Curso biblico primer paso III


Curso biblico “Primer paso” parte III

La lección de hoy

Jesús: el Dios santo

El texto de la lección: Juan 2

El texto para aprender de memoria: Juan 1.1-2

Lee Juan 2.1-12.

En esta lección hallamos a Jesús en Cana de Galilea. Galilea queda como a ochenta kilómetros al norte de Perea donde Jesús fue bautizado por Juan. (Galilea y Perea eran provincias de Palestina. Nazaret, el pueblo donde Jesús se crió, queda en Galilea. Busca estas provincias en el mapa.

¿Que ocasión especial se celebraba en Cana? ________________________________________________________

Según el versículo 2, ¿quiénes fueron invitados?

Cual fue el problema que María contó a Jesús? __________________________________________________

Para los judíos, así como para la mayoría de la gente, una boda era una celebración muy importante. ¿Puedes imaginar la preocupación que sintieran los huéspedes cuando se dieron cuenta de que se les había acabado la bebida?

Jesús era solamente un invitado en esta fiesta. ¿ Por qué piensas que su madre vino a decirle que se había acabado el vino?_____________________________________________________

(Nota en el versículo 4 cómo Jesús respondió a su madre. Las palabras de Jesús fueron: “Aún no ha venido mi hora”. Probablemente Jesús se refirió a la hora de su manifestación al pueblo como el Mesías. Al leer los evangelios, notamos que Jesús se refiere varias veces a su “hora” o su “tiempo”.)

Jesús era un hombre compasivo. Él vio la necesidad y quiso ayu­dar.

¿Cuál fue la orden de Jesús a los siervos? _______________

¿Obedecieron los siervos?___________________________________

¿Cuál fue el resultado?_____________________________________

¿ Qué dijo el maestresala (el criado encargado) cuando le trajeron el vino que Jesús había hecho ? _________________________________________________

Según el versículo 11, ¿cuáles fueron los dos resultados de este primer milagro de Jesús?

a._______________________________________________________

b_______________________________________________________

Queremos aprender dos lecciones de esta corta historia.

Primero: Los siervos obedecieron a Jesús y Jesús hizo un milagro de nuestros pecados, creyendo en él, y permitiéndole ser Señor de nuestras vidas, él hará en nosotros el milagro de cambiarnos de pecadores a santos.

Segundo: ¿Pudiera cualquiera cambiar agua en vino? Claro que no. Pero Jesús puede hacerlo… y también puede hacer muchos otros milagros… porque él es Dios.

Ahora lee los siguientes dos pasajes: “Jesús purifica el templo” y “Jesús conoce a todos los hombres” (Juan 2.13-25).

Después de estar algunos días en Capernaum (en la provincia de Galilea), Jesús viajó a Jerusalén en la provincia de Judea (otra provincia de Palestina). Quiso estar presente allá para la pascua. La pascua era una fiesta anual muy importante para los judíos.

¿ Qué halló Jesús en el templo ?

El templo era el lugar donde los judíos de todo el mundo venían a encontrarse con Dios. La gente venía de lejos para pagar sus impuestos y para ofrecer holocaustos de bueyes, ovejas, y palomas. Necesitaban cambiar dinero para comprar los animales para sacrificar. Sin embargo, los comerciantes no debían hacer estas ventas en el templo. Además, le robaban a la gente, dándoles mal cambio por el dinero, y cobrándoles precios exagerados por los animales.

En Marcos 11.17 Jesús dice: “¿No está escrito: Mi casa será  llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.” Recuerda: Jesús es Dios. Él es un Dios santo. Él no soportaba ver la casa de su Padre en un estado  abominable. ¿Qué hizo Jesús para solucionar el problema?_________________________________________

Como era de esperarse, la gente se alborotó. Ellos querían saber de dónde conseguía Jesús su autoridad de hacer estas cosas. ¿Qué le preguntaron? (v. 18). _________________________________________

¿Acerca de qué milagro futuro les habló Jesús?__________________________________________

Este milagro sucedió más adelante. Estudiarás acerca de él en Juan 20.

Una vez más, queremos aprender dos lecciones de esta historia.

Primero: Jesús (Dios el Hijo) es santo. Él no toleraba la falta de respeto para la casa de su Padre. Tampoco tolera pecado hoy día.

Segundo: Hoy no existe un lugar específico, como el templo, donde tenemos que llegar para encontrarnos con Dios. Ya no tenemos un templo como tenían en el Antiguo Testamento. La Biblia nos dice que los cristianos somos el templo de Dios. “No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3.16).

Si Jesús no toleraba suciedades en el antiguo templo, ¿crees que tolerará pecado en el nuevo templo? (nuestro cuerpo). ¡Claro que no! Si él ve algún pecado en nuestra vida, él nos lo dice por la voz del Espíritu Santo. Entonces, inmediatamente debemos purificar nuestro “templo” arrepintiéndonos y buscando el perdón de Dios. Debemos pedir el poder de Dios para que él quite el pecado de nuestras mentes y nuestros cuerpos.

Lee otra vez el pasaje entero que vas a aprender de memoria (Juan 1:1-18) . Aprende de memoria el versículo 2. Luego escribe de memoria los versículos uno y dos en estas líneas. Recuerda que tendrás que escribirlos en el examen.

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PUNTOS PARA RECORDAR

 

  1. Jesús y sus discípulos fueron invitados a una boda en Cana de Galilea.
  2. En esa boda Jesús hizo su primer milagro: cambió el agua en vino.
  3. Jesús utilizó este primer milagro para mostrar su gloria, y para ayudar a que los discípulos creyeran en él.
  4. Él pudo hacer este milagro porque es Dios.
  5. Si obedecemos a Jesús arrepintiéndonos de nuestro pecado, creyendo en él, y permitiéndole ser el Señor de nuestras
  6. vidas, él hará el milagro de cambiarnos de un pecador a un santo.
  7. Jesús sacó del templo la gente que contaminaba la casa de su Padre.
  8. Nuestros cuerpos son el templo de Dios hoy.
  9. Jesús es un Dios santo; él no tolera el pecado en el templo de nuestro cuerpo.

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. John Santiago
    Oct 30, 2008 @ 21:24:48

    Jesucristo Es Dios
    La Moderna Erudición y Jesús Como Dios

    Antes de examinar la evidencia Bíblica para la creencia de que Jesús es Dios, podría ser útil responder al uso de los TJ de un artículo no identificado del Bulletin de la Biblioteca de John Rylands el cual citan para probar que los eruditos Bíblicos concuerdan con ellos en que Jesús no era Dios.

    Primero, el folleto de los TJ ¿Debería Creer Usted en la Trinidad? cita este artículo como declarando: «Tenemos que enfrentarnos al hecho de que la investigación del Nuevo Testamento durante, digamos, los últimos treinta o cuarenta años ha llevado a una cantidad cada vez mayor de escriturarios acreditados del Nuevo Testamento a la conclusión de que ciertamente Jesús […] nunca se creyó Dios» (Pág. 20). Esta es una correcta imposición de la moderna erudición Bíblica, pero el folleto de los Testigos ha omitido una parte de la cláusula que coloca este hecho en una luz totalmente diferente. La cláusula completa se lee (con la porción omitida enfatizada):

    No obstante, sea eso como pudiera, tenemos que enfrentarnos al hecho de que la investigación del Nuevo Testamento durante, digamos, los últimos treinta o cuarenta años ha llevado a una cantidad cada vez mayor de escriturarios acreditados del Nuevo Testamento a la conclusión de que Jesús mismo no pudo haber reclamado algunos de los títulos cristológicos los cuales los Evangelios se los atribuyen, ni aun la designación funcional de «Cristo», y ciertamente nunca se creyó él mismo Dios.1

    Eso es, los mismos escriturarios bíblicos que niegan que Jesús reclamó ser Dios también dudan que se llamó a sí mismo el «Cristo», o el «Mesías». Los TJ difícilmente pueden demandar que este juicio sea confiable.

    Siguiendo, el folleto de los TJ cita el mismo artículo cuando dice, con respecto a los Cristianos primitivos, «Por tanto, cuando asignaban [a Jesús] títulos de honor, como: Cristo, Hijo del Hombre, Hijo de Dios y Señor, estas no eran maneras de decir que él fuera Dios, sino de señalar que hacía la obra de Dios» (Pág. 20). Nótese que el artículo declara que los Cristianos del primer siglo «asignaban» estos títulos a Jesús. El punto aquí es que Jesús, en la opinión de eruditos, ¡no reclamó ser el Cristo, el Hijo del Hombre, el Hijo de Dios, o Señor! Además, no están sosteniendo que Jesús o los Cristianos del primer siglo consideraron a Jesús como una criatura divina preexistente bajo Dios que se hizo hombre. Más bien, están sosteniendo que los Cristianos del primer siglo dieron a Jesús estos títulos a causa de su «experiencia» de lo que él hizo, y que estos títulos originalmente no dijeron nada acerca de quién o qué era Jesús realmente. Así, en la misma cláusula siguiente el artículo declara, «En otras palabras, originalmente tales designaciones no expresaron tanto la naturaleza del ser interno de Cristo en relación al ser de Dios, sino más bien a la preeminencia de su función soteriológica [eso es, su función en traer la salvación] en la redención de Dios de la humanidad».2

    Finalmente, más tarde en el folleto el mismo artículo es citado como diciendo que, acorde a Karl Rahner, «aunque theos [«Dios»] se usa en textos bíblicos como Juan 1:1 con referencia a Cristo, ‘en ninguno de estos casos se usa «theos» de tal manera que identifique a Jesús con aquel que en otros lugares del Nuevo Testamento aparece como «ho theos», es decir, el Dios Supremo’» (Pág. 28). Luego el folleto cita con aprobación el argumento del artículo de que uno esperaría que el Nuevo Testamento dijera que Jesús era Dios mas frecuentemente si esto era importante confesar.

    No obstante, lo que el folleto falla en reportar es que el artículo anota3 que Karl Rahner admitió que Jesús fue llamado theos en Romanos 9:5; Juan 1:1,18; 20:28; 1 Juan 5:20; y Tito 2:13. Los TJ admiten que esto es así en los tres versículos mencionados del evangelio de Juan, pero niegan que los otros pasajes apliquen theos a Jesús. Después de todo, estos otros pasajes llamarán a Jesús «Dios sobre todas las cosas» (Rom. 9:5), «el verdadero Dios y la vida eterna» (1 Juan 5:20), y «nuestro gran Dios y Salvador» (Tito 2:13). Cómo podría Rahner admitir que a Jesús le fueron dados aquellos títulos y negar que él estaba siendo llamado ho theos («el Dios») es difícil de entender, para decir lo menos.

    Lo que los eruditos modernos piensan acerca de la enseñanza del Nuevo Testamento con respecto a Jesús es interesante pero escasamente decisivo. Ambos, los TJ y los trinitarios evangélicos concuerdan en que la crítica moderna de la erudición Bíblica, con su negación de la inspiración y confiabilidad de la Biblia y sus intentos por negar la obra milagrosa y sobrenatural del Jesús de la Biblia, es apóstata y desconfiable. Por tanto, es desafortunado que los Testigos citen fuera de contexto a estos eruditos contra el trinitarismo.

    «El Verbo Era Dios»

    En Juan 1:1 leemos, «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios» (Biblia de las Américas). La TNM traduce la última cláusula de este versículo para que se lea «y la Palabra era un dios». Varias traducciones son citadas en apoyo de esta traducción, y pocos eruditos son citados en aparente acuerdo con la interpretación de los Testigos de este versículo como enseñando que Jesús era un dios secundario e inferior.

    En 1987 presenté a la Sociedad de la Torre del Vigía una invitación para criticar el manuscrito de un libro tratando en gran parte con Juan 1:1. Prometí incluir su crítica en el libro como un apéndice. Nadie aun ha respondido esta oferta. La misma invitación fue extendida a otros TJ que declaraban ser competentes en el estudio del Griego, y tampoco respondieron. Desde entonces el libro ha sido publicado como Los Testigos de Jehová, Jesucristo y el Evangelio de Juan.4 En este capítulo simplemente resumiré algunos de los puntos principales que hice en ese libro — puntos que este nuevo libro publicado por la Sociedad de la Torre del Vigía no menciona.

    Los TJ razonan que el Verbo no puede ser «Dios» y también estar «con Dios», en vista de que «el que está ‘con otro’ no puede ser ese otro» (Pág. 27). Esto es dicho para ser indicado además por el hecho de que la palabra theos en Juan 1:1 es un «sustantivo predicado» que precede al verbo y no tiene el artículo definido. Son dados ejemplos de otros versículos en la Biblia exhibiendo este modelo y traducidos con el artículo indefinido «un» en frente del sustantivo. Es dicho que estos ejemplos muestran que la «regla de Colwell»6 no puede probar que theos en Juan 1:1 no puede ser traducido «un dios» (Pág. 28).

    Esta línea de razonamiento podría sonar válida, pero realmente confunde varias cuestiones. Primero, aun Jehová puede ser llamado «un Dios» en la Biblia, en pasajes usando la misma exacta construcción en Griego. (Debiera ser notado que no hay diferencia en sustancia entre «un dios» y «un Dios», porque el Español moderno es uno de los pocos lenguajes que aun pueden hacer esta distinción). Por ejemplo, en Lucas 20:37-38 en la TNM leemos que Jesús dijo, con respecto a Jehová:

    Pero el que los muertos son levantados, hasta Moisés lo expuso en el relato de la zarza, cuando llama a Jehová ‘el Dios de Abrahán y Dios de Isaac y Dios de Jacob’. El no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos ellos viven.

    La Traducción Interlineal de los TJ en Griego-Inglés lo vierte así:

    But that the dead are raised up even Moises disclosed, in the account about the thornbush, when he calls Jehovah ‘the God of Abraham and God of Isaac and God of Jacob. He is a God, no of the dead, but of the living, for they are all living to him.

    En Inglés «a God» significa «un Dios».

    Aquí «un Dios» traduce theos sin el artículo y antes del verbo, exactamente como en Juan 1:1. De esta manera, aun si uno quisiera traducir theos en Juan 1:1 como «un dios», eso no desaprobaría que él es el Dios verdadero.7

    Segundo, los textos paralelos citados por el folleto de los TJ como teniendo la misma construcción Griega son dignos de notar en que ninguno de ellos da al sustantivo Griego un significado más débil o diferente que si tuviera el artículo definido en frente de este. Por ejemplo, «un fantasma» (Marcos 6:49) no es menos fantasma que uno llamado «el fantasma»; el diablo es llamado un «mentiroso» y «homicida» (Juan 8:44) ¡como cualquiera pudiera serlo! Además, no mencionado por los TJ está el hecho de que en otra parte en el Nuevo Testamento, siempre que la palabra theos es usada en la misma construcción, siempre se refiere claramente al Dios verdadero (Marcos 12:27; Lucas 20:38; Juan 8.54; Fil. 2:13; Heb. 11:16). De esta manera, el hecho de que el Verbo es llamado theos en Juan 1:1 en esta construcción no lo convierte a él en Dios algo inferior al Padre.8

    Tercero, no es necesario por ningún medio traducir los sustantivos en tales construcciones con el artículo indefinido «un» o «una», como aun lo admiten los Testigos cuando dicen que «cuando el contexto lo exige los traductores pueden insertar un artículo indefinido delante del complemento predicativo en este tipo de estructura oracional» (Pág. 28, Pár. 3, énfasis añadido). En vista del argumento del contexto ofrecido por los TJ (que el Verbo estaba con Dios y por tanto no puede ser Dios) ha sido demostrado que no requiere su interpretación. Es incorrecto traducirlo como lo han hecho.

    Cuarto, el contexto ciertamente apoya muy fuertemente la conclusión de que el Verbo era Dios, no un dios secundario e inferior. El versículo empieza diciendo que el Verbo estaba existiendo «en el principio», queriendo decir que el Verbo ya estaba en existencia cuando empezó el tiempo mismo. De esta manera, el Verbo no era una criatura, sino que en realidad era eterno.9 También, el versículo 3 declara que todo lo que en algún momento llegó a la existencia ha sido hecho a través del Verbo, como fue señalado en el capítulo 5, esto debe significar que el Verbo fue el Creador y por tanto, Dios.

    Quinto, por traducir «un dios» los TJ han hecho que la Biblia se contradiga a sí misma. Como fue mostrado al inicio en este libro, la Biblia niega rotundamente una y otra vez que haya algún otro dios real, verdadero, además del Dios verdadero. En vista de que el Verbo claramente no es un dios falso, él debe ser el Dios verdadero — eso es, el único Dios verdadero, Jehová.

    De esta manera, el problema es en su mayor parte no con la inserción de «un» antes de la palabra dios; es principalmente la palabra dios misma, con una «d» minúscula, la cual en Español (a desemejanza de la mayoría de otros idiomas) sugiere al lector un dios inferior. Traduciendo «un Dios» en Español en este contexto también implicaría esta idea, pero no tan claramente, y solo porque en el contexto «un Dios» parecería estar contrastado con «Dios». Pero en Griego la diferencia entre ton theon («Dios» en la parte media del versículo) y theos («Dios» al final del versículo) no sugiere esta clase de cambio en el significado. Esto puede ser visto por la lectura de otros pasajes en el Nuevo Testamento donde theos aparece en el mismo contexto con y sin el artículo definido, no obstante, sin ningún cambio en el significado (Juan 3:2; 13:3; Rom. 1:21; 1 Tes. 1:9; Heb. 9:14; 1 Ped. 4:10-11).10

    Una traducción que quizás trae la diferencia mejor que cualquier otra es esta: «En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con la Deidad, y el Verbo era Deidad». El único problema con esta traducción es que normalmente no traducimos theos como «Deidad»; de otra manera, esta es probablemente la traducción mas exacta en Español.11

    Debiera ser mencionado que el folleto continua la práctica de los TJ de citar fuera de contexto de las fuentes eruditas. Muy notable es su uso de un artículo en el Journal of Biblical Literature sobre Juan 1:1. El folleto va tan lejos para afirmar que el artículo de la JBL dice que la construcción Griega de Juan 1:1 «… indica que el logos puede ser asemejado a un dios» (Pág. 27). Esto es completamente falso. Lo que Philip Harner realmente dijo — quien escribió el artículo de la JBL — fue que teniendo a Juan escribiendo ho logos en theos (traduciendo palabra por palabra, «EL VERBO ERA DIOS») esto habría significado «que el logos era ‘un dios’ o un ser divino de alguna clase», ¡pero que Juan no escribió esto! En lugar de eso, Hardner señala, Juan escribió theos en ho logos (traduciendo palabra por palabra, «DIOS ERA EL VERBO»), lo cual él concluye que significa que el logos, «no menos que ho theos, tenía la naturaleza de theos».12 En otras palabras, Juan pudo haber dicho que «el Verbo era un dios» por medio de cambiar el orden de sus palabras, pero no lo hizo, prefiriendo en lugar de eso decir enfáticamente que el Verbo era Dios tanto como la persona llamada «Dios» con quién él existía en el principio.

    Otro erudito, John L. McKenzie, es citado fuera de contexto como diciendo, «Rigurosamente, Juan 1:1 debe traducirse […] ‘la palabra era un ser divino’» (Pág. 27). El folleto de los TJ implica que llamando al Verbo «un ser divino» lo hace menos que Jehová. No obstante, en la misma página McKenzie llama a Yavé (Jehová) «un ser divino personal»; McKenzie también declara que Jesús es llamado «Dios» en Juan 20:28 y Tito 2:13 y que Juan 1:1-18 expresa «una identidad entre Dios y Jesucristo».13

    «Señor Mío, y Dios Mío»

    El evangelio de Juan empieza (1:1) y termina (20:28, excepto por el capítulo 21, el cual se lee como un apéndice) con la confesión de dos discípulos originales de Jesús de que Jesucristo es Dios. En Juan 1:1 el apóstol Juan, cuya fe en Jesús quizás la más fuerte de todos los discípulos, declara que Jesucristo era Dios en el mismo principio del tiempo. En Juan 20:28 Tomás, cuya fe entre los discípulos (aparte de la de Judas) era probablemente la más débil, también confesó que Jesucristo era su mismo Señor y Dios.

    La discusión de los TJ de este versículo muestra que ellos no están seguros que hacer de esto: «Para Tomás, Jesús era como ‘un dios’, especialmente en las circunstancias milagrosas que impulsaron a Tomás a expresarse como lo hizo. Algunos eruditos sugieren que es posible que Tomás sencillamente saliera con una exclamación emocional de asombro, hablada a Jesús, pero dirigida a Dios …» (Pág. 29).

    Tampoco esta explicación es muy convincente. Para tomar la primera, asumiendo que Jesús no era Dios, Tomás habría llamado a Jesús su «dios» en una exclamación involuntaria incitada por las «circunstancias milagrosas», esto habría sido nada menos que supersticioso y habría invocado una reprensión (compare Hechos 14:11-15).

    En cuanto a la segunda explicación, la idea de que un Judío devoto en el primer siglo clamara algo como «¡Oh mi Dios!» fuera de asombro es un anacronismo, leyendo atrás en la Biblia algo que es común en nuestra cultura pero virtualmente desconocido en la cultura de Tomás. El Judaísmo del primer siglo consideraba cualquier uso descuidado o irreflexivo de las palabras Señor y Dios como bordeando la blasfemia. Además, mientras en nuestra cultura moderna las personas a menudo exclaman «¡Oh Dios mío!» o «¡Señor Mío!» cuando se confrontan con algo ofensivo o espantoso, ni en nuestra cultura ni en alguna otra las personas exclaman «¡Señor Mío, y Dios Mío!» en esa clase de situación.

    Los TJ razonan que cualquier cosa que signifique Juan 20:28, no puede significar que Jesús es Jehová Dios, por tres razones: (1) Juan 17:3 dice «que solo Jehová es el ‘el único Dios verdadero’»; (2) Jesús en Juan 20:17 se refirió a Jehová como su Dios; y (3) Juan 20:31 declara que el Evangelio fue escrito para mostrar que Jesús era el Hijo de Dios, no Dios (Pág. 29). Pero este razonamiento es contraproducente. Si Jehová es el único Dios verdadero, y lo es, entonces Jesús no puede ser el Dios de Tomás a menos que Jesús sea también el único Dios verdadero; de otra manera, Tomás está adorando a un dios falso. El hecho de que en el contexto inmediato Jesús llamó al Padre «mi Dios», lejos de mostrar que Jesús era un dios inferior, muestra que por llamar a Jesús «mi Dios» en Juan 20:28, Tomás estaba dando a Jesús el mas alto honor posible. Y el hecho de que Jesús es el Hijo de Dios apoya, no contradice, el hecho de él también es Dios — de otra manera Juan 20:28 contradice 20:31.

    Otros dos puntos pueden ser hechos. El lenguaje de «Señor mío, y Dios mío» es encontrado en otra parte en la Biblia, con referencia a Jehová (Salmo 35:23; Comp. Salmo 84:3; 1 Cor. 15:24; Apoc. 4:11 – «Digno era, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria y el honor y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas» – Biblia de las Américas). Segundo, al menos una publicación de los TJ ha declarado que cuando un Hebreo (eso es, un Israelita o Judío) dice «Dios mío», él quiere decir Jehová.14 Estos hechos dan confirmación adicional de que Tomás estaba hablando de Jesucristo como el Dios verdadero, Jehová.

    «Dios Fuerte»

    Isaías 9:6 llama a Jesús «Dios Fuerte», lo cual los TJ argumentan que implica que él es un dios inferior porque no es llamado «Todopoderoso». Además argumentan que «… Carecería de importancia llamar ‘Todopoderoso’ a Jehová Dios si no existieran otros a quienes también se llamara dioses, pero que ocuparan una posición subalterna o inferior» (Pág. 28).

    Este razonamiento es probado imperfecto por las siguientes consideraciones. Primero, en Isaías 10:21, exactamente como el último capítulo en el mismo libro, Jehová es llamado «al Dios fuerte». De esta manera, el contexto no solo desaprueba la idea de que la expresión «Dios Fuerte» signifique un dios inferior, sino que apoya la interpretación que identifica a Jesús como Jehová.

    Segundo, la expresión «Dios Todopoderoso» tiene un gran significado aun cuando este Dios Todopoderoso es también el único Dios genuino y real. Por ejemplo, aquellos que sostienen el deísmo declaran creer en el único Dios pero niegan que el Dios sea Todopoderoso, sosteniendo en lugar de eso que Dios es incapaz de cambiar el curso de la historia. El argumento de los TJ aquí, en efecto, descubre su falsa visión de Dios. Creen que «Todopoderoso», significa que Dios es simplemente el más poderoso, el que es mas vigoroso que todos los otros seres poderosos (incluyendo a un número desconocido de «dioses poderosos»). La visión Bíblica es que «Todopoderoso» significa que Dios posee «todo poder», que él es «todo-poderoso», Aquel para quien nada es imposible (Lucas 1:37). De esta manera, en vista de que Dios es el Dios todo-poderoso y el único Dios verdadero, Jesús no puede ser el Dios Poderoso a menos que sea el verdadero, el mismo Dios todo-poderoso, Jehová.

    «Yo Soy»

    En Juan 8:58 en la TNM las palabras de Jesús se leen, «Antes que Abrahán llegar a existir, yo he sido». La mayoría de las traducciones vierten la última parte de este versículo «Yo soy» antes que «Yo he sido». La expresión «Yo soy» generalmente ha sido entendida que hace eco a las palabras de Jehová en Exodo 3:14 («YO SOY EL QUE SOY» en la mayoría de las traducciones). Los TJ argumentan que esto no puede ser porque (1) Exodo 3:14 debería ser traducido «Seré lo que seré» o algo semejante; (2) la expresión Griega en Juan 8:58 es traducida mejor «yo he sido» o algo semejante; y (3) la sorpresa de los Judíos ante la afirmación de Jesús de haber visto a Abraham a pesar de tener menos de cincuenta años de edad (Juan 8:57) es dicho que muestra que en el versículo 58 Jesús simplemente estaba afirmando que él era más viejo que Abraham (Pág. 26).

    Este argumento reposa mayormente en verdades a medias. La segunda mitad de mi libro, Los Testigos de Jehová, Jesucristo y el Evangelio de Juan, el cual la Sociedad de la Torre del Vigía y varios TJ individuales fueron invitados a criticar, es un completo estudio de este versículo el cual muestra que la interpretación de los TJ de este es defectuosa.15 Aquí haré unos puntos sencillos.

    Primero, aunque es verdad que la expresión en Exodo 3:14 es probablemente traducida mejor «Seré lo que seré», esta no es toda la historia. Por una cosa, esto no es realmente eso diferente en significado de «Yo soy el que soy». Ambos implican que Dios es completamente autosuficiente, que él solo determina qué y quién es él y lo que hará, y que será suficiente para suplir las necesidades de su pueblo.16 También, la Septuaginta, la principal traducción Griega del Antiguo Testamento común en el primer siglo, tradujo Exodo 3:14 «Yo soy el que es» (ego eimi ho on), y los lectores del Evangelio de Juan que estaban versados en la Septuaginta fácilmente pudieron haber notado un paralelo con Exodo 3:14 en el Griego de Juan 8:58, donde las palabras «Yo soy» son también ego eimi. Por tanto, no es del todo improbable que haya una conexión entre los dos pasajes.17

    Segundo, la traducción «Yo soy» de las palabras de Jesús ego eimi en Juan 8:58 definitivamente deben ser preferidas sobre «Yo he sido» o alguna traducción tal. He discutido la cuestión gramatical a fondo en mi libro previo.18 Aquí señalaré simplemente que las palabras ego eimi aparecen durante todo el evangelio de Juan, siempre (cuando habladas por Jesús) llevando gran significancia, y son siempre (aun en la TNM) traducidas «Yo soy» (Juan 4:26; 6:35,48,51; 8:12,24,28,58; 10:7,11,14; 11:25; 14:6; 15:1,5; 18:5,6,8). Estos decires de «Yo soy» obviamente están designados para estar relacionados unos con otros, y esta conexión está perdida si ego eimi en Juan 8:58 es traducida «Yo he sido». De esta manera, la traducción «Yo soy» encontrada en la mayoría de las traducciones es correcta, antes que las traducciones en tiempo pasado encontrada en las otras traducciones.

    También perdida en la TNM está la conexión entre Juan 8:58 y los decires de «Yo soy» de Jehová en el libro de Isaías. La mayoría de los eruditos Bíblicos que han escrito extensivamente sobre el tema concuerdan que estos decires de «Yo soy» en Isaías son aun mas pertinentes a Juan 8:58 que las palabras de Dios en Exodo 3:14. La TNM vierte estos decires como «Yo, … soy lo mismo» o «Yo soy el Mismo», los cuales además esconden el paralelo. En Hebreo literalmente se leen «Yo [soy] él», y en la versión de los Setenta fueron traducidos ego eimi, «Yo soy» (Isaías 41:4; 43:10; 46:4; 52:6; véase también 45:18).19

    Tercero, la afirmación de los TJ de que en Juan 8:58 Jesús simplemente estaba afirmando que él era mas viejo que Abraham no se ajusta al contexto. Es verdad que los Judíos señalaron que aun no tenía cincuenta años (v.57). No obstante, esto no era simplemente una solicitud para su verdadera edad (en vista de que ningún ser humano del primer siglo posiblemente podría haber vivido en los días de Abraham, aproximadamente 2000 años previamente). El tema actual de discusión a fondo en el capítulo 8 es la identidad de Jesús (Juan 8:12,18,24-25,28,53). De esta manera, la verdadera pregunta era, ¿quién creía Jesús que era, un hombre en la flor de su vida, para que pudiera afirmar que había visto a Abraham?20

    En este contexto Jesús meramente no afirma ser mas viejo que Abraham. Gabriel o cualquiera de los ángeles, o aun el diablo, podrían haber afirmado lo mismo. ¿Realmente creemos que Gabriel o el diablo pudieron decir, «Antes que Abraham viniera a la existencia, Yo soy»? La verdad es que esta declaración fue una declaración de ser eterno, de existir sin principio, en contraste a Abraham, quien tuvo un principio. Esto se ajusta al contexto en el que Jesús está afirmando ser mayor que Abraham (v.52-57). Esto también se ajusta al preciso lenguaje usado, el contrasta «fuese» [o «viniese a la existencia»] con «soy».21 Este mismo contraste, usando aun las mismas palabras, es encontrado en la traducción de la Septuaginta del Salmo 90:2, el cual dice de Jehová: «Antes que las montañas fueran traídas a la existencia … desde el siglo y hasta el siglo tu eres».22 Tal como los TJ reconocen que en el Salmo 90:2 el lenguaje usado indica que Jehová es eterno, por tanto, también deberían reconocer que el lenguaje de Jesús en Juan 8:58 indica la misma cosa acerca de él mismo.

    «Igual a Dios»

    Filipenses 2:6 en la TNM se lee con respecto a Cristo, «Quien, aunque existía en la forma de Dios, no dio consideración a una usurpación, a saber, que debiera ser igual a Dios». El argumento de los TJ aquí es que Pablo está diciendo que Jesús no era igual a Dios y que ni aun consideró el tratar de hacerse a sí mismo igual a Dios. Ellos reconocen que este versículo ha sido entendido como diciendo que Jesús era igual a Dios pero que no consideró la igualdad con Dios algo de lo cual necesitaba aferrarse, pero argumentan que la palabra harpagmos («una usurpación», TNM) no puede tener ese significado. En apoyo citan el comentario de Ralph Martin, «Sin embargo, es cuestionable el que el sentido del verbo pueda deslizarse de su verdadero significado de ‘apoderarse de’, ‘arrebatar violentamente’ al de ‘tener firmemente asido’» (Pág. 25).

    No obstante, Ralph Martin (cuyo primer libro sobre Filipenses 2:5-11 lo ha convertido en que sea considerado ampliamente como la autoridad primaria sobre la interpretación de este pasaje23) ofrece una interpretación de este versículo clave que difiere a esa de los TJ. Primero, Martin declara que «siendo en forma de Dios mira atrás a la existencia pretemporal de nuestro Señor como la Segunda Persona de la Trinidad».24

    Siguiendo, él examina las posibles interpretaciones de la frase «no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse» (Reina-Valera). Las visiones tradicionales eran que esto significaba que Cristo era igual con Dios y no consideró eso incorrecto, o que él era igual con Dios pero no se asió de ese estado. Estas visiones son consideradas inadecuadas.25 Esto nos deja con la visión de que Cristo, cuando era «en forma de Dios», no trató de agarrarse o fuertemente alcanzó la igualdad con Dios.

    Hasta donde esto pudiera, parece apoyar la visión de los Testigos; pero en su primer libro Martin hace una importante distinción que los TJ pasan por alto. Martin relaciona «igual a Dios» en Filipenses 2:6 a «igual a Dios» en Juan 5:18. Sobre la base de las expresiones paralelas en la literatura rabínica Judía, él entendió ambas expresiones queriendo decir, no la igualdad substancial de la naturaleza con Dios a esa que Cristo como la segunda persona de la Trinidad tenía desde la eternidad, sino una «igualdad» independiente por la cual habría sido un rival o un Dios rebelde. Martin concluye que Cristo era por derecho (de jure) igual a Dios en el sentido de poseer la naturaleza de Dios, y podría haber demandado que sus criaturas lo honraran como tal; pero escogió buscar la igualdad con Dios de hecho (de facto), no por medio de demandarla independientemente de su Padre, sino en lugar de eso, por medio de humillarse a sí mismo como hombre y permitiendo al Padre exaltarlo.26

    Que esta línea de razonamiento es esencialmente correcta puede ser vista del contexto circunstante. El folleto mismo de los TJ atrae la atención a un rasgo de este contexto. En Filipenses 2:3-5 Pablo dice que debemos seguir el ejemplo de humildad de Cristo y «… teniendo cada uno por superiores a los demás» (v.3 Douay, así citado en el folleto, Pág. 25); de esta declaración el folleto concluye que Cristo «tuvo a Dios como su superior» y de esta manera negó estar en algún sentido de igualdad con Dios (Pág. 26). Pero esta conclusión es exactamente lo opuesto del punto que está siendo hecho. Pablo no le está diciendo a los Cristianos que ellos son realmente inferiores a los demás (obviamente, ¡en vista de que no todo Cristiano puede ser inferior a todo otro Cristiano!), sino que deben tratarse los unos a los otros como si la persona fuera mas importante o mejor. Luego da su ejemplo supremo: Cristo realmente no era inferior a Dios y pudo haber reclamado el derecho de ser tratado como igual a Dios; pero en lugar de eso escogió hacerse a sí mismo siervo de Dios y se humilló a sí mismo como hombre hasta el grado de la muerte (v.7-8). Esto se ajusta exactamente a la doctrina de la Trinidad, en vista de que enseña que las tres personas son iguales en naturaleza pero son tan perfectos en amor que buscan glorificar cada uno a los demás antes que a sí mismos.

    El otro rasgo principal del contexto que indica que Jesús era realmente Dios es el hecho de que en los versículos 9-11 Pablo dice que Dios lo exaltó hasta lo sumo y le dio el «nombre que es sobre todo nombre», de manera que cada uno deberá confesar que Jesús es el Señor. Como señala Ralph Martin, que el lenguaje usado aquí (parafraseando las palabras de Jehová en Isaías 45:23) y el uso de la palabra Señor indican que el «nombre que es sobre todo nombre» es Señor, que el Nuevo Testamento substituye por Jehová.27

    Los TJ usualmente argumentan que esto es imposible porque si Jesús era Jehová, siempre habría tenido ese nombre, y no necesitaría ser «exaltado» por Dios o «dado» ese nombre. Pero este argumento pasa por alto el punto, que es que el Hijo de Dios se humilló a sí mismo por convertirse en hombre, y por tanto, se colocó a sí mismo en la necesidad de ser exaltado por el Padre y mostrado por el Padre que en verdad es el Señor, Jehová. Exactamente como Jesús era el Hijo de Dios, el Mesías, y el Señor al menos desde su nacimiento (Lucas 1:35; 2:11), no obstante, fue declarado o demostrado ser todas aquellas cosas por su resurrección (Hechos 2:36; Rom. 1:4), por tanto, también era Jehová, Dios en la carne constantemente, pero fue exaltado públicamente por el Padre como tal después de ser resucitado de los muertos (Fil. 2:6-11).

    De esta manera, Jesucristo no fue tampoco un dios inferior al que le fue requerido, a causa de ser una simple criatura, hacer cualquier cosas que Dios demandó, ni un Dios secundario, dependiente, quien mantuvo sus derechos como Dios sobre todo el mundo que él creó. En lugar de eso, fue el humilde Hijo de Dios, poseyendo la naturaleza de Dios y teniendo todo derecho para el reconocimiento como tal, pero voluntariamente escogiendo fuera de su gran amor humillarse a sí mismo ante al Padre y servir a Dios y al hombre como el Salvador del mundo, dependiendo del Padre para que lo exaltara acorde a su perfecta voluntad.

    Jesús como Dios: No Simplemente un Título

    Además de los pasajes discutidos hasta ahora en este capítulo, hay otros cuatro pasajes en la Biblia no discutidos en el folleto de los TJ que testifican claramente la verdad de que Jesucristo es Jehová Dios. Estos pasajes también muestran por qué es tan importante reconocer a Jesús como Dios. Estos cuatro pasajes son Tito 2:13, «… de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo»; 2 Pedro 1:1, «… de nuestro Dios y Salvador Jesucristo»; 1 Juan 5:20, el cual llama a Jesucristo «… el verdadero Dios, y la vida eterna»; y Hebreos 1:8-12, el cual llama a Jesucristo ambos, Dios y Señor.

    La traducción de los dos primeros pasajes es discutida a menudo. De esta manera, la TNM los traduce como «… del gran Dios y de[l] Salvador nuestro, Cristo Jesús» (Tito 2:13) y «… de nuestro Dios y de[l] Salvador Jesucristo» (2 Pedro 1:1). Pero la adición de la palabra del en corchetes (indicando que no está en el original Griego), intentando hacer a «Dios» una persona diferente a la del «Salvador», es incorrecta (a pesar del hecho de que algunos traductores lo han hecho así). Estos pasajes siguen exactamente la misma construcción como es encontrada en las expresiones «… de nuestro Señor y Salvador Jesucristo», «del Señor y Salvador»; (2 Pedro 1:11; 2:20; 3:2,18). Esta construcción en Griego conecta dos sustantivos con la palabra Griega y (kai) y coloca un artículo definido «del» en frente del primer sustantivo pero no enfrente del segundo (por ejemplo, «del Señor y Salvador»). En efecto, toda aparición de esta construcción, cuando los sustantivos son singulares y son sustantivos comunes describiendo personas (Padre, Hijo, Señor, Salvador, hermano, etc.), usa los dos sustantivos para referirse a la misma persona.28 De esta manera, la construcción usada, y especialmente la forma en que Pedro la usa en los otros lugares, apoya fuertemente la conclusión de que en 2 Pedro 1:1 Jesús es llamado «Dios».

    En Tito 2:13 el contexto apoya la interpretación también. Primero, la palabra Griega para manifestación (o aparición en algunas traducciones) siempre es usada por Pablo con referencia solo a Cristo (2 Tes. 2:8; 1 Tim. 6:14; 2 Tim. 1:10; 4:1,8; Tito 2:13). Esto hace sentido, en vista de que Jesucristo es la representación visible o manifestación de Dios (Juan 1:18; Col. 1:15; Heb. 1:2; etc.). Segundo, tres veces en Tito la expresión «nuestro Salvador» es usada con referencia a Dios (1:3; 2:10; 3:4) y luego, inmediatamente después, con referencia a Cristo (1:4; 2:13; 3:6). En todos estos seis pasajes, las palabras «nuestro Salvador» tienen el artículo definido Griego del en frente de ellos, excepto para Tito 2:13 (un punto pasado por alto en Español en vista de que la expresión «nuestro Salvador» en Español no puede tener la palabra del o el en frente de este). La explicación mas sencilla, si no la única, para esta omisión es que el artículo definido en frente de «Dios» («el gran Dios y Salvador Jesucristo») sirve como artículo para ambos sustantivos.

    1 Juan 5:20 termina, «… por medio de su Hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y vida eterna» (TNM). Los eruditos Bíblicos desacuerdan en cuanto a si «el Dios verdadero» se aplica aquí a Jesucristo, o al Padre cuyo «Hijo» es Jesucristo. Los TJ, naturalmente, insisten que el Padre está siendo llamado el Dios verdadero. Gramáticalmente esto es posible (aunque no para la lectura mas obvia o sencilla), pero el contexto lo indica de otra manera. La declaración «este es el Dios verdadero y vida eterna» claramente se está refiriendo a una persona como ambas, «Dios verdadero» y «vida eterna». Pero en 1 Juan 1:2 Jesucristo, quien «estaba con el Padre y nos fue manifestado», es identificado como «la vida eterna» (TNM). De esta manera, en esta carta Juan empieza y termina con una referencia a alguien llamado la «vida eterna» — y al principio de la carta esta debe ser Jesús, mientras al final la gramática muy naturalmente sugiere que está también es Jesús. Por tanto, ambos, la gramática y el contexto, apuntan muy fuertemente a la conclusión de que es Jesucristo quien es llamado «el Dios verdadero y la vida eterna».

    Estos tres pasajes muestran que uno no puede conocer a Jesús como «Salvador» como la fuente de la «vida eterna», sin también conocerlo como «nuestro gran Dios», «el Dios verdadero». Esto es solo porque Jesucristo es Dios que puede salvarnos.29

    Finalmente, Hebreos 1:8-12 es uno de los pasajes mas poderosos en la Biblia sobre el tema de Jesús como Dios. Los versículos de apertura de Hebreos ya han declarado que el Hijo era el «heredero de todo» (v.2b; Comp. Col. 1:15-17), el uno a través de quien todo fue hecho (v.2c), la «imagen misma» del mismo ser de Dios (v.3b), el que «sustenta todas las cosas con la palabra de su poder» (v.3c) y quien llevó a cabo nuestra salvación (v.3d), quien es superior a todos los ángeles (v.4), y es adorado por los ángeles (v.6). De esta manera, el Hijo ya ha sido descrito como Dios en esencia, identificado como el Creador, el Sustentador, el Propietario, y el Salvador, y le es atribuida adoración por los habitantes del cielo. No nos debiera venir entonces como sorpresa, que en el versículo 8 Dios el Padre dice «del Hijo: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo …» (traduciendo literalmente).

    Para evadir esta clara afirmación, la TNM vierte el versículo 8 como «Dios es tu trono para siempre jamás …» Sobre meras consideraciones gramaticales, esta traducción es posible, y algunos eruditos Bíblicos han favorecido esta traducción. Acorde a tal lectura, el punto de la declaración entonces es que Dios es la fuente de la autoridad de Jesús.

    No obstante, esto parece ser una forma inusual, sino completamente singular, de hacer el punto. En la Biblia un «trono» no es la fuente de la autoridad de uno, sino la posición o lugar del cual uno gobierna. De esta manera, los cielos es llamado «el trono de Dios» (Mateo 5:34). Ciertamente, Dios no deriva su autoridad del cielo, o de alguien o de algo. Pero, aun asumiendo que «Dios es tu trono» fuera entendido como teniendo ese significado, en el contexto esto no hace sentido. El escritor de Hebreos está citando el Salmo 45:6 y aplicándolo al Hijo para mostrar que el Hijo es muy superior a cualquiera de los ángeles. No obstante, si todo lo que este versículo quiere decir es que la autoridad del Hijo se deriva de Dios, esto en ninguna forma lo hace único o superior a los ángeles, en vista de que esto podría ser dicho de cualquiera de los ángeles obedientes de Dios.

    En cualquier caso, la cita siguiente del Salmo no deja lugar a la duda. Continuando hablando del Hijo, el escritor de Hebreos cita estas palabras (Hebreos 1:10-12, TNM):

    Y: Tu en [el] principio, oh Señor, colocaste los fundamentos de la tierra misma, y los cielos son [las] obras de tus manos. Ellos mismos perecerán, pero tú mismo has de permanecer de continuo; e igual que una prenda de vestir exterior todos ellos envejecerán, y los envolverás igual que una capa, como una prenda de vestir exterior; y serán cambiados, pero tú eres el mismo, y tus años nunca se acabarán.

    En el contexto del Salmo 102:25-27 del cual esto es citado, estas palabras son habladas de Jehová. Si el Hijo no era Jehová, entonces era ilegítimo para el escritor de Hebreos citar estas palabras acerca de Jehová y aplicárselas a Jesús para tratar de probar que él era superior a los ángeles. Además, lo que estos versículos dicen acerca de Jesús solamente puede ser verdad de Jehová— es decir, que él creó los cielos y la tierra (Comp. Isaías 44:24) y es incambiable y eterno por naturaleza.

    De esta manera, todo el primer capítulo de Hebreos testifica que el Hijo, Jesucristo, es Dios mismo. Esto es meramente una cuestión de poseyendo el título de Dios, aunque él tiene ese título. Es una cuestión de ser él Quien crea, sustenta, y nos salva; Aquel a quien la adoración es debida; Aquel quien merece gobernar sobre el trono por los siglos de los siglos. Todas estas cosas son solamente ciertas de Jehová Dios, y es el celo por la grandeza y calidad de único de Jehová Dios lo que demanda que estas cosas puedan ser admitidas que son ciertas de Jesús, solamente si él es en realidad Jehová.

    Jesús Como Jehová

    La cantidad de material en la Biblia apoyando la enseñanza de que Jesucristo es Jehová Dios es realmente muy tambaleante. Aquí podemos resumir solamente algunos de los principales acontecimientos descollantes.

    Ya ha sido hecho mención de Filipenses 2:9-11, el cual dice que a Jesús le ha sido dado «un nombre que es sobre todo nombre», el nombre Señor, o Jehová. Aun más claro es Romanos 10:9-13. Aquí nos es dicho que confesemos a Jesús como Señor (v.9-10), confiando que ninguno que tenga la esperanza en él, eso es, en Jesús, la roca sobre la que los Judíos tropezaron, será defraudado (v.11; Comp. 9:33), porque él es Señor para ambos, Judíos y Griegos, rico para todos los que le invocan para salvación (v.12). Luego, en el versículo 13 concluye que cualquiera que invoque el nombre del Señor será salvo. En el contexto, este debe ser Jesús, porque él es el Señor sobre todos los que deben invocarlo para ser salvos, como lo han dicho los versículos 9-12; pero la TNM traduce «Señor» aquí como «Jehová», porque esta es una cita de Joel 2:32, donde el Hebreo original tiene ¡el nombre divino! De esta manera, Jesús está identificado aquí como Jehová. Similar es 1 Pedro 2:3, el cual es casi una cita exacta del Salmo 34:8, donde el Señor es Jehová; pero de los versículos 4-8 es también claro que el Señor en el versículo 3 es Jesús.30

    Además del nombre Jehová y el título Dios, Jesús tiene otros títulos que pertenecen exclusivamente a Jehová. Jesús es el primero y el último (Apoc. 1:17; 22:13; Comp. Isa. 44:6). El es el Rey de reyes y Señor de Señores (1 Tim. 6:15; Apoc. 17:14; 19:16). Usado en un sentido espiritual en su esencia, Jesús es revelado ser Dios por tener los títulos de Salvador (Lucas 2:11; Juan 4:42; 1 Juan 4:14; Comp. Isa. 43:11; 45:21-22; 1 Tim. 4:10), Pastor (Juan 10:11; Heb. 13:20; Comp. Salmo 23:1; Isa. 40:11), y Roca (1 Cor. 10:4; Comp. Isa. 44:8).

    Jesús también recibe los honores que solo son debidos a Jehová Dios. El debe recibir la misma honra dada al Padre (Juan 5:23). También debe ser temido (Efe. 5:21), debe recibir amor absoluto (Mat. 10:37), y debe ser el objeto de la misma fe que tenemos en Dios (Juan 3:16; 14:1). Recibe oración (Juan 14:14; Hch. 7:59-60 comparado con Lucas 23:34,46; Rom. 10:12-13; 1 Cor. 1:2; etc.), adoración (Mat. 28:17; Heb. 1:6), y servicio sagrado (Apoc. 22:3).

    Jesús también posee las características o atributos únicos de Dios. Es exactamente igual a Dios, la misma imagen de su Padre (Col. 1:15; Heb. 1:3). Toda la plenitud de la naturaleza de Dios mora en Cristo corporalmente (Col. 2:9). En otro libro los TJ hacen este interesante comentario sobre Colosenses 2:9, «… El que en verdad sea ‘divinidad’, o de ‘naturaleza divina’, no hace a Jesús, como Hijo de Dios, coigual o coeterno con su Padre, tal como el hecho de que todos los humanos compartan ‘humanidad’ o ‘naturaleza humana’ no los hace coiguales ni hace que tengan la misma edad».31 Por supuesto que las personas que participan de la naturaleza humana no son de la misma edad, pero eso es en concordancia con el hecho de que todos los seres humanos tienen un principio. Pero el punto es que exactamente como un hijo humano es tan «humano» como su padre, así Jesucristo, quien es dicho en Colosenses 2:9 que es totalmente «divino», por tanto, no es menos divino que su Padre.

    La Biblia también nombra atributos específicos únicos de Dios que son poseídos por Cristo. El es autoexistente (Juan 5:26); incambiable (Heb. 1:10-12; 13:8); eterno (Juan 1:1-2; 8:58; 17:5; Col. 1:17; Heb. 1:2,12); omnipresente, un atributo que los TJ niegan aun de Dios (Mat. 18:20; 28:20; Efe. 1:23; 4:10; Col. 3:11); y más allá de la comprensión humana (Mat. 11:25-27).

    Este último punto lleva énfasis. La enseñanza Bíblica de que Jesús es Jehová, el Señor de todo, Dios en la carne, es encontrada a través del Nuevo Testamento. No obstante, permanece oculta de aquellos que buscan a Dios sobre sus propios términos, que demandan que él debe ser comprensible para ellos. Nadie puede saber que Jesucristo es el Señor Jehová aparte de la revelación del Espíritu Santo (1 Cor. 12:3). Aptamente, es el tema del Espíritu Santo al que ahora nos dirigimos.

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