La historia según Hollywood del Juicio Scopes Parte II


La historia según Hollywood del Juicio Scopes Parte II

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Se puede decir que las dos principales causas de la percepción totalmente distorsionada que se tiene en general de lo que sucedió realmente en el juicio de Scopes, de sus antecedentes, naturaleza, argumentaciones y protagonistas, son: (1) La versión unilateral y partidista que dio en sus crónicas el columnista H. L. Mencken, que desde siempre había sido un acerbo oponente del cristianismo organizado, y (2) La película que nos ocupa.

 

… hay considerables evidencias que apuntan a que la película no es simplemente inexacta en el sentido en que lo son «las historias de Hollywood», sino que es realmente perversa en sus intenciones. Las inexactitudes históricas resultan sistemáticas y de un tipo que presenta un prejuicio de proporciones calumniosas contra una clase determinada de personas y sus creencias.

En las observaciones que siguen se presentan segmentos de la línea general del relato de la película en un orden básicamente cronológico bajo el encabezamiento «PELÍCULA»; inmediatamente a continuación, bajo «REALIDAD», viene una consideración del dicho segmento de la película a la luz de la transcripción del juicio de Scopes junto con otras fuentes históricas.

 

PELÍCULA

Comienza con un cántico desafinado del espiritual negro «La vieja fe» repetido por diferentes grupos. Suenan los tambores de manera ominosa mientras unos hombres siniestros (clérigos y hombres de negocios) se reúnen para hacer maldades en nombre de Dios. Irrumpen en la clase de biología, donde John Scopes es sorprendido enseñando evolución con entusiasmo y convicción, y allí acusan a Scopes de quebrantar la ley contra la enseñanza de la evolución. Scopes es de inmediato encarcelado y queda en la cárcel a lo largo de todo el juicio. Atemorizado, Scopes envía una carta a un diario pidiendo ayuda, suponiendo, por lo que parece, que siempre se puede confiar en los medios de comunicación para defender el buen nombre del evolucionismo. El notorio H. L. Menken se lanza al rescate y contrata la ayuda del famoso abogado Clarence Darrow. [En la versión de 1960 se muestra que ello tiene lugar de manera muy oportuna, porque los cristianos fundamentalistas odian a John Scopes y se reúnen fuera de la ventana de su celda para echarle objetos y corear que le van a linchar].

 

REALIDAD

Nadie irrumpió en la clase de Scopes. Scopes no era profesor de biología. Scopes sólo actuó durante dos semanas cerca del final del curso escolar para sustituir al profesor de biología, Mr. Ferguson, que estaba enfermo. Scopes no tenía siquiera un título universitario de ciencias (tenía un título medio en leyes por la Universidad de Kentucky), pero de todas maneras había sido contratado para enseñar ciencia general y para entrenar al equipo de fútbol. El equipo fue mejorando durante el año que entrenaron con Scopes y por lo general era del agrado de la gente del Condado Rhea. No parece que nadie fuera de su escuela supiera ni se preocupara de qué era lo que Scopes enseñaba en la escuela. Scopes siempre ha mantenido que él nunca enseñó evolución durante las dos semanas que estuvo como sustituto del profesor de biología, sino que dio repaso a los estudiantes para su examen final. En el libro de Sprague de Camp, The Great Monkey Trial (El gran juicio del mono), se registra una notable conversación entre Scopes y el informador William K. Hutchinson, del International News Service (Servicio Internacional de Noticias), que tuvo lugar durante los últimos días del juicio; Scopes dijo:

«Hay algo que debo decirle. Me ha preocupado. Yo no violé la ley… Nunca enseñé aquella clase de evolución. Me la salté. Estaba haciendo otra cosa el día que debía enseñarla, y pasé por alto toda la lección acerca de Darwin, y no la enseñé nunca. Aquellos chicos a los que presentaron como testigos no podían recordar lo que yo les había enseñado hacía tres meses. Habían sido instruidos por los abogados». «Honradamente, me he sentido asustado durante todo el juicio temiendo que los chicos pudieran recordar que no dimos aquella lección. Tenía miedo que en el momento de testificar dijeran que yo no había enseñado aquello, y que todo el juicio se fuera al cuerno. Si esto hubiera sucedido, ¡me hubieran echado fuera de la ciudad emplumado!» Cuando Hutchinson contestó que esto sería un gran reportaje, Scopes dijo: «¡No, no! Ni una palabra de esto hasta que el Tribunal Supremo vea mi apelación. Mis abogados me matarían.» (De Camp, pág. 432).

Hutchinson sí afirmó que oyó a Clarence Darrow enseñar a los estudiantes qué era lo que tenían que decir, pero a pesar de esta instrucción sólo uno de los estudiantes implicó claramente que Scopes había enseñado evolución. Hasta el día de hoy la prensa está guardando su pequeño secreto: Clarence Darrow, que se suponía estaba defendiendo a su cliente de una ley que prohibía la enseñanza de la evolución, ¡instruyó a los estudiantes de su cliente para que cometieran perjurio pretendiendo que John Scopes había enseñado evolución, cuando de hecho no era así!

 

Se debería enfatizar que, en contra de lo que muestra la película, Scopes nunca fue encarcelado por enseñar evolución.

Debido al hecho de que John Scopes era un popular entrenador de fútbol en Dayton que nunca enseñó evolución ni tenía intensos sentimientos acerca de esta cuestión, ¿cómo llegó a ser acusado de violar una ley de Tennessee que prohibía enseñar la evolución del hombre?

Los que presentaron la acusación contra John Scopes de haber enseñado evolución fueron la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) de la ciudad de Nueva York y George Rappleyea, un facultativo de minas local de Dayton. La ACLU estaba deseosa de lograr un caso de prueba en Tennessee para poderlo emplear para que fuera derogada o anulada la ley Butler. Esta ley prohibía a los maestros de escuelas públicas en el estado de Tennessee negar el relato bíblico literal del origen del hombre y enseñar en su lugar la evolución del hombre procedente de animales inferiores. Como ya se ha mencionado, la ley no prohibía enseñar la evolución de ninguna otra especie de vida, plantas o animales. George Rappleyea leyó un comunicado de prensa de la ACLU en un diario de Chattanooga, The Daily Times, que en parte decía:

«Buscamos un maestro de Tennessee que esté dispuesto a aceptar nuestros servicios para someter a prueba esta ley en los tribunales».

El comunicado prometía servicios legales sin costo alguno, e implicaba que el Ku Klux Klan y «sociedades patrióticas profesionales» eran las «inspiradoras» de esta ley. Rappleyea tenía aparentemente sus propios motivos para tratar de poner en entredicho a los cristianos fundamentalistas de Tennessee desafiando y quizá anulando una ley que favorecía la enseñanza del relato bíblico de la creación del hombre. Durante el juicio de Scopes, George Rappleyea contó a la prensa sus razones para poner en marcha el juicio de Scopes. Rappleyea estaba aparentemente ofendido por un predicador fundamentalista que, según él, había dicho que un muchacho que había muerto sería arrojado a «las llamas del infierno» porque no había «confesado a Cristo» ni estaba bautizado. Esto aparentemente no concordaba con las opiniones religiosas de Rappleyea, y prometió que «ajustaría las cuentas» a los «fundamentalistas», que él creía eran los que estaban detrás de la ley antievolucionista (de Camp, págs. 6-7). Rappleyea dijo: «Decidí que se lo mostraría al mundo».

Rappleyea, a quien de Camp describe como un hombre «intenso, amante de la polémica, verboso», no perdió el tiempo, y fue a encontrarse con John Scopes para presionarle a que aceptara la oferta de la ACLU. Scopes no tenía ganas de meterse en aquello y le dijo a Rappleyea que él en realidad no había enseñado evolución. Rappleyea insistió que por cuanto el texto de biología la enseñaba, esto ya se aproximaba bastante, y con la desganada autorización de Scopes escribió allí mismo un telegrama a la ACLU que decía:

«El profesor J. T. Scopes, enseñante de ciencia en Instituto Condado Rhea, Dayton, Tenn., será arrestado y acusado de enseñar evolución. Consentimiento de superintendente de educación para caso prueba a defender por ustedes. Manden telegrama a cobro revertido si desean cooperar y se dará el arresto».

Parece que Rappleyea ni siquiera esperó a la respuesta de la ACLU sino que se dirigió acto seguido a un juez de paz para pedir una orden para el arresto de Scopes. Sue Hicks, una abogado local, cumplimentó una orden provisional para el arresto mientras que Rappleyea juraba su declaración y firmaba la orden. Luego fue a buscar un sheriffy pidió el arresto de John Scopes. Scopes fue arrestado y puesto en libertad bajo una fianza de 1.000 dólares. Se debería enfatizar que, en contra de lo que muestra la película, Scopes nunca fue encarcelado por enseñar evolución. Al presentar a Scopes como «preso», la película evidentemente intenta suscitar simpatías hacia Scopes como un hombre perseguido por sus creencias por parte de fundamentalistas acechantes. En su libro, Sprague de Camp destruyó lo que él llamó «el extendido mito» del consagrado maestro de escuela perseguido por unos fundamentalistas lanzados a «la quema de brujas» a causa de su valerosa postura en favor de la evolución:

«El juicio no fue “una caza de brujas”, como se ha dicho, porque el acusado y sus defensores —las “brujas”— eran en realidad los cazadores, acosando la ley con la intención de anularla, o al menos de hacer que perdiera su fuerza». (de Camp, pág. 490.)

 

PELÍCULA

A lo largo de la película se describe a William Jennings Bryan como un hombre pomposo, estúpido, intolerante, hipócrita, insincero, y glotón. Mientras el juicio va avanzando, Bryan se vuelve virtualmente obsesionado con su misión de perseguir a John Scopes y de mantener el evolucionismo fuera de las escuelas. Hasta la mujer de Bryan llega a darse cuenta gradualmente de que su marido es un zelota, y parece lamentar no haber llegado a conocer mejor a Clarence Darrow en sus años jóvenes. Incluso se arroja fango sobre la reputación de Bryan como orador, pues en la película se le describe como un hombre lleno de vanidad y arrogancia, sin contenido alguno, cuyo estilo y sentido del humor sólo atrae a la gente ignorante (o sea, a los cristianos fundamentalistas). Es difícil contemplar la película sin desarrollar un sentimiento de desprecio contra William Jennings Bryan y contra los cristianos fundamentalistas que por alguna razón encuentran algo que admirar en este hombre.

 

REALIDAD

En su libro The Great Monkey Trial (El gran juicio del mono), Sprague de Camp repudia el cristianismo conservador de Bryan y no pierde oportunidad alguna de criticar sus posturas científicas, y sin embargo la honradez le impulsa a dar crédito a Bryan por al menos algunas de sus innegables virtudes:

«Como orador, Bryan irradiaba una sinceridad llena de buen humor. Pocos de los que le escuchaban podían impedir sentir simpatía por él. Era poderoso y enérgico de personalidad, y terco, pero genial, amable, generoso, atractivo y encantador. Mostraba una tolerancia digna de encomio para con los que estaban en desacuerdo con él. Bryan fue el mayor orador americano de su tiempo, y quizá de cualquier tiempo» (de Camp, pág. 37).

Éste no es evidentemente el hombre descrito en la película, pero la descripción que hace de Camp del carácter de Bryan es totalmente congruente con las principales biografías de Bryan (véase Levine, 1965, y Coletta, 1969). Sin embargo, muchos de los enemigos de Bryan insistían en que, a pesar de sus muchas virtudes, era un ignorante e incluso peligroso cuando se trataba de cuestiones científicas o factuales. El registro histórico no sustenta esta acusación. Bryan no era un mero «hombre común», como incluso a él le gustaba describirse, sino que fue también un político inmensamente productivo y progresista que fue el líder reconocido del Partido Demócrata durante 30 años, y que fue tres veces designado por su Partido como su candidato a Presidente de los Estados Unidos. Aunque Bryan nunca fue elegido presidente, sí que sirvió como Secretario de Estado bajo Woodrow Wilson, y durante este tiempo dedicó la mayor parte de su atención a negociar tratados con países extranjeros en un esfuerzo por impedir el estallido de la Primera Guerra Mundial. Durante su carrera política, Bryan luchó intensamente por la legislación más progresista de su tiempo, incluyendo la elección popular de los senadores, un impuesto sobre la renta, la acuñación libre e ilimitada de plata, requerimientos para la publicación de la circulación y propiedad de los diarios, la creación del Ministerio de Trabajo, y el sufragio femenino. Bryan atraía a una amplia capa de la población, incluyendo a aquellos cuyas posturas políticas eran decididamente liberales. Clarence Darrow mismo hizo campaña en favor de Bryan cuando presentó su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos. Pero muchos de los «progresistas» que habían apoyado a Bryan pasaron a menospreciarle por sus abiertas convicciones cristianas, en particular cuando osó hablar contra el darwinismo.

 

PELÍCULA

Se presenta a la gente cristiana conservadora de Dayton, Tennessee, como un atajo de ignorantes, cerriles, descorteses e incluso amenazantes hacia los abogados de la defensa, los reporteros y los forasteros en general.

 

REALIDAD

La transcripción del juicio de Scopes demuestra que esto es precisamente contrario a la realidad:

Darrow: «No sé si he estado nunca en mi vida en una comunidad donde mis ideas religiosas hayan diferido tan ampliamente de la gran masa como he visto desde que estoy en Tennessee. Pero llegué aquí como un perfecto extraño, y puedo decir lo que he dicho antes, que no he encontrado de parte de nadie —de ningún ciudadano de aquí en esta ciudad o fuera de ella— la menor descortesía. He sido tratado mejor, más amablemente y con más hospitalidad que imaginaba que habría sido el caso en el norte» (transcripción, págs. 225-226).

Reportero de Toronto: Quisiera «expresar mi gran aprecio por la abrumadora cortesía que se nos ha mostrado tanto a mí como a mis colegas de la prensa tanto por el tribunal como por los ciudadanos de Dayton. Me llevaré conmigo un mayor aprecio por la gran república hacia la que hemos sentido tanto aprecio, y cuyas instituciones tanto alabamos y admiramos» (transcripción, pág. 315.)

 

PELÍCULA

En la sala del tribunal sólo se le llama «Coronel» a Bryan, pero no a Darrow, porque le habían otorgado solamente a Bryan el grado de Coronel honorario de la milicia estatal de Tennessee. Darrow, comprensiblemente, se resiente ante esta enorme exhibición de parcialidad y el Estado designa con desgana a Darrow como «Coronel honorario provisional» en un esfuerzo desmañado para ocultar su evidente parcialidad en favor de Bryan.

 

REALIDAD

«Coronel» era un título honorario usual empleado en el tribunal, y se extendió a todos los abogados implicados en el caso de Scopes. No tenía nada que ver con el estamento militar ni con favoritismos. Tanto Darrow como Bryan, y desde luego todos los abogados en la causa, fueron frecuentemente designados como «Coronel» durante el juicio. Por otra parte, Bryan, a diferencia de Darrow, era realmente un Coronel del Ejército de los Estados Unidos.

 

PELÍCULA

Darrow objeta al anuncio de una reunión de oración vespertina al terminar el primer día de juicio.

 

REALIDAD

Jamás se hizo tal anuncio durante el juicio, pero Darrow y los otros abogados de la defensa objetaron repetidamente a la apertura de cada sesión del tribunal con oración, como era costumbre en Tennessee y sigue siéndolo en el propio Tribunal Supremo de los Estados Unidos.

 

PELÍCULA

Darrow lleva a Bryan a la admisión de que está totalmente opuesto al empleo del libro de Darwin El linaje del hombre en la clase de biología del Instituto del Condado Rhea a pesar de que nunca ha leído el libro de Darwin ni tiene la intención de leerlo. Darrow le pregunta a Bryan si está familiarizado con El Origen de las Especies de Darwin, y tiene lugar el siguiente diálogo:

Bryan: No estoy interesado en lo más mínimo en las hipótesis paganas de este libro.

Darrow: ¿Nunca lo ha leído?

Bryan: Ni pienso leerlo jamás.

 

… fue Bryan, y no Darrow, quien empleó la obra de Darwin El linaje del hombre como evidencia en el juicio y citó de ella … También demostró estar familiarizado con T. H. Huxley.

 


REALIDAD

El anterior diálogo es una pura invención. Jamás se hizo tal pregunta ni se dio tal respuesta. De hecho, no era el libro de Darwin el empleado en la clase, sino el de Hunter, Civic Biology (Biología cívica), del cual citó Bryan. Y fue Bryan, y no Darrow, quien empleó la obra de Darwin El linaje del hombre como evidencia en el juicio y citó de ella (transcripción, pág. 176). Bryan demostró, por ejemplo, que Darwin había afirmado que el hombre descendía de un mono, extremo éste que la defensa había tratado de negar. También demostró estar familiarizado con T. H. Huxley. Uno de los biógrafos de Bryan, Lawrence W. Levine, afirma que ya había leído El Origen de las Especies en 1905 —¡20 años antes del juicio de Scopes! Aunque las reservas de Bryan acerca de la teoría de la evolución estaban desde luego influenciadas por creencias religiosas, había escrito muchos artículos bien argumentados que constituían una crítica de la evidencia científica empleada en sus tiempos para defender la teoría de la evolución. Bryan había también mantenido una larga correspondencia acerca del tema de la evolución con el famoso evolucionista Henry Fairfield Osborn. Y como lego, el conocimiento que tenía Bryan de la evidencia científica en pro y en contra de la evolución era inusualmente grande. En comparación, la transcripción del juicio muestra que Darrow dio la impresión de tener una comprensión muy deficiente tanto del significado como del supuesto mecanismo de la evolución. Parecía que Darrow descansaba su creencia en la evolución en base de la «autoridad» científica, que aceptaba de manera incuestionable, y en su total rechazo de todos los milagros de la Biblia, incluyendo, desde luego, el relato de Génesis de la Creación.

 

No participó mujer alguna en el juicio. … Los guionistas de La herencia del viento … implican falsamente en el juicio a la joven, supuestamente hija de un fanático reverendo al que ella finalmente abandona. Esto es muy eficaz como golpe de efecto, pero es calumnioso. Bryan fue cortés en todo momento en su trato a los testigos, como lo demuestra el examen de la transcripción del juicio.

 


PELÍCULA

La bella y tierna prometida de Scopes, «Rachel Brown», es llamada como testigo y es tratada desconsideradamente por Bryan, que la obliga a testificar contra su propio prometido. Bryan, siempre el fanático, pierde el dominio de sí mismo, y se vuelve cruel y monstruosamente implacable en su interrogatorio de la joven.

 


REALIDAD

No participó mujer alguna en el juicio. Scopes no tenía ninguna novia en especial ni prometida en aquel tiempo, aunque había salido con varias muchachas de Dayton, y la razón de haberse quedado aquel verano era para poder citar a una atractiva rubia. Los guionistas de La herencia del viento transforman esto en un romance formal, e implican falsamente en el juicio a la joven, supuestamente hija de un fanático reverendo al que ella finalmente abandona. Esto es muy eficaz como golpe de efecto, pero es calumnioso. Bryan fue cortés en todo momento en su trato a los testigos, como lo demuestra el examen de la transcripción del juicio. En cambio, Darrow fue en ocasiones arrogante y menospreciativo en su trato de los testigos, juristas, abogados del campo contrario, e incluso con el Juez. De hecho, Darrow fue citado a comparecer, acusado de desacato y menosprecio al tribunal, por interrumpir e insultar repetidamente al Juez Raulston. Tras haber presentado sus excusas, a lo que fue persuadido por sus compañeros de la defensa, el Juez Raulston revocó la acusación. Darrow persiguió tan implacablemente a Bryan por sus creencias religiosas, cuando lo llamó al estrado de los testigos, que algunos han sugerido que Darrow realmente aceleró la muerte de Bryan. Esta posibilidad la tenía indudablemente en mente H.L. Menken cuando, al saber de la muerte de Bryan pocos días después del juicio, comentó: «Bien, hemos matado a aquel hijo de perra». El trato de Darrow hacia Bryan fue tan deplorable que incluso llevó a muchos miembros de la ACLU a ejercer una presión eficaz que le impidió representar a Scopes cuando el caso fue después apelado al Tribunal Supremo Estatal. Los clérigos liberales que apoyaban a la ACLU mantuvieron que Darrow había logrado volver a muchos teólogos «moderados» contra la evolución y contra la ACLU por su actitud evidentemente hostil contra el cristianismo y contra Bryan. En la película vemos otra notable perversión de los hechos cuando Darrow amenaza frustrado con abandonar la causa, cuando de hecho luchó en contra de ser excluido de la causa por la ACLU.

 


PELÍCULA

La defensa no puede obtener permiso para emplear a sus varios testigos expertos porque Bryan tiene miedo de su testimonio y lo considera irrelevante. Uno por uno, Darrow llama a sus distinguidos científicos al estrado, pero cada vez, gracias a un juez ignorante y parcial, Bryan sólo tiene que decir «objeción —irrelevante», y ahí se acaba todo.

 


REALIDAD

Técnicamente, el único punto a tratar en el juicio era si John Scopes había enseñado evolución o no, por lo que naturalmente los abogados de la acusación cuestionaron la relevancia del testimonio de los testigos expertos. Sin embargo, el testimonio de los evolucionistas reunidos por la defensa quedó impedido porque Darrow rehusó obstinadamente que sus testigos científicos fueran interrogados a su vez por la acusación (transcripción, págs. 206-208). Bryan había pedido y recibido el derecho a interrogar a su vez a los testigos expertos, pero Darrow estaba tan opuesto a permitir que sus expertos fueran interrogados, ¡que no llamó a ninguno de ellos al estrado! Bryan observó que bajo las condiciones exigidas por Darrow, los evolucionistas podrían acudir al estrado de los testigos y meramente expresar sus especulaciones y opiniones sobre la evolución sin temor a incurrir en perjurio ni a ser contradichos.

A pesar de todo esto, el Juez Raulston no impidió el testimonio; sólo rehusó entonces que fuera dado ante el jurado. Los expertos leyeron sus testimonios para que constara en las actas, mientras el jurado se retiraba. Porque el punto que se debía determinar no era si el evolucionismo era bueno o malo, cierto o falso, sino si Scopes había enseñado evolución o en una institución pública en violación de la Ley Butler. Aquel testimonio experto podía ser relevante para determinar la constitucionalidad o no de aquella ley, pero la constitucionalidad de la ley no era algo que le pertenciera al jurado determinar, sino al juez y a los tribunales superiores de apelación. Cualquier juez consciente habría actuado como lo hizo el Juez Raulston (Levine, pág. 347).

Aquí vale la pena destacar que todos los «expertos» de Darrow se apoyaron en parte en el Hombre de Piltdown, el supuesto «eslabón perdido» que resultó ser un fraude: un cráneo humano con la mandíbula de un mono con los dientes limados, los cóndilos rotos para que no pudiera identificarse la no correspondencia de la mandíbula con el cráneo, y todo ello teñido con dicromato potásico para dar apariencia de antigüedad (véase Malcolm Bowden, Los Hombres-Simios: ¿Realidad o Ficción?, CLIE, Terrassa 1984, págs. 13-71).

La sabiduría de esta posición quedó ampliamente demostrada por las confusas y retorcidas opiniones del único científico al que se le había permitido testificar antes para la defensa. A través del juicio la definición de evolución fue expresada de una manera tan confusa por la defensa y sus testigos que parece improbable que ninguno de los miembros del jurado hubiera podido saber exactamente qué es la evolución, y qué no es. La evolución, por ejemplo, fue repetidamente confundida con la embriología, ¡e incluso con el envejecimiento humano! Uno de los abogados de la defensa, Dudley Field Malone, es un ejemplo de ello:

«El embrión se transforma en un ser humano cuando nace. La evolución nunca se detiene desde el comienzo de una célula hasta que el ser humano vuelve en la muerte a polvo sin vida. Queremos poner delante de ustedes evidencias de este tipo a fin de destacar la importancia de la teoría de la evolución». (Transcripción, pág. 116.)

Otro abogado de la defensa, Arthur Garfield Hays, añadió caos a la confusión al decir:

«Sé que en el vientre de la madre la primera cosa que aparece es una célula y que aquella célula crece y se subdivide y crece hasta llegar a ser un ser humano y nace un ser humano. ¿Acaso esta declaración, como el muchacho ha dicho desde el estrado, de que le enseñaron de que el hombre viene de una célula —es ésta una teoría de que el hombre descendió de un orden inferior de animales? No lo sé, y me atreveré a decir que vuestra señoría tiene algunas dudas acerca de esto. ¿Tenemos derecho a encontrar si lo es o no al presentar este caso al jurado?» (Transcripción, pág. 156.)

El mismo Darrow dio la impresión de que casi no tenía comprensión del significado del término evolución. Cuando el Juez Raulston, que comprensiblemente quedó confuso con todas las ambigüedades acerca del tema de la evolución, le preguntó a Darrow si él creía que toda la vida provenía de una célula, Darrow le contestó:

«Bien, no lo tengo tan claro, pero creo que sí». «Toda la vida humana proviene de una célula. Usted vino de una y yo vine de una —nada más que una sola célula». (Transcripción, pág. 189.)

Incluso el doctor Maynard M. Metcalf, zoólogo de la Universidad John Hopkins, cometió este mismo error en su testimonio «experto», y luego pasó a oscurecer la definición de evolución hasta hacerla irreconocible. Primero el doctor Metcalf aseguró al Tribunal de sus cualificaciones como evolucionista afirmando:

«Siempre he estado particularmente interesado en la evolución del organismo individual desde el huevo, y también la evolución del organismo como un todo desde el comienzo de la vida, siempre ha sido una especie de interés mío pecular». (Transcripción, pág. 136.)

Cuando Darrow le pidió que explicara qué era lo que significaba por «el hecho de la evolución», el doctor Metcalf respondió así:

«La evolución, pienso yo, significa el cambio; en último análisis creo que significa el cambio de un organismo de un carácter a un carácter diferente, y por carácter me refiero a su estructura, o a su comportamiento, o a sus funciones o a su método de desarrollo desde el huevo o cualquier otra cosa —el cambio de un organismo desde un conjunto característico que lo caracteriza a una condición diferente, caracterizada por un conjunto de características diferentes, bien estructurales o funcionales, podría ser denominado de manera apropiada, creo yo, evolución como siendo la evolución de aquel organismo; pero el término en general significa la serie entera de tales cambios que han tenido lugar durante cientos de millones de años que han producido desde humildes comienzos la naturaleza de los cuales no se comprende en absoluto de manera plena a organismos de un carácter mucho más complejo, cuya estructura y función seguimos estudiando, porque no hemos comenzado a aprender lo que tenemos que saber acerca de ellos». (Transcripción, pág. 139-140.)

Hasta ahí en cuanto al hecho de la evolución. Uno sólo puede imaginar qué preguntas habría hecho Bryan al doctor Metcalf si Darrow hubiera permitido que interrogara a sus testigos expertos. Bryan estaba evidentemente consciente de la confusión que estaba introduciendo la defensa con su definición de evolución, y señaló que incluso uno de los niños de la escuela que habían testificado parecía tener una mejor comprensión de la evolución que los abogados de la defensa:

«Aquel pequeño sabía de lo que estaba hablando, y para sorpresa mía los abogados no parecían comprender la significación de la teoría de la evolución —él pensaba que aquel muchacho estaba hablando de individuos proviniendo de una célula». Bryan enfatizó que la evolución era «No el desarrollo de un individuo de una célula, sino el surgimiento de toda la vida desde una célula». (Transcripción, pág. 173.)

Bryan señaló que incluso la Asociación Nacional de Educación estaba confundida acerca del tema, y, como resultado, el intento de ellos de emitir una declaración oficial condenando a Tennessee por «ignorancia y fanatismo» quedaba frustrado por su incapacidad de llegar a un acuerdo acerca de la definición de evolución (transcripción, pág. 173). Quizá lo más significativo de todo es que la película La herencia del vientoescogió ignorar virtualmente todos los comentarios y testimonios científicos que se presentaron durante el juicio, incluyendo el del doctor Maynard Metcalf. Mientras que esto puede haber sido por las razones que acabo de exponer, la película desde luego no exhibe un «triunfo de la ciencia sobre el dogma religioso». En cuanto a dogma, la transcripción del juicio demuestra que había dogma en abundancia a ambos lados de la disputa.

 


PELÍCULA

Bryan admite que acepta todas las palabras de la Biblia literalmente.

 


REALIDAD

En la transcripción (pág. 285) leemos:

Darrow: «¿Afirma usted que todo en la Biblia debe ser interpretado literalmente?»

Bryan: «Creo que todo en la Biblia debería ser aceptado tal como se da en ella; algunos pasajes de la Biblia se dan a guisa de ilustración. Por ejemplo: “Vosotros sois la sal de la tierra”. No insistiría yo en que el hombre es materialmente sal, o que su carne está hecha de sal, sino que se emplea en el sentido de sal como salvación del pueblo de Dios».

 


PELÍCULA

Darrow le pregunta acerca del sexo en la Biblia, y Bryan contesta a ello que todo sexo es pecaminoso, y que la actividad sexual constituyó «el pecado original».

 


REALIDAD

Nada se habló acerca del sexo en el juicio. Por lo que se ve, Hollywood no pudo resistir la tentación de introducir un poco de sexo en la película, y de insinuar que Bryan era un mojigato. Además, la concepción de la relación sexual entre Adán y Eva como «el pecado original», cosa que Hollywood pone calumniosamente en boca de Bryan, no es la postura bíblica. Ésta es que tras la creación Dios manda a Adán y a Eva quecrezcan, y se multipliquen, y llenen la tierra. La enseñanza bíblica es que el pecado original fue una desobediencia a Dios con respecto a una limitación que Él impuso, de comer el fruto de un árbol, y no en absoluto que lo fuera la relación sexual dentro de la institución del matrimonio, establecida por Dios.

 

Nada se habló acerca del sexo en el juicio. Por lo que se ve, Hollywood no pudo resistir la tentación de introducir un poco de sexo en la película, y de insinuar que Bryan era un mojigato.

 


PELÍCULA

Entre otras cosas Darrow interroga a Bryan acerca de Jonás y de la ballena que se lo tragó. Bryan dice que la Biblia dice «gran pez», y Darrow afirma que es «ballena».

 


REALIDAD

Este intercambio sí tuvo lugar, pero tanto Bryan como Darrow ignoraban parte de la cuestión. El Libro de Jonás emplea el término «gran pez» (Jonás 1:17; 2:1, 10) mientras que en Mateo 12:40, en las versiones antiguas, aparece «ballena». Sin embargo, tanto el término hebreo da’g como el griego ketos pueden ser traducidos como criatura o monstruo marino.

 


PELÍCULA

A continuación se presenta un duelo sobre el día largo de Josué. Aquí está cómo aparece la discusión en La herencia del viento:

Darrow: Si se dice que el sol se detuvo, se debe tener el concepto de que el sol se mueve alrededor de la tierra. ¿Piensa acaso que esta es la naturaleza de las cosas? ¿O no cree que la tierra se mueve alrededor del sol?

Bryan: ¡Yo tengo fe en la Biblia!

Darrow: No tiene mucha fe en el sistema solar.

Bryan (terco): El sol se detuvo.

 


REALIDAD

Lo que Bryan realmente respondió es que la Biblia emplea un lenguaje «fenoménico» en aquel relato, describiendo el acontecimiento tal como se presentó a los israelitas:

Darrow: ¿Cree usted que quienquiera que la inspiró creía que el sol iba alrededor de la tierra?

Bryan: Creo que fue inspirada por el Omnipotente y que pudo haber empleado un lenguaje para ser entendido en aquel tiempo, en lugar de emplear un lenguaje que no habría sido comprendido hasta que Darrow naciera. (Transcripción, pág. 294).

 


PELÍCULA

Bryan pretende que conoce la edad de la tierra, calculada de manera precisa por el Obispo Ussher, que situó la fecha de la creación a las 9 de la mañana del 23 de octubre del 4004 a

 


REALIDAD

Para empezar, Ussher jamás sugirió un mes, día ni hora en su estimación de la fecha de la creación. Y lo que es más, Bryan no afirmó saber la antigüedad de la tierra. Leemos en la transcripción del juicio (pág. 296):

Darrow: «Sr. Bryan, podría decirme usted qué edad tiene la tierra?»

Bryan: «No señor, no podría».

Darrow: «¿Y no podría darme una aproximación?»

Bryan: «No me atrevería. Posiblemente podría aproximarme tanto como los científicos, pero preferiría tener más exactitud antes de hacer una suposición».

 


PELÍCULA

Al acercarse el juicio a su fin, Darrow lucha valientemente, aunque, ¡ay!, sin éxito, para establecer la inocencia de su cliente John Scopes.

 


REALIDAD

Después de pasar mucha parte del séptimo día del juicio acosando y ridiculizando sistemáticamente a Bryan por su creencia en numerosos milagros de la Biblia, ¡Darrow dio un fin brusco al juicio pidiendo al Tribunal que indicara al jurado que declararan culpable a su cliente (Transcripción, pág. 306)! Esta increible concesión, junto con la decisión del juez de eliminar el testimonio de Bryan de las actas, fue para gran beneficio personal de Darrow, porque impidió que él quedara sometido al mismo tipo de interrogatorio al que él acababa de someter a Bryan. Bryan había accedido a pasar al estrado de los testigos para responder a preguntas acerca de sus creencias cristianas con el buen entendido de que Darrow también debería pasar al estrado a responder a preguntas acerca de sus propias creencias agnósticas y evolucionistas (transcripción, pág. 284). Tanto el Juez Raulston como Darrow habían accedido a esta condición. Cuando Bryan preguntó si el mismo Darrow conocía las preguntas a algunas de sus preguntas más peregrinas (por ejemplo: «¿Sabe usted cuánta gente vivía en la tierra hace 3.000 años?») Darrow respondió así: «Espere a que me toque a mí». A pesar de la creciente hostilidad de las preguntas de Darrow, Bryan rehusó repetidos intentos de sus colegas para detenerle.

Bryan: «Quiero que se tome toda la latitud que quiera. Porque yo voy a tener alguna latitud cuando le toque a él».

Darrow: «Podrá usted tener latitud y longitud» (Transcripción, pág. 288).

Es bien improbable que Darrow tuviera la más mínima intención de darle a Bryan «latitud y longitud». Después de todo, se había negado de plano a permitir que Bryan interrogara ni siquiera a sus testigos expertos acerca de sus presuposiciones religiosas y evolucionistas. ¡Cuánto menos iba a estar dispuesto a someterse él mismo a tal interrogatorio después de lo que él había hecho pasar a Bryan! El resultado, naturalmente, es que Bryan no tuvo en absoluto la oportunidad de hacerle sus preguntas a Darrow. En la película, Darrow es presentado empleando estas mismas palabras, «latitud y longitud», pero en un contexto totalmente diferente (una perorata filosófica al jurado) ¡que no indica en absoluto la manera engañosa en la que fueron realmente empleadas!

 

Bryan había accedido a pasar al estrado de los testigos para responder a preguntas acerca de sus creencias cristianas con el buen entendido de que Darrow también debería pasar al estrado a responder a preguntas acerca de sus propias creencias agnósticas y evolucionistas (transcripción, pág. 284). Tanto el Juez Raulston como Darrow habían accedido a esta condición.

Ver La historia según Hollywood del Juicio Scopes Parte III

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