El Pentateuco VIII


El Pentateuco VIII

Deuteronomio:

Moisés Predica

Cuántas veces ha preguntado usted, Por qué permitió Dios que esto sucediera? Con frecuencia suceden cosas en nuestras vidas que nos dejan confusos. Sobre todo, queremos saber el por qué de las experiencias amargas y difíciles. Ojalá que Dios me explicara por qué yo tuve que pasar por esto!

Muchos quieren hacer estas preguntas para aprender algo de su pasado. Si entendemos bien el pasado, podemos tomar los pasos hacia el futuro con más seguridad. Pero hay otros a quienes no les importa nada del pasado. Ellos pueden vivir toda su vida cometiendo los mismos errores todos los días. No aprenden y no pueden aprender. Mientras unos viven buscando la razón de todo, otros pasan la vida sin llegar a pensar en nada.

Después de leer los primeros 4 libros del Pentateuco, puede ser que usted crea que el pueblo de Israel era de los que no piensan nada. Ellos no evaluaban ni interpretaban ni aplicaban sus experiencias. Comenzaron cada día como si nada les hubiera pasado el día anterior. Moisés también había notado esto. Moisés no tenía mucha confianza en la capacidad de la memoria de su pueblo. Por esto, tenemos el libro de Deuteronomio. En el libro de Deuteronomio Moisés termina su ministerio con una serie de tres discursos. En estos discursos, o, mejor dicho, mensajes, Moisés interpreta y predica el significado de todas las cosas que le habían pasado a Israel. Moisés no está muy seguro de que los Israelitas le hagan caso (30:1-3). Sin embargo Moisés hace un gran esfuerzo para hacerle ver a este pueblo ciego. Levantando y explicando toda su historia y toda su ley Moisés pretende preparar al pueblo para entrar en Canaán.

Tenemos que recordar, también, que es una nueva generación que vemos en el libro de Deuteronomio. Todos los que tenían más de 20 años cuando mandaron los primeros espías, ya murieron en el desierto. Todo este pueblo de Deuteronomio o eran niños en el tiempo del éxodo o nacidos en el desierto. Quedan solamente tres de la primera generación, Moisés, Josué y Caleb. El pueblo recibió la ley de Dios casi 40 años antes. Y ahora Moisés tenía que aplicar esta palabra de Dios a la nueva situación de Canaán. Esto es la tarea de Deuteronomio.

Al comenzar con este estudio nosotros decíamos que este era un estudio de raíces y principios. Al llegar a Deuteronomio, nosotros vemos que la semilla (la promesa de Dios a Abraham) ya ha echado sus raíces y la matica está por levantar su cabeza a la luz del día. A pesar de la desobediencia de Israel, Dios ha sido fiel a sus promesas. En este libro tenemos un gran resumen de esta fidelidad.

A. El Primer Discurso: La Base (1:1 – 4:43) En el primero de sus tres mensajes Moisés le cuenta a su pueblo las grandes obras de Dios desde su salida de Egipto hasta su llegada a los campos de Moab. Moisés habla también de la rebelión y del pecado de Israel. El propósito de este discurso se revela en 4:32-35:

Porque pregunta ahora si en los tiempos pasados que han sido antes de ti, desde el día que creó Dios al hombre sobre la tierra, si desde un extremo del cielo al otro se ha hecho cosa semejante a esta gran cosa, o se haya oído otra como ella. Ha oído pueblo alguno la voz de Dios, hablando de en medio del fuego, como tú la has oído, sin perecer? O ha intentado Dios venir a tomar para sí una nación de en medio de otra nación, con pruebas, con señales, con milagros y con guerra, y mano poderosa y brazo extendido, y hechos aterradores como todo lo que hizo con vosotros Jehová vuestro Dios en Egipto ante tus ojos? A ti te fue mostrado, para que supieses que Jehová es Dios, y no hay otro fuera de él.La base de todo es este Dios único. Ni siquiera se había imaginado a un dios tan fuerte, tan grande y tan misericordioso como el Dios de Israel. Moisés recuenta toda esta historia para abrirse los ojos de Israel. Para Israel la tentación más fuerte, y el pecado más grande, era la idolatría. Moisés sabe que en la nueva tierra habrá nuevos y atractivos dioses falsos y que fácilmente Israel se dejará seducir. Por esto, comienza aquí con estas palabras. Moisés no quería que Israel divorciara su pasado de su futuro. No quería que Israel se tirara hacia el futuro sin pensar en lo que el Señor había hecho para hacerlo llegar hasta este punto. Sin la base del pasado su futuro estaba muy incierto.

B. El Segundo Discurso: La Visión (4:44 – 26:19) En su primer mensaje Moisés hizo que su pueblo mirara hacia atrás. El quería que Israel contemplara su pasado y la manera en que la mano poderosa de Dios los había llevado hasta este punto. Ahora, en el segundo mensaje, Moisés dirige la vista de Israel hacia el futuro. Habiendo visto el fundamento del plan de Dios, ahora Moisés comparte una visión del cumplimiento del dicho plan. Esta visión constituye la mayor parte del libro de Deuteronomio. Es posible que algunos no estén muy de acuerdo con la idea de que Deuteronomio (y sobre todo, estos 21 capítulos) presenta una visión. Dirían ellos que lo que se presenta aquí es una serie de leyes, nada más y nada menos. Dirían también que la ley es una cosa y la visión otra.

Hasta cierto punto, ellos tendrían razón. El libro del Daniel es bastante diferente que Éxodo 20. Sin embargo, el mensaje de Moisés, un mensaje compuesto por leyes, es, indudablemente, una gran visión. Decimos que es una visión porque presenta una sociedad religiosa, justa, bien organizada, y misericordiosa; una sociedad gobernada por Dios mismo. Quién no quisiera vivir en una sociedad así?

Hay mucho que decir sobre este segundo mensaje, pero queremos fijarnos en dos ideas poco entendidas en el Antiguo Testamento: el amor y la gracia.

El Amor. Hay muchos que dicen que el Antiguo Testamento es el testamento de la ley, mientras el Nuevo Testamento es él de amor. Si queremos hablar del amor de Dios casi siempre comenzamos en el Nuevo Testamento. En el Antiguo tenemos la ley y la muerte, en el Nuevo tenemos el amor y la vida. Pero no es así! La base de la ley del Antiguo Testamento es el amor. Y este mismo amor era, para el israelita, el motivo de su obediencia. La única razón que Dios pudiera tener por soportar a este pueblo era su amor. Y El quería que Israel imitara este amor.

Otra cosa interesante es que cuando Moisés habla de cómo el pueblo había de amar a Dios, frecuentemente menciona a los hijos del pueblo. O sea, Dios ama en una manera muy especial a los hijos de los que Lo aman. Veamos los siguiente pasajes:

Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. 6:5-7

Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones. 7:9

…para que sean vuestros días, y los días de vuestros hijos, tan numerosos sobre la tierra que Jehová juró a vuestros padres que les había de dar, como los días de los cielos sobre la tierra. Porque si guardareis cuidadosamente todos estos mandamientos que yo os prescribo para que los cumpláis, y si amareis a Jehová vuestro Dios, andando en todos sus caminos, y siguiéndole a él, Jehová también echará de delante de vosotros a todas estas naciones, y desposeeréis naciones grandes y más poderosas que vosotros. 11:21-23

En los pasajes que hablan de nuestro amor hacia Dios, vemos nuestro deber de incluir a ellos en nuestra relación con Dios. No les toca a ellos (los hijos) tomar la decisión, Dios ya la tomó! Ellos son parte del pacto que Dios tiene con su pueblo. Así que Dios los considera como incluidos en el pacto, su pueblo también debe incluirlos en todo.

Dios ama a todo su pueblo. Las leyes que él impone son muestras de este amor y ellas sirven también como pruebas del nuestro. Pablo decía, “Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.” Aunque Pablo hablaba con mucha elocuencia de este amor, no era nada nuevo. Lo que queremos decir aquí es que Moisés está de acuerdo con Pablo. El Dios de Moisés era celoso por el corazón de su pueblo, no sus sacrificios. Los sacrificios y ritos pretendían servir como una ventana al corazón de Israel. Hay un sólo evangelio y vemos su inicio en el Pentateuco.

La Gracia. No creían los judíos que eran salvos por su buena conducta y sus buenas obras? No nos dice el Antiguo Testamento que somos salvos por la ley? Sí y no. Sí, los judíos llegaron a pensar que su salvación procedía de su obediencia. Pero no, el Antiguo Testamento no enseña esto. Ni siquiera los libros de la ley enseñan una salvación por la ley. Como veremos en los siguientes pasajes, la salvación de Israel no fue producto de su propia fuerza ni de su justicia delante de Dios. Fue el producto de la pura gracia de Dios.

No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó,… 7:7-8

No pienses en tu corazón cuando Jehová tu dios los haya echado de delante de ti, diciendo: Por mi justicia me ha traído Jehová a poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas naciones Jehová las arroja de delante de ti. No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón entras a poseer la tierra de ellos, sino por la impiedad de estas naciones…, y para confirmar la palabra que Jehová juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.

Otra vez, hay un sólo evangelio. Lo que decía Pablo en Efesios 2:8 de la salvación por gracia es el fruto natural de la gracia que vemos aquí en Deuteronomio.

C. El Tercer Discurso: La Decisión (27:1 – 31:8) En su último mensaje Moisés hace su llamado. No pide una decisión individual, sino una decisión comunal. Llama al pueblo a obedecer y a vivir. Habiendo establecido que el pacto entero se basa en la gracia y la misericordia de Dios, llama al pueblo a aceptar esta gracia (una vida ordenada y protegida por la ley) y a vivir. Moisés explica también cómo Dios castigaría al pueblo en caso de que no lo obedecieran. Pero este castigo y esta maldición, tanto como la bendición, es parte de este pacto de amor. Como decía el autor de Hebreos, “Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.”

El mejor resumen que podemos dar de este último mensaje de Moisés son sus últimas palabras en el capítulo 30:

Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal; porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella.
A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar. 30:15-18 y 20.

Conclusión:

Desde Génesis y la creación de todo el mundo hasta Deuteronomio y la salvación del pueblo de Dios, nosotros hemos visto casi todos los grandes temas de la Biblia en su forma seminal. Al terminar con esta lectura nosotros quedamos impresionados por la constancia y la fidelidad de nuestro Dios. Ya hemos visto que desde el principio y hasta el fin nuestro Dios es el mismo, “en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.” (Santiago 1:17)

Quiera a Dios que este estudio nos ayude a volver a la mina del Pentateuco para buscar, sacar y utilizar todos los tesoros que El nos tiene aquí.

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