!Oh Jerusalén!


!Oh Jerusalén!

Enero 18, 2009 by Eugenio Fernandez 

J. Eugenio Fernandez
Decano de la Facultad y Profesor de Biblia y Comunicacion en IBSTE. (Instituto Biblico y Seminario Teológico de España).

Eugenio Fernandez

Nos quema en las manos. El conflicto Palestino-Israelí nos desborda. No sabemos muy bien que decir desde la teología cristiana. La brutalidad de la respuesta del ejército judío nos sobrecoge ciertamente; pero por otro lado, nuestra evidente simpatía nos inclina condescendientes al antiguo pueblo de Dios. El absoluto y justificado recelo por los pueblos islámicos es el tercer elemento en discordia, que viene a hacer de éste maldito coctel de muerte y destrucción algo indigerible para nuestra minúscula, simplista y lerda capacidad reflexiva evangélica. Esto se ha hecho evidente en estos días en la forma en la que, nos hemos agarrado como a un clavo ardiendo, al artículo de Pilar Rahola publicado por la Vanguardia sobre el conflicto de Gaza. Me han rebotado por email no se cuantas veces el susodicho articulo desde que se publicó el pasado día 2 de Enero, y ya está bien. ¿Eso es todo lo que se nos ocurre? ¿A eso se limita nuestra reacción? Porque si se dan cuenta, estamos usando el artículo para decir que, “lo que ocurre Gaza es una brutalidad; pero es que, los otros son más brutales todavía; por lo tanto, mejor es mirar a otro sitio ante la barbarie y no darle demasiadas vueltas, al fin y al cabo los otros son unos salvajes incivilizados”. Pobre muy pobre es nuestro análisis de la biblia y de la historia si todo lo que podemos decir es eso que pensamos y que no nos atrevemos a confesar en voz alta.

¿Cómo conjugar nuestra simpatía por Israel con la realidad trágica del atropello, del abuso, de la destrucción y de la masacre, que se prolonga ya por más de sesenta años desde el malogrado, (nunca mejor dicho mal-logrado), reconocimiento del estado de Israel en 1947 por las Naciones Unidas? ¿La vida y las enseñanzas del judío Jesús de Nazaret pueden echar algo de luz sobre el conflicto hebreo? ¿Es realmente una hermenéutica bíblica sana la interpretación literalista -que no histórico literal- de los pasajes proféticos y apocalípticos sobre la pretendida restauración terrenal de Israel? O algo tan pastoral e insignificante (permitidme la ironía) de, ¿Cómo explicar nuestras torpes, simplistas y xenófobas interpretaciones al nuestros hermanos de la franja de Gaza, la iglesia palestina que cree en Jesucristo y que pierden familiares, que son echados de sus casas, y que carecen de lo básico por el bloqueo? No sé, pero me da la impresión de que andamos un poco desajustados, porque nos importa más un Israel incrédulo, que nos ignora y nos ningunea cuando no nos necesita, que un hermano cristiano palestino que mira horrorizado lo que está ocurriendo con su país, su casa, su familia, y nuestro apoyo cristiano occidental al invasor sionista.

Lo primero que se hace evidente de éste Israel de hoy es, que es un pueblo replegado sobre sí mismo y acosado por el entorno. Un pueblo en un permanente estado de guerra donde el vecino es el enemigo a abatir y donde la única misión es sobrevivir haciendo el mayor daño posible a fin de infundir miedo a los pueblos de alrededor más grandes y más numerosos. La venganza multiplicada por diez es la máxima para evitar que los echen al mar. ¿Dónde queda la responsabilidad de los judíos para cumplir con el pacto Abrahamico de ser bendición a todas las familias de la tierra? ¿ Donde queda el incómodo Dios de Jonás que le dice al nacionalista profeta: tanto te enojas por tu calabacera y no tendré yo piedad de Nínive aquella ciudad donde hay mas de ciento veinte mil personas y animales? (Jonas 4) ¿Por qué en vez de las buenas nuevas de parte del Dios creador y libertador se ha llegado a un punto donde lo que traen son las malas nuevas de las bombas de fosforo blanco y de la destrucción? ¿Por qué en vez de ser deseados, son el pueblo mas odiado de la historia?

Quizá la respuesta a todo esto empiece por la palabra, “pérdida”. Una pérdida doble: la del patrón moral que recibieron de Dios, y la de la memoria de su vocación y responsabilidad profética para con otros pueblos. Al menos esto es lo que personalmente yo encuentro en la reflexión siguiente sobre la historia bíblica. Hagamos un breve análisis para luego extraer unas conclusiones.
Continuará. . . . .

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