San Francisco de Asís, religioso italiano

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San Francisco de Asís, religioso italiano

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Hoy se cumple el aniversario del fallecimiento de Sabnn Francisco de Asis, notable religioso italiano en su época.

(Francisco Assisi; Asís, actual Italia, 1182-id., 1226) Fundador de la orden franciscana. Hijo de un rico mercader llamado Pietro di Bernardone, Francisco de Asís era un joven mundano de cierto renombre en su ciudad.

En 1202 fue encarcelado por unos meses a causa de su participación en un altercado entre las ciudades de Asís y Perugia. Tras este lance, aquejado por una enfermedad e insatisfecho con el tipo de vida que llevaba, decidió entregarse al apostolado y servir a los pobres. En 1206 renunció públicamente a los bienes de su padre y vivió a partir de entonces como un ermitaño.

San Francisco de Asís (Óleo de El Greco)

San Francisco de Asís predicó la pobreza como un valor y propuso un modo de vida sencillo basado en los ideales de los Evangelios. El papa Inocencio III aprobó su modelo de vida religiosa, le concedió permiso para predicar y lo ordenó diácono. Con el tiempo, el número de sus adeptos fue aumentando y Francisco comenzó a formar una orden religiosa, la de los franciscanos. Además, con la colaboración de santa Clara, fundó la rama femenina de su orden, que recibió el nombre de clarisas.

Sin embargo, la dirección de la orden no tardó en pasar a los miembros más prácticos, como el cardenal Ugolino (que luego fue Papa) y el hermano Elías, y él pudo dedicarse por entero a la vida contemplativa. Durante este retiro, San Francisco de Asís recibió los estigmas (las heridas de Cristo en su propio cuerpo), según testimonio de él mismo, y compuso el poemaCántico de las criaturas o Cántico del hermano sol, que influyó en buena parte de la poesía mística española posterior.

San Francisco de Asís fue canonizado dos años después de su muerte, el 15 de julio de 1226, y sus sucesores lo admiraron tanto por su modelo de austeridad como por su sensibilidad poética.

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– Extraño fin del ex vocero de la iglesia ‘Creciendo en gracia’ o ‘Secta del 666′.

Iquitos, Perú – Erick Rodríguez Gonzales, miembro de la agrupación religiosa llamada ‘Ministerio internacional creciendo en gracia’, o mejor conocida como la ‘Secta del 666′, fue hallado muerto en la habitación de un hostal en la ciudad de Iquitos.

El deceso de Rodríguez, que hasta hace unos días lideraba el movimiento religioso en esta ciudad de la Amazonía, ha causado miedo y sorpresa en la población.

La policía especula que podría tratarse de un asesinato, ya que hace unos días un grupo de pobladores intentó lincharlo, pues aseguraba que la secta quería llevarse a los niños del lugar. Varios padres de familia vieron a miembros de este grupo merodeando por un colegio de primaria.

El ex vocero de la iglesia ‘Creciendo en gracia’ fue hallado colgado de una viga en una habitación del hostal ‘Jaén’, en la entrada hacia el puerto de Masusa.

Según las primeras investigaciones, Erick Rodríguez estuvo, hasta hace unos días, trabajando en el cafetín de la Comisaría de Punchana, pues le dieron confianza al verlo dedicado a su religión, sin saber que tenía un problema de adicción a las drogas.

Fue así que hace tres días, el sujeto entró de madrugada al cafetín y robó un televisor de 21 pulgadas. Tras ser denunciado, fue capturado y reconoció su delito, pero dijo que lo hizo bajo los efectos de las drogas.

Algunos testigos afirman que, luego de este hecho, el joven entró en una gran depresión, pues decía que lo iban a expulsar de la iglesia por este delito. Esto lo habría empujado a quitarse la vida.

Medicina, arte y espiritualidad

Jorge Rouillon
Actualidad religiosa 

Medicina, arte y espiritualidad

Por Jorge Rouillon

 

Lunes 22 de setiembre de 2008

El Instituto de Integración del Saber de la Universidad Católica Argentina (UCA) realizó una jornada sobre “Medicina, arte y espiritualidad”, con dos disertantes que llegaron de Roma, y un calificado núcleo de asistentes.

El doctor Valter Santilli, neurofisiólogo, director de la Escuela de Especialización en Medicina Física y Rehabilitativa de la Universidad de La Sapienza, animó a ver a las personas en su integridad, entendiendo que la persona humana no es la suma de órganos, funciones físicas o psíquicas, más o menos enfermas.

Cuestionó la interpretación forzada de los datos de laboratorio en las investigaciones neurofisiológicas, que deriva en una visión reduccionista y limitada de la complejidad del ser humano, por una orientación determinista y materialista.

Puso en cuestión la tendencia a reducir a funciones meramente orgánicas las expresiones más altas de la naturaleza humana: la capacidad de abstracción, la capacidad de juicio y el libre albedrío, la inclinación a lo que es bello y lo que es artístico, los juicios de los acontecimientos históricos.

Abordó los efectos fisiológicos de la oración, como la tranquilidad, la reducción del ansia y el estrés. Observó que la capacidad de meditar se puede entrenar y produce efectos permanentes en el cerebro: en los monjes tibetanos, la corteza prefrontal es mucho más activa, también en la vida de cada día. Pero subrayó sobre todo la unidad y autonomía de la conciencia. Recordó que aun en un estado alterado, como bajo la hipnosis, hay algo más profundo por lo cual la persona no comete actos contra la propia moral, mantiene su integridad.

Juan José Sanguineti, sacerdote, de la Universidad de la Santa Cruz, de Roma, se refirió a la libertad y sus bases cerebrales: “La libertad sin el cerebro no puede hacer nada, pero ella es mucho más que el cerebro”. La indeterminación de nuestros actos, dijo, está sobre todo en la capacidad de reflexionar y de decidir confrontándonos con la verdad.

jrouillon@lanacion.com.ar

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1052319

Creacionismo – Evolucionismo (Artículos)

Creacionismo – Evolucionismo

Aca hay muchos artículos en la blogolaxia, pero no todos son buenos,son mediocres, pero pueden servir para explicar algunas cosas.

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Evolución: la ciencia y sus límites

Evolución: la ciencia y sus límites

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El mito del evolucionismo propuesto por Darwin se ha venido utilizando, durante todo el siglo XX, por los partidarios del materialismo puro para corroer la creencia en un Dios Creador. Muchos pensadores cristianos, como Pierre Teilhard de Chardin y otros, procuraron hacer frente a tal ataque conciliando la teoría transformista con la fe, abundando en la posibilidad de que la creación hubiera ocurrido mediante un proceso de evolución darwinista dirigido por Dios. Se elaboró así una moderna cosmogonía evolucionista-teísta que suavizaba el relato bíblico, reduciéndolo a una especie de parábola constituida por verdades simbólicas que no debían interpretarse en sentido literal.  

 
De esta manera se pretendía que la Biblia no entrara en conflicto con los enunciados transformistas de la ciencia que, en aquella época, se consideraban verdaderos.  

Tal como resalta el catedrático de Antropología Social de Cambridge, Ernest Gellner: “ […] los creyentes “modernos” no se preocupan por la incompatibilidad entre el libro del Génesis y el darwinismo o la astrofísica contemporánea. Dan por sentado que los enunciados, si bien en apariencia tratan de los mismos sucesos -la creación del mundo y los orígenes del hombre-, están en realidad en niveles muy distintos o incluso, como dirían algunos, en lenguajes completamente distintos, en tipos de “discurso” diferenciados o separados. Hablando en general, las doctrinas y las exigencias morales de la fe se convierten así en algo que, debidamente interpretado, apenas está “curiosamente” en conflicto con la sabiduría secular de la época, o con nada en realidad. Así descansa la paz y la vacuidad doctrinal” (Gellner, 1994, Posmodernismo, razón y religión, Paidós, Barcelona: 16).

Sin embargo, a principios del siglo XXI, los últimos descubrimientos de la ciencia parecen sugerir que esta batalla era innecesaria. Hay evidencia de la variabilidad que existe dentro de las especies, pero no la suficiente como para explicar las profundas transformaciones requeridas por el darwinismo.Los seres vivos prosiguen reproduciéndose según su género y no salen del cuadro estructural al que pertenecen, tal como afirma el relato del Génesis. Los cambios observados tampoco van siempre de lo simple a lo complejo, como se suponía, sino que desde el principio las estructuras celulares y los procesos metabólicos demuestran una alta complejidad que se mantiene hasta hoy y que sólo puede ser interpretada apelando a un Creador inteligente.

Toda la información de que dispone la ciencia en la actualidad apunta hacia un principio del universo en el tiempo y el espacio. La física y la cosmología han descubierto que la materia no es eterna como antes se creía, sino que empezó a existir en un momento determinado. Miles de acontecimientos físicos y químicos se dan la mano de forma asombrosa en el planeta Tierra para hacer posible la vida humana y del resto de los organismos. Pero, a la vez, la ciencia ha demostrado que en ningún lugar del planeta aparece actualmente le vida de manera espontánea, como consecuencia de las leyes naturales.

El descubrimiento del ADN y de la sofisticación del genoma humano, así como de la complejidad irreductible que hay en cada célula viva, sugieren también la necesidad de un diseñador que lo haya planificado todo. No obstante, el acto mismo de la creación sigue envuelto en la bruma del misterio y aunque nos fuera explicado por el mismo Dios, seguramente tampoco seríamos capaces de entenderlo. El nivel de los conocimientos científicos actuales no está a la altura requerida, aunque lo que cada vez resulta más evidente es que tal proceso creador no es ni mucho menos el transformismo lento y azaroso propuesto por Darwin, sino que más bien se perfila como un diseño perfecto, complejo y consumado desde el primer momento.

El estudio de los orígenes continúa siendo uno de los principales retos para la ciencia del tercer milenio. En lo más hondo del alma humana sigue latiendo el deseo de desentrañar los misterios que hay detrás de las leyes que rigen el universo y de los seres vivos que lo habitan. Es el eterno desafío de intentar comprender la mente del Creador. Pero conviene reconocer que hay cosas que la ciencia nunca podrá hacer, como revelar el carácter del supremo diseñador o su plan de salvación para la criatura humana. Esto es algo que pertenece a la teología.

A pesar de ello, la evidencia de designio y propósito en la naturaleza interpela directamente a cada ser humano. De tal manera que como afirma el apóstol Pablo:“las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Ro. 1:20). El diseño inteligente demanda una respuesta de cada persona. Una actitud de aceptación o de rechazo. Dios se ha manifestado también en el mundo natural y, por tanto, no valen las ambigüedades. La creación es la evidencia del Creador y seguirá siendo el fundamento de la visión cristiana del mundo.

Antonio Cruz es biólogo, profesor y escritor.

© A. C. Suárez, ProtestanteDigital.com (España, 2008).

http://www.protestantedigital.com/new/nowleernoticiaDom.php?r=241&n=10464

Apologética XVII

Apologética XVII

EL SACERDOTE Y EL ALTAR

ROMA SOSTIENE QUE, puesto que hay una ofrenda que hacer, el sacrificio de la misa, debe haber también sacerdote y altar, y por eso tiene muchos sacerdotes y muchos altares. Cada iglesia católico-romana tiene un sacerdote y en cada iglesia hay un altar. Muchas iglesias tienen muchos altares. Algunos escritores en diferentes épocas han hablado de los cincuentidós, sesentiocho y aun noventinueve altares en una sola iglesia, la de San Pedro en Roma, tan renombrada por su santidad y magnificencia.

Sin embargo, como ya hemos visto, la misa, lejos de ser un real sacrificio expiatorio del cuerpo y la sangre de Cristo, ordenado por el mismo Señor, es en realidad una institución humana de hecho idolátrica, y una ofensa a Dios, pues es una caricatura del gran sacrificio, en el que nuestro Señor se ofreció a sí mismo en el Calvario. No existiendo ahora sacrificio en la tierra, no hay necesidad de altar. A los israelitas se les prohibía en el Antiguo Testamento tener más de un altar, y éste debía estar en el lugar escogido por Dios (Lev. 17:8, 9 y Deut. 12:13, 14). Esta regla no se podía quebrantar mas que en casos de extremo peligro nacional (Jueces 6:24; I Sam. 7:9, 10; I Sam. 18:32; 2 Sam. 24:18). Esta limitación del altar a un solo lugar era figura del único lugar en que Dios podría encontrarse con el hombre, es a saber, en Cristo (Hechos 4:12). A esto contradice abiertamente la multiplicación de altares que hace Roma.

En ningún lugar del Nuevo Testamento se hace referencia a un altar en una iglesia. El culto cristiano no se hizo según el modelo del templo en Jerusalén, sino según el culto de las sinagogas en todo el país. La iglesia cristiana, a la verdad, tiene un altar, porque leemos en Heb. 13:10: ” (Los cristianos) tenemos un altar, del cual no tienen facultad de comer los que sirven al tabernáculo.” Y lo que sigue inmediatamente a esta afirmación nos indica el Calvario, donde nuestro Señor sufrió por nuestros pecados:

“Porque los cuerpos de aquellos animales, la sangre de los cuales es metida por el pecado en el santuario por el pontífice, son quemados fuera del real. Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo por su propia sangre, padeció fuera de la puerta.” (Heb. 13: 11,12.)

Los así llamados altares en las iglesias no son altares, sino que equivalen a la mesa a la que se sentó nuestro Señor con sus discípulos cuando instituyó la última cena. La cruz del Calvario representaba el altar de bronce, y el altar del incienso tuvo su cumplimiento en la intercesión de nuestro Señor por nosotros ante la presencia de su Padre.

“Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el mismo cielo para presentarse ahora por nosotros en la presencia de Dios” (Heb. 9:24).

“Mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable: por lo cual puede también salvar eternamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Heb. 7:24, 25.)

En el Antiguo Testamento, se ungió a los hijos de Aarón para que le ayudaran en el ministerio, porque un solo hombre no podía desempeñar todas sus funciones a causa de la multiplicidad de las ofrendas. Esto no tuvo su complemento en el ministerio sacerdotal de nuestro Señor, porque el no es como Aarón, “que también está rodeado de flaqueza” (Heb. 5:2), sino que ejerce sus funciones “según la virtud de vida indisoluble” (Heb. 7:16).

El Concilio de Trento declaró lo que sigue: “Si alguno dijere que en el Nuevo Testamento no existe un cuerpo colegiado de sacerdotes, ni sacrificio para retener y perdonar los pecados, sino simplemente la responsabilidad y trabajo de predicar el evangelio, sea anatema.”

A pesar de lo que dice el Concilio de Trento, permanece el hecho de que el sacerdote que ejerce su ministerio en la iglesia no es más que una ficción como lo es también el altar ante el que él se presenta, y el sacrificio de la misa que dice ofrecer a Dios. Ninguno de ellos tiene lugar ni aprobación en el Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento nunca aplica la palabra “sacerdote” en singular ni a los creyentes como individuos ni a ninguno que ejercía un oficio en la iglesia, sino que siempre la usa en plural, “sacerdotes,” refiriéndose a todo el conjunto de creyentes.

Así lo prueban los siguientes pasajes:

“Vosotros sed edificados una casa espiritual, y un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo” (1 Ped. 2:5).

“Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable” (I Ped. 2:9).

“Al que nos amó, y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre, y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y su Padre; a él sea gloria” (Apoc. 1:5, 6).

“Tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes” (Apoc. 5:9, 10).

“Serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Apoc. 20:6).

¿Cuáles son entonces los sacrificios que ofrecemos a Dios en nuestro servicio sacerdotal? Nos lo dice la Palabra de Dios:

Rom. 12:1. “Os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto.”

Salmo 51:17: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: al corazón contrito y humillado no despreciarás tu, oh Dios.”

Salmo 141:2. “Sea enderezada mi oración delante de ti como un perfume, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde.” (Véase también Apoc. 5:8 y Apoc. 8:3).

Heb. 13:15. “Ofrezcamos por medio de él a Dios siempre sacrificio de alabanza, es a saber, fruto de labios que confiesen a su nombre.” Heb. 13:16. “De hacer bien y de la comunicación no os olvidéis: porque de tales sacrificios se agrada Dios.”

La profecía de Malaquías, que dice: “Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las gentes; y en todo lugar se ofrece a mi nombre perfume y presente limpio” (Malaquías 1:11), no se cumple en el sacrificio de la misa como afirma Roma, sino en estos sacrificios espirituales que hacen los seguidores de Cristo, presentándole sus oraciones, y alabanzas, y servicio de amor a otros, no para ganar méritos, sino en señal de su amor y devoción.

“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” (Juan 4:23, 24.)

12 Refutaciones a la Inexistencia de Dios – Segundo Argumento

“El ‘espíritu puro’ no puede haber determinado el Universo.”
-Sebastian Faure, 2do argumento

En el libro “Doce Pruebas de la Inexistencia de Dios”, Sebastián Faure, bajo el segundo argumento, dice lo siguiente:

“A los creyentes que, a despecho de toda razón, persisten en admitir la posibilidad de la creación, les diré que en todos los casos es imposible de atribuir esta creación a su Dios. Su Dios es puro Espíritu. Y yo digo que el puro Espíritu: lo Inmaterial no puede haber determinado al Universo: lo material. He ahí porqué: El puro Espíritu no es separado del Universo por una diferencia de grado, de cantidad, sino por una diferencia de naturaleza, de cualidad.”

Es irónico que siendo ateo, Faure empieza su segundo argumento ofreciéndonos una lección acerca de la ontología (cualidad de esencia o naturaleza) del Espíritu. Sin embargo, observamos que en realidad ha emitido un buen entendimiento de la diferencia entre lo espiritual y lo material. Estoy totalmente de acuerdo con la última oración de este párrafo, la cual repito:

“El puro Espíritu no es separado del Universo por una diferencia de grado, de cantidad, sino por una diferencia de naturaleza, de cualidad.”

Si lo fuésemos a decir de otra manera, podríamos decir que el Espíritu, ya que no es meramente “más” ni “más alto” ni “más distante” que lo material, sino totalmentedistinto en naturaleza, no puede ser considerado, medido, ni percibido por los mismos medios que a lo material.

Faure continúa explicando su concepto de lo espiritual así:

“De manera que el Espíritu puro no es ni puede ser una ampliación del Universo del mismo modo que el Universo no puede ser una reducción del Espíritu puro. La diferencia aquí no es solamente una distinción, sino una oposición, oposición de naturaleza: esencial, fundamental, irreducible, absoluta.

Entre el Espíritu puro y el Universo, no hay únicamente un abismo más o menos grande y profundo que podría ser calmado o franqueado: hay un verdadero abismo, cuya profundidad y extensión, cualquiera que sea el esfuerzo intentado, nadie ni nada podría colmar ni franquear.”

¿”Nadie ni nada”? ¿Cómo sabe Faure esto? Esto no es lo que creemos los Cristianos, sino un punto que él ha asumido e introducido. Expando más sobre esto adelante, sigamos con Faure:

“Y yo emplazo al filósofo más sutil, lo mismo que al matemático más consumado, a levantar un puente, es decir, a establecer una relación – la que sea – (y con mayor razón una relación tan directa y tan estrecha como la que liga la causa al efecto) entre el Espíritu puro y el Universo.”

¿Quiere una relación entre lo espiritual y lo material? Muy bien, acá está: El Dios todopoderoso puede franquear ese “abismo”. Por supuesto, esto contradice su premisa de “nada ni nadie” señalada anteriormente, pero ¿por qué debe importarme que la verdad contradiga las premisas del ateo? Esa premisa de “nada ni nadie” no la insertó un Cristiano, ya que todo creyente entiende las muchas maneras en que Dios ha “cruzado” tal abismo: lo hizo en la creación, lo hizo en el huerto, lo hizo en la zarza, lo hizo en el torbellino, lo hizo en las nubes, y sobre todo, lo hizo en Cristo (Filipenses 2:5-7).

Así también Pablo dice “De uno solo, Dios hizo todas las naciones del mundo para que habitaran sobre toda la superficie de la tierra, habiendo determinado sus tiempos y las fronteras de los lugares donde viven, para que buscaran a Dios, y de alguna manera, palpando, Lo hallen, aunque El no está lejos de ninguno de nosotros. Porque en El vivimos, nos movemos y existimos, así como algunos de los poetas de ustedes han dicho: ‘Porque también nosotros somos linaje Suyo.’ ” (Hechos 17:26-28).

El punto es que Dios no necesita cruzar grandes distancias para alcanzar el universo, ya que en lo espiritual no hay distancias (el mismo Faure había admitido esto en la apertura a este argumento, sin embargo, parece que se le olvidó inmediatamente). Vivimos, nos movemos, y existimos (somos) en El. La tensión del ateo yace únicamente en la premisa “nada ni nadie” del que insensatamente querrá apegarse (del cual tiene fe ciega).

Faure sigue, armando su conclusión:

“Llegado a este punto de mi demostración, establezco sólidamente sobre los dos argumentos que preceden, la siguiente conclusión:

Hemos visto que la hipótesis de una potencia verdaderamente creadora es imposible. Hemos visto, en segundo lugar, que, aún cuando se persiste en creer en esta potencia, no se podría admitir que el Universo esencialmente material haya sido determinado por el Espíritu puro, esencialmente inmaterial.”

Como hemos visto por mis comentarios, sus dos argumentos en realidad no se establecen sobre una base sólida. Tampoco hemos visto cómo demostró que lo material no pueda partir de lo immaterial. Estas son afirmaciones de triunfo sin base alguna. Sin embargo, lo más irracional de este argumento viene a continuación:

“Si, a pesar de todo, vosotros os obstináis, creyendo, en afirmar que es vuestro Dios quien ha creado el Universo, ha llegado la hora de pediros dónde, en la hipótesis de Dios, se encuentra la Materia; en el origen, o en el principio.

Y bien. De dos cosas una: o bien la Materia estaba fuera de Dios o bien ella estaba en Dios (no le podríais asignar un tercer lugar). En el primer caso, si ella se hallaba fuera de Dios, es que Dios no ha tenido necesidad de crearla, puesto que ya existía; es que ella coexistía con Dios, es que era concomitante con él y, entonces, vuestro Dios no es creador.”

En el segundo caso, es decir, si ella no estaba separado de Dios, ella estaba en Dios, y en este caso yo asumo:

lº que Dios no es el Espíritu puro puesto que él tenía en sí una partícula de materia, y qué partícula: la totalidad de los Mundos materiales.

2º. Que Dios, conteniendo la materia en él, no ha tenido que crearla, puesto que ella existía; no ha tenido más que hacerla salir, y en este caso, la creación cesa de ser un acto de creación verdadero y se reduce a un acto de exteriorización.

En los dos casos, no hay creación.”

Esto meramente muestra un intento desesperado del ateo de forzar el recuento de la creación bajo un sistema materialista y ateo. Naveguemos con cuidado a través de sus conclusiones.

Primero, Faure pide saber “dónde” se encontraba la materia antes de ser creada. Concederemos que toda materia existente, por definición, puede ser ubicada en el espacio. Sin embargo, preguntar en dónde se ubica la materia inexistente es una demanda irracional. ¿Acaso sale Faure a buscar en qué país se encuentra la silla en la que se sentó en un sueño mientras dormía? La materia inexistente no existe, por tanto no puede ser ubicada en el espacio.

Por supuesto, el dilema del ateo es que no puede aceptar el concepto de materia inexistente, pues para él, por necesidad, toda materia es eterna. Pero al hacer esto, de nuevo notamos que su argumento es circular: “La materia no fue creada, sino que siempre ha existido; por tanto, la materia no fue creada . . . por tanto, la materia no fue creada . . . por tanto la materia no fue creada”. El ateo puede repetir su premisa todas las veces que quiera, y nunca se convertirá en verdad.

Luego Faure introduce un dilema absurdo acerca de si la materia se encontraba dentro o fuera de Dios en el principio. Poniendo a un lado el hecho de que la materia inexistente, por ser inexistente, no ocupa un espacio (no está ni “dentro” ni “fuera”), preguntaremos, ¿de dónde saca el ateo su concepto de “dentro” y “fuera” de Dios? ¿Qué es lo que realmente quiere decir con esto?

Si lo que quiere decir es que la materia debe estar geográficamente dentro o fuera de Dios, rechazaremos su pregunta, ya que está hablando de un dios inventado. El Dios de la fe Cristiana no tiene “dentro” ni “fuera”, geográficamente hablando, sino sólo los ídolos son ubicables en el espacio. Los términos “dónde”, “lugar”, “dentro” y “fuera” simplemente no son aplicables a lo espiritual.

También es digno de notar cómo Faure está desesperadamente agarrado de su presuposición (por fe ciega) de que la materia es eterna, ya que, aún hablando sobre la materia antes de ser creada, no la puede concebir de otro modo que “una partícula”. Pero si la materia existía en forma de “una partícula”, ¡entonces Faure no está realmente hablando sobre “antes de que la materia exista”! ¡Decídase por fin!

Otra cosa que me parece curiosa es la noción del ateo acerca de “la pureza”. ¿De dónde la recibe? ¿En qué se basa su concepto de “pureza”? ¿Cómo es que Faure mide si algo espiritual es “puro” o no? ¿Qué sistema de medida objetiva y empíricamente evidenciable posee para medir lo “puro”? Podemos ver que su juicio de “pureza” es sólo una preferencia, una idea subjetiva y basada en el vacío. Dios pudiera tener “una partícula dentro de sí”, sea como sea que lo entienda el ateo, y todavía ser completamente puro. Si el ateo cree que Dios debe ser juzgado por su opinión subjetiva de lo que significa “pureza”, pues el ateo está hablando de un dios que no es el que reconoce la fe Cristiana. Nos uniremos con el ateo en negar la existencia de ese dios, aquel diosito que necesita inclinarse para que el ateo le juzgue y determine si es digno de llamarse puro o no.

Su segunda posibilidad nos pretende decir que si Dios tenía la materia en Sí, pues no fue creación sino exteriorización. Pero, ¿qué tal si Dios tenía la materia en Sí, pero la tenía en Su Mente (como nos lo revelan las Escrituras)? Dirá el ateo que una idea jamás puede convertirse en materia, pero nosotros no tenemos por qué regirnos bajo esta regla, ya que eso es verdad según las leyes naturales, no las sobrenaturales (que es de lo que estamos hablando cuando hablamos sobre la creación). De nuevo, el ateo sigue con su argumento circular, y tratando de imponérnosla.

Como hemos visto, Faure hasta el momento no ha ofrecido ni una sola evaluación acerca de las afirmaciones de la fe Cristiana, juzgándolas por sus propios méritos. Solamente nos ha dicho cómo Dios no puede existir ni haber creado dentro de un mundo ateo. Reduciendo las argumentaciones del ateo, observamos claramente la circularidad de sus argumentos: “Dios no existe, por tanto Dios no existe”. Falacia del petitio principii.

Gozo en Su reposo,

A&R

Fuente:

12-refutaciones-a-la-inexistencia-de-dios-segundo-argumento

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