DIOS Y EL PROBLEMA METAFISICO


DIOS Y  EL  PROBLEMA METAFISICO

1. Naturalmente, el estudio profundo, filosófico, del ser, que se hace en la Metafísica,  debe incluir este tan  importante problema:
¿Cuál es el ORIGEN DEL SER, del UNIVERSO y del HOMBRE en particular?
Es un problema que suscita sumo interés en todos los hombres. Sería muy difícil —si no enteramente imposible— encontrar un pueblo, aunque sea el más primitivo, que no haya tenido gran inquietud por resolver este problema, y que no haya presentado ninguna solución racional o imaginaria.
2. También los entendimientos más reflexivos de los filósofos indagaron hondamente este problema.
¿Cuál fue la solución que hallaron?
Como de costumbre, se elaboraron distintas hipótesis.
a) Unos pensaron que todos los seres son eternos, y por lo tanto, tienen en sí mismos la razón suficiente de su existencia.
b) Otros opinaron que los seres son partes o modificaciones de un todo absoluto eterno.
c) Pero ¿cuál fue la solución que aceptaron la mayoría de las cumbres del pensamiento filosófico?… Fue la de la existencia de un ser necesario, infinito, Causa Primera, eficiente, de todos los demás seres finitos.
 
ANAXÁGORAS, PLATÓN, SÓCRATES, ARISTÓTELES, en la antigüedad, encabezan la multitud de filósofos de aquellas edades que abrazaron esta opinión. SANTO TOMÁS DE AQUINO, SAN ALBERTO MAGNO, DUNS Escoro, son las cimas del pensar filosófico de la Edad Media, que casi con unanimidad acepta esta hipótesis. DESCARTES, BACON, KANT, LEIBNITZ, son las figuras descollantes de la Filosofía Moderna, y ellos aceptaron la misma solución, si bien presentaron argumentos diferentes para comprobar la existencia de Dios.
3. Por DIOS se entiende:
a) un Ser eterno en su duración (sin principio ni fin);
b) infinito en sus perfecciones (posee la plenitud del ser);
c) único en su sustancia;
d) causa primera, eficiente, de todos los demás seres finitos.
4. La existencia de Dios es una solución racional, filosófica, de sólido fundamento, que aclara satisfactoriamente el problema del origen del ser, del universo y del hombre en particular. No se demuestra por la sola experiencia; pero sí se demuestra con toda legitimidad por medio del razonamiento sobre datos recogidos por la experiencia.
5. Si no se admite esta solución —y su rechazo es siempre violento para la razón—, se tiene que reconocer:
a) que se desprecia una explicación racional, muy satisfactoria, del problema en estudio;
b) que cualquiera otra solución que se presente no eliminará, por cierto, las dificultades que pueda tener la primera, sino que las aumentará.
Ejemplo:   Si en vez de admitir un Ser Superior, Espiritual, Infinito, Onico, Eterno, distinto del universo, Causa Primera de todos los demás seres, se sostiene la eternidad del universo; la dificultad que algunos hallan en la explicación tradicional de tener que admitir un ser eterno, “a se”, no desaparece. Se traslada simplemente a otro suieto: al universo, en el cual la experiencia diaria nos comprueba caracteres de contingencia y mutabilidad que bacen mucho más difícil aún admitir la eternidad en él. La nueva solución, por consiguiente, no quita la dificultad de la primera; antes la aumenta.
6. Frente a una solución que quizá no elimine por completo toda dificultad y por ende no engendre absoluta certeza, pero que es muy satisfactoria, y otra que, en vez de aminorar las dificultades, las aumenta; estimo que la actitud verdaderamente racional es aceptar la primera,
y no apartarse de ella mientras la otra no presente pruebas más convincentes. 
7. Los argumentos de la existencia de Dios que a continuación expondremos, se basan en el principio de causalidad.
 La  experiencia nos pone muy a menudo en contacto con muchos efectos en el universo.
Por sus caracteres conocemos que son efectos. Son cosas contingentes, imperfectas, limitadas; por ende, no existen por sí mismas.
Siendo efectos, deben tener causas. Una causa adecuada debe existir para explicar cada efecto. El razonamiento por el cual nos elevamos del efecto percibido en la experiencia al conocimiento de la causa, no observada directamente, es del todo legítimo, siempre que el principio de causalidad sea cierto…, y no hay prueba alguna convincente de que no lo sea.
Fuente: 
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