Antonio Puerta: una reflexión políticamente incorrecta desde la fe católica

Antonio Puerta: una reflexión políticamente incorrecta desde la fe católica

04.09.07 

He querido dejar pasar unos días desde la desdichada muerte de Antonio Puerta para escribir la siguiente reflexión. Ya sé que este post va a gustar muy poco, que se me acusará de ser un cenizo agorero y bla, bla, bla. Pero creo que alguien tiene que decir lo que voy a decir. Y si alguien más lo ha dicho en algún otro medio, pues tanto mejor.

Aunque como bien dijo Juan Pablo II en su “polémica” catequesis sobre el infierno, “no nos es dado conocer, sin especial revelación divina, si los seres humanos, y cuáles, han quedado implicados efectivamente en ella”, no es menos cierto que la Escritura nos da algunas pistas sobre quiénes no entrarán en la salvación, en el Reino de Dios. Así leemos:

1ª Cor 6,9-10
¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

Pues bien, o mucho me equivoco, o muy mal he escuchado las noticias, o Antonio Puerta vivía amancebado con su novia a la cual había dejado embarazada. Es decir, sin duda era un muchacho muy alegre, muy amigo de sus amigos, muy abierto a la gente, muy cariñoso con los fans de su equipo y en especial con los más pequeños, pero, aun siendo un bautizado y habiendo asistido a un colegio católico de pequeño, la madre de su hija no era su esposa delante de Dios y de la Iglesia.

¿Quiero decir con esto que Antonio Puerta está ahora en el mismísimo infierno? ¿quizás en el purgatorio? Pues no tengo la menor idea. Sólo Dios sabe. Pero aquí todo el que sale en los medios hablando de él, está dando por hecho que está en el cielo. De hecho, se puede estar o no de acuerdo con la afirmación de vivimos en una de las generaciones más pecadoras de la historia de España, si no la que más, pero lo que no tiene discusión es de que vivimos en la generación que más se cree que la puerta que conduce a la salvación es la versión gigantesca de la Puerta de Alcalá de Madrid. Y eso no se corresponde con lo que vemos en el evangelio. Por tanto, no se corresponde con la verdad.

Lo mejor que podemos hacer por Antonio Puerta, y por tantos otros jóvenes que han muerto antes de lo que es “normal”, no es dedicarnos al agradecido oficio de escribir o glosar panegíricos. No, lo mejor que podemos hacer es seguir el consejo de San Juan Crisóstomo:

Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su Padre (cf. Jb 1, 5), ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos. (San Juan Crisóstomo, hom. in 1 Cor 41, 5)

Quiera Dios haber concedido a Antonio Puerta el privilegio de haber muerto en su gracia. Quiera Dios concedernos el privilegio de entender que debemos velar siempre, pues la muerte puede situarnos ante el tribunal de Cristo en cualquier momento.

Luis Fernando Pérez Bustamante

Nota:

Los cristianos evangélicos no creemos en las oraciones por los muertos. Eso pertenece al dogma católico-romano. Por lo tanto no estamos de acuerdo con lo dicho por Juan Crisóstomo.

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La hermenéutica de Papá Noel

La hermenéutica de Papá Noel

08.09.07 

Ayer no pude por menos que sonreir cuando leí la primera parte de lo que se supone que va a ser una serie de artículos de César Vidal en Protestante Digital. La ha titulado“¿Qué Evangelio debemos predicar?“, con el subtítulo “Predicación para el siglo XXI (I)”. Si el lector se pregunta el porqué de mi sonrisa, la razón es muy sencilla. Esa primera parte de la serie la firmo yo de la A a la Z y la firmaría cualquier teólogo o predicador católico anclado a la fe de la Iglesia y no contaminado con lo que yo llamo “herméutica de Papá Noel”.

Esa hermenéutica consiste en aguar todo lo que en la Escritura huela a denuncia del pecado, exhortación a luchar contra el pecado, incompatibilidad de la vida de pecado con la salvación, etc, etc. Y si el pecado es de índole sexual, la herméutica Papá Noel alcanza sus mas altas cotas de intensidad. Dice César:

¿Qué es lo primero que anuncia Juan el Bautista? Que la gente es pecadora y que debe arrepentirse y bautizarse en señal de que esos pecados han sido perdonados (Marcos 1, 4). ¿Qué es lo primero que anunció Jesús? Que la gente debía volverse de sus pecados (Mateo 1, 17) ¿Qué es lo primero que anunció Pedro tras Pentecostés? Que sus contemporáneos habían pecado, algo que, por cierto, captaron a la perfección y les causó un profundo impacto (Hechos 2, 36 ss) ¿Qué es lo primero que dejó establecido Pablo a la hora de desarrollar su predicación del Evangelio? Que “tanto judíos como gentiles… están todos bajo pecado” (Romanos 3, 9) y que “no hay diferencia… por cuanto todos pecaron y están privados de la gloria de Dios” (Romanos 3, 23-24).

Para el pensamiento políticamente correcto y progre-eclesial, eso no es sino una exhibición de fundamentalismo bíblico. Si César fuera católico se le acusaría de tridentino, pre-conciliar, carca y demás lindezas que el progrerío usa para definir a los que simple y llanamente quieren mantenerse fieles a lo que siempre ha sido la predicación católica sobre esta cuestión.

Resulta peculiar que quienes son tan optimistas sobre la salvación quieran tapar o disminuir la importancia de la conciencia de pecado en los hombres. Pero si no hay conciencia de pecado, ¿cómo va a haber capacidad de conversión? Si no hay de qué salvarse, ¿para qué querer salvarse? Si Dios es un señor gordo con gorro rojo que aparece una vez al año para dejarnos regalos, sin interesarse luego en si actuamos así o asá, ¿para qué complicarnos la vida buscando su voluntad?

Obviamente la salvación es un gran regalo. Es pura gracia. Pero Dios no es Papá Noel. Y el que piense que el hecho de que Dios nos haya enviado a su Hijo para que todo aquel que en Él cree no se pierda, implica que basta con un simple acto de afirmación de fe, se equivoca. Y lo hace gravemente porque el propio Cristo dijo que el que escucha sus palabras y nos la pone por obra, se perderá (Mt 7,26-27). Y lo hace gravemente porque San Pablo dijo que debemos trabajar en nuestra salvación con temor y temblor (Fil 2,12). Y lo hace gravemente porque San Pedro dijo que para tener ancha entrada en el Reino de Cristo a nuestra fe hemos de añadir virtud, ciencia, templanza, paciencia, piedad, fraternidad y caridad (2ª Pe 1,3-11).

En definitiva, no se puede aguar el evangelio. No se puede predicar el buenismo. No se puede esconder la necesidad de la conversión personal, el alejamiento de los pecados propios, bajo la excusa de los pecados del sistema, del mundo. Los pecados de los ricos no son una bula para que los pobres pequen. Tanto el rico como el pobre tendrán que dar cuentas a Dios por sus obras, sean buenas o malas. Y tan necesitado está de arrepentimiento el rico, como el pobre, como el ciudadano de clase media que está algo agobiado con la hipoteca. Y a todos debemos predicarles el evangelio siguiendo el patrón que usó el propio Cristo. Primero, reconoced vuestros pecados. Luego arrepentíos, sin dudar que el amor de Dios os garantiza el perdón. Y a continuación, vivid conforme a los mandamientos del Señor. Lo demás, señores, es pura vanidad.

Luis Fernando Pérez Bustamante

¿Por qué no convertir en oficial un cisma que ya existe de facto?

¿Por qué no convertir en oficial un cisma que ya existe de facto?

 10.09.07 

Boff ha vuelto a escribir uno de sus artículos de desprecio y desdén hacia el Papa y la fe católica. Le parece mal que Roma intente volver al seno de la comunión católica a los tradicionalistas a la vez que, según sus palabras, “ha tratado a los grupos progresistas y a los teólogos de la liberación a bastonazos”. Ante eso cabe preguntarse a cuántos de esos grupos progresistas y teólogos de la liberación se ha excomulgado. Es que a Lefebvre sí se le excomulgó. A Boff no. A Küng tampoco. A Tamayo el arriano tampoco. A toda la lista de teólogos que se puede añadir a estos tres, tampoco. Todos siguen, en una farsa ficticia dicho sea de paso, en comunión con la Iglesia.

A Boff le sienta mal que la Iglesia pretenda ser lo que es. Le pone enfermo la sola idea de que la Iglesia Católica pretenda ser aquella en quien subsiste plenamente la Iglesia de Cristo. Le molesta que la Iglesia niegue la sucesión apostólica en las comunidades eclesiales protestantes, cuando resulta que la inmensa mayoría de estas niegan esa doctrina. Ante lo cual lo lógico es preguntar: ¿qué sentido tiene llamar iglesias según el concepto de Iglesia que tenemos en la fe católica a quienes tienen un concepto de iglesia diferente al nuestro?. Respecto a los ortodoxos, ¿acaso no son iglesias particulares con un componente étnico muy acusado? ¿podría decirnos Boff quién tiene autoridad para convocar un concilio ecuménico entre ellos? Porque el patriarca de Constantinopla no puede hacerlo. Y ya no tienen Emperador que les convoque concilios.

Habla también Boff del Consejo Mundial de Iglesias y de la actitud de Roma ante el mismo, situándose sólo como observadora y no como miembro. Bien, ¿no sabe Boff que varias iglesias ortodoxas han salido de ese engendro porque ha caído en manos de protestantes liberales, a pesar de que éstos son ya una minoría ínfima en el conjunto del protestantismo mundial? ¿no sabe Boff el concepto que tienen los protestantes conservadores (mayoría muy absoluta entre los protestantes) de ese CMI?

Dice Boff que “la estrategia doctrinal del papa actual es la de la confrontación directa con la modernidad”. Pues si esa modernidad es la del aborto masivo, la eutanasia, la manipulación genética de embriones humanos, el divorcio como salida a la mayoría de las crisis matrimoniales, el laicismo impuesto desde el Estado y la renuncia de Occidente a sus raíces cristianas, la estrategia del Papa, que en mi opinión es de una suavidad excesiva, es lo mínimo que se debe de hacer.

Acaba Boff diciendo:

No causaría asombro si algunos más radicales, animados por gestos del actual papa, intentasen un cisma en la Iglesia. En el siglo IV casi todos los obispos adherían a la herejía del arrianismo (Cristo sólo semejante a Dios). Fueron los laicos quienes salvaron a la Iglesia proclamando a Jesús como hijo de Dios. Es urgente actualizar esta historia dada la estrechez de mente y el vacío teológico reinante en los niveles altos de la Iglesia.

A ver, don Leonardo, ¿acaso los arrianos negaban que Cristo fuera hijo de Dios? Primera noticia de tal hecho, oiga. Por cierto, ¿sabe usted cuándo y dónde se empezó a llamar romanos a los católicos? Se lo digo yo. Fue precisamente en España donde los arrianos llamaron romanos a los cristianos trinitarios. ¿Sabe por qué? Porque profesaban la fe del obispo de Roma. Es decir, los heterodoxos SIEMPRE han sabido dónde estaba la sede de la ortodoxia. Y hoy sigue pasando lo mismo. Boff es el arriano, el nestoriano, el monofisita, el luterano de nuestros días. Y Roma sigue siendo Roma. Eso sí, con la particularidad de que arrianos, nestorianos, monofisitas y luteranos eran infinitamente más ortodoxos que Boff en aspectos fundamentales de la fe cristiana, como por ejemplo la doctrina sobre las Escrituras.

Respecto a lo del cisma, es preferible estar divididos y respetarse unos a otros que mantener una farsa de unidad que no refleja la realidad. Y es obvio que la fe de Boff no es ni la fe católica ni, en muchos aspectos, la fe de protestantes y ortodoxos. El cisma es malo, muy malo. Y ciertamente debe ser evitado si es posible. Pero peor es la mentira, la hipocresía y la fábula de una unidad que ni existe ni tiene visos de que vaya a existir. Cuando antes se dé cuenta Roma de ello -si es que no se ha dado cuenta ya- y actúe en consecuencia, proclamando oficialmente lo que es una realidad de facto, mejor. Prolongar esta agonía no tiene sentido. Como bien enseñaron los apóstoles, hace más bien a los fieles expulsar a los heterodoxos de la Iglesia que, en nombre de una caridad que no es tal pues sirve a la mentira, dejarles dentro de la misma para que hagan de quintacolumnistas de la mentira y las falsas doctrinas.

Luis Fernando Pérez Bustamante

Enlaces relacionados con el tema “Apologética”

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La crisis financiera mundial

No harán caso ni aunque resucite un muerto

No harán caso ni aunque resucite un muerto

30.09.07 
Me pregunto cuántas de las homilías que hoy serán pronunciadas a costa de la lectura del evangelio que corresponde a este domingo harán referencia, siquiera brevemente, a la parte final de las palabras de Cristo, quien pone en boca de Abrahán lo siguiente: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.”

Ciertamente todo lo que precede a esta parte final de la charla entre el rico Epulón y Abrahán ha de ser material para dar una enseñanza clara sobre la maldad intrínseca que existe en los que ignoran la condición de los pobres -recordemos que somos ricos en comparación con la inmensa mayoría de la población de este planeta-, así como sobre la realidad del castigo para los injustos, cuya condición tras la muerte es ya irreversible.

Pero no deberíamos dejar pasar la oportunidad de meditar en lo que el Señor nos quiere decir en la última frase de nuestro padre en la fe. La enseñanza es clara: el que se niega a escuchar, creer y obedecer a la palabra de Dios, no creerá aunque vea algo tan insólito como la resurrección de un muerto. Y su condición será, de no mediar arrepentimiento sincero, la misma que la del rico condenado para toda la eternidad.

El evangelio tiene la suficiente radicalidad como para que no baste el leerlo y conocérselo de memoria para tener ganratizado un lugar en el cielo. El que cree y no obedece está en peor condición que el que ni siquiera ha creído. No busquemos excusas. No hagamos caso a esos eruditos forenses que diseccionan la Escritura como si fuera un cuerpo muerto y no la palabra viva de Dios para el hombre en toda época y lugar. Renunciemos a escuchar los cantos de sirena de los que quieren ahogar el contenido de la Revelación en las aguas fecales de lo políticamente correcto, en el fango de los valores consensuados por una sociedad neopagana que se niega a reconocer su condición de pecadora. La Escritura sigue siendo lámpara a nuestros pies, el evangelio sigue siendo fuente de vida y la fe que obra por el amor sigue siendo la puerta estrecha que nos conduce a la salvación. No esperemos ser testigos de hechos sorprendentes para creer y obedecer a Dios. Tenemos su palabra. Léamosla, meditemos en ella día y noche, pidámosle que nos abra el entendimiento para comprenderla en comunión con su Iglesia y, sobre todo, pongámosla en práctica, como hijos que responden al amor de su Padre con la obediencia que emana del cariño, el respeto y la gracia en Cristo Jesús.

Luis Fernando Pérez Bustamante

TEORIA DEL TRABAJO

TEORIA DEL TRABAJO

 

El modo de producción y consumo en el cual estamos insertos sufre una crisis financiera, entender en este contexto algunas teorías como la del salario, el beneficio, el problema del trabajo, y la de la tasa decreciente son pilares fundamentales para poder llegar a comprender lo que es una de las crisis cíclicas mas importantes del capitalismo. La siguiente reseña esta diseñada a partir de los apuntes que tome como alumno de la materia de Economía II cátedra Rieznik con el profesor Claudio Katz (Profesor UBA e Investigador del CONICET) de la carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires.
TEORIA DEL SALARIO
CLASICOS:

El problema del salario fue planteado por primera en la teoria clasica, debido a la aparicion de relaciones salariales con el surgimiento del modo de producción capitalista.
Adam Smith, estableció al salario como la remuneración natural al trabajo del obrero. Asi el obrero posee un salario, el capitalista una ganancia y el terrateniente una renta, siendo estos tres aspectos una logica natural del proceso economico. Entendiendose a la fuerza de trabajo como una mercancía mas. Considera los salarios dependientes de la riqueza. Considera que la demanda de mano de obra, esto es, la mayor ocupación de trabajadores, aumenta en la medida en que los patronos o empleadores obtienen aumentos en sus ingresos. Para Smith sin embargo, el factor más importante de la elevación de los salarios no lo constituye la cuantía de la riqueza nacional, sino el continuo aumento de esa riqueza.
David Ricardo, también coincidía con Smith en que el salario era la remuneración al trabajo. Al obrero se le paga por su trabajo y este trabajo equivale a lo que el trabajador necesita para poder sobrevivir , TEORÍA DE LA SUBSISTENCIA, conocida también como del salario natural, fue expuesta por David Ricardo en sus Principios de Economía Política y Tributación (1817). En relación con la mano de obra, dice que su precio natural es el que permite a los trabajadores “subsistir y perpetuar su raza”, sin incrementos ni disminuciones. A su vez, el precio de mercado de la mano de obra es igual al precio que resulta del juego natural de las fuerzas de la oferta y la demanda.
El pasaje de un sistema económico a otro implica una degradación de la masas, debido a la presión demográfica. La reproducción de la especie le pone limites al salario, a mas población, la oferta de mano de obra es mayor por lo tanto el nivel del salario caera, siguiendo claramente una logica poblacional.

Karl Marx, ubicado en un modo de producción capitalista mucho mas desarrollado que el de Smith y Ricardo, funcionado ya con toda su logica. Observa que el trabajador no esta cobrando por su trabajo como lo veia Ricardo, sino que, el obrero cobra por su fuerza de trabajo, el trabajo no tiene valor, sino que el trabajo genera valor. El salario sta determinado por relaciones de explotación y no es una relacion natural .
Además halló que la jornada laboral se divide en dos partes; la primera la llamó tiempo necesario de trabajo, donde únicamente se cubren los costos de producción y el obrero obtiene apenas los bienes y servicios necesarios para subsistir. A la segunda la llamó valor adicional, en ésta el capitalista hace sus utilidades, porque esta parte del trabajo no le es retribuida al obrero. El valor de ese trabajo no remunerado es lo que constituye la plusvalía.
El capitalista es explotador por el rol objetivo que le toca ejercer dentro de este modo de producción particular.

¿Por qué se da esta relación de explotación?
Hay una relación desigual de base que se centra en el establecimiento de unas relaciones de producción basadas socialmente en la existencia de proletarios desposeídos de todo tipo de relación con los medios de producción, que pertenecen al capitalista, con el que se ven obligados a realizar un contrato en apariencia libre, por el que le venden su fuerza de trabajo a cambio de un salario.
La relación salarial capitalista es un relación de explotación y apropiación. El capitalista se apropia del trabajo excedente (plusvalor).

El nivel de salario, distinto de cómo pensaba Ricardo, es el pago al costo de reproducción material del trabajador. No obedece a leyes económicas, es flexible, porque la mercancía, es decir la fuerza de trabajo es producto de la acción conciente del sujeto, la cual le permite negociar su precio. El obrero puede incrementar su salario, este no es fijo ni limitado, el obrero va incorporando un componente historico y social a su estilo de vida, muchos mas que los componentes fisiologicos, a esto se suma también el hecho de las conquistas obreras para mejorar la calidad de vida de los trabajadores.

NEOCLASICOS – ORTODOXIA

La economia es apreciada como un agregado de componentes individuales. Analiza la relación que establece un individuo con otro y a partir de ello proyecta a la sociedad en general, postula modelos puros y micros para luego ser aplicados a nivel macro y mixtos. No busca leyes económicas universales y necesarias.

Parte de la idea de que los recursos son escasos y se tiende a la maximización de los propios fines e intereses. Los individuos son libres y racionales y se organizan en el mercado. El mercado funciona con plenitud y de forma libre, con plena movilidad, elección de los recursos, de la información, etc.
En este contexto el salario es el monto que recibe un trabajador en su contrato libre y voluntario con el capitalista, es decir su empleador, determinada esta decisión por la búsqueda del beneficio mutuo. En la medida en que la relación que se establezca sea voluntaria no existe la explotación, ya que nadie esta obligado a hacer nada que no quiera hacer. El salario es la remuneración a los deseos de trabajar.

El individuo trabaja en función de la utilidad y la satisfacción que el trabajar le genera. El capitalista contrata en función de sus propios intereses. Así el desempleo es entendido de forma voluntaria, un individuo no trabaja porque no quiere, porque no le resulta útil ni satisfactorio.

La plena flexibilización de los recursos laborales aseguran el pleno empleo siguiendo las leyes de la oferta y la demanda siempre que no se interfiera con el natural funcionamiento del mercado. Los problemas o anomalías surgirán por la intervención o interferencia en el libre funcionamiento del mercado.

El nivel de salario estará determinado por la productividad del trabajador bajo ciertas condiciones del mercado, dependiendo del esfuerzo y dedicación del trabajador en su desarrollo laboral.
Uno de los principales problemas que genera esta teoría es el desconocimiento de la inequidad de base que constituyen las relaciones sociales del modo de producción. Se suma a esto también la falta de leyes generales, falta de cientificidad, de realismo debido al uso de modelos ideales que generan problemas en la contratación empírica.

HETERODOXOS

El salario en esta corriente es producto de la lucha en el marco de la distribución de la riqueza y el ingreso, arbitrada por las instituciones del Estado. La capacidad por imponerse con mayor fuerza que tiene empresario y trabajadores, si los sindicatos son fuertes los salarios entonces seran mas altos, lo cual dependera claro, de la forma de capitalismo que se aplica en cada sociedad en particular.

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