¿Se encuentra la Doctrina de la Trinidad en la Biblia?

¿Se encuentra la Doctrina de la Trinidad en la Biblia?

Bendiciones en Cristo

 

Pablo Santomauro

Pablo Santomauro

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Humor. Hackers y el ADN

DESILUSIONADO CON DIOS

DESILUSIONADO CON DIOS


Philip Yancey
Editorial: Unilit
Año: 2000
           
A la cabecera de este RecomenDado le hemos quitado los interrogantes que se añadieron en el título para su versión castellano y que no estaban en el original (en inglés: Disappointment with God), algo que quizás se hiciese para disminuir el impacto negativo que para alguno lectores cristianos hispanohablantes pudiera suponer el hecho de asumir que nos podemos desilusionar con Dios ¿Es Dios injusto? ¿Está callado? ¿Se esconde de nosotros? Estas preguntas honestas son las que en este excelente libro se plantea el periodista estadounidense Philip Yancey, un hombre educado en iglesias retrógradas que, en contraposición e incluso desprecio hacia las otras denominaciones cristianas, se autoproclaman como congregaciones poseedoras en exclusividad de toda verdad a la vez que evitaban algunos de estos temas al considerarlos tabú.
  
El autor mira a Dios y mira a la Biblia para exponer una fe que está a punto de ser destrozada, pero que finalmente se encuentra con el verdadero corazón de Dios. La desilusión de Yancey es típica, valiente y honesta en cuanto el autor sacude su fe tratando de encontrar respuesta a su desilusión… encontrándola. El Jesús de los evangelios que no siempre se predica en las propias iglesias y las circunstancias personales se levantan como argumentos sin dejar de lado la dificultad del problema del mal en un mundo que vive de espaldas a Dios. No son respuestas simples, y ni siquiera se responde a todo lo que el autor quisiera, pero la visión del mal y del Dios de la Biblia puede ser distinta de la que se tenía tras leer este libro. Una obra recomendada para todos aquellos desilusionados con Dios, con las iglesias y para quienes no se detienen ante prejuicios religiosos. Para inconformistas, vamos.

© delirante.org

Philip Yancey charló en exclusiva con Delirante; puedes leer la conversación en castellano pinchando aquí o escucharla en inglés aquí

Jesucristo, hombre

Jesucristo, hombre

Aunque los Evangelios no se interesan en el aspecto exterior de Jesucristo, sin duda fue impresionante, de personalidad atrayente (cf. el grito de una mujer, Lc 11.27). Sufrió hambre, sed y cansancio (Mc 4.38) en medio de una actividad tan intensa que, en ocasiones, no le dejaba tiempo ni para comer (Mc 3.20; 6.31). Pero este cuerpo, sujeto a las vejaciones de la angustia (Lc 22.44), respondió siempre a las demandas de una voluntad férrea. Desde el comienzo de su actividad renunció a usar de su poder para fines egoístas, porque «no vino para ser servido, sino para servir» (Mc 10.45). Ni su familia (Mc 3.31ss) ni Pedro (Mc 8.32s) pudieron desviarlo de la misión de sacrificio y abnegación que su Padre le había encomendado. Puso por obra la misma resolución consciente que exigía de sus discípulos (Lc 9.62; 14.28ss).
A pesar de su compasión y espíritu perdonador (Mt 11.28s), de ninguna manera fue una personalidad pasiva. Era capaz de pasiones fuertes: enojo (Mc 3.5; 10.14), celo reformador (Mt 10.34; Jn 2.15) o polémica (Mt 23.4–33; Mc 8.33; Jn 8.34–58), pero estas estaban al servicio de los demás, particularmente de los desgraciados. Tal fue su preocupación por la suerte de los desvalidos, que declaró que todo bien que a ellos se hiciera sería como hacérselo a Él (Mt 25.40; cf. Mc 2.15; Lc 6.20). Sin hacerse ilusiones acerca de los hombres (Mt 7.11; Jn 2.24s), predicó, como nadie más, el amor al prójimo y a los enemigos (por ejemplo, Mt 5.22–26).
Viviendo como hombre entre los hombres, experimentó todas nuestras limitaciones humanas, sin cometer pecado (Heb 4.15). Conoció la tentación (Heb 2.18), la angustia en la oración (Heb 5.7), la disciplina en la obediencia (Heb 5.8) y el desconocimiento de los acontecimientos futuros (Mc 13.32). Aun cuando el Padre se dignó revelarle, como lo había hecho con los profetas veterotestamentarios, ciertos datos del porvenir (por ejemplo, Mc 9.1; 13.5–37; Lc 22.31–34), no le eximió de vivir por la fe, a fin de que fuera ejemplo para nosotros (1 P 2.21). Aun sus milagros, signos del amanecer de la era mesiánica, fluyeron de su humanidad perfecta que vivía en absoluta comunión con el Padre (Jn 5.19; 14.10), llena del poder del Espíritu Santo (Hch 10.38; cf. 2.22).
A la solidaridad de Jesucristo con el resto del género humano se refiere el Nuevo Testamento en varios pasajes. Cristo nos llama «hermanos» (Heb 2.11–14) y aun en su gloria celestial es «Jesucristo hombre» (1 Ti 2.5) y por tanto el único mediador ante Dios. Es el nuevo ® Adán, representante del género redimido (Ro 5.14–21; 1 Co 15.21ss). En contraste con todo salvador de tipo Gnóstico, a Jesucristo se le presenta en los primeros sermones apostólicos como «varón acreditado por Dios ante vosotros» (Hch 2.22), y «a este Jesucristo [es decir, no algún personaje imaginario o irreal que] resucitó Dios» (Hch 2.32). Es el «nacido de mujer, nacido bajo la Ley» (Gl 4.4), que participó a plenitud en nuestra historia, no solo en el sentido de existir auténticamente, sino en el de recapitular y revelar en su experiencia el significado trágico-glorioso de nuestra historia humana.
Aun la más primitiva de las confesiones, «Jesucristo es Señor» (1 Co 12.3), hace hincapié en la historicidad de Cristo, quien reina ahora y es el mismo que vivió, sufrió y murió por la salvación del mundo. El núcleo de la esperanza cristiana es igualmente «este Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo» (Hch 1.11).
Foto de Howard Vos
Una área excavada en la antigua Jerusalén conocida como el Enlosado, identificada por algunos eruditos como el lugar en donde Pilato emitió juicio contra Jesús (Jn 19.13).
Una historia sencilla, un gran hombre, Dios[1]
He aquí un hombre que nació en una aldea insignificante.
Creció en una villa oscura.
Trabajó hasta los 30 años en una carpintería.
Durante tres años fue predicador ambulante.
Nunca escribió un libro.
Nunca tuvo un puesto de importancia.
No formó una familia.
No fue a la universidad.Nunca puso sus pies en lo que consideraríamos una gran ciudad.
Nunca viajó a más de trescientos kilómetros de su ciudad natal.
No tuvo más credenciales que su propia persona.
La opinión popular se puso en contra suya.
Sus amigos huyeron. Uno de ellos lo traicionó. Fue entregado a sus enemigos.Tuvo que soportar la farsa de un proceso judicial.
Lo asesinaron clavándolo en una cruz, entre dos ladrones.
Mientras agonizaba, los encargados de su ejecución se disputaron la única cosa que fue de supropiedad: una túnica.
Lo sepultaron en una tumba prestada por la compasión de un amigo.
Según las “normas sociales”, su vida fue un fracaso total.
Han pasado casi veinte siglos y hoy Él es la pieza central en el “ajedrez” de la historia humana.
No es exagerado decir que todos los ejércitos que han marchado, todas las armadas que se han construido, todos los parlamentos que han sesionado y todos los reyes y autoridades que han gobernado, puestos juntos, no han afectado tan poderosamente la existencia del ser humano sobre la Tierra como la vida sencilla de Jesús.
  • “1 ¿Quién ha creído a nuestro mensaje y a quién se le ha revelado el poder del Señor?2 Creció en su presencia como vástago tierno, como raíz de tierra seca. No había en él belleza ni majestad alguna; su aspecto no era atractivo nada en su apariencia lo hacía deseable.3 Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, hecho para el sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado, y no lo estimamos. 4 Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades Y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios, y humillado. 5 Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados. 6 Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino , pero el Señor hizo recaer sobre élla iniquidad de todos nosotros. 7 Maltratado y humillado, ni siquiera abrió su boca; como cordero, fue llevado al matadero; como oveja, enmudeció ante su trasquilador; y ni siquiera abrió su boca. 8 Después de aprehenderlo y juzgarlo, le dieron muerte; nadie se preocupó de su descendencia. Fue arrancado de la tierra de los vivientes, y golpeado por la trasgresión de mi pueblo. 9 Se le asignó un sepulcro con los malvados, y murió entre los malhechores, aunque nunca cometió violencia alguna, ni hubo engaño en su boca. 10 Pero el Señor quiso quebrantarlo y hacerlo sufrir, y como él ofreció su vida en expiación, verá su descendencia y prolongará sus días, y llevará a cabo la voluntad del Señor. 11 Después de su sufrimiento, verá la luz y quedará satisfecho;por su conocimiento mi siervo justo justificará a muchos,y cargará con las iniquidades de ellos. 12 Por lo tanto, le daré un puesto entre los grandes,y repartirá el botín con los fuertes, porque derramó su vida hasta la muerte, y fue contado entre los transgresores. Cargó con el pecado de muchos,e intercedió por los pecadores.” (Is. 53)
Notas
1. http://enunmundoirrealytu.blogspot.com/2009/03/una-historia-sencilla-un-gran-hombre.html
imagenes
Fuentes: