El Pentateuco III


El Pentateuco III

El “Génesis” del Plan de Dios para Salvar al Mundo. La historia del pecado no termina con la maldición de Dios en el tercer capítulo. Nosotros vemos que los hombres iban empeorándose todos los días. Hay una serie de acontecimientos que convence al lector que los seres humanos no tienen esperanza ninguna: un hermano mata al otro; la raza entera llega a ser tan perversa que Dios trata de borrar el pecado con un gran diluvio; Noé, el hombre por medio de quien Dios salva a la humanidad, se embrega y maldice a su hijo; y los hijos de los hombres tratan de tumbar a Dios construyéndose una gran torre. Qué puede hacer Dios? Cómo puede El responder a la maldad del hombre? Su respuesta comienza en el capítulo 12. En este capítulo se inicia la gran historia de nuestra salvación. Dios, en su gracia, elige a un hombre y a una familia para volver a bendecir y salvar a todo el mundo.

El corazón de este plan de salvación es el pacto entre Dios y Abraham. Vemos la primera parte del pacto en el capítulo 15 de Génesis donde Dios le hace a Abram esta promesa: 
A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el rio grande, el río Eufrates; la tierra de los ceneos, los cenezeos, los admoneos, los heteos, los ferezeos, los refaitas, los gergeseos y los jebuseos. (15:18-21)

En el capítulo 17 Dios vuelve a Abram para definir un poquito más este pacto que se ha establecido. Ahora las promesas llegan a incluir a toda la descendencia de Abram y la tierra de Canaán. Y es en este capítulo donde Dios le cambia el nombre a Abraham (padre enaltecido) y le da la señal de circuncisión.

Hay dos tipos de pactos; el condicional y el incondicional. Uno tiene ciertas condiciones, y el otro es pura promesa sin condición alguna. La relación que se establece aquí, como base del pacto, es incondicional. Dios siguió siendo el Dios de Israel aun cuando el pueblo no lo quería. Pero otra parte del pacto sí era condicional. La bendición de Dios siempre se relacionaba con el comportamiento del pueblo de Dios. Que Dios eligió a Abraham y al pueblo de Israel no se puede cambiar. Pero la relación diaria entre este pueblo y su Dios depende mucho de la obediencia del dicho pueblo. 

Estas mismas promesas son la base de todo el trato de Dios con Israel en el Antiguo Testamento. Cada vez que Dios responde al clamor de su pueblo, es por estas promesas hechas a Abraham, y repetidas y confirmadas con su descendencia. 

Lo que más le llama la atención al lector en toda esta parte es la soberanía de Dios en este proceso de elección y salvación. Tanto como Dios es el único autor de la creación, así también es el único autor de la salvación. Después de las primeras promesas hechas a Abram en capítulo 12, vemos a Dios quitando los obstáculos que bloquean la realización de su plan. En casi cada capítulo vemos a Dios abriendo el camino para el cumplimiento de su salvación prometida. En el último capítulo leemos un resumen de la soberanía de Dios en su plan de salvación cuando José les dice a sus hermanos: 

Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. 50:20

El libro de Génesis nos recuerda que Dios está en control. Aunque el mundo parece estar fuera de control, Génesis nos asegura que todo está en las manos de Dios. No hay nada que escape su atención y no hay nada que esté fuera de su alcance. Génesis nos llama a imitar la fe de nuestro padre Abraham y a confiar totalmente en nuestro Dios. 

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