La historia según Hollywood del Juicio Scopes Parte II

La historia según Hollywood del Juicio Scopes Parte II

Se puede decir que las dos principales causas de la percepción totalmente distorsionada que se tiene en general de lo que sucedió realmente en el juicio de Scopes, de sus antecedentes, naturaleza, argumentaciones y protagonistas, son: (1) La versión unilateral y partidista que dio en sus crónicas el columnista H. L. Mencken, que desde siempre había sido un acerbo oponente del cristianismo organizado, y (2) La película que nos ocupa.

… hay considerables evidencias que apuntan a que la película no es simplemente inexacta en el sentido en que lo son «las historias de Hollywood», sino que es realmente perversa en sus intenciones. Las inexactitudes históricas resultan sistemáticas y de un tipo que presenta un prejuicio de proporciones calumniosas contra una clase determinada de personas y sus creencias.

En las observaciones que siguen se presentan segmentos de la línea general del relato de la película en un orden básicamente cronológico bajo el encabezamiento «PELÍCULA»; inmediatamente a continuación, bajo «REALIDAD», viene una consideración del dicho segmento de la película a la luz de la transcripción del juicio de Scopes junto con otras fuentes históricas.

PELÍCULA

Comienza con un cántico desafinado del espiritual negro «La vieja fe» repetido por diferentes grupos. Suenan los tambores de manera ominosa mientras unos hombres siniestros (clérigos y hombres de negocios) se reúnen para hacer maldades en nombre de Dios. Irrumpen en la clase de biología, donde John Scopes es sorprendido enseñando evolución con entusiasmo y convicción, y allí acusan a Scopes de quebrantar la ley contra la enseñanza de la evolución. Scopes es de inmediato encarcelado y queda en la cárcel a lo largo de todo el juicio. Atemorizado, Scopes envía una carta a un diario pidiendo ayuda, suponiendo, por lo que parece, que siempre se puede confiar en los medios de comunicación para defender el buen nombre del evolucionismo. El notorio H. L. Menken se lanza al rescate y contrata la ayuda del famoso abogado Clarence Darrow. [En la versión de 1960 se muestra que ello tiene lugar de manera muy oportuna, porque los cristianos fundamentalistas odian a John Scopes y se reúnen fuera de la ventana de su celda para echarle objetos y corear que le van a linchar].

REALIDAD

Nadie irrumpió en la clase de Scopes. Scopes no era profesor de biología. Scopes sólo actuó durante dos semanas cerca del final del curso escolar para sustituir al profesor de biología, Mr. Ferguson, que estaba enfermo. Scopes no tenía siquiera un título universitario de ciencias (tenía un título medio en leyes por la Universidad de Kentucky), pero de todas maneras había sido contratado para enseñar ciencia general y para entrenar al equipo de fútbol. El equipo fue mejorando durante el año que entrenaron con Scopes y por lo general era del agrado de la gente del Condado Rhea. No parece que nadie fuera de su escuela supiera ni se preocupara de qué era lo que Scopes enseñaba en la escuela. Scopes siempre ha mantenido que él nunca enseñó evolución durante las dos semanas que estuvo como sustituto del profesor de biología, sino que dio repaso a los estudiantes para su examen final. En el libro de Sprague de Camp, The Great Monkey Trial (El gran juicio del mono), se registra una notable conversación entre Scopes y el informador William K. Hutchinson, del International News Service (Servicio Internacional de Noticias), que tuvo lugar durante los últimos días del juicio; Scopes dijo:

«Hay algo que debo decirle. Me ha preocupado. Yo no violé la ley… Nunca enseñé aquella clase de evolución. Me la salté. Estaba haciendo otra cosa el día que debía enseñarla, y pasé por alto toda la lección acerca de Darwin, y no la enseñé nunca. Aquellos chicos a los que presentaron como testigos no podían recordar lo que yo les había enseñado hacía tres meses. Habían sido instruidos por los abogados». «Honradamente, me he sentido asustado durante todo el juicio temiendo que los chicos pudieran recordar que no dimos aquella lección. Tenía miedo que en el momento de testificar dijeran que yo no había enseñado aquello, y que todo el juicio se fuera al cuerno. Si esto hubiera sucedido, ¡me hubieran echado fuera de la ciudad emplumado!» Cuando Hutchinson contestó que esto sería un gran reportaje, Scopes dijo: «¡No, no! Ni una palabra de esto hasta que el Tribunal Supremo vea mi apelación. Mis abogados me matarían.» (De Camp, pág. 432).

Hutchinson sí afirmó que oyó a Clarence Darrow enseñar a los estudiantes qué era lo que tenían que decir, pero a pesar de esta instrucción sólo uno de los estudiantes implicó claramente que Scopes había enseñado evolución. Hasta el día de hoy la prensa está guardando su pequeño secreto: Clarence Darrow, que se suponía estaba defendiendo a su cliente de una ley que prohibía la enseñanza de la evolución, ¡instruyó a los estudiantes de su cliente para que cometieran perjurio pretendiendo que John Scopes había enseñado evolución, cuando de hecho no era así!

Se debería enfatizar que, en contra de lo que muestra la película, Scopes nunca fue encarcelado por enseñar evolución.

Debido al hecho de que John Scopes era un popular entrenador de fútbol en Dayton que nunca enseñó evolución ni tenía intensos sentimientos acerca de esta cuestión, ¿cómo llegó a ser acusado de violar una ley de Tennessee que prohibía enseñar la evolución del hombre?

Los que presentaron la acusación contra John Scopes de haber enseñado evolución fueron la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) de la ciudad de Nueva York y George Rappleyea, un facultativo de minas local de Dayton. La ACLU estaba deseosa de lograr un caso de prueba en Tennessee para poderlo emplear para que fuera derogada o anulada la ley Butler. Esta ley prohibía a los maestros de escuelas públicas en el estado de Tennessee negar el relato bíblico literal del origen del hombre y enseñar en su lugar la evolución del hombre procedente de animales inferiores. Como ya se ha mencionado, la ley no prohibía enseñar la evolución de ninguna otra especie de vida, plantas o animales. George Rappleyea leyó un comunicado de prensa de la ACLU en un diario de Chattanooga, The Daily Times, que en parte decía:

«Buscamos un maestro de Tennessee que esté dispuesto a aceptar nuestros servicios para someter a prueba esta ley en los tribunales».

El comunicado prometía servicios legales sin costo alguno, e implicaba que el Ku Klux Klan y «sociedades patrióticas profesionales» eran las «inspiradoras» de esta ley. Rappleyea tenía aparentemente sus propios motivos para tratar de poner en entredicho a los cristianos fundamentalistas de Tennessee desafiando y quizá anulando una ley que favorecía la enseñanza del relato bíblico de la creación del hombre. Durante el juicio de Scopes, George Rappleyea contó a la prensa sus razones para poner en marcha el juicio de Scopes. Rappleyea estaba aparentemente ofendido por un predicador fundamentalista que, según él, había dicho que un muchacho que había muerto sería arrojado a «las llamas del infierno» porque no había «confesado a Cristo» ni estaba bautizado. Esto aparentemente no concordaba con las opiniones religiosas de Rappleyea, y prometió que «ajustaría las cuentas» a los «fundamentalistas», que él creía eran los que estaban detrás de la ley antievolucionista (de Camp, págs. 6-7). Rappleyea dijo: «Decidí que se lo mostraría al mundo».

Rappleyea, a quien de Camp describe como un hombre «intenso, amante de la polémica, verboso», no perdió el tiempo, y fue a encontrarse con John Scopes para presionarle a que aceptara la oferta de la ACLU. Scopes no tenía ganas de meterse en aquello y le dijo a Rappleyea que él en realidad no había enseñado evolución. Rappleyea insistió que por cuanto el texto de biología la enseñaba, esto ya se aproximaba bastante, y con la desganada autorización de Scopes escribió allí mismo un telegrama a la ACLU que decía:

«El profesor J. T. Scopes, enseñante de ciencia en Instituto Condado Rhea, Dayton, Tenn., será arrestado y acusado de enseñar evolución. Consentimiento de superintendente de educación para caso prueba a defender por ustedes. Manden telegrama a cobro revertido si desean cooperar y se dará el arresto».

Parece que Rappleyea ni siquiera esperó a la respuesta de la ACLU sino que se dirigió acto seguido a un juez de paz para pedir una orden para el arresto de Scopes. Sue Hicks, una abogado local, cumplimentó una orden provisional para el arresto mientras que Rappleyea juraba su declaración y firmaba la orden. Luego fue a buscar un sheriff y pidió el arresto de John Scopes. Scopes fue arrestado y puesto en libertad bajo una fianza de 1.000 dólares. Se debería enfatizar que, en contra de lo que muestra la película, Scopes nunca fue encarcelado por enseñar evolución. Al presentar a Scopes como «preso», la película evidentemente intenta suscitar simpatías hacia Scopes como un hombre perseguido por sus creencias por parte de fundamentalistas acechantes. En su libro, Sprague de Camp destruyó lo que él llamó «el extendido mito» del consagrado maestro de escuela perseguido por unos fundamentalistas lanzados a «la quema de brujas» a causa de su valerosa postura en favor de la evolución:

«El juicio no fue “una caza de brujas”, como se ha dicho, porque el acusado y sus defensores —las “brujas”— eran en realidad los cazadores, acosando la ley con la intención de anularla, o al menos de hacer que perdiera su fuerza». (de Camp, pág. 490.)

PELÍCULA

A lo largo de la película se describe a William Jennings Bryan como un hombre pomposo, estúpido, intolerante, hipócrita, insincero, y glotón. Mientras el juicio va avanzando, Bryan se vuelve virtualmente obsesionado con su misión de perseguir a John Scopes y de mantener el evolucionismo fuera de las escuelas. Hasta la mujer de Bryan llega a darse cuenta gradualmente de que su marido es un zelota, y parece lamentar no haber llegado a conocer mejor a Clarence Darrow en sus años jóvenes. Incluso se arroja fango sobre la reputación de Bryan como orador, pues en la película se le describe como un hombre lleno de vanidad y arrogancia, sin contenido alguno, cuyo estilo y sentido del humor sólo atrae a la gente ignorante (o sea, a los cristianos fundamentalistas). Es difícil contemplar la película sin desarrollar un sentimiento de desprecio contra William Jennings Bryan y contra los cristianos fundamentalistas que por alguna razón encuentran algo que admirar en este hombre.

REALIDAD

En su libro The Great Monkey Trial (El gran juicio del mono), Sprague de Camp repudia el cristianismo conservador de Bryan y no pierde oportunidad alguna de criticar sus posturas científicas, y sin embargo la honradez le impulsa a dar crédito a Bryan por al menos algunas de sus innegables virtudes:

«Como orador, Bryan irradiaba una sinceridad llena de buen humor. Pocos de los que le escuchaban podían impedir sentir simpatía por él. Era poderoso y enérgico de personalidad, y terco, pero genial, amable, generoso, atractivo y encantador. Mostraba una tolerancia digna de encomio para con los que estaban en desacuerdo con él. Bryan fue el mayor orador americano de su tiempo, y quizá de cualquier tiempo» (de Camp, pág. 37).

Éste no es evidentemente el hombre descrito en la película, pero la descripción que hace de Camp del carácter de Bryan es totalmente congruente con las principales biografías de Bryan (véase Levine, 1965, y Coletta, 1969). Sin embargo, muchos de los enemigos de Bryan insistían en que, a pesar de sus muchas virtudes, era un ignorante e incluso peligroso cuando se trataba de cuestiones científicas o factuales. El registro histórico no sustenta esta acusación. Bryan no era un mero «hombre común», como incluso a él le gustaba describirse, sino que fue también un político inmensamente productivo y progresista que fue el líder reconocido del Partido Demócrata durante 30 años, y que fue tres veces designado por su Partido como su candidato a Presidente de los Estados Unidos. Aunque Bryan nunca fue elegido presidente, sí que sirvió como Secretario de Estado bajo Woodrow Wilson, y durante este tiempo dedicó la mayor parte de su atención a negociar tratados con países extranjeros en un esfuerzo por impedir el estallido de la Primera Guerra Mundial. Durante su carrera política, Bryan luchó intensamente por la legislación más progresista de su tiempo, incluyendo la elección popular de los senadores, un impuesto sobre la renta, la acuñación libre e ilimitada de plata, requerimientos para la publicación de la circulación y propiedad de los diarios, la creación del Ministerio de Trabajo, y el sufragio femenino. Bryan atraía a una amplia capa de la población, incluyendo a aquellos cuyas posturas políticas eran decididamente liberales. Clarence Darrow mismo hizo campaña en favor de Bryan cuando presentó su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos. Pero muchos de los «progresistas» que habían apoyado a Bryan pasaron a menospreciarle por sus abiertas convicciones cristianas, en particular cuando osó hablar contra el darwinismo.

PELÍCULA

Se presenta a la gente cristiana conservadora de Dayton, Tennessee, como un atajo de ignorantes, cerriles, descorteses e incluso amenazantes hacia los abogados de la defensa, los reporteros y los forasteros en general.

REALIDAD

La transcripción del juicio de Scopes demuestra que esto es precisamente contrario a la realidad:

Darrow: «No sé si he estado nunca en mi vida en una comunidad donde mis ideas religiosas hayan diferido tan ampliamente de la gran masa como he visto desde que estoy en Tennessee. Pero llegué aquí como un perfecto extraño, y puedo decir lo que he dicho antes, que no he encontrado de parte de nadie —de ningún ciudadano de aquí en esta ciudad o fuera de ella— la menor descortesía. He sido tratado mejor, más amablemente y con más hospitalidad que imaginaba que habría sido el caso en el norte» (transcripción, págs. 225-226).

Reportero de Toronto: Quisiera «expresar mi gran aprecio por la abrumadora cortesía que se nos ha mostrado tanto a mí como a mis colegas de la prensa tanto por el tribunal como por los ciudadanos de Dayton. Me llevaré conmigo un mayor aprecio por la gran república hacia la que hemos sentido tanto aprecio, y cuyas instituciones tanto alabamos y admiramos» (transcripción, pág. 315.)

PELÍCULA

En la sala del tribunal sólo se le llama «Coronel» a Bryan, pero no a Darrow, porque le habían otorgado solamente a Bryan el grado de Coronel honorario de la milicia estatal de Tennessee. Darrow, comprensiblemente, se resiente ante esta enorme exhibición de parcialidad y el Estado designa con desgana a Darrow como «Coronel honorario provisional» en un esfuerzo desmañado para ocultar su evidente parcialidad en favor de Bryan.

REALIDAD

«Coronel» era un título honorario usual empleado en el tribunal, y se extendió a todos los abogados implicados en el caso de Scopes. No tenía nada que ver con el estamento militar ni con favoritismos. Tanto Darrow como Bryan, y desde luego todos los abogados en la causa, fueron frecuentemente designados como «Coronel» durante el juicio. Por otra parte, Bryan, a diferencia de Darrow, era realmente un Coronel del Ejército de los Estados Unidos.

PELÍCULA

Darrow objeta al anuncio de una reunión de oración vespertina al terminar el primer día de juicio.

REALIDAD

Jamás se hizo tal anuncio durante el juicio, pero Darrow y los otros abogados de la defensa objetaron repetidamente a la apertura de cada sesión del tribunal con oración, como era costumbre en Tennessee y sigue siéndolo en el propio Tribunal Supremo de los Estados Unidos.

PELÍCULA

Darrow lleva a Bryan a la admisión de que está totalmente opuesto al empleo del libro de Darwin El linaje del hombre en la clase de biología del Instituto del Condado Rhea a pesar de que nunca ha leído el libro de Darwin ni tiene la intención de leerlo. Darrow le pregunta a Bryan si está familiarizado con El Origen de las Especies de Darwin, y tiene lugar el siguiente diálogo:

Bryan: No estoy interesado en lo más mínimo en las hipótesis paganas de este libro.

Darrow: ¿Nunca lo ha leído?

Bryan: Ni pienso leerlo jamás.

… fue Bryan, y no Darrow, quien empleó la obra de Darwin El linaje del hombre como evidencia en el juicio y citó de ella … También demostró estar familiarizado con T. H. Huxley.

REALIDAD

El anterior diálogo es una pura invención. Jamás se hizo tal pregunta ni se dio tal respuesta. De hecho, no era el libro de Darwin el empleado en la clase, sino el de Hunter, Civic Biology (Biología cívica), del cual citó Bryan. Y fue Bryan, y no Darrow, quien empleó la obra de Darwin El linaje del hombre como evidencia en el juicio y citó de ella (transcripción, pág. 176). Bryan demostró, por ejemplo, que Darwin había afirmado que el hombre descendía de un mono, extremo éste que la defensa había tratado de negar. También demostró estar familiarizado con T. H. Huxley. Uno de los biógrafos de Bryan, Lawrence W. Levine, afirma que ya había leído El Origen de las Especies en 1905 —¡20 años antes del juicio de Scopes! Aunque las reservas de Bryan acerca de la teoría de la evolución estaban desde luego influenciadas por creencias religiosas, había escrito muchos artículos bien argumentados que constituían una crítica de la evidencia científica empleada en sus tiempos para defender la teoría de la evolución. Bryan había también mantenido una larga correspondencia acerca del tema de la evolución con el famoso evolucionista Henry Fairfield Osborn. Y como lego, el conocimiento que tenía Bryan de la evidencia científica en pro y en contra de la evolución era inusualmente grande. En comparación, la transcripción del juicio muestra que Darrow dio la impresión de tener una comprensión muy deficiente tanto del significado como del supuesto mecanismo de la evolución. Parecía que Darrow descansaba su creencia en la evolución en base de la «autoridad» científica, que aceptaba de manera incuestionable, y en su total rechazo de todos los milagros de la Biblia, incluyendo, desde luego, el relato de Génesis de la Creación.

No participó mujer alguna en el juicio. … Los guionistas de La herencia del viento … implican falsamente en el juicio a la joven, supuestamente hija de un fanático reverendo al que ella finalmente abandona. Esto es muy eficaz como golpe de efecto, pero es calumnioso. Bryan fue cortés en todo momento en su trato a los testigos, como lo demuestra el examen de la transcripción del juicio.

PELÍCULA

La bella y tierna prometida de Scopes, «Rachel Brown», es llamada como testigo y es tratada desconsideradamente por Bryan, que la obliga a testificar contra su propio prometido. Bryan, siempre el fanático, pierde el dominio de sí mismo, y se vuelve cruel y monstruosamente implacable en su interrogatorio de la joven.

REALIDAD

No participó mujer alguna en el juicio. Scopes no tenía ninguna novia en especial ni prometida en aquel tiempo, aunque había salido con varias muchachas de Dayton, y la razón de haberse quedado aquel verano era para poder citar a una atractiva rubia. Los guionistas de La herencia del vientotransforman esto en un romance formal, e implican falsamente en el juicio a la joven, supuestamente hija de un fanático reverendo al que ella finalmente abandona. Esto es muy eficaz como golpe de efecto, pero es calumnioso. Bryan fue cortés en todo momento en su trato a los testigos, como lo demuestra el examen de la transcripción del juicio. En cambio, Darrow fue en ocasiones arrogante y menospreciativo en su trato de los testigos, juristas, abogados del campo contrario, e incluso con el Juez. De hecho, Darrow fue citado a comparecer, acusado de desacato y menosprecio al tribunal, por interrumpir e insultar repetidamente al Juez Raulston. Tras haber presentado sus excusas, a lo que fue persuadido por sus compañeros de la defensa, el Juez Raulston revocó la acusación. Darrow persiguió tan implacablemente a Bryan por sus creencias religiosas, cuando lo llamó al estrado de los testigos, que algunos han sugerido que Darrow realmente aceleró la muerte de Bryan. Esta posibilidad la tenía indudablemente en mente H.L. Menken cuando, al saber de la muerte de Bryan pocos días después del juicio, comentó: «Bien, hemos matado a aquel hijo de perra». El trato de Darrow hacia Bryan fue tan deplorable que incluso llevó a muchos miembros de la ACLU a ejercer una presión eficaz que le impidió representar a Scopes cuando el caso fue después apelado al Tribunal Supremo Estatal. Los clérigos liberales que apoyaban a la ACLU mantuvieron que Darrow había logrado volver a muchos teólogos «moderados» contra la evolución y contra la ACLU por su actitud evidentemente hostil contra el cristianismo y contra Bryan. En la película vemos otra notable perversión de los hechos cuando Darrow amenaza frustrado con abandonar la causa, cuando de hecho luchó en contra de ser excluido de la causa por la ACLU.

PELÍCULA

La defensa no puede obtener permiso para emplear a sus varios testigos expertos porque Bryan tiene miedo de su testimonio y lo considera irrelevante. Uno por uno, Darrow llama a sus distinguidos científicos al estrado, pero cada vez, gracias a un juez ignorante y parcial, Bryan sólo tiene que decir «objeción —irrelevante», y ahí se acaba todo.

REALIDAD

Técnicamente, el único punto a tratar en el juicio era si John Scopes había enseñado evolución o no, por lo que naturalmente los abogados de la acusación cuestionaron la relevancia del testimonio de los testigos expertos. Sin embargo, el testimonio de los evolucionistas reunidos por la defensa quedó impedido porque Darrow rehusó obstinadamente que sus testigos científicos fueran interrogados a su vez por la acusación (transcripción, págs. 206-208). Bryan había pedido y recibido el derecho a interrogar a su vez a los testigos expertos, pero Darrow estaba tan opuesto a permitir que sus expertos fueran interrogados, ¡que no llamó a ninguno de ellos al estrado! Bryan observó que bajo las condiciones exigidas por Darrow, los evolucionistas podrían acudir al estrado de los testigos y meramente expresar sus especulaciones y opiniones sobre la evolución sin temor a incurrir en perjurio ni a ser contradichos.

A pesar de todo esto, el Juez Raulston no impidió el testimonio; sólo rehusó entonces que fuera dado ante el jurado. Los expertos leyeron sus testimonios para que constara en las actas, mientras el jurado se retiraba. Porque el punto que se debía determinar no era si el evolucionismo era bueno o malo, cierto o falso, sino si Scopes había enseñado evolución o en una institución pública en violación de la Ley Butler. Aquel testimonio experto podía ser relevante para determinar la constitucionalidad o no de aquella ley, pero la constitucionalidad de la ley no era algo que le pertenciera al jurado determinar, sino al juez y a los tribunales superiores de apelación. Cualquier juez consciente habría actuado como lo hizo el Juez Raulston (Levine, pág. 347).

Aquí vale la pena destacar que todos los «expertos» de Darrow se apoyaron en parte en el Hombre de Piltdown, el supuesto «eslabón perdido» que resultó ser un fraude: un cráneo humano con la mandíbula de un mono con los dientes limados, los cóndilos rotos para que no pudiera identificarse la no correspondencia de la mandíbula con el cráneo, y todo ello teñido con dicromato potásico para dar apariencia de antigüedad (véase Malcolm Bowden, Los Hombres-Simios: ¿Realidad o Ficción?, CLIE, Terrassa 1984, págs. 13-71).

La sabiduría de esta posición quedó ampliamente demostrada por las confusas y retorcidas opiniones del único científico al que se le había permitido testificar antes para la defensa. A través del juicio la definición de evolución fue expresada de una manera tan confusa por la defensa y sus testigos que parece improbable que ninguno de los miembros del jurado hubiera podido saber exactamente qué es la evolución, y qué no es. La evolución, por ejemplo, fue repetidamente confundida con la embriología, ¡e incluso con el envejecimiento humano! Uno de los abogados de la defensa, Dudley Field Malone, es un ejemplo de ello:

«El embrión se transforma en un ser humano cuando nace. La evolución nunca se detiene desde el comienzo de una célula hasta que el ser humano vuelve en la muerte a polvo sin vida. Queremos poner delante de ustedes evidencias de este tipo a fin de destacar la importancia de la teoría de la evolución». (Transcripción, pág. 116.)

Otro abogado de la defensa, Arthur Garfield Hays, añadió caos a la confusión al decir:

«Sé que en el vientre de la madre la primera cosa que aparece es una célula y que aquella célula crece y se subdivide y crece hasta llegar a ser un ser humano y nace un ser humano. ¿Acaso esta declaración, como el muchacho ha dicho desde el estrado, de que le enseñaron de que el hombre viene de una célula —es ésta una teoría de que el hombre descendió de un orden inferior de animales? No lo sé, y me atreveré a decir que vuestra señoría tiene algunas dudas acerca de esto. ¿Tenemos derecho a encontrar si lo es o no al presentar este caso al jurado?» (Transcripción, pág. 156.)

El mismo Darrow dio la impresión de que casi no tenía comprensión del significado del término evolución. Cuando el Juez Raulston, que comprensiblemente quedó confuso con todas las ambigüedades acerca del tema de la evolución, le preguntó a Darrow si él creía que toda la vida provenía de una célula, Darrow le contestó:

«Bien, no lo tengo tan claro, pero creo que sí». «Toda la vida humana proviene de una célula. Usted vino de una y yo vine de una —nada más que una sola célula». (Transcripción, pág. 189.)

Incluso el doctor Maynard M. Metcalf, zoólogo de la Universidad John Hopkins, cometió este mismo error en su testimonio «experto», y luego pasó a oscurecer la definición de evolución hasta hacerla irreconocible. Primero el doctor Metcalf aseguró al Tribunal de sus cualificaciones como evolucionista afirmando:

«Siempre he estado particularmente interesado en la evolución del organismo individual desde el huevo, y también la evolución del organismo como un todo desde el comienzo de la vida, siempre ha sido una especie de interés mío pecular». (Transcripción, pág. 136.)

Cuando Darrow le pidió que explicara qué era lo que significaba por «el hechode la evolución», el doctor Metcalf respondió así:

«La evolución, pienso yo, significa el cambio; en último análisis creo que significa el cambio de un organismo de un carácter a un carácter diferente, y por carácter me refiero a su estructura, o a su comportamiento, o a sus funciones o a su método de desarrollo desde el huevo o cualquier otra cosa —el cambio de un organismo desde un conjunto característico que lo caracteriza a una condición diferente, caracterizada por un conjunto de características diferentes, bien estructurales o funcionales, podría ser denominado de manera apropiada, creo yo, evolución como siendo la evolución de aquel organismo; pero el término en general significa la serie entera de tales cambios que han tenido lugar durante cientos de millones de años que han producido desde humildes comienzos la naturaleza de los cuales no se comprende en absoluto de manera plena a organismos de un carácter mucho más complejo, cuya estructura y función seguimos estudiando, porque no hemos comenzado a aprender lo que tenemos que saber acerca de ellos». (Transcripción, pág. 139-140.)

Hasta ahí en cuanto al hecho de la evolución. Uno sólo puede imaginar qué preguntas habría hecho Bryan al doctor Metcalf si Darrow hubiera permitido que interrogara a sus testigos expertos. Bryan estaba evidentemente consciente de la confusión que estaba introduciendo la defensa con su definición de evolución, y señaló que incluso uno de los niños de la escuela que habían testificado parecía tener una mejor comprensión de la evolución que los abogados de la defensa:

«Aquel pequeño sabía de lo que estaba hablando, y para sorpresa mía los abogados no parecían comprender la significación de la teoría de la evolución —él pensaba que aquel muchacho estaba hablando de individuos proviniendo de una célula». Bryan enfatizó que la evolución era «No el desarrollo de un individuo de una célula, sino el surgimiento de toda la vida desde una célula». (Transcripción, pág. 173.)

Bryan señaló que incluso la Asociación Nacional de Educación estaba confundida acerca del tema, y, como resultado, el intento de ellos de emitir una declaración oficial condenando a Tennessee por «ignorancia y fanatismo» quedaba frustrado por su incapacidad de llegar a un acuerdo acerca de la definición de evolución (transcripción, pág. 173). Quizá lo más significativo de todo es que la película La herencia del viento escogió ignorar virtualmente todos los comentarios y testimonios científicos que se presentaron durante el juicio, incluyendo el del doctor Maynard Metcalf. Mientras que esto puede haber sido por las razones que acabo de exponer, la película desde luego no exhibe un «triunfo de la ciencia sobre el dogma religioso». En cuanto a dogma, la transcripción del juicio demuestra que había dogma en abundancia a ambos lados de la disputa.


PELÍCULA

Bryan admite que acepta todas las palabras de la Biblia literalmente.


REALIDAD

En la transcripción (pág. 285) leemos:

Darrow: «¿Afirma usted que todo en la Biblia debe ser interpretado literalmente?»

Bryan: «Creo que todo en la Biblia debería ser aceptado tal como se da en ella; algunos pasajes de la Biblia se dan a guisa de ilustración. Por ejemplo: “Vosotros sois la sal de la tierra”. No insistiría yo en que el hombre es materialmente sal, o que su carne está hecha de sal, sino que se emplea en el sentido de sal como salvación del pueblo de Dios».


PELÍCULA

Darrow le pregunta acerca del sexo en la Biblia, y Bryan contesta a ello que todo sexo es pecaminoso, y que la actividad sexual constituyó «el pecado original».


REALIDAD

Nada se habló acerca del sexo en el juicio. Por lo que se ve, Hollywood no pudo resistir la tentación de introducir un poco de sexo en la película, y de insinuar que Bryan era un mojigato. Además, la concepción de la relación sexual entre Adán y Eva como «el pecado original», cosa que Hollywood pone calumniosamente en boca de Bryan, no es la postura bíblica. Ésta es que tras la creación Dios manda a Adán y a Eva que crezcan, y se multipliquen, y llenen la tierra. La enseñanza bíblica es que el pecado original fue una desobediencia a Dios con respecto a una limitación que Él impuso, de comer el fruto de un árbol, y no en absoluto que lo fuera la relación sexual dentro de la institución del matrimonio, establecida por Dios.

Nada se habló acerca del sexo en el juicio. Por lo que se ve, Hollywood no pudo resistir la tentación de introducir un poco de sexo en la película, y de insinuar que Bryan era un mojigato.


PELÍCULA

Entre otras cosas Darrow interroga a Bryan acerca de Jonás y de la ballena que se lo tragó. Bryan dice que la Biblia dice «gran pez», y Darrow afirma que es «ballena».


REALIDAD

Este intercambio sí tuvo lugar, pero tanto Bryan como Darrow ignoraban parte de la cuestión. El Libro de Jonás emplea el término «gran pez» (Jonás 1:17; 2:1, 10) mientras que en Mateo 12:40, en las versiones antiguas, aparece «ballena». Sin embargo, tanto el término hebreo da’g como el griegoketos pueden ser traducidos como criatura o monstruo marino.


PELÍCULA

A continuación se presenta un duelo sobre el día largo de Josué. Aquí está cómo aparece la discusión en La herencia del viento:

Darrow: Si se dice que el sol se detuvo, se debe tener el concepto de que el sol se mueve alrededor de la tierra. ¿Piensa acaso que esta es la naturaleza de las cosas? ¿O no cree que la tierra se mueve alrededor del sol?

Bryan: ¡Yo tengo fe en la Biblia!

Darrow: No tiene mucha fe en el sistema solar.

Bryan (terco): El sol se detuvo.


REALIDAD

Lo que Bryan realmente respondió es que la Biblia emplea un lenguaje «fenoménico» en aquel relato, describiendo el acontecimiento tal como se presentó a los israelitas:

Darrow: ¿Cree usted que quienquiera que la inspiró creía que el sol iba alrededor de la tierra?

Bryan: Creo que fue inspirada por el Omnipotente y que pudo haber empleado un lenguaje para ser entendido en aquel tiempo, en lugar de emplear un lenguaje que no habría sido comprendido hasta que Darrow naciera. (Transcripción, pág. 294).


PELÍCULA

Bryan pretende que conoce la edad de la tierra, calculada de manera precisa por el Obispo Ussher, que situó la fecha de la creación a las 9 de la mañana del 23 de octubre del 4004 a


REALIDAD

Para empezar, Ussher jamás sugirió un mes, día ni hora en su estimación de la fecha de la creación. Y lo que es más, Bryan no afirmó saber la antigüedad de la tierra. Leemos en la transcripción del juicio (pág. 296):

Darrow: «Sr. Bryan, podría decirme usted qué edad tiene la tierra?»

Bryan: «No señor, no podría».

Darrow: «¿Y no podría darme una aproximación?»

Bryan: «No me atrevería. Posiblemente podría aproximarme tanto como los científicos, pero preferiría tener más exactitud antes de hacer una suposición».


PELÍCULA

Al acercarse el juicio a su fin, Darrow lucha valientemente, aunque, ¡ay!, sin éxito, para establecer la inocencia de su cliente John Scopes.


REALIDAD

Después de pasar mucha parte del séptimo día del juicio acosando y ridiculizando sistemáticamente a Bryan por su creencia en numerosos milagros de la Biblia, ¡Darrow dio un fin brusco al juicio pidiendo al Tribunal que indicara al jurado que declararan culpable a su cliente (Transcripción, pág. 306)! Esta increible concesión, junto con la decisión del juez de eliminar el testimonio de Bryan de las actas, fue para gran beneficio personal de Darrow, porque impidió que él quedara sometido al mismo tipo de interrogatorio al que él acababa de someter a Bryan. Bryan había accedido a pasar al estrado de los testigos para responder a preguntas acerca de sus creencias cristianas con el buen entendido de que Darrow también debería pasar al estrado a responder a preguntas acerca de sus propias creencias agnósticas y evolucionistas (transcripción, pág. 284). Tanto el Juez Raulston como Darrow habían accedido a esta condición. Cuando Bryan preguntó si el mismo Darrow conocía las preguntas a algunas de sus preguntas más peregrinas (por ejemplo: «¿Sabe usted cuánta gente vivía en la tierra hace 3.000 años?») Darrow respondió así: «Espere a que me toque a mí». A pesar de la creciente hostilidad de las preguntas de Darrow, Bryan rehusó repetidos intentos de sus colegas para detenerle.

Bryan: «Quiero que se tome toda la latitud que quiera. Porque yo voy a tener alguna latitud cuando le toque a él».

Darrow: «Podrá usted tener latitud y longitud» (Transcripción, pág. 288).

Es bien improbable que Darrow tuviera la más mínima intención de darle a Bryan «latitud y longitud». Después de todo, se había negado de plano a permitir que Bryan interrogara ni siquiera a sus testigos expertos acerca de sus presuposiciones religiosas y evolucionistas. ¡Cuánto menos iba a estar dispuesto a someterse él mismo a tal interrogatorio después de lo que él había hecho pasar a Bryan! El resultado, naturalmente, es que Bryan no tuvo en absoluto la oportunidad de hacerle sus preguntas a Darrow. En la película, Darrow es presentado empleando estas mismas palabras, «latitud y longitud», pero en un contexto totalmente diferente (una perorata filosófica al jurado) ¡que no indica en absoluto la manera engañosa en la que fueron realmente empleadas!

Bryan había accedido a pasar al estrado de los testigos para responder a preguntas acerca de sus creencias cristianas con el buen entendido de que Darrow también debería pasar al estrado a responder a preguntas acerca de sus propias creencias agnósticas y evolucionistas (transcripción, pág. 284). Tanto el Juez Raulston como Darrow habían accedido a esta condición.

Ver La historia según Hollywood del Juicio Scopes Parte III

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Dios, la ciencia y la Biblia

Dios, la ciencia y la Biblia

Noticias de actualidad del mundo científico

Por Mario Seiglie, Tom Robinson y Scott Ashley

 — Hallazgo arqueológico confirma la Biblia (una vez más)

— Se desprestigia otro argumento evolucionista

 Hallazgo arqueológico confirma la Biblia (una vez más)

Recientemente, el Museo Británico anunció el descubrimiento de una extraordinaria y muy significativa inscripción cuneiforme entre su gran colección de tablillas mesopotámicas. Muchos aclaman este hallazgo como otra asombrosa prueba de la veracidad del Antiguo Testamento, y sin duda que lo es.

Mientras buscaba informes financieros entre algunos documentos babilónicos, Michael Jursa, profesor visitante de Viena, se topó con el nombre de un funcionario de la corte del rey Nabucodonosor de Babilonia. Este nombre también figura en el libro de Jeremías como uno de los oficiales del rey, aunque al deletrearse es un poco diferente.

La tablilla, de más de 2500 años de antigüedad, estuvo en la colección del museo desde 1920, pero se ignoraba su importancia. Ahora se sabe que identifica a Nabu-sharrussu-ukin como el jefe eunuco de Nabucodonosor. Esto corresponde al nombre hebreo Nebo Sarsequín mencionado en Jeremías 39:3 (Nueva Versión Internacional).

En realidad, esta nueva información ayuda a resolver un problema de traducción en el versículo. La mayoría de las Biblias no contienen este nombre de manera explícita. Por ejemplo, la versión Reina-Valera menciona los nombres en Jeremías 39:3 como “Nergal-sarezer, Samgar-nebo, Sarsequim el Rabsaris, Nergal-sarezer el Rabmag”.

Aquí, Samgar ha sido identificado como el nombre de un lugar relacionado con Nergal-sarezer en vez de formar parte de un nombre compuesto con Nebo, que lo sigue en esta versión. Pero en algunas traducciones más actuales, el nombre aparece como Nebo Sarsequín. Y de hecho este nuevo descubrimiento confirma que efectivamente es el nombre correcto de uno de los oficiales principales del rey Nabucodonosor.

Los detractores de la Biblia que alegan que el libro de Jeremías es un relato ficticio escrito siglos después del período babilonio, se ven en serios apuros para explicar la exactitud con que se registraron los nombres de personas extranjeras de relativamente poca importancia.

Una de las dificultades que desde hace mucho tiempo han enfrentado los críticos de la Biblia tiene que ver con las numerosas menciones de nombres aparentemente insignificantes, insertados aquí y allá. Algunos especulan que fueron agregados sólo para que los relatos parecieran auténticos. Otros sugieren que ciertos personajes importantes de historias posteriores fueron incluidos solapadamente en algunos relatos antiguos para cumplir una función poética.

De ser así, ¿cómo se explica la alusión a alguien como Nebo Sarsequín, una figura de poca monta de un país extranjero y que tiene un nombre difícil que nunca vuelve a ser mencionado, y que resulta ser correcto? Es obvio que el autor del libro de Jeremías estaba muy familiarizado con los detalles de los tiempos en que escribió y que se preocupó de ser preciso. La conclusión lógica es que este libro fue indudablemente escrito por Jeremías en tiempos de la conquista de Judá por parte de los babilonios, bajo Nabucodonosor.

Este descubrimiento es solamente el más reciente de muchos hallazgos arqueológicos que confirman la exactitud del libro de Jeremías. Una reciente excavación en Jerusalén dejó al descubierto una bula, que es un grabado en arcilla endurecida, con la impresión del sello que lleva el nombre de Jucal hijo de Selemías, hijo de Sevi. Esta persona, un funcionario de la corte del rey Sedequías, es mencionado en Jeremías 37:3 y 38:1-4.

Otra bula, encontrada a corta distancia de la ya mencionada, tiene grabado el nombre de Gemarías hijo de Safán, el escriba real (36:10). Y antes de ésta, se encontraron dos notables bulas que llevan el nombre del escriba de Jeremías, Baruc hijo de Nerías.

Todas estas personas existieron de verdad, como lo atestigua Jeremías. Estos hechos demuestran que el libro de Jeremías relata historia verdadera, al igual que todo el resto de la Biblia. BN

Se desprestigia otro argumento evolucionista

¿Cuántas personas han aprendido en la escuela sobre la existencia de los supuestos “órganos vestigiales” de nuestro cuerpo? Este término se emplea en la biología para referirse a un órgano “que ha perdido su función, pero que la tuvo en los antepasados de la especie de la que se trata”. Se supone, pues, que ciertas partes de nuestro organismo son vestigios de órganos que alguna vez fueron útiles.

Por mucho tiempo los evolucionistas han alegado que los órganos vestigiales de utilidad decreciente, que Darwin llamó “rudimentarios”, son una prueba de que los organismos vivientes han evolucionado a partir de formas de vida más primitivas.

Sin embargo, investigaciones posteriores han demostrado que los supuestos órganos o estructuras rudimentarios del cuerpo humano —como el apéndice, las amígdalas y el cóccix— no son “rudimentarios” en absoluto. Por el contrario, son estructuras muy útiles y cuyo propósito está bien definido.

Ahora se sabe que el apéndice, probablemente el más conocido de los supuestos órganos vestigiales, tiene una importante función inmunológica, especialmente en los primeros años de vida. “El apéndice, al igual que las amígdalas y las adenoides, consideradas como parte de estos órganos ‘vestigiales’, es un órgano linfoide (parte del sistema inmunológico) que produce anticuerpos para combatir las infecciones en el aparato digestivo. En la convicción de que el apéndice era tan sólo un ‘sobrante’ del proceso evolutivo, muchos cirujanos lo extraían (incluso cuando estaba sano) cuando se encontraban interviniendo en la cavidad abdominal. Hoy en día, y en la gran mayoría de los casos, la extracción de un apéndice saludable es considerada un error médico” (David Menton, Ph.D., “La cola humana y otros cuentos de la evolución”, St. Louis MetroVoice, enero de 1994).

Ahora se sabe que las amígdalas, durante largo tiempo consideradas inútiles, también cumplen una importantísima función en el sistema inmunológico. Estas glándulas actúan como un mecanismo defensivo en contra de las infecciones en las vías respiratorias superiores y aportan un gran servicio al aparato digestivo al filtrar la materia extraña que pueda entrar en el cuerpo a través de la boca o la nariz.

“En cierto momento los médicos llegaron a pensar que las amígdalas eran simplemente restos evolutivos inservibles y las extirpaban convencidos de que esto no causaría ningún daño. Hoy en día existen pruebas abrumadoras de que se producen más problemas en las vías respiratorias superiores después de la extracción de las amígdalas que antes, y los médicos en general coinciden en que la simple dilatación de las amígdalas no justifica la cirugía” (J.D. Ratcliff, Your Body and How it Works [“Su cuerpo y su funcionamiento”], 1975, p. 137).

La vértebra caudal, más conocida como cóccix, es otra de las supuestas estructuras vestigiales cuya valiosa función ha sido descubierta, en particular en lo que respecta a la habilidad para sentarnos de manera cómoda. Muchas personas que han debido sufrir la extracción de este hueso tienen grandes dificultades para sentarse.

Más aún, los numerosos músculos adheridos al cóccix son importantes para la función intestinal y el parto, ya que sostienen los órganos internos y mantienen cerrada la entrada del tubo digestivo. Además, este hueso cumple una importante función como punto de inserción de varios músculos y ligamentos, entre ellos el glúteo mayor, que es el músculo grande que baja por la parte posterior del muslo y nos permite caminar erguidos.

Gracias a extensas investigaciones y descubrimientos en el campo de la anatomía y fisiología humanas, la lista de los órganos que en su momento fueron considerados rudimentarios ha disminuido de 100 a principios del siglo xx a prácticamente cero en la actualidad. Ahora tenemos pruebas de que los órganos que alguna vez se consideraron como casi inservibles, en verdad son muy útiles. Sin embargo, muchos textos escolares y universitarios sobre la evolución todavía se refieren a ellos como supuestas pruebas de la teoría evolucionista.BN

http://www.lasbuenasnoticias.org/archivos/2008/bn012008/diosciencia.htm

 

Mitos de la evolución Parte 2

Mitos de la evolución Parte 2

Hay quienes se sorprenderán al descubrir que algunas renombradas “pruebas” de la evolución son todo menos eso. Aquí examinamos cuatro ejemplos típicos, para saber lo que los hechos muestran en realidad.

Por Mario Seiglie

Como vimos en el artículo anterior, Carlos Darwin presentó en su libro El origen de las especies lo que, según él, eran numerosos ejemplos del reino animal que apoyaban su teoría de la evolución. Pero ¿la apoyaban realmente? Examinemos algunas otras supuestas pruebas y veamos qué tan convincentes son después de 150 años.

La cría de palomas: selección artificial contra selección natural

Al principio de su libro, Darwin destacó la importancia que le atribuía a la cría doméstica y se valió de ella como una analogía para su teoría.

“Al inicio de mis observaciones —afirmó— me parecía probable que un estudio cuidadoso de los animales domesticados y de las plantas cultivadas pudiera ofrecerme la mejor oportunidad de aclarar este oscuro problema [de cómo funciona la evolución]. Y no me he decepcionado; en este y en todos los demás casos complejos, invariablemente he descubierto que nuestro conocimiento de la variación bajo la domesticación, por imperfecto que sea, ofrece la pista mejor y más segura” (p. 29, énfasis nuestro en todo el artículo).

Darwin mismo crió palomas y se asombraba de todas las variedades que podían producir los criadores domésticos. En los primeros capítulos de su libro explicó cómo las palomas podían ser criadas para tener una amplia variedad de colas, picos y colores. Después propuso que si los criadores, valiéndose de la selección artificial, podían lograr tan grandes cambios en tan breve tiempo, cuánto más podría la naturaleza, por medio de la selección natural y eones de tiempo, producir cambios de gran envergadura en las plantas y los animales.

Él reconoció que esta era sólo una corazonada, porque no tenía pruebas directas. Sin embargo, a partir de los indicios limitados sobre la variación dentro de una especie (llamada hoy en día microevolución) pasó a especular acerca de cambios complejos que teóricamente podrían conducir a la formación de nuevas especies (macroevolución).

Darwin creía que esto era posible porque había aceptado el concepto erróneo de que se pueden mezclar las características de diferentes especies. Pensaba que con suficiente tiempo, podía surgir una variedad prácticamente infinita de especies completamente distintas. Pero no entendía los principios genéticos de Mendel, todavía sin descubrir en su época, que limitan las posibilidades de cambio en plantas y animales.

Este fue uno de los mayores desaciertos de Darwin: suponer que la vida tenía una capacidad de cambio casi ilimitado cuando se veía sometida a fuertes presiones ambientales y reproductivas. Ahora que los científicos entienden las leyes de la genética, saben que la variedad existe, pero es limitada.

Esto es lo que Michael Behe, profesor de bioquímica, llama “la frontera de la evolución”. Tanto animales como plantas pueden “desarrollarse” o experimentar cambios, pero sólo dentro de sus fronteras genéticas, más allá de las cuales ninguna variación genuina es posible porque existen “murallas” genéticas que impiden una adaptación ulterior.

La genética puede compararse también con una bolsa llena de canicas. Uno puede agitar la bolsa y sacar varias bolitas, y cada vez que lo hace saca diferentes canicas, en este caso representando las diferentes variaciones que son posibles.

Pero hay sólo un número específico de canicas en la bolsa y la selección está limitada al conjunto de ellas. Lo mismo sucede con la genética: dentro del código genético de cada criatura sólo existe un número específico de genes o paquetes de información (canicas). Uno puede, por medio de mutaciones o de ingeniería genética, manipular la información genética de diferentes maneras (dañándola, partiéndola, borrándola o multiplicándola), pero no puede crear nueva información genética. De igual manera, dentro de cada clase de planta o animal existe un número fijo de posibles combinaciones.

En su nuevo libro The Edge of Evolution (“La frontera de la evolución”), el Dr. Behe plantea que la ciencia en realidad puede determinar matemáticamente el punto exacto donde se encuentra ese límite genético. Este es otro golpe devastador a la evolución darviniana.

Darwin cometió un grave error al suponer que existe una gama casi infinita de posibilidades entre las especies y que diferentes clases de animales y plantas podrían surgir de un solo ancestro común. A pesar de la amplia variedad de perros que hay, desde el minúsculo chihuahua hasta el gigantesco danés, todos ellos siguen siendo perros; ninguno se encuentra “evolucionando” para convertirse en otro tipo de criatura. De la misma manera, uno no puede convertir las canicas “perro” en canicas “gato”, no importa cuántas manipulaciones genéticas les haga.

Los pinzones de Darwin

Uno de los supuestos ejemplos de la evolución es el de los famosos pinzones que Darwin recolectó cuando visitó las islas Galápagos en 1835. En su honor, estos pájaros de las Galápagos ahora son llamados “los pinzones de Darwin”.

Al volver a Inglaterra, y mientras él y sus colegas examinaban estos especímenes, observaron leves variaciones en sus tamaños y sus picos. En una edición posterior del Origen de las especies, Darwin especuló brevemente que la selección natural podía modificar el tamaño del pico y del cuerpo de estas aves, y dijo que con suficiente tiempo tales cambios podrían transformarlos en un tipo de pájaros completamente distinto.

Los biógrafos Adrian Desmond y James Moore hacen este comentario: “Habían transcurrido 10 años desde su visita a las Galápagos y él seguía formándose conceptos de las islas. Ahora había tenido más que suficiente tiempo para reinterpretar la fauna a la luz de las investigaciones de John Gould sobre las aves, y también de su propia teoría . . .

”Pero los pinzones eran sólo una pequeña parte de sus pruebas de la evolución. No obstante, él ahora dibujaba los diversos tipos de estas aves, mostrando su variedad de picos. ‘Al ver esta gradación y diversidad de estructuras en un grupo de pájaros tan pequeño e íntimamente relacionado’, indicó, ‘uno puede realmente imaginarse que de un número originalmente reducido de aves en este archipiélago, una especie fue tomada y modificada para un fin diferente’. Esta era una conclusión muy generalizada, y fue todo lo que dijo respecto a la evolución de los pinzones” (Darwin: The Life of a Tormented Evolutionist [“Darwin: La vida de un evolucionista atormentado”], 1991, pp. 327-328).

Aunque él no destacó estos hechos de los pinzones en su teoría de la evolución, en el siglo xx sus seguidores los presentaron como una de las mayores pruebas del darvinismo.

En la década de los 70 los biólogos Peter y Rosemary Grant realizaron estudios sobre el tamaño de los picos de los pájaros pinzones en las Galápagos. Trabajaron principalmente en la isla Dafne Mayor, y observaron que al ocurrir una severa sequía entre 1976 y 1977, la mayoría de los pinzones murieron. Pero los sobrevivientes fueron aquellos que tenían cuerpos y picos más grandes; éstos podían comer las frutas grandes y duras que para los pájaros con picos pequeños eran prácticamente imposibles de comer.

El texto de estudio Biology (“Biología”), de John Kimball, comenta: “Aquí, entonces, se podía ver la selección natural en acción. Pero ¿se produjo algún grado de evolución? La respuesta resultó ser positiva. A medida que la población de G. fortis [la especie de pinzón en estudio] se recuperaba después del regreso de las lluvias, el tamaño medio de los cuerpos y los picos de sus retoños era más grande que antes (un aumento de 4-5 por ciento en la profundidad del pico). La curva en forma de campana se había desviado hacia la derecha, [lo que indicaba] una selección direccional” (edición electrónica, actualizada en el 2006).

Sin embargo, en este texto de estudio, como en muchos otros, no se menciona que durante la siguiente década de lluvias normales ¡el tamaño de los picos volvió a ser como era antes! A largo plazo no hubo tal selección direccional. Más aún, el cambio en el tamaño de los picos había sido infinitesimal, en promedio ¡menos de un milímetro! Es más, en esa isla existían pinzones con picos de esa medida tanto antes como después de la sequía. ¿En qué consistía, entonces, el supuesto cambio evolutivo?

De hecho, algunos evolucionistas parecen estar tan desesperados por confirmar su teoría, que tal vez inconscientemente recurran al engaño. Por ejemplo, un folleto publicado en 1998 por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos se refiere a los pinzones de Darwin como “un ejemplo particularmente interesante” de la evolución darviniana. También explica cómo los experimentos realizados por Peter y Rosemary Grant en las Galápagos demostraron “que un solo año de sequía en las islas puede provocar cambios evolutivos en los pinzones”, y que “si las sequías ocurren cada 10 años en promedio en estas islas, en tan sólo 200 años podría originarse una nueva especie de pinzones” (Teaching About Evolution and the Nature of Science [“Enseñanzas sobre la evolución y la naturaleza de la ciencia”], p. 10).

El biólogo Jonathan Wells comenta sobre este folleto: “En vez de confundir al lector mencionando que la selección fue revertida después de terminada la sequía, sin producir ningún cambio evolutivo a largo plazo, el folleto simplemente omite este incómodo hecho. Como un vendedor de acciones que afirma que algunas de ellas duplicarán su valor en 20 años porque su valor aumentó en un 5 por ciento en 1998, pero que no informa sobre el 5 por ciento que bajó en 1999, el folleto engaña al público ocultando algunos hechos cruciales.

”Cosas como éstas me hacen preguntar cuántas pruebas existen realmente para respaldar la teoría de Darwin. Como escribió en 1999 Phillip E. Johnson, profesor de derecho y crítico de Darwin: ‘Cuando nuestros científicos más eminentes tienen que recurrir a este tipo de falsedades, tan graves que de ser afirmadas por un vendedor de acciones lo haría terminar en la cárcel, sabemos que están en serios apuros” (Icons of Evolution [“Iconos de la evolución”], 2000, p. 175).

El arqueoptérix, el eslabón perdido que nunca lo fue

Poco después de la aparición del Origen de las especies en 1859, se descubrió un espectacular fósil que a primera vista parecía ser una de las especies en transición, o un eslabón perdido, entre los reptiles y las aves. Fue encontrado en Alemania en 1861 y fue llamado arqueoptérix, que significa “ala antigua”. Esta criatura tenía alas y plumas, pero al contrario de las aves modernas, tenía además dientes, una cola similar a la de un lagarto y garras en sus alas. Durante el siglo pasado se hallaron otros especímenes del arqueoptérix.

En una edición posterior de su libro Darwin agregó este hallazgo a su lista de “pruebas” de la evolución. Este fue su comentario: “El naturalista [Thomas Huxley] ha mostrado que hasta la amplia brecha entre las aves y los reptiles es parcialmente salvada de la manera más inesperada: por un lado, por el avestruz y el extinto arqueoptérix, y por otro lado, por el compsognato, uno de los dinosaurios” (edición de 1872, p. 325).

Ernst Mayr, renombrado evolucionista de la Universidad de Harvard, llamó al arqueoptérix “el eslabón casi perfecto entre los reptiles y las aves” (The Growth of Biological Thought [“El desarrollo del pensamiento biológico”], 1982, p. 430).

Sin embargo, en los últimos 25 años esta supuesta prueba de la evolución ha sido silenciosamente degradada. Después de análisis más profundos, los científicos ahora clasifican a esta criatura como un ave extinta, no una especie en transición. El ornitólogo Alan Feduccia, un experto en el estudio del arqueoptérix, ha afirmado: “Los paleontólogos han intentado clasificar al arqueoptérix como un dinosaurio emplumado y terrestre. Pero esto no es cierto. Es un pájaro, un ave trepadora. Y ni toda la jerigonza paleontológica del mundo podrá cambiar esa realidad” (citado por Virginia Morell en “Archaeopteryx: Early Bird Catches a Can of Worms” [“El arqueoptérix: Ave prehistórica se mete en un embrollo”], de la revista Science, 5 de febrero de 1993, pp. 764-765).

A continuación el profesor Feduccia vaticinó que la teoría del dinosaurio-ave llegaría a ser “la mayor vergüenza de la paleontología en el siglo xx” (citado por Pat Shipman en “Birds Do It . . . Did Dinosaurs?” [“Los pájaros lo hacen . . . ¿también lo hicieron los dinosaurios?”], revista New Scientist, 1º de febrero de 1997, p. 28).

¿A qué se debió tan drástico cambio de perspectiva? Simplemente a los hechos que ahora indican que el arqueoptérix se parece a las aves antiguas y actuales y no a los reptiles.

Se ha descubierto que algunas aves prehistóricas tenían dientes como el arqueoptérix y que eran muy distintas de los reptiles. Ciertas aves modernas tienen garras en sus alas, tales como el hoactzin o chenchena de Sudamérica, y el turaco y el avestruz africanos. Los embriones de algunos pájaros modernos tienen más vértebras en sus colas que el mismo arqueoptérix, y la estructura de la cola del cisne es asombrosamente similar a la de éste. Además, ahora se ha demostrado claramente que el arqueoptérix estaba completamente emplumado, carecía de escamas de reptil, podía volar y tenía huesos huecos, como los de las aves.

Jonathan Wells hace esta afirmación: “El fósil más hermoso del mundo, aquel que Ernst Mayr llamó ‘el eslabón casi perfecto entre los reptiles y las aves’, ha sido calladamente archivado, y la búsqueda de eslabones perdidos continúa como si el arqueoptérix nunca hubiese sido hallado” (p. 135).

La extraña epopeya de la polilla moteada

Hace poco, mientras hojeaba un libro actualizado de biología, me llamó la atención que todavía se utilice una supuesta “prueba” de la teoría evolucionista que conocí hace varias décadas, en la clase de biología de la escuela secundaria, a pesar de que quedó desacreditada hace mucho tiempo.

En ese entonces se me enseñó acerca de las polillas moteadas que cambiaron su color de tono claro a oscuro debido a la contaminación industrial en Gran Bretaña. El texto mencionado asegura que ese hecho es una prueba de cómo la selección natural puede cambiar una especie en otro tipo, e incluso algunos científicos muy eminentes han destacado la importancia de esta supuesta prueba de la evolución.

“Debemos esperar los cambios evolutivos más rápidos en poblaciones súbitamente expuestas a nuevas condiciones”, declaró el paleontólogo John Maynard Smith en su libro The Theory of Evolution (“La teoría de la evolución”), escrito en 1966. “Por lo tanto, es natural que uno de los cambios más impresionantes que se hayan observado en una población silvestre . . . sea el fenómeno del ‘melanismo industrial’, es decir, la aparición y multiplicación de ejemplares oscuros de ciertas especies de polillas” (p. 137).

Sir Gavin De Beer escribió así en la edición de 1974 de la Encyclopædia Britannica: “Uno de los ejemplos observables más asombrosos de la evolución es el fenómeno conocido como melanismo industrial” (vol. 7, p. 14).

Este resumen aparece en el texto Biology (“Biología”), de John Kimball (versión electrónica), actualizado en el 2006: “En el siglo xix muchas especies de polillas en las islas Británicas comenzaron a volverse más oscuras. El ejemplo más estudiado es la polilla motada, Biston betularia. Esta polilla recibe su nombre porque tiene manchas oscuras en sus alas y cuerpo.

”En 1849 se halló una polilla mutante, negra como el carbón, cerca de Manchester, Inglaterra. En menos de un siglo, este tipo de polilla negra aumentó hasta constituir el 90 por ciento de la población de polillas en esa región.

”Esta polilla vuela de noche y descansa de día en los troncos de los árboles. En las zonas alejadas de la actividad industrial, los troncos de los árboles están cubiertos de líquenes . . . Los ejemplares de color pálido [de la polilla] . . . son prácticamente invisibles sobre un fondo así. En las zonas donde la contaminación es un problema serio, la combinación de gases tóxicos y el hollín ha matado los líquenes y ennegrecido los troncos de los árboles. Con un fondo tan oscuro, los ejemplares claros son fácilmente visibles.

”La polilla es presa de los pájaros, que las arrancan de sus lugares de descanso durante el día. En los bosques contaminados, los ejemplares oscuros tienen una oportunidad mucho mejor de sobrevivir sin ser detectados. Cuando el genetista inglés H.B.D. Kettlewell . . . echó a volar polillas de ambos tipos en el bosque, observó que los pájaros efectivamente comían muchas más polillas de color claro.

”Debido a que después de la segunda guerra mundial se aplicaron medidas para combatir la contaminación, la población de las polillas pálidas ha ido aumentando . . .”.

Y ahora, el resto de la historia

Es lamentable que mucha de la información contenida en este y otros textos resulte ser enormemente inexacta. Este es un ejemplo de la importancia de escuchar los dos lados de un asunto y no sólo uno. La Biblia nos dice: “Justo parece el primero que aboga por su causa; pero viene su adversario, y le descubre” (Proverbios 18:17).

Si la sometemos a escrutinio, esta supuesta “prueba” de la evolución de la polilla moteada revela que cuando se trata de enseñar la evolución darviniana, no se puede confiar en que los científicos supuestamente imparciales dejen de lado sus prejuicios.

Otras investigaciones posteriores sobre el fenómeno de la polilla moteada han comprobado que los experimentos clásicos de Kettlewell con estas polillas están plagados de errores. El Dr. Jerry Coyne, profesor de biología evolucionista en la Universidad de Chicago, hizo este franco comentario en una prestigiosa revista científica británica:
“De vez en cuando los evolucionistas reexaminan un estudio experimental clásico y encuentran, para su horror, que está defectuoso o que sencillamente es falso . . . El caballo premiado en nuestro establo de ejemplos ha sido la evolución del ‘melanismo industrial’ en la polilla moteada, B. betularia, presentada por la mayoría de los académicos y textos de estudio como el paradigma de la selección natural y de la evolución, que puede ocurrir durante una sola generación.

”La revisión de esta teoría es el tema central del libro Melanism: Evolution in Action [“Melanismo: Evolución en acción”], de Michael Majerus. Desafortunadamente [para los que creen en la evolución], Majerus muestra que este ejemplo clásico está en pésimas condiciones, y aunque no está listo para ser llevado a la fábrica de pegamentos, sí requiere muchísima atención . . . Majerus señala que el problema más serio es que B. betularia probablemente no se posa en los troncos; en más de 40 años de intensa búsqueda no se han encontrado más de dos polillas haciendo eso.

”En realidad, los lugares de descanso de estos insectos todavía constituyen un misterio. Este solo hecho invalida los experimentos de liberación y captura realizados por Kettlewell, ya que las polillas fueron colocadas directamente sobre los troncos de árboles, donde las aves depredadoras pudieron verlas claramente. (Además, Kettlewell echó a volar sus polillas durante el día, a pesar de que ellas normalmente escogen su lugar de descanso durante la noche.)

”La historia se desmorona aún más al saberse que el resurgimiento de typica [polillas de color claro] ocurrió mucho antes de que los líquenes recolonizaran las zonas contaminadas, y que el aumento y disminución paralelos de los ejemplares melánicos también ocurrió en zonas industriales de los Estados Unidos, donde no hubo ningún cambio en la abundancia de líquenes, que supuestamente desempeñan un papel tan crucial.

”Finalmente, los resultados de los experimentos de comportamiento de Kettlewell no fueron duplicados en estudios posteriores: las polillas no tienen ninguna tendencia a mimetizarse. Majerus encuentra muchas otras fallas en este estudio, pero son demasiadas para enumerarlas aquí. Yo mismo descubrí otros problemas cuando, avergonzado por haber enseñado la historia clásica de Biston betularia por años, leí las investigaciones de Kettlewell por primera vez.

”Majerus concluye, no sin razón, que lo único que podemos deducir de esta historia es que se trata de un caso de rápida evolución que probablemente tiene que ver con la contaminación y las aves depredadoras. Personalmente, yo reemplazaría ‘probablemente’ por ‘quizá’. B. betularia muestra las huellas de la selección natural, pero todavía no hemos visto los pies que las hicieron.

”Majerus se consuela un poco en su análisis diciendo que la verdadera historia tal vez sea más compleja y por lo tanto más interesante, pero uno intuye que sólo lo hace por necesidad. Mi propia reacción se asemeja al desaliento que sentí a los seis años al descubrir que era mi padre y no Santa Claus el que traía los regalos en la Nochebuena” (revista Nature, 5 de noviembre de 1998, pp. 35-36).

“Pruebas” inválidas

¿Qué conclusiones podemos sacar hoy en día sobre la supuesta evolución de las polillas moteadas?

• Ambos especímenes de polillas ya existían al momento de realizarse los experimentos. No surgió ninguna especie nueva en respuesta a los cambios ambientales.

• Lo único que cambió en el transcurso de los siglos xix y xx fue la proporción de polillas claras y oscuras, debido a ciertas condiciones que todavía no se entienden muy bien. No se creó ni evolucionó ninguna nueva especie.

• Las polillas de las fotografías fueron colocadas en troncos de árboles por los investigadores con sus suposiciones erradas. Los análisis posteriores mostraron que estas polillas normalmente no se posan en los troncos.

• El aumento de las polillas oscuras y la disminución de las pálidas probablemente se debieron a varios factores ambientales y a la depredación por parte de las aves. Pero estos ejemplos también muestran cuán resistentes son las criaturas de Dios cuando se ven enfrentadas a ciertas condiciones cambiantes.

• A principios del siglo xx predominaban las polillas oscuras, quizá debido a la contaminación del ambiente por la actividad industrial. Cuando el ambiente se limpió, las polillas claras pasaron a ser el tipo predominante. Sin embargo, no hubo ningún cambio en el color o la estructura de estos insectos; ambas habían existido antes de que comenzara la contaminación industrial y ambas siguieron existiendo después.

Lamentablemente, en su desesperación por presentar “pruebas” de su teoría de la evolución del hombre a partir de las moléculas —que niega efectivamente al Dios creador descrito en la Biblia— muchos científicos que escriben libros de biología o que dan información en canales de televisión dedicados a la ciencia continúan promulgando estos mitos de la evolución a millones de personas ingenuas.

Con todo esto, y después de revisar los hechos, descartemos otra afirmación falsa de la evolución y démosle gloria a Dios por haber creado una variedad de polillas que en la historia reciente han demostrado su capacidad para adaptarse y sobrevivir bajo diferentes circunstancias.

“El gran mito cosmogónico del siglo xx”

Se han desechado varias otras supuestas “pruebas” de la evolución: los famosos dibujos de embriones de Haeckel resultaron ser falsas representaciones; han sido desacreditadas las progresiones de fósiles que demuestran la evolución del caballo, de la ballena y del hombre; y las bacterias resistentes a los antibióticos sólo muestran una cantidad reducida, no aumentada, de información genética, así que tampoco en este caso se crea algo nuevo.

Como concluyó el genetista y agnóstico Michael Denton después de estudiar exhaustivamente las supuestas pruebas de la evolución: “Uno podría haber esperado que una teoría de semejante importancia, que literalmente cambió al mundo, hubiera sido algo más que metafísica, un poco más que un mito. A fin de cuentas, la teoría darviniana no es más ni menos que el gran mito cosmogónico del siglo xx” (Evolution: A Theory in Crisis [“La evolución: Una teoría en crisis”], 1985, p. 358).

Por tanto, no se deje engañar por los astutos argumentos de quienes se empeñan en presentar la teoría de la evolución darviniana como un hecho comprobado, porque lo que está en juego es mucho más que una simple teoría científica. Se trata de creer lo que Dios nos dice en la Biblia acerca de la creación como un producto cuidadosamente diseñado, o de aceptar esta alternativa humanista basada en un proceso espontáneo de mutaciones fortuitas y de selección natural, una teoría plagada de grandes errores que ha causado mucha incredulidad y dolor. BN

http://www.lasbuenasnoticias.org/archivos/2008/bn012008/evolucion2.htm

Mitos de la evolución, Parte 1

Mitos de la evolución, Parte 1

Si la teoría de la evolución es algo tan infalible, ¿por qué suscita tantas dudas? ¿Por qué tantos luchan desesperadamente para evitar que se consideren otras opciones? Pero más importante aún, ¿qué es lo que muestran realmente las pruebas?

Por Mario Seiglie

Hoy, en los albores del siglo xxi, la teoría de la evolución sigue siendo el concepto predominante en las escuelas y en los medios de comunicación para explicar la aparición de la asombrosa variedad de más de un millón de especies vivientes en el planeta Tierra.

Desde luego, esta teoría no goza de la misma popularidad en todas partes del mundo. En China, por ejemplo, un paleontólogo le dijo en son de broma a uno de sus colegas estadounidenses: “En China podemos criticar a Darwin, pero no al gobierno. En los Estados Unidos ustedes pueden criticar al gobierno, pero no a Darwin” (“The Church of Darwin” [“La iglesia de Darwin”], periódico The Wall Street Journal, 16 de agosto de 1999).

Curiosamente, en Francia, España, Latinoamérica y en los países islámicos no se ha aceptado la teoría con el mismo entusiasmo. No obstante, en Gran Bretaña, donde nació Darwin, y en los Estados Unidos, que ha recibido gran parte de su herencia cultural de los británicos, al igual que en Alemania, las ideas de Darwin sobre la evolución aún prevalecen y cualquier crítica al respecto provoca disgusto.

Una teoría asediada

¿Por qué es tan prevaleciente esta teoría? ¿Cuáles son sus fundamentos y cuán firmes son sus raíces? Para algunos ha venido a suplantar a la religión, y hasta se ha convertido en una religión por sí misma.

El antropólogo Ashley Montagu asevera: “Después de la Biblia, ninguna obra literaria ha sido tan influyente, prácticamente en todos los aspectos del pensamiento humano, como El origen de las especies” (The Origin of Species [“El origen de las especies”], 1958, edición Mentor, cita impresa en la tapa posterior).

Sin duda, al ver cómo la defienden tan apasionadamente tantos científicos y profesores, es de suponerse que la teoría cuenta con pruebas sumamente impresionantes. Sin embargo, y para asombro de muchos, algunos de los mismos científicos han reconocido, en momentos de sinceridad, que el libro de Darwin en realidad no explica lo que su propio título enuncia: el origen de las especies.

Gordon Taylor, por ejemplo, en su libro pro evolucionista Great Evolution Mystery (“El gran misterio de la evolución”), menciona: “Como destacó en cierta ocasión el profesor de Harvard Ernst Mayr, autoridad reconocida en el estudio de las especies: ‘El libro llamado El origen de las especies en realidad no se refiere a ese tema’. Su colega el profesor Simpson reconoce que Darwin ‘no resolvió el problema que indica el título de su obra’.

”Puede sorprenderle a uno enterarse de que el origen de las especies sigue siendo un gran misterio aun en la actualidad, a pesar de los esfuerzos de millares de biólogos. El tema ha sido el principal foco de atención y está plagado de interminables controversias” (1983, p. 140, énfasis agregado en todo el artículo). Y la controversia continúa hasta hoy.

Pero ¿por qué debería persistir esta polémica? Si, como afirman algunos científicos, la teoría de la evolución es tan cierta como la de la fuerza de gravedad, ¿por qué vemos entonces tantas polémicas y dudas?

Lo que la selección natural puede y no puede hacer

En primer lugar, es importante distinguir entre lo que Darwin descubrió y lo que no logró descubrir. Averiguó que la selección natural es capaz de preservar los cambios ventajosos en una especie, pero no descubrió el mecanismo que da origen a estas variaciones.

En El origen de las especies Darwin comentó: “La selección natural actúa exclusivamente por la preservación y acumulación de variaciones, las cuales son beneficiosas bajo las condiciones orgánicas e inorgánicas a las que está expuesta cada criatura en todas las etapas de su vida. El resultado final es que cada criatura tiende a mejorar progresivamente en relación con su condición . . . Este principio de preservación, o la supervivencia del más apto, lo he denominado Selección Natural” (pp. 124, 130).

Sin embargo, ¡hay un largo trecho entre la simple explicación de cómo sobreviven las especies y cómo se originaron! Como explica el bioquímico y agnóstico Michael Denton: “Lo cierto es que hace 100 años las pruebas eran tan fragmentarias que el mismo Darwin albergaba cada vez más dudas sobre la validez de sus postulados, y el único aspecto de su teoría que ha gozado de cierto respaldo durante el siglo pasado es el que se refiere al fenómeno de la microevolución.

”Su teoría en general, en que toda la vida en la tierra se había originado y desarrollado por una acumulación gradual y sucesiva de mutaciones fortuitas, es todavía, al igual que en la época de Darwin, una hipótesis sumamente especulativa que carece en absoluto del apoyo directo de los hechos y que dista mucho de ser el irrefutable axioma que sus defensores más agresivos quieren hacernos creer” (Evolution: A Theory in Crisis [“La evolución: Una teoría en crisis”], 1985, p. 77.

No existen pruebas directas

En realidad, muy pocos han leído El origen de las especies de principio a fin; y de hecho, para muchos es un libro muy tedioso. El mismo Darwin se refirió a él como “un larguísimo argumento” (p. 435).

Darwin fue un naturalista concienzudo y en un intento por convencer a sus lectores de sus suposiciones, llenó el libro con numerosas observaciones del mundo natural. No obstante, él mismo confesó en su libro que no tenía ninguna prueba directa a favor de su teoría, sólo analogías y posibles ejemplos derivados de la naturaleza.

En la introducción de su libro menciona lo siguiente: “Estoy muy consciente de que difícilmente se puede discutir un solo punto en este tomo en el que no se puedan aducir hechos que a menudo llevan a conclusiones diametralmente opuestas a las mías” (p. 28).

En otro momento de franqueza, Darwin reconoció ante un amigo: “Yo no pretendo presentar pruebas directas de la transformación de una especie en otra” (carta a F.W. Hutton, 20 de abril de 1861).

En su libro reconoce: “Si mi teoría es cierta, con toda seguridad deben haber existido incontables variedades intermedias que vinculen estrechamente todas las especies del mismo grupo; pero como se ha comentado una y otra vez, el proceso mismo de la selección natural tiende constantemente al exterminio de los progenitores y de los eslabones intermedios. Como consecuencia, la prueba de su existencia anterior sólo podría encontrarse entre los restos fósiles, que se preservan, como mostraremos en un capítulo posterior, en un registro extremadamente imperfecto e intermitente” (p. 166).

Así reconoce que no existe absolutamente ninguna especie viviente en estado de transición que le sirva como prueba, y dice que se debe recurrir a los antiguos fósiles para tener algo en qué apoyarse. Pero paradójicamente, también explica que la selección natural no preserva las formas de transición, sino que en realidad las extermina.

¡Esta es una forma muy astuta de “deshacerse del cadáver”! En otras palabras, no puede encontrar las pruebas de su teoría entre los seres vivos, porque el mecanismo principal de la evolución, es decir, la selección natural, ¡las ha eliminado!

Pruebas ausentes entre los fósiles

¿Qué sucede respecto al testimonio de los fósiles? Uno podría pensar que ahora Darwin sí podría citar pruebas concretas para respaldar su teoría. Sin embargo, más adelante tiene que reconocer que ¡aquí tampoco existen! A continuación, y a regañadientes, pregunta: “¿Por qué, entonces, no está atestado de eslabones intermedios cada formación geológica y cada estrato? De hecho, la geología no revela en absoluto semejante cadena orgánica, finamente graduada; y esta es, quizá, la objeción más obvia y seria que puede esgrimirse en contra de la teoría. La explicación radica, creo yo, en la extrema imperfección del registro geológico” (pp. 293-294).

Un poco más adelante dice: “El número de eslabones intermedios y transitivos entre todas las especies vivientes y extintas debe haber sido inconcebiblemente grande. Pero sin ninguna duda, si esta teoría es verdad, ellas han vivido en la tierra. Independientemente de que no encontramos restos fósiles de esos eslabones conectores tan infinitamente numerosos, se podría objetar que el tiempo transcurrido no es suficiente para que hubiera un número tan grande de cambios orgánicos” (p. 295).

Con un hábil juego de manos, dice que las pruebas de su teoría no pueden encontrarse en el presente, sino sólo en el pasado, y después afirma que tampoco se encuentran en el pasado. ¡Luego culpa al testimonio de los fósiles por no darle el respaldo que necesita!

800 ejemplos del modo subjuntivo

¿Qué podía hacer entonces Darwin ante la falta de pruebas verdaderas? Supuso, conjeturó, adivinó e inventó. Cierto dedicado lector del libro de Darwin contó alrededor de 800 ejemplos de palabras en el modo subjuntivo —es decir, de suposiciones acerca de la teoría— tales como “si”, “tal vez”, “quizá”, “posiblemente”, “podría”, “pudo”, etc., además de muchas ilustraciones ficticias.

Si esta teoría cuenta con el respaldo de pruebas tan contundentes como la de que “la tierra gira alrededor del sol”, según dijo el evolucionista Richard Dawkins, entonces ¿por qué la rodea tanta especulación?

¿Por qué simplemente no presentar las pruebas concretas, como se hace con cualquier otra teoría científica? Porque la teoría de Darwin no es simplemente una teoría científica, sino una perspectiva filosófica y, para muchos, un sistema de creencias. Con esta teoría se promueve el naturalismo materialista, es decir, la idea de que todo lo que existe en el universo es sólo materia y sus leyes, y que todas las cosas evolucionaron ¡sin la necesidad de un Creador!

Dice el Dr. Denton: “Es irónico recordar que al principio fue la creciente perspectiva irreligiosa del siglo xix lo que facilitó la aceptación de la evolución, mientras que hoy en día tal vez sea la perspectiva darvinista de la naturaleza la responsable del enfoque agnóstico y escéptico del siglo xx. Lo que alguna vez fue una simple conclusión del materialismo, se ha convertido actualmente en sus cimientos” (Denton, ob. cit., p. 358).

No hay auténticos eslabones perdidos

Y ¿qué se puede decir del testimonio geológico? Después de 150 años adicionales de excavaciones y búsqueda en todos los continentes, ¿se han encontrado los fósiles vitales que Darwin denominó los “eslabones conectores”?

El Dr. Denton continúa: “Desde los tiempos de Darwin, la búsqueda de eslabones perdidos entre los fósiles ha continuado a una escala cada vez mayor. La expansión de la actividad paleontológica en los últimos 100 años ha sido tan enorme que probablemente un 99,9 por ciento de todo el trabajo en la paleontología se ha llevado a cabo a partir de 1860” (p. 160).

“A pesar del tremendo aumento de la actividad geológica en cada rincón del orbe —agrega—, y a pesar del descubrimiento de muchas formas extrañas y hasta la fecha desconocidas, el número infinito de eslabones conectores todavía no se ha encontrado, y el testimonio de los fósiles es tan irregular ahora como lo era en los tiempos en que Darwin escribía El origen de las especies. Los eslabones intermedios siguen siendo tan escurridizos como siempre, y un siglo más tarde su ausencia se mantiene como una de las características más relevantes del testimonio de los fósiles” (p. 162).

De modo que no hay nada en el testimonio de los fósiles que sirva de respaldo a la teoría de Darwin.

Pero ¿qué se puede decir de los ejemplos que Darwin citó en su libro? Por increíble que nos parezca, ¡todos ellos han resultado ser sólo mitos de la evolución! Examinemos algunas de estas supuestas pruebas.

De los peces a las aves

Darwin imaginó que los peces voladores podían convertirse gradualmente en pájaros. Al respecto escribió: “Al ver que unos cuantos miembros de la clase . . . de los crustáceos y de los moluscos se han adaptado para vivir en la tierra, y al observar que existen aves voladoras . . . es concebible que los peces voladores, que ahora planean largas distancias en el aire, subiendo y girando levemente con la ayuda del movimiento de sus aletas, puedan haber sido modificados hasta convertirse en animales perfectamente alados” (The Origin of Species [“El origen de las especies”], p. 168).

¿Presenta Darwin alguna prueba de la transformación gradual de este pez volador? No, no tiene ninguna prueba ni de animales vivos ni de fósiles. ¿Qué hace, entonces? Recurre a una explicación imaginaria: “Así, volviendo a nuestra ilustración imaginaria del pez volador, no parece probable que los peces capaces de volar realmente pudieran haberse desarrollado a partir de muchas formas inferiores . . . Por lo tanto, la posibilidad de descubrir especies con estructuras en proceso de transición en estado fósil siempre será reducida, por haber existido en número inferior a las especies con estructuras completamente desarrolladas” (p. 169).

Como no cuenta con ningún ejemplo para probar cómo los peces voladores se convierten en algo diferente, desecha los datos concretos afirmando que la posibilidad de encontrar formas en transición siempre será “reducida” en comparación con el descubrimiento de especies estructuralmente completas. Pero “reducida” no quiere decir “inexistente”. Y de hecho, él no presenta ni un solo ejemplo para respaldar su teoría. Su libro está colmado de esta clase de ilustraciones infundadas y especulativas, utilizadas como supuestas pruebas.

Conviene aclarar aquí que hace mucho tiempo que los evolucionistas modernos rechazaron la idea darvinista de que las aves provienen de peces voladores. El concepto popular de moda afirma que evolucionaron de los dinosaurios.

El largo cuello de la jirafa

Darwin estaba muy consciente de un notorio ejemplo en contra de su teoría: la jirafa, el animal viviente más alto que existe. ¿Cómo podía esta criatura haber desarrollado su larguísimo cuello, y dónde se encuentran sus ancestros?

Esta es su explicación: “La jirafa, por su alta estatura, cuello muy alargado, patas delanteras, cabeza y lengua, cuenta con una estructura hermosamente adaptada para buscar alimento en las ramas más altas de los árboles . . . Con toda seguridad, en cada región habrá una especie de animal que pueda ramonear más arriba que los demás; y es casi igualmente probable que esta singular clase de animal pueda contar con un cuello más alargado para este propósito debido a la selección natural y los efectos del uso prolongado” (pp. 205, 207). No se da ningún ejemplo ni se mencionan ancestros en estado fosilizado. Todo es pura especulación.

Hoy en día, sabemos que los animales no pueden adquirir nuevas características sólo por el uso frecuente o infrecuente de algunos de sus miembros. Los científicos han cortado las colas a cientos de generaciones de ratones y, sin embargo, nunca ha nacido un ratón sin cola. Darwin no conocía la verdad en cuanto a las leyes de la herencia que apenas estaban siendo descubiertas por Gregorio Mendel y otros, que revelaron la existencia de barreras genéticas en los seres vivientes. Así que supuso erróneamente que las criaturas podían adquirir cuellos alargados debido al continuo estiramiento de ellos.

Además, ¿pudo Darwin mostrar ejemplos de la prolongación gradual del cuello de la jirafa? De ninguna manera, así es que una vez más recurrió a las conjeturas. Cuando los críticos de su tiempo lo presionaron para que presentara pruebas que respaldaran el alargamiento paulatino de los cuellos, reconoció: “El interrogante de por qué en otras partes del mundo varios animales pertenecientes al mismo orden no han adquirido un cuello alargado o una probóscide [trompa], no puede ser respondida de manera clara; pero esperar una respuesta clara a esta pregunta es tan irracional como preguntarse por qué cierto suceso en la historia de la humanidad ocurrió en un país y no en otro” (p. 207).

¡Aquí podemos ver cómo Darwin confiesa su ignorancia frente al modo en que la jirafa desarrolló su largo cuello! Cuando se vio incapaz de dar pruebas sólidas para comprobar su teoría, se valió de una comparación con los acontecimientos históricos de la humanidad. ¡Esto carece absolutamente de sentido!

Él concluye su sección sobre la jirafa reconociendo: “Excepto por algunas razones generales y vagas que pueden usarse como argumento, no podemos explicar por qué, en muchas regiones del mundo, algunos cuadrúpedos con pezuñas no han desarrollado cuellos mucho más largos u otros medios para buscar alimento en las ramas más altas de los árboles” (p. 208).

Cierto científico, después de considerar este descarado postulado fantasioso respecto a las jirafas, estaba tan consternado con la teoría que dijo: “Siempre he tenido leves sospechas en cuanto a la teoría de la evolución por su habilidad para explicar cualquier característica de los seres vivos (como el cuello de la jirafa, por ejemplo). Por ello, he tratado de ver si los descubrimientos biológicos de los últimos 30 años o más encajan con la propuesta de Darwin. Yo no creo que encajen. Según mi criterio, la teoría no tiene base alguna” (H.S. Lipson, “A Physicist Looks at Evolution” [“Un físico examina la evolución”], Physics Bulletin [“Boletín de la física”], 1980, p. 138.

¿Qué le sucedería a un animal que desarrollara un cuello más largo? Para sobrevivir, tendría que desarrollar simultáneamente arcos bronquiales más fuertes, mayor musculatura y un corazón más grande, ya que de lo contrario el tener un cuello más largo le acarrearía una gran desventaja, y probablemente la muerte.

Como dice Francis Hitching: “Cuando uno observa el estilo de vida de las jirafas, es difícil ver la conexión entre su extraordinaria forma y las presiones darvinistas tradicionales de la competencia por sobrevivir en condiciones de superpoblación y bajo la amenaza de otras especies depredadoras . . . La necesidad de sobrevivir mediante la búsqueda de alimentos a mayor altura es, como muchas de las explicaciones de Darwin, poco más que una especulación errónea que consiste en tomar como causa lo que sólo es un antecedente” (The Neck of the Giraffe [“El cuello de la jirafa”], 1982, pp. 178-179).

En una futura edición examinaremos más ejemplos de los mitos de la evolución. BN

http://www.lasbuenasnoticias.org/archivos/2007/bn062007/evolucion.htm

Daño colateral: La bomba de Darwin

Daño colateral: La bomba de Darwin

Lo que en un momento puede parecer una buena idea no siempre resulta ser positivo a largo plazo. Y esto es precisamente lo que ha ocurrido con la teoría de la evolución.

Por David Treybig

Cuando Carlos Darwin empezó a formular su teoría de la evolución, probablemente nunca tuvo en mente causar tanto daño a la humanidad ni degradar la condición humana. Por el contrario, lo que quería era contribuir al conocimiento científico. Mediante su teoría de la evolución ofreció una explicación de cómo la vida podría haber llegado a existir sin la intervención de Dios. Esta idea revolucionaria tuvo un impacto monumental que ha trascendido el campo de la ciencia.

Sin embargo, lo que Darwin presentó al mundo científico en su libro The Origin of Species (El origen de las especies), publicado en 1859, precipitó una gran oleada de daño colateral; es decir, de consecuencias involuntarias.

Desgraciadamente, muy pocos en nuestra sociedad han analizado las repercusiones de esta hazaña ideológica. Como una bomba que destroza un plácido silencio, las ondas del impacto que produjeron los postulados de Darwin siguen golpeando incesantemente a la sociedad.

La historia de cómo se desarrolló la teoría de la evolución y de la forma en que ha sido defendida está colmada de ironía, engaño y hasta de una fe que raya en lo religioso, practicada por personas no religiosas. Vamos a examinar un cuento más extraño que los mismos animales observados por Darwin en las islas Galápagos.

El rechazo de la religión

Antes de proponer su teoría de la evolución, Carlos Darwin obtuvo un diploma en teología.

Sin embargo, su teoría rechazaba la explicación bíblica de una creación especial. Él no estaba seguro de si la vida había surgido espontáneamente o gracias a la obra de un Creador. De cualquier forma, Darwin suponía que los numerosos cambios evolutivos y graduales de los distintos seres vivos eran los responsables de la gran variedad de criaturas —mamíferos, peces, reptiles, aves, etc.— existentes en la actualidad.

¿Qué impulsó a Darwin a abandonar la enseñanza bíblica? ¿Por qué se atrevió a presentar una teoría carente de pruebas y en directa oposición a la Biblia? Parece ser que, después de todo, Darwin no estaba bien cimentado en las Escrituras.

Al rechazar la religión, Darwin tocó una cuerda que resonó entre muchos de sus contemporáneos y que sigue resonando hoy en día. Al abrazar la teoría de Darwin, algunos piensan erróneamente que se han despojado de las normas y leyes de un Creador y que han quedado en libertad para definir por sí mismos el bien y el mal.

Si tales personas sólo hubiesen leído la Biblia, podrían haberse enterado de que Adán y Eva hicieron lo mismo —es decir, rechazaron a Dios— hace varios miles de años, y que por ello debieron sufrir terribles consecuencias. Cuando desecharon el conocimiento revelado de Dios para decidir por sí mismos cómo conducir sus vidas, Adán y Eva perdieron el acceso al árbol de la vida, que representaba la oportunidad de vivir para siempre (Génesis 3). Lamentablemente, la historia bíblica no logró disuadir a Darwin ni a sus seguidores.

Al parecer, no querían “tener en cuenta a Dios” (Romanos 1:28), ni mucho menos escuchar lo que él tenía que decir en las páginas de la Biblia. Erróneamente, pensaron que su nueva filosofía les otorgaba libertad, una palabra seductora frecuentemente utilizada en la propaganda.

La presentación de la teoría de Darwin desató un encarnizado debate acerca de la verdad. Irónicamente, los partidarios de Darwin alegaban que la religión no era más que una invención humana para ayudar a la gente en momentos difíciles. Ah, sí, claro. Una invención humana . . . ¡como si la teoría de la evolución no lo fuera!

La evolución bajo el microscopio

Al reflexionar sobre su teoría de la evolución, Darwin sabía que existían ciertos aspectos inquietantes, no comprobados, de su hipótesis. Por ejemplo, reconoció que la complejidad del ojo planteaba ciertas dificultades. También reconoció que no había nada entre los fósiles que comprobara irrefutablemente los cambios graduales que él se había imaginado en los seres vivos. Darwin sólo albergaba la esperanza de que tarde o temprano los fósiles le dieran la razón.

Conociendo la debilidad de su teoría, Darwin se sorprendió de la acogida tan positiva que tuvo. Hoy en día, pareciera que el mismo Darwin albergaba más dudas acerca de su hipótesis que la mayoría de los fanáticos darvinianos que la han aceptado sin siquiera cuestionarla.

Sin embargo, al analizarla cuidadosamente, los científicos y pensadores competentes han descubierto graves fallas en la teoría de Darwin. Se ha comprobado que algunas supuestas “pruebas” de la teoría son inadecuadas.

La iglesia de Darwin

Debido a la falta de pruebas válidas que respalden la evolución darviniana y al aumento de pruebas científicas en su contra, los defensores de la evolución se encuentran frente a un creciente desafío para sostener su creencia. Su posición es muy incómoda y exige una adhesión incondicional.

Cuando la teoría evolucionista es confrontada con pruebas científicas como las que ofrece el movimiento del “diseño inteligente”, algunos se sorprenden de que los seguidores de Darwin siempre respondan al desafío argumentando que el diseño inteligente no es más que una religión apenas disimulada. Técnicamente, sin embargo, uno no está obligado a creer en un Dios ni a practicar cierta fe para creer en el diseño inteligente, ya que los argumentos que apoyan este movimiento no se basan en conceptos religiosos, sino únicamente en pruebas científicas.

Desgraciadamente, parece que quienes se aferran fielmente a la teoría de Darwin no quieren reconocer el enorme cúmulo de información científica que está socavando cada vez más su posición. La razón para ello es obvia: pone en peligro su perspectiva del mundo y de la vida.

Si la creación en realidad tiene las huellas digitales del Creador —como lo indican las pruebas— ellos ya no tendrán excusa para no hacerle caso a Dios. De hecho, la Biblia lo expresa muy claramente (ver Romanos 1:20).

Para el mundo académico, la aceptación del diseño inteligente sería un cambio tan monumental como lo fue la aceptación de la teoría de Darwin. Como no están dispuestos a encarar las pruebas, los darvinistas conversos responden tratando de desacreditar la ciencia al compararla con la religión. Pero irónicamente, hoy en día parece que se requiere más fe para creer en el darvinismo que en el Dios creador de la Biblia.

Daño colateral

Desde su detonación, la onda expansiva de la bomba de Darwin ha hecho impacto en prácticamente todos los campos de estudio, con consecuencias extremadamente negativas. Mientras que a los devotos de Darwin les fascina hablar sobre todas las muertes asociadas con las guerras religiosas, no les gusta que les recuerden acerca de las perspectivas mundiales inmorales y materialistas que han sido engendradas o justificadas gracias a la teoría de Darwin.

Una biografía de José Stalin explica que éste consideraba el libro El origen de las especies como una prueba de que Dios no existe (E. Yaroslavsky, Landmarks in the Life of Stalin [“Hitos en la vida de Stalin”], 1940, pp. 8-9).

Cuando era seminarista, Stalin animó a un compañero de estudios para que leyera el libro de Darwin y así pudiera entender que hablar de Dios no era más que “puras tonterías” (ibídem). Como Darwin aseguraba que no existía Dios ni tampoco sus leyes en contra del asesinato de otros seres humanos, Stalin no tuvo ningún resquemor en matar a millones de sus coterráneos mientras se empeñaba en construir un mejor país.

En la Alemania nazi el concepto ideado por Adolfo Hitler de crear una raza superior se basó en “la supervivencia del más apto”, noción inherente a la filosofía de Darwin. Sin importar si las perspectivas de Darwin eran o no racistas, su teoría y aun el título completo de su libro —On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life (“Acerca del origen de las especies mediante la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida”)— se concertaron con la perspectiva racista de Hitler. Finalmente, los intentos de éste por crear una raza superior lo llevaron a exterminar a seis millones de judíos.

Nuevamente, si no le creemos a Dios cuando nos dice que es malo matar a nuestros semejantes, la única base que la gente tiene para sus decisiones son sus opiniones personales.

¿Fue el exterminio de millones de personas el resultado que Darwin esperaba cuando escribió El origen de las especies? Por supuesto que no. Pero el daño colateral ocasionado por el darvinismo no termina con Stalin o Hitler. Por el contrario, ha continuado su incansable marcha a través de numerosos ámbitos de la vida humana, de los cuales tal vez ninguno haya sido más afectado que la conducta moral.

Si los seres humanos no son más que animales, como sugirió Darwin, no hay nada malo en que busquen la pareja que quieran y lo hagan cuando bien les parezca. El pasar por alto las instrucciones bíblicas que regulan nuestra conducta sexual ha llevado a la destrucción de innumerables familias y a un sufrimiento incalculable. Este es otro ejemplo de daño colateral.

Es más, si las personas son simplemente animales, entonces no importa si una mujer decide abortar o no. Bajo esta premisa, millones de bebés han sido abortados antes de que siquiera pudieran respirar por primera vez. Más daño colateral.

Cuando Darwin escribió El origen de las especies, ¿habrá sido capaz de prever que su teoría desempeñaría un papel fundamental en la destrucción familiar y en la extinción de millones de criaturas en gestación? Seguramente que no. Pero una premisa defectuosa conduce a resultados defectuosos. Los efectos negativos de la conducta inmoral, justificada por la teoría de Darwin, siguen multiplicándose.

¡Es una gran tragedia que tantos apoyen una idea equivocada que se ha convertido en una filosofía materialista que devalúa la vida humana y socava la fe de los seres humanos en su Creador! ¡Qué triste es ver tanto sufrimiento innecesario! ¿Por qué no reconocer a Dios como Dios y optar por vivir una vida de bendiciones y de renovación, no de daño colateral? BN

http://www.lasbuenasnoticias.org/archivos/2008/bn022008/bombadarwin.htm

El Sherlock Holmes del diseño inteligente

El Sherlock Holmes del diseño inteligente

Esta es la asombrosa historia de un profesor que hizo de detective para determinar si el universo estaba diseñado por una inteligencia superior.

Por Mario Seiglie

Cuando yo era adolescente, me encantaba leer las historias del detective Sherlock Holmes. Me maravillaba su habilidad para descifrar hasta los casos más difíciles con sus increíbles poderes deductivos e inductivos. “Elemental”, solía decir cuando resolvía otro enigmático crimen. Esos relatos me fascinaban tanto que compré las obras completas de Sherlock Holmes en una tienda de libros usados. Esa obra contenía la colección entera de 56 relatos cortos y cuatro novelas escritas por Sir Arthur Conan Doyle. Disfruté mucho con cada aventura.

Nunca me imaginé que con el tiempo me toparía con otro tipo de Sherlock Holmes, esta vez al estudiar el movimiento del diseño inteligente: un grupo de prominentes científicos y profesores que refutan la evolución darviniana. Esta vez, el Sherlock Holmes resultó ser William Dembski, un profesor norteamericano de matemáticas y filosofía. Él se valió de sus habilidades matemáticas para resolver lo que parecía una tarea imposible: determinar si algo en la naturaleza está intencionalmente diseñado o si es sólo el resultado de ciertos procesos físicos.

Este tema siempre ha provocado un acalorado debate entre evolucionistas y creacionistas. Los creacionistas insisten en que los organismos vivientes muestran tal complejidad, propósito, integridad y, en muchos casos, simbiosis, que tienen que haber sido inteligentemente diseñados. Pero los evolucionistas no están de acuerdo. Alegan que todas estas criaturas sólo muestran un diseño “aparente” y que fueron formadas gracias a mutaciones fortuitas y a la selección natural en el transcurso de largas épocas.

El problema es que como nadie ha visto a ninguna criatura surgir de la nada, ya sea una bacteria o un ser humano, su origen tiene que ser deducido de algo que ya existe, ya sea un organismo vivo o los restos fosilizados de algún otro. Hasta ahora, hay solamente dos explicaciones posibles para la existencia de seres vivos en la tierra: o fueron creados por una fuente inteligente, o son el resultado de la casualidad o de leyes naturales sin guía alguna.

Entonces se presentó el Dr. Dembski. Él diseñó una prueba científica para determinar si algo ha sido inteligentemente diseñado o no.

La prueba de los tres filtros

Imaginémonos tres filtros, como tres redes, una encima de la otra, con agujeros de tamaño decreciente. Basándose en las leyes de la probabilidad, el Dr. Dembski estableció los parámetros para cada filtro. Cada objeto o suceso de la naturaleza puede ser examinado por medio de estos tres filtros, y solamente si algo ha sido inteligentemente diseñado va a terminar pasando por el último filtro. A este método de prueba lo llama “el filtro explicativo”.

“A grandes rasgos —escribe el Dr. Dembski—, el filtro formula tres preguntas en el siguiente orden:

1) ¿Puede ser esto explicado por una ley?

2) ¿Puede ser explicado por el azar?

3) ¿Puede ser explicado por el diseño?

Él llama al primero “el filtro de contingencia”. Éste atrapa cualquier fenómeno que sea el simple resultado de una ley natural o de una alta probabilidad de que ocurra por casualidad. Por ejemplo, una pelota que es lanzada una vez tras otra tiene un 100 por ciento de probabilidades de caer al suelo, y esto es explicado por una ley natural, en este caso la de la gravedad. Esta acción es captada por el primer filtro.

El segundo filtro es “el filtro de la complejidad”. Éste retiene cualquier suceso con una probabilidad más alta que una en 10150. Esta cifra es el resultado de multiplicar el número de partículas elementales en el universo (1080) por la edad máxima del universo (1025 segundos) por el ritmo máximo de transacciones moleculares por segundo (1045). Este es el número máximo de posibilidades físicas en la historia del universo.

Al tercer filtro lo identifica como “el filtro de la especificación”. Éste es extremadamente difícil de pasar; la probabilidad de que ello ocurra por casualidad es de menos de una en 10150.

Por ejemplo, si alguien obtiene una escalera real en un juego de póker, es una cosa sumamente rara. Es tan improbable que los matemáticos han calculado que sólo sucede una vez cada dos millones y medio de juegos (para ser más preciso, cada 2 598 960 juegos) o aproximadamente una vez al año en todo Estados Unidos.

¿Qué pasaría si alguien consiguiera dos escaleras reales en forma consecutiva? Esta es una probabilidad casi imposible (de hecho, si le ocurriera a alguien, lo más seguro es que le acusarían de tramposo). Sin embargo, tales sucesos consecutivos todavía serían captados por el segundo filtro porque, a pesar de ser muy improbables, estarían todavía dentro de los límites de la naturaleza.

El Dr. Dembski ha sido tan conservador en sus cálculos que un objeto o suceso no puede pasar por el tercer filtro a menos que tenga la probabilidad de ocurrir con la frecuencia de ¡25 escaleras reales consecutivas! Cualquier cosa que pueda ocurrir con mayor frecuencia será atrapada por el primer o segundo filtro y no podría clasificarse necesariamente como algo inteligentemente diseñado. Él quiere estar absolutamente seguro de que lo que pase por el tercer filtro no sea el resultado de las leyes naturales o del azar, y que solamente pueda ser explicado como producto de una fuente inteligente.

Resultados de la prueba

Cuando el Dr. Dembski pone a prueba los flagelos de la bacteria (el medio que usan las bacterias para desplazarse) con los filtros de probabilidad, ¡éstos fácilmente pasan el umbral del diseño! Aquí tenemos algo que no sólo es altamente improbable, sino que además tiene complejidad específica. Él calcula que la probabilidad de que las 40 proteínas del flagelo se junten por casualidad es el equivalente a haber obtenido ¡190 escaleras reales consecutivas! Así que fácilmente pasa su barrera de 25 escaleras reales repetidas. Sin ninguna duda, algo más que la casualidad está en juego aquí.

El Dr. Dembski subraya que este método para determinar si algo es inteligentemente diseñado o no, nunca ha producido resultados falsos. Esta prueba cumple con las rigurosas normas científicas de las probabilidades. También es objetiva, ya que no determina cuál es la fuente inteligente que diseñó el producto final que pasó por el tercer filtro, y está basada en la verificación empírica. Los críticos evolucionistas, aunque vociferan de una forma muy estridente, no han sido capaces de encontrar una debilidad legítima en este método. El ADN, el ARN, las proteínas, las plantas, y los órganos de los animales, por ejemplo, todos pasan a través de los tres filtros y son clasificados como cosas inteligentemente diseñadas.

Este es un poderoso mecanismo en el arsenal del movimiento del diseño inteligente. Después del concepto de complejidad irreducible de Michael Behe, el filtro explicativo del Dr. Dembski es el segundo recurso de mayor importancia en el movimiento que se opone a la evolución darviniana.

Así que, cuando se somete algo a este examen y pasa los tres filtros, hasta el famoso Sherlock Holmes exclamaría: “¡Elemental! Ha sido inteligentemente diseñado”. BN

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“Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente, es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente.  Es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente.” (Mercedes Sosa / Leon Gieco) (1) 

leongiecoEstas son las letras de una canción de Mercedes Sosa, también cantada en su época por Leon Gieco, cantantes de rock argentino, durante la guerra de la subverción marxista lenista en Argentina, durante el período de la dictadura militar.

Personalmente considero que la guerra es algo absurdo,no le encuentro sentido alguno, ver como hermanos de raza en vez de encontrar salidas coherentes a las crisis humanas, se enfrascan en una lucha odiosa sin cuartel unos con otros.

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