El idealismo metafísico 2


El  idealismo metafísico 2

2.Las teorías positivistas

La tesis anteriormente indicada, “toda metafísica es imposible”, fue apadrinada por el positivismo del siglo xrx, con más apasionamiento quizás que por los mismos idealistas. Se conocen con el nombre de “Teorías positivistas” todas aquellas doctrinas filosóficas (y también psicológicas) que se atienen pura y exclusivamente a los datos “positivos”, entendiendo por datos “positivos” los que nos son suministrados por medio de los sentidos.

Las teorías positivistas niegan el valor de la metafísica : lo único real, objetivo, lo único que se puede afirmar es lo que se percibe por medio de los sentidos.

El método del positivismo consiste en estudiar las leyes empíricas de los fenómenos, dejando de lado expresamente el estudio de las causas y de la esencia de las cosas. El “empirismo” es otra forma de positivismo: acepta sólo aquellos conocimientos que se originan en la “experiencia” sensible. El positivismo (Augusto Comte, John Stuart Mili, Herbert Spencer) es una especie de empiris mo fenomenista (no interesan más que los fenómenos que se ofrecen a la experiencia sensible); renuncia a bus car la solución de problemas del universo, que cree insolubles y completamente inútiles: si hay un sustrato de los fenómenos, si existen las cosas en si, son cuestiones inútiles y sin importancia.

Comte sostenía que el espíritu humano pasa por tres estados sucesivos: el teológico, que explica los hechos me diante agentes sobrenaturales; el metafísica, que trata de buscar razones abstractas, meras explicaciones verbales; y el positivo, que se atiene al dato real y trata de explicar, sin recurrir a la metafísica, el orden y la regularidad de los fenómenos observados. En el “Discurso sobre el espíritu positivo” escribe Comte:

“Según esta doctrina fundamental, todas nuestras espe culaciones, cualesquiera, están sujetas inevitablemente, sea en el individuo, sea en la especie, a pasar sucesivamente por tres estados teóricos distintos, que las denominaciones habituales de teológico, metafísico y positivo podrán calificar aquí suficientemente, para aquellos, al menos, que hayan comprendido bien su verdadero sentido general. Aunque, desde luego, indispensable en todos los aspectos, el primer estado debe considerarse siempre, desde ahora, como provisional y preparatorio; el segundo, que no constituye en realidad más que una modificación disolvente de aquél, no su pone nunca más que un simple destino transitorio a fin de conducir gradualmente al tercero; en éste, el único ple namente normal, es en el que consiste, en todos los géneros, el régimen definitivo de la razón humana” 1

Para el positivismo de Comte lo que caracteriza la virilidad de la inteligencia humana, es decir el estado de madurez intelectual que se exige para la investiga ción científica, no es el afán de determinar las causas propiamente dichas (tarea inútil, por lo menos), sino la simple búsqueda de las leyes, la indagación de las constantes relaciones entre los fenómenos observados.

En la línea del positivismo están Stuart Mili y Spencer. El primero de ellos expone en su ensayo “Utilitarismo” el sentido y el alcance de esta doctrina, que aplica sobre todo a la Lógica, a la Psicología y a la Moral Spencer, no tan original, en su obra “Un sistema de Filosofía sintética”, construye un positivismo basado en una concepción evolucionista materialista; “Lo que persiste invariable en cantidad, pero modificándose siempre en su forma bajo esas apariencias sensibles que nos presenta el Universo, rebasa la concepción y el conocimiento hu manos: es un poder desconocido e inconocible que nos vemos obligados a reconocer como sin límites en el espacio y sin principio ni fin en el tiempo”2.

El Positivismo nació, floreció y se propagó en el siglo XIX, paralelamente con el avance de las Ciencias Positivas, que le dieron impulso. Todo lo que tiene de “positivo” es filosóficamente aceptable; en efecto: los datos y las experiencias sensibles son la base de todo el saber humano.

Las deficiencias filosóficas del Positivismo las encontramos en sus aspectos negativos: en que proclama los hechos de la experiencia sensible como los únicos objetos científicos; en que declara incognoscible lo metempírico y lo abstracto (las esencias, las sustancias, las relaciones, las causas, etc.); en que afirma abiertamente la imposibilidad de toda Metafísica.

Fuente:

Hebe R.Vidal, Fundamentos de Filosofia, Libreria Huemul, Bs.As., Argentina,1970,p.123-126

notas

1 marías J., La filosofía en sus textos, 2,   pág   1007   Ed Labor, Barcelona, 1963.

2 marías J., O. C., pág. 1053.

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