Soluciones metafísicas.


Soluciones metafísicas.

Estamos ahora en situación de hacer la crítica del realis mo y del idealismo y de tomar posición en la disputa entre ambos. Como hemos visto anteriormente, el idealismo no logra demostrar que la posición realista sea contradictóría y, por ende, imposible. Mas por otra parte tampoco el realismo consigue abatir definitivamente a su adversario. Las razones que podía hacer valer no eran, como se vio, lógicamente convincentes, sino tan sólo probables. Parece, pues, que no pueda terminarse la disputa entre el realis mo y el idealismo. Esto es lo que ocurre, en efecto, mien tras sólo se emplea un método racional. Ni el realismo ni el idealismo pueden probarse o refutarse por medios pura mente racionales. Una decisión sólo parece ser posible por vía irracional. El realismo volitivo es quien nos ha ense-fiat!o este camino. Frente al idealismo, que quisiera hacer del hombre un puro ser intelectual, el realismo volitivo lla ma la atención sobre el lado volitivo del hombre y subraya que el hombre es en primer término un ser de voluntad y de acción. Cuando el hombre tropieza en su querer y desear con resistencias, vive en éstas de un modo inmediato la realidad. Nuestra convicción de la realidad del mundo ex terior no descansa, pues, en un razonamiento lógico, sino en una vivencia inmediata, en una experiencia de la voluntad. Con esto queda superado de hecho el idealismo.

Pero el idealismo fracasa también en el problema de la existencia de nuestro yo, de la cual estamos ciertos por una autointuición inmediata. Ya San Agustín hizo refe rencia a este punto. Desarrollando sus ideas, formuló pos teriormente Descartes su célebre cogito, ergo sum. En nues tro pensamiento, en nuestros actos mentales —ésta es su idea—, nos vivimos como una realidad, estamos ciertos de nuestra existencia. Como paralelo al principio cartesiano ha formulado más tarde Maine de Biran el principio voló, ergo sum. Ambos principios tratan de expresar, sin em bargo, la misma idea fundamental: que poseemos una cer teza inmediata de la existencia de nuestro propio yo. Pero el uno parte de los procesos del pensamiento y el otro de los procesos de la voluntad. Todo idealismo fracasa nece sariamente contra esta autocertidumbre inmediata del yo.

JOHAN HESSEN,,TEORÍA   DEL   CONOCIMIENTO,   pág.   92-93.

Fuente: Hebe R.Vidal, Fundamentos de Filosofia, Libreria Huemul, Bs.As., Argentina,1970,p.136-137

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