Apologética católica XIX

Apologética católica XIX

LA MARIOLATRÍA

SEGUN LA DOCTRINA ROMANA el culto es de tres clases: “dulía,” que es la veneración que se da a los santos y ángeles o a sus imágenes, y también a las reliquias; “hiperdulía,” veneración más alta, que se tributa a la Virgen María, y “latría,” que es la adoración que sólo corresponde a Dios. Por muy sutiles que sean las distinciones que se trata de establecer entre la veneración y la adoración en el culto, en la práctica no se puede observar diferencia alguna; siempre existe la misma actitud de oración, se quema el mismo incienso, se encienden las mismas velas, se hacen las mismas súplicas de ayuda, y es absurdo creer que detrás de todas estas mismas actitudes y estos mismos actos existe una diferencia en la mente de los adoradores ordinarios, en virtud de la cual el inclinarse ante las imágenes y orar a ellas no es acto de idolatría.

La iglesia católico-romana adora de hecho a María, la madre de Jesús, más que a Dios o a Cristo. El caso es bien patente en la recitación del rosario, en la que, como ya hemos visto, por cada padrenuestro se rezan diez avemarías.

A Jesús se le llama el Juez Justo; a María, la Reina de Misericordia. En la bula de Sixto IV, que fue adoptada por el Concilio de Trento, se llama a María “Reina del Cielo, que intercede ante el Rey, al que dio a luz.” Aunque Dios está listo a perdonar a los hombres, su justicia hace que él sea severo, al punto que hizo que su Hijo expiara nuestros pecados. El Hijo de Dios es también muy severo, y aunque se sacrificó a sí mismo y murió en la cruz, mandó que sus discípulos llevasen también sus cruces, y a su tiempo él ha de juzgar al mundo arrojando al castigo eterno del infierno a los que no han creído en él. Solamente María está llena de misericordia. El catolicismo romano atribuye a María la mayor parte de las características del Señor Jesús. La primera vez que se oró a María fue en el siglo cuarto, y durante el siglo quinto la mariolatría estaba ya en todo su apogeo. La iglesia de Roma observa catorce fiestas que están dedicadas a María en todo el mundo; se la recuerda todos los sábados y se le dedica todo el mes de Mayo. Además de todo esto hay otras muchas fiestas en su honor de carácter local.

Nosotros no podemos menos de estimar en mucho a María, honrándola como modelo de todas las madres, pues fue escogida por Dios para ser madre del Señor Jesús. Pero el mismo Señor Jesús dijo con toda claridad: “Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mat. 4:10). Si esto es así, es un error adorar a María, y no le puede agradar a Dios.

En ninguna parte de la Escritura se dice que se tribute culto a María, o se ordena que esto se haga.

2.      Los Magos adoraron al niño, pero no a María (Mat. 2:11).

3.      Al referirse juntamente a Jesús y a María, la Biblia siempre pone primero a Jesús (Mat. 2:11, 13, 14, 20 y 21).

4.      María misma declaró que era pecadora y necesitaba un Salvador (Lucas 1:46, 47).

5.      La última referencia que se hace a María se halla en Hechos 1:14.

a.       En ese tiempo María estaba orando con fervor y en unión de los otros creyentes como uno de ellos.

b.      En otros libros del Nuevo Testamento se trata con frecuencia el asunto de la salvación, pero nunca se la conecta con María o se hace alusión a ella.

c.       El Apocalipsis hace referencia a los salvados en la gloria, al “Cordero, como inmolado . . . que estaba sentado en el trono” (Apoc. 5:6,7), al ejército de los que alaban (Apoc. 5:7-14), a los doce fundamentos de la ciudad, en los que estaban los nombres de los doce apóstoles del Cordero (Apoc. 21:14), pero nunca se hace ni una sola referencia a María.

d.      Como después de Hechos 1:14 no se hace referencia alguna a ella ni en las Escrituras ni en la primitiva iglesia, es muy posible que esto estuviera en los designios de Dios, a causa del grave error de los que en los días venideros la habían de llamar “Madre de Dios,” y la habían de adorar y dirigirle sus oraciones.

6.      El Señor Jesús es el único Salvador, que quiere y tiene abundante poder para salvarnos (Hechos 4:12; Heb. 11:17 y 10:25), de modo que no hay necesidad de la intercesión de María.

7.      Los versículos de la Escritura que hablan del mediador entre Dios y los hombres no sólo no la mencionan a ella, sino que por el contrario la excluyen expresamente, diciendo: “Hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Tim. 2:5; Heb. 8:6; Heb. 9:15 y I Juan 2:1).

8.      Los católico-romanos llaman a María “la Madre de Dios.” Como Dios es un Espíritu infinito y eterno, llamarla “Madre de Dios” es un absurdo. Ella fue la madre del “hombre Cristo Jesús.” Elisabet la llamó “la madre de mi Señor” (Lucas 1:43, cf. vers. 35), pero esto dista mucho de “Madre de Dios.”

9.      La iglesia romana pensó que María podría ejercer influencia en el Señor Jesús, como muchas madres ejercen influencia en sus hijos, y por eso la considero como mediadora; pero la relación que existe entre las madres ordinarias y sus hijos no puede compararse con la relación que existe entre María y el Hijo de Dios resucitado, y hay pasajes que demuestran que, desde el momento que el Señor comenzó su ministerio, ni María ni ningún otro miembro de la familia tuvo injerencia en su trabajo aun en la tierra. María intentó hacerlo tres veces, pero en las tres se lo impidió el Señor.

a.       En la ocasión en que visitó el templo cuando era niño (Lucas 2:48, 49).

b.      En las bodas de Caná de Galilea (Juan 2:3, 4).

c.       En Capernaum, cuando estaba predicando (Marcos 3:31 y 33, cf. Mat. 12:50).

10.  . A la mujer que le dijo: “Bienaventurado el vientre que te trajo y los pechos que mamaste,” él le contestó: “Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan” (Lucas 11:27, 28). El Señor no dijo que su madre no era bienaventurada en su relación con él como madre, sino que la bienaventuranza de los que guardan su palabra es aun mayor. Este versículo demuestra cuan equivocada está la iglesia de Roma al exaltar a María como lo ha hecho.

11.  . No hay camino alguno para llegar hasta Dios (Juan 14:6), aparte de la obra de redención que nuestro Señor Jesús consumó en la cruz (Heb. 10:20). Por consiguiente, orar a María no solamente es inútil, sino blasfemo (Juan 2:4).

12.  . Al orar a María, el que ora dice: “Ten misericordia de nosotros, pecadores;” pero en el plan de salvación de Dios, María no ocupa lugar alguno fuera del de madre humana de Cristo. Cuando el ángel hablo a José y a María, les dijo; “Parirá un hijo, y llamará su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mat. 1:21). Nótese el énfasis en el pronombre EL.

13.  . No hay necesidad de que ser alguno humano o ángel haga recordar al Señor la promesa que hizo al decir: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37; Mat. 11:28).

14.  . El orar a María implica desconfianza en la Palabra de Dios: “Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom. 5:8; Efe. 2:4, 5).

15.  . Antes de que existiera la iglesia católico-romana, las antiguas religiones paganas tenían ya sus “madres misericordiosas,” por ejemplo, la diosa Kuanyin del budismo, y la “reina del cielo” de los babilonios Jer. 7:18; 44:15-23 y 25).

16.  . Se ha calculado que por término medio hay decenas de millares de personas por segundo orando a María en todas las lenguas. Como ella no es más que un ser humano, ¿cómo puede ella escuchar estas innumerables oraciones año tras año, día y noche, sin interrupción? Solo Dios lo puede hacer, y ¡alabado sea él! porque así es.

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Ahora o nunca!

Ahora o nunca!

Escrito por Impacto
sábado, 22 de diciembre de 2007

El mandato fue dado: “Id por todo el mundo, y predicad el Evangelio a toda criatura” Marcos 16:15

La iglesia apostólica obedeció el mandato y a todo costo evangelizó el mundo. Dice la Escritura: “Vuestra fe se divulga por todo el mundo” Romanos 1:8. “Habéis oído por la palabra verdadera del evangelio, que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo” Colosenses 1:6.

Si la Iglesia de Jesucristo hubiera mantenido el ritmo evangelizador de los primeros cincuenta años de su historia, el mundo de hoy día hubiese sido evangelizado mucho más.

El mandato está en pie: “Id por todo el mundo…”

¿Qué ha sucedido? ¿Por qué el mundo no ha sido evangelizado ni una sola vez?

Hay dos factores principales: El aumento extraordinario de la población del mundo, unido a la merma del poder de la Iglesia.

En el mundo nacen millones de seres humanos cada año. De esos millones, la Iglesia (incluyendo todas las iglesias, denominaciones, concilios, etc.), solamente alcanza el cuatro por ciento cada año. El 96% de esos millones de almas se quedan sin evangelizar cada año. Cada día el mundo se torna más pagano. La labor de la Iglesia está muy por debajo de las demandas de Dios.

La Iglesia ha perdido su poder, porque ha perdido su visión por las almas perdidas. El poder de Dios hace falta para ser testigos, para evangelizar al mundo (Hechos 1:8). Si no hay evangelización mundial en grande escala, al estilo de la iglesia apostólica, no hace falta el poder de Dios al estilo apostólico. Es por este fatal y criminal descuido en la evangelización mundial, que la Iglesia ha perdido su poder.

La Iglesia sin poder, ahora está entregada a planes y empresas sustitutas y secundarias, como actividades sociales, intelectuales, culturales, artísticas, teatrales, etc. Es doloroso el espectáculo de ministros del evangelio convertidos en empresarios teatrales. Si la Iglesia abandonara todas esas actividades sustitutas y se dedicara a su ÚNICA empresa, la evangelización del mundo en gran escala, el poder de Dios le sería restaurado en toda su gloria al estilo apostólico, y el mundo sería evangelizado en poco tiempo.

Estamos en la encrucijada del tiempo. Las tinieblas se ciernen sobre toda la humanidad. La sombra del Anticristo se proyecta sobre la política del mundo. Pronto terminará toda oportunidad.

Iglesia de Jesucristo, suelta las ataduras y levántate a evangelizar el mundo. ¡AHORA O NUNCA!

http://www.impactoevangelistico.net/reflexiones/ahora-o-nunca/

El Papa atacó a las sociedades cristianas modernas: “Están perdiendo la propia identidad”

El Papa atacó a las sociedades cristianas modernas: “Están perdiendo la propia identidad”

Domingo 05 Octubre 2008 | 10:50 hs.| Clarin.com 

Benedicto XVI dijo que en ellas se extienden “el arbitrio del poder, los intereses egoístas, la injusticia, la explotación y la violencia”. Fue durante la inauguración del Sínodo Mundial de Obispos, del que participan cuatro argentinos. 

ENCUENTRO. El Papa y los obispos debatirán sobre la relevancia de la Biblia en el catolicismo contemporáneo. (EFE)

Benedicto XVI, muy pesimista con la actualidad del catolicismo. Por Julio Algañaraz, corresponsal de Clarín en el Vaticano.

Ante los 253 delegados y un total de 326 concelebrantes, el Papa inauguró en la basílica pontifica de San Pablo Extramuros el segundo Sínodo Mundial de Obispos de sus tres años de pontificado. “La palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia” es el tema de la asamblea y Benedicto XVI puso en el centro de sus reflexiones un nuevo ataque cerrado contra las sociedades modernas.

“Las naciones cristianas están perdiendo su identidad”, afirmó culpando a la secularización y el relativismo que siguen progresando entre los católicos y que aumentan la indiferencia religiosa y hacen perder influencia de la Iglesia.

Joseph Ratzinger, 81, denunció “una determinada cultura moderna” que “proclamó la muerte de Dios”. “Naciones un tiempo ricas de fe y de vocaciones van perdiendo su propia identidad, bajo la influencia de esta cultura”, dijo.

“Cuando los hombres se proclaman propietarios absolutos de sí mismos y únicos patrones del creado ¿pueden verdaderamente construir una sociedad donde reinen la libertad, la justicia y la paz?”, se preguntó el Papa con abierto pesimismo.

“¿No ocurre, en cambio, que se extiendan el arbitrio del poder, los intereses egoístas, la injusticia y la explotación, la violencia en toda su expresión?”.

Las reuniones del Sínodo Mundial se extenderán hasta el domingo 26. Los padres sinodales de las conferencias episcopales nacionales son 253, de los cuales tres representan a los obispos argentinos. Son monseñor Ramón Alfredo Dus, 52, obispo de Reconquista; monseñor Guillermo José Garlatti, 68, arzobispo de Bahía Blanca, y monseñor Luis Urbanc, 50, obispo de Catamarca. Miembro suplente de la delegación argentina fue elegido monseñor Marcelino Palantino, 55,obispo de Jujuy.

Los padres sinodales son en total 326. Hay que agregar otro argentino: el padre fray Carlos Alfonso Azpiroz Costa, de la orden de los predicadores, o sea la orden dominicana fundada por el castellano Domingo de Guzmán en 1217, que es una de las órdenes tradicionales más importantes de la Iglesia Católica.

En la inauguración hubo en la basílica de San Pablo 52 cardenales, 45 arzobispos y 130 obispos venidos de todo el mundo, junto con 14 patriarcas de las Iglesias Orientales, 85 presbíteros y una nutrida patrulla de de auditores, expertos, oficiales del Vaticano, asistentes y traductores.

En su homilía Benedicto XVI recomendó a los padres sinodales que hagan “cada vez más eficaz el anuncio del Evangelio en éste nuestro tiempo, para hacer que “su luz ilumine cada ámbito de la humanidad: de la familia a la escuela, a la cultura, al trabajo, al tiempo libre y a los otros sectores de la sociedad” 

Novedad muy significativa es que la RAI, la Radiotelevisión Italiana, ha organizado la lectura completa de la Biblia para celebrar el Sínodo dedicado a la palabra de Dios. Unas 1300 personas leerán el Viejo y Nuevo Testamento durante siete días y seis noches. La lectura, que es un hecho sin precedentes en los grandes medios de comunicación, fue inaugurada hoy por el Papa que comenzó leyendo el primer capítulo del libro de la Génesis.

Dentro de un corazón ocre

Dentro de un corazón ocre

Isla de Flores, Guatemala
24 de mayo

“Cuando reparas en algo
dejas de arrojarte al todo
(San Juan de la Cruz)

El mayor tesoro tiene de la isla se observa con color de tierra. Los del centro del lago Petén Itzá nos unimos por un fino cordón umbilical artificial al resto del país. En la ciudad se amontonan las calles, se reconstruyen callejones indígenas; es un lugar pequeño, pero en el que no faltan restaurantes, tiendas de raros objetos de madera y coral, y hasta casas de verdad.

 
Ahora se crece verticalmente. Tiene una pequeña playa con pequeñas palmeras, que una vez recibieron a los españoles en el siglo XVII.

Entonces, Pedro de Alvarado regaló a Canek, al rey maya, un caballo hermoso y regio con lengua y ojos de fuego, y espíritu noble. Acto seguido, trataron de convertirles en cristianos. El intento se saldó con la destrucción de dos templos, con los que se intentó construir otro “más apropiado”, pero al que nadie acabó acudiendo como lugar donde hallar la paz.

No hay que apresurarse a la hora de buscar culpables, pues los recién llegados creían hasta los tuétanos que abrazar la cruz romana era la única forma de alcanzar una vida plena, y el contraste de aquella cultura física, primal, arcaica… adoradora de raras criaturas azules, y de caballos disecados, debió suponer un esfuerzo de comprensión difícil de abarcar. Lo cual no justifica tampoco el empeño excesivo, a menudo enfermizo, por “convertir” a los lugareños, por tomar el lugar correspondiente a Dios en el proceso de la fe.

En estos y otros pensamientos menos profundos me balanceo, mientras siento oscurecer el día, plomizo y envuelto en una nube que parece formada por la suma de los alientos que los visitantes de esta tierra hemos exhalado desde el principio de nuestra estancia.

Huele a café y a miel silvestre. Circulo sin pausa, sin prisa también, azarosamente, por calles que se van llenando a medida que me desplazo hacia el Parque de Flores. Sigo sin hallar un espacio libre, ese espacio que hay en toda ciudad donde uno se olvida de que se halla, efectivamente, en una ciudad, con toda su efervescencia e insomnio. Calle desolación aparece otra vez, cuando doblo una esquina, para encontrarme como en medio de una autopista en hora punta: el continuo trasiego de turistas, los mismos puestos ambulantes con los mismos sombreros charros, la sensación de pisar el mismo suelo que la anterior ciudad turística de la ribera maya, aunque no haya pasado por aquí nunca… todo se reúne y conjura para provocarme ese desasosiego al que sólo escaparé cuando me encuentre en soledad.

He tenido que encontrarme en el centro de la multitud, para entender que en este momento, es decir ahora, he de caminar solo. Por mucho que mi vida espiritual, esa vida por la que realmente decidí que valía la pena viajar… esa vida, se viva entre individuos. Puede resultar paradójico, o contradictorio, y sin embargo, ahora veo el sentido de que me sienta empujado a caminar sin rumbo, sin destino fijo. Sencillamente, debo limitarme a avanzar; no salirme del camino. No es mi misión ver el final, ni siquiera desearlo. Mi misión es observar lo que sucede, exprimirlo, y beber su zumo de realidad.

Miro el mapa castigado, que empieza a resquebrajarse desde su centro.
Antigua está bastante cerca. Siento la necesidad, el pinchazo, de ver qué encontraré allí.

Es la llamada de la selva perdida, que me necesita, de algún modo.
Hay lugares donde el dolor no puede alcanzarme.

Una vez abandonada, ya vista desde lejos, la diminuta isla es como un corazón lleno de seres humanos. Seres que lo mantienen con vida, tan sólo con permanecer en su interior, oxigenándolo con un devenir apresurado e involuntario.

 

Daniel Jándula es escritor y poeta


© D. Jándula, ProtestanteDigital.com (España, 2008).

El hombre, el cristiano y la iglesia

El hombre, el cristiano y la iglesia

No concibo ser cristiano sin antes ser hombre -en sentido genérico a partir de ahora-, así como tampoco puedo concebir ser Iglesia -o parte integrante de ella- sin antes ser cristiano. Intuyo personas que se empeñan en ser cristianas o en denominarse como tales sin antes ser hombres. Sobre todo, quienes esperan serlo sin molestarse, como quien aguarda el mágico toque de la varita del Evangelio que transforme su condición ineludible. 

 
De igual modo, gente que se obceca en ser Iglesia sin ser antes cristiana, como esperando en una cómoda postura el hechizo fugaz de la emoción espiritual que transforme la incómoda situación en la que se verían envueltas. Creo que para ser hombres, debemos primero serlo.

Y para hallar tal estado, nada mejor que plagiar el bíblico modelo de hombres y mujeres que, justificados por su ejemplar sacrificio constante en la perseverancia de tal condición, hallaron el beneplácito divino de ser considerados hijos, hijas, siervos, siervas, profetas, profetisas y demás categorías.

Entonces seremos hombres siéndolo. Y posteriormente, a través de un proceso de cambios, llegaremos a ser cristianos. Vemos que de este modo y sólo de este modo podemos encontrarnos realizados como hombres para situarnos, posteriormente, en lugar más relajado, girando en torno a la esfera espiritual que nos permite acceder al hecho de ser cristianos.

Ahora muchos nos encontramos en el proceso de querer llegar a serlo. Sabemos que sólo con creer somos salvos y a veces creemos que nos basta esta premisa.

Quiero ser cristiano y no lo soy porque esté siéndolo, sino porque en ello persevero cada día. Aunque a veces crea serlo, mis actitudes me desplazan a una esfera diferente que me conduce a ser primero hombre. Quiero ser cristiano y quiero serlo, siéndolo, o creyendo serlo. No es mi razón de ser el serlo, siéndolo, sino verdaderamente llegar a serlo. Repito: ¡quiero ser siéndolo! Aunque a veces deje de serlo. Para llegar a ser lo que quiero, ejercito paso a paso mi andar como hombre.

Estimo desvelar algún secreto que, aparentemente, se nos desliza en las designaciones y sentidos que podemos aplicar a un significado y descubro que, para ser lo que deseo, debo saborear el autojustificado concepto de creyente. La Biblia dice que quien cree, en cuanto creyente, será salvo, y no quien cree será cristiano.

Después de este primer intento por ser hombre como acto volitivo, me proyecto al anhelo virtual de ser creyente que me refleja la imagen de ser cristiano y así comienzo mi andadura en la vida espiritual comprometida.

Veo alejarse al hombre que sostengo y percibo que, en la mística, no encuentro la seguridad de ser cristiano siéndolo, sino la de dejar de ser [hombre] para buscar otro consuelo [cristiano].
Ahí no está el camino y regreso al hombre que me sustenta y al que antes sostenía. Le recargo con rígidas normas y austeras delimitaciones, prosiguiendo mi andadura, con la certeza de ir andando conforme al fin que persigo; pero, tras los primeros intentos de ascéticos esfuerzos, capitulo.

No estoy hecho del recio material que soporta los inviernos del frío espiritual que el propio cuerpo le produce.

Descubro, sin hacer alardes de grandes descubrimientos, que ahí tampoco se describe la razón de dar a mi ser la seguridad de ser cristiano siéndolo.

Descanso, me recuesto en el límpido sillón de los recuerdos y llega a la memoria que contengo la brisa genesíaca de pasajes en el Edén, donde nuestros primeros predecesores tuvieron que admitir la divina orden del ¡Fiat homo! (¡Hágase el hombre!) y considero que lo primero es admitir estar creado por Dios y vivir en un “paraíso” -en el discurso espiritual-. A partir de ahora, tengo la oportunidad de ser hombre sólo si obedezco a la ley divina. Si, como Adán y Eva, fracaso en mis deberes como hombre, ya no puedo acudir a ser lo segundo; es decir, cristiano.

Después de ser hombre espero llegar a ser hijo del Creador.

Siendo hijo, tengo un Padre y, admitiendo la actual adopción, acepto y reconozco las leyes paternales a las que voy a supeditarme.

Si ando sujeto a ellas, debo aprovechar y no perder las oportunidades de ser regido por ellas. Si caigo, un fugaz y sincero arrepentimiento al humano modo y volvamos a intentarlo.

El hombre no es cristiano por acudir a una Iglesia.

La Iglesia no es cristiana por estar formada de hombres.

El cristiano que no es hombre no forma parte de la Iglesia, es místico u otra cosa.

El hombre que acude a una Iglesia no tiene por qué ser cristiano.

Por eso, para ser Iglesia (de Cristo) debemos ser cristianos. Para ser cristianos debemos ser hombres y, para ser hombres, serlo.

Yo soy, queriendo ser hombre para llegar a ser cristiano, puedo luego ser Iglesia y, en Santas Nupcias, llegar a las Bodas del Cordero.

 

Frank Estévez es filólogo, profesor y pastor en Madrid


© F. Estévez, ProtestanteDigital.com (España, 2008).

Tres libros sobre la Reforma

 

Tres libros sobre la Reforma

Estamos en octubre, el mes de la Reforma. En México las llamadas iglesias protestantes históricas, por lo menos las que tienen conciencia histórica de lo sucedido el 31 de éste mes en la capilla del castillo de Wittemberg (fijación de sus 95 Tesis, por parte de Martín Lutero), organizan algunas actividades para conmemorar el hecho.

 
Las celebraciones y/o conmemoraciones pueden tener el carácter de evocación del pasado, pero con ánimos casi de anticuario. Es decir, recordando el acontecimiento pero como si el mismo estuviese inerme en el pasado, sin consecuencias ni legados para el presente. En el caso de la Reforma, estoy convencido de ello, Lutero la inicia por su preocupación de los grados de escándalo alcanzado por la venta exacerbada de indulgencias; y desata un movimiento inesperado por él y de enormes repercusiones históricas. Por lo anterior considero que la Reforma es dinámica, y sus efectos hoy todavía nos alcanzan.

Para las generaciones actuales que busquen bibliografía en castellano que les brinde una panorámica de la Reforma, las posibilidades de hallar buenos libros no son muy amplias. En el siglo pasado (hasta poco más allá de la primera mitad de esa centuria), y desde esfuerzos editoriales en el seno del protestantismo latinoamericano, estuvo a la disposición de los interesados un buen abanico de obras publicadas en conjunto por Editorial La Aurora y Casa Unida de Publicaciones. La colección “Obras Clásicas de la Reforma” que ambas casas editoriales esforzadamente dieron a luz, no tiene parangón en estos años en que corre la primera década del siglo XXI.

De obras publicadas en años recientes sobre el tema que estamos abordando, rescato tres y paso a comentarlas brevemente. No son las únicas hechas públicas en los últimos cinco años, para otros comentaristas tal vez no sean las mejores, pero las resalto porque coadyuvan a comprender con cierta facilidad lo complejo que es el mundo histórico e interpretativo representado por la Reforma.

Patrick Collinson, de larga experiencia docente e investigador en distintas universidades europeas (entre ellas Cambridge) en el tópico del cataclismo religioso, político y cultural desatado por Lutero, en 2003 publica en inglés The Reformation. Un año después Editorial Debate (Barcelona) difunde la traducción castellana con el título La Reforma. El libro es un magnífico ejercicio por brindar una visión panorámica de las distintas vertientes de la Reforma.

En apenas 271 páginas Collinson da cuenta de la gesta de Lutero, las reacciones de Roma, el enfrentamiento entre el teólogo germano y el poder papal. También describe las grandes líneas de lo realizado por Juan Calvino y sus seguidores. Además no pierde de vista los esfuerzos reformadores de Zwinglio en Zurich, ni las particularidades de cómo surge la Iglesia anglicana por un encadenamiento de intrincados sucesos en Inglaterra. Tiene la agudeza de reseñar en el capítulo “Los caminos de la Reforma”, otras veredas divergentes de las rutas marcadas por los reformadores más conocidos. Por todo lo anterior el objeto de su estudio son las reformas, en plural, por lo cual el lector atento debiera quedarse con una imagen más enriquecedora que la tradicional de un solo hombre enfrentado en el siglo XVI al aparato eclesiástico/político asentado en Roma.

Tener una visión ampliada de cómo tiene lugar la ruptura teológica y eclesiológica de Lutero, no tiene por qué demeritar la heroicidad del personaje en su lid contra la Iglesia católica, sus teólogos, reyes y príncipes. Porque como lo sintetiza Collinson, “La Reforma fue una inundación de palabras. Si el historiador echa la red tratando de capturar su esencia, se le rompe bajo el peso de las palabras. Fluyen incesantemente tanto de la boca de Martín Lutero como de su pluma: un libro cada quince días durante treinta años, casi un centenar de volúmenes de gran formato en la edición oficial moderna de sus obras, escritos según las exigencias de cada ocasión, sin tener en mente ningún sistema que pudiéramos llamar luteranismo. Estaba pletórico de algo llamado la Palabra, que no es en absoluto lo mismo que las palabras. Se parece más al Logos del versículo inicial del Evangelio según San Juan, ´en el principio existía aquel que es la Palabra´, que parafrasea el primero del Génesis ´al principio Dios…´ Mientras el mundo antiguo se hunde a su alrededor, Lutero no cesa de proclamar que no ha sido por su culpa. ´Mientras yo dormía o bebía la cerveza de Wittemberg […] la Palabra debilitó al papado a tal punto que nunca príncipe ni emperador alguno le había infligido tanto daño. Yo no he hecho nada. La Palabra lo hizo todo´”.

De Jean Baubérot la pequeña Maica Libreros Editores ha publicado, a principios de 2008, Historia del protestantismo, cuya edición original francesa viera la luz en 1987 bajo el sello Presses Universitaires de France. La obra es de divulgación, por lo que con fluidez da cuenta de los más significativos momentos históricos que han forjado al cristianismo protestante. Baubérot da cuenta en la pequeña obra cómo el movimiento de Reforma “se transforma progresivamente en protestantismo, el acontecimiento en institución, la ruptura en organización, la protesta en poderes, la herejía en nueva ortodoxia”.

Ante los intentos reduccionistas que conceptualizan la Reforma protestante como un enfrenamiento entre élites teológicas, por un lado los distintos reformadores y por el otro la cúpula católico romana, Baubérot subraya que el movimiento iniciado por Lutero tenía tras de sí apoyos populares. Los principios redescubiertos por Lutero, y otros personajes de la(s) Reforma(s), inquietaban de tal manera que, nos dice Baubérot, en 1605 el historiador católico Florimond Reamond sentencia: “Incluso aquellos que sólo habían manejado la carreta y arado la tierra se convirtieron, repentinamente, en excelentes teólogos”, y continúa, no sin ironía: “Los campesinos más rudos y los más embrutecidos se convirtieron en escolares, bachilleres y doctores”.

Después de ocuparse de la tríada que caracteriza a la gesta de Lutero (sólo Dios, sólo la gracia y sólo la Escritura), el autor delinea a otros integrantes de la gran familia protestante del siglo XVI, les llama otros protestantismos: el de Suiza con Zwinglio, el de Ginebra con Calvino y el “protestantismo atemperado” que se desarrolla en Inglaterra. En el siguiente capítulo (“La modernidad protestante”) nos lleva a considerar una pregunta: “¿En qué medida el protestantismo trajo la modernidad?”. Sin establecer una relación unívoca y mecánica entre aquella y ésta última, sí enuncia a la Reforma protestante como un factor importante, provocador, en la construcción de nuevos valores e instituciones en Occidente. Ejemplifica su propuesta con los casos de la revolución puritana en Inglaterra y lo que llama la América inglesa.

Tras los capítulos “Dificultades y renovación” y “De la Ilustración a los resurgimientos”; Baubérot bosqueja en pocas páginas al protestantismo contemporáneo, el de fines de los 90´s del siglo pasado, cuando es publicado el libro. Se refiere a la expansión mundial del protestantismo/cristianismo evangélico mediante las sociedades misioneras, ya fuesen denominacionales o las conocidas como faith missions, espontáneas y con pocos apoyos organizacionales. Menciona la relación de los protestantismos con el fortalecimiento de los estados laicos, y actitudes ante distintos regímenes políticos. En su dimensión política, para Baubérot, “el protestantismo hace emerger en la historia del mundo occidental una duda fundamental sobre el origen divino de cualquier autoridad humana”.

El tercer libro es motivo de festejo personal y conjunto con un pequeño grupo de amigos. Se trata del volumen Los grandes principios del protestantismo, autoría de André Gounelle. Ha sido publicado por Editorial Cajica, Puebla, México, y su distribución inició hace pocas semanas. El director de la editorial, Gustavo Cajica, hijo de quien la fundó hace 75 años, fue a su vez el traductor del pequeño libro. Su trabajo de verter al castellano el escrito merece calurosas felicitaciones, por su fluidez y belleza expresiva. Con Gustavo, Carlos Mondragón, Juan Merlos y Patricia Zenteno iniciamos a principios de 2008 la aventura editorial de publicar obras de autores protestantes/evangélicos. El de Gounelle es el cuarto, y nos mueve la convicción de que es imprescindible promover la lectura y difundir la especificidad protestante.

De inicio Gounelle confiesa que su conocimiento es situado, no esconde su pertenencia confesional y epistemológica, dice: “No lo oculto: estoy orgulloso y feliz de ser protestante. Me encuentro profundamente ligado a la historia, al espíritu y a los principios del protestantismo. Semejante declaración, quizás sorprendería o incluso, escandalizaría a alguno de mis lectores. En nuestros días, se tiene la impresión de que los protestantes se sienten incómodos, y hasta sienten vergüenza de serlo. Desprecian de buena gana su pasado, sus Iglesias, sus formas de piedad, sus doctrinas, como si la humildad y la confesión de los pecados fuesen motivo para tener una mala opinión de ellos… Por mi parte, estoy convencido de que los principios del protestantismo no han perdido nada de su vigor y su verdad. Con su pertinencia, su fuerza, su profundidad, se imponen ellos a mí. No experimento la menor necesidad ni siento el más mínimo deseo de ir a buscar en otra parte, en el catolicismo o en la Iglesia ortodoxa, por ejemplo, con qué alimentar y estructurar mi fe”.

Con enjundia, pasión, conocimiento y capacidad didáctica los principios protestantes son explicados por André Gounelle. Es así que el capitulado de la obra se divide en las siguientes temáticas: la protesta protestante, la Biblia, la salvación gratuita, la Iglesia, el culto, predicación y cena del Señor, combatir en la actualidad. Las últimas líneas del libro son todo un programa para las comunidades protestantes: “Protestar a favor de Dios, en contra de las supersticiones religiosas que lo desfiguran, y protestar a favor del hombre, contra todo aquello que lo degrada y le hace mal. Para nosotros esta doble protesta coincide y se confunde con la fidelidad al Evangelio”.

 

Carlos Martínez Gª es sociólogo, escritor, e investigador del Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano.


© Carlos Martínez García, ProtestanteDigital.com (España, 2008).

 

Increíbles complementos

 

Increíbles complementos

Otro misterio de la naturaleza que resulta difícil de explicar desde el darwinismo es el curioso fenómeno por el que dos especies tan diferentes como una planta y un insecto, por ejemplo, están tan complementadas entre sí que les resulta imposible subsistir la una sin la otra.

 
Muchos de estos vegetales cuya polinización es realizada por insectos, presentan flores con colores llamativos y con formas adecuadas para atraer y facilitar la labor de sus alados visitantes. Al mismo tiempo, éstos poseen órganos sensoriales que facilitan la localización de las flores y bocas capaces de extraer el preciado néctar de la mejor manera posible.

A tal relación simbiótica, en la que ambos organismos salen beneficiados, el darwinismo la ha denominado coevolución y la ha interpretado como la evolución simultánea y complementaria de dos especies diferentes, causada por la presión de selección que una de dichas especies ha ejercido sobre la otra.

Sin embargo, no todos los autores están de acuerdo con esta precipitada opinión ya que el estudio de los factores ecológicos implicados revela la extrema dificultad que existe al intentar demostrar si, en realidad, se da o no el fenómeno de la coevolución en la naturaleza.

Las pasionarias son un grupo de plantas pertenecientes al género Digitalis que generalmente no suelen verse afectadas por los insectos debido a su elevada toxicidad. No obstante, existe una mariposa del género Heliconius cuyas orugas son capaces de alimentarse de dicha planta sin que el veneno de ésta parezca afectarles. Lo curioso es que algunas especies de pasionaria desarrollan flores que imitan perfectamente los huevos de la mariposa y ésta cuando visita tales flores con la intención de realizar su puesta, es engañada creyendo que otra mariposa ya ha realizado allí la suya y se marcha en busca de otra planta.

¿Cómo es posible que una flor devorada por orugas haya desarrollado la capacidad de imitar los huevos de donde éstas surgieron, con la intención de engañar a la mariposa progenitora?

¿Puede la selección natural dar cuenta de este misterioso mecanismo?

¿Es capaz el azar ciego y desprovisto de intención de lograr tal maravilla?

Si a los numerosos ejemplos de este tipo de relaciones entre las especies se añaden los casos de parasitismo, depredación o mimetismo las dificultades se multiplican y se hace cada vez más evidente que el mecanismo propuesto por el darwinismo es incapaz de dar una respuesta satisfactoria.

De nuevo el dedo de la naturaleza apunta hacia un diseño inteligente que debió poner en marcha desde el principio muchas de estas complejas relaciones.

 

Antonio Cruz es biólogo, profesor y escritor.


© A. C. Suárez, ProtestanteDigital.com (España, 2008).

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