APOLOGETICA CATÓLICA XI


APOLOGETICA CATÓLICA XI

EL BAUTISMO

LA IGLESIA CATOLICO-ROMANA pone mucho énfasis  en los sacramentos, a la cabeza de los cuales coloca el bautismo como esencial para la salvación. Es de tan vital importancia que, aunque de ordinario sólo el sacerdote puede realizar la ceremonia, en casos de emergencia cualquier laico puede administrarlo, si no hay un sacerdote a mano. En el folleto Lo que creen los católicos (Catholic Truth Society) se cita el caso de un soldado inglés en la India, que solía darse un paseo en las mañanas por la playa para bautizar las criaturas que habían sido abandonadas allí para que fueran arrastradas por la marea, y se pone el siguiente comentario: “No pudo salvar su vida en la tierra, pero pudo llevarlas a la vida eterna.” Otro caso es el de una criatura que fue dejada a cargo de un hermanito suyo. Este fue víctima de un ataque cerebral repentino, y la criatura le bautizó a él. La conclusión que de esto se saca es que todos deben saber cómo bautizar, a fin de que puedan saber cómo actuar en emergencias semejantes.

El romanismo enseña que las almas de los niños sin bautizar van al morir a un lugar entre el cielo y el infierno llamado limbo, donde estarán por la eternidad en un estado de felicidad natural. No van al infierno, porque no han cometido pecado; pero como la mancha del pecado original no ha sido limpiada en ellos por el bautismo, no pueden entrar en el cielo para gozar de la visión beatífica de Dios. Los adultos no bautizados van al morir directamente al infierno, porque, además del pecado original, tienen pecados actuales que ellos mismos han cometido. En relación con los niños no bautizados, digamos primeramente que el “limbo” es una ficción de la imaginación romanista, y que no se encuentra apoyo alguno en la Escritura para afirmar la existencia de tal lugar. No puede referirse al “hades” o lugar de las almas de los desaparecidos, que se traduce “infierno” en la versión española, ya que éste es un lugar temporal, pues leemos en Apoc. 20:13, 14 que “la muerte y el infierno (hades) dieron los muertos que estaban en ellos; y fue hecho juicio de cada uno según sus obras. Y el infierno y la muerte fueron lanzados en el lago de fuego. Esta es la muerte segunda.” No hay aquí posibilidad para la existencia de un lugar de duración eterna en un estado de felicidad natural, aparte del mismo cielo. Permanece el cielo, y el infierno, el lago de fuego, donde son arrojados todos aquellos cuyos nombres no están escritos en el Libro de la Vida. No se hace mención tampoco del bautismo, a este propósito, ni de los niños ni de los adultos.

La definición que da el diccionario de la palabra “sacramento” es: Una ceremonia o acto religioso, que se considera como signo externo y visible de una gracia interna y espiritual. La esencia de esto está en que el sacramento as algo simbólico; pero Roma no acepta esta definición. Para ella el bautismo es mucho más que un símbolo de una gracia ya recibida; es un rito que por sí confiere la gracia salvadora, de modo que una persona bautizada se salva, y una que no lo es se pierde. Continuemos citando el folleto antes mencionado:

“Todo bien nos viene por la sangre preciosa…. Por los sacramentos se aplican a nuestras almas los méritos de la sangre preciosa…. Porque los sacramentos no son solamente señales de la gracia, sino que dan también la gracia que significan. El alma de un niño queda limpia del pecado original, cuando se derrama un poco de agua sobre su cuerpo (pág. 33). El bautismo es un sacramento que nos limpia del pecado original, nos hace cristianos, miembros de la iglesia y herederos del cielo…. El bautismo perdona también los pecados actuales, es decir, los pecados que nosotros mismos cometemos, y borra la pena que se debe por ellos, cuando los que son reos del pecado actual lo reciben con las debidas disposiciones” (pág. 35).

El lenguaje que aquí se usa es claro e inequívoco; pero no está conforme con la enseñanza de la Escritura. No solamente no se encuentra en ella, sino que directamente contradice lo que dice la Biblia.

¿Puede el derramamiento de un poco de agua sobre el cuerpo limpiar el alma del pecado?

“Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre fi, tu pecado está sellado delante de mí, dijo el Señor Jehová” (Jer. 2:22).

“Pilato . . . tomando agua se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo” (Mat. 27:24).

¿Acaso el lavarse la manos le limpió de su culpa? Tampoco lo puede hacer el agua de la fuente bautismal. Lo que el agua no puede hacer, lo realiza la preciosa sangre de Cristo.

“La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado…. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad” (1 Juan 1:7 y 9).

Tampoco puede el bautismo hacernos cristianos, hijos de Dios y herederos del cielo. Esto no lo puede realizar más que el Espíritu Santo, obrando en nosotros cuando recibimos a Jesucristo por fe en nuestros corazones.

“A lo suyo vino (Cristo), y los suyos (el pueblo judío, cuyo Rey y Mesías él era) no le recibieron. Mas todos los que le recibieron, dioles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre: los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, mas de Dios” (Juan 1:11-13).

Nótese que recibir y creer se usan aquí como sinónimos. La verdadera fe es más que un credo, y más que un asentimiento mental a ese credo; es algo activo, que recibe. Esto es lo que significa el pasaje de Santiago 2:20: “La fe sin obras es muerta.” Cristo está a la puerta de cada corazón y llama, pidiendo que se le deje entrar como Señor y Dueño, Príncipe y Salvador. El dice:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él” (Apoc. 3:20) .

El, el Príncipe de la vida, entra a morar en nosotros cuando le abrimos la puerta.

“Y este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida: el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. Estas cosas he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” (1 Juan 5:11-13).

No se puede usar lenguaje más claro y directo: el que tiene al Hijo, por haberle recibido en su corazón por la fe, tiene vida eterna. Lo opuesto es igualmente claro:

“El que es incrédulo a Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).

“El que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18).

Ningún rito bautismal, no importa quien sea el que lo realiza, puede regenerar un alma o darle esa vida eterna, que es la única cosa que la puede hacer hijo de Dios y heredero del cielo. Si esto fuera posible, Pablo no hubiera escrito: “Cristo no me envió a bautizar, sino a predicar el evangelio” (I Cor. 1:17). Ni hubiera podido entrar al paraíso con Cristo el buen ladrón, sin haber sido bautizado.

En las Escrituras hallamos que la regeneración es resultado de dos cosas: 1, la verdad del evangelio; 2, el poder del Espíritu Santo.

1.      Dice I Pedro 1: 23-25:

“Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre…. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.”

2.      Juan 3:5, 6:

“El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.”

La iglesia romana enseguida echa mano de la palabra “agua” de esta última porción de la Escritura y afirma que se refiere al bautismo; pero es imposible sostener que esta palabra se refiere a la regeneración bautismal, si se tienen en cuenta los otros pasajes que ya hemos considerado. Dejemos que la Escritura se interprete a sí misma. Leemos en Efe. 5:25-26:

“Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, limpiándola en el lavacro del agua por la palabra.”

Esto conviene exactamente con el pasaje de I Pedro 2:23-25, a que nos hemos referido arriba: “Siendo renacidos . . . por la palabra de Dios.” Leemos también en Rom. 10:17: “La fe es por el oír; y el oír por la palabra de Dios.”

El oír la Palabra de Dios da origen a la fe, esa fe que abre el corazón al Salvador que está esperando, éste entra y el alma es regenerada. El hecho de la regeneración es obra del Espíritu Santo:

“El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene ni a dónde vaya: así es todo el que es nacido del Espíritu” (Juan 3:8).

La obra del Espíritu Santo en la regeneración, comunicando nueva vida espiritual al alma que antes estaba muerta “en sus delitos y pecados,” y que ahora aborrece el pecado que antes amaba, y halla gozo en las cosas celestiales, es ciertamente un milagro de la gracia; pero trae consigo su propia evidencia, como lo hace el viento invisible, cuyo sonido oímos y cuya frescura sentimos, evidencia que no se puede negar. El fruto del Espíritu en diversos grados de abundancia y perfección se manifiesta en el alma regenerada: caridad, gozo, paz, tolerancia benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley. Porque los que son de Cristo han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias. (Gál. 5:22-24.)

La conclusión innegable, que se deduce de todas las porciones de la Escritura que hemos considerado, es que el rito del bautismo no perdona el pecado, ni da la vida eterna y hace al alma heredera del cielo. Y sin embargo, es un rito ordenado por nuestro Señor sin ningún género de duda. ¿Cuál es, pues, su función y qué propósito tiene?

La respuesta a la primera parte de la pregunta es: el bautismo sigue a la salvación. Puede ser que pase un largo tiempo entre los dos, o el uno puede seguir a la otra tan estrechamente que sean casi inseparables; pero aun en este caso, no es el bautismo lo que salva, sino el arrepentimiento y la fe.

Cuando nuestro Señor dio la gran orden misionera, dijo:

“Por tanto, id, y doctrinad a todos los gentiles, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

El orden fue: doctrinad, bautizad y luego enseñad, y nosotros hallamos que los discípulos siguieron rigurosamente este orden.

Hechos 2:41: “Los que recibieron su palabra, fueron bautizados.”

8:12: “Cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.”

8:13: “El mismo Simón creyó también entonces, bautizándose.” Los hechos posteriores hicieron ver que fue engañador, pero su bautismo siguió a su profesión de fe.

8:36-38: “Y dijo el eunuco: He aquí agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Y Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro: y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y bautizóle.”

9:18: “Luego le cayeron de los ojos (a Pablo) como escamas, y recibió al punto la vista: y levantándose, fue bautizado.”

10:47-48: “¿Puede alguno impedir el agua, para que no sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y les mandó bautizar en el nombre del Señor Jesús.”

16:29 34: “El (el carcelero) entonces pidiendo luz, entró dentro, y temblando, derribóse a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos fuera, les dice: Señores, ¿qué es menester que yo haga para ser salvo? Y ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú, y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor, y a todos los que estaban en su casa. Y tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó los azotes; y se bautizó luego él, y todos los suyos . . . y se gozó de que con toda su casa había creído a Dios.”

Hechos 18:8: “Y Crispo, el prepósito de la sinagoga, creyó al Señor con toda su casa: y muchos de los corintios oyendo creían, y eran bautizados.”

A la segunda parte de la pregunta: “¿Qué propósito tiene?”, hay varias respuestas.

1.      El bautismo es un acto de confesión. En I Cor. 10:2 leemos: “Y todos en Moisés fueron bautizados.” De esta manera llegaban a ser discípulos de Moisés, y se reconocían a sí mismos como tales: “Nosotros discípulos de Moisés somos” (Juan 9: 28) . Así el creyente cristiano se bautiza en Cristo (Gál. 3:27), haciendo pública confesión de fe en él.

2.      Declara la limpieza interior espiritual ya recibida. Y Pedro les dice: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados…. Así que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados” (Hechos 2:38-41). Habiendo recibido su palabra, fueron bautizados, indicando así la limpieza que habían recibido.

3.      Declara la unión del creyente con Cristo en la muerte y resurrección: “¿Pues qué diremos? ¿Perseveraremos en pecado para que la gracia crezca? En ninguna manera. Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él a muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida” (Rom. 6:1-4) .

Véase También Col. 2:13, y 3:1-4.

5 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. kikoprieto
    Ene 07, 2009 @ 10:39:35

    Paulo, hay algunas cosas de las que me gustaría dejar alguna constancia, es lo siguente:

    – Sacramento: Signos sagrados instituidos por Cristo, eficaces, que nos dan la Gracia.

    Los sacramentos son eficaces ex opere operato («por el hecho mismo de que la acción sacramental se realiza»), porque es Cristo quien actúa en ellos y quien da la gracia que significan, independientemente de la santidad personal del ministro. Sin embargo, los frutos de los sacramentos dependen también de las disposiciones del que los recibe.

    Bautismo: ¿sin bautismo hay salvación?

    Puesto que Cristo ha muerto para la salvación de todos, pueden salvarse también sin el Bautismo todos aquellos que mueren a causa de la fe (Bautismo de sangre), los catecúmenos, y todo aquellos que, bajo el impulso de la gracia, sin conocer a Cristo y a la Iglesia, buscan sinceramente a Dios y se esfuerzan por cumplir su voluntad (Bautismo de deseo). En cuanto a los niños que mueren sin el Bautismo, la Iglesia en su liturgia los confía a la misericordia de Dios. —Es decir, lo del limbo parece que no—-

    -¿Qué significa la afirmación «fuera de la Iglesia no hay salvación»?
    La afirmación «fuera de la Iglesia no hay salvación» significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por medio de la Iglesia, que es su Cuerpo. Por lo tanto no pueden salvarse quienes, conociendo la Iglesia como fundada por Cristo y necesaria para la salvación, no entran y no perseveran en ella. Al mismo tiempo, gracias a Cristo y a su Iglesia, pueden alcanzar la salvación eterna todos aquellos que, sin culpa alguna, ignoran el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan sinceramente a Dios y, bajo el influjo de la gracia, se esfuerzan en cumplir su voluntad, conocida mediante el dictamen de la conciencia.


    -¿qué es la gracia?

    La gracia es un don gratuito de Dios, por el que nos hace partícipes de su vida trinitaria y capaces de obrar por amor a Él. Se le llama gracia habitual, santificante o deificante, porque nos santifica y nos diviniza. Es sobrenatural, porque depende enteramente de la iniciativa gratuita de Dios y supera la capacidad de la inteligencia y de las fuerzas del hombre. Escapa, por tanto, a nuestra experiencia

    Sobre los méritos de la gracia: ¿cómo puede un hombre merecer la gracia, sino es a través de Cristo, su incorporación a su Cuerpo Místico?
    “En Cristo somos, nos movemos y existimos” y antes el propio Jesús había dicho “sine mihi nihil potestis faccere” esto es “sin mí nada podeís hacer”.

    Entiendo que remover años de teología a-católica de golpe, no es fácil. Pero tampoco veo bién, querido Paulo, que a veces critiques ciertas interpretaciones por ser del estilo católico.
    ¿Acaso un evangélico como tú, no tiene gente que se dedica a estudiar las escrituras, marcando “lugares bíblicos” aconsejables y “señales del evangelio” que marquen el día a día de la fe? Los católicos hacemos como tú. Igual. Mi pertenencia a la Iglesia pasa por mi fidelidad, que no mi fe, al obispo de mi diócesis y al obispo de Roma, es decir, al Papa.
    Marco lo de fidelidad frente a lo de la fe, porque a veces se malinterpreta:
    fidelidad, es un acto de la voluntad, que regida por la razón, mueve al ser personal, a ser coherente con sus compromisos. Es decir, la fidelidad tiene que ver con la coherencia y la responsabilidad.
    La fe, nunca pidrá atribuirse a ese caso. Solo una interpretación “humanizada” de la fe, entendida como confianza puede equiparar fidelidad con fe. Yo no creo en mi Obispo en cuanto tal, sino en Cristo a través de mi Obispo. Por eso, solo hago caso a lo que me sugiere mi Obispo en aquellas cosas que sé que afectan directamente a mi alma y a mi salvación. Y lo mismo sobre el director espiritual.

    Y fuera de la discusión o el diálogo, un fuerte abrazo. Y te ruego te acuerdes algo de mis exámenes que empiezan mañana. El primero: Bases Psicopedagógicas de la Educación Especial–> Educación para niños con necesidades (por defecto y por exceso, superdotados, p.e.) El último examen es Biblia y Teología, que durará unas tres horas, con tres partes (Fe(Padre, Hijo y E.S), Sacramentos y Eclesiología)

  2. kikoprieto
    Ene 07, 2009 @ 10:40:50

    Biblia y Teología es el 23 de Enero.

  3. kikoprieto
    Ene 07, 2009 @ 10:41:13

    Biblia y Teología es el 23 de Enero.

  4. pauloarieu
    Ene 07, 2009 @ 12:33:18

    Kiko:
    Asi a vuelo de pajaro,
    1. sacramentos, nosotros le llamamos ordenanzas,proque son ordenes dadas por el Señor, en tono imperatrivo:
    a. La cena del Señor
    b. El bautismo.

    En Los sacramentos, si importa el estado espiritual del ministro, si es un hereje o un falso minsitro, obviamente, no tienen valor.Porque, porque Cristo no opera en falsos ministros, mal puede bendecir un hereje o un impio.

    No se debe administrar el bautismo sin conversión constatada. Lamentablemnte muchas iglesias independientes que no tienen buena doctrina, hacen y deshacen lo que se les da la gana, pero eso es inevitable.

    Por ahora, no podemos evitar el denominacionalismo ni impedir que alguien predique. Solo podemos disentir.No hay manera de prohibir. Lo hacen igual en la clandestinidad.Solo un ministro asociado a un concilio puede ser objeto de reprension por parte de las autoridades del concilio, pero nadie se puede meter en otro concilio.
    Los lideres le tienen terror a todo modelo relacionado con el catolicismo romano,. Hay muchism o rechazo con respecto al catolicismo romano ,por algunas doctrinas principales que nos separan y por el testimonio de la historia, lo que paso cuando la ICR tuvo el poder absoluto.

    Aca en latinoamerica, si nombras la palabra ecumenismo te sacan los ojos.Incluso todo dialogo con el catolcismo lo critican salvajemnte y te dicen tanats cosas, que a veces mejor abstenerse.
    A mi me han dicho de tood por publciar articulso del papa, que son de edificiacion, asi que imaginate.
    Debo ser uno de los pocos evangelciso que tienen blog que evaluan las enseñanzas del catollcismo y publican algo proveniente del catolicsimo.
    Y no es este considerado un buen sitio web, en los blogs de buena teologia no soy reocmendado y ya me han censurado definitivamente de uno, poir llamarlo hereje al administrador.
    De las iglesia evangelicas, donde te haces un poco el “sabio”,o te pones un pcoo critico de los errores que a veces surgen, te expulsan sin ningun remordimeinto, te piden que te retires en “amistad”, y listo, que te busques otra iglesia.

    El bautismo no salva ni transforma al individuo. Solo es el signo u ordenanza que le da entrada a la iglesia visible, no a la invisible.O sea, le hace miembro de la comunidad no necesariamente del cuerpo de Cristo.Si no es convertido, entra al agua del bautismo un pecado seco y sale un pecado mojado.

    La expresión “fuera de la Iglesia no hay salvación»,” originariamente significaba “iglesia catolica”. Los demas grupos disidentes quedaban fuera.
    No se si ahora cambio desde Vaticano II, pero igual, la iglesia no salva, la salvacion la da Cristo directamente, al que cree, por medio de la fe.No hay apostoles que puedan transmitir el don “evidencialmente”” de la salvacion, como lo hicieorn los apostoles de Jesus. Negamos la sucesion apostolica noisotors. No tiene base biblica ni es comprobable realmente en la practica.
    Ademas, apostoles de Jesus no hay mas, hay “apostoles de la iglesia”
    Ahora bien, si la persona esta en condiciones humanas de incorporarse a una comunidad cristiana y no lo hace, yo dudo de su salvación, de su entrega a Cristo.

    La gracia es favor inmerecido. No merecemos nada, Kiko. Dios nos escogió de su propia voluntad y por razones que solo a el le atañen y solo el conoce.Por eso es gracia, favor inmerecido.

    diviniza.no es correcto, es mejor santifica, y nos hace participes de la naturaleza divina, pero nunca nos diviniza, cuidado con esa expresion, siempre seremos “santos”, o sea pecadores perdonados por gracia.
    Es peligrosa esa expresion. Es mas exacto decir somos santos, “apartados para Dios”, por su gracia e incorporados al cuerpo de Cristo por el Espiritu Santo.

    Despues dices:

    Entiendo que remover años de teología a-católica de golpe, no es fácil. Pero tampoco veo bién, querido Paulo, que a veces critiques ciertas interpretaciones por ser del estilo católico.
    ¿Acaso un evangélico como tú, no tiene gente que se dedica a estudiar las escrituras, marcando “lugares bíblicos” aconsejables y “señales del evangelio” que marquen el día a día de la fe? Los católicos hacemos como tú. Igual. Mi pertenencia a la Iglesia pasa por mi fidelidad, que no mi fe, al obispo de mi diócesis y al obispo de Roma, es decir, al Papa.

    No comprendo tu reflexion, que me queres decir.
    Si critico algo es porque entiendo que no es correctio biblicamente, pero nada mas.

    Che, haceme acordar las fechas de examen para orar. Yo te tengo en mis oraciones, el Señor te trae a mi mente. Yo estos dias estaba pidiendo por vos al Padre.
    No soy anticatolico, hay catolicos que si son cristianos, la gran mayoria no lo son, no han conocido a Cristo, solo tienen una tradicion catolica.Son creyentes, peor no son salvos, no son santos para nada. Y sino, presta atencion un poco como viven la mayoria de los catolicos y te daras cuenta, que de Cristo en la vida diaria, poco y nada, mas que un poco de barniz superficial, una capa de pintura, facil de remover.

    Saludos y bendiciones
    Paulo

  5. kikoprieto
    Ene 07, 2009 @ 20:00:41

    “catolicos que si son cristianos, la gran mayoria no lo son, no han conocido a Cristo, solo tienen una tradicion catolica.Son creyentes, peor no son salvos, no son santos para nada. Y sino, presta atencion un poco como viven la mayoria de los catolicos y te daras cuenta, que de Cristo en la vida diaria, poco y nada, mas que un poco de barniz superficial, una capa de pintura, facil de remover” …QUE GRAN RAZÓN QUE TIENES. MENOS MAL QUE PARA ESO ESTAMOS NOSOTROS, PARA HACER UN POCO DE APOSTOLES.
    Y OJO, QUE NINGUNO DE NUESTROS PARIENTES Y AMIGOS PUEDA DECIR, EN EL JUICIO FINAL, CUANDO LLEGE LA PARUSÍA (ME ENTIENDES) HOMINE NON HABEO… NO HABÍA HOMBRE

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