APOLOGETICA CATÓLICA XVI


APOLOGETICA CATÓLICA XVI

LA EUCARISTIA  (I)  (Transubstanciación)

DOCTRINA CATOLICO-ROMANA:

“El sacramento de la santa eucaristía es el verdadero cuerpo y sangre de Jesucristo, juntamente con su alma y divinidad, bajo la apariencia de pan y de vino. La materia de este sacramento es el pan blanco y el vino de uvas. La forma es: “Este es mi cuerpo,” pronunciada sobre el pan; y “Esta es mi sangre del pacto nuevo y eterno, el misterio de la fe, que será derramada por vosotros y por muchos para remisión de pecados,” pronunciada sobre el vino. El cambio del pan y del vino en el cuerpo y sangre de Cristo tiene lugar cuando el sacerdote en la santa misa pronuncia las palabras de la consagración ordenada por Cristo en la última cena. Este cambio se llama transubstanciación, es decir, un cambio no solamente en la figura o apariencia, sino en la realidad. Nuestro Señor dijo en la última cena: “Este es mi cuerpo…. Esta es mi sangre.” Lo que parecía pan y vino, dejaron de ser por su palabra lo que parecían, y se tornaron en su cuerpo y sangre preciosos. Después de la consagración desaparecen el pan y el vino, y en el altar está él mismo en su lugar, cuerpo y sangre, alma y divinidad, no percibidos por los sentidos, sino ocultos bajo las apariencias de pan y vino, que permanecen después de haber desaparecido la substancia.” (Lo que Creen los Católicos, pág. 37.)

Se sostiene:

1. Que el Señor prometió este sacramento (Juan 6:48-58).

2. Que más tarde lo estableció (Mat. 26:26-28; Mar: 14:22-25; Luc. 22:14-15; Cf. I Cor. 11:24, 25).

3. Que Pablo lo confirmó con su testimonio.

La doctrina de la transubstanciación apareció, de hecho, por primera vez en el año 830, y aun entonces las ideas que se tenían acerca de ella eran muy vagas y diferían unas de otras. La palabra “transubstanciación no se hizo de uso común sino hasta el año 830, y la doctrina siguió en disputa aun después de esa fecha. El Papa Inocencio III la promulgó en 1215, y fue declarada artículo de fe en 1551 por el Concilio de Trento, que anatematizó a cualquiera que la negara o pusiera en duda. Pero como Roma pretende basar esta doctrina en las Santas Escrituras, examinemos los pasajes que ella cita.

1. Juan 6:48-58 se aduce como una profecía de la santa eucaristía. “Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son muertos. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él comiere, no muera. Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos su carne a comer? Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiéreis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitar en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mi permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres comieron el maná, y son muertos: el que come de este pan, vivirá eternamente.” Este pasaje contiene ocho referencias a comer, y siete veces se repite la palabra “carne.” Todas ellas brotaron de los labios de nuestro Señor. A pesar de ello, negamos rotundamente que constituyan una profecía de la eucaristía católico-romana. Coloquemos frente a este pasaje las palabras del Señor, que se encuentran en versículos anteriores de este mismo capítulo, y que forman parte de la misma controversia entre él y los judíos, que estaban tratando de hacerle repetir el primer milagro de los panes y los peces para poder comer de balde otra vez. Juan 6:29: “Esta es la obra de Dios, que creáis en el que ha enviado.” 35: “El que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” 36: “Aunque me habéis visto, no creéis.” 37: “Al que a mí viene, no le echo fuera.” 40: “Esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna.” 44: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere.” 45: “Todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene a mí.” 47: “El que cree en mí, tiene vida eterna.”

Nueve veces encontramos las palabras “cree” y “come” en estos pasajes. La vida eterna es el resultado de comer su carne y beber su sangre, y vida eterna es también el resultado de creer y venir en los últimos versículos citados. Por consiguiente, comer de la carne y beber de la sangre del Hijo del hombre son sinónimos de venir a él y creer en él. En su ceguedad espiritual, los judíos no entendieron esto y se escandalizaron. Por eso se preguntaron unos a otros:

“¿Cómo puede éste darnos su carne a comer?” Ellos tenían razón por su parte, si es que las palabras se hubieran de entender en sentido literal, porque comer su carne y beber su sangre no hubieran sido más que un gTosero acto de canibalismo. Algunos de los discípulos de nuestro Señor también se escandalizaron por sus palabras, y dijeron: “Dura es esta palabra: ¿quién la puede oír?” Pero el Señor dio la explicación a los que la quisieron recibir, como antes lo había hecho con las parábolas contendidas en Mat. 13, al decirles: “El espíritu es el que da vida; la carne nada aprovecha: las palabras que yo os he hablado, son espíritu, y son vida” (Juan 6:63). Las palabras que Pedro dijo, hablando en su propio nombre y en el de los otros apóstoles, demostraron que ellos habían interpretado el significado de las palabras de nuestro Señor como “venir” a Cristo y “creer” en él: “Señor, ¿a quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna.” En el versículo 57 de este capítulo 6 de San Juan, nuestro Señor les dijo: “Como yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.” ¿Cómo vivió Cristo por el Padre? No comiendo físicamente de él, sino por la fe en él y en su palabra.

2. Vengamos ahora a los pasajes que Roma cita sobre el hecho mismo de la institución de la santa comunión o eucaristía. Mat. 26:26-29: “Y comiendo ellos, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed, esto es mi cuerpo. Y tomando el vaso, y hechas gracias, les dio, diciendo: Bebed de él todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto; la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados. Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.” Marcos 14:22-25: “Y estando ellos comiendo, tomó Jesús pan, y bendiciendo, partió y les dio, y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando el vaso, habiendo hecho gracias, les dio: y bebieron de él todos. Y les dice: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada. De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beberé nuevo en el reino de Dios.” Lucas 22:19, 20. “Y tomando el pan, habiendo dado gracias, partió, y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado: haced esto en memoria de mi. Asimismo también el vaso, después que hubo cenado, diciendo: Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.” I Cor. 11:23-26. “El Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo que por vosotros es partido: haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre: haced esto todas las veces que bebiereis, en memoria de mi. Porque todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga.” Probablemente lo primero que debemos observar en estos pasajes son las palabras “bendijo” y “habiendo dado gracias” que se emplean indistintamente, y que la palabra griega por “bendijo“’ es “euloges,” alabar.

La acción de gracias y la bendición o alabanza están dirigidas a Dios. Roma sostiene que se bendicen el pan y el vino, y que por esa bendición se transforman en algo diferente, que es cuerpo y sangre. Sin embargo el lenguaje que aquí se usa no permite esta interpretación. La acción de gracias y alabanza fue dirigida a Dios, de la misma manera que nuestro Señor dio gracias por los panes y los peces, al dar de comer a la multitud. Lo segundo a lo que debemos llamar la atención son las palabras que usó nuestro Señor, después de la acción de gracias: “Esto es mi cuerpo,” “Esto es mi sangre del nuevo pacto.” ¿Quiso él decir que él tenía en sus manos su verdadero cuerpo y sangre, cuando se encontraba él mismo en medio de ellos en el mismo cuerpo en que había vivido durante los años que ellos le habían estado siguiendo? -¡Increíble! En la Santa Escritura encontramos que nuestro Señor empleó muchas veces esta misma construcción gramatical, usando el verbo “ser” en el sentido de “representar,” y no puede tener otro significado. Génesis 41:26. “Las siete vacas hermosas siete años son; y las espigas hermosas son siete años.” Génesis 49:9, 14. “Cachorro de león (es) Judá.” “Issachar (es) asno huesudo.” Daniel 7:24. “Los diez cuernos son diez reyes” (Nácar-Colunga) . Salmo 84:11 “Sol y escudó es Jehová Dios.”

Salmo 119:105. “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” Mateo 13:8. “El campo es el mundo; y la buena simiente son los hijos del reino.” Rom. 3:13. “Sepulcro abierto es su garganta.” Juan 10:9. “Yo soy la puerta.” Juan 15:1. “Yo soy la vid verdadera.”

En el lenguaje ordinario usamos también nosotros con frecuencia esta misma figura de dicción, y decimos, mirando el plano de una casa: “Este es el comedor y esta es la cocina. “O mirando una fotografía, decimos: “Este es fulano o zutano.”

Al hablar así, hablamos como habló nuestro Señor al tomar el pan y el vino. En realidad él no habló del vino, sino de la copa, cuando dijo: “Esto es mi sangre del nuevo pacto.” Otro punto al que debemos llamar la atención es el hecho de que nuestro Señor llamó el vino “fruto de la vid,” al decir: “Desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.”

Lo mismo hizo Pablo cuando, al hablar de los elementos del pan y del vino, dijo: “Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga” (I Cor. 11:26). Roma afirma que la transubstanciación es el más grande de todos los milagros.

Toda la evidencia de la Palabra de Dios y de la experiencia demuestra que no se trata de un milagro, sino de un absoluto error. Nuestro Señor obró muchos milagros mientras estuvo en la tierra, pero todos ellos llevan el sello de su propia evidencia. Los ciegos vieron, los cojos anduvieron, los muertos resucitaron a una vida activa, el pan se multiplicó a la vista de millares de personas. La resurrección de nuestro Señor fue un milagro poderoso, tan poderoso que aun los mismos que le conocieron mejor dudaron de él en un principio. ¿Cómo disipó él aquellas dudas? “Palpada, y ve; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Luc. 24:39).

Al incrédulo Tomás le dijo: “Mete tu dedo aquí, y ve mis manos: y alarga acá tu mano, y métela en mi costado: y no seas incrédulo, sino fiel” (Juan 20:27) . Nuestro Señor dijo a sus discípulos que aplicaran sus facultades ordinarias de crítica para probar la realidad de su resurrección. No es esto lo que hace la iglesia romana en relación con la eucaristía. El pan y el vino no pierden su apariencia, forma, gusto, olor, peso ni color después de haber sido bendecidos por el sacerdote; y todas las demás cualidades que se perciben por los sentidos son exactamente las mismas de antes; pero el católico tiene que rechazar la evidencia de todos sus sentidos, o ser anatematizado. Lo que perciben los sentidos son lo que la iglesia romana llama “accidentes.’

Cuando el Señor convirtió el agua en vino en las bodas de Caná de Galilea, no hubo “accidentes.” “El maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabía de dónde era…. el maestresala llama al esposo, y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están satisfechos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen vino hasta ahora” (Juan 2:9, 10). La iglesia católico-romana habla de la presencia real del Señor en los elementos sacramentales; pero de las palabras del apóstol Pablo en 1 Cor. 11:26 aprendemos lo contrario, pues él nos recuerda más bien la ausencia del Señor. “Haced esto en memoria de mí, porque todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga” (I Cor. 11:25, 26).

No necesitamos recordar a un amigo que está con nosotros, el recuerdo tiene lugar cuando una persona está ausente, y esto es lo que acontece con el Señor y esta fiesta recordatoria. El “subió sobre todos los cielos” (Efe. 4:10) a los cuarenta días después de su resurrección, pero lo hizo “para cumplir todas las cosas,” y en el sentido de su inminencia divina, está tan cerca de nosotros hoy como lo estuvo de sus discípulos del pasado; pero aún tiene en los cielos, “a la diestra de la Majestad en las alturas” (Heb. 1:3), el mismo cuerpo glorificado que tuvo en la tierra, y allí está sentado como nuestro Gran Sumo Sacerdote, para hacer intercesión por nosotros para siempre (Heb. 7:25). “Al cual de cierto es menester que el cielo tenga hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde el siglo” (Hechos 3:21). Su cuerpo humano glorificado no está en la eucaristía, sino a la diestra del Padre “para presentarse ahora por nosotros en la presencia de Dios” (Heb. 9:24).

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4 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. kikoprieto
    Sep 30, 2008 @ 19:46:10

    Paulo, no he llegado a leerlo entero, pero de entrada no me acaba de gustar que para alegar que algo no es como a uno le gusta (por ejemplo, la transubstanciación), pongas como si el evangelio o el propio Cristo se contradigan, -en unós versículos dice tal cosa, pero en otros, parece negarlo- no es algo en sí contradictorio. ¿para qué sino, aparecen estas palabras en el Evangelio:
    “le reconocieron al partir el pan”
    “Esto es mi cuerpo…”
    “Esta es mi sangre…”
    ¿Qué problema, teológico, se puede tener al afirmar que a Cristo mismo comemos?, “en Cristo somos, nos movemos y existimos” dice San Pablo, ¿qué mayor manera de hacernos “ipse Christus” que en la “común-unión”?

    Y luego está el problema de María.

    El evangelio de San Lucas dice por voca de María:
    “…me llamarán bienaventurada todas las generaciones por que el Poderoso ha hecho obras grandes por mi…”
    Y luego en las bodas de Caná dice San Lucas en voca de María: “haced lo que él os diga”.

    Y la encarnación dice esto:
    “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.”
    Es la “llena de gracia”, la criatura con mayor acción divina, con mayor cercanía con Dios mismo, que se encarnó en sus entrañas.

    No existe contradicción en el evangelio… y ¿por qué estas palabras?

    Pienso que la eucaristía y la devoción a la Virgen solo pueden ser mejoras y de un gran calado teológico al culto y a la inspiración cristiana.

    Y cambiando de tema, esta misma tarde un pastor evangélico me ha “asaltado” para bien antes de asistir a Misa, por la tarde (por motivos de horario hoy no había podido ir por la mañana), y le he comentado nuestro encuentro en la red, y pese a que él iba a lo suyo, yo me he quedado tranquilo, si sigue así seguro que llega lejos.

    Bueno, te dejo y buenas noches o lo que sea por ahí.

  2. pauloarieu
    Sep 30, 2008 @ 21:27:59

    ok,kikoprieto, te entiendo.
    Te parece que lo conversemos de manera mas amplia en el otro blog – foro de debates, donde podamos conversarlo de manera amplia?
    Si estas de acuerdo, lo conversamos ahí, y lo examinamos sin dogmas, y lo escudriñamos con la biblia, te parece bien?

    Si estás de acuerdo, di amen, y mañana, vos te levantás antes que yo, ya que hay 4 o 5 hs. de diferencia.y colocas en el foro un nuevo thread (hilo) de debate, colocas la doctrina de la transusbtanciacion tal como la conoces y la revisamos de manera amistosa, que te parece?
    Me parecería de mucha utilidad ya que yo no la conozco en su totalidad, y seria interesante evaluarla y ver como entendemos nosotros y porque lo entendemos así.
    Saludos

  3. pauloarieu
    Sep 30, 2008 @ 21:46:16

    Que significa esto:
    esta misma tarde un pastor evangélico me ha “asaltado” para bien antes de asistir a Misa, por la tarde

    Cualquier cosa que te moleste, pedile su correo electrónico y que se ponga en contacto conmigo, yo doy testimonio de tu conducta en los blogs y de mi amistad contigo
    Dale mi correo electronico, que se ponga en contacto conmigo, que no sea fanatico, y no te dejes maltratar por nadie,ok?
    Que se comuniquen de inmediato conmigo, que yo doy testimonio de tu persona (hasta donde te conozco,obvio)

    Saludos

  4. pauloarieu
    Sep 30, 2008 @ 22:52:24

    Kiko:

    Estuve leyendo bien el articulo viendo si había un error,pero no encontré nada raro.

    La cena del Señor, es un signo, una ordenanza de Jesús al igual que el bautismo.

    Cuando se niega la transubstanciación, se dice que la materia no se transforma literalmente en carne de Jesús, y el vino en la sangre de Jesús, no hay ningún cambio en las propiedades físicas del pan y del vino. Solo simbólicas.

    El esta presente en la persona del Espíritu Santo, y nosotros lo hacemos para memorial, o sea, recordando su muerte y resurreccion y sufrimiento en el calvario.

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