Los Creacionistas, Hitler y la Evolución.


Los Creacionistas, Hitler y la Evolución.

Por Lenny Flank
(c)1999

Traductor: Hernán Toro

Ver Eugenesia – La Conexión entre DARWIN Y HITLER

Una acusación común que hacen los creacionistas es que la teoría evolutiva es “maligna” y que es la fuente del racismo en general y de los asesinos dictatoriales en particular. La afirmación más comúnmente hecha es que Hitler y su genocidio racista fueron el producto de la “filosofía evolutiva”. Henry Morris, por ejemplo, declara llanamente, “Sinembargo uno puede reaccionar moralmente contra Hitler, el fue ciertamente un evolucionista consistente”. (Morris, “la Evolución y el racismo Moderno”, ICR Impact, octubre de 1973) Morris continúa: “Las filosofías de Karl Marx y Friedrich Nietzsche – los precursores de Stalin y Hitler – han sido particularmente malsanos en su efecto: ambos fueron evolucionistas dedicados.” (Morris, Las aguas turbulentas de la Evolución, 1974 p.33)

¿Cuán preciso es este dedo acusador de los creacionistas? No mucho. Los creacionistas evidentemente no están advertidos del hecho de que la Rusia estalinista rechazó la evolución Darwinista como “burguesa” y en cambio, aceptaron la “biología proletaria” no Darwiniana de Lysenko y Michurin (un desastre del cual la genética y las ciencias biológicas rusas aún no se han recuperado). En cuanto a Hitler, incluso una lectura superficial de su libro Mein Kampf revela que la verdadera fuente de inspiración y de exhortaciones de Hitler vino de una fuente de la cual los creacionistas, entendiblemente, prefieren no hablar.

La meta de Hitler era la “purificación” de la “Raza Aria” por medio de la eliminación de los “subhumanos” que incluían los Judíos, Gitanos, Asiáticos, Negros Africanos y cualquiera que no fuera un blanco Ario. A pesar de las afirmaciones creacionistas de que esto se basaba en la teoría evolutiva darwiniana, los propios escritos de Hitler dan una historia bastante diferente. El ICR afirma que “Hitler usaba la palabra alemana para evolución (Entwicklung) una y otra vez en su libro.” (ICR Impact, “El ascenso del Racismo”, Paul Humber Feb. 1987) Como muchas de las afirmaciones del ICR, esta simplemente no es cierta – una rápida mirada de varias traducciones al inglés “en línea” de Mein Kampf muestra SÓLO UN uso de la palabra “evolución”, en un contexto que no se refiere para nada a la evolución Biológica sino al desarrollo de ideas políticas en Alemania: “Esta evolución aún no ha tomado la forma de una intención consciente y de un movimiento para restaurar el poder político y la independencia de nuestra nación”.

Si el ICR hubiera hecho una lectura incluso superficial de Mein Kampf, hubieran visto una fuente bastante diferente para la inspiración racista de Hitler que la que ellos nos quieren hacer creer. Los blancos arios, escribía Hitler, son las creaciones especiales de Dios, la “más alta imagen de Dios”, puestos aquí específicamente para reinar sobre las razas “subhumanas”: “La cultura y la civilización humana en este continente está unida inseparablemente con la presencia del Ario. Si muere o declina, los velos de oscuridad de una edad sin cultura volverán a descender sobre este globo. El minado de la existencia de la cultura humana por la destrucción de su portador resulta, a los ojos de una filosofía popular, el crimen más execrable. Cualquiera que se atreva a alzar la mano contra la más alta imagen del Señor comete sacrilecio contra el benevolente Creador de este milagro y contribuye a la expulsión del paraíso.” (Todas las citas de Hitler, Mein Kampf, versión en línea) Acciones que ayuden a los “subhumanos” a costa de la raza Maestra Aria, declaró Hitler, seria una ofensa contra Dios: “Es un pecado contra la voluntad del Eterno Creador si a Sus más dotados seres por cientos y cientos de miles se les permite degenerarse en el actual pantano proletario, mientras que los Hotentotes y los Kafires Zulúes se entrenan para profesiones intelectuales”.

En vez de basar su racismo en cualquier teoría evolutiva, Hitler lo basó firmemente en su visión de que los Arios blancos eran la gente preferida de Dios. De hecho, Hitler solemnemente declara que su programa de remover Judíos y otros “subhumanos” de la tierra era una tarea divina obligada en él por parte del Señor Todopoderoso: “Por lo que debemos luchar es la salvaguarda de la existencia y de la reproducción de nuestra raza y nuestra gente, el mantenimiento de nuestros niños y la pureza de nuestra sangre, la libertad y la independencia de la Madre patria, de tal forma que nuestra gente pueda madurar para el cumplimiento de la misión que nos repartió el Creador del Universo.”

Hitler concluye: “Así hoy creo que estoy actuando en concordancia con la voluntad del Creador Todopoderoso: defendiéndome contra el Judío, estoy luchando por la obra del Señor,” agregando “Comparado con el absurdo reclamo de salvaguardar la ley y el orden, para así fundar un terreno pacífico para estafas mutuas, la tarea de preservar y avanzar la más elevada humanidad, dada a esta tierra por la benevolencia del Todopoderoso, resulta ser una misión verdaderamente elevada.” Para Hitler, remover los subhumanos de la tierra no era una cuestión de biología o evolución – era un mandato divino de Dios Mismo, el “trabajo del Señor”, una “misión verdaderamente elevada”.

Incluso al discutir la pureza racial y la “mezcla entre razas”, Hitler no escoje las palabras de la biología evolutiva o de la eugenesia, sino que apunta directamente a su sagrada misión divina: “La experiencia histórica ofrece incontables pruebas de esto. Muestra con terrible claridad que en cada mezcla de sangre Aria con la de gentes inferiores el resultado fué el fin de la gente culta. Norteamérica, cuya población consiste en su abrumadora mayoría de elementos germánicos que se mezclaron sólo un poco con las gentes inferiores de color, muestra una diferente humanidad y cultura que la de Centro y Suramérica, donde los inmigrantes Latinos predominantes a menudo se mezclaban con los aborígenes a gran escala. Con éste único ejemplo, podemos reconocer claramente el efecto de la mezcla racial. El habitante germánico del continente Americano, que ha permanecido racialmente puro y sin mezcla, surgió para ser el amo del continente; él permanecerá como amo mientras no caiga víctima de la deshonra de la sangre. Por consiguiente, el resultado de todo cruce racial es, en pocas palabras, lo siguiente: Llevar a cabo tal acto es entonces, nada más que pecar contra la voluntad del Creador Eterno.”

Entonces, Hitler declara que la meta del “gobierno popular” es “finalmente poner un término al contínuo y constante pecado original del envenenamiento racial, y darle al Creador Todopoderoso seres como los que Él Mismo creó.”

“En particular, el hombre con mente popular,” concluye Hitler, “tiene el deber sagrado, cada uno según su propia denominación, de hacer que la gente pare de hablar superficialmente de la Voluntad de Dios, y que realmente cumpla la Voluntad Divina y no deje profanar la palabra de Dios. Porque la voluntad de Dios le dió su forma, su esencia y sus habilidades al Hombre. Cualquiera que destruya Su obra está declarándole la guerra a la creación del Señor, a la voluntad divina.”

En Mein Kampf, Hitler hace un llamado emotivo a Dios para que le ayude a él y a sus Nazis en su tarea divina: “Entonces, desde el dibro de cuentos infantiles hasta el último periódico en el país, y cada teatro y sala de cine, cada pilar donde se coloquen carteles y cada espacio libre en las reuniones debe ser utilizado en el servicio de esta única gran misión, hasta que los débiles de corazón supliquen “Señor, entréganos” que la oración que nuestras asociaciones patrióticas mandan al Cielo hoy se transforme en una ardiente oración: “Dios Todopoderoso, bendice nuestros brazos cuando llegue la hora”” Posteriormente, cuando las tropas Nazis arrasaron Europa, cada uno de ellos llevó una hebilla de la armada inscrita con las palabras “Dios está con Nosotros”.

http://www.geocities.com/torosaurio/crdebunk/nazis.html

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: