Apologética católica XXI

Apologética católica XXI

LA VIRGINIDAD PERPETUA

LA IGLESIA CATÓLICA-ROMANA sostiene que María continuó siempre virgen. Roma ha sido influenciada en esta creencia por las religiones paganas, algunas de las cuales consideraban el matrimonio como algo no bueno, de modo que a los que conservaban su virginidad se los consideraba como más perfectos que los demás.

La doctrina de la virginidad perpetua de María carece de base sólida.

1.      No se mencionó ni una sola vez en los tres primeros siglos de la era cristiana.

2.      Las Escrituras no la apoyan, antes por el contrario dice la Biblia que José “no la conoció hasta que parió a su hijo primogénito: y llamó su nombre Jesús (Mat. 1:25). Este modo de hablar indica claramente que no continuó la virginidad. Además la misma palabra “primogénito” implica que María tuvo otros hijos después.

3.      En Israel la madre era tenida en más honor que la virgen, contra el sentir de los cultos paganos (Luc. 23:28,29). Después de dar a luz a Jesús, María no continuó siendo virgen, sino una madre muy honorable.

4.      La iglesia romana sostiene que los hermanos y hermanas del Señor Jesús no eran más que primos, y la iglesia griega afirma que eran medio-hermanos.

 

La mayoría de los comentaristas, sin embargo, conviene en que eran sus propios hermanos y hermanas, por las siguientes razones.

1.      El Nuevo Testamento hace alusión a sus hermanos en siete ocasiones.

a.       Juan2:12

b.      Mat. 12:46, cf. Mar. 3:31, Luc. 8:19

c.       Mat. 13:55,56 cf. Mar. 6:3

d.      Juan 7:3-5 y 10

e.       Hech. 1:14

f.       1ª Cor. 9:5

g.      Gál. 1:19

 

En ninguno de estos pasajes hay ni el más ligero asomo de indicación de que fueran otra cosa que sus propios hermanos.

2.      Los hermanos y hermanas se distinguían de los primos en el Nuevo Testamento. María y Elisabet fueron primos (Luc. 1:36), y Elisabet tenía también otros primos (Luc. 1:58). En Luc. 21:16 nuestro Señor dijo: “Seréis entregados aun de vuestros padres y hermanos (aquí se emplea la misma palabra griega que se implica a los hermanos de Cristo), y parientes (la misma palabra que se traduce “primos” refiriéndose a María y Elisabet), y amigos”. Ni una sola vez se llama a los hermanos de Jesús primos o parientes.

3.      Ni se sugiere que eran medio-hermanos, hijos de José de otra supuesta primera esposa. Si esto hubiera sido así, ¿quién tuvo cuidado de ellos, cuando José y María tuvieron que refugiarse en Egipto? (Mat. 2:13).

4.      Comparando el versículo 9 del Salmo 69 con Juan 2:17, se echa de ver que este salmo es mesiánico. En el versículo 8 del salmo el Mesías dice: “He sido extrañado de mis hermanos, y extraño a los hijos de mi madre.”

5.      Los hermanos vivían con su madre (Juan 2:12; Mar. 7:3-5. ¿Cómo se explica esto, si no eran sus propios hermanos?

De todos estos pasajes bíblicos no se puede sacar otra conclusión sino que los hermanos de Jesús eran sus hermanos propios, y no primos o medio-hermanos. La Biblia no enseña que María debió conservar su virginidad hasta el fin simplemente porque era virgen cuando dio a luz a Jesús, a pesar de lo que piensen las iglesias católica y griega, y también algunas iglesias protestantes.

La doctrina de que Jesús nació de una virgen es una doctrina muy importante en la Biblia, que demuestra que su venida a la tierra fue un verdadero milagro, y que fue santo, sin rastro alguno de pecado o deterioración. El hecho de que María tuviera otros hijos después del nacimiento de Jesús, no rebaja en nada la gloria de Jesús, pero sí enseña que “honroso es en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla” (Heb. 13:4, cf. 1ª Tim. 4:3,4).

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Conversión es encuentro con Cristo que no se explica con psicología, dice el Papa

Conversión es encuentro con Cristo que no se explica con psicología, dice el Papa

San Pablo, el Apóstol de Gentes

.- El Papa Benedicto XVI señaló en la Audiencia General de hoy que el Cristianismo no es una nueva filosofía ni una nueva moral; y que la conversión del cristiano solo puede explicarse en el encuentro de la persona concreta con Jesucristo; y no a través de categorías psicológicas.

En el Aula Pablo VI del Vaticano, el Santo Padre dedicó la audiencia de hoy a la conversión del Apóstol de Gentes y explicó que el Cristianismo “no es una nueva filosofía, una nueva moral; solo somos cristianos si encontramos a Cristo” como lo hizo San Pablo.

El Pontífice comentó luego que al referirse al hecho que marcó su vida camino a Damasco, “San Pablo no designó sin embargo este evento como una conversión. ¿Por qué? Existen muchas hipótesis, pero creo que el motivo es muy claro: esta transformación de su vida no fue fruto de un proceso psicológico, de una maduración o una evolución intelectual y moral sino fruto del encuentro con Cristo Jesús”.

“Esta renovación de Pablo no se puede explicar de otro modo; los análisis psicológicos no pueden aclarar y resolver el problema; solo el evento, elencuentro fuerte con Cristo, es la clave para entender qué sucedió”, precisó el Papa.

Para entender lo que sucedió con el Apóstol mientras se dirigía a Damasco, “tenemos dos tipos de fuentes”, explicó Benedicto XVI. “La primera y más popular son los tres relatos de San Lucas en los Hechos de los Apóstoles, en los que narra lo acaecido”.

Sin embargo, precisó, los detalles a los que hace referencia el evangelista: la luz del cielo, la caída a tierra, la ceguera, “se refieren al centro del acontecimiento: Cristo Resucitado aparece como una luz espléndida que habla a Saulo, transforma su pensamiento, su misma vida“.

“El centro de la narración de San Lucas es este encuentro con Cristo que cambió profundamente la vida de San Pablo y en este sentido se puede y se debe hablar realmente de una conversión”.

Benedicto XVI afirmó que “el segundo tipo de fuente son las mismas cartas de San Pablo”, que “nunca habló sobre los detalles de este evento, porque quizá pensaba que todos conocían su historia esencial, todos sabían que se había transformado de perseguidor en Apóstol ferviente de Cristo, fruto no de una propia reflexión, sino de un evento fuerte, un encuentro con el Resucitado”.

El Papa dijo luego que en algunos de sus escritos, el Apóstol relata “que la aparición del Resucitado –de la que también él es un verdadero testigo– es elfundamento de su apostolado” y de “su nueva vida”.

Dirigiéndose a los miles de peregrinos presentes en el Aula Pablo VI, Benedicto XVI señaló además que aunque Cristo “no se muestre a nosotros de ese modo irresistible y luminoso como a Pablo para hacerlo apóstol de todas las gentes”, también podemos encontrarlo “en la lectura de la Sagrada Escritura, en la oración, en la vida litúrgica de la Iglesia, tocar el corazón de Cristo y sentir que Cristo toca nuestro corazón. Y solo en esta relación personal con Cristo, solo en este encuentro con el Resucitado, somos realmente cristianos“.

 

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Santo

Santo

Los santos ( latín sanctus, -i; griego hagios, hebreo qâdosh [‘elegido por Dios’]) son hombres o mujeres distinguidos en las diversas tradiciones religiosas por sus supuestas relaciones particulares con las divinidades y la consiguiente superioridad espiritual o moral respecto al resto de los seres humanos.

Empleo del término  

En español se utiliza la palabra santa cuando se trata de una mujer (por ejemplo, santa Ana de Nazareth). Cuando es un hombre se utiliza siempre el apócope san, con las excepciones de santo Tomésanto Toribiosanto Tomás y santo Domingo, en las que se emplea el término completo.

La palabra santo se utiliza como adjetivo para indicar una relación directa con Dios. Por ello, se aplica a personas (los santos), lugares (como el Monte Athos), textos (como las Sagradas Escrituras), etc.

En la tradición cristiana se trata de personas destacadas por susvirtudes y son venerados como modelos capaces de mostrar a los demás un camino ejemplar de perfección. En muchas tradiciones religiosas son los intercesores o los protectores y son objeto de culto por entenderse que, después de muertos, disfrutan de la compañía de la divinidad. La religión cristiana considera que toda la humanidad está llamada a ser santa y a seguir a los santos, que representan a su vez el ejemplo decreencia y seguimiento de Dios cuya vida puede resumirse en un sólo concepto: el amor al ser supremo. La influencia de un santo supera el ámbito de su religión cuando la aceptación de su moralidad adquiere componentes universales: por ejemplo, es el caso de, Teresa de Calcutao de Gandhi, y, en general, al menos hasta cierto punto, de todos los fundadores de las grandes religiones.

Por otro lado, si bien la mayor parte de las religiones de la India tienen a menudo tendencias sincretistas, no es así en los tres grandesmonoteísmos occidentales (JudaísmoCristianismo e Islam), que conciben la santidad encuadrada en una pertenencia comunitaria osacramental. El islam y el cristianismo protestante rechazan incluso la noción de santo y el culto dedicado a los seres humanos. Esto no impide, no obstante, al islam popular haber desarrollado, al margen de las corrientes oficiales y cultas, un fervor en torno a las tumbas de los santos.

Cristianismo  

Iglesia primitiva 

La Iglesia afirma, desde sus orígenes, siguiendo la tradición judaica, que sólo Dios es santo. Sin embargo, por el hecho del bautismo y la adopción que conlleva, los cristianos son asociados y llamados a la santidad, que es una vocación universal.

El apóstol Pablo designaba como santos a los cristianos que vivían en una ciudad determinada, expresando la santidad como el estado decomunión con Dios, en la Iglesia, por el bautismo.

Los santos en sentido estricto son aquellos que alcanzan la beatitudeterna, contemplan a Dios en el Cielo e interceden por los seres humanos en la Tierra.

Entre los difuntos, son también venerados como santos los mártires (susacrificio borra todo pecado) y los apóstoles (por haber sido elegidos por Jesucristo). Otros santos, como ciertos ascetas serán aceptados más tarde para la veneración.

Poco a poco, la noción de santo se iría ampliando, y numerosas personalidades locales de la Iglesia primitiva y de las nuevas poblaciones cristianizadas adquirirían la reputación de la santidad.

Catolicismo  

Para los católicos, los santos forman la llamada Iglesia triunfante e interceden ante Dios por la humanidad, por los vivos en la Tierra y por los difuntos en el Purgatorio: es la llamada comunión de los santos. Todos ellos, incluso los que han sido oficialmente reconocidos como tales, tiene su festividad conjunta en el Día de Todos los Santos, que se celebra el 1 de noviembre y que para los católicos representa que, más allá del número de personas canonizadas (es decir, de las cuales la santidad se afirma sin ambigüedad y se les puede dirigir el culto), hay abundantes cristianos (e incluso no cristianos en sentido estricto, comoAbrahamMoisésDavidJob), que ha alcanzado el ideal de comunión con Dios.

Los santos inscritos en el martirologio romano son los declarados por la Iglesia Católica como indudablemente presentes en el Cielo y, por tanto, pueden ser objetos del culto público, el llamado culto de dulía, a diferencia del culto de latría, que no debe dirigirse más que a Dios. Una excepción en estas categorías del culto representa la Virgen María, receptora de la hiperdulía que se celebra en los lugares de apariciones marianas.

La Iglesia Católica establece la santidad de ciertas personas mediante los procesos abiertos por la llamada Congregación para las causas de los santos. El proceso de santificación tiene que pasar por las etapas devenerabilidadbeatificación y canonización. Esta última etapa, el proceso de canonización adopta las formas de un proceso legal en el que una persona (tradicionalmente llamada abogado del Diablo) asume el equivalente de la acusación para argumentar contra la supuesta santidad. Aunque los antiguos santos eran declarados como tales por los obispos, el procedimiento, a lo largo de los siglos, se ha ido centrando en Roma y, desde hace un milenio, sólo el Papa puede celebrar canonizaciones. Aunque el derecho canónico establece un tiempo mínimo entre el fallecimiento de una persona y el inicio de su causa de canonización en Roma, los plazos son muy variables. El abogado del diablo fue suprimido en el proceso que hizo santo al fundador del Opus DeiJosé María Escrivá de Balaguer.

El papel de los santos en la Iglesia y entre los creyentes ha evolucionado mucho durante la segunda mitad del siglo XX. El culto que se les solía rendir se ha ido matizando y sus imágenes son más utilizadas como ejemplos que como agentes de intercesión, papel que desempeñaron con fuerza durante siglos.

Desde el Concilio Vaticano II, los procedimientos han cambiado, los plazos se han hecho más cortos y el número de milagros post-mortemnecesario, que antes podía alcanzar varias centenas (en función de la credulidad de las épocas), se ha reducido a dos.

Bajo el pontificado de Juan Pablo II, en un período de 25 años, se proclamaron no menos de 2000 beatificaciones o canonizaciones, mientras que sus predecesores necesitaron varios siglos para unas centenas de declaraciones.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días  

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días reclama que es la misma iglesia que Cristo estableció sino que ella ha sido restaurado en nuestros días en preparación para la segundo venida del Salvador. Y de ahí, como su nombre indica, la Iglesia dice que sólo es diferenciada de la Iglesia primitiva en que los santos, o los miembros de la iglesia, viven en estos, los últimos días.

Elder Russell M. Nelson, miembro del Quórum de los 12 apóstoles de dicha iglesia, clarificó la definición de la Iglesia de un santo de la siguiente manera:

La palabra cristiano aparece en sólo tres versos de la versión Reina Valera de la Biblia. Un verso describe el hecho histórico en que ‘a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.’ (Hechos 11:26); una otras cita un no creyente sarcástico, el Rey Agrippa (véase a Hechos 26:28); y la tercera indica como un cristiano ‘debe ser preparado para sufrir’ (1 Pedro 4:16).Por contraste, el término santo (o los santos) aparece en treinta y seis versos del Antiguo Testamento y en sesenta y dos versos del Nuevo Testamento.    

Pablo dirigió una epístola ‘a los santos que están en Éfeso, y al fiel en Jesucristo’ (Efesios 1:1.). A conversos recientes allí, él dijo, ‘Por eso, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios’ (Efes. 2:19; véase también a Efes. 3:17–19). ¡En su epístola a los efesios, Pablo utilizó al santo de palabra por lo menos una vez en cada capítulo!

A pesar de su uso en noventa y ocho versos de la Biblia, el término santo todavía no es entendido bien. Algunos piensan erróneamente que la palabra, cuando se refiere a una persona, implica la beatificación o la perfección. ¡No es así! Un santo es un creyente en Cristo y sabe de Su amor perfecto…. Un santo sirve a los otros, sabiendo que el más uno sirve, la más grande la oportunidad para el Espíritu para santificar y purificar.

Russell M. Nelson[1]

Iglesia Ortodoxa 

La santidad es para la Iglesia Ortodoxa una participación en la vida de Cristo, y los santos son llamados así en la medida en que son cristóforos, es decir, suficientemente obedientes a la figura de Cristo como para representar fielmente su imagen, ser su icono.

La Iglesia Ortodoxa ignora la noción de bienaventurado; la palabra equivale a santo. Tampoco conoce el proceso de canonización o el número mínimo de milagros para ser proclamado santo. Cuando la veneración de la memoria de un difunto se extiende entre los fieles, elsínodo de la Iglesia afectada se reúne en torno al primado (patriarca oarzobispo) y estudia la cuestión de la santidad de la persona. Sucede con frecuencia que para entonces ya han sido pintados iconos en su memoria. Cuando la santidad es proclamada, se determinan los días (pueden ser uno o varios) de fiesta litúrgica y se adopta un himno en su honor. El canón iconográfico del santo comienza entonces a elaborarse. En el calendario ortodoxo, el día consagrado a la memoria de todos los santos el primer domingo después de Pentecostés.

Protestantismo 

El protestantismo se distingue especialmente del resto del cristianismo por su rechazo del culto de los santos y de sus reliquias. La acepción de la palabra santo como sinónimo de cristiano es la más corriente entre los protestantes, que insisten en la afirmación de que sólo Dios conoce a los que le pertenecen. Por ello, se abstienen de declarar a nadie particularmente santo, en tanto que su concepción de la otra vida es muy variable, no sólo entre las diferentes denominaciones, sino también según los individuos.

El protestantismo más clásico suele llamar santos a los personajes delNuevo Testamento, sin que ello de lugar a ningún culto. Por tradición, algunos países protestantes han conservado el patronazgo de los santos a los que atribuyen haber jugado un papel importante en suevangelizaciónsanta Brígida en Sueciasan Olaf en Noruega, etc.

Otras religiones 

Islam 

En teoría, el Islam rechaza todo culto que no se dirija a Alá. Sin embargo, el chiismo reconoce santos cuyas tumbas son destinos de peregrinajes. El islam africano practica también un cierto culto de los santos llamados marabuts. El sufismo conoce los wali, expresión susceptible de ser traducida como santos.

Budismo 

Los budistas en su doctrina veneran a los arahants y bodhisattuas, y, en el Tíbet, a los monjes lamas.

Hinduismo 

Los practicantes del hinduismo hacen reverencia a sus gurús osantones, maestros espirituales de vida ascética.

Notas  

  1.  Russell M. Nelson, “Thus Shall My Church Be Called” Liahona (En: Ensign), Mayo 1990, p. 16

 

Enlaces externos 

Fuente:  http://es.wikipedia.org/wiki/Santidad

EL DIOS DESCONOCIDO

EL DIOS DESCONOCIDO

“CASI TODA LA SABIDURÍA QUE POSEEMOS, ES DECIR, LA SABIDURÍA que es verdadera y confiable, puede reducirse a dos cosas: el conocimiento de Dios y de nosotros mismos.”[1] Estas palabras, del primer párrafo del libro Institución de la religión cristiana de Juan Calvino, señalan el punto al que hemos llegado luego del capítulo anterior, pero también introducen un nuevo problema. Si es cierto que la sabiduría consiste en “el conocimiento de Dios y de nosotros mismos”, esto nos lleva a preguntamos: “¿Pero quién tiene dicho conocimiento? ¿Quién puede verdaderamente conocer a Dios y conocerse a sí mismo?” Si somos sinceros, debemos admitir que librados a nosotros mismos y a nuestras habilidades, la única respuesta posible es:”Nadie”. Librados a nosotros mismos, nadie puede conocer verdaderamente a Dios. Tampoco nos podemos conocer a nosotros mismos en forma adecuada.

¿Cuál es el inconveniente? Desde luego, no nos conocemos a nosotros mismos porque no hemos conocido a Dios en primer lugar. Pero, ¿por qué no conocemos a Dios? ¿Es incognoscible? ¿Acaso es su culpa, o la nuestra?

Naturalmente, nos resulta más grato culparlo a él. Pero antes de saltar a esta conclusión deberíamos tomar conciencia de lo que implica. Si la culpa es nuestra, aunque este hecho en sí pueda no ser reconfortante al menos podrá ser subsanado, porque Dios puede hacer cualquier cosa. Él puede intervenir. Por otro lado, si la culpa es de Dios (o, como podríamos preferir decir, si la culpa está en la naturaleza de las cosas), entonces no hay nada que pueda hacerse. La clave al conocimiento inevitablemente nos eludirá, y la vida es absurda.

Os Guinness en The Dust of Death aclara este punto al describir un “sketch” realizado por el comediante alemán Karl Vallentin. El cómico entraba al escenario que estaba sólo iluminado por un pequeño círculo de luz. Caminaba dando vueltas alrededor de ese círculo con cara de preocupación. Buscaba algo. A1 cabo de un tiempo un policía se le acercaba y le preguntaba qué había perdido. “He perdido las llaves de mi casa”, respondía Vallentin. El policía se le unía en la búsqueda, pero ésta parecía resultar infructuosa.

“¿Está usted seguro de que la perdió aquí?”, preguntaba el policía.

“¡No!”, le decía Vallentin, señalando una esquina en la oscuridad. “Fue allí”. “Y entonces, ¿por qué no está buscando allí?”

“No hay luz allí’, contestaba el cómico.[2]

Si no existe Dios o si existe Dios pero no lo podemos conocer por su culpa, entonces la búsqueda del conocimiento se asemeja a la búsqueda del comediante alemán. Donde debería realizarse la búsqueda, no hay luz; y donde hay luz, la búsqueda no tiene sentido. Pero, ¿es este el caso? La Biblia afirma que el problema no es de Dios sino nuestro. Por lo tanto, el problema tiene solución. Tiene solución por que Dios puede tomar, y en realidad ha tomado, la iniciativa de revelarse a nosotros, y así proveernos con la llave que nos faltaba para el conocimiento.

SER CONSCIENTES DE DIOS

Debemos enfrentar el problema, sin embargo: aunque resulte extraño, la persona que no conoce a Dios, en un cierto sentido pero igualmente válido, le conoce pero reprime ese conocimiento.

Aquí debemos volver a recordar la diferencia entre “ser conscientes” de Dios y verdaderamente “conocer a Dios”. Conocer a Dios significa tomar conciencia de nuestra profunda necesidad espiritual y de cómo Dios puede suplir dicha necesidad, para luego confiar en Dios y reverenciarlo. Ser conscientes de Dios es sólo saber que Dios existe y que merece ser obedecido y adorado. Los hombres y las mujeres no conocen, ni obedecen, ni adoran a Dios en forma natural. Sin embargo, son conscientes de Dios.

Esto nos lleva a una de las afirmaciones más importantes que han sido registradas para beneficio de la humanidad -en la carta del apóstol Pablo a la iglesia recién establecida en Roma-. Contienen la primera tesis del apóstol en su exposición de la doctrina cristiana.

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles  desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible, en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. (Ro. 1:18-23)

Vemos aquí tres ideas fundamentales. Primero, la ira de Dios se despliega contra el hombre natural. Segundo, el hombre ha rechazado a Dios deliberadamente. Tercero, este rechazo ha tenido lugar a pesar de la conciencia de Dios que posee toda persona naturalmente.

LOS DOS ASPECTOS DE LA REVELACIÓN

Nuestro punto de partida será el tercer punto: la conciencia de Dios que toda persona posee naturalmente. Porque es aquí donde vemos que, aunque nadie conoce a Dios naturalmente, nuestro fracaso en conocer a Dios no es culpa de Dios. Él se ha revelado a sí mismo en dos aspectos, y todos tenemos esta revelación. 

El primer aspecto es la revelación de Dios en la naturaleza. Podemos parafrasear el argumento de Pablo diciendo que todo lo que. el hombre natural puede conocer sobre Dios ha sido revelado en la naturaleza. Por supuesto, debemos admitir que este conocimiento es limitado. Pablo lo define como consistiendo sólo de dos cosas: el eterno poder de Dios y su deidad. Pero aunque dicho conocimiento es limitado, es suficiente para que nadie pueda usarlo como excusa para no seguir de ahí en adelante buscando a Dios en su plenitud. En un lenguaje contemporáneo la frase “eterno poder” puede entenderse cómo la palabra supremacía, y “deidad” podría ser sustituida por ser. Pablo nos está diciendo que la evidencia proporcionada por la naturaleza acerca de la naturaleza de un Ser Supremo es amplia y enteramente convincente. Dios existe, y los seres humanos lo saben. Este es el argumento. Cuando los hombres y las mujeres luego se niegan a reconocer y adorar a Dios, como lo hacen, la culpa no está en la falta de evidencia sino en su determinación irracional y resuelta de no conocerle.

El Antiguo Testamento nos habla de la clara revelación de Dios en la naturaleza. “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras” (Sal. 19:1-4). El asunto es que la revelación de Dios en la naturaleza es suficiente para convencer a cualquiera de la existencia y el poder de Dios, si la persona la acepta.

Pero hay un segundo aspecto a tomar en cuenta en la revelación que Dios hace de sí mismo. Podríamos llamarla una revelación interior o, al menos, la capacidad interior de recibirla. Ninguna persona en su estado natural ha llegado realmente a conocer a Dios en el sentido bíblico más cabal. Pero todas las personas tienen la capacidad de recibir la revelación natural. Pablo se refiere a esta capacidad cuando dice que “lo que de Dios se conoce les es manifiesto” (Ro. 1:19).

Supongamos que venimos manejando por una calle y vemos una señalización que dice: “Desvío-Girar a la izquierda”. Pero ignoramos esa advertencia y continuamos conduciendo. Sucede que hay un oficial de policía cerca que entonces nos hace detener y nos impone una multa. ¿Qué excusa podríamos tener? Podríamos decir que no vimos la señalización. Pero no hará ninguna diferencia. Mientras estemos conduciendo el automóvil la responsabilidad de ver la señalización y obedecer lo que dice es nuestra. Aun más, seremos responsables si, por haber ignorado la señalización, nos caemos por un barranco destruyéndonos a nosotros y a nuestros pasajeros.

Pablo nos está diciendo, primero, que hay una señalización. Es la revelación de Dios en la naturaleza. Segundo, tenemos “visión”. Si elegimos ignorar la señalización, y arriesgarnos a un desastre, la responsabilidad será nuestra. El juicio de Dios (como el del oficial de policía) se debe a que siendo conscientes de Dios nos negamos a reconocerle como Dios, no a que no le hayamos o no hayamos podido conocerle. Pablo escribe: “de modo que no tienen excusa; pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios” (Ro. 1:20-21).

Pablo no está diciendo que hay suficiente evidencia sobre Dios en la naturaleza de modo que el científico, que detenidamente sondea los misterios de la naturaleza, puede ser consciente de Dios. No está diciendo que la señalización está ahí pero que está oculta, que sólo la podremos ver si miramos detenidamente. Pablo está diciendo que la señalización es bien clara. Es como un anuncio publicitario. No hay nadie, no importa lo tonto o insignificante que sea, que pueda tener como excusa no haberla visto. Hay suficiente evidencia de Dios en una flor de forma tal que tanto un niño como un científico pueden ser conducidos a adorar a Dios. Hay suficiente evidencia en un árbol, un canto rodado, un grano de arena, una huella dactilar, para hacernos glorificar a Dios y agradecerle. Este es el camino del conocimiento. Pero las personas no lo tomarán. Pondrán a la naturaleza o a partes de la naturaleza en lugar de Dios y se encontrarán con sus corazones entenebrecidos.

Calvino llega a esta conclusión: “Pero aunque no tenemos la posibilidad natural de alcanzar el conocimiento puro y claro de Dios, no tenemos excusa, ya que la torpeza es nuestra culpa. Y tampoco podemos pretender ser ignorantes sin que nuestra conciencia nos acuse de bajeza e ingratitud”.[3]

EL RECHAZO DE DIOS

Cuando Calvino habla de la bajeza y la ingratitud nos trae al segundo punto en el argumento de Pablo a los Romanos: el hecho de que todos han rechazado a Dios a pesar de la revelación que Dios hace de sí mismo en la naturaleza. Sin embargo, cuando Pablo desarrolla este punto en Romanos (vs. 18), también nos muestra la naturaleza de nuestro rechazo y por qué éste tiene lugar.

La clave a este rechazo universal a Dios se encuentra en la frase “que detienen con injusticia la verdad”. En griego, la palabra traducida “detienen” es katechein, que significa “sostener”, “sujetar”, “mantener”, “coger”, ”contener”, “restringir”, “reprimir”. En un sentido positivo, el término se utiliza para significar estar sujetos a algo que es bueno. Pablo nos habla de “estar asidos a la palabra de vida” (Fil. 2:16). En un sentido negativo, se utiliza para significar cuando equivocadamente se restringe o impide algo. Es así como las nuevas traducciones de la Biblia en Romanos 1:18 hablan de los que “de tienen la verdad con su maldad” (NIV), “detienen la verdad con injusticia” (NASB), y “mantienen la verdad encarcelada en su maldad” (JB). La New English Bible dice que esas personas están “sofocando” la verdad. Esta es, entonces, la naturaleza del problema. La ira de Dios se revela desde los cielos contra los seres humanos, no porque simplemente o por descuido no se han percatado de la verdad, sino más bien porque en lo profundo de sus corazones, con maldad y deliberadamente, han reprimido lo que sabían sobre Dios.

R. C. Sproul ha llamado a este argumento “el corazón de la psicología paulina del ateísmo”[4] señalando que es aquí donde radica la culpa humana. Las personas tienen el conocimiento suficiente para volverse de su forma  de vida hacia Dios y así, por lo menos, comenzar a buscarle. Pero este conocimiento, como si fuera un enorme resorte, ha sido sujetado. Ahora el resorte amenaza con soltarse y demoler el punto de vista y el estilo de vida del que lo está sujetando. Entonces esa persona lo oprime aún más, deteniendo la verdad.

¿Por qué hacemos esto? Si es cierto que, como señalamos en el capítulo anterior, el conocimiento de Dios obra siempre en nuestro beneficio y si, como acabamos de decir, el principio de dicho conocimiento ya se halla presente en nosotros, entonces, ¿por qué lo reprimimos? ¿No tendríamos que recibir esa verdad con los brazos abiertos e intentar tomar más de ella? ¿Acaso las personas son simplemente irracionales en este asunto? ¿O será que el argumento de Pablo es erróneo?

Pablo no está equivocado. Los hombres y las mujeres detienen la verdad. Pero el motivo por el cual lo hacen es que no les gusta la verdad sobre Dios. No les gusta el Dios a quien esa verdad los conduce.

Notemos que Pablo comienza estos versículos de Romanos diciendo que la ira de Dios se revela desde el cielo contra “toda impiedad e injusticia de los hombres”. La impiedad tiene varios significados. En esta ocasión no significa que los seres humanos no son como Dios (si bien esto es cierto), sino que además están en un estado de oposición a la naturaleza divina de Dios. Dios es soberano, pero a las personas no les gusta su soberanía. No desean reconocer que hay Uno que con rectitud los gobierna. Dios es santo, pero a los hombres y las mujeres no les gusta su santidad. Su santidad pone nuestra propia pecaminosidad sobre el tapete. No nos gusta un Dios que ve hasta en lo más recóndito de nuestros corazones y que nos conoce íntimamente. Casi todo lo que puede ser conocido sobre Dios le resulta, de algún modo u otro, repulsivo al hombre natural. Entonces reprime la evidencia que lo podría conducir en la dirección del verdadero conocimiento de Dios.

La segunda palabra es “injusticia”. Al hombre natural todo lo que sea de Dios le resulta repugnante, pero el motivo sustancial de esta repugnancia es la justicia divina. Dios es santo, pero las personas no son santas. Las personas no son rectas, y están conformes con su falta de rectitud. En consecuencia, no desean conocer a un Dios que les demandaría imposiciones morales. Conocer a Dios requeriría un cambio. En otras palabras, el rechazo a conocer a Dios se basa en causas morales y no intelectuales.

RECHAZANDO EL CONOCIMIENTO DE DIOS

Hemos llegado a esta altura a la verdadera fuente del problema humano. Los hombres y las mujeres han rechazado el principio del conocimiento de Dios por razones morales y psicológicas. Pero les resulta imposible detenerse ahí. Han rechazado a Dios; pero todavía son criaturas divinas y en su carácter intelectual y moral tienen necesidad de Dios (o de algo que se le asemeje). Al ser reacias y conocer el verdadero Dios y al no poder vivir sin él, se inventan dioses sustitutos para ocupar su lugar. Estos dioses pueden ser las leyes científicas sofisticadas de nuestra cultura, los dioses y las diosas del mundo griego y romano, o las imágenes bestiales y depravadas del paganismo.

La universalidad de la religión en este planeta no se debe a que los hombres y las mujeres estén buscando a Dios, como algunos han argumentado. En realidad, se debe a que no desean aceptar a Dios, y sin embargo, necesitan algo que ocupe el lugar de Dios.

El proceso de rechazo es un proceso de tres etapas, bien conocido por los psicólogos contemporáneos: el trauma, la represión y la sustitución. En su análisis del ateísmo, Sproul demuestra que la confrontación con el Dios verdadero choca y lastima a las personas. Es traumática. Como consecuencia, reprimimos lo que sabemos.

“No hay ningún trauma si los ojos permanecen siempre cerrados y la luz no puede penetrar. Pero los ojos se cierran como reacción al choque provocado por la luz -luego de haber experimentado el dolor”[5]. El punto importante es que el conocimiento de Dios, aunque reprimido, no puede ser destruido. Permanece intacto,aunque profundamente enterrado en el subconsciente. Su ausencia es sentida, y el Dios verdadero es sustituido por “lo que no es Dios”.

LA IRA DE DIOS

Llegamos así a la primera afirmación de Pablo, habiendo tomado los tres puntos principales de la porción en el sentido inverso: la ira de Dios se revela contra los seres humanos porque han reprimido lo que comprendían del conocimiento de Dios.

Algunas personas se sienten profundamente incómodas por la enseñanza de que el Dios del universo manifiesta ira. Entienden que Dios es un Dios de amor, como sin duda lo es, y no pueden comprender cómo Dios puede poseer ambas características. En este punto, o no comprenden, o no conocen a Dios. Un Dios que no manifiesta ira contra el pecado es un Dios deforme o mutilado. Le falta algo. Dios es perfecto en su amor. Eso es verdad.

Pero Dios también es perfecto en su ira que, como Pablo nos dice en Romanos, “se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres”.

En cualquier presentación lógica de la doctrina, la ira de Dios es la primer verdad que debemos aprender sobre él. ¿Por qué no comenzó Pablo diciéndonos que el amor de Dios se revela desde el cielo? No lo hizo porque Dios no sea amor, porque sí lo es, como Pablo nos demostrará más adelante. Es para que reconozcamos nuestra profunda necesidad espiritual y que estemos preparados para recibir el conocimiento de Dios a través de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, porque sólo así podremos recibirlo. Cuando los hombres y las mujeres se acercan a Dios jactándose de su supuesto conocimiento espiritual, Dios los declara ignorantes. Si se acercan a Dios jactándose de sus propios logros, Dios no puede y no los recibirá. Pero si, con humildad, reconocen que han rechazado lo que Dios con claridad reveló en la naturaleza, que no tienen excusa, que la ira de Dios justamente está suspendida sobre ellos, entonces Dios obrará en sus vidas. Les mostrará que ya abrió un camino para que la ira de Dios no caiga sobre ellos, que Jesús lo tomó, y que ahora el camino está libre para que crezcan en el amor y el conocimiento de Dios que es la salvación.

Notas

[1]. Calvino, Juan, Institución de la religión cristiana. Países bajos: Fundación editorial de literatura reformada,1967.

[2]. Os Guinness, The Dust of Death (Downers Grove, Ill.: Interarsity Press, 1973), p. 148.

[3]. Calvino, Juan, Institución de la religión cristiana. Países bajos: Fundación editorial de literatura reformada,1967, pp. 68-69.

[4]. R. C. Sproul, The Psychology of Atheism (Minneapolis: Bethany Fellowship, 1974), p. 59.

[5] Ibid, p. 75.

¿Una ética sin Dios?

¿Una ética sin Dios?

Uno de los grandes proyectos del pensamiento iluminista era (y es, donde existen pensadores que se identifican de alguna manera con el sueño iluminista) elaborar una ética sin Dios. O, al menos, una ética como si Dios no existiese, según una frase famosa tomada de los escritos de Hugo Grocio (1583-1645).

Este proyecto está basado en varios presupuestos. Quisiera ahora fijarme en tres de esos presupuestos (que enumero sin establecer una jerarquía entre los mismos).

El primero: pensar que la razón humana es capaz, por sí sola, de llegar a algunas verdades asequibles para todos en el campo de la ética individual y social, aunque sean normas tan genéricas como el principio de tolerancia y el principio de respeto hacia la diversidad. El «para todos» incluye, realmente, a todos, aunque estén separados por tradiciones religiosas o culturales muy distintas.

El segundo presupuesto consiste en suponer que gran cantidad de normas y leyes que rigen la vida de muchos pueblos no son racionales, si es que no llegan a ser irracionales e, incluso, injustas. Normas como las que se refieren, por ejemplo, a la circuncisión femenina, a los modos de vestir, a los alimentos permitidos o prohibidos, a la manera de educar a los hijos, no se basan muchas veces en criterios racionales ni en el respeto a los derechos humanos, sino en tradiciones milenarias que en ocasiones son gravemente injustas o simplemente absurdas.

El tercer presupuesto es más complejo: afirmar que la idea que los hombres podamos tener acerca de Dios es más un obstáculo que una ayuda para elaborar una ética válida para todos. En palabras más sencillas: creer en Dios no haría a nadie más bueno ni más honesto ni más sociable. Más aún: millones de personas han justificado crímenes atroces e injusticias seculares apoyados en que Dios «está con nosotros» o en que «Dios así lo quiere», como si el creerse poseedores de la religión verdadera fuese una especie de permiso para cometer cualquier tipo de atrocidades.

Estas ideas tienen un gran peso en la sociedad actual. Políticos, escritores, personajes del mundo del espectáculo y de la ciencia, han vuelto a subrayar la urgencia de elaborar una ética mundial, válida para todos, y han denunciado los peligros que, según ellos, nacen de las religiones.

Esta nueva ética mundial, nos dicen, debe ser lo suficientemente «racional» y democrática para no excluir a nadie y permitir muchos comportamientos, antes prohibidos por prejuicios vanos o religiosos, y ahora reconocidos como plenamente legítimos en una sociedad verdaderamente madura y pluralista.

En realidad, las propuestas de elaborar éticas sin Dios caen en no pocas contradicciones. La primera consiste en ignorar o malinterpretar la misma noción de ética.

¿Qué es la ética? Según una noción clásica, la ética sería un saber que nos indica lo que está bien y lo que está mal, según una idea de perfección humana que descubre la existencia de deberes. La fórmula que expresa esta noción de ética es suficientemente conocida por muchos pueblos: hay que hacer el bien y hay que evitar el mal.

Pero esta misma noción de ética es criticada por no pocos «iluministas» y pensadores de la modernidad como naturalista, anticuada, o simplemente contradictoria. Porque, nos dicen, no es nada fácil conocer qué es lo bueno y qué es lo malo. Porque, nos insisten, cada quien debe decidir qué sea lo bueno y lo malo para su propia vida, sin que nadie imponga, desde fuera, ninguna norma ética.

Proponer, sin embargo, que cada quien haga lo que quiera, es simplemente destruir la ética. Decir que no hay normas absolutas, que nada puede ser visto como bueno o como malo, que todo está permitido (sin dañar a los demás, un límite que veremos en seguida), es lo mismo que decir adiós a la ética.

Es cierto que los «modernistas» afirman: cada quien puede escoger lo que desee, siempre y cuando no dañe la libertad de los otros. Pero al decir esto ponen un límite a la libertad (mi libertad termina allí donde empieza la libertad del otro) y luego renuncian a justificar en serio por qué ese límite deba ser respetado, pues no creen que sea necesario demostrar con argumentos sólidos la necesidad del respeto del otro.

Por lo mismo, se hace necesario reproponer la verdadera noción de ética, la que nos recuerda que existen cosas buenas y cosas malas, la que se funda en una idea del hombre que explica por qué un ser humano sería bueno si realiza acciones honestas y por qué sería malo si comete acciones deshonestas.

Esta noción es, en muchos puntos, asequible a la razón humana. Sobre este aspecto podríamos coincidir en buena parte con el primer presupuesto del iluminismo (la razón por sí sola puede alcanzar importantes verdades éticas). Platón y Aristóteles, por ejemplo, elaboraron reflexiones morales sumamente actuales.

Pero también es verdad que la vida ética no se construye sólo con la razón. En todos los seres humanos hay un sinfín de factores que intervienen en cada decisión. Casi todos estamos seguros de que robar es malo; no es difícil, sin embargo, que cedamos con pocas resistencias a la tentación de un robo «pequeño» cuando se nos presenta como fácil.

La razón humana, además, nos lleva a reconocer que el hombre no se explica por sí mismo, con sorpresa de no pocos modernistas. En otras palabras, nos pone en camino para pensar en la existencia de un Dios Creador y nos permite descubrir la dependencia radical del hombre respecto de Dios. Creer, como Grocio y como tantos iluministas del pasado y del presente, que sea posible construir una ética sin Dios es como pensar que se pueda levantar un edificio sin cimientos, porque negar nuestra dependencia de Dios es como decir que no somos capaces de hablar mientras estamos hablando…

Dios, en realidad, resulta ser un baluarte indispensable para comprender lo que es el hombre, y para elaborar cualquier ética verdaderamente «racional». Si negamos a Dios, el hombre debería limitarse a reconocer que es un animal más o menos complejo, orientado a vivir según sus caprichos y según la ley del más fuerte. Es decir, la negación de Dios implica la negación de la ética, si es que no caemos en la idea de llamar «ética» a la renuncia de cualquier norma absoluta y a la opción por vivir según lo que cada circunstancia nos indique, o lo que nos pida el capricho del momento, o lo que imponga el más fuerte (individuo, grupo, partido, raza, etc.).

Precisamente por el error anterior ha habido quienes han pensado que la ética debería quedar reducida a describir lo que «se hace», lo que decide una sociedad en un momento determinado de su historia, lo que imponen los grupos de poder o las modas con su fragilidad y sus prisas para llegar y para desaparecer. No hace falta notar que esta idea de ética es absurda y contradictoria, pues entonces no habría manera alguna para condenar la esclavitud, los genocidios, la explotación de los niños, la opresión de la mujer, etc.

No hay, no puede haber, verdadera ética allí donde se niegue la existencia de Dios. Porque las normas morales no se explican sin descubrir ese orden profundo que penetra toda la realidad, y que brilla de un modo muy especial en el ser humano, con su espiritualidad y su vocación a una vida más allá de la vida presente.

Queda por decir una palabra sobre el ataque que muchos hacen a las religiones, y sobre la idea de que es posible una ética sin religión. Hemos de reconocer, inicialmente, que no todas las religiones pueden ser igualmente verdaderas. O todas están equivocadas, o algunas están más cerca de la verdad, y otras menos.

En el segundo caso, aquellas religiones que estén más cerca de la verdad nos permitirán conocer mejor al hombre, nos indicarán con más claridad nuestra relación con Dios y con los demás, nos abrirán horizontes éticos más completos y ricos.

Si, además, fuese posible descubrir que entre todas las religiones hay una que tiene en sí aquellos elementos que muestran que es la única verdadera, esa nos ofrecerá la mejor ayuda para comprendernos a nosotros mismos y para elaborar una ética válida para todos. Nos permitirá conocer lo que Dios quiere del hombre y lo que nos lleva a nuestra plenitud en el tiempo y en la eternidad.

Renunciar, o incluso despreciar, a las religiones bajo la excusa de que en nombre de la religión se han cometido crímenes y errores en el pasado y en el presente sería tan absurdo como renunciar a la medicina porque ha habido y hay médicos sin escrúpulos que han usado a miles de seres humanos para experimentos sumamente injustos.

Para quien escribe estas líneas, la verdadera religión es la católica, que desvela al hombre el camino de la verdadera ética, la única que nos puede realizar plenamente al descubrirnos cuál es el núcleo profundo de nuestra humanidad.

Lo enseñaba bellamente el Papa Juan Pablo II, al recordar que el «cumplimiento del propio destino lo alcanza el hombre en el don sincero de sí, un don que se hace posible solamente en el encuentro con Dios. Por tanto, el hombre halla en Dios la plena realización de sí: esta es la verdad revelada por Cristo. El hombre se autorrealiza en Dios, que ha venido a su encuentro mediante su Hijo eterno» («Tertio millennio adveniente» n. 9).

No existe, por tanto, verdadera ética allí donde negamos a Dios. Ni tampoco habrá verdadera ética si dejamos de lado el gran acontecimiento que ha cambiado la historia humana: Dios vino al mundo y nos enseñó el camino de la Vida. Ese es el centro de nuestra fe cristiana, y ese debe ser el motor que nos lleve a construir un mundo más justo, más humano, más lleno de amor.

http://www.conoze.com/doc.php?doc=8248

El Papa advierte en el sínodo de los obispos que los pueblos ateos serán “castigados” por Dios

El Plural / Macro/Vida

Benedicto XVI condena la “influencia nociva y destructiva de la cultura moderna”

El Papa advierte en el sínodo de los obispos que los pueblos ateos serán “castigados” por Dios

ELPLURAL.COM |07/10/2008

Desde la Basílica de San Pedro y enmarcado en el sínodo de los obispos, el Papa Benedicto XVI ha ofrecido un discurso catastrofista y condenatorio. Ayer, el pontífice inauguró el segundo cónclave episcopal de su mandato, con una misa oficiada en latín en la que arremetió duramente contra el laicismo, vaticinando para éste castigos con reminiscencias bíblicas y apocalípticas. Laicos, ateos, cristianos “alejados” y “rebeldes” y víctimas de la “nociva y destructiva cultura moderna” podrían padecer la cólera divina. El máximo representante del catolicismo en el mundo hace una consideración que es, al mismo tiempo, una especie de amenaza: aunque Dios no ha faltado “nunca a su promesa de salvación, ha tenido que recurrir a menudo al castigo”.

El sínodo de los obispos comenzó ayer y reunirá, hasta al próximo 23 de octubre, a 253 obispos procedentes de 113 conferencias episcopales de los cinco continentes –incluido, y por primera vez, un representante de otro credo: un rabino-. La delegación española ha partido con su presidente, Antonio María Rouco Varela a la cabeza. Rouco está acompañado por el obispo de Bilbao –y vicepresidente de la CEE- Ricardo Blázquez, el arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares y tres representantes más.

Cultura moderna, “deletérea y destructiva”
Como era previsible, ha sido el Papa Benedicto XVI quien ha acaparado la atención. Además de oficiar la primera misa en latín, siguiendo el rito antiguo, el pontífice leyó una homilía catastrofista que apuntaba a la “influencia deletérea y destructiva de la cultura moderna” como causa de muchos males actuales. Subyacía, en sus palabras, la crítica a las naciones laicas, “antes ricas en fe y en vocaciones que ahora van perdiendo su propia identidad”. El dedo de Benedicto XVI señalaba a Europa, y vaticinaba un “castigo” para ella.

Vaticinio de nuevas catástrofes bíblicas
“Si miramos la Historia, nos vemos obligados a admitir que no es extraño el alejamiento y la rebelión de cristianos incoherentes. A consecuencia de eso, Dios aún no faltando nunca a su promesa de salvación ha tenido que recurrir a menudo al castigo”, indicó con alarmismo. Una posible pena de dimensiones bíblicas, según vaticinó a continuación. “Es legítimo pensar, en este contexto, en el primer anuncio del Evangelio de que surgieron comunidades inicialmente florecientes que después desaparecieron y que hoy son recordadas en los libros de Historia. ¿No podría ocurrir lo mismo en nuestra época?”, inquirió retóricamente.

¿Vuelta a la edad media?
Acto seguido, el pontífice se dio a la criminalización del individualismo y retomó el discurso medieval del temor a lo divino. “Hay quien, habiendo decidido que Dios ha muestro, se declara a sí mismo ‘dios’, considerándose el único artífice del propio destino, el propietario absoluto del mundo. Desembarazándose de Dios y no esperando de Él la salvación, el hombre cree que puede hacer lo que le apetece y de poder ser la propia medida de sí mismo y de su propio comportamiento”, subrayó. “Al final, el hombre se encuentra más solo y la sociedad más dividida y confusa”, prosiguió. En este sentido, instó a restaurar a Dios “en el centro” de la vida, para que llegue a “todos lo ámbitos de la humanidad, de la familia a la escuela, a la cultura, al trabajo, al tiempo libre y a los otros sectores de la sociedad”.

Maratón bíblico
Cabe mencionar que, en este marco, el Papa dio comienzo a una especie de maratón bíblico: una iniciativa que pretende la lectura, durante seis días y siete noches seguidos, de las sagradas escrituras. Benedicto XVI dio el pistoletazo de salida ayer a las siete de la tarde con la lectura del Génesis. Le seguirán 1.250 lectores, entre los que destacan deportistas, actores, políticos y ciudadanos de a pie. Un proyecto que está siendo transmitido por la RAI –televisión pública italiana- y que, sino se interrumpe, será el directo televisivo más largo de la historia.

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El sínodo de los obispos comenzó ayer y reunirá, hasta al próximo 23 de octubre, a 253 obispos procedentes de 113 conferencias episcopales de los cinco continentes –incluido, y por primera vez, un representante de otro credo: un rabino-. La delegación española ha partido con su presidente, Antonio María Rouco Varela a la cabeza. Rouco está acompañado por el obispo de Bilbao –y vicepresidente de la CEE- Ricardo Blázquez, el arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares y tres representantes más.

Cultura moderna, “deletérea y destructiva”
Como era previsible, ha sido el Papa Benedicto XVI quien ha acaparado la atención. Además de oficiar la primera misa en latín, siguiendo el rito antiguo, el pontífice leyó una homilía catastrofista que apuntaba a la “influencia deletérea y destructiva de la cultura moderna” como causa de muchos males actuales. Subyacía, en sus palabras, la crítica a las naciones laicas, “antes ricas en fe y en vocaciones que ahora van perdiendo su propia identidad”. El dedo de Benedicto XVI señalaba a Europa, y vaticinaba un “castigo” para ella.

Vaticinio de nuevas catástrofes bíblicas
“Si miramos la Historia, nos vemos obligados a admitir que no es extraño el alejamiento y la rebelión de cristianos incoherentes. A consecuencia de eso, Dios aún no faltando nunca a su promesa de salvación ha tenido que recurrir a menudo al castigo”, indicó con alarmismo. Una posible pena de dimensiones bíblicas, según vaticinó a continuación. “Es legítimo pensar, en este contexto, en el primer anuncio del Evangelio de que surgieron comunidades inicialmente florecientes que después desaparecieron y que hoy son recordadas en los libros de Historia. ¿No podría ocurrir lo mismo en nuestra época?”, inquirió retóricamente.

¿Vuelta a la edad media?
Acto seguido, el pontífice se dio a la criminalización del individualismo y retomó el discurso medieval del temor a lo divino. “Hay quien, habiendo decidido que Dios ha muestro, se declara a sí mismo ‘dios’, considerándose el único artífice del propio destino, el propietario absoluto del mundo. Desembarazándose de Dios y no esperando de Él la salvación, el hombre cree que puede hacer lo que le apetece y de poder ser la propia medida de sí mismo y de su propio comportamiento”, subrayó. “Al final, el hombre se encuentra más solo y la sociedad más dividida y confusa”, prosiguió. En este sentido, instó a restaurar a Dios “en el centro” de la vida, para que llegue a “todos lo ámbitos de la humanidad, de la familia a la escuela, a la cultura, al trabajo, al tiempo libre y a los otros sectores de la sociedad”.

Maratón bíblico
Cabe mencionar que, en este marco, el Papa dio comienzo a una especie de maratón bíblico: una iniciativa que pretende la lectura, durante seis días y siete noches seguidos, de las sagradas escrituras. Benedicto XVI dio el pistoletazo de salida ayer a las siete de la tarde con la lectura del Génesis. Le seguirán 1.250 lectores, entre los que destacan deportistas, actores, políticos y ciudadanos de a pie. Un proyecto que está siendo transmitido por la RAI –televisión pública italiana- y que, sino se interrumpe, será el directo televisivo más largo de la historia. 

Los nuevos pobres: la crisis dispara el número de familias que recurren a Cáritas

Los nuevos pobres: la crisis dispara el número de familias que recurren a Cáritas

07.10.08 | 10:52 | http://blogs.periodistadigital.com/dinero.php/2008/10/07/la-crisis-dispara-el-numero-de-familias-5555

(PD).- Son los nuevos pobres. O van en camino de ello. Han pasado de tener un trabajo y una vida normal a sufrir grandes apuros económicos para llegar a fin de mes. A no poder hacer frente a los créditos y a los pagos mensuales y a estar agobiados por los impagos que se acumulan.

La famosa crisis es la causa de ello. Su azote se ceba siempre con los más vulnerables: parejas españolas con varios hijos que se hipotecaron hasta las cejas en pleno «boom» inmobiliario cuando los bancos se caracterizaban por su manga ancha y el empleo abundaba.

Como escribe M.J. Alvarez en ABC, entre los que más están notando sus efectos se encuentra también la población extranjera plenamente asentada y estabilizada que, con su documentación en regla y ante la bonanza económica, decidieron invertir en una vivienda ante el elevado precio del alquiler, al igual que en el caso de los españoles.

También son núcleos familiares con hijos que fueron viniendo paulatinamente por la reagrupación familiar.

El desempleo que azotó primero a la construcción y que se ha ido extendiendo a otros sectores, agudizando la recesión, es la causa que ha provocado que cientos de familias se encuentren con la soga al cuello.
Un 15% más de familias se están viendo obligadas a pedir ayuda para subsistir a Cáritas, una circunstancia que no habían tenido que hacer nunca hasta el momento, motivada por la mengua de sus ingresos al quedarse alguno de sus miembros en el paro y no poder hacer frente al pago de la hipoteca.

Así lo aseguró a ABC Concha García, responsable de la diócesis de Cáritas Madrid.

El perfil tipo es el de una pareja con dos hijos y unos ingresos mensuales de 1.300 euros. Si tienen de media entre 700-800 euros de hipoteca las cuentas no salen y cuando la situación supera su capacidad económica acuden a pedir ayuda inmediata.

¿Dónde? Al lugar más cercano, la iglesia de su barrio, donde en cada una de ellas existen oficinas de Cáritas parroquiales (425) en donde apoyan todo tipo de necesidades básicas (ropero, alimentos, pago de mensualidad de guardería, hipoteca…), explica la responsable de la diócesis de Cáritas Madrid, que abarca toda la capital y municipios de la sierra repartidos en ocho vicarías.

«Nosotros hemos empezado a notar los efectos de la crisis en febrero de este año; y de forma más acusada este verano, una época en la que, habitualmente, apenas tenemos actividad por el receso vacacional de la población. Esta vez no hemos parado. En algunos distritos, como el de Carabanchel, no dábamos abasto», indica.

El perfil tipo de los nuevos peticionarios de ayuda económica a la entidad religiosa son varones desempleados de la construcción, tanto cualificados como sin cualificar, que al finalizar la obra o al reducirse la plantilla se han quedado en la calle, a la espera de cobrar el paro, así como personal del sector servicios.

En el caso de las mujeres, estas aportaban ingresos trabajando en el servicio doméstico; y, ahora, cuando todo el mundo se aprieta el cinturón, en lugar de ir a hacer faenas dos veces por semana, van una o menos horas, con lo cual obtienen menos dinero. 

Los datos se disparan

Prueba de cómo están afectando los primeros zarpazos de la crisis a los sectores más desfavorecidos (viudas, ancianos, familias monoparentales…) es el número de personas atendidas por Cáritas en las parroquias. Si en el curso 2006/2007 fueron 55.179, sólo en los seis primeros meses del año la cifra se ha disparado hasta llegar a las 66.804.

Cuando se necesita una intervención a más largo plazo se deriva al usuario a los servicios centrales de Cáritas, donde, a través del fondo social, se presta ayuda económica -impagos pago de recibos de luz, agua, gas, comida para hijos- y se interviene en función de cada caso con formación para el empleo o un itinerario concreto. En este apartado, las prestaciones directas se han duplicado, al pasar de las 1.970 de 06/07 a las 2.829 hasta el pasado junio.

Además, otras 20.000 familias se han visto beneficiadas de un nuevo programa puesto en marcha esta temporada para atender a menores de 0 a 16 años, a través de un convenio firmado con la Fundación la Caixa. «Alimentación infantil, higiene, equipamiento escolar (salvo libros, «cuyas becas se han recortado sensiblemente», subraya García), gafas o audífonos, se encuentran entre el material que los padres reciben. Si no fuera así, difícilmente podrían afrontar los gastos derivados del nuevo curso escolar», recalca.

El 80% de las unidades familiares beneficiarias de la nueva iniciativa están terriblemente asfixiadas: no tienen ningún ingreso o éstos son tan exiguos, que, como mucho, alcanzan el salario mínimo interprofesional, 600 euros.

En cuanto al origen de los nuevos demandantes de ayuda hay muy poca diferencia entre españoles e inmigrantes: 49 y 51%, respectivamente, un aspecto que no sorprende a Concha García. «En los últimos cuatro o cinco años se fue produciendo la equiparación entre ambos grupos debido a la buena situación económica. Son los sectores más débiles de ambos grupos los que, ahora, dan pasos atrás y pasan de la normalidad a la exclusión».

Perfil emergente

A este perfil emergente de los nuevos demandantes de ayuda para subsistir llegan los madrileños como último recurso, cuando la situación se prolonga en el tiempo y se van acumulando, mes a mes, las deudas. Antes han agotado los apoyos sociales y familiares, explica la responsable de Cáritas.

No ocurre así con los extranjeros, si bien buscan soluciones que los españoles no suelen contemplar y que les permiten ir tirando. Alquiler de habitaciones, compartir su casa para dividir gastos o hacer portes o trabajos de montaje más baratos que las grandes cadenas, figuran entre ellas.

Con todo, apunta a que no hemos tocado aún techo y la situación empeorará aún más. La incógnita es cuándo empezará a remontar la crisis. «Ahora hablamos de personas que han reducido sustancialmente sus ingresos con un elevado nivel de gastos vinculados a la vivienda. Pero si esto se alarga cuando agoten el paro caerán en picado. Recibirán la prestación familiar (unos 500 euros) o la renta mínima de inserción (otros tantos)… Y agravarán su precaria situación.

Comedores sociales

Los que están en el escalafón más bajo acuden a la red albergues y comedores sociales que reciben más visitantes cada día. Allí duermen bajo techo y les dan un plato caliente.

A las 11.30 de la mañana, en el de las Hijas de la Caridad-San Vicente de Paul, 80 personas esperan su turno para tomar un bocado. Algunos se sientan en bancos y otros guardan cola.

Rostros jóvenes, maduros, blancos y cetrinos, con un presente precario y un futuro incierto. Abundan los bien vestidos y aseados, que contrastan con quienes llevan todas sus pertenencias en bolsas y mochilas y las huellas de las adicciones pasadas o presentes pegadas en la piel.

«Cada vez hay más desempleados, entre ellos españoles, gente no habitual a acudir a estos centros. La cifra no es, por el momento, muy alta, pero la tendencia es significativa», indican responsables religiosos de estos servicios, como Paulino Alonso.

Es el caso de Luis, ecuatoriano, de 38 años. «Llevo seis meses en paro. Trabajaba de albañil, sin contrato. No tengo ingresos. Por ahora no puedo enviar dinero a mi mujer y mis dos hijos. Estoy arreglando papeles para solicitar el arraigo.

De momento, estoy en un piso con compatriotas que me perdonan el alquiler. Aquí vengo una vez al día». Él es el ejemplo de los sin papeles que han subsistido con trabajos ocasionales, pero, cuando la crisis golpea, son los primeros en caer.

María, de 50 años, es española. «Antes estaba en el otro lado. Una serie de problemas encadenados me han hecho acabar así», explica a las puertas del María Auxiliadora. «Es cierto que cada vez hay más gente preparada y con un nivel cultural alto. Yo, por ejemplo, comparto mesa con un médico venezolano», afirma.

No entienden ni de euribor ni de indicadores bursátiles. Sólo saben que poco más pueden apretarse el cinturón; su pregunta es: ¿Hasta cuándo?

VIA ABC 

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