¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico (XXXIII)

¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico (XXXIII)

David Stoll, ¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico

 

←  nódulo 2002 • capítulo 3 • páginas 86-88  →

La derecha religiosa y la misión mundial

Después de la Guerra de Vietnam y de los escándalos de Watergate, las misiones evangélicas comenzaron a distanciarse de la política exterior de Washington, por lo menos retóricamente. Algo similar había ocurrido hacia el fin de una era anterior de intervención militar, durante las décadas de 1920 y 1930, cuando los misioneros evangélicos criticaron a la diplomacia del «palo grande» en México y en el Caribe.{64} Durante los años setenta, incluso los conservadores reconocían que los misioneros no deberían envolver a la Biblia en la bandera norteamericana. Pero en la derecha religiosa, la lógica milenarista continuó [87] produciendo identificaciones entusiastas entre evangelizar al mundo y defender a los Estados Unidos.

Dichos pensadores razonaban que si Cristo no regresaría hasta que sus seguidores hubieran completado la Gran Comisión, difícilmente sería accidental que tan alto porcentaje de los cristianos del mundo vivan en los Estados Unidos. ¿No es verdad que el 70% de los cristianos preparados en el mundo y el 80% de sus recursos cristianos vienen de los Estados Unidos? ¿No ocurre lo mismo con el 90% de todo el dinero gastado en la evangelización del mundo?{65} Por tanto, seguramente los Estados Unidos cumplen un papel especial en el plan de Dios. A pesar de que no era el único país con el deber de completar la Gran Comisión, a quién más se ha entregado, es de quien más se necesita. Si los Estados Unidos habían sido bendecidos más que todas las otras naciones juntas, entonces era su deber soportar el llevar a cabo una gran parte de la tarea.

No obstante, se estaban realizando esfuerzos activos para detener la evangelización del mundo. ¿No se cerraba puerta tras puerta? Debido a que los Estados Unidos eran la oficina central de la misión mundial, numerosos evangélicos creían que debía ser un blanco especial para el demonio. Satanás sabía que tenía que destruir a los Estados Unidos como un bastión de santidad, como una nación misionera, antes de que se desate la destrucción a lo largo del mundo.{66} La maquinaria militar estadounidense era el instrumento de Dios para defender la paz y permitir que se conozca su mensaje de salvación.{67} Por consiguiente, los adversarios de Washington alrededor del mundo continuaban siendo los adversarios de Dios, y la evangelización del mundo dependía del poder estadounidense.

No todos los evangélicos norteamericanos estaban gobernados por esta lógica. A través de las páginas de Christianity Today, los intelectuales neo-evangélicos se lanzaron en su contra. Aún Billy Graham, el proponente más conocido del pensamiento de Biblia y bandera en décadas anteriores, la repudiaba. La derecha religiosa tampoco era la fuerza dominante en las misiones extranjeras. Pero con la teología del dominio, un poderoso sector reaccionario estaba reviviendo identificaciones entre Dios y los Estados Unidos. En las iglesias, el pensamiento chauvinista todavía tenía una enorme atracción. Como resultado, cuando estalló la [88] revolución cerca de casa, en América Central, pocos líderes evangélicos vieron la necesidad de defender su trabajo misionero de la política extranjera de los Estados Unidos.

Notas

{64} Townsend 1940 y Stam 1981.

{65} Bill Bright citado por Ron Boehme, director de YWAM-Washington, «Why is God Being Merciful to America?», cassette, 1986, Severna Park, Maryland: Maranatha Tape Ministry.

{66} Coronel Doner de Christian Voice, entrevistado en Christian Life, octubre de 1984, pp. 36-42.

{67} Jerry Falwell, citado en Conway y Siegelman 1984: 247.

¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico (XXXII)

¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico (XXXII)

David Stoll, ¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico

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Teología del dominio

Cuando los entusiastas hablaban acerca del dominio cristiano sobre la tierra, tendían a ser vagos al señalar si esto ocurriría antes o después del regreso de Cristo. La cronología precisa era un tema sobre el que la mayoría de los evangélicos preferían no discutir. Pero gran parte de la urgencia del fundamentalismo se debía a la inminencia del juicio final. Aquellos que hablaban a favor de la restauración de la iglesia, de la reconstrucción de los Estados Unidos sobre los fundamentos bíblicos, y de tomar el dominio sobre la tierra, invitaban a la controversia. Contradecían un dogma central del premilenarismo, según el cual un mundo sumido en el pecado solo podía ser rescatado por el retorno físico de Cristo.

En el congreso de 1986 de la Coalición para el Avivamiento, una amalgama de restauracionistas y reconstruccionistas, se proponían galvanizar a la iglesia para tomar el control de la sociedad. Los organizadores pensaban que no tenía sentido discutir sobre las cronologías milenarias. Esta era una actitud típica de evangélicos buscando la unidad, y los quinientos activistas no parecían estar muy interesados en sus diferencias al respecto. No obstante, mientras la mayoría tenía una formación premilenarista y se reportaba a grupos premilenaristas, algunos parecían neófitos recientes del postmilenarismo. Este es un cuadro muy diferente del final de los tiempos: Cristo regresaría a la tierra no en una terrible época de tribulación anterior al milenio, como lo ha señalado la tendencia premilenial, sino únicamente después de que sus confiados y victoriosos fieles hayan construido el reino de los mil años.

Otros participantes en la Coalición para el Avivamiento apoyaban a una nueva y politizada versión de lo que se llama el «amileniarismo». En el debate pre y postmilenial, ésta es una posición intermedia, la que generalmente ha descrito al Reino de Dios sobre la tierra más bien en términos espirituales: se dice que el Reino ya ha llegado, por ejemplo, en la forma de una iglesia victoriosa. En ese momento, sin embargo, los activistas de la derecha religiosa estaban dando al amileniarismo un [84] nuevo giro militante. Concluían que, como sirvientes de un Cristo presente en forma espiritual, co-gobernarían con Él sobre la Tierra.{55}

Distinciones como ésta pueden ser difíciles de entender, pero representan las teologías del poder de la derecha religiosa. Si los premilenaristas derivan su energía de la visión de una catástrofe inminente, los postmilenaristas y amilenaristas se inspiran en la idea de la construcción del Reino. Cada visión sitúa a los creyentes en el campo de batalla, entre el bien y el mal. A pesar de que los dos se contradicen entre sí, la derecha religiosa estaba tan envuelta en su poder emocional que combinaba sus imágenes del apocalipsis y del triunfo en nuevas formas dramáticas.

Sin importar que los activistas fueren pre-, post- o amileniales, esperaban tomar el poder. Según una nueva escatología conocida como la teología del dominio o del Reino, se estaban alejando del concepto tradicional de que Cristo regresaría hacia un remanente de cristianos asediados. Ahora, más evangélicos afirmaban que Cristo regresaría a un mundo ocupado y redimido antes de su llegada. La Gran Comisión se cumpliría únicamente cuando el Evangelio gobernara sobre todos los reinos del mundo y la mayoría de los habitantes aceptara a Cristo.

En todo el mundo, los pensadores del dominio creían que los cristianos tomarían el poder.{56} Las naciones que caían en deuda y en corrupción serían reconstruidas de acuerdo a patrones cristianos. Sus gobernantes mirarían a la Palabra de Dios como a una guía para asuntos económicos y exteriores. Los hombres de negocios serían honorables. Las ganancias mal obtenidas pasarían a manos de los cristianos, quienes las utilizarían para ayudar a los necesitados. Los periodistas cristianos finalmente dirían al mundo la verdad sobre todo. En América Latina, el derramamiento de sangre terminaría, y Cuba quedaría libre de la tiranía.{57}

Cuando los militantes de la derecha religiosa se alejaban del premilenarismo, a menudo trataban de disfrazar lo que estaban haciendo. No obstante, estaban empezando a criticar al premilenarismo como una «escatología de la derrota».{58}Algunos afirmaban que el error clave era la doctrina del «arrebatamiento». Esta es la creencia fundamentalista que, [85] en un momento estratégico, justo antes de la «gran tribulación» que precede al regreso de Cristo, los creyentes serían arrebatados «hacia el encuentro del Señor en los aires» (Tesalonicenses 4: 16-17). De acuerdo a la versión más popular del arrebatamiento, los cristianos verdaderos se salvarían, por consiguiente, del dolor y terror experimentados por el resto de la humanidad al fin del mundo.

Para un creciente número de militantes de la derecha religiosa, dicha creencia era demasiado conveniente. «La teología del arrebatamiento está enlazada con el escapismo», dijo Dennis Peacock a una asamblea en 1985. «Deja a la tierra al mejor postor, que es Satanás… El Padrenuestro… dice ‘vénganos Señor tu Reino.’ Hemos estado esperando que el Reino venga a salvarnos como una nave espacial, pero no lo va a hacer… Queremos que Dios resuelva nuestros problemas, con una mentalidad de un Dios de bienestar, [como si] Dios fuera el gran Washington, D.C., en el cielo. Hacia Él elevamos oraciones de bienestar en lugar de oraciones de poder. Pero la Biblia dice que seremos co-gobernantes con él.»

Peacock esperaba una división aguda en las iglesias evangélicas dentro de los próximos años. Mucha de la teología tendrá que ser escrita nuevamente, dijo a su pequeña audiencia. Dios tendrá que poner a la Iglesia de cabeza, es decir, del lado correcto, para permitir el drenaje de la teología y dar paso a lo que la Biblia dice en realidad. Se van a dar muchas disputas. A los cristianos bíblicos se les dirá que estaban cayendo en el evangelio social, que no estaban enseñando el evangelio de Jesucristo. Pero Dios estaba construyendo un nuevo gobierno en el exilio, el cual triunfaría.{59}

Mientras tanto, existía un problema de alianzas: ¿con quiénes podrían los cristianos unirse en una causa común? De acuerdo a los fundamentalistas de la escuela antigua, la asociación con los impíos para cualquier esfuerzo era «mundana». No obstante, los evangélicos de la derecha trabajaban con cualquiera que compartiera sus convicciones políticas, incluyendo a católicos y mormones. La más interesante de estas nuevas alianzas era con el Reverendo Sun Myung Moon. [86]

Moon era de Corea, en donde se solía decir que nacería un Mesías. Dicha tradición, sumada a su estancia en un campo de concentración comunista, determinó su objetivo en la vida: derrotar al comunismo por medio de la unificación de las religiones del mundo a su alrededor, de ahí el nombre de su Iglesia de Unificación. Durante los años setenta, Moon se trasladó a los Estados Unidos, en donde atrajo a miles de jóvenes americanos a su culto. Un factor a su favor era una impresionante serie de cuantas bancarias. El dinero, aparentemente, venía de su imperio de negocios, que estimaba controlar un billón de dólares en activos fijos.{60}En 1978, un panel del congreso norteamericano concluyó que otra fuente de dinero era la Agencia Central de Inteligencia Coreana, para la cual Moon parecía estar comprando influencias en Washington. Resultó ser que Moon estaba más interesado en evangelizar el centro de poder del mundo occidental. Su periódico,The Washington Times, incluía a ex oficiales de la CIA entre su personal, y seguía fielmente los temas de propaganda de la agencia.{61} El periódico tenía tanta influencia que un activista lo llamó la «circular» de la nueva derecha.{62}

Moon también estaba entregando dinero a sus aliados cristianos. Esto parecería ser como la promiscuidad normal en política, excepto por las doctrinas tan heterodoxas de Moon. Había líderes de la derecha religiosa, hombres que habían hecho carrera denunciando a liberales por venerar al hombre en lugar de a Dios, que ahora aceptaban dinero de un hombre cuyo objetivo era unificar al mundo a su alrededor como si fuera el Mesías, al igual que el anticristo en el libro de las Revelaciones.{63}

Notas

{55} Entrevistas del autor, Coalición para el Avivamiento, Washington, D.C., 2-4 julio de 1986. Para una exposición sobre las posiciones pre, post- y amilenaristas, véase Clouse 1977.

{56} Para los puntos de vista de Robertson, véase su libro The Secret Kingdom(Nashville, Tennessee: Thomas Nelson 1982) y Andy Lang y Fred Clarkson, «What Makes Pat Robertson Run?» Convergence (Washington, D.C: Christic Institute), primavera de 1988, pp. 17-23.

{57} Lee Grady, «A Declaration of Christian Dominion», Forerunner, octubre de 1984, pp. 15-17.

{58} Charles Mahaney, «From Fatalaism to Victory», People of Destiny, enero-febrero de 1985, p. 29.

{59} Dennis Peacocke, California Alliance, Capitol Christian Center, Sacramento, 21 de septiembre de 1985.

{60} Mariano Sotelo, «Moonies Bid for Power Throughout Latin America»,Latinamerica Press, 29 de septiembre de 1983, p. 5-6.

{61} Fred Landis, Media Line (San Francisco), septiembre de 1984.

{62} Ellen Hume, «The Right Stuff», Wall Street Journal, 17 de diciembre de 1985, pp. 1, 18.

{63} Carolyn Weaver, «Unholy Alliance», Mother Jones, enero de 1986, pp. 14-17, 44-46. Christianity Today, 19 de octubre de 1984, pp. 42-43; 14 de junio de 1985, pp. 55-58; 17 de enero de 1986, pp. 40-41; y 7 de noviembre de 1986, pp. 46-48.

¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico (XXXI)

¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico (XXXI)

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El renacimiento de restauración

El movimiento de restauración tenía el apoyo de algunos de los principales televangelistas, incluyendo a Pat Robertson. Pero a nivel de sus seguidores, consistía en una multitud de ministerios y de iglesias carismáticas. Varios de sus líderes salieron de las Asambleas de Dios, cuya combinación de fervor y supervisión había producido muchos empresarios espirituales que seguían su propio llamado. En América Latina, los restauracionistas estaban representados, principalmente, por nuevas misiones que formaban parte del tremendo fermento pentecostal. Pero su influencia también era visible en dos extensas organizaciones. Una era Juventud con una Misión (YWAM), la más grande de las agencias que envía miles de jóvenes norteamericanos en cortos viajes evangelizadores alrededor del mundo. Otra era la Fraternidad de Hombres de Negocios del Evangelio Completo (FGBMF), una red de clubes de hombres cuyos líderes –generalmente del «cinturón del sol» conservador del Sur y Oeste de los Estados Unidos– buscaban evangelizar a las elites políticas, militares y empresariales de América Latina.

Este era el ala más dinámica y expansionista del evangelicalismo norteamericano. Los carismáticos restauracionistas tendían a ser jóvenes, que recientemente habían dejado vidas de pecado y que todavía atravesaban crisis espirituales. Algunos eran un producto desorientado de la contra-cultura, en busca de un camino recto. Ciertos líderes eran ex-músicos de rock. Ocasionalmente, el magnetismo personal de los líderes, sus pretensiones de relaciones especiales con Dios, y las fuertes demandas sobre sus discípulos llevaban a acusaciones de que estaban [81] estableciendo cultos a su alrededor. Sin tradiciones firmes y sin autoridades superiores, excepto el mismo Señor, estas iglesias podían ser como «cañones sueltos» , capaces de provocar cualquier cosa. En un momento, parecían estar regodeándose en la auto-gratificación consumista del movimiento «nómbralo y exígelo». Al momento siguiente, se presentaban como las tropas de choque de la derecha religiosa.

Estos cristianos eran fundamentalistas en lo referente a la infalibilidad bíblica y a la necesidad de enfrentar al demonio. Algunos observadores dirían que eran fanáticos. No existía una sombra de gris en su universo moral, sólo negro y blanco, bueno y malo. Su creencia en la guerra espiritual –batallas con los demonios y liberaciones milagrosas– podía ser tan fuerte que parecía subyugar a la decencia humana. Pero los restauracionistas no predicaban que los cristianos debían apartarse del mundo. Al tolerar las diferencias doctrinales que los fundamentalistas de la escuela antigua no toleraban, evitaban algo del sectarismo que había vuelto famosos a estos últimos.

Una razón por la cual los restauracionistas mantenían cierta ecumenidad era su entrega a la política de derecha. Como resultado, ayudaron a unificar a la derecha religiosa. En asuntos extranjeros, su dogma central era identificar a los Estados Unidos con la mano derecha del Señor en la lucha contra el comunismo. Parecían no dudar sobre utilizar el armamento bélico norteamericano alrededor del mundo. Cualquiera que fuere la causa, debía ser justa.

El Maranatha Campus Ministries, uno de los nuevos grupos carismáticos que estaban penetrando en América Latina, ejemplificaba el estilo restauracionista. Maranatha ofrecía cultos entusiastas y fraternidades cálidas en sus cien congregaciones universitarias. Pero su concepción del mundo era extremadamente rígida, aún supersticiosa. «Nada es neutral en el mundo Maranatha», informó un ex-miembro. «O es el deseo de Dios o es la obra del demonio, hasta cuando se lava la ropa.»{50}

Maranatha era el trabajo de Bob Weiner, un joven ministro que se presentaba como un entrenador de fútbol. En una de sus concentraciones, en 1981, el ambiente era el de un día de entrenamiento después de haber perdido el último partido. El entrenador pensaba que su equipo [82] no estaba trabajando lo suficientemente duro. Mientras tanto, algunos de los padres que miraban desde los graderíos pensaban que Weiner estaba presionando demasiado duro. Se quejaron de que sus chicos estaban sufriendo extraños cambios de personalidad, estaban fracasando en la escuela y estaban entregando a Maranatha sumas de dinero destinadas para su educación. Cuando los padres transmitieron estas preocupaciones a Maranatha, una de las respuestas fue que el demonio los estaba utilizando.

Tras varios incidentes en los que padres de jóvenes maranathanistas secuestraron y «desprogramaron» a sus hijos, estudiosos evangélicos realizaron un informe. Concluyeron que Maranatha estaba reemplazando la autoridad de la Biblia con la autoridad de Bob Weiner. Entre otras cosas, los investigadores no estaban impresionados con las «palabras del Señor» –profecías o revelaciones divinas– con las cuales los líderes mantenían en línea a sus discípulos.{51} En Maranatha, el autoritarismo del movimiento pastoral se encontraba vivito y coleando.

Weiner también era conocido por «llamar a las tropas» –es decir, por ordenar manifestaciones universitarias a favor de causas como los contras nicaragüenses.{52} Con la creencia de que los contras eran luchadores cristianos de la libertad, los maranathanistas distribuyeron una publicación en la que ofrecían a los contribuyentes las envolturas de balas disparadas a los sandinistas.{53} Al señalar el peligro de un ataque soviético marítimo por la costa sur de los Estados Unidos, Maranatha publicó una encuesta que informaba que una gran mayoría de universitarios estaba deseosa de unirse a las fuerzas armadas para luchar en América Central.

De acuerdo al periódico de Maranatha, los cristianos norteamericanos tenían la responsabilidad de ser los guardianes de la libertad alrededor del mundo. Ahora que el presidente Reagan estaba tomando decisiones cruciales sobre Nicaragua, el periódico urgía a sus lectores a bombardear toda la situación con oración. Cualquiera que fueren las medidas militares a tomarse en los próximos meses, señalaba Maranatha, no se podía confiar en las armas. No, los cristianos deberían pedir al Señor una intervención sobrenatural en contra de la revolución sandinista. [83] Ninguna acción militar por parte de los Estados Unidos tendría éxito si los cristianos no luchaban en el reino espiritual.{54}

Notas

{50} Diane Divoky, «UCD Ministry: Evangelism or Mind Control?» Sacramento Bee, 4 de junio de 1984, pp. B1-2.

{51} Randy Frame, «A Team of Cult Watchers Challenges a Growing Campus Ministry», Christianity Today, 10 de agosto de 1984, pp. 38-43.

{52} John Fialka, «Fervent Faction», Wall Street Journal, 16 de agosto de 1985, pp. 1, 15.

{53} Freedom Fighter (Washington, D.C: Coalition for Democracy in Central America), enero de 1985, p. 12.

{54} Lee Grady, «Communist Aggression in Nicaragua», Forerunner, diciembre de 1984, pp. 17-19, 24.

¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico (XXX)

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La reconstrucción y la última lluvia

Basándose en el lenguaje bíblico sobre tomar el dominio de la tierra, la derecha religiosa empezó a hablar de «tomar el dominio» sobre la sociedad norteamericana y «reconstruirla» según los principios bíblicos. Leales a su perspectiva de conquista, algunos dieron el siguiente paso lógico: que la Biblia prometía a los cristianos el dominio político sobre todas las naciones. «La orden de nuestro General es que pongamos a las naciones del mundo bajo Su dominio», escribió un creyente. «Se nos ha ordenado disciplinarlos y se nos ha prometido que nuestro Señor permanecerá con nosotros hasta que se complete la conquista. Los líderes y las personas de las naciones que planeen renunciar a la regla de Dios están conspirando en vano. Se debe decir a los individuos y a las naciones: el Reino de Dios ha llegado y su crecimiento no tendrá fin.»{41}

Una fuente de inspiración para esta clase de pensamiento fue la teología de la Reforma, que descendía de Juan Calvino y su experimento en Ginebra. La derecha religiosa no era la única que acudió a la tradición de la Reforma como una guía para el papel de la iglesia en la sociedad. A lo largo del espectro político, los evangélicos hablaban sobre la necesidad no sólo de esperar pasivamente la segunda llegada de Cristo, sino también de promover los valores del Reino aquí y ahora. Algunos neo-evangélicos utilizaron los valores del Reino, como la justicia social, para hacer una distinción entre lo cultural y lo bíblico, para separar el auténtico mensaje del evangelio de las distorsiones realizadas por el hombre, y para emitir críticas radicales contra el evangelicalismo norteamericano.{42} [78]

Para el movimiento «Reconstrucción Cristiana», lo ideal era el regreso a la regla de Dios tal como la habían ejemplificado los puritanos que colonizaron América del Norte en el siglo diecisiete. Debido a que los reconstruccionistas se sentían también atraídos por la ideología ultraderechista de la supervivencia –el afán de almacenar armas y víveres para sobrevivir los últimos días– su idea de convertir a los Estados Unidos en una nación cristiana era una feroz combinación de teocracia y darwinismo social.{43} «Las así llamadas sociedades subdesarrolladas», escribió un iluminado reconstruccionista, «son subdesarrolladas porque son socialistas, demoníacas y malditas».{44}

Otra fuente de inspiración para la toma de dominio era una oscura tradición pentecostal conocida como la «última lluvia». Concebida como una emanación del Espíritu Santo, bañaba a la derecha religiosa y a algunas de las misiones más dinámicas para América Latina. La tradición se originó entre los evangélicos deseosos de obtener la misma clase de poder espiritual derramado por el Espíritu Santo en la época del Nuevo Testamento. Dicha «primera lluvia», decidieron, sería seguida por una «última lluvia» de milagros al fin del mundo. Los historiadores no han prestado mucha atención a la última lluvia. Sólo recientemente la influencia de sus enseñanzas ha sido tomada en cuenta.

Por lo menos parte de la presente difusión puede remontarse al descenso del Espíritu Santo durante los avivamientos a finales de los años 40, en el lugar poco probable de North Battleford, Saskatchewan. La ocasión fue un cisma local en la rama canadiense de las Asambleas de Dios. Los líderes de la división profetizaban un avivamiento universal, un movimiento poderoso del espíritu que arrebataría al mundo antes del regreso de Cristo. Declarando su nombramiento divino, anunciaron la restauración de los ministerios del Nuevo Testamento y se nombraron apóstoles y profetas. Extendiendo sus manos, impartían curaciones físicas y otros dones espirituales. Para sus seguidores, pronunciaban profecías detalladas que tenían que obedecer. Después de que surgió el temor de que se tomaran las Asambleas de Dios, los líderes fueron condenados como no-bíblicos y expulsados de las iglesias establecidas.{45}

Como lo sugiere el episodio, la lluvia espiritual de milagros y revelaciones fue demasiado trastornadora para las denominaciones pentecostales establecidas. [79] Para esta etapa, perseguían moderación y aceptación del mundo cristiano más extenso. Poco después, la última lluvia había caído en el olvido, dejando atrás únicamente a grupos separados que se consideraban los «hijos manifiestos de Dios» o los «vencedores». Creían que antes de la llegada de Cristo tomarían el dominio sobre la tierra y sobre la misma muerte.{46} Pero las ideas asociadas con la última lluvia persistían como una tradición esotérica que corría por debajo en el movimiento pentecostal. En el siguiente gran avivamiento pentecostal, con la renovación carismática de la década de 1960, estas ideas emergieron nuevamente en la forma de varias doctrinas.

Una de tales convicciones era que, a través del «poder de la palabra», los cristianos de elite podían dirigir eventos y gobernar el universo, una creencia popularizada en la «confesión positiva», también conocida como «nómbrala y exígela». Otra doctrina que nació de la última lluvia enfatizaba la sumisión a la autoridad espiritual: se manifestaba en el movimiento «pastoral» o «discipulado». Al igual que los mentores de la última lluvia, los líderes pastorales se consideraban apóstoles y profetas, practicaban la puesta de manos, y entregaban profecías para que sus discípulos las siguieran al pie de la letra.

Un argentino llamado Juan Carlos Ortiz –coincidentemente, cuñado del evangelista Luis Palau– desempeñó un papel prominente en la formulación de la doctrina pastoral. A pesar de ser expulsado de las Asambleas de Dios en su propio país, Ortiz y su sistema llegaron a los Estados Unidos a través de un grupo llamado Ministerios Cristianos de Crecimiento de Fort Lauderdale, Florida. A medida que los evangelistas de Fort Lauderdale establecían cadenas de sumisión hacia sí mismos alrededor del país, llegaron a tener demasiado éxito en la opinión del liderazgo pentecostal establecido, el cual les acusó de tomar un «control antibíblico» sobre sus seguidores y de «robar las ovejas» de otros pastores.{47}

Durante el escándalo resultante, el movimiento pastoral supuestamente ablandó sus prácticas autoritarias. Pero bajo el nombre de «renacimiento o avivamiento de restauración», los mismos líderes, junto con muchos otros nuevos, expandieron su agenda para los años ochenta.{48} En un momento en que muchos carismáticos habían perdido la esperanza [80] de renovar las denominaciones establecidas, los restauracionistas les urgían a desertar hacia nuevas asociaciones carismáticas que «restaurarían» la auténtica iglesia del Nuevo Testamento.{49} Los restauracionistas también esperaban que un avivamiento masivo arrebataría al mundo y anunciaría el Reino de Dios. Sobre la base de una iglesia restaurada, el mundo se construiría nuevamente. En cuanto a su propio papel, se consideraban como co-gobernantes con Cristo, como señores espirituales de un nuevo orden del mundo. Entre ellos se encontraban los consejeros religiosos que rodeaban al dictador evangélico de Guatemala, Efraín Ríos Montt.

Notas

{41} Monte Wilson de Fishers and Builders, en Tallahassee, Florida, «The Nations of the World Are His!» Forerunner (Gainesville, Florida: Maranatha Campus Ministries), agosto de 1986, pp. 20-21.

{42} Christianity Today, 5 de septiembre de 1986, pp. 30-31.

{43} David Rausch y Douglas Chismar, «The New Puritans and their Theonomic Paradise», Christian Century, 3 de agosto de 1983, pp. 712-715.

{44} Gary North, citado por Rodney Clapp, «Democracy as Heresy», Christianity Today, 20 de febrero de 1987, pp. 17-23.

{45} Darrand y Shupe 1983: 33-59, véase también Holdcroft 1980.

{46} «The Manifest Sons of God», 1985, y «Satan Unmasked», s.f. [folletos], Sacramento, California: Apologetics Resource Center.

{47} Edward E. Plowman, «The Deepening Rift in the Charismatic Movement»,Christianity Today, 1º de octubre de 1975, pp. 52-54. John Maust, «Charismatic Leaders Seeking Faith for Their Own Healing», Christianity Today, 4 de abril de 1980, pp. 44-46. Berberian 1983: 40-41, 82-109.

{48} Para la descripción de un movimiento similar en Gran Bretaña, véase Walker 1985.

{49} Larry Tomczak, «God’s Solution to the Current Crisis», People of Destiny(Wheaton, Maryland), septiembre-octubre de 1983, pp. 4-9.

¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico (XXIX)

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Dispensacionalismo nuclear

Los premilenaristas siempre han mirado al fin del mundo con cierto anhelo. Los últimos días no solo serán catastróficos, sino que los premilenaristas realmente dedicados están haciendo todo lo posible para acelerar su llegada. En la década de 1980, más y más personas se estaban convirtiendo en activistas en este sentido, como si el Señor necesitara su ayuda para llevar a cabo su plan. Al cumplir personalmente ésta o aquella profecía, esperaban inclinar la decisión del Señor. Tal vez el esfuerzo más popular, y el menos amenazador, era completar el evangelismo del mundo, basado en Mateo 24:14, que «será predicado este evangelio del reino en todo el orbe, para que su testimonio llegue a todos los pueblos; y entonces vendrá el fin.» [76]

Otros intentos por cumplir profecías eran más alarmantes. Pongamos como ejemplo la campaña para reconstruir el Templo en Jerusalén. Debido a que para esto se debía demoler un santuario musulmán que se encontraba en el mismo lugar, esto podría hacer estallar la guerra santa que los premilenaristas predecían.{36} Luego, existía el dispensacionalismo nuclear. Al interpretar la Biblia a la luz de sus preocupaciones geopolíticas, algunos premilenaristas aclamaban a las armas nucleares como instrumentos divinamente ordenados. Tal vez el inminente resplandor atómico era el amanecer del Reino milenario. Ya sea que detone la acción final de la historia o que simplemente defienda a la Iglesia en contra del ateísmo mundial, el dispensacionalismo nuclear captó la imaginación de la derecha religiosa. «El desarrollo de las armas nucleares era parte del plan de Dios», exclamó Ed McAteer, director de la Mesa Redonda Religiosa. «La guerra nuclear podría ser el cumplimiento de la profecía. Necesitamos estar preparados. Antes de que nosotros nos vayamos, ellos se van. Puedo decir aquello con toda la conciencia de un buen cristiano.»{37}

Como lo sugiere esta clase de pensamiento, el premilenarismo era una doctrina ortodoxa, la cual, al ser llevada lo suficientemente lejos, trastornaba al cristianismo en todo sentido. La creencia en el regreso del Señor podía degenerar en un entusiasmo por nuevos sistemas de destrucción masiva, oposición a las negociaciones con la Unión Soviética, e incluso en la resignación frente al holocausto nuclear. «Aquellos que se suscriben a este fatalismo del último día», escribió Tom Sine, «concluyen que nada se puede hacer para alterar la plaga creciente de la pobreza mundial, cambiar las injustas estructuras económicas, o promover al Reino de Dios aquí en la tierra… Algunos parecen sentir satisfacción frente a los desastres globales que confirmarían sus escenarios del fin de los tiempos… Estoy convencido de que los poderes de la oscuridad han llevado a cabo una estratagema asombrosa».{38}

Cuando la simpatía de Ronald Reagan con el dispensacionalismo nuclear se convirtió en un tema electoral de 1984, los evangélicos moderados lo desaprobaron.{39} Hasta la derecha religiosa comenzó a dudar de la eficacia de sus entusiastas profecías del Juicio Final; las imágenes del desastre apocalíptico no eran la mejor forma para atraer a los correligionarios hacia la arena política. Ahora que los Estados Unidos regresaban [77] hacia la grandeza bajo la administración de Reagan, los discursos sobre el inminente colapso nacional parecían inapropiados. Una cosa era segura: la derecha religiosa estaba cansada del retraso político de sus correligionarios. «Confío en que sepas que nuestro destino es el gobernar las naciones», exclamó un pastor en una asamblea en Sacramento, California. «Nuestro gran problema es que nosotros no podemos encontrar cristianos que gobiernen su propio vecindario, no se diga una ciudad, un condado, o un estado.»{40}

Notas

{36} Barbara y Michael Ledeen, «The Temple Mount Plot», The New Republic, 18 de junio de 1984, pp. 20-23.

{37} Tom Sine, «Bringing Down the Final Curtain», Sojourners, junio-julio 1984, pp. 10-14.

{38} Ibid.

{39} «Critics Fear That Reagan is Swayed by… a ‘Nuclear Armageddon’», Christianity Today, 14 de diciembre de 1984, pp. 50-51.

{40} Dennis Peacocke, California Alliance, Capitol Christian Center, Sacramento, 21 de septiembre de 1985.

¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico (XXVIII)

¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico (XXVIII)

David Stoll, ¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico

←  nódulo 2002 • capítulo 3 • páginas 72-75  →

La lucha por la NAE y los Bautistas del Sur

Después de que Jerry Falwell anunció que la derecha religiosa iba a «secuestrar» a los evangélicos de sus líderes moderados, Billy Graham expresó sus dudas. Bueno, decía Graham, Falwell probablemente no representaba más que el 10% de los evangélicos.{24} El evangélico más conocido del mundo no apoyaba a la derecha religiosa: pensaba que ésta había abusado de la religión en la campaña presidencial de 1984. A pesar de ser amigo de Ronald Reagan durante treinta años, Graham estaba en desacuerdo con «muchas» de las políticas del presidente.{25} En América Latina, los discursos sobre mantener a la iglesia fuera de la política se utilizaron en contra de la izquierda. Pero cuando Graham advirtió a los norteamericanos que no equipararan al evangelio con un sistema político particular, él los estaba previniendo en contra de la derecha religiosa.

Se había emprendido una batalla para el alma del evangelicalismo norteamericano, entre fundamentalistas que ligaban su fe al reaganismo, y evangélicos que deseaban mantener la acostumbrada distancia entre la iglesia y el estado. Un lugar para mirar la contienda era la Asociación Nacional de Evangélicos (NAE). Con cuarenta y cinco denominaciones y más de doscientas agencias como miembros, la NAE era el organismo [73] más representativo del espectro evangélico. Un frente en el que la NAE era vulnerable a ataques fundamentalistas era la doctrina de la infalibilidad bíblica. El concepto era tan divisorio y frágil que, desde el origen de la asociación, sus fundadores neo-evangélicos habían tratado de acabar con él. Sin embargo, mientras los fundamentalistas reaccionaban contra las innovaciones neo-evangélicas, insistían en que la infalibilidad bíblica era una prueba de fe importante, una prueba que muchos seminarios y universidades de la NAE no podían pasar.

El otro frente en el que la NAE tenía que defenderse era el de la política. Específicamente, ésta tenía que soportar a las nuevas organizaciones que marchaban cada año a Washington D.C., con banderas flameantes –la Mayoría Moral de Jerry Falwell, la Voz Cristiana del Coronel Doner, la Mesa Redonda Religiosa de Ed McAteer, el Concilio de Libertad de Pat Robertson, la Fundación de Fe para América de John Conlan, la Coalición Americana para Valores Tradicionales, de Tim LaHaye, la Coalición para el Avivamiento de Jay Grimstead– cada uno prometiendo salvar a los Estados Unidos para Dios. Reflejando los deseos de sus miembros, la NAE se unió a ciertas campañas de la derecha religiosa como aquellas en contra del aborto y de la pornografía. En su convención de 1984, el presidente Reagan habría podido predicar la intervención militar en América Central con grandes aplausos.{26} Los líderes de la NAE, no obstante, no se mostraban muy partidarios con respecto a la derecha religiosa; desconfiaban de sus cruzadas y prevenían la reducción de la iglesia a un programa político.{27}

Para ilustrar los planes que la derecha religiosa tenía para su asociación, los oficiales de la NAE podían contemplar el espectáculo de su descendencia de mayor influencia, la National Religious Broadcasters (NRB, Difusores Religiosos Nacionales). Un producto de la lucha fundamentalista por incursionar en la radio y en la televisión, la NRB defendía los intereses de los difusores de radio y televisión que, en algunos casos, estaban obteniendo fondos con métodos dignos de un vendedor ambulante de medicinas. Los perdedores eran las iglesias locales, de cuyos miembros estaban obteniendo cantidades de dinero. En 1981, el presidente del Instituto Bíblico Moody advirtió que ministerios paraeclesiales como éstos se estaban convirtiendo en la cola moviendo al perro.{28}

La convención anual de la NRB en Washington D.C. se estaba convirtiendo en un circo para la derecha religiosa. Ronald Reagan era un participante regular. Los oradores levantaban los ánimos a favor de las «guerras de liberación» subsidiadas por la CIA. En 1983, la convención entregó al Presidente de Guatemala, Efraín Ríos Montt, un premio por servicio cristiano meritorio.{29} Sin embargo, no todos estaban complacidos por la transformación de NRB en una pre-convención para el Partido Republicano; de acuerdo a los miembros que estaban disgustados por esta obvia politización, se estaba convirtiendo en los Difusores Republicanos Nacionales.{30}

La derecha religiosa también logró captar el timón de la denominación protestante más grande del país, la Convención de Bautistas del Sur (SBC). A pesar de su reputación conservadora, esta «Iglesia Católica del Sur» ocultaba una tendencia teológica moderada además de fundamentalista. En política, los bautistas del sur iban desde la extrema derecha hasta el liberalismo cauto de Jimmy Carter. Cuando la derecha religiosa trató de utilizar la denominación para sus propósitos, fue impedida por los moderados a cargo de la maquinaria institucional.

Un tema en el conflicto resultante era la integridad doctrinal. Los fundamentalistas argumentaban que los liberales estaban tomando los seminarios y misiones SBC. Otro era el papel de la denominación en la política secular. Es importante recordar que, más que cualquier otra tradición cristiana, los bautistas fueron los pioneros en la separación entre la iglesia y el estado. En contraste con los moderados, quienes deseaban mantener el principio de la separación, los fundamentalistas querían convertir al SBC en una base de poder para una nueva ciudad de Dios.

Pronto los enfrentamientos en las convenciones anuales de la SBC se convirtieron en el deporte favorito del espectador en el evangelicalismo norteamericano. A medida que los moderados perdían control, acusaban a sus adversarios de utilizar tácticas nada éticas, como manipular a las delegaciones.{31}Al captar la presidencia de la SBC año tras año, los fundamentalistas obtuvieron el control de los nombramientos para los directorios. A través de éstos, a finales de la década de 1980, comenzaron a tomar control de los seminarios y agencias de la denominación. [75]

Una de las misiones evangélicas más grande se encontraba en juego, con 3.597 misioneros de carrera y otros 6.759 de término corto en 1985. En América Latina, 1.276 misioneros trabajaban con las denominaciones nacionales afirmando tener 17.500 puntos de predicación y 900.000 miembros.{32} Dada la proclividad fundamentalista por purgar a los liberales sospechosos, el presidente de la misión advirtió que la imposición de una rígida definición de la infalibilidad bíblica socavaría el esfuerzo de la SBC por evangelizar al mundo. Las campañas fundamentalistas para definir posiciones sobre la política extranjera norteamericana pusieron en peligro la norma de neutralidad política de la misión.{33} Es decir, esto convertiría a los misioneros bautistas del sur en personas aún más vulnerables de lo que ya eran para los secuestros y las represalias.

A pesar de hablar sobre un posible cisma en la SBC, poco se dudaba sobre qué facción llevaría consigo a la mayor parte de las iglesias. La derecha religiosa parecía reflejar y reforzar los sentimientos dominantes en las iglesias evangélicas de los blancos. De acuerdo a una investigación realizada por James Guth, entre 1981 y 1984, los ministros bautistas del sur que se identificaban como republicanos aumentaron del 29 al 66%.{34} En un evento de la NAE en 1986, en Washington D.C., una encuesta de 110 evangélicos indicaba que únicamente el 12% planeaba votar por un candidato demócrata en la siguiente elección presidencial.{35}

Notas

{24} Kenneth L. Woodward, «The Split-Up Evangelicals», Newsweek, 26 de abril de 1982, pp. 88-91.

{25} «Billy Graham», Sacramento Bee.

{26} Marvin Antonio Guevara García, «Cristianos Revolucionarios ‘Unanse’», El Nuevo Diario (Managua, Nicaragua), 25 de mayo de 1984.

{27} Para editoriales que los apoyaban, véase Christianity Today, 21 de marzo de 1986, pp. 14-15, y 4 de abril de 1986, pp. 34-35.

{28} Kenneth A. Briggs, «Evangelicals Debate Their Role in Battling Secularism»,New York Times, 27 de enero de 1981, p. 6.

{29} Maureen Wells, «A Dash of Latin Verve», Religious Broadcasting (Morristown, New Jersey: Difusores Religiosos Nacionales), marzo de 1983, pp. 34-35.

{30} «Jesse Jackson Spoke, But Not Many Listened», Christianity Today, 7 de marzo de 1986, p. 47.

{31} Para un debate entre un Bautista del Sur moderado y uno fundamentalista, véase «Patterson vs. McCall on the Southern Baptist Controversy»,Fundamentalist Journal, mayo de 1985, pp. 10-21.

{32} «1985: The World in View», Commission (SBC), mayo de 1986, pp. 31-42.

{33} R. Keith Parks, Commission, septiembre de 1982, pp. 2, 80.

{34} Citado por Thomas Byrne Edsall, «Republican America», New York Review of Books, 24 de abril de 1986, pp. 3-6.

{35} Washington Insight (NAE), junio de 1986.

¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico (XXVII)

¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico (XXVII)

David Stoll, ¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico

 

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Política evangélica

A principios de la década de 1970, algunos neo-evangélicos se hallaban avergonzados por el fracaso de sus iglesias al apoyar al movimiento de los derechos civiles de los negros y oponerse a la Guerra de Vietnam. Aquí y allá surgieron signos de una conciencia crítica social. Billy Graham se sintió conmovido por la caída de su amigo Richard Nixon en el escándalo de Watergate, repudió la cruzada anticomunista de su juventud, y habló del control de las armas nucleares como su «interés social nº 1».{20}

Una influencia sobre Graham fue lo que Richard Quebedeaux llamó una «izquierda evangélica».{21} Educado en los seminarios y en las universidades más liberales como Fuller, cerca de Los Angeles y Wheaton, cerca de Chicago, tomó su inspiración de las «iglesias de la paz» –algunas denominaciones menonitas y la Hermandad Unida (United Brethren). La tradición pacifista de tales organismos había sido separacionista y pietista, pero estos cristianos eran activistas. Al propagar sus puntos de vista a través de grupos como Evangélicos para la Acción Social,Sojourners, y The Other Side, reclamaban ser escuchados en la Asociación Nacional de Evangélicos. A pesar de que ellos apoyaban la necesidad del evangelismo y rechazaban la violencia revolucionaria, su misión era cuestionar el militarismo norteamericano, y convencer a sus hermanos sobre la necesidad de la reforma social.

Los evangélicos de esta tendencia alcanzaron su apogeo durante la presidencia de Jimmy Carter (1977-1981). La estimación de un partidario, que decía que representaban una cuarta parte de los evangélicos blancos, parece más bien optimista.{22} No obstante, millones de protestantes negros, teológicamente conservadores, compartían sus intereses. Quienes les escucharon fueron los neo-evangélicos de peso, como Billy Graham y Christianity Today, la revista que éste ayudó a fundar en 1956. A través de las carreras profesionales de la gente a la que influenciaban, su pensamiento se filtró en el liderazgo de muchas iglesias y agencias. [71]

La elección arrasadora de Ronald Reagan en 1980 fue un rudo despertar. Los evangélicos de centro izquierda habían liderado el camino en incitar a sus hermanos para que se involucrasen en los asuntos sociales, pero la derecha religiosa cosechó la mayor parte de activistas. Acusó a los evangélicos de centro-izquierda de ser protestantes liberales, y criticó al liderazgo neo-evangélico por tolerarlos. Los asuntos sociales que los neo-evangélicos bien educados del este y del norte de los Estados Unidos deseaban plantear –empleos para los pobres, el hambre mundial, la amenaza del holocausto nuclear– no capturaron la imaginación de la mayoría de evangélicos.

Lo que sí captó su atención fueron las advertencias fundamentalistas en contra de las amenazas a la forma de vida americana. La enseñanza de la teoría evolucionista, la decisión de la Suprema Corte, en 1962, de proscribir la oración en las escuelas públicas, su decisión de 1973 de legalizar el aborto, la igualdad para las mujeres, derechos para los homosexuales –éstos eran los temas que preocupaban a la mayoría de los evangélicos. El detener las guerras y ayudar a los pobres contaba menos que oponerse a los cambios sociales que los hacían sentir como extraños en su propio país.

Algunos fundamentalistas habían entrado en la actividad política en 1976, al apoyar para presidente a un bautista sureño seglar, Jimmy Carter. Decepcionados por Carter una vez en el poder, se pusieron de acuerdo con los hombres que reorganizaban la derecha del Partido Republicano. Estos nuevos aliados estaban principalmente interesados en restaurar el capitalismo de laissez-faire y luchar contra el comunismo. Pero para reclutar a los fundamentalistas como soldados para sus millonarios colaboradores financieros, estaban deseosos de explotar temas morales y se alinearon con los televangelistas, quienes se convirtieron en los profetas de la derecha religiosa.{23}

El demócrata Jimmy Carter era un anciano en su congregación bautista sureña, y allí enseñaba en la escuela dominical. Pocos pensaban que fue un presidente efectivo, en parte debido a que se comportaba como un sirviente cristiano. Esto, a los ojos de la derecha religiosa, lo convertía en algo como un cobarde. Ellos querían un hombre duro en la Casa Blanca, e hicieron mucho para elegirlo. Ronald Reagan, un actor [72] de cine divorciado, que rara vez se molestaba en ir a la iglesia, y que entregaba poco para la caridad, no parecería ser un cristiano renacido muy convincente. En contraste con el discurso de Carter sobre la necesidad de la humildad, Reagan enfatizó el poder y la grandeza de los Estados Unidos. En contraste con los intentos de Carter por promover los derechos humanos y por negociar la paz en el Medio Oriente, Reagan realizó campañas para nuevos sistemas bélicos y promovió nuevas guerras. Pero para la derecha religiosa, él representaba el renacimiento espiritual. Se ocupó de las cuestiones morales que les interesaba a ellos, especialmente la oposición al aborto, al que consideraban un homicidio. Nunca se dieron cuenta de que en Guatemala y en El Salvador, la elección de Reagan de 1980 fue seguida de un crescendo de terror oficial. Los escuadrones de la muerte de América Central pensaban que su hombre estaba en la Casa Blanca. La derecha religiosa se regocijaba con su nuevo presidente cristiano.

Notas

{20} Ralph Chandler, «The Fundamentalist Heritage of the New Christian Right», en Bromley y Shupe 1984: 56. «Billy Graham: Evangelists Go To Far», Sacramento Bee, 4 de enero de 1985, p. A2.

{21} Quebedeaux 1978: 84-96.

{22} Grant Wacker, «Uneasy in Zion», en Marsden 1984: 18.

{23} Para una descripción del reclutamiento de evangélicos conservadores por la derecha religiosa, véase Wallis 1986.