El Teólogo que Conspiró Contra Hitler

El Teólogo que Conspiró Contra Hitler

Enviado por: Creencias el Sábado, 17 de Noviembre de 2007 – 05:21 PM AT

Muerto cuatro semanas antes del término de la II Guerra Mundial en mayo de 1945, el teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer inspira, con la posición ética por la paz que defendió en vida, a pacifistas, estudiantes, teólogos, religiosos y militantes de derechos humanos mundo afuera. Sus cartas desde la prisión constituyen un tesoro teológico para nuestros días.

Entrevista a Harald Malschitzky por Edelberto Behs (ALC) Si estuviese vivo, habría cumplido 100 años el 4 de febrero último. Recordando la fecha, la Editora Sinodal lanzó el libro “Dietrich Bonhoeffer – Vida y Pensamiento”, de Werner Milstein. El año pasado, la Sinodal editó un compendio de meditaciones y escritos del teólogo alemán, comentados por el pastor Harald Malchitzky, de la Iglesia Evangélica de Confesión Luterana en Brasil (IECLB).
Bonhoeffer esbozaba su pensamiento teológico navegando por la dialéctica luterana. “El Dios que está con nosotros es el Dios que nos abandona”, decía el mártir asesinado por los nazis. En esa perspectiva, el cristiano precisa trabajar como si Dios no existiese, y al mismo tiempo, confiar en Él como si Dios hiciese todo.
De acuerdo con Bonhoeffer, la Iglesia sólo es tal cuando ella está ahí para los otros. Junto con otros teólogos luteranos y reformados, Bonhoeffer fue uno de los mentores y firmantes de la Declaración de Barmen, de 1934, cuando fue constituida la Iglesia Confesante, que tomó posición con coraje contra el Nazismo. “Jesúcristo, y no ningún hombre o el Estado, es nuestro único Salvador”, proclamaba la Declaración de Barmen.
Para hablar de Bonhoeffer, ALC entrevistó a Harald Malschitzky, ex-pastor regional y ex-secretario de Formación de la IECLB, orientador de estudios en la antigua Facultad de Teología, hoy Escuela Superior de Teología (EST), de São Leopoldo, y secretario ejecutivo del Programa de Becas de Estudio de la Iglesia. Malschitzky enfoca el Bonhoeffer que adoraba vivir, pero que no dudó en arriesgar la vida conspirando contra Adolf Hitler.

ALC – ¿De dónde viene su pasión por Dietrich Bonhoeffer?

Malschitzky – Desde mis tiempos de estudiante, en 1962, 1963. Viví en la Facultad de Teología uno de sus momentos “abrasileñamiento” (en Brasil, estudiantes de esa escuela recibían, entonces, influencia de la teología alemana). Uno de los temas que nos intrigaba era la relación de nuestra iglesia (Iglesia Evangélica de Confesión Luterana en Brasil – IECLB) con el germanismo, en los años 30 y 40 del siglo pasado, y la relación de los líderes con los teuto-cristianos en Alemania (que apoyaron el régimen nazi).
La Semana Académica de 1961 versó sobre Iglesia y Germanidad, cuando me interesé por el papel de la Iglesia en el III Reich y me puse a leer biografías. También leíamos a Karl Barth (teólogo reformado suizo que enseñó en Alemania, de donde tuvo que salir por no apoyar al régimen nazi) y ahí el nombre de Bonhoeffer también aparecía.
Después, ya en la parroquia, recibí el libro Encuentros con Dietrich Bonhoeffer como regalo. No hubo, pues, una pasión a primera vista, sino fue un proceso.

ALC – ¿LLegaste a realizar algún trabajo en la Facultad de Teología sobre Bonhoeffer?

Malschitzky – Cuando yo trabajaba en la Facultad de Teología, hoy Escuela Superior de Teología (EST), en São Leopoldo, estaba en agenda la pregunta sobre la seculoarización, cómo se ubica la Iglesia en un mundo secularizado. Bonhoeffer decía que tenemos que ser iglesia dentro de ese mundo secularizado.
Mas también es preciso decir que Bonhoeffer se equivocó. El habló de una época a-religiosa. Si miramos la sociedad brasileña y latinoamericana, veremos que somos bastante religiosos y no a-religiosos.
Ese proceso de secularización, esa distancia con la religión no sucedió en verdad. Lo que aconteció fue una pulverización religiosa. Mientras Bonhoeffer se preocupaba en cómo ser iglesia en un mundo secularizado, hoy la pregunta es cómo podemos tener una iglesia, con cierta identidad, dentro de un mundo lleno de religiosidades, mas no necesariamente ligada a una institución, cuadro típico de la pos-modernidad.

ALC – Esa sería, seguramente, la pregunta de Bonhoeffer hoy

Malschitzky – Seguramente se preguntaría cómo ser una iglesia que asume, o cuya teología también nos remite a un mundo concreto, cómo hacer eso cuando la religión hoy es casi siempre esa fuga del mundo. Siguiendo esa determinada religión yo permanezco en mi esfera privada y quedo en paz conmigo mismo y con mi Dios.
La pregunta de Bonhoeffer, hoy, enfocaría la cuestión de cómo ser iglesia. No una iglesia cerrada, sino una iglesia abierta. Bonhoeffer nunca quería la iglesia cerrada, tan to que él participó de los primeros pasos del movimiento ecuménico. Fue secretario de la Juventud Ecuménica, como jovem pastor.

ALC – Era el período de la ascensión del nazismo…

Malschitzky – Desde el inicio, la teología y acción que emprendió eran a favor de la paz. Eso queda claro cuando se dio cuenta de la necesidad de buscar ayuda en el mundo ecuméico para hallar fórmulas para aislar a Adolf Hitler y sacarlo del poder. Pero sin la utilización de la fuerza. Más tarde, entonces, con golpes de Estado, que también no tenían la idea de matarlo. Mas todos esos golpes fallaron.

ALC – ¿Bonhoeffer participó en todo eso?

Malschitzky – Él participó como consejero y en tercera etapa, cuando quedó claro que era preciso arrancar al malo del timón, ahí se involucra completamente. Bonhoeffer participó en el planeamiento de atentados contra Hitler. Decía que la Iglesia no podía quedar mirando a un conductor dirigir el carro a toda velocidad, matando gente. La Iglesia no podía limitarse a consolar a las familias y a los enfermos, los afectados por esa locura.

ALC – ¿Debido a eso fue apresado?

Malschitzky – Sí. Él fue apresado. Fue todo un proceso. Primero le prohibieron publicar sus libros, de ser profesor y después de ser pastor. Bonhoeffer se hizo conocido a través de las manifestaciones, y también en el exterior. Estuvo en Nueva, Barcelona, Londres, y en otros lugares, donde fue pastor de congregación, profesor, conferencista y participante en reuniones.
Cuando regresó de una de esas reuniones, simplemente le quitaron la cátedra. Estaba marcado. Su involucramiento con la resistencia continuó también cuando él estaba en la prisión. Ejemplo de eso es que del campo de concentración él avisó a la novia para que no estuviese en Berlín el 20 de julio de 1944 (aquel día sería perpetrado un atentado contra Hitler).

ALC – Pero ese atentado falló…

Malschitzky – Sí, y después de eso Hitler mandó matar a los que conspiraron contra su vida. Algunos se suicidaron, otros fueron asesinados, y Bonhoeffer fue transferido, a pedido del propio Hitler, a otra prisión. Ni la familia ni los amigos sabían dónde estaba preso. Perdieron contacto. La novia fue de prisión en prisión para saber de su paradero, mas no lo desubrió nunca. La muerte de Bonhoeffer fue descubierto sólo después. Murió el 9 de abril de 1945, en Flossenburg, al sur de Alemania.

ALC – En ese período pos-julio hasta su muerte, ¿Bonhoeffer escribió algún texto?

Malschitzky – Sí, Algunos borradores fueron encontrados escondidos entre las tejas de la prisión. Otros fueron mandados para fuera de la prisión, a través de otras pessoas.

ALC – Esa valorización de Bonhoeffer, hoy, no tiene que ver con un pensamiento tipo “gracias a Dios que ese hombre existió”, caso contrario la iglesia alemana estaría totalmente vinculada al Reich?

Malschitzky – Sin duda, pero la gente no debe olvidar que no fue Bonhoeffer solo. Bonhoeffer fue un exponente. Acabó siendo un mártir y eso le da un carácter especial. Martín Niemöller (pastor luterano) y tantos otros estuvieron presos en campos de concentración. Apenas para citar un otro ejmplo: Eberhardt Bethge, casado com un sobrina de Bonhoeffer y se convirtiera en su gran biógrafo, también estuvo preso.

ALC – ¿Esas personas no fueron convocadas para servir en el Ejército?

Malschitzky – Muchos fueron convocados. Un hermano de Bonhoeffer murió en la guerra. El  mismo tenía mucho miedo. No fue convocado porque tenía parientes en el Ministerio del Ejército. El gran miedo de él era ser convocado para la guerra.

ALC – ¿Miedo de quê? ¿De morir?

Malschitzky – Él decía: “Dios me libre de ir a ese ejército! Cómo voy balo el mando de un maluco disparar a alguien?” Tanto que en otro momento manifestó la idea de que la única salvación para Alemania sería perder la guerra.

ALC – ¿Cólmo se trabaja ese Bonhoeffer que dice”Dios que está con nosotros es el Dios que nos abandona”?

Malschitzky – Justamente esa es una parte que escandalizó a mucha gente: “El Dios que te abandona”. La idea motriz es que aquel Dios que, en un momento en que todo está perdido, desciende en una nube y pone orden en ese caos. Bonhoeffer decía: : “Nosotros tenemos que trabajar como si Dios no existiese”. Y tenemos que parar cuando no des más. Y al mismo tiempo tenemos que confiar como si Dios hiciese todo. Dentro de esa dialéctica se movió él.

ALC – ¿Que diría Bonhoeffer a esta sociedad multireligiosa de hoy?

Malschitzky – En este supermercado religioso que tenemos hoy lo que Bonhoeffer diria es lo que la gente es. La gente sólo es cuando lo es para los otros. Y ahí la gente se confronta, por ejemplo, con una Teología de la Prosperidad, que habla de los intercambios con Dios. El mostraría, que ese no es el camino del cristianismo. Eso de fomentar el narcisismo no es el camino.
Insistiría que la Iglesia sólo sirve si ella estuviera ahí para los otros y no se cierra en sí misma. Eso puede ser ilustrado con la célebre frase que él acuñó: “Quien no asume la causa de los judíos no tiene derecho de cantar gregoriano”. Eso es pesado, ¿no es? Hoy, tal vez diría que quien no asume las causas del mundo tampoco puede celebrar. Y al contrario, después de celebrar usted se pregunta qué hacer nuestra tarea en el mundo podemos celebrar.
La religión no puede ser instrumentalizada de forma utilitarista. Ella no se restringe a celebraciones, mas tiene que ver con la vida. Es una cuestión de ética, en un mundo u en un país donde la cuestión de la ética viene perdiendo espacio.

ALC – Pero iglesias trabajan en la perspectiva del éxito y buscan ampliar el número de fieles...

Malschitzky – Esa cuestión del éxito es complicada. Las iglesias históricas sufren presión porque los pentecostales crecen y los neopentecostales está ahí y van a ser mayoría en el mundo evangélico, o ya son. Es una presión que lleva a las iglesias históricas a la tentación de también ceder en su propuesta, en su proyecto y teología, y encaminarse por senderos más carismáticos. Entonces, esa es la dificultad mas grande.
Pero yo creo que Bonhoeffer no cedería. Si él tiene una lección que darnos, esa sería la cuestión de la paz, la cuestión de la responsabilidad del cristiano por la vida y por el mundo; temas que transcienden los límites de la Iglesia como tal.

ALC- Pensando en la Teología luterana, que enfatiza la teología de la gracia, que es un contrapunto extraordinario a ese espíritu consumista neoliberal, ¿por qué ese mensaje de la gracia no convoca?

Malschitzky – El ser humano precisa conquistar méritos, parece que nosotros somos construidos así. Teológicamente, eso debe estar vinculado a toda la cuestión del pecado, pero el ser humano precisa hacer méritos. Y esa libertad de hacerlo libremente, sin con eso tener mérito alguno, eso es muy difícil para nosotros.
Así somos nosotros y eso se refleja también en la iglesia. Y en la iglesia inclusive entre pastores, entre teólogos, también tiene que producirse esa misma cosa. La gracia no es sinónimo de pereza, pero nosotros invertimos el juego y creemos que tenemos que producir para poder mostrar resultados.

ALC – Pero la Iglesia Universal del Reino de Dios casi no trabaja con el pecado; el pecado no existe? No es un mensaje más agradable para los oídos sacar el pecado de la vida?

Malschitzky – La Iglesia Universal del Reino de Dios tiene objetivos diferentes. Ella tiene la dificultad de lidiar, por ejemplo, con la derrota del ser humano. Yo nunca vi un entierro realizado por alguien de ellos. Ahí los otros hacen, porque allí es el lugar de la gran derrota.
Si tú miras lo que las personas que frecuentan la Iglesia Universal del Reino de Dios quieren no es tanto la comunión, sino la experiencia religiosa individual, la cura, es salir con esa bendición de la prosperidad. Para la Universal, el pecado es el demonio que tiene que ser expulsado y ellos lo hacen a través del exorcismo. O sea, ellos liquidan el asunto de inmediato. Tú sales aliviado.
Tal vez nosotros no sepamos lidiar con esa cosa de manera correcta, pero yo no creo que la receta sería ir por ese camino de una Iglesia o de tantas otras.

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Agencia Latinoamericana y Caribeña de Comunicación (ALC)
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Fuente: http://www.creencias.com.ar/modules.php?op=modload&name=News&file=article&sid=110&mode=thread&order=0&thold=0

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Cristo, Señor de los no-religiosos

Dietrich Bonhoeffer:
Cristo, Señor de los no-religiosos

Arnaud CORBIC


“¿Cómo puede Cristo llegar a ser también Señor de los no-religiosos” en un “mundo adulto”, para el que “la hipótesis de Dios” resulta ya superflua? Ésta era la preocupación, a la vez existencial y teológica, del último Bonhoeffer en sus cartas de la cautividad. El autor del presente artículo, que ha publicado recientemente un opúsculo que lleva como subtítulo “Del penúltimo al último Bonhoeffer”, nos acerca a la última etapa de su vida y al testimonio de su muerte como discípulo de Jesús.

Publicación original: Dietrich Bonhoeffer, Seigneur des non-religieux, Études 3943(2001)371-382.

Edición en papel de esta edición electrónica: Revista “Selecciones de Teología” 161(2002)51-58

A partir del 5 de abril de 1943, en que fue encarcelado, Bonhoeffer no se encuentra en medio de universitarios y seminaristas, sino con prisioneros, hombres “no-religiosos” que pasan de Dios. La carta del 30.04.1944 marca un corte en su vida y en su pensamiento: ya no espera para él un cambio de situación. Las bombas amenazan con destruir la prisión de Tegel. Sabe por experiencia que “el mundo está determinado por poderes contra los que la razón no puede nada”. Sin embargo, se encara con el porvenir, no tanto el suyo como el de la humanidad y el del cristianismo. Es en este contexto en el que se pregunta teológicamente y de forma programática: “Cómo hablar del cristianismo al margen de todo lenguaje religioso? ¿Cómo hablar de Dios sin religión?”

Un lenguaje renovado

Si en la carta del 30.04.1944 formulaba Bonhoeffer estas preguntas, en la del 5.05. 1944 esboza una respuesta: hay que hablar de Dios “en la mundanidad” (weltlich: en la realidad de este mundo), tal como habla de Dios el AT, o sea, en la finitud y en las pasiones humanas, en el límite y en la realidad de las cosas, como lo que hace que el mundo sea mundo, mientras que el a priori metafísico impone al mundo hablar de Dios como fuera y más allá de los límites. EscribeBonhoeffer: “En este momento, mi reflexión se centra en cómo se podría renovar “laicamente” (weltlich: en la mundanidad) -en el sentido del AT y de Jn 1, 14- la interpretación de conceptos como arrepentimiento, fe, justificación, nuevo nacimiento, santificación”. Para él, en el AT, el más allá y la victoria sobre la muerte se viven siempre “en el más acá” (Diesseitigkeit) y remiten al hombre a la finitud en la historia.

En el Esbozo de un estudio, redactado en prisión, a propósito del tema mundanidad (Weltlichkeit) y Dios escribía Bonhoeffer que “nuestra relación con Dios no es una relación “religiosa” con el ser mas elevado, más poderoso, que se pueda imaginar -ahí no está la verdadera trascendencia-, sino que consiste en una nueva vida “para los demás”, en la participación en la existencia de Jesús. No son las tareas infinitas e inaccesibles las que constituyen la trascendencia, sino el prójimo que hallamos en nuestro camino”.

“El mundo, mayor de edad”

Entre el 30 de abril y el 18 de julio de 1944 toma Bonhoeffer una conciencia cada vez más aguda de que, a consecuencia de una evolución histórica producida principalmente por el siglo de las Luces, el mundo ha llegado a su mayoría de edad, ha adquirido una cierta autonomía, una autosuficiencia en numerosos ámbitos, y esto de manera irreversible.

El mundo ha aprendido a resolver todas las cuestiones importantes sin apelar a la “hipótesis Dios”. Y esto vale -para Bonhoeffer- no sólo para las cuestiones científicas y artísticas, sino también para las éticas e incluso para las religiosas. Corno en el ámbito científico, también en el humano, Dios es empujado cada vez más lejos, fuera de la vida: él pierde terreno.

Bonhoeffer analiza esta nueva forma que adopta el ateísmo en la modernidad. Hay en él un desplazamiento significativo: no se trata tanto de la negación de la existencia de Dios como de la afirmación de su inutilidad. Cuando el mundo era “menor de edad”, la “hipótesis Dios” poseía todavía su utilidad. Pero, alcanzada la mayoría de edad, el mundo pasa fácilmente de Dios. Es lo que Bonhoeffer constata en el contexto arreligioso de la prisión, sensible a este ateísmo práctico. Y da su diagnóstico:

“Las personas religiosas hablan de Dios cuando los conocimientos humanos (a veces por pereza) chocan con sus límites o cuando las fuerzas humanas fallan. En el fondo se trata de un deus ex machina que ellos hacen salir a escena para resolver problemas aparentemente insolubles o para intervenir en ayuda de la impotencia humana. En una palabra: explotan siempre la debilidad y los límites de los seres humanos. Evidentemente, esta manera de actuar sólo puede durar hasta el día en que los seres humanos, con sus propias fuerzas, harán retroceder un poco sus límites y en que el deus ex machina resultará superfluo”.

Y prosigue:

“Me gustaría hablar de Dios, no en los límites, sino en el centro, no en la debilidad, sino en la fuerza, no a propósito de la muerte y de la falta, sino en la vida y la bondad del ser humano. En los límites, me parece preferible callarse y dejar sin resolver lo que no tiene solución (…). Dios está en el centro de nuestra vida, estando más allá de ella”.

Bonhoeffer piensa a Dios en la positividad, en el centro de la realidad. El Dios viviente ha creado y crea el mundo. Éste posee su autonomía. Reposa en la mano de Dios. Y por esto Dios no tiene necesidad de intervenir en él de modo visible o milagroso. Pues, como Creador que es, constituye el centro absoluto de la realidad.

Bonhoeffer pone en guardia al teólogo contra toda apologético que intente probar a este mundo adulto que no puede vivir sin el “tutor Dios”. “Desearía llegar -escribe- a que Dios no sea introducido fraudulentamente por un vericueto hábilmente disimulado, sino que se reconozca simplemente el carácter adulto del mundo y del ser humano.” La mayoría de edad hay que comprenderla positivamente, “mejor de lo que ella misma se comprende, mediante Cristo y el Evangelio”.Y esto sin intentar “camuflar el ateísmo del mundo; por el contrario, es preciso quitarle el velo. Y es justamente así como cae sobre el mundo una luz sorprendente. El mundo adulto es un mundo sin Dios y por esto acaso está más cerca de Dios de lo que lo estaba el mundo menor de edad”.

“Etsi Deus non daretur”

Partiendo de la constatación empírica de la mayoría de edad del mundo, le dio Bonhoeffer una interpretación teológica con miras no sólo a la humanidad, sino también a la cristología, invitando a una nueva comprensión del ser humano y de Dios, que encuentra su fundamento en la cristología:

“No podemos ser honestos sin reconocer que es necesario que vivamos en el mundo etsi Deus non daretur.(…). Llegados a la mayoría de edad, hemos de reconocer de forma más verdadera nuestra situación ante Dios. Dios nos hace saber que es preciso que vivamos como seres humanos que llegan a vivir sin Dios. ¡El Dios que está con nosotros es el que nos abandona (Mc 15,34)! El Dios que nos deja vivir en el mundo sin la hipótesis de trabajo “Dios” es aquél ante el cual estamos constantemente. Ante Dios y con Dios vivimos sin Dios. Dios se deja desalojar del mundo y clavar en cruz. Dios es impotente y débil en el mundo y sólo así está con nosotros y nos ayuda. Mt 8,17 nos indica claramente que Cristo nos ayuda, no por su omnipotencia, sino por su debilidad y sus sufrimientos.”

“He aquí la diferencia decisiva con todas las demás religiones. La religiosidad del ser humano le remite en su miseria al poder de Dios en el mundo: Dios es el deus ex machina. La Biblia le remite al sufrimiento y a la debilidad de Dios. Sólo el Dios sufriente puede ayudar. En este sentido, se puede decir que la evolución del mundo hacia la edad adulta, haciendo tabla rasa de una falsa imagen de Dios, libera la mirada del ser humano para dirigirla hacia el Dios de la Biblia, que adquiere su poder y su lugar en el mundo por su impotencia.”

Esta es la radicalización cristológica operada por el último Bonhoeffer. El argumento cristológico es el de la redención en la pasión y crucifixión de Cristo. Dios ya no es el deus ex machine pretendidamente todopoderoso, hecho a medida de nuestras concepciones del poder, al que se puede apelar cuando uno está escaso de soluciones, sino que el Dios de la Revelación es el que nos abandona, el que nos salva por su receso y su impotencia en este mundo. Este es el Dios revelado, el Dios que ninguna sabiduría humana, ninguna religión, se ha atrevido a proponer. Pero hay que pesar las palabras: “Dios nos hace saber que es preciso vivir como seres humanos que llegan a vivir sin Dios. El Dios que está con nosotros es el que nos abandona. El Dios que nos deja vivir en el mundo sin la hipótesis de trabajo Dios, es aquél delante del cual estamos constantemente”.

Advirtamos que Dios continúa siendo el sujeto de todas las frases. Ni el cristianismo se convierte en ateísmo ni el ateísmo en cristianismo. Es la experiencia del ateísmo del mundo, llegado a su mayoría de edad, la que alcanza aquello que la Revelación cristiana tiene de único y que acontece en la cruz: es en la experiencia del receso de Dios como el ser humano se deja alcanzar por Dios. Igualmente, “vivir en el mundo etsi Deus non daretur”, o sea, como si Dios no fuese dado (se sobreentiende: como “hipótesis”), para el último Bonhoeffer, significa, no “como si Dios no existiese”, sino que Dios no puede ya ser presupuesto, precisamente en un “mundo llegado a la mayoría de edad” y arreligioso, para el cual “la hipótesis de Dios” resulta, en lo sucesivo, superflua.

“La disciplina del arcano”

Hasta tres veces menciona Bonhoeffer la “disciplina del arcano” . “Es necesario -escribe- restablecer una disciplina del arcano, por la que los misterios de la fe cristiana deben ser protegidos de la profanación”. Por analogía con la Iglesia antigua que no presentaba los misterios cristianos sin una larga iniciación, es preciso no mezclar la consolación de Dios con las realidades dramáticas del ser humano ni separar el cristianismo de la realidad.

Para el último Bonhoeffer, el cristianismo y la Iglesia no se diluye en el mundo, sino que la Iglesia sigue siendo una Iglesia de bautizados en Cristo, cuyo testimonio será precisamente oculto: “Nuestro ser cristiano no puede tener hoy sino dos aspectos: la plegaria y la acción por los seres humanos según la justicia.(…). La vida de los cristianos será silenciosa y oculta. Pero habrá seres humanos que orarán, actuarán con justicia y esperarán el tiempo de Dios”. La Iglesia es siempre Cristo bajo forma de comunidad, escondido entre los seres humanos, existiendo “para los demás”. Y viviendo de la sola gracia.
Para Bonhoeffer, hay asimismo una necesario pudor o interioridad de la fe, que no tiene nada que ver con la ostentación religiosa y que, por el contrario permite una presencia en el mundo más profunda y respetuosa de su autonomía. En una carta expresa así su malestar en presencia de los que hablan en una “terminología religiosa”:

“Me pregunto a menudo por qué un instinto cristiano me inclina con frecuencia hacia las personas que no son religiosas, más bien que hacia las que lo son. Y esto no con una intención misionera, sino casi fraternalmente. Mientras que, frente a personas religiosas, con frecuencia no me atrevo a pronunciar el nombre de Dios -porque tengo la impresión de que produzco un sonido falso y de que no soy honesto- (…) frente a personas no religiosas puedo ocasionalmente nombrar a Dios con toda tranquilidad y como algo que cae por su peso”.

Las realidades “últimas” y “penúltimas”

Por “realidades últimas” entiende Bonhoeffer el acontecimiento de la Revelación en Cristo y por “realidades penúltimas”, el mundo en que vivimos. Ahora bien, Cristo, la última Palabra que no pasará jamás y que pone su sello en todas las cosas, no sólo hace que “lo penúltimo” -las realidades humanas ordinarias y banales de la existencia- se presente, sino que se remite continuamente a ello. Para él, la fe nos remite, no a unos problemas religiosos, sino a nuestras tareas humanas: “Nuestra mirada se dirige hacia las realidades últimas, pero tenemos todavía nuestras tareas, nuestras alegrías y nuestros sufrimientos en esta tierra”.

“Sólo si se ama la vida y la tierra lo bastante para que todo parezca acabado cuando ellas están perdidas, se tiene el derecho de creer en la resurrección de los muertos y en un mundo nuevo (…). El que quiere pasar inmediatamente al NT, a mi juicio, no es cristiano (…). La última palabra no debe preceder a lo penúltimo. Vivimos en las realidades penúltimas y esperamos, en la fe, las últimas.”

Bonhoeffer utiliza aquí un argumento a fortiori -“Sólo si… “para significar que Cristo, con su santidad, no arrasa lo que precede, sino que asume y culmina infinitamente lo que ya era “bueno”, y en lo que él se apoya, superándolo, revelando así de nuevo el “precio”. Lo que hay de último y definitivo en la Revelación de Dios, precisamente en el hombre Jesús, no anula ni la realidad ni el valor -únicos- de lo que es “penúltimo”, terrestre, provisional y frágil, sino que lo eleva y lo “salva” para darle gratuitamente todo su valor. En este sentido, ya que lo “último”, que es Cristo, remite a lo “penúltimo”, que es el mundo con sus tareas humanas, “Cristo puede llegar a ser también el Señor de los no-religiosos”.

Llegar a ser “un ser humano y un cristiano”

Antes de desentrañar el contenido de la carta del 21.07.1944, conviene recordar el contexto: desde la prisión de Tegel, Bonhoeffer escribe a su amigo Bethge, el día siguiente del complot abortado contra Hitler, en el que él estaba implicado. Sabe que apenas queda esperanza para él, no sólo de salir en libertad, sino también en vida. Ahora bien, durante su cautividad encuentra personas que, sin invocar a Dios, permanecen profundamente humanas hasta el fin. Es en este contexto en el que él prolonga su cuestionamiento teológico: “¿Cómo puede Cristo llegar a ser también Señor de los no-religiosos?”.

En esta carta Bonhoeffer constata positivamente el proyecto del hombre moderno de llegar a ser humano sin “Dios”, sin un “Dios” que deshumanizaría, indicando al mismo tiempo el camino de humanización al que conduce el proyecto de llegar a ser más humano con el Dios revelado en el hombre Jesús. Recuerda que “el cristiano no es un homo religiosus, sino simplemente un hombre, como Jesús era un hombre por contraposición a Juan Bautista”.

Conviene evitar un malentendido. Sería un contrasentido tomar al Bonhoeffer de 1944-45 por un teólogo que anunciase un cristianismo secularizado, un humanismo modelado sobre el ateísmo, en que Jesús sería una referencia histórica entre otras. Bonhoeffer no se convierte en ateo. Hay que pesar todas las palabras de la carta del 21.07.1944:

“El cristiano es terrestre, no de manera anodina y banal, como la gente ilustrada, eficaces, indolentes o lascivos, sino que es disciplinado y el conocimiento de la muerte y de la resurrección está siempre presente en él. Creo que Lutero vivió de esta forma”.

Afirmar que “el cristianismo no es de este mundo” significa -para Bonhoeffer- que no es una religión, la cual:

1) apoyándose sobre un presupuesto metafísico, apunta a un más allá del mundo para huir de la realidad de este mundo;

2) apoyándose sobre el presupuesto de la interioridad o “alma”, por oposición a la exterioridad y a la historia, conduce al individualismo y a la autosatisfacción por las propias obras;

3) apoyándose sobre el presupuesto de la parcialidad, la religión se reserva un ámbito separado de lo profano: lo sagrado.

Pues bien, para Bonhoeffer, es ahí todavía donde la experiencia del ateísmo del “mundo que ha llegado a su mayoría de edad” alcanza el culmen de la Revelación divina. Pues, paradójicamente, Dios no se ha revelado en un hombre religioso en el triple sentido mencionado, sino en, por y como un ser humano (Mensch); no en un sacerdote, sino en, “ser humano sin más”; no en lo sagrado, sino simplemente en la vida humana. Jesús no es Juan Bautista: “Vino Juan Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y decís: Está endemoniado. Vino el Hijo del hombre que come y bebe, y decís: Mirad qué comilón y bebedor, amigo de recaudadores y pecadores”(Lc 7,33.34), o sea, de los “no-religiosos”.

Para Bonhoeffer, Cristo no es un hombre de lo sagrado, sino un homo humanus: un humano que vive lo humano con cada ser humano, revelando así la profundidad de gracia en lo interior mismo de lo humano. Para él, si Dios ha asumido plenamente nuestra humanidad en su Hijo, es bueno para el hombre ser hombre, llegar a serlo y seguir siéndolo, para ser, tras las huellas de Cristo, un hombre con y para los demás.

De la misma manera, si Dios lo ha creado todo y lo ha querido salvar todo en su Verbo hecho carne, todo lo que es carne, “la vida humana entera”, debe ser también el lugar de su presencia y no sólo el ámbito litúrgico. Es en este sentido como hay que comprender que “el cristiano es terrestre”. Consiguientemente, no es que el cristianismo esté reservado a una élite piadosa que crece al socaire de lo sagrado, si que el cristiano sigue a Cristo convirtiéndose radicalmente en hombre, y no con las prácticas religiosas. En este sentido, “Cristo puede llegar a ser también Señor de los no-religiosos”. El “ser cristiano” recibe de la Encarnación su significado último: es llegar a ser humano en el sentido pleno de la palabra, y seguir siéndolo en el contexto deshumanizante de la prisión. En la misma carta escribe Bonhoeffer:

“Sigo aprendiendo que es viviendo plenamente la vida terrestre como uno llega a creer. Cuando se ha renunciado completamente a llegar a ser alguien -un santo o un pecador convertido o un hombre de Iglesia- (…), a fin de vivir en la multitud de tareas, de cuestiones (…), de experiencias y de perplejidades(…), entonces uno se pone plenamente en manos de Dios, uno toma en serio, no sus propios sufrimientos, sino los de Dios en el mundo, donde vela con Cristo en Getsemaní (…); es así como uno llega a ser un ser humano, un cristiano”.

Tal es la radicalización cristológica operada desde el ángulo de la humanidad de Dios por el últimoBonhoeffer: llegar a ser un ser humano, y no sólo un “cristiano”, porque Dios mismo se ha revelado absolutamente en un ser humano -en Jesús- “con” y “por los demás”.

La muerte de Bonhoeffer, un lugar teológico privilegiado

Hasta septiembre de 1944, en la prisión disponía Bonhoeffer de libros, de posibilidad de escribir y de fumar. Después que el 22 deseptiembre la Gestapo descubrió papeles comprometedores para el grupo de Resistencia al que pertenecía, el 8 de octubre es trasladado de Tegel a la prisión de la Gestapo en Berlín y de allí a Buchenwald y finalmente a Flossenbürg. En adelante cesan las cartas y se rompen los contactos con el mundo exterior. Bonhoeffer sabe que va a morir. Podríamos terminar donde acaban sus cartas. Pero su muerte nos parece un lugar teológico privilegiado para meditar y orar, como lo muestra el relato de quienes pudieron tener algún contacto con él. Un oficial se expresa así:

“Bonhoeffer era todo humildad y serenidad. Me parecía siempre que irradiaba una atmósfera de bondad, de gozo, a propósito de los más pequeños acontecimientos de la vida, así como de profunda gratitud por el simple hecho de estar en vida (…). Fue uno de los raros seres humanos que he encontrado para el que Dios era una realidad, y siempre cercana.”

Un rabino, que no había conocido a Bonhoeffer, escribió a E.Bethge, después de la publicación de Resistencia y sumisión que Bonhoeffer le había hecho comprender por primera vez que se puede amar a Jesucristo. El médico del campo, al que Bonhoeffer fue conducido para ser ejecutado, relata así su muerte:

“He visto al pastor Bonhoeffer de rodillas delante de su Dios en intensa plegaria. La manera perfectamente sumisa y segura de ser escuchado, con la que este hombre extraordinariamente simpático oraba, me conmovió profundamente. En el lugar de la ejecución todavía oró, luego subió al cadalso. La muerte tuvo lugar en pocos segundos. Durante los cincuenta años que llevo de práctica médica no he visto morir a un ser humano tan totalmente abandonado en las manos de Dios”.

La muerte de Dietrich Bonhoeffer nos parece un lugar teológico privilegiado por cuanto, última y radicalmente, da testimonio de la unidad de la vida y del pensamiento de un ser humano, de un cristiano, de un teólogo: él realiza en su existencia lo que él ha pensado teológicamente. La inscripción grabada sobre la placa conmemorativa de la iglesia de Flossenbürg, donde fue ejecutado, -“Testigo de Jesucristo entre sus hermanos”- nos parece que expresa bien lo que Bonhoeffer no ha cesado jamás de ser durante su vida: un compañero de humanidad, el ser humano y el pastor que confiesa hasta el fin a Cristo, Señor.

Tradujo y condensó: Márius SALA 

Relat 292

http://www.mercaba.org/FICHAS/Relat/dietrich_bonhoeffer_cristo.htm 

 

LA ULTIMA CENA

LA ULTIMA CENA

Por: Jaime Ariansen Céspedes – Cenas Memorables 

 

JUEVES 6 DE ABRIL DEL AÑO 30,

AÑO 784 SEGÚN EL CALENDARIO ROMANO.

Sin lugar a dudas fue algo mas que una cena memorable. Los discípulos de Jesús no imaginaron que aquella noche, jueves 6 del mes de Nisan del año 30, recibirían la más grande lección de humildad y amor, y que participarían en un rito que adquiriría una nueva dimensión para la vida de los hombres. No sabían que recibirían el poder que les permitiría a través de una comida y de un brindis instaurar el Sacramento más eficaz de la gracia eterna, la Eucaristía, que es un supremo pacto de amistad entre los hombres.

La historia de esta cena memorable comenzó el primer día de los azimos, cuando sus discípulos acudieron a Jesús y le preguntaron: ¿Maestro, donde quieres que dispongamos la cena de la Pascua?…..

Jesús les respondió: en la ciudad encontraran a un hombre cargando un cántaro de agua, síganlo hasta la casa donde entre y le darán al dueño este recado: El Maestro dice: “mi tiempo se acerca; y deseo celebrar en tu casa la Pascua con mis discípulos”

Pedro y Juan fueron los encargados de cumplir los deseos del Señor y caminaron por las calles de Jerusalén buscando al hombre del cántaro.

Había un ambiente festivo en la ciudad, era vísperas de la Pascua, los judíos celebraban el día en que salieron de Egipto guiados por Moisés y por supuesto de la mano divina. Ese viaje lo recordaban con la palabra “Pesach” que significa el gran transito o el gran viaje y que se escribe en hebreo “Pascua”

Habían pasado varias horas, Pedro y Juan comentaban la extraña  pista ofrecida por Jesús para ayudarlos en el hallazgo del sitio adecuado para celebrar la Pascua. Ya que en esa época no era común hallar a un hombre cargando un cántaro, por que esta tarea era generalmente realizada por mujeres. Cuando estaban en plena conversación vieron en la cuesta principal de la ciudad a un hombre joven caminando con un cántaro de agua, tal como lo convenido lo siguieron hasta una mansión en la cumbre del cercano monte Sión, era la casa de la familia Marcos.

Cuando Pedro y Juan anunciaron los deseos del Maestro a Simón Marcos, este expreso su regocijo por recibir el privilegio de preparar en su casa la cena pascual para Jesús y sus doce discípulos.

A eso de las seis y media de la tarde, del Jueves 6 de Abril, cuando Jerusalén estaba en plena fiesta, Antonio,  el benjamín de los Marcos irrumpió en su casa, ingreso como una exhalación. Jadeante y sudoroso comunico a su padre que el Maestro se acercaba ya a la mansión, la expectativa y la alegría de la familia Marcos por recibir al Galileo para esta cena memorable no tuvieron comparación. 

Jahel Marcos se había  encargado de atender muy bien hasta él más pequeño de los detalles para este singular acontecimiento. Preparo para la cena, una ensalada con lechugas, perifollos con un suave aroma parecido al anís, un cardo llamado eringe y las imprescindibles yerbas amargas para recordar los días difíciles del éxodo, todos estos ingredientes sin hervir ni cocer, tal como lo marcaba la tradición.

En el jardín, uno de los sirvientes velaba que la candela no se extinguiera, hacia brillar con fuerza unas brasas de madera de pino, perfectamente circunscritas en un hogar a base de redondas piedras de río, mientras que el cordero pascual giraba en un seguro eje y se doraba lentamente, había sido rellenado con brotes de alhova, laurel, sal y pimienta y el vientre cerrado mediante largas y escogidas ramas de romero, que también estaban dispuestas alrededor de la pieza que había sido untada con una fina manteca mezclada con especias  para asegurar un  meticuloso asado.

El banquete se completaba con puerros,  guisantes, pan ácimo sin levadura, de simple preparación, era  denominado Matsoth y recordaba lo precipitado del viaje del éxodo de Egipto. También se sirvió nueces, almendras tostadas, higos y una compota llamada Jaroset preparada con  fruta machacada, vino y miel que tenia el propósito de aliviar el sabor de las obligadas yerbas amargas.

El vino había sido cuidadosamente escogido, procedía del Monte de Simeón, de gran prestigio en todo Israel era sin dudar el mejor de la región. Se bebía mezclado con agua.

Simón Marcos recibió en la puerta de su casa a Jesús y sus discípulos y les dio la bienvenida abrazando a cada uno de ellos e invitándolos a pasar al patio principal donde eran saludados por el resto de la familia. Ya en el patio y cerca donde se asaba el cordero pascual, Simón manifestó su alegría por ser su hogar el que tenia el singular privilegio de recibirlos e indico que les había preparado un  aposento especial en el segundo piso   donde celebrarían la cena de Pascua.

Los apóstoles fueron subiendo ordenadamente al segundo piso, por unas escaleras de piedra que comenzaba en la parte lateral de la casa y conducían a un amplio salón que había sido acondicionado, siguiendo las ordenes del maestro no habría servidumbre.

Saltaba a la vista que el puesto de honor correspondía al diván mas alto, situado al centro, y que tenia otros dos lugares preferentes, uno a su derecha y el otro a la izquierda. A los costados y un peldaño mas abajo, formando un U, habían sido colocadas dos mesas largas con cinco lugares cada uno, con sus respectivos divanes.

En una esquina  estaban dispuestos los lavabos, jofainas y toallas, para las obligadas abluciones de pies y manos. La costumbre judía señalaba que, antes de sentarse a la mesa, los comensales debían ser aseados por los sirvientes o por ellos mismos en forma ritual.

Al ingresar al salón, Judas se fue directamente al asiento colocado a la derecha del Maestro, manifestando su intención de acomodarse en él, como invitado preferido, esta actitud por parte de Iscariote subleva al resto de  los discípulos, produciéndose una desagradable discusión. Pero Judas ya se había instalado en el diván y Juan en uno de sus arranques, protestando, hizo otro tanto, apoderándose del puesto preferente de la izquierda.

Simón Pedro se sentía herido y defraudado por lo que llamo orgullo indecente de sus compañeros, especialmente de Judas, y visiblemente alterado, dio vuelta a la mesa, eligiendo entonces él ultimo puesto en jerarquía, a partir de ese momento, el resto se fue instalando donde buenamente pudo.

Cuando el Maestro apareció en el marco de la puerta, los doce se hallaban recriminándose mutuamente por lo sucedido, al verlo se hizo un brusco silencio. Mientras Jesús sé dirigía a su asiento al centro de la mesa superior para dar inicio a la Ultima Cena

 

Tadeo procedió a servir la primera copa, de la bienvenida, el discurso estuvo a cargo del Maestro. La tradición fijaba que después, los huéspedes deberían levantarse y lavar sus manos. Pero,  ante la sorpresa general, el rabí se incorporo, y se encamino silenciosamente hacia la esquina donde se encontraban las jarras de agua. Se quito la túnica, ciñiendose uno de los lienzos alrededor de la cintura. Después, cargando una jofaina y el agua, dio la vuelta completa a la mesa, llegando hasta el puesto menos honorífico; él lugar que ocupaba Simón Pedro y arrollidandose con gran humildad y mansedumbre, se dispuso a lavarle los pies, al verle, los doce se levantaron y del estupor pasaron a la vergüenza. Jesús les había dado una lección de consideración y caridad.

Después prosiguió lavando los pies del resto de los discípulos en medio del silencio general, cuando termino, lavo ceremonialmente sus propias manos en la esquina del salón y regreso muy despacio a su  sitio  de honor.

Estando ya comiendo, dijo: en verdad os digo que uno de vosotros me hará traición. Y ellos afligidos sobremanera, empezaron cada uno de por si a preguntar: Señor !?Acaso Yo?!. El Maestro en respuesta dijo:El que mete conmigo su mano en el plato para mojar el pan, ese es el traidor.

Mientras estaban cenando el cordero pascual. Tomó Jesús el pan y lo bendijo, y partió, y dioselo a sus discípulos, diciendo: tomad y comed; este es mi cuerpo.

Luego, tomo el cáliz, dio las gracias a Dios, lo bendijo, y lo ofreció, diciendo: bebed todos de el: por que esta es mi sangre, que será el sello del Nuevo Testamento, la cual será derramada por muchos para la remisión de los pecados.

Según se relata  el Maestro no probo el delicioso asado de cordero, solo pudo degustar algunas verduras y legumbres, incluyendo las yerbas amargas, así como el pan ácimo, vino con agua y un poco del postre Jaroset.

A las nueve y cuarto de la noche, poco antes de que fuera servida la tercera copa de vino, la de las bendiciones, Judas se paró y pidió permiso para salir un momento del aposento, pero no regresaría jamas,  estaba rumbo a la mayor traición de la historia.

Minutos después, Jesús, prosiguió su discurso manifestando, os declaro que no beberé ya mas, desde ahora, de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con vosotros del nuevo cáliz de  delicias en el reino de mi padre.

A las diez y cuarto de la noche, la familia Marcos se encontraba expectante en el patio principal de  su residencia, cuando inundó el ambiente el sentido himno que acompañaba a la cuarta y ultima copa de vino la de la despedida. Jesús y sus once discípulos estaban a punto de terminar esta cena memorable, luego los apóstoles empezaron a bajar, Jesús fue él ultimo, tenían que dirigirse al huerto de Getsemani a seguir protagonizando la etapa más importante de la historia de la humanidad.

20/03/2008 07:37 Autor: Jaime Ariansen Céspedes

¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico (XXXIV)

¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico (XXXIV)

David Stoll, ¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico

 

←  nódulo 2002 • capítulo 4 • páginas 89-92  →

El movimiento misionero evangélico

«Una de las primeras cosas que se aprenden en el trabajo misionero es que cuando arrojas tu pan al agua, éste regresa a ti en forma de solicitudes de dinero. Muchas veces, las cartas llegan a casa antes de tu retorno… La mayoría de gente a la que yo ministro alrededor del mundo sigue en contacto a través de una carta solicitando dinero.» 
—Monte Wilson{1}

El sur de California podría parecer un centro poco probable para la salvación del mundo. Sin embargo, esta Babilonia de los últimos tiempos fue la casa central de un mayor número de misiones cristianas que cualquier otra parte del globo.{2}Mucho antes de que el sur de California se convirtiera en una metrópoli, su clima primaveral atrajo a los buscadores de salvación, así como de buena salud y fortuna. Entre los hombres que se enriquecían en los auges y quiebras de la zona, algunos se hallaban preocupados por el pronto retorno del Señor. Dos de ellos, los fundadores del Union Oil Company, Lyman y Milton Stewart auspiciaron los librosThe Fundamentals, los mismos que, a principios del siglo veinte, dieron su nombre al fundamentalismo.{3} Lyman era también un colaborador financiero del Instituto Bíblico de Los Angeles. Por su Iglesia de la Puerta Abierta, cerca de la Biblioteca Pública de Los Angeles, pasaron los fundadores de dos grupos, los Traductores Wycliffe de la Biblia, y La Misión Nuevas Tribus, cuyos nueve mil misioneros han trabajado en más de 1.100 idiomas alrededor del mundo.

El sur de California les brindó a muchos la oportunidad de empezar nuevas formas de organizaciones religiosas. Al ser la capital de la industria cinematográfica, dio a los evangelistas nuevas técnicas para [90] atraer al público. A través de la radio o de películas, podían atraer a contribuyentes de todo el país. Debido a que millones de inmigrantes llegaban al sur de California, aquellos que tenían el hábito de ir a la iglesia ya no se sentían obligados a asistir a la misma denominación a la que asistía su familia en su lugar natal. Esto permitió a los pastores ansiosos de publicidad atraer a grandes congregaciones a su alrededor, creando las llamadas «super iglesias».

El sur de California no era un lugar especialmente piadoso. Un estudio de 1984 demostró que, en una mañana de domingo, dos de cada tres personas en el Condado de Orange preferían estar en otro lugar que no sea el templo. La asistencia al culto estaba por debajo el promedio nacional.{4} Pero aquellos que sí iban a la iglesia mantenían al sur de California como un semillero de experimentación religiosa, y su entusiasmo se encaminaba hacia muchas direcciones.

Una de ellas era idear nuevas estrategias para evangelizar al planeta. Esta fue la principal actividad de la Escuela Fuller de Misión Mundial, el Centro de Investigaciones Avanzadas de Misiones, de Visión Mundial, y el Centro Estadounidense para Misión Mundial, las cuales convirtieron al sur de California en la capital de la investigación misionera evangélica. Otra pasión era la lucha en contra del comunismo. Demagogos que se remontaban a la era de McCarthy, como el Dr. Fred Schwarz de la Cruzada Cristiana Anticomunista; contrabandistas de Biblias como el refugiado rumano Richard Wurmbrand; incluso una organización llamada Ministerios de Alto Riesgo («High Adventure Ministries»), que dirigía una estación de radio para el Mayor Saad Haddad, un líder cristiano en la guerra civil de Líbano.

Durante los años setenta, el mundo al que los evangélicos de California querían salvar comenzó a dirigirse hacia ellos. Millones de inmigrantes extranjeros que hablaban más de cien idiomas inundaron la región.{5} Muchos eran refugiados de las guerras asiáticas y centroamericanas dirigidas por dos políticos de California que contaron con el voto de muchos evangélicos para entrar en la Casa Blanca, Richard Nixon y Ronald Reagan. Pero la inmigración masiva únicamente parecía intensificar la determinación de evangelizar a todos [91] los pueblos y naciones. Fascinados por la llegada del año 2000, los evangélicos estaban determinados a acercarse a cada persona sobre la tierra con el ofrecimiento de la salvación. Desde sus iglesias, escuelas bíblicas y agencias misioneras, se estaban alistando para una evangelización sin precedentes, el de explicar la salvación en cada calle, comunidad y banda de radio del mundo.

La mayoría de hombres y mujeres que salían al extranjero eran especialistas –pilotos, sembradores de iglesias, lingüistas, profesores, radiodifusores. Traducían la Biblia, producían discos, cintas y programas de televisión en el idioma nativo, fundaban institutos bíblicos y estaciones de radio, administraban cursos por correspondencia, organizaban innumerables conferencias mundiales y trataban de saturar a países enteros con su mensaje. Existían misiones médicas, misiones para las universidades, incluso barcos cargados con cientos de jóvenes misioneros arando en los mares –el Doulos y Logos de la Operación Movilización, el AnastasiaGood Samaritan de la Juventud con una Misión. En montañas y selvas remotas, empresas aéreas como Alas de Socorro (Missionary Aviation Fellowship) mantenía líneas de abastecimiento, evacuaba a pacientes médicos y proporcionaba ayuda en los desastres. Apoyándolos se encontraban las organizaciones de ayuda y desarrollo –World Vision (Visión Mundial), World Relief (Auxilio Mundial), World Concern (Preocupación Mundial), World Neighbors (Vecinos Mundiales).{6}

Esto no era únicamente un esfuerzo norteamericano. También se obtenían fondos y voluntarios de Europa Occidental y del Tercer Mundo. Pero más de la mitad de los misioneros evangélicos del mundo venían de los templos de una próspera república, la cual iba a la cabeza del mundo en riqueza, poder, exportación de armas y de religión. Sin embargo, en medio de la arrogancia de esta nueva Roma, algunos evangélicos formulaban preguntas profundas sobre sus misiones. A pesar de la obsesión con los números y las tasas de crecimiento, los desacuerdos estaban en el aire.

En efecto, este capítulo examina los debates evangélicos sobre el trabajo misionero, empezando con un encuentro en 1974 conocido como el Congreso de Lausana. Proclamado como el amanecer de una nueva [92] era en misiones, Lausana agudizó las diferencias entre los neo-evangélicos y los fundamentalistas. Mientras que algunos de los primeros trataban de «contextualizar» el evangelio en términos locales, los últimos continuaban insistiendo en una sola interpretación correcta. Basándose en ese mismo movimiento de contextualización, los disidentes evangélicos criticaron al papel misionero en América Latina. A medida que las agencias norteamericanas más exitosas crecían hasta convertirse en «multinacionales misioneras», los críticos las acusaban de colocar a las iglesias latinoamericanas en un nuevo sistema de dependencia.

Notas

{1} Fishers and Builders (Tallahassee, Florida), noviembre de 1986.

{2} Stafford 1984: 16.

{3} Sandeen 1970: 188-191.

{4} Santa Ana Register, 24 de diciembre de 1984.

{5} Don Bjork, «Foreign Missions: Next Door and Down the Street», Christianity Today, 12 de julio de 1985, pp. 17-21.

{6} Johnstone 1982: 40-7.