El origen de la vida según la teoría de la evolución (III)


El origen de la vida según la teoría de la evolución (III)

Escrito por: J. Enrique Cáceres-Arrieta el 17 Ago 2008

Muchos científicos naturalistas objetan abiertamente el creacionismo por el costo que representa aceptarlo; ello significaría persecución u hostilidad en el círculo en que se mueven y porque es más cómodo y menos comprometedor creer irracionalidades catalogadas “científicas”. Se arropan con el manto de una ciencia inventada también por ellos para ocultar presunciones filosóficas y conflictos con la moral y ética contenidas en la moral cristiana. En realidad, no pocos son deshonestos intelectuales. La soberbia (ego inflado) juega un papel preponderante en todo esto. Reconocer que te has equivocado o que tu creencia de toda la vida es falsa es un golpe demasiado duro para el ego de estas personas.¿Puedes imaginar lo traumático que debió ser para el orgulloso Saulo de Tarso (más tarde san Pablo) y otros intelectuales modernos darse cuenta de que todo el andamiaje de su conocimiento era y es una soberana equivocación? ¿Será ese terror a quedar sin centro de seguridad intelectual (así lo llaman en sicología) lo que impide a muchos incrédulos investigar con honestidad las pretensiones del resucitado Cristo histórico? Sabrá Dios. Al cristiano toca orar por ellos para que su entendimiento sea despejado y Satanás no saque partido de ello. (2da Corintios 4: 3, 4)

Pues bien, esos científicos dejan de ser hombres de ciencia para convertirse en filósofos. Además, otros no quieren ser tachados de “ultra-conservadores” (así descalificó Teilhard de Chardin a los creacionistas), “retrógrados” ni fanáticos religiosos si aceptan el relato bíblico acerca del origen de la vida. ¿A quién le gusta que lo avergüencen en público y le llamen “retrógrado”? Debes estar muy seguro de lo que crees y en Quien has creído para soportar semejante vituperio. Y, lamentablemente, muchos no están dispuestos a pagar el precio.

Para otros que no son científicos sino “librepensadores”, todo lo que suene o huela a religión es sinónimo de oscurantismo, superstición. Mientras que negar la existencia de Dios y creer en la teoría de la evolución da -según ellos- un tinte de modernidad, cultura e inteligencia. De manera que no es inusual que muchos ‘científicos’ y autodenominados librepensadores rechacen el creacionismo y se cobijen con la manta rota y remendada de tal creencia.

El escritor español Samuel Vila expresa que “la verdadera Ciencia hace al hombre humilde, actitud mental que incrementa su sed de conocimientos”. No olvidemos, un ego inflado y una cabeza llena de prejuicios son difíciles de penetrar con la luz de cualquier verdad. Y más pesa y vale un gramo de sensatez que una tonelada de necedad. Y las creencias de muchos determinan su “ciencia”.

Para los que creen que Darwin era ateo, aunque muchos de sus planteamientos lo insinúen, y algunos pescadores en río revuelto los han encaminado para hacer de la teoría de la evolución una religión sin Dios, una anécdota de su vida. Poco antes de morir, Charles Darwin dijo lo siguiente acerca de su teoría de la evolución de las especies: “‘Era yo entonces un joven sin ideas formadas; no hice más que lanzar al público algunas preguntas, unas sugestiones, lleno siempre de duda acerca de todo, y, con gran asombro mío, aquellas ideas prendieron fuego y la gente hizo de ellas su religión’”. (53)

Si se dio o no la entrevista de Darwin con Lady Elizabeth Reid Hope en su lecho de muerte, es algo que toca investigar desapasionadamente. Considero que tal conversación se llevó a cabo, pues en Trueno, el ateo que dice no creer en Dios observamos que al final de sus días muchos confundidos y temerosos escépticos, agnósticos y ateos ponen en orden sus pensamientos y corazón. Por consiguiente, no es descabellado pensar que un egresado de teología como Darwin lo haya hecho antes de morir. La semilla de la Palabra eterna del Dios creador estaba en la vida de Charles desde niño, y por experiencia sé que esa Palabra no regresa vacía. Más, si Charles Robert Darwin nació de nuevo por obra del Espíritu Santo (que niegan los ateos) cuando era niño o adolescente, nunca dejó de ser cristiano a pesar de su escepticismo. Si ningún sicólogo ni siquiatra puede entender la mente y los oscuros movimientos sentimentales y emocionales de sus pacientes, ¿será posible que los científicos de la teología y de las ciencias naturales sean capaces de explicar la misteriosa obra del Espíritu Santo en el humano y de entender la infinita mente del Creador en el universo y la vida de un convertido a Jesús? ¡De ninguna manera! A ello se debe que algunos al no poder entender ni explicar a Dios y lo sobrenatural -por desconocer los símbolos y códigos del Idioma del Eterno- los consideren superstición y locura. (1ra Corintios 2: 14) A mi juicio, lo que Darwin quiere decir al final de El origen de las especies -al llamar a Dios “Creador”- es que la mano de Dios está presente en la naturaleza.

Feyerabend sostiene que la ciencia moderna se ha convertido en una ¡religión! representada por una “iglesia” dogmática institucionalizada que lo rige todo inflexiblemente, de la cual debemos zafarnos a como dé lugar. (Uno de los patrones o dioses de tal religión es precisamente Darwin. De ahí el extremo interés de los creyentes evolucionistas en querer desligarlo de cualquier creencia religiosa o de su creído regreso a Jesús) Ya es hora de liberarnos de la tiranía de las ciencias naturales. Así como en el pasado la religión controlaba el conocimiento, hoy es necesario impedir que las ciencias en cuestión nos impongan sus creencias radicales, dogmáticas, racionalistas, cientificistas y absolutistas. Sería bueno que quienes abogan por un estado libre de teología y religión y de no institucionalizar la fe apoyaran también la separación del Estado de las ciencias naturales y sociales con el fin de no lucrar ni lavarle el cerebro a nadie. El Estado debe ser neutral en creencias religiosas, pero también libre de ideologías, filosofías, cientificismo y creencias naturalistas.

A propósito de dogmatismo racionalista y cientificismo, ¿has notado cómo algunos científicos de las ciencias naturales se vuelven expertos opinando sobre temas que solo conocen de improviso? Como cientificistas, ansían encajonar a Dios y los milagros en su minúsculo cerebro y estudiarlos a través del microscopio, el telescopio y el tubo de ensayo de su “ciencia”. Su especialismo aspira que la ciencia cultivada por ellos contenga todo el conocimiento humano o sea aplicable en cualquier otra área del saber.

Darwin nunca aseveró que la evolución fuera un hecho probado, y se sorprendió al percatarse de que había inventado una nueva religión. Religión que aún en el siglo XXI abrazan muchos que afirman no tener religión y que las religiones no les quitan el sueño. Creo que estos sujetos deberían hacerse estas preguntas con honestidad: “Si las religiones no me quitan el sueño, ¿por qué la obsesión y compulsión en escribir y despotricar contra las religiones?”. “¿Por qué hago tanta alharaca contra las creencias religiosas de las gentes, sean ciertas o falsas?”. “Si creo que Dios no existe, ¿por qué tanto empeño mío en negar a Alguien ‘inexistente’?”. “¿Por qué tanta rabia contra Dios si no existe o no creo en divinidades?”. “Si odio a alguien que no existe, algún trastorno debo tener y preciso la ayuda de un especialista de la conducta y la mente”. De igual manera, las respuestas deben ser honestas.

Insisto, eso no debe interpretarse como que no se pueda disentir y callar denuncias ante lo que a todas luces está chueco, sino de hablar y escribir lo más objetivamente posible. Libre de emociones encontradas y prejuicios. Que mi razón o mi verdad no me quite el entendimiento. Si lo hace y no domino el tema, no soy apto para escribir al respecto y en lugar de orientar confundiré a los receptores y trasbocaré sobre ellos.

Sobre el ateísmo o “no tener [a] Dios”, Max Scheler (1874-1928) sostiene que “quien no tiene [a] Dios tiene un fetiche”. Pregunto: ¿Fetiche como la creencia de la teoría de la evolución, mi ciencia, mi religión, mi filosofía, el título, un ídolo de carne y hueso…? Scheler también habla de la herejía vital del neurótico que en la absolutización de lo relativo realza sus pequeños fetiches como valores absolutos, como serían sus complejos, prejuicios, paradigmas y proyecciones. ¿Por qué será que me parece ver aquí retratados a los que niegan a Dios y repudian todo lo que les huela a religión? ¿Será que has notado con cuanta absolutización, radicalismo, fundamentalismo y dogmatismo hablan y escriben los escépticos, agnósticos y ateos al referirse a Dios y lo sobrenatural? Después tienen el descaro de criticar el fundamentalismo y dogmatismo religiosos. Mi abuela dice que “el puerco le dice al burro orejón siendo que los dos son de la misma condición”. Claro, porque el cerdo no ve sus orejas.

Si acaso no he sido lo suficientemente claro, toca destacar que soy enemigo del fanatismo y legalismo religiosos cerrados ante opiniones respetuosas de los demás; también me molesta el fideísmo. Y rechazo con todas mis fuerzas la intolerancia religiosa que impide vivir en paz con el prójimo que no piensa igual que yo. Pero, igual, repudio el cientificismo y el fisicalismo que cree poder conocer, entender y explicarlo todo escrutando la materia. Me desagrada mucho la polarización racionalista que cree en la suficiencia de la razón para alcanzar y comprender cualquier verdad. En pocas palabras, creo que es insoslayable un equilibro en la religión, ciencias naturales y en la razón filosófica, tal cual lo expreso en El intrincado punto medio…

Ahora bien, hay científicos y científicos. Hoy lo que existe muchas veces son filósofos vestidos de científicos. (Ojo, sé de excelentes filósofos de la ciencia. Mas lo que muchos científicos hacen al hacer declaraciones y practicar alguna disciplina no es ciencia, sino filosofía) Ya no hacen a los científicos como antes. Uno de esos científicos naturalistas que reconocen la soberanía de Dios es el colombiano Elkin Lucena (en 1985 convirtió a su nación en el primer país latinoamericano y el quinto en el mundo en conseguir la primera bebé probeta, y en 2005 ha logrado la primera bebé en nuestra América y octava en el mundo nacida a partir de un óvulo vitrificado (congelado) sometido a fertilización in vitro.), quien al preguntársele si se sentía ‘un poquito Dios’, respondió que “no”, sino que “Dios es un tipo chévere, [que] nos ayuda; si no, no estuviéramos hablando de este cuento. Sin Dios no haríamos nada de esto. ¿Quién es tan pendejo de ponerse a competir con Dios? Si el tipo es un berraco”. (53)

Con el respeto que merecen los excelentes científicos naturalistas y pensadores, considero que sería interesante que Dios enfrentara a los seres que, arropados con la sábana de la “ciencia”, niegan a Dios y todo lo sobrenatural, así como lo hizo con Job cuando quiso pasar de listo.

Ahora ciñe bien tus lomos; yo te preguntaré, y tú me contestarás: ‘¿Dónde estabas tú cuando yo fundé la Tierra? Házmelo saber si tienes inteligencia. [¿Dónde habré estado yo? ¡Solo en los planes del Creador!] ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? ¿Sobre qué están fundadas sus basas? ¿O quién puso su piedra angular, cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios? ¿Quién encerró con puertas el mar, cuando se derramaba saliéndose de su seno, cuando puse yo nubes por vestidura suya, y por pañales la oscuridad, y tracé para él frontera, le puse puertas y cerrojo, y dije: ‘Hasta aquí llegarás, y no pasarás adelante, y ahí se romperá el orgullo de tus olas?[Cierto. Curioso es que las aguas no traspasen los límites de tierra firme. El mar solo reclama lo suyo al invadir el hombre sus fronteras o por obra de fenómenos naturales que surgen después de la Caída del humano en desobediencia]

¿Has mandado tú alguna vez en tu vida a la mañana? [Esto está bueno: “no por mucho madrugar amanece más temprano”, dice el dicho] ¿Has señalado a la aurora su lugar, para que coja a la Tierra por sus bordes, y sean sacudidos de ella los impíos? [¡Cómo quisiera lograr eso a fin de que tanta gente malévola de cauterizada conciencia desapareciera del mapa! Es lamentable decir que hay lacras sociales que toda su vida se la pasan cometiendo perversidades y dañando a gente inocente, sobre todo a los niños] Ella muda luego de aspecto como arcilla bajo el sello, y viene a estar todo como una vestidura; mas la luz de los impíos es quitada de ellos, y el brazo enaltecido es quebrantado. ¿Has entrado tú hasta las fuentes del mar, y has andado escudriñando el abismo? [Conocemos más del espacio que de las profundidades de los mares y océanos] ¿Te han sido descubiertas las puertas de la muerte, y has visto las puertas de la sombra de la muerte? [Solo Uno conoció esos misterios y resucitó. Pero muchos no le han creído, y otros hacen burla de Él y de los que creemos en Él] ¿Has calculado las anchuras de la Tierra? Declara si sabes todo esto. ¿Por dónde se va a la morada de la luz, y dónde está el lugar de las tinieblas, para que las lleves a sus límites, y les muestres las sendas de su casa? Lo sabrás sin duda, porque ya habías nacido, y es muy grande el número de tus días. [En este punto me parece ver reír a Dios] ¿Has entrado tú en los depósitos de la nieve, o has visto las reservas de granizo, que tengo guardado para el tiempo de angustia, para el día de la guerra y de la batalla? ¿Por qué camino se reparte la luz, y se esparce el viento solano sobre la Tierra?

¿Quién abre un canal al aguacero, y camino a los relámpagos y truenos, haciendo llover sobre la tierra deshabitada, sobre el desierto, donde no habita el hombre, para saciar la tierra desierta e inculta, y para hacer brotar la tierna hierba? ¿Tiene padre la lluvia? ¿O quién engendra las gotas del rocío? ¿De qué seno sale el hielo? Y la escarcha del cielo, ¿quién la da a luz, cuando las aguas se endurecen a manera de piedra, y se congela la superficie del mar? ¿Podrás tú atar los lazos de las Pléyades, o desatar las ligaduras de Orión? ¿Sacarás tú a su tiempo las constelaciones del Zodíaco, o guiarás a la Osa Mayor con sus hijos? ¿Conoces las leyes de los cielos? ¿Dispondrás tú sus poderes sobre la Tierra? [Por ahí hay quienes alardean y hacen negocio con esto afirmando conocer secretos y el futuro de las gentes. Otros aseguran entender, explicar y conocer las leyes de la naturaleza y de los cielos de manera tal que hacen afirmaciones radicales y dogmáticas, asegurando que Tú, Dios, no existes, y, si existes, ni siquiera Tú puedes hacer milagros porque tales leyes son inquebrantables!] ¿Alzarás tú a las nubes tu voz para que te cubra muchedumbre de aguas? ¿Enviarás tú los relámpagos para que ellos vayan? ¿Y te dirán ellos, ‘henos aquí’? ¿Quién puso sabiduría en la nube? ¿Quién dio al meteoro inteligencia? ¿Quién puso por cuenta las nubes con sabiduría? Y los odres de los cielos, ¿quién los hace vaciar, cuando el polvo se ha convertido en dureza, y los terrenos se han pegado unos con otros? ¿Cazarás tú la presa para el león? ¿Saciarás el hambre de los leoncillos, cuando están echados en sus guaridas, o se agazapan en la maleza para acechar? ¿Quién prepara al cuervo su alimento, cuando sus polluelos claman a Dios, y andan alocados por falta de comida? [Todo ello lo haces solamente Tú, Dios]

¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses? ¿O miraste tú las ciervas cuando están pariendo? ¿Contaste tú los meses de su preñez, y sabes el tiempo cuando han de parir? Se encorvan, hacen salir sus hijos, pasan sus dolores. Sus hijos se fortalecen, crecen con el pasto; salen y no vuelven a ellas. ¿Quién echó libre al asno montés, y quién soltó sus ataduras? Al cual yo puse casa en la soledad, y sus moradas en lugares salitrosos. Se burla el bullicio de la ciudad; no escucha las voces del arriero. Lo oculto de los montes es su pasto, y anda buscando toda hierba verde. ¿Querrá el búfalo servirte a ti, o pasar la noche en tu pesebre? ¿Atarás tú al búfalo con coyundas para el surco? ¿Labrará los valles en pos de ti? ¿Confiarás tú en él, por ser grande su fuerza, y le fiarás tu labor? ¿Fiarás de él para que recoja tu cosecha, y la junte en tu era? ¿Diste tú al caballo la fuerza? ¿Vestiste tú su cuello de crines ondulantes? ¿Le haces saltar como langosta? ¿Vuela el gavilán por haberle enseñado tú, y extiende hacia el sur sus alas? ¿Se remonta el águila por tu mandato, y pone en alto su nido? (Job 38: 3 al 39: 27)

Algunas cosas que Dios menciona aquí ya las conocemos. Alguien dirá que la Biblia se equivoca por atribuirle a Dios fenómenos tan sencillos como las nubes y la lluvia, ignorando que el universo y la vida subsisten por el maravilloso soplo y sustento de Dios. (Hebreos 1: 3b; Colosenses 1: 17) Pero, desde luego, Dios no está detrás de terremotos, huracanes y otros fenómenos de la naturaleza que matan a miles de seres humanos. Tema lo suficientemente ahondado y demostrado en El origen del sufrimiento.

Algunos humanos son tan presumidos que pretenden saber más que Dios y conocer cuestiones que han estado en la Tierra muchos siglos antes de que nacieran. (Otros escupen, blasfeman e injurian a Dios y a Jesús. Si Dios no fuera Dios, otro gallo cantaría, y los hubiera desarraigado de la Tierra por maldicientes e irreverentes, pues aun la libertad de expresión tiene un límite: el respeto a la dignidad humana y al pensamiento ajeno)

Es bueno pensar, meditar, reflexionar, filosofar, disentir, cuestionar. Lo nocivo es presumir de sabelotodo; faltar el respeto a las creencias de los demás e intentar encajonar a Dios en nuestras mentecillas. Al documentarme para escribir este libro, me he topado con cualquier cantidad de razonamientos y creencias naturalistas que francamente dan pena y vergüenza. No necesitamos conocer a Dios ni su Palabra para darnos cuenta de lo equivocados que están ciertos sujetos. Con justa razón dijo Sócrates “solo sé que nada sé”. Ese mismo Sócrates también afirmó: “La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia”. Descartes expresa: “Daría todo lo que sé, por la mitad de lo que ignoro”. Se nos olvida que somos ignorantes en muchísimos temas; no lo sabemos ni sabremos todo. Muy poco es lo que sé y muchísimo lo que ignoro. Además, Dios es el único omnisciente.

Todos tenemos derecho a pensar y expresar lo que pensamos, creemos y sentimos, pero de ahí a hacer una religión de nuestro razonamiento, irrespetar a las personas e intentar imponer nuestra filosofía, creencias o estilo de vida a otros hay gran distancia. La intolerancia no se contrarresta siendo intolerante. No se trata de dorar la píldora, sino ser sensatos al expresar nuestros puntos de vista. ¡Que nuestra verdad no sea causal para faltar el respeto al prójimo! ¡Que la razón no nos quite el entendimiento! “[…] El respeto al derecho ajeno es la paz”, dijo Benito Juárez. Tu derecho termina donde principia el mío. ¿Cuándo lo entenderemos y aplicaremos? ¿Será antes de que nos devoremos los unos a los otros? ¿O será que es menester que alguien salido de sus casillas nos diga “por qué no te callas”?

(Nota: Tomado de nuestra obra El origen de la vida: ¿según cuál creencia? Todos los derechos de autor están protegidos por leyes internacionales. Tercera de tres entregas. En El origen de la vida según el creacionismo, continuaremos analizando la postura evolucionista)

Bibliografía

(1) Op cit., Strobel, p. 144.

(2) Rick Warren. Una vida con propósito, p. 23. Editorial Vida, Estados Unidos, 2003.

(3) Ibíd., p. 24.

(4) Op Cit., Benson, p. 245.

(5) Op Cit., Strobel, p. 350.

(6) Kenneth N. Taylor. La Evolución, p. 39. Editorial Mundo Hispano, Estados Unidos, 1975.

(7) J. Enrique Cáceres-Arrieta, Todo no está perdido en Estados Unidos, Panamá América, p. A6, Panamá, domingo 7 de noviembre de 2004.

(8) Op cit., Huse, p. 17.

(9) José María Mardones y N. Ursúa. Filosofía de las ciencias humanas y sociales: materiales para una fundamentación científica, p. 14, Anthropos, Editorial del Hombre, España, 1994..

(10) Harold Hill, Las monerías de Darwin, p. 42. Editorial Vida, Miami, 1979.

(11) Ibíd., pp.28, 29.

(12) Ibíd., pp. 43, 44.

(13) Ibíd., pp. 44 a 46.

(14) Josh McDowell y Don Stewart. Razones. ¿Tiene sentido la fe cristiana para el hombre hoy?, pp. 127, 128. Editorial Vida, Estados Unidos, 1983.

(15) Op cit., Hugh Ross, p. 166.

(16) Op cit., Strobel, 268.

(17) Op cit., Ross, pp. 164, 165.

(18) Op cit., Antonio Cruz, La ciencia…, pp. 123, 124.
(19)Op cit., Huse, p. 19.
(20) Nueva evidencia que demanda un veredicto, p. 409. Editorial Mundo Hispano, Colombia, 2004.
(21) Ibíd., p. 409.

(22) Op cit., Samuel Vila, p. 131.

(23) Diario La Prensa, Suplemento Mosaico, edición 38, año 1, pp. 10, 11. Panamá, 13 de octubre de 2002. El Tiempo de Bogotá, 16 de febrero de 2005, consultado en la Red.
(24) Op cit., Huse, pp. 137-141.

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