El Teólogo que Conspiró Contra Hitler


El Teólogo que Conspiró Contra Hitler

Enviado por: Creencias el Sábado, 17 de Noviembre de 2007 – 05:21 PM AT

Muerto cuatro semanas antes del término de la II Guerra Mundial en mayo de 1945, el teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer inspira, con la posición ética por la paz que defendió en vida, a pacifistas, estudiantes, teólogos, religiosos y militantes de derechos humanos mundo afuera. Sus cartas desde la prisión constituyen un tesoro teológico para nuestros días.

Entrevista a Harald Malschitzky por Edelberto Behs (ALC) Si estuviese vivo, habría cumplido 100 años el 4 de febrero último. Recordando la fecha, la Editora Sinodal lanzó el libro “Dietrich Bonhoeffer – Vida y Pensamiento”, de Werner Milstein. El año pasado, la Sinodal editó un compendio de meditaciones y escritos del teólogo alemán, comentados por el pastor Harald Malchitzky, de la Iglesia Evangélica de Confesión Luterana en Brasil (IECLB).
Bonhoeffer esbozaba su pensamiento teológico navegando por la dialéctica luterana. “El Dios que está con nosotros es el Dios que nos abandona”, decía el mártir asesinado por los nazis. En esa perspectiva, el cristiano precisa trabajar como si Dios no existiese, y al mismo tiempo, confiar en Él como si Dios hiciese todo.
De acuerdo con Bonhoeffer, la Iglesia sólo es tal cuando ella está ahí para los otros. Junto con otros teólogos luteranos y reformados, Bonhoeffer fue uno de los mentores y firmantes de la Declaración de Barmen, de 1934, cuando fue constituida la Iglesia Confesante, que tomó posición con coraje contra el Nazismo. “Jesúcristo, y no ningún hombre o el Estado, es nuestro único Salvador”, proclamaba la Declaración de Barmen.
Para hablar de Bonhoeffer, ALC entrevistó a Harald Malschitzky, ex-pastor regional y ex-secretario de Formación de la IECLB, orientador de estudios en la antigua Facultad de Teología, hoy Escuela Superior de Teología (EST), de São Leopoldo, y secretario ejecutivo del Programa de Becas de Estudio de la Iglesia. Malschitzky enfoca el Bonhoeffer que adoraba vivir, pero que no dudó en arriesgar la vida conspirando contra Adolf Hitler.

ALC – ¿De dónde viene su pasión por Dietrich Bonhoeffer?

Malschitzky – Desde mis tiempos de estudiante, en 1962, 1963. Viví en la Facultad de Teología uno de sus momentos “abrasileñamiento” (en Brasil, estudiantes de esa escuela recibían, entonces, influencia de la teología alemana). Uno de los temas que nos intrigaba era la relación de nuestra iglesia (Iglesia Evangélica de Confesión Luterana en Brasil – IECLB) con el germanismo, en los años 30 y 40 del siglo pasado, y la relación de los líderes con los teuto-cristianos en Alemania (que apoyaron el régimen nazi).
La Semana Académica de 1961 versó sobre Iglesia y Germanidad, cuando me interesé por el papel de la Iglesia en el III Reich y me puse a leer biografías. También leíamos a Karl Barth (teólogo reformado suizo que enseñó en Alemania, de donde tuvo que salir por no apoyar al régimen nazi) y ahí el nombre de Bonhoeffer también aparecía.
Después, ya en la parroquia, recibí el libro Encuentros con Dietrich Bonhoeffer como regalo. No hubo, pues, una pasión a primera vista, sino fue un proceso.

ALC – ¿LLegaste a realizar algún trabajo en la Facultad de Teología sobre Bonhoeffer?

Malschitzky – Cuando yo trabajaba en la Facultad de Teología, hoy Escuela Superior de Teología (EST), en São Leopoldo, estaba en agenda la pregunta sobre la seculoarización, cómo se ubica la Iglesia en un mundo secularizado. Bonhoeffer decía que tenemos que ser iglesia dentro de ese mundo secularizado.
Mas también es preciso decir que Bonhoeffer se equivocó. El habló de una época a-religiosa. Si miramos la sociedad brasileña y latinoamericana, veremos que somos bastante religiosos y no a-religiosos.
Ese proceso de secularización, esa distancia con la religión no sucedió en verdad. Lo que aconteció fue una pulverización religiosa. Mientras Bonhoeffer se preocupaba en cómo ser iglesia en un mundo secularizado, hoy la pregunta es cómo podemos tener una iglesia, con cierta identidad, dentro de un mundo lleno de religiosidades, mas no necesariamente ligada a una institución, cuadro típico de la pos-modernidad.

ALC – Esa sería, seguramente, la pregunta de Bonhoeffer hoy

Malschitzky – Seguramente se preguntaría cómo ser una iglesia que asume, o cuya teología también nos remite a un mundo concreto, cómo hacer eso cuando la religión hoy es casi siempre esa fuga del mundo. Siguiendo esa determinada religión yo permanezco en mi esfera privada y quedo en paz conmigo mismo y con mi Dios.
La pregunta de Bonhoeffer, hoy, enfocaría la cuestión de cómo ser iglesia. No una iglesia cerrada, sino una iglesia abierta. Bonhoeffer nunca quería la iglesia cerrada, tan to que él participó de los primeros pasos del movimiento ecuménico. Fue secretario de la Juventud Ecuménica, como jovem pastor.

ALC – Era el período de la ascensión del nazismo…

Malschitzky – Desde el inicio, la teología y acción que emprendió eran a favor de la paz. Eso queda claro cuando se dio cuenta de la necesidad de buscar ayuda en el mundo ecuméico para hallar fórmulas para aislar a Adolf Hitler y sacarlo del poder. Pero sin la utilización de la fuerza. Más tarde, entonces, con golpes de Estado, que también no tenían la idea de matarlo. Mas todos esos golpes fallaron.

ALC – ¿Bonhoeffer participó en todo eso?

Malschitzky – Él participó como consejero y en tercera etapa, cuando quedó claro que era preciso arrancar al malo del timón, ahí se involucra completamente. Bonhoeffer participó en el planeamiento de atentados contra Hitler. Decía que la Iglesia no podía quedar mirando a un conductor dirigir el carro a toda velocidad, matando gente. La Iglesia no podía limitarse a consolar a las familias y a los enfermos, los afectados por esa locura.

ALC – ¿Debido a eso fue apresado?

Malschitzky – Sí. Él fue apresado. Fue todo un proceso. Primero le prohibieron publicar sus libros, de ser profesor y después de ser pastor. Bonhoeffer se hizo conocido a través de las manifestaciones, y también en el exterior. Estuvo en Nueva, Barcelona, Londres, y en otros lugares, donde fue pastor de congregación, profesor, conferencista y participante en reuniones.
Cuando regresó de una de esas reuniones, simplemente le quitaron la cátedra. Estaba marcado. Su involucramiento con la resistencia continuó también cuando él estaba en la prisión. Ejemplo de eso es que del campo de concentración él avisó a la novia para que no estuviese en Berlín el 20 de julio de 1944 (aquel día sería perpetrado un atentado contra Hitler).

ALC – Pero ese atentado falló…

Malschitzky – Sí, y después de eso Hitler mandó matar a los que conspiraron contra su vida. Algunos se suicidaron, otros fueron asesinados, y Bonhoeffer fue transferido, a pedido del propio Hitler, a otra prisión. Ni la familia ni los amigos sabían dónde estaba preso. Perdieron contacto. La novia fue de prisión en prisión para saber de su paradero, mas no lo desubrió nunca. La muerte de Bonhoeffer fue descubierto sólo después. Murió el 9 de abril de 1945, en Flossenburg, al sur de Alemania.

ALC – En ese período pos-julio hasta su muerte, ¿Bonhoeffer escribió algún texto?

Malschitzky – Sí, Algunos borradores fueron encontrados escondidos entre las tejas de la prisión. Otros fueron mandados para fuera de la prisión, a través de otras pessoas.

ALC – Esa valorización de Bonhoeffer, hoy, no tiene que ver con un pensamiento tipo “gracias a Dios que ese hombre existió”, caso contrario la iglesia alemana estaría totalmente vinculada al Reich?

Malschitzky – Sin duda, pero la gente no debe olvidar que no fue Bonhoeffer solo. Bonhoeffer fue un exponente. Acabó siendo un mártir y eso le da un carácter especial. Martín Niemöller (pastor luterano) y tantos otros estuvieron presos en campos de concentración. Apenas para citar un otro ejmplo: Eberhardt Bethge, casado com un sobrina de Bonhoeffer y se convirtiera en su gran biógrafo, también estuvo preso.

ALC – ¿Esas personas no fueron convocadas para servir en el Ejército?

Malschitzky – Muchos fueron convocados. Un hermano de Bonhoeffer murió en la guerra. El  mismo tenía mucho miedo. No fue convocado porque tenía parientes en el Ministerio del Ejército. El gran miedo de él era ser convocado para la guerra.

ALC – ¿Miedo de quê? ¿De morir?

Malschitzky – Él decía: “Dios me libre de ir a ese ejército! Cómo voy balo el mando de un maluco disparar a alguien?” Tanto que en otro momento manifestó la idea de que la única salvación para Alemania sería perder la guerra.

ALC – ¿Cólmo se trabaja ese Bonhoeffer que dice”Dios que está con nosotros es el Dios que nos abandona”?

Malschitzky – Justamente esa es una parte que escandalizó a mucha gente: “El Dios que te abandona”. La idea motriz es que aquel Dios que, en un momento en que todo está perdido, desciende en una nube y pone orden en ese caos. Bonhoeffer decía: : “Nosotros tenemos que trabajar como si Dios no existiese”. Y tenemos que parar cuando no des más. Y al mismo tiempo tenemos que confiar como si Dios hiciese todo. Dentro de esa dialéctica se movió él.

ALC – ¿Que diría Bonhoeffer a esta sociedad multireligiosa de hoy?

Malschitzky – En este supermercado religioso que tenemos hoy lo que Bonhoeffer diria es lo que la gente es. La gente sólo es cuando lo es para los otros. Y ahí la gente se confronta, por ejemplo, con una Teología de la Prosperidad, que habla de los intercambios con Dios. El mostraría, que ese no es el camino del cristianismo. Eso de fomentar el narcisismo no es el camino.
Insistiría que la Iglesia sólo sirve si ella estuviera ahí para los otros y no se cierra en sí misma. Eso puede ser ilustrado con la célebre frase que él acuñó: “Quien no asume la causa de los judíos no tiene derecho de cantar gregoriano”. Eso es pesado, ¿no es? Hoy, tal vez diría que quien no asume las causas del mundo tampoco puede celebrar. Y al contrario, después de celebrar usted se pregunta qué hacer nuestra tarea en el mundo podemos celebrar.
La religión no puede ser instrumentalizada de forma utilitarista. Ella no se restringe a celebraciones, mas tiene que ver con la vida. Es una cuestión de ética, en un mundo u en un país donde la cuestión de la ética viene perdiendo espacio.

ALC – Pero iglesias trabajan en la perspectiva del éxito y buscan ampliar el número de fieles...

Malschitzky – Esa cuestión del éxito es complicada. Las iglesias históricas sufren presión porque los pentecostales crecen y los neopentecostales está ahí y van a ser mayoría en el mundo evangélico, o ya son. Es una presión que lleva a las iglesias históricas a la tentación de también ceder en su propuesta, en su proyecto y teología, y encaminarse por senderos más carismáticos. Entonces, esa es la dificultad mas grande.
Pero yo creo que Bonhoeffer no cedería. Si él tiene una lección que darnos, esa sería la cuestión de la paz, la cuestión de la responsabilidad del cristiano por la vida y por el mundo; temas que transcienden los límites de la Iglesia como tal.

ALC- Pensando en la Teología luterana, que enfatiza la teología de la gracia, que es un contrapunto extraordinario a ese espíritu consumista neoliberal, ¿por qué ese mensaje de la gracia no convoca?

Malschitzky – El ser humano precisa conquistar méritos, parece que nosotros somos construidos así. Teológicamente, eso debe estar vinculado a toda la cuestión del pecado, pero el ser humano precisa hacer méritos. Y esa libertad de hacerlo libremente, sin con eso tener mérito alguno, eso es muy difícil para nosotros.
Así somos nosotros y eso se refleja también en la iglesia. Y en la iglesia inclusive entre pastores, entre teólogos, también tiene que producirse esa misma cosa. La gracia no es sinónimo de pereza, pero nosotros invertimos el juego y creemos que tenemos que producir para poder mostrar resultados.

ALC – Pero la Iglesia Universal del Reino de Dios casi no trabaja con el pecado; el pecado no existe? No es un mensaje más agradable para los oídos sacar el pecado de la vida?

Malschitzky – La Iglesia Universal del Reino de Dios tiene objetivos diferentes. Ella tiene la dificultad de lidiar, por ejemplo, con la derrota del ser humano. Yo nunca vi un entierro realizado por alguien de ellos. Ahí los otros hacen, porque allí es el lugar de la gran derrota.
Si tú miras lo que las personas que frecuentan la Iglesia Universal del Reino de Dios quieren no es tanto la comunión, sino la experiencia religiosa individual, la cura, es salir con esa bendición de la prosperidad. Para la Universal, el pecado es el demonio que tiene que ser expulsado y ellos lo hacen a través del exorcismo. O sea, ellos liquidan el asunto de inmediato. Tú sales aliviado.
Tal vez nosotros no sepamos lidiar con esa cosa de manera correcta, pero yo no creo que la receta sería ir por ese camino de una Iglesia o de tantas otras.

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Fuente: http://www.creencias.com.ar/modules.php?op=modload&name=News&file=article&sid=110&mode=thread&order=0&thold=0

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