El idealismo metafísico 3


 

El  idealismo metafísico 3

3.    La ontología de la existencia

¿Cómo se conoce la existencia? ¿Qué se conoce de la existencia? ¿Cuántos tipos de existencia conocemos? Es tas y otras preguntas similares se tiene que formular la Ontología respecto de la existencia de todos los entes concretos existentes, incluido el que formula la pregunta. Una “Ontología de la existencia” es un puente para lle gar al problema del conocimiento, es un atisbo de la problemática gnoseológica.

Se puede estructurar una Ontología del ser desde dos puntos de vista distintos: o partiendo del análisis de los conceptos (aunque forzosamente con una base de realidad captada por los sentidos), o poniéndose frente a la propia existencia, frente a la propia vida para tratar de conocer qué es ella. García Morente expone así estos dos puntos de vista:

“Y para llegar poco a poco y lentamente al corazón mis mo de la ontología, ¿qué métodos vamos a seguir? Se nos ofrecen dos. -Se nos ofrece en primer lugar el método del análisis dialéctico de la noción misma de ser. Nosotros po dríamos tomar la noción de ser, dirigir a ella nuestra aten ción e ir separando, por análisis dialéctico, las distintas significaciones de la noción, para compararlas intuitiva mente con el conjunto de la realidad, y ver hasta qué punto, cómo y en qué sentido cada una de las distintas significaciones de la noción de ser tiene derecho legítimo y está lletia de algún sentido y no es simplemente una palabra . . . Pero digo que podemos seguir un segundo método, una segunda vía, que consistiría en colocarnos ante la realidad, ante el ser pleno, ante el conjunto total de los seres, en la situación en que la vida misma nos coloca. Consistirá este método en arrancar y partir de nuestra vida actual; de nuestra realidad como seres vivientes; de nosotros mismos tal como estamos rodeados de cosas, viviendo en el mundo” 1

El primer punto de vista es justamente el empleado por Aristóteles y los escolásticos. Así, por un proceso de “abstracción” se conoce el “ser” de las cosas; así se comprende que hay dos modos de existir: sustancia y Accidente; que son diez las Categorías ónticas, a las que corresponden otras tantas categorías lógicas.

El segundo punto de vista es también, en cierto modo, un análisis; pero un análisis de mi existencia concreta, de mi vivir, de las cosas que me rodean y de lo que soy yo entre las cosas que me rodean y con las cosas que me rodean. Es un “análisis existencial”, que caracteriza varias corrientes de la Filosofía contemporánea.

¿Cómo se realiza este análisis? La existencia en su totalidad comprende todas las cosas y me comprende a mí que pienso sobre ellas y sobre mí. Pienso sobre mi vida, en mi vida, y me doy cuenta de que soy un ente auténtico y absoluto  (en el sentido de que mi existencia es ^dependiente de la existencia de los demás). La vida humana, la existencia auténtica, se conoce a sí misma y tiene seguridad de que existe. Los bancos existen, los árboles existen, los caballos existen, pero no saben que existan. por esta razón, entre todos los entes existentes tienen un valor especial los que viven; y de los que viven, los animales están en una jerarquía especial por su sensibilidad y porque de algún modo tienen conciencia; pero morente en el supremo sitial de esta escala de vivientes están los que se caracterizan por su existencia humana, que es la existencia por antonomasia: la existencia que tiene plena conciencia de sí misma.

En efecto: el existente humano existe, sabe que existe, está seguro de que existe, se interesa por su misma existencia, reflexiona sobre esa misma existencia, se aferra desesperadamente a ella. El existente humano (el hombre, en fin de cuentas) ama con vital interés su propia existencia; la ama por sí misma, aunque sea muy precaria: no por las comodidades, ni por las riquezas, ni por los honores de que tal vez está rodeada. El hombre quiere saber por qué existe, él precisamente, cuando podrían existir oíros que en realidad no existen; quiere saber en qué parará su existencia: si terminará definitivamente con la muerte biológica, o si continuará de algún modo.

El hombre es el único ser existente —en este planeta— que “vive su vida”, que “vive su existencia”. Cuando, en su actitud filosófica, se pone frente a su existencia real, toma conciencia de ella, “vive el drama de su existencia”; drama que algunos existencialistas traducen por “angustia” y otros por “tragedia”.

No todas las corrientes del pensamiento se han preocupado por la “ontología de la existencia”. El positivismo del siglo pasado, que se propagó en todos los ámbitos científicos y culturales de su época, y aun en los comienzos del presente siglo, desconocía tal preocupación metafísica o, por lo menos, le restaba importancia. Comte, “el padre del positivismo francés”, negaba todo valor a la Metafísica por considerarla producto de una imaginación ontológica, que debe ser eliminada por la llegada del espíritu positivo: “Al mismo tiempo que la realización suficiente de la previa descomposición exigía el desuso de las doctrinas puramente negativas que la habían dirigido, una ilusión fatal entonces inevitable, condujo, a la inversa, a conceder espontáneamente al espíritu positivo: Al mismo tiempo que la realizacion suficiente de la previa descomposición exigía el desuso de las doctrinas puramente negativas que la habian dirigido,una ilusion fatal entonces inevitable, condujo, a la inversa, a conceder espontáneamente al espíritu metafísico, el único activo durante este largo preámbulo, la presidencia general del movimiento de reorganización. Cuando una experiencia plenamente decisiva hubo comprobado para siempre, a los ojos de todos, la absoluta impotencia orgá nica de tal filosofía, la ausencia de toda teoría distinta no permitió satisfacer por de pronto las necesidades de orden, que ya prevalecían, sino por una especie de restauración pasajera de aquel mismo sistema, mental y social, cuya irreparable decadencia había dado ocasión a la crisis” (Del “Discurso sobre el espíritu positivo”).

Según James, filósofo y psicólogo pragmatista, “el pragmatismo representa una actitud completamente familiar en Filosofía: la posición empírica… El pragmático rompe de una vez para siempre con una serie de hábitos inveterados de los filósofos. Deja a un lado la abstracción y la insuficiencia, las soluciones verbales, las razones malas a priori, los principios fijos, los siste mas cerrados, los “absolutos” y los “orígenes” (Conferencia segunda sobre el “Pragmatismo”). Y refiriéndose con tono de sátira al filósofo, dice de él que se parece “a un ciego que anda buscando en un cuarto oscuro un sombrero negro que no está en él (De su obra “Algunos problemas de Filosofía”).

Notas

1. Garcia Morente M., Lecciones preliminares de Filosofía, Pag. 345-46.

Fuente: Hebe R.Vidal, Fundamentos de Filosofia, Libreria Huemul, Bs.As., Argentina,1970,p.126-129

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