Parte 5: ¿No basta una vida moral?

Evangelismo y establecimiento de nuevas iglesias- mayo 2008
Cómo responder a objeciones

Parte 5: ¿No basta una vida moral?

Artículo escrito por: Dr. Gerardo Laursen

Estimado(a) Lector:   

Cuando evangelizamos, hay personas que protestan y presentan objeciones, especialmente contra la persona de Dios o la Biblia o creyentes o religión en general. Algunas objeciones son meramente una manera para decir: “No quiero hablar de eso” (la causa principal es porque sienten culpabilidad por su pecado. Se sienten incómodos). Pero si la queja es sincera, estamos obligados a proveer respuestas (1 P. 3:15).

Entonces se ofrecen algunas respuestas a las objeciones más comunes, siguiendo una serie de artículos sobre el tema.

Objeción: ¿Acaso una vida moral y buena no me asegurará el cielo?  Hay una filosofía casi universal, piensan que si uno es bueno, merece el cielo, y si es malo, merece el infierno.

Sugeridas respuestas a una persona que tiene esta queja:
a. La norma divina para merecer el cielo es la perfección.

Romanos 1:18, Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.”

Santiago 2:10, Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.”

No es posible alcanzar las normas divinas. Dios es ofendido por cada pecado nuestro. Todo el mundo es pecador.

b. La Biblia dice que no hay justos.

Romanos 3:10, Como está escrito:  No hay justo, ni aun uno.”

Romanos 3:23, “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.”

Isaías 53:6, “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.”

Entonces no hay nadie que merezca la salvación.

c. La santidad personal requiere el renacimiento.

Juan 3:3, Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.”

La entrada al cielo requiere una transformación. 

d. El renacimiento es solo posible por la gracia de Dios.

Efesios 2:8-9, Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”

Aun si fuera posible merecer la salvación, sería fuente de jactancia. Pero la entrada al cielo es por gracia, mediante la fe (Romanos 6:23b). Fe en lo que revela la Escritura: que todos somos pecadores y separados de Dios (Efesios 2:1-7), la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23a), y Cristo es nuestro sustituto quien murió en nuestro lugar (Romanos 5:8), y uno debe darse cuenta de eso, confesar que es pecador, invitar a Cristo a entrar en él para transformarle (Juan 1:12), agradecido por su sacrificio (2 Corintios 9:15), con el deseo de seguirle en su manera de vivir (2 Corintios 5:15).

e. El problema básico del hombre no es saber cómo vivir; es que carece del poder para vivir como debiera.

Aun si fuera posible entrar en el cielo por ser bueno, todavía sería inútil, porque el ser humano no tiene el poder de ser bueno o vivir bueno como debe hacerlo. Tenemos la naturaleza pecaminosa, que solo Cristo puede limpiar y cambiar.

f. No hay salvación aparte de Jesucristo.

Jn. 14:6, Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”

Jn. 6:37, “…y al que a mí viene, no le echo fuera.”

Entonces una vida moral no basta para entrar en el cielo.  Solo Cristo salva.  Entréguese a él.

Seamos fieles a Dios compartiendo su evangelio con todo el mundo,

Scott Yingling,

Director General de ObreroFiel.com
  


Para más recursos sobre este y otros temas, visítenos en: www.ObreroFiel.com
Si tiene alguna duda o comentario, favor de escribirnos a: info@ObreroFiel.com

Parte 3: ¿Por qué sufren los inocentes?

Evangelismo y establecimiento de nuevas iglesias- marzo 2008
Cómo responder a objeciones
Parte 3: ¿Por qué sufren los inocentes?

Artículo escrito por: Dr. Gerardo Laursen

Ver Parte 3: ¿Por qué sufren los inocentes?

Estimado(a) Lector:

Cuando evangelizamos, hay personas que protestan y presentan objeciones, especialmente contra la persona de Dios o la Biblia o creyentes o religión en general. Algunas objeciones son meramente una manera para decir: “No quiero hablar de eso” (es porque frecuentemente sienten culpabilidad por el pecado. Se sienten incómodos). Pero si la queja es sincera, estamos obligados a proveer respuesta (1 P. 3:15).

En este artículo se ofrecen algunas respuestas a las objeciones más comunes, siguiendo una serie de artículos sobre el tema.

Objeción: ¿Por qué sufren los inocentes? ¿Por qué hay tanto dolor e injusticia en el mundo?

Sugeridas respuestas a una persona que tiene esta queja:

a.  Se presume que o Dios es omnipotente y malo, o es bueno pero no omnipotente. Eso es falso.

Un rabí escribió un libro sobre por qué cosas malas ocurren con gente buena. Su conclusión fue que Dios es bueno pero no puede controlar todo y no es su culpa. Esta limitado. Pero la Biblia dice algo diferente. Uno de los nombres para Dios es “el Todopoderoso”. Además:

Gn. 18:14, “¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo.”

Jer. 32:17, “¡Oh Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti!”

Jer. 32:27, “He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?”

Entonces, ¿si él es todopoderoso pero no ayuda a los inocentes, no es malo? Tampoco. En primer lugar, no hay nadie inocente o bueno. Solo Dios es bueno.

Mc. 10:18, “Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.”

Ro. 3:10-12, “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.”

Ro. 3:23, “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.”

Ro. 3:23, “La paga del pecado es muerte.”

La única cosa que el ser humano merece es el infierno. Mucho de lo que cae sobre un individuo es traído por propia cuenta. Pero claro, no todo (vea punto b). 

En segundo lugar, hay una presunción de que si Dios puede ayudar, esta obligado a hacerlo. No es así. El es soberano. No es nuestro siervo. Somos sus siervos. ¿Y qué esclavo tiene derecho a exigir derechos de su amo? Dios tiene sus planes que no podemos entender, a menos que se revele.

Ilustro: Ben y su esposa Sue fueron a África con visas de turismo, buscando cómo alcanzar a musulmanes para Cristo. La visa de residencia fue negada. Pidieron abrir una escuela para un grupo étnico musulmán. Un gobernante les dio permiso de 4 horas para explorar el sitio. Ben se enfermó. Musulmanes lo cuidaron por 4 días. Como costumbre, todos en el pueblo visitaron al huésped enfermo. El así tuvo oportunidad de charlar con ellos de su fe. Una vez mejor, se trasladó, pero cayó enfermo otra vez en la mansión del gobernante. Se formó una relación mientras se recuperaba. Ahora, camino de regreso, la carretera fue cerrada por causa del río desbordado. Ben observó a un soldado atrapado en el río. Saltó en el río y rescató al soldado. El gobernante quedó tan impresionado que declaró a Ben “héroe”, y le dio permiso de quedarse y abrir una escuela del grupo étnico musulmán deseado.

Ahora preguntas: ¿Ben se enfermó por su propio pecado? No. ¿Se enfermó por pecados de otros? No. ¿Dios fue malo en no prevenir la enfermedad? No. Dios, en su soberanía, permitió la enfermedad para abrir una escuela y alcanzar a musulmanes para Cristo.

La Biblia es clara en que Dios es bueno y todopoderoso a la vez.

b. Son el hombre y Satanás los autores del sufrimiento. No es Dios.

El diablo causa problemas para el hombre, y los seres humanos causan problemas a otros seres humanos. Algunas calamidades nos caen por nuestra propia culpa, pero la mayoría viene de afuera. Un ejemplo: Una dama embarazada está de vacaciones en un campamento. Bebe agua del río. Después, el niño nace deformado. ¿Pecó la madre? No. Desconocido a ella y al público, una fábrica arriba del campamento ilegalmente derrama sustancias tóxicas en el río. Por el pecado de desconocidos, nació mal el niño. O sea, cuando digo que pecado produce sufrimiento en usted, no necesariamente me refiero a pecado de usted. Pero queda el punto: el pecado causa sufrimiento.

c. El mundo no es lo que era cuando Dios lo creó. Se convirtió así con Satanás.

Algunos se creen lógicos cuando piensan: “Dios creó todo; Satanás existe; por eso Dios es malo.” Falso. Todo lo que Dios creó era bueno y perfecto, Gn. 1:31. Lucero, un arcángel bueno, por su propia voluntad, decidió pecar (soberbia) y cayó, convirtiéndose en Satanás (Is. 14; Ez. 28). Dios no tiene la culpa por la caída, ni por la existencia del diablo como tal.

d. Dios nos da la capacidad para elegir lo referente a lo moral.

Dios nos creó con libre voluntad para hacer bien o mal; para obedecer o desobedecer a Dios. Cuando uno hace el mal, hay injusticia.

e. Si usted quiere que Dios erradique el mal, ¿qué tal comenzar con usted?

¿No le gusta la injusticia en el mundo? ¿Desea que Dios elimine la injusticia? ¿Hay alguna injusticia en usted? ¡Acaba de pedir la muerte! ¡Debe dar gracias a Dios por su paciencia y misericordia!

f. El calvario es parte de la solución.

Todo pecado e injusticia fue puesto sobre Cristo en la cruz de Calvario. El pagó así nuestra deuda. Ahora el perdón completo está disponible para nuestras injusticias. Podemos ser hechos justos.

g. Usted puede ayudarnos a vencer el mal por seguir a Cristo.

Ro. 10:13, “todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”

Tito 3:7-8, “para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres.

En resumen: ¿Por qué sufren los inocentes? ¿Por qué hay tanto dolor e injusticia en el mundo? Es por culpa de usted, de los demás y Satanás. Es tiempo de arrepentirse y rendirse a Dios, quien le espera.

Seamos fieles preparándonos adecuadamente para contestar las dudas de los no creyentes de tal manera que crean y sigan a Cristo,

Scott Yingling

Director General de ObreroFiel.com
  


Para más recursos sobre este y otros temas, visítenos en: www.ObreroFiel.com
Si tiene alguna duda o comentario, favor de escribirnos a: info@ObreroFiel.com

Parte 4 – El papel del Espíritu Santo con el creyente en el evangelismo

Evangelismo y establecimiento de nuevas iglesias- junio 2007

Parte 4 – El papel del Espíritu Santo con el creyente en el evangelismo

Artículo escrito por: Dr. Gerardo Laursen

Estimado(a) Lector/a 

Si no fuera por el Espíritu Santo, no “ganaríamos almas”. Para nuestra obra evangelizadora, el Espíritu Santo nos capacita, nos requiere dependencia, y nos llena. ¡Qué privilegio ser una herramienta en las manos del Espíritu Santo, cuando él convierte un incrédulo!
A. Nos capacita

1. con poder

Hch. 1:8ª, “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo…”

Nuestra lucha es espiritual, requiere el poder que el E.S. nos da. Más de 3 años con el Señor no fueron suficientes para capacitar a los apóstoles. Faltaba el poder espiritual que vino en el día de Pentecostés, el primer día del nuevo ministerio del E.S. de habitar en los creyentes, para fortalecernos a vivir una vida victoriosa.

2. con testimonio

Hch. 1:8b, “y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

Un testigo comparte lo que ha visto y ha oído. Es explicar a otro lo que significa Cristo para nosotros y como ha cambiado nuestra vida. Y la implicación es que si Dios puede salvarme a mí, le puede salvar a usted también. Y la buena nueva debe ser divulgada por todos lados. Sigamos el ejemplo de María Magdelena, cuando vio a Jesús resucitado, fue a otros para dar “las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas” (Jn. 20:18).

3. con denuedo

Hch. 4:31, “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.”

Evangelizar produce niveles de nerviosismo. El E.S. nos ayuda a superar las inseguridades, hasta vencer la timidez y tener valor.

B. Nos requiere dependencia

1. Dependencia no descarta preparación. ¿Aplica Lc. 21:12-15?

“Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre. Y esto os será ocasión para dar testimonio. Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en vuestra defensa; porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan.”

No aplica Lucas 21 a presentaciones formales. Este párrafo nos habla de algo no previsto, como un arresto inesperado. En tiempo de emergencia, el E.S. nos dará las palabras para defendernos. Pero si queremos alcanzar al mundo para Cristo, debemos planificar proyectos y viajes, pedir literatura con anticipación, alquilar un sitio de reuniones, hacer mapas del área a cubrirse, consultar con otros creyentes, orar, etc. Una vez preparado, podemos evangelizar a alguien cuando se presente un momento dado. Y si hay una conversión, es un milagro hecho por el E.S. en el corazón.

2. Dependencia no elimina razonamiento. Una presentación del evangelio debe ser lógica y completa, para ser entendido. Una cápsula: el hombre está perdido, es incapaz de salvarse, Cristo pagó nuestra deuda, y se necesita una relación con él. Eso es el orden lógico. Sería un evangelio incompleto sólo decir que Dios le ama y el recibir a Cristo le da vida eterna. Es una idea incompleta, porque salta la necesidad: uno es pecador y esta separado de Dios. Ser salvo es ser salvado del infierno merecido.

3. Dependencia no es ser perezoso. El Espíritu tiene papel en el evangelismo, y nosotros tenemos papel en el evangelismo. Se ilustra el papel humano con Lázaro levantado de los muertos por Jesús. Cristo pidió quitar la roca de la tumba y quitarle las vendas. El pudo haberlo hecho, directo o por milagro. Pero pidió al hombre lo que el hombre podía hacer. Y él hace lo que solo Dios puede hacer: vivificar a un muerto. Hay digamos una economía de milagros. Compartimos información al incrédulo, y el Espíritu hace el milagro de conversión. Hay trabajo humano involucrado en la planificación, viajes, entrevistas, desvelos, etc.

4. Hay dependencia cuando el E.S. usa un hombre preparado con un mensaje preparado. Si procuramos hacer la voluntad de Dios, si manejamos la Escritura, si buscamos oportunidades de compartir nuestra fe, Dios abrirá puertas y nos dará fruto.

5. Hay dependencia sí es una comunicación guiada. Por ejemplo, si hemos memorizado un buen número de versículos, el E.S. puede guiarnos a usar un texto específico que una persona necesita oír en el momento. Cómo iniciamos la presentación, o el énfasis, puede variar un poco de persona a persona.

C. Nos llena

1. Pasos de ser lleno:

a. Obedecer el imperativo en Efesios 5:18, “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.”

¡Es importante notar que jamás es ordenado ser bautizados en el E.S.! Eso es porque el bautismo es automático al recibir a Cristo como salvador. (En 1 Co. 12:13, todos somos bautizados, hasta los carnales corintios). Llenura es cosa aparte y tiene requisitos. Ser lleno del Espíritu es ser controlado por el Espíritu. El imperativo es permitir que el E.S. nos controle.

b. Rendirse a la voluntad de Dios. Es clave estar dispuesto hacer lo que Dios nos pida. Si nuestro anhelo es hacer la voluntad de Dios, habrá sacrificios, pero uno mostrará la gloria de Dios (Mt. 6:33, Ro. 12:1-2, 1 Co. 6:19-20, Gá. 2:20, Col. 3:1-3).

c. Ser llenos del Espíritu por fe. Con el deseo de ser controlado por el Espíritu y el estar dispuesto a hacer su voluntad, solo queda la cuestión de orar, pediendo la llenura por fe.

2. Razones por las que no todos los creyentes son llenos del E.S.:

a. Falta el deseo: para no ser visto como fanático.

b. Falta conocimiento de la Palabra: pero es un imperativo.

c. Soberbia: sentir que todo lo puedo “yo”, sin ayuda de Dios.

d. Miedo de persecución: Si vivo por Dios, habrá persecución. Pero si quiero evitar tribulación a todo costo, no estoy viviendo en la voluntad de Dios.

e. Pecado no confesado: Eso quita el poder y el ánimo.

f. Mente mundana: es preferir ser como mis amigos.

g. Falta de confianza en Dios: Eso sería por miedo de pruebas resultantes, o que Dios me pedirá algo difícil, como ser misionero a los musulmanes. Se propone que Dios es injusto o que no sabe lo que hace. Son insultos serios.

3. Evidencias de ser lleno:

a. Amor más grande para Cristo.

b. Preocupación más grande por los perdidos.

c. Más fe, denuedo y poder en el evangelismo.

d. Fruto. Pedro Predicó con el resultado de 3,000 convertidos (Hch. 4:8). El E.S. usa nuestras palabras para convencer al oyente (Hch. 6:10).

Hermano, ¿está creciendo su amor para Cristo? ¿Realmente cree que los inconversos pasarán la eternidad en los fuegos del infierno? ¿Puede superar sus temores para conquistar al mundo para Cristo? ¿Está dispuesto a sacrificar por la causa de Cristo? ¿Está preparado? ¿Está controlado por el Espíritu Santo? ¿Tiene fruto por sus labores?
Aquí hemos visto algo que el Espíritu Santo hace con el creyente en el evangelismo. En nuestro próximo devocional veremos algo que el Espíritu Santo hace con el inconverso en el proceso del evangelismo.

Seamos fieles instrumentos de evangelismo guiados por el Espíritu Santo,

Scott Yingling
Director General de ObreroFiel.com

Temas relacionados

Cómo el ateo manipula la noción del mal

Cómo el ateo manipula la noción del mal

por Pablo Santomauro

 


Pablo Santomauro

Pablo Santomauro

ver Artículos relacionados con el ateísmo

Siempre me intrigó el hecho de que la literatura atea producida por los Martín Gianolas y Ladislao Vadas de este mundo, impugna la existencia de Dios basándose en cierto tipo de acontecimientos en la realidad que vivimos. Mencionemos los más citados por los apologistas ateos: injusticias, tragedias, cataclismos, enfermedades, hambre, el sistema ecológico injusto, como le llama Martín Gianola al estado de cosas presente en la naturaleza {1}, genocidios, guerras, y organismos patógenos en una serpiente venenosa que mata a un niño, como lo expresa Ladislao Vadas {2}. Todas estas cosas constituyen la plataforma de apoyo que los pensadores ateos, erigiéndose ellos en los paladines de la justicia y la bondad, usan para negar la existencia de Dios, y de paso, acusar a ese Dios que no existe, de ser extraordinariamente malvado, cruel, sádico.

Prueba de que Dios no existe, en el repertorio ateo, es que si un Dios bueno existiera, podría eliminar toda esa maldad en nuestro mundo. Yo tengo algunas preguntas para nuestros amigos incrédulos. A la hora que los Gianolas y los Vadas de este mundo escriben estas cosas mientras echan espuma por la boca, ¿cuántos adultos están cometiendo adulterio? ¿O robando al prójimo? ¿Cuántos niños están viendo a sus padres pelear o divorciarse, sufriendo cicatrices que quedarán de por vida? ¿Cuántos divorcios estarían siendo causados por una infidelidad que dejaría familias destrozadas como consecuencia? ¿Cuántas personas están siendo contagiadas con enfermedades venéreas?

¿Verdad que no escuchamos nada de este tipo de tragedias individuales que se repiten por miles de miles todos los días? Los Gianolas y los Vadas ni las mencionan.

¿Por qué estos “pensadores” no levantan su puño contra Dios porque usted le miente a su jefe en la oficina? O cuando habla mal de su compañero de trabajo. O cuando usted, jovencita o señora, se viste provocativamente. O cuando usted, caballaero o joven, visita el prostíbulo. O cuando Gianola o Vadas usan palabras soeces, insultan al prójimo, ven una película de contenido sexual, piensan mal de prójimo, desnudan con el pensamiento a la piba que pasa por la calle, etc. En resumidas cuentas, Gianola y Vadas bien podrían preguntarse, ¿por qué Dios no me detiene cada vez que hago algo malo? ¿No es eso prueba de que no hay Dios?

La respuesta es que Gianola, Vadas y los ateos, sólo consideran malas las cosas como las grandes tragedias, las enfermedades, los cataclismos, los genocidios, las guerras, y cosas por el estilo. Sobre los males morales y éticos individuales no pronuncian juicio porque ellos no tienen estándares morales, o si los tienen, son restringidos a cierto tipo de maldad.

La verdad es que si fueran imparciales tendrían que impugnar la existencia de Dios debido a todo tipo de maldad y sufrimiento. La selectividad de los ateos se reduce a cierto tipo de maldad, i.e., las tragedias y las cosas que nos hacen daño, pero se quedan en silencio cuando se trata de la maldad que disfrutamos y nos causa placer. Tienen pena por el niño enfermo, pero les importa poco el niño que ve a sus padres divorciarse por una infidelidad o simplemente por egoismo. Se horrorizan por la crueldad del mundo animal pero les importa poco el drama de la prostituta que acaban de usar para satisfacer sus deseos.

La verdad es que si vamos a protestar por la maldad debemos hacerlo por todo tipo de maldad. Y si llegaran a hacerlo así, creo que es mejor para ellos (y para cualquiera) que Dios no exista, porque si Dios decidiera eliminar toda la maldad del mundo a las 12 de la medianoche, ¿dónde estarían Gianola y Vadas a las 12 con un segundo? ¿Dónde estaríamos todos a esa hora?

En este tema de la maldad y el sufrimiento es donde más se hace evidente la hipocresía del pensamiento ateo. La Biblia, como siempre el mejor fiscal que se levanta contra el ateísmo, enseña que Dios está trabajando indefectiblemente para eliminar todo el mal de este universo, pero en su tiempo, no el nuestro. <>

1} Martín Gianola, Los Atributos Teológicos del Dios Judeocristiano – Omnipresencia, artículo.

2} Ibid.

La verdad en la apertura de sentido de la fe

La verdad en la apertura de sentido de la fe 

martes, 19 de agosto de 2008, Nicolás Panotto, Argentina

me gustaria llevarles a reflexionar sobre algunas ideas que aportó el prestigioso filósofo y teólogo Paul Ricoeur en un precioso y fascinante texto titulado “La filosofia y la especificidad del lenguaje religioso”

¿Dónde está la verdad? ¿Hay tantas verdades como sujetos? ¿Quién dice cuál, quien o qué es la verdad? ¿Existen muchas verdades? Desde mi experiencia personal, es notable la recurrencia con la que estas preguntas emergen a mí alrededor, especialmente en espacios de reflexión teológica. Y no es para menos, partiendo del hecho de que el objeto de la fe (cristiana en este caso), el Dios trino, se presenta, desde un marco religioso, como ese Absoluto omnipresente, omnisciente y todopoderoso. Más allá de esto, el gran interrogante existencial por “la” verdad abarca diversos espacios, desde la filosofía hasta la ciencia y la ética.

Sin querer agotar el tema (ya que, obviamente, yo no tengo “la” verdad), me gustaría llevarles a reflexionar sobre algunas ideas que aportó el prestigioso filósofo y teólogo Paul Ricoeur en un precioso y fascinante texto titulado “La filosofía y la especificidad del lenguaje religioso”. Este escrito parte de tres presuposiciones: primero, que es posible identificar una fe religiosa desde su lenguaje; segundo, que el lenguaje religioso contiene un sentido de especificidad, desde donde distinguirlo de otras modalidades de lenguaje; tercero, que, en esta búsqueda, la filosofía está implicada en encontrar no solo el sentido del lenguaje sino su pretensión de veracidad.

De aquí Ricoeur pasará a desarrollar cada uno de los puntos mencionados. En primer lugar, al analizar el discurso religioso se hace necesario hacerlo en cuanto tal. Esto requiere del estudio del lenguaje como acto, contenido y forma. Esto se debe a que las formas de discurso, más que instrumentos de clasificación son instrumentos de producción. Por ello, dirá Ricoeur, el discurso es producido como una obra. Desde lo dicho, el texto bíblico, como uno de los más importantes depositarios de segmentaciones narrativas y discursivas de nuestra fe, debe ser abordado de la misma manera. “Interpretar un texto significa siempre más que sumar las significaciones de las frases aisladas. El texto en tanto totalidad se debe aprehender desde el punto de vista de la jerarquía de los topoi que lo componen”. De aquí una de las tareas centrales de la hermenéutica: identificar las diferentes formas de discurso que delimitan el espacio interpretativo desde donde puede comprenderse el discurso religioso.

El segundo punto es que la especificidad del lenguaje bíblico se encuentra en su misma confesión de fe. Por esta razón, no puede disociarse dicha confesión de las formas particulares de discurso que aparecen en cada parte del texto bíblico. Esta relación se trasluce en la ya conocida fórmula lingüística conocida por la relación contenido- forma. En este sentido, la polifonía discursiva de los textos bíblicos muestran algo central de su contenido teológico: el discurso religioso en sí mismo se muestra como una polifonía (lo que Ricoeur llama el “sistema circular” de los textos bíblicos). Esto, puesto en negativo, nos muestra que no podemos alcanzar a comprender la riqueza del discurso religioso de la fe evitando el rodeo de las polifonías bíblicas.

Por último, entramos en uno de los temas más escabrosos: la cuestión de la verdad. Nos podríamos preguntar sobre la necesidad de dicho abordaje. A ello respondemos, de manera preliminar y simplista, desde dos razonamientos. Primero, que todo discurso, al ser aprehendido, analizado y practicado en un contexto histórico determinado, pretende un mínimo sentido de veracidad para su aplicación y justificación. Segundo, como mencionamos anteriormente, todo discurso religioso, no sólo por ser un discurso sino también por su punto de partida (lo divino), pretende una aprehensión como centro de la historia, por ende de veracidad.

Para abordar esta problemática, Ricoeur partirá de la presuposición hermenéutica que denomina referencia del texto. Con ello evoca a el/los contexto/s que intervienen en el momento de interpretar el texto bíblico. De aquí que surgen las referencias de primer y segundo orden. El primero tiene que ver con el contexto particular del texto en cuanto tal y el segundo con el “contexto extendido” que adquiere el mismo al ser interpretado desde el momento particular de quien ejerce dicha interpretación.

A diferencia de la hermenéutica clásica, al estilo schleiermachiano, Ricoeur dará mayor énfasis a la referencia de segundo orden; o sea, al lugar del texto en la persona que lo analiza y sus circunstancias. Por ello afirmará, desde una noción heideggeriana, que “(…) la interpretación es el reconocimiento de la modalidad del ser-en-el-mundo proyectado por el texto”. Sigue diciendo:

Lo que propiamente se da a interpretar en un texto, es el proyecto de un mundo, de un mundo que podríamos habitar y en el cual podríamos proyectar nuestros posibles más propios. Tal es lo que denomino el mundo del texto, -el mundo apropiado de ese texto único. 

Este marco trae diversas consecuencias teológicas, específicamente en lo que refiere a la veracidad (o sea, a su justificación y lugar en la historia) del texto bíblico. En primer lugar, retomando lo antes dicho sobre la relación forma-contenido, la manera en que el texto se muestra determina profundamente la dinámica del contenido teológico. Por ello, “La tarea de la hermenéutica no consiste en suscitar una decisión del lector, sino en desplegar el mundo implicado en los textos bíblicos. Antes de toda emoción, antes de toda disposición de fe o de no-fe, un mundo es pro-puesto, ese mundo que, en el lenguaje de la Biblia, es nombrado mundo nuevo, Reino de Dios, Ser nuevo”. En segundo lugar, la noción de inspiración y revelación se mueve de su sentido exclusivista y psicologista hacia comprensión existencial. “Es necesario entonces llegar a decir que un texto es revelado en la medida en que revela un mundo”. Por último, la riqueza de la polifonía del discurso religioso (contenido en los mismos textos bíblicos), más que relativizar enriquece dicho texto, y con ello la misma comprensión de la persona divina. En palabras de Ricoeur,

El referente Dios queda focalizado por la convergencia de todos esos discursos parciales. Es, simultáneamente, el índice de su mutua pertenencia y de su inacabamiento. Es su orientación común y es, a la vez, lo que a cada uno se le escapa. 

Podríamos mencionar dos enseñanzas que nos deja la riqueza de este abordaje, dentro de las muchas otras más que nos podría arrojar. En primer lugar, el texto bíblico, como una de las principales fuentes discursivas de nuestra fe, no puede escapar de ser puesto en un marco de análisis hermenéutico y discursivo como cualquier otro. Esto nos lleva, una vez más, a dejar de lado esos vicios modernos de afirmar la veracidad del texto bíblico a través de una supuesta unicidad y uniformidad de su mensaje. La Biblia, en cuanto texto histórico y discurso de una fe, está compuesta de una poliforme melodía que, precisamente, hace a su riqueza. Evitarlo opaca su inherente impacto existencial.

Tener en cuenta esta polifonía conlleva reconocer que el texto bíblico se encuentra en sí determinado por contextos, opiniones, experiencias, lejos todos estos de un espacio único de comprensión y “revelación”. Y el hecho mismo de que las experiencias, los contextos y la historia sean elementos intrínsecos de los mensajes bíblicos, abre la práctica de interpretación y comprensión hacia las experiencias, mundos e historias presentes de quienes los leemos.

Aquí, finalmente, el segundo elemento central que Ricoeur nos deja: la veracidad del discurso religioso se encuentra, precisamente, en su intrínseco impulso hacia esta apertura histórica del sentido. Esta propuesta deja de lado todo intento de buscar una verdad universal (no en el sentido de su alcance sino de su unicidad), cuya validez se deposite en su comprobación histórica (aquí “historia” como suceso específico ocurrido en un momento concreto) o en una “fe ciega” de que así haya ocurrido. Esto, por ejemplo, transforma el concepto mismo de verdad, especialmente en su sentido de normatividad: ella no es un absoluto esencial que se retroalimenta y justifica a sí mismo sino que es un acuerdo que encuentra su veracidad en su relación con la comunidad que la confiesa y que sirve a su actuación histórica. Como dice Pascal Engel en su diálogo con Richard Rorty, el hecho de que en lo que decimos que es verdad se depositan la aserción y la creencia, no significa “(…) que la noción de verdad sea en sí misma normativa. Porque el hecho de que un enunciado o una creencia sean verdaderos es un simple hecho, una relación semántica que el enunciado o la creencia guardan con el mundo, y no una norma. Lo que resulta normativo, es el vínculo que une a la verdad con la creencia y la aserción…”. 

En esta dirección, la verdad de la fe no se deposita en los intentos muchas veces vacíos y truncos de encontrar “justificaciones” a hechos pasados o la “existencia” a relatos contados, lo que no quiere decir que dichos intentos sean inútiles. Lo que intentamos decir es que la verdad de la fe se encuentra, primordialmente, en esa apertura de sentido que provoca en la existencia de cada creyente, abriendo las coyunturas y los cerrojos de la vivencia hacia horizontes de esperanza y plenitud, así como lo evocan los símbolos bíblicos del Reino, la redención y la nueva creación. Toda búsqueda de verdad, sea cual fuere, está (o debería estar) inevitablemente adherida a dicha apertura de sentido teológico.


Notas:        

Paul Ricoeur, “La filosofía y la especificidad del lenguaje religioso” en Fe y filosofía, Docencia, Buenos Aires, 1990, pp.55-71
Ibíd., p.59
Paul Ricoeur, op. cit., p.65-66
Ibíd., p.67
Ibidem.
Ibíd., p.68
Pascal Engel y Richard Rortry, ¿Para qué sirve la verdad?, Paidós, Buenos Aires, 2007, p.34

Pautas para LA INTERPRETACIÓN DE LA BIBLIA.

Pautas para LA INTERPRETACIÓN DE LA BIBLIA.

1 El uso de la vida común, determina la significación de una palabra o frase; no el de la filosofía.

2  El uso en el tiempo y lugar del autor, determina  la signficación; no se debe tomar ningún otro tiempo ni  costumbres modernas para ese fin.

3. Si una palabra o una frase tiene varias significaciones el contexto determina su significación en el pasaje de que se trata. La significación más común en el tiempo del autor debe preferirse, con tal que convenga en el pasaje, no la que es más común en nuestro tiempo.

4 Si el autor tiene ocasión de emplear una palabra nueva, o una palabra antigua con una significación nueva, su propia definición o su propio uso debe determinar la significación, en lugar del uso de cualquier otro  autor.

5. El sentido directo o literal de una sentencia es la significación del autor, cuando no nos indica otra, otra figurativa, alegórica o mística.

6. Pasajes que tienen un sentido directo, literal, o plenamente entendido, sirven para determinar qué pasajes tienen otro sentido distinto, el que prevalecerá aún en nuestras opiniones.

La Biblia trata de Dios en su relación con los hombres. Es obvio que las circunstancias darán ocasión de usar nuevas palabras y frases, y nuevas acepciones de las antiguas. Trae a la vista figuras peculiares de que son llamadas antropomorfismo y antropopatismo. Da una expansión nueva a todas las reglas previas.

7. Una palabra, una frase o una declaración completa que se usa primeramente en relación con las cosas del hombre debe entenderse, cuando se aplican a las cosas de Dios, en un sentido consecuente con su naturaleza esencial; no en un sentido contradictorio a atributo alguno conocido de aquella naturaleza.

Hay un crecimiento de la Biblia en dos aspectos

(1) Hay un crecimiento al añadir documento a documento, durante mil seiscientos años por lo menos. Por esto las formas sencillas y primarias del idioma aparecerán en los documentos más antiguos; lo más común y conocido puede aparecer solamente en los posteriores.

(2) Hay un desarrollo también de la Biblia al añadir hecho a hecho y verdad a verdad; por lo cual, doctrinas que al principio parecen solamente un botón, al fin se dilataban hasta presentarse como una flor perfecta. Al fin, la Biblia escoge y señala la raíz suficiente de la cual todas las doctrinas pueden germinar. La raíz es Dios. En El son inherentes todas las virtudes que pueden crear y sostener un mundo, y por lo tanto en el conocimiento de El se hallan las doctrinas que pueden instruir y edificar a la creatura inteligente. Por esto, la forma elemental de una doctrina se hallará en las partes más antiguas de la Escritura,  la forma más desarrollada en los libros posteriores. Esto da origen a dos reglas semejantes de interpretación.

8. La significación de una palabra o frase en un libro posterior de la Escritura, no debe transferirse a  un libro anterior, a menos que lo exija el contexto.

9. La forma de una doctrina en una parte subsecuente de la Biblia no debe tomarse como plenamente desarrollada en una parte precedente, sin la autoridad del uso y del contexto.

El Antiguo Testamento fue escrito en hebreo; el Nuevo Testamento lo fue en griego. Cada uno debe interpretarse conforme al carácter del idioma en que fue originalmente escrito. El intérprete debe, pues, estar familiarizado con la gramática de cada uno, en la cual las particularidades de su estructura genuina están reunidas en un sistema. Los escritores del Nuevo Testamento eran hebreos por nacimiento y hábitos, con la excepción posible de Lucas. Por lo tanto, su griego es de caracter hebraico, y sus palabras y frases son para expresar de este modo cosas, costumbres, cualidades y doctrinas.    De aquí que ellos tengan facilidad de explicar ampliamente en griego, las partes de la oración hebraica de las cuales aquellas son sus equivalentes  propuestos.     Dos   reglas   de   interpretación de este concepto, que son las siguientes:

10 El sentido de una oración, y la relación de una sentencia a otra, deben determinarse de acuerdo con la gramática  del idioma en el que están escritas.

11. La significación de las palabras y frases  del Nuevo testamento debe determinarse en armonía con el Antiguo Testamento; no por su sentido en el griego, sino al contrario, por su sentido en el hebreo.

La Biblia es la Palabra de Dios. Todos los otros elementos de nuestro postulado fundamental son claros sobremanera, para ser admitidos unánimemente, a excepción de algunos intérpretes que los acepta con algunas reservas; pero no obstante su desechamiento del dogma, semejantes intérpretes se ven obligados a aceptar que estos libros son la Palabra de Dios, porque aplican a su interpretación, las reglas que pueden inducirse justamente de sus propias características. Al hacer esto no se ponen en una posición desventajosa. Sólo dan a los demandantes un escenario justo, y no meten su alta pretensión a una prueba razonable.

Pues bien, Dios es un Dios de verdad. Por esto toda Escritura debe ser consecuente con la verdad y consigo misma. No contiene ninguna contradicción verdadera.   Esto da origen a las siguientes reglas

12. Toda la Escritura es verdadera histórica y  metafísicamente; no es mística ni falible.

13.En los pasajes verbalmente discordantes,  tal punto de vista debe adoptarse en su interpretación para aclarar la discrepancia en lugar de buscar una contradicción.    Explicarlo positivamente es mostrar la armonía del pasaje; obviarlo negativamente es mostrar que no hay contradicción.

14.Una Escritura explica otra Escritura. Por esto los pasajes claros explican los obscuros y abstrusos no las cosas extrañas a la Escritura en tiempo, lugar o sentimiento ni nuestra filosofía.

15. De reglas que se contradicen, la más alta substituye o modifica la más baja.

16.Un escritor del Nuevo Testamento  inspirado, dará el verdadero sentido de un pasaje del Antiguo Testamento.

Fuente: Extraido de B.H.Carroll, “Comentario Bíblico 1 – Génesis”, pp.43-46, edit. Clie