Por qué Cristo vino en la primera navidad

Evangelismo y establecimiento de nuevas iglesias

Por qué Cristo vino en la primera navidad

Artículo escrito por Dr. Gerardo Laursen
diciembre 2008

Estimado(a) Lector/a: 

Cada año en el mes de diciembre, millones alrededor del mundo celebran la navidad.  Con tantas actividades, fiestas, adornos, comercialismo y regalos, es fácil olvidar la razón para la celebración. Afortunadamente, la temporada nos da oportunidades de compartir nuestra fe, por explicar por qué vino el Señor Jesucristo en la primera navidad de la historia. 

Alguien me preguntó hace tiempo: “¿Qué es lo correcto: Cristo vino para darnos un ejemplo para vivir o para morir por nuestros pecados?” Contesté: “Sí, y más.” El vino en la primera navidad por los menos por 20 razones. Claro para nosotros, la razón más importante es la de morir, pero hay muchas más. El vino: 

1.  Para dar buenas nuevas a los pobres. Lc. 4:18, El Espíritu del Señor es sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres.

2.  Me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón, 18.

3.  Para pregonar libertad a los cautivos, 18.

4.  Para pregonar vista a los ciegos, 18.

5.  Para poner en libertad a los oprimidos, 18.

6.  Para predicar el año agradable del Señor, Lc. 4:19.

7.  Para anunciar el reino de Dios. Lc. 4:43, Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado.

8.  Para hacer la voluntad del Padre. Jn. 4:34, Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.

Jn. 5:30, No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.

Jn. 6:38-40, Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.  Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

9.  Para hacer las obras del Padre. Jn. 9:4, Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.

10. Para redimir a los debajo de la ley. Gá. 4:5, Para que redimiese a los que estaban bajo de la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.

11. Para que vivamos por él. 1 Jn. 4:9, En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.

12. Para ser propiciación por nuestros pecados. 1 Jn. 4:10, En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

13. Para ser Salvador del mundo. 1 Jn. 4:14, Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo para ser Salvador del mundo.

14. Para que gustase la muerte por todos. He. 2:9, Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.

15. Para perfeccionarse. He. 2:10, Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.

16. Para revelar a Dios. He. 2:12, Diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, en medio de la congregación te alabaré.

17. Para destruir al diablo. He. 2:14, Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo.

18. Para librar de servidumbre. He. 2:15, Y librar a los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.

19. Para quitar el pecado. He. 9:26, De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.

20. Para darnos un ejemplo. 1 P. 2:21, Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas;

¿No le es maravilloso que Cristo viniera a la tierra por tantas razones?  ¿Se aprecia el sacrificio de Cristo?  ¿Aprovechó la oferta de la salvación?  Ro. 10:13, “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”  ¿Vive ahora una vida de gratitud?  Tito 3:8, “Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres.”

Seamos fieles compartiendo el evangelio esta navidad,

Scott Yingling

Director General de ObreroFiel.com


Para más recursos sobre este y otros temas, visítenos en:www.ObreroFiel.com

 

Si tiene alguna duda o comentario, favor de escribirnos a:info@ObreroFiel.com  

¡Feliz Navidad!

¡Feliz Navidad!

Fuente: Catholic.net
Autor: P Mariano de Blas LC

Si te sientes feliz en Navidad, no te extrañes.
Tienes derecho y razón de ser feliz.
Si en Navidad sientes deseos de hacer las paces con todo el mundo, hazlo sin dudar.

Los ángeles te lo indican:
Paz a los hombres de buena voluntad.
Si tienes deseos
de hacer las paces con Dios en Navidad,
¿por qué esperar?

Es el momento más adecuado.
No todos los días sientes los mismos deseos.
Es mejor pedir perdón a un Niño
que a un Hombre.

Mejor acudir al tribunal de la Misericordia
que al de la Justicia.
Si te sientes triste en Navidad,
no has entendido.

¿Triste cuando Dios viene a tu encuentro
lleno de amor y ternura?
Si sigues odiando en Navidad,
no has comprendido.
Navidad es la fiesta del Amor,
del Perdón, de la Paz,
por si no lo sabías.

Si sigues siendo un pecador en este tiempo,
la Navidad no existe para ti.
La Navidad te invita a recuperar tu alma de niño,
el niño inocente que fuiste alguna vez.

Al nacimiento de Jesús fueron invitados unos pastores,
gente sencilla y buena.
No fueron invitados los cortesanos de Herodes,
ni los fariseos, ni los miembros del Sanedrín.

No fueron los grandes de este mundo,
sino los pastores.
Por humildes y sencillos,
por ser dóciles al mensaje Divino.

Hoy siguen siendo invitados los humildes,
los que aceptan a Dios y sus mandamientos,
los sencillos, los pobres de espíritu.

Jesús es el patrón de los desamparados,
de los sin techo, de los emigrantes,
de todos los miserables, enfermos, hambrientos…
Cristo nace como un gitano.

Para el Creador del mundo un establo de animales.
No había lugar para Él en ninguna casa de Belén.
Para enseñarnos que las cosas materiales
no son la felicidad del hombre sino las celestiales.
¡Qué contraste tan brutal con ese afán nuestro
de poseer más y más cosas!

Nunca estamos satisfechos con lo que tenemos.
“He encontrado a Cristo y por tanto la alegría de vivir”…
Ojalá que esta Navidad,
tú también puedas decir eso:
He encontrado a Cristo y por tanto la alegría de vivir…

Porque de lo contrario,
“aunque Cristo naciese mil veces en Belén,
si no nace en ti, seguirás eternamente perdido”.

 

  • P. Mariano de Blas LC 
  • Origen y creencias del movimiento pentecostal (VII)

    Seymour y Parham

     

    Séptimo artículo de esta serie sobre las iglesias “Pentecostales” escrita por el historiador Mario Escobar Golderos

    Origen y creencias del movimiento pentecostal (VII)

    Los hombres confundimos muchas veces nuestras propias intenciones con las de Dios. Los más altos principios se ven asfixiados por las ambiciones personales. Tolkien en su libro El Señor de los Anillos lo describe mejor que nadie. En una de las últimas escenas de la primera parte del libro, Frodo, el hobbit protagonista, se enfrenta con la ambición de Boromir, uno de los reyes humanos que le ayudan. Su conversación no puede ser más elocuente: ¿Por qué eres tan poco amable – dijo Boromir -… Necesito tu anillo, ahora lo sabes…- ¡Vamos, vamos mi querido amigo! –dijo Boromir con su voz más endulzada-. ¿Por qué no librarte de él? ¿Por qué no librarte de tus dudas y tus miedos? Puedes echarme la culpa, si quieres. Puedes decir que yo era demasiado fuerte y te lo quité. ¡Pues soy demasiado fuerte para ti, mediano (1) 

    Boromir nos representa, en cierta medida, a todos nosotros. Nuestro ego muchas veces se interpone en la forma en la que hacemos las cosas y en la imagen que tenemos de las personas. “Nosotros poseemos la razón, las cosas hechas a nuestra manera son las acertadas”. El apóstol Pablo nos advierte de que las rencillas nacenporque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?(2). La Historia de la Iglesia está llena de esta carnalidad, en la que, de una manera demasiado ligera, se clasifica a otros cristianos según la visión particular del Evangelio que tenga cada uno. 

    William J. Seymour, el Profeta de Pentecostés, calificado como “el gritón sin letras, que impone sus interpretaciones a gritos(3)” nos recuerda, salvando las distancias cronológicas y culturales, a la visión que tenía el Sanedrín en libro de Hechos cuando dice: Entonces viendo el denuedo de Pedro y Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras, se maravillaban y les reconocían que habían estado con Jesús(4). Los “vulgares” apóstoles, ninguno de ellos perteneciente a la clase alta de su época ni a la intelectualidad, levantaban al pueblo con sus enseñanzas heterodoxas. Llevando detrás suyo esa legión de “pobres, analfabetos o de poca preparación académica, carentes de conocimiento bíblico…que aceptan sin discernir todo lo que les den envuelto en sentimiento y aparente espiritualidad (5)”, que siempre ha sido el grueso del Pueblo de Dios, porque el propio apóstol Pablo lo reconoce al describir en 1ª de Corintios capitulo 1º versículos 26 al 31, el tipo de personas que se acerca al Evangelio y que, a pesar de su escaso conocimiento, son recibidos por Dios. 

    SEYMOUR Y PARHAM 
    La calle Azusa se convirtió en poco tiempo en uno de los centros de difusión del Evangelio más notorio de la ciudad de Los Ángeles. Sus cultos eran muy animados, la mayoría de la congregación era afro-americana y expresaba de una forma notoria su efusividad. Los cultos, en algunas ocasiones, duraban diez o doce horas. En ocasiones los predicadores eran interrumpidos por la congregación, si está percibía que el mensaje no estaba respaldado por el Espíritu Santo. En este sentido se hizo famosa la “Madre Jones” una devota feligresa, que se ponía en pie cada vez que pensaba que el sermón no estaba siendo ungido. 

    Muy pronto la iglesia se llenó de gente de todas las clases. El pastor John G. Lake decía de las predicaciones de Seymour: Tenía el vocabulario más disparatado. Pero quisiera decirles que había médicos, abogados y profesores, escuchando las cosas maravillosas que brotaban de sus labios. No fue lo que decía en palabras, sino lo que decía de su espíritu a mi corazón, lo que me mostró que había más de Dios en ese hombre, que en cualquiera que yo hubiera conocido hasta ese momento. Era Dios en él quien atraía a la gente(6)

    En 1906 Seymour comenzó la publicación del boletín La fe apostólica que llegó a tener veinte mil suscriptores. Los buenos tiempos dieron lugar a otros más lóbregos. Hubo varios divisiones internas y muchas iglesias de otras denominaciones atacaron la forma agresiva de predicar que tenía Seymour. A esto se unió la errada idea, de que el hablar en lenguas era un medio para evangelizar en países extranjeros. La confusión y el deseo de confirmación en la obra emprendida, llevó a Seymour a llamar a Parham, para que supervisara la iglesia de Azusa. 

    Tras la llegada de Parham a Los Ángeles, muy pronto surgieron las desavenencias entre los dos líderes y Seymour se sintió desanimado. Parham dedicó varios sermones a reprender algunas prácticas y enseñanzas de la iglesia. Seymour, en cambio, esperaba ayuda y comprensión, pero un abismo separaba dos visiones distintas del pentecostalismo. 

    Parham observó horrorizado la “libertad” excesiva en los cultos de la calle Azusa. Él era más partidario de un mover del Espíritu con orden. En la iglesia de Los Ángeles la gente bailaba, gritaba, se sacudía y temblaba. Parham narra su propia experiencia en Azusa: Me apresuré a llegar a Los Ángeles, y para mi completa sorpresa y asombro, encontré que la situación era aún peor de lo que había imaginado…manifestaciones de la carne, control espiritista, personas que practicaban hipnotismo a los que se acercaban al altar para recibir el bautismo, aunque muchos recibían el bautismo real del Espíritu Santo…Al hablar de las diferentes fases de fanatismo que hemos encontrado aquí, lo hago con todo amor y al mismo tiempo, con justicia y firmeza…Encontré influencias hipnóticas, influencia de espíritus familiares, influencias espiritistas, y toda clase de ataques, espasmos, personas que caen en trance…Una palabra sobre el bautismo en el Espíritu Santo. El hecho de hablar en lenguas nunca es producto de ninguna de las prácticas o influencias mencionadas anteriormente…El Espíritu Santo no hace nada que sea antinatural o impropio, y cualquier esfuerzo extraño al cuerpo, la mente o la voz no es obra del Espíritu Santo…El Espíritu Santo nunca nos lleva más allá del autocontrol o el control de los demás(7)

    La disensión entre Parham y Seymour apuntan a dos visiones distintas de entender el pentecostalismo. Una visión de completa “libertad” en la que todo está permitido y otra, que se paraba a medir y discernir espiritualmente todas las supuestas manifestaciones del Espíritu Santo. 

    En mayo de l908 Seymour se casó con Jennie Evans Moore. En los años siguientes el número de personas que asistían a los cultos comenzó a descender. Seymor dejó la obra de Azusa en manos de varios ancianos y partió para Chicago. En el lugar de Seymour, la iglesia eligió a William H. Durham y la iglesia comenzó a crecer de nuevo. Durham y Seymour tenían ideas diferentes acerca de la pérdida de la salvación, produciéndose al poco tiempo la expulsión de Durham de la iglesia de Azusa y la formación de una nueva congregación, pastoreada por el expulsado. Seymour volvió al pastorado en Los Ángeles, pero la iglesia estaba casi vacía. El 28 de septiembre de 1922 sufrió un repentino ataque al corazón y murió. Su esposa pastoreó la iglesia hasta su desaparición definitiva. 


    (1) Tolkien, J.R.R., El Señor de los Anillos, Circulo de Lectores, Barcelona, 1990. Páginas 412-413. 
    (2) I Corintios 3: 3. 
    (3) Calificaciones realizadas en su artículo por el señor Manuel de León. 
    (4) Hechos 4: 13 
    (5) Más perlas tomadas de los artículos de Francisco de León, sobre el tipo de gente que sigue a “analfabetos” como el tal Seymour. 
    (6) Lake, John G., Adventures in God, Harrison House, Tulsa, 1981. Págs 18-19. 
    (7) Palabras citadas en la biografía de Parham escrita por la Sra. de Charles Parham. 

    Artículos anteriores de esta serie:
       
      De Pentecostés a la Nueva Era  
      Un abismo entre Pentecostés y Nueva Era  
      Pentecostalismo, carismatismo y neocarismatismo  
      Más allá de Topeka (I)  
      Más allá de Topeka (II)  
       6  William J. Seymour  

     

    Mario Escobar Golderos es licenciado en Historia, diplomado en Estudios Avanzados por la Universidad Complutense de Madrid y director de la revista «Nueva Historia para el Debate»
    © M. Escobar, ProtestanteDigital.com (España, 2005).