¿Son confiables las declaraciones científicas de la Biblia?

¿Son confiables las declaraciones científicas de la Biblia?

Escrito por Impacto
martes, 09 de septiembre de 2008
La Biblia dice: “La suma de tu Palabra es verdad” (Salmos 119:160). El Espíritu… os guiará a toda verdad” (San Juan 16:13).
Respuesta: Si, la Biblia es verdad. El Espíritu Santo, quien dirigió a los escritores de la Biblia, siempre habla la verdad. He aquí algunas declaraciones de la Biblia que han sido confirmadas por la ciencia.
A. “Él… cuelga la tierra sobre nada” (Job 26:7). Este hecho científico proviene de Job, el libro más antiguo de la Biblia.
B. “Él… está sentado sobre el círculo de la tierra” (Isaías 40:22). La Biblia dijo que la tierra era redonda siglos antes de que el hombre se enterara.
C. “Al dar peso al viento…” (Job 28:25). Mucho antes que los científicos lo supieran, Dios dijo que el aire tenía peso.
D. “Todas las cosas en Él subsisten” (Colosenses 1:17). La palabra “subsisten” en este caso significa literalmente “se mantienen juntas”. El verdadero misterio del átomo no es su poder increíble, sino “por qué no se desintegra por sí solo”. La Biblia dice que ese poder proviene del Creador, Dios mismo.
http://www.impactoevangelistico.net/preguntas-y-respuestas/son-confiables-las-declaraciones-cient-ficas-de-la-biblia/

La neurociencia cuestiona el materialismo imperante

La neurociencia cuestiona el materialismo imperante

Descargar (la-neurociencia-cuestiona-el-materialismo-imperante.pdf )

Si se puede demostrar que la mente gobierna el cerebro, es que existe una realidad no material

La revista The Global Spiral publica una reseña del último libro del neurólogo canadiense Mario Beauregard. Esta obra revisa las viejas cuestiones sobre la realidad material, la realidad inmaterial y Dios desde la perspectiva de la neurociencia, estableciendo en esta rama científica dos posturas contrapuestas: la materialista (que cree que no hay nada más allá del cerebro) y la no materialista (que cree que mente y cerebro son dos cosas distintas). Experimentos realizados por Beauregard han demostrado empíricamente que la mente puede gobernar y transformar el cerebro lo que, según él, significa que la materia no es lo único que existe. Esa realidad in-material es, para el científico, consistente con la idea de la existencia de Dios. Pero, señala Beauregard, dicha existencia no será nunca constatada sino tan sólo inferida, porque Dios no puede convertirse en objeto de estudio. Por Yaiza Martínez.

La neurociencia cuestiona el materialismo imperante
Mario Beauregard, director del Laboratorio de Investigación Mente/Cerebro (MBRL) de la Universidad de Montreal, en Canadá, ha publicado recientemente, junto a la periodista especializada en religión y ciencia,Denyse O’Leary, el libro The Spiritual Brain: A neuroscientist’s case for the existence of the soul.

La obra, según explica The Global Spiral, publicación del Instituto Metanexus, explora un debate muy antiguo, en este caso llevado a un contexto moderno: el contexto científico.

Desde esta perspectiva, a las viejas preguntas se les dan nuevos matices: ¿somos los seres humanos algo más que materia y energía?; ¿estamos dotados de un aspecto no material llamado espíritu o alma?; ¿qué pasa con las experiencias religiosas?, ¿son reales o, simplemente, fruto de una actividad cerebral anómala?; ¿es el misticismo un estado elevado de conciencia o sólo una alucinación? ¿qué es nuestra conciencia: la reunión de miles de millones de neuronas o algo que conecta con el universo?

Y es que el aún creciente auge del contexto racionalista y científico cuestiona las verdades religiosas e intenta exiliar a Dios de la cultura humana; mientras que las posturas materialistas, por su parte, hacen que se trivialicen los valores morales, señala The Global Spiral.

Posturas contrapuestas

Concretamente, en el terreno de la neurología, existe una gran división respecto a estas grandes y eternas preguntas. La mayoría de los neurocientíficos, los científicos cognitivos y los biólogos, se aferran a la visión científica tradicional, señalando que fenómenos como el alma o Dios no son más que los chispazos de un cerebro complejo, al igual que lo serían otras alucinaciones y fantasías del ser humano.

Por otro lado, también existen pensadores, entre ellos científicos, que no ven así las cosas. Es el caso de Beauregard, neurólogo que, hace unos años por ejemplo, investigó a un grupo de monjas carmelitas, recopilando según él evidencias de que las experiencias religiosas tienen un origen no-material y que no provienen del cerebro.

Como él, algunos científicos creen que la mente es algo más que las macromoléculas, y que la dimensión espiritual del ser humano existe aunque no contemos con el método apropiado para conocerla.

El libro escrito por Bauregard y O’Leary explora los intentos más recientes por parte de la ciencia de localizar el “gen de Dios”, y defiende que nuestro cerebro está estructurado para la religión y que, por tanto, los intentos para reducir las experiencias espirituales a un fenómeno puramente material están mal enfocados.

Materialismo insuficiente

Según los autores, muchos científicos ignoran evidencias que desafían a los prejuicios materialistas que les impelen a pensar que nuestras experiencias son explicables sólo por causas materiales, y que el mundo físico es la única realidad.

Pero ese materialismo científico no puede explicar por sí solo fenómenos irrefutables como la intuición, la fuerza de voluntad, el efecto placebo en medicina o las experiencias cercanas a la muerte, señalan los científicos.

The Spiritual Brain explora, en definitiva, las últimas investigaciones neurológicas al respecto de todos estos fenómenos más allá de la materia, en un intento de contradecir la perspectiva más extendida, la materialista.

Para ello, los autores han vertido en la obra numerosas citas de autoridades en la materia y han presentado argumentos, según The Global Spiral, bastante persuasivos, sobre lo inadecuado del paradigma materialista actual para la interpretación y el conocimiento de diversas materias.

Neurociencia y Dios

Todas estas ideas las expresó Beauregard en una entrevista publicada por HarperCollins. En ella, el neurólogo explicaba cómo la neurociencia no científica demuestra que la mente es real y puede cambiar el cerebro.

El neurocientífico afirmó haber demostrado, con otros neurocientíficos, cómo la mente influye en el cerebro a través de técnicas de registro de imágenes de la actividad cerebral. Estas técnicas demostraron el poder de la voluntad sobre el cerebro, con participantes que controlaron sus pensamientos tristes o las respuestas eróticas ante imágenes estimulantes en este sentido.

En cuanto a la pregunta sobre si la neurociencia puede demostrar la existencia de Dios, Beauregard señaló que no, porque Dios no puede convertirse en un objeto de la investigación científica, pero el científico opina que determinados fenómenos que ocurren en la mente, como la telepatía, pueden ser consistente con la creencia en una realidad más allá de la materia, y esta creencia podría ser consistente a su vez con la creencia en la existencia de Dios.

En Tendencias21 ya publicamos un artículo en 2007 sobre los estudios de Beauregard y otros neurocientíficos canadienses acerca de las redes neuronales implicadas en las experiencias místicas de las monjas carmelitas.

Fuente:

miércoles 17 Septiembre 2008

El cerebro está profundamente implicado en las experiencias místicas

El cerebro está profundamente implicado en las experiencias místicas

Se producen gracias a una red neuronal distribuida por todo el cerebro, según un estudio

Descargar ( Experiencias-místicas-se-producen-gracias-a-una-red-neuronal-distribuida-por-todo-el-cerebro-segun-un-estudio.pdf )

Un nuevo estudio realizado por neurocientíficos canadienses ha descubierto que las experiencias místicas se producen gracias a una red neuronal que se encuentra distribuida por todo el cerebro. Un grupo de monjas carmelitas participó en diversas pruebas mientras sus cerebros eran analizados con imágenes de resonancia magnética, poniendo al descubierto la gran cantidad y diversidad de regiones cerebrales implicadas en las experiencias místicas. No existe por tanto una región específica del cerebro para la espiritualidad, pero en cambio se confirma que cualquier cerebro está preparado para vivir experiencias místicas, según los autores de la investigación. Por Vanessa Marsh.

Una de las monjas carmelitas durante el experimento. Universidad de Montreal.
Los neurocientíficos Mario Beauregard y Vicent Paquette, de la universidad de Montreal, en Canadá, han realizado un estudioen el que se ha utilizado la técnica de imágenes de resonancia magnética (fMRI), que permite registrar la actividad cerebral, para identificar los cambios en el cerebro cuando un individuo atraviesa una experiencia mística. El estudio se realizó con la colaboración de monjas carmelitas.    

El estudio lo publicó en 2006 la revista Neuroscience Letters (pero Beaugerard acaba de publicar un libro, titulado The Spiritual Brain, en el que desarrolla los resultados de la investigación con las monjas carmelitas y plantea que con sus trabajos ha quedado comprobado que las experiencias místicas pueden ser documentadas y que tienen un origen inmaterial. La revista World Magazine acaba de publicar asimismo una entrevista con Beaugerard y la coautora del libro, la periodista Denyse O’Leary. 

Durante la investigación, se midió la actividad cerebral de un grupo de monjas de la orden de las Carmelitas cuando éstas se sentían en un estado subjetivo de unión con Dios. Se descubrió así que la experiencia implicaba diversas partes del cerebro, como la corteza orbitofrontal central, el lado derecho de la corteza temporal media, los lóbulos parietales inferior y superior derechos, la corteza izquierda prefrontal media o la corteza cingulada anterior izquierda, entre otras. 

Según informa al respecto Scientific American en su edición del 3 de octubre, de este estudio se desprende que los estados místicos profundos, o la experiencia religiosa, implican una amplia gama de regiones cerebrales, más de las que anteriores estudios habían establecido. 

La investigación tenía como principal objetivo verificar una hipótesis formulada en la Universidad de California en San Diego hace una década, conocida como “punto de Dios”. Esta hipótesis situaba la experiencia mística en el lóbulo temporal y se basa en el estudio de numerosos enfermos de epilepsia del lóbulo temporal, que con frecuencia relatan experiencias místicas. 

Según la investigación de Beaugerard, sin embargo, el “punto de Dios” no existe en el cerebro, ya que cuando una persona vive una experiencia mística, todo su cerebro se ve implicado, señalaNature, si bien queda de manifiesto que el cerebro tiene la capacidad de vivir experiencias místicas y que por tanto cualquier persona, independientemente de si comparta o no una fe religiosa, es susceptible de vivir estas experiencias. 

Para definir las funciones cerebrales implicadas en la experiencia mística fueron analizados los cerebros de 15 monjas carmelitas durante tres estados mentales diferentes. En dos de ellos, las monjas debían cerrar los ojos y recordar una experiencia social intensa. En un tercero, debían revivir una experiencia intensa de relación con Dios que hubieran tenido anteriormente. 

Durante el experimento, fueron recogidas imágenes de resonancia magnética de cortes transversales del cerebro cada tres segundos, y del cerebro completo cada dos minutos. Una vez registrada la actividad cerebral, los científicos compararon los patrones de activación en las distintas situaciones (el recuerdo social y el místico), descubriendo las áreas del cerebro que se activaban con más fuerza durante la experiencia mística que en los otros casos. 

Todo el cerebro implicado 

De esta forma descubrieron que la memoria espiritual vigoriza varias regiones cerebrales durante estos recuerdos, como el núcleo caudado, que es la región del centro del cerebro relacionada con el aprendizaje, la memoria o el enamoramiento (de ahí, tal vez, la sensación de amor incondicional a la que aluden los místicos). 

También descubrieron otra zona cerebral activada, la corteza insular o ínsula, vinculada a las emociones y a los sentimientos, y que podría estar en el origen de las emociones agradables que suelen asociarse a las conexiones con lo divino. 

Por último constataron que también se activó el lóbulo parietal del cerebro (relacionado con la conciencia espacial), lo que podría explicar la sensación de hallarse inmerso en algo mucho mayor que nosotros mismos típica de este tipo de experiencias. 

Según los investigadores, la cantidad (una docena) y diversidad de regiones cerebrales implicadas apunta a que el fenómeno de la espiritualidad es altamente complejo en el ser humano. De hecho, estos estados se producen gracias a una red neuronal que se encuentra distribuida por todo el cerebro, asegura Beauregard. 

Beauregard explica sobre los resultados de su investigación que anteriores estudios neurológicos se han centrado en la relación entre la meditación y la oración, pero no sobre la experiencia mística en sí misma, por lo que eligieron a las monjas carmelitas contemplativas debido a su tradición mística. Los estudios neurológicos anteriores sobre estos procesos se han desarrollado con monjes budistas, practicantes de la meditación, y franciscanos, practicantes de la oración, por lo que la investigación de Beaugerard constituye un desarrollo de las investigaciones anteriores. 

Necesidad de comprender 

El interés por definir el papel del cerebro en la experiencia mística ha ido aumentando con la llegada de nuevas tecnologías de medición de la actividad de las neuronas. Conocer lo que sucede durante la oración o la meditación o durante episodios inspirados de fervor religioso a nivel neuronal podría ayudar, señalan los científicos, a inducir este tipo de experiencias de manera artificial, dado el efecto positivo que parecen tener en el ser humano. 

Por otro lado, a los científicos les resulta importante comprender mejor las bases neuronales de un fenómeno que ha jugado siempre un papel central en todas las culturas y tiempos, de la misma forma que les interesa conocer las bases neuronales de la emoción, la memoria o el lenguaje. 

Tal y como explica Mario Toboso en otro artículo de Tendencias21, el descubrimiento de las facultades espirituales en el cerebro ha suscitado todo un debate científico. Mediante modernos sistemas de análisis de imágenes cerebrales se han ido identificando en laboratorio las regiones del cerebro que incrementan o disminuyen su actividad en las experiencias religiosas. 

Se han realizado asimismo estudios que implicaban ejercicios de meditación profunda, basada en el uso de imágenes mentales, o de oraciones, dando lugar a una nueva ciencia denominadaneuroteología, que estudia la neurología del sentimiento religioso y de la espiritualidad. 

Voluntarios de diversas confesiones religiosas han sido analizados en sus momentos de meditación, en investigaciones realizadas por especialistas como James Austin (del Instituto Tecnológico de Massachussets) o Andrew Newberg y Eugene D’Aquili, de la Universidad de Pennsylvania

Capacidad trascendente del cerebro 

Estos últimos descubrieron por ejemplo que, en el estado de meditación profunda, se desactivan regiones del cerebro reguladoras de la construcción de la propia identidad, lo que permite que el sujeto pierda durante su práctica el sentido del propio yo individual, que establece la frontera entre él mismo y todo lo demás, y se sienta así integrado en una totalidad única transcendente. 

Asimismo, las imágenes cerebrales obtenidas por medio de la tomografía computerizada por emisión de un solo fotón (SPECT), sobre voluntarios en meditación, han revelado una actividad inusual de la región prefrontal dorsolateral y un decaimiento de la actividad del área de orientación del lóbulo parietal, que procesa la información sobre el espacio y la ubicación del cuerpo en el mismo: determina dónde termina el propio cuerpo y comienza el espacio exterior. 

En conclusión, de este conjunto de investigaciones, que todavía no pueden considerarse concluyentes, se desprende que el cerebro alberga la capacidad de conectar con una realidad que transciende la de los objetos, tanto físicos como mentales, percibida habitualmente, lo que confirma una experiencia común descrita por las diferentes tradiciones religiosas. 

Al mismo tiempo, estas investigaciones ponen de manifiesto únicamente lo que realmente podemos saber, es decir, las reacciones cerebrales ante determinadas experiencias, pero en ningún caso pretenden establecer el carácter espiritual o místico de estas experiencias, ni mucho menos explicar o demostrar una realidad trascendente más allá de la percibida ordinariamente. 

Fuente:

Domingo 14 Octubre 2007
Vanessa Marsh

Hacia una posible telepatía artificial

Hacia una posible telepatía artificial

Descargar (hacia-una-posible-telepatia-artificial.pdf )

(NC&T) Si la investigación logra avances significativos, permitiría desarrollar un sistema de comunicación que beneficiaría a los soldados en el campo de batalla, y también a personas aquejadas por parálisis derivadas de derrames cerebrales y de algunas otras dolencias o lesiones, según Michael D’Zmura, catedrático del Departamento de Ciencias Cognitivas de la Universidad de California en Irvine.

La interfaz cerebro-ordenador usaría una tecnología no invasiva similar a la electroencefalografía para lograr que dos personas intercambiasen sus pensamientos.

Por ejemplo, un soldado “pensaría” un mensaje a ser transmitido y un sistema de reconocimiento computerizado de señales neurológicas asociadas al habla descifraría las señales del electroencefalograma.

Los pensamientos descifrados, en esencia ondas cerebrales traducidas, se transmitirían usando un sistema que apuntaría en la dirección del objetivo.

Telepatia artificial
Michael D’Zmura. (Foto: UC Irvine)

Este sistema requeriría de cada usuario seguir un entrenamiento extensivo previo, tanto para aprender a enviar mensajes como para aprender a recibirlos.

Al principio, la comunicación se basaría en un conjunto limitado de palabras o frases reconocidas por el sistema en el pensamiento de los sujetos, para, poco a poco, ir abarcando más áreas del lenguaje complejo y del habla a medida que la tecnología se desarrollase.

D’Zmura colaborará con Ramesh Srinivasan, Gregory Hickok y Kourosh Saberi, profesores de ciencias de la cognición en la Universidad de California en Irvine. En el equipo también trabajarán los investigadores Richard Stern y Vijayakumar Bhagavatula de la Universidad Carnegie Mellon, y David Poeppel de la Universidad de Maryland.

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