Evangelizar: compartir la vida, el pan y la Palabra (II)

Punto de partida

Evangelizar: compartir la vida, el pan y la Palabra (II)

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Como a lo largo de la serie, al hablar del proceso evangelístico, vamos a tocar temas evangelísticos en relación con la cultura, con la sociedad, con las estructuras sociales, con los pobres y con las víctimas del mundo, incluyendo las víctimas de la incredulidad, queremos dejar sentados unos puntos de partida, unas realidades fundantes, unas experiencias posibilitantes de la evangelización, sin las cuales el proceso evangelístico no sería tal. Son unos posibilitantes y experiencias fundantes de la evangelización que vamos a tener en cuenta en toda la serie. Será nuestro punto de partida y nuestra realidad fundante de toda la serie. 

 

Para ello, queremos dejar claro en este inicio, para recordarlo cuando entremos por otros horizontes en los que esperamos que nos acompañéis, que para evangelizar, para cumplir con La Gran Tarea -o Gran Comisión como dicen algunos- de llevar el Evangelio a todo el mundo, de ser testigos y proclamar La Buena Noticia y el nombre de Jesús, se necesita la experiencia de conversión, la obra del Espíritu de Dios en nuestras vidas. Esto estará presente en toda la serie.  Para evangelizar a una sociedad que, en gran parte, va de vuelta de muchos esfuerzos evangelísticos realizados en el pasado, para comunicar el Evangelio a una sociedad que ha pasado por grandes procesos de secularización y que parece que se va alejando de Dios progresivamente, para evangelizar a una sociedad a la que, quizás, en muchos casos, se le ha presentado un rostro falso de Dios y unas pautas de vivencia religiosa que, probablemente, no se corresponden con la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana genuina, para presentarles hoy el verdadero rostro del Dios vivo a personas que viven tantos tipos de idolatrías o vuelven a las experiencias de los falsos demonios del pasado, se necesitan hombres que vivan una auténtica y renovada experiencia de Dios. Por eso, aunque a lo largo de la serie, y según las temáticas que tratemos en relación con la evangelización, no se repitan machaconamente estos conceptos clave, siempre estarán presentes. Recordadlo.

Los puntos de partida de todo proceso evangelístico, las experiencias fundantes, las realidades posibilitantes de la evangelización, no son el reunirse para trazar nuevas estrategias evangelísticas -no se trata de vender un producto-, no es el hacer grandes inversiones en agencias evangelísticas que organicen y planifiquen cómo hacer que La Palabra llegue a todo el mundo, no se trata, como punto de partida, de evaluar si es más importante la palabra o la acción social evangelizadora, no se trata simplemente de ver si hay otros tipos de lenguajes o gestos que puedan comunicar mensajes que puedan comunicar más efectivamente que la simple verbalización, no se trata de traer evangelistas profesionales con líneas evangelísticas novedosas, no se trata de usar gente con gran capacidad para el trabajo, los viajes y la interpretación de las culturas. Es posible que de todo esto tratemos en la serie, pero las experiencias fundantes del proceso evangelísticos deben ser otras.

Lo fundante en el proceso evangelizador, lo que debe estar en el punto de partida, las experiencias posibilitantes de todo proceso evangelístico, es que la evangelización sea llevada a cabo por personas que han tenido un encuentro personal con Dios, guiados por el Espíritu de Dios, transformados por este Espíritu divino, el Consolador, que nos guía a toda verdad. De lo contrario, por mucha profesionalidad que haya en las agencias evangelizadoras, por mucha estrategia y planificación del proceso, por mucho que se hable, se explique y se lea La Palabra, quedará en letra muerta y caerá como nieve fría en los corazones de los escuchantes. Así, aunque analicemos en los próximos artículos diferentes temáticas y perspectivas en relación con la evangelización, siempre debemos estar apoyados en estas realidades fundantes.

Sin la fuerza del Espíritu y sin la experiencia de salvación de los que se comprometen en el proceso evangelístico, lo que llamamos evangelización será un proceso de hacer prosélitos, una actividad profesional propagandística que no cambiará los valores sociales ni los corazones de las personas. Una evangelización que, como máximo, hará devotos, cumplidores del ritual, personas que hacen una alabanza enlatada, congelada y de autoconsumo, personas con unos dones de autolucimiento. Crearemos religiosos que no están religados a la experiencia de la auténtica espiritualidad cristiana, religiosos que no están religados al Dios de la vida. Crearemos iglesias que quieren ser evangelizadoras sin estar evangelizadas, iglesias del antirreino que meten en su seno los valores antibíblicos y que viven como los que no tienen esperanza. No es ese el tipo de evangelización que nosotros vamos a defender a lo largo de esta serie.

La evangelización de la que queremos hablar, es la que surge de personas que han sido llenas del Espíritu de Dios y no pueden callar, de personas que, necesariamente, tienen que actuar y cambiar sus prioridades y estilos de vida, de personas con otros estilos de comportamiento… de personas que andan como vivos entre los muertos, personas que comparten y actualizan en el mundo la experiencia salvadora, que la hacen presente a Dios en las vidas de las personas, de las sociedades, de las culturas, que son solidarios con los pobres del mundo, con la justicia y con la paz, que llevan su influencia positiva y con nuevos valores a los focos de conflicto, que dignifican a los privados de dignidad y tienden una mano de liberación a las víctimas del mundo, sean víctimas de la incredulidad, de la pobreza, de la opresión o del sufrimiento. Personas que pueden reír con los que ríen y llorar con los que lloran.

Evangelizar es, con la ayuda del Espíritu de Dios, actualizar la experiencia de salvación, sea con La Palabra, con la acción, compartiendo la vida o compartiendo el pan. Evangelizar es llevar el poder de Dios a todo aquel que no cree.

Queremos que este artículo sea fundante de todo lo que va a venir después, se recuerde y se tenga en cuenta cuando entremos en las aristas y diferentes aspectos del proceso evangelístico que vamos a tratar a lo largo de la serie.

Esperamos que nos acompañéis en medio de todos los vericuetos en los que nos vamos a meter, pero esperamos también que no se nos confunda con comunicadores de una simple experiencia social que promociona humanamente a los hombres, buscando justicia, pero alejados de la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana, de la vivencia del Espíritu de Dios que mora en nosotros. Es por esta vivencia genuina que podemos evangelizar y hablar de evangelización como una experiencia de compartir la vida, el pan y la palabra, como experiencia salvadora, liberadora, transformadora y esperanzadora… con la visión y la ayuda que nos da el haber tenido un encuentro personal con nuestro Dios.

Sólo a Él queremos servir. Acordaos de estos puntos de partida posibilitantes de la evangelización que defenderemos en esta serie -aunque no los hagamos repetitivos-, serie que estará llena de matices diversos en cada artículo.

Artículos anteriores de esta serie:
     
  1   Evangelizar: más que palabras  

Juan Simarro es Licenciado en Filosofía, escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid

© J. Simarro. ProtestanteDigital.com, 2005 (España).

Fuente:

protestantedigital

El Vaticano, contra la fecundación asistida y la investigación con células madre

El Vaticano, contra la fecundación asistida y la investigación con células madre

Viernes 12, Diciembre 2008 14:43 hs

Emitió un documento que fija posiciones en el campo de la bioética. También rechaza el congelamiento de embriones humanos y su clonación.

Por: Julio Algañaraz, Vaticano, corresponsal

La Iglesia Católica afirmó hoy que “el embrión humano tiene la dignidad propia de la persona”, en un documento que fija posiciones definitivas en el campo de la bioética que el Vaticano había ya afirmado repetidas veces en los últimos años. El “no” abarca la fecundación asistida, la congelación de los embriones, su clonación y el uso de células madre para la investigación.

La posición de la Iglesia la ha llevado a un duro enfrentamiento con el presidente electo norteamericano Barak Obama, que es partidario de una posición abierta respecto a estos temas. Las legislaciones europeas se van adaptando en general a los descubrimientos en biotecnología, lo que lleva a renovados enfrentamientos a los gobiernos de los grandes países católicos y cristianos con la “tolerancia cero” del Vaticano.

El documento “Dignitas Personae” es una Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe, firmada por el cardenal Joseph Levada, “ministro” de Benedicto XVI, que aprobó expresamente su publicación.

El cardenal norteamericano Levada es el sucesor del propio Joseph Ratzinger al frente de la más importante Congregación de la Curia Romana, el gobierno central de la Iglesia. La defensa de la Doctrina de la Fe era antes llamada Santa Inquisición y después Santo Oficio, encargada de hacer respetar la ortodoxia católica y castigar a herejes, rebeldes y desviados de la “recta vía”.

Según la Congregación “es altísimo” el número de embriones sacrificados, porque en lugar de reconocerlos como una persona humana se los usa como “material biológico”.

Las técnicas de la fecundación en laboratorio “se desarrollan de hecho como si el embrión humano fuese una simple masa de células que son usadas, seleccionadas y desechadas”.

La Iglesia señala su preocupación porque “cada vez son mas frecuentes los casos en los que las parejas no estériles recurren a la técnica de procreación artificial con el único objetivo de poder efectuar una selección genética de sus hijos”.

Identificando a falsos predicadores

“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina” (2 Pedro 2: 1). Qué es lo que hacen estos falsos profetas? Introducir herejías destructoras en la iglesia de Cristo.

Identificando a falsos predicadores

Autor: John Osteen

Trducido y adaptado por Eduardo Enjuto

Revista Christianity Today

falsosministros

La Biblia llama «obispo» al pastor, que significa «uno que supervisa». Pastorear es «guardar, alimentar, «guiar, dirigir, cuidar, ser responsabie por». 

Necesitamos buenos pastores, conscientes de las necesidades de su rebaño, que defiendan a sus ovejas y las rescaten de manos del enemigo.

Sin pastor, las ovejas deberían estar siempre vigilantes, cuidándose  a sí mismas. No tendrían tiempo de pastar o de descansar junto a las aguas de reposo. Temerían a los lobos, osos y leones que pudieran asaltarías de repente y devorarlas. Pero la oveja sabe que su pastor la ama y la cuida. No teme ni necesita guardarse a si mismas. No tendrían tiempo de pastar o descansar junto a las aguas de reposo. Temerían a los lobos,osos y leones que pudieran asaltarlas de repente y devorarlas.

Cuando el pastor ve que su rebaño comienza a desviarse, lo guía de vuelta a la seguridad. Si ve a una de sus ovejas alejarse del rebaño, va y trata de hacerla regresar. La oveja puede no entender el rol del pastor y molestarse. Pero él la protege.

En estos días, Satanás está desplegando todas sus fuerzas para tratar de engañar y desviar a los verdaderos creyentes. Hay muchos falsos profetas y profetisas intentando guiar al pueblo de Dios fuera de la verdad.

En el futuro próximo vamos a ver manifestaciones sobrenaturales como nunca hemos visto antes. Dios está derramando su Espíritu sobre toda carne, y los dones del Espíritu Santo están en operación.
Pero, paralelamente, habrá manifestaciones de falsos profetas y falsos ministros dentro de las iglesias. La gente se engaña porque considera que todo lo sobrenatural viene de Dios. Piensan que sólo porque alguien dice: «Así dice el Señor,» lo que sigue es, indefectiblemente, palabra de Dios.
¿Cómo conocer la diferencia? ¿Cómo saber si una persona es un falso profeta enviado por Satanás?

Quiero puntualizar siete formas de detectar a estos engañadores y distinguirlos dé los verdaderos ministros de Dios.

 

1. El falso profeta ‘generalmente, se presenta como ángel de luz, y declara tener una revelación especial de Dios (2a. Corintios 11:13-15)

«Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo.»

«Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.»

Cuando los falsos ministros llegan a una iglesia sana, declaran tener una revelación de Dios nueva y más profunda, que los demás no tienen. A veces dicen a las ovejas que su pastor no es «espiritual», y que por eso no «entiende». Esta es una señal segura del falso ministro. Aparece como mensajero de luz,pero es un ministro de Satanás.

Cierta vez, una mujer de nuestra iglesia vino y me dijo: «Hermano, Dios me ha dado una revelación tan grande que ni siquiera usted va a poder creerla.»

La miré directo a los ojos, y respondí: «¡Eso es una mentira! No es de Dios, sino del diablo, porque Dios sabe que yo creeré todo lo que su Palabra me revele.»

Quedó tan sacudida por mi respuesta, que bajó la defensa y pude ayudarla a ver la realidad.

La revelación debe ser probada por la palabra de Dios. Se debe tener cuidado de las doctrinas que tuercen las Escrituras o ponen todo el énfasis sobre una porción.

Unos años atrás, algunas personas vieron una nueva revelación y comenzaron a reprender demonios todo día y por todos lados, haciendo vomitar los malos espíritus. Algunos veían demonios detrás de cada árbol, sobre las piernas de la gente y detrás de cada situación. Hablaban con los demonios y los demonios les contestaban. Pero no era de Dios. No hemos sido llamados a hablar con los demonios, sino a echarlos fuera.

Cuando los grupos de hogar se reúnen, deben tener cuidado de los énfasis desbalanceados y de aquéllos que piensan que tienen una nueva luz que los líderes de la iglesia no comparten, porque eso se convertirá en un punto de rebelión.

2) Los falsos ministros generalmente atacan a los líderes de la iglesia local .

Lo primero que hacen al llegar es tratar de convencer a la congregación de que sus ancianos y pastores no tienen la luz y el conocimiento bíblico que ellos han alcanzado. Critican, condenan con astucia, solapadamente,  al pastor o a aquéllos que están en autoridad.

La Biblia es muy clara cuando señala que los creyentes deben someterse a la autoridad de aquéllos que velan por sus almas. Porque Dios ha puesto a esos dirigentes y les ha dado la visión y el amor para proteger y cuidar el rebaño (lif. 4:11-13).

Varios años atrás, vino un hombre a nuestra ciudad. Era uno de aquéllos de quienes habla Pablo en 2a. Timoteo 3:6-7:

“Porque estos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. Estas siempre están aprendiendo y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad.»

El enseñaba toda clase de falsas doctrinas, y al poco tiempo había reunido un grupo de mujeres que lo creían un profeta. Algunas de ellas eran buenas mujeres, pero estaban engañadas. Todas fueron detrás de lo que parecía una gran unción de Dios.

La finalidad del engaño de este hombre era que las mujeres vendieran sus casas, le dieran dinero, y se mudaran todos juntos a una comunidad que él comenzaría en otro lugar bajo su ungido ministerio.

Yo vi lo que estaba ocurriendo, y traté de aconsejar a una de estas señoras, que era miembro de mi congregación, pero no tomó mi advertencia seriamente.

Después de un tiempo, el Señor me envió a liberarla de las garras del oso. Reprendí al diablo y le compartí algunas de estas verdades.

Cuando volvió en sí, me dijo: «No sé qué fue lo que me pasó. ¡Gracias a Dios, hermano, que usted se preocupó lo suficiente como para rescatarme!»

Para eso están los pastores, para rescatar a las ovejas. Es parte de nuestra responsabilidad espiritual.

3) El falso ministro generalmente tiene un mensaje de condenación, destrucción y muerte.

Si yo hubiera muerto todas las veces que alguien lo profetizó, ya habríamos tenido cantidad de funerales. Porque cuando los falsos profetas y ministros engañadores vienen y yo los resisto cara a cara, firmemente, comienzan a profetizar mi condenación. Su mensaje es más o menos el siguiente: «Yo pronuncio sobre ti juicio de parte del Altísimo. Así dice el Señor: ¡Ciertamente morirás!»
Yo les respondo: «Eso no es verdad. Tu estás engañado». Luego reprendo a las fuerzas del demonio en ellos, los hago dar media vuelta, y los despido para que salgan de mi congregación.
Recuerdo a cierto «colega» que vino a nuestra iglesia hace varios años.
Trató de tener ingerencia en las reuniones, pero no le di lugar. Finalmente vino a mí y me dijo: «¡Yo soy un profeta para las naciones! Así dice el Señor: ¡Ciertamente morirás antes de que este edificio quede terminado!»
Yo le respondí: «¡Tú no eres un profeta para las naciones, ni un profeta para nadie! Apenas un pobre individuo engañado, por quien Cristo murió, pero el diablo te ha tomado. Yo no voy a morir. Viviré porque con larga vida El me satisface y me muestra su salvación.»
Finalicé aquel edificio, otro más, y hasta un tercero, ¡y aún sigo con vida!
Los falsos profetas y maestros a menudo tienen mensajes de destrucción y condenación para aquéllos que los resisten.
No entienden el rol del profeta en el Nuevo Testamento. Piensan en el rol del profeta del Antiguo Testamento, enviado para llevar a la gente un mensaje de juicio y destrucción. Pero hay una gran diferencia. El don de profecía en el Nuevo Testamento es para exhortar, edificar y consolar a los individuos (ver la. Cor. 14:3).
4) Los falsos profetas suelen declarar que han sido enviados por Dios como mensajeros especiales y,generalmente, vienen de un lugar distante.
No todos los falsos ministros vienen de lugares distantes, pero la mayoría de ellos declara enfáticamente: «Dios Todopoderoso me envió con un mensaje.»
Cuando esto ocurre, es preciso saber discernir con respecto a las palabras y a la vida del pretendido profeta o maestro. A menudo, su hogar está dividido porque su cónyuge no acepta el mensaje que ellos tienen. Trabajan para ganarse la simpatía y el apoyo de algún reducido grupo dentro de la iglesia, al que luego usan como plataforma para extender su falsa enseñanza o levantar su propia persona.
Es preciso también tener cuidado con aquéllos que no trabajan o no duran en ningún empleo.
Agregaré una palabra de advertencia acerca del dinero. Usualmente los falsos ministros hablan mucho de dinero. Enseñan y profetizan que usted les tiene que dar dinero, abrir su hogar a ellos, o darles ofrendas especiales. Tratan de usar a las personas para recibir el dinero que Dios no les ha permitido tener.
 
5) Los falsos ministros,generalmente, tienen un espíritu rebelde:
No reciben la enseñanza ni la corrección. No reconocen autoridad sobre ellos.
Dios ha delegado autoridad en la Iglesia. Pero los falsos maestros tienen un espíritu tan rebelde que no admiten que nadie los corrija ni les diga lo que tienen que hacer. Suelen declarar que sólo se sujetan al Espíritu Santo.
Piensan que tienen un mensaje para la congregación y lo quieren imponer. No reconocen autoridad. No vienen con humildad. El pastor es la puerta de las ovejas. Pero estos son salteadores que no vienen con el espíritu de Cristo. Dios me ha llamado a ser pastor. El Espíritu Santo me ha puesto sobre la congregación. Para poder cumplir con mi responsabilidad me ha delegado autoridad sobre el rebaño. Pero estos ministros de Satanás no me reconocen autoridad para dirigir las reuniones y la enseñanza. A veces, para poder continuar con el orden de la reunión, he tenido que hacer echar a estos pretendidos profetas.
En nuestra congregación enseñamos a la gente a que se ponga de pie si tiene un mensaje de profecía o alguna revelación. Si, habiendo dado lugar para que alguien exprese una palabra a la congregación, descubro que su mensaje está fuera de contexto con respecto a la palabra de Dios, lo detengo en el mismo momento. No le permito continuar. Sin embargo, soy muy tolerante cuando se trata de una persona que es nueva en la fe, y la instruyo.
Quien es un bebé cristiano aprende bajo la cobertura de la Iglesia, pero el ministro de Satanás no reconoce autoridad. Nadie le puede decir lo que tiene que hacer. No se trata de un bebé cometiendo errores; él se cree «un enviado de Dios» y entonces impone su mensaje a la iglesia. Cuando no se le permite tomar la palabra públicamente, busca alguna familia de la congregación o algunos individuos que escuchen su doctrina, su nueva luz, y la apoyen.
Estos hermanos lo consideran una persona ungida, y el falso profeta los usa para ganar espacio dentro de la iglesia. Aprenda a reconocer a estos ministros de Satanás, y sea firme al expulsarlos de la congregación si no se sujetan al ministerio de la iglesia.
6) En los falsos ministros y engañadores se ve lo sobrenatural sin el fruto del Espíritu.
Muchas cosas sobrenaturales y milagrosas ocurren en el mundo actualmente, y no por ello provienen de Dios. «Porque no estamos luchando contra sangre y carne — contendiendo sólo con oponentes físicos— sino contra principados, contra poderes, contra los espíritus que gobiernan las tinieblas de este día, contra las fuerzas espirituales de maldad en la esfera sobrenatural» (Ef. 6:12, amplificada).
El que una persona haga suceder cosas sobrenaturales cuando su vida no muestra el fruto del Espíritu, es evidencia segura de que se trata de un falso ministro.
Jesús dijo: «Por sus frutos los conoceréis» (Mt. 7:15-20). No podernos distinguir lo malo de lo bueno por milagros, por prodigios o por palabras, sino por los frutos. Debemos estar alertas. Satanás mismo se transforma en ángel de luz, y sus ministros se disfrazan de ministros de justicia. Pueden obrar toda clase de milagros y maravillas para engañar a la gente.
¿Quiere usted saber si alguien es un falso maestro? Simplemente considere sus frutos, su carácter, su generosidad, su familia, lo que produce su enseñanza en la vida de sus seguidores. Puede tener una personalidad atrayente y una actitud aparentemente humilde y espiritual a causa del halo místico que lo envuelve. Pero su fruto es confusión, discordia, división y destrucción. Cuando finalmente deja la congregación, el pastor tiene que recoger los pedazos de la gente destrozada, llorar con ellos, traerlos nuevamente a la palabra de Dios, vendar sus heridas, y volverlos al camino de la cruz de Cristo.
7) Los falsos ministros no tienen raíces espirituales; no tienen lazos fuertes con nadie; no hay pastor que los conozca en profundidad, a nadie están sujetos ni dan cuenta o piden consejo. Su reputación no puede ser verificada.
Cuando los falsos maestros y ministros llegan a una congregación y se les pregunta: «¿Qué iglesia lo respalda?», «¿quién es su pastor?», «¿con quién ha estado relacionado estos últimos años que pueda recomendar su ministerio?», no tienen respuesta, Ni siquiera desean que se llame a su pueblo o a la iglesia de donde provienen. Por todos lados han dejado un tendal de discordias, problemas y corazones heridos.
Usted se preguntará: ¿Cómo puedo manejar la situación cuando noto que una persona está siendo usada por el enemigo?
Seis sugerencias para obreros de la iglesia acerca de cómo manejar a este tipo de personas. 
1.Ore mucho cuando advierta que está frente a un ministro de Satanás dentro de su congregación y la gente comienza a apegarse a él o ella. Busque a Dios. Ore para que el Señor proteja a la congregación y saque a la luz lo que verdaderamente hay en esa persona y sus doctrinas.
2.Recuerde que la batalla es espiritual. Usted no lucha contra carne y sangre, sino contra fuerzas satánicas. Reclame la sangre de Cristo para ser guardado y revise su armadura. 
3 Informe a su pastor acerca de lo que usted piensa y siente con respecto a esa persona. Requiera su consejo y opinión.
4.Dependa completamente del Espíritu Santo. Confie en Dios para que El maniieste los dones del Espíritu Santo en su vida y le imparta sabidruría para manejar la situación.
5. Ame y cuide a la persona o personas de su congregación que hayan sido engañadas, aún cuando se hayan vuelto totalmente en contra del ministerio de la iglesia. Recuerde que son sus hermanos y no sus enemigos. Usted debe luchar contra las fuerzas de las tinieblas que los han engañado.
6. Resista con firmeza a Satanás. No sea soberbio, pero sí firme en el poder y fuerza del Espíritu Santo. Proteja al rebaño a toda costa. Atrévase a ser un fiel siervo de Dios. No permita que Satanás ni sus ministros siembren discordias en su congregación.
Fuente:
Revista “Los Elegidos“,Año 1 Nº 2, Producciones El Puente, Bs. As. ,Argentina

Los cristianos de la comunidad anabtista Amish tienen un gen que reduce problemas cardiacos

Los cristianos de la comunidad anabtista Amish tienen un gen que reduce problemas cardiacos

Investigadores de la Universidad estadounidense de Maryland han descubierto que los Amish, un grupo protestante que vive en EE.UU. y que practica la endogamia, tiene una mutación genética que reduce los triglicéridos en sangre y previene las enfermedades cardiovasculares.

Según un artículo publicado por científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland en la revista Science, el gen hasta ahora desconocido fue descubierto en miembros del grupo Viejo Orden Amish que viven en el condado de Lancaster, en el estado de Pensilvania.

Los Amish son cristianos anabaptistas que han abjurado de las comodidades modernas y en su mayoría son de origen alemán.

Debido a sus creencias, no se relacionan con personas ajenas al grupo, lo que favorece la endogamia.

Entre ellos, los miembros del Viejo Orden son los más intransigentes en su rechazo al progreso tecnológico, visten de negro y viajan en carreta por las vías del condado.

“Hemos descubierto que alrededor de 5 por ciento de los Amish tiene una mutación genética que acelera la disolución de los triglicéridos, los cuales son partículas de grasa en la sangre vinculadas a un mayor riesgo de enfermedades arteriales coronarias”, señala Toni Pollin, profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland.

Los portadores de la mutación tienen la mitad de la proteína apoC-III (vinculada a los triglicéridos) que quienes carecen de esa variante del gen.

De acuerdo con Pollin, quienes tienen la mutación de la apoC-III presentan mayores niveles de colesterol HDL (el denominado “bueno”) y menores niveles de colesterol LDL (el “malo”).

Además, no padecen en gran medida de arterioesclerosis (endurecimiento de las arterias).

“El descubrimiento de esta mutación podría en última instancia ayudarnos a desarrollar nuevas terapias para reducir los triglicéridos y prevenir las enfermedades cardiovasculares”, opina Pollin.

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Fuente: El Universo | Cristomorphosis

Evangelizar: compartir la vida, el pan y la Palabra (I)

Evangelizar: más que palabras

Evangelizar: compartir la vida, el pan y la Palabra (I)

En Misión Evangélica Urbana, intentando seguir los ejemplos bíblicos, hemos aprendido que no evangeliza bien quien sólo comparte la Palabra. Aún conscientes de la necesidad de que el mensaje del Evangelio se verbalice y suene, iniciamos con esta frase una nueva serie sobre evangelización con el título general:“Evangelizar: compartir la vida, al pan y la Palabra”. La evangelización nunca se agota en la verbalización.

 
El Evangelio implica mucho más que el mero compartir la Palabra, aun sabiendo de la importancia de ésta en todo acto evangelístico. Y es que, en el fondo, el que comparte la Palabra tiene que estar disponible y abierto a compartir mucho más. Evangelizar es aprender el arte de vivir compartiendo… como Jesús. De ahí que el auténtico acto evangelístico integral sea el compartir la vida, el pan y la Palabra.  

Por eso, el auténtico evangelista tiene que ser desprendido, abierto a la acogida del otro, a compartir con el otro, a ser receptivo y nunca mantenerse blindado en ningún tipo de prepotencia o superioridad ante nadie. El evangelista tiene que ser un ser libre que no se sienta esclavizado por el apego a ningún tipo de pertenencia. Si las tiene, debe estar dispuesto a saber prescindir de ellas cuando sea necesario y debe estar abierto a compartirlas siempre que el momento lo demande. Quien no está dispuesto a compartir la vida y el pan, difícilmente va a saber compartir la Palabra, porque al usar la Palabra como espada del espíritu, deja entrever todas nuestras entretelas desde el hondón de nuestra alma y nos deja al descubierto tal y como somos.

Muchas veces la verbalización no tiene efectos evangelísticos porque carece de autenticidad y coherencia de vida. Sólo en la acogida incondicional, en el compartir, el otro que tenemos delante deja de ser un individuo más de la sociedad injusta y se nos convierte en un tú personal, en un tú con rostro humano, en un compañero… en un prójimo. Este es el lugar de la evangelización.

El lugar evangelístico para Jesús fue el de la identificación con los más débiles, los proscritos, los despreciados y los oprimidos. Jesús evangelizó para todos, ricos y pobres, pero no evangeliza nunca desde la prepotencia de los de arriba, de los asentados en el poder o en la riqueza, no evangeliza Jesús desde los integrados en la sociedad, sino que evangeliza desde abajo, desde su identificación con los humildes, desde la solidaridad con los desclasados y los tildados de pecadores, desde unos estilos de vida que le dejaban ver el rostro de la persona que evangelizaba, el rostro del otro con quien quería hermanarse.

La solidaridad con el prójimo es la que nos libera de los mecanismos que nos atan al poseer y nos traslada a la esfera de la comunión, de la común unión en donde la acogida y el compartir la vida, el pan y la Palabra es algo connatural que nos abre a la evangelización integral. Hablar sin esa comunión en donde la acogida y el compartir es algo connatural y no forzado, hablar sin estar dispuesto a compartir la vida, el pan y la Palabra, no es un auténtico acto evangelístico. Quizás sea por eso que la evangelización no avanza hasta convertir al mundo. No existe la entrega y el evangelizado no es para nosotros ese tú personal al que me debo de forma incondicional.

Muchas veces, en actos evangelísticos profesionalizados, rutinarios o realizados por organizaciones especializadas, puede permanecer el ego, la superioridad y la prepotencia que parece que lo que intenta es someter al Evangelio a las masas en vez de buscar el rostro del otro, del igual en dignidad, para acoger, ofrecer, compartir y, cómo no, recibir del otro en un acto de comunión mutua y dinámica. La superioridad del ego debe desaparecer en la Evangelización para dar paso a un deseo de sororidad universal, de búsqueda de fraternidad en la que quiero que el otro sea mi hermano y se salve junto conmigo. Cuando sucede esto, no se comparte sólo la Palabra. La vida y el pan, la mesa y la Palabra compartida se dejan caer como la fruta madura se ofrece al hambriento. Cuando estamos dispuestos a compartir sólo la Palabra, es posible que ni siquiera ésta se comparta en plenitud, en autenticidad y en verdad. No se da la evangelización integral.

Es por eso que toda la serie que vamos a escribir sobre evangelización, va a ir insistiendo en que se evangeliza desde la acogida, desde el compartir, desde el desprendimiento, desde la identificación con los pobres del mundo, desde la búsqueda de la justicia, desde el ejemplo y estilo de vida, desde los parámetros de la solidaridad y deseo de fraternidad entre los hombres, desde el acercamiento del Reino y sus valores en nuestro aquí y nuestro ahora, aunque aún nos quede por delante ese “todavía no” que nos falta para vivir los valores del Reino en plenitud.

A través de la evangelización, tenemos que ofrecer nuestra vida y nuestro pan en gratuidad, pues, de lo contrario, la Palabra no se verá con coherencia y se percibirá como falta de compromiso. La evangelización se da cuando acogemos y compartimos, cuando los individuos que componen la masa humana se nos convierten en personas con rostro humano que nos interpelan y nos animan a la búsqueda de la fraternidad. Porque, en el fondo, evangelizar es intentar, con la ayuda y el poder de Dios, convertir en hermano a todos aquellos que percibimos como individuos ajenos a nosotros mismos. En la evangelización no hago una renuncia ni un esfuerzo heroico para conseguir la igualdad fraterna entre todos, sino que tomo conciencia de que mi existencia está ligada a la de ese tú personal que me interpela. Me percibo igual a ellos al considerarme parte de una pertenencia común. Por eso la evangelización es una necesidad del creyente: ¡Ay de mí si no evangelizo!, diría el Apóstol San Pablo.

Todos somos criaturas del mismo Padre y, al ser consciente de ello, deseo que el otro sea mi hermano, un hijo de ese Padre con el que deseo vivir eternamente. Esa es la base de toda evangelización. De ahí que la entrega, la acogida y el compartir, además de la Palabra, la vida y el pan, sea algo lógico y coherente. Si no, no pretendas llamar ni hermano ni prójimo al que evangelizas. Será un simple usuario voluntario de tu actividad, escuchante de tu discurso que, quizás, no se eleve al cielo. Y, si alguien se salva y cambia, será un simple “a pesar de”… porque el Señor es misericordioso y nos usa a pesar de nuestras imperfecciones. Pero la meta del comunicador del Evangelio es ser “perfecto, como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. Espero que de esto podáis intuir la línea de esta serie que hemos titulado: “Evangelizar: compartir la vida, el pan y la Palabra”.

Juan Simarro es Licenciado en Filosofía, escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid

© J. Simarro. ProtestanteDigital.com, 2005 (España).

http://www.protestantedigital.com/new/nowleerarticulo.php?r=241&a=2328