La Teoría de la “Doble-Revelación”: un Examen y Refutación


La Teoría de la “Doble-Revelación”: un Examen y Refutación
por Bert Thompson, Ph.D.

INTRODUCCIÓN

La revelación de Dios es tanto posible como necesaria. Es posible porque Dios, siendo todo-poderoso, puede hacer lo que Él quiere si esto no es contrario a Su naturaleza divina (Job 42:2; Mateo 19:26). Es necesaria, ya que de lo contrario el hombre no tuviera manera de conocer las cosas que debe conocer imperativamente. Por ejemplo, es esencial tener la revelación divina a fin de que el hombre pueda conocer: (a) El carácter de Dios. Aunque algo de la esencia y el poder de Dios puede ser recogido vagamente de la naturaleza en sí misma (como mostraremos dentro de poco), se requiere lo completo de la comunicación real con Dios para revelar Su santidad, justicia, misericordia, gracia, amor y otros atributos. (b) El origen del hombre. Si no fuera por la revelación divina, el hombre no tendría manera de conocer su origen elevado. La confusión de las teorías evolutivas del tiempo moderno es evidencia suficiente de esto. (c) El origen del mal. El hombre necesitaba ser educado acerca del comienzo de su situación pecaminosa. Si no, ¿cómo podría saber algo acerca del estado pecaminoso en que se encuentra? (d) El propósito del hombre. La revelación divina era necesaria si el hombre debía comprender su propósito mientras estaba aquí en la tierra, y especialmente las condiciones para su redención. Por falta de un propósito definido, el hombre ciertamente vagaría sin parar a través de los siglos, sin tener metas ni objetivos. (e) El destino del hombre. En la ausencia de la revelación de Dios, ninguno de nosotros conoceríamos lo que existe más allá de la tumba. No conoceríamos nada del cielo a donde podríamos llegar, o del infierno que deberíamos evitar. La urgencia de este conocimiento es mostrada por la desesperación general de aquellos que rechazan el concepto de la revelación sobrenatural.

La revelación designa el develamiento de los hechos y las verdades por Dios, los cuales el hombre no podría conocer previamente por sí mismo. La revelación se refiere a la comunicación del conocimiento. La revelación muestra nuevas verdades al hombre (1 Corintios 2:10); la inspiración guía y controla la presentación de la verdad (2:13), asegurando que Dios tenga escrito lo que Él quiere que sea escrito. La inspiración se extiende a través de la totalidad de la verdad, aunque el tema tiene dos partes: la revelación y el hecho conocido (o la historia, como se llama hoy en día). La Biblia habla muy directamente acerca de su inspiración (2 Timoteo 3:16,17; 2 Pedro 1:20,21; 1 Corintios 2:13, et.al.). Fundamentalmente, esta afirmación equivale a la declaración de que la Biblia es la voluntad y dirección de Dios en este mundo, un registro e interpretación de la actividad de Dios en este mundo, y una guía para el hombre en el servicio del Señor. Entonces, la Biblia es considerada (basada sobre la evidencia) como un depósito de la Verdad absoluta que puede ser estudiada fielmente, siendo el resultado que uno llega a conocer la voluntad de Dios.

Hablando de la revelación (i.e., Dios haciendo conocer al hombre lo que, de otra manera, el hombre no podría conocer por sí mismo), los estudiantes de la Escritura han dicho correctamente que la revelación tiene dos aspectos: (1) la revelación natural [o la revelación general]; y (2) la revelación especial. La revelación natural llega al hombre a través de la naturaleza, e incluye al hombre mismo. Los primeros seis versículos del Salmo 19 declaran que Dios ha dado una revelación de Sí mismo en la naturaleza que atestigua constantemente del Creador. El gran apóstol Pablo, hablando a través de inspiración en Romanos 1:20, claramente afirmó que “…las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa”. La revelación natural está arraigada en la creación y en la relación ordinaria de Dios al hombre. Las Escrituras enseñan que la revelación natural es universal. En ningún momento en toda la historia, Dios se ha dejado a Sí mismo sin un testigo en la naturaleza (Hechos 14:17).

Pero, las Escrituras igualmente clarifican que Dios ha dado otro tipo de revelación de Sí mismo—la revelación especial. La revelación especial es la revelación de Dios encontrada en la Biblia. Esta ha llegado a ser escrita. Consiste en la palabra y el hecho; es histórica en naturaleza. Dios, al utilizar este tipo de revelación, reveló algo de Sí mismo por lo menos en tres maneras: (a) Las teofanías (las apariciones de Dios mismo). Él apareció en fuego, nubes, y en humo (Génesis 15:17; Éxodo 3:2; 19:9, 16 et.seq.; 33:9). Apareció en un torbellino (Job 38:1; 40:6; Salmos 18:10-16). La teofanía alcanzó su cumbre en la encarnación, en la cual Jesucristo llegó a ser carne y vivió entre los hombres (Colosenses 1:19; 2:9). (b) La comunicación directa. Dios habló con voz audible ocasionalmente (Génesis 2:16; 3:18,19; 4:6-15; Éxodo 19:9; 1 Samuel 3:4). Se comunicó por medio de visiones (Isaías 6; 21:6 et.seq.; Ezequiel 1-3; Daniel 1:17). Y Él se ha comunicado por medio del Espíritu Santo (Marcos 13:11; Lucas 12:12; Juan 14:17; 15:26; Hechos 6:10). (c) Los milagros. Dios, a través de los milagros, escogió revelar Su poder y presencia. Tales milagros enfatizaron las grandes verdades, y fueron proyectados a confirmar Su palabra, Su profecía, y Su poder.

Los estudiantes cuidadosos de la Escritura han reconocido ya por mucho tiempo estos dos tipos de revelación, e igualmente han sido conscientes de que, a pesar de ser tan grande y maravillosa, la revelación natural es deficiente en sí misma. En este momento, la naturaleza ha dejado de ser una revelación perspicua de Dios (por lo menos para algunos). Pudo haber sido suficiente antes de que el pecado entrara, pero aún si lo fue, ahora el hombre ha llegado a estar tan cegado por el pecado que no puede leer la escritura divina en la naturaleza. La revelación natural simplemente no es suficiente; nunca fue proyectada a serlo. Esta no ofrece el conocimiento fidedigno de Dios para el hombre, ni de las cosas espirituales que el hombre necesita para su salvación. Por consiguiente, es inadecuada (por sí misma) como una fundación completa para la fe del hombre. De la naturaleza sola, el hombre nunca pudiera inferir la necesidad de un Salvador. Por eso, Dios dio la revelación especial. Ambas combinadas representan adecuadamente el mensaje de Dios comunicado al hombre. Y, cuando son vistas en su perspectiva apropiada, las dos revelaciones de Dios forman un testimonio importante de Su poder y gracia salvadora.

LOS TEÓLOGOS VERSUS LOS CIENTÍFICOS

Es un hecho trágico aunque todavía verdadero que muchas posiciones hoy en día son propugnadas en el mundo simplemente sobre la base de la intimidación. Aquellos que tienen mayor número, o aquellos que se hacen oír más, a menudo intimidan a la minoría relativamente contenida hasta que acepte sus posiciones. O, por lo menos hasta cierto punto, coaccionan a la “minoría” a un acuerdo sometido. Eso es precisamente lo que ha pasado en varios casos de muchos amigos profesos de la Biblia, especialmente a la luz de los dos tipos de revelación aquí tratados. Algunos—intimidados por las teorías escolásticas de la ciencia, bien-pulidas, y altamente publicadas—han abandonado totalmente cualquier confianza en lo que la revelación especial de Dios tiene que decir concerniente al origen del hombre, por condescendencia a las especulaciones de la seudo-ciencia evolutiva que son tan comunes en nuestro tiempo y época. Otros, que no están dispuestos a renunciar la totalidad de su fe, han buscado una amalgamación, una alianza ilegítima, entre las posiciones bíblicas y las evolutivas.

Por ejemplo, ciertos creyentes en la Biblia de mentes débiles (Hebreos 12:3), asustados por el dominio de los pensamientos humanísticos y evolutivos entre los científicos modernos, pero no dispuestos a poner mano fuerte en contra de esta filosofía adversa, ahora están proponiendo lo que ha llegado a ser conocida como la teoría de la “Doble-Revelación”, de la cual su popularidad que casi surgió de la noche a la mañana es más que asombrosa. Brevemente dicho, los defensores de esta teoría de la “Doble-Revelación” sostienen que Dios le ha dado al hombre dos revelaciones distintas y finales de la verdad: (1) la revelación de Dios en la naturaleza [la revelación natural]; y (2) la revelación de Dios en la Escritura [la revelación especial]. Sin embargo, los defensores de esta teoría nueva van más allá sugiriendo que cada una de esas dos revelaciones es completamente autoritativa en su propio reino. Los defensores de esta teoría denotan que, aunque estas dos revelaciones discrepan mucho en su carácter y alcance, no pueden parecer contradecirse delante de los hombres inteligentes ya que ambas están dadas por el Dios de la verdad que es coherente en Sí mismo. Por consiguiente, los defensores de la teoría nos dicen que el teólogo es el intérprete designado por Dios de la Escritura, y el científico es el intérprete designado por Dios de la naturaleza, teniendo cada uno, por así decirlo, “lentes” especializados para leer el mensaje verdadero de su propio “libro de revelación”.

En otras palabras, cuando existe un conflicto aparente entre las conclusiones del científico y las conclusiones del teólogo, especialmente concerniente a tales cuestiones como el origen del Universo, la Tierra, la Luna, la flora, la vida animal, y el hombre, es el teólogo quien debe reconsiderar su interpretación de la Escritura acerca de estos puntos a tal manera de poner a la Biblia en armonía con el consenso de los científicos, ya que (como se nos dice) “la Biblia no es un libro de texto de ciencia” y estos problemas se tratan en el territorio en que solamente la ciencia debe darnos la respuesta detallada y autoritativa. Se dice que éste es necesariamente el caso, ya que si una interpretación gramática/histórica de cualquier relato bíblico guiara a un estudiante de la Biblia a adoptar conclusiones que son contrarias a las posiciones preponderantes de los científicos entrenados concernientes al origen y a la naturaleza del Universo material, entonces el estudiante de la Biblia sería culpable de hacer de Dios un engañador de la humanidad en estos asuntos de importancia vital. Pero un Dios de verdad no puede mentir. Por consiguiente, el argumento dice, el relato bíblico debe ser “interpretado” en tal manera que lo traiga en completo acuerdo con las posiciones generalmente aceptadas por los científicos contemporáneos. Desde luego, existe una variedad de formas en que los defensores de la teoría de la “Doble-Revelación” esperan lograr esta dicotomía inusual. Por ejemplo, si uno habla de Génesis 1-11, repentinamente estos capítulos ya no son literales o históricos, sino “míticos”, “alegóricos”, o “poéticos”. Se nos dice que otras porciones de la Biblia están proyectadas solamente a darnos las respuestas a las preguntas “espirituales” como “¿Quién?” o “¿Por qué?”. Sin embargo, los científicos deben contestar las preguntas importantes, “¿Cuándo?” y “¿Cómo?”. Entonces, la conclusión que se nos pide aceptar es que cuando la revelación natural de Dios (como interpretada por el científico) está en contra de Su revelación especial (como interpretada por el teólogo), el teólogo está equivocado y es la revelación especial la que debe ceder el paso.

REFUTACIÓN

Los defensores de la teoría de la “Doble-Revelación” han pervertido lo que es correcto (i.e., el concepto de las dos revelaciones de Dios—una en la naturaleza y una en la Escritura) y son culpables, para usar las palabras del apóstol Pedro, de torcer las Escrituras “para su propia perdición” (2 Pedro 3:16). Esta teoría crece en popularidad dentro de muchos círculos, y el daño que ha hecho (y está haciendo) no debe ser subestimado. En un apéndice de uno de sus libros, John C. Whitcomb ha enumerado varios defensores de la teoría de la “Doble-Revelación” (1978, pp. 163-165), y existen más nombres que pudieran ser añadidos a su lista.

Un ejemplo o dos pueden ser suficientes para mostrar los resultados finales de la aceptación de esta teoría popular aunque falsa. El 13 de junio de 1986, Henry Morris (creacionista) debatió con Lewis Mammel (teísta, aunque anti-creacionista de los Laboratorios de Investigación AT&T Bell) acerca de la edad de la Tierra. Durante los últimos momentos del debate, en respuesta a una pregunta de los espectadores, el Dr. Mammel afirmó, al hablar acerca de los cristianos y el creacionismo, “Pienso que ellos pudieran ajustar su interpretación para ponerla en concordancia con lo que vemos en el mundo natural. Pienso que el elevar la doctrina por encima de nuestro razonamiento y la evidencia de nuestros sentidos es un error” (trascripción directa de la cinta del debate; énfasis añadido). Raramente se encuentra una afirmación tan audaz y enfática firmemente en apoyo de la teoría de la Doble-Revelación. El Dr. Mammel clarificó que no debemos, en su consideración, dejar que “la doctrina” sea elevada por encima de “las evidencias científicas”. Sería difícil encontrar un resumen más conciso de la teoría de la Doble-Revelación que el que fue dado por el Dr. Mammel.

Desde luego, otros han sugerido lo que llega a ser exactamente lo mismo. Bernard Ramm (1954), Neal Buffaloe (1969), y Davis A. Young (1977) son sólo algunos de aquellos cuyos nombres están asociados con la teoría de la “Doble-Revelación”. Hugo Ross, en su libro, The Fingerprint of God (La Huella Digital de Dios), es otro. Por ejemplo, el Dr. Ross ha afirmado específicamente que “la creación, entonces, revela todo los pasos necesarios para mantener una relación buena con Dios” (1989, p. 182).

La teoría de la Doble-Revelación debe ser rechazada completamente por el cristiano que cree en la Biblia. Como el conocido erudito Edward J. Young ha observado:

Lo que sorprende inmediatamente al leer tal afirmación es la baja valoración de la Biblia que está implica. Cuando “la ciencia” y la Biblia están en conflicto, siempre es la Biblia que, de alguna manera, debe ceder. No se nos dice que “la ciencia” deba corregir sus respuestas a la luz de las Escrituras. Siempre es al revés. Aunque esto es muy sorprendente ya que la respuesta que los científicos han provisto ha cambiado frecuentemente con el tiempo. Las respuestas “autoritativas” de los científicos pre-copernicanos ahora no son aceptables; es más, ni lo son muchas de las posiciones de veinticinco años atrás (1964, p. 53).

En efecto, ¿por qué la revelación inalterable de Dios de la Biblia debe ser “reinterpretada” para quedar bien con la revelación alterable de la naturaleza como interpretada por los científicos? Esto es un caso de “empezar la casa por el tejado” si es que alguna vez existió este caso.

Además, los escritores de la Biblia abordan abundantemente los asuntos reales de la ciencia y la historia (a diferencia de los escritos del budismo, confucianismo, hinduismo, et.al, que abordan casi exclusivamente los asuntos de fe y comportamiento). El tomar la posición de que la Biblia no es fidedigna cuando habla de los datos verificables de la ciencia y la historia casi causará inevitablemente que los inquisidores sensatos rechacen sus enseñanzas acerca de creencias teológicas y conducta correcta. Pero Jesús dijo, “Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?” (Juan 3:12). Si Jesús y Sus escritores nos han dicho las cosas “terrenales” (y con seguridad lo han hecho), y si nosotros no estamos predispuestos a creerlas, entonces ¿cómo puede esperarse que creamos las afirmaciones de estos mismos hombres acerca de los asuntos espirituales como la redención, santificación, justificación, escatología, et.al.?

La Biblia debe ser aceptada como absolutamente inequívoca y autoritativa en todos los asuntos que aborda. De otra manera ésta no sería realmente la Palabra de Dios. Si cualquier hombre, o grupo de hombres, está autorizado a decirnos autoritativamente lo que significa la Palabra de Dios, entonces debemos confiarle (o a ellos) la comisión de escribir la Biblia totalmente. El hombre busca llegar a ser Dios si él (sea teólogo, científico, o alguien diferente) insiste que su palabra debe ser aceptada autoritativamente por encima y sobre lo que la Palabra de Dios dice.

Adicionalmente, la teoría de la Doble-Revelación, aunque popular, fracasa al no tener en cuenta las realidades teológicas y científicas. Los defensores de la teoría fallan en reconocer las limitaciones tremendas que inhiben el método científico. La ciencia no puede abordar los eventos de una-sola-vez y completamente únicos (como los orígenes). La ciencia también está incapacitada cuando necesita abordar las realidades morales y/o espirituales (y por ende empíricamente elusivas) que dan sentido al esfuerzo humano. Sin embargo, la ciencia falla más notoriamente cuando se hace cualquier intento en emplearla para analizar el acto sobrenatural y milagroso de Dios (como registrado en Su revelación especial, la Biblia). Estos eventos forman sin lugar a duda las piezas fundamentales de la perspectiva global judeocristiana. El científico o teólogo que acepta la falsa teoría de la Doble-Revelación querrá que creamos que aún en tales asuntos, la ciencia toma precedencia. ¿Cómo puede ser esto?

La aceptación de la teoría de la Doble-Revelación también falla en considerar los efectos intelectuales del pecado. Aunque es verdad que los cielos declaran la gloria de Dios, también es verdad que los ojos del entendimiento del hombre, cegados por el pecado, no siempre “leen” los cielos correctamente. Los efectos intelectuales del pecado guían a presunciones e inclinaciones anti-teístas. Debemos recordar que mucho de lo que es presentado como verdad científica es hostil a las conclusiones presentadas en la Biblia. Como Whitcomb ha observado:

Aquellos que exclusivamente emplean el método científico en la ciencia histórica (e.g., la paleontología) aplican ciegamente este método en una manera uniformista para extrapolar los procesos naturales presentes al pasado indefinido. Además, ignoran la posible parcialidad anti-teísta del mismo científico cuando trabaja con los hechos de la naturaleza al llegar a una cosmología (i.e., la teoría concerniente a la estructura básica y al carácter del universo) y una cosmogonía (i.e., una teoría concerniente al origen del universo y a sus partes). Hasta el punto que tales teorizantes fallan en dar el reconocimiento cuidadoso y honesto a estas limitaciones esenciales del método científico y del investigador mismo, fallan en dar un panorama verdadero y sin distorsión de la realidad entera, y también fallan en guiar al hombre a la única fuente verdadera para entender sus misterios (1978, p. 56).

CONCLUSIÓN

Ciertamente es verdad que Dios no puede rechazarse a Sí mismo (2 Timoteo 2:13). La Palabra de Dios siempre estará de acuerdo con el mundo de Dios, porque el Autor de uno es el Creador del otro. La revelación de Dios en la naturaleza a menudo puede amplificar e ilustrar Su Palabra, pero Su revelación escrita debe siempre informar y constreñir nuestra interpretación de la naturaleza. Muchos pasajes atestiguan este hecho (Job 12:7,8; 26:13,14; Salmos 19:1,2; 97:6; Hechos 14:17; 17:24-28; Romanos 1:20,21). El uso apropiado de la ciencia y la tecnología no solamente ayuda al hombre a implementar la comisión del Edén de “llenar la tierra, y sojuzgarla” (Génesis 1:28), sino también enseña al hombre más y más de la persona y el trabajo del Dios Creador. Sin embargo, la revelación de Dios en la naturaleza debe siempre suplementar y confirmar Su revelación en la Escritura. No puede ser usada para corregirla o interpretarla. Si existe un conflicto aparente—uno que no puede ser resuelto por un estudio más cuidadoso de los datos relevantes de la ciencia y de la Escritura—entonces la Palabra escrita debe tomar prioridad. Allí yace el mayor error de la teoría de la Doble Revelación. Ésta pone la supuesta “interpretación” del científico acerca de la naturaleza por encima de lo que Dios dijo. Ninguna disputa teológica, o superchería científica, la hará correcta.

REFERENCIAS

Buffaloe, Neal (1969), “God or Evolution?,” Mission, pp. 17ff.

Ramm, Bernard (1954), The Christian View of Science and Scripture (Grand Rapids, MI: Eerdmans).

Ross, Hugh (1989), The Fingerprint of God (Orange, CA: Promise Publishing Co.).

Whitcomb, John C. (1978), The Moon: Its Creation, Form, and Significance (Winona Lake, IN: BMH Books).

Young,, Davis A. (1977), Creation and the Flood (Grand Rapids, MI: Baker).

Young, Edward J. (1964), Studies in Genesis One (Nutley, NJ: Presbyterian & Reformed).

 


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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. erick
    Abr 30, 2009 @ 14:40:17

    me gustaria saber si hay personas que veran visiones en estos tiempos..

  2. erick
    Abr 30, 2009 @ 14:41:25

    y en cuantom a eso estoy de acuerdo ya que la biblia es la unica palabra profetica

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