en la creación que muestra la existencia de Dios y Su naturaleza. (Ro.1:18-22)

Fuente: http://www.smallings.com/LitSpan/Manuales/sistematica/teologia.html

Google presenta batalla a Bing con un buscador para preguntas complejas

DUELO EN INTERNET

Google presenta batalla a Bing con un buscador para preguntas complejas

Google Squared es especial para quienes requieren visitar sitios de investigación. Le critican que sólo funciona bien con palabras en inglés.

POR COLUMNAS. Si se busca “Obama” se puede ver una foto, la fecha de nacimiento, el partido al que pertenece y su religión. Pueden agregarse otros datos. FOTO TOMADA DE GOOGLE SQUARED.COM

CALIFORNIA, Estados Unidos.- La nueva herramienta de búsqueda de Google se llama Squared. El buscador líder saldrá a competir con sus principales competidores, Bing y Wolfram Alpha, y para eso presenta la información en una colección organizada en columnas, por temas, en vez de un solo listado de páginas web.

Por ejemplo, si se busca el nombre de una personalidad, puede aparecer su nombre relacionado a una imagen, el lugar y la fecha de nacimiento, su religión o su filiación política. Según indica Google en su blog oficial, Squared sirve para buscar temas más específicos como, por ejemplo, las reglas del golf o información más detallada de las montañas rusas.

“Los resultados obtenidos con Squared muestran además la fuente de la información, dando la oportunidad a los usuarios de visitar esos otros portales de internet”, explicó Marissa Mayer, vicepresidente de productos de búsqueda de Google.

Críticas
La herramienta, según publicó el diario chileno “La Tercera”, ha sido desarrollada para responder las preguntas más complejas y para las que usualmente las personas requieren visitar sitios de investigación.

Este tipo de conexión ya generó críticas contra el gigante de internet. Algunos diarios argumentan que la compañía se beneficia de forma injusta mostrando titulares y párrafos con información obtenida en sus portales. Google se defendió diciendo que respeta la ley de derecho de autor porque cita sus fuentes.

Otro de los cuestionamientos que se le hacen a la nueva herramienta es que la mayoría de sus contenidos remiten a Wikipedia (la enciclopedia editada por los propios usuarios) y que sólo funciona bien cuando las búsquedas se hacen en inglés. (Especial)
Vulneraron el sistema de búsqueda de Bing
Usaron una técnica que permite modificar los resultados de las búsquedas. Si se tipea “ladrones”, el primer resultado es el sitio oficial de la Casa Rosada. Google presenta batalla a Bing con un buscador para preguntas complejas

Vulneraron el sistema de búsqueda de Bing

BUENOS AIRES.- Si en el nuevo buscador Bing, de Microsft, se escribe la palabra “ladrones”, el primer resultado que devuelve es el sitio de la Casa Rosada. Al tipear “hijos de p…”, aparece una empresa de telefonía, y una compañía de cable es lo primero que se ve en el caso de buscar “mier… argentina”.

A pocos días de su inauguración, el novedoso motor de búsqueda ya fue vulnerado por la “viveza criolla”, según publicó el diario digital Infobae.com. Mediante la herramienta Black Hat SEO, una técnica que permite modificar los resultados de las búsquedas, un grupo de internautas forzó las devoluciones para relacionarlas con determinados resultados.

Martin Spinetto, gerente de Márketing para los servicios online de Microsoft Latinoamérica, señaló que el problema ya estaba en vías de solución. “Bing fue hecho para dar la mejor experiencia y nos interesa que eso no se altere. Por eso, en unas horas, terminaremos de eliminar estos falsos links”, remarcó. (Especial)

Otra de vampiros pirados del Islam

Otra de vampiros pirados del Islam

08.02.2007

Abu Omar Al-Baghdadi: ‘No encontramos ninguna sangre más dulce que la de los bizantinos y cruzados.

El 3 de febrero del 2007, los portales islamistas publicaron una grabación de audio de 23 minutos del Emir Al-Muaminin (e.d. el Comandante de los Creyentes) Abu Omar Al-Baghdadi, quien Al-Qaeda ha nombrado encabezado del Estado Islámico de Irak”. La grabación, fechada el 2 de febrero del 2007 y titulada, “Victoria de Alláh, la Victoria está Cerca”, fue emitida por la compañía de medios de comunicación del Estado Islámico Al-Furqan. En su alocución, Al-Baghdadi anuncia que la plaza del Yihad será extendida más allá de los límites de Bagdad. Él también llama en la juventud sunnita a unirse a la guerra contra las fuerzas de las “Cruzadas”, urge a los mujahidines que no lo han hecho todavía a que juren obediencia al Estado Islámico de Irak, y declaren la guerra a los “persas” quienes él caracteriza como un enemigo peor que los cristianos.
Lo siguiente son extractos de su discurso que ha publicado MEMRI:

“Nosotros (por la presente) informamos a los sunnitas de un nuevo plan llamado el Plan de Honor, el cual es más comprensivo y más perfecto que el plan existente e incluye no sólo a Bagdad sino todas las partes del Estado Islámico de Irak… Este plan acabará con Bush que anuncia el fracaso de su plan de seguridad y firma un acuerdo de derrota… Las metas del plan son: defender a nuestro pueblo y nuestro honor; derrotar a los invasores y erradicar los restantes despojos y bases de herejía; descuartizar al tirano cruzado herido y tomar ventaja del colapso de la moral entre los soldados [cruzados] y comandantes; unir las líneas de los mujahidines y fortalecer las bases del Estado Islámico [de Irak].
“Oh juventud musulmana, recuerden los cuerpos mutilados de los niños, las voces de sus desconsolados[padres y los atormentados lamentos de los ancianos. Permitan que el volcán de su ira estalle. Quemen la tierra bajo los pies de los judíos y los que los auxilian, erradiquen su ejército, destruyan sus equipos, derriben sus aviones, coloquen una emboscada a sus casas, en los wadis y en los caminos. Escóndanse en la oscuridad y conviertan su mañana en un infierno… Nosotros no le tememos a sus coaliciones… HEMOS BEBIDO SANGRE EN EL PASADO, Y NO ENCONTRAMOS NINGUNA SANGRE MÁS DULCE QUE LA DE LOS BIZANTINOS Y CRUZADOS. Tuesten su carne con coches bomba, corten sus suministros de línea con cargas[explosivas y rasguen sus corazones con el fuego de los francotiradores. Sepan que la ofensiva es la mejor forma de defensa, y tengan cuidado de no bajar sus armas antes de que la guerra haya terminado… NOSOTROS NO ESTAMOS LUCHANDO POR NACIONALISMO, SINO CON EL OBJETIVO DE HACER SUPREMA LA PALABRA DE ALLÁH.
“A los mujahidines que todavía no han jurado obediencia al Estado Islámico de Irak, deseo decir que ellos son nuestros hermanos y los defendemos con nuestros cuerpos y lenguas y no tenemos la intención de acusarlos de herejía o corrupción. Pero consideramos su tardanza en elevar la demanda de la hora – la cual es unirse, adherirse al sendero de Alláh y unirse a sus hermanos en el Estado Islámico de Irak – como un desafío, especialmente ahora que los infieles se han unido a sus líneas…
“O nación islámica, nosotros ahora estamos dónde el Profeta y sus compañeros estuvieron al comienzo del período de Medina -cuando el Yihad comenzó-. Nuestra guerra con los persas ha comenzado [ahora] al igual que nuestra guerra con los bizantinos, sólo que el gobierno persa es [incluso] más depravado y despreciable que el de los bizantinos…
“Su hermano,
“Abu Omar Al-Qurashi Al-Husseini Al-Baghdadi
“Muharram 14, 1428 (2 de febrero, 2007)”

Esta necesidad de beber sangre de cristianos ya tiene precedentes en el año 636, Jaled-ibn-Walid, la espada de Alláh, lanzo su terrible amenaza a aquellos romanos que se negaban a rendirse y someterse al yugo del Islam: “NOSOTROS SOMOS GENTE QUE BEBE SANGRE. Y SE NOS HA DICHO QUE NO HAY SANGRE MÁS DULCE QUE LA DE LOS ROMANOS”.
Eurabian News comenta que estas son las palabras de Jaled-ibn-Walid, amigo personal y uno de los compañeros más cercanos del profeta. El equivalente a un apóstol en el cristianismo.
El apóstol de la muerte, el general más exitoso de la Historia. Nunca derrotado, fue capaz de derrotar y conquistar las dos superpotencias de su tiempo con unas pocas tribus de beduinos, con la ayuda de una fe ciega que invitaba a la muerte y al martirio.

Y eso que estos vampiros islamistas tienen prohibido el alcohol.
Sería mejor para ellos, y para todos, que bebiesen un vaso de vino o una cerveza que beber sangre de cruzado.

Sus ansias de “beber sangre de cristiano –cruzado” manifiestan sus aspiraciones y valores éticos.

periodistadigital

El misterio de Dios

El misterio de Dios

LP. Enric Capó, España

Dios es un misterio. El gran misterio de la vida. El más profundo, el más alto, el más ancho. Nos viene de antes del tiempo inmemorial de la prehistoria. Siempre ha estado presente. En todas partes, en todos los milenios, en todas las culturas, en todos los hombres y mujeres de este mundo. Ha tenido diferentes nombres, diferentes formas, diferentes definiciones. Se le han asignado diferentes atributos… Se ha tratado de situarlo dentro de las coordenadas de la ciencia humana. Todo en vano. Dios no es aquí o allí, en esta religión o en la otra, en un lugar sagrado o en otro profano. No está en Lourdes, ni en Roma, ni en Ginebra, ni en la Meca ni en la India. No es cristiano, ni musulmán, ni hindú. No es protestante ni católico. Dios es Dios en toda la inmensidad del universo. Lo abarca todo y lo llena todo. Nadie lo puede acaparar, nadie se lo puede apropiar, nadie tiene el monopolio. Va más allá de todas nuestras definiciones y de nuestras fronteras. No se lo puede dominar. Siempre sobrepasa todo lo que podemos pensar, siempre nos transciende. Así como no nos podemos apoderar de la luz y encerrarla en un compartimento estanco, tampoco podemos reducir a Dios a nuestras categorías humanas. Si pudiéramos hacerlo, la luz no sería ya luz y Dios no sería Dios. Sería un objeto más, o un ser más, en nuestra colección humana, un nombre más en una enciclopedia. Una explicación imperfecta y falsa.

A Dios no lo podemos encontrar en ningún lugar del universo. No está. Tanto si vamos hacia arriba, hacia los astros, como si bajamos a las profundidades de la tierra, no lo encontraremos. Ninguna clase de investigación humana, ningún examen minucioso, ninguna reflexión por profunda que sea, nos descubrirá a Dios. Por esto, los ateos tienen razón: Dios no existe. Y aún así se quedan cortos, porque añaden “probablemente”, algo que yo suprimiría. Sencillamente, en el mundo de las categorías humanas, Dios no existe más allá de unas vagas definiciones, a menudo absurdas, y unas imágenes casi siempre distorsionadas.

Quizás decir todo esto sea otro discurso falso, como lo son los que hacemos en referencia a Dios. No tengo ningún monopolio de la verdad. Y si digo lo que digo lo hago como hombre falible, siempre expuesto al error, y como una reflexión en voz alta para que Dios me corrija. Porque decir que Dios no existe no es tampoco decir toda la verdad, cosa que a nosotros los humanos nos está vedado. Es simplemente afirmar que Dios no pertenece a nuestro mundo ni a nuestra dimensión. No es ubicable, no está en ningún padrón, no es ciudadano de ningún país. No es sumable a nuestro patrimonio universal.

Ahora bien, si Dios no existe, ¿por qué nos hemos de preocupar? ¿No podemos simplemente dejarlo de lado como un resto legendario de un pasado remoto? La respuesta es que no podemos hacerlo porque Dios, a pesar de no existir a la manera de la existencia humana, se hace presente en nuestro mundo. Continuamente. No forma parte de nuestro universo, pero está muy presente en nuestra experiencia humana. Cada vez que buscamos sinceramente a Dios, lo encontramos. No en un rincón del universo, ni en la reflexión teológica, ni en la práctica de fórmulas mágicas. Lo encontramos en el centro de nuestro camino, cuando emprendemos un viaje al interior de la vida; cuando lo buscamos en el fondo de nuestro corazón, cuando nos atrevemos a creer y confiar. Dios se deja encontrar por el que lo necesita y lo busca: el padre desesperado del evangelio, el discípulo incrédulo después de la resurrección, el perseguidor de la iglesia que daba “coces contra el aguijón”. Aquel que es capaz de decir a Dios “creo, ayuda mi incredulidad” está en el camino del encuentro, está cerca de Dios. Está a tocar.

Hay muchos creyentes que no conocen a Dios. No lo han encontrado nunca como el amigo, el compañero, el consolador. Han entrado en una iglesia, han creído unas doctrinas, se han hecho miembros, pero les falta el encuentro personal con Él. Tú y Dios. Solos. Como Pablo. una vez convertido, se fue al desierto para encontrar-se con Dios en la soledad y en el silencio. Para todos estos creyentes, Dios no existe a la manera que hemos dicho antes, pero no les digáis que es sólo un nombre, una leyenda, un cuento o una fábula. Saben muy bien en quien creen. Han tenido la experiencia. Dios no existirá en nuestro mundo, pero forma parte -y una parte muy importante- de su vida. Han convivido con Él. Y esto es lo que realmente importa. Dios no es una hipótesis posible, ni una explicación del universo, ni el fruto de una reflexión. Dios, cuando lo conocemos de cerca, es, por decirlo en pocas palabras: la compañía, la fuerza y la esperanza. Eso no es teología, ni forma parte de la dogmática, ni es una noticia para salir en los periódicos. Es, en la simbología de Jesús, el tesoro encontrado en el campo, o la piedra más preciosa, o el descubrimiento más maravilloso. No pertenece al campo de la política, ni de la religión, ni de las ideología humanas. Pertenece al corazón, a la experiencia personal, a la vida interior. No da dividendos, ni influencia, ni nos hace humanamente sabios. Es riqueza personal, sabiduría interior, vida en plenitud. Quien tiene esto, sabe que ha pasado de la muerte a la vida: que ha vencido al infierno, que no es el Guantánamo particular de Dios, sino su don a los hombres para liberarlos de sus fuerzas destructivas.

El misterio de Dios estará siempre presente en la vida humana. Año tras año, siglo tras siglo, los hombres y las mujeres de nuestro mundo continuarán preguntándose por qué Dios no es visible y comprobable. Las respuestas continuarán siendo las de siempre. Seguirá, bajos diferentes formas, la guerra de los anuncios en los autobuses urbanos. Sí y no en una discusión que nunca se acaba. Pero, por encia de esta discusión estéril siempre estarán los creyentes que, en su necesidad, habrán encontrado a Dios como el que rompe nuestra soledad, nos da fuerzas para seguir adelante en el camino de la fe, y en su paz y alegría nos abre la posibilidad de vivir en la esperanza de un mundo mejor, un mundo al que dedicamos nuestros esfuerzos y en el que luchamos contra toda clase de opresión, violencia y muerte. Por encima de los reinos de este mundo, buscamos el Reino de Dios. Aquí y ahora. Allí y después.

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Darwin: 200 años

Darwin: 200 años

LP. Enric Capó, España

En este año 2009 se celebra el 200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin y el 150 de la publicación de su obra más importante: “El Origen de las Especies”. Tanto la persona de Darwin como su obra han ejercido tanta influencia en el mundo científico y han sido tan importantes para la humanidad, que no queremos dejar pasar inadvertida esta efeméride. Y lo hacemos conscientes de que no siempre sus teorías han sido bien recibidas en el seno de la sociedad y especialmente de la Iglesia Cristiana. El hecho de “rebajar” el ser humano, convirtiéndolo en un simple peldaño en la escala de la evolución, i contradecir, mediante la teoría de la evolución, el relato bíblico de la creación, fue difícil de aceptar. De todas formas, la oposición por parte de la Iglesia Anglicana, a la que Darwin pertenecía, no fue tan feroz como era de esperar. El mismo Darwin, que había estudiado para pastor, se mantuvo en una actitud ambigua i nunca llegó a declararse ateo. Se consideraba, al final de su vida, agnóstico.

Ahora bien, la teoría de la evolución, que nos viene de Darwin, agravó de forma muy significativa el conflicto entre ciencia y religión que venía desde mucho más lejos. Recordemos la condenación de Galileu Galilei (1633) por haber afirmado que la tierra giraba alrededor del sol. Sin embargo, en esta ocasión, la sangre no llegó al río. Un examen más cuidadoso de la teoría demostró que no había forzosamente una incompatibilidad clara entre las afirmaciones religiosas, que ponían a Dios en el origen de todas las cosas, y les teorías evolucionistas. Gran número de teólogos y filósofos cristianos no tuvieron ningún inconveniente en hacer compatible la evolución con la doctrina cristiana de la creación. Se consideró que los caminos que usó la naturaleza para llegar al mundo tal como es, no eran de importancia básica para la fe; y la evolución no los contradecía. Y todavía hoy, la gran mayoría de teólogos e intelectuales cristianos no tienen ningún inconveniente en aceptar que el universo, tal como lo tenemos, ha llegado a ser mediante un proceso de evolución.

De todas formas, no todos los cristianos están de acuerdo con esta convivencia entre la fe cristiana y el evolucionismo. Hay una minoría, representada especialmente por los fundamentalistas y evangelicales de los EEUU y su círculo de influencia –también en España- que se mantienen fieles a lo que consideran el creacionismo bíblico y rechazan de plano la teoría evolucionista. Los más moderados entre ellos se han declarado partidarios del llamado diseño inteligente, defendido por el científico Michael Behe, que es una variante del creacionismo, pero con pretensiones científicas. La base de su argumentación contra Darwin y el darwinismo consiste en insistir en las rendijas y contradicciones que a menudo aparecen en las teorías científicas, sin tener en cuenta que, por su misma naturaleza, estas teorías están siempre en movimiento, son discutidas y se constituyen en paradigmas que se van perfilando con el tiempo. Hablar de la evolución como un hecho no quiere decir que todo lo que hay a su alrededor tenga la misma fuerza.

El absolutismo de los fundamentalistas hacia el evolucionismo tiene, como contrapartida, el fanatismo de algunos científicos que, en lugar de buscar la verdad y expresarla en términos de moderación y tolerancia, sólo se ocupan de defender sus posturas personales y atacar a los demás. Un ejemplo de estos científicos fanáticos es Richard Dawkins, un teórico de la evolución, profesor en Oxford, que, dicho de pasada, está detrás de todo el asunto de los anuncios ateos en los autobuses londinenses.

Ciencia y religión estarán siempre presentes en la historia humana. El campo de investigación de ambos es el mismo: el hombre y la naturaleza. Sin embargo, representan reflexiones a diferentes niveles y, si queremos ir hacia adelante en el camino de progreso humano, se han de respetar entre si. No es tarea de la iglesia dictaminar sobre cuestiones científicas ni limitar el área de investigación de la ciencia. Tampoco es tarea de la ciencia ni de los científicos convertir su trabajo en reflexiones teológicas o filosóficas. Pueden hacerlas, pero no tratar de imponerlas. No podemos ir por la vida enfrentados los unos a los otros, sino caminar juntos, como colaboradores en la gran tarea que no es común: descubrir la verdad de la vida y del mundo en el que vivimos.

Fuente: http://id7d.org/blog/?p=1060

Un aplauso para Dios

Un aplauso para Dios

Diác. Juan Sánchez G.

En una convención americana, en la cual participaron neurólogos de todo el mundo, uno de los principales tópicos fue el fenómeno de personas que se desmayaban en el instante en que se levantaban de la cama.

Una de las oradoras, la Profesora Linda Mc Maron, de Inglaterra, hizo una prolongada presentación al respecto de su estudio en este campo. Explicó que después de muchos años de estudio e investigación sobre el tema, llegó a la conclusión de que este tipo de desmayos, es causado por la rápida transferencia entre la posición de acostado, a la de quedar de pié.

La Profesora Mc Maron dijo que demora 12 segundos, para que la sangre fluya desde los pies a la cabeza. Por lo tanto, cuando una persona se levanta rápidamente, la sangre es transportada muy velozmente al cerebro, lo que produce un desmayo.

Sugirió que cada persona, aun a los que no tengan tendencia a desmayarse, se sienten en la cama, al despertarse y contasen lentamente hasta 12, para evitar estos malestares, languidez o desmayo.

Su discurso fue muy aplaudido.

Otro profesor, un judío observante, pidió permiso para hablar y dijo: Nosotros los judíos, tenemos la antigua tradición de cientos de años de pronunciar una oración de agradecimiento al Creador del Mundo, por concedernos la oportunidad de un nuevo día de realizaciones. La oración es dicha inmediatamente después de despertarse, mientras se está en la cama, acostado o sentado. Hay doce palabras en esta plegaria y si la persona la dice lentamente y con concentración, lleva exactamente doce segundos pronunciarla. Y a continuación recitó lentamente en hebreo:

Modé aní lefaneja, Mélej jai vekaiam, shehejezárta bi nishmati bejemlá. Rabá emunateja. (Doy gracias a Ti Rey Viviente y Eterno, pues Tú has restituido mi alma dentro de mí con misericordia, grande es Tu fidelidad)

El auditorio se levantó e irrumpió en aplausos que retumbaron por todo el salón. Esta vez eran para el Creador del Mundo. Tal vez, cada uno de nosotros, también deba “aplaudir” todas las mañanas, luego de recitar “Modé Aní lefaneja”

En el mundo seudo-religioso—carismático es muy común darle aplausos y echarle porras a Dios, pero no en el sentido que nos lo cuenta la historia anterior. Ya que por medio de este acto humano se pretende homenajear a Dios, no como lo que es El sino como si fuera un hombre común ávido de estímulos, o que necesitara de tales expresiones humanas.

¿Qué es el aplauso? ¿Es la única manera de expresar alguna muestra de admiración o repudio?

El aplauso (del latín applaudere) es principalmente la expresión de aprobación mediante palmadas, para crear ruido. Suele esperarse que los espectadores aplaudan tras una representación, como por ejemplo un concierto musical, un discurso público o una obra de teatro. En la mayoría de los países occidentales, los espectadores dan palmadas de forma no sincronizada para generar así un ruido constante; sin embargo, se tiende de forma natural a sincronizarse débilmente. Como forma de comunicación no verbal de masas, el aplauso es un indicador simple de la opinión media relativa del grupo completo: cuando más ruidoso y prolongado, mayor aprobación.

Historia

La costumbre de aplaudir puede ser tan antigua y estar tan extendida como la propia humanidad, y la diversidad de sus formas está limitada únicamente por la capacidad de los medios disponibles para hacer ruido. Dentro de cada cultura, sin embargo, el aplauso suele estar sujeto a ciertas convenciones.

• Los antiguos romanos tuvieron un conjunto ritual de aplauso para las representaciones públicas, expresando diversos grados de aprobación: golpear los dedos, dar palmadas con la mano plana o hueca, o agitar el faldón de la toga, lo que el emperador Aureliano sustituyó por pañuelos (orarium) que distribuyó entre el pueblo.[1] En el teatro romano, al final de la obra, el protagonista gritaba Valete et plaudite! y la audiencia, guiada por un corego * no oficial, coreaba su aplauso antifonalmente. Esto a menudo era organizado y remunerado.[2]

Con la proliferación del cristianismo, las costumbres del teatro fueron adoptadas por las iglesias. Eusebio[3] cuenta que Pablo de Samosata animaba a la congregación a aplaudir sus sermones agitando sus ropas de lino (οθοναις), y en los siglos IV y V el aplauso de la retórica de los sermones populares se habían convertido en una costumbre habitual. El aplauso en las iglesias terminó sin embargo pasando de moda y, en parte debido a la influencia de la atmósfera cuasi religiosa de las representaciones de Wagner en Bayreuth, el espíritu reverencial que inspiró este decaimiento pronto se extendió a los teatros y salas de concierto.

En la actualidad

El aplauso indiscriminado es ampliamente considerado una violación de la etiqueta concertística de música clásica. Ha habido cierto número de intentos de restringirlo en diversas circunstancias. Por ejemplo, los teatros de Berlín prohíben el aplauso durante el espectáculo y antes de la bajada del telón.

Los políticos y actores famosos reciben a menudo aplausos tan pronto como aparecen en escena, incluso antes de iniciar sus discursos o interpretaciones. Este elogio se da para demostrar la admiración por sus logros pasados, y no es una respuesta al mitin o representación al que el público asiste.

En algunas ocasiones, el aplauso sucede en mitad de un evento. Por ejemplo, el presidente de los Estados Unidos, en su Discurso del Estado de la Unión, es interrumpido a menudo con aplausos. También suele ser habitual que los intérpretes de jazz reciban aplausos en mitad de una melodía, tras terminar un solo improvisado. Aunque ya se ha mencionado que aplaudir durante una sinfonía se considera una falta de etiqueta, no siempre sucede así en las óperas.

También es frecuente que el público que asiste a los programas de televisión aplauda durante el inicio y fin de éste, así como en los cambios de escenario. Si el programa es un concurso, el participante recibe aplausos por sus aciertos y desaprobaciones en sus fallos («¡ohhh!»); al final del concurso normalmente le dedican una ovación al ganador.

Notas
[1] Smith, W. (1890). «Sudarium», A Dictionary of Greek and Roman Antiquities.
[2] Böttiger (1822). Über das Applaudieren im Theater bei den Alten. Leipzig.
[3] Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica vii.30.

Pregunto: ¿Qué tiene que ver el teatro o el espectáculo de las masas, con la devoción a Dios? ¿Qué tiene de común agradecer a un cantante por su interpretación, con la alabanza a Dios?

El mexicano por naturaleza es presa fácil de “la moda”, costumbres, y formas de otros países, como que la falta de una verdadera identidad, hace que busque modelos a su alcance, actuando y comportándose sin analizar lo que esta imitando. Esto lo he notado en algunos servicios de la iglesia, el de aplaudir como algo común en bodas a los novios, cuando alguien da un número especial a Dios, o al final de un sermón. Y me pregunto ¿esto es para Dios por estar en su templo o para el ser humano?

Es muy común llevar el ritmo cuando se escucha una melodía “rítmica” que nos envuelve y nos arrastra a seguir su ritmo marcado, lo que no sucede cuando la melodía es más pausada o lenta. He ahí la preferencia de los jóvenes a la música rítmica y marcada. Porque de alguna manera va en común acuerdo con su estado físico y emocional de acuerdo a su edad.

Y la religión no se escapa a esta influencia, no debemos confundir la gimnasia con la magnesia. El pueblo de Israel no pudo o no quiso hacer esta diferencia y fueron talados, y a base de golpes y exilios han podido aprender la lección.

Os. 4:6-7 Mi pueblo fue talado, porque le faltó sabiduría. Porque tú desechaste la sabiduría, yo te echaré del sacerdocio; y pues que olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos. 7 Conforme a su grandeza así pecaron contra mí; yo pues, también cambiaré su honra en afrenta. 8 Comen del pecado de mi pueblo, y en su maldad levantan su alma. 9 Tal será el pueblo como el sacerdote; y visitaré sobre él sus caminos, y le pagaré conforme a sus obras.

Hay que darle a cada uno su lugar, tiempo, y atención. Mis gustos personales sobre la música, la moda, etc. Son para que los disfrute y comparta; en mis momentos de alegría, actividades sociales, cuando voy al teatro, a disfrutar el concierto de algún artista de mi gusto, pero nunca confundir mi devoción hacia Dios.

Mat. 22:21 Ellos le dicen: De César. Y les dijo: Pagad pues a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.

Nadab y Abiú no pudieron hacer esta separación, hay poca información de cual fue el fuego extraño, pero aquí encontré algunos cometarios judíos para poder entender, como el conocimiento de Dios, en momentos es confundido con grandes privilegios engreimiento y soberbia.

El Talmud Babli (Moed Catan 28b) nos menciona a Nadab y Abiú como ejemplo de personas por las cuales se hizo duelo popular al momento de su defunción, con las siguientes palabras: “…eso se refiere a Nadav y Avihu, quienes no cumplieron más que una sola mitzvá (mandamiento), tal como está escrito…” Por este párrafo, difícilmente podríamos considerar a estos hijos del Sumo Sacerdote como exponentes de tzadik (persona justa, que trasciende con su meritoria conducta el promedio normal).

Más drástico aún es este midrásh (estudio rabínico), en el mismo Talmud (Sanhedrin 52a): “… Moshe y Aarón andaban delante, detrás Nadab y Abiú, más atrás el pueblo. Entonces le dijo Nadab a Abiú: ‘Cuando morirán estos dos viejos para que seamos nosotros los líderes de esta generación.’ Dijo entonces el Santo Bendito Sea: ‘Veremos quien entierra a quien”.

RaSH”I en su comentario en el sitio (Vaikrá / Levítico 10:2), tampoco nos deja intuir una imagen positiva de estos dos personajes. Nos brinda dos versiones (basándose en el Midrásh Vaikrá Rabbá y en Masejet Eruvin 63a perek Adar). Por un lado menciona a Rabí Eliezer comentando que murieron por haber sido engreídos y no impartirle honor y respeto a su maestro Moshé Rabenu. Luego nos enseña que según Rabbí Shimeon entraron ebrios al Santuario, y que movidos por su inconsciencia temporal ejercieron funciones para las que no habían sido convocados, provocándose así la muerte. (Atención: ambas versiones, ambas conductas pecaminosas / erradas, provocaron sus muertes, no como castigo de un Dios terrible, severo y vengador, sino como resultado de una acción errónea que generó una reacción negativa sobre ellos… por ejemplo, como si hubieran tocado los cables pelados del alto voltaje).

Otra explicación talmúdica, (Zevajim 115b), parece darnos una idea de cierta superioridad de estos sacerdotes muertos: “…le dijo Moshe a Aarón: “No murieron tus hijos sino para santificar el Santo Nombre’; y como Aarón sabía que sus hijos eran conocedores del Eterno, enmudeció”.

Sin embargo el gran comentarista RaMBa”N (Najmánides en su comentario a Vaikrá / Levítico 10:3) no la considera del todo pertinente y acorde con el texto. Podemos nosotros suponer que ser conocedor de Dios es parte de lo que se considera requerimiento mínimo e indispensable en un cohen (sacerdote) que ejerce sus funciones sacras, y que podríamos entender como, persona que conoce los reglamentos, limitaciones, deberes y derechos de su estar en el Mundo. En el caso específico, sabían que si ofrendaban lo que no era requerido por Dios, las consecuencias no serían agradables para ellos. ¿No acaso nosotros somos lo que defina el Apóstol Pedro en otras palabras?. 1ª. Ped. 2:9 Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclaméis las obras maravillosas de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.

Y, que murieron para santificar a Dios, puede ser entendido como que tanto por la nobleza del hacer, como por el error, el ejemplo puede ser tomado por el observador instruido (como nosotros), y aplicarlo con cordura y mesura en su propia existencia. (Para que se entienda esto: no es necesario que cada uno beba veneno para saber que nos puede dañar…)

Hay también—además del aplauso—otras formas de expresar esta emoción humana

Cacerolada

Cacerolazo (también conocido como cacerolada, caceroleada o caceroleo) es una forma de manifestación, autoconvocada espontáneamente por un grupo de personas o ciudadanos, o bien respondiendo al llamamiento de una fuerza política u otra organización, generalmente en contra de un gobierno o de determinadas decisiones o políticas gubernamentales, y más raramente en pro de una causa. Su característica más destacada, y que la distingue de otros tipos de protesta, radica en que los manifestantes manifiestan su descontento mediante ruido acompasado, a una hora acordada de antemano (o en otros casos en forma espontánea), desde sus propias casas y sin necesidad de concentrarse en un lugar determinado, asomándose a ventanas y balcones o en los antejardines de las casas, y blandiendo rítmicamente los objetos que tienen a mano (comúnmente, cacerolas y otros utensilios domésticos, de ahí su nombre), pudiendo de esta manera alcanzar la protesta un alto grado de adhesión y participación.

Los cacerolazos vienen acompañados a menudo de otras medidas de protesta popular, como apagones o cortes de electricidad, boicots al consumo, bocinazos, funas, bloqueos de calles y “sentadas”, y con el auge de las nuevas tecnologías, también de cadenas de correos electrónicos o de mensajes de texto, tipos de protesta que han dado en llamarse “cacerolazos cibernéticos”. En todos los casos, se conserva en los diversos tipos de protesta la esencia del cacerolazo, que estriba en la ampliación y profundización de la protesta democrática, alejándola de las manifestaciones tradicionales e introduciéndola en los hogares, y transfiriendo el protagonismo de una minoría, a la gran mayoría de la población, convirtiéndose así en una protesta al alcance de todos, y por ende sumamente pacífica.

Claque

Claque (en francés ‘bofetada’) es, en su origen, un término que alude a un cuerpo organizado de aplaudidores profesionales presentes en los teatros y óperas franceses. Los miembros de una claque se denominan claqueros (claqueurs).

Historia

Contratar a gente para aplaudir en las representaciones dramáticas era frecuente en la época clásica. Por ejemplo, cuando el emperador Nerón actuaba, su representación era saludada con un encomio cantado por cinco mil de sus soldados.

Esto inspiró al poeta francés del siglo XVI Jean Daurat a desarrollar la claque moderna. Adquiriendo cierta cantidad de entradas para la representación de una de sus obras, las regalaba a cambio de la promesa de un aplauso. En 1820 las claques sufrieron una profesionalización profunda con la apertura de una agencia en París para gestionar y proveer claqueros.

En 1830 la claque se había convertido en una institución. El gerente de un teatro u ópera podía solicitar cualquier número de claqueros, quienes solían estar bajo el mando de un chef de claque (‘jefe de aplauso’), quien juzgaba el momento en que los esfuerzos de los claqueros eran necesarios e iniciaba la demostración de aprobación. Ésta podía adoptar varias formas. Había commissaires (‘comisarios’), que eran quienes se aprendían la obra de memoria y llamaban la atención de sus vecinos sobre los puntos claves entre un acto y otro. Los rieurs (‘reidores’) reían ruidosamente con las bromas. Los pleureurs (‘llorones’), normalmente mujeres, fingían sus lágrimas, sosteniendo sus pañuelos ante los ojos. Los chatouilleurs (‘cosquilleadores’) mantenían a la audiencia de buen humor, mientras los bisseurs (‘biseros’) se limitaban a dar palmas y gritar «¡Bis, bis!» para asegurar las repeticiones.

Esta práctica se extendió a Italia (notoriamente a La Scala milanesa), Viena, Londres (la Royal Opera House) y Nueva York (la Ópera del Metropolitan). Las claques también fueron usadas como un tipo de extorsión, de forma que los cantantes eran contactados por el chef de claque antes de su debut para hacerle pagar cierta cantidad con la amenaza de un abucheo.

Toscanini y Mahler desaconsejaban las claques, una parte del desarrollo de la etiqueta concertística.

Referencias
• Warrack, J. H., West, E. (1992). The Oxford dictionary of opera. Oxford, Nueva York: Oxford University Press. ISBN 9780198691648.
• Este artículo incorpora texto de la Encyclopædia Britannica de 1911 (dominio público).

Coregía

La Coregía (choregia), en la antigua Atenas, era una forma de liturgia, esto es, de servicio público, en la que los ciudadanos acaudalados tenían que hacerse cargo de los costos que acarreaba la contratación de coros para los certámenes líricos o dramáticos que se celebraban con motivo de las Panateneas, Targelias, Dionisias y Leneas; de ahí su nombre, choregoí. Los costos eran muy considerables. En el 405 a. C., con el empobrecimiento de Atenas a causa de la Guerra del Peloponeso, dos coregos tuvieron que asumir los costos de la producción de las Grandes Dionisias. Los coregos elegían a los miembros de sus coros, les pagaban el vestuario, los ensayos y el local para ensayar. El premio para el corego que resultaba vencedor en un certamen de ditirambos consistía en un trípode que a renglón seguido dedicaba a un dios; en Atenas la calle de los trípodes (hoi tripodes) tomó su nombre de las múltiples ofrendas de este tipo que la jalonaban.

Corego

El corego (griego, χορηγός, khorêgós) es, en Grecia Antigua, un ciudadano (o un extraño) encargado de organizar a sus expensas un coro y los figurantes para una representación teatral.

Entre los coregos célebres, se puede citar a Pericles, con unos veinte años, para Los persas de Esquilo en 472 a. C., y Temístocles para Las fenicias de Frínico en 476 a. C. (obra cuyo texto se ha perdido).

Conclusión. El Eterno nos libre de los “buscadores de nuevas emociones”, y que nunca quieran imitar estas o alguna otra forma de emoción humana, y darle el “toque espiritual”, para meterlo a la liturgia de la iglesia.

No nos confundamos, estos actos de reconocimiento al vencedor, al artista, son solo para los humanos, no para nuestro Dios, aprendamos a hacer diferencia. Ez. 44:23 ”Deberán enseñarle a mi pueblo a distinguir entre lo sagrado y lo profano, y mostrarle cómo diferenciar entre lo puro y lo impuro”.

No involucremos nuestras necesidades humanas sobre el reconocimiento al solo Dios Eterno.

El aplauso para Dios, no debe ser físico sino una manera simbólica de reconocer que él da la vida y también la puede quitar.

Yo, en forma personal, recito el salmo 23 junto con la Shemá, (Deut. 6:4 Escucha, Israel: Adonai nuestro Di-s es el único Adonai.) con la cual uno puede reconocer la unicidad de Dios, su guía y providencia, no solo al acostarnos sino también al dormirnos, y esto no lleva por lo menos 12 segundos.

La Escritura nos dice que la muerte es como un sueño. . . y cada vez que despertamos del “sueño” es como volver a la vida.

Juan 11:11 Estas cosas dijo él; y después de esto les dijo: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle del sueño.

Conclusión

“… y tan pronto como se despierte—antes que se talle los ojos—debe recordar las bondades que Dios tuvo para con usted, devolviéndole el alma (vida) que a él le había entregado cansada y agotada por el día anterior, y Él se la restituyó renovada y refrescada a fin de que sirva a Dios con todas sus capacidades, y Lo sirva el día entero. Esto enseña que cada mañana la persona constituye una nueva creación por lo que agradecerá a Dios de todo corazón. Dirá: Modé ani lefaneja…” (Doy gracias a Ti….)

Bibliografía.
• Wikipedia.
• Extraído de Jabad Magazine
• Moré Yehuda Ribco
• Torah Moisés Katznelson. Edit. Sinai.
• Biblia en lenguaje sencillo
• Kitzur Shulján Aruj (Cap. I Inciso II)

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