RESPONDIENDO A OXIPAL

RESPONDIENDO A OXIPAL

Por Pablo Santomauro

Para entender el porque de este artículo, te recomiendo que leas el artículo escrito por el hno. Pablo Santomauro titulado EDUCANDO A MARTIN GIANOLA

Pablo Santomauro

Pablo Santomauro

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Lo de la maldad del dios de la Biblia es INJUSTIFICABLE por mas documentos que se quieran escribir.
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Gracias por esta frase suya. Me da pie otra vez para probar que la existencia del mal es uno de los mejores argumentos para defender la existencia de Dios.

Al decir que Dios es malo, usted en forma subyacente está diciendo: Dios no existe. Esta es una variación del argumento “hay maldad en el mundo, por lo tanto Dios no existe. Esta es una proposicion nada razonable. Paso a explicarme:

Cuando usted dice que algo es malo, ya sea relacionado con Dios o con los hombres, implícitamente esta usando un estándar de bien para juzgar y además está juzgando que las cosas no son como deberían ser. En otras palabras, usted tiene una noción de lo que es bueno y reconoce que hay una realidad que corresponde con el Bien Supremo. Este último es un sinónimo de Dios.

Si usted es profesor y le da a un estudiante 90 puntos y a otro 80, usted está presuponiendo que el estándar o la norma máxima es 100.

Mi punto es: Si no hay Dios, ¿de dónde saca usted la norma de bien con la que juzga el mal?

¿Ve usted, mi buen “físico nuclear de profesión” (falacia de autoridad de parte de usted?)? Al negar la existencia de Dios usted ha negado la existencia del bien y del mal. Puesto de otra forma, al negar la existencia de Dios, usted tiene que crear sus propios valores morales, algo imposible de hacer porque su ateísmo lo ha introducido al mundo del relativismo.

Cuando al famoso Bertrand Russell se le preguntó en base a qué condenaba los acciones de Hitler, el gran especialista en lógica cometió una falacia imperdonable para un ateo de su categoría. Russel dijo contestó que Hitler era malvado porque “la mayoría de la gente está de acuerdo conmigo” (The existence of God, John Hick, MacMillan, 1964, p. 186). La falacia aquí es llamada “argumento ad populum”, se comete cuando se afirma que algo es verdad porque mucha gente lo considera de esa forma.

Cuando Bertrand fue finalmente arrinconado para que diga como él distinguía entre el bien y el mal, expresó: “por mis propios sentimientos” (Ibid., p. 186). ¡Caramba! ¡Otra falacia! Esta vez el “argumentum ad hominem” circunstancial, en la cual se dice que algo es verdad por las circunstancias de la persona. Lo que Russell estaba en realidad diciendo era, “Debido a mis sentimientos personales, Hitler era malo”. Si Russel hubiera estado en lo cierto, Hitler podría haber dicho exactamente lo mismo, o sea, que de acuerdo con sus sentimientos, fue justificadA la matanza de seis millones de judíos. Los sentimientos y opiniones de Hitler, su emociones y su felicidad estaban en completo acuerdo con sus acciones.

Ya ve, mi estimado, usted no está autorizado por sus propias creencias a emitir ningún juicio sobre lo que es malo o menos malo, bueno o menos bueno.

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Además el ataque sobre las personas que se hace de parte de estos “cristianos” eso de “Educando a Martín Gianola” es bastante ofensivo para empezar, en vez de titular el artículo.”Refutando a un ateo” o algo por el estilo.
Eso en Lógica se llama Ad Hominem, se ataca a la persona primero
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Yo no veo la falacia. El señor Gianola se puso a opinar sobre la omnipresencia de Dios – lo que sirve para recordar que ese fue el tema de mi artículo – y lo hizo sin realmente conocer el significado del término bíblico, creando un fantasma de su propia imaginación. Correspondía que alguien corrigiera a Gianola y Vadas. Mi artículo ni siquiera es una refutación porque los argumentos de ambos en este tema eran insostenibles. Una corrección era lo adecuado.

En cuanto a lo ofensivo, nótese que estos ateos agresivos consideran que ellos pueden ofender expresando que los que creemos en Dios somos desafiados mentales, y lo dicen de varias maneras, pero cuando se les contesta en el mismo tenor, se ofenden. Esas son las reglas del juego, nosotros podemos ofender, pero ustedes no. ¿Por qué nó? “Por qué ustedes son cristianos” (nótese la referencia a “cristiano” entre comillas). Ellos estipulan las normas del juego. Algo así como los musulmanes que en Ramadán dicen que hay una tregua. Tregua para ellos es que nadie puede atacarlos en esa época, pero ellos sí pueden despacharse con un bombazo que otro. Habría que declarar un Ramadán para la comunidad atea.

Si uno trata a la gente con condescendencia, debe estar dispuesto a ser tratado de la misma forma.

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Decadente, como las religiones en general, perdiendo terreno, cuando si fuera verdad lo que tratan de transmitir (Los cristianos llevan 2000 años llevando la buena nueva y solo el 24 por ciento de la poblacion mundial es cristiana!!) las cosas serian muy claras.
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Yo diría que mucho menos del 24 %. La mayoría de ese 24 % son cristianos nominales, culturales o sacramentalistas. No conocen la gracia de Dios, no han nacido de nuevo, y de acuerdo con la Biblia tienen el mismo destino eterno que el ateo. A decir verdad, Dios considera al ateo menos hipócrita que a estos cristianos religiosos.

Por otra parte, la Biblia nunca dice que todos van a creer, así que el argumento no presenta ningún reto para el cristianismo.

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Vale la pena un dios al que hay que salir a defenderlo porque es dudoso en su presentacion y accionar?

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En realidad nadie sale a defender a Dios. Los que creemos en Dios reconocemos que él es soberano y no tiene que darle explicaciones a nadie por sus actos. Lo que sí hacemos es refutar los argumentos ateos y analizar si ellos tienen base racional y lógica. Esto a ellos los enfurece y los hace salir de debajo de las piedras donde se esconden. El temor es que se investiguen sus creencias. Temen eso de la misma forma que temen que alguien investigue su pasado buscando las razones por las que se declararon ateos. Cuando uno hace la tarea de escudriñar en las vidas de los ateos famosos, se encuentra con que todos tuvieron razones personales para rechazar a Dios. Algunos se frustraron por desgracias en su familia, el abandono de un esposo/a, una experiencia negativa en alguna religión, la presión de vivir en una familia religiosa, etc. Otros simplemente quieren vivir una vida sin valores morales.

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¿Vale la pena una creencia que no acepta criticas ni pruebas que le servirían para modernizarse y captar incluso mas fieles?
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Este es un ejemplo de como el ateo niegan los absolutos y cree en el relativismo. Oxipal dice, “ si ustedes cambian sus creencias mucha más gente se haría cristiana”. Claro que nosotros podríamos hacer la misma sugerencia, si los ateos acomodan un poquito sus creencias, tendrían muchos más simpatizantes.

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Así al pasar leo por ahi, en los escritos descalificadores de este cristiano, que supuestamente los ateos creen que el universo salió de la nada.
Eso es lo que creen los cristianos! que dios lo creo de la nada.
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Parece que usted lee al pasar. Yo por lo general presto atención cuando leo. Los cristianos no creemos que Dios creó el universo de la nada. Creemos que Dios creó el universo a partir de él, con solo decidirlo. Como usted no cree en Dios, es obvio, entonces, que el universo tuvo origen en la nada.
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Soy físico nuclear de profesión.
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¿Falacia de autoridad?

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No los quiero aburrir con extensas exposiciones al respecto, pero la ciencia actual cree que el Big Bang (Probado sobradamente mediante la existencia de la radiación de fondo y el efecto doppler, entre otras cosas) no fue mas que un suceso cuántico.
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Seguro …. seguro … probadísimo.

¡Suceso cuántico! No sabiendo mucho de ciencia me animo a explicar lo que es un suceso cuántico en forma sencilla.

Un reptil puso un huevo hace mucho tiempo. Luego del período de incubación, ¿adivinen qué salió al romperse la cáscara? ¿Un reptil? Nooooooo …. ¡un ave! Eso es un salto cuántico.

Caballeros, la próxima vez que su esposa esté a punto de dar a luz, procure mantener las ventanas cerradas, no sea que se le vuele su hijo. Un suceso cuántico, ya sabe …….

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[la aparición del universo] Está avalado por PRUEBAS SALIDAS DE LABORATORIOS DONDE SE ACEPTAN ERRORES Y SE EXPERIMENTA HASTA LLEGAR A CONLUSIONES O TEORIAS NO DEFINITIVAS, pero aceptadas por su contundencia.
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Si no son definitivas, no podemos hablar de contundencia. El concepto es auto-refutable. Es como decir “era un chaparro bastante alto”. O como el título del libro de Vadas, “Razonamientos Ateos”, una contradicción en términos.

Que el universo apareció es una verdad con la que los cristianos estamos de acuerdo. El problema para los ateos es que no saben de donde apareció (de la nada?). Dicen que algo explotó, pero no pueden explicar qué fue lo que explotó. El ateo no puede llevarnos al origen del universo por que sus razonamientos son falaces.

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Una ultima cosa. La religion no es la dueña de la etica y de la moral. hay millones de Ateos que viven vidas perfectamente morales y eticas y no se puede decir lo mismo de muchos religiosos, de los cuales escuchamos noticias tremendas todos los dias.
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Ya hemos establecido que los ateos no pueden hablar de ética y moral porque su sistema de creencia no les permite surgir con un estándar. Me gustó lo de “millones”. ¿De verdad?

En cuanto a las noticias tremendas de “muchos” religiosos, ¡cuidado! Falacia de generalización, atribuir al todo ciertas carácterísticas de las partes.

Saludos cordiales.

Pablo Santomauro

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DIOS ES BUENO

DIOS ES BUENO

El Amor de Dios visto desde el Antiguo Testamento

José L. Caravias sj

Contenido

1. El Dios que sabe compartir responsabilidades

1. Todas las obras del Señor son en extremo buenas

2. Imágenes de Dios

3. El Señor nos hace señores

4. El Padre nos hace padres

5. Yo soy Dios, y no hombre

Canto al Creador

2. El Dios que libera y se compromete

1. La preparación del pueblo de Dios

2. El clamor de los pobres

3. Libera a mi pueblo

4. Yo soy el que soy

5. Yo seré el Dios de ustedes y ustedes serán mi pueblo

3. Amor de Dios a su pueblo

1. Dios quiere a su pueblo con el cariño de una madre

2. Con la misericordia y la comprensión de un padre

3. Como se quiere a una esposa

4. El Dios fiel

5. Yo a los que amo reprendo y corrijo

6. Hallaré mi gozo en mi pueblo

7. Sean santos porque Yo soy Santo

Canto al Amor

4. La primera exigencia del amor de Dios

1. La fe de un padre de pueblo: Abrahán

2. La fe de un jefe: Moisés

3. La fe de un pueblo

4. Los profetas, hombres de fe

5. Las crisis de jeremías

Canto de confianza

5. Las quejas del amor de Dios

1. Que los cielos se asombren y tiemblen espantados

2. Las uvas amargas de Israel

3. Son unos mentirosos

4. La esposa infiel

6. El Dios de la esperanza

1. La esperanza de los pobres

2. Consuélate, pueblo mío

3. La esperanza en el Mesías

Canto de los pobres con esperanza

7. Jesús es la imagen viva del amor del Padre

1. Se hizo uno de nosotros

2. Compartió nuestros sufrimientos

3. Un corazón abierto a todos

4. Perdón y amistad plena con Dios

5. Conocer a Dios desde Jesús

6. En la cruz Dios revela la forma más sublime del amor

Canto a Cristo Jesús, el Señor

José L. Caravias sj

Ap. 1778

Asunción – Paraguay

E-mail: jlcaravias@starmedia.com

Introducción

La Biblia no es un tratado teológico sobre Dios. No es un estudio intelectual sobre Dios. Es una revelación viva del Dios viviente. Es una conversación entre Dios y los hombres, de una manera sencilla y espontánea, que se va desarrollando a través de los hechos de la vida humana.

No se trata de probar la existencia de Dios. Su existencia se impone por sí misma como un hecho inicial que no tiene necesidad de explicación. Dios es “el primero y el último”, y no tiene, por consiguiente, que presentarse a los hombres, pues su realidad viviente se palpa por todos lados.

La Biblia no nos invita a hablar filosóficamente o a discutir sobre Dios, sino a escucharle con fe y a entablar con El una relación de amistad y amor cada vez más profunda.

Es maravillosa la pedagogía de Dios en la Biblia. Dios no comienza presentándose a sí mismo como el Infinito, el Inmutable, el Eterno o cosas por el estilo. Dios se reveló primero como el Padre del linaje humano, un Padre que ama de una manera única a sus hijos, los bendice y los corrige, según sus necesidades. Es el Dios familiar, a quien uno encuentra en el camino. Es el aliado, el protector, el guía, el pastor de aquel pequeño pueblo de los israelitas. Es la fuente de toda bendición, de la vida, de la prosperidad y de la fecundidad.

Dios no impone leyes, ni ritos extraños. Se adapta a las costumbres de aquellos hombres. Condesciende con ellos en multitud de factores. Pero les exige una fe incondicional en su Poder, su Fidelidad y su Amor. Les pide insistentemente a sus hijos que depositen su confianza en su Padre, y El los sabrá llevar a la verdadera felicidad.

El presente libro, sacado de la meditación y el diálogo con el pueblo sencillo, casi se reduce a una selección de citas bíblicas, sin más pretensiones que fomentar con su sencillez este diálogo de Amor que desde hace muchos siglos comenzó entre Dios y los hombres. Son trozos de meditación para ser digeridos lentamente. Se procura dar sólo las introducciones necesarias para poder entender mejor la Palabra de Dios. Pero lo único importante es la misma Palabra de Dios .

Una sola idea es el eje central que ha motivado el criterio de selección de las citas bíblicas: Dios es bueno, Dios es Amor. Creo que éste es el mensaje más importante que nos quiere dar la Biblia. Pues del concepto que se tiene de Dios depende en gran parte el enfoque de la vida de los hombres. Si nos dejamos “seducir” por el Dios que es Amor, cambiará nuestra vida toda, personal y socialmente.

La presente selección bíblica está hecha desde el mundo de los pobres. Y creo que sólo desde los pobres puede ser entendida.

Quizás sea una selección muy personal. Acepto las críticas que se me hagan de que no tienen rigor científico, pues no soy ningún técnico en Biblia. Pero presento un testimonio vivo de la Fuerza que me ha empujado desde hace años a compartir la vida, las esperanzas y la lucha de los pobres.

Mi deseo principal es contribuir una vez más a que el pueblo oprimido se encuentra con su Dios, el Dios verdadero, que es Liberación, Unidad y Amor. La experiencia me ha enseñado que no hay terreno mejor para sembrar la Palabra de Dios, que el corazón de los pobres. Creo en ellos y en el Dios que actúa en ellos.

1

El Dios que sabe

compartir responsabilidades

En Dios no hay nada que se parezca al egoísmo. El se da. Sabe repartir responsabilidades. Sabe establecer una relación de amor, y ser fiel hasta el final.

Dios se basta a sí mismo. No necesitaba crear nada para ser siempre feliz. Pero quiso derramar su poder y su amor fuera de sí. Creó un mundo maravilloso y seres inteligentes, capaces de admirarlo, transformarlo y disfrutarlo.

1. “Todas las obras del Señor son en extremo buenas”

“Dios creó el cielo y la tierra” (Gén 1, 1). Todas las maravillas de la creación son obras del amor de Dios, que se desborda fuera de sí: desde el mundo de los átomos al mundo de las más lejanas galaxias. Desde el primer impulso de la creación, la aparición de las primeras células vivas y los seres vivientes superiores, hasta la creación de seres inteligentes, capaces de admirar y vivir su Amor.

“Vio Dios que todo aquello era bueno” (Gén. 1, 10.12.18.21.25). La creación es fundamentalmente buena porque es obra de un Dios bueno. Este mundo en continua evolución encierra dentro de sí un impulso inicial de Dios lleno de maravillosas posibilidades. Pero muchas de las maravillas de la creación están todavía escondidas, por el hombre. Dios es como un ingeniero-jefe al que le gusta dejar las cosas medio terminadas para que los demás puedan colaborar también en su confección. A El le gusta compartir responsabilidades. Es su voluntad que seamos los hombres los encargados de descubrir los tesoros de la creación y desarrollarlos de manera que sean útiles a todos.

Las posibilidades que aguardan al hombre encerradas en la creación son todavía inimaginables. “Hay muchos misterios mayores que los conocidos, pues no hemos visto todavía sino unas pocas obras del Señor. Porque El es quien lo creó todo y quien da la sabiduría a los hombres” (Eclo. 43, 36-37).

2. “Imágenes de Dios”

La creación material es maravillosa. Pero lo más maravilloso de Dios fue crear seres capaces de corresponder a su Amor. Seres con inteligencia para entenderle —siquiera un poco— y con capacidad para amar a semejanza de El.

No sabemos cuántas clases de seres inteligentes creó Dios. Seguramente deben ser muy diversos. En el universo entero Dios ha podido crear multitud de seres capaces de participar de su Amor. Por la Biblia sabemos que los ángeles y los hombres somos imágenes de Dios. Llegará el tiempo en que conoceremos seguramente que la bondad de Dios se supo derramar sobre multitud de nuevas criaturas, que nosotros no somos ni capaces de imaginar.

Por ahora basta con saber que estamos hechos por El “a su imagen y semejanza”, somos prenda de su Amor maravilloso, que ha querido compartir con nosotros muchas de sus cualidades. Por eso no hay camino mejor para llegar a Dios, que el hombre mismo.

Dios puso en el hombre “el aliento de la vida” (Gén. 2, 7); de su propia vida. Tenemos algo en nosotros de la vida de Dios:

Dios creó al hombre

y le dio poder sobre las cosas de la tierra.

Lo revistió de una fuerza como la suya.

Hizo a los hombres a su imagen.

Hizo que los temiera todo ser viviente,

para que dominaran sobre bestias y pájaros.

Les dio conciencia, lengua y ojos,

oídos y una mente para pensar.

Los llenó de sabiduría e inteligencia;

les enseñó el bien y el mal.

La luz de Dios está en sus mentes

para mostrarles la grandeza de sus obras (Sab. 17, 1-9)

¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él;

el ser humano para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y dignidad,

le diste el mando sobre las obras de tus manos,

todo lo sometiste bajo sus pies (Sal. 8, 2.4-7)

Veamos un poco más detalladamente esta nuestra semejanza con Dios.

3. El Señor nos hace señores

“Dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza para que domine a los peces del mar y a las aves del cielo, a las bestias, a las fieras salvajes y a los reptiles que se arrastran por el suelo” (Gén. 1, 26).

Una vez creado el hombre, el mandato de Dios es claro:

“Llenen la tierra y sométanla. Manden a los peces del mar, a las aves del cielo y a cuanto animal vive en la tierra.

Yo les entrego toda clase de hierbas, de semillas y de árboles frutales, para que todos les sirvan de alimento. También les doy todos los animales de la tierra, todas las aves del cielo y cuanto ser viviente se mueve sobre la tierra” (Gén. 1, 28-30).

El Señor de la creación puso la creación entera en manos del hombre. Y quedó satisfecho de esta entrega: “Vio Dios que todo cuanto había hecho era muy bueno” (Gén 1, 31). Lo puso todo en manos del hombre, y vio Dios que esta entrega era algo muy bueno.

Desde entonces, todo adelanto, todo avance en la técnica, todo perfeccionamiento en cualquier ciencia humana es un cumplimiento del mandato de Dios de dominar la tierra. Desde entonces gran parte del dominio de Dios sobre el mundo se hace a través de las manos, el cerebro y el corazón del hombre.

Somos imagen de Dios en la medida en que dominamos la creación. Nos apartamos de Dios en la medida en que nos dejamos dominar por la materia.

Ni los que se hacen esclavos de la comodidad y el confort, ni los que viven tranquilos en la explotación y la miseria, son un reflejo del poder creador de Dios.

El deseo de dominar la creación y enseñorearse de ella es la fuerza poderosa que a través de la historia ha ido haciendo avanzar a la humanidad. Toda la cadena de inventos, que, apoyándose unos en otros, llega en nuestros días a metas a las que el hombre hace siglos no podía ni imaginarse, no son sino unos pasos más en esta responsabilidad nuestra de dominar la tierra.

Las posibilidades para el futuro siguen siendo incalculables. Nadie sabe hasta dónde puede llegar el poder participado de Dios de terminar la creación.

Pero el dominio de la creación debe ser al servicio de todos los hombres. El que unos tengan para ir a la luna y otros no tengan ni para llevarse la mano a la boca con un pedazo de pan es algo que no tiene nada que ver con el Plan de Dios. Todo adelanto y todo invento es bueno, pero con tal de que no se haga a expensas de la miseria de otros seres humanos. Por eso, mientras en el mundo haya hambre, falta de atención médica o analfabetismo, nadie tiene derecho a gastar un centavo en adelantos que poca utilidad aportan a la humanidad entera. Pues Dios lo hizo todo para todos por igual.

El mandato divino de dominar la tierra está dirigido en primer lugar a dominar las plagas del hambre, la enfermedad, la incultura y nuestro propio egoísmo.

4. El Padre nos hace padres

Dios bendijo a la primera pareja humana diciéndoles:

“Cásense, tengan hijos y llenen la tierra” (Gén. 1, 28).

El Autor de la vida nos hace participantes de su poder de dar la vida. Dios da la vida por amor: La pareja humana también está llamada a dar la vida como fruto de un amor mutuo.

“No es bueno que el hombre esté solo; hagámosle una ayuda semejante a él” (Gén. 2, 18). Dios tampoco es solo: son tres personas, en perfecta unidad y amor. La familia —padre, madre, hijos— es una copia participada de la Trinidad. Ese amor maravilloso de multitud de hombres y mujeres, de padres e hijos, es un regalo del Dios bueno, que nos ha dado algo de lo más íntimo de su ser: su amor en sociedad, su amor fecundo.

El amor a la pareja humana es donación de sí mismo, es complementariedad, es ayuda mutua. Es entregarse juntos a dominar la creación. Es unir dos ideales para hacer posible la justicia en el mundo. Es dedicarse a modelar, día tras día, nuevos seres humanos, capaces de dominar la creación y amarse de veras los unos a los otros.

En el amor conyugal se da algo plenamente humano, unión de espíritu y carne, distinto radicalmente de la tendencia sexual animal. Es un amor espiritual y sensible a la vez, que es fecundo. Los casados tienen que aprender a vivir la esfera de lo sexual integrada dentro de amor.

Esta nuestra semejanza con Dios no se reduce al círculo familiar. Nuestra capacidad de amor se desarrolla como célula primaria a partir de la familia y se extiende en círculos concéntricos cada vez más ampliamente, hasta abarcar a toda la humanidad.

Dios es familia, es sociedad; pues el Espíritu Santo es el Amor personificado entre el Padre y el Hijo. Los hombres también somos sociables por naturaleza. Nos necesitamos los unos a los otros. El amar y el sentirse amado es algo imprescindible para llegar a sentirse como persona.

Dios demuestra su Amor dándose, haciéndonos partícipes de su propia felicidad. Nosotros demostramos nuestro amor dándonos también a los demás, haciéndoles partícipes de todo lo nuestro.

Cuánto más unido somos los hombres, más nos parecemos a Dios. En esta nuestra semejanza a Dios se apoya ese impulso arrollador que nos lanza a buscar nuevas formas de convivencia humana. Todo intento de socialización tiene sus raíces en Dios. Toda lucha a favor de los pobres tiene algo de Dios. Por eso dice San Juan que “todo el que obra la justicia es nacido de Dios” (1 Jn. 2, 29), “porque el amor viene de Dios” (1 Jn. 4, 7).

La tendencia hacia la unión y la socialización no tiene límite, pues tendemos hacia la bienaventuranza eterna, que es eminentemente social. El cielo es el triunfo definitivo del amor.

Estamos llamados a parecernos cada vez más a Dios. Cuando sentimos un deseo intenso de ser más, de superarnos y perfeccionarnos en todo, estamos sintiendo la mano de Dios que nos acerca a El. Nuestro corazón está hecho para Dios, y no descansará hasta llegar a Dios y ser en todo semejante a El sin ninguna clase de impedimentos.

“Dios hizo a hombre a su imagen y semejanza y lo creó para la inmortalidad” dice el libro de la Sabiduría (2, 23).

5. “Yo soy Dios, y no hombre”

A pesar de tanta semejanza nuestra a Dios, El es completamente distinto a nosotros. El es el Santo, el que todo lo puede, el que no tiene fin, el Señor. Nosotros, sus criaturas, obra de sus manos, dependemos en todo del Alfarero.

Dios se manifiesta a través de sus obras, pero es El “completamente otro”, que desborda toda comparación. Se revela a través de las reacciones de los hombres, pero sus caminos distan mucho de los caminos del hombre. El siempre está por encima de todo y es distinto a todo, aunque todo lo bueno se parece a El y viene de El.

Dios es todo amor, pero bajo ningún concepto está dispuesto a que se le maneje o se le quiera suplantar. El siempre mantiene su personalidad. Dios nos supera siempre. Escuchémosle:

Yo soy un Dios celoso (Ex. 20, 5)

¿Con quién podrán ustedes compararme

o quién será igual a Mí?, dice el Santo (Is. 40, 25).

A nadie voy Yo a ceder mi honra (Is. 48, 11).

Yo soy Dios, y no hombre (Os. 11, 9).

Mis caminos no son los mismos de ustedes.

Así como el cielo está muy alto por encima de la tierra,

así también mis caminos se elevan por encima de sus caminos

y mis proyectos son muy superiores a los de ustedes (Is. 55, 8-9).

Yo, Dios, he hecho todas las cosas.

Yo, solo, estiré los cielos.

Yo afirmé la tierra, sin que nadie me ayudara (Is. 44, 24).

¿Dónde estabas tú, cuando Yo fundaba la tierra?…

¿Sabes tú quién fijó sus dimensiones?…

¿Has mandado una vez en tu vida a la mañana

o indicado a la aurora su lugar

para que tome los bordes de la tierra?…

¿Se te han mostrado las puertas de la muerte?…

¿Has llegado a los depósitos de nieve

o has visto las reservas de granizo?…

¿Quién abre un canal al aguacero

y una senda al estrépito de los truenos?…

¿Quién engendra las gotas de rocío?…

¿Haces tú salir a su tiempo el lucero del alba?…

¿Serás tú quien arroje los relámpagos (Job. 38).

¿Tú das al caballo su fuerza

y cubres de crines su cuello?…

¿Por orden tuya se eleva el águila

y coloca su nido en las alturas? (Job. 39, 19.27).

¿Tienes tú la fuerza de Dios? (Job. 40, 9).

Ante estas preguntas, el hombre no tiene más remedio que humillarse y retirar toda palabra de presunción ante Dios:

Reconozco que lo puedes todo

y que eres capaz de realizar

todos tus proyectos (Job. 42, 2).

CANTO AL CREADOR

Cantemos al Señor un canto nuevo,

cantémosle con guitarras y arpas…

porque los cielos fueron hechos por su palabra

y el soplo de su boca hizo surgir las estrellas (Sal. 32, 3.6).

El solo extendió los cielos…

El hizo la Osa y Orión,

las Pléyades y la Cruz del Sur,

y muchas obras grandiosas que no se pueden conocer a fondo.

El es el autor de incontables maravillas (Job. 9, 8-10).

En sus manos está el fondo de la tierra

y suyas son las cumbres de los cerros;

suyo es el mar; El fue quien lo creó,

y la tierra formada por sus manos (Sal. 94, 4-5).

El viste los cielos con sus nubes

y prepara las lluvias de la tierra,

hace brotar el pasto de los cerros,

y las plantas que al hombre dan sustento.

El entrega a los animales su alimento

y a las crías de cuervo cuando gritan (Sal. 146, 8-9).

El tiene en su mano el soplo de todo ser viviente

y el espíritu de todo ser humano.

En El están la sabiduría y el poder (Job. 12, 10-13).

El sólo formó el corazón del hombre

y se fija en cada una de sus obras (Sal. 32, 15).

Tú, Señor, formaste mi cuerpo

y me tejiste en el seno de mi madre.

Te doy gracias porque me has formado portentosamente,

porque son admirables todas tus obras (Sal. 138, 13-14).

¡Aleluya!

Den gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterno su Amor…

Sólo El hizo grandes maravillas,

porque es eterno su Amor.

El hizo sabiamente los cielos

porque es eterno su Amor…

El da alimento a todo viviente,

porque es eterno su Amor (Sal. 135, 1.4-6.25).

Alaben al Señor todos sus ángeles…

Que lo alaben el sol, la luna y todos los astros luminosos…

Alaben el nombre del Señor, porque El lo mandó y existieron.

Les dio consistencia perpetua y una ley que no cambiará.

Alaben al Señor los grandes peces y los abismos del mar;

rayo, granizo, bruma y el viento huracanado;

cerros y cordilleras, árboles frutales y selvas;

fieras y animales domésticos, reptiles y pájaros que vuelan;

reyes y pueblos de la tierra, príncipes y jefes de gobierno;

los jóvenes y también las doncellas, los viejos junto con los niños;

todos alaben el nombre del Señor.

Sólo su nombre es grande… (Sal 148).

¡Dios mío, qué grande eres!…

¡Cuántas son tus obras, Señor,

y todas las hiciste con sabiduría!

El mundo entero está lleno de tus criaturas (Sal 103, 1.24).

Tú cuidas de la tierra, la riegas

y la enriqueces sin medida (Sal. 64, 10).

¡Qué admirable es tu nombre en toda la creación! (Sal 91, 5).

2

El Dios que libera

y se compromete

Dios nos hizo hermanos. El lo hizo todo para todos. Nos hizo en comunión con El. Pero triunfó el egoísmo.

Dios quiso darles a nuestros primeros padres la vida en plenitud. Pero este don supone una libre adhesión a su voluntad. Y ellos prefirieron decir no al regalo gratuito de la amistad con Dios. Es que el Padre, en su respeto por los hijos, les había dado todo, hasta la posibilidad de decirle no y destrozar sus planes. Pero no por eso cambió su actitud. El Dios bueno seguirá siempre fiel a sus criaturas. Aunque su amor tiene que adaptarse ahora a las circunstancias de división de clases sociales, de opresión y de miseria, en las que el egoísmo humano dejó postrada a la humanidad. Habrá que sanar el corazón del hombre.

El misterio de la bondad de Dios se profundiza ahora en misericordia con los caídos mediante toda una historia de promesas y realidades de salvación. Así, poco a poco, se van restableciendo los lazos de amor que unen a Dios y a los hombres, hasta llegar a su plenitud con la venida y la muerte de Cristo, el Dios hecho hombre.

1. La preparación del pueblo de Dios

Después del pecado y del diluvio Dios acepta a la humanidad en su condición de pecadora “atento a que los sentidos y los pensamientos del corazón humano están inclinados al mal desde su infancia” (Gén. 8, 21).

Entonces planea un nuevo pacto de amistad con la humanidad:

“Sepan que voy a establecer mi alianza con ustedes y con sus descendientes después de ustedes” (Gén. 9, 9).

Después de muchos años, en la ciudad de Ur, en el Medio Oriente, Dios hace una extraña promesa a un anciano llamado Abrahán, cuya esposa además es estéril:

“Yo haré de ti una nación grande… Tu descendencia será más numerosa que las estrellas del cielo… En ti, serán benditas todas las naciones de la tierra” (Gén. 12 2-3).

La misma promesa de formar una nación unida y poseer una tierra propia la repite Dios con frecuencia a su hijo Isaac y a su nieto Israel.

Después de José, en Egipto aquellas familias se van multiplicando y se forma “un pueblo muy numeroso” (Ex 1, 9). Pero es sólo un miserable pueblo de esclavos, oprimido y ultrajado hasta el extremo.

¡Y este pueblo de esclavos, descendiente de una familia nómada del desierto, es precisamente el pueblo elegido por Dios como posesión y herencia suya, donde va a desplegar las maravillas de su Amor!

2. “El clamor de los Pobres”

Para que el pueblo pueda ser suyo, Dios lo liberta de la esclavitud con grandes portentos.

“Los hijos de Israel, gimiendo bajo el peso de los trabajos forzados, se lamentaban fuertemente, y el clamor en que le hacía prorrumpir el excesivo trabajo subió hasta Dios. El cual oyó sus gemidos y tuvo presente el pacto contraído con Abrahán, Isaac e Israel. Y volvió los ojos hacia los hijos de Israel y los reconoció por suyos” (Ex. 2, 23-25).

Y le dijo Dios a Moisés, el líder elegido por El para ser el libertador de su pueblo:

“He visto la tribulación de mi pueblo y he oído el clamor que le arrancan sus opresores. Y conociendo cuánto padece, he bajado para librar a mi pueblo de la opresión de los egipcios, y para llevarlo a un país grande y fértil, a una tierra que mana leche y miel” (Ex. 3, 7-8).

“Dile al rey de Egipto: Esto dice el Señor: Israel es mi hijo primogénito… deja ir a mi hijo para que me rinda el culto que me es debido” (Ex 4, 22-23).

Esta liberación maravillosa de la esclavitud será recordada siempre por aquel pueblo como la raíz y la esencia del Amor de Dios hacia ellos.

Más tarde les recordará Moisés:

“A ustedes el Señor los eligió y los sacó de Egipto, como de una fragua en que se derrite el hierro, para que sean su propio pueblo como lo son ahora” (Dt. 4, 20).

La ayuda de Dios al pueblo de Israel para sacarle de la esclavitud es todo un símbolo de su actitud frente a los problemas de explotación. Dios no puede quedar indiferente cuando sus hijos se explotan los unos a los otros. Justamente porque nos quiere, al explotado y al explotador, no puede dejar de sentirse afectado ante esta monstruosidad.

Blasfeman los explotadores que creen que Dios está con ellos ayudándoles en su tarea de dominar a los demás. Blasfeman también los pobres que creen que Dios quiere y les ha dado la vida de miseria que sufren. El Dios bueno no es cómplice de la malicia de unos, ni de la pasividad de los otros. Dios nos ha hecho a todos iguales, con los mismos derechos y las mismas obligaciones.

Es horroroso ver a gente que vive de la sangre de los pobres y se atreve a orar a Dios con toda tranquilidad. Más adelante veremos lo que piensa Dios de tales hipócritas.

Es muy triste también ver a gente que vive en condiciones infrahumanas creyendo que su estado de vida es un castigo de Dios, o que Dios se ha olvidado de ellos. Y que el único camino que les queda es el de la resignación.

El dolor de los pobres siempre está presente a los ojos de Dios. Entonces ¿por qué parece que Dios nos deja abandonados?, suele decir mucha gente pobre.

Dios no nos deja abandonados. A El no le puede gustar este estado de cosas. Si creemos que a Dios le gusta que unos vivan en la miseria y otros en la opulencia, estamos creyendo en un Dios malvado, sin corazón, que no tiene ni idea de lo que es ser Padre. Lo que pasa es que muchas veces esperamos sentados la venida de Dios, sin hacer nosotros lo que debemos de nuestra parte para resolver nuestros problemas. Y El no va a venir a resolver las responsabilidades que El mismo ha puesto en nuestras manos. Dios no es paternalista.

El siempre está dispuesto a ayudarnos; pero a ayudarnos justamente a que cumplamos nuestras obligaciones. Y la primera obligación es vencer nuestro egoísmo y nuestra pasividad organizándonos para superar toda clase de explotación y poder vivir todos como hijos de un mismo Padre.

3. “Libera a mi pueblo”

Yo diría que la primera ayuda que Dios está dispuesto a dar a los pueblos oprimidos es para vencer el miedo. Los israelitas vivían atemorizados hasta el grado de no ser posible ni la más leve protesta. Hasta llegaron a tener que matar a sus hijos varones por orden de sus amos. Las órdenes venidas de arriba eran tajantes: “Que se aumente el trabajo de estos hombres para que no tengan tiempo ni de pensar” (Ex. 5, 9).

Para poner en marcha el proceso de liberación Dios comienza dando un extraño mandato a un israelita llamado Moisés, que por miedo había huido al extranjero. Moisés no quiere aceptar la responsabilidad que le da Dios. No puede ni hablar. Pero Dios le insiste una y otra vez:

—“El clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta Mi, y he visto la opresión a que les someten. Ve, pues, Yo te envío para que saques de Egipto a mi pueblo.

—¿Quién soy yo para ir donde el rey de Egipto y sacar de la esclavitud a los hijos de Israel?

—Yo estaré contigo. Y ellos escucharán tu voz (Ex. 3, 9-12.18).

—No me van a creer, ni querrán escuchar mi palabra, sino que dirán: es mentira, a ti no se te ha aparecido Dios… Señor, te suplico tengas presente que yo nunca he tenido facilidad para hablar, ni aun después que Tú me hablaste, pues no encuentro palabras para expresarme.

—Quién ha dado la boca al hombre? O ¿quién ha hecho al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy Yo? Anda ya, que Yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que has de hablar (Ex. 4, 1.10-11).

Este llamamiento de Dios a Moisés es el mismo llamamiento que Dios hizo y hace a todos los profetas del mundo: “Vayan a libertar a sus hermanos; no se asusten; permanezcan firmes, que Yo estaré con ustedes” Dios está con nosotros justamente combatiendo el primer gran impedimento de la liberación humana: el miedo.

¿Cuántas veces se preocupan los oprimidos de pedir a Dios fuerzas para combatir el miedo? ¿Por qué no entra este rezo dentro de su religiosidad popular? ¿Quién tiene la culpa?.

Otra gran ayuda que le dio el Señor a los israelitas fue hacer nacer entre ellos un horizonte de esperanza. Les recuerda la fe de sus antepasados. Las promesas que el mismo Dios les había hecho. Les hace ver que es posible volver a ser unidos. Y en el horizonte siempre la esperanza de llegar a la tierra prometida, en la que todos iban a vivir como hermanos en medio de una gran prosperidad.

Es ésta otra lección importante del Amor de Dios: dar esperanza a los que no la tienen. Esperanza de que es posible la justicia en el mundo. Fe de que hay medios y posibilidades de desarrollo integral para todos.

En nuestro tiempo esta esperanza no se puede apoyar en sueños. Gracias al desarrollo a que ha llegado la ciencia humana, todo proyecto del futuro debe ir apoyado en estudios serios y responsables. A veces los cristianos nos gusta soñar con lindos proyectos, pero no sabemos sacarle fruto a los adelantos a los que gracias al don de Dios, ha llegado a la humanidad.

***

Ayuda de Dios para matar el miedo. Para abrir la esperanza. Y para organizarse también.

Moisés se puso en contacto con las personas de más responsabilidad entre ellos. Comenzaron a reunirse. A reclamar sus derechos. Y por fin, todo un movimiento organizado para salir de la esclavitud y ponerse en camino en busca de una tierra donde pudieran vivir en libertad y en hermandad.

Nunca Dios les oculta lo difícil que es librarse de la esclavitud. Les repite con frecuencia que tengan muy en cuenta que las autoridades no les iban a dejar marchar tranquilamente. El “corazón duro”, del rey de Egipto es símbolo de tantos corazones duros de nuestro tiempo, que por nada del mundo están dispuestos a permitir que sus esclavos abran los ojos y se pongan en marcha para romper sus cadenas.

Dios se compromete con su pueblo a ayudarle en todo. Pero eso no quiere decir que el pueblo no tenga que trabajar y esforzarse en extremo. Desde el capítulo 6 al 11 del Exodo se cuenta la dura lucha que tuvo que sufrir aquel pueblo para conseguir su liberación. Repetidas veces pierden el ánimo y quieren dejar el camino emprendido, pues siempre tropiezan contra la dureza de corazón de los de arriba. Pero en todas las dificultades está Dios con ellos dándoles aliento y apoyo: “No teman; Yo estoy con ustedes”.

Siempre ha sido difícil que se organice un pueblo oprimido. Las dificultades internas y externas son sin número. Pero la fe de que Dios está con su causa es un factor definitivo de éxito. Nuestro Dios es el Dios de la libertad, la igualdad y el respeto mutuo. El Dios que actúa en el corazón de todos los que luchan con sinceridad por la justicia en el mundo.

4. “Yo soy el que soy”

“Moisés preguntó a Dios:

Si me preguntan los de mi pueblo cómo se llama el Dios que me envía a ellos, ¿cómo les diré que se llama?

YO SOY EL QUE SOY

Así dirás al pueblo de Israel:

YO SOY me envía a ustedes con esta orden:

Yavé, el Dios de sus antepasados

me ha enviado a ustedes (Ex. 3, 16-17).

Dios ha visto todo lo que están sufriendo

y ha determinado sacarles de esa opresión

y llevarles a la tierra prometida (Ex. 3, 16-17).

Yo ya sé que el rey de los egipcios no querrá dejarles ir,

pero Yo le forzaré con mi mano poderosa,

y no tendrá más remedio que dejarles partir (Ex. 3, 19-20).

Este nombre, “El que soy”, que en hebreo se dice aproximadamente “Yavé”, es el nombre con el que Dios quiso ser llamado a partir de entonces. Dios es el que verdaderamente existe. El que demuestra su existencia prodigando toda clase de ayudas a sus hijos. A través de los sucesivos pasos de la liberación el pueblo se da cuenta que realmente Dios existe y está con ellos. La fe de aquellos hombres tenía su fuerza en la experiencia.

Yavé les demuestra que existe, que es, interviniendo en la historia a favor de ellos. “Vean ahora que Yo, sólo Yo soy, y que no hay más Dios que Yo” (Dt. 32, 39), les dice después de conseguir el pueblo su liberación. Es el Dios personal que trabaja a favor de ellos con hechos concretos.

Dios existe de una manera siempre presente en la historia. Es una presencia liberadora, activa y atenta, “que no se fatiga, ni se cansa” (Is. 40, 28), “que no duerme, ni dormita” (Sal. 120, 4). “El que es” no tiene principio ni fin; es “el primero y el último”, es el eternamente presente, siempre fiel, siempre amante, siempre comprometido.

Los israelitas supieron ver la mano de Dios en su historia y aprendieron a caminar agarrados de su mano. Justamente el triunfo de su causa era la prueba de que Yavé es el Dios verdadero. La liberación de los oprimidos es una prueba de la existencia de Dios.

Los pobres de todas las épocas saben tener una fe profunda para descubrir la mano de Dios en sus vidas. Es una fe certera, que difícilmente tenemos las personas más “cultas”. Pero esa fe con demasiada frecuencia ha estado adulterada por enseñanza alienantes, que por lo general les han venido de los que se creen superiores a ellos y suelen además vivir a costa de ellos. Urge que el pueblo sencillo limpie sus creencias de todo lo que es obscuridad, miedo, pasividad y servilismo. Sólo así brotará con fuerza la semilla de la verdadera fe en Dios, el Dios que libera. No hay tierra mejor para germinar esta semilla que el corazón de los pobres. Y no hay testimonio mejor para creer en Dios, que el compromiso de los pobres que con la fe puesta en Dios saben entregar la vida a favor de los hermanos hasta las últimas consecuencias. Son un testimonio de que Dios es en ellos. “El que es” se manifiesta a través de los pobres.

5. “Yo seré el Dios de ustedes

y ustedes serán mi pueblo

Los capítulos 19 al 24 del Exodo cuentan el compromiso mutuo que hacen Dios y el pueblo de Israel. Dios se compromete a ayudarles siempre; y el pueblo se compromete a ser fiel a Dios en todo. Es un gran pacto de amistad firmado con sangre.

En esta ocasión Dios hace de sí mismo una presentación solemne:

“Yo soy Yavé, tu Dios, el que te sacó de Egipto, la tierra de la esclavitud” (Ex. 20, 2). Dios se presenta a aquella gente con el título más grande que tiene a sus ojos: su Libertador. Es el Dios que reveló su poder y su misericordia ayudándoles a salir de la cárcel de Egipto.

“Ustedes mismos han visto cómo he tratado a los egipcios y cómo a ustedes los he llevado sobre alas de águila y los he traído hacia Mí” (Ex. 19, 4).

Pero no bastó salir del país de la esclavitud. La libertad que quiere Dios para los hombres va mucho más lejos. No basta con salir de las garras de un sistema de gobierno explotador. Dios quiere ayudarles a libertarse también de la raíz de todos los males, que está dentro del hombre mismo: el egoísmo.

Para conseguir esta liberación integral Dios hace un pacto solemne con su pueblo:

“Si caminan según mis preceptos y guardan mis mandamientos poniéndolos en práctica, gozarán de prosperidad… Estableceré la paz en su país. Yo me inclinaré hacia ustedes… Viviré en medio de ustedes… Seré Dios de ustedes y ustedes serán mi pueblo. Yo soy Yavé, el Dios de ustedes, que los saqué del país de Egipto para que no fueran más esclavos, y los hice andar con la cabeza alta” (Lev. 26, 3-13).

“Si escuchan atentamente mi voz y respetan mi Alianza, ustedes serán mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Haré de ustedes un pueblo de sacerdotes y una nación que me es consagrada” (Ex. 19, 5-6).

El pueblo entero se comprometió a cumplir este pacto de amistad con Dios:

“Haremos todo lo que Dios ha mandado” (Ex. 19, 8).

El designio de Dios es hacer de los israelitas una inmensa familia de hijos santificados y capaces de acercarse a El con confianza y amor.

Dios quiere tener un pueblo abierto a ese inmenso poder del Amor que viene de El. Si el pueblo cumple su voluntad, algo de la potencia de Dios pasará a él e irá transformando al mundo.

Esta Alianza fue experimentada como un hecho, antes de ser expresada por medio de leyes concretas.

El primero de los Mandamientos de Dios expresa la condición imprescindible para poder vivir la Alianza:

“No tendrás otros dioses fuera de Mí” (Ex. 20, 3). La idolatría es fuente de innumerables males en el mundo. Con demasiada frecuencia nos gusta adorar como a Dios a las obras de nuestras manos o nuestros caprichos, nuestra comodidad, nuestro egoísmo. Ponemos como centro de la vida el “tener más” y no el ser personas más honradas, más cultas o más unidas, tal como Dios quiere.

Dios es el eje; si no está en el centro, todo funciona mal.

Poner a Dios como centro, en el fondo es ponernos a nosotros mismos también como centro; pero en todo lo más noble que Dios ha puesto en nosotros que no es sino un reflejo de El mismo. Si Dios es el eje de nuestra vida, seremos cada vez más como El, o sea, cada vez más señores del mundo y cada vez más hermanos.

El pacto sellado entre Dios y su pueblo es un pacto de hermandad. Ellos reconocen a Dios por Padre, y por consiguiente, se reconocen también ellos hermanos entre sí. Por eso se comprometen a respetarse y a ayudarse unos a otros en todo.

Los “Diez Mandamientos de la Ley de Dios” son un resumen de aquel pacto de amistad.

6. Dios eligió a su pueblo por amor

¿Por qué este interés de Dios por el pueblo de Israel?. Como hemos visto no se trataba de gente culta, ni poderosa. Formaban esa clase social despreciada por todos los que “se creen algo” en la vida.

No hay otra causa para esta elección que el amor. En un mundo que no creía en el Amor de Dios o que había deformado totalmente la idea del Amor de Dios hacia ellos, el Padre de todos quiso darnos pruebas palpables y claras de su Amor hacia un pueblo concreto. Más tarde Jesús nos dirá que ese Amor no es sólo para el pueblo de Israel, sino para todos los pueblos.

El libro de Deuteronomio explica con claridad por qué eligió Dios a aquel pueblo.

“No porque exceden en número a las demás naciones se unió el Señor a ustedes y los eligió, pues al contrario, son el menos numeroso de los pueblos; sino porque el Señor los amó y ha cumplido el juramento que hizo a los padres de ustedes” (Dt. 7, 7-8).

“Mira cómo pertenecen al Señor tu Dios los cielos y la tierra y todo cuanto contienen. Y, no obstante, se unió estrechísimamente, por amor, con tus padres y después de ellos con ustedes” (Dt. 10, 15).

“Ten siempre muy en cuenta que el Señor tu Dios no te da en posesión esta espléndida tierra por tus méritos, pues eres un pueblo de dura cerviz… Ni por tus virtudes, ni por la rectitud de tu corazón…” (Dt. 9, 5-6). Si no porque amó a tus padres y eligió para sí su descendencia después de ellos. Por eso te sacó de Egipto yendo delante de ti con su gran poder (Dt. 4, 37).

CANTO AL LIBERTADOR

Alegría. Alaben al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia

¿Quién podrá contar los prodigios del Señor

y todas sus maravillas? (Sal 105, 1-2).

Yo te amo, Señor, Fuerza mía,

mi Roca, mi Fortaleza, mi Libertador!

Dios mío, Roca en que me refugio,

mi escudo, mi fuerza y mi salvación… (Sal. 17, 2-3).

Delante de mi habían preparado trampas de muerte.

En el peligro invoqué al Señor, grité a mi Dios;

desde su templo El escuchó mi voz;

llegó mi clamor a sus oídos… (Sal. 17, 6-7).

Desde el cielo alargó la mano y me sostuvo,

me sacó de las aguas caudalosas;

me libró de un enemigo poderoso,

de adversarios más fuertes que yo…

Tú salvas al pueblo afligido

y humillas los ojos orgullosos.

Señor, Tú mantienes mi lámpara encendida:

Dios ilumina mis tinieblas.

Contigo corro a la lucha,

con ayuda de mi Dios asalto las murallas.

El Señor me llena de fuerza

y allana mis caminos (Sal. 17, 2-3.6-7.17-18.28-30.32-33).

El no cambia jamás su lealtad.

Da su justicia a los oprimidos;

proporciona su pan a los hambrientos;

libera de sus cadenas a los presos.

El Señor abre los ojos del ciego.

El Señor endereza a los que ya se doblan.

El Señor ama a los justos (Sal. 145, 6-8).

3

Amor de Dios a su Pueblo

A partir de la Alianza comenzó la historia maravillosa del amor entre Dios y su pueblo.

Los profetas serán los principales testigos de este drama de amor. Amor apasionado y exclusivo: rara vez correspondido. Ellos insistirán con viveza en la grandeza, en la violencia de esta pasión que Dios siente hacia su pueblo, amor “más fuerte que la muerte”, más fuerte que la misma ingratitud de Israel.

Son tan numerosas las citas bíblicas sobre este tema, que bastará ir presentándolas, una tras otra, apenas sin comentarios. Se comentan por sí mismas.

Para explicarnos su Amor, Dios recurre a diversas comparaciones sacadas de nuestra vida real, de una delicadeza impresionante. Es muy importante dejarse esponjar a fondo por estos trozos de la Palabra de Dios.

1. Dios quiere a su pueblo

con el cariño de una madre

Como una madre acaricia a su hijito,

así Yo les acariciaré a ustedes (Is. 66-13).

¿Puede una mujer olvidarse de su niño,

sin que tenga compasión del hijo de sus entrañas?

Pues aun cuando ella pudiera olvidarlo,

Yo no me olvidaré de ti.

Mira cómo te llevo grabado en mis manos:

tus muros los tengo siempre delante de mis ojos

(Is. 49, 15-16).

El Señor rodeó a su pueblo cuidando de él;

lo guardó como a la niña de sus ojos.

Como el águila incita a volar a sus polluelos,

revoloteando sobre ellos,

así el Señor desplegó sus alas,

los tomó y los llevó sobre su plumaje (Dt. 32, 10-11).

El te cubrirá con sus plumas,

bajo sus alas te refugiarás.

Su brazo es escudo y armaduras (Sal. 90, 4)

Jerusalén está rodeado de montañas:

así el Señor rodea a su pueblo

desde ahora y para siempre (Sal. 124, 2).

No permitirá que resbale tu pie;

tu guardián no duerme.

No duerme, ni reposa el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,

está a tu derecha…

El Señor guarda tus entradas

y salidas ahora y por siempre (Sal. 120, 3-5.8).

2. Con la misericordia

y la comprensión de un padre

El Señor tu Dios te ha traído en el desierto

por todo el camino que has andado

como un padre lleva a su hijo en brazos (Dt. 1, 31).

Cuando Israel era un niño Yo le amé;

de Egipto llamé a mi hijo…

Yo le enseñé a caminar.

Lo llevaba en mis brazos.

Pero no reconoció mis desvelos por cuidarle.

Yo le atraje hacia Mí con los lazos del amor.

Fui para ellos como quien alza una criatura contra su mejilla,

y me bajaba hasta ella para darle de comer.

Pero no han querido volver a Mí…

Mi pueblo se queda colgado de sus maldades.

¿Pero cómo te podré Yo abandonar, Israel?

Al pensarlo mi corazón se vuelve contra Mí

y se me estremecen las entrañas.

No. No llevaré a efecto el furor de mi cólera;

no me decido a destruirte,

porque Yo soy Dios y no un hombre,

el Santo,

que estoy en medio de ti

y no me complazco en destruir Os 11, 1-9).

¿No es Efraín mi hijo querido?

¿No es mi niño amado?

Siempre que le amenazo le recuerdo vivamente:

se han conmovido por amor suyo mis entrañas.

No me faltará nunca ternura hacia él, dice el Señor (Jer. 31, 20).

Yo seré indulgente con ellos,

como es indulgente un padre para con su hijo (Mal. 3, 17).

Como un padre siente ternura por sus hijos,

siente el Señor ternura por sus fieles;

porque El conoce nuestra masa,

y se acuerda de que somos barro (Sal. 102, 13).

El señor es compasivo y misericordioso,

lento a la ira y lleno de amor.

No está siempre acusando,

ni guarda rencor perpetuo.

No nos trata como merecen nuestros pecados,

ni nos paga según nuestras culpas.

Como se levantan los cielos por encima de la tierra,

así de grande es su amor para con sus fieles (Sal. 102, 8-11).

3. Como se quiere a una esposa

Es la comparación preferida de los profetas. El amor que une a Dios y su pueblo es un amor apasionado, fuerte y siempre fiel; siempre dispuesto a rogar, a urgir la vuelta de la esposa infiel; a perdonarla, a limpiarla y purificarla. Amor celoso, que castiga a la esposa infiel queriendo volverla al buen camino y hacerla de nuevo digna de su amor. Amor que siempre termina triunfando.

Pasé junto a ti, y te vi.

Estabas ya en la edad de los amores

Y te hice un juramento;

hice Alianza contigo,

y desde entonces fuiste mía (Ez. 16, 8).

A pesar de todas sus infidelidades Yo la seduciré,

la llevaré a la soledad y le hablaré al corazón.

Y te desposaré de nuevo conmigo para siempre:

nos uniremos en la justicia y el bien,

el amor y la ternura (Os 2, 14.19).

No te avergüences,

que ya no tendrás por qué ruborizarte.

Pues tendrás por esposo a tu Creador,

el Santo de Israel,

llamado el Dios de toda la tierra.

Como a una mujer abandonada y triste el Señor te llama.

¿Podría uno repudiar a la mujer de su juventud?, dice el Señor…

Aparté de ti mi rostro por un instante,

pero enseguida me he compadecido de ti con un amor eterno,

dice el Señor, tu Redentor

Las montañas se derrumbarán,

los cerros se podrán mover,

pero mi Amor no se apartará nunca de ti,

y será firme la Alianza de paz que he hecho contigo,

dice el Señor, compadecido de ti (Is. 54, 4-10).

Con amor perpetuo te he amado,

por eso, misericordioso, te atraigo a Mí (Jer 31, 3).

En el Cantar de los Cantares no se hace ninguna referencia directa a Dios. Pero está considerado como una parábola en la que se canta un amor fuerte como la muerte, imagen del Amor tierno y arrollador de Dios por su pueblo:

Levántate, apresúrate amada mía, hermosa mía y ven (2, 10).

Muéstrame tu rostro,

suene tu voz en mis oídos,

pues tu voz es dulce y lindo tu rostro (2, 14)

Me robaste el corazón,

hermana mía, esposa,

me robaste el corazón…

¡Cuán bellos son tus amores! (4, 9-10).

Ábreme, hermana mía, amada mía,

paloma mía, mi inmaculada,

porque está llena de rocío mi cabeza

y del relente de la noche mis cabellos (5, 2).

Ponme por sello sobre tu corazón,

ponme por marca sobre tu brazo;

porque el amor es fuerte como la muerte,

implacables como el fuego los celos,

brasas ardientes y un volcán de llamas.

Las muchas aguas no han podido extinguir el amor,

ni los ríos podrán sofocarlo (8, 6-7).

4. “El Dios fiel”

Sepan bien que el Señor, su Dios,

es el Dios verdadero, el Dios fiel,

que guarda su Alianza

y su Amor por mil generaciones (Dt. 7, 9).

El Señor tu Dios es un Dios misericordioso;

no te abandonará, ni te destruirá,

ni se olvidará del pacto que confirmó a tus padres

con juramento (Dt. 4, 31).

El amor de Dios para con sus fieles

dura desde siempre para siempre (Sal. 102, 17).

El Señor es bueno, su amor es eterno;

su fidelidad pasa de generación en generación (Sal. 99,5).

Escuchen ustedes todos…

a quienes llevo Yo en mi seno

y traigo en mis entrañas:

Hasta su vejez Yo permaneceré el mismo,

hasta que encanezcan Yo los sostendré.

Yo los hice y Yo los llevé;

Yo los sostendré y les salvaré (Is. 46, 3-4).

Cuando alguno pudiere medir allá arriba los cielos

y escudriñar los cimientos de la tierra,

entonces podré Yo rechazar a toda la raza de Israel (Jer. 31, 37).

Si no viniese el día y la noche a su debido tiempo,

entonces podrá ser nula la Alianza con David,

mi siervo (Jer. 33, 20).

5. “Yo a los que amo reprendo y corrijo”

Justamente por ser un Amor fiel, sabe corregir también al que ama. El Amor de Dios no tiene nada que ver con ese amor mimoso de muchos padres que condescienden con los caprichos de sus hijos y le dan gusto en todo. El respeta nuestras decisiones, pero sabe corregir y castigar a su tiempo.

Pero el castigo de Dios nunca es descontrolado o fruto de desprecio. “Si en algo obrare mal, Yo le castigaré; pero nunca apartaré de él mi Amor”. Su castigo siempre es una corrección amorosa.

Yo seré para él Padre; y él será para Mí hijo.

Y si en algo obrare mal, Yo le castigaré con vara de hombres…

Pero nunca apartaré de él mi Amor (2 Sam. 7, 14-15).

No rehuses, hijo la corrección del Señor;

ni sientas disgusto cuando El te castigue.

Porque el Señor reprende a los que ama

y aflige al hijo que le es más querido (Prov. 3, 11).

Feliz el hombre a quien Dios corrige:

no desprecies, pues, la lección del Señor.

Pues El es el que llaga y el que venda la herida;

el que hiere y cura con sus manos (Job. 5, 17).

El Señor es un Dios misericordioso y clemente…,

rico en Amor verdadero,

que mantiene su Amor por mil generaciones,

y perdona la falta, la rebeldía y el pecado,

pero no los deja sin castigo (Ex. 34, 6-7).

En los profetas tienen una especial importancia los castigos del Dios celoso, que persigue y corrige a su esposa infiel, Israel, para que se aparte de su mal camino, vuelva a El y encuentre así su felicidad:

Yo le cerraré la salida con un seto de espinos,

la cercaré, y no encontrará más sus senderos.

Irá en pos de sus amantes, y no los encontrará,

los buscará, y no los hallará.

Y entonces dirá: me iré y volveré a mi primer marido,

pues mejor me iba entonces que ahora (Os. 2, 6-7).

6. “Hallaré mi gozo en mi pueblo”

Parecería blasfemia si no fuera palabra de Dios. El Amor de Dios es algo que no tiene medida. Si no lo hubiera revelado El mismo, la pequeñez de nuestras miras humanas no hubiera sido capaz de imaginarse un Amor divino hacia nosotros tan delicado y tan grandioso a la vez. Como una madre, como un padre, como un esposo… Son los amores más grandes del mundo. Justamente vienen de El, y El usa la comparación para hacernos entender un poco su Amor.

Una consecuencia lógica de este Amor es que se goza en estar con su pueblo. Parecería mentira que Dios disfruta en estar con aquel pueblo, que nunca acaba de comprender y corresponder a su Amor. Pero así fue:

Como el gozo del esposo y la esposa,

así serás tú el gozo de tu Dios (Is. 62, 5).

Está en medio de ti el Señor,

el Dios tuyo, poderoso para salvar.

En ti hallará El su gozo y su alegría.

Será constante en amarte;

se regocijará y celebrará tus alabanzas (Sof. 3, 17).

Colocaré mis delicias en Jerusalén

y hallaré mi gozo en mi pueblo (Is. 65, 19).

Me alegrará hacerles bien,

y los plantaré sólidamente en esta tierra,

con todo el empeño de mi corazón (Jer. 32, 41).

7. “Sean santos porque Yo soy santo”

El Amor de Dios exige perfección. Quiere que sus criaturas se parezcan a El todo lo más posible.

El Pueblo Elegido es pecador, pero es santo al mismo tiempo. Santo porque es de Dios y va hacia Dios. Pecador porque está compuesto por hombres, infieles al Amor. Dios conoce muy bien toda la maldad humana. Pero conoce también nuestras posibilidades de perfección, que superan a todo el egoísmo que puede tener el hombre dentro. Por eso exige la perfección de ese pueblo, al que ha prodigado las maravillas de su Amor:

Sean santos porque Yo,

el Señor Dios de ustedes soy santo (Lev. 19, 2)

y les he separado de los demás pueblos

para que sean míos (Lev. 20, 26).

Yo soy Yavé,

el que les ha sacado de la tierra de la esclavitud,

para ser su Dios.

Sean, pues, santos, porque Yo soy santo (Lev. 11, 45).

Yo soy el que les santifica a ustedes (Lev. 20, 8).

Serán ustedes para Mí entre todos los pueblos

la porción escogida,

porque mía es toda la tierra;

serán para Mí un reino sacerdotal

y una nación santa (Ex. 19, 5-6).

Esta exigencia de perfección sólo podrá realizarse después de la venida de Cristo. El es “la fuerza de Dios”, que posibilita toda la perfección. Por eso, consciente de la gracia que nos trajo, El puso muy alta la meta de la perfección humana:

Sean perfectos, como mi Padre celestial es perfecto (Mt. 5, 48).

Es el mismo ideal del que ya había hablado Dios es el Levítico.

CANTO AL AMOR

¡El Señor ha estado grande con nosotros

y estamos alegres! (Sal. 125, 3).

Quiero felicitar al Señor por sus favores y hazañas,

por todo lo que El ha hecho por nosotros.

Por la gran bondad que demostró a Israel,

que nos demostró al compadecerse de nosotros

y darnos tantos beneficios (Is. 63, 7).

Yo no soy digno, Señor, de todos los favores que me hiciste

y de tanta bondad que ha tenido conmigo (Gén. 32, 11).

Te doy gracias de todo corazón,

por tu Amor y tu lealtad (Sal. 137, 1-2).

Te alabaré de todo corazón, Dios mío;

daré gracias a tu nombre por siempre,

porque tu amor para conmigo ha sido muy grande (Sal. 85, 12).

Mi corazón salta de gozo en el Señor,

mi poder se exalta por Dios.

La causa de mi alegría es tu socorro,

pues no hay Santo como el Señor,

no hay otro como Tú;

no hay Roca tan firme como nuestro Dios (1 Sam. 2, 12).

Eternamente bendeciré tu nombre,

pues has obrado cosas maravillosas en mi Señor (Is. 21, 1).

¡Oh Dios, que valioso es tu amor!

Por eso los hijos de los hombres

hallan abrigo a la sombra de tus alas

Se sacian en lo mejor de tu casa;

los embriagas en tu torrente de delicias.

En Ti está la fuente de la vida

y por tu luz vemos la luz (Sal. 35, 8-10).

Como anhela la sierva estar junto al arroyo,

así mi alma desea, Señor, estar contigo.

Sediento estoy de Dios, del Dios vivo (Sal. 41, 2-3).

Mi corazón me habla de Ti diciendo:

Procura ver mi rostro

Es tu rostro, Señor lo que yo busco,

no me escondas tu cara (Sal. 26, 8).

Tu nombre y tu misericordia son el anhelo de mi alma.

Mi alma te desea por la noche,

y mi espíritu dentro de mí te busca (Is. 26, 8-9).

Mi corazón y mi carne lanzan gritos

con anhelo de ver al Dios viviente (Sal. 83, 3).

Señor, Tú eres mi Dios, a Ti te busco,

mi alma tiene sed de Ti,

en pos de Ti mi carne desfallece,

cual tierra reseca, sedienta, sin agua…

Mi alma se estrecha a Ti con fuerte abrazo

encontrando su apoyo en tu derecha (Sal. 62, 2.9).

Yo te amo, Señor, Dios mío,

con todo mi corazón,

con toda mi alma

y con todas mis fuerzas (Dt. 6, 5).

¡Yo soy para mi Amado y El es para mí! (Can. 6, 3).

Ciertamente, ¿qué cosa puedo apetecer yo del cielo,

ni qué puedo desear sobre la tierra fuera de Ti?

(Sal 72, 25).

4

La Primera Exigencia

del Amor de Dios

Dios se entregó al hombre. Le amó sobre toda medida. Pero, como todo amor, exige una correspondencia concreta de parte nuestra.

Muy diversas exigencias puede tener Dios para con los hombres. Pero la primera exigencia de un Amor tan intenso parece que es justamente que nos fiemos de su Amor. Desde el comienzo se mostró muy comprensivo y condescendiente con su pueblo; pero en una cosa no transige: en que duden de su Amor. Exige una fe ciega en El. Fe que es seguridad, confianza, obediencia.

Dios respeta profundamente el ritmo de crecimiento de cada hombre y del pueblo todo. Se adaptó al folklore, a las costumbres y a las técnicas de aquella gente. No exige desde el primer momento que se le considere el único Dios existente; tarda en revelar la existencia del alma y del más allá; es muy condescendiende con la moral sexual de aquel tiempo; acepta sacrificios de animales y multitud de supersticiosos; en todo va existiendo un descubrimiento progresivo en la revelación. Pero en lo que se refiere a la confianza ciega en su Amor es intransigente hasta lo último. Es la condición imprescindible:

Si ustedes no confían en Mí,

de cierto no permanecerán (Is. 7, 9).

Creer es decir un “sí” incondicional a Dios, que es fiel en sus promesas y poderoso para realizarlas. Y esto a pesar de las apariencias contrarias. Por eso la fidelidad del hombre se apoya en la fidelidad de Dios.

Sería muy importante tener en cuenta la pedagogía de Dios en la Biblia para revisar las enseñanzas y las exigencias de nuestra Iglesia actual ante los pobres.

Veamos algunos ejemplos concretos de esta exigencia imperiosa del Amor de Dios.

1. La fe de un padre de pueblos: Abrahán

A un hombre de 75 años, sin hijos, cuya mujer, además, es estéril, le hace Dios una extraña promesa:

“Yo haré de ti un nación grande… En ti serán benditas todas las naciones de la tierra (Gén. 12, 2-3).

Dios le exige una fe absoluta en esta promesa, que parecía imposible de cumplir. Y para afianzar su fe, le fue poniendo en su vida pruebas muy duras. Quería Dios que Abrahán creyese “contra toda esperanza” (Rom 4, 18).

Primera prueba: Abandonar su país

“Deja tu tierra y tu parentela y la casa de tus padres” (Gén. 12, 1).

“Por la fe obedeció Abrahán al ser llamado por Dios, saliendo hacia la tierra que debía recibir en herencia; y salió sin saber adónde se dirigía” (Heb. 11, 8).

Hubiera parecido mejor quedarse en la gran ciudad donde vivía, con todos los adelantos de la época a su alcance. Pero sale de vagabundo en busca de lo desconocido.

Segunda prueba: La imposibilidad de tener hijos

— “Señor Dios, ¿qué me vas a dar? Yo voy a morir sin hijos.

— Tu heredero será un hijo tuyo, nacido de tu sangre. Mira el cielo y cuenta, si puedes, las estrellas. Pues así serán tus descendientes”.

Creyó Abrahán y éste fu su mérito a los ojos de Dios (Gén 15, 2-6).

Tercera prueba: La larga espera

Pasan más de veinte años. Abrahán ya había cumplido los 99 (Gén. 17, 1). Dios le sigue haciendo la misma promesa.

—“Te multiplicaré más y más en gran manera. Te tengo destinado a ser padre de muchas naciones. Reafirmaré mi Alianza contigo y con tu descendencia de generación en generación. Y te daré a ti y a tu prosperidad la tierra en que andas como peregrino” (Gén. 11, 2-7).

—“¿A un hombre de cien años le nacerá un hijo?. Y Sara a los noventa años va a dar a luz” (Gén. 11, 17).

“Dentro de un año Sara, tu mujer, tendrá un hijo” (Gén. 18, 10).

“Sara se rió, mientras pensaba:

—¿Después que ya estoy vieja, y mi señor lo está más, pensará en usar del matrimonio?

–¿Por qué se ha reído Sara? ¿Hay algo imposible para Dios?” (Gén. 18, 12-14).

Dios no les permitía ni siquiera una sonrisa de duda en el cumplimiento de sus promesas.

“Por la fe recibió Sara la virtud de concebir; sólo por haber creído fiel a Aquel que lo había prometido” (Heb 11, 11).

“Abrahán no flaqueó en la fe al considerar su cuerpo ya marchito, pues era casi centenario, y la incapacidad generativa de Sara. No vaciló ante la promesa de Dios, ni se dejó llevar por la incredulidad; sino que, fortalecido por la fe, dio gloria a Dios por su pleno convencimiento de que El, que lo había prometido, tenía también poder para cumplirlo” (Rom 4, 19-21).

Cuarta prueba: Dios le manda matar a su hijo

Dios le había cumplido el primer paso de la promesa: Sara había tenido un hijo. Y cuando este hijo, esperanza del futuro, ya era mayorcito, “probó Dios de nuevo a Abrahán y le dijo: Toma a Isaac, tu hijo único, a quien amas y me lo ofreces en sacrificio” (Gén 22, 1-2).

Y Abrahán tuvo la fe necesaria para intentar hacerlo Fiado en Dios estuvo dispuesto a matar a su hijo y ofrecérselo en sacrificio.

“Por la fe, puesto a prueba por Dios, ofreció Abrahán a Isaac; y ofrecía a su unigénito, al que era depositario de las promesas. Creyó que Dios tenía poder para resucitarlo de entre los muertos” (Heb. 11, 17.19).

Pero Dios no consintió que Abrahán matara a su hijo. Y conmovido por su fe le volvió a repetir la antigua promesa:

“Juro por Mí mismo que, ya que has hecho esto, y no me has negado a tu hijo, el único que tienes, te colmaré de bendiciones y multiplicaré tanto tus descendientes que serán como las estrellas del cielo y como la arena que hay a la orilla del mar… Yo bendeciré por medio de tus descendientes a todos los pueblos de la tierra” (Gén. 22, 16-18).

Desde entonces Dios parece sentirse honrado en llamarse a sí mismo “el Dios de Abrahán”.

Más tarde Dios hará la misma promesa a su hijo Isaac y a su nieto Israel:

“En ti y en tus descendientes serán benditas todas las naciones. Yo estoy contigo. Te protegeré donde quiera que vayas. No te abandonaré hasta haber cumplido lo que te he dicho” (Gén. 28, 14-15).

2. La fe de un jefe: Moisés

El mandato que Dios le hizo a Moisés era humanamente imposible de realizar. Se trataba de liberar a un pueblo de esclavos, perfectamente dominados. Y ello tiene que afrontarlo un hombre solo, sin facilidad para hablar, perseguido por la policía por haber dado muerte a un vigilante.

En esta circunstancia Dios manda a Moisés que le pida al rey de Egipto que los deje a todos en libertad, con sus mujeres e hijos, y aun con todos sus bienes.

Se comprende que Moisés pusiese tanta resistencia en contra de este mandato.

Y no obstante Dios le exige una fe inquebrantable en la misión de libertador que le ha impuesto. Su mandato es tajante e insistente, como ya hemos visto antes:

“Ve; Yo te envío. Yo estaré contigo” (Ex. 3, 10.12).

Y aún se indigna a Dios de la razonable resistencia de Moisés (Ex. 4, 10-11).

Dios reconoce que de ninguna manera les querrán dejar libres. Pero El es Dios, y está dispuesto a hacer ver a todos que es su mano poderosa la que les va a libertar.

Por ello, al salir Moisés victorioso de tantas dificultades reconoce alegre y triunfante:

“El Señor es mi fortaleza” (Ex. 15, 2).

“Por la fe abandonó Moisés Egipto sin miedo a las iras del rey. Y perseveró firme en su propósito, como si contemplase al Invisible” (Heb. 11, 27).

Después de la liberación, la fe de Moisés en el desierto no tuvo que ser menor. En Egipto la gran tentación de Moisés fue la de la imposibilidad de emprender la liberación de Israel. Después, en el paso del desierto, la tentación contra su fe es la poca calidad humana de ese pueblo materialista, que sueña con volver atrás y nunca acaba de fiarse de las promesas de Dios.

Hubo momentos en que le pareció un pueblo “intolerable”. “¿Por qué motivo has echado sobre mí la carga de todo este pueblo?” (Núm. 11, 11), se queja a Dios. “No puedo soportarlo… Me pesa demasiado” (Núm. 11, 14).

Le dieron continuamente muy malos ratos (Ex. 32, 19). Se revelaron con frecuencia contra él (Núm. 16). Murmuraron contra él (Núm. 12; 20). Y a pesar de todo, conserva una fe ciega en su misión de libertador. Se siente indisolublemente unido a la suerte de aquella multitud que Dios le ha encomendado.

Por eso cuando Dios le propone abandonar ese pueblo y le ofrece hacerle “jefe de una nación grande y más poderosa que ésta (Núm. 14, 12), él no duda y suplica enseguida la salvación de su pueblo. Y con tal confianza lo hace, que se ve que él ya sabe que Dios le tiene concedido lo que le pide (Ex. 32, 11-14; Núm. 14, 13-20).

Su actitud es siempre la de una entrega total. Moisés estaba de veras dispuesto a jugarse el cuero por su pueblo: “Perdónales esta culpa. O si no lo haces, bórrame del libro en que me tienes escrito”, le dice a Dios, después de una grave falta de su pueblo (Ex. 32, 32).

Su única norma de vida es la fe en el mandato de Dios: “Ve y conduce a este pueblo donde te tengo dicho” (Ex. 33, 34).

Sólo puso una condición a Dios: “Si Tú mismo no vas delante de nosotros, no nos hagas salir de este lugar” (Ex. 33, 15).

Por ello Dios siempre le defendió en todo. Le colmó de bendiciones. Le dio a ver su gloria (Ex. 33, 13-23). Le hablaba “cara a cara”:

“Mi siervo Moisés es el más fiel de toda mi casa. Cara a caro hablo con él, abierta y claramente; y él contempla mi imagen” (Núm. 12, 7-8).

Pero le exigió siempre que su fe en El fuese sin la más mínima vacilación. Por eso le castigó duramente algunas veces que duró un poco en el poder de su fuerza.

Una vez Dios se mostró indignado ante la duda de Moisés de si podría dar de comer carne a todo su pueblo durante un mes: “¿Acaso flaquea la mano de Dios? (Núm. 11, 23).

Y le castiga a no entrar en la tierra prometida por su falta de fe ante la posibilidad de sacar agua de una roca en el desierto (Núm. 20, 12; 27, 14).

Dios es duro exigiendo fe a sus elegidos.

3. La fe de un pueblo

La misma exigencia tiene Dios para con todo el pueblo de Israel. Cuarenta años tardaron en llegar desde Egipto a la tierra prometida, en los que sufrieron muy duras pruebas a su fe en la omnipotente fidelidad de Dios.

Ante el cansancio, la falta de comida o el poder de los enemigos, los israelitas repetidas veces perdieron el ánimo y desearon volver a la pasividad de la esclavitud. Su reacción ante las dificultades era murmurar contra Moisés, su jefe:

“¡Ojalá hubiéramos muerto en Egipto!” “¿Por qué nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda la gente?” (Ex. 16, 3). “¿Por qué nos has hecho salir de Egipto para matarnos de sed?” (Ex. 17, 3) “¿No será mejor volver a Egipto?” (Núm. 14, 4).

Moisés les hace ver que esas dudas son una ofensa contra el mismo Dios:

“El Señor ha oído las quejas de ustedes con las que han murmurado contra El. Porque ¿quiénes somos nosotros?. Contra el Señor son, y no contra nosotros, las murmuraciones de ustedes” (Ex. 16, 8). “¿Cómo es que tientan al Señor?” (Ex. 17, 2).

“Habían puesto a prueba a Dios diciendo: ¿está o no está el Señor con nosotros?” (Ex 17, 7).

Por fin llegan cerca de la tierra prometida. Mandan unos exploradores por delante, y éstos se asustan al ver que está habitada por gente fuerte y bien armada. De nuevo dudan de la promesa de Dios: “De ningún modo podremos conquistar a este pueblo, siendo como es más fuerte que nosotros” (Núm. 13, 32).

El Dios que exige total confianza en El reacciona fuertemente.

“¿Hasta cuándo va a blasfemar de Mí ese pueblo? ¿Hasta cuándo no van a creerme, después de tantos portentos como he hecho a su vista?” (Núm. 14, 11).

Sólo a ruego de Moisés, deja Dios de aniquilarnos. Pero esta vez el castigo es más duro:

“Ninguno de los hombres que han visto mis prodigios…, y me han tentado ya por diez veces… verá la tierra prometida… Ni uno siquiera de los que han blasfemado contra Mí la llegará a ver… Levanten el campamento y vuélvanse al desierto” (Núm. 14, 21-25).

“En este desierto quedarán tendidos los cadáveres de ustedes. Andarán sus hijos vagando por el desierto por espacio de cuarenta años pagando la pena de la falta de fe de ustedes, hasta que sean consumidos los cadáveres de sus padres” (Núm. 14, 29.33).

“No pudieron entrar debido a su incredulidad” (Heb. 3, 9).

Toda la historia de Israel se reduce a este esquema. Un Dios que es Amor y Fidelidad, y un pueblo, duro de corazón, que se resiste a creerlo. Y la pedagogía de Dios se centrará siempre en fomentar la fe necesaria en su Amor, que les haga capaces de recibir todos sus favores.

Dios está dispuesto a condescender con todas las debilidades humanas. Pero no transige que se dude de su palabra. El es el Dios fiel. El que nunca falla. Y exige siempre una fe a toda prueba en su fidelidad.

4. Los Profetas, hombres de fe

Los profetas son hombres de fe. Ellos sintieron fuertemente la llamada de Dios para ser testigos de su amor y de la infidelidad del pueblo. Para cumplir esta difícil misión Dios sólo les pide que tengan confianza en El. Esta es su única arma.

Será útil meditar los diálogos entre Dios y algunos profetas en el momento de su llamada. Son vocaciones llenas de exigencia de confianza por parte de Dios, y de miedo de parte del hombre para dejarse arrastrar por la fuerza irresistible del “Yo estaré contigo”. El caso de Moisés se repite de nuevo.

Vocación de Gedeón

—Anda, y con tu valor salvarás a Israel del poder de Madián. Soy yo quien te envía.

Disculpa, Señor, ¿puedo yo salvar a Israel?. Mi familia es la más humilde de mi tribu, y yo soy el último de la familia de mi padre.

—Yo estaré contigo, y tú derrotarás al pueblo de Madián, como si fuera un solo hombre. La paz sea contigo. No temas, no morirás (Jue. 6, 14.16.23).

Vocación de Jeremías

—Antes que Yo te formara en el seno de tu madre, te conocí. Antes que tú nacieras, te consagré y te destiné para profeta entre las naciones.

¡Ah, ah, Señor Dios! Bien ves que yo no sé hablar, pues soy aún un jovencito.

—No digas soy un jovencito. Pues donde Yo te envíe irás. Y lo que te mande, lo dirás. No temas nada de ellos, que Yo estaré contigo para salvarte.

He puesto mis palabras en tu boca. En este día te doy autoridad sobre los pueblos y las naciones para arrancar, destruir y arrasar, para edificar y plantar.

Anda enseguida y predícales todo lo que te mando. No te detengas por temor a ellos. Yo haré que no temas su presencia, pues en este día te constituyo como ciudad fortificada, y como una columna de hierro y un muro de bronce. Ellos lucharán contra ti, pero te vencerán, pues Yo estoy contigo para salvarte (Jer. 1, 5-19).

Vocación de Ezequiel

—Te envío a los hijos de Israel, a un pueblo de rebeldes, revelados contra Mí. Escuchen o no, sabrán que en medio de ellos se encuentra un profeta (Ez. 2, 3-5).

La gente de Israel no querrá escucharte, porque no quieren escucharme a Mí; pues son de cabeza dura y de corazón testarudo. Por eso te voy a dar un rostro duro como el suyo y una frente dura como la suya. Son una raza de rebeldes, pero no los temas, ni tiembles ante ellos (Ez. 3, 7-9).

Vocación de Isaías

—¡Ay de mí, estoy perdido! Porque soy un hombre de labios impuros y vivo entre un pueblo de labios impuros, y mis ojos han visto al Rey, Dios de los ejércitos.

Entonces voló hacia mí uno de los ángeles. Tenía un carbón encendido que había tomado del altar con unas tenazas. Tocó con él mi boca, y dijo:

—Mira, esto ha tocado tus labios: tu falta ha sido perdonada y tu pecado borrado.

Y oí la voz del Señor que decía:

—¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?

—Aquí me tienes, mándame a mí.

—Ve y háblale a este pueblo (Is. 6, 5-9).

Vocación de Daniel

Al contemplar la visión me quedé sin fuerzas. Se me desfiguró la cara y quedé absolutamente sin vigor. Oí el sonido de sus palabras, y al oírlo caí desvanecido, rostro en tierra. En esto una mano me tocó, haciéndome temblar las rodillas y las manos, y me dijo:

—Daniel, hombre amado de Dios, presta atención a las palabras que voy a decirte, e incorpórate… No temas, porque desde el día en que te dedicaste a comprender y humillarte de corazón delante de Dios fueron oídas tus palabras. Y he venido a decirte lo que ocurrirá a tu pueblo en los tiempos venideros.

—Señor mío, ante esta visión me invade la angustia, y ya no tengo fuerzas. ¿Cómo podría hablar con mi Señor cuando me faltan las fuerzas y no me queda ni aliento?.

—Mientras me hablaba me sentía reanimado, y dije:

—Hable mi Señor, ahora que me he confortado.

—¿Sabes para qué vine donde ti?. Porque voy a revelarte lo que está escrito en el Libro de la Verdad (Dan. 10, 8-21).

5. Las crisis de Jeremías

Dios también exige fe en los momentos de crisis. Las “confesiones de Jeremías” son un claro ejemplo de sinceridad de alma. Esta sinceridad es la mejor forma de demostrar confianza en Dios en esas circunstancias difíciles, fruto precisamente del compromiso contraído con Dios y su pueblo.

¡Ay de mí! Madre mía, ¿por qué me diste a luz?

Soy hombre que trae líos y contiendas a todo el país.

No les debo dinero, ni me deben,

¡pero todos me maldicen!

Di, Señor, si no te he servido bien:

¿No intercedí ante Ti por mis enemigos

en el tiempo de la desgracia y la angustia?

Tú lo sabes.

Señor, acuérdate de mí y defiéndeme…

Piensa que por tu causa soporto tantas humillaciones

¿Por qué mi dolor no tiene fin?

¿Por qué para mi herida no hay remedio?

¿No me engañarás al fin?

¿No serás para mí como una visión de agua que se disipa? (Jer. 15, 10-18).

¡Devuélveme la salud, Señor, y quedaré sano!

¡Sálvame, y estaré salvado!

Pues mi esperanza eres Tú…

No seas para mí espanto,

Tú, que me proteges cuando ocurre una catástrofe (Jer. 17, 14-17).

Atiéndeme, Señor;

mira lo que dicen mis adversarios.

¿Acaso se paga mal por bien?

¿Y cómo es que ellos están haciendo un hoyo para mí?

Recuérdate cómo me presenté a Ti

para hablarte en su favor (Jer. 18, 19-20).

Tú me has seducido, Señor,

y yo me he dejado seducir por Ti.

Me has tomado siendo Tú el más fuerte…

Pero por anunciar tu palabra

he pasado a ser objeto de mofa y de burla día a día.

Entonces yo decidí: “no volveré a recordar a Dios,

ni hablaré más de parte de El”

Pero había en mí algo así como un fuego ardiente,

aprisionado en mis huesos,

y aunque yo trataba por apagarlo,

no podía…

Los que antes me saludaban,

ahora observan mis pasos en falso.

Ellos esperan que yo tropiece

para triunfar y vengarse de mí.

Pero Dios está conmigo;

El es mi defensor poderoso.

Los que me persiguen, tropezarán vencidos…

¡Canten y alaben al Señor,

porque salva la vida del desamparado

de manos de los malvados! (Jer. 20, 7-13).

Este desgarrarse el alma delante de Dios lo encontramos también en todo el libro de Job. Es la prueba más dura y más eficaz que se puede dar de fe en el Dios que nunca falla.

CANTO DE CONFIANZA

Tú, Dios mío, fuiste mi esperanza

y mi confianza desde mi juventud.

En el vientre materno ya me apoyaba en Ti;

en el seno de mi madre Tú me sostenías;

siempre he confiado en Ti (Sal 70, 5-6).

El Señor es mi Pastor, nada me falta:

en verdes praderas me hace recostar;

me conduce hacia fuentes tranquilas

y repara mis fuerzas…

Aunque camine por cañadas obscuras,

nada temo, porque Tú vas conmigo…

Tu bondad y tu misericordia me acompañan

todos los días de mi vida (Sal. 22, 1-6).

El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién temeré?

El Señor es la defensa de mi vida,

¿quién me hará temblar?…

Si un ejército acampa contra mí,

mi corazón no tiembla;

si me declaran la guerra,

me siento tranquilo…

Si mi padre y mi madre me abandonan,

el Señor me acogerá (Sal. 26, 1-3.10).

El Señor Dios viene en mi ayuda,

y por eso no me molestan las ofensas.

Cerca está el que me justifica:

¿quién disputará conmigo?…

Si el Señor Dios me ayuda,

¿quién podrá condenarme? (Is. 50, 7-9).

Viviré lleno de confianza y no temeré,

pues en verdad que mi fortaleza y mi apoyo es el Señor,

y El ha tomado por su cuenta mi causa (Is. 12, 2).

Guárdame, Señor, como a la niña de tus ojos;

escóndeme bajo la sombra de tus alas (Sal. 16, 8).

Tú eres mi amparo y mi refugio,

en Ti, mi Dios, pongo yo toda mi confianza (Sal. 90, 2).

5

Las quejas del Amor de Dios

Como ya hemos dicho, la Biblia es la historia de un drama de amor. Un amor apasionado y fuerte de Dios hacia su pueblo y una frialdad desesperante de parte de éste.

Las quejas del Amor de Dios son quejas de enamorados no correspondido.

Todo pecado es como una repulsa, una dureza de corazón contra las atenciones del Amor de Dios. Sea cual sea la materialidad del pecado, siempre es una ofensa contra las delicadezas de Dios a favor nuestro.

Veamos primero una selección de estos como gritos de dolor. Después analizaremos un poco en qué consiste esta infidelidad de Israel que hiere el corazón de su Dios, fijándonos en tres puntos principales: la injusticia, la hipocresía religiosa y la idolatría.

1. “Que los cielos se asombren

y tiemblen espantados”

Cielos, tierras, oigan

y escuchen lo que dice Dios

Crié hijos hasta hacerlos hombres,

y ellos me han menospreciado.

El buey reconoce a su dueño,

y el burro el pesebre de su amo;

pero Israel no me reconoce,

y mi pueblo no entiende mi voz (Is. 1, 2-3).

Hasta la cigüeña en el cielo

conoce su estación.

La tórtola, la golondrina y la grulla

guardan el tiempo de sus migraciones.

¡Pero mi pueblo no conoce

el derecho de su Dios! (Jer 8, 7)

El hijo honra a su padre

y el obrero respeta a su patrón.

Pues si Yo soy Padre,

¿dónde está la honra que me corresponde?

Y si soy Señor,

¿dónde está el respeto que se me debe? (Mal 1, 6).

Yo les he amado, dice el Señor,

y ustedes han dicho:

¿En qué nos amaste? (Mal. 1, 2).

Mi pueblo cambia su Dios glorioso

por cosas que no sirven.

Que los cielos se asombren

y tiemblen espantados por eso.

Doble falta ha cometido mi pueblo:

Me han abandonado a Mí,

que soy manantial de aguas vivas,

y se han fabricado algibes agrietados,

que no pueden retener el agua (Is. 2, 11-13).

Pueblo mío, ¿qué te he hecho Yo?,

¿en qué te he molestado?

Respóndeme.

¿Es acaso porque te hice salir del país de Egipto

y porque te he rescatado de la casa de la esclavitud?

Respóndeme (Miq. 6, 3-4).

Yo te había plantado como una cepa fina;

¿cómo has pasado a ser para Mí

viña degenerada? (Is. 2, 21).

2. Las “uvas amargas” de Israel

¿Por qué estas quejas de Dios? ¿En qué había ofendido tan gravemente Israel a su Señor?. El “cántico de la viña” de Isaías explica cómo la injusticia, el lujo y la explotación son una de las causas de este dolor de Dios. Escuchémosle con respeto y humildad, aplicándonos la parte que nos corresponde también a nosotros. Son gritos desgarrados del Amor de Dios.

Voy a cantar en nombre de mi amigo

la canción de su amor por su viña.

Una viña tenía mi amigo

en una loma fértil.

La cavó quitando las piedras

y plantó cepas escogidas…

Esperaba que produjera lindas uvas,

pero sólo le dio racimos amargos…

Ahora vengan y juzguen

entre Mí y mi viña.

¿Qué es lo que debí hacer

y que no haya hecho Yo por mi viña?

¿Por qué esperé que diese uvas

y sólo ha dado racimos amargos?…

Sí, la viña del Señor

es el pueblo de Israel

El esperaba rectitud,

y hay sangre derramada,

esperaba justicia,

y sólo hay gritos de dolor.

¡Ay de los que juntan casa a casa

y campo a campo

hasta apoderarse de todo el lugar,

y quedar como únicos propietarios del país!

Les aseguro que muchas casas grandes y hermosas

quedarán desiertas y sin habitantes

¡Ay de aquellos que llaman bien al mal

y mal al bien;

que cambian las tinieblas en luz

y la luz en tinieblas!

¡Ay de los que perdonan al culpable por dinero

y privan al justo de sus derechos!

Por todo esto se enojó en grande el Señor con su pueblo

y levantó su mano para castigarle (Is. 5, 1-25).

Palabras muy parecidas se pueden encontrar en Miq. 6, 2-12 y en Jer 5, 6-31.

3. “Son unos mentirosos”

Dios se queja de que sus hijos no viven como hermanos. Pero hay algo peor, que ofende todavía más su corazón: a pesar de vivir en la injusticia, ellos se creen sin falta ante los ojos de Dios. Piensan que para agradar a Dios basta con ofrecerle cultos solemnes. Por eso Dios se queja amargamente de este mundo de mentiras. No puede aguantar esta hipocresía religiosa:

Son todos una pandilla de traidores.

Es la mentira, y no la verdad

lo que prevalece en este país.

Porque el hermano sólo piensa en suplantar al otro.

y el amigo anda levantando calumnias

¡Viven en medio de la trampa

y por engaño se niegan a reconocerme!

Le desean al prójimo la paz,

pero en su corazón le preparan una trampa.

¿No he de castigar Yo estas cosas?,

dice el Señor (Jer. 9, 1-8).

Algo espantoso y horrible

está pasando en este país:

los profetas profetizan mentiras,

los sacerdotes buscan el dinero,

¡y todo esto le agrada a mi pueblo!

¿Qué harán ustedes cuando llegue el fin? (Jer. 5, 30-31).

Pues desde el más chico hasta el más grande

andan todos buscando su provecho;

y desde el profeta hasta el sacerdote

todos se dedican al fraude.

Y luego intentan curar el quebranto de mi pueblo a la ligera

diciéndole: “Todo va bien; hay paz”.

Pero esa paz no existe por ningún lado.

Deberían avergonzarse de sus abominables acciones,

pero han perdido la vergüenza

y ni siquiera se ponen colorados (Jer. 8 10-12).

Este pueblo se acerca a Mí solo con palabras,

y me honra sólo con los labios,

pero su corazón está muy lejos de Mí (Is. 29, 13).

Ustedes roban, matan, toman la esposa del prójimo,

perjuran u ofrecen sacrificios a dioses falsos.

Y luego vienen a presentarse ante Mí,

en este templo que lleva mi nombre,

y dicen: “aquí estamos seguros”,

cuando acaban de hacer todas estas maldades

Mi casa, que lleva mi nombre,

¿acaso la toman por una cueva donde se reúnen los ladrones?

Yo no estoy ciego – palabra de Dios (Jer. 7, 9-11).

Ustedes le arrancan la piel a mi pueblo,

lo explotan y se lo comen…

¡Y después de todo eso vienen a hacer oración!

Pero sepan bien que no les haré caso.

Les ocultaré mi rostro

a causa de los crímenes de todos ustedes (Miq. 3, 2-4).

Aborrezco y desecho sus festividades religiosas

y no me agradan sus reuniones.

Cuando me presenten sus sacrificios y sus dones,

Yo no los aceptaré…,

mientras no corra como el agua la rectitud

y la justicia como un torrente impetuoso (Am 5, 21-24).

¿De qué me sirven a Mí todos los sacrificios que hacen ustedes?

Me dan repugnancia…

¿Para qué vienen a ensuciar mi templo?

Déjense de traerme ofrendas inútiles.

No puedo sufrir por más tiempo las fiestas que encierran maldad

Cuando ustedes levantan las manos para orar,

Yo me tapo los ojos, por no verles

Cuanto más oraciones me hagan,

tanto menos los escucharé,

porque sus manos están manchadas de sangre.

Lávense, purifíquense.

Quiten sus fechorías de delante de mi vista.

Dejen de hacer el mal.

Aprendan a hacer el bien.

Busquen lo justo.

Den sus derechos al oprimido.

Hagan justicia al huérfano.

Defiendan a las viudas.

Y después de todo esto, entonces sí,

vengan y nos entenderemos.

aunque sus pecados sean como el carbón,

quedarán blancos como la nieve (Is. 1, 11-18).

4. La esposa infiel

El delito de Israel no fue sólo vivir en la injusticia y en la mentira de la hipocresía. su infidelidad fue mucho más grande. Con frecuencia abandonaron a Dios, para dedicarse a adorar dioses falsos, que no eran otros que sus propios caprichos y sus pasiones.

Los profetas, sobre todo Oseas, Ezequiel y Jeremías, usan con frecuencia la comparación de la esposa infiel para expresar esta traición del pueblo de Israel. Dios se presenta como esposa fiel y celoso, que ama sobremanera y perdona constantemente a su esposa infiel. Nos presenta la imagen de un amante desgarrado, siempre a la espera de un cambio de actitud de su esposa liviana e idólatra, a la que consigue por fin volverla a El, a base de mucho amor y misericordia.

Entregarse a los dioses falsos es como un adulterio, pues es traicionar el pacto de amor con el único Dios verdadero. La idolatría hiere de una manera muy especial a Dios, porque es poner en tela de juicio la sinceridad y la eficacia de su Amor.

Así habla Dios:

Aún me acuerdo del amor de tu juventud,

de tu cariño como de novia,

cuando me seguías por el desierto…

Israel era entonces el tesoro sagrado de Dios,

el fruto escogido de su cosecha…

Ahora, en cambio, gentes de Israel,

escuchen lo que dice el Señor:

¿En qué pueden decir que no he sido Yo leal con ustedes

para que hayan tenido que alejarse de Mí?

De tanto andar corriendo detrás de ídolos inútiles

se han vuelto también ustedes inútiles (Jer. 2, 2-5)

¿Por qué me han irritado con sus ídolos,

con esas cosas extranjeras que nada son? (Jer. 8, 19)

Confiada en tu belleza y valiéndote de tu fama,

te prostituiste entregándote a cuantos pasaban

Con tus espléndidos adornos,

hechos con oro y plata que Yo te había regalado,

te fabricaste estatuas de hombres

para prostituirte con ellos (Ez. 16, 15-17).

Te castigaré por los días en que ofrecías incienso a los ídolos

y yéndote detrás de tus amantes te olvidabas de (Mí (Os. 2, 15).

Tus mismas faltas te castigan,

y te condenan tus infidelidades.

Reconoce y comprueba cuán malo y amargo resulta

abandonar al Señor tu Dios (Jer. 2, 19)

Vuelve, Israel infiel, dice el Señor.

No me enojaré con ustedes,

porque soy bueno

Ni les guardaré rencor.

Unicamente reconoce que eres culpable,

que has traicionado al Señor tu Dios;

has vendido tu amor a dioses falsos

y no has escuchado mi voz (Jer. 3, 13-12).

Reúnanse, vengan, acérquense todos juntos.

No discurren los que llevan su ídolo de madera,

y rezan a un dios que no puede salvar.

No hay otro fuera de Mí,

Dios justo y salvador.

Vuélvanse a Mí para que se salven,

desde cualquier parte del mundo,

pues Yo soy Dios y no tengo otro igual (Is. 45, 20-22).

Ningún dios existió antes de Mí,

y ningún otro existirá después…

Fuera de Mí, no hay Salvador (Is. 43, 10-11).

Yo tendré presente la Alianza

que hice contigo en los días de tu juventud,

y estableceré contigo una Alianza eterna,

con lo que sabrás que Yo soy Dios.

Para que te acuerdes y te avergüences,

y no te atrevas a abrir más la boca de vergüenza,

cuando Yo te haya perdonado todo lo que has hecho

(Ez. 16, 60-63).

Entonces te desposaré para siempre.

Nos uniremos en la justicia y el bien,

el amor y la ternura.

Te desposaré conmigo en fidelidad,

y tú conocerás a Dios (Os. 2, 21-22).

CANTO DEL PERDON

Misericordia, Dios mío, por tu bondad;

por tu inmensa compasión borra mi culpa.

Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado:

contra Ti, contra Ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces

Mira que en la culpa nací,

pecador me concibió mi madre (Sal. 50, 3-7).

No llames a juicio a tu siervo,

pues ningún hombre vivo es inocente frente a Ti (Sal. 142, 2).

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,

¿quién podrá resistir? (Sal. 129, 3).

Reconocemos, Señor, nuestra maldad,

la perversidad de nuestros padres

y que también nosotros hemos pecado contra Ti (Jer. 14, 20)

Todos nosotros somos como suciedad,

y todas nuestras buenas obras como trapo inmundicia.

Caímos todos nosotros como la hoja

y nuestras maldades nos arrastraron como el viento (Is. 64, 5).

Pero a pesar de nuestros pecados, Señor Tú eres nuestro Padre.

Nosotros somos el barro y Tu eres el alfarero.

Todos nosotros fuimos hechos por tus manos.

No te enojes, Señor, demasiado,

ni recuerdes para siempre nuestros pecados (Is. 64, 7-8).

Tú, Señor, que eres bueno y compasivo,

lento para enojarte,

rico en bondad y leal,

vuelve hacia mí tu rostro

y apiádate de mí (Sal. 85, 15-16).

Señor, Tú eres mi Padre,

ciertamente eres el héroe de mi salud;

no me abandones en el día de la prueba (Eclo. 51, 14).

Recuerda que tu ternura

y tu misericordia son eternas (Sal. 24, 6).

Trátanos de acuerdo a tu bondad

y según la abundancia de tu misericordia (Dan. 3, 42).

Tú sabes, Señor,

que el camino del hombre escapa a su poder,

y que no depende del hombre que camina

enderezar sus pasos.

Corrígenos, Señor, pero con prudencia;

sin enojarte, para que no desaparezcamos todos (Jer. 10,23-24).

Tú tienes compasión de todos

porque todo lo puedes,

y disimulas los pecados de los hombres

para que hagan penitencia.

Amas todo cuanto tiene ser

y no aborreces nada de lo que has hecho.

Tú tienes misericordia de todos,

porque tuyas son todas las cosas,

Señor, que amas la vida (Sab. 11, 23-26).

Haz que volvamos a Ti Señor,

y volveremos (Lam. 5, 21).

Oh Dios, crea en mí un corazón puro

renuévame por dentro con espíritu firme…

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso…

Un corazón quebrantado y humillado.

Tú no lo desprecias (Sal. 50, 12-19).

6

El Dios de la Esperanza

El Amor que Dios nos tiene es, sin duda alguna, lo más esperanzador que hay en la vida humana. La persona que ha sabido impregnar con profundidad su vida de esta atmósfera del Amor Divino es una persona optimista a toda prueba.

La Biblia entera está llena de este ambiente de esperanza. Dios, desde el principio, es “la esperanza de Israel” (Jer. 14, 8), que les promete “un porvenir lleno de esperanzas” (Jer. 29, 11). Es especialmente la esperanza de los pobres. Es el Dios de toda consolación. El Dios que promete venir en persona a compartir nuestras penalidades para libertarnos de ellas y abrirnos un futuro eterno donde la esperanza se haga toda una realidad.

1. “La esperanza de los pobres”

Los pobres de Israel saben que Dios está con ellos. El Dios bueno y fiel está siempre de parte de los débiles de su pueblo. A favor de los marginados, de los explotados, de los que sufren, de los pequeños, los desamparados.

Cuando en Israel nacen las injusticias, el acaparamiento y, por consiguiente, las clases sociales, los poderosos cada vez creen menos en el Dios verdadero. Pero surge poco a poco en medio de Israel “un pueblo pobre y humilde, que pone su esperanza en el nombre del Señor” (Sof. 3, 12). Ellos supieron entender el corazón de Dios, que, como buen Padre, siempre está a favor de sus hijos más necesitados. Los pobres siempre son los que mejor entienden a Dios. Ellos entonces supieron alimentar su esperanza meditando palabras de Dios como las siguientes:

¿En quién pondré Yo mis ojos,

sino en el pobre y contrito de corazón? (Is. 66, 2).

Yo, el Señor, que soy el primero,

estoy con los últimos (Is. 41, 4).

Yo habito en un lugar elevado y santo,

pero estoy con el hombre arrepentido y humillado,

para reanimar el espíritu de los humildes

y alentar los corazones arrepentidos (Is. 57, 15).

Los pobres y los humildes buscan agua, pero no encuentran,

y se les seca la lengua de sed.

Pero Yo, Dios de Israel, no los abandonaré.

Yo, Dios, los escucharé (Is. 41, 17).

Por la opresión del humilde, por el gemido del pobre,

Yo me levantaré y pondré a salvo al que lo ansía (Sal. 11, 6).

El Espíritu del Señor está sobre Mí;

Dios me ha elegido.

Me ha enviado para anunciar la Buena Noticia a los pobres,

para sanar a los corazones heridos,

para anunciar a los desterrados su liberación

y a los presos su vuelta a la luz.

Para publicar un año feliz lleno de los favores de Dios,

y un día en que nuestro Dios se vengará.

Me envió para consolar a los que lloran

y darle a todos los afligidos una corona en vez de ceniza;

el aceite, que es señal de alegría,

en lugar de ropa de luto;

cantos de felicidad,

en vez de pesimismo (Is. 61, 1-3).

La súplica del pobre llegará desde su boca a los oídos de Dios

y su sentencia no demorará (Eclo. 21, 6).

Será escuchado el lamento del que gime en la amargura de su alma,

y le oirá su Creador (Eclo. 4, 6)

Las lágrimas que corren por la mejilla de la viuda,

¿no son acaso un clamor contra el que se las hace derramar?

Desde sus mejillas suben hasta el cielo,

y el Señor, que las escucha, no las verá sin irritarse…

La oración del humilde traspasa las nubes,

y no descansa hasta llegar a Dios,

ni se retira hasta que el Altísimo fija en ella su mirada (Eclo. 35, 18-21).

El Señor le hará justicia,

y traspasará a los que traspasaron su alma (Prov. 22, 23).

El no juzgará por las apariencias,

ni se decidirá por lo que se dice.

Juzgará con justicia a los débiles,

y dará sentencia justa a los pobres.

Su palabra herirá al que oprime,

el soplo de sus labios matará al malvado.

La justicia será su cinturón;

la lealtad el ceñidor de sus caderas (Is. 11, 3-5).

El venga la sangre.

El recuerda y no olvida los gritos de los humildes.

No olvidará jamás al pobre,

ni perecerá la esperanza del humilde (Sal. 9, 13.19).

El librará al pobre que clama,

al afligido que no tenía protector.

El se apiadará del pobre y del indigente,

y salvará la vida de los pobres.

El rescatará sus vidas de la violencia;

su sangre será preciosa a sus ojos (Sal. 71, 12-14).

Los humildes volverán a alegrarse en Dios

y los más pobres entre los hombres

se gozarán en el santo de Israel (Is. 29, 19).

2. “Consuélate, pueblo mío”

Como hemos dicho, el Dios verdadero es un Dios de esperanza. Cuando es necesario sabe corregir a su pueblo, pero siempre poniendo un horizonte de esperanza por delante.

Los israelitas habían traicionado continuamente su misión. Y habían pagado cara su infidelidad al Amor. Pero el Dios fiel les supo siempre perdonar y les lleno continuamente de promesas de fidelidad.

La palabra de Dios que sigue a continuación es una selección principalmente del “Libro de la Consolación”, escrito cuando Israel iba a salir de su largo destierro en Babilonia, después de haberse purificado de sus infidelidades a Dios. También en nuestro tiempo necesitamos escuchar este consuelo, salido de labios del mismo Dios:

Consuélate, consuélate, pueblo mío;

lo dice el Señor tu Dios… (Is. 40, 1).

¿Por qué dices y repites con frecuencia:

“El Señor no se acuerda ya de mí;

mi Dios ni se entera

de las injusticias que me están haciendo?”

Por lo visto no sabes lo que voy a decirte:

Que el Señor es Dios eterno.

El ha creado todo,

y ni se cansa ni se agota,

y su inteligencia es un abismo infinito.

El da fuerzas al que está cansado

y robustece al que está débil (Is. 40, 27-29).

Tú, Israel, eres mi siervo;

Yo te elegí, pueblo mío, raza de Abrahán, mi amigo…

No temas, pues Yo estoy contigo;

no mires con desconfianza, pues Yo soy tu Dios.

Yo te doy fuerzas; Yo soy tu auxilio,

y con mi diestra victoriosa te sostendré (Is. 41, 8-10).

Yo, el Señor tu Dios, te tomo de la mano y te digo:

no temas, que Yo vengo a ayudarte.

No temas, pobre gusanillo;

Yo vengo en tu ayuda.

El Señor de Israel te va a liberar (Is. 41, 13-14).

Haré andar a los ciegos por el camino desconocido,

y los guiaré por los senderos.

Cambiaré sus tinieblas en luz (Is. 42, 16).

No temas, porque Yo te he rescatado,

te he llamado por tu nombre; tú me perteneces.

Si atraviesas un río. Yo estaré contigo,

y no te arrastrará la corriente.

Si pasas por medio de las llamas, no te quemarás…,

pues Yo soy el Señor, tu Dios,

el Santo de Israel, tu Salvador…

Eres a mis ojos de una gran estima,

de un gran precio,

y Yo te amo en demasía…

No temas, pues, ya que Yo estoy contigo (Is. 43, 1-5).

Yo derramaré agua sobre el suelo sediento

y haré brotar torrentes en la tierra reseca.

Derramaré mi Espíritu sobre tu raza

y favoreceré a tus descendientes (Is. 44, 3).

¡Ustedes son testigos de que no hay otro Dios fuera de Mí!

¡Y no existe tampoco otra Roca en la que apoyarse! (Is. 44, 8).

Escúcheme bien…,

ustedes a quienes he llevado en mis brazos desde su nacimiento

y de quienes me he preocupado desde el seno materno:

Hasta su vejez Yo seré el mismo

y los apoyaré siempre aunque sus cabellos se pongan blancos.

¿Dónde encontrarán ustedes uno igual o semejante a Mí? (Is. 46,3-5).

Ustedes decían: “Dios me ha abandonado;

el Señor se ha olvidado de mí”.

Pero ¿puede una mujer olvidarse de su niño,

sin que tenga compasión del hijo de sus entrañas?

Pues aún cuando ella pudiera olvidarlo,

Yo no me olvidaré de ti (Is. 49, 14-15).

Mi salvación durará para siempre

y mi justicia nunca se acabará (Is. 51, 6).

Yo, Yo soy el que te consuela.

¿Por qué le tienes miedo a los hombres que mueren?…

Tú te has olvidado del Dios que te creó,

que extendió los cielos y que fundó la tierra,

y te lo pasas ahora asustado al ver la rabia del tirano,

que trata, por todos los medios, de destruirte…

Pero muy pronto saldrá en libertad el que está en la cárcel;

no morirá en el fondo de un calabozo,

ni le faltará más el pan (Is. 51, 12-14).

¡Despierta, despierta!

¡Levántate…, Ciudad Santa!

¡Sacude el polvo!

¡Levántate, tú que estabas cautiva,

y desata las ligaduras de tu cuello! (Is. 523, 1-2).

Mi pueblo sabrá cuál es mi nombre,

y sentirá que era Yo quien decía: “Aquí estoy”

¡Estallen en gritos de alegría,

ruinas de Jerusalén! (Is. 52, 6.9).

¡Grita de júbilo, tú que eres estéril!…

Pues te librará el Santo de Israel,

quien se llama el Dios de toda la tierra,

Sí, Dios te llama,

como a la esposa abandonada, que se encuentra afligida.

¿Se puede rechazar a la esposa que uno toma siendo joven?…

Con amor que dura para siempre me he apiadado de ti…

Los cerros podrán correrse

y moverse las lomas;

más Yo no retiraré mi Amor,

ni se romperá mi Alianza de paz contigo…

Todos tus hijos serán instruidos por Dios,

y grande será su fidelidad.

Te mantendrás firme por la justicia

y no tendrás que temer la opresión;

el terror no se te acercará (Is. 54, 1-14).

Todos ustedes, los sedientos, vengan a tomar agua;

vengan, aunque no tengan plata…

Atiéndanme y acérquense a Mí;

escúchenme, y su alma vivirá (Is. 55, 1-3).

Yo sé muy bien lo que haré para ustedes:

les quiero dar paz y no desgracia,

y un porvenir lleno de esperanza,

palabra de Dios.

Cuando me supliquen, Yo les escucharé;

y cuando me busquen, me encontrarán,

pues me llamarán con todo su corazón (Jer. 29, 11-13).

Yo les daré un corazón nuevo y un nuevo espíritu,

quitándoles el corazón de piedra

y poniéndoles un corazón de carne.

Para que caminen conforme a mis leyes,

guarden mis mandamientos

y los pongan en práctica.

Entonces sí que serán mi pueblo y Yo seré su Dios (Ez. 11, 19-20).

Ya no tendrás necesidad del sol

para que alumbre tu día…,

pues el mismo Dios será tu luz eterna,

y tu Dios, tu esplendor…

Y se habrán acabado para siempre tus días de luto (Is. 60, 19-20).

3. La esperanza en el Mesías

Tantos prodigios del Amor de Dios hacia su pueblo, a pesar de sus infidelidades, hizo nacer entre los israelitas la esperanza de que Dios les mandaría un Enviado especial, que les cambiaría el corazón y arreglaría todos sus problemas. Esta esperanza en un Mesías fue creciendo poco a poco en los últimos siglos. La llegada de la época mesiánica era el gran consuelo de Israel, como acabamos de ver en las citas anteriores.

Veamos algunas de las profecías en las que se apoyaba esta fe de Israel. Escuchémoslas con una profunda reverencia, pues son las profecías sobre Jesús.

a) Será un Mesías pobre, humilde y sencillo, que busca la paz y la justicia:

Y tu Belén,

el más pequeño entre todos los pueblos de Judá,

de ti me ha de salir

Aquel que vendrá a reinar en Israel…

Dios sólo les abandona a ustedes

hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz…

Entonces El se levantará y pastoreará a su pueblo…

El mismo será la paz (Miq. 5. 1-9).

El Señor mismo les va a dar una señal;

Una virgen concebirá y dará a luz un hijo,

al que pondrá por nombre: “Dios con nosotros” (Is. 7, 15).

Salta de júbilo y alégrate, Jerusalén,

mira cómo viene a ti tu Salvador,

qué sencillo y qué humilde,

andando en un burrito.

El suprimirá los carros de combate

y los caballos para la guerra…

Así impondrá su paz a las naciones (Zac. 9, 9.10).

Así dice Dios: Llegarán días

en que Yo haré surgir un hijo de David,

que será un rey justo y prudente,

y que reinará sobre este país

haciendo justicia.

Cuando El reine Judá gozará de paz

e Israel permanecerá seguro.

Este es el nombre que le darán:

“Dios, justicia nuestra” (Jer. 23, 5-6).

El pueblo que andaba en las tinieblas

vio una luz intensa,

y su resplandor iluminó

a los que vivían en el país de las sombras…

Se aumentó en grande su alegría…

Porque un Niño nos ha nacido,

un Hijo se nos ha dado…

Lo llamarán:

“Consejero admirable, Dios Fuerte,

Siempre Padre, Príncipe de la Paz”.

Grande es su señorío

y la paz no tendrá fin…

Pues reinará por el derecho y la justicia.

Desde ahora y para siempre

el Amor celoso de Dios hará todo esto (Is. 9, 1-7).

Yo mismo cuidaré mis ovejas

y las haré nacer y descansar,

dice el Señor Dios.

Buscaré la oveja perdida,

traeré a la descarriada,

vendaré a la herida,

fortaleceré a la enferma…

Haré surgir para que cuide mi rebaño

un sólo Pastor que las apaciente…

El las cuidará

y será un Buen Pastor…

Estableceré con ellos una Alianza de paz…

Y sabrán que Yo soy Dios

cuando rompa su yugo

y los libre de sus opresores (Ez. 34, 15-27).

b) El Mesías prometido cargará con los pecados del pueblo y le traerá la paz a través de su sufrimiento redentor:

He aquí a mi Siervo a quien Yo sostengo,

mi Elegido, el preferido de mi corazón.

He puesto mi Espíritu sobre El.

El les enseñará el derecho a las naciones (Is. 42, 1).

Yo, Dios, te he llamado para cumplir mi justicia,

te he formado y tomado de la mano,

te he destinado para que unas a mi pueblo

y seas luz para todas las naciones.

Para abrir los ojos a los ciegos,

para sacar a los presos de la cárcel

y del calabozo a los que estaban en la obscuridad (Is. 42, 6-7).

Te voy a poner luz para el mundo

y para que mi salvación llegue hasta el último extremo de la tierra (Is. 49, 6).

¿Quién podrá creer la noticia que recibimos?…

Crecía El como un brote sin fuerza delante de nosotros,

como raíz en tierra seca.

No tiene apariencia, ni elegancia…

Despreciado y tenido como la basura de los hombres,

hombre de dolores, familiarizado con el sufrimiento,

semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara.

Estaba despreciado y no hemos hecho caso de El.

Sin embargo, eran nuestras dolencias las que El llevaba;

eran nuestros dolores los que le pesaban…

Ha sido tratado como culpable a causa de nuestras rebeldías.

y aplastado por nuestros pecados.

El soportó el castigo que nos trae la paz

y por sus llagas hemos sido sanados.

Todos andábamos como ovejas errantes,

cada cual según su propio camino,

y Dios descargó sobre El

la culpa de todos nosotros…

Fue arrancado del mundo de los vivos

y herido de muerte por los crímenes de su pueblo…

Después de las amarguras que haya padecido su alma

verá la luz y será colmado…

Le daré en herencia muchedumbres

y recibirá los premios de los vencedores,

pues se ha negado a sí mismo hasta la muerte (Is. 53, 1-12).

Esta última parte es una síntesis de los cuatro cantos de “el Siervo de Yavé”, la profecía más profunda que hay sobre el Mesías. Va despuntando la gran realidad del Dios amante que llega a la muerte como último remedio para curar las infidelidades de los hombres, hechos por El a su imagen y semejanza. Es una muerte por Amor, que pronto se haría realidad en la persona de Jesús. Es un sacrificio lleno de esperanzas.

Después de todas estas profecías ya estamos preparados para poder entender a Jesús, la imagen viva del Amor del Padre.

CANTO DE LOS POBRES CON ESPERANZA

Mi clamor ha llegado hasta Dios

y mis lágrimas corren ante El (Job. 16, 20).

Señor, ¿Quién como Tú,

que defiendes al débil del poderoso,

al pobre y humilde del explotador? (Sal. 34, 9-10).

Bendito sea el nombre del Señor,

ahora y siempre…

¿Quién como el Señor Dios nuestro?

El levanta del polvo al oprimido

y alza de la basura al pobre (Sal. 112, 2-7).

Señor, Tú escuchas los deseos de los humildes,

les prestas oído y los animas;

Tú defiendes al huérfano y al oprimido,

para que el hombre hecho de tierra

no vuelva a sembrar su terror (Sal. 9, 38-39).

Tú salvas al pueblo afligido

y humillas a los ojos soberbios (Sal. 17, 28).

Tu fuerza no está en la multitud,

ni tu poder en los valientes,

sino que eres el Dios de los humildes,

defensor de los pequeños,

apoyo de los débiles,

protector de los abandonados,

salvador de los desamparados (Jud. 9, 11).

El Señor hace justicia al afligido

y defiende el derecho del pobre (Sal. 139, 13).

Defiende a todos los oprimidos (Sal. 102, 6).

Socorre a los hijos del pobre

y quebranta al explotador (Sal. 71, 4).

Es padre de huérfanos

y protector de viudas (Sal. 67, 6)

Da pan a los hambrientos (Sal. 145, 7)

Prepara casa a los desvalidos

y libera a los cautivos (Sal. 67, 7).

Señor, alzaré mi voz para darte gracias,

y te alabaré en público,

porque te pusiste de parte del pobre

y los salvaste de sus acusadores (Sal. 108, 31).

En Dios tengo mi esperanza:

nada temo de cuanto puedan hacer contra mí (Sal. 55, 11).

Descansa sólo en Dios, alma mía.

Porque El es mi esperanza;

sólo El es mi roca y mi salvación,

mi fortín: no vacilaré (Sal. 61, 8).

Tú sólo, Señor, me haces vivir tranquilo (Sal. 4, 10).

Alégrense todos los que ponen en Ti su esperanza:

se regocijarán eternamente,

y Tú morarás en ellos (Sal. 5, 12).

Bien se yo que mi defensor vive

y que El será el último que se levante sobre la tierra;

yo me pondré de pie dentro de mi piel

y en mi propia carne veré a Dios.

Mi corazón desfallece esperándolo;

yo lo contemplaré, yo mismo.

El es a quien verán mis ojos y no a otros…

Y todos sabrán entonces que hay al fin justicia (Job. 19, 25-29).

Los de Nazaret le llamaban “el hijo del carpintero” (Mt. 13, 55) o sencillamente “el carpintero” (Mc. 6, 3).

Un pueblo pequeño no da para que un carpintero viva sólo de este oficio. Un carpintero de pueblo es un hombre habilidoso, que sirve para todo. Es al que se le llama cuando algo se ha roto en casa o cuando se necesita un favor especial. Jesús estaría verdaderamente al servicio de todo el que necesitase de El. Igual trabajaría con el hacha o con el serrucho. Entendería de albañilería; sabe cómo se construye una casa (Mt. 7, 24-27). Y sin duda alguna trabajó muchas veces de campesino, pues el pueblo era campesino. Conocía bien los problemas de la siembra y la cosecha (Mc. 4, 3-8.26-29; Lc. 12, 16-21). Aprendería por propia experiencia lo que es salir en busca de trabajo, cuando las malas épocas dejaban su carpintería vacía; El habla de los desocupados que esperan en la plaza sentados a que un patrón venga a contratarlos (Mt. 20, 1-7). Habla también de cómo el patrón exige cuentas a los empleados (Mt. 25, 14-27). O cómo “los poderosos hacen sentir su autoridad” (Mt. 20, 25); El también la sintió sobre sus propias espaldas.

Puesto que el pastoreo es uno de los principales trabajos de la región, seguramente Jesús fue también pastor. En su forma de hablar demuestra que conoce bien la vida de los pastores, cómo buscar una oveja perdida (Lc. 15, 3-6), cómo las defienden de los lobos (Mt. 10, 16) o cómo las cuidan en el corral (Jn. 10, 1-16). Le gustaba llamarse a Sí mismo “el Buen Pastor” (Jn. 10, 11).

Su fórmula de hablar es siempre la del pueblo: sencillo, claro, directo, siempre a partir de casos concretos. Su porte exterior era la de un hombre trabajador, con manos callosas y cara curtida por el trabajo y la austeridad de vida. Casa sencilla y ropa de obrero de su tiempo. Participó en todo de la forma de vida normal de los pobres. Supo lo que es el hambre (Mt. 4, 2; Mc. 11, 12), la sed (Jn. 4, 7.19.28), el cansancio (Jn. 4, 6-7); Mc. 4, 37-38), la vida insegura y sin techo:

Los zorros tienen su madriguera

y las aves del cielo sus nidos,

pero el Hijo del Hombre no tiene

en dónde reclinar su cabeza (Mt. 8, 20).

El conoció bien las costumbres de su época, señal de total encarnación en su ambiente. Es solidario de su raza, su familia y su época. Sabe cómo hace pan una mujer en su casa (Mt. 13, 33), cómo son los juegos de los niños en la plaza del pueblo (Lc 7, 32), cómo roban algunos gerentes en una empresa (Lc. 16, 1-12) o cómo se hacen la guerra dos reyes (Lc. 14, 31-33). Habla del sol y la lluvia (Mt. 5, 45), del viento sur (Lc. 12, 54-55) o de las tormentas (Mt. 24, 27); de los pájaros (Mt. 6, 26), los ciclos de la higuera (Mt. 13, 28) o los lirios del campo (Mt. 6, 30).

7

Jesús es la Imagen

Viva del Amor del Padre

En Jesús se cumplen todas las promesas de Amor que Dios había hecho a su pueblo. Cada vez Dios se había ido acercando más a los hombres. Pero “en la plenitud de los tiempos”, Dios se hizo uno de nosotros: se comprometió hasta lo último con la raza humana a través de Jesús, a quien el profeta Isaías había llamado “Dios con nosotros” (Mt. 1, 22).

1. Se hizo uno de nosotros

Dios no se presentó en la historia como un liberador prepotente, ni como un gran señor, que desde las alturas de su comodidad, ordena la liberación de los esclavos. El bajó al barro de la vida, se hizo pequeño y conoció en carne propia lo que es el sufrimiento humano.

Cuando llegó la plenitud de los tiempos,

Dios envió a su Hijo,

el cual nació de mujer

y fue sometido a la Ley (Gál. 4, 4).

El que era de condición divina,

no se aferró celoso

a su igualdad con Dios.

Sino que se aniquiló a Sí mismo,

tomó la condición de esclavo,

y se hizo en todo igual a los demás hombres,

como si fuera uno de nosotros (Flp. 2, 6-7).

Siendo rico,

se hizo pobre por nosotros,

para enriquecernos con su pobreza (2 Cor. 8, 9).

Hizo suyas nuestras debilidades

y cargó con nuestros dolores (Mt. 8, 17).

Según un dicho popular, el amor hace iguales. Y este amor grandioso e increíble de Dios hacia los hombres le hizo bajar hasta lo más profundo de nuestra humanidad. Compartió la vida del pueblo sencillo de su tiempo. Vivió, como uno más, la vida escondida y anónima de un pueblito campesino: sus penas y sus alegrías, su trabajo, su sencillez, su compañerismo; pero sin nada extraordinario que le hiciera aparecer como alguien superior a sus conciudadanos.

¡En verdad que Dios se hizo en Jesús “uno de nosotros”! ¡Y nadie tiene más derecho a decir esto que los pobres del mundo!

2. “Compartió nuestros sufrimientos”

Sufrió nuestras dudas y tentaciones

En la vida del hombre hay mucho dolor y sufrimiento interior; de dudas, de angustias, de tentaciones. Jesús nos demostró también el amor del Padre Dios compartiendo nuestros sufrimientos interiores. Así podría entendernos y ayudarnos mejor:

Se hizo en todo semejante a sus hermanos

para llegar a ser el Sumo Sacerdote

que pide por ellos el perdón,

siendo a la vez compasivo

y fiel en el servicio de Dios.

El mismo ha sido probado por medio del sufrimiento;

por eso es capaz de venir en ayuda

de los que están sometidos a la prueba (Hb. 2, 17-18).

Nuestro Sumo Sacerdote no se queda indiferente

ante nuestras debilidades,

ya que El mismo fue sometido

a las mismas pruebas que nosotros,

a excepción del pecado.

Por tanto, acerquémonos con confianza a Dios

que nos tiene reservada su bondad (Hb. 4, 15-16).

Sufrió las mismas pruebas que nosotros, las mismas tentaciones, las mismas angustias. Sus dolores psicológicos fueron los nuestros.

Sintió la tentación de la comodidad. De dejar aquella vida tan austera, absurdamente sufrida, y ponerse por consiguiente, en un tren de vida más de acuerdo con su dignidad, de manera que pudiera rendir más (Lc. 4, 3-4).

Sintió la tentación del poder. De pensar que quizás con las riendas del mando en las manos iba a poder cumplir mejor su misión. Y no con una vida de un cualquiera, lejos de toda estructura de mando (Lc. 4, 5-8).

Sintió la tentación del triunfalismo. De pensar que a todo aquello había que darle bombo y platillo, una buena propaganda, un buen equipo de acompañantes y hechos llamativos, que dejaran a todos con la boca abierta. Pero mezclado siempre entre el pobrerío y con unos pescadores ignorantes como compañeros no iba a conseguir gran cosa… (Lc. 4, 9-12).

Conoció lo que es miedo

El liberador del miedo supo también lo que es el miedo. Algunas veces se sintió turbado interiormente. Más de una vez deseó dar marcha atrás y dejar aquel camino, estrecho y espinoso, que había emprendido. Sintió pánico ante la muerte, hasta el grado de sudar sangre. Pero habiendo sentido el mismo miedo al compromiso que nosotros, El no se dejó arrastrar y no dio jamás un paso atrás. Siempre se mantuvo fiel a la voluntad del Padre:

Me siento turbado ahora.

¿Diré acaso: Padre, líbrame de esta hora?

Pero precisamente llegué a esta hora

para encontrar lo que esta hora me reserva (Jn. 12, 27).

Comenzó a ser tristeza y angustia.

Y les dijo:

Siento una tristeza de muerte,

quédense ustedes velando conmigo…

Padre, si es posible, aleja de Mí esta copa;

sin embargo, que no se haga mi voluntad,

sino lo que Tú quieras (Mt. 26, 37-39).

Es conmovedor ver a este Jesús tan profundamente humano, que no esconde sus sentimientos más profundos como si se tratara de una debilidad inconfesable.

Se sintió despreciado

Hay un dolor especial que sienten con frecuencia los pobres en su corazón: el sentirse despreciados por ser pobres. Jesús también sintió este dolor del desprecio. Pues los doctores de la Ley no creían en El porque era un hombre sin estudios (Jn. 7, 15), oriundo de una región de mala fama (Jn. 1, 6; 7, 41.52). Y la misma gente de su pueblo no creía tampoco en El, porque pensaban que un compañero suyo, trabajador como ellos, no podía ser el Enviado de Dios. Todos le conocían nada más como el hijo de José el carpintero (Lc. 4, 22-29). Sus propios parientes le tuvieron por loco, por no querer aprovecharse de su poder de hacer milagros (Mc. 3. 21). El propio pueblo llega a pedir a gritos su muerte y lo pospone a Barrabás, “que estaba encarcelado por asesinato” (Mt. 27, 16-21).

¡Que lo crucifiquen!…

¡Que su sangre caiga sobre nosotros

y sobre nuestros descendientes! (Mt. 27, 23-25).

Y ya en la cruz sufrió las burlas de la gente que pasaba (Lc. 23, 35), de los soldados (Lc. 23, 36-37) y aún de uno de los que eran ajusticiados junto a El (Lc. 23, 39). Con razón dijo Juan que:

Vino a su propia casa,

y los suyos no le recibieron (Jn. 1,11).

A veces se cansó

Jesús también sintió la pesadumbre del desaliento y el cansancio. Aquellos hombres rudos, que había elegido como compañeros, nunca acababan de entender su mensaje. Y El, a veces, se sintió como cansado de tanta dureza e incomprensión:

¿Por qué tienen tanto miedo,

hombres de poca fe? (Mc. 4, 40).

¡Gente incrédula y descarriada!

¿Hasta cuándo estaré con ustedes

y tendré que soportarlos? (Lc. 9, 41).

Hace tanto tiempo que estoy con ustedes,

¿y todavía no me conoces, Felipe? (Jn. 14, 9).

Y ante la incredulidad de los judíos, que le piden una señal milagrosa para creer en El:

¡Raza mala y adúltera!

Piden una señal,

pero no verán sino la señal de Jonás (Mt. 16, 4).

Jesús se siente como desalentado ante el poco caso que muchos hacen a sus palabras:

¿Quién ha dado crédito a nuestras palabras? (Jn. 12, 38)

Este pueblo ha endurecido su corazón,

ha cerrado sus ojos y taponado sus oídos,

con el fin de no ver, ni oír,

ni de comprender con el corazón;

no quieren convertirse,

ni que Yo les salve (Mt. 13, 15).

¡Jerusalén, Jerusalén!

Tú matas a los profetas

y apedreas a los que Dios te envía.

¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos,

como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas,

y tú no lo has querido! (Mt. 23, 37-38).

Sufrió persecuciones

Otro dolor de todo el que toma en serio un compromiso por hermanos es el de la persecución. Jesús sufrió en todas sus formas: calumnias, control policial, prisión, torturas y muerte violenta.

Las calumnias que sufrió fueron graves y especialmente dolorosas para su corazón. A El, que es la Verdad, se le acusó de mentiroso (Mt. 27, 63), embaucador del pueblo (Jn. 7, 47). Al Santo se le acusó de gran pecador (Jn. 9, 24), de blasfemo (Jn. 10, 33), que hacía prodigios por arte diabólica (Lc. 11, 15). Lo tomaron por loco (Jn. 10, 20; Lc. 23, 11). Dijeron de el que era un samaritano (Jn. 8, 48), o sea un enemigo político y religioso de su pueblo. Y así pudo ir viendo con dolor cómo la gente se dividía y se apartaba de El (Jn. 7, 12-13; 10, 20-21).

Sintió la tensión psicológica de sentirse vigilado y buscado para tomarle preso (Jn. 7, 30.44-46; 10, 39; 11, 57). A veces tuvo que esconderse o irse lejos (Jn. 12, 36). El sabía muy bien que si continuaba su entrega desinteresada a los demás con la claridad y sinceridad que lo hacía, su vida acabaría violentamente. Así lo declaró varias veces (Mt. 16, 21; 17, 12; 17, 22-23; 20, 17-19).

Les digo que tiene que cumplirse en mi persona lo que dice la Escritura:

Lo tratarán como a un delincuente.

Todo lo que se refiere a Mí llega a su fin (Lc. 22, 37).

Supo en su carne propia lo que es un apresamiento con despliegue de fuerzas policiales (Mt. 26, 47-55); lo que son las torturas, los apremios ilegales, los juicios fraudulentos, los testigos falsos (Mt. 26, 57-69; 27, 11-50); y, por fin, una muerte ignominiosa, bajo la apariencia de legalidad. Las autoridades religiosas le condenaron por querer destruir el templo (Mt. 26, 61), por blasfemo (Mt. 26, 65), por malhechor (Jn. 18, 30), por considerarlo un peligro para la nación (Jn. 11, 48-50). Las autoridades civiles, por querer alborotar al pueblo, oponerse a la autoridad de los romanos y tener ambiciones políticas queriéndose hacer nombrar rey (Lc. 23, 2-5. 14; Jn. 19, 12). Todo pura calumnia. Tergiversaron totalmente sus palabras y sus intenciones.

Supo lo que es la soledad

Otro dolor profundo que sufrimos con frecuencia las personas es el dolor de la soledad. Jesús también pasó por esta prueba. Se iba dando cuenta que según caminaba en su línea de testimonio y exigencia de amor, cada vez se iba quedando más solo. Las grandes multitudes de los primeros tiempos de predicación fueron disminuyendo poco a poco. De forma que llegó el momento en que preguntó entristecido a los discípulos.

¿Acaso ustedes también quieren dejarme? (Jn. 6, 67).

La noche anterior a su muerte sintió necesidad pavorosa de verse acompañado por sus amigos más íntimos. Pero éstos se durmieron. Y Jesús se lamentó diciéndoles:

¿De modo que no han tenido valor

de acompañarme una hora? (Mt. 26, 40).

Y al ser apresado quedó totalmente solo:

Todos los discípulos lo abandonaron y huyeron (Mt. 26, 56).

Días antes El ya había previsto esta prueba:

¿Ustedes dicen que creen?

Viene la hora, y ya ha llegado,

en que se irán cada uno por su cuenta

y me dejarán solo (Jn. 16, 31-32).

Fue traicionado

La soledad se hizo más dolorosa al final de su vida, en cuanto que tuvo sabor a traición:

El que come el pan conmigo, se levantará contra Mí…

Uno de ustedes me va a entregar… (Jn. 13, 18.21).

Y así fue, Judas Iscariote lo vendió por el precio de un esclavo: treinta monedas (Mt. 26, 14-16). Y tuvo la desvergüenza de saludarlo como amigo cuando iba con la policía para entregarlo. Jesús se le quejó tristemente:

Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre? (Lc. 22, 48).

El mismo Pedro, su íntimo amigo, ante el peligro, dijo por tres veces que ni siquiera lo conocía (Lc. 22, 55-60). Jesús, ya maniatado, lo único que pudo hacer fue mirarle con dolor:

El Señor se volvió y fijó la mirada en Pedro.

Entonces Pedro se acordó de que el Señor le había dicho:

“Hoy, antes que cante el gallo,

tú me negarás tres veces”.

Y saliendo afuera lloró amargamente (Lc. 22, 61-62).

Este sentimiento de soledad llegó a ser tan grande, que en la cruz se sintió abandonado por mismo Dios:

Jesús gritó con fuerza:

Dios mío, Dios mío,

¿por qué me has abandonado? (Mt. 27, 46).

3. Un corazón abierto a todos

El vivió siempre para los demás. Su existencia estuvo totalmente orientada a servicio de los otros. El sirve a Dios sirviendo a los hombres. Era un hombre abierto a todos, sin conocer lo que es el rencor, la hipocresía o las segundas intenciones. A nadie cerraba su corazón. Pero a algunos se lo abría especialmente: los marginados de su época, los despreciados social o religiosamente. Les traía la esperanza a sus corazones desesperados. Les hacía ver el Amor que Dios les tiene y su propio valor humano.

Les enseñaba a caminar hacia un mundo nuevo de hermanos. Anunciaba y conseguía la liberación de sus esclavitudes interiores, como camino necesario para llegar a la fraternidad universal. Realizó un verdadero servicio de concientización y de unión. Se entregó totalmente al servicio de los necesitados. Se dejó comer por sus hermanos, hasta el punto de que a veces no le dejaban tiempo para el descanso (Mc. 6, 31-33), ni aun para comer El mismo:

Se juntó otra vez tanta gente,

que ni siquiera podía comer (Mc. 3, 20).

Vivió personalmente el amor a los enemigos, que había predicado (Lc. 23, 34-46; Mt. 5, 43). No censuraba a los que venían a El. Recibía a todos los que se acercaban a El con sencillez.

No rechazaré a nadie que venga a Mí (Jn. 6, 37).

Recibía y escuchaba a la gente tal como se presentaba, ya fueran mujeres o niños, prostitutas o teólogos, guerrilleros o gente piadosa, ricos o pobres. En contra de las costumbres piadosas de su época, El no tiene problemas en comer con los pecadores (Lc. 15, 2; Mt. 9, 10-11). Anda con gente prohibida y acepta en su compañía personas sospechosas. No rechaza a los despreciados samaritanos (Lc. 10, 29-37; Jn. 4, 4-42); ni a la prostituta que se acerca arrepentida (Lc. 7, 36-40). Acepta los convites de sus enemigos, los fariseos, pero no por eso deja de decirles la verdad bien clara (Mt. 23, 13-37). Lo mismo que sabe invitarse a comer a casa de un ricachón, Zaqueo, peor de manera que éste se siente conmovido hasta tal punto, que reparte la mitad de sus bienes a los pobres y paga el 400 por 100 a todo el que estafó (Lc. 19, 1-10). Procuraba ayudar a cada uno a partir de su realidad. Comprendía al pecador, pero sin condescender con el mal. A cada uno sabía decirle lo necesario para levantarlo de su miseria. Sabía usar palabras duras cuando había que usarlas y alabar cuando había que alabar, pero siempre con el fin de ayudar.

4. Perdón y amistad plena con Dios

Vino al mundo dispuesto a hacer un nuevo pacto de amistad con los hombres. Según cuenta el Antiguo Testamento, Dios siempre estaba dispuesto a perdonar al que se le acercaba con humildad. Nunca se cansó de perdonar la infidelidad del pueblo. Prosiguiendo adelante esta historia de perdón, Jesús vino personalmente a ofrecernos de nuevo la misericordia y la fidelidad de su Padre Dios.

Toda la vida de Jesús, es un acto de amistad hacia los hombres. Su entrega total a los demás es la prueba palpable de que Dios está dispuesto a perdonar siempre. Jesús insiste muchas veces, de palabra y de obras, para que nos convenzamos de la actitud bondadosa de Dios hacia nosotros. Y sella este su mensaje central, derramando su sangre. Cristo Jesús es el perdón visible de Dios a los hombres, el Cordero que murió para borrar nuestros pecados (Jn. 1, 29) y sanarnos con sus llagas (1 Pe. 2, 24).

Ya es difícil encontrar a alguien,

que acepte morir por una persona justa.

Si se trata de un hombre realmente bueno,

quizás alguien se atreva a morir por él.

Pero Cristo murió por nosotros

cuando todavía éramos pecadores.

¡Qué prueba más grande de Amor de Dios

por nosotros! (Rm. 5, 6-8).

El, de manera gratuita,

nos regala su perdón y su amistad,

porque Cristo Jesús nos ha rescatado (Rm. 3.24).

Nos perdonó todas nuestras faltas.

Canceló nuestra deuda y nuestra condenación…;

la suprimió clavándola en la cruz de Cristo (Col. 2, 13-14).

Jesús se esfuerza por convencernos de que Dios es un Padre que goza en perdonar. Como ejemplo, nada mejor que sus comparaciones de la oveja perdida y la del padre del hijo derrochador:

“Si uno de ustedes pierde una oveja de las cien que tiene, ¿no deja las otras noventa y nueve en el campo para ir en busca de la perdida hasta encontrarla?. Y cuando la encuentra, muy feliz, la pone sobre los hombros, y al llegar a su casa, reúne amigos y vecinos y les dice: Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido. Yo les declaro que de igual modo habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que cambia su corazón y su vida, que por noventa y nueve justos, que no tienen necesidad de convertirse” (Lc. 15, 4-7).

El otro caso contado por Jesús es como para llenarnos el corazón de esperanza:

“Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo a su padre: Padre, deme la parte de la propiedad que me corresponde. Y el Padre la repartió entre ellos. Pocos días después, el hijo menor reunió todo lo que tenía, partió a un lugar lejano y allí malgastó su dinero con una vida desordenada. Cuando malgastó todo, sobrevino en esa región una escasez grande y comenzó a pasar necesidad. Entonces se puso al servicio de un habitante de ese lugar, que lo envió a sus campos a cuidar cerdos. Hubiera deseado llenarse el estómago con la comida que le daban a los cerdos, pero nadie le daba nada.

Entonces se puso a pensar: ¿Cuántos trabajadores de mi padre tienen pan de sobra, y yo aquí me muero de hambre. Volveré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra Dios y contra ti: ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus siervos. Y levantándose, se puso en camino hacia la casa de su padre.

Cuando todavía estaba lejos, su padre le vio y sintió compasión, corrió a su encuentro y le abrazó. Entonces el hijo le dijo: Padre, pequé contra Dios y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus servidores: Rápido, tráiganle la mejor ropa y póngansela, colóquenle un anillo en el dedo y zapatos en los pies. Traigan el ternero más gordo y mátenlo; comamos y alegrémonos, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo he encontrado”.

“Y se pusieron a celebrar la fiesta” (Lc. 15, 11-24).

No necesitan comentario estos dos casos contados por Jesús. La alegría y generosidad de ese padre son un reflejo de Amor del Padre Dios hacia sus hijos pecadores. Ciertamente la bondad de Dios para con los hombres es sin medida.

5. Conocer a Dios desde Jesús

Jesucristo es el sello definitivo de la fidelidad de Dios, tan largamente proclamada por los profetas en el Antiguo Testamento. El es el Siervo Fiel de “el Dios que jamás miente” (Tit. 1, 2). Por El son mantenidas y llevadas a la práctica todas las antiguas promesas de Dios:

Cristo se puso al servicio de los judíos,

para cumplir las promesas

que Dios hizo a sus antepasados,

y enseñar que Dios es fiel (Rm. 15, 8).

Todas las promesas de Dios

han pasado a ser en El un “si” (2 Cor. 1, 20).

Pues Dios es digno de confianza

cuando hace alguna promesa (Hb. 11, 11).

Por medio de Jesús ha llegado a la cumbre la fidelidad de Dios:

En El todo es Amor y Fidelidad…

En El estaba toda la plenitud de Dios.

Y todos recibimos de El

una sucesión de gracias sin número.

Ya Dios nos había dado la Ley por medio de Moisés,

pero el Amor y la Fidelidad

llegaron por Cristo Jesús (Jn. 1, 14.16-17).

Afortunadamente, como ya habían repetido tantas veces los profetas en el Antiguo Testamento, la fidelidad de Dios no depende de que nosotros le seamos fieles a El.

Si algunos no fueron fieles,

¿dejará por eso Dios de ser fiel? ¡Ni pensarlo!

Sino que más bien se comprobará

que Dios es la Verdad,

mientras que todo hombre es mentiroso (Rm. 3, 3-4).

Si somos infieles, El permanece fiel,

porque no puede desmentirse a Sí mismo (2 Tm. 2, 13).

Jesús es el Amor hecho vida humana; Dios convertido en hombre por Amor a los hombres. Jesús le dio a Dios un rostro humano. Es Dios a nuestro alcance. Es Dios que viene a ofrecernos con los brazos abiertos todos sus dones. Si el hombre fue creado “a imagen de Dios”, Cristo es “la imagen de Dios” (2 Cor. 4, 4; Hb. 1, 3).

Para “entender lo que Dios, en su bondad, hizo por nosotros” (1 Cor. 2, 12), es necesario que nos envíe su Espíritu, para que nos abra la inteligencia y el corazón. Pablo pide que:

…logremos penetrar el secreto de Dios, que es Cristo.

Pues en El están encerradas todas las riquezas

de la sabiduría y el entendimiento (Col. 2, 2-3).

Que Cristo habite en nuestros corazones por la fe,

y enraizados y cimentados en el Amor,

seamos capaces de comprender,

con todos los creyentes,

la anchura, la longitud,

la altura y la profundidad

del amor de Cristo,

que supera a todo conocimiento,

para que quedemos colmados

de toda la plenitud de Dios (Ef. 3, 17-19).

Jamás podremos ahondar debidamente en la grandeza del Amor de Dios hacia la humanidad. Ya no son solamente regalos y dones suyos los que nos cubren por todos lados. Es el mismo Dios el que se nos entrega en su Hijo. Ese Jesús, del que hemos admirado su entrega total a los hombres, es Dios mismo dándose sin medida.

Es el resplandor de la Gloria de Dios,

y en El expresó Dios lo que es en Sí mismo (Hb. 1, 3).

Jesús es la revelación única y excepcional de Dios: en su actuar se vuelve visible el Dios invisible. En sus palabras y gestos tomamos conciencia de lo que Dios es para el hombre: amor y perdón, denuncia y exigencia, donación y presencia, elección y envío, compromiso y fuerza. Sólo en Jesús se manifiesta plenamente Dios.

San Juan dice que Jesús es “la Palabra” (Jn. 1, 1); no “una” palabra más sobre Dios o una palabra de Dios. El es la imagen plena del Padre, que se nos hace del todo presente y activo en su humanidad; no a pesar de su humanidad, sino en su misma humanidad (Heb. 1, 1-4).

A Dios nadie lo ha visto jamás;

es el Hijo único,

que es Dios y está al lado del Padre,

el que lo dio a conocer (Jn. 1, 18).

Todas las explicaciones de Dios dadas antes de Jesucristo eran incompletas. Lo que se dice en el Antiguo Testamento no es sino un camino hacia la revelación plena realizada en Jesús. Solo en Jesús podemos conocer el verdadero ser de la misteriosa divinidad. Por ello, toda idea de Dios que no pueda ‘verificarse en Jesús, es un invento humano sin valor alguno. Jesús, el Hombre-Dios, el Dios engendrado, hace presente al Padre y es la única fuente para conocerlo como es.

6. En la cruz Dios revela

la forma más sublime del amor

Sin la cruz de Jesús, Dios estaría por una parte y nosotros por la otra. Pero por la cruz Dios se pone al lado de las víctimas, de los torturados, de los angustiados, de los pecadores. La respuesta de Dios al problema del mal es el rostro desfigurado de su Hijo, “crucificado por nosotros”.

La cruz nos enseña que Dios es el primero que se ve afectado por la libertad que El mismo nos ha dado: muere por ella. Nos descubre hasta dónde llega el pecado, pero al mismo tiempo nos descubre hasta dónde llega el amor.

Dios no aplasta la rebeldía del hombre desde fuera, sino que se hunde dentro de ella en el abismo del amor. En vez de tropezar con la venganza divina, el hombre sólo encuentra unos brazos extendidos.

El pecado tiende a eliminar a Dios; Dios se deja eliminar, sin decir nada. En ninguna parte Dios es tan Dios como en la cruz: rechazado, maldecido, condenado por los hombres, pero sin dejar de amarnos, siempre fiel a la libertad que nos dio, siempre “en estado de amor”. En ninguna parte Dios es tan poderoso como en su impotencia. Si el misterio del mal es indescifrable, el del amor de Dios lo es más todavía.

Cristo en la cruz logra poner en el mundo un amor mucho más grande que todo el odio que podemos acumular los hombres a lo largo de la historia. La cruz nos lleva hasta un mundo situado más allá de toda justicia, al universo del amor, pero de un amor completamente distinto, que es misterio, porque está hecho “a la medida de Dios”.

La cruz de Cristo y la muerte de Dios son el colmo de la sinrazón; la victoria más asombrosa de las fuerzas del mal sobre aquel que es la vida. Pero al mismo tiempo es la revelación de un amor que se impone al mal, no por la fuerza, no por un exceso de poder sino por un exceso de amor, que consiste en recibir la muerte de manos de las personas amadas y el sufrir el castigo que se merecen con la esperanza de convertir al amor su amor rebelde. La omni-debilidad de Dios se convierte entonces en su omnipotencia. “Las aguas torrenciales no podrán apagar el amor, ni anegarlo los ríos” (Cant. 8, 7).

Dios Padre no destroza a los hombres que atacan a su Hijo porque los ama a pesar de todo. Y por eso el Nuevo Testamento dice que el Padre “no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Rom. 8, 32). A pesar de los pesares, Dios está de tal forma de parte de los hombres, que el mismo gesto que el hombre realiza contra él, la misma mano que el hombre levanta contra él, los convierte en bendición para el mismo hombre.

En definitiva, la sabiduría de la cruz enseña simplemente esto: Que el objeto del amor de Dios no es el superhombre, sino estos hombres concretos y pobres que somos nosotros. El mundo nuevo no lo crea Dios destruyendo este mundo viejo, sino que lo está haciendo con este mundo y a partir de él. Al hombre nuevo no lo realiza creando a otros hombres, sino con nuestro barro de hombres viejos. Es a este hombre así desenmascarado a quien Dios ama. Y el realismo de la cruz lleva entonces a no extrañarse de nada, pero nunca lleva a rendirse.

En la cruz no solo aparece la crítica de Dios al mundo, sino su última solidaridad con él. Dios se deja afectar por lo negativo, la injusticia y la muerte. “Abandona” a su Hijo (Mc. 15, 34), pero no abandona a la humanidad. En la cruz de Jesús Dios estaba presente (2 Cor. 5, 19-21), estando al mismo tiempo ausente. Estando ausente para el Hijo, estaba presente para los hombres. Y esa dialéctica de presencia y ausencia explica con lenguaje humano que Dios es amor; un amor no expresado idealísticamente, sino bajo condiciones históricas muy concretas.

La cruz, es, pues, el lugar en el que se revela la forma más sublime del amor; donde se manifiesta su esencia. Amar el enemigo, al pecador, poder estar en él, asumirlo, es obra del amor; es amar de la forma más sublime…

Tanto amó Dios al mundo,

que le entregó su único Hijo (Jn. 3, 16).

No somos nosotros los que hemos amado a Dios,

sino que El nos amó primero,

y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados:

en esto está el amor (1 Jn. 4, 10).

CANTO A CRISTO JESUS, EL SEÑOR

Para nosotros hay un solo Dios: el Padre.

De El vienen todas las cosas

y para El existimos nosotros.

y hay un solo Señor: Cristo Jesús,

por quien existen todas las cosas,

y también nosotros (1 Cor. 8, 6).

Dios constituyó a su Hijo

heredero de todas las cosas,

ya que el creó el mundo…

El es el que mantiene el universo

por su palabra poderosa (Heb. 1, 2-3).

Todo se hizo por El,

y sin El no existe nada de lo que se ha hecho (Jn. 1, 3)

El es la imagen de Dios que no se puede ver,

el primero de todo lo que existe.

Por medio de El, Dios hizo todas las cosas;

las del cielo y las de la tierra;

tanto las cosas que no se ven,

como las cosas que se ven…

todo fue hecho por medio de El y para El.

El existe antes que todas las cosas.

Y todo se mantiene en El (Col. 1, 15-17).

En verdad todo viene de El,

todo ha sido hecho por El, y ha de volver a El.

¡A El sea la gloria por siempre! (Rm. 11, 36).

Ahora Dios nos da a conocer este secreto suyo,

este proyecto nacido de su corazón,

que formó en Cristo desde antes,

para realizar cuando llegara la plenitud de los tiempos:

Todas las cosas han de reunirse

bajo una sola Cabeza, Cristo,

tanto los seres celestiales

como los terrenales (Ef. 1, 9-10).

En El nos encontramos liberados y perdonados (Col. 1, 14).

En El hemos recibido todas las riquezas (1 Cor. 1, 5).

¡Qué grande es el misterio de la bondad de Dios!

(1 Tm. 3, 16).

¡A El la gloria y el poder

por los siglos de los siglos! (Ap. 1, 6).

Digno es el Cordero que ha sido degollado

de recibir el poder y la riqueza,

la sabiduría y la fuerza,

el honor, la gloria y la alabanza (Ap. 5, 12).

Bendito sea Dios,

Padre de Cristo Jesús nuestro Señor,

que nos bendijo desde el cielo en Cristo,

con toda clase de bendiciones espirituales (Ef. 1, 3).

Bendito sea Dios,

Padre de Cristo Jesús nuestro Señor,

el Padre siempre misericordioso,

el Dios del que viene todo consuelo,

el que nos conforta en todas las pruebas…

de manera que también nosotros

podamos confortar a los que están en cualquier prueba,

comunicándoles el mismo consuelo

que nos comunica Dios a nosotros (2 Cor. 1, 3-5).

Al Dios único,

que nos puede preservar de todo pecado,

y presentarnos alegres y sin mancha

ante su propia gloria,

al único Dios que nos salva

por medio de Cristo Jesús nuestro Señor,

a El gloria, honor, fuerza y poder,

desde antes de todos los tiempos,

ahora y por todos los siglos de los siglos (Jud. 24-25).

A Aquel que puede realizar todas las cosas,

y obrar en nosotros mucho más allá

de todo lo que podemos pedir o imaginar,

a El la gloria, en la Iglesia y en Cristo Jesús,

por todas las generaciones

y todos los tiempos. Amén (Ef. 3, 20-21).

Nosotros hemos encontrado el Amor que Dios nos tiene

y hemos creído en su Amor.

Dios es Amor.

El que permanece en el Amor,

en Dios permanece

y Dios en él (1 Jn. 4, 16).

Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida…,

ni el presente, ni el futuro,

ni las fuerzas del universo…,

ni criatura alguna

podrá apartarnos del amor de Dios,

manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor (Rm. 8, 39).

¡Ven, Señor Jesús! (Ap. 22, 20).

Los discípulos de Jesús XIV – San Simón

Los discípulos de Jesús XIV – San Simón

Ver Enlaces relacionados con “Los discípulos de Jesús”

Introducción:

«Apodado el Zelote (por pertenecer a esa secta) o el Cananeo (por provenir de Caná), aparece en décimo o en undécimo lugar en las listas de apóstoles (Luc. 6, 15 y Mar. 3, 18, respectivamente). Poco sabemos de su vida, pero una tradición señala que predicó el Evangelio en Egipto » (189)

La enciclopedia Wikipedia nos dice que. «antes de unirse a Jesús habría pertenecido al grupo de los zelotes, que luchaban contra Roma.»(190)

Los zelotes eran una «secta judía del primer siglo de la era cristiana. El término se utiliza para identificar los miembros de una asociación político-religiosa y combatiente. Este grupo estuvo involucrado en actos de terrorismo y actividades de guerrillas. Algunos han señalado su parecido en aspectos teológicos con los fariseos. También se ha señalado su fanatismo nacionalista y su oposición a la ocupación romana. Una posible relación es la de ellos con la comunidad de Qumrán» (191)

Según el Nuevo diccionario Ilustrado de la Biblia, Zelote, «proviene del griego, celoso, también transcrito zelota ocelotefa)». Fue «un movimiento político religioso entre los judíos. En las listas de apóstoles, Lucas (Luc 6.15; Hch 1.13) distingue al segundo Simón con el apelativo de “Zelote”, mientras que Mateo (10.4) y Marcos (3.18) le llaman “el cananista”. Este último término es una voz hebrea o aramea que es sinónima de zelote. El movimiento, no mencionado como tal en el Nuevo Testamento, comenzó cuando Judas el galileo encabezó una sublevación contra los romanos en el año 6 d.C. (Hch 5.37), considerándose el sucesor espiritual de los macabeos. Cuando aplastaron la sublevación, los zelotes quedaron como el ala extremista de los fariseos, dispuestos a recurrir a las armas (Sicario) antes que pagar tributo. Los zelotes tomaron parte activa en la gran rebelión de 66–73 d.C. en contra de los romanos, siendo los últimos en ser reducidos en su fortaleza de Masada, cerca del mar Muerto, recientemente investigada por los arqueólogos. Simón debe de haber sido miembro del partido antes de acudir a Jesús.» (192)

Restos de un importante campamento romano en Masada. Desde este lugar los romanos sitiaron a una banda de celotes que estaban atrincherados en la altiplanicie superior.

«Flavio Josefo define a los celotes como un grupo que “concuerda con las opiniones de los fariseos, pero tiene un ardentísimo amor a la libertad y admiten como único jefe y señor a Dios, y no vacilan en sufrir las muertes más terribles y el castigo de parientes y de amigos con tal de no reconocer a hombre alguno”. Luego a una determinada posición religiosa y política unían un talante humano recio, independiente, y nada fácil. Así era Simón. Concretemos más lo que eran los celotes. Este movimiento comienza con una rebelión ante el censo de Quirino hacia el año 6 o 7 después de Cristo. Nacen precisamente en Galilea, pero se extienden a todo el territorio. Fueron reprimidos por la fuerza en diversas ocasiones, pero el fermento celote permanecía siempre latente, tanto en tiempos de Cristo como más tarde en la rebelión violenta ante los romanos el año 66, que llevó a la destrucción total de Jerusalén el año 70. Muchos guerrilleros en activo pertenecían a este movimiento, siendo apoyados, más o menos activamente por muchos otros israelitas. El aspecto religioso era decisivo, y más importante aún el político, aunque estuviesen íntimamente unidos. Se puede decir que les movía un celo fanático por la religión de Israel. Eran decididos, comprometidos, celosos de la ley, algo fanáticos, confiando en una próxima constitución del reino de Dios. Criticaban duramente a los sacerdotes, y se les puede considerar próximos a los fariseos en lo religioso, pero con mayor intransigencia. Lo social también contaba lo suyo entre los celotes. Cuando conquistan Jerusalén el año 66, uno de sus primeros actos es la quema del archivo de la ciudad para aniquilar las deudas y hacer imposible su cobro. Es fácil imaginar la animadversión que tendrían hacia los publicanos desde todos los puntos de vista. Y, contra todo pronóstico, un celote y un publicano forman parte del Colegio Apostólico. Realmente los planes de Dios iban más lejos que las miopías humanas.» (193)

San simón y san Judas Tadeo, apóstoles

Simón, es nombre de varios personajes del Nuevo Testamento (y de un descendiente de Judá en I Cro. 4.20) (194)

1. El principal de los discípulos, hijo de Jonás (Mat.16.17) o (Jn 1.42), a quien Jesús llamó Pedro.

2. Simón el Zelote, otro discípulo (Luc 6.15). Mar. (3.18) y Mat. (10.4) lo llaman «el cananista», pero esto no quiere decir que fuera de Caná o Canaán, sino que es el término arameo que significa «celoso» o «entusiasta». Probablemente pertenecía o simpatizaba con el movimiento judío nacionalista apodado «zelotes». No aparece más en el Nuevo Testamento, aunque una tradición posterior lo identifica con Simón, hijo de Cleofás, a quien menciona Hegesipo.

3. Uno de los hermanos del Señor (Mr. 6.3; Mat. 13.55), a quien algunos identifican con el hijo de Cleofás que mencionan Hegesipo y Eusebio (Historia Eclesiástica III.11.32).

4. Padre de Judas Iscariote (Jn 6.71; 13.2, 26), llamado «Simón Iscariote».

5. Fariseo en cuya casa una pecadora ungió a Jesús (Luc 7.36–50). El incidente se ubica en Galilea, probablemente en Capernaum. Lucas relata que aunque Simón invita a Jesús, no le ofrece una generosa acogida (vv. 44ss). La protesta de Simón por la acción de la mujer ocasiona una reprensión y enseñanza que el Señor da en forma de parábola.

6. Simón el (¿ex?) leproso, en cuya casa en Betania María ungió a Jesús (Mar 14.3–9; cf. Jn 12.1–8). Algunos lo identifican con el No. 5 y consideran estos pasajes como una duplicación, aunque las circunstancias parecen muy distintas.

7. Simón de Cirene, a quien se obligó a llevar la cruz de Cristo al lugar de la ejecución (Mat 27.32; Mr 15.21; Luc 23.26). Probablemente fuera un judío de la dispersión que asistía a la Pascua. Marcos 15.21 lo identifica como padre de Alejandro y de Rufo, probablemente el mismo que se menciona en Ro 16.13.

8. Simón Curtidor, en cuya casa en Jope Pedro «se quedó muchos días» (Hch 9.43; 10.6, 17, 32). Probablemente se trataba de un cristiano de origen gentil, ya que el oficio era poco aceptado entre los judíos.

9. Simón el Mago. Probablemente uno de los muchos engañadores que practicaban la Magia en Samaria, aprovechándose del clima de superstición de la zona (cf. Hch 13.6–12). Lucas lo presenta como convertido (Hch 8.9–24) y no hay razón para dudar de la sinceridad de Simón. La tentación de utilizar la nueva fe para su propia gloria y su antiguo oficio quizá lo dominara (8.18s) y esto origina la reprensión de Pedro. Luego Lucas lo presenta como arrepentido (v. 24). Nada más sabemos de él por el Nuevo Testamento, pero la tradición posterior lo presenta como el primer gran heresiarca, fundador del Gnosticismo. Justino e Ireneo lo consideraron originador de una secta libertina que lo tenía por profeta y divinidad. La literatura seudo epigráfica relata su muerte y desenmascaramiento, pero nada preciso podemos deducir de esta literatura.

10. Simón Níger (latín, negro). Uno de los cinco profetas-maestros de la iglesia de Antioquía (Hch 13.1).

Su bautismo:

No se conocen referencias de cuando fue bautizado

Recepción del Espíritu Santo

Al igual que el resto de los otros discípulos (salvo Judas)

En un lugar donde los discípulos estaban reunidos:(Juan capitulo 20:19-23 )

En Pentecostés, ver Hechos Capitulo 2

Su llamado divino:

«Simón estaba enfermo de una enfermedad similar a la lepra, pero no contagiosa, hasta que fue curado por Jesús. Era amigo de Lázaro de Betania y poseía tierras, las cuales le habían sido arrebatadas cuando fue declarado enfermo.»(195)

«Simón es el último de los elegidos y nada sabemos de sus acciones y palabras en el evangelio. Es más discreto que el mismo Andrés. Hace lo que se le dice y pasa oculto. Hace y calla. La importancia de sus acciones no se juzgará desde las tribunas humanas sino desde el trono celestial.»(196)

Su ministerio y su martirio:

«Por San Fortunato, obispo de Poitiers (del siglo VI), sabemos que fue sepultado en Persia, donde había sido muerto con su compañero San Judas. Una iglesia antigua dedicada a Simón, existía ya entre el siglo VI y el VIII en Nicopsis, en la costa del Mar Negro. La imagen que lo representa recoge una tradición que cuenta que en su martirio fue cortado con una sierra de leñador por los adoradores del sol en Persia.»(197)

«Una tradición abisinia dice que, tras haber realizado el apostolado en Samaria y haber sido luego obispo de Jerusalén, habría sido crucificado. Otras tradiciones, más bien legendarias, señalan que habría evangelizado otras regiones siendo por último decapitado». (198)

«San Simón fue uno de los doce Apóstoles cuya historia es la menos conocida. El Nuevo Testamento se limita solamente a nombrarlo. Según San Lucas (VI. 15), se le denomina con el sobrenombre de Zelote, que significa apasionado, porque antes de seguir a Jesús, había pertenecido al partido que pudiéramos llamar tradicionalista.

Equivale a menudo el termino Zelote, a fervor que siente una persona por la ley judía y su observancia. Flavio Josefo califica este terminó a los judíos del tiempo de Pilatos, que estaban dispuestos a morir antes que faltar a la ley. Por eso los cristianos eran transgresores de la Ley y en este sentido Pablo (Gál. 1.13-14), se designa como zelote que perseguía a los cristianos.

Igualmente San Mateo le llama por el sobrenombre del ” Cananeo “, sin duda porque era natural de la aldea de Cana de Galilea.

Muchos le confunden con el primo de Jesús, hermano de Santiago y Judas Tadeo, que llevaba este nombre.

Según las tradiciones conservadas por el breviario romano, Simón el Cananeo, predico la fe en Egipto, y luego, con el Apóstol San Judas Tadeo, en Mesopotamia, donde en Guanir (Persia), ambos sufrieron el martirio, en forma de crucifixión.

Los Bolandistas (Acta Sanctorum 29 de Octubre), admiten la predicación de San Simón en Persia y Egipto, pero tienen por fabulosa su actuación en otras partes de África y Gran Bretaña.»(199)

«Finalicemos con las palabras del himno litúrgico.

Oh Simón, que movido por un celo divino sigues la huellas de Cristo y lo anuncias con un celo infatigable» (200)

Notas:

(189) http://www.labibliaonline.com.ar/WebSites/LaBiblia/Revista.nsf/Indice/SanSimon?OpenDocument

(190) http://es.wikipedia.org/wiki/Sim%C3%B3n_el_Cananeo

(191) Ramos, Marcos Antonio, Nuevo Diccionario de Religiones Denominaciones y Sectas, (Nashville, TN / Miami, FL: Editorial Caribe Inc., Thomas Nelson, Inc.) 2000, c1998.

(192) Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, op. cit.

(193) http://juaank.tripod.com/id19.html

(194) Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, op. cit.

(195) http://es.wikipedia.org/wiki/Sim%C3%B3n_el_Cananeo

(196) http://juaank.tripod.com/id19.html

(197) http://www.labibliaonline.com.ar/WebSites/LaBiblia/Revista.nsf/Indice/SanSimon?OpenDocument

(198) http://juaank.tripod.com/id19.html

(199) http://esteesmicuerpo.blogspot.com/2007/07/san-simn.html

(200) http://juaank.tripod.com/id19.html

Los discípulos de Jesús XIII -Judas Iscariote

Los discípulos de Jesús XIII -Judas Iscariote

Ver Enlaces relacionados con “Los discípulos de Jesús”

(En hebreo יהודה איש־קריות YəhûḏΚ-ṯ)

«Uno de los apóstoles de Jesús de Nazaret, siguió a su maestro durante su predicación por Judea y Galilea (hoy conocida como Palestina) y, según los Evangelios, fue el apóstol traidor que reveló a los miembros del Sanedrín el lugar donde podían capturar a su Maestro sin que sus seguidores interfiriesen, tal como había anunciado el propio Jesús durante la Última Cena. (Mateo 26:14-75 y Lucas 22:20). El Evangelio de Juan expone un antecedente importante de la traición de Judas: la malversación de fondos. Judas era el tesorero y robaba el dinero destinado a los pobres (Juan 12:6). Según todos los evangelios canónicos, Judas guió a los guardias que arrestaron a Jesús hasta el lugar donde lo encontraron y según los sinópticos, les indicó quién era besándole (Marcos 14:43-46). Por su traición fue recompensado con treinta siclos de plata (Mateo 26:15), pero al poco tiempo se arrepintió de sus actos, intentó devolver las monedas a los sacerdotes que se las habían dado, y al no aceptarlas éstos, las arrojó en el templo. Luego, desesperado ante la magnitud de su delación, se suicidó ahorcándose (Mateo 27:5) de un árbol (abril de 29–33).» (1)

«Posiblemente Iscariote se deriva del hebreo, ish queriyot que significa varón de Queriot» (2)

Según explica el Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, «Judas se distingue del otro discípulo del mismo nombre por la referencia a su origen, Queriot (Jos 15.25; Queriyyot JesroŒn, en BJ), ciudad situada 19 Km. al sur de Hebrón; era, pues, el único apóstol oriundo de Judea. Fue hijo de Simón Iscariote (Jn 6.71), y, al mencionarse en la lista oficial de los apóstoles (Mar 3.16–19//), siempre es el último, no sin algún calificativo como “el que entregó (a Jesús)”. Es de suponer que participara en la labor y misiones de los discípulos, ya que se dice que era “uno de los doce” (Mar 14.10–20; Jn 6.71; 12.4), y además el tesoro del grupo, quizás a causa de su capacidad administrativa (Jn 12.6).

El evangelista Juan revela que Jesús distinguía a Judas de los demás discípulos. Estos caían en muchas equivocaciones, pero nunca se cuestionó su amor; en cambio, con referencia a Judas, Jesús comenta:

“¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?” (Jn 6.70s RVA 1960).

Para entender la acción de Judas en la víspera de la pasión (véase también «Sus móviles», a continuación) es necesario recordar que el sanedrín había determinado la muerte de Jesús, pero que, por temor de un alboroto de la multitud, buscaba la manera de prenderle secretamente (Mr 14.1s; Luc 22.2; Jn 12.10s, 17ss). La costumbre de Jesús de retirarse al monte de los Olivos proporcionó a Judas la oportunidad de hacer a los principales sacerdotes una oferta que estos no rechazarían (Mr 14.10s). En la escena de la unción de Jesús en Betania se revela el hecho de que Judas era ladrón y no podía comprender la devoción de María por Jesús (cf. Jn 12.1–8 con Mar 14.1–9).

Cada evangelista trata de manera diferente el tema del traidor que ensombrecía la cena, excepto Lucas que lo omite. El Señor predice tres veces el hecho en términos generales, pero la entrega del “pan mojado” que Jesús hace a Judas (señal de distinción especial, entendida solo por Juan y posiblemente Pedro), suele interpretarse como una última apelación a la conciencia del traidor (Mat 26.21–25; Mr 14.18–21; Jn 13.21–30). Cuando falla esto, Jesús aconseja rapidez en la ejecución del plan funesto (Jn 13.27). Con gran tropel de gente (cohorte romana, guardia del templo, alguaciles y miembros del sanedrín), Judas va al huerto de Getsemaní y besa a Jesús (Mr 14.43ss//; Jn 18.2–9). Entre los evangelistas, solo Mateo menciona el remordimiento y suicidio de Judas, pero Lucas intercala en el discurso de Pedro una referencia posterior a la tragedia (Hch 1.18s). Según Mateo, Judas devolvió arrepentido las treinta piezas de plata (cf. Zac 11.12) a los sacerdotes, pero estos se lavaron las manos del asunto, aunque determinaron emplear “el precio de sangre” en comprar el campo del alfarero para sepultar allí a los extranjeros. Judas salió y se ahorcó (Mr 27.3–10). La nota parentética de Hch 1.18s atribuye la compra del campo a Judas, y su nombre Acéldama (campo de sangre) al hecho de que Judas cayó allí y se reventó. Las dos explicaciones armonizan.

La psicología y trayectoria de Judas ofrecen uno de los misterios más profundos de la Biblia. No menos difícil de determinar el porqué de su elección como apóstol, los propósitos divinos y la intervención de Satanás, ya que no puede haber una solución simplista. He aquí algunas observaciones al respecto:

1. Es de suponer que Jesús atrajo a Judas y este le confesó con los demás como Mesías.
2. Parece difícil creer que se hubiera rendido personalmente al Señor, ya que Cristo lo llama (instrumento del) Diablo (Jn 6.70; cf. 17.12; véanse también Luc 22.3; Jn 13.2, 27; Hch 1.25).
3. La participación en el ministerio de los doce corresponde a un acto soberano de Dios (cf. el caso de Balaam). Judas es el apóstata que profesa la verdad que traiciona deliberadamente, y Jesús no lo ignora (Jn 6.64).

4. El idealismo mesiánico de Judas podía ser real, pero, al ver que el Maestro excitaba el antagonismo de los líderes de la nación, su mente sin regenerar no veía solución. Por fin Judas, satánicamente inspirado, codicia hasta el dinero.

5. Su “arrepentimiento” fue metaméleia, “cambio de parecer”, y no metánoia, “cambio de mente (o corazón)”, y el remordimiento le mostró que lo había perdido todo sin recompensa alguna. La elección de Judas como instrumento predeterminado en el plan divino (Hch 2.23) no le excusa de su delito, ya que, si se hubiera humillado ante Dios, se habría salvado y Dios habría utilizado otros medios.» (3)
Judas,era junto con Mateo el único apóstol instruido del grupo. El resto eran pescadores y campesinos

Bautismo:

No se conocen referencias del momento en que fue bautizado

Ministerio:

Era el tesorero del grupo, pero la Biblia nos dice que era ladrón.
«Es de suponer que participó de la labor y misiones de los discípulos, ya que se dice era “uno de los doce”, y además era el tesorero del grupo, quizás a causa de su capacidad administrativa. Juan lo denomina “ladrón”, en el sentido de que se apropiaba del dinero que se le confiaba. En la escena de unción de Jesús en Betania se revela el hecho de que Judas era ladrón y no podía comprender la devoción de María, la hermana de Lázaro, por Jesús.»(4)

Recepción del Espíritu Santo:

No participó de ningún acto de recepción del Espíritu Santo, ya que se suicidó antes de la resurrección de Jesús, y del evento de Pentecostés.

Por su testimonio, deducimos que nunca se convirtió verdaderamente.

La traición de Judas:

«Jesús profetiza la traición de su apóstol incluso antes de estar en Jerusalén. Después de la multiplicación de los panes enseña en la sinagoga de Cafarnaún. Sus palabras no son bien entendidas por sus discípulos que llegan a criticar las palabras del Señor. Juan nos cuenta (6, 64) que Jesús entre otras cosas dice: “Pero entre vosotros hay algunos que no creen” (Jesús ya sabía desde el principio quienes eran los que creían y quién lo iba a traicionar).Y durante la última cena dice: “Os aseguro que uno de vosotros me entregará” (Mateo 26, 21). De hecho, Juan nos cuenta que antes de anunciar la traición de Judas, Jesús dice: “Os lo digo ahora antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy el que soy”. Vemos pues que Jesús sabía de la traición de Judas y no solo la profetiza sino que lo hace para que cuando suceda sepamos que “yo soy el que soy”. Marcos (14, 10-11) nos cuenta como ocurrió esta traición: “Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los sumos sacerdotes para poner en sus manos a Jesús. Ellos, al oírlo, se alegraron mucho y prometieron darle dinero. Y él buscaba oportunidad de entregarlo”. Todos conocemos la actuación de Judas en el prendimiento de Jesús y su posterior arrepentimiento y suicidio.»(5)

«En un foro de yahoo a la pregunta si Judas Tadeo = Judas Iscariote, un comentarista responde acerca de Judas la siguiente información: Judas Iscariote, hijo de Simón y apóstol infame que traicionó a Jesús. La Biblia suministra poca información directa sobre su familia y sus antecedentes. Tanto él como su padre se llamaban Iscariote. (Luc 6:16; Jn. 6:71.) Por lo general se ha entendido que este término indicaba que eran de Queriyot-hezrón, un pueblo de Judea. De ser así, entonces Judas era el único de los doce apóstoles que procedía de Judea, ya que los demás eran galileos. La primera vez que se menciona a Judas en los relatos evangélicos es en la lista de los apóstoles, algún tiempo después de la Pascua de 31 d.C. y alrededor de un año y medio después que Jesús empezó su ministerio. (Mar 3:19; Luc 6:16.) Es lógico pensar que Judas había sido discípulo por cierto tiempo antes de que Jesús le hiciese apóstol. Aunque muchos escritores presentan una imagen totalmente negativa de Judas, es obvio que durante un tiempo fue un discípulo favorecido por Dios y por Jesús, como lo prueba su elección para apóstol. Además, se le confió el cuidado del dinero que tenían en común Jesús y los doce, lo que habla favorablemente de su confiabilidad en aquel tiempo y de sus aptitudes y cultura, pues aunque Mateo tenía experiencia en la administración de dinero y en matemáticas, no recayó en él esta responsabilidad. (Jn 12:6; Mat 10:3.) Sin embargo, Judas se corrompió por completo y sin remisión alguna. Esta debe ser la razón por la que se le coloca el último en la lista de los apóstoles, y se le llama Judas “que más tarde lo traicionó” o “que se volvió traidor”. (Mat 10:4; Luc 6:16.) »(6)

Intentos de reivindicación contemporánea de Judas, mediante obras literarias. (7)

En el siglo XX, algunos autores ensayaron, como ejercicio de ingenio o por convicción sincera, la posible reivindicación del personaje. Así, en el año 1944 Jorge Luis Borges publica el cuento Tres versiones de Judas, en el que presenta a un teólogo convencido de que Dios no encarnó en Cristo, sino en Judas. Posteriormente Juan Bosch, en su libro de 1955 Judas Iscariote el calumniado, revisa la tradición evangélica sobre el personaje, presentándolo como víctima de una interpretación errónea de los hechos.

En el año 2006, esta lectura positiva de Judas cobra nuevos bríos con la publicación en abril de la traducción del Evangelio de Judas, un texto gnóstico que data posiblemente del siglo II. Según este texto, el propio Jesucristo pidió a Judas que lo traicionara, a lo cual Judas cumplió la orden como supremo acto de obediencia. Para los gnósticos esto representaba un acto sagrado, pues ayudaba a liberar del cuerpo el Espíritu Santo de Jesucristo.

Representaciones de Judas en el cine (8)

Año

Película

Director

Actor

2004

La Pasión de Cristo

Mel Gibson

Luca Lionello

2004

Judas & Jesús

Charles Robert Carner

Jonathan Scarfe

1988

La última tentación de Cristo

Martin Scorsese

Harvey Keitel

1977

Jesús de Nazareth

Franco Zeffirelli

Ian McShane

1973

Jesucristo Superstar

Norman Jewison

Carl Anderson

1954

El beso de Judas

Rafael Gil

Rafael Rivelles

1927

Rey de reyes

Cecil B. DeMille

Joseph Schildkraut

“La Desesperación”, Capilla de la Arena.

Judas traiciona a Jesús con un beso,

Ya sólo el nombre de Judas suscita entre los cristianos una instintiva reacción de reprobación y de condena. El significado del apelativo «Iscariote» es controvertido: la explicación más utilizada dice que significa «hombre de Queriyyot», en referencia al pueblo de origen, situado en los alrededores de Hebrón, mencionado dos veces en la Sagrada Escritura (Cf. Jos.15:25; Am. 2:2). Otros lo interpretan como una variación del término «sicario», como si aludiera a un guerrillero armado de puñal, llamado en latín “sica”. Por último, algunos ven en el apodo la simple trascripción de una raíz hebreo-aramea que significa: “aquel que iba a entregarle”. Esta mención se encuentra dos veces en el cuarto Evangelio, es decir, después de una confesión de fe de Pedro (Cf. Jn. 6:71) y después durante la unción de Betania (Cf. Jn. 12:4). Otros pasajes muestran que la traición estaba en curso, diciendo: «aquel que le traicionaba», como sucede durante la Última Cena, después del anuncio de la traición (Cf. Mat. 26, 25) y después en el momento en que Jesús fue arrestado (Cf. Mat. 26:46,48; Jn. 18:2,5). Sin embargo, las listas de los doce recuerdan la traición como algo ya acontecido: “Judas Iscariote, el mismo que le entregó”, dice Mar. 3:19; Mat. 10:4 y Luc 6:16 utilizan fórmulas equivalentes. La traición, en cuanto tal, tuvo lugar en dos momentos: ante todo en su fase de proyecto, cuando Judas se pone de acuerdo con los enemigos de Jesús por treinta monedas de plata (Cf. Mat. 26:14-16), y después en su ejecución con el beso que le dio al Maestro en Getsemaní (Cf. Mat. 26:46-50). De todos modos, los evangelistas insisten en que le correspondía plenamente su condición de apóstol: es llamado repetidamente «uno de los doce» (Mat. 26:14.47; Mar. 14:10.20; Jn. 6:71) o “del número de los doce” (Luc. 22:3). Es más, en dos ocasiones, Jesús, dirigiéndose a los apóstoles y hablando precisamente de él, le indica como “uno de vosotros” (Mat. 26:21; Mar. 14:18; Jn. 6:70; 13, 21). Y Pedro dirá que Judas “era uno de los nuestros y obtuvo un puesto en este ministerio” (Hch. 1:17).

Se trata, por tanto, de una figura perteneciente al grupo de aquellos a los que Jesús había escogido como compañeros y colaboradores cercanos. Esto plantea dos preguntas a la hora de explicar lo acaecido. La primera consiste en preguntarnos cómo es posible que Jesús escogiera a este hombre y confiara en él. De hecho, si bien Judas es el ecónomo del grupo (Cf. Jn.12:6b; 13:29a), en realidad también se le llama “ladrón” (Jn.12:6a). El misterio de la elección es todavía más grande, pues Jesús pronuncia un juicio muy severo sobre él: «¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!» (Mat. 26:24). Este misterio es todavía más profundo si se piensa en su suerte eterna, sabiendo que Judas “fue acosado por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo: “Pequé entregando sangre inocente”” (Mat.27:3-4). Si bien él se alejó después para ahorcarse (Cf. Mat. 27:5), a nosotros no nos corresponde juzgar su gesto, poniéndonos en lugar de Dios, quien es infinitamente misericordioso y justo.

Una segunda pregunta afecta al motivo del comportamiento de Judas: ¿por qué traicionó a Jesús? La cuestión suscita varias hipótesis. Algunos recurren a la avidez por el dinero; otros ofrecen una explicación de carácter mesiánico: Judas habría quedado decepcionado al ver que Jesús no entraba en el programa de liberación político-militar de su propio país. En realidad, los textos evangélicos insisten en otro aspecto: Juan dice expresamente que “el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle” (Jn. 13:2); del mismo modo, Lucas escribe: “Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los doce” (Luc. 22:3). De este modo, se va más allá de las motivaciones históricas y se explica lo sucedido basándose en la responsabilidad personal de Judas, quien cedió miserablemente a una tentación del Maligno. En todo caso, la traición de Judas sigue siendo un misterio. Jesús le trató como a un amigo (Cf. Mat. 26:50), pero en sus invitaciones a seguirle por el camino de las bienaventuranzas no forzaba su voluntad ni le impedía caer en las tentaciones de Satanás, respetando la libertad humana. De hecho, las posibilidades de perversión del corazón humano son realmente muchas. El único modo de prevenirlas consiste en no cultivar una visión de la vida que sólo sea individualista, autónoma, sino en ponerse siempre de parte de Jesús, asumiendo su punto de vista. Tenemos que tratar, día tras día, de estar en plena comunión con Él. Recordemos que incluso Pedro quería oponerse a Él y a lo que le esperaba en Jerusalén, pero recibió una fortísima reprensión:

“¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres” (Mar. 8:32-33)

La Tumba de Jesús vacía

Tras su caída, Pedro se arrepintió y encontró perdón y gracia. También Judas se arrepintió, pero su arrepentimiento degeneró en desesperación y de este modo se convirtió en autodestrucción. Es para nosotros una invitación a recordar siempre lo que dice san Benito al final del capítulo V, fundamental, de su “Regla”: “no desesperar nunca de la misericordia de Dios”. En realidad, “Dios es mayor que nuestra conciencia”, como dice san Juan (I Jn.3:20). Recordemos dos cosas:

a.La primera: Jesús respeta nuestra libertad.
b. La segunda: Jesús espera que tengamos la disponibilidad para arrepentirnos y para convertirnos; es rico en misericordia y perdón.

De hecho, cuando pensamos en el papel negativo que desempeñó Judas, tenemos que enmarcarlo en la manera superior con que Dios dispuso de los acontecimientos. Su traición llevó a la muerte de Jesús, quien transformó este tremendo suplicio en un espacio de amor salvífico y en la entrega de sí mismo al Padre (Cf. Gál.2:20; Ef. 5:2-25). El verbo “traicionar” es la versión griega que significa “entregar”. A veces su sujeto es incluso el mismo Dios en persona: él mismo por amor “entregó” a Jesús por todos nosotros (Cf. Ro. 8:32). En su misterioso proyecto de salvación, Dios asume el gesto injustificable de Judas como motivo de entrega total del Hijo por la redención del mundo. Al concluir, queremos recordar también a quien, después de Pascua, fue elegido en lugar del traidor. En la Iglesia de Jerusalén se presentaron dos a la comunidad, y después sus hombres fueron echados a suerte:

“José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y Matías” (Hch. 1:23).
Precisamente este último fue el escogido, y de este modo “fue agregado al número de los doce apóstoles” (Hch. 1:26).

No sabemos nada más de él, a excepción de que fue testigo de la vida pública de Jesús (Cf. Hch. 1:21-22), siéndole fiel hasta el final. A la grandeza de su fidelidad se le añadió después la llamada divina a tomar el lugar de Judas, como compensando su traición.» (9)

En un portal de la fe católica llamado semanasantacriptana.com, en una nota que analiza la vida de Judas Iscariote, comenta que: «Hay multitud de versiones por las que Judas traicionó a su maestro. ¿Estaba Judas predestinado a traicionar a Jesús o fueron los acontecimientos los que llevaron a Judas a vender a su maestro?    -Fue un traidor desde el principio. Los celos y la envidia corroían su alma y robaba del dinero común que administraba de todos los apóstoles.  -Jesús, al principio, lo consideró potencialmente seguidor y discípulo. Ninguna otra presuposición haría justicia al carácter del Señor, y a sus repetidos llamamientos a Judas. Actuó por avaricia, treinta siclos de plata equivalían a 120 denarios, el precio de un esclavo. -Era un nacionalista exacerbado que pretendía una revuelta popular contra los romanos. Pensaba que Jesús en un momento dado lideraría al pueblo y usaría su poder divino para ello. Para entender la acción de Judas en la víspera de la pasión es necesario recordar que el sanedrín había determinado la muerte de Jesús, pero que, por temor de un alboroto de la multitud, buscaba la manera de prenderle secretamente. La costumbre de Jesús de retirarse al monte de los Olivos proporcionó a Judas la oportunidad de hacer a los principales sacerdotes una oferta que estos no rechazarían. Judas les dijo:

“¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré?”

Ellos le dieron 30 monedas de plata, lo que equivalía al precio de un esclavo o a unas cuatro veces el salario de un campesino. Ya en la última cena, Jesús señala a Judas como traidor diciéndole:

“Lo que vayas a hacer, hazlo pronto”.

Judas se va del lugar para encontrarse con los sacerdotes. En el huerto de Getsemaní Judas señala a su maestro mediante un beso, mientras Jesús le dice: -¡Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre!-Judas al ver lo que ha hecho, se derrumba y vuelve desesperado al sanedrín para devolver las 30 monedas. Les dice que entregó sangre inocente pero ellos le ignoran. Les tira las monedas, y desesperado se va de allí. El único alivio ante lo que ha hecho es desaparecer…, y se suicida ahorcándose en una higuera.» (10)

El evangelio según Judas (11)

«Al parecer los escándalos teológicos están de moda. Ahora se trata de Judas Iscariote.  “National Geografic” se ha propuesto reivindicarlo, porque supone verosímil  la versión del Evangelio según Judas, que data 300 años D.C. La tesis es divulgar que Judas no traicionó a Jesús, sino que El Señor pidió ser traicionado, para que se cumplieran sus fines religiosos. Esta es una versión distinta a la de los Evangelios canónigos, pero adolece de parcialidad, omite que existen otras  versiones del evangelio  de Judas; sus pruebas son inconsistentes, porque, ni la antigüedad del documento, ni los misterios detectivescos sobre su origen, prueban que Judas sea su autor, ni demuestra que el texto no sea otra  falsificación.  Según el Evangelio de Marcos, existe una advertencia significativa de Jesús, sobre la traición
“¡Ay de aquel hombre por quien el hijo del hombre será entregado mejor le fuera a aquel hombre, no haber nacido!  (Mar. 14:21)”

Esta no parece la actitud de  quien pide ser traicionado. Es extraño que el reportaje la haya olvidado, para decir que Judas no era considerado traidor, antes del Evangelio de Juan. Lo cual indica parcialidad porque  el beso de Judas, que es la representación emocional de la traición aparece en Mar.14:43,52, Mat. 26:47-56, Luc.22:47-52

Lo que sí es cierto es que Juan, quien describe el carácter de Judas, dice que Judas Iscariote criticó la unción de María de Betania porque era ladrón y llevando él la bolsa hurtaba, de lo que en ella  echaban (Jn.12:2-8) Después Jesús es juzgado por el Sanedrín violando las propias leyes judías, condenado por Caifás y entregado a los romanos para ser crucificado. Judas se arrepiente y su actitud no es compatible con la de alguien que cumple una tarea sagrada a petición de la víctima. Judas cae bajo la maldición del Deuteronomio

“Maldito quien reciba dones para herir de muerte una vida
Los judíos, ante sus remilgos de conciencia, le dicen que ese es su problema. Judas devuelve las monedas que le pagaron y se ahorca. (Mat. 27:3-10). El reportaje se parcializa cuando omite que la crucifixión es el resultado de una cadena de hechos que se inicia con la delación de Judas. El reportaje de National Geografic no presenta el texto completo, lo que no permite hacer comparaciones, por otra parte  omite que existen dos versiones más de un Evangelio según Judas escrito por la secta de los cainitas, llamados así porque se dedicaron a exaltar a los personajes negativos de las escrituras, escribiendo evangelios apócrifos. También escribieron el Evangelio según Caín. (Emil G. Kraeling, Los Discípulos, Plaza Janes Barcelona 1968) ¿No será este el Evangelio de National Geografic? Los cainitas eran parte de una corriente gnóstica, que era la forma dominante del cristianismo en el alto Egipto. Paul Johnson en su libro Historia del Cristianismo consigna que eran una especie de parásitos espirituales que falsificaban documentos de otros grupos religiosos para promover su ideología.

Otra versión del Evangelio según Judas, proviene de  unos Papiros encontrados  en las ruinas de Herculano, de la cual existe una versión moderna escrita por Petrucelli Della Gattina, conocida como Las Memorias de Judas

Publicada en París en 1866.  En este texto Judas aduce que Jesús sospechaba que él iba a traicionarlo. Pero que esto no era así. Dice que fue al huerto de los Olivos para decirle a Jesús que un consejo popular judío deseaba salvarle, (Deseaban que liderase  una insurrección contra los romanos). En ese momento llegaron los romanos y según Judas, los seguidores de Jesús pusieron pies en polvorosa, menos él por supuesto. Judas para salvarlo se le acerca  y le dice al oído que negara ser quien era. Pero Jesús no acepta y es apresado.    Es por eso que Renán, el ateo, y  Strauus  en su Vida de Jesús, asumen como verdadera la versión de Judas y sostienen  que este hecho fue el que originó todos los absurdos de los evangelistas contra Judas; también ataca a San Juan  diciendo que entre ellos había una rivalidad.

Es conveniente decir que no solo el Evangelio de Juan, considera a Judas como traidor,  también  lo hace  el Evangelio de Nicodemo un supuesto testigo del juicio de Jesús. El copista data el texto para la misma época en que se cree que se escribió el Evangelio de Judas. También lo hace el Evangelio según San Pedro, que es más antiguo que  el Evangelio de Judas. Ambos tienen un sesgo contra los judíos. Por lo que decir que el texto es verdadero porque es antiguo, sin confirmar si es apócrifo o no, es una perogrullada, basura ideológica para ingenuos, propaganda anticatólica.

El  reportaje también omitió que la traición de Judas  cunde como el pánico en una conciencia  aterrada, porque cada uno de los apóstoles tuvo a su Judas, a excepción de Juan, el hijo de Zebedeo,  promotor de la imagen de Judas como traidor. Pedro tuvo a su “Judas” en Simón el Mago y en Albino Consejero de Agripa, debido a que Pedro convirtió al Cristianismo a una concubina llamada Jantipa; debido a esto fue crucificado. Tomás tuvo a su “Judas” en Carisio, quien pidió al rey que lo asesinara porque había convertido a su esposa Migdonia, y esta actuaba como una persona y no era una cosa. Lo atravesaron con cuatro lanzas; Santiago, el hijo de Zebedeo, encontró a su “Judas” en el sumo sacerdote Abiatar, quien por medio del soborno levantó un motín contra Santiago, por lo que Herodes Agripa lo decapitó. Matías,el apóstol que sustituyó a Judas Iscariote, tuvo a su “Judas” en el rey Bulfano, quien lo mandó a quemar  incitado por un soldado que tenía nombre de demonio, Asmodeo, a pesar de que Matías salvó a su esposa y a su hija;  Andrés encontró a su “Judas” en el Procónsul Agrates, quien estaba dispuesto a suicidarse si su esposa fallecía, pero Andrés logró  salvarla. En agradecimiento Agrates lo crucificó;Felipe encontró a su “Judas” en Nicanora, la esposa del Procónsul Romano, quien después de haberla curado de la vista, le produjo grandes dificultades con su esposo; quien lo mandó a colgar de un gancho cabeza abajo.

Bartolomé encontró a su “Judas” en Orgoi, una hermana del rey de Persia, primero fue desollado vivo y después crucificado.  El “Judas” de Mateo fue Hirtaco, quien le pidió que intercediera para que Ifigenia, la abadesa de un convento, abandonara sus votos y se casara con él. Mateo se negó e Hirtaco mandó a sus secuaces a que lo apuñalaran  frente al altar.  Santiago, hijo de Alfeo,  encontró a su “Judas” en  Ananías que reunió al Sanedrín y lo condenó a ser lapidado. A pesar de que Ananías fue destituido como sumo sacerdote por esto, sus seguidores ejecutaron la sentencia cuando Santiago se dirigía a la muchedumbre en las almenas del templo; Simón,  y Judas de Santiago, (Marcos: 6, 3)  tuvieron de “Judas” a los magos Zaroes y Arfaxat, a pesar de que ellos le salvaron la vida, los persiguieron por toda Persia hasta que lograron traicionarlos para que el pueblo les diera muerte por no adorar a dioses paganos.

El único que no tuvo a su “Judas” fue Juan, quien murió en la más extrema ancianidad y nos dio la versión de Judas como traidor.  Pienso  que el único argumento válido que posee  National Geografic es que su propaganda anticatólica  tiene  más de 20 millones de receptores y hacer llegar otra opinión con tanta difusión es improbable. Por lo demás, opino  que la batalla ideológica por reivindicar a Judas Iscariote, la gana San Juan, porque National Geografic tendrá  que ensillar un gallote»

Como nota de actualidad en nuestro país, cito una reflexión personal del Padre Christian Federico Von Wernich desde su Monasterio-Cárcel de Marcos Paz, del día martes 9 de Octubre del 2007. Este sacerdote católico acusado de colaborar con la junta militar represora, escribió el siguiente comentario acerca de Judas, relacionándolo con su proceso político judicial: «Recordemos que aquel “Judas se arrepintió y lleno de remordimiento, devolvió las 30 monedas de plata diciendo “He pecado entregando sangre inocente”. Ellos respondieron (los Sumos Sacerdotes y los Ancianos) “que nos importa, es asunto tuyo”. Entonces él (Judas) arrojando las monedas en el Templo, salió y se ahorcó” (Mat. 27:3-6). Así fue el fin de Judas Iscariote 2000 años atrás, triste fin de un traidor, pero con algo muy importante en su actitud: se arrepintió. Se arrepintió de su mentira que llevó a la condena a un inocente, pero a pesar de esa actitud su nombre Judas es sinónimo de traición, de mentira, de negociado humano, de muerte.»(12)

Un párrafo antes este sacerdote escribió en la misma nota que «así como todo comenzó con una traición y sabemos cómo terminó, también hoy día pasa. Frente a esa realidad, alma y fruto de una traición, Jesucristo nos advirtió que nosotros la sufriríamos y dijo:“gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo” (I Pe. 5:14 RVA 1960)

También “Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.” (Jn.15:20 RVA 1960)

“¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien? Más también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.” (I Pe. 3:13-17 RVA 1960)

Pasaron más de 2000 años de aquel Judas y ahora nuevos Judas se presentan cada día –con o sin 30 monedas de plata en sus manos- en los “Tribunales Populares” llamados “Tribunales” tratando de difamar y ensuciar a los que sirven al Señor desde el ministerio Sacerdotal con toda clase de mentiras. Aquel Judas fue un “instrumento” permitido por Dios, para llevar a término Su Plan en su Hijo Jesucristo Nuestro Señor. Los nuevos Judas, los que ahora nos han “vendido” también están siendo “instrumentos” permitidos por Dios para llevar a los “Tribunales” a sus elegidos y tratar de “probarlos” en la humildad, en la humillación, en el sufrimiento, en su santidad, en su fortaleza y en su consagración a Jesucristo, en su vida toda ya pública o privada. “Acusar y mentir”, ese es el lema de los Judas 2007.- De estos nuevos Judas podemos decir que “acá hay uno que está preñado de malicia, concibe maldad y da a luz la mentira” (Sal. 7:15) Pero el verdadero Tribunal, el de Dios, será el lugar donde la verdad saldrá a la luz y allí entonces se conocerá que “fuimos vendidos” y el valor de esa transacción, que ahora desconocemos desde lo material, pero si conocemos desde la impunidad de la mentira que a diario desparraman y que producen un gran dolor en Cristo que nos dijo que era “el Camino, la Verdad y la Vida”.» (13)

Lamentablemente, este sacerdote católico se equivoca cuando opina que Judas se arrepintió. Al menos, no fue el arrepentimiento para cambio de vida, del cual nos habla la Biblia (metanoea), solo fuertes remordimientos de conciencia, una gran amargura se agarro la ver que se había equivocado, que había entregado a un inocente. Pedro, si se arrepintió de verdad de haber negado a Jesús, y por eso el Señor luego lo restauró.

Notas:

(1) http://es.wikipedia.org/wiki/Judas_Iscariote(2) http://piloobandocr.com/index2.php?id=verArticulo&art=868
(3) Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, op. cit.
(4) http://www.semanasantacriptana.com/jesus/personas/judasiscariote.htm

(5) http://www.lastresnegaciones.org/documentos/otras_profecias.pdf
(6) http://mx.answers.yahoo.com/question/index?qid=20071230131812AAzfplu
(7) http://es.wikipedia.org/wiki/Judas_Iscariote
(8) Ibíd.
(9) http://www.zenit.org/article-21452?l=spanish
(10) http://www.semanasantacriptana.com/jesus/personas/judasiscariote.htm
(11) http://www.tragaluzpanama.com/02/literatura/ensayos_06.html
(12) http://radiocristiandad.wordpress.com/2007/10/10/carta-del-padre-christian-federico-von-wernich/
(13) Ibíd.

Los discípulos de Jesús XII – San Judas Tadeo.

Los discípulos de Jesús XII – San Judas Tadeo.

Ver Enlaces relacionados con “Los discípulos de Jesús”

«El Evangelio lo menciona como “hijo de Santiago” (Luc.6:16) y como “hermano” del Señor, de Santiago, de José y de Simón (Mar. 6:13; Mat.13: 55). Ocupa el último lugar en la enumeración de los Doce que figura en Hch. 1:13. Es el autor de una Epístola canónica, en la que se presenta a sí mismo como “servidor de Jesucristo”, y “hermano de Santiago” (el Menor), (Judas. 1:1). Según la tradición -que es más bien tardía, y que fue recogida desde el siglo VIII en el Martirologio Romano- predicó el Evangelio en Mesopotamia y luego marchó con Simón a Persia, donde ambos sufrieron juntos el martirio.» (156)

En el portal de yahoo respuestas, a la pregunta de si Judas Tadeo = Judas Iscariote, un comentarista responde « El nombre Judas era bastante común, porque en la Biblia se registra a siete diferentes personas con ese nombre:

1. Antepasado de Jesús por el linaje de María que pertenecía a la línea de Natán; fue hijo de José y padre de Simeón. (Luc 3:30, 31.)

2. Judas el galileo, al que se refirió Gamaliel cuando se dirigió al Sanedrín. (Hch 5:37.) En el tiempo de la inscripción que llevó a cabo Quirinio, en el año 6 d.C., Judas encabezó una sublevación judía. Josefo informa que “incitó a la rebelión a los nativos…. Este sofista fundó una secta particular, que no tenía nada de común con las demás”. (La Guerra de los Judíos, libro II, cap. VIII, sec. 1.)

3. Uno de los doce apóstoles, llamado también Tadeo y “Judas hijo de Santiago”. En las listas de los apóstoles registradas en Mat. 10:3 y Mar. 3:18, se menciona juntos a Santiago, el hijo de Alfeo, y a Tadeo; mientras que en Luc. 6:16 y Hch. 1:13 Tadeo no está incluido y en su lugar aparece “Judas hijo de Santiago”, porque Tadeo era otro nombre con el que se conocía al apóstol Judas.

4. Judas Iscariote, hijo de Simón y apóstol infame que traicionó a Jesús. La Biblia suministra poca información directa sobre su familia y sus antecedentes. Tanto él como su padre se llamaban Iscariote. (Luc 6:16; Jn 6:71.)

5. “Esclavo de Jesucristo, pero hermano de Santiago.” De esta manera se introduce a sí mismo el escritor de la carta inspirada que lleva su nombre. Judas debió ser uno de los cuatro medio hermanos de Cristo Jesús. (Mat 13:55; Mr 6:3.) Sin embargo, no intenta aprovecharse de su relación familiar con el Hijo de Dios, sino que humildemente se llama a sí mismo un “esclavo de Jesucristo”.

6. Hombre de Damasco domiciliado en la calle Recta. Mientras Saulo (Pablo) estaba ciego, inmediatamente después de su conversión, se alojó en la casa de Judas, y allí lo visitó Ananías para imponerle las manos. (Hch 9:11, 17.)

7. Judas, llamado también Barsabás, fue uno de los dos discípulos enviados por el cuerpo gobernante, que estaba en Jerusalén, para acompañar a Pablo y Bernabé cuando llevaron la carta relacionada con el asunto de la circuncisión (c. 49 d.C.). Tanto a Judas como a su compañero Silas se les tenía por “varones prominentes entre los hermanos”. (Hch 15:22.).» (157)

«También llamado “Judas de Santiago” o Simplemente “Tadeo”. “Judas” es una palabra hebrea que significa: “alabanzas sean dadas a Dios”. No se sabe a ciencia cierta de dónde viene el sobrenombre Tadeo y se explica como proveniente del arameo taddà’, que quiere decir “pecho” y por tanto significaría “magnánimo”, o como una abreviación de un nombre griego como Teodoro o Teódoto. Nació en Caná (Galilea), se dice que murió en Beirut, aunque otros relatos afirman que él y San Simón sufrieron el martirio en Suanis (Persia), aproximadamente en el año 62 de nuestra era. Según dice la Biblia fue hermano del apóstol Santiago el Menor, y primo de Jesucristo. » (158)

«Por lo que se refiere a Judas Tadeo, recibe este nombre de la tradición, uniendo dos nombres diferentes: mientras Mateo y Marcos le llaman simplemente «Tadeo» (Mat. 10:3; Mar 3:18), Lucas lo llama «Judas de Santiago» (Luc. 6,16; Hch. 1:13)… De él se sabe poco. Sólo Juan presenta una petición que planteó a Jesús durante la Última Cena. Tadeo le dice al Señor: « Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?». Es una pregunta de gran actualidad, que también nosotros le preguntamos al Señor: ¿por qué no se ha manifestado el Resucitado en toda su gloria a los adversarios para mostrar que el vencedor es Dios? ¿Por qué sólo se ha manifestado a sus discípulos? La respuesta de Jesús es misteriosa y profunda. El Señor dice: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él» (Juan 14, 22-23). Esto quiere decir que el Resucitado tiene que ser visto y percibido con el corazón, de manera que Dios pueda hacer su morada en nosotros. El Señor no se presenta como una cosa. Él quiere entrar en nuestra vida y por ello su manifestación implica y presupone un corazón abierto. Sólo así vemos al Resucitado.» (159)

La Enciclopedia Ger comenta que «La tradición antigua afirma que T. y Judas de Santiago son una misma persona, que es denominada Judas Tadeo o Lebeo (Orígenes: PG 14,1016; Tertuliano: PL 1,1308). Y se apoya en los textos citados de Mat y Mar. A esto oponen algunos exegetas el hecho de que S. Lucas le llame «Judas de Santiago». Y arguyen que en el N. T., cuando se trata de parentesco expresado por un genitivo después de un nombre, se quiere consignar una relación no de fraternidad, sino de paternidad. El mismo S. Lucas en ese mismo contexto habla de Santiago de Alfeo, en sentido de “hijo” de Alfeo. Pero esto no es del todo concluyente. Esta frase de S. Lucas, bien que interpretada de diversas maneras, lo ha sido también y sobre todo en sentido de “hermano”. Lo cual es conforme a la gramática y también usado en el griego clásico. Así lo afirman autores como ‘M. J. Lagrange (Evangile S. Luc., París 1921, p. 181), F. M. Abel (en su Grammaire du grec biblique, París 1927, 176), y más recientemente M. Tuya (o. c.).»(160)

«Entre los s. XIII-XIV Nicéforo Calixto (Hist. Ecl. XL: PG CXLV, 864 ss.) habla de “Judas (a quien considera apóstol) no el Iscariote, sino el que tiene dos nombres: pues se le llamaba Tadeo y también Lebeo; su padre era José, y Santiago, el que fue arrojado del alero del Templo, era su hermano”»(161)

«Algunos traductores vierten Lucas 6:16 y Hechos 1:13 de la siguiente forma: “Judas hermano de Santiago”, ya que en griego no se indica el grado de parentesco. No obstante, en la Peshitta siríaca se incluye la palabra “hijo”. Como consecuencia, varias versiones optan por la lectura: “Judas, hijo de Santiago [o, Jacobo]” (BAS; BI; FF; HAR; LT; NM; Val, 1989)…. En Mateo 10:3, algunas versiones (Besson; ENP; PNT; TNV; Val; VP, edición de España) incluyen antes de “Tadeo” la expresión “Lebeo, por sobrenombre”, o algo similar. Esta lectura, que concuerda con el “texto recibido”, se omite en el texto más reciente de Westcott y Hort, pues no aparece en algunos manuscritos, como, por ejemplo, el Sinaítico.»(162)

Bautismo:

No se conocen referencias en la Biblia del momento en que fue bautizado.

Recepción del Espíritu Santo:

En un lugar donde los discípulos estaban reunidos:(Juan capitulo 20:19-23)

En Pentecostés, ver Hechos Capitulo 2

Llamado divino al ministerio:

«El Apóstol Judas Tadeo figura en el evangelio como uno de los mas callados y humildes del colegio apostólico. Cuando Cristo lo invitó a seguirle lo hizo sin titubear y a partir de entonces nada ni nadie lo apartó del Gran Maestro.» (163)

Ministerio:

«Con frecuencia se ha confundido a San Judas Tadeo con el San Tadeo de la leyenda de Abgar. Se ha dicho que murió apaciblemente en Beirut de Edessa aunque según la tradición occidental, tal como aparece en la liturgia romana, se reunió en Mesopotamia con San Simón y ambos predicaron varios años en Persia y ahí fueron martirizados

Existe un presunto relato del martirio de los dos Apóstoles; pero el texto latino no es ciertamente anterior a la segunda mitad del siglo VI. Dicho documento se ha atribuido a un tal Abdías, de quien se dice que fue discípulo de Simón y Judas y consagrado por ellos primer obispo de Babilonia. Según dice la antigua tradición, a San Simón lo mataron aserrándolo por medio, y a San Judas Tadeo le cortaron la cabeza con un hacha y por eso lo pintan con un hacha en la mano. Por ello, la Iglesia de occidente los celebra juntos, en tanto que la Iglesia de oriente separa sus respectivas fiestas. Hay varias leyendas sobre San Judas Tadeo que son poco confiables.».(164)

Judas, «uno de los doce Apóstoles (v.) de Jesús y autor de la llamada Epístola de Judas. En las ediciones de la Biblia suele ocupar el puesto séptimo de las epístolas católicas, según el orden del canon del N. T. (v. BIBLIA ii), es decir, inmediatamente antes del Apocalipsis. Entre los s. XIII-XIV Nicéforo Calixto (Hist. Ecl. XL: PG CXLV, 864 ss.) habla de «Judas (a quien considera apóstol) no el Iscariote, sino el que tiene dos nombres: pues se le llamaba Tadeo y también Lebeo; su padre era José, y Santiago, el que fue arrojado del alero del Templo, era su hermano».(165)

La Enciclopedia electrónica Ger comenta que «Judas Tadeo, difiere del Iscariote, aquél que entregó a Jesús a las autoridades judías de la época, era de familia de agricultores. Hijo de Alfeo Cleofás, quien era hermano de José el padre de Jesús, y su madre era Miriam Antera, prima hermana de María, la madre del Cristo. Miriam Antera era hermana de Joaquín padre de la Virgen María. Sus hermanos eran cuatro, Santiago el menor que también era apóstol, Justo; San Simón, luego Obispo de Jerusalén y acompañante en sus viajes y la hermana mayor que era María Salomé, madre de sus sobrinos ambos apóstoles Santiago el Mayor y San Juan Evangelista. Por lo que vemos en este pequeño relato genealógico, Judas Tadeo era un pariente cercano de Jesús, eran primos, por lo tanto quizás crecieron, se educaron y trabajaron casi juntos. Judas Tadeo, según algunas recopilaciones, es también el novio de las Bodas de Caná donde Jesús, de acuerdo a los escritos Bíblicos, realiza su primer Milagro al convertir el agua en vino por iniciativa de su madre la Virgen María. Luego de su vida como apóstol del Cristo, llevó el mensaje de éste junto a su hermano Simón a las regiones de Galilea, Judea, Asia, Egipto, Eufrates, Tigris, Libia, Samaria, Edesa y Babilonia, llegando hasta los confines de Siria y Persia. Después de predicar y hacer varios prodigios uno de sus mayores logros fue el de hacer transformar al cristianismo al Rey Acab de Babilonia. Luego su tránsito por Persia fue el más tortuoso y difícil pero recorrió todo el territorio, predicó reprendiendo todos los vicios y equivocaciones, logrando convertir a más de cien mil habitantes; bautizó y dio la confirmación e hizo gran cantidad matrimonios cristianos. Al entrar a la ciudad de Sammir, fueron sorprendidos por los sacerdotes paganos del lugar y al negarse a adorar a sus dioses fueron sentenciados a muerte San Simón fue muerto con golpes de mazo en la cabeza y a San Judas lo decapitaron con un hacha. Al saber la noticia el Rey Acab llego con sus soldados e invadió el lugar, allí recogió los cuerpos del apóstol y su hermano, llevándolos a la ciudad de Babilonia. Cuando siglos más tarde los musulmanes invadieron la ciudad, los restos fueron secretamente sacados por los cristianos y llevados a Roma. Tiempo después el Papa León III, en el año 800 donó las reliquias de ambos santos a Carlomagno por su fe y bautismo y éste los condujo a la Basílica de San Saturnino en Toulouse (Francia).»(166)

El cristianismo predicaba por todas partes la luz de la verdad, transmitiendo La Palabra del Señor y obrando, en su nombre, los más preclaros milagros: el número de los discípulos aumentaba de día en día, atraía a sí muchísimos cristianos, nombraba Diáconos, Sacerdotes y Obispos, fundando Iglesias Cristianas en todas las regiones que atravesaba. Regresando a Persia, se reunió con el Apóstol San Simón y ambos combatieron fuertemente las herejías de Zaroes y Arfexat, sacerdotes idólatras que habían confundido la conciencia de aquel pueblo, llevándolo a revolverse en contra de la palabra y las obras de los dos Santos Apóstoles. San Judas sabía que su misión terrena llegaba a su fin y el martirio, para gloria de Dios, estaba cerca. Llegaron a Suamyr, gran ciudad de Persia. Los dos Apóstoles se alojaron en casa de un discípulo llamado Semme. A la mañana siguiente a su llegada, los sacerdotes idólatras de aquella ciudad, seguidos por una gran multitud del pueblo azuzados por las venenosas presiones de Zaroes y de Artexat, rodearon la casa de Semme pidiendo a gritos la entrega de los dos Apóstoles.“Entréganos, oh Semme, inmediatamente a los enemigos de nuestros dioses, o si no te quemaremos la casa”. Ante estas amenazas que no admitían réplica, San Judas y San Simón se pusieron en manos de aquellos malvados que los obligaron inútilmente a adorar a sus falsos dioses; golpeados hasta la sangre, encontraron aún fuerzas para mirarse a los ojos y San Judas, dirigiéndose a su compañero de martirio le dijo: “Hermano, veo a Ntro. Señor Jesucristo que nos llama”. La turba de los idólatras, ignorando estos coloquios celestiales, movida por un insano furor, se arrojó con mayor encarnizamiento sobre los cuerpos ya sangrantes de los dos Santos Apóstoles hasta destrozarlos: ¡la corona del martirio brillaba sobre sus cabezas gloriosas! A San Simón lo mataron aserrándolo por el medio, y a San Judas Tadeo le cortaron la cabeza con un hacha y por eso lo representan con un hacha en la mano. Se cree que el martirio ocurrió en el año 70 de la era cristiana, es decir, 36 años después de la Ascensión de Jesucristo al Cielo…eran acogidas en la Patria celestial y colocadas a la derecha del Padre, por el que habían ofrecido su vida en holocausto, el cielo de Suamyr, escenario de aquel bárbaro martirio, se quebraba con terribles fulgores, el templo idólatra se derrumbó y los dos sacerdotes, Zaroes y Arfexat, autores del hecho, fueron fulminados por la justicia divina. » (167)

san Judas Tadeo

Pedro Pablo Rubens

Museo del Prado (Madrid)

«El campo de acción apostólica de San Judas fue amplísimo; evangelizó primero la Judea, después Mesopotamia y, finalmente, Persia, llevando

«Como Apóstol, trabajó con gran celo por la conversión de los paganos. Fue misionero por toda la Mesopotamia durante diez años. Regresó a Jerusalén para el Concilio de los Apóstoles. Después se unió a Simón en Libia, donde los dos Apóstoles predicaron el Evangelio a los habitantes de aquel país. Refiere la tradición que San Judas y San Simón sufrieron martirio en Suanis, ciudad de Persia, donde habían trabajado como misioneros. A San Judas le dieron muerte con una cachiporra. Por eso se le representa con una porra sobre la cabeza. Luego, le cortaron la cabeza con un hacha. Trasladaron su cuerpo a Roma…» (168)

«Hay varias leyendas sobre San Judas Tadeo propagadas por Eusebio que son poco confiables. » (169)

Ministerio Literario:

«A Judas Tadeo se le ha atribuido la paternidad de una de las cartas del Nuevo Testamento que se suelen llamar “católicas” por no estar dirigidas a una Iglesia local determinada, sino a un círculo mucho más amplio de destinatarios. Se dirige “a los que han sido llamados, amados de Dios Padre y guardados para Jesucristo”.»(170)

«La preocupación central de este escrito consiste en alertar a los cristianos ante todos los que toman como excusa la gracia de Dios para disculpar sus costumbres depravadas y para desviar a los demás hermanos con enseñanzas inaceptables, introduciendo divisiones dentro de la Iglesia «alucinados en sus delirios» (versículo 8), así define Judas a sus doctrinas e ideas particulares. Los compara incluso con los ángeles caídos, y con términos fuertes dice que «se han ido por el camino de Caín» (versículo 11). Además les tacha sin reticencias de «nubes sin agua zarandeadas por el viento, árboles de otoño sin frutos, dos veces muertos, arrancados de raíz; son olas salvajes del mar, que echan la espuma de su propia vergüenza, estrellas errantes a quienes está reservada la oscuridad de las tinieblas para siempre» (versículos 12-13).» (171)

El Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia comenta que «algunos eruditos intentan atribuirle a Tadeo la paternidad de la epístola de Judas, pero no es muy probable dicha hipótesis.»

Un comentario interesante comenta el portal de la fe católica “Zenit”, titulada “Benedicto XVI presenta a los apóstoles Simón el Cananeo y Judas Tadeo”, [Traducción del original italiano realizada por Zenit]: «Se ve con claridad que el autor de estas líneas vive en plenitud la propia fe, a la que pertenecen realidades grandes, como la integridad moral y la alegría, la confianza y por último la alabanza, quedando todo motivado por la bondad de nuestro único Dios y por la misericordia de nuestro Señor Jesucristo. Por este motivo, tanto Simón el Cananeo, como Judas Tadeo nos ayudan a redescubrir siempre de nuevo y a vivir incansablemente la belleza de la fe cristiana, sabiendo dar testimonio fuerte y al mismo tiempo sereno.» (172)

Simón y Judas

Ministerio apostólico:

El Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia comenta que «acerca de la vida posterior de Tadeo solo tenemos datos poco seguros, provenientes de las leyendas surgidas en épocas posteriores.”

Registros de la Tradición Cristiana:

«Predicó primero en Judea, Galilea, Samaria e Idumea, y luego en las ciudades de Arabia y, además, en todo el territorio de Siria y Mesopotamia. Por último, se presentó en Edesa, la ciudad de Abgar, donde antes también el otro Tadeo, que era uno de los setenta y dos discípulos (cfr. Le 10,1), había proclamado lo referente a Cristo; y allí murió. Con anterioridad, Eusebio de Cesarea (Hist. Ecl. 1,13; 11: PG XX, 124) había hecho una distinción al decir que: «Judas, que se llama también Tomás, envió a Tadeo apóstol, uno de los Setenta, donde Abgar» (ib. 1,12.3; 13.1 ss.: PG XX, 117 ss.). Por lo que pueda interesar más tarde, diremos que en otro lugar (ib. 111,19-20: PG XX, 252 ss.), Eusebio -citando a Hegesipo- informa que ante Domiciano fueron llevados, por ser descendientes de David, algunos parientes de Jesús con lazos de sangre, que eran «nietos de Judas el que se decía hermano del Señor cuanto a la sangre». Parece que poseían un terreno de 39 yugadas, valorado en nueve mil denarios, “con los que pagaban los impuestos y vivían ellos”, según demostraban sus manos callosas. Los escritores sirios distinguen entre J. y (T) Adday el que predicó en Edesa de Abgar, y que suponen murió en Arad, cerca de Beirut…

En el N. T. nunca aparece el nombre “Judas Tadeo”. Luc 6,16 y Hch. 1:13 llaman a un apóstol “Judas de Santiago”. Las listas de Mat (10:2 ss.) y Mar (3:16 ss.) coinciden con la de Luc y Hch, en todos los nombres excepto en éste, que Mateo suple por Lebeo (valeroso) y Marcos por Tadeo (magnánimo). No hay, pues, dificultad en admitir que Lebeo, Tadeo y Judas de Santiago sea la misma persona, uno de los Doce. También Luc 14:22 conoce, al parecer entre los apóstoles, un Judas distinto del Iscariote. Se advierten, sin embargo, fluctuaciones y dificultades (que seguirán en la tradición eclesiástica) en la transmisión textual, donde una lección bastante documentada lee en Mat. 10:3 “Lebeo el de sobrenombre Tadeo”» (173)

«San Judas Tadeo y San Simón fueron luego a Babilonia y ahí con su predicación y milagros convirtieron a muchos otros y hasta el mismo rey y su familia se bautizaron. Extendieron el conocimiento de Dios y la fe de Jesucristo en Edesa, Mesopotamia, Persia, Idumea, Ponto, Arabia y Sahir. Al llegar a la ciudad de Saumir los tomaron presos, ya que los magos y sacerdotes de Persia armaron al pueblo infiel contra los dos santos y los maltrataron cruelmente; los condujeron a rastras delante de los ídolos, mandándoles que les rindieran culto, lo cual no obedecieron los santos. San Judas Tadeo y San Simón pronosticaron la victoria del general Boradach sobre la India y sanaron a Agabaro de lepra. Enfurecidos los idólatras y los magos, sublevaron al populacho para martirizar a los dos apóstoles. A San Simón lo cortaron por la mitad con una sierra y a San Judas le cortaron la cabeza con un hacha el 28 de octubre del año 74. Dios vengó la gloriosísima muerte de estos mártires desatando una tempestad que destruyó los templos de los ídolos, quedando sepultados en los escombros todos los actores de esa infamia. » (174)

«El historiador de la iglesia Eusebio de Cesarea incluye a Tadeo entre los 72 discípulos (Luc. 10,17).» (175)

«Al único Dios, nuestro Salvador, que puede guardarlos para que no *caigan, y establecerlos sin tacha y con gran alegría ante su gloriosa presencia, sea la gloria, la majestad, el dominio y la autoridad, por medio de Jesucristo nuestro Señor, antes de todos los siglos, ahora y para siempre! Amén. » (Jud.1:24-25 NVI)

Notas:

(156) http://www.labibliaonline.com.ar/WebSites/LaBiblia/Revista.nsf/Indice/SanJudasTadeo?OpenDocument

(157) http://mx.answers.yahoo.com/question/index?qid=20071230131812AAzfplu

(158) http://es.wikipedia.org/wiki/Judas_Tadeo

(159) http://www.zenit.org/article-21390?l=spanish

(160) http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=3083&cat=biografiasuelta

(161) http://www.mercaba.org/Rialp/J/judas_tadeo_apostol_san.htm

(162) http://mx.answers.yahoo.com/question/index?qid=20071230131812AAzfplu

(163) http://mipagina.cantv.net/jesussjt/oraciones.htm

(164) http://es.wikipedia.org/wiki/Judas_Tadeo

(165) http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=10958&cat=religioncristiana

(166) http://es.wikipedia.org/wiki/Judas_Tadeo

(167) http://internetprom.com/SanJudas/

(168) http://www.corazones.org/santos/judas_tadeo.htm

(169) http://es.wikipedia.org/wiki/Judas_Tadeo

(170) http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/audiences/2006/documents/hf_ben-xvi_aud_20061011_sp.html

(171) http://www.corazones.org/santos/benedicto16/audiencias/simoncananeo_judastadeo_octubre11_06.htm

(172) http://www.zenit.org/article-21390?l=spanish

(173) http://www.mercaba.org/Rialp/J/judas_tadeo_apostol_san.htm

(174) http://www.yucatan.com.mx/noticia.asp?cx=17$3100000000$3672125&f=20071028

(175) http://es.encarta.msn.com/encyclopedia_761563831/San_Judas_Tadeo.html

Los discípulos de Jesús XI – San Mateo

Los discípulos de Jesús XI – San Mateo

Ver Enlaces relacionados con “Los discípulos de Jesús”

Introducción:

Mateo, era un hombre, cuyo oficio era el de publicano. «Su condición de recaudador de impuestos ha sido recogida en la iconografía del Apóstol. De ella provienen algunos de los atributos que en ocasiones lo identifican: una bolsa de dinero o un tablero de contar.» (133)

Se lo conoce como Mateo o Leví. El autor de la vida y los tiempos de Jesús el Mesías” comenta que «no tiene interés especular cuál de los dos nombres era el original, o si el segundo fue añadido después de su conversión, puesto que en Galilea era común tener dos nombres, uno estrictamente judío, y otro galileo (Gitt. 34 b). Y tampoco nos admiramos de que más adelante el primer nombre, puramente judío, de Leví fuera abandonado y que sólo se retuviera el de Mateo (Matti, Mattai, Matteya, Mattithyah). Este último es el equivalente de Natanael, o del griego Teodoro (don de Dios), y era muy frecuente, al parecer. Leemos que era el nombre de un antiguo oficial del templo (Sheq. y. 1) y el de varios rabinos (Eduy. ji. 5; Yoma 84 a). Quizá es de más interés el que el Talmud (Sanh. 43 a) nombre cinco Mateos como discípulos de Jesús, y entre ellos, estos dos a quienes podemos identificar claramente: Mateo y Tadeo.»(134)

«Marcos y Lucas le llaman Leví. Hay quienes opinan que Jesús le puso el nombre de Mateo cuando le llamó al apostolado, así como a Simón le puso por sobrenombre Pedro. Mateo significa “don de Jehová”». (135)

«Mateo el Apóstol, también conocido como Mateo Leví, Leví de Alfeo o Mateo el Evangelista) fue uno de los doce apóstoles elegidos por Jesús de Nazaret. La tradición cristiana le atribuyó la autoría del evangelio de Mateo, pero la crítica actual descarta esta atribución. Etimológicamente, el nombre español Mateo proviene del griego Mathaios y éste, del arameo Mattai, una forma corta del hebreo MattanYah, que significa ‘don de Yah’ (el dios Yahvéh).»(136)

«Es también uno de los pocos discípulos mencionados por su nombre en el Evangelio de Tomás »(Libro Apócrifo) (137)

«A Mateo le corresponde el “rostro humano” mencionado en tercer lugar por el Apocalipsis -y en primer lugar por Ezequiel (1, 10)-; por ello, un hombre alado (o ángel) es el símbolo de su Evangelio. A veces se representa a San Mateo escribiendo, acompañado justamente por una figura de un hombre alado. San Jerónimo fue quien fijó este simbolismo. A Mateo le corresponde el hombre por comenzar su evangelio narrando la genealogía humana de Jesús: “Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham” (Mat. 1, 1).»(138)

Llamado divino:

«Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: ‘Sígueme’. Él se levantó y lo siguió. Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publícanos y pecadores y se sentaron a comer con él y sus discípulos” (Mat. 9:9).

“Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.” (Mat. 9:9 RVA1960)

Así narra Mateo su propia vocación. El episodio, que concluye con una célebre frase de Jesús aparece también en los otros dos sinópticos, pero protagonizado por Leví.

“No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mat. 9:13 RVA 1960)

Marcos especifica: “Leví, hijo de Alfeo” (Mr. 2:14ss RVA 1960).

Lucas, por su parte, subraya que la comida era “un gran banquete” que “Leví ofreció a Jesús… en su casa” (cfr. Luc 5, 27ss). Leví y Mateo, sin lugar a dudas, son la misma persona.»(139)

«Tras ese llamado, nada sabemos de Mateo por la Escritura. Sólo vuelve a aparecer en las listas de los Doce. Es el octavo en la enumeración de los Hechos de los Apóstoles y en la del mismo Mateo (que cuando se nombra a sí mismo aclara: “Mateo, el publicano”), y el séptimo en la lista de Marcos y en la de Lucas.» (140)

El comportamiento de Jesús con los publicanos:

«Los evangelios hablan directamente de estos “publicanos”, recaudadores y normalmente asocia “publicanos y pecadores” Juan el Bautista exige de los recaudadores, como signo de penitencia, el cobro exacto del impuesto fijado: Fueron también a bautizarse unos recaudadores, que le preguntaron: Maestro ¿qué tenemos que hacer? Él les contestó: No exijan más de lo que tienen establecido Lc.3,13.La actuación de Jesús y de sus seguidores, fue sencillamente escandalosa, iban contra toda regla de comportamiento social y religioso. Son muchos ejemplos que hay de tal situación; cuando llamó al publicano Leví a ser discípulo íntimo suyo , al frecuentar la compañía de publicanos y pecadores y comer con ellos , Leví le ofreció en su casa un gran banquete, y estaban recostados a la mesa con ellos un gran número de recaudadores y otra gente Luc.5,29. Para los piadosos judíos era escandaloso que Jesús y sus seguidores comieran con ellos en la misma mesa. Cuando se enfrenta con los fariseos mostrándoles que, salir al encuentro de un pecador, expresa mayor fidelidad al Dios Santo, que no buscar aislarse para alardear de su propia perfección: Los fariseos y los letrados de su partido (los fariseos que eran escribas) protestaban diciendo a los discípulos: ¿Se puede saber por qué comen y beben con recaudadores y pecadores?. Jesús les replicó: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a invitar a justos, sino a pecadores, a que se arrepientan Lc.530-32. Esta forma de actuar de Jesús, le valió una especie de sobrenombre, más bien una acusación malévola: ¡Vaya glotón y borracho, amigo de recaudadores y pecadores! Mat.11:19. Jesús justifica su conducta con tres parábolas que vienen a decir: así es Dios, así es mi Padre, y esto se puede comprobar en la lectura del evangelio de Lucas 15,1 al versículo 32. Más allá todavía, y de un modo desconcertante y provocador dice que los publicanos son preferidos a los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo: Los recaudadores y las prostitutas se dirigen, en lugar de ustedes, al reino de Dios Mat.21, 23-32).»(141)

Jesús no se fija en su ocupación (publicano, cobrador de impuestos), sólo lo llama para hacerlo discípulo y Mateo a su vez responde a éste llamado siguiéndole y ofreciendo un banquete. El autor del cuadro es: Michelangelo Merisi da Caravaggio o Caravaggio

«La mayor parte de los que hacían este trabajo eran pobres o esclavos empleados por una agencia de recaudación de algún gran arrendatario, a su vez los despedían al menor problema. Palestina sufría un sistema de impuestos verdaderamente opresivo, había que pagar derechos de aduana y de peaje a la entrada de los pueblos, en los puentes, los vados, los cruces de caminos. El hostigamiento de los publicanos era molesto y también muy costoso, pues los recaudadores tenían que exigir una cantidad superior a la tarifa oficial si querían ganarse la vida. Leví es uno de esos recaudadores o “publicano” Es de notar también que el pueblo no conocía con certeza la ley romana de impuestos, y tampoco se atrevía a reclamar, ya que los recaudadores estaban apoyados. A los ojos de todo sacerdote y fariseo, el publicano era un pecador, pues su profesión era considerada “contaminante” o “impura” por los escribas o doctores de la ley. Para los judíos el único impuesto legítimo es el que se pagaba al Templo, por tanto estos publicanos que cobraban para los romanos, eran también despreciados por la comunidad. Por lo general los publicanos eran gente pobre, pertenecían a una clase social tan desfavorecida que tenían que aceptar este trabajo “deshonroso” para sobrevivir. Los publicanos jamás eran invitados a comer, no los trataban, estaban despojados de sus derechos civiles: no podían ser jueces, ni siquiera testigos de un proceso, mucho menos pertenecer a una comunidad de fariseos, son pues, gente tomada como pecador, marginados, mal pagados y con frecuencia maltratados»(142)

El libro “La vida y los tiempos de Jesús”, comenta acerca de la historia siguiente que puede servir como ilustración final sobre las nociones populares tanto de los publicanos como sobre el mérito de las buenas obras. « El hijo de un Mokhes y el de un hombre muy piadoso murieron. El primero recibió toda clase de honores, con ocasión de su entierro, por parte de sus conciudadanos, mientras que el último fue enterrado en una tumba sin inscripción alguna. Esta anomalía fue explicada divinamente por la circunstancia de que el hombre piadoso había cometido una trasgresión, y el publicano había hecho una buena obra. Pero unos pocos días después los sobrevivientes tuvieron un sueño-visión en que el piadoso se vio que andaba por jardines junto a corrientes de agua, mientras que el publicano estaba sacando penosamente la lengua, tratando de llegar al río para apagar su sed, sin poder alcanzar el agua refrescante.»(143)

«En Palestina, los publicanos eran judíos que trabajaban para el gobierno romano. ¡Ellos le cobraban impuestos a su misma gente para sostener a la nación que había invadido su tierra y que los mantenía sometidos! Además, los publicanos, a menudo, eran deshonestos. Para llegar a ser un publicano, uno tenía que obtener una concesión del gobierno romano (a menudo había una jugosa mordida de por medio). Los romanos luego le preguntaban cuánto esperaban cobrar cada año; algunas veces esta suma tenía que ser pagada por adelantado. Su ganancia la hacía cobrando más de lo que había pagado al gobierno romano. Muchos publicanos cobraban tanto cuanto creían que podían salirse con la suya. Era un sistema que favorecía el florecimiento de la codicia, la deshonestidad y la corrupción. Como resultado de ello, los demás judíos consideraban que los publicanos eran traidores y renegados, que ya no eran verdaderos hijos de Abraham. Un publicano no podía votar. Un publicano no podía testificar en la corte. A un publicano no se le permitía entrar a la sinagoga. El Talmud decía que había tres personas a quien un judío podía mentirles: a un ladrón, a un atracador y a un publicano. En las Escrituras, los publicanos son invariablemente agrupados junto con los indeseables: “Publicanos y pecadores” (Mateo 9.10) “gentil y publicano” (Mat.18.17), “los publicanos y las rameras” (Mat.21:31–32); “ladrones, injustos, adúlteros, [o]… este publicano” (Luc.18.11)» (144)

Mateo aceptó sin más la invitación de Jesús y renunciando a su empleo tan productivo, se fue con El, no ya a ganar dinero, sino almas. No ya a conseguir altos empleos en la tierra, sino un puesto de primera clase en el cielo.

San Mateo (El greco)

El comentario exegético devocional de Mattew Henry realiza este comentario respecto del llamado de Jesús a Mateo, recreando la escena, y haciéndonos la pregunta ¿Donde estaba Mateo cuando lo encontró Cristo?: «Estaba sentado en la oficina de los tributos públicos (v. 9), pues era cobrador de impuestos (Luc. 5:27). Estaba en el ejercicio de su profesión, como el resto de los discípulos cuando Cristo los llamó (4:18). Así como Satanás decide acercarse, con sus tentaciones, a los holgazanes, Cristo suele llegarse, con sus llamamientos, a quienes están ocupados. Era un oficio de mala fama entre la gente piadosa, puesto que estaba expuesto a tanta corrupción y a tales tentaciones, que había muy poca gente honesta en dicha profesión; pero Dios tiene su remanente en toda clase de gentes. Nadie puede excusarse en su incredulidad por el cargo que desempeña en el mundo; pues no hay oficio pecaminoso, pero algunos han sido salvos fuera de él, así como no hay oficio santificador, pero algunos han sido salvos en él. No encontramos que Mateo buscase a Jesús, o que tuviese alguna inclinación a seguirle. Cristo es hallado por los que no le buscan. Cristo habló primero. ..Le dijo a Mateo: Sígueme. Esta llamada fue eficaz, puesto que Mateo enseguida se levantó y le siguió; no rehusó ni demoré obedecerle […] Mateo dejó así su oficio y todas las esperanzas de ser promovido dentro de él; y aunque los discípulos que habían sido pescadores, les hallamos ocasionalmente pescando, nunca volvemos a ver a Mateo en su oficina.» (145)

Pero me inclino a pesar que es mas razonable el comentario al respecto que hace el autor de La Vida y Los Tiempos de Jesús el Mesías, ya que es mas probable que haya sucedido algo así, es mucho mas razonable el creer que Mateo haya tenido oportunidad de escuchar sus enseñanzas y de ver sus milagros y entonces cuando Jesús lo llamó, no lo pensó mas. «Recordemos que Leví-Mateo no sólo era un “publicano”, sino que lo era de la peor clase: un Mokhes o aduanero; un Mokhes pequeño, el cual se sentaba personalmente en su oficina o banco; o sea, era uno de aquellos que, según se decía, tenía muchas dificultades para el arrepentimiento. Y, de estos empleados, los que cobraban los impuestos de los barcos eran, quizá, los peores si hemos de juzgar por el proverbio: “Ay del barco que se hace a la mar sin haber pagado los impuestos!” (Ab. Zar, 10 b). Y, después de todo, es posible que Mateo fuera sólo uno de aquella clase numerosa para quienes la religión es meramente una cosa exterior y aparte de la vida, y que, habiéndose primero extraviado a causa de su ignorancia, se sentían cada vez más rechazados o excluidos por aquellos a quienes consideraban religiosos y piadosos, aunque eran en realidad fanáticos y carecían de toda caridad. Pero ahora había ocurrido algo en su vida. El profeta de Nazaret no era como los otros grandes rabinos, o sus imitadores pietistas y pagados de sí mismos. Había algo en su persona que no sólo estimulaba la conciencia, sino que penetraba el corazón. Lo que El decía le abrió a él un nuevo mundo. Su misma apariencia desmentía que fuera duro, distante, satisfecho de su justicia, si no mostraba que era compasivo, incluso amigo de los pecadores. No había entre El y uno como Mateo el gran abismo, casi infranqueable, del arrepentimiento. El que le había visto y oído en la Sinagoga —y el que había oído sus palabras o presenciado su poder— no podía olvidarlo. La gente, los gobernantes y aun los malos espíritus reconocían su autoridad. Pero en la Sinagoga Jesús era todavía una figura imponente, muy distante de él; y él, Leví-Mateo, el «pequeño Mokhes» de Capernaum, para quien el arrepentimiento, como decían los rabinos, era algo casi imposible. Pero allí fuera, al aire libre, junto a la orilla del mar, las cosas eran distintas. Sin ser observado por los otros, él lo observaba todo y podía ceder y entregarse él mismo sin reservas a esta impresión. A veces era una multitud ansiosa que venía de Capernaum; otras, una larga serie de enfermos y tullidos, gente mísera e inválida, a quienes El concedía alivio inmediato, pleno y generoso, gratuito. Y todavía más llenas de compasión que sus hechos eran sus palabras. Y así Mateo, sentado en el banco de los tributos públicos, escuchaba y esperaba. Las barcas y otros navíos de blancas velas traían multitud de oyentes; la caravana de la carretera paraba, y los viajeros engrosaban la multitud que escuchaba: querían escuchar a Palabra, ver la Palabra. Sin duda, no era ocasión para comprar. O vender, y Leví tenía, por ello, poco trabajo, y menos afición al mismo en su oficina. Quizá había presenciado la llamada a los primeros apóstoles: tiene que haber conocido a los pescadores y dueños de barcas de Capernaum. Y ahora, al parecer, era como si Jesús se hubiera acercado a Mateo. Porque los grandes de Israel, «los escribas fariseos» (ver Marcos 2:16) y sus seguidores pietistas, se habían combinado contra El y querían excluirle, no a causa de pecado sino de los pecadores. Y, así, creemos que mucho antes de aquel día señalado, que para siempre decidió su vida, Mateo, en su corazón había pasado a ser discípulo de Jesús. Sólo que no se atrevía a esperar, ni podía, reconocimiento personal, y mucho menos ser llamado para hacerse discípulo de El. Pero cuando llegó el momento y Jesús fijó sobre él la mirada de amor que escudriñaba lo más profundo del alma, e hizo de El un verdadero pescador de hombres, Mateo no tuvo que considerarlo ni un instante. Cuando le dijo: «Sígueme», el pasado le pareció que era tragado por el cielo presente de bendición. No dijo una palabra, porque su alma se había quedado sin palabras, sorprendido por el amor y gracia inesperados; sino que se levantó, dejó el banco y le siguió. Hubo gran ganancia aquel día, no sólo para Mateo, sino para todos los pobres y necesitados de Israel; es más, para todos los pecadores, para los cuales se abrió la puerta de los cielos. Y, verdaderamente, al Lado de Pedro, que es la piedra, colocamos a Leví-Mateo, como tipo de las grandes vigas puestas sobre el fundamento, en el cual se coloca el armazón de la habitación del Señor, que es su Iglesia.» (146)

Pero me inclino a pesar que es mas razonable el comentario al respecto que hace el autor de La Vida y los Tiempos de Jesús el Mesías, ya que es mas probable que haya sucedido algo así, es mucho mas razonable el creer que Mateo haya tenido oportunidad de escuchar sus enseñanzas y de ver sus milagros y entonces cuando Jesús lo llamó, no lo pensó mas. «Recordemos que Leví-Mateo no sólo era un “publicano”, sino que lo era de la peor clase: un Mokhes o aduanero; un Mokhes pequeño, el cual se sentaba personalmente en su oficina o banco; o sea, era uno de aquellos que, según se decía, tenía muchas dificultades para el arrepentimiento. Y, de estos empleados, los que cobraban los impuestos de los barcos eran, quizá, los peores si hemos de juzgar por el proverbio: “Ay del barco que se hace a la mar sin haber pagado los impuestos!” (Ab. Zar, 10 b). Y, después de todo, es posible que Mateo fuera sólo uno de aquella clase numerosa para quienes la religión es meramente una cosa exterior y aparte de la vida, y que, habiéndose primero extraviado a causa de su ignorancia, se sentían cada vez más rechazados o excluidos por aquellos a quienes consideraban religiosos y piadosos, aunque eran en realidad fanáticos y carecían de toda caridad. Pero ahora había ocurrido algo en su vida. El profeta de Nazaret no era como los otros grandes rabinos, o sus imitadores pietistas y pagados de sí mismos. Había algo en su persona que no sólo estimulaba la conciencia, sino que penetraba el corazón. Lo que El decía le abrió a él un nuevo mundo. Su misma apariencia desmentía que fuera duro, distante, satisfecho de su justicia, si no mostraba que era compasivo, incluso amigo de los pecadores. No había entre El y uno como Mateo el gran abismo, casi infranqueable, del arrepentimiento. El que le había visto y oído en la Sinagoga —y el que había oído sus palabras o presenciado su poder— no podía olvidarlo. La gente, los gobernantes y aun los malos espíritus reconocían su autoridad. Pero en la Sinagoga Jesús era todavía una figura imponente, muy distante de él; y él, Leví-Mateo, el «pequeño Mokhes» de Capernaum, para quien el arrepentimiento, como decían los rabinos, era algo casi imposible. Pero allí fuera, al aire libre, junto a la orilla del mar, las cosas eran distintas. Sin ser observado por los otros, él lo observaba todo y podía ceder y entregarse él mismo sin reservas a esta impresión. A veces era una multitud ansiosa que venía de Capernaum; otras, una larga serie de enfermos y tullidos, gente mísera e inválida, a quienes El concedía alivio inmediato, pleno y generoso, gratuito. Y todavía más llenas de compasión que sus hechos eran sus palabras. Y así Mateo, sentado en el banco de los tributos públicos, escuchaba y esperaba. Las barcas y otros navíos de blancas velas traían multitud de oyentes; la caravana de la carretera paraba, y los viajeros engrosaban la multitud que escuchaba: querían escuchar a Palabra, ver la Palabra. Sin duda, no era ocasión para comprar. O vender, y Leví tenía, por ello, poco trabajo, y menos afición al mismo en su oficina. Quizá había presenciado la llamada a los primeros apóstoles: tiene que haber conocido a los pescadores y dueños de barcas de Capernaum. Y ahora, al parecer, era como si Jesús se hubiera acercado a Mateo. Porque los grandes de Israel, «los escribas fariseos» (ver Marcos 2:16) y sus seguidores pietistas, se habían combinado contra El y querían excluirle, no a causa de pecado sino de los pecadores. Y, así, creemos que mucho antes de aquel día señalado, que para siempre decidió su vida, Mateo, en su corazón había pasado a ser discípulo de Jesús. Sólo que no se atrevía a esperar, ni podía, reconocimiento personal, y mucho menos ser llamado para hacerse discípulo de El. Pero cuando llegó el momento y Jesús fijó sobre él la mirada de amor que escudriñaba lo más profundo del alma, e hizo de El un verdadero pescador de hombres, Mateo no tuvo que considerarlo ni un instante. Cuando le dijo: «Sígueme», el pasado le pareció que era tragado por el cielo presente de bendición. No dijo una palabra, porque su alma se había quedado sin palabras, sorprendido por el amor y gracia inesperados; sino que se levantó, dejó el banco y le siguió. Hubo gran ganancia aquel día, no sólo para Mateo, sino para todos los pobres y necesitados de Israel; es más, para todos los pecadores, para los cuales se abrió la puerta de los cielos. Y, verdaderamente, al Lado de Pedro, que es la piedra, colocamos a Leví-Mateo, como tipo de las grandes vigas puestas sobre el fundamento, en el cual se coloca el armazón de la habitación del Señor, que es su Iglesia.» (147)

S. Mateo. (Hendrick ter Brugghen. S.XVII. Museo Histórico de Deventer. Holanda)

El comentarista del portal Web de la fe católica Santoral Católico – Historia de los Santos de la iglesia, nos relata muy bien como fue que el Señor Jesús llamó a Mateo: «Fue en Cafarnaún, después de sus primeras excursiones a través de Galilea, después de su encuentro inolvidable con la Samaritana. Situado en un cruce de caminos, centro de las contrataciones que se hacían entre Tiro y Damasco, entre Sóforis y Jerusalén. Cafarnaún era un emporio mercantil, residencia de mercaderes y traficantes, de tenderos y comisionistas, y, como es natural, punto estratégico para los cambistas y los recaudadores, oficina importante de los publícanos de Galilea. Pues bien: bajando Jesús un día en dirección al puerto; vio a uno de ellos, llamado Leví, sentado en el banco de la recaudación de contribuciones, y le dijo: «Sígueme.» Y él, dejándolo todo, levantóse y echó a andar en pos del Señor. Fue una adhesión tan espontánea como la de San Pedro, una adhesión súbita, completa, definitiva. Leví no dejaba solamente un montón de redes rotas, sino un empleo lucrativo, una ganancia segura y creciente. El negocio le había hecho rico, tan rico, que pudo ofrecer un banquete de despedida a todos sus antiguos compañeros y a sus compañeros nuevos; un banquete que fue presidido por el Señor. No obstante, la música de la plata había terminado para él, y los rimeros de siclos y de dracmas y el mostrador en que se le inclinaban tímidos los paisanos de Galilea. El Maestro divino había subyugado su corazón, y en adelante todo su afán será recoger palabras de vida y amontonar tesoros de verdad. No será él quien lleve la bolsa del colegio apostólico. Odiaba su pasado como pudiera odiarle el más puritano de los fariseos. Odia hasta su nombre de pecador; ya no se llamará Leví, sino Mateo, don de Dios. En actitud humilde sigue a Jesús por los caminos, admirando a Pedro, que nunca fue más que un pescador honrado, mirando a Juan con santa envidia porque halló al Nazareno antes de saber de las malicias de los hombres. Camina en silencio, avergonzado casi de sí mismo; no habla, ni se exhibe, ni promete. Tal vez ni siquiera sonríe. Escucha atento las parábolas del Salvador, y las rumia y las pesa con el cuidado que antes ponía en pesar los dineros. Más tarde las recogerá en un libro; escribirá la historia de aquellos dos años de su vida misionera; una historia en que él se oculta, como antes se ocultaba entre el grupo de los doce. Sólo una vez hablará de sí mismo, y precisamente para decir que fue un publicano, para recordar la dignación infinita de Jesús al llevarle desde el abismo de la miseria hasta las cimas de la gloria.»(148)

Recibimiento del Espíritu Santo:

En un lugar donde los discípulos estaban reunidos:(Juan capitulo 20:19-23 )

En Pentecostés, ver Hechos Capitulo 2

Ministerio:

«Según varias fuentes apócrifas, no siempre coincidentes en los detalles, predicó la Palabra de Dios entre los partos y los persas, pero sobre todo en Etiopía: allí triunfó sobre dos magos que se hacían adorar como dioses, venció a los dragones que los acompañaban, y después resucitó a la hija del rey Egipo (o Hegesipo). Por oponerse al matrimonio del rey Hirciaco con su sobrina Ifigenia, que se había hecho cristiana por la predicación del Apóstol, sufrió el martirio. Fue muerto a filo de espada, según la tradición, cuando oraba después de misa al pie del altar. Esto le vale otro de sus atributos, la espada de su martirio, que a veces se transforma en alabarda o en hacha. Pero el dato principal sobre Mateo es que es el autor del primer Evangelio, como ya lo atestigua Papías, obispo de Hierápolis (95-165), citado por Eusebio en su Historia Eclesiástica: “Mateo ordenó (compuso) las palabras (logia) del Señor en lengua hebrea, y cada uno las interpretó (tradujo) luego como pudo”. En efecto, este Evangelio fue escrito en arameo y dirigido sobre todo a los judíos. La Liturgia aplica a San Mateo, Apóstol y evangelista, estas palabras bíblicas: “Era un escriba versado en la Ley de Moisés que había dado Yahvé, Dios de Israel. (…) ¡La mano bondadosa de su Dios estaba con él! (…) Había aplicado su corazón a escrutar la Ley de Yahvé, a ponerla en práctica y a enseñar en Israel los preceptos y las normas” (cfr. Esd. 7, 6-10). En tanto que evangelista, de un modo genérico, Mateo es representado con un libro o un rollo. Pero cada Evangelista tiene un símbolo especial, inspirado en la visión de “los cuatro seres vivientes” que nos trae el profeta Ezequiel (Ex. 1, 4ss) y que recoge el Apocalipsis: «El primer Ser Viviente era semejante a un león; el segundo, a un toro; el tercero tenía rostro humano; y el cuarto era semejante a un águila en pleno vuelo. Cada uno de los cuatro Seres Vivientes tenía seis alas y estaba lleno de ojos por dentro y por fuera. Y repetían sin cesar, día y noche: “Santo, santo, santo es el Señor Dios, el Todopoderoso, el que era, el que es y el que vendrá”» (Apoc. 4, 6ss). A Mateo le corresponde el “rostro humano” mencionado en tercer lugar por el Apocalipsis -y en primer lugar por Ezequiel (1, 10)-; por ello, un hombre alado (o ángel) es el símbolo de su Evangelio. A veces se representa a San Mateo escribiendo, acompañado justamente por una figura de un hombre alado. San Jerónimo fue quien fijó este simbolismo. A Mateo le corresponde el hombre por comenzar su evangelio narrando la genealogía humana de Jesús: “Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham” (Mat. 1, 1).» (149)

«Según Eusebio de Cesarea, predicó durante quince años en Palestina, donde escribió su evangelio hacia el año 80. Según Rufino, después se marchó a Etiopía. Algunas tradiciones afirman que fue martirizado en Etiopía. En cambio, de acuerdo con Epifanio de Salamis —obispo de Chipre—, Mateo murió en Hierápolis (en Partia) y quien sufrió martirio en Etiopía habría sido Matías, el sustituto de Judas Iscariote. La tradición cristiana atribuye a Mateo la autoría del Evangelio que lleva su nombre (kata Mathaion: ‘de Mateo’ o ‘según Mateo’). El primer autor conocido en establecer esta atribución fue Papías, quien, hacia 110 ó 120, en un texto citado por Eusebio de Cesarea, dice que «Mateo […] puso en orden los logia en dialecto hebreo e interpretó cada uno como pudo” (Historia eclesiástica, III, 39,16). De acuerdo con esta información, algunos antiguos autores cristianos consideraron a Mateo autor de un primer evangelio, escrito en arameo, cuya traducción al griego sería el texto ahora conocido como evangelio de Mateo. Ireneo de Lyon, Clemente de Alejandría, Eusebio de Cesarea y Jerónimo de Estridón se cuentan entre los que consideraron al apóstol Mateo autor de este evangelio. Sin embargo, la mayoría de los autores actuales considera que el evangelio de Mateo no es una traducción del hebreo al griego, sino que fue escrito directamente en griego y que no está escrito por un testigo ocular, sino por un autor que utilizó como fuentes textos anteriores (Q y Marcos). Además, su redacción suele situarse en fecha bastante tardía, hacia el año 80. Según estos argumentos, la opinión mayoritaria considera que el autor del texto que conocemos como evangelio de Mateo no pudo ser el apóstol Mateo citado en el Nuevo Testamento» (150)

«Los caminos del Señor llevaron a Mateo a evangelizar tierra africana, llegando finalmente a Nadaver, Etiopía. Entre otros, logró la conversión del rey Egido. A la muerte de este último, fue sucedido por Hitarco. Las crónicas de entonces relatan que el nuevo monarca estaba perdidamente enamorado de Efigenia, virgen consagrada. El rey ofreció a Mateo la mitad de su reino a cambio de convencer con su elocuencia a la joven para que se casara con él. Mateo le indicó que concurriera al templo el domingo siguiente, en que predicaría sobre el matrimonio.
El rey, creyendo que Mateo estaba accediendo a su propuesta, acudió a la iglesia según lo que había escuchado. Mateo predicó ante el pueblo, incluyendo a Efigenia, relatando las excelencias del matrimonio. Hitarco, persuadido de que Mateo estaba obrando a su favor, aprovechó incluso una pausa en el sermón para levantarse y felicitar al predicador. Mateo rogó al rey que se sentara en silencio para continuar escuchando; así, prosiguió su discurso de esta manera: «Cierto que el matrimonio, si los esposos observan escrupulosamente las promesas de fidelidad que al contraerlo mutuamente se hacen, es una cosa excelente. Pero prestad todos mucha atención a lo que ahora voy a decir: supongamos que un ciudadano cualquiera arrebatara la esposa a su propio rey. ¿Qué ocurriría? Pues que no sólo el usurpador cometería una gravísima ofensa contra su soberano, sino que automáticamente incurriría en un delito que está castigado con pena de muerte; e incurriría en ese delito, no por haber querido casarse, sino por haber quitado a su rey algo que legítimamente le pertenecía, y por haber sido el causante de que la esposa faltase a la palabra de fidelidad empeñada ante su verdadero esposo. Ahora bien; puesto que así son las cosas, ¿cómo tú, Hitarco, súbdito y vasallo del Rey Eterno, sabiendo que Efigenia al recibir el velo de las vírgenes ha quedado consagrada al Señor y desposada con Él, te atreves a poner en ella tus ojos y pretendes hacerla incurrir en infidelidad a su Verdadero Esposo que es precisamente Tu Soberano?» Hitarco, inflamado por la furia, salió velozmente de la iglesia y ordenó a un sicario matar a Mateo, hecho que ocurrió al ser apuñalado el apóstol cuando aún no había concluido la ceremonia religiosa. Se sabe que esa noche se dispuso también quemar la casa en que vivían las vírgenes consagradas, pese a lo cual una aparición de Mateo a las jóvenes las alertó del peligro. Conocemos también que finalmente Hitarco se quitó la vida también con una arma blanca tras contraer lepra. Paradójicamente (o no…), un hermano de Efigenia accedió entonces al trono y difundió al cristianismo en la región.» (151)

Su ministerio literario:

«La Iglesia Primitiva creía que Mateo era el autor del Evangelio que lleva su nombre, a pesar de que este Evangelio se escribió en griego. Hoy muchos eruditos no creen que Mateo haya sido el autor del Evangelio, si bien algunos admiten que posiblemente fuera compilador de los dichos de Jesús, o de las numerosas citas del Antiguo Testamento, y que por eso lleva su nombre. Otros suponen que Mateo fue secretario del grupo de discípulos que registró los dichos de Jesús, y así se constituiría en el autor. Sin embargo, en el Evangelio mismo no se identifica al autor. » (152)

“En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas.” (Mat. 3:1-3 RVA 1960)

Mateo 13 – La cosecha de la Parábola del Sembrador

«Mateo fue diferente a los otros apóstoles, quienes fueron todos pescadores. Él pudo usar una pluma de escribir, y por su pluma llegó a ser el primer hombre en presentar al mundo, en el idioma hebreo, un relato de las enseñanzas de Jesús. Es claramente imposible estimar la deuda que la cristiandad tiene para con este despreciado cobrador de ¡impuestos. El hombre promedio habría pensado que era imposible reformar a Mateo, pero para Dios todas las cosas son posibles… Fue un misionero del evangelio, que cambió su vida por la fe de su Maestro. El símbolo apostólico de Mateo es tres bolsas de dinero las cuales nos recuerdan que él fue un cobrador de impuestos antes de que Jesús lo llamara.» (153)

«Según los tres sinópticos, lo dejó todo al ser llamado por Jesús. Ese mismo día hizo una gran fiesta a la que asistieron Jesús y sus discípulos.»(154)

“Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme.28 Y dejándolo todo, se levantó y le siguió. Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos.” (Luc 5.27-29RVA 1960)

«San Agustín consideraba que el de Marcos es una versión abreviada del Evangelio de Mateo. Con lo cual Lucas, el tercer sinóptico, sería el que completa los otros dos [[39]] y el de Juan sería el Evangelio que le da profundidad metafísica a los cuatro. Los sesudos críticos y académicos podrán decir muchas cosas, pero la verdad es que me quedo con la conclusión sugerida por la opinión de San Agustín. De estas cosas creo que él sabía bastante más que muchas ratas de biblioteca.»(155)

La Revista Digital Fides et Ratio – Junio de 2007 comenta acerca de las razones que llevaron al martirio a Mateo, durante su misión: «El Evangelio que lleva el nombre de Mateo, un recaudador de impuestos que abandonó su trabajo para seguir a Jesús (Mat. 9. 9) fue escrito hacia el 80 d.C. y está dirigido principalmente a los cristianos de origen judío. Dado el carácter de los destinatarios, Mateo cita con frecuencia textos del Antiguo Testamento y se apoya en ellos para mostrar que el designio de Dios anunciado por los Profetas alcanza su pleno cumplimiento en la persona y la obra de Jesús. Él es el “Hijo de David”, el “Enviado” para salvar a su Pueblo, el “Hijo del hombre” que habrá de manifestarse como Juez universal, el “Rey de Israel” y el “Hijo de Dios” por excelencia. Mateo también aplica a Jesús en forma explícita los oráculos de Isaías sobre el “Servidor sufriente”, que carga sobre sí nuestras debilidades y dolencias. Y al darle el título de “Señor”, reservado sólo a Dios en el Antiguo Testamento, afirma implícitamente su condición divina .Este evangelista atribuye una especial importancia a las enseñanzas de Jesús y las agrupa en cinco discursos, que forman como la trama de su Evangelio y están encuadrados por otras tantas secciones narrativas. El tema central de estos discursos es el Reino de Dios. En ellos, Cristo aparece como “el nuevo Moisés”, que lleva a su plenitud la Ley de la Antigua Alianza. También es el “Maestro”, que enseña “como quien tiene autoridad” (Mat.7. 29) la “justicia” de ese Reino inaugurado y proclamado por él.

El Evangelio de Mateo ha sido llamado con razón “el Evangelio de la Iglesia”, por el papel preponderante que ocupa en él la vida y la organización de la comunidad congregada en nombre de Jesús. Esta comunidad es el nuevo Pueblo de Dios, el lugar donde el Señor resucitado manifiesta su presencia y la irradia a todos los hombres. Por eso ella está llamada a vivir en el amor fraterno y el servicio mutuo, como condiciones indispensables para hacer visible el verdadero rostro de Jesucristo. Ya en el Evangelio de la infancia, Mateo nos anticipa quién es Jesús de Nazaret. Su “genealogía” se ha ido gestando a lo largo de toda la historia de Israel, que en él llega a su plenitud. Como “hijo de David”, él es el Mesías anunciado por los Profetas y esperado por el Pueblo judío. Como “hijo de Abraham”, es fuente de bendición para todos los hombres. Pero él es mucho más todavía: es “Dios con nosotros” (Mat.1. 23). María lo concibió en su seno por obra del Espíritu Santo, y José, al darle el nombre de “Jesús” (Mat.1. 25), asumió sobre él la función paterna y lo incorporó legalmente a su linaje davídico. Todos los relatos de la infancia tienen un estilo literario propio del Antiguo Testamento, en el que abundan las apariciones, los sueños y las repetidas intervenciones del “Ángel del Señor”. De esa manera, se quiere destacar la trascendencia de los acontecimientos narrados. Por eso, mucho más importante que el aspecto anecdótico es el sentido religioso de aquellos relatos. Así, por ejemplo, la adoración de los “magos”, que representan a los pueblos paganos, significa que la Salvación no está reservada exclusivamente al Pueblo elegido, sino que es para todas las naciones. Asimismo, por su huida a Egipto y su vuelta a la Tierra prometida, Jesús aparece como otro Moisés, que se pone al frente de su Pueblo y lo conduce al Reino de Dios. »(154)

En una nota publicada en el diario de México, con fecha 19 de Septiembre del 2009, titulada “Mateo, Apóstol”, comenta acerca del fin del evangelio que escribió Mateo: «El fin del evangelio de San Mateo es probar que Jesucristo sí es el Mesías o Salvador anunciado por los profetas y por el Antiguo Testamento. Este evangelio fue escrito especialmente para los judíos que se convertían al cristianismo, y por eso fue redactado en el idioma de ellos, el arameo. Quizás no haya en el mundo otro libro que haya convertido más pecadores y que haya entusiasmado a más personas por Jesucristo y su doctrina, que el evangelio según San Mateo. No dejemos de leerlo y meditarlo. A cada uno de los 4 evangelistas se les representa por medio de uno de los 4 seres vivientes que, según el profeta, acompañan al Hijo del hombre (un león: el valor. El toro: la fuerza. El águila: los altos vuelos ». Y el hombre: la inteligencia). A San Marcos se le representa con un león. A San Lucas con un toro (porque empieza su evangelio narrando el sacrifico de una res que estaban ofreciendo en el templo). A San Juan por medio del águila, porque este evangelio es el que más alto se ha elevado en sus pensamientos y escritos. Y a San Mateo lo pintan teniendo al lado a un ángel en forma de hombre, porque su evangelio comienza haciendo la lista de los antepasados de Jesús como hombre, y narrando la aparición de un ángel a San José. (155)

Notas:

(133)http://www.labibliaonline.com.ar/WebSites/LaBiblia/Revista.nsf/Indice/SanMateo?OpenDocument

(134) La vida y los tiempos de Jesús el Mesías”, Pág. 568-569, Alfred Edersheim, Edit. Clie

(135) Comentario exegético Devocional a toda la Biblia Mateo, Pág.156, Matthew Henry, Edit. Clie

(136) http://es.wikipedia.org/wiki/Mateo_el_Ap%C3%B3stol

(137) Ibíd.

(138) http://www.caminando-con-jesus.org/apostoles/apostoles.htm

(139) http://www.labibliaonline.com.ar/WebSites/LaBiblia/Revista.nsf/Indice/SanMateo?OpenDocument

(140) Ibíd.

(141) http://es.wikipedia.org/wiki/Palestina_en_los_tiempos_de_Jes%C3%BAs_de_Nazaret

(142) Ibíd.

(143) (Jer. Chag. 77 d; Comp. Jer. Sanh. 23 c y Sanh. 44 b), La Vida y los Tiempos de Jesús el Mesías, Pág. 571, Alfred Edersheim, Edit. Clie

(144) http://www.labibliaonline.com.ar/WebSites/LaBiblia/Revista.nsf/Indice/SanMateo?OpenDocument

(145) Comentario exegético Devocional a toda la Biblia Mateo, Mattew Henry, Pág. 156, Edit. Clie

(146) La vida y los tiempos de Jesús el Mesías

(147) http://www.biblecourses.com/sp_lessons/SP_199807_04.pdf

(148) http://es.wikipedia.org/wiki/Mateo_el_Ap%C3%B3stol

(149) http://ar.geocities.com/revistadigital_fidesetratio/2006/historia_junio_2007.htm

(150) Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, Op. cit.

(151) http://es.bibleinfo.com/questions/question.html?id=747

(152) http://www.misioncarismatica.es/estudios-doce_discipulos.html#8

(153) http://www.laeditorialvirtual.com.ar/Pages/MartosDenes/LosDeicidas/Martos_LosDeicidas_005_ElPredicador.htm

(154) http://es.catholic.net/biblioteca/libro.phtml?consecutivo=295

(155) “Mateo, Apóstol”,Diario de México, 19 -09-2009, http://www.elperiodicodemexico.com/nota_impresion.php?sec=Columnas-VidasEjemplares&id=137618

Los discípulos de Jesús X – El apóstol Felipe

Los discípulos de Jesús X – El apóstol Felipe

Ver Enlaces relacionados con “Los discípulos de Jesús”

Introducción

«No debe ser confundido con el diácono de igual nombre, que aparece en los Hechos de los Apóstoles (Hch.6:5)- figura en quinto lugar en las listas de los Doce. El Evangelio señala expresamente que:

“era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro” (Jn. 1:44).

Esa circunstancia, sumada al hecho de que Andrés y él son los únicos apóstoles que tienen nombres griegos, y la intercesión conjunta de ambos por los griegos que querían ver a Jesús, hace suponer a algunos autores que Felipe y Andrés eran parientes o amigos.»(120)

“Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús.22 Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús.” (Jn. 12: 21-22 RVA 1960)

«Su nombre significa “que ama a los caballos”»(121)

«De los griegos trae su origen este bello nombre. Filippo (Filíppos) es como antiguamente decían, y de ahí derivó Filipo, que es la forma más antigua de este nombre en nuestra lengua. Compuesto de jilov (fílos), que significa amante o amigo, y de ippov (híppos), que significa caballo, el nombre en su conjunto significa amante de los caballos, aficionado a ellos. Cuando empezó a aparecer este nombre, más bien como sobrenombre, hace casi tres milenios, el amor a los caballos era una gran cualidad y sigue siéndolo hoy. Ese nombre fue popular entre los griegos, pero hasta el siglo XII no llegó a ser usado en toda Europa. En España entró con Felipe el Hermoso, el esposo de Juana la Loca, hija de los Reyes Católicos.”»(122)

San Felipe, escultura de la Archibasílica de San Juan de Letrán (Roma).

Llamado divino:

Juan relata el llamado a Felipe el día posterior del llamado de Pedro y de Andrés y cómo éste, a su vez, invita a Natanael a conocer a Jesús

“El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve. Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.” (Jn 1:43-51 RVA 1960)

«Felipe también era seguidor de Juan el Bautista y estaba con él cuando lo señaló a Jesús como el Cordero de Dios. Fue el quinto apóstol y llamado por el mismo Jesús a que lo siguiera y luego de ese llamado, trajo consigo a su amigo Bartolomé (Natanael).»(123)

«Un siglo y medio más tarde, Clemente de Alejandría sostuvo que Felipe fue el joven que respondió al llamamiento del Señor, con estas palabras: “Permite que vaya, primero, a enterrar a mi padre”. A lo cual contestó Cristo: “Deja que los muertos entierren a los muertos; tu ven a predicar el reino de Dios” (Luc. 9:60). Es probable que Clemente de Alejandría no tuviese mas argumento que el hecho de que el Señor había dicho en ambos casos: “Sígueme”. De todas maneras, tanto en el Evangelio de San Lucas como en el de San Mateo, el incidente parece haber tenido lugar algún tiempo de que Cristo había empezado su vida pública, cuando ya los apóstoles estaban con él. Por otra parte, consta que San Felipe fue llamado antes de las bodas de Caná, a pesar de que, como lo dijo el mismo Cristo, su hora no había llegado aún, es decir, todavía no había empezado su vida pública. De la narración del evangelio se deduce que Felipe respondió sin vacilaciones al llamamiento del Señor. Aunque aún no conocía a fondo a Cristo, puesto que afirmaba que era “el hijo de José de Nazareth”, inmediatamente fue en busca de su amigo Natanael (casi seguramente el apóstol Bartolomé) y le dijo: “Hemos encontrado a aquel de quién escribieron Moisés, en el libro de la ley, y los profetas”. Esto prueba que Felipe estaba ya plenamente convencido de que Jesús era el Mesías. Sin embargo su celo no era indiscreto, ya que no trataba de imponer, por la fuerza su descubrimiento. Cuando Natanael le objetó: “Pero, puede salir algo bueno de Nazaret?, no puso el grito en el cielo, sino que invitó a su amigo a convencerse por sí mismo: “Ven a ver”. » (124)

Su ministerio:

Juan menciona la participación del apóstol en la multiplicación de los panes

“Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco. Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos? Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones. Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido. Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.” (Jn. 6: 5-14)

Juan relata su intervención (“Muéstranos al Padre”) durante el discurso de la Última Cena

“Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.” (Jn. 14: 8)

Alberto Durero realizó esta cabeza de santo al mismo tiempo que la efigie de Santiago Apóstol. San Felipe aparece como una anciano de rostro poderoso, muy expresivo, pero con la mirada triste. El rostros está cruzado de profundas arrugas y la piel tiene el tono terroso del que ha pasado la vida trabajando al aire libre. Los rizados cabellos son de un gris metálico muy oscuro y duro, en perfecta armonía con el color del raído vestido del santo, que parece un hábito religioso. Arriba, rodeando la cabeza, aparece una inscripción admonitoria en latín, pidiendo a San Felipe que rece por nosotros, junto a la fecha y el monograma del artista.

Su Bautismo:

Felipe era seguidor de Juan el Bautista, seguramente fue bautizado por él.

Recepción del Espíritu Santo:

En un lugar donde ellos estaban reunidos:(Juan capitulo 20:19-23 )

En Pentecostés, ver Hechos Capitulo 2

Su prueba final: Su martirio:

«Luego de su mención junto a los demás apóstoles en la espera de Pentecostés, no vuelve a ser nombrado, y nada sabemos a ciencia cierta acerca de su vida. La tradición lo presenta como evangelizador de Frigia o Escitia, situando su tumba en Hierápolis. Una leyenda cuenta que los paganos querían obligarlo a hacer un sacrificio a una estatua de Marte, pero un dragón, colocado bajo el pedestal, mata con su aliento al sacerdote que ordena el sacrificio y a dos soldados. Felipe, apiadado de ellos, pone en fuga al dragón y resucita a los tres muertos. La tradición cuenta asimismo que murió crucificado tras haber sido lapidado. Se lo suele representar llevando una cruz en forma de “T”, instrumento con el que, según la leyenda, obró durante su vida muchos milagros. También se suele representar su crucifixión.» (125)

Martirio de San Felipe

«Según los relatos de los Evangelios podemos ver a Felipe como un hombre cándido, timorato pero de mente sensata. Al pertenecer al Colegio Apostólico (Hechos) va a predicar Hierápolis (hoy Turquía) que pertenecía antiguamente a Grecia y en la cual muere en edad avanzada. La tradición no se pone de acuerdo, se dice que tuvo dos hijas que llegaron vírgenes a la vejez y están enterradas junto a él según la carta de San Víctor en el año 189 dirigida a Polícrates de Éfeso. En los Hechos 21, 8-9 refiera a cuatro hijas “Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos, fuimos a Cesarea; y entrando en casa de Felipe el evangelista, que era uno de los siete, estuvimos con él. Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban”. Aquí hay una de las confusiones, quizás este sea el Felipe Evangelista que se supone que muere en Cesarea y Felipe el Diácono el de Hierápolis, existiendo dos de ellos diferentes. En el libro apócrifo “Hechos de Felipe” refiere a que el apóstol murió en la región de Asia y sus restos enterrados en Hierápolis Según la tradición los restos fueron más tarde trasladados a Constantinopla y de allí a la iglesia de los Dodici Apostoli de Roma. Existiendo en la actualidad dos tumbas de un mismo apóstol o bien de dos “Felipes” diferentes.»(126)

«La tradición del Siglo II referente a él es insegura, tanto más cuanto que se registra una tradición similar respecto a Felipe el Diácono y Evangelista – un fenómeno que debe ser resultado de una confusión causada por la existencia de dos Felipes. En su carta a San Víctor, escrita hacia 189-98, el obispo Polícrates de Éfeso menciona entre las “grandes lumbreras”, a quienes el Señor buscará “el último día”, a “Felipe, uno de los Doce Apóstoles, que está enterrado en Hierópolis con sus dos hijas, que llegaron vírgenes a la vejez”, y una tercera hija, que “llevó una vida en el Espíritu Santo y descansa en Éfeso”. Por otro lado, según el Diálogo de Cayo, dirigido contra un montanista llamado Proclo, éste afirmó que “hubo cuatro profetisas, las hijas de Felipe, en Hierópolis en Asia donde aún está situada su tumba y la de su padre”. Los Hechos de los Apóstoles (21, 8-9) en realidad mencionan cuatro profetisas, las hijas del diácono y “Evangelista” Felipe, como viviendo entonces en Cesarea con su padre, y Eusebio, que da los extractos arriba citados (Hist. Eccl., III, xxxii), refiere a éste último la afirmación de Proclo. La afirmación del obispo Polícrates tiene en sí misma más autoridad, pero es extraordinario que se mencione a tres hijas vírgenes del Apóstol Felipe (dos enterradas en Hierópolis), y que el diácono Felipe haya tenido también cuatro hijas, y que se diga que hayan sido enterradas en Hierópolis. Aquí también quizá debemos suponer que se haya producido una confusión entre los dos Felipes, aunque es difícil decidir cuál de los dos, el Apóstol o el diácono, fue enterrado en Hierópolis. Muchos historiadores modernos creen que fue el diácono; sin embargo, es posible que el Apóstol fuera enterrado allí y que el diácono también viviera y trabajara allí y fuera allí enterrado con tres de sus hijas y que estas fueran después erróneamente consideradas como hijas del Apóstol. Los apócrifos “Hechos de Felipe”, que son, sin embargo, puramente legendarios y un tejido de fábulas, también se refieren a la muerte de Felipe en Hierópolis. Los restos del Felipe que fue enterrado en Hierópolis fueron más tarde trasladados, (como los del Apóstol) a Constantinopla y de allí a la iglesia de los Dodici Apostoli de Roma. ».(127)

«Los narradores antiguos dicen que este Apóstol después de Pentecostés se fue a evangelizar a Bitinia, en el Asia Menor (cerca del Mar Negro). Papías, un autor del siglo II afirma que San Felipe logró el milagro de resucitar a un muerto. Y San Clemente de Alejandría dice que lo hicieron morir crucificado en una persecución contra los cristianos».(128)

«San Felipe se dedicó a predicar en las regiones de Frigia, actualmente Turquía, y Escitia, actualmente Moldavia, Ucrania, Hungría y el este de Rusia. Fue martirizado y muerto en Hierápolis. Su martirio consistió en ser crucificado y apedreado. Posteriormente sus reliquias se trasladan a Roma.» (129)

«Al igual que la mayoría de los apóstoles poco se conoce con certeza sobre su vida con posteridad a Pentecostés. Los testigos de la tradición lo confunden a veces con Felipe el Diácono. Según el testimonio de Eusebio en su Historia eclesiástica habría muerto en Hierápolis al norte de la actual Asia Menor, lo mismo que dos de sus hijas vírgenes. Papías, obispo de Hierápolis, las había conocido y escuchado de ellas el relato de la resurrección de un muerto. Según otra tradición de la que se hace eco el Breviario romano, había predicado el evangelio primero en la Escitia y en Lidia, antes de pasar a Frigia, donde todos los documentos colocan su martirio en Hierápolis bajo Domiciano crucificado cabeza abajo y rematado luego a pedradas. Una inscripción de su posible tumba en Hierápolis dice: al glorioso apóstol y teólogo Felipe.. Sus reliquias habrían sido trasladadas a Roma, donde se veneran junto a las de Santiago el Menor en la iglesia de los Doce Santos Apóstoles.» (130)

Este ícono que se encuentra sobre la puerta principal de la Iglesia Ortodoxa de San Felipe (Pennsylvania), muestra al apóstol abrazado por Jesús, representando así la protección del Señor sobre su apóstol y sobre la iglesia que lleva su nombre. “Ven y verás” es lo que dice San Felipe, a lo que Jesús responde: “Verás el cielo abrirse”.

«Sobre los últimos años de San Felipe falta información. Eusebio, historiador de la iglesia, cita a Polycrates – obispo de Éfeso a fines del siglo II – quien ubica al apóstol en Asia (en la actual Turquía) estableciendo que murió y fue enterrado en Hierápolis. Otras tradiciones señalan que murió mártir, siendo crucificado. Leyendas hagiográficas lo reportan evangelizando en puntos tan lejanos como el norte de Francia. Polycrates también señaló que Felipe era un hombre de familia, y que tenía 3 hijas, dos de ellas habrían sido enterradas en Hierápolis mientras que la tercera habría muerto en Éfeso.»(131)

«Una inscripción de su posible tumba en Hierápolis dice: al glorioso apóstol y teólogo Felipe..» (132)

Notas:

(120) http://www.labibliaonline.com.ar/WebSites/LaBiblia/Revista.nsf/Indice/SanFelipe?OpenDocument

(121 Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

(122) http://www.elalmanaque.com/santoral/mayo/26-5-felipe.htm

(123) http://es.wikipedia.org/wiki/Felipe_el_Ap%C3%B3stol

(124) http://www.arecibo.inter.edu/biblioteca/Arecibo/sfelipe.htm

(125) http://www.labibliaonline.com.ar/WebSites/LaBiblia/Revista.nsf/Indice/SanFelipe?OpenDocument

(126) http://es.wikipedia.org/wiki/Felipe_el_Ap%C3%B3stol

(127) Ibíd.

(128) http://www.ewtn.com/spanish/saints/Felipe_Santiago_5_4.htm

(129) http://www.aciprensa.com/catequesis/apostoles/felipe.htm

(130) http://arecibo.50megs.com/sf.html

(131) http://psfa.bizland.com/id9.html

(132) http://juaank.tripod.com/id13.html