¿Necesitará la ciencia una reforma? (I)


¿Necesitará la ciencia una reforma? (I)

Autor: Paulo Arieu

¿Quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos.Romanos 11:34-36.

“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.” – Tercera carta de Juan, versículo 2.

 
El ser humano no necesita religiones, necesita una verdadera Relación con Jesucristo

influencia del cristianismo en la ciencia

” Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves y los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.(Génesis 1.28).

La nuestra es preeminentemente la era de la ciencia, en la que ha alcanzado su dominio del mundo. Se decía que vivíamos en la era del motor de vapor o la era de la electricidad. Ahora se le llama más apropiadamente la era nuclear, la era atómica, la era de la electrónica, la era de la computadora, la era de la información o lera espacial. Todo lo cual quiere simplemente decir que vivimos cuestionablemente en la era de la ciencia. Puede parecer extraño para muchos que incluyamos un capítulo dedicado a la ciencia en un libro sobre las bendiciones que el cristianismo ha legado al mundo. ¿No ha sido siempre la religión enemiga de la ciencia? ¡No! Además, muchos eruditos están de acuerdo en que la revolución científica, que ganó gran impulso en (siglo diecisiete, se originó en su mayor parte gracias al cristianismo reformado.[1] Si Jesús no hubiera nacido, es probable que la ciencia no habría llegado a ser lo que es.

Pensemos en todas las formas en que se ha beneficiado nuestra vida con la revolución científica. Creo que si Jesús no hubiera nacido, usted no estaría leyendo este libro con luz eléctrica. Ni tendría un horno de microondas, un televisor ni una radio. Si Cristo no hubiera nacido, ni habría habido computadoras ni aviones ni naves espaciales. Si Cristo no hubiera nacido, nunca habríamos tenido la revolución científica que tomó cuerpo cuando la gente comenzó a «pensar los pensamientos de Dios a su manera».

Muchos eruditos han comentado cómo el cristianismo dio origen a la ciencia moderna. Francis Schaeffer menciona a algunos de ellos:

Tanto Alfred North Whitehead (1861-1947) como Robert Oppenheimer (1904-1967) han destacado que la ciencia moderna tuvo su origen en la concepción cristiana del mundo. Whitehead fue un matemático y filósofo muy respetado y Oppenheimer, luego de ser director del Instituto de Estudios Avanzados en Princeton en 1947, escribió un amplio espectro de temas sobre la ciencia[…] Whitehead en su libro de 1925, La ciencia y el mundo moderno— dijo que el i cristianismo es la madre de la ciencia en razón de «la i insistencia medieval sobre la racionalidad de Dios».[2]

¿Qué es la ciencia y cuál es el concepto cristiano de ella? Ciencia» viene del latín scientia, que simplemente significa «conocimiento». Se dice que Dios es omniscientia, es decir omnisciente, que lo sabe todo. Pero la ciencia moderna es esa mezcla peculiar de deducción e inducción, de racionalismo y empirismo que cristalizó en el siglo dieciséis y dio lugar al surgimiento de lo que conocemos como era científica.

Ciencia y cristianismo

¿Cuál es la relación entre ciencia y cristianismo? Se han escrito libros y artículos ad infinitum, ad nauseum, a lo largo de muchos años por escépticos e incrédulos que afirman que ciencia y cristianismo son antitéticos; son opuestos y nada tiene que hacer la una con el otro. Una persona debe optar entre ser un religioso supersticioso, como describirían a un cristiano, o un científico; pero la pareja nunca puede estar junta. Y todos los científicos incrédulos describirían esto en esos términos.

Es interesante lo que ha llegado a ser él y cómo han cambiado las cosas. La ciencia, en las últimas décadas, ha tenido que soportar, de alguna manera, algunos tiempos difíciles con el advenimiento de la ecología y con toda la nueva generación de hippies en la década de los años sesenta y setenta que se levantaron para declarar que la ciencia es un monstruo al estilo de Frankestein que está destruyendo el planeta. Más que ser una vaca sagrada, la ciencia —según muchas de esas personas— es como un toro enfurecido dentro de una tienda de porcelanas, que amenaza con destruirlo todo. Así los ecologistas han culpado a la ciencia por los males de la raza humana. Es muy interesante ver cómo han cambiado las actitudes hacia la relación del cristianismo con la ciencia. Tengo un libro tras otro escritos por autores inclinados hacia la ecología, que son además incrédulos, que ahora sostienen que es por causa del cristianismo que tenemos ciencia y que se debe culpar cristianismo por toda la situación.

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