Los Testigos de Jehová (¿Son los TJ parte de su Iglesia?)

Los Testigos de Jehová (¿Son los TJ parte de su Iglesia?)

Los Testigos de Jehová son la única secta falsa en el mundo que enseña que la “Iglesia o cuerpo de Cristo” está compuesta por un número limitado de 144,000 personas llamadas “Ungidos” o “manada pequeña”.

Este pequeño número de personas (Ungidos) representa sólo el 3% del total de Testigos de Jehová en el mundo cuya mayoría ya ha fallecido. El 95% restante de todos los Testigos de Jehová del mundo forman parte de la “grande muchedumbre”, segùn enseña esta secta, y no conforman parte del cuerpo de Cristo o su Iglesia.

Si el 95% de TJ no forman parte del cuerpo de Cristo, entonces no tienen a Cristo como cabeza, y por ende, no tienen derecho a la salvación. Es una enseñanza antibíblica que pongo al descubierto en este video en la forma más breve y simple posible para ser comprendido por el menos instruído e inteligente Testigo de Jehová que vea este video.

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Logo de Ex-Testigos de Jehová

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Testigos de Jehová (¿Es el TJ hijo de Dios y hno de Jesús?)

Testigos de Jehová (¿Es el TJ hijo de Dios y hno de Jesús?)

Un análisis contundente de quiénes son verdaderamente los hermanos de Jesús e hijos de Jehovà. Según la Watch tower de Nueva York, los únicos hijos de Dios son los “escogidos”, “la manada pequeña” formada sólo por 144,000 con Cristo en la cabeza.

La sociedad WT dice que la “Grande muchedumbre” no forma parte del cuerpo de Cristo, o de su iglesia y que por lo tanto no son hijos de Dios, ya que como hemos dicho, sus hijos son sólo 144,001 como enseñan los mal llamados Testigos de Jehová.

Estas 144,000 personas heredaràn los cielos con Cristo como su rey, mientras que la “grande muchedumbre”(casi todos) se quedará en la tierra en un nivel inferior que los “ungidos” y sin Cristo.

¿Es esta enseñanaza del cuerpo gobernante de los TJ una enseñanaza biblica? ¿o se trata de una enseñanza antojadiza y totalmente falsa que busca encubrir un racismo oculto?. ¿Acaso los anglosajones americanos irán al cielo, mientras que los de otras nacionalidades (grande muchedumbre) se quedarán en la tierra castigados y privados de estar con Jesùs?.

¿Es esto realmente cierto? Vea este video y saque sus propias conclusiones si es que las enseñanzas que usted ha recibido de los Testigos de Jehová son exactas y basadas en la Biblia, o finalmente no las son.

El bien de Dios siempre está por encima del mal y del pecado, explica el Papa

Vaticano

Audiencia General 

El bien de Dios siempre está por encima del mal y del pecado, explica el Papa

.- En la Audiencia General de hoy, el Papa Benedicto XVI resaltó que el bien de Dios siempre está por encima del mal y del pecado; y precisó las líneas esenciales de la doctrina de San Pablo sobre el pecado original de Adán, que no puede ser entendido en su totalidad sin la realidad de la salvación obtenida por Jesucristo para todos los hombres.

En su discurso ante unas 7 mil personas en el Aula Pablo VI, el Santo Padre explicó que San Pablo “no pone en el centro de la escena a Adán con las consecuencias que tuvo el pecado sobre la humanidad, sino a Jesucristo y a la gracia que mediante él se derramó sobre la especie humana”.

“Si en la fe de la Iglesia ha madurado la conciencia del dogma del pecado original es porque está ligado inseparablemente con otro dogma, el de la salvación y la libertad en Cristo. En consecuencia, no debemos abordar nunca el pecado de Adán y de la humanidad de forma separada, sino englobarlos en el horizonte de la justificación en Cristo”, añadió.

Seguidamente indicó que “como hombres de hoy tenemos que preguntarnos: ¿Es sostenible todavía esta doctrina? Muchos piensan que a la luz de la historia de la evolución no habría lugar  para un primer pecado que después se difunde por toda la historia de la humanidad, y en consecuencia la redención y el Redentor perderían su fundamento. En consecuencia ¿existe el pecado original, o no?”. 

Para responder a esta cuestión, debe considerarse dos aspectos de la teoría sobre el pecado original: uno “empírico, una realidad concreta, tangible, y un aspecto que atañe al misterio, al fundamento ontológico de este hecho. Efectivamente hay una contradicción en nuestro ser. Por una parte, todos sabemos que hay que obrar bien y en nuestro interior también lo deseamos, pero al mismo tiempo sentimos el impulso de hacer lo contrario, de seguir el camino del egoísmo, de la violencia, aun sabiendo que obramos contra el bien, contra Dios y contra el prójimo”. 

“Esa contradicción interior de nuestro ser no es una teoría. La sentimos todos los días. Y sobre todo vemos siempre a nuestro alrededor el predominio de esta segunda voluntad. Basta pensar en las noticias diarias sobre injusticias, violencias, lujuria. Es un dato de hecho. De este poder del mal en nuestras almas ha crecido en la historia un río sucio del mal que envenena la geografía humana. Pero al mismo tiempo, esa contradicción de nuestra historia debe provocar el deseo de redención. En realidad, el deseo de que cambie el mundo, de que se cree un mundo de justicia, de paz y bien está presente en todos los lugares”. 

El Pontífice dijo luego que “el poder del mal en el corazón y en la historia de los seres humanos es innegable, pero la cuestión es: ¿Cómo lo explicamos? En la historia del pensamiento, prescindiendo de la fe cristiana, hay un modelo principal de explicación con diversas variantes. El modelo dice que el ser humano es en sí mismo contradictorio: lleva en sí mismo el bien y el mal. El dualismo es insuperable y será siempre así“. 

“En la concepción evolucionista y atea del mundo se supone que el ser como tal lleva en sí desde el inicio el mal y el bien. El ser no es sencillamente bueno, sino abierto al bien y al mal, ambos originarios. Y la historia humana seguiría solamente el modelo presente en toda la evolución precedente. Lo que los cristianos llaman pecado original sería solamente el carácter mixto del ser entre el bien y el mal”.

Esta perspectiva, precisó el Papa, “en el fondo, es una visión desesperada. Si es así, el mal es invencible, cuenta solo el propio interés y cualquier progreso se pagaría necesariamente con un río de mal y los que quieran seguir el progreso deberían pagar este precio. Este pensamiento moderno, en fin, puede crear solo tristeza y cinismo“.

“Nos preguntamos de nuevo: ¿Qué dice la fe? San Pablo confirma la competición entre las dos naturalezas, el dato de  la sombra del mal que pesa sobre la entera creación. Pero en contraste con el dualismo y el monismo desoladores la fe nos habla de dos misterios: de luz y uno de noche que, sin embargo está envuelto en el misterio de la luz“. 

Seguidamente el Santo Padre resaltó que “la fe nos dice: no hay dos principios, uno bueno y otro malo. Hay solo un principio que es el Dios creador y es un principio solamente bueno, sin sombra del mal. Por eso, también el ser no es un mixto de bueno y malo. El ser como tal es  bueno. Este es el gozoso anuncio de la fe: hay una sola fuente buena, el Creador, y por eso la vida también es buena”.

Benedicto XVI afirmó que “también hay un misterio de oscuridad que no viene de la fuente del ser; no es originario. El mal viene de una libertad creada, de una libertad de la que se ha abusado. ¿Cómo ha sucedido? Sigue siendo oscuro. El mal no es lógico. Sólo Dios y el bien son lógicos, son  luz. El mal sigue siendo misterioso, en sí mismo ilógico”.

Tras precisar que “el mal procede de una fuente subordinada“, el Papa subrayó que “Dios con su luz es más fuerte. Por eso, el mal puede superarse, por eso la criatura no sólo puede curarse sino que está ya curada. Dios ha añadido la curación. Ha entrado en primera persona en la historia y a la fuente permanente del mal ha opuesto una fuente de puro bien: Cristo crucificado y resucitado. Nuevo Adán que opone al río sucio del mal un río de luz presente en la historia”.

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ALGO MÁS QUE UN CHEQUE

Un Mensaje a la Conciencia – 3 dic 2008
3 dic 08

ALGO MÁS QUE UN CHEQUE

por el Hermano Pablo

Durante meses había estudiado, con mucho esmero, los cursos del último año de secundaria. No era sólo por interés en los estudios, sino porque su padre le había prometido un regalo especial de graduación. Era un regalo que sólo podría hacer un padre pudiente: un automóvil. No era un automóvil cualquiera: era un automóvil deportivo, de esos que enloquecen a los jóvenes y atolondran a las muchachas.

Por fin llegó el día de la ceremonia de graduación. El joven había terminado el curso con buenos grados y, como prueba de ello, mostraba a todos su diploma. Con la graduación llegó también la fiesta, que era el lugar donde se habría de revelar el ansiado regalo. Pero el automóvil no estaba a la vista.

Cuando llegó el momento de dar el regalo, su padre, en lugar de darle un auto, le dio una Biblia. El joven perdió todo control emocional y dignidad de hijo sabio, y salió furioso maldiciendo y dando portazos. Abandonó no sólo la Biblia sino también la fiesta, sus amigos, su hogar y sus padres.

A los pocos meses su padre murió de un síncope cardíaco sin haber visto otra vez a su hijo. Cuando el muchacho volvió a la casa para asistir al funeral, se le dio la Biblia que su padre le había regalado y que él había rechazado.

Dentro de la Biblia, que no había sido abierta, el joven halló un cheque por la cantidad exacta que costaba el auto. El cheque llevaba la fecha de su graduación y la firma de su padre. El joven, mal agradecido y disgustado, había abandonado no sólo a sus padres, sino también lo más preciado que existe en este mundo, la Biblia, y con ella todo lo que la Biblia contiene.

¡Qué fácil nos es confundir valores y abandonar lo mejor por lo peor! El joven de nuestra historia cometió dos graves errores. Primero fue insolente, faltándole al respeto a sus padres. Eso es imperdonable en cualquier hijo. Luego manifestó ignorancia, pues no reconoció el significado del libro que el padre le daba: la Santa Biblia.

El no hacer caso de nuestras necesidades espirituales es el error que ha causado más daño en este mundo. De más valor es la Biblia, con o sin un cheque adentro, que un vehículo, sea éste el más caro del mundo.

Todo ser humano tiene vacíos emocionales, morales y espirituales que sólo Dios puede suplir. Leyendo con perseverancia y esmero la Santa Biblia, encontramos la paz que necesitamos. No despreciemos el Libro de Dios. Leámoslo todos los días. Es lámpara a nuestros pies y luz en nuestro camino.
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El Universo de Stephen Hawking sería compatible con el teísmo

El Universo de Stephen Hawking sería compatible con el teísmo

Un nuevo libro del profesor Soler Gil recupera el debate planteado en Historia del Tiempo

Hawking, como señala Carl Sagan, se embarca en una búsqueda de la respuesta a la famosa pregunta de Einstein sobre si Dios tuvo alguna posibilidad de elegir al crear el universo. Hawking intenta, como él mismo señala, comprender el pensamiento de Dios. Y esto hace que sea totalmente inesperada la conclusión de su esfuerzo, al menos hasta ahora: un universo sin un borde espacial, sin principio ni final en el tiempo y sin lugar para un Creador. Sin embargo, a pesar de la interpretación de Sagan, el universo de Hawking, ¿es compatible con el teísmo? Un nuevo libro de Francisco Soler Gil aporta una visión positiva. Por Leandro Sequeiros.

La historia del universo. George Mason University.
En octubre de 1988, hace veinte años, salió a la venta la primera edición castellana de un libro muy esperado: Historia del Tiempo. Del big bang a los agujeros negros del físico en Cambridge, Stephen Hawking. El libro venía precedido por las polémicas surgidas en los países anglosajones por su audacia conceptual. En tres meses se editaron seis ediciones en castellano. Se vendieron más de diez millones de ejemplares en todo el mundo (no sabemos si todos lo leyeron y lo entendieron) y en España se editaron 250.000 copias. Muchos lo tacharon de ateo. Nos llega ahora un libro que pretende aportar una visión positiva del mismo: Lo divino y lo humano en el Universo de Stephen Hawking (Francisco José Soler Gil, Ediciones Cristiandad, Madrid, 2008). Presentamos sus ideas fundamentales.

La Historia del Tiempo de Stephen Hawking (nacido en 1942) suscitó ríos de tinta hace veinte años. Con anterioridad (1985), John Boslough, profesor de Historia de la Ciencia en la Universidad de Princeton, había publicado el ensayo El Universo de Stephen Hawking (William Morrow, New York, y traducido al castellano en 1986 en la Biblioteca Científica Salvat, Barcelona).

Boslough había publicado ya en 1981 una semblanza de Hawking en la revista Science. En este ensayo se anticipan algunas de las intuiciones revolucionarias de genial profesor de la Cátedra Lucasiana de Matemáticas que ocupó en el su tiempo sir Isaac Newton, en la universidad de Cambridge.

En el año 2001, Hawking nos volvió a sorprender con otro libro, profusamente ilustrado, que pretendía llevar al gran público sus ideas. La traducción castellana no se hizo esperar: en 2002 se publicó con el título El Universo en una cáscara de Nuez (aludiendo a una frase de William Shakespeare) [Editorial Crítica, Barcelona].

En este ensayo, Hawking nos incita a acompañarle en un colosal viaje por el espacio-tiempo, hacia un increíble país de las maravillas en que las partículas, membranas y cuerdas danzan en once dimensiones, donde los agujeros negros se evaporan y desaparecen llevándose consigo su secreto, y donde habita la pequeña nuez –la semilla cósmica originaria– de la que surgió nuestro universo. Últimamente (2005) ha aparecido en castellano su Brevísima historia del Tiempo.

Hace unas semanas, el 24 de septiembre de 2008, el mismo Hawking ha vuelto a sorprendernos con unas declaraciones al diario El País en las que afirma que “la ciencia no deja mucho espacio ni para los milagros ni para Dios”. Esta frase ha sido interpretada en clave ateística por algunos, mientras otros han querido ver una afirmación de la autonomía de la ciencia y la religión.

¿Una creación sin Creador?

En el texto de la solapa delantera de la edición castellana de la Historia del Tiempo se lanzaban algunas preguntas para guiar la lectura: “¿Hubo un principio en el tiempo? ¿Habrá un final? ¿Es infinito el universo? ¿O tiene límites? (…) ¿Cuál es la naturaleza del tiempo? Al colapsarse un universo en expansión, ¿viaja el tiempo hacia atrás? ¿Por qué recordamos el pasado y no el futuro? ¿Puede ser el universo un continuum sin principio ni fronteras? Si así fuera, el universo estaría completamente autocontenido y no se vería afectado por nada que estuviese fuera de él. No sería ni creado ni destruido, simplemente sería. ¿Qué lugar queda entonces para un Creador?”

Y en las últimas páginas de la Historia del Tiempo leemos esta frase que a algunos parece un tanto sarcástica como conclusión (pág. 223-224): “No obstante, si descubrimos una teoría completa, con el tiempo habrá de ser, en sus líneas maestras, comprensible para todos y no únicamente para unos pocos científicos. Entonces todos, filósofos, científicos y la gente corriente, seremos capaces de tomar parte en la discusión de por qué existe el universo y por qué existimos nosotros. Si encontrásemos una respuesta a esto, sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios”.

La Historia del Tiempo estaba precedida por un breve y provocador prólogo del divulgador científico Carl Sagan, muy conocido del gran público por su serie Cosmos, que finaliza de esta manera: “…También se trata de un libro acerca de Dios… o quizás acerca de la ausencia de Dios. La palabra Dios llena estas páginas. Hawking se embarca en una búsqueda de la respuesta a la famosa pregunta de Einstein sobre si Dios tuvo alguna posibilidad de elegir al crear el universo. Hawking intenta, como él mismo señala, comprender el pensamiento de Dios. Y esto hace que sea totalmente inesperada la conclusión de su esfuerzo, al menos hasta ahora: un universo sin un borde espacial, sin principio ni final en el tiempo y sin lugar para un Creador” (pág. 14-15).

Las referencias a Dios, al Creador, a la Divinidad salpican el libro dejando un sabor escéptico. Para algunos, el éxito de Hawking –amplificado por los medios de comunicación y la explotación de la imagen física del científico arrumbado en una silla de ruedas- no fue sino un mero producto de las técnicas de publicidad que determinan hoy en día las modas intelectuales.

Las preguntas abiertas de la Historia del Tiempo

Para el autor de este nuevo libro, Francisco José Soler Gil, el fenómeno Hawking, veinte años más tarde, no es sólo un producto mediático. Hay preguntas que hay que plantearse: en primer lugar está la cuestión del valor del modelo cosmológico de Hawking desde el punto de vista de la física. Y, en segundo lugar, está la cuestión del valor de las incursiones filosóficas y teológicas de Hawking en su libro y en otros textos que han ido apareciendo posteriormente.

El profesor Francisco José Soler Gil (nacido en 1969) ha realizado estudios de Física en la Universidad de Granada y de Filosofía. Es doctor en Filosofía por la Universidad de Bremen y es miembro del grupo de investigación de Filosofía de la Física de dicha universidad alemana. Entre sus obras de divulgación se encuentran Aristóteles en el mundo cuántico (Granada, Editorial Comares, 2003), coautor y editor del libro Dios y las Cosmologías modernas (Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2005), y autor, junto con Martín López Corredoira, del libro ¿Dios o la materia? (Barcelona, Áltera, 2008), un debate sobre cosmología, ciencia y religión.

La tesis de Lo divino y lo humano en el Universo de Stephen Hawking de Francisco José Soler Gil (Madrid, Cristiandad, 2008) es que, “a pesar de todos los posible errores y deficiencias que puedan contener los planteamientos cosmológico-filosóficos de Stephen Hawking, merece la pena entrar en un diálogo con su obra” (pág. 13).

Los dos primeros apartados de la introducción se dedican a discutir por encima las ideas cosmológicas y filosóficas de Hawking. El tercer apartado de la introducción está dedicado a presentar brevemente los objetivos concretos y la estructura de este ensayo: “proseguir el diálogo fronterizo entre la cosmología y la filosofía iniciado por Stephen Hawking en Historia del Tiempo, estudiando algunas de las posibles consecuencias ontológicas de la descripción del universo propuesta por este autor” (pág. 24-25). Por ello, el cuarto apartado de la introducción tiene por objeto “exponer algunas de las conclusiones generales sobre el modelo cosmológico de Hawking y sus implicaciones filosóficas, a las que el autor de estas líneas ha llegado al término de su estudio. Conclusiones que, claro está, no tendrán por qué coincidir con las que el lector extraiga por su cuenta” (pág. 14).

Cosmología, Teología natural y Antropología

Lo divino y lo humano en el universo de Hawking de Francisco José Soler Ruiz “trata de proseguir el diálogo fronterizo entre la cosmología y la filosofía iniciado por Stephen Hawking en Historia del Tiempo, estudiando algunas de las posibles consecuencias ontológicas de la descripción del universo propuestas por el autor” (pág. 24-25). Para concretar este objetivo, el autor sugiere que “nos ocupemos de lo divino y lo humano en el universo de Stephen Hawking. Lo divino, sintetizado en la pregunta acerca de cómo se relaciona este universo con la idea de un Dios creador del cosmos. Y lo humano, sintetizado en la pregunta acerca de cómo encaja la experiencia humana de la temporalidad en semejante marco físico” (pág. 25).

El ensayo se estructura en tres partes: en la primera (“La cosmología de Hawking”) se presentan las grandes líneas del modelo cosmológico de Hawking –o mejor dicho, a la cosmología de James Hartle y Stephen Hawking, ya que en realidad, ha sido desarrollada de manera conjunta por estos dos autores, aunque divulgada luego sobre todo por el segundo-, que ha sido tratada en trabajos técnicos rigurosos y más tarde en obras divulgativas (Historia del Tiempo, El universo en una cáscara de nuez, Brevísima historia del Tiempo). Por eso el autor – de formación física – presenta el modelo cosmológico de Hartle y Hawking lo suficientemente detallado como para servir a las reflexiones posteriores, pero lo suficientemente sencilla como para que resulte accesible a cualquier lector de formación media.

La segunda parte (“El universo de Hawking y la Teología natural”) intenta responder a la pregunta sobre si queda un lugar para el Creador en ese universo. Es el desafío de Hawking a la Teología natural. Para facilitar la comprensión se estructura en tres capítulos: el primero de ellos está destinado a exponer las consecuencias para la concepción de Dios como Creador y del universo como creación que Hawking ha deducido de su modelo cosmológico. El segundo capítulo de esta sección resume las respuestas más destacadas a los planteamientos llamemos anti-teológicos de Hawking, de entre las opiniones ofrecidas por algunos especialistas en teología natural a lo largo de estos veinte años transcurridos desde la publicación de Historia del Tiempo. Entre estos autores están el físico sudafricano Georg F. R. Ellis, John Polkinhorne, Ian G. Barbour y R. J. Russell.

En el tercer capítulo de esta segunda parte, el autor trata de justificar su convencimiento de que “el escenario cosmológico propuesto por Hartle y Hawking, no sólo no conlleva ningún reto para la teología, sino que podría ser empleado para presentar algunas vías cosmológicas de acceso a la existencia de Dios con más claridad incluso que las derivadas de usar el modelo cosmológico estándar” (pág. 27-28).

La tercera parte (“El lugar del hombre en el universo de Hawking”) tiene varios objetivos. El primero de ellos es orientar nuestra atención hacia una serie de rasgos básicos de la experiencia humana de la temporalidad, así como introducir las principales concepciones del tiempo que han tratado de dar cuenta de dichos rasgos.

Hecho esto, el autor se ocupará de ofrecer algunos de los argumentos más destacados a favor y en contra de las distintas concepciones del tiempo mencionadas anteriormente. Tratará de mostrar que hay una teoría del tiempo –la teoría denominada del “universo bloque” – que ha de enfrentarse a problemas mucho mayores que las otras para poder ofrecer una explicación verosímil de la temporalidad humana.

Sentadas estas precisiones, el autor argumenta que la teoría problemática constituye precisamente la única concepción del tiempo compatible con el escenario cosmológico de Hartle y Hawking, lo cual implica consecuencias muy importantes para la aceptación del modelo referido.

Después de estas exposiciones, el autor resume sus conclusiones en el epílogo al que sigue una extensa bibliografía. El autor de este ensayo apunta que no pretende sustituir el dictamen del lector, el cual, desde su perspectiva, tal vez juzgue de un modo diferente el peso de los argumentos presentados aquí, o incluso, llegue a darse cuenta de posibilidades que el autor no había logrado percibir.

BigBang History.
La cosmología de Hawking

Hace 20 años, al publicarse Historia del Tiempo, muchos creyeron ver la inminente llegada de la “teoría final”, la “teoría del todo”, o como quiera llamarse a la descripción unificada de todas las interacciones físicas en un marco cuántico. Pero en la actualidad –escribe el Dr. Soler Gil – el escepticismo acerca, no sólo de las propuestas cosmológicas de Hawking, sino de todo el programa de investigación en el que ésta se enmarca, es incomparablemente mayor. A fecha de hoy, la cosmología cuántica sigue sin realizar predicciones concretas, comprobables, y que nos permitan decidir entre cualquiera de sus modelos y el escenario cosmológico estándar.

Pero hay un segundo motivo para tener en cuenta el modelo cosmológico de Hawking: presenta rasgos de gran interés para la reflexión filosófica de la realidad natural y para la teología. Escribe el físico Michael Heller, premio Templeton 2008: “Un modelo matemático podrá tener cierta importancia para los análisis teológicos o filosóficos aunque no esté verificado empíricamente e, incluso, aunque no vaya a estarlo nunca. Cualquier modelo matemático, estipulando que esté construido correctamente, muestra que el conjunto de supuestos en el que está basado no es contradictorio y así puede que falsee [en sentido popperiano] o corrobore alguna idea filosófica”.

“Resulta fácil entresacar de las páginas de Historia del Tiempo –como también de otros textos divulgativos de Hawking- ejemplos de la deficiente formación filosófica de su autor. Uno de ellos, que ha sido puesto de relieve por numerosos críticos, es la mezcla incoherente de una comprensión instrumentalista y una comprensión realista de la actividad científica en general, y de su modelo cosmológico en particular” (Soler Gil, pág. 19).

Hay textos en los que sugiere que el tiempo imaginario es sólo una herramienta matemática útil, refiriéndose al instrumentalismo, y en otros textos se dice que el tiempo imaginario determina ontológicamente la estructura real del universo [realismo]. Y si Hawking insiste en que sus modelos cosmológicos no son más que construcciones matemáticas para dar cuenta de fenómenos (algo así como las justificaciones de Osiander en el de Revolutionibus de Copérnico), ¿a qué viene entonces preguntar, por ejemplo, qué lugar queda en el universo para un Creador?

El universo de Stephen Hawking y el lugar del Creador

En un breve artículo publicado en internet por el autor, Francisco José Soler Gil, se aborda la problemática general del ensayo que aquí comentamos así como su posición como científico, filósofo y teólogo. En opinión de su autor, “el problema no es la ciencia. El problema es que los materialistas intentan vendernos como ciencia lo que no es sino su pobre lectura de la misma. Una lectura que oscurece y vela el hecho de la creación, y despoja a la naturaleza de las huellas de sentido que ciertamente contiene”.

Y continúa: “Imagine el lector que este artículo comenzara afirmando que el cosmos de Aristóteles no dejaba ningún lugar para un Creador. ¿Cómo reaccionaría usted ante una tesis semejante? Supongo que inmediatamente le vendría a la cabeza el dato de que fue justo el marco aristotélico el que empleó, sin ir más lejos, Santo Tomás de Aquino, para formular algunos de los argumentos más clásicos de la existencia de Dios. De manera que, teniendo eso en cuenta, su reacción natural sería la de encogerse de hombros y pensar que el autor de estas líneas debería dedicar algún tiempo a refrescar sus conocimientos de historia de la filosofía”.

“Supongamos, en cambio, que este artículo hubiera comenzado afirmando que el universo de Stephen Hawking no deja ningún lugar para un Creador. Ante esa tesis, sospecho que más de un lector no tendría nada que oponer. Si el lector es ateo, o agnóstico, asentiría con satisfacción, y tal vez pensando que la refutación de Dios está a la vuelta de la esquina. Y si es creyente, quizás se consolaría pensando que, después de todo, la cosmología de Hawking es muy especulativa, y sigue sin haber recibido ningún tipo de soporte empírico”.

“Sin embargo, lo razonable, en este segundo caso, hubiera sido extraer la misma moraleja que en el primero, a saber: la deficiente formación filosófica del declarante. Y esto por un motivo muy sencillo: Porque basta analizar los rasgos generales del escenario cosmológico que nos propone Hawking para caer en la cuenta de que, de entre todas las hipótesis acerca del universo que se manejan en la física actual, es precisamente ésta la que presenta mayores analogías con el cosmos aristotélico que sirvió de base a la teología natural durante siglos”.

“Evidentemente, no se trata de escenarios idénticos. (Pues, por ejemplo, el universo de Hawking carece de la dimensión finalista que hallamos en el marco aristotélico). Pero, aún así, las coincidencias resultan más que llamativas. Para empezar, en ambos casos nos hallamos ante un universo que posee todos los rasgos de un objeto físico: un universo que es algo determinado, y no la inmensidad informe e inconcebible del cosmos materialista. Un universo pesado y medido, y dotado de una cuidadosa estructura, a la manera del instrumento musical que San Gregorio Nacianceno proponía como metáfora de la creación”.

“Y luego, se trata de un cosmos plenamente racional. Un aspecto, en el que el modelo de Hawking, con su eliminación de la singularidad inicial, le saca incluso ventaja ―desde un punto de vista teológico― al modelo ordinario de la Gran Explosión, y muestra mejor que él la firma del Logos como fundamento de la realidad. Las esferas celestes que imprimen y determinan el movimiento del cosmos aristotélico han desaparecido. Pero, a cambio, el mundo de Hawking cuenta con el conjunto de historias en el tiempo imaginario, que ejercen un papel de determinantes completamente análogo. Y así podríamos seguir (…)”.

“Ahora bien, si el escenario cosmológico que nos propone este autor se asemeja de tal modo a la imagen del universo que mejores servicios ha prestado a la teología, ¿de dónde procede la convicción común de que se da un conflicto entre ambos planteamientos? ¿Acaso todo se debe a un malentendido, por parte del público? Sí y no.

Desde luego, los lectores de Historia del tiempo no se han inventado el conflicto entre la teología natural y la cosmología de Hawking, sino que se han encontrado con muchos pasajes de la obra, que incitan a pensar en esa dirección. Además del prólogo de Carl Sagan, que también va por ahí. Y además de las declaraciones públicas de Hawking, como las que acaba de regalarnos con ocasión de su visita a Santiago de Compostela.

El error ―a mi modo de ver, y si es que hay que llamarlo así― ha consistido en no percibir que las conclusiones filosóficas que Hawking y Sagan pretendían derivar de esa cosmología, no se siguen de ella, sino que son un añadido ideológico, motivado por el pensamiento materialista de estos autores”.

“Y lo cierto es que, en los últimos tiempos, estamos asistiendo una y otra vez al mismo fenómeno, posiblemente debido a la difusión del materialismo ateo en los ambientes universitarios de nuestro cada vez más viejo continente. Da igual que se trate de cosmología o de neurología; de ingeniería genética o de física de partículas. Los nuevos avances se nos presentan siempre envueltos en una lectura sesgada, fuertemente interpretados desde una perspectiva materialista. El caso del universo de Hawking ―donde el choque entre sus características reales y su interpretación estándar es tan nítido― posee, en este sentido, la virtud de la ejemplaridad”.

“De ahí que merezca la pena demorarse a analizar la hipótesis cosmológica de Hawking, comparando los indicios de la existencia de Dios que se pueden obtener sobre la base de dicha hipótesis con lo que el propio Hawking deduce de ella. Es un ejercicio muy ilustrativo, y que entraña una lección que los creyentes no deberíamos olvidar. A saber: que no es la ciencia la que se enfrenta a la fe en Dios. No. El problema no es la ciencia. El problema es que los materialistas intentan vendernos como ciencia lo que no es sino su pobre lectura de la misma. Una lectura que oscurece y vela el hecho de la creación, y despoja a la naturaleza de las huellas de sentido que ciertamente contiene. La despoja a ella, y nos despoja a nosotros”.

Hasta aquí el texto publicado en internet.

Dejamos abierta a la consideración del lector los argumentos del Dr. Francisco José Soler Gil. En un momento tan importante para la historia del diálogo ciencia-religión es necesario integrar todas las posturas para abrir espacios interdisciplinares.

Leandro Sequeiros es Catedrático de Paleontología, Facultad de Teología de Granada.

Martes 02 Diciembre 2008
Leandro Sequeiros

Don de Lenguas

Don de Lenguas

“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;” (Mar.16:17 RVR 1960)

El don de lenguas

«Muchos cristianos de todos los trasfondos denominacionales creen que el fenómeno de «hablar en lenguas» puede acompañar a la ocasión en la cual una persona se rinde por primera vez a la plenitud del Espíritu Santo. En la tradición pentecostal clásica, esta experiencia se expresa con las siguientes palabras.

“La evidencia física inicial del bautismo con el Espíritu Santo es hablar en otras lenguas”.

Otros cristianos y muchos carismáticos prefieren no utilizar esta terminología doctrinal, sin embargo, aplican el sentido fundamental de la misma a su propia práctica.

Esta comprensión modificada hace menos hincapié en la importancia de las lenguas como evidencia del bautismo con el Espíritu Santo, ya sea en términos de la experiencia inicial de la persona o de su vida continuada en la plenitud del Espíritu. Aun así, se mantiene el valor del lenguaje espiritual. Tal habilidad es una ayuda para la oración y la alabanza, y la participación más profunda en la adoración se considera un indicio fundamental de haber sido bautizado en el Espíritu, con el ejercicio continuo de hablar en lenguas como parte de la expresión devocional privada del creyente.» (1)

¿Qué es exactamente el “hablar en lenguas”?

Hablar en Lenguas

Los carismáticos diferencian el don de lenguas recibido en Pentecostés del que hablaban los corintios y del que supuestamente hablan muchos de ellos hoy en día. Para ello utilizan el pasaje de 1 Corintios 14: 4 que dice,

“El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia.”

Lo primero que debemos saber es que el término “extraña” no existe en los manuscritos originales del griego. Los académicos creen que los traductores querían dar la idea de que las lenguas habladas eran extrañas para el comunicador, pero no fue su intención dar la idea de que eran extrañas para todos los hombres, es decir que no eran lenguas humanas. Con el término “extraña” los traductores querían dar a entender que las lenguas habladas eran desconocidas para la persona que las hablaba, pero conocidas para la persona a la que se dirigía el mensaje.

Segundo, debemos saber que los eventos que ocurrieron al inicio del cristianismo (Hechos 2) establecen el precedente de lo que debemos entender acerca de lo que hablar en lenguas significaba. Esto es, de Hechos 2 debemos entender que el hablar en lenguas significa hablar en lenguas extranjeras a gente de otras regiones. Por ejemplo en Hechos 2 leemos,

“5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. 6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. 7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?  8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? 9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, 10 en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.12 Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?” Hechos 2: 5-12

Lo que vemos es que los extranjeros que estaban en Jerusalén escucharon a los apóstoles hablando lenguas que eran las suyas. Lucas, entonces, cita 15 diferentes nacionalidades que escucharon el mensaje del evangelio en sus propios idiomas. El estudiante de la Biblia debe concluir que el don de lenguas es el mismo fenómeno en 1 Corintios.

Tercero, debemos recordar que en el Nuevo Testamento no existe nada que provenga del Espíritu que sea semejante a un “lenguaje extático o ininteligible.” Por el contrario, no es esto lo que condena Pablo en 1 Corintios 14? Lo que vemos en este capítulo es que Pablo esté reprendiendo a la iglesia en Corintio de que han pervertido el don de lenguas, diciendo que hablan en lenguas cuando lo único que hacen es parlotear o balbucear palabras ininteligibles. Dónde vemos esto? Notemos que Pablo compara este don con el uso de la trompeta en la guerra. Pablo escribe,

“7 Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara? 8 Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?  9 Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire. 10 Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado. 11 Pero si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que habla será como extranjero para mí.” 1 Corintios 14: 7-11

Veamos que Pablo está condenando a los corintios por decir que hablan en lenguas pero lo único que están haciendo es balbucear cosas que no son comprensibles. Si la trompeta se toca de una manera incorrecta en la batalla, nadie sabrá que es lo que debe hacer. Lo mismo con el don de lenguas. Pablo dice que hay tantos idiomas o lenguas en el mundo, “y ninguno de ellos carece de significado,” entonces si ellos dicen hablar en lenguas pero sus palabras son incomprensibles, entonces no es el verdadero don espiritual.

Es obvio que Pablo se está refiriendo a lenguas reales, ya que dice, “Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo.” El apóstol estaba dando un ejemplo de dos personas que hablan en lenguas diferentes y que están intentando comunicarse el uno con el otro. Ninguna podría hacerlo en ese estado. Es por ello que se requería del don de lenguas, es decir la habilidad de hablar en una lengua real que era desconocida por el comunicador pero conocida por el receptor.

Además, Pablo siempre enfatiza que el don de lenguas es un signo para los no creyentes, no para los creyentes. El hablar en lenguas debía hacerse en presencia de los no creyentes, para convencerlos de la verdad que estaba siendo declarada. En otras palabras, para confirmar el mensaje del evangelio. 

“Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes.” 1 Corintios 14: 22

Otro punto que debemos considerar es que el receptor de algún don, ya sea milagros, profecía, lenguas, etc, podía tener auto-control. Esta persona no entraba en una especie de trance e iniciaba a balbucear palabras. Esto es contrario a lo que Pablo dice como debe ser ejercitado este don de lenguas. Pablo dice que debe ejercerse una persona a la vez; que no más de tres personas con el don hablen en un servicio; que los que hablan el don callen si no hay interprete (1 Corintios 14: 27-28).2.

Notas:

1 Editor General: Hayford, Jack; Autor: Snider, Joseph, Poder del Reino: Recibamos el poder de la promesa [Un estudio de Hechos], (Nashville, TN: Editorial Caribe) 1996

2. sujetosalaroca.org

Fuente:



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