¿Roma Esta De Acuerdo Con Lutero?


¿Roma Esta De Acuerdo Con Lutero?

A partir del Concilio Vaticano II que fue promovido por el Papa Juan XXIII y concluido por el Papa Pablo VI, se ha desarrollado un movimiento religioso conocido con el nombre de Ecumenismo y que tiene como propósito principal el acercamiento entre los diversos grupos del cristianismo. El propósito final es que se llegue a un acercamiento de tal modo que se cumpla el deseo de Cristo en la oración sacerdotal que se encuentra registrado en Juan Cáp. 17 y “que todos seamos uno”. Creemos que es una aspiración legítima y moralmente correcta en el sentido de que haya comunión entre todos los que profesamos la fe en Cristo, pero dicha unión sólo es posible si llegamos a, como dice el apóstol Pablo en el libro de los Efesios, la unidad de la fe que es lo mismo decir, la unidad doctrinal.

En el mundo protestante ha habido personeros de indudable influencia que han hecho esfuerzos para que se logre dicha unión, pero la resistencia no se ha hecho esperar, resistencia surgida tanto del mundo protestante como del católico. Y en nuestra opinión, dicha resistencia tiene razón de ser por dos motivos principales: el primero es que las doctrinas católico romanas están basadas muchas de ellas no en las declaraciones del Texto Bíblico, sino en las enseñanzas de la Tradición que para el catolicismo romano tiene igual valor que las declaraciones de la Biblia, posición que el protestantismo conservador rechaza; el otro motivo de tremendo peso es que las declaraciones del catolicismo y que están expresadas en los documentos del Concilio de Trento como reacción a la Reforma que se inició en Alemania en 1517, todos los protestantes que nos oponemos a las enseñanzas católicas estamos bajo la maldición de los papas.

A continuación queremos presentar una breve reflexión sobre las declaraciones de un teólogo católico suizo que ha tenido mucha influencia en todos los círculos cristianos y que la revista holandesa “En La Calle Recta” No. 190 de Octubre del 2004 presenta en la pág. # 5.
Un Teólogo Romano-Católico Que En Muchos Puntos Dio La Razón A Lutero.

Se trata del teólogo suizo Hans Küng. Nació el 19 de marzo de 1928 en Sursee, Suiza, dentro de una familia católica. Estudió Teología en Roma y Paris.
Ya en 1969 fue nombrado profesor de Teología fundamental romano-católico en la Universidad de Tübingen Alemania. Tres años más tarde recibe allí la dirección del Instituto Romano Católico para el ecumenismo. Eran los días del concilio Vaticano II, al que fue llamado por el Papa Juan XXIII. El concilio durante los años 1962-1965 celebró cuatro sesiones.

Precisamente en 1960 escribió Küng su libro “Konzil und Wieder, Wiedervereinigung, Erneuerung als Ruf in die Einheit” (Concilio y Reconciliación, Renovación como llamada a la Unidad). En el concilio Küng estaba como perito. En el concilio Vaticano II, Küng ha tenido una gran influencia, y él ha pensado e incluso esperado que en la iglesia Romana-Católica se daría un cambio fundamental, un rumbo más bíblico.

Pero a pesar de todo: ¡Roma siempre sigue siendo Roma! El Papa Juan XXIII murió durante el Concilio, y sus sucesores es bien conocido que no deseaban ir tan lejos como él.

Las modificaciones que estaban en curso con Juan XXIII fueron frenadas sistemáticamente por la curia.

La infalibilidad del Papa, el estado del celibato obligatorio de los sacerdotes, el culto a María y a los otros santos aún siguen estando en vigor como un bien legítimo de la fe romano-católica. El actual Papa polaco incluso ha avivado el culto a María antes que desalentarlo.

En el concilio Küng eran considerado como un teólogo progresista, pero no radical. En sus libros notamos una cierta influencia de la teología protestante alemana, en especial de Karl Barth. Pero dentro de su iglesia se le consideraba muy radical “medio protestante”. En Roma se presentó una querella contra él. Pero se negó ir a Roma para responder. Eso le llevó a que el 18 de diciembre de 1979 se le retiró la autorización eclesiástica para enseñar teología. Desde su actitud ecuménica, Küng no estudió solamente las doctrinas de las iglesias protestantes, sino también la de las iglesias ortodoxas, e incluso prestó atención entre la relación del cristianismo y las otras religiones del mundo. En uno de sus libros habla de todos los grandes pensadores cristianos, como Orígenes, Tomás de Aquino y muchos otros. Y en esa lista está también Martín Lutero, luego según Küng más o menos como un “maestro de la iglesia”.

En lo que Küng escribe sobre Lutero notamos una gran generosidad: incluso le llama “el Lutero católico”, esta es una definición totalmente distinta de la que encontramos en la bula del Papa León X. Esta bula que se Promulgó el 15 de junio de 1520 con el nombre de: Exsurge Domine (¡levántate Señor!) Aquí al gran reformador se le compara con un puerco montés que ha destrozado la viña del Señor (Salmo 80:13).

Pero Küng va bastante lejos en su positivo aprecio a Lutero. Señala que ya muchos antes, y en muchos había una añoranza de reforma en la iglesia tanto en su cabeza como en sus miembros: las circunstancias lo pedían, como el hecho de que hubiese hasta dos o tres papas que se excomulgaban mutuamente. El celibato obligatorio de los sacerdotes era algo muy difícil para muchos, la población por lo general, supersticiosa, la liturgia era muy superficial y la piedad popular tenía un carácter muy legalista. Por todo esto la cristiandad europea mucho antes de Lutero ya estaba en una profunda crisis.

Pero hasta el tiempo de Lutero los concilios reformistas de Constanza, Basel, Florencia fueron un fracaso. Como escribe es profesor Küng: sólo era necesario un genio religioso que pudiese reunir los deseos y personificarlos.

Lutero fue para eso la persona indicada. De él dice Küng: “Que él ha reunido y forjado las fuerzas positivas que entonces existían, y todos esos movimientos reformistas fracasados lo ha centrado en su genial personalidad de profundo creyente, y sus íntegros motivos expresados por medio de un lenguaje magistral. Sin Martín Lutero no habría Reforma en Alemania”. El punto de partida de Lutero para desear una reforma, eso indica, según Küng, no en primer lugar en su deseo de hacer desaparecer la situación eclesiástica, ni la vida de la iglesia y su organización. Pero ese punto de partida radicaba en su crisis vivencial profunda y muy personal vivida. Como monje Lutero, que se consideraba un pecador ante Dios, tuvo que hacerlo todo según las indicaciones y las directrices de la iglesia para tener la seguridad de su salvación personal. El había rezado con fervor las horas del coro, había tomado parte en la misa, ayunado, confesado, había realizado toda clase de duras y difíciles penitencias, pero esa profunda intranquilidad no desaparecía con todo eso. La pregunta de Lutero era: ¿cómo arreglar la situación de nuevo entre un vil pecador como yo y el Dios Santo? ¿Cuándo un pecador está justificado ante Dios y cómo conseguirlo?

La respuesta la ha encontrado Lutero en una liberadora experiencia de fe en la carta de Pablo a los Romanos: el hombre no se puede justificar ante Dios con toda su piedad, sino que es Dios mismo el que justifica al pecador sin merecerlo por Su pura gracia, como Dios misericordioso en y por Cristo.

Por esa nueva comprensión de la justificación y de la vivencia personal, Lutero también llega a otro punto de vista sobre la esencia de la iglesia. Eso implica una crítica radical a la iglesia de su tiempo. Con sus sacramentos, cargos eclesiásticos y tradiciones en la práctica y la doctrina se había apartado del Evangelio. Ese evangelio, en el que Lutero había redescubierto el poder de Dios en su propia vida de la fe. La iglesia en gran mayoría se había vuelto mundana y legalista.

Küng formula una penetrante pregunta: ¿No había roto totalmente Lutero con la tradición católica por su crítica radical? El hace un gran esfuerzo para demostrar que precisamente la manera de ver la fe; Lutero es por excelencia católico, luego en la línea de la buena fe de la una, santa universal o católica iglesia cristiana. Küng señala la continuidad histórica en el pesar y hablar de Lutero, y Para ello nombra tres cosas.

En primer lugar “los mejores elementos de la piedad católica” que Lutero mantuvo a lo largo de toda su crisis, como centro a Cristo crucificado, enseñado por su superior Johan von Staupitz.

En segundo lugar la mística medieval, en lo que eso tenía de bíblico, y ponía el acento en el trato personal del hombre pecador con su Dios, a parte de buscar escrupulosamente sin cesar el realizar “obras buenas” para por ello ser acepto a los ojos de Dios.

Una tercera cosa que para Lutero ha tenido un gran significado fue la teología de Agustín. Por algo era un monje agustino, y por eso un buen conocedor no solo del gran teólogo norteafricano sino también de su lucha personal y espiritual.

Quien lea algo de Agustín, preferentemente en latín, intuye directamente: esta es una piedad esencial y existencial, que es auténticamente cristiana, en la que se abre el Evangelio en toda su amplitud ante la mísera existencia de los pecadores.

Y como cuarto y último elemento de la vieja iglesia católica está la influencia de la teología medieval en el conflicto entre el pelagianismo de la tardía escuela franciscana de Occam por un lado, y la doctrina más bíblica de la gracia del gran dominico, Tomás de Aquino. Por su estudio y reflexión de esa lucha teológica nos encontramos con Lutero en la absoluta soberanía de Dios, de la interpretación de la gracia como don (regalo) y no como remuneración por las buenas obras realizadas, y el aceptar al pecador pura y solamente en virtud de los méritos de Cristo, un aceptar que no es por ningún mérito del hombre.

La clara conclusión de Hans Küng es que para los romanos católicos es totalmente imposible condenar a Lutero.

La tradición católica medieval, así escribe él, tiene muchas coincidencias con la gran “concentración” teológica de Lutero. Y la palabra “concentración” nos pone en la pista del punto en el que los caminos de la Reforma y Roma, también en sus mejores representantes, finalmente se separan.

Küng ha querido decir con “concentración” que no niega que hay importantes elementos de verdad en el modo de ver las cosas Lutero, y por eso en toda la Reforma. Pero hay una “concentración”, como una selección de algunos puntos teológicos muy importantes, que en los días de Lutero eran importantísimos. Pero: la doctrina católica es mas amplia que lo que Lutero y sus seguidores enseñaron. Es la verdad pero no toda la verdad. En cierto sentido Küng encuentra las opiniones luteranas “una característica de su tiempo”.

Küng señala algunos puntos en los que Lutero tenía razón, es decir en su pensamiento sobre la justificación de un pecador ante Dios, sobre la gracia, y sobre la fe.

Las preguntas sobre la justificación no son según Küng en el aspecto de la teoría abstracta ningún elemento de separación. Pero terminamos con una confidencia final de Hans Küng: “Si, la actual mentalidad síquica pero no espiritual de la dictadura de Roma es de nuevo una afrenta a la reforma y a los buenos principios católicos (el Papa no esta por encima de la Escritura). Pero lo que Lutero quiso conseguir por el Evangelio, en Roma sigue teniendo poca comprensión”.

Fuente: ¿Roma Esta De Acuerdo Con Lutero?

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. pauloarieu
    Dic 09, 2008 @ 14:53:08

    Primer acuerdo «oficial» entre católicos y luteranos

    Mons. Pedro Rodríguez comenta la Declaración de Augsburgo
    El 31 de octubre ha sido la fecha elegida para firmar, en Augsburgo (Alemania), la declaración conjunta entre católicos y luteranos, sobre la doctrina de la “justificación”.
    Para explicar a nuestros lectores el sentido y alcance del acuerdo, hemos entrevistado al teólogo Mons. Pedro Rodríguez, que fue el primer Director de PALABRA (1965-68), actualmente Director del Departamento de Eclesiología en la Universidad de Navarra, y que ha actuado como “experto”, nombrado por el Papa, en el reciente Sínodo de Obispos.
    – A menudo grupos de especialistas alcanzan acuerdos ecuménicos, cuya autoridad es sólo la de los teólogos firmantes. En el caso de la Declaración común de católicos y luteranos acerca de la Justificación, ¿cuál es el grado de oficialidad?
    -Normalmente las Comisiones bilaterales de dialogo ecuménico emiten documentos firmados por los miembros de la Comisión, que, por su propia naturaleza, reflejan el consenso alcanzado dentro de la propia Comisión. Los documentos así firmados se entregan por las Comisiones a las Autoridades de las Iglesias para su estudio ulterior en los diferentes niveles eclesiales y, en su caso, para su eventual aprobación por las Iglesias. Son muy conocidas, por lo muy conocidos que son sus documentos, las Comisiones de diálogo católico/anglicana y católico/ortodoxa. Pues bien, ninguno de sus documentos ha pasado más allá de ser, en este sentido, lo que podríamos llamar un documento de trabajo. En cambio, en el documento que da lugar a esta conversación, nos encontramos por primera vez, en el diálogo luterano/católico, con un documento aprobado por la Autoridad de las Iglesias: el 31 de octubre en Augsburgo la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica “confirman” la Declaración común sobre la Doctrina de la Justificación, preparada por la citada Comisión mixta oficial luterano/católica.
    PRIMER ACUERDO OFICIAL
    -En la historia de las relaciones entre católicos y luteranos, ¿qué importancia tiene esa fecha del 31 de octubre de 1999?
    -Si recurrimos a una interpretación simbólica de las fechas y los acontecimientos, la fecha en cuestión tiene una importancia difícil de exagerar: es la primera vez, desde que Lutero rompió con la Iglesia Romana hace casi cinco siglos, que entre las Iglesias luteranas y la Iglesia Católica se llega oficialmente entre sus autoridades oficiales, quiero decir a un acuerdo en materia doctrinal. Sin precedentes. Más aún, si se tiene en cuenta que no es no sobre un punto colateral, sino sobre una cuestión tan central, en el contencioso histórico promovido por la Reforma protestante, como es la de la doctrina de la justificación. Se comprende que, para el acto de la firma, se haya elegido una ciudad Augsburgo- y una fecha 31 de octubre que tienen tanto significado en la historia de la Reforma protestante. En Augsburgo se firmó la célebre “Confesión” que lleva su nombre y que siempre ha sido entendida en el seno de la Reforma como apuntando a un acercamiento a las posiciones católicas. La fecha es sencillamente una fiesta anual en las Iglesias evangélicas o luteranas: lo que llaman el día de la Reforma.
    -¿Cuál es el núcleo doctrinalmente más significativo de la Declaración?
    -Quizá el mejor camino para responder a esta cuestión sea precisar primero el vocabulario y describir brevemente los tres “documentos” que recogen el Acuerdo, Lo que se ha firmado en Augsburgo (por la Federación Luterana Mundial, FLM, y la Iglesia Católica Romana) es un breve documento de tres puntos cuyo nombre inglés es “Official Common Statement (St)”. Este es el documento “guía” para la interpretación del conjunto, porque él nos remite y nos sitúa ante los otros dos, que se llaman la “Declaración común” (Joint Declaration, JD) y el “Anexo”.
    La JD es el documento fuerte, doctrinal, de fondo teológico. Fue aprobada por la Comisión mixta de diálogo en 1998 después de años de trabajo y, como es sabido, la Santa Sede (y también por su parte la FLM) en junio de ese año hizo, como es habitual en estos casos, una serie de observaciones críticas al documento. Esto provocó casi un año de nuevo estudio de la cuestión. El resultado de ese estudio son precisamente los dos documentos tal como ahora se presentan: la JD, que viene ahora confirmada sin necesidad de nueva reelaboración, sino complementada con el “Anexo” el tercer documento, que la enmarca y forma con ella una unidad hermenéutica: el St dice dos veces (nn. 2 y 3) que la función del Anexo es “comentar y explicar” el acuerdo alcanzado en la JD. Con este conjunto articulado de textos la tesis central del St firmado en Augsburgo está en sus últimas palabras: “Por este acto de firma la Iglesia Católica y la Federación Luterana Mundial confirman en su conjunto la Declaración común (JD) sobre la doctrina de la Justificación”.
    Las consecuencias de esta confirmación que el St destaca se leen en su nº 1 y son dos: a) “La comprensión de la doctrina de la justificación expuesta en la presente declaración demuestra que entre luteranos y católicos hay consenso respecto a las verdades fundamentales de dicha doctrina” (JD, nº 40). b) “De ahí que las condenas del Concilio de Trento no se apliquen a la enseñanza de las iglesias luteranas expuesta en la presente declaración y, a su vez, las condenas de las Confesiones Luteranas no se aplican a la doctrina de la Iglesia Católica Romana aquí expuesta”.
    LO QUE PROFESAN LOS LUTERANOS “HOY”
    -¿Significa que la Iglesia católica reconoce haberse equivocado al condenar a Lutero y que los luteranos retiran, por su parte, sus condenas a Roma?
    -Me parece que esta pregunta está ya inicialmente respondida en lo que acabo de decir, o mejor dicho, en lo que dice el propio “Statement”, pues me he limitado a transmitir lo declarado y acordado en el acto de Augsburgo. En ninguno de los tres documentos que comentamos se dice que las doctrinas condenadas en el Concilio de Trento sobre el tema sean ahora verdaderas. No hay que argumentar mucho para darse cuenta de que eso carece de todo sentido. Los documentos no entran, por supuesto, en cuestión de personas. Y lo mismo hay que decir, para ser honestos, respecto de las iglesias luteranas en relación con las doctrinas que en su día rechazaron en sus confesiones de fe. Lo interesante del acuerdo que comentamos es precisamente que no es un juicio histórico sobre los problemas de la fe tal como se dieron ayer, sino la búsqueda de la común confesión de fe hoy.
    En perspectiva católica, lo que estos documentos dicen es que a los luteranos que hoy confiesan la doctrina de la justificación tal como se presenta en estos textos no les alcanzan las condenas de Trento, porque no profesan, por decirlo con la palabra clásica, la herejía condenada en Trento. El Acuerdo de Augsburgo viene a decirnos que profesan en esta materia doctrina en la que hay acuerdo entre católicos y luteranos, y, en este sentido, “doctrina católica”.
    Detrás de esto que yo digo tan sumariamente hay décadas de trabajo de investigación bíblica y teológica, de análisis de las doctrinas, de un mejor conocimiento de los contextos filosóficos y culturales en los que se da la vivencia de lo cristiano, la interacción entre devoción, teología y acción pastoral, etc. Esto está permitiendo una manera de aproximación a graves cuestiones doctrinales y teológicas en las que la verdad revelada y profesada en la fe aparece, siendo siempre la misma, bajo nuevas perspectivas, que abren caminos insospechados. Es el Espíritu que sopla donde quiere y, con frecuencia, “quiere” en el seno del trabajo humano: cultural, teológico…
    Por otra parte, el tema de la justificación tiene tal resonancia, incluso al nivel de “bachillerato” por lo menos del de “antes”, que hace que esta cuestión suscite un interés incluso en gentes poco preocupadas de ordinario por cuestiones religiosas. Todo el mundo sabe que la Europa occidental de hoy está partida en dos por la Reforma del siglo XVI… Y en este sentido este tema llama mucho la atención.
    -Pero ha habido otros acuerdos formados entre la Iglesia Católica y otras confesiones cristianas, ¿no?
    -En efecto. Ha habido otros acuerdos recientes de la Iglesia Católica con otras Iglesias que tienen, si cabe, una mayor trascendencia doctrinal y de método teológico, pero que se inscriben en el mismo horizonte de búsqueda. Y han pasado casi inadvertidos. Me refiero a los Declaraciones cristológicas comunes que han sido suscritas por el Papa Juan Pablo II y máximos representantes de antiguas Iglesias orientales (que en tiempos llamábamos nestorianas o monofisitas), de las que nos separaban nada menos que la profesión misma de fe en el misterio del Dios hecho hombre, en relación con la doctrina definida ¡hace 1500 años! en los Concilios de Éfeso o Calcedonia… El Papa y los Patriarcas, después del trabajo de las Comisiones de expertos, han reconocido en sus Declaraciones comunes que en realidad hoy tienen la misma fe en Cristo, que es la fe que profesa siempre la Iglesia Católica: “Hoy nosotros confesamos unidos la misma fe en el Hijo de Dios, que se ha hecho hombre para que nosotros, por medio de su gracia, seamos hechos hijos de Dios” (Declaración de 1994).
    DIVERGENCIAS
    -Volviendo a la Declaración luterano/católica ¿Se ha alcanzado por vía de compromiso: a base de callar las divergencias y pactando unas fórmulas ambiguas sin apenas contenido?
    -Ya he dicho antes cuál es a mi parecer el método de estudio y de investigación hoy en el terreno del diálogo ecuménico. El riesgo de la fórmula ambigua está siempre presente en este tipo de trabajos y no es infrecuente que un teólogo encuentre el consenso de una comisión mixta no suficientemente fundado. De ahí la naturaleza propia de esos documentos, que son, en cuanto tales, documentos de trabajo. Ahora estamos, en cambio, ante un documento que pasa más allá. Es una declaración común. Pero una declaración que, al tener esa estructura un tanto complicada de “Declaración” más “Anexo”, ha de ser leída con mucha atención y con una cierta práctica en este tipo de cuestiones. No olvidemos que en este Acuerdo se abordan cuestiones que se han hecho célebres en la historia de la cultura europea y casi han cristalizado en fórmulas explosivas. ¿Acaso cabe una interpretación “católica” del “simul iustus et peccator”? ¿Es posible una interpretación “luterana” de la “necesidad de las obras”? Y sin embargo, quien lea con sencillez y “todo seguido” la JD, advertirá, por ejemplo, al llegar al cap. III (La interpretación común de la justificación) qué patrimonio tan grande de fe cristiana en materia de justificación tenemos, un patrimonio que permite “avanzar” y tratar de comprender a su luz luz nueva- las divergencias, que puede resultar que no lo sean tanto… Siempre he pensado que la unidad la da de Dios sólo Dios, pero que nosotros hemos de luchar por buscar las convergencias…
    -¿Qué divergencias subsisten?
    -La respuesta católica que antes he citado de junio de 1998 las llamadas “Precisiones” de la CDF se centraba sobre los puntos que he citado antes: la lectura luterana del “simul iustus et peccator” (el hombre justificado en Cristo sigue siendo, a la vez, justo y pecador) seguía siendo difícilmente inteligible desde la doctrina católica. sobre todo en relación con la idea de que el hombre se comporta “mere passive” en la recepción de la justificación. En este sentido se hace completamente necesario para comprender bien el Acuerdo la detenida lectura del Anexo. El método que se ha seguido, como ya dije, ha sido no la reelaboración de la JD, sino agregar los elementos de reinterpretación en el documento Anexo. (No se olvide, por tanto, que el “Anexo” entra en el Acuerdo y que es obra tanto de católicos como de protestantes).
    Es interesante, por ejemplo, ver como en el documento se reconoce claramente por parte luterana que la donación de la gracia justificante puede ser rechazada por el pecador, lo cual es una forma clara, al menos implícita, de que la posición del hombre ante Dios no es “meramente pasiva”. Lo mismo puede decirse de la afirmación de que el pecado es una realidad personal, lo que lleva a una relectura del “simul iustus et peccator” de la que desaparece esa especie de “ontología del pecado” que parecía comportar irremisiblemente la fórmula luterana, haciéndola radicalmente incompatible con la doctrina católica. Este es el texto del Anexo (2, A): “La justificación, por la que Dios confiere el don de una nueva vida en Cristo’ (JD, nº 22) es perdón de los pecados y nos hace justos, Cfr. Rom 5, 1 y 1 Jn 3, 1.[…] Somos verdaderamente e internamente renovados por la acción del Espíritu Santo y siempre permanecemos dependiendo de su acción en nosotros: Si alguien es en Cristo, ése ya es nueva criatura, lo viejo ha pasado’ (2 Cor 5, 17), Los justificados permanecen, en este sentido, no pecadores. Pero también es verdad que nos engañamos si decimos que no tenemos pecado (cfr. 1 Jn 1, 8-10; JD nº 28). Fallamos en muchas cosas, dice Santiago 3, 2”. De ahí la continua oración pidiendo perdón por nuestros pecados, etc. “Por eso, luteranos y católicos, a pesar de nuestra diferencias sobre el tema, podemos comprender juntos al cristiano como simul iustus et peccator”.
    UN CAMINO ABIERTO
    -Siendo la doctrina de la Justificación el nervio de las diferencias entre los luteranos y la Iglesia católica, ¿cabe augurar una próxima caída del muro de separación?
    -Era sin duda fundamental que el acuerdo primero con los luteranos versara sobre el tema de la justificación, nervio como Vd, dice de nuestras diferencias. Artículus stantis et cadentis Ecclesiae, según Lutero, lo que lleva a los protestantes a situar el tema en el eje de la “hierarchia veritatum”, con tendencia a hacer de él, en la práctica, el único principio crítico en el campo de la eclesiología y de la economía de la gracia. También esto queda redimensionado en el Acuerdo. Pero en todo caso me parece que el tema del Acuerdo tiene una capacidad inmanente en las relaciones católico/luteranas de abrir desde bases firmes el camino para abordar otras cuestiones que, sin esta otra previa bien orientada, estarían prendidas en el aire.
    Es el mismo documento JD el que lo subraya en el nº 43 ya casi al final: “Nuestro consenso respecto a los principios fundamentales de la doctrina de la justificación debe llegar a influir en la vida y en la doctrina de nuestras iglesias. Subsisten cuestiones de importancia que requieren ulterior aclaración, entre ellas: la relación entre la Palabra de Dios y la doctrina de la Iglesia, la eclesiología, la autoridad de la Iglesia, el ministerio, los sacramentos y la relación entre justificación y ética social. Estamos convencidos de que el consenso que hemos alcanzado sienta sólidas bases para esta ulterior aclaración. Las iglesias luteranas y la Iglesia Católica Romana seguirán trabajando juntas por profundizar esta interpretación común de la justificación y hacerla fructificar en la vida y el magisterio de las iglesias”.
    Texto del Statement
    1. Sobre la base de los acuerdos alcanzados en la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación (JD), la Federación Luterana Mundial y la lglesia Católica declaran: «La doctrina de la justificación expuesta en la presente declaración demuestra que entre luteranos y católicos hay un consenso respecto a los postulados fundamentales de dicha doctrina» (JD 40). Con base en este consenso la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica declaran: «Las condenas del Concilio de Trento no se aplican al magisterio de las iglesias luteranas expuesto en la presente declaración y, las condenas de las Confesiones luteranas no se aplican al magisterio de la Iglesia Católica expuesto en la presente declaración» (JD 4 l).
    2. Con relación a la Resolución que acerca de la Declaración conjunta fue tomada por parte del Consejo de la Federación Luterana Mundial del 16 de junio de 1998, y la respuesta de la Iglesia Católica del 25 de junio de 1998, y los interrogantes planteados por ambas, la declaración adjunta (denominada “Anexo”) acredita ulteriormente el consenso alcanzado en la Declaración conjunta, de modo que sea claro que las anteriores mutuas condenas doctrinales no son aplicables a las enseñanzas de ambas partes, tal como vienen presentadas en la Declaración conjunta.
    3. Las dos partes en diálogo se comprometen a continuar y profundizar el estudio acerca de los fundamentos bíblicos de la doctrina de la justificación. También buscarán una ulterior comprensión común de la doctrina de la justificación más allá de lo que ha sido tratado en la Declaración conjunta y la declaración substancial adjunta. Basados en el consenso alcanzado, es necesario continuar el diálogo; concretamente, se requiere una ulterior clarificación sobre las cuestiones mencionadas especiamente en la Declaración conjunta (JD 43), para poder alcanzar la plena comunión eclesial; una unidad en la diversidad, en la que las restantes diferencias podrían ser «reconciliadas» y no tendrían más una fuerza divisoria. Católicos y Luteranos continuarán ecuménicamente sus esfuerzos en su testimonio común de interpretar el mensaje de la justificación en un lenguaje apropiado para los hombres y mujeres de hoy, y con referencia a las preocupaciones, tanto individuales como sociales, de nuestro tiempo.
    Con esta firma, la Iglesia Católica y la Federación Luterana Mundial confirman la Declaración conjunta sobre la Doctrina de la Justificación en su totalidad. (Trad. de AICA)
    http://www.conoze.com/doc.php?doc=1417

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