Argumentos de la existencia de Dios IV


La creencia universal

Autor: Paulo Arieu

«La creencia universal en la existencia de un Ser Supremo implica que la idea es intuitiva (o sea, conocida por instinto); es innata (o sea, parte de nuestra naturaleza esencial) y racional (comprensible por medio de la razón). Esto revela que el hombre tiene la idea de un Ser infinito y perfecto, y esto hace surgir la pregunta: ¿de dónde sacó el hombre tal idea?

La creencia universal es una verdad básica. Aun las religiones idolátricas mantienen una creencia en alguna clase de dios o dioses. Una respuesta inconsciente traicionó a aquellos que a sí mismos se llaman ateos, al contestar: “Gracias a Dios que soy ateo.” El ateo francés Voltaire oraba durante una tormenta. Ingersoll dijo: “Yo no soy ateo, soy un agnóstico.“»[1]

«Todos los pueblos, desde los más primitivos hasta los más civilizados, han creído, con rarísimas (y prejuzgadas) excepciones, en la existencia de un Ser Supremo, Hacedor del Universo, como única explicación posible a los fenómenos de la metereología, de la fertilidad, etc. Es cierto que, en muchos casos, el politeísmo, el animismo, etc., han obnubilado esta creencia en un único Dios, pero no la han suprimido. Más aún, las investigaciones más imparciales han mostrado, con suficiente evidencia (o, al menos, con la mayor probabilidad), que el monoteísmo es anterior al politeísmo, y que éste ha sobrevivido en los pueblos primitivos al convertir en dioses, genios del bien y del mal, las desconocidas fuerzas de la Naturaleza, mientras las naciones más civilizadas revirtieron desde un politeísmo «más ilustrado», pasando por el «henoteísmo» (o diferentes «dioses» protectores de las naciones respectivas —cf. Josué 24:15-18—), al prístino monoteísmo. Este argumento queda debilitado por la teoría de C. G. Jung sobre los «arquetipos» o símbolos ancestrales del inconsciente colectivo, pues bien pudiera ser que la idea de Dios, común a la humanidad de buena voluntad, fuese un mito heredado de los primeros homínidos, víctimas del pensamiento mágico que en ellos hubo de producir su primera confrontación con las desconocidas fuerzas de la Naturaleza.»[2]

«Este metodo, es llamado por Hebe R.Vidal “EL TRADICIONALISMO”. Nació en Francia a principios del siglo pasado y tiene por principales representantes a José de Maistre, De Bonald, Bonetty y sobre todo a Lamennais. Según ellos, la fuente única de la certeza es el consentimiento general, la tradición, puesto que la sola razón individual, dejada a sí misma, está condenada al escepticismo. Lamennais, en su “Ensayo sobre la indferencia”, sostiene que la evidencia de que Dios existe nos es impuesta en primer lugar por el consentimiento unánime de los pueblos; la existencia de Dios es una verdad primitiva y fundamental, anterior a toda demostración.

Critica: No podemos negar que el consentimiento unánime de los pueblos —en el caso de que se tenga certeza de él— tiene en sí cierto valor, sobre todo confirmatorio; pero dicho valor depende de que haya razones, argumentos accesibles a todos, que los hayan movido a afirmar unánimemente una determinada proposición, en nuestro caso, la existencia de Dios. En otras palabras: es menester probar que el acuerdo general de los hombres no se ha producido por la mera conjunción de causas accidentales, que pueden haber sido causas de error.

Si todos los hombres, en todos los pueblos, en todos los tiempos, han creído en la existencia de Dios porque tenían pruebas evidentes de tal existencia, entonces el argumento tradicionalista es válido, pero no es anterior a toda demostración, sino que, por el contrario, supone alguna demostración, aunque sólo sea de tipo rudimentario, y se funda, en último término, en el valor intrínseco de la inteligencia humana para conocer con evidencia ciertas verdades. Pero si los hombres de los pasados siglos pudieron probar la existencia de Dios, también la puede probar cualquier hombre de cualquier época; y en tal caso la razón humana es la que, por sí sola, prueba la existencia de Dios.»[3]

«En los tiempos antiguos los sucesos más mundanos estaban conectados con los acontecimientos de mayor trascendencia cósmica. Nuestros antepasados estaban muy ansiosos por comprender el mundo, si bien no habían dado con el método adecuado. El universo primitivo un mundo pequeño, pintoresco y ordenado donde las fuerzas dominantes eran dioses como Anu, Ea y Karona. Los dioses, en las sociedades antiguas, eran necesarios para explicar los cielos, los planetas, los terremotos, las enfermedades, los eclipses, o cualquier otro fenómeno natural. Aunque han venido en muchas y variadas versiones, no parece una exageración decir que, a lo largo de la historia, los dioses han sido una realidad omnipresente.

Los teístas, por supuesto, han explotado este hecho con la mentalidad apologética que les caracteriza. Así, por ejemplo, dice el apologista musulmán Fethullah Gülen:

“desde el mismo inicio de la vida humana, la gran mayoría de la humanidad ha creído en la existencia de Dios. Sólo esto sería suficiente para demostrar Su existencia”

A decir verdad, a mi la lógica de esta argumentación se me escapa por completo. ¿Que tiene que ver la veracidad de una proposición con el número de personas que la crean? No se puede concluir que una proposición P es cierta apelando únicamente al número de personas que la sostienen; sencillamente no se sigue. Es una premisa no demostrada que no encuentra apoyo en la evidencia; aunque muchos todavía no se han enterado.

Por supuesto, Gülen no es el único que pretende que la verdad puede encontrarse en base a un concurso de popularidad. En su libro “las verdades robadas” el sacerdote católico Miguel Ángel Fuentes expone con mayor detalle el razonamiento que denomina “argumento por la creencia universal del género humano”:

El argumento se puede exponer diciendo: todos los pueblos, cultos o bárbaros, en todas las regiones del mundo y en todos los tiempos, han admitido la existencia de un Ser supremo. Ahora bien, como es imposible que todos se hayan equivocado acerca de una verdad tan trascendental y tan contraria a las pasiones, debemos admitir con la humanidad entera que Dios existe.

Primero que nada una observación importante: lejos de una creencia unificada sobre Dios la humanidad ha sostenido cientos de creencias contradictorias que Fuentes engloba de forma simplista en un solo costal: Están los politeístas y animistas que creen en decenas, cientos, o incluso miles de dioses, están los estrictos monoteístas que creen en un único dios; y están los cristianos trinitarios que creen en algo en el medio. Hay panteístas y que creen que el universo mismo es Dios; paganos que creen que ciertos objetos del universo son dioses, y deístas que creen en un Dios trascendente completamente separado del universo.Hay religiones que les conceden a los humanos libre albedrío, y otras que abogan por la predestinación. Unos predican la necesidad de salvación mediante buenas obras y obediencia a la tradición, mientras que otros sostienen que la redención sólo viene a través de un único acto de fe. Hay religiones que creen en la infalibilidad de su libro sagrado y en la necesidad de estudiarlo a fondo y poner en práctica sus enseñanzas, mientras que otras sostienen que el lenguaje humano es sólo un impedimento incapaz de aprehender o transmitir la esencia de la verdad absoluta. Hay religiones que predican el amor, la caridad y la compasión; y aquellas que promueven el odio, la división y el derramamiento de sangre. Hay credos tan lúcidos y racionales que creer en ellos es apenas diferente de no creer en absoluto, y hay cultos cuyas creencias y prácticas son completamente bizarras, con teologías que se asemejan a alucinaciones, sueños, o malas películas de ficción.

De hecho, pocas cosas avalan la naturaleza de la religión de un modo tan obvio como esto: la multiplicidad de creencias religiosas no refleja sino la diversidad y creatividad de la mente humana. Ebonmusings desarrolla este punto en detalle en un juego de trile cósmico.

Más adelante, dice Fuentes:

Según frase de Cicerón, aquello en que conviene la natural persuasión de todos los hombres, necesariamente ha de ser verdadero. Es un axioma del sentido común contra el que en vano protestan los materialistas modernos

Fuentes no nos dice cuales son esas “vanas” protestas o en que se basan, pero al parecer son tan frívolas que no merecen la pena ni considerarlas. Voy a tener que unirme entonces a “esos materialistas modernos” y contradecir a Cicerón: es perfectamente posible que la humanidad entera termine tragándose una falsedad; y para demostrarlo basta con ofrecer (al menos) un contraejemplo.

Adivinación: Sin importar el tiempo y lugar en el que estemos, lo más probable es que nos encontremos con una cultura en la que la creencia en la adivinación está bien generalizada. No se puede negar que los videntes han estado en fragante desacuerdo sobre cual es la mejor forma de hacerlo, al igual que en la religión, pero lo cierto es que se conocen decenas de antiguas estrategias para predecir el futuro basado en factores externos de lo más variados y azarosos: disparar flechas (belomancia), bastones (rabdomancia), huesos o cartas (sortilegios), hojas de té (taseografía), entrañas (aruspicia), cera derretida vertida en agua (ceromancia), manchas y lunares (melomancia), nubes (nefelomancia) y una larga lista de etcéteras. Y eso sin contar practicas como la astrología y la numerología; que siguen siendo muy populares hasta el día de hoy.

¿Cuál sería la explicación de Fuentes para dicha creencia? Si fuéramos a seguir su lógica, estaríamos obligados a concluir que de hecho hay personas que son capaces de predecir el futuro observando las estrellas o vertiendo cera derretida en agua fría. El problema es que la adivinación es una pseudociencia de aquí hasta el polo, y hasta la misma biblia condena explícitamente este comportamiento. ¿Por qué esta creencia generalizada no prueba su verdad? El argumento de fuentes termina casi socavándose a si mismo.

Tierra plana: La humanidad no solo ha vivido en el engaño con respecto a los fenómenos ocultistas, adorando a lo que veía y no al Dios verdadero,  debemos reconocer que «también ha habido creencias erróneas muy extendidas sobre la naturaleza del mundo, especialmente sobre la forma de la tierra. Hasta donde sabemos, todos o la gran mayoría de los pueblos de la antigüedad han descrito la tierra como un disco plano cubierto por un cielo sólido que se junta con la tierra en sus bordes.

Como sostiene Paul Seely:

Los pueblos científicamente ignorantes de todo el mundo concebían la tierra como un solo continente en forma de un disco circular plano. Hay raras excepciones, pero, en pocos casos han pensado a la tierra como un globo planetario.

El link de arriba lleva a un artículo con numerosos ejemplos de antiguas cosmologías tierra-planistas, y se pueden encontrar otros más en este artículo de la wikipedia. Así que el hecho de que todos los pueblos se han adherido a una descripción equivocada del mundo debería estar fuera de discusión razonable. A menos que uno se suicide intelectualmente y termine creyendo que la tierra de verdad es plana, este hecho por si solo es fatal para la tesis de Fuentes. Como hemos visto, tal axioma “del sentido común” se choca de frente con mucho de lo que sabemos sobre ciencia e historia; y por lo tanto podemos añadirlo sin más a la lista de pésimos argumentos para la existencia de Dios.

No obstante, Fuentes señala un punto importante que merece una consideración más a fondo; y es que, independientemente de si Dios existe o no, el carácter universal de la religión es un hecho que debe ser explicado. ¿Por qué la gran mayoría de los pueblo han reconocido alguna clase de divinidad a la que hay que darle culto? ¿Cómo explica un ateo que la humanidad entera se haya equivocado sobre ese aspecto? Podemos extender la pregunta de Fuentes y preguntar: ¿Por qué algunas ideas sobre el mundo llegaron a ser sumamente populares a pesar de su falsedad?

En el caso de la tierra plana la explicación es bastante simple: los antiguos creían que la tierra era plana porque la tierra “parece” plana. Es una creencia razonable hasta que uno se encuentra con datos como los ángulos que producen ciertos objetos con el sol, por lo que es natural que las personas que no tenían acceso a esos datos hubieran llegado a conclusiones equivocadas. Con la adivinación es un poco más difícil, pues no se sigue de ninguna observación natural. Algunos han sugerido que la atracción que siente el ser humano hacia la adivinación está asociada a la ansiedad que siente el ser humano por su futuro y por lo impredecible; otros investigadores, como Julian Jaynes, proponen que el efecto más importante de la adivinación está en que permite desplazar la responsabilidad en la toma de decisiones. De cualquier forma, el punto es que no es necesario que una creencia sea cierta para ganar una aceptación extraordinaria.

De la misma forma, que la humanidad tenga una creencia tan extendida en ídolos y deidades es un hecho que, desde un punto de vista evolutivo, pide a gritos una explicación. ¿Cómo es posible que haya individuos que se muestren dispuestos a sacrificar su tiempo, sus recursos, y hasta sus posibilidades de reproducción en aras de favorecer una idea religiosa? Tras considerar una pila de explicaciones simplistas al fenómeno religioso, Fuentes concluye que la única opción es que “la creencia de todos los pueblos sólo puede tener su origen en Dios mismo, que se ha dado a conocer, desde el principio del mundo”; pero la verdad es que Fuentes no ha tocado ni la superficie en lo que respecta a explicaciones naturalistas de la religión. En el 2007, Daniel Dennett publicó una lúcida presentación de varias de estas explicaciones; y su libro, “Romper el hechizo” es un excelente recurso para enterarse sobre el estado del arte del tema. Estén atentos, porque en un par de semanas estaremos haciendo una reseña del libro.»[4]

Conclución:

Este método de reflexión racional tampoco nos demuestra sine qua non que Dios existe, aunque tampoco su fracaso como método racional implica que Dios no existe, necesariamente, ya que esto implica un absurdo. Solo nos demuestra por un lado la continua imposibilidad de demostrar universalmente la existencia de Dios por medios racionales o filosóficos, por mas buena intención que estos tengan, y segundo, que aun hay mucho que la humanidad debe continuar investigando y que la ciencia irá decifrando acerca de las naciones y sus creencias religiosas.

¿Esta imposibilidad de demostrar racionalmente la existencia de Dios significa que pueden los ateos “probar” realmente que Dios no existe?

Leamos los argumentos que expone Doug Horchak, en este comentario al respecto.¿Cuáles son sus afirmaciones? Examinemos sus razonamientos y conclusiones. Entre los argumentos más comunes de los ateos en contra de Dios están:

Comparar al Dios de Israel con todos los demás dioses de la historia. En la mente de los ateos, todos los dioses tienen el mismo mérito. Según ellos, no hay ninguna diferencia entre Zeus, Tor, Baal, Vulcano, Visnú y el Dios de la Biblia. Afirman que todos los dioses han sido inventados por el hombre para satisfacer sus necesidades sociales y sicológicas.

Desacreditar el concepto de Dios debido a la violencia perpetrada en su nombre. Cuando los ateos analizan la historia, frecuentemente señalan el número de veces que se ha cometido violencia, genocidios, asesinatos, violaciones, muerte y guerras en el nombre de Dios. Ya sea la inquisición, las cruzadas o la depuración étnica en Kosovo y África, estos tipos de violencia son citados comúnmente como prueba de la hipocresía de la religión y el resultado de la creencia en Dios. Los ateos concluyen que es imposible que haya un Dios benévolo y amoroso detrás de todo eso.

• Imputar errores y engaño a las Escrituras. Muchos ateos niegan la existencia del Dios judeocristiano basándose en supuestas discrepancias de la Biblia. Algunos de los ejemplos de discordancia que esgrimen son ciertos temas relacionados con la historia, la ciencia, las enseñanzas de Jesús, la muerte, los asesinatos y las guerras. Según su razonamiento, si la Biblia se contradice a sí misma, es imposible que este libro represente la mente de un Dios omnisapiente.

• Mostrar que el paganismo es parte del cristianismo universal. Aunque el cristianismo tradicional afirma que sus orígenes provienen de los antepasados judíos y de los escritos de la Biblia, tanto Dawkins como Hitchens señalan el hecho de que gran parte de sus doctrinas, ceremonias, imágenes y cultos de adoración se originaron en prácticas paganas que en realidad la Biblia condena. Ellos señalan correctamente que los orígenes de la Navidad y de la Pascua de Resurrección provienen de Babilonia, Egipto y Grecia, no del verdadero Dios creador de la Biblia.

• ¡Concluir que el darwinismo tiene que ser cierto! Los ateos creen que hay una sola explicación en cuanto al origen y desarrollo de la vida: la evolución darviniana. La mayoría de los profesores, maestros y científicos en los campos de la zoología, antropología y biología creen y enseñan esta teoría como un hecho. Los ateos consideran que esta instrucción impartida por los educadores es una prueba aún más fehaciente de que no existe Dios.»[5]

«Otra vez, falta una dimensión que se ha perdido. El hecho es que efectivamente vivimos en un mundo que está confundido prácticamente en todo, incluso en sus conceptos acerca de Dios, la ciencia, la moral, la religión y la Biblia. Mientras mucha gente (como Hitchens y Dawkins) suponen que la historia de la humanidad y la religión representan el mejor enfoque de una visión universal centrada en Dios, ¡la verdad es todo lo contrario! La historia de la humanidad generalmente muestra el rechazo de Dios por parte del hombre. ¡La historia humana no representa lo mejor de Dios, sino lo peor del hombre!»[6]

Por varios miles de  años, desde la caída del hombre en pecado y su gradual alejamiento de Dios, este «ha estado ideando su propia perspectiva de la moral y la vida, lo que incluye varias formas de religión (islamismo, cristianismo, hinduismo, budismo, etc., etc.). Lo que vemos en la práctica, las enseñanzas y la historia de estas religiones casi siempre ha sido concebido y producido enteramente por seres humanos, ¡de ninguna manera por Dios!»[7]

San Pablo dice claramente que nos salvamos solo por la fe, y esto implica conocer a Dios también pro la misma fe.(Gálatas 2,16)

La Biblia de las Américas (© 1997 Lockman)

  • sin embargo, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino mediante la fe en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley; puesto que por las obras de la ley nadie será justificado”.

La Nueva Biblia de los Hispanos (© 2005 Lockman)

  • Sin embargo, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino mediante la fe en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la Ley. Puesto que por las obras de la Ley nadie será justificado.

Reina Valera (1909)

  • “Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para que fuésemos justificados por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la ley nadie sera justificado.

Sagradas Escrituras (1569)

  • sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesús, ella fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada. Cristo, nosotros también hemos creído en Jesús, el Cristo, para que fuésemos justificados por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada.

BJ

  • conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley sino sólo por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, pues por las obras de la ley  nadie será justificado. ”

notas

[1] A.H.Yetter, Principales doctrinas bíblicas vol. 1 Cursos por correspondencia,p.20, Publicación la Biblia dice, Quito, Ecuador

[2] Francisco La Cueva, Un Dios en Tres personas, p.35,Curso de Formación Teológica evangélica tomo II, Ed. Clie.

[3] Hebe H. R Vidal, Fundamentos de Filosofía,p. 93-94, libreria Huemul, 1970,Bs.As, Argentina
[4] http://www.ateosmexicanos.com/portal/index.php?option=com_content&view=article&id=122:omnipesencia&catid=34:articulos&Itemid=54
[5] Doug Horchak, http://www.lasbuenasnoticias.org/archivos/2009/bn022009/debate.htm
[6] Doug Horchak, http://www.lasbuenasnoticias.org/archivos/2009/bn022009/debate.htm
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