Papel y códices

Papel y códices

A uno se le olvida lo fantástico que es el papel: liviano, resistente y barato, desplazando rápidamente a otros materiales de escritura a medida que se extendía su uso de China a occidente. La historia relata que un cortesano chino lo inventó en el año 105 para reemplazar a la seda, pero hay un detallito que no podemos pasar por alto: Se encontró papel en la región de Shanxi, en China, datado del 40 aC. El papel ha sido importante en muchos inventos posteriores, desde la imprenta hasta las bolsitas de té.

¿Cómo fabricaban el papel?

Los fabricantes tradicionales de papel sumergían un armazón con una base de malla en un estanque lleno de agua y fibras de plantas. A media que el agua se retiraba, las fibras se juntaban en la parte superior de la malla. Luego, el secado  y la prensa daban la forma a la hoja de papel. El papel actual se fabrica a partir de fibras de árboles utilizando una maquinaria enorme, pero el primero se hizo manualmente con fibras de cañamo y ramio de China.

¿Cómo llegó el papel a occidente? Sabemos que lo hizo 12 siglos después, llegando primero a Corea, luego a Japón, en el año 650 de al era actual aproximadamente. En el siglo VIII, se exportaban procesadoras de papel desde Siria a Europa, pero estos últimos no fabricaron su propio papel sino hasta unos 400 años después.

Como vimos los primeros libros se escribieron en tablillas de arcillas, luego fue la constante que lo estuvieran en un rollo continuo, fuera de papiro o pergamino. Pero el primer libro con paginas se le atribuye al emperador romano Julio César,  quien encontró más práctico doblar un libro en paginas en vez de enrollarlo, facilitando las labores de desplazamiento. Tanto los antiguos griegos como los romanos tenían cuadernos unidos por anillos con páginas de madera, pero no fue sino hasta el 350 de la era actual que el libro con paginas o códice se convirtió en la forma convencional de almacenar las palabras. Los primeros cristianos encontraron que el codice, al ser más compacto, les servía para esconder sus textos prohibidos bajo la ropa.

A partir del año 50 de la era actual, los libros, en especial los textos religiosos empezaron a ser más extensos y gradualmente el codice llego a ser más atractivo. El papiro , el material de escritura habitual de aquella época solía resquebrajarse al doblarlo en páginas, por eso la mayoria de los nuevos codices se hicieron de pergamino . ¿que otras ventajas tenía el codice sobre los otros sistemas? Por ejemplo permitía ir a cualquier sección instantáneamente o quizás ojearlo para revisar el contenido. Además, como se podían escribir por ambas caras, podían albergar el doble de palabras que un rollo del mismo tamaño.

El libro con páginas más antiguo que existe (Codice) es una biblia griega escrita entre los años 300 y 400. Se la conoce como Codex Sinaiticus porque se la encontró cerca del monte Sinaí, en Egipto. Otra biblia, el Codex Alexandrinus fue escrita un siglo más tarde. Ambas se encuentran en el Museo británico.

Fuente: http://mundohistoria.portalmundos.com/papel-y-codices/

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Unificarán la Biblia más antigua

Unificarán la Biblia más antigua

Posted on 21 May 2007


La Biblia más antigua del mundo, que fue dividida en cuatro partes y distribuida por cuatro países diferentes hace más de un siglo, volverá a unirse… virtualmente.

El códice Sinaiticus es uno de los manuscritos bíblicos más importantes de la historia, un documento que fue elaborado cuando el Imperio Romano se dividió y el emperador Constantino, que gobernaba la parte occidental desde Roma, adoptó el cristianismo.

La Biblia, que fue escrita en griego originalmente, será traducida a diferentes idiomas para que pueda ser utilizada como una fuente de consulta para estudiantes y entusiastas religiosos en todo el mundo.

Se espera que el proyecto de unificación cueste cerca de un millón de dólares y tenga una duración de cuatro años.

Historia bíblica
El códice Sinaiticus permaneció durante siglos en el antiguo monasterio de Santa Caterina en el Sinaí, Egipto.

A mediados del siglo XIX, una becario alemán, Constantine Tischendorf, sustrajo parte del manuscrito y lo trasladó a Alemania y Rusia.

Actualmente, la Biblia se encuentra dividida entre el monasterio de Santa Caterina, la biblioteca de la Universidad de Leipzig en Alemania, la Biblioteca Nacional de Rusia y la Biblioteca Británica.

Scott McKendrick, director de manuscritos antiguos de esta última, reconoce que se trata de un proyecto muy emocionante.

“Realmente estamos frente a un momento histórico en que se puede unificar, virtualmente, uno de los grandes manuscritos de todos los tiempos”, comentó McKendrick.

El códice posee casi la totalidad del Nuevo Testamento, si bien parte del Viejo Testamento se ha perdido.

La posibilidad de acceder al códice Sinaiticus digitalmente a través de un CD ROM permite aprovechar un documento histórico que actualmente no se puede tocar por lo frágil de sus páginas. [Tomado de BBC Mundo]

http://labibliaweb.com/?tag=codice-sinaiticus

Buscan páginas perdidas de una antigua Biblia

Buscan páginas perdidas de una antigua Biblia

Noviembre 01, 2008

JERUSALÉN, Israel | AP

En la actualidad se realiza una búsqueda en cuatro continentes para encontrar las páginas perdidas de uno de los textos religiosos más importantes del mundo: una Biblia en hebreo de mil años de antigüedad conocida como El Códice de Aleppo.

Los cruzados se apropiaron de esa Biblia para exigir rescate, el fuego casi la destruyó y según una versión, fue contrabandeada a través de las fronteras de Medio Oriente oculta en una lavadora. Pero en 1958, cuando la Biblia llegó finalmente a Israel, 196 páginas habían desaparecido, alrededor de un 40 por ciento del total. Para algunos estudiosos del Antiguo Testamento, esas páginas desaparecidas se han convertido en una especie de santo grial. (Según la mitología cristiana, el Santo Grial es el plato o copa usado por Jesús en la éltima Cena, del cual se dice que posee poderes milagrosos).

Investigadores que representan al custodio del manuscrito en Jerusalén dicen que tienen algunas pistas sobre parte de las páginas desaparecidas, y que se hallan cercanas al objetivo de completar en su totalidad el manuscrito.

El Códice de Aleppo tal vez no sea tan famoso como los Manuscritos del Mar Muerto. Pero para muchos eruditos, es inclusive más importante, pues es considerado la edición definitiva de la Biblia judaica.

La clave para encontrar las páginas perdidas podría radicar en la diáspora de judíos que se radicaron en Aleppo, Siria, donde el manuscrito fue guardado durante siglos en un arcón de hierro de una sinagoga.

Un punto crucial en su historia se registró tres días después que las Naciones Unidas aprobó una resolución en 1947 aceptando la creación del estado de Israel. Una turba siria, indignada ante la resolución, quemó la sinagoga hasta los cimientos. Los judíos de Aleppo rescataron el Códice, pero en los años siguientes la comunidad, integrada por unas 10.000 personas, se vio obligada a abandonar Siria, rumbo a diferentes partes del planeta.

Los expertos creen que los judíos de Aleppo tendrían en su poder algunas de las páginas desaparecidas, en tanto otras habrían sido adquiridas por comerciantes de antigüedades. Dos fragmentos han aparecido: una página completa en 1982, y un trozo más pequeño el año pasado que había sido portado durante décadas por un residente de Brooklyn, Sam Sabbagh, como amuleto de la buena suerte.

Cuando el Códice llegó a Israel hace 50 años, fue entregado a Izhak Ben-Zvi, entonces el presidente de ese país, y un experto en comunidades judías del mundo islámico. Aunque el manuscrito se halla en el Museo de Israel, junto con los Manuscritos del Mar Muerto, el Instituto Ben-Zvi fundado por el fallecido presidente continúa siendo su custodio legal y respalda la nueva búsqueda.

Esfuerzos previos, incluidos algunos realizados por diplomáticos israelíes y por agentes del Mossad, el servicio secreto israelí, fracasaron. La nueva búsqueda ha reclutado a un pequeño grupo de judíos de Aleppo, capaces de ganar la confianza de la comunidad, y ha redituado información sobre el destino de algunas piezas específicas y acerca de las personas que las tienen en su poder, dijo Zvi Zameret, director del Instituto Ben-Zvi.

Zameret informó que la búsqueda se lleva a cabo en América del Norte, del Centro y del Sur, en Israel y en Inglaterra.

De acuerdo a los rumores, no sólo hay pequeños fragmentos sino capítulos enteros, y eso ha causado gran entusiasmo, dijo Adolfo Roitman, curador del Museo de Israel a cargo del manuscrito.

El Códice, 491 páginas de pergamino de unos 30 centímetros de largo por 25 centímetros de ancho, fue transcripto alrededor del 930 de nuestra era por Shlomo Ben Boyaa, un escriba de Tiberías, en las márgenes del mar de Galilea. Fue editado por un famoso erudito de esa época, Aaron Ben-Asher. La conclusión del manuscrito señaló el fin de un proceso de siglos destinado a crear el texto definitivo de la Biblia hebrea.

Perteneció a la comunidad judía de Jerusalén hasta que fue robado por los cruzados que capturaron y saquearon la ciudad en 1099. Tras pagarse un rescate, el manuscrito fue llevado a El Cairo, donde fue usado por el filósofo judío Maimónides, quien declaró que era la copia más precisa del Antigo Testamento.

Para decirlo en pocas palabras: el proceso de ensamblar totalmente el texto de la Biblia concluyó con el Códice, dijo Rafael Zer, del Proyecto de la Biblia de la Universidad Hebrea, en Jerusalén.

Es difícil determinar cómo el Códice llegó a Aleppo, en el norte de Siria. Algunos eruditos creen que fue llevado a ese país por un descendiente de Maimónides a fines del siglo XIV.

Allí fue guardado por los judíos como su posesión más preciosa, y su talismán. Pero el 2 de diciembre de 1947, una turba incendió la sinagoga. Luego circularon rumores de que los judíos de Aleppo se apresuraron a salvar algunas páginas de las llamas. Las páginas desaparecidas nunca más han sido vueltas a ver, salvo dos excepciones.

Una página del Libro de las Crónicas sobrevivió en el apartamento neoyorquino de una mujer de Aleppo, y fue entregada por sus familiares en 1982. Otro fragmento sobrevivió en la billetera de Sabbagh, otro exiliado de Aleppo radicado en Nueva York, que lo laminó con plástico y lo usó como amuleto de la buena suerte. El año pasado, tras la muerte de Sabbagh, su familia llevó el fragmento a Jerusalén.

Uno de los hombres que rescató páginas de la Biblia era Mourad Faham, que ingresó en la sinagoga disfrazado de beduino y encontró el grueso del manuscrito en el piso, según narró su nieto, Jack Dweck.

Dweck, un empresario radicado en Nueva York, donde vive una de las mayores comunidades de judíos procedentes de Aleppo, dice que en su opinión, las partes desaparecidas existen.

Creo que hay una gran pieza (del manuscrito) en alguna parte, esperando a ser hallada, dijo.

Fuente: http://www.eluniverso.com/2008/11/01/0001/1199/B2DE7E252B084519BE0CD4ECD72D73FE.html

Historia de la Biblia completa

Historia de la Biblia completa

MANUSCRITOS II. MANUSCRITOS BIBLICOS HEBREOS.

MANUSCRITOS II. MANUSCRITOS BIBLICOS HEBREOS.

A. Introducción.

El A. T. hebreo ha llegado hasta nosotros en mss. que, si son completos, proceden en su inmensa mayoría de épocas relativamente tardías, debido en parte a las destrucciones de bibliotecas producidas por los avatares de la historia del pueblo judío y, muy especialmente, por preceptos religiosos del judaísmo (v.): la S. E. hebrea debe ser leída en mss. impecables, sin deterioro ni deficiencia alguna; los mss. gastados por el uso o incorrectos con respecto al modelo oficial deben ser sustituidos por otros nuevos y correctos.

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Codex Sinaiticus

Codex Sinaiticus

(Su símbolo es la letra hebrea Alef, aunque Swete y otros pocos especialistas usan la letra S) 
Es un manuscrito griego del Antiguo Testamento de muchísima antigüedad y valor encontrado por Constantino Tischendorf en el monte Sinaí, en el monasterio de Santa Catalina.

En 1844 estaba visitando el monasterio con el patronazgo de Federico Augusto, rey de Sajonia, cuando descubrió, en una cesta de basura, cuarenta y cinco hojas de Los Setenta, que contenían partes de I Par. (Chron.), Jer., Neh. y Esther.

Se le permitió que se las llevara. También vio el Libro de Isaías y I y IV Macabeos, pertenencientes al mismo Códice que los fragmentos, pero no consiguió su posesión.

Tras alertar a los monjes de su valor, salió hacia Europa y dos años después publicó las hojas que había traído consigo bajo el nombre de Codex Friderico-Augistanus, por su patrocinador.

Se guardaron en Leipzig. En una segunda visita, en 1853, sólo encontró dos cortos fragmentos del Génesis (que imprimió a su vuelta) y nada más supo del resto del códice. En 1859 realizó una tercera visita, bajo el patronazgo del Zar Alejandro II.

Parecía que iba a ser una visita inútil cuando, la víspera de su partida, en una conversación casual con el criado supo de la existencia de un manuscrito. Cuando se lo mostraron vió que era el mismo que había estado buscado y que contenía, superando todos su sueños, una gran parte del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento completo, además de la Epístola de Bernabé y parte del “Pastor de Hermas” del que se sabía que existían dos ejemplares del original griego y ninguna copia.

Pensando que era una “crimen dormir”, Tischendorf pasó la noche copiando a Bernabé; tenía que irse por la mañana sin haber podido persuadir a los monjes que le dejaran llevarse el manuscrito. En el Cairo consiguió que le enviaran el manuscrito a otro monasterio de la misma orden (de la Iglesia griega ortodoxa) para transcribirlo; y finalmente, los monjes se lo regalaron como un presente para el Zar que era el patrón y protector de Tischendorf y de la iglesia ortodoxa.

Años después, en 1869, el Zar regaló a los monasterios 7000 y 2000 rublos a cada uno, además de condecoraciones. El manuscrito se atesora en la Biblioteca Imperial de S. Petersburgo. Tischendorf publicó una relación en 1860 y un facsímil, en 1862, bajo los auspicios del Zar. Se incluían en la edición 21 placas litográficas hechas a partir de fotografías, edición que salió en cuatro volúmenes. Al año siguiente publicó una edición crítica del Nuevo Testamento. Finalmente, en 1867, publicó los fragmentos adicionales del Génesis y Números, que habían sido utilizados para encuadernar otros volúmenes en Santa Catalina y habían sido descubiertos por el archimandrita Porfirius. Así pues, en cuatro ocasiones se han descubierto partes del manuscrito original pero nunca han sido publicadas juntas en una sola edición. 
El Códice Sinaítico, que originalmente debió contener el Antiguo Testamento completo, ha sufrido mutilaciones severas, especialmente los libros históricos desde el Génesis a Esdras (inclusive); el resto del Antiguo Testamento salio mejor parado. Los fragmentos y libros que han quedado son: varios versos del Gen., xxiii y xxiv, y desde Num.,v,vi,vii; I Par., ix, 27.xix,17; Esdras, ix,9 hasta el fin; Nehemías, Ester, Tobías. Judit, Joel, Abdias, Jonas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías, Isaías, Jeremías, Lamentaciones,i.1-ii,20;I Macabeos, IV Macabeos ( apócrifo, mientras que el canónico II Macabeos y el apócrifo III Macabeos nunca estuvieron contenidos en este códice). 

Una curiosa referencia es que Esdras ix, 9 sigue a I Par., xix, 17 sin interrupción: la nota de un corrector muestra que 7 hojas de I Par fueron copiadas dentro del Libro de Esdras, probablemente debido a un error en la encuadernación del manuscrito del que se copió el Códice Sinaítico. Nuestro Esdras es llamado en este códice, como en muchos otros, Esdras B. Esto puede indicar que seguía a Esdras A, de la misma manera que se llama III Esdras en antiguos códices (ver ESDRAS) al libro titulado así por Jerónimo: la prueba no es segura, puesto que IV Macabeos es designado aquí Macabeos D, aunque los libros segundo y tercero Macabeos estaba ausentes del manuscrito. El Nuevo Testamento está completo, así como la epístola de Bernabé; faltan seis hojas a continuación de Bernabé, que probablemente contenían literatura no canónica. El “Pastor de Hermas” está incompleto y no podemos decir si había otras obras a continuación. En total hay 346 hojas y ½. Hay que notar el orden en el Nuevo Testamento: las Epístolas de S. Pablo preceden a los Hechos: Hebreos sigue a II Tess. El manuscrito está en buen pergamino y las páginas miden alrededor de 15 x 13 ½ pulgadas ( ca 38 x 34,29 cms); hay cuatro columnas por página, excepto en los libros poéticos, que están escritos estequiométricamente en dos columnas de mayor anchura; hay 48 líneas por columna, pero 47 en las Epístolas Católicas. Las cuatro columnas dan a la página la apariencia de un antiguo rollo y no parece imposible, como dice Kenyon, que de hecho se copiara de un rollo de papiro. Escrito en caracteres unciales, bien formados, sin acentos o espíritus y sin puntuación, excepto (a veces) el apóstrofe y el punto final de un período. Tischendorf creía que lo habían escrito 4 manos distintas y así se ha aceptado en general. Pero ha tenido menos suerte en conseguir la aceptación general en sus conjeturas de que uno de esos escribas también escribió el Nuevo Testamento del Códice Vaticano. Reconoce siete correctores del texto, uno de ellos contemporáneo con la escritura del manuscrito. Las Secciones Amonianas de los Cánones de Eusebio se indican en los márgenes, probablemente por una mano contemporánea; parece que eran desconocidas al escriba que sigue otra división. Los errores de copia son poco numerosos, a juicio de Gregorio. 

Es de la misma época que el Códice Vaticano. La escritura, las cuatro columnas por página (indicación probable de la transición del rollo a la forma códice del manuscrito), la ausencia de grandes mayúsculas iniciales y de ornamentación, la rareza de la puntuación, los cortos títulos de los libros, la presencia de divisiones del texto que lo fecha en una datación anterior a Eugenio, la adición de Bernabé y Hermas etc., muestran la antigüedad del escrito. Todo ello ha llevado a algunos expertos a ponerlo en la cuarta centuria, como el Codex Vaticanus, algún tiempo antes del Codex Alexandrinus y del Codex Ephraemi Restrictus; esta conclusión no es cuestionada seriamente, aunque se concede la posibilidad de una fecha temprana del siglo quinto. Se le asigna un origen romano, del sur de Italia, de Egipto y de Cesartea, pero no se puede concluir (Kenyon, Handbook to the Textual Criticism of the New Testament, London, 1901, p. 56 sqq.). Parece que estuvo algún tiempo en Cesarea, porque uno de los correctores( probablemente del siglo séptimo) añade la siguiente nota al final de Esdras:” Este Códice fue comparado con un ejemplar muy antiguo que había sido corregido por la mano del viejo mártir Pánfilo ( muerto en 309), ejemplar que al final tenía la subscripción de su propia mano: “Tomado y corregido de acuerdo a la Hexapla de Orígenes: Antonio lo comparó: Yo, Pánfilo, lo corregí”. Pánfilo era, con Eusebio, el fundador de la Biblioteca de Cesarea. Algunos se inclinan a ver el Codex Sinaiticus como uno de los 50 manuscritos que Constantino donó a Eusebio de Cesarea para que lo preparara en el año 331 para las iglesias de Constantinopla, pero no hay señales de que éste hubiera estado en Constantinopla. Nada se sabe de su historia posterior hasta que fue descubierto por Tischendorf. El texto del Codex Sinaiticus se parece mucho al del Codex Vaticanus, aunque no puede provenir el mismo antecesor inmediato. En general, el Códice Vaticano es colocado por los especialistas contemporáneos en primer lugar en cuanto al punto de pureza y el Códice Sinaítico, a continuación. Esto es especialmente cierto respecto a los Evangelios del Nuevo Testamento. Las diferencias son más frecuentes en el Antiguo Testamento donde los códices Sinaítico y Alejandrino coinciden con frecuencia. 

¡Que Dios la Bendiga!

Fuente: http://www.foros.catholic.net/viewtopic.php?t=46139&sid=f01d57926f416970640ed5558aec21f3

En busca del texto perdido del codice Aleppo, la mas antigua Biblia Hebrea

En busca del texto perdido del codice Aleppo, la mas antigua Biblia Hebrea

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Parece el guión de una película de Indiana Jones, pero es real. En la actualidad se realiza una búsqueda en cuatro continentes para encontrar las páginas perdidas de uno de los textos sagrados más importantes del mundo: una parte de la Biblia en hebreo, de mil años de antigüedad, conocida como El Códice de Aleppo. 

El códice Aleppo incluye gran parte de los textos del Antiguo Testamento de la Biblia cristiana, y tiene más de 1.000 años de antigüedad. Se exhibe en Jerusalén y se le ha titulado como “la Biblia hebrea”. 

El Códice de Aleppo tal vez no sea tan famoso como los Manuscritos del Mar Muerto. Pero para muchos eruditos, es inclusive más importante, pues es considerado como la edición definitiva de la “Biblia judaica”. 

Tras desaparecer en 1947 de la sinagoga de Aleppo (Siria), en 1958 el códice llegó finalmente a Israel. Fue entonces cuando se descubrió que 196 de sus páginas habían desaparecido, lo que supone alrededor de un 40 por ciento del total que tenía el documento. 

Cuando el Códice llegó a Israel -hace 50 años- fue entregado a Izhak Ben-Zvi, entonces el presidente de ese país, y un experto en comunidades judías del mundo islámico. Aunque el manuscrito se halla en el Museo de Israel, junto con los Manuscritos del Mar Muerto, el Instituto Ben-Zvi fundado por el fallecido presidente continúa siendo su custodio legal y respalda la nueva búsqueda. 

EN BUSCA DE LAS PÁGINAS PERDIDAS 
Ahora, investigadores que representan a la entidad que custodia el manuscrito del Códice de Aleppo en Jerusalén afirman que tienen algunas pistas sobre parte de las páginas desaparecidas, y que se hallan cerca de su objetivo de completar en su totalidad –o casi- el manuscrito. 

Un punto crucial en la historia del Códice se registró tres días después de que las Naciones Unidas aprobasen la resolución de 1947, que aceptaba la creación del estado de Israel. Una turba siria, indignada ante la resolución, quemó la sinagoga hasta los cimientos. En esa sinagoga estaba el manuscrito guardado durante siglos en un arcón de hierro. Los judíos de Aleppo rescataron el Códice de la sinagoga incendiada, pero en los años siguientes la comunidad, integrada por unas 10.000 personas, se vio obligada a abandonar Siria, rumbo a diferentes partes del planeta. 

Así, la clave para encontrar las páginas perdidas podría radicar en la diáspora de judíos que residían en Aleppo, Siria. Los expertos creen que los descendientes de los judíos de Aleppo tendrían en su poder algunas de las páginas desaparecidas, en tanto otras habrían sido adquiridas por comerciantes de antigüedades. De hecho, confirmando esta teoría, varios fragmentos han aparecido ya. 

Esfuerzos previos al actual, incluidos algunos realizados por diplomáticos israelíes y por agentes del Mossad, el servicio secreto israelí, fracasaron. La nueva búsqueda ha reclutado a un pequeño grupo de descendientes de los judíos de Aleppo, capaces de ganar la confianza de la comunidad judía, y ha recopilado información sobre el destino de algunas piezas específicas y acerca de las personas que las tienen en su poder, dijo Zvi Zameret, director del Instituto Ben-Zvi. 

Zameret informó que la búsqueda se lleva a cabo en América del Norte, del Centro y del Sur, en Israel y en Inglaterra. “De acuerdo a los rumores, no sólo hay pequeños fragmentos sino capítulos enteros, y eso ha causado gran entusiasmo”, dijo Adolfo Roitman, restaurador del Museo de Israel a cuyo cargo está el manuscrito. 

LA HISTORIA DEL CÓDICE 
El Códice, 491 páginas de pergamino de unos 30 centímetros de largo por 25 centímetros de ancho, fue transcrito alrededor del 930 de nuestra era por Shlomo Ben Boya´a, un escriba de Tiberias, en las márgenes del mar de Galilea. Fue editado por un famoso erudito de esa época, Aaron Ben-Asher. La conclusión del manuscrito señaló el fin de un proceso de siglos destinado a crear el texto definitivo de la Biblia hebrea. 

Perteneció a la comunidad judía de Jerusalén hasta que fue robado por los cruzados que capturaron y saquearon la ciudad en 1099. Tras pagarse un rescate, el manuscrito fue llevado a El Cairo, donde fue usado por el filósofo judío Maimónides, quien declaró que era la copia más precisa del Antiguo Testamento. 

“Para decirlo en pocas palabras: el proceso de ensamblar totalmente el texto de la Biblia hebrea concluyó con el Códice”, dijo Rafael Zer, del Proyecto de la Biblia de la Universidad Hebrea, en Jerusalén. 

Es difícil determinar cómo el Códice llegó a Aleppo, en el norte de Siria. Algunos eruditos creen que fue llevado a ese país por un descendiente de Maimónides a fines del siglo XIV. 

Allí fue guardado por los judíos como su posesión más preciosa. Pero el 2 de diciembre de 1947, como ya relatamos antes una turba incendió la sinagoga. Luego circularon rumores de que los judíos de Aleppo se apresuraron a salvar algunas páginas de las llamas. De hecho, se han encontrado muchos fragmentos entre sus descendientes. 

Uno de los hombres que rescató parte del documento del códice en la sinagoga quemada de Aleppo fue Mourad Faham, que entró en la sinagoga disfrazado de beduino y encontró el grueso del manuscrito en el piso, según narra su nieto, Jack Dweck. Dweck, un empresario radicado en Nueva York, donde vive una de las mayores comunidades de judíos procedentes de Aleppo, dice que en su opinión, las partes desaparecidas existen. “Creo que hay una gran pieza (del manuscrito) en alguna parte, esperando a ser hallada”, dice. 

Una página del Libro de Crónicas sobrevivió en el apartamento neoyorquino de una mujer de Aleppo, y fue entregada por sus familiares en 1982. Otro fragmento sobrevivió en la billetera de Sabbagh, otro exiliado de Aleppo radicado en Nueva York, que lo plastificó y lo usó como amuleto. El año pasado, tras la muerte de Sabbagh, su familia llevó el fragmento a Jerusalén. 

MÁS INFORMACIÓN 
Puede visitar la página oficial del Códice Aleppo (en inglés) en este lynk: www.aleppocodex.org 

Fuente: As. Press, ProtestanteDigital. Redacción: ACPress.net| noticiascristianas.org

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