Ernst Boris Chain

Ernst Boris Chain

Ernst Boris Chain nació en 1906 en Berlín (Alemania). En esta ciudad completó sus estudios hasta graduarse en Química, posteriormente su interés por la incipiente bioquímica lo llevó a trabajar en el Instituto de Patología de Berlín. Más tarde se trasladó a Cambridge (Reino Unido) y se incorporó al grupo de Frederick Hopkins (Premio Nobel de Medicina, 1922) de la Escuela de Bioquímica de Cambridge. 

Placa homenaje a Ernst Boris Chain en Berlin-Moabit, Alemania

Dos años más tarde pasó a Oxford para trabajar con Howard Walter Florey. Murió en Dublín (Irlanda) en 1979. Recibió el Premio Nobel de Medicina o Fisiología en 1945 junto a Howard W. Florey y Alexander Fleming por su descubrimiento de la penicilina, antibiótico que inició la quimioterapia antiinfecciosa moderna.
El dr. Manuel Carmona (oldearth) escribió un interesante artículo sobre este cientifico judío, donde demuestra que aunque si es un cientifico creacionista, no es un partidiario de la version creacionista Tierra Joven.
“En el listado de científicos adscritos por páginas tales como Answer in Genesis, SEDIN, ICR o incluso por instituciones defensoras del Diseño Inteligente, como el Discovery Institute, aparece Ernst Chain como presunto creacionista. Y al menos en los 3 primeros portales lo incluyen en su pensamiento YEC, ya sabéis el de la Tierra joven. Chain murió hace ya casi 30 años, con lo que no fue testigo del gran boom de la biología molecular, lo que como luego veremos, le hizo perder bastante perspectiva de hacia donde evolucionaba la ciencia. Veamos primero unas pinceladas de su vida:” Leer el resto del artículo del dr. Carmona….
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Miguel de Servet (XII)

Raíces de la teología de Servet

Miguel de Servet (XII)

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No podríamos terminar esta serie sobre Servet sin saber, aunque sea fugazmente, aquellas raíces de las ideas teológicas de Servet, que como ya hemos dicho arrancan del texto bíblico. La Restitución del cristianismo, comienza con el texto de Apocalipsis Ap 12:7. “y se desató una lucha en el cielo, Miguel y sus ángeles para pelear con el dragón”, en el que Miguel Servet es ese Miguel que lucha (πόλεμος) contra el Anticristo que no era otro que Roma, según lo entendían los reformadores de entonces. 
 
En la primera parte, “Sobre la Trinidad divina” “De Jesucristo hombre y sus falsas representaciones” el texto es de Phi 2:6-7 “en Cristo Jesús, que existiendo ya en forma de Dios, no consideró una usurpación ser igual a Dios, sino que se vació a sí mismo tomando la forma de siervo, deviniendo en semejanza a los hombres”. Tres vocablos usa Servet en una larga refutación para afirmar la forma divina de Cristo, desde la eternidad, junto con su gran humildad de espíritu. La palabra “forma” es igual en ambos casos que aspecto yfigura, sin embargo significa “igualdad” y es “semejanza”. También el sustantivo que se traduce por usurpación tiene el sentido de “rapto” o “robo” pero este se descarta por tener un sentido negativo. Cristo es el Hijo de Dios, Cristo es Dios por ser la forma, la especie de Dios que tiene en si la potencia y la virtud de Dios.   

Otra palabra que usa Servet es “economía de Dios” o, según Ireneo y Tertuliano, de tres modos de administración o disposición de la Trinidad. Término original que nos remite a reparto o distribuciónde tareas como en una casa o de una misma entidad. Servet analiza también otros dos términos: “hacienda” y “poder”. Los textos son Lucas 15:12 “Padre, dame la parte correspondiente de la hacienda”Juan 12:2“Padre..pues le has dado potestad sobre toda carne para que dé vida eterna a todos los que le diste.” Mat 28:18“Jesús se acercó y les habló diciendo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”” 

En el libro segundo, desarrolla Servet algunos pasajes entre los que destaca la explicación del Logos, como Palabra o Sabiduría de Dios, que se identifica con Jesucristo, pero que a veces Servet la usa en sentido de economía como Ireneo y Tertuliano, definiendo Palabra como dispensación o disposición divina. Juan 1:1En el principio era el logos. El Logos era (…) la locución, la expresión en el sentido propio del verbo, que significa, digo, hablo. El mismo Cristo con la palabra es esplendor o representación luminosa. Será en el libro tercero el que desarrolla un discurso en lenguaje filosófico con términos que desarrollan la relación eterna entre la Palabra y el hombre Jesús, su persona, su imagen. Entiende Servet como aspecto o figura en el sentido de persona como modo de manifestación, pero muy diferente del latín donde persona originalmente es máscara teatral (per-sonare) y del verbo parecerse.” El Logos era la representación, la razón ideal de Cristo que relucía en la mente divina, el resplandor del Padre. El Logos, como sermo externus, se manifestó en la creación del mundo y en todo el Antiguo Testamento; como persona, en Cristo. Por eso está escrito: Iesus Primogenitus omnium creaturarum. La creación fue la prolación del Verbo como idea, porque el Verbo es el ejemplar, la imagen primera o el prototipo a cuya imagen ha sido hecho todo, y contiene no sólo virtual, sino realmente, todas las formas corpóreas. Y como Cristo es la Idea, por Cristo vemos a Dios: in lumine tuo videbimus lumen; es decir, por la contemplación de la Idea. Y así como en el alma humana están accidentalmente las formas de las cosas corpóreas y divisibles, así están en Dios esencialmente. (Menéndez y Pelayo, 2007, pág. 650) 

“Sobre la filiación de Cristo, al igual que fue declarado hijo de Dios, con todo poder, por su resurrección, es dado al hombre un nuevo espíritu de adopción (establecer). Y otro paralelismo para el carácter de fuerza, poder tanto del reino de Dios como del Hijo, cuya expresión con el mismo sintagma Servet enfatiza.” Tres textos usa Servet fundamentalmente: Rom 8:15.“Pues no recibisteis el espíritu de esclavitud para el temor de nuevo sino que recibisteis el espíritu de adopción en el que clamamos Abba, Padre”. Rom 8:15. También el de Mc. 9:1“En verdad os digo que hay algunos de los aquí presentes que no probarán la muerte hasta que vean llegar en poder el reino de Dios”Rom 1:4. “definido Hijo de Dios con poder según el espíritu de santidad a partir de la resurrección de entre los muertos”

El libro tercero “En que se explican la prefiguración de la Persona de Cristo en la Palabra, la visión de Dios y la hipóstasis de la Palabra”, desarrolla la relación eterna entre la Palabra y el hombre Jesús, su persona, su imagen. Entiende Servet del texto 2ª Cor 4:6“para hacer resplandecer el conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo”, en el sentido de persona como de manifestación, muy distinto al significado original latino de persona, máscara teatral. «Cuanto hay en el mundo, si se compara con la luz del Verbo y del Espíritu Santo, es materia crasa, divisible y penetrable. Esa luz divina penetra hasta la división del alma y del espíritu, penetra la sustancia de los ángeles y del alma y lo llena todo, como la luz del sol penetra y llena el aire. La luz de Dios penetra y sostiene todas las formas del mundo, y es, por decirlo así, la forma de las formas”. “Dios es incomprensible, inimaginable e incomunicable; pero se revela a nosotros por la Idea, por la persona,en el sentido de forma, especie o apariencia externa. Dios es la mente omniforme y de la sustancia del espíritu divino emanaron los ángeles y las almas; es el piélago infinito de la sustancia, que lo esencia todo, y que da el ser a todo, y sostiene las esencias de todas las cosas. La esencia de Dios, universal yomniforme, esencia a los hombres y a todas las demás cosas. Dios contiene en sí las esencias de infinitos millares de naturalezas metafísicamente indivisas.” 

Con estos simples ejemplos de su crítica filológica, teológica y textual, queremos que nos sirvan para ilustrar la profundidad del pensamiento de Servet y la importancia del pensamiento protestante y reformado, pues no solo nos sobrepasa el dato histórico, sino que tampoco sabríamos definir bien todo un pensamiento tan revolucionario e ingente.(*) 


*) Para una consulta más exhaustiva de la exégesis bíblica de Servet ver “Miguel Servet, Restitución del cristianismo,”(ed. de Ángel. Alcalá, F.U.E., Madrid 1980)   

Manuel de León es escritor e historiador

Miguel de Servet (XI)

Servet y la polémica de la Trinidad

Miguel de Servet (XI)

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La afirmación de los escritos de Servet (el libro Christianismi restitutio con las treinta Cartas a Calvino y una Apología contra Melanchton), en resumen es que Cristo no es eterno. Lo que es eterna es la intención del Padre de engendrar al Hijo y de un modo más sublime del que somos nosotros engendrados por Dios.” (Bas, 2004, pág. 69). 
 
En el libro Christianismi restitutio con las treinta Cartas a Calvino y una Apología contra Melanchton, impugna Servet lo que él considera errores de los luteranos y hace notar la contradicción en que incurrían persiguiéndole después de haber rechazado el yugo de Roma. Es en estas cartas donde se concentra la dialéctica del debate teológico, con el propósito de “restituir el verdadero cristianismo”. En las ocho primeras el tema nuclear es la Trinidad.   

Ya vimos en el artículo anterior el contenido de las cartas primera, segunda y tercera. En las cartas cuarta y quinta se lee: “Crasa herejía mía piensas que es ésta de creer que Jesús hombre es verdadero y natural prefigurado en la Palabra y en el Espíritu pues “Dios se hizo perceptible por la Palabra y el Espíritu”. O también: “Te molesta también que… haya llamado etérea a la forma humana del Cristo, según la cual estaba él en la forma de Dios. Pero préstame un poco de atención…: Como ahora es verdaderamente real lo que antes era figurado, así es ahora verdaderamente natural al hombre Cristo aquella forma que antes por disposición de Dios estaba figurada en la Palabra”. 

Con lo cual Servet afirma que el Cristo Hijo de Dios tenía que ser hombre y no otra forma existencial. Y para ello presenta diez argumentos o “inducciones”. 

En la carta sexta se lee: “Ni en la creación ni en la encarnación se realizó cambio alguno de Dios, sino una manifestación de su sustancia. En la creación se hizo visible Dios, abrió su tesoro, las puertas de la eternidad, pero no por eso hay que decir que ha cambiado de algún modo… y en la Encarnación no se mudó la Palabra, sino que la carne asumida se transformó en Palabra. La idea del Cristo antes imperceptible se hizo perceptible, visible y tangible como cuerpo de la Palabra. Una forma del hombre, fulgor divino, quien como hombre había de ser visto y como hombre se mostraba. También el espíritu divino existente arquetípicamente… se hizo perceptible tras la creación y lo llenó todo. Pero todo esto no arguye acción real alguna de Dios hacia sí mismo ni inspiración alguna, sino hacia las criaturas… Ahí tienes la verdadera igualdad entre Hijo y Espíritu Santo… El mismo tipo de manifestación correspondía también en la creación de la Palabra y al Espíritu sin alteración de sí mismo: señalaba la Palabra para ser vista externamente, comunicaba el Espíritu interiormente… ahora en el cuerpo del Cristo está toda y totalmente la plenitud del Padre y del Espíritu. ¿Entiendes toda esta gloria de Cristo? ¿Qué el Hijo contenga plenamente la Palabra y el Espíritu hipostáticamente? ¿Entiendes además cómo fue en otro tiempo hijo en potencia formal quien ahora es en acto?”. (Bas, 2004, pág. 69) 

Se le ha acusado de panteísmo a Servet por expresiones como estas: “Dios está en todas partes, lleno de la esencia de todas las cosas”. De tal modo contiene la esencia de todas las cosas, que con su sola esencia, sin otra criatura puede mostrársenos como fuego, viento, piedra…flor u otra cualquiera”. “Dios ni cambia de lugar ni se muda por manifestar nuevas formas, se trata de nuevos modos de dispensación o manifestación divina”. 

En la carta séptima escribe: “Es de dominio vulgar que en Dios no hay accidentes y que nada le acaece, por más que ciertos sofistas pongan en su Trinidad ciertas relaciones, entidades imaginarias, que a nada responden en la realidad”. (Se refiere a las relaciones de paternidad, filiación y procesión con que la escolástica intenta explicar la vida trinitaria y es proclamada por todos los cristianos desde antes del Concilio de Nicea). También: “Todo lo que acaece en la naturaleza siempre le acaece a Dios, en Dios recae; no se disipa, sino que Él lo asume. Mas no se altera Dios por eso: son las cosas que acaecen las que se alteran”. “Ningún absurdo contiene todo esto… Que ponéis varias mutaciones en Dios mismo os lo demostraban con toda eficacia Arrio y Macedonio contra todos vosotros, sofistas”. “Arrio y Macedonio dijeron que Dios no engendró Hijo en sí, sino fuera de sí, e hicieron del Espíritu Santo una mera criatura”. “Otro es el camino de la verdad, no conocido de los metafísicos, sino de los idiotas y los pescadores, que enseña que el Hijo de Dios verdaderamente engendrado es el hombre cuya generación se consumó en María. Todas las acciones reales de Dios son hacia las Criaturas. Por esta razón, Dios hizo desde la eternidad en sí mismo y engendró lo que reflexionando constituyó en sí. Decretó una Palabra príncipe y un Espíritu príncipe, sin esas acciones reales vuestras, y al decretarlos así, engendró por ellos a este hombre. La única generación era en Dios el decreto de la generación que tendía a la generación, y la única creación, el que a la creación”. (Bas, 2004) 

En la carta octava, Servet, basándose sobre todo en Prov.8 Pro 8:22 “Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras. Pro 8:23 Eternamente tuve la primacía, desde el principio, antes de la tierra. Pro 8:24 Fui engendrada antes que los abismos, antes que existieran las fuentes de las muchas aguas. Pro 8:25 Antes que los montes fueran formados, antes que los collados, ya había sido yo engendrada, Pro 8:26 cuando él aún no había hecho la tierra, ni los campos, ni el principio del polvo del mundo”. En particular en los versículos 22-25, así como en otros textos, identifica la “sabiduría” bíblica con aquel “relumbrar al hijo futuro” de Dios (Carta I) y con la “prefiguración” de Cristo en Dios (Carta IV). “En consecuencia, sabiduría era el predesignio y referencia del Cristo, que contenía todas las cosas en Dios y se había de comunicar a todas las gentes”, y “ahora es el Cristo mismo… y es también la definición de las cosas en el Cristo”. Hay que precisar que “Palabra” y “Espíritu” entendidas estas tradicionalmente por las dos personas de la Trinidad – Hijo y Espíritu Santo- para Servet son tan solo aspectos de Dios, correspondientes a dos modos de dispensación. La “Palabra” manifiesta a Dios en el universo y el Espíritu vivifica y da aliento. Jesús hijo de María es la encarnación de la Palabra, pero como es concebido por obra del Espíritu Santo es hijo de Dios, aunque no eterno, puesto que tuvo un nacimiento dentro del tiempo. Terminará diciendo Servet: “Los filósofos inventaron una tercera entidad desvinculada de los otros dos y realmente distinta, que llaman tercera persona o Espíritu Santo y, de este modo, maquinaron una trinidad imaginaria, tres entidades en una sola naturaleza… como yo no quiero hacer un mal uso del término “personas”, las llamaré primera entidad, segunda entidad, tercera entidad, pues en las Escrituras no encuentro ningún otro nombre para ellas… los que admiten esas tres personas, admiten absolutamente pluralidad de seres… de entes… de esencias… de substancias, de ousias, y en consecuencia, entendiendo rigurosamente la palabra de Dios, habrá para ellos pluralidad de Dioses”. “Y si esto es así…, nosotros somos triteístas y para nosotros Dios es tripartito: nos hemos convertido en ateos, esto es, sin Dios”. 

Termina Josefina Bas el análisis de la Trinidad en la obra de Servet con este comentario: “Hay que decir que la doctrina relativa a la Trinidad no podrá jamás presumir del derecho de ser una comprensión adquirida sobre Dios. Será más bien una afirmación límite, un gesto indicador que señala a lo Inefable, pero nunca una definición encasillada en los ficheros del conocimiento humano, ni siquiera de un concepto que sitúa a la cosa en el radio de captación del espíritu humano” (Diccionario Teológico). Así pues, como dice San Agustín, “busquemos con el ánimo del que está a punto de encontrar y encontremos con el ánimo del que está buscando todavía. Cuando se comprende esto, al final la última palabra de nuestras palabras se hace silencio y la primera palabra de nuestro silencio se hace adoración”. Añadimos, de nuestra parte, esa especial devoción al Servet que quiere asimilar toda sabiduría divina emanada de la Biblia y aunque entendemos que para Servet, Jesucristo es hecho hombre por Dios Padre y su naturaleza humana le impide ser Dios y participar de la eternidad del Padre, no minusvalora la importancia de Cristo. “Yo no separo a Cristo y a Dios más que una voz del hablante o un rayo de sol. Cristo es el Padre como la voz en el hablante. El y el Padre son una misma cosa, como el rayo y el sol son la misma luz. Un tremendo misterio hay, por lo tanto en que Dios pueda unirse con el hombre y el hombre con Dios. Una sorprendente maravilla, en que Dios haya tomado para sí el cuerpo de Cristo con el fin de hacer de él su morada especial.(59b). Y porque su Espíritu era totalmente Dios, es llamado hombre, lo mismo que por su carne es llamado hombre. No os maravilléis de que lo que vosotros llamáis humanidad yo lo adore como Dios, pues habláis de la humanidad como si estuviera vacía de espíritu y pensáis en la carne según la carne. No sois capaces de reconocer la calidad del Espíritu de Cristo, que confiere el ser a la materia: El es el que da vida cuando la carne nada aprovecha.” (59a) 

Manuel de León es escritor e historiador

Miguel de Servet (X)

La Trinidad según Servet

Miguel de Servet (X)

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Servet participa de varias inspiraciones características de la Reforma, pero con geniales muestras de originalidad. Opera en la base su convicción, a la vez experimental y teórica, de la corrupción del cristianismo oficial, debida no sólo a la general aquiescencia en los vicios personales y colectivos, sino a la «caída de la Iglesia» desde tiempos de Constantino por la unión del genuino espíritu cristiano con la fuerza del poderío material de los Estados y del dinero; por la contaminación de la «simple religiosidad» y la «simple vía de la verdad» con elementos filosóficos paganos a ellas ajenos; por la proclamación como dogmas de doctrinas antievangélicas —sobresalientemente, la Trinidad, y secundaria pero sintomáticamente, el bautismo de niños incapaces de tener fe personal—; por la preeminencia de la actitud autoritaria, sobre la guía y el mero consejo, en la conducta secular y persistente de la jerarquía burocratizada; por el ejercicio de un culto paganizante, ostentoso y sin margen para la interioridad.” ((GEA), 2000) 
 
La inquietud de Servet por entender y encajar este misterio de la Trinidad en las Sagradas Escrituras, le llevó con apenas veinte años a escudriñar los textos sagrados y los textos patrísticos en busca de una evidencia, acerca del misterio de la Trinidad. Servet advierte que la Biblia no contiene ninguna referencia a la Trinidad, lo cual le inquieta más de lo normal por lo que se siente obligado a esa “restauración del cristianismo” desde el principio de “ecclesia semper reformanda”.    

Pero para una mente tan inquieta, dicho dogma trinitario resulta incomprensible e incompatible con el monoteísmo cristiano y para profundizar en el tema Servet le dedica básicamente tres de sus obras. La primera, bajo el título “Sobre los errores de la Trinidad” (De Trinitatis Erroribus) fue impresa en Estrasburgo en 1531. Un año después aparece un nuevo tratado sobre el mismo tema “Dos Diálogos sobre la Trinidad” (Dialogorum de Trinitate, libri duo). Finalmente, en la obra que constituye el compendio de su sistema teológico, “La Restitución del Cristianismo” (Christianismi Restitutio- 1553), Servet le dedicará al tema de la Trinidad siete libros, además de las cartas con los Reformadores. 

La madurez intelectual de Servet coincidía con la publicación de su obra cumbre, Christianismi restitutio (1552-53), compendio de su saber teológico, filosófico y también científico. Pero está claro que lo hacía partiendo de la Biblia, única autoridad, única regla de creencia, pero también conteniendo la sabiduría y toda filosofía necesaria para que la vida no sea una ficción, vanidad, ni mentira. La tarea que Servet se había echado sobre sus hombros era triple: primero, desarrollar sus tesis acerca de la Trinidad, la Iglesia y el hombre; segundo, sistematizar la teología cristiana con ciertas fuentes filosóficas paganas; y en tercer lugar, agrupar dentro de este sistema sus investigaciones en el estudio del cuerpo humano. 

Servet sabe el valor de la palabra para representar una idea y por eso usará un verdadero florilegio de términos y verbos con sus formas. Fundamentalmente deduce que “todo es uno, porque en Dios, que es inmutable, se reduce a unidad lo mudable, se hacen las formas accidentales una sola forma con la forma primera, que es la luz, madre de las formas; el espíritu y la luz se identifican con Dios, las cosas con sus ideas, y las ideas con la hipóstasis primera; por donde todo viene a ser modos y subordinaciones de la divinidad”. De todos modos este modalismo servetiano no es el que se opone fuertemente al trinitarismo como iremos viendo. 

Se completa el libro Christianismi restitutio con las treinta Cartas a Calvino y una Apología contra Melanchton, en la que impugna el errores de los luteranos y hace notar la contradicción en que incurrían persiguiéndole después de haber rechazado el yugo de Roma. Es en estas cartas donde se concentra la dialéctica del debate teológico, con el propósito de “restituir el verdadero cristianismo”. En las ocho primeras el tema nuclear es la Trinidad. En la primera carta Servet mantiene que solo puede llamarse “hijo engendrado” aquel que es de forma natural de la sustancia del padre en una madre y que por tanto, llamar a Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, solo puede ser en sentido metafórico, aunque “la sabiduría divina conformadora de todo” en cuanto a Cristo “era el relumbrar al hijo futuro y tendía sustancialmente a la generación del Hijo”. En la segunda carta reitera la imagen del rayo de luz para explicar cómo procede el Hijo del Padre. De este párrafo Calvino deduce que Servet afirma que en Cristo tiene que haber dos personas en las dos naturalezas (nestorianismo) y también le acusará de monofisismo, esto es de una sola naturaleza. Pero en esta carta describirá la Trinidad así: “Se trata de la tricéfala ilusión del dragón que a instancias del reino del Anticristo se introdujo furtivamente entre los sofistas… De verdad, esos tres son los espíritus diabólicos de los que están poseídos quienes reconocen a la Trinidad de la Bestia”…”Falsos son, pues, esos dioses invisibles de los trinitarios, falsos como los dioses de los babilonios. Y más aún porque esos tres dioses son adorados en Babilonia”, refiriéndose a Roma y el Papado. “La carta tercera empieza así: “Varias veces te he aconsejado que no admitas en Dios esa gran monstruosidad de tres realidades, tan imposible… no probada por ningún testimonio de Escritura”. Para Servet “Cristo es Hijo de Dios según el Espíritu”. 

Su afirmación, en resumen, es que Cristo no es eterno. Lo que es eterna es la intención del Padre de engendrar al Hijo y de un modo más sublime del que somos nosotros engendrados por Dios.” (Bas, 2004, pág. 69). 

Manuel de León es escritor e historiador

Miguel de Servet (IX)

La Trinidad en tiempos de Servet

Miguel de Servet (IX)

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Aunque solo sea de paso, mencionar algunas posiciones que fueron conformando el concepto trinitario. Después de Nicea el problema a desarrollar era la consubstancialidad del Hijo con el Padre contra el arrianismo y el semiarrianismo. También la consubstancialidad del Espíritu Santo con el Padre y con el Hijo. Sería San Agustín con su obra De Trinitate el máximo de la especulación cristiana. 

 

El “monarquismo adopcionista” enseñará que Cristo es puro hombre, aunque nacido sobrenaturalmente de la Virgen María por obra del Espíritu Santo. En el bautismo de Jesús, Dios adoptó a Cristo como Hijo y le concedió poder divino. El “monarquismo modalista” mantendrá la divinidad de Cristo, pero mantiene la unipersonalidad de Dios y por tanto el Padre se hizo hombre y padeció por nosotros. El arrianismo dirá que el Logos no existe desde la eternidad, no fue engendrado del Padre, pero será la primera criatura sacada de la nada por Dios antes que las demás. El obispo Macedonio de Constantinopla dirá que el Espíritu Santo era una criatura y un ser espiritual subordinado como los ángeles. El nestorianismo también debatiría la doctrina de la divinidad y humanidad de Cristo. Para ellos hay dos personas en Jesucristo, la del Verbo y la del hombre. El hijo de María es distinto del Hijo de Dios. Por tanto si hay dos naturalezas en Cristo existen en Él dos personas. La unión de estas dos naturalezas se realiza de una manera accidental, pues el hombre Cristo no es Dios, sino portador de Dios.   

El monofisismo en su lucha contra el nestorianismo cayó en el otro extremo, es decir que en Cristo no había más que una persona y una única naturaleza, haciendo verdaderas piruetas dialécticas para explicar cómo la divinidad y la humanidad se unían para formar una sola naturaleza. No hemos de olvidar que esta misma palabra “naturaleza” se discute en los círculos más selectos del pensamiento y la acción social, pues “naturaleza humana” y “derechos humanos” no explican la complejidad del ser humano. Entonces unos monofisitas proponían que la naturaleza humana de Cristo se transformaba en la naturaleza divina o que era absorbida por ella, mientras otros proponían la unión de las dos naturalezas para formar una tercera. La edad Media propuso también la cuaternidad, es decir, tres Personas y además la divinidad. Otros como Joaquín de Fiore conciben la unidad de las tres divinas personas como unidad colectiva, estando más próximo al concepto de “elojim” “uno en el que hay varios”. 

El mismo Lutero también censurará la terminología trinitaria, aunque mantiene la creencia en el misterio y es aquí precisamente donde se inicia el enfrentamiento con Miguel Servet. Para los reformadores protestantes, la fórmula trinitaria pertenece al depósito de la doctrina eclesiástica y por tanto no hay más explicaciones en términos que se asemejen a la escolástica. Cualquier moda teológica, como pretendía imponer con su brillantez dialéctica Servet, sería para Felipe Melanchton algo rechazable puesto que la Iglesia antigua ya lo había asentado. 

Cuando en 1531 se publica de Trinitatis erroribus y en 1553 el Christianismi restitutiola novedad servetiana de la Trinidad dejaba de ser la explicación de esencia, naturaleza, sustancia, hipóstasis y persona, para ser tres modos distintos de la manifestación del Ser absoluto. Por tanto no es el concepto del socianismo (Fausto Sozzini -1604) en el que presenta a Dios de manera unitarista, excluyendo la pluralidad de personas, ni de la teología racionalista que considera a las personas divinas como meras personificaciones de atributos divinos como poder, sabiduría, bondad. Servet parece fijarse exclusivamente en el Cristo histórico y como dirá Ángel Alcalá es necesario “equilibrar el relativo antitrinitarismo de Servet. 

Relativo, pues admite que Dios -que, en el sentido filosófico de la palabra persona, es una sola, como el de judíos e islámicos- tiene dos manifestaciones primarias suyas, dos personas en el sentido clásico de funciones o manifestaciones activas. Nada sabríamos de Él, el eterna y trascendentemente escondido, nos dice, si no se nos hubiera manifestado por su palabra creadora (continuada en la evangelizadora de Jesús, su hijo en el tiempo, no en la eternidad) y si al cosmos así creado y a nuestra alma por Cristo redimida no nos comunicara su espíritu, principio de vitalidad y de santidad. 

Bien está recordar que muy otra es la doctrina que se dogmatiza desde el siglo IV, pero a Servet, que aun a las más arduas cuestiones aplica su radicalismo intelectual, no le arredran las interpretaciones tradicionales. Indagando por su cuenta, llega a la conclusión de que el sentido simple y profundo de los textos bíblicos fue traicionado cuando les sobrepusieron elucubraciones filosóficas y gnósticas del neoplatonismo helenístico. Para él, el cristianismo trinitario, con todas las secuelas que conlleva, es una corrupción, y de ella, en la cual especialmente Roma está sumida, debe contribuir él, nuevo arcángel Miguel, a sacarla para ¨restituir el cristianismo¨ y devolverlo a su autenticidad.” (Alcalá Galve, 2004, pág. 10) (GEA, 2000) 

Manuel de León es escritor e historiador

Miguel de Servet (VII)

Servet, condenado a muerte

Miguel de Servet (VII)

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En el juicio contra Servet el carácter del juicio cambió, de un énfasis sobre la herejía a un énfasis sobre la sedición. Para perseguir esta línea de ataque, el procurador de la República, Claudio Rigot, lo elevó a procesamiento. El 22 de septiembre de 1553, Servet envió una petición al Consejo, preguntando si Calvino estaba siendo enjuiciado por acusarlo falsamente de no creer en la inmortalidad del alma. 

 

Esto no fue considerado por el Consejo, como Servet sospechaba. El 10 de octubre él hizo uno nuevo intento; es obvio que su espíritu se consumía de soledad: Señores magníficos. Hace tres semanas que pedí una audiencia, pero no me la han concedido. Le imploro, por el amor de Jesucristo, no negarme la justicia, la que usted no negaría ni a un turco. Tampoco han hecho nada para darme más comodidad aquí en esta celda, y estoy ahora más desgraciado que nunca. El frío severo agrava mi cólico y dolores y me causa otras miserias las que me avergüenzo de describir. Por el amor de Dios, señores, no tarden más.   

Las tardanzas de las que Servet se quejaba no eran quizás completamente deliberadas por parte de sus captores. A primeros de septiembre el Consejo había enviado las copias de los registros del juicio a los pastores de las iglesias en cuatro cantones. Las respuestas, que finalmente fueron recibidas en Ginebra el 18 de octubre, estaban (no sorprendentemente) con el acuerdo unánime que Servet era culpable: 

La Iglesia de Berna diría: “De mil modos Satán procura obscurecer la luz de verdad con una niebla de dogma pernicioso. Este Servet se considera libre de todas las doctrinas esenciales de nuestra religión, y completamente corrupto, esta reanimando el veneno de los herejes antiguos. Rezamos que con la ayuda de Dios ustedes pueda poner sus propias Iglesias y otras, más allá del alcance de este hombre molesto.” 

La Iglesia de Zúrich: “Pensamos que ustedes deberían proceder contra este hombre con mucha fe y celo en particular, ya que nuestras Iglesias tienen la mala reputación en el extranjero de que son heréticas y favorables a la herejía. Pero Dios, en Su providencia santa, en esta hora le da la oportunidad de liberar a todos nosotros de una sospecha tan hiriente. No dudamos que sus señorías sepan cómo prevenir la generalización del veneno de este hombre. 

La Iglesia de Schaffhausen: “No dudamos que ustedes reprimirán a este Michael Servetus según su prudencia loable, no sea que sus blasfemias consuman, como una gangrena, la Iglesia de Cristo. Convenir en razonamientos largos para derrocar sus errores sería como complacer a un idiota en su propia locura.” 

La Iglesia de Basilea: “Sabemos que ustedes no fallarán, en la prudencia cristiana o en el celo santo, remediar este mal que ya ha causado la ruina de muchas almas. Servet es peor que todos los herejes antiguos combinados, ya que él vomita todos sus muchos errores por una boca blasfema. Como una serpiente él silba sus maldiciones contra aquel siervo sincero de Dios, Juan Calvino. Si él rechaza abandonar sus opiniones perversas, usen ustedes el poder de Dios para que él nunca más pueda preocupar la Iglesia de Cristo. El Señor ayude a ustedes, para tal objetivo por Su espíritu de poder y sabiduría.” 

El 26 de octubre de 1553, el Consejo votó para condenar Servet a la muerte. La mañana siguiente fue traído ante los ciudadanos de Ginebra, en las puertas de la Casa de la ciudad. Desde un balcón, encima de la muchedumbre, sus muchas herejías fueron enumeradas con un detalle insoportable, y la invocación fue pronunciada: “Los jueces en los casos criminales de esta ciudad de Ginebra, que ha considerado el caso traído ante nosotros contra usted, Michael Servetus de Villanueva, en el reino de Aragón en España, es para nosotros claro y evidente que usted ha mantenido por largo tiempo doctrinas falsas y claramente heréticas. Más aún, con su obstinación malévola y perversa usted ha rechazado toda la reprobación amistosa y la corrección, y ha promulgado y ha diseminado sus doctrinas heréticas hasta haber producido libros impresos contra Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo, y contra todos los principios verdaderos de la religión cristiana. Usted así ha procurado causar el cisma y el problema en la Iglesia de Dios para arruinar y destruir las almas y el sobresaltar con escándalo y pestilencia. Usted no ha tenido ninguna vergüenza, ni horror para atacar con audacia a la Majestad Divina y la Trinidad Santa, y usted obstinadamente ha sido empleado en la infección del mundo con sus herejías y el veneno ofensivo herético. Para estas y otras razones, y deseando purgar la Iglesia de Dios de tal infección y cortar por ello a Dios un miembro tan corrupto y preservar Sus Escrituras Sagradas, por la presente damos, en nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, nuestro voto definitivo contra usted: “Condenamos usted, Michael Servetus, ser atado y conducido a la colina de Mascados, allí ser sujetado a una estaca y quemado vivo, hasta que su cuerpo ser reducido a cenizas. Así va usted a terminar sus días, proporcionando un ejemplo a los otros que podrían desear cometer parecidas herejías.” 

Servet entonces fue tomado fuera de las paredes de Ginebra a la cumbre de la pequeña colina llamada Mascado. Una gran procesión de ciudadanos de Ginebra, con los funcionarios de ciudad, seguidos detrás de él. Allí le dieron una oportunidad final de retractarse sus herejías -al menos él podría tener una posibilidad final en el Cielo-. Él lo rechazó. Mientras la institución del clero de Ginebra cantaba invocaciones apropiadas al Cielo, Miguel Servet moriría en la estaca hasta convertirse en cenizas.” (Longhurst, 1969, pág. 73). 

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