COLOSAS

COLOSAS

Ciudad de Frigia situada sobre un cerro, cerca de la confluencia de los ríos Lico y Meandro, a 16 km río arriba de Laodicea y Hierápolis (Col 2.1; 4.13, 15). Las tres ciudades formaban una federación. Florecían aquí la vinicultura y una famosa industria lanera, y se fabricaba un color púrpura llamado «colosense». Colosas era la ciudad menos importante de las tres, y en tiempos de Pablo era solo un villorrio. Epafras, alumno de Pablo y fundador de la iglesia (Col 1.2), y Arquipo diácono (Col 4.17; Flm 2), residían allí. Onésimo (Col 4.9; Flm 10) y Filemón (Flm 1) tenían relaciones con Colosas. Un terremoto la destruyó alrededor del 65 d.C. Las ruinas están a 4 km de la actual aldea de Jonás.

colosas

La colina de la antigua Colosas, una ciudad en Asia Menor en donde se estableció una iglesia durante los días del apóstol Pablo.

 

Fuente:
Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

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COLOSENSES, EPÍSTOLA A LOS

COLOSENSES, EPÍSTOLA A LOS

Una de las cuatro epístolas breves que Pablo escribió desde la prisión. Las otras tres son Filipenses, Efesios y Filemón. La Epístola a los Colosenses se concentra en la persona y obra de Jesucristo. Alcanza niveles de expresión sin paralelos en cuanto a lo que se dice de Cristo en la Biblia. Tiene temas y portadores comunes con Efesios, y se envía junto con la de Filemón (Col 4.9, 17) y otra carta para Laodicea (4.16). Pablo no indica desde cuál prisión escribe. Sus compañeros Marcos (4.10) y Lucas (4.14) estarían con él en Roma entre 61 y 63 d.C.

Benedicto XVI presenta la figura de san Juan Damasceno

Benedicto XVI presenta la figura de san Juan Damasceno

Hoy en la audiencia general

CUDAD DEL VATICANO, miércoles 6 de mayo de 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el texto de la catequesis pronunciada hoy por el Papa Benedicto XVI ante los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro para la audiencia general en la que presentó la figura de san Juan Damasceno

* * *

Queridos hermanos y hermanas:

quisiera hablar hoy de Juan Damasceno, un personaje de primera categoría en la historia de la teología bizantina, un gran doctor en la historia de la Iglesia universal. Es sobre todo un testigo ocular del paso de la cultura griega y siriaca, compartida en la parte oriental del Imperio bizantino, a la cultura del Islam, que se hizo espacio con sus conquistas militares en el territorio reconocido habitualmente como Medio o Próximo Oriente. Juan, nacido en una rica familia cristiana, aún joven asumió el cargo -quizás ostentado también por su padre- de responsable económico del califato. Bien pronto, sin embargo, insatisfecho de la vida de la corte, maduró la elección monástica, entrando en el monasterio de San Sabas, cerca de Jerusalén. Era alrededor del año 700. No alejándose nunca del monasterio, se dedicó con todas sus fuerzas a la ascesis y a la actividad literaria, sin desdeñar una cierta actividad pastoral, de la que dan testimonio sobre todo sus numerosas Homilías. Su memoria litúrgica se celebra el 4 de diciembre. El papa León XIII lo proclamó Doctor de la Iglesia universal en 1890.

De él se recuerdan en Oriente sobre todo los tres Discursos contra quienes calumnian las imágenes santas, que fueron condenados, tras su muerte, por el Concilio iconoclasta de Hieria (754). Estos discursos, sin embargo, fueron el motivo principal de su rehabilitación y canonización por parte de los Padres ortodoxos convocados en el II Concilio de Nicea (787), séptimo ecuménico. En estos textos es posible encontrar los primeros intentos teológicos importantes de legitimación de la veneración de las imágenes sagradas, uniendo a éstas al misterio de la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María.

Juan Damasceno fue también uno de los primeros en distinguir entre el culto público y privado de los cristianos, entre la adoración (latreia) y la veneración (proskynesis): la primera sólo puede dirigirse a Dios, sumamente espiritual, la segunda en cambio puede utilizar una imagen para dirigirse a aquel que es representado por ella. Obviamente, el Santo no puede en ningún caso ser identificado con la materia de la que está compuesto el icono. Esta distinción se reveló en seguida muy importante para responder de modo cristiano a aquellos que pretendían como universal y perenne la observancia de la severa prohibición del Antiguo Testamento sobre la utilización cultual de las imágenes. Esta era la gran discusión también en el mundo islámico, que acepta esta tradición hebrea de la exclusión total de las imágenes en el culto. En cambio los cristianos, en este contexto, han discutido el problema y encontrado la justificación para la veneración de las imágenes. Damasceno escribía: “En otros tiempos Dios no había sido representado nunca en imagen, siendo incorpóreo y sin rostro. Pero dado que ahora Dios ha sido visto en la carne y ha vivido entre los hombres, yo represento lo que es visible en Dios. Yo no venero la materia, sino al creador de la materia, que se ha hecho materia por mí y se ha dignado habitar en la materia y obrar mi salvación a través de la materia. Nunca cesaré por ello de venerar la materia a través de la cual me ha llegado la salvación. ¡Pero no la venero en absoluto como Dios! ¿Cómo podría ser Dios aquello que ha recibido la existencia a partir del no ser?… Sino que yo venero y respeto también todo el resto de la materia que me ha procurado la salvación, en cuanto que está llena de energías y de gracias santas. ¿No es quizás materia el madero de la cruz tres veces bendita?… ¿Y la tinta y el libro santísimo de los Evangelios no son materia? ¿El altar salvífico que nos dispensa el pan de vida no es materia?… Y antes que nada, ¿no son materia la carne y la sangre de mi Señor? O se debe suprimir el carácter sagrado de todo esto, o se debe conceder a la tradición de la Iglesia la veneración de las imágenes de Dios y la de los amigos de Dios que son santificados por el nombre que llevan, y que por esta razón están habitados por la gracia del Espíritu Santo. No se ofenda por tanto a la materia: ésta no es despreciable, porque nada de lo que Dios ha hecho es despreciable” (Contra imaginum calumniatores, I, 16, ed. Kotter, pp. 89-90). Vemos que, a causa de la encarnación, la materia aparece como divinizada, es vista como morada de Dios. Se trata de una nueva visión del mundo y de las realidades materiales. Dios se ha hecho carne y la carne se ha convertido realmente en morada de Dios, cuya gloria resplandece en el rostro humano de Cristo. Por tanto, las invitaciones del Doctor oriental son aún hoy de extrema actualidad, considerando la grandísima dignidad que la materia ha recibido en la Encarnación, pudiendo llegar a ser, en la fe, signo y sacramento eficaz del encuentro del hombre con Dios. Juan Damasceno es, por tanto, un testigo privilegiado del culto de los iconos, que llegará a ser uno de los aspectos más distintivos de la teología y de la espiritualidad oriental hasta hoy. Y sin embargo es una forma de culto que pertenece simplemente a la fe cristiana, a la fe en ese Dios que se ha hecho carne y que se ha hecho visible. La enseñanza de san Juan Damasceno se inserta así en la tradición de la Iglesia universal, cuya doctrina sacramental prevé que elementos materiales tomados de la naturaleza puedan convertirse a través de la gracia en virtud de la invocación (epiclesis) del Espíritu Santo, acompañada por la confesión de la fe verdadera.

En unión con estas ideas de fondo Juan Damasceno pone también la veneración de las reliquias de los santos, sobre la base de la convicción de que los santos cristianos, habiendo sido hechos partícipes de la resurrección de Cristo, no pueden ser considerados simplemente como ‘muertos’. Enumerando, por ejemplo, aquellos cuyas reliquias o imágenes son dignas de veneración, Juan precisa en su tercer discurso en defensa de las imágenes: “Ante todo (veneramos) a aquellos entre quienes Dios ha descansado, él único santo que mora entre los santos (cfr Is 57,15), como la santa Madre de Dios y todos los santos. Estos son aquellos que, en cuanto es posible, se han hecho semejantes a Dios con su voluntad y por la inhabitación y la ayuda de Dios, son llamados realmente dioses (cfr Sal 82,6), no por naturaleza, sino por contingencia, así como el hierro al rojo es llamado fuego, no por naturaleza sino por sontingencia y por participación del fuego. Dice de hecho: Seréis santos porque yo soy santo” (Lv 19,2)” (III, 33, col. 1352 A). Tras una serie de referencias de este tipo, Damasceno podía deducir serenamente, por tanto: “Dios, que es bueno y superior a toda bondad, no se contentó con la contemplación de sí mismo, sino que quiso que hubiera seres beneficiados por él que pudieran llegar a ser partícipes de su bondad: por ello creó de la nada todas las cosas, visibles e invisibles, incluido el hombre, realidad visible e invisible. Y lo creó pensando y realizándolo como un ser capaz de pensamiento (ennoema ergon) enriquecido por la palabra (logo[i] sympleroumenon) y orientado hacia el espíritu (pneumati teleioumenon)” (II, 2, PG 94, col. 865A). Y para aclarar ulteriormente este pensamiento, añade: “Es necesario dejarse llenar de estupor (thaumazein) por todas las obras de la providencia (tes pronoias erga), alabarlas todas y aceptarlas todas, superando la tentación de señalar en ellas aspectos que a muchos parecen injustos o inicuos (adika), y admitiendo en cambio que el proyecto de Dios (pronoia) va más allá de la capacidad cognoscitiva y comprensiva (agnoston kai akatalepton) del hombre, mientras que al contrario sólo Él conoce nuestros pensamientos, nuestras acciones e incluso nuestro futuro” (II, 29, PG 94, col. 964C). Ya Platón, por otro lado, decía que toda filosofía comienza con el estupor: también nuestra fe comienza con el estupor de la creación, de la belleza de Dios que se hace visible.

El optimismo de la contemplación natural (physikè theoria), de este ver en la creación visible lo bueno, lo bello y lo verdadero, este optimismo cristiano no es un optimismo ingenuo: tiene en cuenta la herida infligida a la naturaleza humana por una libertad de elección querida por Dios y utilizada inapropiadamente por el hombre, con todas las consecuencias de desarmonía difundida que han derivado de ella. De ahí la exigencia, percibida claramente por el teólogo de Damasco, de que la naturaleza en la que se refleja la bondad y la belleza de Dios, herida por nuestra culpa, “fuese reforzada y renovada” por el descendimiento del Hijo de Dios en la carne, después de que de muchas formas y en diversas ocasiones Dios mismo hubiera intentado demostrar que había creado al hombre para que estuviera no solo en el “ser”, sino en el “ser bien” (cfr La fede ortodossa, II, 1, PG 94, col. 981°). Con arrebato apasionado Juan explica: “Era necesario que la naturaleza fuese reforzada y renovada y fuese indicada y enseñada concretamente la vía de la virtud (didachthenai aretes hodòn), que aleja de la corrupción y conduce a la vida eterna… Apareció así en el horizonte de la historia en gran mar del amor de Dios por el hombre (philanthropias pelagos)…” Es una bella expresión. Vemos, por una parte, la belleza de la creación y por otra, la destrucción causada por la culpa humana. Pero vemos en el Hijo de Dios, que desciende para renovar la naturaleza, el mar del amor de Dios por el hombre. Continua Juan Damasceno: “Él mismo, el Creador y el Señor, luchó por su criatura trasmitiéndole con su ejemplo su enseñanza… Y así el Hijo de Dios, aún subsistiendo en la forma de Dios, descendió los cielos y bajó… hacia sus siervos…. realizando la cosa más nueva de todas, la única cosa verdaderamente nueva bajo el sol, a través de la cual se manifestó de hecho la infinita potencia de Dios” (III, 1. PG 94, col. 981C-984B).

Podemos imaginar el consuelo y la alegría que difundían en el corazón de los fieles estas palabras ricas de imágenes tan fascinantes. Las escuchamos también nosotros, hoy, compartiendo los mismos sentimientos de los cristianos de entonces: Dios quiere descansar en nosotros, quiere renovar la naturaleza también a través de nuestra conversión, quiere hacernos partícipes de su divinidad. Que el Señor nos ayude a hacer estas palabras sustancia de nuestra vida.

[Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

San Juan Damasceno, figura importante en la teología bizantina, fue, sobre todo, testigo ocular del tránsito de la cultura cristiana griega y siria, característica de la parte oriental del Imperio bizantino, al mundo islámico, que se abría paso a través de conquistas militares en el territorio que hoy se conoce como Medio y Cercano Oriente. San Juan Damasceno nació en una rica familia cristiana y, siendo joven, se ocupó de las finanzas del califato. No satisfecho de ese tipo de vida, en torno al año setecientos, ingresó en el monasterio de San Saba, cerca de Jerusalén. Allí se dedicó con todas sus fuerzas a la ascesis y a la literatura, así como a la actividad pastoral, como se puede ver por las numerosas homilías que conservamos de él. El Papa León Trece lo proclamó doctor de la Iglesia universal en mil ochocientos noventa. San Juan Damasceno es recordado, entre otras cosas, por sus tres discursos contra los que calumnian las santas imágenes, en los que aparecen los primeros intentos de legitimar la veneración de las imágenes sagradas, vinculándolas con el misterio de la encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María. Insistió también en su magisterio en la veneración de las reliquias de los santos.

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los participantes en el vigésimo segundo curso de actualización sacerdotal organizado por el Pontificio Colegio Español de San José de Roma, así como a los demás grupos procedentes de España, México, Ecuador, Argentina y otros países latinoamericanos. Que, animados por la intercesión y la presencia alentadora de los santos, demos testimonio del Evangelio de palabra y con la propia vida. Muchas gracias.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez

© Copyright 2009 – Libreria Editrice Vaticana]

Radiografía de la enseñanza de la religión en las escuelas de Europa

Radiografía de la enseñanza de la religión en las escuelas de Europa

Celebrada en Estrasburgo una reunión sobre educación católica y libertad religiosa 

ESTRASBURGO, miércoles 6 de mayo de 2009 (ZENIT.org).- La enseñanza de la religión en la escuela encuentra dificultades culturales y jurídicas en algunos países de Europa, aunque en la mayoría se da esta enseñanza de alguna forma. 

Así lo señala el informe “La enseñanza de la religión, valor para Europa”, presentado este lunes 4 de mayo en la sede del Consejo de Europa de Estrasburgo, en una reunión sobre educación católica y libertad religiosa en Europa promovida por el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE). 

Según informó “L’Osservatore Romano” en su edición de 6 de mayo, el estudio indica que en  casi todos los países de Europa hay alguna forma de enseñanza de la religión. Son la excepción Bulgaria, Bielorrusia y gran parte de Francia. 

En Bulgaria hay pocos católicos y por eso les resulta muy difícil organizar un curso de religión.  

En Bielorrusia, la Iglesia ortodoxa está estudiando, con el Ministerio de Educación, la posibilidad de introducir un curso de educación ortodoxa en la escuela, mientras que la Iglesia católica ha presentado un programa para cursos voluntarios de religión. 

En el caso de Francia, el estudio se refiere a Alsacia y Mosela como las únicas regiones del país donde la enseñanza de la religión en las escuelas no encuentra obstáculos relevantes. 

La educación religiosa en el resto de las naciones sigue dos fórmulas principales: una basada en el modelo de la ciencia de las religiones, gestionada directamente por el Estado, y la otra, la de la enseñanza de la religión con contenido confesional, en la que la Iglesia tiene un papel activo. 

La enseñanza de la religión con contenido confesional representa el modelo predominante en Europa. En Polonia, por ejemplo, la enseñanza de la religión es opcional y confesional y la recibe el 95,1% de los estudiantes. 

En Italia, el 91,6% de los estudiantes estudian la asignatura de religión. En ese país, el informe señala “ataques a la educación religiosa procedentes de áreas radicales y laicistas que quieren su supresión”. 

Sobre este problema, el responsable del Servicio para la enseñanza de la religión católica de la CEI, don Vincenzo Annicchiarico, explicó en Estrasburgo que “las Iglesias locales constatan que a veces existe en Europa un clima desfavorable a la religión marcado también por el cuestionamiento de su presencia legal en los programas escolares y, en un contexto más general, por una cultura que ve la religión como algo privado”. 

El secretario general de la CEI, monseñor Mariano Crociata, señaló, al presentar el estudio, que “la enseñanza de la religión ofrece una valiosa contribución al conocimiento y la comprensión de la tradición cultural de Oocidente que, en su larga historia, ha estado profundamente marcada por el cristianismo”. 

Estudiar religión también “lleva a confrontarse con las grandes cuestiones del hombre, su relación con Dios, con el medio ambiente y con el mundo que le rodea”, añadió. 

Para monseñor Crociata, la Iglesia puede contribuir, con la enseñanza de la religión en la escuela, “a la construcción de la nueva Europa y al desarrollo de una plena ciudadanía europea”. 

Ciudadanía que, según monseñor Crociata, se consigue “con el conocimiento de las tradiciones y de la identidad que ha marcado nuestro continente y que hoy se entrelaza cada vez más con otras, en el contexto de una Europa plural, multicultural y multireligiosa”. 

El informe presentado es como una radiografía de la situación de la enseñanza de la religión en las escuelas de Europa. 

Recoge los resultados de una investigación, llevada a cabo entre los años 2005 y 2007 por delegados de 33 conferencias episcopales, promovida por el CCEE con la colaboración de la Conferencia Episcopal Italiana. 

La reunión del lunes incluyó una mesa redonda sobre instituciones europeas y enseñanza de la religión, en la que estaba prevista la participación de representantes eclesiales y también de políticos, como el Comisario europeo de Educación y cultura, Jan Figel; la Directora General de Educación, Cultura y Patrimonio, Juventud y Deporte del Consejo de Europa, Gabriella Battani Dragoni, y el vicepresidente del Parlamento Europeo, Mario Mauro. 

El debate llegó a la conclusión de que la enseñanza de la religión debe ser considerada en Europa un derecho y un servicio valioso -con garantías institucionales y jurídicas estables- para el desarrollo de una sociedad más civilizada y solidaria. 

Antes de ese debate, el presidente del CCEE y primado de Hungría, el cardenal Péter Erdö, destacó, en un discurso, la importancia de la educación religiosa en medio de la crisis actual.

“En una época en la que muchos perciben los signos de una crisis, no sólo económica o financiera sino sobre todo de valores y del sentido de la vida, la educación religiosa puede desempeñar un papel decisivo”, dijo el cardenal.  

“Por eso, la Iglesia siente el deber de continuar educando a los jóvenes, haciendo todo lo posible para darles una educación de alto nivel -añadió-. Si la religión es connatural a la vida de los hombres, su enseñanza debe estar presente allí donde se eduque, y por tanto en las escuelas y en todos los foros del mundo actual”.  

En su intervención, titulada “Educación religiosa y formación del hombre y el ciudadano europeo”, el cardenal afirmó: “Creemos que las religiones en general y el catolicismo en particular dan a la vida una perspectiva nueva y un horizonte más amplio, y la hacen más humana y capaz de generar una sociedad más solidaria y llena de esperanza”. 

El arzobispo de Esztergom-Budapest también pidió respeto a la libertad religiosa en Europa y denunció la “idea laicista que pretende imponer su concepción sobre la religión afirmando que ésta debe permanecer en el ámbito privado”. 

En este sentido, declaró que “la enseñanza de la religión es ante todo un derecho de los jóvenes y de sus familias” pero también “un derecho y una responsabilidad de las religiones que deben poder proponer y ofrecer este servicio”. 

Para el purpurado, “el derecho a la libertad religiosa comporta el derecho a expresar libremente la propia identidad y a manifestar la propia fe sin descuidar el respeto a los que profesan otras religiones o se declaran ateos”. 

Como invitado especial, el observador permanente de la Santa Sede ante el Consejo de Europa, monseñor Aldo Giordano, pronunció unas palabras al empezar la reunión.  

Una vez finalizada, declaró ante los micrófonos de Radio Vaticana que, “tras años de desconfianza, vuelve un renovado interés por el hecho religioso”. 

“Se redescubre que la religión es un hecho político, que tiene una importancia para la sociedad y para la política y aquí encontramos una ambigüedad -explicó-: por una parte, se ve que la religión se usa para defender posturas violentas, tal y como mostraron los hechos del 11 de septiembre de 2001, pero a la vez hay una conciencia cada vez mayor del valor determinante de la religión para la paz, la solidaridad y la convivencia entre las poblaciones”. 

Por otra parte, monseñor Giordano destacó la creciente urgencia, en Europa, de respuestas sobre el sentido de la vida: “No debemos olvidar que, al menos en 15 países de Europa, el suicidio es la principal causa de muerte de los jóvenes”, advirtió.

 

El observador permanente de la Santa Sede en el Consejo de Europa apuntó tres razones que justifican la enseñanza de la religión en la escuela en la actualidad: en primer lugar, que la religión es una ciencia que como tal tiene derecho a estar en el curriculum escolar. 

En segundo lugar, que se trata de una materia estudiada por un gran numero de ciencias, quizás como ninguna otra. Monseñor Giordano se refirió para ilustrarlo a la Historia de las religiones, la Psicología de las religiones, la Sociología de las religiones, la Fenomenología de las religiones, la Filosofía de las religiones y la Teología, entre otras. 

Y finalmente, “por la dimensión fuertemente educativa de la escuela es importante entender la vinculación entre educación, formación y religión”, añadió. 

Por otra parte, destacó la necesidad de afrontar la manera de conciliar la enseñanza confesional con el pluralismo religioso de la Europa actual.

Por Patricia Navas

El Papa recuerda que la creación y la carne “no son despreciables” para Dios

El Papa recuerda que la creación y la carne “no son despreciables” para Dios

Dedica la catequesis de hoy a san Juan Damasceno

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 6 de mayo de 2009 (ZENIT.org).- Según Benedicto XVI, el pensamiento cristiano, a diferencia de otras religiones o filosofías no considera que la creación y que la materia, la carne, sean despreciables aunque estén heridas por el pecado, sino que la Encarnación de Dios les ha conferido un gran valor.

Así lo explicó este miércoles durante la Audiencia General a los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, continuando su ciclo de catequesis sobre pensadores cristianos del primer milenio, y que hoy centró en la figura de san Juan Damasceno.

Por segunda vez consecutiva, el Papa ha tomado a un teólogo de la Iglesia oriental (la semana pasada fue al Patriarca Germán de Constantinopla) para hablar sobre la trascendencia que la veneración de las imágenes sagradas, que se apoya en la doctrina de la Encarnación, tiene para la fe cristiana.

De nuevo el pontífice se refirió a la tensión iconoclasta que vivió la Iglesia de Oriente, que afectó también a la vida y al pensamiento de san Juan Damasceno (siglo VIII), uno de los teólogos más grandes de la Iglesia bizantina y al que León XIII proclamó doctor de la Iglesia en 1890.

En el pensamiento de este santo se encuentran “los primeros intentos teológicos importantes de legitimación de la veneración de las imágenes sagradas, uniendo a éstas al misterio de la Encarnación”.

Al permitir la veneración de las imágenes, el cristianismo ha respondido no sólo al judaísmo, sino también al Islam, que prohíben el uso cultual de la imagen.

Citando al Damasceno, el obispo de Roma explicó que “dado que ahora Dios ha sido visto en la carne y ha vivido entre los hombres, se puede representar lo que es visible en Dios. Yo no venero la materia, sino al creador de la materia, que se ha hecho materia por mí y se ha dignado habitar en la materia y obrar mi salvación a través de la materia”.

“A causa de la encarnación, la materia aparece como divinizada, es vista como morada de Dios. Se trata de una nueva visión del mundo y de las realidades materiales. Dios se ha hecho carne y la carne se ha convertido realmente en morada de Dios, cuya gloria resplandece en el rostro humano de Cristo”, añadió.

En este sentido, añadió el Papa, esta doctrina es “de extrema actualidad, considerando la grandísima dignidad que la materia ha recibido en la Encarnación, pudiendo llegar a ser, en la fe, signo y sacramento eficaz del encuentro del hombre con Dios”.

De esta misma base procede la veneración en la Iglesia a las reliquias de los santos, algo también propio del cristianismo, explicó el Papa, pues “los santos cristianos, habiendo sido hechos partícipes de la resurrección de Cristo, no pueden ser considerados simplemente como ‘muertos'”, sino “aquellos en quienes Dios ha habitado”.

“El optimismo de la contemplación natural, de este ver en la creación visible lo bueno, lo bello y lo verdadero, este optimismo cristiano no es un optimismo ingenuo”, añadió, sino que “tiene en cuenta la herida infligida a la naturaleza humana por una libertad de elección querida por Dios y utilizada inapropiadamente por el hombre”.

“Vemos, por una parte, la belleza de la creación y por otra, la destrucción causada por la culpa humana. Pero vemos en el Hijo de Dios, que desciende para renovar la naturaleza, el mar del amor de Dios por el hombre”, añadió el Papa.

El Papa concluyó pidiendo a los presentes acoger esta doctrina “con los mismos sentimientos de los cristianos de entonces”.

“Dios quiere descansar en nosotros, quiere renovar la naturaleza también a través de nuestra conversión, quiere hacernos partícipes de su divinidad. Que el Señor nos ayude a hacer estas palabras sustancia de nuestra vida”.

[Por Inma Álvarez]

Todo tiene su tiempo

Todo tiene su tiempo

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del sol tiene su hora
Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; 
Tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir y tiempo de edificar;
Tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;
Tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar;
Tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;
Tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;
Tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz;
¿Qué provecho tiene el que trabaja de aquello en que se afana?
Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen de él.
Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin” (Eclesiastés 2:1-11)

Entender que cada aspecto de nuestra vida tiene un espacio asignado de tiempo es esencial para darle a cada día el valor que le corresponde. Hay momentos donde debemos descansar y otros donde necesariamente trabajaremos; de la misma manera cuando corresponde la risa no la retengamos, ni censuremos el llanto cuando llega. Visitar a un enfermo o un descarriado no parece ser una actividad muy excitante, pero hay tiempo también para esas cosas… por eso dice Salomón: “Todo lo hizo hermoso en SU tiempo…”

Cada día viene lleno de oportunidades para hacer de nuestra vida una bella obra de arte, especialmente si logramos alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto
Edward Dayton dice:

Un principio básico para utilizar bien el tiempo es mantener las prioridades debidas. “Lo primero, primero” es un lema que acatamos, pero no siempre cumplimos. Fijar las prioridades, sin embargo no siempre es fácil. El establecer el orden de preferencia exige que primero tengamos metas claras y segundo que las mantengamos en el orden debido.

Recordemos: Cada cosa tiene su tiempo en nuestras vidas… ¡aprovechemos cada oportunidad!

DECH
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Mail: info@daresperanza.com.ar
Teléfono: (Exterior) 54-11-4464-4583
Teléfono: (Argentina) (011) 4464-4583

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My Prediction: The Coming Evangelical Collapse (1)

My Prediction: The Coming Evangelical Collapse (1)

January 27th, 2009 by 
January 27th, 2009 by iMonk

I’m not a Prophet or a Prophet’s Son. I can’t see the future. I’m usually wrong. I’m known for over-reacting. I have no statistics. You probably shouldn’t read this. The “Gracious God” post depressed me.

Part 1: The Coming Evangelical Collapse, and Why It Is Going to Happen
Part 2: What Will Be Left When Evangelicalism Collapses?
Part 3: Is This A Good Thing?

My Prediction

I believe that we are on the verge- within 10 years- of a major collapse of evangelical Christianity; a collapse that will follow the deterioration of the mainline Protestant world and that will fundamentally alter the religious and cultural environment in the West. I believe this evangelical collapse will happen with astonishing statistical speed; that within two generations of where we are now evangelicalism will be a house deserted of half its current occupants, leaving in its wake nothing that can revitalize evangelicals to their former “glory.”

The party is almost over for evangelicals; a party that’s been going strong since the beginning of the “Protestant” 20th century. We are soon going to be living in a very secular and religiously antagonistic 21st century in a culture that will be between 25-30% non-religious.

This collapse, will, I believe, herald the arrival of an anti-Christian chapter of the post-Christian west and will change the way tens of millions of people see the entire realm of religion. Intolerance of Christianity will rise to levels many of us have not believed possible in our lifetimes, and public policy will become particularly hostile towards evangelical Christianity, increasingly seeing it as the opponent of the good of individuals and society.

The response of evangelicals to this new environment will be a revisiting of the same rhetoric and reactions we’ve seen since the beginnings of the current culture war in the 1980s. The difference will be that millions of evangelicals will quit: quit their churches, quit their adherence to evangelical distinctives and quit resisting the rising tide of the culture.

Many who will leave evangelicalism will leave for no religious affiliation at all. Others will leave for an atheistic or agnostic secularism, with a strong personal rejection of Christian belief and Christian influence. Many of our children and grandchildren are going to abandon ship, and many will do so saying “good riddance.”

This collapse will cause the end of thousands of ministries. The high profile of Christian media will be reduced, if not eliminated. Hundreds of thousands of students, pastors, religious workers, missionaries and persons employed by ministries and churches will be unemployed or employed elsewhere. [ ]. Visible, active evangelical ministries will be reduced to a small percentage of their current size and effort.

Nothing will reanimate evangelicalism to its previous levels of size and influence. The end of evangelicalism as we know it is close; far closer than most of us will admit.

My prediction has nothing to do with a loss of eschatological optimism. Far from it. I’m convinced the grace and mission of God will reach to the ends of the earth. But I am not optimistic about evangelicalism, and I do not believe any of the apparently lively forms of evangelicalism today are going to be the answer. In fact, one dimension of this collapse, as I will deal with in the next post, is the bizarre scenario of what will remain when evangelicals have gone into decline.

I fully expect that my children, before they are 40, will see evangelicalism at far less than half its current size and rapidly declining. They will see a very, very different culture as far as evangelicalism is concerned.

I hope someone is going to start preparing for what is going to be an evangelical dark age.

Why Is This Going To Happen?

1) Evangelicals have identified their movement with the culture war and with political conservatism. This was a mistake that will have brutal consequences. They are not only going to suffer in losing causes, they will be blamed as the primary movers of those causes. Evangelicals will become synonymous with those who oppose the direction of the culture in the next several decades. That opposition will be increasingly viewed as a threat, and there will be increasing pressure to consider evangelicals bad for America, bad for education, bad for children and bad for society.

The investment of evangelicals in the culture war will prove out to be one of the most costly mistakes in our history. The coming evangelical collapse will come about, largely, because our investment in moral, social and political issues has depleted our resources and exposed our weaknesses. We’re going to find out that being against gay marriage and rhetorically pro-life (yes, that’s what I said) will not make up for the fact that massive majorities of evangelicals can’t articulate the Gospel with any coherence and are believing in a cause more than a faith.

2) Evangelicals have failed to pass on to our young people the evangelical Christian faith in an orthodox form that can take root and survive the secular onslaught. In what must be the most ironic of all possible factors, an evangelical culture that has spent billions of youth ministers, Christian music, Christian publishing and Christian media has produced an entire burgeoning culture of young Christians who know next to nothing about their own faith except how they feel about it. Our young people have deep beliefs about the culture war, but do not know why they should obey scripture, the essentials of theology or the experience of spiritual discipline and community. Coming generations of Christians are going to be monumentally ignorant and unprepared for culture-wide pressures that they will endure.

Do not be deceived by conferences or movements that are theological in nature. These are a tiny minority of evangelicalism. A strong core of evangelical beliefs is not present in most of our young people, and will be less present in the future. This loss of “the core” has been at work for some time, and the fruit of this vacancy is about to become obvious.

3) Evangelical churches have now passed into a three part chapter: 1) mega-churches that are consumer driven, 2) churches that are dying and 3) new churches that whose future is dependent on a large number of factors. I believe most of these new churches will fail, and the ones that do survive will not be able to continue evangelicalism at anything resembling its current influence. Denominations will shrink, even vanish, while fewer and fewer evangelical churches will survive and thrive.

Our numbers, our churches and our influence are going to dramatically decrease in the next 10-15 years. And they will be replaced by an evangelical landscape that will be chaotic and largely irrelevant.

4) Despite some very successful developments in the last 25 years, Christian education has not produced a product that can hold the line in the rising tide of secularism. The ingrown, self-evaluated ghetto of evangelicalism has used its educational system primarily to staff its own needs and talk to itself. I believe Christian schools always have a mission in our culture, but I am skeptical that they can produce any sort of effect that will make any difference. Millions of Christian school graduates are going to walk away from the faith and the church.

There are many outstanding schools and outstanding graduates, but as I have said before, these are going to be the exceptions that won’t alter the coming reality. Christian schools are going to suffer greatly in this collapse.

5) The deterioration and collapse of the evangelical core will eventually weaken the missional-compassionate work of the evangelical movement. The inevitable confrontation between cultural secularism and the religious faith at the core of evangelical efforts to “do good” is rapidly approaching. We will soon see that the good evangelicals want to do will be viewed as bad by so many, that much of that work will not be done. Look for evangelical ministries to take on a less and less distinctively Christian face in order to survive.

6) Much of this collapse will come in areas of the country where evangelicals imagine themselves strong. In actual fact, the historic loyalties of the Bible belt will soon be replaced by a de-church culture where religion has meaning as history, not as a vital reality. At the core of this collapse will be the inability to pass on, to our children, a vital evangelical confidence in the Bible and the importance of the faith.

7) A major aspect of this collapse will happen because money will not be flowing towards evangelicalism in the same way as before. The passing of the denominationally loyal, very generous “greatest generation” and the arrival of the Boomers as the backbone of evangelicalism will signal a major shift in evangelical finances, and that shift will continue into a steep drop and the inevitable results for schools, churches, missions, ministries and salaries.

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Fuente:http://www.internetmonk.com/archive/my-prediction-the-coming-evangelical-collapse-1

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