El Pentateuco VIII – Preguntas de repaso


El Pentateuco VIII – Preguntas  de repaso

27. Por qué Moisés tuvo que recontar toda la historia de Israel y repetir todas sus leyes?

Para recordarle a Israel, que Dios ha sido fiel a sus promesas. En este libro tenemos un gran resumen de esta fidelidad. Y tambien del amor de DIos hacia su pueblo Israel

Los israelitas no evaluaban ni interpretaban ni aplicaban sus experiencias. Comenzaron cada día como si nada les hubiera pasado el día anterior. Moisés también había notado esto. Moisés no tenía mucha confianza en la capacidad de la memoria de su pueblo. Por esto, tenemos el libro de Deuteronomio. En el libro de Deuteronomio Moisés termina su ministerio con una serie de tres discursos. En estos discursos, o, mejor dicho, mensajes, Moisés interpreta y predica el significado de todas las cosas que le habían pasado a Israel. Moisés no está muy seguro de que los Israelitas le hagan caso (30:1-3). Sin embargo Moisés hace un gran esfuerzo para hacerle ver a este pueblo ciego. Levantando y explicando toda su historia y toda su ley Moisés pretende preparar al pueblo para entrar en Canaán.

28. Qué fue el propósito del primer discurso?

En el primero de sus tres mensajes Moisés le cuenta a su pueblo las grandes obras de Dios desde su salida de Egipto hasta su llegada a los campos de Moab. Moisés habla también de la rebelión y del pecado de Israel.

En este primer mensaje Moisés hizo que su pueblo mirara hacia atrás. El quería que Israel contemplara su pasado y la manera en que la mano poderosa de Dios los había llevado hasta este punto

El propósito de este discurso se revela en 4:32-35

“Porque pregunta ahora si en los tiempos pasados que han sido antes de ti,  desde el día que creó Dios al hombre sobre la tierra,  si desde un extremo del cielo al otro se ha hecho cosa semejante a esta gran cosa,  o se haya oído otra como ella. ¿Ha oído pueblo alguno la voz de Dios,  hablando de en medio del fuego,  como tú la has oído,  sin perecer? ¿O ha intentado Dios venir a tomar para sí una nación de en medio de otra nación,  con pruebas, con señales,  con milagros y con guerra,  y mano poderosa y brazo extendido,  y hechos aterradores como todo lo que hizo con vosotros Jehová vuestro Dios en Egipto ante tus ojos?  A ti te fue mostrado,  para que supieses que Jehová es Dios,  y no hay otro fuera de él.” Deut. 4:32-35

29. En el segundo discurso sobre la ley se encuentran dos temas sorprendentes. Cuáles son?

Ahora, en el segundo mensaje, Moisés dirige la vista de Israel hacia el futuro. Habiendo visto el fundamento del plan de Dios, ahora Moisés comparte una visión del cumplimiento del dicho plan. Esta visión constituye la mayor parte del libro de Deuteronomio. Es posible que algunos no estén muy de acuerdo con la idea de que Deuteronomio (y sobre todo, estos 21 capítulos) presenta una visión. Dirían ellos que lo que se presenta aquí es una serie de leyes, nada más y nada menos. Dirían también que la ley es una cosa y la visión otra.

Hasta cierto punto, ellos tendrían razón. El libro del Daniel es bastante diferente que Éxodo 20. Sin embargo, el mensaje de Moisés, un mensaje compuesto por leyes, es, indudablemente, una gran visión. Decimos que es una visión porque presenta una sociedad religiosa, justa, bien organizada, y misericordiosa; una sociedad gobernada por Dios mismo. Quién no quisiera vivir en una sociedad así?

Hay mucho que decir sobre este segundo mensaje, pero queremos fijarnos en dos ideas poco entendidas en el Antiguo Testamento: el amor y la gracia.

El Amor. Hay muchos que dicen que el Antiguo Testamento es el testamento de la ley, mientras el Nuevo Testamento es él de amor. Si queremos hablar del amor de Dios casi siempre comenzamos en el Nuevo Testamento. En el Antiguo tenemos la ley y la muerte, en el Nuevo tenemos el amor y la vida. Pero no es así! La base de la ley del Antiguo Testamento es el amor. Y este mismo amor era, para el israelita, el motivo de su obediencia. La única razón que Dios pudiera tener por soportar a este pueblo era su amor. Y El quería que Israel imitara este amor.

Otra cosa interesante es que cuando Moisés habla de cómo el pueblo había de amar a Dios, frecuentemente menciona a los hijos del pueblo. O sea, Dios ama en una manera muy especial a los hijos de los que Lo aman. Veamos los siguiente pasajes:

Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. 6:5-7

Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones. 7:9

…para que sean vuestros días, y los días de vuestros hijos, tan numerosos sobre la tierra que Jehová juró a vuestros padres que les había de dar, como los días de los cielos sobre la tierra. Porque si guardareis cuidadosamente todos estos mandamientos que yo os prescribo para que los cumpláis, y si amareis a Jehová vuestro Dios, andando en todos sus caminos, y siguiéndole a él, Jehová también echará de delante de vosotros a todas estas naciones, y desposeeréis naciones grandes y más poderosas que vosotros. 11:21-23

En los pasajes que hablan de nuestro amor hacia Dios, vemos nuestro deber de incluir a ellos en nuestra relación con Dios. No les toca a ellos (los hijos) tomar la decisión, Dios ya la tomó! Ellos son parte del pacto que Dios tiene con su pueblo. Así que Dios los considera como incluidos en el pacto, su pueblo también debe incluirlos en todo.

Dios ama a todo su pueblo. Las leyes que él impone son muestras de este amor y ellas sirven también como pruebas del nuestro. Pablo decía, “Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.” Aunque Pablo hablaba con mucha elocuencia de este amor, no era nada nuevo. Lo que queremos decir aquí es que Moisés está de acuerdo con Pablo. El Dios de Moisés era celoso por el corazón de su pueblo, no sus sacrificios. Los sacrificios y ritos pretendían servir como una ventana al corazón de Israel. Hay un sólo evangelio y vemos su inicio en el Pentateuco.

La Gracia. No creían los judíos que eran salvos por su buena conducta y sus buenas obras? No nos dice el Antiguo Testamento que somos salvos por la ley? Sí y no. Sí, los judíos llegaron a pensar que su salvación procedía de su obediencia. Pero no, el Antiguo Testamento no enseña esto. Ni siquiera los libros de la ley enseñan una salvación por la ley. Como veremos en los siguientes pasajes, la salvación de Israel no fue producto de su propia fuerza ni de su justicia delante de Dios. Fue el producto de la pura gracia de Dios.

No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó,… 7:7-8

No pienses en tu corazón cuando Jehová tu dios los haya echado de delante de ti, diciendo: Por mi justicia me ha traído Jehová a poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas naciones Jehová las arroja de delante de ti. No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón entras a poseer la tierra de ellos, sino por la impiedad de estas naciones…, y para confirmar la palabra que Jehová juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.

Otra vez, hay un sólo evangelio. Lo que decía Pablo en Efesios 2:8 de la salvación por gracia es el fruto natural de la gracia que vemos aquí en Deuteronomio.

30. A juzgar por el libro de Josué, entendió el pueblo de Israel el mensaje de Moisés?

En el Pentateuco, vimos como Dios creó al mundo para que lo glorifique. El ser humano era clave en la revelación de la gloria de Dios en la creación, siendo imagen y semejanza de él. Después vimos cuan pronto el ser humano cayó en pecado, y los desastrosos resultados de ese pecado. A pesar de todo, Dios sigue adelante con su plan de revelar su gloria en nosotros. Para implementar ese plan, Dios eligió a Abraham, como padre de muchas naciones. Eligió también al pueblo de Israel, descendencia de Abraham, para ser su pueblo modelo en el mundo. Lo liberó de la esclavitud en Egipto, y le dio la ley escrita por medio de Moisés llevandolo a la tierra prometida de Canaan para que pudieran vivir según la ley y demonstrar a todas las naciones la grandeza y la gloria de Jehová.

El libro del Deuteronomio termina cuando el pueblo de Israel estaba a punto de entrar en la tierra prometida para comenzar su tarea como pueblo modelo. Al final de este libro, Moisés les exhortaba a guardar toda la ley, para que pudieran vivir tranquilamente en la tierra que el Señor su Dios les iba a dar. En su exhortación, Moisés les explicaba lo bueno que pasaría con ellos si guardaran la ley, y lo malo que les caería ensima si no la guardaran. Los libros de Los Profetas Anteriores eran escritos precisamente para demonstrar la verdad de las profecias de Moises. Claramente estos libros demuestran que cuando el pueblo de Israel se pegaba a la ley de Dios, Dios bendijo sus propósitos, pero cuando extravían de esa ley, Dios permitía caer encima de ellos todo tipo de calamidad. Los profetas anteriores escribieron precisamente para proclamar al pueblo de Israel y también a la Iglesia de hoy, que Dios es fiel a sus promesas. Si nosotros vivimos según su ley, experimentaremos todo tipo de bendición de la mano de Dios, pero si violamos esa ley, podemos esperar todo tipo de juicio de la misma mano de El. 

Aquí vemos la importancia de estos libros para la Iglesia hoy día. Muchas veces ignoramos las historias del Antiguo Testamento, pensando que sólo tiene que ver con los Judíos y no con nosotros. Pablo dijo una vez, refiriendose a las historias de Israel, “Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron” (1 Corintios 10:6). Las historias de los profetas anteriores son profecías para la Iglesia de Jesucristo, exhortándonos a dejar los pecados y sus resultados desastrosos y pegarnos a Jesús, fuente de ley santa y divina. Así, llenos del Espíritu Santo, nosotros, que “no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu,” cumplimos “la justicia de la ley” (Romanos 8:4). No seamos torpres, aprendamos la lección. 

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