Oficios y profesiones de la Biblia (relacionados con los discípulos del Señor)


Oficios y profesiones de la Biblia (relacionados con los discípulos del Señor)

Ver Enlaces relacionados con “Los discípulos de Jesús”

1- Los Publicanos:

¿Que eran los publicanos? «En la antigua Roma los publicanos eran recaudadores de impuestos para la república y «de derechos aduaneros». (262)

Así también aparecen en el Nuevo Testamento, como recaudadores de impuestos que abusaban de su poder (éstos eran odiados, ya que cobraban más de lo que la ley les exigía, y al estar amparados por ella, las personas no tenían defensa. Por otra parte, eran odiados por los judíos, ya que cobraban de más a su propio pueblo en beneficio de los invasores). Los publícanos (en latín, publicanum, pl. publicani) o sus asociaciones, tenían el monopolio del dinero y del poder económico: la renta del suelo de Italia, y del mejor suelo de las provincias; la renta de los préstamos; las ganancias comerciales en todo el territorio romano; y (cuando lo tenían arrendado) la parte correspondiente de las rentas del tesoro público. Algunos publicanos alcanzaron capitales inmensos (de hasta cien millones de sestercios, cuando una fortuna senatorial media era de unos tres millones de sestercios, y la de un caballero medio de dos millones de sestercios). Los mercaderes italianos eran miles en todas las provincias, pero, como excepción, en las de Hispania Citerior e Ulterior eran poco numerosos. Según el Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia «primeramente como república y después como imperio, Roma extendía su dominio sobre los estados conquistados, los cuales pasaban a ser gobernados por procuradores romanos, o por medio de dinastías indígenas, imponiendo obligaciones fiscales que debían ser administradas por oficiales designados para tal efecto. Al principio, por tanto, publicano fue un título honroso, aplicado a estos oficiales que atendían el “interés público” al administrar el cobro de impuestos. Los publicanos (en latín, publicanum, pl. publicani) o sus asociaciones, tenían el monopolio del dinero y del poder económico: la renta del suelo de Italia, y del mejor suelo de las provincias; la renta de los préstamos; las ganancias comerciales en todo el territorio romano; y (cuando lo tenían arrendado) la parte correspondiente de las rentas del tesoro público. Algunos publicanos alcanzaron capitales inmensos (de hasta cien millones de sestercios, cuando una fortuna senatorial media era de unos tres millones de sestercios, y la de un caballero medio de dos millones de sestercios). Los mercaderes italianos eran miles en todas las provincias, pero, como excepción, en las de Hispania Citerior e Ulterior eran poco numerosos. El Estado les confió mediante contrato, todo el sistema de ingresos, suministros, pagos y contribuciones. Los particulares acudieron a los publicanos o a sus asociaciones para sus construcciones, recolección de sus cosechas, liquidaciones de herencias, quiebras, etc. El empresario tomaba todo el activo y asumía todo o parte del pasivo. Con el tiempo todos los arrendamientos del Estado (minas, recaudaciones, transportes, etc.) quedaron en manos exclusivas de las sociedades de publicanos. Estas sociedades formaron distintas alianzas para cada ramo de actividad y tendieron a ejercer el monopolio del producto y a fijar su precio. Las sociedades también se hicieron mayoritarias en el ámbito privado. Y las gentes ricas invertían sus capitales en estas sociedades. Hacia el siglo I de nuestra era los publicanos comenzaron a ser corregidos, y para el final del siglo II los publicanos como grupo habían desaparecido.»(263)

«Los jefes de los publicanos solían nombrarse entre los caballeros de la sociedad romana, y para el nombramiento el estado vendía a subasta el derecho oficial. Este quedaba obligado a entregar al gobierno de Roma una cantidad estipulada, pero el sistema se prestaba a abusos; el publicano podía obtener más de lo acordado y embolsarse el saldo. Naturalmente, los jefes necesitaban subordinados para poder dividir su región en distritos más pequeños, y a su vez estos subordinados buscaban empleados para la tarea ingrata de sacar el dinero directamente de los súbditos. Autores como Livio y Cicerón señalan que los publicanos habían adquirido mala fama en sus días, a causa de los referidos abusos. Los subordinados inferiores en la jerarquía de los recaudadores de impuestos solían ser nativos del lugar donde trabajaban y, por tanto, en Palestina la mala fama general de los publicanos fue más aguda. Los judíos que se prestaban para este trabajo tenían que alternar mucho con los gentiles y, lo que era peor, con los conquistadores; por eso se les tenía por inmundos ceremonialmente (Mat 18.17). Estaban excomulgados de las sinagogas y excluidos del trato normal con sus compatriotas; como consecuencia, se veían obligados a buscar la compañía de personas de vida depravada, los «pecadores». Su tendencia a cobrar más de lo debido, y su exclusión de la sociedad religiosa, se destacan en pasajes como Mat. 9.10–13; 21.31; Luc 3.12s; 15.1. Sin duda Zaqueo era “jefe de los publicanos” en el distrito de Jericó, y aun siendo rico participaba de la ignominia de su profesión. Por eso resultaba del todo “revolucionaria” el que Jesús fuera a hospedarse en la casa de aquel (Luc 19.1–10). Mateo, en cambio, era del rango inferior de publicanos (Luc 5:27ss) antes de recibir su vocación como apóstol. Quizá fue uno de los modelos para la parábola del publicano arrepentido y el fariseo engreído (Luc 18.9–14) »(264)

«Los publicanos eran recaudadores de impuestos, al servicio del odiado poder extranjero. Eran gentes ávidas de dinero. Aunque existía una tarifa estatal, ellos se las arreglaban para gravar a los contribuyentes con tarifas superiores. Era esto tan corriente que todo publicano era considerado sin más como un pecador. Eran tenidos por ladrones. El Talmud los considera como gente despreciable, con quienes todo era lícito, incluso despellejarlos, pues lo merecían.»(265)

Los publicanos, «son, ante todo, unos subalternos que tienen que venderse al gran sistema (a los ricos-ricos, a los gobernantes y generales, a los jefes de estado…), para así vivir, traicionando en el fondo a los pobres del pueblo, del que provienen. Los publicanos son un tipo de “proletariado” intermedio que se vende al sistema, por un plato de comida. En tiempo de Jesús, en general, eran hombres (varones): cobradores de impuestos al servicio del sistema, miembros de la “clientela” de los señores, a quienes servían y de quienes recibían dinero. La sociedad, y el evangelio, les comparaban con las prostitutas, que también tienen que venderse, para así vivir, al servicio del sistema. Así podemos dividir la sociedad en tres “clases” (de las clases que había en tiempo de Jesús hablaré un día próximo). Está la clase alta-alta, los que dirigen la sociedad en el plano económico, político y militar, con sus “fariseos”, es decir, con aquellos que piensan que sirven a Dios haciendo lo que hacen. Ellos son los representantes y beneficiados del sistema y difícilmente pueden cambiar, aunque suban al templo (como muestra la imagen del fariseo, que es el rico-rico en plano religioso). Está la clase baja-baja, los que padecen bajo el sistema: los parados y excluidos, los esclavos de diverso tipo y los prescindibles, aquellos que pueden morir sin que cambie nadie. Éstos bajos-bajos pueden y deben contribuir a la revolución, pero por sí misma (sin la colaboración de los publicanos y prostitutas) encontrarán muchas dificultades. Está finalmente la clase intermedia, aquella que actúa como bisagra… En este contexto se pueden situar los “publicanos”. Por un lado forman parte del pueblo bajo, no tienen verdadero poder. Pero, por otra parte, son necesarios para el sistema, pues tienen que realizar los trabajos duros, especialmente el de “cobrar los impuestos” de los ricos. En terminología antigua: ellos tienen que servir a los ricos sacando dinero a los pobres, para que funcione el orden del sistema.» (266)

«Incluso los publicanos eran equiparados en esto a los pastores de ganado, debido a sus frecuentes tentaciones a la falta de honradez, y sus vidas desordenadas, ya que no podían cumplir las ordenanzas legales.» (267)

« Sabemos bastante, pero, por lo que se refiere a detalles, quizá muy poco respecto a estas «tarifas de aduanas, impuestos o portazgos» que hacían la administración romana tan penosa, una carga y exacción tan vejatoria para todos los «provinciales», que en Judea el mismo nombre de publicano o cobrador de impuestos era objeto de desprecio y aborrecimiento. Los que albergaban las más graves dudas religiosas respecto a la legitimidad de pagar tributo alguno a César, por el hecho de implicar en principio reconocimiento a una servidumbre a la que de buena gana habrían cerrado los ojos, y la sustitución de la realeza de Jehová por la de un emperador pagano, tienen que haber considerado al publicano como la misma personificación del antinacionalismo. Pero quizá los hombres no siempre actúan bajo el impacto consciente y constante de principios abstractos de este tipo. Sin embargo, las interminables interferencias y vejámenes, las exacciones injustas y crueles, la tiranía ruin y la avaricia ilimitada, contra las cuales no había defensa ni apelación, serían casi insoportables. Es a esto que los rabinos se refieren con frecuencia. Si los «publicanos» estaban descalificados para ser jueces o testigos, era, por lo menos en cuanto se refería al hecho de dar testimonio, porque «exigían más de lo debido» (Sanh. 25 b). De ahí también, se decía, que el arrepentimiento era especialmente difícil para los cobradores de impuestos y los empleados de las aduanas o tributos públicos (Baba K. 94 b).» (268)

«Es importante notar que el Talmud distingue dos clases de «publicanos:: el cobrador de impuestos en general (Gabbai) y el Mok.. hes, o Mokhsa, que era de modo especial el aduanero, o empleado de una aduana. Aunque las dos clases caían bajo el bando rabínico el aduanero (a los que pertenecía Mateo) era objeto de la máxima execración. Y esto era debido a que sus exacciones eran más vejetonas y tenían más oportunidades para la rapacidad. El Gabbaj o recaudador de tributos, cobraba los impuestos regulares, que consistían en tributos sobre la tierra, sueldos y capitación. El impuesto sobre la tierra, o básico, consistía en una décima parte de todo el grano y en una quinta parte del vino y fruto recogidos, y se pagaba en parte en especie y en parte era contado en dinero. El impuesto sobre la renta equivalía al 1 por ciento, mientras que la capitación o dinero personal, era exigida a todas las personas, libres o en servidumbre; en el caso de los hombres, desde la edad de los catorce hasta los sesenta y cinco, y de las mujeres a partir de los doce. Si esto ofrecía muchas oportunidades para exacciones abusivas e injusticias rapaces, el Mokhes podía imponer extracciones mucho más crueles sobre la gente pobre. Había impuestos sobre todos los productos de importación y exportación; sobre todo lo que se compraba y vendía; impuestos sobre el paso por puentes, carreteras, uso del puerto; impuestos locales de los pueblos, etc. El lector de los clásicos está al corriente de la inventiva oficial, que podía crear impuestos y hallar un nombre para toda clase de exacciones, tales como sobre los ejes, ruedas, animales de carga, peatones, carreteras, caminos; la admisión a mercados; transportes, carros, puentes, barcos y muelles; cruzar ríos, diques, o licencias; en resumen, sobre toda clase de objetos, de modo que incluso los eruditos e investigadores modernos no han podido identificar todos los nombres. Sobre los productos, el impuesto ad valorem alcanzaba desde el 2 ½ al 5 por ciento, y sobre artículos de lujo incluso el 12 ½ por ciento. Pero aun esto no era nada, comparado con el vejamen de ser detenido constantemente en el camino, y tener que descargar todos los animales de carga, y ver todo paquete y embalaje abierto y su contenido echado por ahí, ver cartas privadas abiertas, y el Mokhes que regía supremo sobre toda esta insolencia y rapacidad. La misma palabra Mokhes parece que, en su significado original, estaba asociada con la idea de opresión e injusticia. Era literal Y realmente un opresor. El Talmud les acusa de parcialidades burdas, que dejaban pasar libres a aquellos a quienes querían mostrar Lavor, y demandaban el dinero de los que no eran sus favoritos. Era una raza de delincuentes, a los cuales se aplicaba Levítico 20:5. Se decía que no había una familia en la que hubiera un Mokhes cuyos miembros no acabaran siéndolo todos. No obstante, se registran casos en que un publicano religioso hiciera favores a los rabinos, o les advirtiera de modo anticipado para que pudieran resguardarse. Si uno pertenecía a la asociación sagrada (un Chabher) y pasaba a ser un Gabbai o un Mokhes al instante era expulsado de la misma, aunque podía ser restaurado caso de arrepentirse (Jer. Dem. 23 a; comp. Bekhor. 31 a). Que un rigor así estaba justificado, lo muestra un suceso ocurrido en que un Mokhes quitó a una persona sin defensa su asno y le dio otro muy inferior a cambio. Contra opresores tan poco escrupulosos era permitido todo tipo de engaño; se podía declarar que los bienes eran ofrendas votivas (Nedar. iii. 4), o una persona hacía pasar a su esclavo como si fuera su hijo (Jer. Kidd. 66 b). El Mokhes era llamado «grande», si empleaba sustitutos, y «pequeño)>, si él mismo estaba al frente en su oficina de impuestos. Hasta los días de César los impuestos eran vendidos globalmente en Roma al mejor postor, generalmente una compañía financiera de una orden de la nobleza, que empleaba publicanos para el cobro individual. Pero por un decreto de César los impuestos de Judea no se vendían así, sino que eran exigidos por los publicanos de Judea y pagados directamente al Gobierno, siendo los oficiales o encargados nombrados por los mismos provinciales (Jos. Ant. xiv. 10. 5). Esto constituía realmente un gran alivio, aunque quizá hacía a los cobradores de impuestos más impopulares, puesto que eran los encargados directos de un poder pagano. Esto explica también el que si la Mishnah prohíbe (B. Kamma x. 1) incluso el cambio de moneda del cofre culpable de un Mokhes o aduanero, la Gemara (Baba K. 113 a) añade que esto se aplicaba a los que o bien no se limitaban al impuesto designado por el Gobierno, o en general a cualquier impuesto fijo, y a los que se ofrecían para este cargo voluntariamente con miras a sacar provecho por su propia cuenta. Se refiere, sin embargo, el caso de un Gabbaj, o cobrador de impuestos, que llegó a ser un rabino famoso, aunque la mancha de su ocupación anterior impedía a sus colegas más estrictos el tener intercambios con él (Bekhor. 31 a). En los días de fiestas paganas no se cobraba el impuesto a los que acudían al festival (Ab. Zar. 13 a).»(269)

«Dice el historiador Mommsen, que durante la república, en Roma, se hizo famosa la función de los “publicanos”, personajes con quienes el gobierno celebraba contratos para que en su nombre, cobraran los impuestos. Constituye el ejemplo histórico más considerable de un estado que pone en modo permanente a cargo de las poblaciones sometidas el peso de sus gastos, con el fin de no gravar a sus ciudadanos o de reducir en todo lo posible sus deberes fiscales. Los últimos césares comprendieron, demasiado tarde sin duda, que esa política tributaria, unida al despilfarro de los gastos, llevaba al imperio a la ruina e intentaron remediarlo con reformas fiscales, como la Caracalla y el Diocleciano, inspiradas en principios impositivos de signo diferente a los que habían imperado desde los primeros tiempos de la república. Pero estas reformas se cometieron en vísperas de un cambio político fundamental: cuando Roma iba a convertirse de pueblo conquistador, a estado vencido…» (270)

2 – Pescadores: (271)

Lugares para la pesca. En Palestina los principales lugares para la pesca han sido a lo largo de la costa del Mediterráneo, y en el Mar de Galilea, con algo de ella en los arroyos de agua dulce. Los israelitas en el desierto decían: “Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto” (Núm. 11:5). Nos interesa más la pesca en Galilea por causa de los incidentes del Evangelio conectados con el Señor Jesús y sus discípulos, que eran pescadores. Los judíos acometieron un gran negocio de pescadería en las aguas del Mar de Galilea en los días de Jesús. Hace unos cuantos años el Sr. A. C. Haddad, un nativo de Siria y residente en Palestina en este siglo, contó sesenta hombres, todos árabes, que se ganan la vida como lo hizo el apóstol Pedro, pescando en el Mar de Galilea. Sus métodos de trabajo muy similares a los usados por los discípulos de Jesús. Tales métodos desaparecerán pronto en esta región, ya que el nuevo Estado de Israel controla este mar, y están sustituyendo sus antiguos equipos con otros occidentales más modernos. El nuevo gobierno ha subsidiado la industria pesquera en Galilea.

Pescadores en el Mar de Galilea

Pesca con caña. No se piensa que haya sido probable que los discípulos en Galilea usaran este método para pescar muy extensamente. Que en ocasiones era usado, podemos afirmarlo por el relato del pez que Pedro extrajo de las aguas y en cuya boca encontró moneda para pagar el tributo (Mat. 17:27). Isaías habla respecto de esto relacionado con la pesca en los ríos, y dice: “Los pescadores también se entristecerán; y harán duelo todos los que echan anzuelo en el río” (Is. 19:8). También el profeta Amós se refiere a esta clase de pesca cuando dice: “He aquí, vienen días sobre vosotros que os llevará en anzuelos, y a vuestros descendientes en barquillos de pescador” (Am. 4:2). La excavación practicada en las trincheras de Gezer sacó a un anzuelo viejo, indicando con ello el uso antiguo del método de pescar con caña.

Arponeo del pescado. El libro de Job se refiere a este método de pescar:

“¿Cortarás con tu cuchillo su cuero, o con asta de pescadores su cabeza?” Job 11:7).

Que el mismo método se usó en Egipto, prueba por las inscripciones que retratan a los egipcios usando arpones.

La atarraya, o red de mano. Dos de los discípulos estaban muy ocupados cuando Cristo los llamó para que fuesen pescadores de hombres.

“Y pasando junto a la mar de Galilea, vio a Simón, y a Andrés su hermano, que echaban la red en la mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí y haré que seréis pescadores de hombres” (Mar. 1:16-17).

Esta clase de red es de forma circular y como de cinco metros de diámetro con buenas mallas. En toda la orilla tiene plomos que sirven para hundirla. Un pedazo de cordel largo se asegura en el centro de la red. Este cordel se sostiene con la mano izquierda, y la red se recoge con la mano derecha, se arroja a las aguas con un vuelo ancho dado con el brazo, y sobre aguas poco profundas cerca de la ribera, dondequiera que observe una mancha de peces. El centro de la red es luego jalado por el cordel, y el pescador puede entrar en el agua para recoger la pesca.

Red barredera, o dragadora. Jesús usó esta clase de pesca o base para una de sus parábolas. “Asimismo el reino de los cielos es semejante a la red, que echada en la mar, coge toda clase de peces; la cual estando llena, la sacaron a la orilla; y sentados, cogieron lo bueno en vasos, y lo malo echaron fuera” (Mat. 13:47, 48). La red es grande algunas veces de unos cien metros de largo y unos dos y medio de ancho. Los cordeles se ponen en los extremos de la red. Se le ponen corchos a lo largo de uno de los lados para mantenerla flotando mientras que el otro lado tiene pedazos de plomo con objeto de hundirla. Algunas veces la red se echa entre dos barcos en el mar, siendo estirada en medio de ellos. Los barcos son puestos de tal manera que encierren un espacio circular y cuando los barcos se encuentran, entonces la red es llevada dentro de los barcos, hallándose cada vez más pequeño el círculo. El cordel del centro se más de prisa que el de arriba y así los peces son cercados como en un saco, y luego metidos en los barcos. Algunas veces se coloca la red de tal manera que puede sacarse desde tierra. Entonces uno de los extremos se lleva tan lejos como es posible, por un barco en dirección mar adentro. Entonces el barco vuelve con el extremo de red trayéndolo en derredor y con un giro hacia el lugar en que principió, donde los hombres usan el mismo método de jalar las redes y traer el pescado a tierra. Otra vez dos barcos extienden la red entre ellos a cierta distancia de la playa, forzando a los peces a entrar a ella. No debe haber obstrucciones rocosas para que este método dé buen resultado. Esta manera de pescar ilustra el valor del esfuerzo cooperativo. Varios hombres trabajan juntos. Algunos remando, otros jalando las cuerdas con gran fuerza, y otros arrojando piedras, o de otro modo tratando de hacer que los peces no se salgan, asustándolos. Cuando se acercan a la playa se sostienen los cantos de la red y se jala a tierra y los peces son recogidos. Después de coger el pescado se divide en las distintas clases, como se indica en la parábola de Jesús. ¡Qué lección tan ilustrativa sobre el trabajo cooperativo de salvar almas! Pesca de noche. Los pescadores galileos a menudo van de pesca por las noches. Alumbran su camino con una antorcha encendida, y al ver el pez arrojan su arpón, o arrojan su red a la mar. Algunas noches trabajan toda la noche sin pescar nada, como fue el caso de Simón Pedro y sus compañeros.

“Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado” (Luc. 5:5).

Localización de manchas de peces. Un pescador Galileo fue observado una vez usando una red de mano mientras se introducía en las aguas del mar. Arrojó su red varias veces y la sacaba vacía. Pero luego su compañero que se quedó en la playa le gritó que arrojara la red hacia la izquierda, y cuando lo hizo, sacó su red con peces. En ocasiones, las manchas de peces se ven mejor por los que están en la playa, mientras quedan escondidas de los pescadores en el agua. Esto aconteció con Jesús y sus discípulos como nos lo relata Juan: “Y venida la mañana, Jesús se puso a la ribera: mas los discípulos no entendieron que era Jesús’. Y díjoles: Mozos ¿tenéis algo de comer? Respondiéronle: No. Y él les dice: Echad la red a la derecha del barco, y hallaréis. Entonces la echaron y no la podían en ninguna manera sacar, por la multitud de los peces” (Jn. 21:4.6). Esta habilidad para ver desde la playa lo que los pescadores en un bote no pueden ver, no quita que un milagro fue hecho con los discípulos. Fue el poder de Jesús que aseguró ese gran número de peces al lugar preciso, donde los discípulos podrían cogerlos con sus redes.

3 – Constructores de tiendas (272)

Tienda de Pelo de Cabra (273)

Por causa del mucho uso de las tiendas por el pueblo hebreo, había grande demanda de constructores de tiendas. Además de tienda ordinaria usada como morada, muchas tiendas portátiles se hicieron para el uso de los viajeros. En tiempos del Nuevo Testamento era costumbre enseñar a cada joven judío algún oficio. Como Jesús fue carpintero, así Pablo era constructor de tiendas. Pablo ejerció su oficio en compañía de Aquila en Corinto (Hch, 18:1-3). El pelo hirsuto de las cabras se usaba para fabricar estas tiendas. Pablo aprendió a cortar rectamente la tela, así como seguía en línea recta la interpretación de la Palabra de Dios (cf. 2 Tim. 2:15). El doctor Edersheim dice: En Alejandría los que tenían diferentes oficios comercios se sentaban en la sinagoga arreglados en gremios, y Pablo no tendría dificultad en encontrarse en el bazar con su giro, con un Aquila y Priscila que eran de su misma profesión con quienes alojarse”.

Construcción de casas:

(262) Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, op. cit.

(263)http://es.wikipedia.org/wiki/Publicano

(264) Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, op. cit.

(265) http://www.mercaba.org/DJN/F/fariseo_y_publicano_parabola_del.htm

(266) http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2007/10/29/p123628

(267) La vida y los tiempos de Jesús el Mesías, Nota Nº 8 de pie de página Nº 569, Alfred Edersheim, Edit. Clie

(268) La vida y los tiempos de Jesús el Mesías, Pág. 569, op. cit.

(269) La vida y los tiempos de Jesús el Mesías, Pág. 570-571, op. cit.

(270) http://www.consejerofiscal.com/Default.aspx?tabid=74

(271) http://www.ministros.org/Estudios/usos/022.htm

(272) http://www.ministros.org/Estudios/usos/022.htm

(273) El vivir en tiendas es de origen muy antiguo según la Biblia. Se remonta hasta antes de los días de Abrahán. En las Sagradas Escrituras encontramos la primera referencia a esa vida en Génesis 4:20, cuando se refiere a un hombre llamado Jabal, que “fue el padre de los que habitaron en tiendas”. Después del diluvio se dice en las Sagradas “Dios engrandezca a Japhet, y habite en sus tiendas de Sem” (Génesis 9:27).

Los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob pasaron la mayor parte de su vida en tiendas en la tierra de Canaán y sus alrededores. Se dice de Abraham que “levantó su tienda” cerca de Bethel (Gén. 12:8). De Isaac se dice que “levantó su tienda” en el Valle de Gerar (Gén. 26:17). Y de Jacob, que “levantó su tienda” frente a la ciudad de Sichem, (Gén. 33:18).

Los hijos de Israel vivieron en tiendas durante su peregrinación por el desierto durante cuarenta años. De ellos dice Moisés “los hijos de Israel asentarán en tiendas, cada uno en su escuadrón” (Núm. 1:52). Refiriéndose a Balaam, dice: “alzando sus ojos vio a Israel alojado por sus tribus” (Núm. 24:2).

Por muchos años después que Israel entró a poseer la Tierra Prometida aún vivían en sus tiendas. Al rey David le fue dicho en sus días: “El arca, e Israel, y Judá están debajo de tiendas” (2 Sám. 11:11), lo que indica que la mayoría de las gentes moraban en tiendas. En tiempos de las diez tribus comandadas por Jeroboam el grito que se oía era “Israel, a tus estancias” (I Re. 12:16).

Cuando las tribus se reunían en lugares pequeños como Gilgal y Silo, siempre llevaban consigo sus tiendas. Y cuando el templo fue terminado en Jerusalén, y el pueblo hacía sus peregrinaciones para ir a la celebración de las fiestas del Señor, algunos millares de ellos dormían en tiendas que levantaban en las laderas de las montañas que rodean la ciudad.

Como los judíos de antaño, los nómadas o árabes beduinos de Palestina, y especialmente de la Transjordania, por siglos han morado en sus tiendas, y su manera de vivir es bastante parecida a la de las gentes de la Biblia. De ahí que un estudio de la estructura de las tiendas de las tierras bíblicas de hoy día, arrojará mucha luz sobre la manera de vivir de los hombres de los primitivos tiempos bíblicos. Con tal estudio estaremos capacitados para imaginarnos el fondo para entender la vida y las contribuciones de esos hombres de épocas pasadas.

Material de la tienda

La habitación de los beduinos es su tienda, la que es fabricada con telas de pelo negro. Se llama beit sha’ar, “casa de pelo”. Se fabrica con una tela basta, y sirve para proteger a la familia de los vientos fríos del invierno. En el verano, los lados de la tienda se levantan, y sirve entonces como sombra.

La tela de pelo de cabra usada para hacer estas tiendas es porosa, cuando está seca; pero con las primeras lluvias de la estación se aprieta el tejido de manera que se convierte en impermeable.

En el libro del Cantar de Cantares de Salomón se habla de estas tiendas de pelo negro de cabra cuando leemos: “Morena soy, oh hijas de Jerusalén… como las cabañas de Cedar” (Cant. 1:5).

Para fabricar las tiendas de los beduinos se usa el mismo material llamado cilicio en los días de la Biblia. Debemos recordar que el cilicio oriental no se parece al cotense occidental, sino que es un material hecho de pelo de cabra espinoso y basto.

El apóstol Juan al comparar las tinieblas a este cilicio, dice: “el sol se puso negro como saco de cilicio” (Apoc. 6:12). En tiempos bíblicos se usaba el saco de cilicio para demostrar la tristeza (Gén. 37:34; II Sam. 3:31); como signo de humillación (I Re.29:1); como signo de arrepentimiento (Dan. 9:3; Jonás 3:5).

Campamentos de tiendas y modo de levantarlas

Si los árabes beduinos viven juntos como tribu o clan, como casi siempre lo hacen, o si más de una familia vive con ellos, entonces sus tiendas no se levantan en racimo confuso, sino en un círculo grande para que cuando menos sus ganados puedan quedar protegidos dentro del círculo. Al lado de la tienda del jefe y a su cabecera, se coloca hincada en tierra una lanza grande como emblema de su autoridad (I Sam. 26:7). Su tienda, por lo general, es de mayores dimensiones que la de los demás.

Dice la Biblia que algunos de los hijos de Ismael vivían en campamentos de tiendas (Gén. 25:16). El número de las tiendas que constituían el campamento de Abrahán debe haber sido grande, porque en la guerra que sostuvo con la federación de reyes, los cuales se habían llevado cautivo a su sobrino Lot, se dice que Abrahán tenía a sus órdenes trescientos dieciocho soldados entrenados y nacidos en su casa (Gén. 14:14). El arreglo de sus tiendas sin duda file como el del más rico beduino de nuestros días.

La parte principal, encima de la tienda del beduino, se compone de un gran toldo que se sostiene por postes, y las extremidades de la tela de la tienda se estiran con cuerdas que se atan a estacas hincadas en la tierra. Fue una de estas estacas de la tienda la que usó Jael para matar a Sísara (Jue. 4:21).

Arreglo interior de una tienda

La tienda oriental es comúnmente de forma oblonga y consta de dos y algunas veces de tres apartamentos divididos por cortinas de pelo de cabra. La entrada conduce al departamento de los hombres, el que también sirve de sala de recepción; mas allá está el departamento de las mujeres y los niños. Algunas veces hay un tercer apartamento para los criados o el ganado.

En el departamento interior, que está encortinado, están las mujeres, no visibles desde la sala de recepción, pero pueden ellas oír todo lo que sucede en esa sala. Así fue como Sara en su departamento oyó lo que el ángel dijo a Abrahán en la sala de recepción (Gen. 18:10-15). Hay casos en que son necesarias tiendas separadas para las mujeres. Se necesitaron varias tiendas para alojar a la gran familia de Jacob. Se hace referencia a la tienda de Jacob, a la tienda de Lea, a la de Raquel y a la tienda de las dos criadas (Gén. 31:33).

Amueblado interior de las tiendas

La tienda de un pastor está siempre sujeta a continuos cambios, como lo indica Ezequías en su canto de gratitud después de la recuperación de su salud (Isa. 38:12). El amueblado de una tienda debe incluir sólo lo necesario. El piso se cubre con alfombras, y por la noche se usa la ropa de cama, la que se compone de esteras o carpetas, sobre las cuales se duerme. Los mantos usados durante el día les sirven por la noche de colchas. Se pueden poner en derredor de los postes de en medio sacos de grano. Deben encontrarse a la mano en la tienda un molino de mano y el mortero en que se muele el grano. Colgados de los postes estarán los sacos de piel para el agua y demás líquidos. También habrá una cubeta de cuero para sacar el agua del pozo que se encuentra cerca, y un cántaro que usan las mujeres para llevar el agua. Los utensilios de cocina no son muchos, pero incluyen botes, bandejas y vasijas. Con las fuentes para servir se incluirán esteras y platos más grandes, así como tazas para beber. Una lámpara de las primitivas quemando aceite de oliva se usará para iluminar la tienda por las noches. Si la familia tiene la dicha de contar con un camello, entonces se usará la fornitura para sentarse en el interior de la tienda, de la manera como Raquel hizo cuando su padre buscaba sus dioses en su tienda (Gén. 31:34) -Pocas cosas además de las enumeradas arriba se necesitan para la vida sencilla de los moradores de tiendas.

El fogón queda, por supuesto, sobre el piso. Se cava un pozo en el piso donde se pueda encender el fuego, poniéndose en derredor de él varias piedras y los utensilios de cocina se ponen sobre ellas, por encima del fuego. Uno de estos fogones está dentro de la tienda y otro estará fuera, cerca del departamento de las mujeres. En tiempo de verano se cocinan los alimentos mejor fuera que dentro de la tienda.

Remendando la tienda y agrandándola

Es muy raro que se hagan nuevas tiendas entre los beduinos. Cuando esto llega a acontecer es cuando un novio y su novia ponen su casa aparte de la de sus padres, y esto ocurre muy raramente.

El procedimiento a seguir es acumular la trasquila de una cabra durante un año o más, y con ello se hace una tira más de tela para añadirla a la vieja tienda. Las mujeres hacen este trabajo. La parte del techo de la tienda más averiado se corta, y la nueva tira de tela la reemplaza. La tira vieja se usa como cortina. CadA año nuevas tiras de tela se ponen en lugar de las averiadas, y esta “casa de pelo” se pasa de padre a hijo aun cuando no esté completamente nueva o completamente vieja, en cualquier tiempo.

Cuando la familia que vive en una tienda crece o se hace rica y desea agrandaría, lo hace añadiéndole secciones, de la misma manera que un occidental añade un cuarto a su casa.

Pero la diferencia es que en lugar de hacer una tienda nueva, continúa añadiéndole secciones. Isaías tenía este proceso en mente al comparar la prosperidad profética de Israel a una tienda beduina. “Ensancha el sitio de tu cabaña y las cortinas de tus tiendas sean extendidas; no seas escasa: alarga tus cuerdas, y fortifica tus estacas” (Is. 54:2).

Carácter de la vida en las tiendas:

El occidental aún no puede apreciar el carácter peregrino del oriental que mora en tiendas. Un viajero entre estos nómadas decía de ellos lo siguiente:

“La tienda de un árabe es su hogar; pero la palabra “hogar” para el no tiene el significado que tiene para nosotros. De nuestra idea del hogar no tiene ningún concepto. Su hogar es el pequeño paraje donde levanta su tienda y donde su ganado se reúne por la noche; su país, la tierra de sus padres; es el pequeño distrito sobre el que vaga en verano”.

Recordemos que Abrahán, Isaac y Jacob fueron peregrinos en la Tierra Prometida. “Por fe (Abrahán) habitó (fue morador de tiendas) en la tierra prometida, como en tierra ajena… con Isaac y Jacob, herederos juntamente de la misma promesa” (Heb. 11:9). Y el autor de Hebreos dice además de estos profetas, “Murieron todos estos sin haber recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, y creyéndolas, y saludándolas, y confesando que eran peregrinos y advenedizos sobre la tierra” (Heb. 11:13).

La vida de las tiendas con su sencillez, y todo el tiempo que se pasa fuera de ellas, tiene un encanto real para aquellos que están avezados a ella. La mayoría de sus moradores no vivirían de otra manera si se les diese a escoger. Y como los antecesores de los judíos fueron moradores de tiendas, sus descendientes consideran esa vida en un espíritu de verdadera dignidad. Esto explica las numerosas referencias a la vida en las tiendas en su poesía sagrada y en la profecía (cf. Sal. 84:1-10; Cant. 1:5; Jer. 4:20, etc.).

Fuente:

http://usuarios.lycos.es/josemoscoso/costumbres1.html

(274) Habiendo pasado muchos años después de que Israel se había establecido en la tierra de Canaán y dejado su vida nómada trocándola por una más estable con progresos agrícolas, principiaron las casas a tomar el lugar de las tiendas como lugares para vivir. La mayoría de los hogares de la gente del pueblo se constituía de una sola pieza o cuarto. Piensa el Dr. Thompson que porque la viuda que asistió a Elías tenía una pieza en la parte alta de su casa, que ella no era de la clase más pobre, sino que se encontraba en estrechez debido al hambre que se hacia sentir en toda la tierra (cf. I Re. 17:8-19).

Propósito de la casa

En los tiempos bíblicos los hombres no construían sus casas con la idea de pasar en ellas la mayor parte de su vida. Su primordial interés era pasar tanto tiempo como fuera posible fuera de ellas, admirando las obras de Dios. La casa servía como un lugar de retiro. Por esta razón las paredes de las casas no son muy tentadoras. No se hacían esfuerzos para atraer la atención a este lugar de retiro.

El propósito de estas moradas se sostiene en el significado de las palabras hebraica y árabe para “casa”. El Rvdo. Abrahám Rihbany que nació en Siria y vivió allí sus primeros años, ha hecho una exposición muy cierta acerca del significado y propósito de la casa de Palestina.

La palabra hebrea bavith y la palabra árabe bait quieren decir “abrigo”. El equivalente español es la palabra “casa”. El término más significativo “hogar”, nunca ha sido inventado por los hijos de Palestina, porque ellos se consideran como “peregrinos en la tierra”. Su tienda y su casita le proveyeron abrigo suficiente para él y sus familiares durante la peregrinación mundana o terrenal.

Como los palestinos pasan tanto tiempo fuera de sus hogares, los escritores sagrados gustaban de referirse a Dios como su “abrigo” o su “refugio” mejor que como su hogar. Tales expresiones en conexión con Dios son muchas en el libro de los Salmos y los escritos proféticos (cf. Sal. 61:3; Is. 4:6).

Piso y paredes de la casa

Refiriéndose a la naturaleza del piso de estos hogares orientales dice el Dr. George A. Barton:

Generalmente las casas no tienen otro piso que el de la tierra misma que se empareja y aplana, hasta quedar maciza. Algunas veces se hace una mixtura de cal con lodo y dejándolo algún tiempo para que se seque y endurezca Algunas veces se ha encontrado pisos de piedra resquebrajada unida con cal. En el tiempo del Imperio Roma no fueron introducidos los pisos de mosaicos con incrustaciones de cuadritos de piedra labrados.

Las paredes de la casa por lo regular son hechas de adobes que se fabrican con lodo secado al sol. Job al referirse a esta clase de moradas dice:

“casas de arcilla” (Job. 4:9).

Son muy parecidas a las Casas de adobe en México en la actualidad y muy frecuentes en los estados del Sureste de América, donde la influencia española aún predomina.

Algunas veces las paredes se hacen con una piedra muy áspera y muy común en el país. Estas son de distintos tamaños y pegadas con lodo. Las junturas son algunas veces anchas e irregulares. Sólo los palacios y las casas de los ricos se construyen con piedras labradas, como los palacios de Salomón (I Re 7:9), y las de los ricos del tiempo de Isaías, que se jactaban diciendo:

“Los ladrillos cayeron, mas edificaremos con cantería” (Is.9:10).

Construcción del techo

En estas humildes casas de Palestina el techo se construye con vigas de madera que alcanzan de pared a pared, luego se pone una capa de pasto, o quizá de ramas poniéndose sobre ésta una capa de tierra o arcilla; luego se riega sobre ella arena y gravilla, pasándose luego sobre ella un rodillo de piedra, el cual permanece sobre el techo para usarlo varias veces apisonando el techo y con especialidad durante las primeras lluvias, para que así no se escurra el agua al través.

Se construía un pretil o parapeto con trechos en las casas antiguas para permitir escurrir el agua de lluvia, y para evitar la caída de alguna persona. El no construir dicho pretil en los tiempos modernos ha causado accidentes con alguna frecuencia. La Ley de Moisés es muy definida al ordenar la construcción del pretil mencionado. El reglamento dice:

“Cuando edificares casa nueva, harás pretil a tu terrado, porque no pongas sangre en tu casa si de él cayere alguno” (Deut. 22:8).

El uso común de la casa para tantas cosas, hicieron esencial esta ley, como podemos comprender.

Cosas interesantes crecen en techos y paredes

Hierba en los Techos. Estando los techos de la casa en gran parte hechos de tierra y arcilla podemos imaginarnos cómo crecerá la hierba encima de las casas, como lo indican las referencias bíblicas

“serán como la hierba de los tejados, que se seca antes que crezca” (Sal. 129:6; véase también 2 Re.19:26; Is. 37:27).

Ejemplos de esto en techos similarmente construidos se ven con frecuencia en los tiempos modernos. En un libro publicado en la última parte del siglo XIX hay una fotografía de un techo palestino cubierto con hierba en crecimiento. El pie de la fotografía es el siguiente: “Este es un buen ejemplo de la apariencia de hierba sobre los tejados”. Después de las lluvias de invierno, todo edificio con techo de lodo está sobrecargado de yerbas, las cuales pronto perecerán.

Techo con goteras. Se puede entender lo natural que será que techos de tierra, después de fuertes aguaceros, produzcan goteras: lo que hace inconveniente para la familia vivir en esas casas. Los viajeros que pasan la noche en una de esas habitaciones, han tenido a veces que mover su cama, por causa de las goteras causadas por el agua de lluvia. El libro de los Proverbios compara estas goteras a una mujer rencillosa (Prov. 19:13; 27:15).

Excavaciones de los ladrones. Ya que las paredes de las casas frecuentemente se construyen con tierra y arcilla, o de piedras pegadas con lodo, es tarea fácil para los ladrones hacer un agujero y entrar a la casa. La referencia que tenemos en Job dice:

“En las tinieblas miran las casas, que de día para sí señalaron; no conocen la luz” (Job 24:16).

También Jesús a esto aludió en su gran Sermón de la Montaña:

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan” (Mat. 6:19; 24:43).

Víboras en las paredes. Ya que las paredes de las casas han sido construidas de piedra y que las junturas son anchas e irregulares, fácil es para las víboras entrar en esas aberturas e intempestivamente entrar en contacto con los habitantes. Acerca de esta clase de casas el profeta Amós habla de un hombre que

“entrare en casa y arrimare su mano a la pared y le muerde la culebra” (Am. 5:19).

Ventanas y puertas

Ventanas. Las casas orientales tienen pocas ventanas, las cuales se abren hacia la calle, y éstas son bastante altas. Por regla general las ventanas tienen barrotes de madera que sirven de protección contra los ladrones, y la parte baja de la ventana tiene una especie de “biombo enrejado”.

“Porque mirando yo por la ventana de mi casa, por mi celosía” (Prov. 7:6)

Postigos de madera cierran las ventanas por la noche. Cuando se abre la ventana los que están dentro de la casa pueden ver hacia fuera sin ser vistos ellos mismos.

Puertas. Tanto las puertas como las ventanas ordinariamente eran construidas de madera de sicómoro. Sólo por lujo de los ricos y como ornamento eran construidas de cedro (cf. Isa. 9:10). Las puertas se montaban sobre bisagras y

“Se revolvían sobre sus quicios” (Prov. 26:14).

Las puertas quedaban firmes al cerrarse, y esto se lograba con el uso de barrotes de madera (Prov. 18:19)

La puerta de la casa consistente en un solo cuarto y propiedad de un labriego, se abre antes de la salida del sol y queda abierta durante el día como invitando a la hospitalidad. En Apocalipsis se dice:

“He aquí, he dado una puerta abierta” (Ap. 3:8).

El cerrar la puerta indica que sus habitantes han hecho algo de qué avergonzarse (cf. Jn. 3:19). Al ponerse el sol, se cierra la puerta permaneciendo así toda la noche (cf. Luc.11:7). El reglamento para abrir la puerta de una casa sencilla o chica no es observado en las ciudades en casa de más de una pieza. La referencia de nuestro Señor Jesucristo llamando a la puerta se refiere a ella (Ap. 3:20). La diferencia entre las casas de un morador de una villa y de una morador de la ciudad, debe siempre establecerse para poder entender las referencias escriturales respecto a las casas.

Amueblamiento de la casa

Los muebles de una casa en Palestina, cuando ésta consta de una sola pieza, fueron y aún son sencillos. Las esteras y almohadones se usan en el día para sentarse, los tapetes y las esteras sirven para dormir por la noche. Debe haber utensilios de arcilla para las necesidades del hogar, además algunos de metal. Habrá un arca de madera para guardar la ropa de cama, una lámpara sobre su pie o sobre el almud, una escoba para el barrido, molino de mano para moler el grano y los botes de cuero de cabra en que se guardan los líquidos. El fogón debe estar en el suelo, pero casi siempre en el centro de la pieza. Esto da un cuadro general de los muebles para el promedio de las casas en Palestina.

Arreglos para pasar la noche

La parábola del amigo inoportuno que relató Jesús si se entiende a la luz de una casa oriental de una sola pieza, nos dará idea del arreglo para pasar la noche.

“Díjoles también: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, e irá a él a media noche y le dirá: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío que ha venido a mí de camino, y no tengo qué ponerle delante; y él de dentro respondiendo dijere: No me seas molesto: la puerta está cerrada y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y darte” (Luc. 11:5-7).

Entre el común de la gente de la Tierra Santa, las camas individuales en cuartos separados no se acostumbran. En su lugar, el arreglo que se hace para dormir es semejante al de la parábola; actualmente en Siria y Palestina entre países labriegos se usan los mismos arreglos ya descritos. Los colchones se extienden lado a lado dentro de la pieza en una línea tan larga como sea necesaria para que todos los miembros de la familia duerman juntos. El padre duerme en un extremo de la línea y la madre en el otro para cuidar que los niños al rodarse no se salgan de debajo de la colcha. Así es que el hombre estaba en lo cierto cuando dijo en vía de excusa,

“mis niños están conmigo en cama”.

Alumbrado de la casa

Uso bíblico de la palabra candil. Las versiones bíblicas antiguas usan la palabra candil con mucha frecuencia. Esto es porque los candiles se usaban mucho en tiempos de esas versiones. La traducción literal de la palabra original se usa con el nombre de lámpara o luz. Las gentes de tiempos bíblicos nada sabían de candiles, sino que estaban familiarizados con las lámparas.

Distintivo de las lámparas. Cuando los hijos de Israel entraron a la Tierra Prometida, adoptaron el uso de la lámpara de los cananitas, la que consistía en una vasija de tierra para contener el aceite y un pico estrecho para sostener la mecha. Como mil años después, la lámpara de Mesopotamia fue importada y usada en algunas partes. Esta lámpara tenía un tubo cerrado para la mecha, así pedía llevarse sin peligro de derramar el aceite. En el quinto siglo antes de Cristo, unas hermosas lámparas griegas de un negro vidriado se importaron y se hicieron muy populares. Para el tercer siglo antes de Cristo la vieja lámpara tipo platillo casi había desaparecido, pero en el siglo segundo los macabeos resucitaron el uso de ese tipo de lámpara, que estaba más de acuerdo con las viejas tradiciones judías. Cuando el Imperio Romano principió a dominar en Palestina, las lámparas que se usaban eran o importadas o fabricadas con modelos extranjeros. La lámpara de las vírgenes usada en tiempo de Cristo era un mejoramiento de la vieja lámpara tipo platillo, con una cubierta suficiente para que el aceite no se derramase. La lámpara de píe.

En tiempos antiguos, la lámpara de pie no era de uso común; entonces las lámparas se ponían en lugares como un saliente de piedra en la pared. En el tiempo de Cristo las lámparas de pie eran ya de uso general. Eran altas y se ponían sobre el piso. Últimamente los arqueólogos han encontrado algunas lámparas de pie de bronce de catorce pulgadas de altura que eran usadas en los palacios. Se hacían de manera de sostener vasijas y lámparas. Con seguridad la gente pobre usaba algún tipo más barato. Si la familia no tenía una lámpara-sostén, ésta se ponía en el almud sobre el piso colocando la parte superior hacia abajo y el cual servía como lámpara-sostén, lo mismo que como mesa en donde se servía la comida. La lámpara se ponía sobre el almud y no debajo de él (Mat. 5:15).

La referencia del profeta al pabilo que humea. La profecía de Isaías referente al Mesías fue que “ni apagará el pabilo que humeare” (Is. 42:3). Refiere el Dr. Thompson haber visto antiguas lámparas de arcilla en uso ilustrando el texto. La mecha se hacía de hebras torcidas de lino poniéndose luego en el depósito de aceite de oliva de la lámpara. Cuando el aceite estaba por terminarse, producía un humo molesto. Esto era indicación para llenar de nuevo el depósito de aceite. Ello implicaba que el apagarse la luz era a veces intencional. Si la mecha estaba muy gastada, la señora de la casa apagaba la luz, entonces la reponía con otra. El siervo de Dios no debe tratar así a los pobres, débiles y desamparados de la especie humana. El pondrá el aceite, recortará la mecha, y hará que la débil flama brille. Este es un cuadro de los deseos del Señor que quiere que nosotros ayudemos a los necesitados, levantando al caído y salvando al perdido.

El uso de la lámpara para buscar la dracma perdida. La parábola de nuestro Señor de la dracma perdida, (Luc.15), necesita entenderse desde el punto de vista oriental. Abrahám Rahbany, cuando era niño, con frecuencia sostenía una lámpara oriental hecha de tierra, mientras su madre buscaba alguna moneda o algún objeto de valor. La casa tenía sólo una puerta y una o dos ventanas con postigos de madera. Por esta razón la casa estaba muy poco alumbrada, especialmente en invierno. Las esteras, cojines, y pieles de cabra que cubrían el piso tenían que voltearse, para limpiar el piso. Cuando era encontrada la dracma perdida, las vecinas y amigas eran llamadas a regocijarse con la dueña de la casa, porque la dracma perdida atraía sobre la señora la ira del marido, y las vecinas de ella tenían para la mujer un sentimiento de compañerismo, guardando el suceso como un secreto que no debían saber los hombres. Así como indica el texto,

“Y cuando la hubiera hallado, junta las amigas y las vecinas” (Luc. 15:9)

El significado de la luz en una casa Palestina.

La lámpara se considera como un lujo necesario entre los aldeanos. Cuando el sol se pone, la puerta de la casa se cierra, entonces se enciende la lámpara. El dormir sin luz es considerado entre los aldeanos como un signo de extrema pobreza. En la Biblia son sinónimos los términos lámpara, luz y vida. Un viajero retrasado busca ver una luz en alguna casa, entonces sabe que ahí hay vida. El desear que la luz de un hombre se apague seria desearle una maldición terrible. Respecto al hombre malvado, Bildad, en el libro de Job dice:

“La luz se oscurecerá en su tienda, y apagarse sobre él su lámpara” (Job 18:6).

Pero el salmista se considera bendito del Señor cuando se decía a sí mismo en relación con Dios,

“Tú pues alumbrarás mi lámpara” (Sal. 18:28).

Esto es para los orientales que aprecian el valor aun de una sencilla lámpara de barro en lo oscuro de la noche o en la oscuridad de la casa por lo que Jesús dijo:

“Así alumbre vuestra luz debute de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mat. 5:16).

Arreglos para cocinar

La estufa o fogón. Tanto los nómadas que vivían en tiendas como los aldeanos que viven en casas de una sola pieza, llevan consigo tanto de su cocina exterior como el tiempo les permite. Estas operaciones se hacen dentro de la casa solo cuando el frío del invierno las hace deseables. Los occidentales difícilmente llamarían estufa o fogón lo que usan para cocinar los orientales, pero esto sirve su propósito. Con frecuencia el lugar del fogón es el suelo en el medio de la pieza. Una pequeña construcción de barro o una tinaja con agujeros a los lados es lo que por lo regular usan como estufa.

El combustible que usan. Los aldeanos con frecuencia usan estiércol seco como combustible en su fogón. Algunas de las clases más pobres lo usan y venden la leña que encuentran, a aquellos que pueden comprarla. Una referencia en la profecía de Ezequiel indica que este uso de combustible era común en los tiempos bíblicos. (Véase Ez. 4:15).

En el Oriente el combustible es tan escaso que algunas veces la hierba seca y las flores marchitas se engavillan con cuidado para usarlos corno combustible. Hay indicaciones en la Biblia de que esto se hacía en los tiempos antiguos. Jesús dijo:

“Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno…” (Mat. 6:30; Luc. 12:28).

Otro combustible muy popular en Palestina son las espinas. Hay muchas clases de arbustos espinosos que ahí crecen, y la gente los recoge y hace buen uso de ellos. Los pasajes bíblicos que indican el uso de ellos son numerosos (II Sam. 23:6, 7; Sal. 118:12; Ecl. 7:6; Isa. 9:18; Isa. 10:17; Nahum 1:10).

La viuda de Sarepta andaba recogiendo leña para encender fuego (1 Re. 17:10). Pero el fuego que había en la casa del sumo sacerdote donde Simón Pedro se calentaba, era alimentado con carbón (Jn. 18:18).

La Chimenea. Los árabes bellahin tienen varias maneras de conducir hacia afuera el humo de los fogones. Algunas veces por medio de una abertura en el techo la que sirve como chimenea, o una abertura en un lado de la casa que sirve al respecto. Con frecuencia, cuando el fogón está en la esquina de la pieza, hay un sombrerete sobre ésta con salida para el humo. También en ocasiones se hacen fuegos de carbón en un bracero fuera de la pieza, y cuando ya no produce humo y los carbones están rojos, entonces se lleva el bracero al interior.

La referencia del profeta Oseas respecto a esto dice:

“Como el humo que de la chimenea sale” (Oseas 13:3).

Algunos traductores se refieren a éste corno humo que de la ventana sale. Una abertura enrejada en la pared de la casa puede servir tanto de chimenea como de ventana en las casas de los aldeanos. Pero sin duda, la mayoría de los arreglos de chimeneas usados por los árabes que ya se han mencionado se usaron en los tiempos bíblicos. La comparación del salmista de él mismo con

“el odre al humo” (Sal. 119:83),

puede ser una figura interior; otras referencias escriturales al fuego, en que se habla también como que son interiores, pueden también ser exteriores Prov. 10:26; Is. 65:5, etc.) Puede asumirse con toda seguridad que las casas del tiempo de la Biblia, no estaban siempre tan llenas de humo, como muchos piensan que sea el caso.

Prendiendo el luego. El método que se usaba en los tiempos del Antiguo Testamento para producir fuego era la chispa que se producía por la costumbre de golpear un pedernal con una piedra, o por frotamiento de dos pedazos de madera; después se encendía la llama. Hay indicaciones de que Israel en tiempos posteriores produjo fuego golpeando el pedernal con un pedazo de acero. En Is. 50:10, donde se habla de encender el fuego, la palabra hebrea traducida encender quiere decir “golpear” y evidentemente se refiere a golpear el pedernal con el acero.

Usos que se hacen del techo de la casa

El techo de una casa oriental se usa actualmente para una variedad de cosas, de la misma manera que era usado en días de los profetas y de los apóstoles.

Usado como lugar para dormir. Para un oriental el techo es un lugar muy especial para dormir.

Por una gran parte del año el techo o terrado es el lugar más agradable en la casa, especialmente en las mañanas y tardes. Ahí muchos duermen durante el verano, tanto en la ciudad como en el campo, y en todas partes donde la malaria no es peligrosa. La costumbre es antiquísima.

Un ejemplo de esta práctica en la Biblia, es el incidente de Samuel llamando a Saúl, quien se había dormido en el terrado (I Sam. 9:26).

El Techo usado como Almacén. Los planos techos de las casas orientales expuestos al aire y al sol se prestan muy bien para almacenar granos o frutas para que ahí se sequen. Esta costumbre es muy común en Oriente. Rahab escondió a los espías con tallos de lino que conservaba en el techo (Jos. 2:6).

Usados para asambleas en tiempos de conmoción. En Is. 22:1 el profeta nos dice:

“¿Qué tienes ahora, que toda tú te has subido sobre los terrados?”

Así se describe a la ciudad típica oriental, en medio de los tiempos de gran conmoción. Así como los occidentales en tales casos se congregan en las calles, así los orientales suben a los techos, desde donde pueden ver hacia las calles, y descubrir lo que acontece.

Usado como lugar de públicas proclamas. Tanto en los tiempos actuales como en los de Cristo, los pueblos de la Tierra Santa han tenido sus pregoneros. Las órdenes de los gobiernos locales son proclamadas desde las casas más altas. Tales proclamas se hacen por lo regular por las tardes, cuando los hombres han retornado de sus labores en el campo. La llamada larga ahogada, se ha hecho familiar en los residentes y han aprendido a escuchar lo que le sigue.

La llamada del pregonero del pueblo, se dice que se asemeja a un distante y prolongado silbato ferrocarrilero. Jesús debe con frecuencia haber oído la llamada del pregonero del pueblo. El dijo a sus discípulos:

“Lo que oís, predicadlo desde los terrados” (Mat. 10:27)

Como un aviso de la imposibilidad de esconder nuestros pecados en el día del juicio, dijo:

“Lo que hablasteis al oído en las cámaras, será pregonado desde los terrados” (Luc. 12:3).

Usado como lugar de adoración y oración. Las Escrituras nos indican que los terrados de las casas fueron usados para una adoración verdadera a Dios, también para adoración idolátrica. El profeta Sofonías dice:

“de ellos que se inclinan sobre los terrados al ejército del cielo” (Sof. 1:5).

Y Lucas nos dice de Pedro en Jope

“subió a la azotea a orar cerca de la hora de sexta” (Hch. 10:9).

Será natural que los que adoran los astros lo hagan sobre los terrados, y no hay duda que Pedro se retiró a la azotea donde podía estar a solas con Dios.

Usado a manera de escape en tiempos de peligro. En ocasiones cuando una escapada de algún peligro era necesaria, los habitantes de los pueblos en tiempo de Cristo podían hacerlo pasando de techo en techo, debido a que las casas están muy cerca una de otra. El Dr. Edersheim describe esta situación de la manera siguiente:

De un techo al otro debe haber comunicación regular, llamada por los rabíes “el camino de los techos”. Así una persona podía escapar, pasando de techo en techo, hasta que en la última casa descendía por la escalera que llevaba hacia abajo y a la calle, sin haber entrado en ninguna vivienda. A este ‘camino de los techos” el Señor se refirió sin duda en su aviso a sus compañeros (Mat. 24:17; Mar. 13:15; Luc. 17:31), intentando aplicarlo al último sitio de Jerusalén,

“y los que sobre el terrado, no desciendan a tomar algo de su casa”.

Casa y pesebre en Belén

La humilde escena del nacimiento del niño Jesús frecuentemente se interpreta con sabor occidental en vez de oriental, pues se hace necesario para los occidentales tener la descripción de la clase de casa de Belén en la cual sin duda nació el Salvador, como la que nos da el señor Juan D. Whiting. Entrando por la puerta de esta morada de una sola pieza de Belén, se ve que dos terceras partes del espacio se dedica para “levantar una plataforma de albañilería” de unos ocho o diez pies sobre la tierra y sostenida por arcos bajos en forma de domo. Esta plataforma levantada es ocupada por los miembros de la familia, y la parte baja de la casa por el ganado y rebaños. Angostos escalones de piedra llevan a donde la familia habita, y sólo hay dos pequeñas ventanas altas en el cuarto. En el invierno las ovejas y las cabras quedan dentro de la casa, también los animales de trabajo y quizá algún asno. Los establos primitivos para el ganado se ven en derredor de las paredes, y éstas se construyen de lozas pétreas ásperas puestas de canto y unidas con mezcla. El propietario de los animales frecuentemente duerme en un pequeño lugar alto, donde puede observar a los corderos recién nacidos.

Para conocer el corazón de la tierra, haber conocido la hospitalidad de la gente que siempre se ofrece, no importa cuán primitiva o sencilla, hace el reproducir el cuadro de María y José, volviendo de la posada ya llena de huéspedes, a una casa como la ya descrita, la parte habitable en la cual podía vivir una familia no muy numerosa, puede haber estado llena de huéspedes, pero encuentran una bienvenida y un lugar de descanso para el niño en el pesebre.

Fuente: http://usuarios.lycos.es/josemoscoso/casasdeunsolocuarto.html

Casas de más de una pieza:

Entre los árabes de los pueblos y villas de Palestina, las casas de más de una pieza son propiedad de personas más o menos prósperas. La palabra arábiga cuyo significado es “casa” también significa “una pieza”. Lo mismo puede decirse de las casas pertenecientes a los hebreos. Como regla general las casas de una pieza están en las villas, y las de más de una pieza están en las ciudades.

Si se va a construir una casa de dos piezas, el oriental no las pone lado a lado, como lo haría un occidental. Más bien el ancho de una pieza se deja entre las dos, y se construye una pared entre los extremos, y como resultado de este arreglo, la casa tiene un patio abierto. Si el constructor desea hacerla de tres piezas, entonces una pieza substituye a la pared al extremo del patio y entonces habrá tres piezas en derredor del patio. Sí va a haber más de tres piezas en la casa, las piezas adicionales se añaden a aquellas en el lado, agrandándose así el patio.

Patio Oriental

Vista y arreglo de las piezas

Existe una gran diferencia entre una casa oriental y una occidental de más de una pieza. El exterior de la casa occidental se hace tan hermoso como es posible, y especialmente la parte que da a la calle. Pero el exterior de una casa oriental presenta una apariencia despreciable en comparación. El frente de la casa oriental da hacia el patio, mejor que a la calle, como sucede con la casa occidental. El plano general de una casa oriental es una serie de piezas construidas en derredor de un patio abierto. La razón para este arreglo es que la reclusión es el pensamiento principal en mente.

El patio oriental

Abierto hacia el cielo. Es importante para los occidentales darse cuenta de que al centro de la casa oriental de varias piezas, hay un patio abierto hacia el cielo. El patio es una parte importante de la casa. Uno puede estar en el patio y al mismo tiempo en la casa, así como también fuera de ella desde el punto de vista occidental. Como un ejemplo Mateo 26:69 dice:“Y Pedro estaba sentado fuera en el patio”.

Esto quiere decir que Pedro estaba fuera en las piezas del patio, y también estaba en el patio abierto, localizado en la parte central del edificio. Aunque el patio está abierto al aire, a veces un toldo se pone sobre parte de él. Algunas casas tienen una galería en derredor a los lados del patio. Frecuentemente se plantan árboles, arbustos o flores. Estos patios orientales están a veces hermoseados por la presencia, de variadas flores, El salmista se refiere a esta práctica con las palabras familiares,

“mas yo estoy como oliva verde en la casa de Dios” (Sal. 52:8).

Otra vez dice:

“Plantados en la casa de Jehová nuestro Dios florecerán” (Sal. 92:13).

El ilustra la verdad divina al referirse a árboles plantados en los patios de las casas. Nunca se plantaron árboles en el patio del templo.

Con frecuencia se construyen cisternas en los patios. Es interesante la historia de dos hombres en los días de David que se escondieron de Absal6n. Se cuenta en II Sam. 17:18, 19

“Y llegaron a casa de un hombre de Bahurim, que tenía un pozo en su patio, dentro del cual se metieron. Y tomando la mujer de la casa una manta, extendiéndola sobre la boca del pozo, y tendió sobre ella el grano trillado, y no se penetró el negocio”.

El pozo que aquí se menciona era una “cisterna” las cuales se cavaban en los patios orientales para recoger el agua de lluvia. Cuando estas cisternas están secas, son muy buenos lugares para esconder fugitivos. Cuando la boca de la cisterna está al nivel del terreno, es fácil cubrirla con alguna manta, y luego esparcir el grano sobre la manta y así el escondedero puede guardarse secretamente.

Se hacen lumbres en los patios en tiempo de invierno. Esta práctica se ilustra con la experiencia de Simón Pedro al negar a Jesús. Había un fuego en el patio de la casa del sumo pontífice donde Jesús estaba siendo juzgado. Juan 18:18 nos dice:

“Y estaban en pie los siervos y los ministros que habían allegado las ascuas; porque hacía frío y calentábanse; y estaba también con ellos Pedro en pie, calentándose”.

El palio como lugar de baño. Cuando la Escritura dice que David desde el terrado de su palacio vio a la hermosa Bath-sheba bañándose (II Sam. 11:2) necesita entenderse que ella estaba en el patio interior de su casa, invisible a una observación ordinaria, pero el rey desde el terrado de su palacio la vió y fue tentado a pecar.

Con frecuencia se usa el patio como comedor. Actualmente, como en los días de Jesús, con frecuencia se toman los alimentos en el interior del patio de una casa oriental. Sin duda alguna, Jesús fue invitado a participar de las comidas que se servían en el patio abierto de la casa de su hospedador.

La puerta y el vestíbulo

Localización y vista de la puerta. La puerta o Zaguán quedaba localizado a la mitad del frente de la casa. Esta entrada estaba arreglada de tal manera que nadie podía ver hacia adentro desde la calle. A veces se construía una pared frente a la puerta, lo que llenaba el propósito.

Los zaguanes orientales casi siempre tienen pequeñas puertecitas como entrepaños entre ellas. La puertecita se usa en ocasiones ordinarias, y el portón o zaguán se abre sólo en ocasiones extraordinarias. En Hechos 12:13 se habla de Pedro golpeando “a la puerta del palio”, lo que sin duda quiere decir la puertecita incrustada en el portón.

El uso de llaves. La llave oriental de los tiempos modernos es semejante a la llave de los tiempos de Isaías y ciertamente nos dice: “Y pondré la llave de la casa de David sobre su hombro”.

No parece en nada a la variedad de llaves occidentales. Isaías 22:22. El Dr. Johnson dice haber visto en Palestina algunas llaves de tal tamaño como para llevarlas en el hombro un hombre. Vio una llave como de cuarenta y cinco centímetros de grande. Comúnmente las llaves se hacen de madera. La cerradura se pone en el interior del portón o puertecita, y para hacer posible que el dueño de la casa pueda abrirla, se hace un hoyo en la puerta y mete su mano por este hoyo e inserta la llave. En el Cantar de los Cantares 5:4 la novia dice:

“Mi amado metió su mano por el agujero (de la puerta)”.

Ella le vio meter la mano por el hoyo, para abrir la puerta y entrar.

El vestíbulo y las obligaciones del portero. El pasadizo interior lleva basta el patio y es llamado vestíbulo. Está amueblado con algunos asientos para el portero y los criados. Fue en el vestíbulo en donde se efectuó una de las negativas de Pedro.

“Y saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban ahí: También éste estaba con Jesús Nazareno” (Mat. 26:7; Mar. 14:68)

La obligación del portero, sirviente o miembro de la familia sirviendo en ese empleo, es platicar con cualquier visitante que llame a la puerta y que desee ser admitido. El objeto de ello es dar oportunidad para reconocer la voz del visitante, e identificarlo como amigo. No se espera que la puerta se abra al llamar. El que está dentro dirá: “¿Quién?” y el que está fuera, en vez de dar su nombre, contestará “Yo”. En Hch. 12:13 y 14 se dice:

“Y tocando Pedro a la puerta del patio, salió una muchacha, para escuchar, llamada Rhode, la cual como conoció la voz de Pedro, de gozo no abrió el postigo”.

Cuando Rhode había escuchado la voz de Pedro entonces supo quién estaba fuera. Las conocidas palabras del Apocalipsis 3:20 nos presentan la misma idea. “He aquí”, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz, y abriere la puerta, entraré a él”. Debemos reconocer la voz del Salvador que está llamando. Cuando Jesús fue caminando sobre las aguas hacia los temerosos discípulos en la tempestad, no dijo: “Soy Jesús, no tengáis miedo”. Dijo más bien,

“Yo soy, no temáis” (Mat. 14:27; Mar. 6:50; Jn 6:20).

Oyeron Su voz y reconocieron que era la de Jesús. Los orientales están muy entrenados para escuchar las voces y por ello reconocen la de un amigo.

La pieza superior

El cuarto superior o cámara es realmente una parte muy indispensable en las casas orientales, y en la Biblia con mucha frecuencia se hace referencia a él. (cf. II Re. 1:2; 23:12; Hch. 9:37; 20:8, etc.) – Aquellos cuyos medios no les permiten tener ese cuarto se conforman con un cuarto hecho con tablas o un emparrado sobre el techo. Pero cuando pueden, construyen ese cuarto. Esto provee un lugar fresco en verano, un lugar de retiro, y si hay un huésped distinguido, se le aloja ahí. Si la casa tiene más de un cuarto en el techo. se le llama casa de verano, en contraste con la casa de invierno que está en la parte baja.

El cuarto más famoso a que se hace referencia en el Antiguo Testamento, es la cámara del profeta, construida para Eliseo, para que tuviese dónde alojarse, y un lugar para oración. Sin duda había una escalera por la parte de afuera que llegaba hasta el cuarto, de manera que el profeta pudiera entrar y salir sin molestar a la familia de la casa. El amueblado del cuarto incluía una cama, una mesa, un banquillo y un candelero (II Re.4:10).

En el Nuevo Testamento tenemos el relato de algunos usos notables en los cuartos superiores. Jesús envió a dos de sus discípulos para conseguir el uso de un aposento para tomar la pascua. Un cuarto superior bastante amplio fue puesto a su disposición. Con los millares de judíos de toda Palestina en Jerusalén a donde habían venido a celebrar la pascua, era de esperarse que quienquiera que tuviese tal cuarto, con todo gusto permitiría que se le diese tal uso (véase Mar. 14:12-16; Luc. 22:7-13). También la reunión de oración que precedió al Pentecostés se celebró en un aposento alto (Hch. 1:13) – Los supervisores lo traducen “aposento alto” más bien que un cuarto superior. Es posible que haya sido el mismo aposento en que Jesús celebró la pascua con sus discípulos. De cualquier manera había venido a ser un lugar de reunión. La traducción de Weymouth dice: “Ellos subieron al aposento alto que era ya su lugar de reunión”. Con referencia a la muerte de Dorcas, el Evangelio de Lucas nos dice que su cuerpo fue lavado y puesto en una cámara arriba, de acuerdo con la costumbre de aquellos tiempos. El milagro al ser ella resucitada de los muertos, aconteció después de haber subido Pedro a la cámara alta (Hch. 9:36-41).

Bajan al enfermo a través del techo hasta Jesús

Se necesita tener un buen conocimiento de una casa oriental a fin de poder entender bien la historia del hombre paralítico, a quien bajaron a través de un agujero practicado en el techo para depositarlo a los pies del Señor para que lo sanase. Los Evangelios de Marcos y Lucas nos dan el mismo aspecto de la historia. Marcos dice: “descubrieron el techo en donde estaba (Jesús) y haciendo apertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico” (Mar. 2:4) – Lucas nos dice de la siguiente manera: “y por el tejado le bajaron con el lecho en medio, delante de Jesús” (Luc. 5:19). Estos hechos presentan algunas dificultades y varias interpretaciones se han ofrecido para resolver el problema. Daremos aquí las más probables.

La explicación más sencilla es la del Dr. Thompson. El sugiere que las maderas, arbustos espinosos, la mezcla y la tierra del techo fueron rotos y puestos a un lado lo suficiente para meter al enfermo dentro de la casa. El dice que esto pudo haberse hecho y reparado luego el desperfecto. Con frecuencia se practica esta misma operación para bajar el grano o la paja o alguna otra cosa a través del agujero. El mismo da testimonio de haberlo visto. La única diferencia acerca del proceso, con la multitud dentro de la casa, seria la molestia que causaría el polvo.

Parece ser que la relación de Lucas sobre la bajada del paralítico a través del techo presenta una dificultad a esta interpretación. Algunos han considerado que “el tejado o sean las tejas” es una referencia al techo ordinariamente construido en el Oriente. La palabra griega para “tejado” quiere decir, “hecho de barro” y tal palabra puede describir un techo de tierra aplanado con rodillo, dejándole secarse y endurecerse como la arcilla.

Algunos otros maestros de la Palabra tienen una idea distinta de lo que se hizo con el paralítico. Defendiendo este punto de sita, el Dr. Edersheim dice lo siguiente: “Difícilmente se puede uno imaginar que los que llevaban al paralítico hubiesen cavado un agujero a través del techo sin hablar de la interrupción e inconveniencia causadas a aquellos que se encontraban dentro de la casa con dicha operación. Pero tal objeción no tendría caso si nos refiriésemos no al techo principal de la casa, sino al de la galería cubierta bajo la cual creemos que estaba el Señor… En tal caso, debe haber sido bastante fácil destechar la cubierta de tejas y ladrillos, y entonces habiendo hecho el agujero a través de las ligazones que soportan las tejas, bajar su carga en medio y frente a Jesús.” El Dr. Ederheim dice en relación con esto, que tanto en el exterior como en el interior había escaleras que conducían hasta el techo.

Mejor amueblado

El amueblado sencillo de una casa de una sola pieza, donde vive el común del pueblo, ya ha sido descrito anteriormente. Las casas de más de una pieza eran habitadas por personas de mejores posibilidades. Los ricos tenían tanto cuartos bajos como superiores, y por supuesto, el amueblado era mejor. El diván o asiento alto se colocaba en derredor y a la orilla de las piezas. Los ricos adornaban y les ponían piso. Se usaban como asientos durante el día, y por las noches sobre ellos se ponían las camas. Amós habla de la riqueza, y dice que tenían camas de marfil en su tiempo (Am. 6:4). Común mente la cama usada era una colcha y una almohada que podía colocarse en el lugar que se deseaba. En los hogares ricos había en abundancia carpetas, cortinas, y telas para toldos. Es costumbre oriental sentarse en el diván con las piernas cruzadas.

Fuente: http://usuarios.lycos.es/josemoscoso/casasdemasdeunapieza.html

About these ads

Los comentarios están cerrados.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.891 seguidores

%d personas les gusta esto: