EL TEÍSMO CRISTIANO

EL   TEÍSMO   CRISTIANO

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No se trata de una pura elaboración de la fantasía, a la manera de los mitos, sino de una hipótesis perfectamente legítima, que se construye sobre datos en parte adquiridos por la razón, y en parte provenientes de las creencias religiosas. He aquí, en breve, la explicación que da de la concordancia del pensamiento y del sér.

a) Averiguada, con las luces naturales de la razón, la existencia de DIOS, Ser eterno, infinito, CAUSA PRIMERA de todas las cosas; nuestro entendimiento halla en El la fuente común de la idealidad y de la realidad. Sin duda, las creencias religiosas refuerzan estas persuasiones, e inducen a admitirlas con más facilidad. Por eso, confesamos que la influencia de la Religión en esta hipótesis es innegable.

b) DIOS, desde toda la eternidad, se conoció a sí mismo, y al tener percepción de sí, conoció la imitabilidad de su Ser, o sea la posibilidad de que sus perfecciones pudieren ser participadas y remedadas, aunque muy limitadamente, por criaturas; es decir, por seres que El pudiere crear.

c) Al percatarse de la “imitabilidad” de su naturaleza, conoció las esencias eternas de todas las cosas. Tuvo concepto o idea de éstas. Presentáronse a su mente divina los planes acabados de todos los seres creados que pudieren existir. Esos planes de las cosas existieron siempre en el entendimiento de Dios; son eternos. Ellos son las ideas o esencias eternas de la cosas.

d) Cuando llegó el tiempo prefijado desde toda la eternidad, por un acto libre de su voluntad, el  Todopoderoso  creó   todas las cosas; vale decir, dio realidad física, objetiva, a las cosas, cuyas esencias metafísicas conoció ab aeterno. Al crearlas, las hizo perfectamente concordes con sus planes o ideas. Los objetos son exactamente como Dios los conoce; y son así, porque El los concibió de esa manera. Todos ellos guardan entre sí, en el universo, y con el Creador, el orden que El previo con su sabiduría infinita y estableció con su omnipotencia.

e) Las ideas perfectas, eternas, de las cosas, están en el entendimiento divino.  Pero ellas se verifican y se realizan en cada criatura. Las criaturas, en su ser físico, están fuera de la mente divina. Las  esencias eternas de las  cosas son inmanentes  en Dios; los objetos creados son trascendentes a El.

f) Dios dio a algunas criaturas la facultad de conocer, y quiso que ellas imitasen, dentro de sus limitadas capacidades, su perfección de conocer. Él conoce todas las cosas tales como son, Las criaturas, que participan de su facultad de conocer, deben obtener, por tanto, conocimientos de las cosas como son en sí; si bien, ni tan perfecta ni tan enteramente como Dios. Pero los pocos conocimientos que pueden adquirir con sus limitadas posibilidades, deben ser concordes con el sector de realidad que les es dado captar. Si no fuera así, no conocerían de ninguna manera como Dios conoce.

g) El hombre es un ser dotado de cuerpo material y alma espiritual. Dios quiso que conociese como la materia puede hacerlo, por medio de imágenes materiales, conformes con la realidad concreta de las cosas materiales, y también como el espíritu puede, por medio de conceptos o ideas que captan las esencias de las cosas y las relaciones que guardan entre sí, con el universo y con el Creador.

h) Dios no intenta nada en vano. Cuanto quiere hacer, lo puede. Habiendo querido que el hombre conociese como El conoce —si bien, no tan perfecta ni enteramente como El—, le dio poder de conocer las cosas como son en sí, dentro del campo a que se extienden sus posibilidades. No conocerá todo lo que se puede saber de las cosas; pero lo poco que percibe, es conforme con la realidad.

Así estableció Dios la concordancia y la armonía entre el conocimiento y el ser.

No deja de ser ésta una teoría muy interesante.

Fuente:

Patricio Hopkins,Filosofía ,pag. 199-200,ediciones Almagro,Bs.As, Argentina , 1975

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La forma de la Tierra

La forma de la Tierra

Dicen que no hay peor sordo que el que no quiere oir.

A veces ocurre que hablas con alguien que sostiene opiniones totalmente ridículas y absurdas , y te ves tentado a discutir con él, a explicarle su error.

En mi opinión, mormalmente, suele ser una mala idea. Si alguien no ve lo evidente, es que no quiere ver lo evidente. Permíteme que ilustre esto con un ejemplo.

El desafío

Sitúate mentalmente en el año 1870.

Inglaterra era la mayor potencia marítima y sus barcos circunavegaban el planeta de modo regular, tarea que había facilitado bastante la reciente apertura del canal de Suez. Jules Verne hacía poco que había publicado sus 20.000 leguas de viaje submarino.

Pese a la fidelidad de los ingleses a su viejo sistema de medidas, hacía ya casi cién años que se había definido al metro como la diezmillonésima parte de un cuadrante de un meridiano de la Tierra.

Lo último que esperaría nadie razonable es que, en ese año, el periódico inglés “The Field” publicase un par de cartas en las que un hombre llamado Jhon Hampden ofrecía un premio de 500 Libras esterlinas (un buén dinero) a quén fuese capaz de demostrar que la tierra no era plana.

Sí, has leído bién.

Hampden afirmaba que la tierra era plana como una mesa, y que nadie sería capaz de demostrar lo contrario y embolsarse el premio.

Hampden no era un fanático solitario salido de ninguna parte. Contaba con el apoyo de una especie de sociedad astronómica llamada “Sociedad Universal Zetética”.

En 1849, y bajo el pseudónimo de “Parallax”, Samuel Birley Rowbotham había escrito un pequeño libro de dieciseis páginas titulado, al ampuloso y grandilocuente modo de la época “Zetetic Astronomy: A Description of Several Experiments which Prove that the Surface of the Sea is a Perfect Plane and that the Earth is Not a Globe!” (Astronimía Zetética: Una descripción de varios experimentos que prueban que la superficie del mar es un plano perfecto y que la tierra no es un globo!)

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El panfleto, en ediciones posteriores, crecería hasta tener casi 450 páginas, se basaba en argumentos bíblicos, teológicos y geométricos (todos ellos bastante discutibles) con los que Samuel Birley Rowbotha pretendía demostrar que la tierra no era una esfera, sino plana, con el polo norte en el centro y el “polo sur” como una inmensa barrera de hielo rodeando la tierra. Para promover esos planteamientos, fundo la “Sociedad Universal Zetética”, que, con lecturas públicas de su panfleto pretendía dar a conocer a sus ideas y convencer a los incrédulos.

Podrías pensar que, dado lo ridículo de la propuesta, nadie digno de mención tomó el guante del desafío. Pero, si así hubiese sido, este post quedaría bastante deslucido.

Nada menos que Alfred Russel Wallace, el hombre que que descubrió la misma teoría de la evolución que Darwin de forma independiente, que era un más que competente geólogo, biólogo y geógrafo (En aquellos tiempos, a eso se le llamaba “Naturalista”) y que había pasado años en las antípodas cuya posibilidad física negaba Hampden.

Wallace no era muy amigo de meterse en esos berengenales pero, pese a la ayuda económica que había conseguido gracias a su amigo Darwin, no era un tipo demasiado adinerado, y las 500 Libras de la apuesta le vendrían pero que muy bién.

Se había lanzado un desafío y alguien lo había aceptado. Faltaba determinar un lugar para el “duelo”, pactar unas normas, y elegir unos “padrinos”.

El lugar

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El Old Bedford River es, en ralidad, un canal artifical construído dentro de un sistema mayor para drenar una zona pantanosa de los condados de Cambridgeshire, Lincolnshire y Norfolk, al este de Inglaterra.

Su trazado recto y su cauce lento y tranquilo lo hacían perfecto para el experimento, que estaba basado en uno descrito en el libro de Samuel Birley Rowbotham, y que consistió en lo siguiente:

El experimento

Sobre uno de los puentes del Old Bedford River, y a una altura cuidadosamente medida sobre la superficie del agua (13 pies y cuatro pulgadas, unos 4.06 metros) se colocaba un “blanco”. A seis millas de distancia (unos 9.66 km), y a la misma altura, se situaba un telescopio apuntando a ese blanco. Justo a mitad de camino y a la misma altura estaba situada una “diana”.

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Como puedes ver en el precioso gráfico de arriba (creado a partir de una ilustración original del libro de Birley), si la tierra resultaba ser plana, las dos marcas y el telescopio deberían estar alineadas (y, desde este, la más cercana taparía la visión de la del puente). Si la superficie de la tierra era efectivamente curva, la diana central debería aparecer, vista desde el telescopio, más alta que la del puente.

Cinco caballeros ingleses

El 5 de Marzo de 1870 se reunieron junto al Old Bedford River los caballeros John Hampden, Alfred Wallace, William Carpenter (testigo por parte de Hampden), M. W. B. Coulcher (testigo por parte de Wallace) y J. H. Walsh, editor del periódico “The Field” y árbitro acordado para el desafío.

El experimento, en la práctica, no es tan fácil como en la teoría. Para evitar susceptibilidades, hay que ser extremadamente cuidadoso en las mediciones de las alturas y posiciones de las dianas y el telescopio. Hay que tener suerte con las condiciones de visibilidad, y tener en cuenta cosas tales como la refracción de la luz causada por la atmósfera, que es notable en una distancia de seis millas, y varía según la hora del día y las condiciones atmotsféricas.

En cualquier caso, la imagen debe haber sido memorable: Cinco caballeros victorianos elegantemente vestidos, en medio de la campiña inglesa, mirando por un telescopio al horizonte y discutiendo sobre distancias, geometría y refracción.

El veredicto del telescopio

El resultado del experiemento fué el predecible: La diana central apareciá elevada sobre la visual telescopio-puente unos cinco pies y medio (1.68 m.), dándole la razón a Wallace.

Un cálculo aproximado de trigonometría de escolares, tomando un radio terrestre de 6371 km. y una distacia entre cada marca de 4.828 km. me ha dado que la marca central debería haber aparecido a 1.83 m. sobre la visual. Dadas las circunstancias, me parece un resultado bastante bueno.

Walsh determinó que que la curvatura terrestre estaba demostrada, y entregó el dinero a Wallace, el ganador.

Si esto fuera un guión cimematográfico, la cosa acabaría más o menos aquí. Wallace se va con su premio a casa henchido de orgullo y Hampden se marcha algo cabreado (quizás mordiendo el ala de su sombrero), pero algo menos terraplanista que antes.

Los problemas

Pero la vida real es algo más retorcida que las películas.

Durante los años siguientes, un furioso Hampden acosaría a Wallace y su familia a través de todos los medios, incluídos los legales, acusandole de hacer trampas.

En 1976 la cosa acabó en los tribunales que, sin querer enfangarse en asuntos como la forma de la tierra o la veracidad del experimento y sus resultados, determinaron que los desafíos de ese estilo no tenían validez legal.

Pero esto no calmó a Hampden, que siguió acusando y amenazando a Wallace, y pasó varias veces por los tribunales, y por prisón, acusado por difamación.

Al parecer, Alfred Russel Wallace se arrepintió durante el resto de su vida de haber participado en el experimento del Old Bedford River.

Sociedad Internacional Tierra Plana

Quizás te preguntes qué pasó con los terraplanistas.

Contra todo pronóstico Universal Zetetic Society continuó sin cambios hasta el año 1956, cuando cabió su nombre por el de International Flat Earth Society. En torno a los años ochenta (Sí: Me refiero a 1980, no es una errata) había adoptado un cartacter mucho más religioso, y alacanzó una cumbre de unos 4000 socios. Evidentemente, argumentaban que todo el proyecto espacial es una gran estafa.

Al parecer, esta sociedad aún existe.

La foto del Old Bedford River es de la Cambridge Albion Angling Society

El esquema de le experimento está montado a partir de una imagen original del libro “Zetetic Astronomy”.

El dibujo de la Tierra Plana pertenece al libro “Zetetic Astronomy”.

He sacado todos los datos de Internet. Esta historia se cuenta en multitid de páginas, la mayoría de ellas contradicitorias. En tanto me ha sido posible, he recurrido a las fuentes más cercanas a las originales, como el propio libro de Birley o las cartas de Wallace al periódico “The Field”.

Fuente: http://www.psicobyte.com/articulo/la_forma_de_la_tierra

Giezi

Giezi 

Enviado el Miércoles, 13 diciembre a las 09:52:00 por lemusi
Amigo de Jesús  Devocionales

Giezi, era siervo de Eliseo. Dios concedió a Giezi la bendición de relacionarse personalmente con Eliseo un privilegio que muchos de nosotros hubiéramos querido tener; pero Giezi en vez de imitar el modelo que Dios le había presentado con el ejemplo de la vida su maestro un verdadero “varón de Dios“, decidió no consagrarse incondicionalmente a Dios.

La inmadurez en la vida de Giezi y específicamente los pecados de la avaricia y la codicia que albergaba en su corazón, no le permitieron su desarrollo espiritual y menos que el Espíritu de Dios obrara por medio de su persona.

Una revelación de la verdadera condición espiritual de Giezi se nos presenta después que Naamán fue sanado de su lepra. El comandante del ejército sirio en agradecimiento quiso recompensar a Eliseo con 340 kilos de plata, 68 kilos de oro y diez mudas de ropa; pero el profeta rehusó aceptar la renumeración diciendo: “Vive el SEÑORdelante de quien estoy, que no aceptaré nada. Vete en paz.” 2 Reyes 5:16, 19; Nueva Biblia de los Hispanos )

Entonces Giezi, motivado por la avaricia; salió corriendo detrás del carro de Naamán y usando  falsamente el nombre de Eliseo y creando una historia en favor de la necesidad de dos hijos de los profetas logró obtener de Naamán 64 kilos de plata y dos mudas de ropa; botín que guardó en su casa.

Después, Giezi se presentó delante de Eliseo quien lo recibió sorpresivamente con una pregunta: “¿Dónde has estado, Giezi?” Giezi respondió al profeta: “Tu siervo no ha ido a ninguna parte” vs. 25 ). Eliseo, confrontó la mentira y astucia de su criado y como consecuencia lo castigó a él y a sus descendientes con la lepra de Naamán para siempre.

El nombre de Giezi significa “valle de vista“; pero su vida nos demuestra claramente que tenía la “vista muy corta” porque su corazón estaba obsesionado con el pecado de la avaricia.

La avaricia es:

a. Algo contra lo cual debemos protegernos (Lucas 12:15)

b. Una característica de los falsos maestros (2 Pedro 2:1-3) y de aquellos que  rechazan al Señor. (Salmo 10:3; 2 Pedro 2: 9-16)

c. Propia de una mente depravada (Romanos 1: 28-32)

d. Una característica de una vida separada del Señor (Salmo 10: 3- 4; Colosenses    3: 5- 7)

e. Impropia entre los creyentes (Efesios 5:3) “

Pablo nos exhorta a hacer morir a todo lo terrenal que hay en nuestra vida y menciona que la “avaricia es idolatría” (Colosenses 3:5 )

¡Sólo el poder del Espíritu Santo nos ayudará a erradicar de nuestro corazón el pecado de la avaricia, que no permitió a Giezi mantenerse ya más ni en la presencia santa de Eliseo y menos en la de Dios!

Gracia y Paz

Sergio  “Amigo de Jesús” 

Fuente: http://www.calvarychapelamistad.org/ccamistadnew/modules.php?name=News&file=article&sid=499

Respirá Dios y mantenete vivo.

Respirá Dios y mantenete vivo.

9 de marzo

“¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez por la salvación de su presencia.” Salmo 42:5

Una de las formas en que la mafia americana solía ajusticiar a aquellos que querían traicionarla, era poniendo al supuesto traidor parado en un fuentón. Le tiraban cemento y esperaban que seque. Un día después, el hombre tenia sus pies dentro de una base de cemento de la que no se podia salir. Entre varios tomaban el fuentón y lo tiraban en un rio. Podía aguanta sin respirar algunos minutos, pero tarde o temprano el cuerpo lo obligaba a respirar. En lugar de aire, entraba agua a lo pulmones y el supuesto traidor moría ahogado. No podía respirar y moría.

Me sorprendí al aprender que esperanza significa respirar. El que espera respira, se mantiene vivo. Dice el viejo dicho: La esperanza es lo último que se pierde. Solo la muerte mata la esperanza, o tal vez sea al revés y aquel que no tiene esperanza se muera.

Es lo que estaba escribiendo David en este salmo. Su angustia sea muy grande. Estaba abatido, completamente derrotado, había bajado los brazos porque su problema lo superaba completamente y no tenía ni solución ni salida. Estaba turbado, completamente desenfocado por su crisis. Su única realidad era su problema y eso lo hacía sentir peor. Le angustiaba el alma, le agotaba las fuerzas, lo apabullaba de tristeza.

Y en medio de esta realidad tan desoladora y real, el puede decir: yo sigo respirando en Dios. Aunque no haya salida y los problemas agobien, yo sigo esperando en Dios. Contra todo pronostico y lógica y a pesar de las circunstancias contrarias, yo sigo teniendo esperanza en Dios.

El diablo quiere poner tus pies en el fuentón de tu realidad y llenarlo del cemento de los problemas y angustias para tirarte al río de la vida y dejarte ahogar sin esperanza. No le des el gusto al diablo. David te desafía hoy a que sigas respirando, no dejes de esperar en Dios. La esperanza te mantiene vivo, te deja seguir soñando, te sostiene el ánimo, te ayuda a continuar, te mantiene vivo.

Dios es la fuente de la esperanza, el aire de tu vida, la confianza de tu futuro. No metás los pies en el cuentón de tus dudas.

REFLEXIÓN – Respirá Dios y mantenete vivo.

Un gran abrazo y bendiciones

Dany

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¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico (IX)

¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico (IX)

David Stoll, ¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico

←  nódulo 2002 • capítulo 2 • páginas 43-46  →

La reforma católica en América Latina

Alrededor de los años 60, muchos trabajadores de la Iglesia Católica se encontraban insatisfechos con las estructuras casi medievales que debían administrar, y cómo modernizarlas se convirtió en el objeto de un profundo debate. Otro asunto de disensión era cómo responder a los gobiernos opresivos. Si la Iglesia Católica se aferraba al statu quo, como frecuentemente lo había hecho en el pasado, continuaría alienando a los miembros inquietos de las clases bajas. Pero si se volvía contra la estructura de poder, sus viejos aliados la acusarían de subversión.

En respuesta a dichos predicamentos, el clero católico tomó diferentes direcciones, cada una de ellas tratando de restaurar la autoridad de la iglesia en una forma diferente. Los más conservadores se adhirieron a las formas sacramentales e institucionales antiguas; sin aceptar los cambios del Vaticano II, todavía eran capaces de consagrar las dictaduras militares a la Virgen. Luego estaban los reformadores, institucionalistas más flexibles y orientados hacia el futuro, que desplazaron a los conservadores en la administración eclesiástica. Criticaban al capitalismo y argumentaban que la Iglesia necesitaba dedicarse a las injusticias sociales de América Latina. El gran estímulo detrás de sus esfuerzos era el temor a levantamientos sociales y derrames de sangre. Poco después, el intento de prevenir la revolución con la reforma dividiría aún más al clero.

En un primer momento, los activistas católicos se expresaron a través de sindicatos demócrata-cristianos, ligas campesinas y partidos políticos. A medida que estas organizaciones llegaban a los límites permitidos por el estado y la clase alta, tendían a ser suprimidas o absorbidas. Radicalizados por sus experiencias, algunos activistas católicos se unieron a movimientos revolucionarios. Otros se contenían de realizar este tipo de compromisos, temiendo el costo humano que el derrocamiento del antiguo régimen traería consigo. Desconfiaban también de la izquierda, pues sospechaban que ésta terminaría construyendo dictaduras más poderosas. Los hombres que supuestamente estaban a cargo, los obispos, titubeaban entre discursos de protesta, mediación y reconciliación.{7} [44]

El dilema sobre si se debía trabajar dentro del orden establecido o tratar de transtornarlo estaba acompañado por otra cuestión muy importante, si se mantenía o no la cadena tradicional de la autoridad clerical. La jerarquía católica había defendido durante mucho tiempo estas prerrogativas. El Papa en Roma era, después de todo, el Vicario de Cristo en la tierra. A pesar de que la jerarquía se adaptó al cambio al permitir cierta independencia en los niveles bajos, cuánto debía ser permitido era siempre un tema de discusión.

En América Latina, la pérdida de influencia entre las clases populares fue tan obvia que, mucho antes del Concilio Vaticano Segundo, la Iglesia se encontraba experimentando con nuevas ideas para reincorporar a las masas. Durante las décadas de 1960 y 1970, la Iglesia estalló con nuevas clases de organizaciones que pretendían alcanzar a los pobres y llevarlos de vuelta al rebaño. Una táctica popular fue iniciar cooperativas. Otra fue entrenar a catequistas laicos o «delegados de la Palabra». Una última fue organizar «comunidades eclesiales de base»: grupos idealmente pequeños, cohesivos y auto-dirigidos compuestos mayormente por gente pobre, quienes estudiaban la Biblia y aplicaban sus enseñanzas a sus problemas diarios.

El estímulo más inmediato para dichos esfuerzos fue la escasez del clero. En una sola década, según Gary MacEoin, dos de cada cinco sacerdotes en América Latina abandonaron su santo oficio.{8} Un número cada vez menor de jóvenes iba al seminario, y la vasta mayoría desertaba antes de concluir su largo curso de estudios. Incluso durante la década de 1980, cuando la disminución de vocaciones clericales finalmente se niveló, el entrenamiento de un gran número de líderes laicos fue la única forma de restaurar la presencia de la Iglesia en la población.

Algo determinante en los esfuerzos para entrenar a líderes seglares fue el desafío del protestantismo. Para los católicos insatisfechos con la jerarquía católica, esto proporcionaba argumentos importantes para ceder poder a los líderes seglares y descentralizar la autoridad. En primer lugar, los protestantes enviaban batallones de evangelistas contra los cuales los católicos debían competir. «El contraste básico es el sacerdote versus el propagandista», explicó un ex-sacerdote en Costa Rica. «[Para un evangelista] basta tener una Biblia y conocer algunos himnos. [45] El puede haber tomado un curso, a diferencia de los siete años de entrenamiento de un sacerdote católico.»{9} En segundo lugar, los evangélicos practicaban formas más populares de culto que los católicos, salvo las comunidades de base y las carismáticas. De acuerdo a Thomas Bamat, tendían a «crear relaciones más igualitarias y participativas. Permiten incluso a la gente más pobre, asumir roles de liderazgo, y estimulan expresiones emocionales durante el culto.»{10}

El protestantismo fue un modelo importante en otro aspecto. Con la bendición de Roma, católicos de todas las clases descubrieron a una de las más grandes atracciones del Protestantismo en América Latina: la Biblia. Lo que alguna vez había sido simplemente un adorno en los púlpitos católicos, incluso un texto proscrito, accesible únicamente para el clero y las personas que ellos autorizaban, era ahora exaltado como una guía para la fe. Debido a que la Biblia incluía muchos mensajes estimulantes para las clases populares, se convirtió en una parte integral de la concientización propuesta por la teología de la liberación.

La lectura de la Biblia fue también parte de otro movimiento influenciado por el protestantismo, la renovación carismática. En contraste con la teología de la liberación, que buscaba revitalizar a la Iglesia, convirtiéndola en la vanguardia del cambio social, la idea carismática de la renovación era el bautismo en el Espíritu Santo. Los carismáticos eran claramente los herederos de la tradición mística en el catolicismo. Pero éstos adquirían sus «regalos espirituales» o charismata –curación por la fe, don de lenguas– del pentecostalismo, la versión más popular del protestantismo en América Latina. La mayor parte de estos católicos se inspiraba en carismáticos católicos y protestantes de los Estados Unidos, y no en los pentecostales latinoamericanos, quienes tendían a ser demasiado prejuiciosos en contra de la Iglesia Católica como para trabajar en su interior.{11} Sin embargo, el carismatismo se convirtió en la principal apertura para las ideas evangélicas. Debido a que los católicos carismáticos abarcaban la terna esencial de la devoción a la Biblia, la relación personal con Cristo y la prioridad del evangelismo, algunos comenzaron a llamarse el ala evangelista de la Iglesia Romana.

Los carismáticos recibieron menos publicidad que los liberacionistas, pero algunas veces sobrepasaron su influencia, por lo menos a [46] nivel local. Debido a que la renovación carismática generalmente no estaba interesada en la política, se convirtió en una reacción contra la teología de la liberación, atrayendo a los católicos de la clase media, que se apartaban de los asuntos sociales y deseaban concentrarse en la labor pastoral. A pesar de ser rivales, los dos movimientos compitieron contra el protestantismo al adoptar algunas de sus características más sobresalientes: la lectura de la Biblia, el liderazgo seglar, y la creación de comunidades fraternales.

En algunas situaciones, la teología de la liberación y la renovación carismática pudieron haber tenido éxito como una barrera contra más pérdidas frente al protestantismo. En Brasil, los Bautistas del Sur informaron que las comunidades de base y los programas sociales estaban dando a la Iglesia Católica una nueva credibilidad entre las masas de pobres. Las ocho mil comunidades de base que se estimaba existían, no eran solamente grupos de acción política. Representaban, también, una revitalización de la Iglesia a nivel popular, la cual involucraba y activaba a los católicos anteriormente nominales.{12} Los evangélicos incluso se mostraban temerosos e intimidados por las masas de gente que la Iglesia Católica podía movilizar, especialmente cuando se reforzaban por el poder de las visitas papales. Se podría decir que, al proporcionar un estímulo competitivo, el protestantismo estaba fortaleciendo al catolicismo.

Notas

{7} Pablo Richard, citado por Deborah Huntington, «Visions of the Kingdom: the Latin American Church in Conflict», NACLA Report on the Americas, septiembre-octubre de 1985, pp. 22-23.

{8} Citado por John Shannon, «Catholicism’s Coat of Many Colors», Latin America Pulse, noviembre de 1983, pp. 2-5.

{9} Entrevista del autor a Arnoldo Mora, San José, Costa Rica, 18 de julio de 1985.

{10} Thomas Bamat, «Ecuador: Controversy Surrounds Growing Evangelical Presence», Latinamerica Press, 29 de noviembre de 1984, pp. 5-6.

{11} Para una descripción del carismaticismo católico, véase Thomas Chordas, «Catholic Pentecostalism», en Glazier 1980: 143-175.

{12} Erich Bridges, «Catholicism in Brazil: Problems and Promise», Commission(SBC), febrero-marzo de 1982, pp. 26-29.

¿Un Dios que evoluciona

¿Un Dios que evoluciona

April 1, 2006 by Rodrigo Mundaca ·

Tomaremos como inicio entonces la siguiente pregunta formulada por Joseph Severn (alias del segundo cíbrido de John Keats): ¿Es posible que una deidad evolucione a partir de la conciencia humana sin que la humanidad lo sepa? Esto da pie al fragmento que sigue:

–Yo enseñé que según san Teilhard, esto era posible –señaló fatigosamente Duré–, pero si ese Dios es un ser limitado, que evoluciona tal como hemos hecho los demás seres limitados, pues no, no es el Dios de Abraham y Cristo.

Monseñor Edouard asintió.

–Hay una antigua herejía…

–Sí –dije–, la herejía sociniana. Oí que el padre Duré se la explicaba a Sol Weintraub y al cónsul. Pero no importa como haya evolucionado esta… potestad, ni si es limitada. Si Ummon dice la verdad, nos enfrentamos a una fuerza que usa cuásares como fuentes de energía. Es un Dios que puede destruir galaxias, caballeros.

–Eso seria un dios que destruye galaxias –enfatizó Duré–. No Dios.

–Pero si no es limitado –repliqué–, si es el Dios del Punto Omega, la conciencia total acerca de la cual usted ha escrito, si es la misma Trinidad que la Iglesia de ustedes formula y teoriza desde antes de Santo Tomás, si una parte de esa Trinidad ha retrocedido en el tiempo hasta aquí y ahora, ¿qué pasa?

El anterior diálogo ejemplifica muy bien los dilemas teológicos que conciernen a la Saga de Hyperion y que básicamente tiene que ver con la posibilidad de Dios o un “dios” que no es Creador sino criatura. Simmons da particular importancia a las ideas del sacerdote jesuita Teilhard de Chardin (a quien convierte en “san” Teilhard) y menciona de paso la “herejía” sociniana y más acabadamente el concepto del Punto Omega que trascendió los ámbitos de la religión para instalarse en la ciencia de la mano de Frank Tipler y John D. Barrow con el libro The Anthropic Cosmological Principle (Oxford Univ. Press, 1986), que a su vez sirvió de base para la teoría de Tipler desarrollada en “Física de la inmortalidad. Cosmología moderna, Dios y la resurrección de los muertos” (1994). Los tres apartados de esta nota denominada Un dios que evoluciona obtendrán sus títulos a partir de los enunciados del anterior fragmento de la novela de Simmons y serán, en orden cronológico: La herejía sociniana, las enseñanzas de san Teilhard y finalmente (y para delicia de rmundaca) El Punto Omega.

La herejía sociniana

El Socinianismo es un movimiento religioso de teología unitaria que tomó forma gracias a dos teólogos del siglo XVI: Lelio Sozzini (o Socino), y su sobrino Fausto Sozzini quien, perseguido por sus creencias, encontró refugio en Polonia donde se unió a otros reformadores liberales y antitrinitarios en el grupo denominado Hermanos Polacos (destruido posteriormente por la Contrarreforma Católica). Antes de explicar en qué consiste la herejía sociniana a la que alude el segundo cíbrido de Keats, sin embargo, debemos establecer en que consiste la teología unitaria y el antitrinitarismo.

El Unitarismo encuentra sus orígenes en los primeros siglos del Cristianismo y se fundamenta en el rechazo a la idea de la Trinidad considerándola como contraria a las enseñanzas originales de Jesús. La imposición del Credo católico y del dogma trinitario en los Concilios de Nicea (325) y Constantinopla (381) condenó como herejías estas ideas y supuso la persecución de sus seguidores. Al estallar la Reforma y dentro del espíritu protestante de libre examen de la Biblia numerosos intelectuales publicaron sus propias interpretaciones acerca de la doctrina cristiana sin esperar por supuesto la aprobación de la “corrupta” Roma. Uno de estos intelectuales fue el médico y teólogo español Miguel Servet (1511-1553) que en su libro De Trinitatis Erroribus debatió racionalmente la doctrina trinitaria, ideas que se consolidarían posteriormente en su obra cumbre Christianismi Restitutio. Las heterodoxas opiniones de Servet le convirtieron en un proscrito en toda Europa, siendo perseguido tanto por la Inquisición como por Calvino y sus partidarios, quienes finalmente le aprehendieron en Ginebra y condenaron a morir en la hoguera.

Las críticas propiciadas por Servet de las doctrinas tradicionales fueron retomadas por los humanistas de Italia del norte que, independiente de Lutero, Calvino y otros reformadores, desarrollaron sus propias teologías liberales. Y es aquí donde entran Lelio y Fausto Socino.

Antes y después de la muerte de Servet, varios religiosos italianos que adherían a su pensamiento huyeron de la Inquisición buscando refugio en Ginebra y Zürich, dentro de ellos se encontraba Lelio Socino (también conocido como Laelius Socinus), nacido en Siena (Toscana) en 1525 y fundador del movimiento intelectual Antitrinitario. La influencia de Lelio fue mucho mayor tras su muerte que en vida y su mayor aporte fue demandar respuestas racionales a preguntas teológicas, posición que por supuesto no aceptaba dogma alguno; las Escrituras eran vistas como un testimonio y no un depositario de dogmas inventados. El rol del la voluntad e intelecto humanos adquirieron mayor relevancia pudiendo el hombre controlar sus propias decisiones morales realizadas en trono a una base racional. La Iglesia perdió toda su aura sobrenatural y se convirtió en una sociedad de creyentes. Los sacramentos fueron despojados de sus poderes mágicos y se convirtieron en ceremonias. A decir verdad los conceptos de Lelio eran similares a la doctrina de Servet pero sin la metafísica filosófica que había servido de poderoso instrumento para negar los dogmas Cristianos. El pensamiento de Lelio posteriormente llegaría a su máxima expresión con la escuela creada por su sobrino Fausto: el socianismo

Fausto Socino (1539) nació en Siena al igual que su tío y provenía de dos familias muy distinguidas de la república de Toscana. Perdió a sus padres a muy temprana edad y es poco lo que se sabe de sus años de juventud. En 1561 Fausto dejó Italia y marchó a Lyon para adquirir experiencia como mercante. Allí entró en contacto con los movimientos religiosos radicales y particularmente con el pensamiento de su tío Lelio. Tras la muerte de Lelio en 1562, Fausto abandonó Lyon y se marchó a Zürich donde adquirió los manuscritos y notas de su tío (posteriormente, en una carta escrita a un amigo de Transilvania, Fausto confesaría que no tuvo otro maestro humano en la vida excepto los escritos de Lelio).

Fausto Socino escribió gran parte de sus trabajos teológicos en Suiza e incluso en Italia y el corazón de sus doctrinas concordaba con aquellas de la Hermandad Polaca:

  • Antitrinitarismo o negación del concepto tradicional de la Trinidad.
  • Unitarianismo o negación de la preexistencia del Hijo (Jesús).
  • El concepto de redención a través de actos morales.
  • El concepto de dualismo radical, es decir, diferencia radical entre Dios y humano.
  • El estatus de moralidad de Adán antes de su caída.
  • El concepto de religión practicado como principios éticos, o sea, la convicción que órdenes morales como el Sermón de la Montaña deben ser practicados.
  • La convicción que el hombre es capaz de desarrollar la voluntad de seguir a Cristo y así obtener la salvación.
  • La oposición al misticismo que requiere cierta iluminación especial para acceder a la verdad religiosa.
  • La convicción que el razonamiento natural del ser humano es suficiente como para etender e interpretar las Escrituras.
  • Socino aceptó la posición empírica que dicta que todo nuestro conocimiento proviene de la experiencia sensorial: Nam, ut dictum est a Philosopho, nihil est in mente, sive in intellectu, quod non prius fuerit in sensu.
  • Ahora bien, en cuanto a la Cristología Antitrinitaria, Socino en su primer tratado escrito en 1562 bao el titulo Explicatio primae partis primi capitis Evangelii Joannis, entrega una interpretación distinta de las palabras de Juan (Juan 1:1-3) que niegan el dogma Trinitario. Tradicionalmente, este capítulo fue interpretado sobre la base de la filosofía y religión griega que asumía la existencia de una segunda persona, el Hijo de Dios o Verbo o Logos, que era una entidad cósmica preexistente con Dios Padre y unido a él por la misma sustancia. De acuerdo a esta exégesis posteriormente el Hijo de Dios se volvió “carne”, o sea un ser humano, Jesús, pero sin dejar de ser Dios.

    El argumento de Socino contra esta interpretación se apoya en la falta de consistencia que guarda con otros pasajes de las Escrituras. Tanto en Lelio, como Fausto el “comienzo” no se refiere al Génesis sino que debe ser entendido como el inicio de las enseñanzas de Jesús. La noción de la preexistencia del Verbo (Logos) como una entidad cósmica ha sido aceptada en la teología tradicional bajo la influencia de la filosofía platónica y no como algo emanado de los Evangelios. En los Evangelios el término Logos (palabra) se refiere al Jesús histórico (el hombre que fue crucificado) y no el Verbo eterno y cósmico. Al llamar Palabra a Jesús, Juan quería decir que Cristo estaba proclamando la palabra de Dios.

    De acuerdo a Socino, el verdadero entendimiento de la expresión escritural “el hijo de Dios” aplicada a Jesús no significa que Él haya nacido gracias a la intervención del Espíritu Santo, sino que se refiere a su “similitud” al Padre en tres funciones:

    1. Conocimiento: Jesús conocía las mentes y corazones de hombres y mujeres como ningún otro profeta o ángel.

    2. Inmortalidad: Jesús ha sido el primer y único ser humano en obtener la inmortalidad (pese a que las Escrituras mencionan que Enoch y Elías fueron llevados al cielo, no resucitaron y tampoco existe evidencia que hayan sido hecho inmortales).

    3. Poder: Jesús tenía poder sobre las mentes y cuerpo de los demás seres humanos. Además dirige buenos y malos espíritus y juzga a los seres humanos de acuerdo a sus meritos recompensándolos con vida eterna o castigo. Pero el poder de Jesús se extiende sólo sobre la gente que pertenece a la Iglesia. Y la Iglesia se entiende como la gente que tiene conocimiento de Jesús, incluyendo quienes lo niegan.

    Por último cabe mencionar que la expresión “Espíritu Santo” para Socino no denota una tercera persona o Dios. El Espíritu Santo no es una entidad cósmica, es el poder de Dios y la efectividad de sus acciones, el poder de santificar a las personas.

    En el contexto de La saga de Hyperion podemos concluir que la herejía sociniana se refiere específicamente a la visión de Jesucristo “sólo como un hombre” (aunque revelación por excelencia de Dios) lo que se ejemplifica muy bien en el siguiente pasaje del El ascenso de Endimión, durante el sermón de Aenea en T’ien Shan:
    Liberado de las restricciones del tiempo al vislumbrar la atemporalidad del Vacío Que Vincula. Jesús comprendió que él era la clave… no sus enseñanzas, ni las escrituras basadas en sus ideas, ni la servil adulación de él o del Dios del Antiguo testamento, un Dios en quien creía con firmeza y que de pronto había evolucionado, sino él, Jesús, un hombre humano cuyas células contenían la clave para abrir el portal. Jesús sabía que la aptitud para abrir esa puerta no residía en su mente ni en su alma sino en su piel, sus huesos y sus células… literalmente, en su ADN.

Lord Carey confirma la idea de que el concepto de Dios también evoluciona. Hace poco leí por ahí que alguien de la Iglesia decía que si algún día se descubriera que hay otro tipo de vida fuera de la Tierra, eso no le quitaría validez a la idea de Dios… aunque en ningún texto sagrado se nos hable de “nuestros hermanos”. Igual es porque Dios, a quien parece que le gustan las bromas, no quería que supiéramos que estábamos acompañados.
Fuente:
http://www.tauzero.org/tag/punto-omega/

David Stoll, ¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico (VIII)

David Stoll, ¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico (VIII)

David Stoll, ¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico

 

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Reforma y contrarreforma en la Iglesia Católica

En el año 1900, el misionero metodista Thomas Wood escribió que América del Sur había proporcionado «la lección más llamativa» sobre el impacto comparativo del romanismo y del protestantismo en el bienestar humano. Ya que Sudamérica se encontraba al pie de la escala moral de la cristiandad, argumentaba Wood, proporcionaba el campo más grande en el mundo para la diseminación de las mejoras morales peculiares a los Estados Unidos. En su opinión, el principal obstáculo era la superchería del clérigo católico, su idolatría y codicia, conspiración y malos consejos, lo cual provocaba revoluciones incesantes. Ahora, sin embargo, se daba a la raza latina una nueva oportunidad para aceptar el evangelio, a través de su pasión por imitar a los Estados Unidos. Aún si estos esfuerzos no llegaban a nada, Wood pensaba que este deseo actuaba como una levadura divina. Preparaba a los latinoamericanos para recibir lo que realmente necesitaban de los Estados Unidos: la Biblia. A través de la Biblia, América Latina ingresaría, finalmente, en la herencia de bendiciones de América del Norte, en forma de grandes y arrasadores avivamientos.{1}

Wood no fue ni el primero ni el último protestante en culpar a la Iglesia Católica por la brecha existente entre las dos Américas.{2} Mientras que la cultura protestante de América del Norte había fomentado la independencia e innovación, opinaban observadores como Wood, América Latina había sido refrenada por una cultura moral que ponía énfasis en la obediencia hacia la autoridad. Aunque estas evaluaciones sean simplistas, es ciertamente relevante que, como sistema administrativo, el Catolicismo se remonta al Imperio Romano, lo que le convierte en candidato para ser entendido como la burocracia más antigua del mundo. [40]

El contraste con los evangélicos es dramático. Orlando Costas ha señalado que las primeras misiones protestantes fueron organizadas de igual forma que las empresas comerciales del capitalismo mercantilista.{3} A medida que el mundo se convertía en un vasto mercado, la iniciativa se trasladó hacia las organizaciones religiosas que extraían ventaja de la atmósfera de competencia y libre intercambio. La Iglesia Católica no fue siempre la perdedora: en la región del sub-Sahara, Africa, crecía más rápidamente que el protestantismo.{4} Pero en América Latina, era la Iglesia establecida del orden colonial.

Incluso después de que América Latina obtuvo su independencia de España, a principios del siglo diecinueve, el clero católico disfrutaba de una autoridad política considerable. Para cuando los misioneros protestantes comenzaron a llegar, el anticlericalismo se había convertido en una fuerza de poder, particularmente entre una burguesía incipiente que rechazaba la autoridad del clero y codiciaba sus inmensas tenencias de tierra. Con las revoluciones liberales de finales del siglo diecinueve, las facciones anticlericales cobraron poder, tomaron la propiedad católica y declararon la libertad religiosa. Con el deseo de debilitar la autoridad de los sacerdotes, los anticlericales también dieron la bienvenida a los primeros misioneros protestantes.

Los asaltos frontales no siempre debilitaron al catolicismo. Más bien, podían fortalecer la fidelidad religiosa, como muchas veces lo ha hecho la persecución. En cuanto a los misioneros protestantes, generalmente no lograron establecer iglesias grandes. Lo que sí debilitó a la Iglesia Católica fue la desintegración del orden social paternalista de América Latina, una sociedad de obligaciones mutuas entre las clases altas y bajas en la que la Iglesia servía de garante espiritual. Estos arreglos habían protegido a la mayoría de la población de la dislocación y del empobrecimiento. A medida que se desmoronaban bajo el impacto de la expansión capitalista, también lo hacían los cimientos sociales de la Iglesia Católica.

Donald Curry ha descrito el proceso en un pueblo brasileño al que llama Lusíada. En una época, los sacerdotes católicos de Lusíada unieron a los grandes terratenientes y a sus trabajadores en un orden paternalista. Pero en el siglo veinte, los ricos se dirigieron del cultivo del café [41] a la ganadería y echaron de la tierra a sus dependientes. Durante la nueva era de lucha de clases, la Iglesia Católica adoptó una neutralidad inútil, quedando atrapada junto a los ricos. La erosión del paternalismo de la clase alta significó que los clérigos ya no podían reproducir las nociones tradicionales de igualdad, aislándolas de los pobres. Sin el apoyo del clero, muchos campesinos dislocados se reorganizaron en congregaciones evangélicas.{5}

A pesar de que ahora podemos descubrir el origen de estos cambios en la economía política, en su época se los combatió en un lenguaje de creencia popular. Los campesinados católicos creían que su bienestar dependía de la observancia correcta de los rituales por parte de toda la comunidad; los sacerdotes estaban acostumbrados a su papel de intermediarios con Dios. Ninguno estaba preparado para tolerar a agitadores que ventilaban resentimientos contra el orden de las cosas.

En el sector rural de México y de Colombia, la reacción contra el protestantismo alcanzó su clímax durante las décadas de 1940 y 1950. En el lenguaje vívido de la Inquisición, los obispos católicos acusaron a los protestantes de sembrar herejías diabólicas, dividiendo y colonizando a América Latina según mandato de los Estados Unidos. Algunas veces incitado por sacerdotes, el populacho quemaba los templos protestantes. Apedreaba y, ocasionalmente, daba muerte a los conversos. En Colombia, durante la guerra civil conocida como La Violencia, el partido clerical señaló a los evangélicos como comunistas. Desde 1948 hasta 1958, el populacho católico dio muerte a más de cien protestantes, destruyó cincuenta iglesias, y cerró más de doscientas escuelas.{6}

Por ultimo, la publicidad adversa avergonzó a las autoridades católicas, presionándolas a frenar la violencia. Una nueva ola de misioneros católicos de América del Norte y de Europa trajo también ecuanimidad. Las nuevas llegadas respondían al llamado del Papa Pío XII en 1955, para que se reevangelizara a América Latina. Entre otras cosas, esperaban contrarrestar el creciente número de misioneros evangélicos. Pero muchos venían de países en donde el catolicismo romano era únicamente la más grande de varias denominaciones, mas no la Iglesia estatal. Culturalmente, podrían tener más en común con los competidores protestantes que con sus propios hermanos, ya sean los latinoamericanos, [42] o los españoles e italianos que formaban tan alto porcentaje del clero. No solamente que los recién llegados generalmente carecían del entusiasmo para realizar campañas contra los protestantes: eran propensos a imitarlos. Después de que Fidel Castro tomó el poder en Cuba, las tribulaciones de la Iglesia Católica allí parecían confirmar que el comunismo era una amenaza mucho más grande.

En este punto, al ser los evangélicos todavía una pequeña minoría en la mayor parte de América Latina, la Iglesia Católica intentó hacer las paces con ellos. Desde Roma, en nombre del ecumenismo, el Concilio Vaticano Segundo (1962-1965), reconoció a los protestantes como hermanos separados. Esta y otras reformas del Vaticano II no fueron, únicamente, respuestas a la competencia de los protestantes. Pero para nuestros objetivos presentes, permítanme enfatizar en este aspecto.

Aparte de neutralizar a los evangélicos como competidores, la Iglesia Católica deseaba aprender de ellos. Quería llevar a cabo una reforma desde adentro, para llenar los vacíos sociales y espirituales en los que los evangelistas habían florecido. En formas frecuentemente ignoradas, como estimular la lectura de la Biblia y el liderazgo laico, la reforma post-Vaticano II adoptó al protestantismo como uno de sus modelos en América Latina. El ejemplo más obvio fue la renovación carismática, la respuesta católica al protestantismo pentecostal; otro fue la teología de la liberación. Los dos esfuerzos por la revitalización infundieron al catolicismo con nuevas ideas y energía. Al proporcionar a los católicos inquietos alternativas frente al protestantismo, se puede haber bloqueado el crecimiento evangélico en ciertos lugares.

No obstante, la teología de la liberación y la renovación carismática demostraron ser también divisorias, ya que desafiaban a la autoridad como se la comprendía tradicionalmente en la estructura católica. Bajo ciertas circunstancias, además, parecían estimular el crecimiento evangélico. Cuando ascendió un nuevo Papa, Juan Pablo II (1978-), trató de restaurar la autoridad centralizada, lo que podía, también, estimular fácilmente las deserciones. Aquel era el drama interior detrás de la polémica católica contra el crecimiento evangélico, la contradicción que este capítulo tratará de explorar.

Notas

{1} Wood 1900.

{2} El argumento ha sido recientemente resucitado por el neoconservador católico Michael Novak (1986) en su crítica a la teología de la liberación.

{3} Costas 1982: 58-70.

{4} Wilson y Siewert 1986: 59-60.

{5} Curry 1968: 161.

{6} Goff 1968: cap. 1, p. 2.

Fuente: http://www.nodulo.org/bib/stoll/alp02a.htm