Una refutación de la teología de Mario Olcese Parte 2

LA HEREJIA UNITARIO-SOCINIANA
Una refutación de la teología de Mario Olcese
Parte 2

Pablo Santomauro

Pablo Santomauro

por Pablo Santomauro

Continuamos refutando las elucubraciones de la teología Sociniana, particularmente la perspectiva devaluada de Cristo que ésta propone. La creencia Sociniana es un esperpento doctrinal propagado por personas como Mario Olcese, quien desde sus blogs ataca desaforadamente la doctrina de la Trinidad. El Socinianismo afirma que Jesús fue solamente un hombre mortal nacido de una virgen y exaltado entre todos los hombres debido a la santidad de su vida. No era Dios, pero poseía la inspiración de Dios, y su muerte no fue de naturaleza redentora. La misión de Cristo fue profética y ésta consistió en dar un ejemplo con su vida de santidad e ilustrar la doctrina de una vida futura mediante su resurrección. Este es un error gravísimo y sólo puede tener origen en el padre de la mentira. Cristo no sólo fue un profeta. La Biblia enseña que Jesús debe ser confesado y creído como Profeta, Sacerdote y Rey. El Hijo de Dios se encarnó para ofrecerse a sí mismo como sacrificio propiciatorio al Padre. Cristo quita el pecado (Jn. 1:29), llevó nuestros pecados en la cruz (1 P. 2:24), fue hecho pecado por nosotros (2 Co. 5:21), por su sangre tenemos el perdón de los pecados (Col. 1:14), etc.

Nosotros estamos de acuerdo en que Jesús vivió una vida ejemplar, pero esa vida ejemplar no hubiera sido de ninguna ayuda para nosotros si Cristo no hubiera ido a la cruz a pagar el precio de nuestra redención. Sí, Jesús es nuestro ejemplo, a quien debemos imitar, pero nadie puede ser salvo con sólo seguir su ejemplo. Su justicia es imputada a los creyentes gracias a su muerte en la cruz. Por otra parte, el reclamo sociniano de que Cristo ilustró la doctrina de una futura resurrección con su propia resurrección, tiene muy poco sentido (como toda la doctrina sociniana), porque el Antiguo Testamento ya anunciaba un vida futura en varios pasajes. No había ninguna necesidad de que Cristo resucitara únicamente para enseñarnos esta verdad. La obra de Cristo en la cruz quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio (2 Ti. 1:10), y el evangelio está conectado inseparablemente con su muerte y resurrección, porque si él no resucitó, aun estamos en nuestros pecados y nuestra fe es vana (1 Co. 15:16-20). Cristo resucitó para nuestra justificación (Ro. 4:25), no para enseñarnos una vida futura.

Como hemos visto en la primera parte, los socinianos enseñan que Jesús no fue preexistente, y Mario Olcese ha escrito un extenso ensayo para probar su punto: ¿Preexistió Jesús en el cielo antes de nacer en Belén? (www.elevangeliodelreino.org/deidad/antesdenacer.doc.)
En este trabajo, Olcese pretende demostrar que Cristo no es Dios y que tampoco vivió con el Padre antes de su nacimiento en el pesebre. Para ello trata con una serie de pasajes que los trinitarios usamos para demostrar su Deidad, y por inclusión, su preexistencia en los cielos. Los argumentos de Olcese son seguidos por nuestras respuestas en azul.

Juan 4:24

Olcese escribe:
También Jesús enseñó que el Dios verdadero es Espíritu (Juan 4:24), y luego dirá que un espíritu no tiene carne y huesos como él tenía (Lucas 24:39). Aquellos que creen que Cristo era el mismo Dios, desconocen Las Escrituras.

Respuesta:

Nuestra última respuesta en Parte # 1 contesta este párrafo de Olcese. Una vez más, Olcese no toma en cuenta la encarnación de Cristo, o sea, la segunda Persona de la Deidad tomando para sí una naturaleza humana adicional. Al decir que “aquellos que creen que Cristo era el mismo Dios, desconocen las Escrituras”, Olcese da a entender que los trinitarios creen que Jesús y el Padre son la misma persona. Este es un lenguaje altamente fraudulento y sólo puede haber tres razones para su uso:

1) Olcese tiene problemas para comunicarse
2) Olcese no conoce la doctrina de la Trinidad
3) Olcese está siendo deshonesto
4) Olcese se confundió y quiso refutar una herejía diferente a la suya, llamada Modalismo, en la cual el Padre y Jesús son técnicamente la misma persona.

Los trinitarios, por supuesto, no creemos que Jesús era el Padre.

Jesús, El Enviado de Dios
Olcese escribe:
Jesús fue enviado por Dios al mundo para traer Su mensaje de vida. Dice 1 Juan 4:9: “…Dios envió a su Hijo al mundo para que vivamos por él”. Pues bien, los que creen que Jesús preexistió en el cielo antes de nacer como un humano, suelen usar este pasaje para señalar que Cristo vino al mundo desde el cielo. Sostienen que si Dios envió a Jesús al mundo es porque estaba fuera de él, en el cielo. Además, afirman que ese ser que estuvo en el cielo era Dios Hijo y que tomó la forma de hombre. Pero los Trinitarios se olvidan de algo importantísimo: Y es que Juan el Bautista igualmente fue enviado por Dios al mundo (Juan 1:6). Este texto dice: “Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan”. ¿Diremos que Juan el Bautista preexistió en el cielo antes de nacer como cualquier humano? ¡Por cierto que no! Sumado a lo anterior, los apóstoles igualmente son enviados al mundo por Jesucristo. Dice Jesús en Juan 17:18: “Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo”. Pues bien, los apóstoles, como Jesucristo, han sido enviados al mundo—¿Desde dónde? ¿Acaso los apóstoles vinieron del cielo, literalmente hablando, habiendo preexistido como “dioses”? ¡Por cierto que no! Ellos fueron enviados al mundo estando en el mundo. Definitivamente la expresión “enviar al mundo” no implica necesariamente preexistencia o “venir del cielo”.

Respuesta:

Este argumento de Olcese es una falacia de distracción. Consiste en enfocar la atención del lector en el verbo “enviar” y sus variantes. Así mismo, el argumento trinitario que Olcese menciona nunca es usado por teólogos de reputación (que “enviar” significa automáticamente “venir del cielo”). Olcese lo selecciona para refutar porque es un argumento pobre. Algunos sectarios, y parece que Olcese está en ese grupo, piensan que refutando un argumento débil han refutado la doctrina de la Trinidad. De ilusiones también se vive, dice el dicho.

¡Por supuesto que la expresión “enviar al mundo” o “enviar” no implica necesariamente preexistencia o “venir del cielo”! Enviar es una acción, no un lugar. El lugar desde donde vino Cristo no es determinado por el verbo “enviar” sino por el contexto bíblico. El lector inteligente sabe que Cristo vino del cielo por muchas razones. Juan 16:28 es un ejemplo clarísimo en las propias palabras de Jesucristo:

“Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre”.

Más claro, imposible. El verso habla de un lugar de procedencia y un lugar de arribo. Los cristianos creemos en la preexistencia de Cristo junto al Padre desde la eternidad. Los herejes sectarios como Olcese se oponen a ello, dicen que Jesucristo no existió antes de su nacimiento en Belén. El autor de Hebreos tiene una perspectiva completamente distinta, ya que describe a Melquisedec como una persona “sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre”. Melquisedec es presentado aquí como un tipo de Cristo. ¿Por qué singular razón el autor traza un paralelo de tal naturaleza si Cristo no es eterno? El Hijo es tan eterno como el Dios eterno, y ningún argumento sectario puede derribar esa verdad bíblica.

Juan 17:5

Olcese escribe:
Jesús dice en Juan 17:5: “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”. Para los Trinitarios este pasaje “prueba” que Cristo preexistió en el cielo antes de hacerse hombre. Pero algo similar pasa en Génesis 15:18 donde se lee que Dios le prometió a Abraham: “A tu descendencia he dado (tiempo pasado) esta tierra…” (V.B.A), a pesar de que aún no existía su descendencia. Ahora observe lo que dice Jesús en Juan 17:22: “La gloria que me diste yo les he dado (tiempo pasado, a los apóstoles)”. ¿Notó? ¡Jesús y sus apóstoles compartieron la gloria de Dios! Pero: ¿Son del todo literales esas palabras de Jesús?¿Tienen la gloria los apóstoles? En 1 Pedro 5:1 el apóstol Pedro reconocía que “participaba” de la gloria ¡que aún no había sido revelada! Sus palabras son como siguen: “…que soy también participante de la gloria que será revelada”. Pedro “recibió” la gloria como una promesa, pero que tendría que esperar la segunda venida de Cristo para recibirla (1 Pedro 5:4). Concluimos entonces que Cristo “tuvo” su gloria con el Padre, pero que en verdad la recibió en su resurrección (Hechos 3:13-15). Recuerde que Cristo tuvo su gloria con el Padre, del mismo modo que sus discípulos tuvieron su gloria con Jesús. Pero ambas glorias se reciben después de la resurrección o de la transformación de nuestros cuerpos mortales (Colosenses 3:4, Filipenses 3:20,21; 1 Corintios 15:43).

Respuesta:

Yo nunca había visto tanta gimnasia semántica para eludir una verdad bíblica. Olcese se ve forzado a hacer piruetas a los efectos de minimizar el daño que este pasaje le hace a su deforme teología. En realidad, es inverosímil que todo el pasaje de Juan 17:1-5 sea usado para negar la Deidad de Cristo. Juan 17:5 dice “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”. Una lectura normal de este verso indica que Jesucristo está pidiendo al Padre que luego de su resurrección lo restituya al rango de majestad y esplendor que Cristo poseía en la eternidad junto con el Padre, rango que se vio disminuído durante su estadía terrenal (Jn. 1:14; Fil. 2:5-11). Claramente se sobreentiende que Cristo compartió los atributos de Deidad junto con el Padre desde la eternidad. Es por ello que los cristianos podemos hablar del Hijo Eterno. El verso revela que hay un algo en Jesucristo que existió en la eternidad (“antes que el mundo fuese”). Ese algo sólo puede estar directamente relacionado con la naturaleza ontológica de Jesucristo, y es el elemento de Deidad existente en su persona. Este elemento o propiedad es intrínseco o inherente a su persona. Esta naturaleza o esencia es la misma del Padre, lo que es corroborado por las palabras “aquella gloria que tuve contigo”. El contexto revela claramente dos personalidades involucradas que existieron juntas en la eternidad en una misma gloria. Esto es coincidente con la doctrina de la Trinidad, la cual describe tres centros cognitivos en una misma esencia o Deidad.

En Juan 17:5 Jesús ora porque el Padre le restaure al estado de gloria que él poseía en la eternidad junto al Padre. Si el Hijo no hubiera existido antes de su aparición en el mundo, el lenguaje usado por Jesús en este verso sería más que engañoso, sería una aberración salida de los labios de nuestro Señor. Esta fue una clara declaración de su preexistencia, reiterada más adelante en su oración sacerdotal, cuando dice; “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Jn. 17:24). La verdad que es muy difícil tener una gloria y ser amado cuando uno no es una persona.

Anthony Buzzard, un unitario sociniano a quien Olcese rinde tributo frecuentemente, en el libro de su co-autoría The Doctrine of the Trinity: Christianity’s Self-Inflicted Wound, argumenta que la declaración de Jesús es comparable a lo dicho por Pablo en 2 Corintios 5:1: “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos”. En vista de lo dicho aquí (y en Marcos 10:21), se aduce que al decir “tenemos” en el presente en referencia a algo que vendrá en el futuro, Jesús en Juan 17:5 está meramente pidiendo por la gloria que él supo que estaba preparada por Dios desde el principio. Esa gloria existió en el plan de Dios, y es en ese sentido que Jesucristo ya la “tuvo”, y agrega: “Nosotros notamos que Jesús no dijo: ‘Devuélveme’ o ‘restáurame la gloria que yo tenía cuando yo estaba viviendo contigo antes de mi nacimiento'” (traducción libre). Como vemos, los ejercicios gimnásticos son asombrosos. El problema es que el colchón protector no está en el piso y el gimnasta se rompe todos los huesos.

La similitud con el planteo de Olcese es impactante. Por más aeróbicos que intente hacer con las conjugaciones de los verbos, su artimaña queda al descubierto cuando analizamos la construcción gramatical y el griego de Juan 17:5 a continuación:

“Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo (para seauto), con aquella gloria que tuve (eichon) contigo (para soi) antes que el mundo fuese” (resaltado nuestro).

A riesgo de ser redundante, digamos que Jesucristo aquí dice que él tuvo o compartió (eichon) una gloria con (para) el Padre antes de que el mundo fuese (pro ton kosmon einai). Gramaticalmente, cuando la preposición para (con) es seguida por el caso dativo (como en este verso: para seauto, para soi) y especialmente en el caso de personas, indica “cerca”, “al lado”, o “en la presencia de”.

El famoso erudito en idioma griego, Daniel Wallace, provee el significado exacto de la preposición “para” cuando es seguida por el dativo:

Por lo general, el uso del dativo sugiere proximidad o cercanía.

 

a. Espacio: cerca, al lado.
b. Esfera: a la vista de, delante (de alguien).
c. Asociación: con (algo/alguien).

(Daniel B. Wallace, Greek Grammar Beyond the Basics: An Exegetical Syntax of the New Testament, with Scripture, Subject, and Greek Word Indexes (Grand Rapids: Zondervan, 1996), 378.)

En el exhaustivo BDGA Greek Lexicon, la preposición para seguida por el dativo es definida de la siguiente forma:

[para] con el dativo, el caso que muestra asociación cercana … marca cercanía en espacio, al lado de, cerca, con, acción desde el ángulo desde donde la relación es vista.

Las definiciones dadas son autoritativas y finales debido a su procedencia académica superior. Ambas apoyan la noción de que Jesús poseía o compartía una gloria antes de los tiempos.

La gloria que el Hijo poseía o compartía (eichon) fue antes de los tiempos – esta gloria la tuvo junto al Padre. Exegéticamente, esto no puede referirse al Padre pensando acerca del Hijo o con el Hijo en mente en relación al futuro, puesto que Jesús usa el tiempo imperfecto (tuve, eichon). Jesús habla de la gloria que él tuvo y compartió junto al Padre. Jesús no está hablando de un plan que el Padre tuvo en mente.

Por otra parte, la intentona de Olcese de equiparar la gloria por la cual Cristo ora con la gloria dada a los discípulos, no pasa de ser una maniobra desesperada que queda al descubierto en el verso 24, “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo (Jn. 17:22). Esto explica que la gloria de Cristo y la de los discípulos es diferente en cuanto a que Cristo es el unigénito Hijo de Dios, co-igual en su majestad y esencia con el Padre. En un sentido, la gloria de los discípulos es también igual a la de Cristo en que serán uno con Dios (unión en Cristo) y estarán en el mismo lugar con Dios como coherederos con Cristo. Olcese parece no conocer que hay diferentes glorias, como lo deja establecido 1 Corintios 15:40-41.

Emmanuel: “Dios con Nosotros”

Olcese escribe:
Los que creen que Cristo es la Segunda Persona de la Trinidad, suelen señalar el texto de Mateo 1:23 para demostrar que Cristo es Emmanuel, que significa “Dios con nosotros”. Pero: ¿Es Cristo mismo Dios hecho carne por ser Emmanuel? Pero aquí viene algo interesante. En Job 32 encontramos a un personaje llamado “ELIHU”, hijo de Baraquel buzita, de la familia de Ram (verso 1). Y, ¿Qué significa “ELIHU”? Sorpréndase! Significa: “Dios es él”. ¿Podemos pensar que ELIHU porque su nombre significa “Dios es él”? Pero regresemos por un instante al nombre Emmanuel. Si Cristo es “Dios con nosotros”: ¿Cómo es que él mismo dice: “Subo a mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20:17)? ¿Tiene Jesús Dios, su Dios? ¿Cómo puede Dios subir a Su Dios? ¿Tiene el supuesto Dios el Hijo, la Segunda Persona de la Trinidad, su Dios personal?

Respuesta:

Si el lector se sorprende ante el significado del nombre Elihu (Eliú) dado por Olcese, más se sorprenderá al saber que Olcese está mintiendo. Eliú no significa “Dios es él”. Mario Olcese usa aquí sus tijeras prodigiosas para engañar al lector. Eliú significa “él es mi Dios”. Algunos lo traducen “Dios es él”, lo que es aceptable, siempre teniendo en cuenta que “él” NO es una referencia al portador del nombre, Eliú, sino a Dios.

Quizé sirva para orientar al lector, recordar que Eliú no era judío (ninguno de los cuatro personajes del libro de Job era judío). El nombre es de origen arameo y fue luego adoptado por los judíos (1 S. 1:1; 1 Cr. 12:20; 26:7; 27:18). Dicho sea de paso, Eliú fue el único nombre de los cuatro en Job que fue adoptado por los judíos. Teniendo esto presente, es obvio que la definición del nombre dada por Olcese sería un blasfemia capital en la cultura hebrea. Pero lo importante de ver aquí es cómo Olcese puede llegar a estos extremos de deshonestidad intelectual para negar la Deidad de Jesucristo.

El segundo punto de Olcese, o sea, la referencia a Juan 20:17, “subo a mi Dios”, ya ha sido refutado anteriormente en este trabajo. Sólo reiteremos que:
1) Olcese comete otra vez la falacia de categoría, ignora intencionalmente la enseñanza trinitaria de que Cristo se hizo humano, y como tal puede perfectamente decir “mi Dios” y “mi Padre”.
2) En el griego las palabras “mi Dios” son las mismas en Juan 20:17 y 20:28. Es obvio que el Padre es para Jesús lo mismo que Jesús es para Tomás y para todos nosotros, i.e., Dios.

“Yo y el Padre Uno Somos”

Olcese escribe:
Nuestro Señor dijo: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). Los Trinitarios sostienen que el Padre y el Hijo son iguales, de la misma naturaleza y sustancia. Pero es sorprendente que nuestro Señor no incluya a la llamada “Tercera Persona de la Trinidad” dentro de esa Unidad. Y además, ¡nunca lo hizo!. Él sólo dijo que él y Su Padre eran UNO en propósito y voluntad. Es interesante observar igualmente que en Juan 17:11 los creyentes y Cristo mantienen esa misma unidad. El texto dice: “…Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros”. Como vemos, la unidad entre Cristo y su iglesia es la misma unidad entre Dios y Su Hijo. Ahora bien, a pesar de que los creyentes son uno con Cristo, la cabeza es siempre Cristo (Efesios 5:23). De igual modo, aunque Dios y Su Hijo son uno, el Padre siempre es cabeza de Jesucristo (1 Corintios 11:3). Y, ¿Qué diremos de los esposos? ¡Ellos también son uno! (Efesios 5:31). Y pese a esta unidad, ¡el marido es cabeza de la mujer! (Colosenses 3:18). Entonces esta unidad no significa igualdad de rango o autoridad. Otro ejemplo. Un entrenador de fútbol puede decirles a sus jugadores: “Tenemos que ser uno en la cancha”. Con esto el entrenador está diciéndoles a sus pupilos que todos deben trabajar en unidad, armonía y cooperación mutuas.

Respuesta:

Estos errores de Olcese son fácil de refutar.

1) La explicación de Olcese queriendo reducir las palabras de Jesús a una unidad similar a la de los discípulos con Cristo, o Dios con su iglesia, es destruida por el contexto inmediato. Si la unidad de la que Cristo habla se hubiera tratado de una unidad de equipo de fútbol, o sea, en “armonía y cooperación mutua, propósito y voluntad”, los judíos no hubieran intentado  apedrearlo (v.31). ¿La razón para apedrearlo? Los judíos mismos dijeron que lo querían apedrear “por la blasfemia; porque tú siendo hombre, te haces Dios” (v. 33). Aquí está el verdadero significado de la expresión “Yo y el Padre uno somos”. Claramente, Jesús está diciendo: “Yo y el Padre compartimos la misma esencia, naturaleza y sustancia, somos ontológicamente iguales”.

2) La referencia de Olcese a que Jesucristo no incluye al Espíritu Santo en su declaración es un argumento desde el silencio. Se trata del gastado y pueril intento que a veces es expresado con la pregunta: ¿Por qué los apóstoles en las salutaciones de las epístolas no mencionan al Espíritu Santo? ¿Por qué Jesucristo en Juan 17:3 no menciona al Espíritu Santo? etc, etc.. Olcese pretende demostrar que porque el Espíritu Santo no es mencionado, se debe concluir que éste no es parte de la Deidad. Pero tomemos el ejemplo de Juan 6:47, donde Jesucristo dice: “El que cree en mí tiene vida eterna”. Jesús aquí no menciona al Padre. Siguiendo el brillante razonamiento de Olcese, ¿debemos suponer que el Padre no es Dios porque Jesús no lo menciona?  ¡De ninguna manera!   De la misma forma no podemos suponer que el Espíritu no es parte de la Deidad porque Jesús no lo menciona en varios pasajes que incluyen al Padre.

El argumento desde el silencio sigue siendo un argumento inválido, pero les cuesta aprenderlo y más reconocerlo, ya que siguen cometiendo la falacia una y otra vez. <>

(Continuará)

Anuncios

La edad de la Tierra -Lord Kelvin y la disipación de calor

La edad de la Tierra (2): lord Kelvin y la disipación de calor

Marzo 16, 2009

En un anterior artículo mostré cómo la dendrocronología permite retroceder hasta 12.000 años de antigüedad. Aquí voy a mostrar como un gran físico del siglo XIX, nada amigo de las ideas de Darwin, dio un valor mínimo para el planeta Tierra de 20 millones de años. Para ello este excelente físico partió de una Tierra en formación, como cuerpo candente y de la disipación de calor que le ha llevado a tener la temperatura actual.

Esta teoría no es nada nueva, ni siquiera consecuencia de las teorías de Darwin, como algún malpensante puede intentar apuntar. En 1776, el astrónomo y matemático francés Pierre Simon Laplace, ya propuso algo parecido en su obra “Mecánica celeste”. Su teoría sobre el origen del Sol y los planetas, postula la existencia de una nebulosa, similares a otras que se pueden observar en estos momentos con los telescopios que disponemos. Kant ya había apuntado con anterioridad una idea similar, basándose en cálculos efectuados por Newton y Kepler. Es por ello que esta teoría es conocida como la teoría de Kant y Laplace. La misma explica que el sistema solar se origino por condensación de una nebulosa de rotación que se contrajo por la acción de la fuerza de su propia gravedad, adoptando la forma de un disco con una concentración superior en el núcleo. La nebulosa se tornó inestable al adquirir mayor velocidad de rotación y en las capas externas se originaron anillos concéntricos que al separarse formaron los planetas y los satélites, en tanto que el centro de las nubes se formó el Sol. Dado que la nebulosa giraba en una misma dirección al rededor de su eje, todos los planetas quedaron girando alrededor del Sol en ese mismo sentido. Las pequeñas masas que giran en torno a la masa de mayor tamaño, también se condensaron mientras describían órbitas alrededor del Sol, formando los planetas y algunos satélites. Entre ellos, se formó el planeta que hoy llamamos Tierra. Después de un periodo inicial en que la Tierra era una masa incandescente, las capas exteriores empezaron a solidificarse, pero el calor procedente del interior las fundía de nuevo. Finalmente, la temperatura bajó lo suficiente como para permitir la formación de una corteza terrestre estable.

Fourier posteriormente realizó un análisis matemático de esta teoría en su obra Théorie analytique de la chaleur, Fourier (1822), llegando a la conclusión de que la Tierra tenía que estar enfriándose (Fourier, 1827, “Mémories sur les températures du globe terrestre et des espaces planétaires. Mémories de l´Academie Royale des Science de l´Institute de France, vol. 7, p. 570-604).

El genial William Thomson, Lord Kelvin (al que gloso en <a class=”row-title” href=”este artículo) escribió por vez primera acerca del calor de la Tierra con sólo 16 años, en 1844, señalando que si se asume que la Tierra es un cuerpo sólido enfriándose desde su temperatura inicial muy elevada, entonces midiendo esa disipación de calor se puede conocer la antigüedad del planeta.

En 1862 Kelvin, realizando una serie de complejos cálculos determinó que la edad de la Tierra oscilaba en una banda entre 24 millones de años y 400 millones de años. Estos cálculos se llevaron a cabo aplicando el principio de la conservación de la energía, al cual añadió tres hipótesis: (i) que la Tierra es un cuerpo rígido, (ii) que es un cuerpo homogéneo y (iii) que no existe ninguna otra fuente de energía que proporcione calor.

Durante muchos años Kelvin defendió su postura, incluso en los momentos en los que ésta empezó a ser insostenible. La tercera hipótesis que llevó a elaborar su teoría no era correcta. En sus cálculos no se incluyó el efecto de calentamiento por decaimiento radioactivos, ya que se desconocía el fenómeno en aquella época. El descubrimiento de la radiactividad, Henri Becquerel ofreció la pista definitiva, permitiendo que Ernest Rutherford, utilizando el método de lord Kelvin, pero ya basado en premisas adecuadas, descubriera que el mundo era mucho más “viejo”.

Los primeros indicios acerca de la radiactividad no fueron aceptados por Kelvin, hasta el punto que nombró a Roentgen (descubridor de los rayos X) un estafador. (Kelvin: “Los rayos del señor Roentgen se van a descubrir como fraude”).

En 1904, Rutherford fue invitado a dar una conferencia sobre las nuevas revelaciones ante una distinguida audiencia entre la que se encontraba el formidable Lord Kelvin que contaba entonces con ochenta años. Rutherford tenía mucho respeto por Kelvin. Su presencia le provocaba cierta inquietud. Según sus propias palabras, manejó aquella delicada situación de la siguiente manera:

Para mi alivio, Kelvin se quedó dormido, pero cuando llegué al punto importante vi incorporarse al viejo zorro, abrir un ojo y echarme una mirada siniestra. Entonces tuve una súbita inspiración y dije:
– Lord Kelvin había puesto un límite a la edad de la Tierra, siempre que no se descubriera ninguna nueva fuente de calor. Esa profética observación alude a lo que estamos considerando esta noche, la radiactividad.
– El viejo me sonrió.

Todavía dos años más tarde, Kelvin expresó dudas acerca de que la radiactividad pudiera realmente explicar la energía extra. Otro gran físico, Lord Rayleigh, invitó a Kelvin a aceptar una apuesta de cinco chelines a que antes que hubieran pasado seis meses declararía que Rutherford estaba en lo cierto. Antes de ese tiempo, Kelvin reconoció su pérdida, la confesó en público ante la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia y pagó sus cinco chelines. Aquí Kelvin demostró la grandeza que los gigantes de la ciencia poseen.

Referencias:

– Kelvin, W.T. (1895) On the age of the Earth. Nature. 51: 438-440.
– Egland, P., Molnar, P., and Ritcher, F. (2007) John Perry´s neglected critique of Kelvin´s age for the Earth: a missed opportunity in geodynamics. GSA Today. 17. doi: 10.1130/GSAT01701A.1.
– Richter, E.M. (1986) Kelvin and the age of the earth. Journal of Geology 94:395-401.

copiado de oldearth.wordpress.com

Pascua

Pascua

Pascua, del hebreo “pesah”, proviene de un verbo que significa“pasar por alto”, en el sentido de perdonar, excusar.

Este significado proporciona un sentido excelente; no es necesario desestimar el punto de vista tradicional y antiguo de que Dios literalmente pasó por alto o por encima de las casas de los israelitas que estaban marcadas con la sangre rociada, mientras que hirió a los primogénitos en las casas de los egipcios y de los israelitas que no creyeron –tal como lo veremos más adelante-(Nuevo diccionario Bíblico Douglas y Hillyer).

Para comprender cada punto de este estudio, no dejes de leer el capítulo 12 del libro de Éxodo, pues allí Dios instituye a perpetuidad la Pascua.

 

Juan 1:29 (RVA) Al día siguiente, Juan vio a Jesús que venía hacia él y dijo:

–¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!

 

Dividiremos el análisis en paralelos trazados entre el Antiguo y Nuevo Testamento, lo ocurrido en la primera Pascua y lo acontecido a nuestro Señor Jesucristo, LA VERDADERA PASCUA.

 

DOCE GRANDES PARALELOS ENTRE AMBAS PASCUAS:

 

 

Paralelo Primero: SE NECESITÓ EL SACRIFICIO DE UN CORDERO:
Antiguo Testamento: Estudiamos que la muerte alcanzó a cuanto primogénito se encontrara, tanto de hombres como de animales, a menos que estuvieran protegidos por la sangre del cordero (Ex. 12:12-13).
Nuevo Testamento: Todos hemos pecado (Ro. 3:23) y la paga del pecado es muerte (Ro. 6:23). La humanidad no puede autosalvarse de la pena de muerte; necesita a Cristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

 

Paralelo Segundo: COMIENZA UNA NUEVA ERA:
Antiguo Testamento: En los tiempos de la esclavitud en Egipto, los judíos tenían un calendario civil y religioso; y hemos comprobado bíblicamente que la Pascua marca el principio de su año religioso (Ex. 12:2). Dios estableció un punto de partida nuevo de aquí en adelante.
Nuevo Testamento: Veíamos como la muerte del cordero provocó un nuevo comienzo, así como hoy la muerte de Cristo lo hace para el pecador que cree en Él. Válidamente puede comenzar a contarse los años de vida de una persona, desde que renace del espíritu de Dios, dado que los pasados nunca fueron “verdaderos” años de vida. Así como para los antiguos creyentes la pascua marcó el primero de los meses de los años venideros, para los creyentes de nuestros tiempos, que reconocen al Jesús como su Señor, bien puede decirse que vive los primeros meses de sus futuros años.

 

Paralelo Tercero: MORIRÍA EN LA MISMA FECHA:
Antiguo Testamento: Seleccionado el décimo día, el cordero se separaba así para la muerte expiatoria, que tenía lugar entre las dos tardes del día catorce de Nisan (Ex. 12:3,6).
Nuevo Testamento: Cristo murió exactamente entre las dos tardes de un catorce de Nisan, justo a tiempo cuando los corderos pascuales se estaban ofreciendo.
Según el Dr. Warren Wiersbe debemos destacar que Dios dice a Israel en Éxodo 12 “el cordero”, siempre en singular -a pesar de que eran miles los que habrían de morir ese día-; porque para Dios no hay sino un Cordero: Jesucristo.

 

Paralelo Cuarto: LIBRE DE PECADO:
Antiguo Testamento: El cordero debía ser macho y sin defecto o mancha.
Nuevo Testamento: Cristo se ofreció a sí mismo a Dios, sin mancha (Heb. 9:14).

 

Paralelo Quinto: LA MUERTE COMO ÚNICA VÍA DE SALVACIÓN:
Antiguo Testamento: Un cordero vivo era un animal hermoso, ¡pero no podía salvar! Por supuesto, matar a un cordero parecía necedad a los sabios egipcios, pero era la manera escogida de Dios para librar a los primogénitos de la muerte segura.
Nuevo Testamento: En idéntica línea, nosotros no somos salvos por el ejemplo de Cristo o su vida de obediencia; ¡somos salvos por su muerte, como parte importante del plan de redención desarrollado por Dios!
IMPORTANTE: Dios dispuso cargar en Aquel que habría de ser el Mesías los pecados de todos nosotros. Y Jesús voluntariamente cargó nuestra enfermedad y dolor. De estas cosas estaba hecha la verdadera cruz que cargó, y anuló mediante ella el “acta de decretos” que había en nuestra contra:

Colosenses 2:14 (RVA) Él anuló el acta que había contra nosotros, que por sus decretos nos era contraria, y la ha quitado de en medio al clavarla en su cruz.

 

Paralelo Sexto: LA SANGRE COMO ÚNICA POSIBILIDAD:
Antiguo Testamento: La sangre del cordero debía rociarse sobre la puerta de la casa. La palabra “lebrillo” puede significar también “umbral”, de modo que la sangre del cordero quedaba en el lugar hueco del umbral. La sangre entonces se aplicó al dintel sobre la puerta y en los postes laterales. Cualquiera que entraba o salía de la casa pasaba por la sangre y el heridor no podía entrar.
Nuevo Testamento: De idéntica forma, nadie puede acceder a la salvación sino a través de la sangre de Cristo y es Él mismo quien impide al diablo tocar las vidas de Sus santos, o sea todos nosotros.
1Juan 5:18 (RVA) Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios no sigue pecando; más bien, Aquel {Jesucristo} que fue engendrado de Dios le guarda, y el maligno no le toca.

 

Paralelo Séptimo: LA IMPORTANCIA DE COMER DEL CORDERO:
Antiguo Testamento: El cordero se debía comer, como parte de la preparación para el largo viaje a la tierra prometida. Su ingesta fortaleció a los que obedientemente comieron como Dios había mandado. La salvación de la vida había sido apenas el comienzo.
Nuevo Testamento: Paralelamente, hoy en día también la salvación es el comienzo del largo camino que todo creyente debe recorrer en su búsqueda del Reino de Dios, y se recibe por gracia al igual que en el Antiguo Testamento.
Y nosotros también hoy en día debemos alimentarnos en Cristo si queremos tener fuerza suficiente para seguirle.
Recordemos cómo en el Evangelio según Juan (15:5), Jesús enseñaba que Él es la vid verdadera y separados de Él nada podemos hacer.
Es triste ver como demasiadas personas reciben el Cordero como salvación de la muerte, pero no saben que deben alimentarse todos los días del Cordero.
Mateo 4:4 (RVA) Pero él respondió y dijo: –Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. {Deut. 8:3}

 

Paralelo Octavo: CORDERO DE UN AÑO:
Antiguo Testamento: El cordero pascual debía tener determinada edad, y más allá de la exacta edad, no caben dudas acerca de que el animal debía estar plenamente desarrollado para poder ser apto para tan importante sacrificio.
Nuevo Testamento: Vemos nuevamente la exactitud de La Palabra de Dios en plena manifestación. Jesucristo debió nacer, crecer y desarrollarse plenamente para reunir las condiciones requeridas para constituirse en el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Y así lo hizo.

 

Paralelo Noveno: EL CUERPO DEL CORDERO NO VERÍA CORRUPCIÓN:
Antiguo Testamento: Fueron claras las instrucciones de nuestro Padre Celestial acerca de qué hacer con las sobras del Cordero. En primer lugar sugería que nada sobrase, a punto tal que establecía que cada padre de familia calculara el tamaño de su cordero conforme al número de los miembros de su familia, y si no podía evitar que sobrase, mandaba que se juntasen con los vecinos para compartir la comida. Y si a pesar de ello no se consumía totalmente, mandaba quemar en el fuego lo que a la mañana siguiente hubiere quedado sin comer. Estaba Dios considerando que la carne del cordero pascual debía servir únicamente para el propósito que Él tenía en mente, y jamás debía permitirse que se descompusiese.
Nuevo Testamento: El cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo a pesar de haber muerto en sacrificio como Cordero de Dios, no vio corrupción (Hechos. 2:31 y 13:37).

 

Paralelo Décimo: LA FE:
En este paralelo trataremos brevemente uno de los aspectos más importantes que rodean a La Pascua: LA FE.
Antiguo Testamento: ¡Ser librado aquella noche exigió fe! Los egipcios pensaron que todas esas cosas eran necedad, pero La Palabra de Dios había sido dada, Dios había hablado y eso fue suficiente para Moisés y su pueblo.
Por favor, no pasemos por alto, inadvertidamente, que los primogénitos se salvaron por la sangre y el pueblo todo recibió seguridad de La Palabra de Dios (Ex. 12:12) que una vez más Dios cumplía como siempre.
Sin duda muchos judíos que estaban seguros bajo la sangre, no “se sentían seguros”, así como tenemos hoy santos que dudan de La Palabra de Dios y se preocupan por no perder su salvación. Más allá de todo esto, Dios hizo exactamente lo que dijo. Dios no se atrasó ni un solo día. Cumplió fielmente Su Palabra.
Nuevo Testamento: Nosotros hemos estudiado y leído en la Biblia que la salvación es por gracia, y requiere de nuestra parte una sola condición: FE. El mismo tipo de fe que mantuvo con vida a los primogénitos del pueblo de Israel en aquella noche verdaderamente negra.
Y así es como exactamente ocurre en nuestros días.
La medida de fe es indispensablemente la misma. Ya desde aquellos tiempos remotos, Dios estaba enseñando a Su pueblo escogido que la única manera de hallar la salvación y el perdón de sus pecados sería a través de la preciosa sangre del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (hoy nuestro poderoso Señor Jesucristo).
Veíamos recién en el Antiguo Testamento que Dios hizo exactamente aquello que había prometido justamente el día que determinó. Así demostró su compromiso y respeto a Sus propias promesas. Recordando que Dios es inmutable eternamente: ¿Podemos acaso suponer que hoy no cumplirá también con todo lo que ha prometido?
Para que lo veamos tan solo necesitamos una cosa: FE.

 

Paralelo Undécimo: LA OBEDIENCIA COMO CONDICIÓN
En ambos Testamentos siempre encontramos a la obediencia como la única forma de alcanzar las bendiciones que Dios nos regala.
Nunca olvidemos que detrás de cada oración respondida, de cada sanidad, de cada milagro, señal o maravilla de Dios, siempre habrá un creyente confiadamente obediente a la buena voluntad de nuestro amante Padre Celestial.
Recordemos que Dios mismo, no pudiendo interponer juramento por otro mayor que Él –por cuanto no existe-, juró por Sí mismo a Abraham y hoy tenemos la gracia de poder ver cómo ha cumplido fielmente ese juramento, al reafirmar que Abraham es llamado en la Biblia padre de todos los creyentes:
Romanos 4:16 (RVA) Por esto, proviene de la fe, a fin de que sea según la gracia, para que la promesa sea firme para toda su descendencia. No para el que es solamente de la ley, sino también para el que es de la fe de Abraham, quien es padre de todos nosotros.
Sobre esta seguridad, no olvidemos que así como fueron salvos “únicamente” los hijos de padres obedientes a la voluntad de Dios, hoy en día ocurre exactamente igual: la obediencia a Dios por parte de cada uno de nosotros no solo impacta en nuestras vidas sino en la de nuestros hijos.

 

Paralelo Duodécimo: NO ROMPERAN NINGUNO DE SUS HUESOS:
Antiguo Testamento: Exodo 12:24 determina que Dios dispuso que Su pueblo debía guardar este rito por estatuto para ellos, y para sus hijos para siempre. Luego, ya en el exilio, conforme se registra en Números 9:3 se le ordenó a los hijos de Israel celebrar este evento anualmente.
Entonces algunas cosas se agregaron y otras cambiaron. El cordero debía de ser matado fuera de las puertas de la ciudad, un mandamiento con efecto luego de su asentamiento en la Tierra Prometida. El cordero debía matarse, asarse y comerse en el lugar que Dios eligiera para poner Su nombre. En ese mismo sitio y momento, los hombres aparecían delante del Señor para la fiesta de los Panes sin Levadura.
La Biblia nos cuenta en escrituras posteriores a los libros de Moisés que el lugar que el Señor “escogiera para poner Su nombre” fue el área de Jerusalén, la ciudad donde se encontraba el Templo. Leyes religiosas posteriores hechas por el hombre, no ordenadas por Dios, gradualmente fueron trayendo otros cambios y agregados. Por esto debemos distinguir cuidadosamente entre los que son ordenados por Dios y aquellos que fueron hechos por los hombres sin sanción Divina.
Entendiendo esto, en virtud del escaso tiempo que tenemos para el desarrollo de nuestro estudio principal, destacaremos un versículo que es de suma importancia y cuyo cumplimiento exacto se llevaría a cabo en nuestro Señor Jesucristo:
Números 9:11 (RVA) La celebrarán el día 14 del mes segundo, al atardecer, y la comerán con panes sin levadura y con hierbas amargas.
12 No dejarán nada de ella para el siguiente día, ni quebrarán ninguno de sus huesos. La celebrarán conforme a todo el estatuto de la Pascua.
Vemos claramente aquí que se adiciona un requisito más para la celebración de la Pascua: No romper ninguno de los huesos del cordero sacrificado.
Nuevo Testamento: Por favor pasemos juntos a:
Juan 19:33 (RVA) Pero cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas;
34 pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y salió al instante sangre y agua. 35 El que lo ha visto ha dado testimonio, y su testimonio es verdadero. Él sabe que dice la verdad, para que vosotros también creáis.
36 Porque estas cosas sucedieron así para que se cumpliese la Escritura que dice: Ninguno de sus huesos será quebrado.

http://www.palabrasdevida.com/estudios/la_pascua_paralelos.htm