– financiamiento para minorías religiosas.

Madrid, España – El Gobierno financiará a las confesiones religiosas minoritarias en 2009 con un total de cinco millones de euros con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, la misma cantidad que recibieron durante el ejercicio anterior.

En los últimos años, y como se refleja en la memoria de la Fundación Pluralismo y Convivencia, que se encarga de las minorías religiosas, la cifra ha ido subiendo progresivamente. Así, en 2005, las confesiones minoritarias -judía, musulmana y evangélica- se repartieron 3,5 millones de euros; en 2006, 4 millones; en 2007, 4,5 millones, y en 2008, 5 millones. En cambio, para el año que viene el Gobierno mantendrá la cantidad del ejercicio anterior.

 

De la financiación correpondiente a 2009, aproximadamente el 85% irá destinada a proyectos educativos y sociales; el 5%, a investigación y sensibilización, mientras que el 10% se destinará a funcionamiento interno, según informaron a Europa Press fuentes del Ministerio de Justicia.

La Fundación Pluralismo y Convivencia, creada por el Gobierno en octubre de 2004 y dependiente del Ministerio de Justicia, tiene como fines “la promoción de la libertad religiosa, ser un espacio de pensamiento y debate sobre la cuestión, y promover la normalización del hecho religioso en la sociedad”.

Para el desarrollo de estos fines, la Fundación Pluralismo y Convivencia trabaja en tres ámbitos preferenciales: con las confesiones minoritarias, “apoyando a sus órganos representativos y a sus comunidades”; con la sociedad en general, “como espacio de cohesión social y convivencia”, y con las diferentes administraciones públicas españolas, “como garantes de derechos y gestores de la diversidad y la pluralidad en el territorio”.

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Apologética católica XXIV

Apologética católica XXIV

LAS RELIQUIAS

 ROMA VENERA, según ella dice, pero en realidad adora, como ya hemos visto, un gran número de reliquias. La mayor parte de ellas se supone que son huesos de los ‘santos’; pero además de éstas hay muchas otras, por ejemplo, parte de las tablas de la ley dada a Moisés (Exo. 34:27, 28), las varas de Moisés y de Aarón (Exo. 7:9 y Núm. 17:10), la mesa a que Jesús y sus discípulos se sentaron para la última cena (Mat. 26:26-28), muchos pedazos de la verdadera cruz, las espinas de la corona que le pusieron (Juan 19:5), los clavos en que pendió de la cruz, la tabla en que fue escrita la inscripción (Juan 19:20), la esponja que el soldado romano empapó en vinagre (Juan 19:29), la punta de la lanza que fue introducida en su costado (Juan 19:34), sus vestiduras interiores y exteriores (Juan 19:23, 24), su túnica (Marcos 15:46), y las cabezas de Juan el Bautista, Pedro y Pablo. Aunque muchas de éstas han sido adoradas por cientos de años, muchas de ellas no pueden menos de ser espurias. Si se pusieran juntas las partes de la verdadera cruz, pasarían con mucho el tamaño de la cruz original. Aunque probablemente no se usaron mas de tres o cuarto clavos en la crucifixión, andan circulando por ahí catorce. En el costado de nuestro Señor no se introdujo más que una lanza, y sin embargo existen cuatro. Jesús no tuvo más que una vestidura sin costura, y la iglesia de Roma conserva tres. También existen dos cabezas de Juan el Bautista, una en Roma y la otra en Amiens. La Enciclopedia Católica y otros libros que escriben de estos asuntos admiten que muchas de estas reliquias son espurias, y sin embargo se las conserva para ser adoradas. Para esto se alegan varias excusas.

1.      La gran dificultad que hay para decidir cuál es la verdadera y cuáles son espurias.

2.      Al tratar de averiguar cuál es la falsa, se podrían rechazar y deshonrar las que son verdaderas, de modo que lo mejor es dejar las cosas como están, según dijo el Señor al hablar de la cizaña.

3.      Si la iglesia admitiera que algunas reliquias son espurias, no podría evitar cierta pérdida de estimación y el reproche.

4.      ‘En realidad, no importa mucho si las reliquias no son auténticas, pues la reverencia se tributa al santo.’ (Buzón de Preguntas, página 373.)

5.      Los laicos dicen: Puesto que la decisión de los asuntos de fe y conducta pertenece a los papas y los obispos, lo mejor es dejar el asunto en sus manos.

De esta manera Roma continúa apoyando lo que sabe que es parcialmente falso, y al hacerlo así favorece el culto que está prohibido por las mismas Escrituras, cuya autoridad divina reconoce.

Sin embargo, trata de hallar apoyo en la Biblia para la “veneración” de las reliquias, pero con muy pobre resultado.

1.      Como ejemplo se citan los huesos de José, de que se habla en Exodo 13:19. “Tomó también consigo Moisés los huesos de José, el cual había juramentado a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis subir mis huesos de aquí con vosotros.”

Pero observemos los hechos. José había pasado en Egipto los ciento diez años de su vida, menos diecisiete, después de haber sido vendido como esclavo. Durante todos esos años, primero en el sufrimiento y la opresión y después en la grandeza y gloria como virrey, no había abandonado nunca su fe en Dios, ni había perdido la esperanza de volver a la tierra que Dios había prometido a sus mayores. Al acercarse el día de su muerte, dijo a sus hermanos: “Yo me muero; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de aquesta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac, y a Jacob…. Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos” (Génesis 50:24, 25).

Volvamos ahora a Hebreos 11:22:

“Por fe José, muriéndose, se acordó de la partida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos.”

Durante todos los años de esclavitud egipcia que siguieron, aquel cuerpo embalsamado continuó entre los israelitas como un recuerdo de la promesa de libertad hecha por Dios y de la fe de José, y cuando llegó el día de la libertad, Moisés naturalmente lo llevó conforme al juramento hecho; pero no se lee que fuera adorado o “venerado” a la usanza romana. No se le menciona más que tres veces, primero alhacerse el juramento, después en el desierto cuando comenzó el viaje, y por último cuando fue debidamente enterrado en Sichem (Josué 24: 32) . No se vuelve a hacer referencia a él a través de toda la historia de la nación israelita. Si hubiera sido una reliquia romanista, no hubiera desaparecido tan fácilmente de la escena.

2.      La iglesia de Roma cita el caso de Eliseo, cuyos huesos estuvieron realmente relacionados con un milagro que garantiza la Escritura. “Entrado el año vinieron partidas de moabitas a la tierra. Y aconteció que al sepultar unos un hombre, súbitamente vieron una partida, y arrojaron al hombre en el sepulcro de Eliseo: y cuando llegó a tocar el muerto los huesos de Eliseo, revivió, y levantóse sobre sus pies” (2 Reyes 13:20, 21).

Lo primero que tenemos que observar en este breve relato es que el poder no se atribuye a los huesos de Eliseo. El poder de resucitar pertenece sólo a Dios.

“Jehová mata, y él da vida:

El hace descender al sepulcro, y hace subir” (I Samuel 2:6).

Lo segundo es que se trata de un caso único. En todo el contenido de la Escritura no se encuentra otro caso en que Dios usara los huesos de un muerto para obrar un milagro. En tercer lugar, el pueblo de Israel no sacó del sepulcro los huesos de Eliseo y los colocó en una urna para que fueran adorados, ni edificó un santuario en el sepulcro para constituirle en lugar de peregrinación. Ningún otro cuerpo muerto tocó esos huesos y vivió, ni fue la gente allí para orar por los difuntos. Ya no se volvió a oír nada de esos huesos, como tampoco se oyó de los de José. Tal vez no este fuera de lugar repetir aquí que Roma no hubiera dejado escapar la oportunidad.

Se puede preguntar con razón por qué Dios usó de esta manera los huesos de Eliseo, y a esta pregunta no se puede dar respuesta simplemente porque no ha sido revelado positivamente. Dios es soberano y puede obrar milagros cuando quiere, con o sin la ayuda de medios visibles. Sin embargo, se encuentra una posible razón en el contexto bíblico. El caso esta íntimamente relacionado con dos cosas. Inmediata mente antes se halla la profecía que Eliseo había hecho antes de morir de que los invasores sirios serían rechazados nada más que tres veces, e inmediatamente después está el relato del cumplimiento de la profecía. Es muy posible que el milagro se obró para recordar al prevaricador Israel de que aunque Eliseo había muerto, Dios se preocupa de cumplir su palabra.

Hay otro caso relacionado con Eliseo que hubiera podido ser citado en favor de las reliquias, si se pudiera haber aplicado, pero no se ha hecho. Cuando el hijo de la sunamita que había hospedado a Eliseo murió de insolación, colocó su cuerpo en la cama de Eliseo y se marchó a buscar al profeta. Este, dándose cuenta de la aflicción de la madre, ordenó a su siervo que colocara su bordón sobre el rostro del niño, mientras él seguía detrás en compañía de la madre. Parece probable que Eliseo esperaba que el niño reviviera al contacto con el bordón; pero no fue así. y Giezi tuvo que informar que “El mozo no despierta.” Solamente cuando Eliseo llegó y se colocó varias veces sobre el cuerpo del niño, le fue restaurada la vida. Dios pudo haber usado el bordón de Eliseo, pero no lo hizo. (2 Reyes 4:18-32.)

3.      Roma aduce dos casos de curación por medios extraordinarios en el Nuevo Testamento. El primero se halla en Hechos 5:15, 16, cuando, para poder atender al gran número de enfermos que traían a los apóstoles para ser curados, colocaban a éstos en camas y andas en las calles de Jerusalén, a fin de que por lo menos la sombra de Pedro cayera sobre ellos cuando pasaba, y eran ciertamente curados. No necesitamos admirarnos de ello, porque al comisionar el Señor a los doce y a los setenta les había dado poder para curar, y él mismo usó medios físicos algunas veces para curar, aunque en la mayor parte de los casos no los usó.

El otro caso se halla en Hechos 19:12, cuando se aplicaban a los enfermos los sudarios y los pañuelos de Pablo, y eran curados. No sería fácil conservar como reliquia la sombra de Pedro, pero los pañuelos de Pablo, sí. Por lo que sabemos, no lo fueron, ni se volvieron a obrar más milagros con ellos. Cuando Pedro y Juan curaron al cojo que estaba en la Puerta Hermosa del templo, y todo el pueblo se quedó atónito, Pedro les dijo:

“Varones israelitas, ¿porqué os maravilláis de esto? o ¿por qué ponéis los ojos en nosotros, como si con nuestra virtud o piedad hubiésemos hecho andar a éste? . . . En la fe de su nombre (Jesús), a éste que vosotros veis y conocéis, ha confirmado su nombre; y la fe que por él es, ha dado a este esta completa sanidad en presencia de todos vosotros” (Hechos 3:12-16).

Pedro siguió predicando que Cristo era el único que podía perdonar pecados. Las reliquias auténticas tienen su lugar, no sólo en la historia nacional, sino también en la vida religiosa, para recordarnos lo que Dios ha hecho, y fortalecer así nuestra fe. Dios mandó a Moisés colocar un vaso con maná en el arca de la alianza para recordar a los israelitas la provisión que había hecho durante los cuarenta años de andanzas por el desierto (Exo. 16:33, 34). También le mandó que colocase delante del arca la vara de Aarón que había florecido, como señal de la elección que había hecho de Aarón para el oficio de sumo sacerdote (Núm. 17:10; Heb. 9:4). Pero los israelitas no adoraban tales cosas. Si lo hubieran hecho, hubieran procedido como procedieron con la serpiente de metal, que Ezequías hizo pedazos y llamó “cosa de bronce,” porque obrando así cometieron idolatría.

Isaac Newton y el fundamentalismo

Isaac Newton y el fundamentalismo

Junio 18, 2008

Sir Isaac Newton
Sir Isaac Newton

Hay tres Isaac Newtons. Durante varios siglos, el Newton más conocido ha sido el gran físico matemático que a los veintipocos años inventó el cálculo, descubrió el teorema del binomio, introdujo las coordenadas polares, demostró que la luz blanca era una mezcla de colores, explicó el arco iris, construyó el primer telescopio de reflexión y demostró que la fuerza que hacía caer las manzanas era la misma fuerza que guía a los planetas, satélites y cometas y provoca las mareas. Sus descubrimientos revolucionaron la física. Su genialidad no la discute nadie.

Pero existen otros dos Newtons desconocidos para la mayoría de la gente, incluso en nuestros tiempos. Uno es el alquimista que se esforzó durante décadas por convertir los metales vulgares en oro. El otro es el Newton fundamentalista protestante.
Newton trabajó solo y en silencio, casi en secreto, para hacer sus grandes descubrimientos. Su obra clásica, “Philosophiae naturalis principia mathematica”, no se publicó hasta veinte años después de sus logros juveniles, y fue gracias a la insistencia del astrónomo Edmund Halley, que financió la publicación del libro.

Durante gran parte de su vida, Newton dedicó su tiempo y su energía a infructuosos experimentos alquímicos y a la interpretación de las profecías bíblicas. Sus manuscritos sobre estos temas son mucho más voluminosos que sus escritos sobre física. Suman varios millones de palabras, ahora repartidas entre las secciones de libros raros de varias bibliotecas y colecciones privadas.

Era un devoto anglicano que creía firmemente que la Biblia es una revelación de Dios, aunque admitía que los textos originales habían sido muy deformados por la desaprensiva Iglesia de Roma. Aceptaba al pie de la letra la versión del Génesis sobre la Creación en seis días, la tentación y caída de Adán y Eva, el arca de Noé y el diluvio universal, la sangrienta redención a cargo de Jesús, su nacimiento de una virgen, la resurrección de su cuerpo y la vida eterna de nuestras almas en el cielo o en el infierno. Jamás dudó de la existencia de ángeles y demonios, y de un Satán destinado a ser arrojado a un lago de fuego el día del Juicio Final. El obispo James Ussher, erudito irlandés del siglo xvn, había determinado que la Creación tuvo lugar en el año 4004 a.C.
Newton revisó esta fecha en la dirección equivocada, fijándola quinientos años después.

El universo de Newton era una inmensa máquina que funcionaba siguiendo leyes creadas y mantenidas por una divinidad personal pero trascendente. El espacio infinito era el “Sensoriam” de Dios, el medio del que se valía para observar y controlar el cosmos. Aunque para Kant y otros admiradores posteriores de Newton el universo era determinista y nunca se desviaba de sus leyes inalterables, Newton estaba convencido de que, de vez en cuando, Dios tenía que reajustar las órbitas de los planetas para mantenerlas libres de perturbaciones provocadas por cometas y otras fuerzas.

Este concepto, que Dios tiene que manipular el universo para repararlo, escandalizaba al rival alemán de Newton, el gran filósofo y matemático Leibniz, que lo consideraba blasfemo. Si Dios es perfecto, omnipotente y omnisciente, como Newton creía, ¿por qué iba a crear un universo tan defectuoso que necesitaba reparaciones perpetuas?, quena saber Leibniz.

En lo que más se apartó Newton de la religión predominante en Inglaterra fue en su rechazo de la Trinidad. Era arriano (el arrianismo fue un precursor del unitarismo), y para él Jesús era verdaderamente el divino Hijo de Dios, pero ni mucho menos igual al Padre. El trinitarismo, en opinión de Newton, era una burda herejía inventada por la Iglesia de Roma en los siglos IV y V. Se guardó esta creencia para sí mismo, sabiendo perfectamente que si se llegaba a conocer sería expulsado de su colegio de Cambridge, irónicamente llamado Trinity, donde fue profesor de matemáticas durante veintiséis años. Más adelante, esta creencia habría puesto en peligro su puesto en la Real Casa de la Moneda, donde trabajó durante la última mitad de su larga vida. Fue un funcionario diligente en la supervisión de la moneda inglesa, e implacable con los falsificadores, a los que enviaba a la horca. Fue el primero en recomendar el oro como patrón monetario.

Para Newton, las bellas pautas del universo material eran una prueba abrumadora de los poderes creadores de Dios. Como ejemplo, destacaba el hecho de que todos los planetas orbitaran en un mismo plano, en la misma dirección, con la fuerza centrífuga justa para evitar que se estrellaran contra el Sol. A Newton le desconcertaba el hecho de que la gravedad pareciera actuar instantáneamente a cualquier distancia. Reconocía que no podía hacer más que describirlo, sin comprender cómo funcionaba. La gravedad siguió considerándose una “fuerza” hasta que la teoría general de la relatividad de Einstein cambió este concepto por el del movimiento de la materia por el camino más corto en un espacio-tiempo curvo.

Para Newton, tanto el espacio como el tiempo eran absolutos. El espacio era fijo, infinito, inmóvil y métrico, y sobre él podían medirse los movimientos absolutos. Para él, esto quedaba demostrado por la fuerza centrífuga producida por los cuerpos en rotación, que él conjeturó acertadamente que era la causa de que la Tierra estuviera más abultada en el ecuador. Sería de tontos, argumentaba, suponer que un cubo de agua giratorio, que arrojaba agua por los bordes, estaba en reposo con todo el universo que giraba alrededor de él. Por supuesto, era imposible que se le hubiera ocurrido una teoría de la relatividad general, en la que hasta el movimiento rotatorio es relativo, pero ¡cómo habría disfrutado si pudiera volver hoy al mundo! 2Perdóname, Newton”, escribió Einstein en cierta ocasión.

Tampoco se puede reprochar a Newton que no entendiera la evolución cosmológica y biológica. Como otros muchos teístas anteriores y posteriores, veía en las intrincadas pautas de la vida una prueba más del maravilloso trabajo de Dios. Le impresionaba de manera especial la simetría bilateral: ¿Puede ser casualidad que todas la aves, mamíferos y hombres tengan el lado derecho y el izquierdo con la misma forma (excepto los intestinos), y justamente dos ojos y no más, uno a cada lado de la cara, y justamente dos orejas, una a cada lado de la cara, y una nariz con dos orificios y no más entre los ojos, y una boca bajo la nariz, y dos patas o dos alas o dos brazos en los hombros, y dos piernas en las caderas, una a cada lado, y no más? ¿Habría aceptado Newton la evolución si hubiera vivido después de Darwin? De hacerlo, la habría considerado el método elegido por Dios para la Creación, aunque esto habría echado por tierra su creencia en la exactitud del Génesis.

También sospecho que Newton, si se reencarnara hoy, aceptaría la mecánica cuántica. De hecho, pensaba que la luz está formada por partículas, independientes del espacio aunque influidas de algún modo por el espacio. En la mecánica cuántica, la luz es a la vez una onda y una partícula, llamada fotón.

La pasión de Newton por la alquimia sólo era superada por su pasión por las profecías bíblicas. Gastó cantidades increíbles de energía mental intentando interpretar las profecías de Daniel en el Antiguo Testamento y el Libro de la Revelación en el Nuevo. Dejó escritas más de un millón de palabras sobre este tema, y se consideraba el primero que había interpretado correctamente ambos libros. Habiendo tenido tanto éxito en la resolución de algunos de los acertijos del universo de Dios, dedicó su talento a intentar resolver los acertijos planteados por la Sagrada Palabra de Dios.

Newton estaba firmemente convencido de que los libros de Daniel y del Apocalipsis, correctamente descifrados, demostraban que la historia del mundo iba a terminar con la Segunda Venida de Jesús, seguida por su juicio a los vivos y los muertos. En su juventud, Newton especuló que una posible fecha para la Segunda Venida sería 1867, pero algún tiempo después decidió que era una tontería utilizar la Biblia para predecir el futuro. Lo más que podemos hacer es reconocer las predicciones cumplidas después de que ocurran los sucesos predichos. Como millones de protestantes del siglo XVII, creía que el Papa era el Anticristo profetizado en el Apocalipsis: una encarnación de Satán en su último e inútil intento de frustrar el plan de Dios para limpiar de pecado el universo.

Aceptaba la profecía que dice que en los últimos días los judíos regresarán a Jerusalén y se harán cristianos. A la llegada de Jesús le seguirá un Milenio durante el cual el Señor gobernará el mundo “con mano de hierro”. Ya en su vejez, Newton cambió la fecha de la Segunda Venida a algún momento después del final del siglo XXI.

Seis años después de la muerte de Newton, se publicaron en Londres sus Observaciones sobre las profecías de Daniel y del Apocalipsis de san Juan. El libro se reeditó en 1922, pero desde entonces, asombrosamente, ha sido imposible de encontrar.

El único resumen de su contenido es obra de Leroy Edwin Froom “The Prophetic Faith of Our Fathers”, un voluminoso tratado en cuatro tomos, escrito por un historiador perteneciente a los adventistas del Séptimo Día. Froom era un gran admirador de las opiniones religiosas de Newton, muchas de las cuales son compartidas por los adventistas, entre ellas la identificación del papado con el Anticristo y la creencia en que Dios creó el universo por medio de Jesús. Al igual que los adventistas, Newton entendía que las cuatro partes de la imagen metálica que se describe en el capítulo 2 del Libro de Daniel simbolizan las sucesivas potencias mundiales de Babilonia, Persia, Grecia y Roma. Como los adventistas, interpretaba que el crecimiento del “cuerno pequeño” de la cuarta bestia de Daniel representaba el auge del papado.

¿Y qué hay del 666, el misterioso número de la Bestia, según la Revelación? Como los adventistas actuales, Newton creía que aún no conocemos su significado. Sería interesante comparar la exégesis newtoniana de las profecías bíblicas con el clásico texto adventista Reflexiones sobre el Libro de Daniel y el dé la Revelación, una obra publicada en 1882 por Uriah Smith.

Para apoyar su convicción de que el Antiguo Testamento es historia exacta, Newton trabajó en una elaborada cronología de la historia del mundo, utilizando datos astronómicos como los eclipses y los movimientos de las estrellas, y leyendas como la de Jasón y los Argonautas, que él consideraba historias auténticas. Con increíble ingenio, procuró armonizar la historia bíblica con las historias laicas del mundo antiguo.

Da pena imaginar los descubrimientos que Newton podría haber hecho en matemáticas y física si su gran intelecto no se hubiera distraído con tan extravagantes especulaciones.
Los escritos de Newton sobre las profecías bíblicas resultan tan embarazosos para sus admiradores que hasta ahora se ha hablado poco o nada de ellos. El largo ensayo sobre Newton de la famosa undécima edición de la Encyclopaedia Britannica dedica sólo un breve párrafo a sus estudios bíblicos. En la decimocuarta edición no se mencionan para nada, y en la decimoquinta y última edición de la Macropaedia sólo se les dedica un párrafo.

¿Qué opinaba Newton de sus grandes descubrimientos físicos? Sorprendentemente, parece que los consideraba poco más que entretenimientos juveniles. En un memorable párrafo, frecuentemente citado, se compara a sí mismo con 2un niño que juega en la playa y se distrae encontrando de vez en cuando un canto más pulido o una concha más bonita de lo normal, mientras el gran océano de la verdad se extiende ante mí sin ser descubierto”.

La peculiar personalidad de Newton, introvertida y ensimismada, sigue siendo un enigma. Sus contemporáneos se fijaron en su melancólico semblante. Aunque de vez en cuando sonreía, casi nunca reía. Permaneció soltero toda su vida y no sentía ni el más mínimo interés por el sexo. Unos cuantos analistas freudianos han considerado muy importante que su padre muriera antes de que él naciera y han sugerido que Newton fue un homosexual reprimido. La principal evidencia es que, en su edad madura, Newton se sintió muy atraído por Nicolás Fatio de Duillier, un excéntrico discípulo suizo veinte años más joven que él. Gale Christianson, en su biografía de Newton In the Presence ofthe Creator (1984), considera muy dudoso que existiera alguna actividad sexual entre los dos, pero añade: “Por otra parte, su correspondencia -con sus encendidos halagos, la mutua nostalgia por la separación y los melancólicos cambios de ánimo- contiene insistentes sugerencias de un idilio malogrado. La misma ruptura definitiva parece haber sido consecuencia de su angustioso deseo de compartir los mismos aposentos, un deseo que posiblemente fue anulado por el miedo a lo que podría ocurrir si lo intentaran”.

A Newton no le interesaban ni la música ni el arte, y en cierta ocasión describió despectivamente la poesía como “disparates ingeniosos”. Nunca hizo ejercicio, no tenía aficiones recreativas ni interés por los juegos, y estaba tan obsesionado con su trabajo que muchas veces se olvidaba de comer o comía de pie para ganar tiempo. Tenía pocos amigos, e incluso con ellos se mostraba con frecuencia pendenciero y rencoroso.

Newton casi nunca reconoció el mérito de otros científicos cuyos trabajos anteriores habían influido en el suyo. Siempre insistió en recibir todo el crédito por sus descubrimientos y acusó duramente a Leibniz, cuya metafísica despreciaba, de haberle robado su invención del cálculo. Ahora se sabe que los dos descubrimientos fueron independientes. Newton lo hizo antes, pero la notación de Leibniz era mejor. Pocos años después de la publicación de sus Principia, Newton sufrió una tremenda crisis mental que tardó un año o más en superar. Se caracterizó por graves insomnios, profunda depresión, amnesia, pérdida de capacidad mental y delirios paranoicos de persecución. En años recientes, unos cuantos estudiosos han sugerido la posibilidad de que padeciera envenenamiento con mercurio y otros metales tóxicos, causado por sus experimentos alquímicos. Otros han conjeturado que durante toda su vida fue un maniaco depresivo, con cambios de humor alternativos que le hacían pasar de la melancolía a la actividad eufórica. Su crisis fue simplemente el más grave de dichos episodios.

Cuando los manuscritos de Newton sobre alquimia se vendieron en 1936 en una subasta de Sotheby’s, el principal comprador fue el economista John Maynard Keynes. En una brillante conferencia sobre Newton, pronunciada en 1947 en la Royal Society con motivo de la celebración del tercer centenario de Newton, Keynes dijo que había leído millones de palabras de Newton sobre alquimia y le habían parecido «totalmente desprovistas de valor científico». Los instintos más profundos de Newton eran “ocultistas, esotéricos, con un intenso rechazo del mundo: un hombre arrebatado, consagrado, solitario, concentrado en sus estudios con intensa introspección, con una fortaleza mental que tal vez nunca haya tenido igual”.

En cuanto a los descubrimientos de Newton en cuestiones matemáticas y físicas, Keynes creía que no se debieron tanto a los experimentos como a su increíble intuición. Más adelante, Newton los adornó con demostraciones formales y pruebas que tenían poco que ver con las inspiraciones que parecían entrar en su cerebro por pura magia.

Keynes lo expresó de este modo: “En el siglo XVII, y a partir de entonces, Newton estuvo considerado como el primero y el más grande de los científicos de la era moderna: un racionalista que nos enseñó a pensar siguiendo las directrices de la razón fría y sin matices. Yo no lo veo de este modo. No creo que nadie que haya contemplado el contenido de aquella caja que se llevó cuando por fin abandonó Cambridge en 1696, y que -aunque parcialmente disperso- ha llegado hasta nosotros, pueda verle de ese modo. Newton no fue el primero de la era de la razón; fue el último de los magos, el último de los babilonios y súmenos, la última gran mente que contempló el mundo visible e intelectual con los mismos ojos que los que empezaron a construir nuestro legado intelectual hace bastante menos de 10.000 años. Isaac Newton, hijo póstumo, nacido sin padre el día de Navidad de 1642, fue el último niño prodigioso al que los Reyes Magos podrían rendir sincero y adecuado homenaje”.

Martin Gardner

http://oldearth.wordpress.com/2008/06/18/isaac-newton-y-el-fundamentalismo/

El Papa condena la violencia contra cristianos

El Papa condena la violencia contra cristianos

Domingo 12 de octubre de 2008 10:09 | lanueva.com
En la plaza de San Pedro

El papa Benedicto XVI condenó “la violencia contra los cristianos de India e Irak” y pidió “la paz religiosa” en India al término de la ceremonia de canonización de cuatro nuevos santos celebrada este domingo en la plaza de San Pedro.

“Los invito a orar por la reconciliación y la paz en un momento tan preocupante y de gran sufrimiento (…) Pienso en la violencia contra los cristianos en Irak e India”, afirmó el Papa ante unos 40.000 fieles de todo el mundo congregados en la plaza, entre ellos numerosos provenientes de India.

“Oro por los cristianos de India en estos momentos difíciles (…) Pido a los que cometen esos actos que renuncien y se unan a sus hermanos y hermanas para trabajar por la civilización del amor”, dijo.

El gigante asiático de 1.100 millones de habitantes – entre ellos 80% de hindúes, 14% de musulmanes y tan sólo 2,3% cristianos- fue escenario en agosto de varios ataques a iglesias y parroquias que dejaron un saldo de 35 muertos.(AFP-NA)

¿QUIÉN CREÓ EL UNIVERSO?

¿QUIÉN CREÓ EL UNIVERSO?

Publicado el  por t0NALLI

-En la frontera entre Suiza y Francia un grupo de mas de 200 científicos construyen el artefacto mas grande jamas creado por el hombre, con el fin de descifrar el misterio de la creación del Universo.-

Si los científicos han hecho bien las cuentas, la historia comenzó hace aproximadamente 13,700 millones de años, cuando todo lo que conocemos y, más aun, lo que todavía desconocemos, se apretujaba en un minúsculo punto no más grande que un átomo. En un instante, esa mota superdensa de materia y energía estalló en un fabuloso ¡bang! y el Universo comenzó a existir. Para lograr recrear lo que entonces sucedió, tendríamos que concentrar la mayor cantidad de energía que pudiéramos en el menor espacio posible. ¿Cómo lograrlo? SO años de experimentos en el campo han mostrado que la mejor manera es usar la fuerza bruta, es decir, hacer chocar a las partículas unas contra otras.

El Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés), operado por el Consejo Europeo para la Investigación Nuclear (CERN), tiene como función primordial manipular partículas atómicas para producir una región en el espacio con una densidad tan alta que haga de las partículas lo que fueron en el principio: un “caldo” de alta densidad y alta energía donde los átomos se desmenuzan en sus partes fundamentales. Un fenómeno que nuestro Universo no ha visto desde los tiempos del Big Bang.

Para conseguirlo, se ha requerido de un equipo compuesto por 100,000 toneladas de instrumentos científicos. Miles de componentes se organizan en un complejo mecano con piezas que van desde un chip de computadora, hasta máquinas con el tamaño suficiente como para ocupar la mitad de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. Los accesorios han llegado de todos los continentes, y han sido diseñados con una precisión tan grande que el grado de error es de centésimas de milímetro. Su formal inauguración será el 21 de octubre de este año y la inversión, hasta el momento, ha sido de 3,000 millones de euros. “No es una labor sencilla”, dice Guy Paic, uno de los 40 investigadores mexicanos que participan en el proyecto, quien reconoce que el objetivo de este faraónico esfuerzo es el fundamento mismo de la ciencia: “el deseo humano de conocer”.

El LHC es una pista de carreras de dos sentidos con 27 1cm de circunferencia. La particularidad de esta gran pista es que los corredores (las partículas) llegan a acelerar a una velocidad muy cercana a la de la luz. Pero un acelerador como el LHC sólo puede acelerar cierto tipo de partículas: aquellas que poseen carga eléctrica, pues, debido a su diminuto tamaño, sólo pueden ser manipuladas a través de campos electromagnéticos. Otra característica de estos corredores-colisionadores es que deben ser estables, dado que no se desea empezar la carrera con un tipo de corredor y terminarlo con otro totalmente distinto.

Estos requisitos nos dan dos candidatos ideales: electrones y protones. Pero los segundos prevalecen por ser los de mayor densidad, y ya que es la densidad un factor fundamental en el experimento, los científicos los han elegido para contarnos el secreto de la creación. Por supuesto, esto no acaba aquí.

Las propiedades de los corredores imponen a la pista una serie de requisitos muy específicos. En primer lugar, ésta debe estar libre de cualquier obstáculo, para evitar que el haz de protones choque con moléculas de gas. Por eso el interior del LHC ha sido diseñado para ser un túnel al ultra alto vacío; condiciones similares a las que podemos encontrar en el espacio interplanetario, afirman los comunicadores del CERN.

En segundo lugar, los tubos que conforman la “pista” se encuentran cubiertos por una armadura compuesta de 9,300 electroimanes superconductores, cuya función es acelerar los protones, guiar el haz de partículas para mantenerlo dentro de la “pista” y, finalmente, comprimir dicho haz a fin de lograr la mayor cantidad de impactos entre protones.

Una vez que lo anterior esté dispuesto, ingresarán a la pista los corredores-colisionadores. Como se dijo antes, se trata de protones o iones de hidrógeno o plomo, también conocidos como hadrones. Estas partículas son aceleradas encendiendo los duplos (los electroimanes) en secuencia a fin de jalarlos. “Es como si a un grupo de adolescentes le pusiéramos a Salma Hayek al final de una calle”, ejemplifica Arturo Menchaca, investigador del Instituto de Física de la UNAM y miembro del equipo mexicano que colabora en la construcción del colisionador: “los muchachos comenzarían a correr hacia ella. Cuando estén a punto de alcanzarla, ponemos a la actriz un poco más adelante. Conforme los muchachos toman más velocidad, movemos a la señorita Hayek más rápidamente, lo que forzará al grupo de adolescentes a moverse cada vez con mayor velocidad y mayor energía. Pon esto en una calle circular y tendrás un acelerador”.

Una vez que funcione a su máxima potencia, en uno de los tubos, trillones de protones recorrerán 11,245 veces por segundo el anillo del LHC viajando a 99.99% de la velocidad de la luz; en tanto que, en el otro tubo, un grupo de las mismas características recorrerá la circunferencia en sentido opuesto. En cuatro puntos del anillo se han dispuesto intersecciones para propiciar la colisión de los paquetes de protones. Lo que, en teoría, sucederá al momento de ese impacto a altísima velocidad, es que la energía generada por los dos trenes de partículas creará niveles de densidad y temperatura similares a los existentes durante el Big Bang y, por un instante diminuto, se creará un “caldo” denso y energético en el que existirán, libres, las partículas fundamentales que crearon el Universo.

¿Un nuevo Universo?

Realizar experimentos en ámbitos en los que el cosmos todavía es un misterio levanta muchas interrogantes sobre la seguridad con que los científicos desarrollan su trabajo. Una duda que aparece con regularidad en las preguntas que recibe la oficina de prensa del LHC es la posibilidad de que las colisiones del CERN puedan producir una gran explosión, realmente un Big Bang.

La guía del LHC, disponible en el sitio electrónico del CERN, nos recuerda que los niveles de energía con que trabaja el colisionador son en verdad superiores a los que nunca antes hemos alcanzado. Sin embargo en términos absolutos, la cantidad de energía alcanzada por un protón momentos antes del impacto es, en realidad, muy pequeña: aproximadamente siete veces la energía del movimiento de un mosquito en vuelo. El éxito del experimento es concentrar esta energía en un espacio que es un billón de veces más pequeño que un mosquito.

Las condiciones de densidad y temperatura del Big Bang serán recreadas con el LHC bajo la supervisión de muchos de los mejores científicos de nuestra época, pero a escala subatómica y, por lo tanto, sus repercusiones no serán mayores a esta escala. Para reproducir el Big Bang en toda su fuerza se requeriría volver a concentrar toda la materia y toda la energía del Universo en un solo punto, algo que está muy, muy lejos de las posibilidades del colisionador del CERN.

Partículas divinas

Cómo se creó el Universo es una pregunta tan vieja como difícil de responder desde la mirada científica. Hasta el momento, sólo conocemos los “ladrillos” que lo conforman (las partículas elementales) y las “manos” que colocaron dichos ladrillos y que los mantienen en su sitio (las fuerzas elementales). Toda esta sapiencia es conocida por los físicos como el Modelo Estándar: una propuesta teórica creada a principios de los años 70 y que, después de más de tres décadas de comprobación experimental, resulta muy exacta.

“Hasta mediados del siglo pasado, la vida era relativamente fácil para los físicos que estudiaban los átomos y las partículas fundamentales que los componen”, dice el físico mexicano Shahen Hacyan. Se pensaba que los “ladrillos” básicos de la materia eran los protones y neutrones acurrucados en el núcleo, mientras que nubes de electrones volaban a su alrededor. “Para estudiar un átomo —o su núcleo— bastaba con hacerlo chocar con otro, romperlo y estudiar los escombros. Cuando, en 1950, el avance de la tecnología permitió incrementar la energía de las colisiones, el modelo atómico se hizo mil pedazos, literalmente”.

Luis Cabral Rosetti, físico del Instituto Avanzado de Cosmología, explica que para sorpresa de los investigadores, los experimentos con aceleradores revelaron una variada “zoología” de partículas subatómicas. Para principios de los años 60, los tipos de partículas alcanzaban el centenar. A Enrico Fermi, uno de los físicos responsables del Proyecto Manhattan (que tenía como fin desarrollar la primera bomba atómica), le preguntaron su opinión sobre la partícula denominada K02. Fermi miró a su interlocutor y le dijo: ‘joven, si tuviera la capacidad de recordar todos esas partículas, habría sido botánico”.

Asimismo, Cabral cuenta que en un esfuerzo por ordenar toda la información encontrada, tres físicos (Winberg, Glasgow y Salam) establecieron, a principios de los 70, el llamado Modelo Estándar de partículas y fuerzas. Un estuche donde se acomodan 12 piezas básicas que construyen el Universo y tres de las cuatro fuerzas que las gobiernan: “Toda la materia que nos rodea está compuesta por dos tipos de partículas o piezas fundamentales. La familia de los Quarks (que, agrupados, forman los protones y neutrones) y la familia de los Leptones (dentro de ella está el electrón)”.

Como toda familia, las partículas se organizan en parejas y, a su vez, en generaciones de parejas, tres para ser exactos. De la misma manera que el matrimonio de los abuelos engendra a los padres y el matrimonio de éstos a los nietos, las partículas más antiguas, más pesadas y menos estables, al decaer dan origen a una siguiente generación, más estable y ligera. En la naturaleza nuestro alcance sólo está presente la última generación. Pero para que los “ladrillos” fundamentales se acomoden y se queden en su sitio, se requieren las fuerzas que ejerzan sobre ellos. Sumado a la gran cantidad de partículas definidas, se hallan cuatro fuerzas fundamentales, cuya función es unir y controlar la materia y la energía del Universo para construir un cosmos.

Cada una de estas fuerzas posee diferentes características. La electromagnética es de largo alcance, lo que significa que lo mismo es perceptible a escala subatómica que en el macrocosmos que habitamos. Es responsable de las interacciones entre partículas con carga, como por ejemplo, el mantener a los átomos de una molécula unidos. La fuerza fuerte es la que mantiene unidos a los quarks para formar un protón. La fuerza débil (igual que la fuerte, opera a cortísimo alcance, es decir, a escala cuántica) está presente en los procesos de radiación natural. Y, por último, la fuerza fundamental, que es la gravedad, la cual afecta el cosmos a escala planetaria, pero su influencia es despreciable a nivel cuántico.

Para que exista un campo de alguna de las cuatro fuerzas, quarks y leptones deben interactuar a través de una partícula portadora, llamada bosón. Para cada fuerza existe un bosón particular. El más conocido es el fotón, portador de la fuerza electromagnética en fenómenos como la luz. Mientras tanto, la fuerza fuerte cuenta con el gluón (del inglés glue, pegamento) llamado así por ser el pegamento que une a los protones. Y la fuerza débil existe por las interacciones del bosón W y el bosón Z.

El modelo ¿perfecto?

El Modelo Estándar es una sólida teoría que exitosamente explica una gran cantidad de fenómenos. “El modelo resulta tan bueno que hasta es aburrido”, bromea el físico Guy Paic al enfatizar la perfección con que el modelo predice las partículas y fuerzas que forman nuestro Universo. Sin embargo, aún no lo hemos visto todo; en la cajita del Modelo Estándar todavía encontramos huecos en los que se dibuja el contorno de la pieza experimental que allí debemos acomodar. El más visible de todos es la masa.

De acuerdo con el instructivo teórico (el Modelo Estándar), ninguna de las partículas elementales existentes debería tener masa, lo que quiere decir que el Universo tendría que ser tan insustancial como la luz. Para remediar este olvido, el físico Peter Higgs propuso, en 1960, que entre las fuerzas que rigen la física del cosmos debía existir un campo energético omnipresente cuyo “soplo divino” sobre las partículas las convirtiera en pesadas y lentas, es decir, que las dotara de masa. El portador del campo de Higgs es conocido como el Bosón de Higgs, también llamado “la partícula divina o de Dios”, pues su interacción con los quarks y leptones es lo que le confiere masa a las partículas, consiguiendo el milagro de que la energía se transforme en materia. Por lo tanto, la existencia de esta partícula es fundamental para que el Modelo Estándar con el que hemos entendido nuestro Universo no se desmorone. Pese a todos los esfuerzos aún no se ha podido detectar.

Un milagro infinitesimal

Para atestiguar las diminutas colisiones de entre cuyos restos se supone emergerá la partícula divina, se construyó lo que se conoce como el CMS, uno de los cuatro gigantescos detectores instalados en cavernas subterráneas excavadas alrededor de los puntos de colisión con que cuenta el LHC.

“El propósito de los detectores es identificar las partículas secundarías producidas durante las colisiones”, explica Guy Paic. Los parámetros que permiten determinar la naturaleza de una partícula son: la trayectoria descrita a partir del momento de impacto, la carga eléctrica, la velocidad, la masa y la energía. Los detectores están construidos en capas o subdetectores, cada uno de los cuales desempeña un rol muy particular en la reconstrucción de la colisión. Un sistema magnético se encarga de separar las diferentes partículas de acuerdo a su carga eléctrica para determinar el momento, una magnitud relacionada con la masa y velocidad de la partícula.

Hágase la explosión

En Ángeles y demonios, Dan Brown arranca su trama de intrigas y conspiraciones con un asesinato en las entrañas mismas del Gran Colisionador de Hadrones. El centro de la trama de la novela es la lucha entre la Iglesia y la ciencia por determinar quién o qué creó el Universo. La anécdota de la novela retorna el largo debate que la humanidad ha mantenido desde la Edad Media, el cual enmarca una larga cadena de encuentros y desencuentros, algunos sin mayor trascendencia, otros trágicos que des— embocaron en el encarcelamiento o muerte de algunos de sus actores, normalmente del bando de los científicos.

Buen ejemplo es Giordano Bruno, el sacerdote italiano cuya curiosidad lo llevó a andar por los inciertos caminos de la ciencia y la filosofía. Durante su vida viajó por toda Europa enseñando sus teorías. Escribió obras de teatro críticas y muchos trabajos en latín sobre cosmología, física, magia y el arte de la memoria. Demostró, aunque con un método equivocado, que el Sol es más grande que la Tierra. Finalmente, fue apresado por la inquisición en 1591 y, en 1601, la Iglesia romana lo declaró “herético impenitente, pertinaz y obstinado”. Estuvo seis años en prisión. Murió en febrero de 1600, en la hoguera, sin arrepentirse de sus ideas. Pero el caso más conocido es, sin duda, el de Galileo Galilei, físico y astrónomo del renacimiento italiano que fue perseguido y sentenciado por la Santa Inquisición debido a la divulgación que hizo de las ideas copernicanas del heliocentrismo. Ante la posibilidad de ser sentenciado a muerte, la historia cuenta que se retractó frente a los religiosos que lo enjuiciaban.

Y a pesar de la evidencia científica que arrojaron los siglos siguientes, y la apertura, aunque con resistencia, de la ortodoxia católica a las ideas científicas, el mismo fantasma rondaba hasta hace algunas décadas los pasillos del Vaticano. Según cuenta el célebre físico Stephen Hawking, autor de Historia del tiempo y uno de los científicos que más ha revolucionado el conocimiento sobre el Universo, en 1981 el entonces Papa Juan Pablo II recomendó a los asistentes a una conferencia sobre cosmología organizada por el Vaticano “estudiar la evolución del Universo después del Big Bang, pero no indagar en el Big Bang mismo, porque se trata del momento de la creación y, por lo tanto, de la obra de Dios”.

Desde la fe

Sin embargo, y paralelamente a esta discusión, desde hace 116 años, el Vaticano (resulta paradójico que la primera persona en proponer una teoría científica acerca de la creación del Universo fuera un sacerdote belga, llamado Georges Lemaitre) posee su propio centro de investigación cósmica: el Observatorio Astronómico Vaticano, cuya sede original, en Castelgandolfo, se ha transformado en el moderno Telescopio Vaticano de Tecnología Avanzada, situado en Arizona, Estados Unidos. Según su sitio oficial, el instituto tiene como misión servir como un puente entre la Iglesia y la ciencia, y su director, monseñor José Funes, ostenta —además de los votos del sacerdocio— un doctorado en astronomía por la Universidad de Padua.

Funes declaró en septiembre del año pasado: “Ha habido y habrá conflictos entre la ciencia y la iglesia. Pero no hay que temer a los conflictos, ya que pueden superarse y nos ayudan a crecer.” Para él, la investigación cosmológica es perfectamente coherente con la fe. “El Big Bang no está en contradicción con la existencia de un Dios que creó el Universo a partir de la nada. Es verdad que el Big Bang no es la prueba de la existencia de Dios, pero tampoco la niega”

Uno de los más reconocidos astrónomos del mundo, Gustav Tammann, explicó cómo fue que eligió su vocación: ‘A los cuatro años me dijeron que Dios estaba en el cielo. Lo traumático es que, cuando miras al cielo, no puedes verlo. Entonces pensé: Él debe de estar más lejos, por eso no puedo verlo. Así que me hice astrónomo para ver más allá”.

Falta ver lo que el LHC será capaz de aportar a este milenario debate y, en caso de confirmarse la existencia de la partícula Higgs como piedra angular del Modelo Estándar, cuáles serán los nuevos derroteros que habrá de tomar el mismo. Aunque al final, como afirma Gustav Tammann, quizá habrá que reconocer que existen cosas que, posiblemente, la especie humana jamás entenderá. “Encuentro interesante que muchos investigadores admitan que hay preguntas que nunca podrán ser contestadas. Teóricamente, podemos plantear 20 posibilidades, pero el método científico no nos permitirá distinguir con precisión cuál es la correcta”, concluye el investigador.

Artículo obtenido de:

http://sinfoniafantastica.wordpress.com/2008/06/10/%C2%BFquien-creo-el-universo/

¿Por que Sucot viene después de Iom Kipur?

¿Por que Sucot viene después de Iom Kipur?

Pregunta:

¿Por qué celebran los judios Sucot inmediatamente después de Las Fiestas Solemnes?

Respuesta:

Todos hicimos resoluciones de mejorar por el Año Nuevo. ¿Pero realmente hemos cambiado? Hemos prometido cambiar nuestro comportamiento,  a ser más generosos, ir al Shul más a menudo o dejar un mal hábito, es mucho más fácil decir que hacer. Una resolución sincera se olvida a menudo tan rápidamente como fue hecha.

La razón de esto es compartimentalización. Nuestras personalidades se dividen. Una porción de nosotros desea en verdad mejorar y crecer, mientras que otra parte de nosotros esta perezosa y satisfecha. Mi mente me dice una cosa pero mi corazón  se siente de otra manera. Mi alma tiene buenas intenciones pero mi cuerpo hace de las suyas.

La solución: entre a una Sucá. Cuando entramos en un Sucá, entramos con nuestro ser entero — nuestro cuerpo y nuestra alma, nuestro corazón y nuestra mente. Es la única Mitzvá que hacemos con toda nuestra persona.

La experiencia de Sucá es una de entereza. Y solamente cuando traemos todo nuestro ser en un espacio santo, nuestra resolución de Iom Kipur se puede traducir en una realidad.

El judaísmo en la historia

Maurycy Gottlieb, Yom kippur (1878). Tel Aviv, Israel, Museo de Arte.

El judaísmo en la historia

El judaísmo es la más antigua de las tres religiones del Libro. Se denominan así el judaísmo, el cristianismo y el islam porque dan gran importancia a un libro, en el que creen que se expone la revelación de Dios a los seres humanos. Ese libro es la Biblia para los judíos y los cristianos, y el Corán para los musulmanes.

Los judíos huyen de Egipto. Paso del mar Rojo. Miniatura de un manuscrito hebreo del siglo XV conocido como «Miscelánea Rothschild»

Ilustración del pasaje bíblico en el que el pueblo de Israel, guiado por Moisés, huy de Egipto hacia la tierra prometida.

Jerusalén, Museo de Israel.