El Pentateuco III – Preguntas de Repaso


El Pentateuco III – Preguntas de Repaso

1. ¿Cómo funcionaba el pacto entre Dios y Abraham?

“El llamamiento de Abraham, según Alejandro MacLaren el acontecimiento más importante en el Antiguo Testamento. Aquí se pone en marcha la obra de la redención que se había insinuado en el huerto de Edén (Gen. 3.15) Los tres once capítulos del Génesis demuestran que Dios se relacionaba con la humanidad en general, sin hacer distinción entre la   razas. Tanto el mundo antediluviano como el de la Torre de Babel ponen en relieve que no obstante el progreso material y el nacimiento de las civilizaciones, el hombre fracasaba moral y espiritualmente. Hasta ese momento, Jehová había puesto la mirada sobre distintos individuos   que eran los medios apropiados para conservar “la simioente santa de la mujer” y el conocimiento de Dios. Ahora cambia sus metodos: llama a un hombre para fundar la raza escogida a través de la cual llevaría a cabo la restauración de la humanidad. El espacio que el libro del Génesis concede a este paso demuestra  su importancia. Los primeros once capítulos abarcan mas tiempo que todo el resto del Antiguo Testamento pero treinta y nueve capítulos tratan sobre los comienzos de la nación escogida, de la cual vendría el Redentor.

Abraham es el personaje más importante del Génesis  y no de los más importantes de la Biblia entera. Moisés dedicó meramente once capítulos a lo que aconteció antes de Abraham  mientras que trece capítulos se refieren casi exclusivamnte a la vida personal del patriarca. Dios usó a Abraham para fundar tanto la familia de Israel como la fe de tos hereos. Las tres grandes religiones monoteístas: el judaismo, el cristianismo y el islamismo, lo reverencian como el padre de su fe. En efecto, la Biblia declara que “el pueblo elegido no se refiere solamente a la descendencia carnal del patriarca, sino a todos aquellos que tienen la misma fe de Abraham. Es decir que él es el padre espiritual de todos los creyentes (Rom.4:16;Gal.3:7). Solo a Abraham se le llama “amigo de Dios” (2 Cron. 20:7;Is. 41:8; Stgo. 2:23)” [0]

El pacto de Dios con Abraham funcionaba por medio de la Fe de Abraham, quien le creyó al Señor.

Aproximadamente cuatrocientos años después del Gran Diluvio, Dios le aparecíó a un hombre nombrado Abram que vivió en el Medio Este en una ciudad llamada Ur. Allí Dios se le apareció. 

Dios le dijo, “Deja a tu país y tus parientes, y viaja a una tierra que yo te mostraré.

Allí yo haré una gran nación de ti, y yo te bendeciré, y hare crecer tu nombre; yo bendeciré aquéllos que te bendicen y maldiceré aquéllos que te maldicen: y a través de ti todas las familias de la tierra seran bendecidas.”

Así que Abram partió, como el Señor le había instruido, y entró en la tierra de Canaán.

“Puesto que la religión de Jehová consiste en el acto de depositar la fe en un Dios personal, Abraham tenía que aprender a confiar en él implicitamente. DIos cultiuvó la fe de Abraham de tres maneras: dándole grandes promesas,poniéndole a prueba cada vez mas, y concediéndole muchas apariicones divinas. Dice Guillermo Ross: Era preciso que Abraham conociera a Dios, pues ese conocimiento era la base de su fe.” [1]

Aunque Abraham se dio cuenta que lo que DIos le había prometido era humanamente irrealizable,igual “creyó a Jehová y le fue contado por justicia” dice la Biblia. Sin duda este es un gran versículo.

“La frase “creyó a Jehová” significa literalmente en hebreo “se apoyó sobre Jehová”. Era más que aceptar intelectualemnte la promesa; se refiere a confiar incondicionalmente  eb persona de Dios y en su promesa. Abraham se puso a si mismo y a su futuro en las manos de Dios. Esta es la clase de fe que salva. Gálatas 3:6-8 enseña que Dios nos acepta en virtud de nuestra fe sin considerar las obras como en el caso de Abraham.

Luego Dios le prometió una tierra que se extendería desde el Nilo hasta el Eufrates. Israel nunca ha ocupado toda la tierra que Dios le prometió y parece que la promesa se cumplirá cabalmente en el período del milenio. Sin embargo, los hebreos ocuparon Canaán en el tiempo de Josué y su nación llegó al apogeo en cuanto a extensión territorial en la época de David.

Canaán es la encrucijada entre tres continentes: Europa, Asiay África. Dios podría haber puesto a su pueblo en un lugar más protegido, pero eligió una tierra estratégica donde los israelitas pudieran ejercer mayor influencia en el mundo. Dios confirmó su promesa haciendo un pacto  solemne con Abraham. Se confirmó según las costumbres de aquella época (Jer. 34:17-20). Las partes pactantes se ponían cada una en un extremo de la res dividida y pasaban entre las piezas. Así expresaban que “si no cumplí mi parte del pacto, puedo ser aceptado en pedazos como este sacrificio”. Pero en este caso, sólo pasó Jehová, en forma de un horno humeante y una ntorcha pues su pacto era unilateral, una iniciativa divina, sólo El podría cumplirlo. Lo que correspondía a Abraham era meramente aceptar el pacto y seguir creyendo en Dios.

El cumplimiento del pacto no comenzaría hasta que los descendientes de Abraham hubieran estado radicados en tierra ajena 400 años. Allí sufrirían opresión y servidumbre, pero sus opresores serían juzgados y los hebreos saldrían con gran riqueza. Así preparó Dios a su pueblo para soportar los padecimientos antes de adueñarse de Canaán.”[2]

2. Lea los siguientes pasajes e identifique los obstáculos que Dios tiene que remover para realizar su plan de salvación.

12:17 Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.”

Abraham mintió al faraon, haciendose pasar por el hermnao de su esposa Sara, que era muy hermosa, por miedo a que lo mataran para quitarle la mujer. El faraón se enamoró de la mujer de Abraham y se la quiso traer para su harén, pero DIos se enojó y castigó a Faraón con grandes plagas, debido a esto. Faraón tuvo que dejar tranquila a la mujer de Abraham y Abraham reconocer su pecado.

15:2Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?”

Eliezer: “(mi Dios es ayuda). Nombre de once personas en el Antiguo Testamento: Mayordomo y siervo de la casa de Abraham, a quien el patriarca pensaba que tendría que nombrar heredero antes del nacimiento de Ismael e Isaac (Gn 15.1–3; cf. 24.2). Más tarde fue comisionado para ir a Mesopotamia a buscarle esposa a Isaac (Gn 24).” [3]

A Abraham le entristecía no tener un hijo. Se preguntaba si acaso sería Eliezer su heredero, lo que no le convencia para nada. Según las costumbres de aquella época si uno no tenía hijos, la herencia podía recaer sobre un siervo fiel.

Pablo Hoff comenta acerca de “Tablas encontradas en Nuzu que datan alrededor del 1.500 a.J.C:, que contienen leyes que permitían que un hombre que no tenía hijos adoptara un siervo como hijo.  El siervo tendría plenos derechos de hijo, inclusive el de recibir la herencia, a cambio de cuidado constante y la sepultura apropiada de su amo a la hora de morir.”[4]

22:2 “Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.”

Dios le había prometido a Abraham que  su descendencia sería prospera como las estrellas  del cielo.  Un buen dia, lo pone a prueba a Abraham, pidiéndole su hijo en sacrificio. Abraham obedeció, creyendo que Dios era poderoso para cumplir su promesa. A último momento antes de sacrificar a su hijo, Dios lo detiene por medio de un ángel y provee un cordero para el sacrificio.

25:21Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer.”

La mujer de Isaac era esteril, y Dios hizo un milagro, para que Rebeca pudiera parir y se cumpliera la promesa de la descendencia de Abraham.

27:41“Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob”

Jacob le robó la bendición a Esaú de la primogenitura, con la complicidad de su madre Rebeca.  Abraham, siendo ya mayor, fue engañado por Jacob, quien se disfrazó de su hermano Esaú, a fin de obtener la bendición del padre antes de morir; ya Esaú se la había vendido antes por un plato de lentejas.Jacob tuvo que huir para evitar que su hermano lo mate . Mas adelante en la historia, Jacob tuvo un encuentro con el Señor. Y luego cuando supo que su hermano venia, le salió al encuentro con grandes regalos, para calmar su enojo, pero Dios ya habia cambiado su corazón.Y se perdonaron.

“Cuando Isaac envejeció, y había perdido bastante su vista al punto de quedar casi ciego, envió a Esaú a los campos, diciéndole que cazara algo para una última comida antes de recibir su bendición. Rebeca escuchó, y le dijo a Jacob que degollara dos cabritos, y se los trajera a su padre, para que recibiera de él la bendición de su hermano. Jacob objetó que su padre, aunque estaba casi ciego, podría notar la sustitución sólo con tocarlo, ya que Esaú era bastante velludo, y él era lampiño. Rebeca le dijo que no se preocupara, y le colocó a modo de fundas las pieles de los cabritos sobre cuello y manos.

Jacob, así vestido, fue a la presencia de su padre clamando ser su hermano, entonces Isaac, sospechando de su voz, pidió que se acercara para palparlo. Una vez que se “aseguró” que era “Esaú”, le dio la bendición. Tan pronto como Jacob recibió dicha bendición y se marchó, Esaú llegó, cayendo en gran cólera por lo que había ocurrido. Isaac, quien ya se había dado cuenta del error, le dijo que lo único que podía darle era una bendición menor. Esaú, en cambio, juró que iba a matar a su hermano, una vez que su padre muriese.

Rebeca, su madre, dándose cuenta de antemano de las intenciones asesinas de Esaú, le llamó y lo hizo huir, enviándolo a su hermano, Labán, hasta que la furia de Esaú disminuyera. También, le aconsejó que buscara una esposa mientras viviera allí.

En el camino a Harán, experimentó una extraña visión, en la que sostenía una escalera que llegaba hasta el cielo, una visión que es comúnmente referida en las Escrituras como La Escalera de Jacob. Desde la cima de la escalera, escuchó la voz de Dios, que repetía muchas bendiciones hacia Jacob. Continuando su camino, llegó a Harán. Paró allí, y encontró a la hija más joven de su tío Laban, su prima Raquel. Después de que Jacob había vivido un mes con sus familiares, Laban le ofreció paga por la ayuda que le había dado. Jacob indicó que le serviría por siete años a cambio de la mano de Raquel en matrimonio, a lo cual Laban accedió.

Estos siete años le parecieron a Jacob “unos pocos días, por el amor que le tenía a ella”. Pero una vez que se completó el tiempo establecido, Laban le dio a su hija mayor, Lea, en su lugar. En la mañana, cuando Jacob descubrió el cambio, se quejó, a lo que Laban dijo que en su país era inaceptable dar en matrimonio a la hija menor antes que la hija mayor. Entonces ofreció a Jacob darle a Raquel también, aunque sólo si permanecía con Lea. Él cumplió con la luna de miel y trabajó otros siete años.

Una vez que se casó con ambas, “Jacob amó a Raquel y despreció a Lea”. Dios, viendo esto, hizo que Lea procreara muchos hijos. Ella le dio a luz a Rubén, Simeón, Leví, y a Judá antes de partir al desierto. Raquel, viendo que era incapaz de procrear un hijo, se puso celosa de su hermana, entonces pidió a Jacob que tuviera hijos con su criada, Bilha, para que ella pudiera tener un hijo a través de ella. Jacob hizo así, y Bilha le dio a luz a Dan y Neftalí. Así, Lea también entró en celos, y le pidió a Jacob que tuviera hijos también con su criada, Zilpa. Ella a su vez, le dio a Gad y Aser. Entonces, Lea volvió a ser fértil nuevamente, y le dio a luz a Isacar y Zabulón. También tuvo a la única hija de Jacob, Dina. Entonces Dios se acordó de Raquel y al fin, le dio un hijo, al que llamó José.

Para el tiempo en que nació José, Jacob deseaba volver a casa, pero Laban notó que Dios le había bendecido en gran manera mientras Jacob estuvo allí, por lo que le rogó que se quedara. Laban ofreció pagarle, entonces Jacob mencionó, como posible pago, parte del hato de ganado de Laban, el cual había aumentado grandemente. Laban accedió, e inmediatamente le dio todas las reses que Jacob había solicitado.

Conforme el tiempo pasaba, los hijos de Laban se dieron cuenta de que Jacob tomaba la mejor parte de sus rebaños, además de que la actitud amistosa de Laban hacia Jacob había cambiado. Entonces, Dios le advirtió a Jacob salir del pueblo, y después de una rápida consulta a sus esposas, el partió sin dar aviso a Laban. Antes de partir, Raquel robó los íconos de la casa de su padre.

Laban en gran ira, persiguió a Jacob durante siete días, pero la noche antes de que lo lograra alcanzar, Dios le habló en sueños y le dijo: “Debes tener cuidado de no hablar mal a Jacob” (Génesis 31:24).

El día que se encontraron, en el monte Gilead, Laban acusó a Jacob de escabullirse con sus hijas, como si fueran cautivos, y le cuestionó porque no le había avisado de su partida con anticipación. Le menciono a Jacob de que pudo herirlo, pero el mensaje de Dios la noche anterior lo detuvo de hacer esto. Finalmente preguntó por qué los íconos habían sido robados.

Jacob no sabía que Raquel había robado los iconos. Por tanto, le dijo a Laban que quienquiera que los haya robado debe ser muerto, a lo cual le solicitó permitirle buscar. Laban lo hizo así, mas cuando buscó en la tienda de Raquel, ella los escondió sentándose sobre ellos. Una vez que terminó su búsqueda, y vino sin nada, Jacob, molesto, lo reprendió por haberlos perseguido e insistir en revisar sus cosas, recordándole todo el tiempo que habían perdido mientras revisaban las tiendas. Ambos hicieron la paz, y Laban regresó a casa, y Jacob siguió su camino.

“Y Jacob siguió su camino, y los Ángeles de Dios lo encontraron”, quizás para felicitarlo por el 20 aniversario de la victoria del bien sobre el mal, debido a su fe en el Dios de Abraham. Debido a este encuentro Jacob llamó al lugar Majanaim, del hebreo מחניים, “el doble campo”. Aquí, previamente él había visto a los ángeles, de los cuales había soñado verlos “subiendo y bajando en la escalera cuyo inicio alcanza los cielos” (Génesis 28:12).”

Tan pronto se acercó a la Tierra Prometida, Jacob envió un mensaje a su hermano, Esaú. Sus sirvientes volvieron con la noticia de que Esaú estaba aproximándose, a encontrarse con Jacob con un ejército de 400 hombres. En gran agonía, Jacob se preparó para lo peor. Sintió que ahora debía encomendarse a Dios, a quien oró. Entonces, Jacob envió un magnífico presente a Esaú, “un regalo a mi señor Esaú, de tu sirviente Jacob”.

Jacob entonces llevó a su familia y sus rebaños a través de la montaña, y cruzó en dirección a Esaú, pasando la noche a solas con Dios. Así, mientras estaba en oración, un hombre misterioso se le apareció a Jacob y luchó con él hasta el amanecer, cuando el hombre pidió ser liberado. Jacob se negó, hasta tanto el hombre no lo bendijera. El hombre, después de preguntar por su nombre, lo bendijo, y le cambió su nombre por el de Israel (ישראל, del hebreo “uno que ha luchado con Dios”). Entonces, Jacob le preguntó al hombre por su nombre, pero él se negó a contestar. Después de esto, Jacob llamó al lugar Penei-Él (פני-אל, en hebreo “la cara de Dios”, diciendo: “He visto a Dios cara a cara, y he sobrevivido” (Génesis 32:30).

Después de la noche de lucha con el ángel, Jacob ve que Esaú se aproxima. Entonces sienta a sus esposas e hijos en orden, con su amada Raquel y su hijo José detrás de él (Génesis 33:3).

Esaú vino y lo encontró, pero su espíritu de venganza había sido apaciguado por el gran poder y riqueza que él había alcanzado. Aun así, Jacob se negó a viajar con Esaú o permitir que cualquier hombre de Esaú le acompañase. Entonces, Esaú siguió con toda su familia y pertenencias lejos hacia el sur de la Tierra Prometida. Jacob se estableció en Sucot por un tiempo. Mientras viajaba posteriormente a Efrata, camino de Belén, Raquel murió dando a luz a su segundo hijo, Benjamín, seis años después del nacimiento de José (Génesis 35:16-20).

42:1-2 “Viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando? Y dijo: He aquí, yo he oído que hay víveres en Egipto; descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que podamos vivir, y no muramos.

«Dios había revelado a Abraham que su descendencia pasaría cuatro siglos en tierra ajena (Gen. 15:13-16). La paciencia de Dios esperaría hasta qué la maldad del amorreo llegara a su colmo antes de destruirlo y entregar a Canaán a los hebreos. Es evidente también la necesidad de que Israel fuera a Egipto. La alianza matrimonial de Judá con una cananea y su conducta vergonzosa descriptas en el capítulo 38, nos indican el peligro que había en Canaán de que los hebreos se corrompieran completamente y perdiesen su carácter especial. En Egipto los hebreos no serían tentados a casarse con mujeres egipcias ni a mezclarse con los egipcios pues estos despreciaban a los pueblos pastores (Gen. 46:34). Además, tan pronto como los cananeos se hubieran dado cuenta de los planes de los israelitas de establecerse permanentemente en Canaán y adueñarse de ella, los hubieran exterminado. Tal cosa no sucedería en Gosén. Allí, bajo la protección del poderoso Egipto, los hebreos podrían multiplicarse y desarrollarse hasta I llegar a ser una nación numerosa.

Dios usó a José como instrumento para llevar a cabo su I plan de trasladar su  pueblo  a Egipto. En toda la vida  de r José se destaca la providencia divina. La palabra providencia  deriva de una latina — providere: videre significa  “ver”  y pro, “antes”. De modo que quiere decir “ver por adelantado” o “prever”. Dios prevé, y con ello también prepara los pasos necesarios para realizar todo aquello que El prevé. El diccionario Larousse define la providencia como la “suprema sabiduría de Dios que dirige todas las cosas”. En ningún otro relato de la Biblia brilla más la providencia de Dios que en esta historia. El echa mano de los designios tergiversados de los hombres y los convierte en medios para efectuar su plan (Gen. 50:20). Dispone todas las cosas para, el bien de los que le aman  (Rom. 8:28).

En el cap. 37 vemos que el primer paso para situar a José en Egipto fue ser vendido como esclavo por sus hermanos envidiosos. Sus hermanos lo odiaban por varios motivos:

a) José comunicó a su padre lo mal que se hablaba de sus hermanos. A los diecisiete años fue enviado a sus hermanos para aprender a pastorear ovejas. La irreverencia y la baja moralidad de ellos lo escandalizaron. Los hijos mayores de Jacob habían cedido a ciertas prácticas paganas, un hecho que se ve en la conducta de Judá relatada en el capítulo 38. Parece que entre los hijos de Jacob sólo José mantuvo en alto las elevadas normas de la religión de Jehová. Si José hubiera participado en las conversaciones inmundas y la conducta mundana, lo habrían aceptado como uno de ellos.

b) Jacob lo amaba más que a sus otros hijos pues José nació en la vejez de Jacob y era el primogénito de su esposa predilecta, Raquel. Expresó abiertamente su  favoritismo regalándole a José una túnica de colores que le llegaba hasta los tobillos y de mangas hasta las palmas de las manos. Esta clase de vestimenta la llevaban los gobernantes, sacerdotes y otras personas de distinción que no tenían que trabajar manualmente. La túnica de los obreros y pastores no tenía mangas y apenas bajaba de la rodilla. Los hermanos se habrían preguntado entre sí: “¿No será que nuestro padre entregará la primogenitura a José haciéndolo nuestro jefe en el culto y en la guerra?” Así provocó Jacob la envidia de sus hijos mayores.

c) José contó ingenuamente los sueños que profetizaban que el resto de su familia se inclinaría ante él en la misma forma que la gente rendía homenaje a los reyes en aquel tiempo. Por regla general, no conviene contar tales revelaciones hasta que se vea de qué manera  Dios las llevará a cabo o hasta que Dios señale que deben contarse (ver Mat. 7:6). ¿Cuál fue el  propósito de Dios al darle  esos  sueños? Los sueños dieron a José la convicción de que Dios tenía algún alto propósito para su vida y más tarde los mismos lo sostendrían en sus largos años de prueba. Al enviar Jacob a José a obtener información respecto del bienestar de sus hermanos, les dio a éstos la oportunidad que esperaban. Pero se percibe que la mano de Dios lo guiaba aun en medio de las malas pasiones de sus hermanos. Se habían trasladado de Siquem hasta Dotan, situada unos 18 km. al norte. Dotan es un vocablo que significa “pozos gemelos” y existe hasta hoy en Dotan excelente abastecimiento de agua. La importancia del traslado de ellos reside en que Dotan estaba en la ruta de las caravanas que viajaban a Egipto. Rubén se interpuso con la intención de salvar a José de los planes asesinos de sus hermanos. En calidad de hijo mayor era responsable por la vida de José y parece haber tenido mayor consideración por su padre que los demás. Sin embargo por contemporizar con sus hermanos Rubén perdió la oportunidad de salvar a José. Los ismaelitas llegaron en el momento oportuno. De esta manera Dios obró usando a hombres malos para llevar a José a Egipto.

La manera en que los hermanos actuaron ilustra cómo la envidia y el odio pueden endurecer la conciencia humana. Pasaron por alto la angustia y los ruegos del joven (42:21), se sentaron tranquilamente a comer pan después de echar a José en la cisterna. Luego de venderlo se felicitaban a sí mismos sin duda por su misericordia y buen ojo para las negociaciones. Después de esto engañaron cruelmente a su padre anciano. Al presentar la túnica manchada de sangre, le dijeron insensiblemente: “Reconoce ahora si es la túnica de tu hijo”, como si José no fuera hermano de ellos. El hecho de que las Escrituras relaten con candor los detalles feos de los fundadores de las tribus de Israel es evidencia de su autenticidad e inspiración. Las leyendas de otros pueblos siempre atribuyen a sus fundadores características heroicas pero no reconocen en ellos faltas.

La congoja inconsolable del anciano padre no está a la altura de un hombre que había luchado con Dios y había prevalecido. Aunque no es malo expresar el pesar, pues aun Jesús lloró (Juan 11:35), el negarse a ser consolado revela una falta de sometimiento a la providencia de Dios. Parece que Jacob se olvidó de los sueños de José y no buscó el consuelo divino. Más bien, Jacob sintió la pérdida del único hijo.

Al pasar los años, sobrevino hambre a Canaan, la tierra de Jacob y su familia. Viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando? Y dijo: He aquí, yo he oído que hay víveres en Egipto; descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que podamos vivir, y no muramos.

Fueron los hermanos de José a buscar alimentos a Egipto tal como su padre Jacob les había ordenado. “Al ver a los diez hombres de la familia de Jacob que llegaron a Egipto para comprar alimentos, José reconoció inmediatamente a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron a él. Por fin se cumplían los sueños de José. ¿Por qué los trató con severidad? Quería probarlos para ver si se habían arrepentido del crimen cometido hacía más de veinte años. ¿Habían transmitido su envidia a Benjamín? José sabía que una reunión sin comunión constituiría una burla. Si guardaban aun la envidia y el resentimiento, no podría disfrutar de su compaña ni ellos de la de él. En cambio hay ciertos aspectos del trato de José con sus hermanos que demuestran que estaba animado de profunda solicitud por ello. También los nombres que dio a sus hijos atestiguan que no guardaba enojo ni deseo de venganza en su corazón.

Los tres días en la cárcel hicieron comprender a los hermanos la suerte a que habían expuesto a José (42:21-22). El hecho de que José encarceló a Simeón en vez de Rubén, el primogénito, que se había opuesto a maltratar a José hacía veinte años, infundió en ellos la sensación de que los estaba alcanzando la justicia divina. Aumentó su temor cuando encontraron su dinero en las bolsas. Ahora llegaron a la conclusión de que Dios estaba arreglando cuentas con ellos. La oferta de Rubén de entregar a la muerte a sus dos hijos a cambio, parecería indicar un cambio de corazón, pero en realidad carecía de profundidad, pues Rubén sabía que Jacob no daría muerte a sus nietos. Sin embargo mostraron un cambio de actitud los diez hermanos al no resentirse por la preferencia que José mostró hacia Benjamín. El cambio de corazón se evidenció sin lugar a dudas cuando se encontró la copa en el saco de Benjamín. Todos los hermanos se ofrecieron como esclavos y se negaron a partir cuando José demandó de nuevo que sólo Benjamín se quedara como esclavo. Demostraron que estaban más preocupados por Benjamín que por sí mismos. La intercesión conmovedora de Judá, saturada de compasión y amor hacia su hermano y padre, convenció a José de que su arrepentimiento era verdadero y no pudo hacer otra cosa que revelarse a ellos. Los perdonó, aún los consoló diciéndoles que habla sido la mano de Dios la que lo envió a Egipto y no ellos. Dijo: “Dios me envió delante de vosotros para preservaros posteridad sobre la tierra y para daros vida por medio de gran liberación” (45:7).

José no solamente perdonó a sus hermanos, sino que proveyó ampliamente para satisfacer sus necesidades. Les mandó traer a sus familias y a Jacob a Egipto donde habitarían en la región mejor de aquel país. Dios obró en el corazón del Faraón a fin de que concediera gratuitamente a Jacob y a su familia la parte de Egipto denominada Gosén. Así demostró lu agradecimiento a José por haber salvado a Egipto del hambre. Gosén era la región nordeste del delta del Nilo, separada | geográficamente del resto de Egipto, pero a unos 20 Km. de la sede central de José, Tanis. Era un lugar rico e ideal para que los israelitas llevaran una vida separada de los egipcios. Podían allí vivir juntos, multiplicarse, conservar sus costumbres y hablar su propio idioma. También su trabajo como pastores quedaba protegido de la influencia egipcia, pues los egipcios menospreciaban a los pastores (46:34). Mucho tiempo atrás, Dios había revelado que su pueblo viviría en tierra ajena (15:13-16). Ahora estaba por cumplirse. José fue el instrumento escogido para trasladar a los israelitas a Egipto.

De aquí en adelante hasta el capítulo 49 Jacob es la persona que más sobresale y se nota que ya era un patriarca digno del nuevo nombre que se le había dado en Peniel. Había pasado por la escuela del padecimiento, incluyendo su huida de Esaú, sus dificultades con Labán, la muerte de su amada Raquel, la humillación de Dina y los muchos años de soledad durante los cuales hizo duelo por José. Casi no pudo creer la noticia de que José no había muerto y que era el gobernador de Egipto. Al ver los carros enviados por Faraón, el patriarca cobró ánimo. Dios le confirmó la visión en que le había indicado ir a Egipto. Así es que no fue a la tierra de los faraones como un refugiado, sino como jefe de una familia que según la promesa de Dios se convertiría en una nación. La escena del reencuentro del anciano padre con su noble hijo es conmovedora. Para Jacob era como recibir a un muerto resucitado. Para José, significaba el punto cumbre de la aprobación de Dios por lu fe y paciencia.

Luego José presentó una delegación de cinco de sus hermanos ante Faraón. Aunque éste había invitado a toda la familia a Egipto, José quería estar seguro de que no sería una decisión pasajera de Faraón. Era conveniente que los egipcios supieran también que Faraón estaba perfectamente de acuerdo con que se radicaran en Egipto.

La manera en que José presentó a su anciano padre a Faraón demuestra el profundo respeto que sentía por Jacob y que deseaba expresarle el honor más señalado. Lo presentó al rey egipcio como si presentara a un monarca. El rústico y anciano pastor demostró su fe y dignidad en esa ocasión.» [6]

3. ¿Por qué debemos imitar la fe de Abraham y confiar en Dios? 

Abraham

«(Ur, hoy desaparecida, actual Irak, ss. XIX- XVIII a.C. – cerca de Mamré?, actual Israel, s. XVIII a.C.) Patriarca hebreo. Según la narración bíblica, el padre de Abraham, Teraj, salió con su familia de Ur, en tierra de los caldeos, y llegó a Jarán. De allí, obedeciendo un mandato de Dios, Abraham marchó con su mujer, Sara, y con todo su séquito a Canaán, donde llevó una vida nómada. A raíz de una época de hambre se trasladó a Egipto, pero luego volvió y se estableció en la llanura de Mamré, cerca de Hebrón.

Dios realizó con él la Alianza, prometiéndole la tierra de Canaán para él y para sus descendientes, que serían tan numerosos “como el polvo de la tierra”. Su esposa Sara no había concebido hasta entonces, pero Abraham tuvo un hijo (Ismael) de Agar, esclava de Sara. Poco después le volvió a visitar Dios en Mamré y le prometió un hijo de la propia Sara. Ella se rió al oírlo, puesto que tenía ya noventa años, pero Dios cumplió su promesa y Abraham fue padre de Isaac. Tenía entonces cien años. Agar fue expulsada de la casa y marchó con su hijo Ismael al desierto, donde se instalaron.

El sacrificio de Isaac (óleo de Caravaggio)

Años después, Dios quiso probar la obediencia de Abraham y le mandó que le ofreciera en sacrificio a Isaac. El patriarca aceptó el mandato, pero en el último momento Dios le eximió de tan dura carga. Al morir Sara, Abraham compró un sepulcro en la cueva de Macpela, en Hebrón, y allí la sepultó. En esa misma tumba fue enterrado él cuando murió, a los 175 años de edad.

Abraham y su hijo, Isaac, así como el hijo de éste, Jacob, son tenidos por patriarcas. Jacob, que además recibió el nombre de Israel, tuvo doce hijos que llegaron a ser patriarcas de las tribus de Israel. Y, según la Biblia, esta familia creció y se convirtió en una gran nación. Es difícil valorar el trasfondo histórico de la historia de Abraham. Acaso vivió realmente, pero es posible también de una figura legendaria, conmemorada en las crónicas de su pueblo migratorio.

Abraham constituye una parte muy importante de la historia bíblica de la salvación y es considerado el padre del judaísmo. Tanto por parte de la religión judía como de la cristiana es considerado el depositario de la bendición para todos los pueblos. El judaísmo lo ha considerado siempre como un modelo de hombre justo y ha alabado su vida mediante numerosas tradiciones. En las épocas oscuras de la historia de Israel, los profetas hebraicos siempre intentaron devolver la confianza a su pueblo recordando a Abraham y su alianza con Dios: «Considerad la roca de que habéis sido cortados, la cantera de donde habéis sido extraídos. Mirad a Abraham, vuestro padre».

Pero Abraham no sólo es una figura importante en la religión judía, también lo es en las religiones cristiana e islámica: tanto Juan Bautista como Pablo se oponen a la creencia de que solamente los descendientes carnales de Abraham están llamados a la salvación en el día del Juicio Final. Según ellos, la promesa que hizo Dios a Abraham no se limita al pueblo judío, sino que contempla una filiación espiritual. En cuanto a la religión islámica, se la denomina «Millat Ibrahim», que significa «religión de Abraham», pues en el Islam se considera a Abraham como un precursor religioso del Profeta.» [7]

La palabra de Dios ademas nos enseña que Abraham es el padre de la fe de los creyentes, y podemos encontrar acerca de su fe en el libro de los Hebros, capitulo 11 vs. 8 al 19, en la lista de los héroes de la fe

“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibi fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se averguenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad. Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. ”

Notas

[0] Pablo Hoff, Pentateuco, pp.49-50,edit. Vida

[1] Guillermo Ross,“Estudios en las Sagradas Escrituras”,vol. 1,El Pentateuco,1995,p.12,. citado por Pablo Hoff, Pentateuco, p.50,edit. Vida

[2] Pablo Hoff, Pentateuco, p.57,edit. Vida

[3] Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

[4] Pablo Hoff, Pentateuco, p.56,edit. Vida

[5] http://es.wikipedia.org/wiki/Jacob

[6] Pablo Hoff, Pentateuco, p.,edit. Vida

[7] http://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/abraham.htm

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7 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. kikoprieto
    Sep 05, 2008 @ 19:12:54

    Paulo, lee mi artículo sobre Kierkegaard, el tema de la “tentación de la ética” a mi me sorprendió.

    Y otra cosa:

    ¿qué cara crees que debió poner Abraham al ira a asesinar a su único hijo, de cariño o de odio?… Espero a que respondas para darte la asombrosa respuesta, te va a gustar.

  2. kikoprieto
    Sep 05, 2008 @ 19:13:36

  3. pauloarieu
    Sep 06, 2008 @ 09:18:45

    Kiko:
    Supongo que de dolor, de incertidumbre, se haría tantas preguntas, me imagino, pero aún asi obedeció.
    Saludos

  4. kikoprieto
    Sep 06, 2008 @ 14:38:36

    Kierkegaard dice que tenía dos posibilidades: una cara de amor de padre o de odio. Y ¿qué cara puso?.
    Pues puso una cara de absoluto odio, ya que: prefirió que su hijo implorara a Dios para que lo salvase de su padre, a que implorase a su padre para que lo salvara de Dios.

    Asombroso¡¡¡

  5. pauloarieu
    Sep 07, 2008 @ 03:09:17

    kikoprieto :
    Donde esta eso en la biblia?

  6. kikoprieto
    Sep 07, 2008 @ 18:44:07

    Eso no sale en la biblia, es como añadir cosas o como leer una buena novela, cada uno se hace cargo de cómo debió ser la situación, cómo estaban los personajes; a mi me suele servir meterme “como un personaje más” dentro de los pasajes del Evangelio, y así ver qué me diría el Señor sobre tal asunto o sobre esa duda al estilo de los apostoles, o sobre mi entrega personal, etc; intenta rezar así, ya verás que sale, seguro que “vas por caminos de contemplación”, ya me contarás, eh…
    Así debió de proceder Kierkegaard, en la Biblia no aparece toda la información, ya que no es ni un relato exhaustivo necesariamente ni tampoco es absolutamente un relato histórico, parte tiene de mensaje, parte de historia, parte de enseñanza concreta y parte de alusión al tiempo en el que fué escrita, para dar alguna enseñanza a los hombres de su tiempo.

    A mi me sorprendió cuando lo leí en un libro de Filosofía donde lo citaba del libro de “temor y temblor”

  7. pauloarieu
    Sep 08, 2008 @ 01:01:10

    ok,

    Pero debería decir “me imagino que quizás…”, dando a entender que es la imaginación del predicador, ya que del texto no se desprende esta situación de odio o de amor.

    Yo prefiero suponer que es mas lógico que Abraham estaria en conflicto interno consigo mismo, y que se haría algunas preguntas. El le dice al hijo que Dios proveería para el holocausto.

    Abraham actuó en fe, creyendo que Dios cumpliria su promesa: Podemos suponer algunas cosas, pero con cuidado de no decir lo que no se desprende del estudio del texto.
    Gracias por tu comentario y por el del libre albedrio. Muy bueno los dos, Kiko
    Saludos.

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