Los bautistas XVII

Los bautistas XVII

Principios Bautistas

1. Las Escrituras: La Santa Biblia es la Palabra de Dios; es la única regla de fe y práctica; y por ella los hombres serán juzgados.

2. El Dios verdadero: Hay un Dios viviente. Hacedor y Árbitro Supremo del cielo y de la tierra ; es un Espíritu infinito e inteligente; es indeciblemente glorioso en santidad; merece toda honra,amor y adoración; y en la unidad de la divinidad existen tres personas que son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, iguales éstos en toda perfección, uno en ser y esencia pero desempeñando oficios distintos.

3. La caída del hombre: El hombre fue creado en santidad, sujeto a la ley del Creador, con libre albedrío; pero por la transgresión voluntaria cayó de su estado perfecto; por cuya causa todo el género humano ahora es pecador, no por fuerza sino por voluntad; por su naturaleza, está desprovisto de la santidad que la ley requiere, y por lo mismo está bajo justa condenación.

4. Cristo Es el Único Salvador: Dios amó al mundo de tal manera que dió a su Hijo unigénito para que fuese encarnado; éste cumplió y honró la ley por una obediencia perfecta y pagó la terrible pena del pecado sufriendo en la cruz por el mundo culpable; siendo levantado de entre los muertos ascendió a la diestra del Padre para interceder por todos los hombres.

5.La Salvación Es por Gracia: La salvación es gratuita para todos; es por gracia por medio de la fe; no depende de obras buenas que el hombre pueda hacer; el único obstáculo para la salvación es la depravación y el rechazamiento voluntario de Cristo como el único Salvador.

6. La Regeneración: La regeneración es un nacimiento nuevo y es obra del Espíritu Santo en el corazón del hombre; se consigue voluntariamente obedeciendo el evangelio; y se ve evidenciada en la vida regenerada por los frutos santos del arrepentimiento, la fe y la novedad de vida.

7.El Arrepentimiento y la Fe: El arrepentimiento y la fe son requisitos indispensables para la salvación; el arrepentimiento es hacia Dios y la fe hacia Cristo Jesús, y están íntimamente relacionados; son la obra del Espíritu Santo en el corazón; y por medio de ellos el pecador convicto, sinceramente contrito, vuelve a Dios y reconoce a Cristo como su Salvador personal,Mediador único y Rey.

8. La Justificación: La justificación es el gran bien que Cristo asegura a los que tienen fe ; incluye tal justificación el perdón de pecados, imputándoles Dios la justifica de Cristo mediante la fe, no tomando en cuenta ninguna justifica que hubieran hecho, y los introduce a un estado de paz y favor con Dios.

9. El propósito de la Gracia Divina: La elección es aquel propósito eterno de DIos, según el cual bondadosamente regenera, salva y santifica a los pecadores, por ser tal propósito consecuente con el libre albedrío humano, abarca los medios juntamente con el fin, sirve de manifestación de la soberana bondad divina; excluye la jactancia, promoviendo la humildad; estimula el uso de los medios conocidos por lo que los efectos se ven en los que conocen a Cristo; y es el fundamento de la seguridad cristiana.

10. La Santificación: La santificación es aquel procedimeinto mediante el cual se nos hace partícipes de la santidad de Dios; es una separación para un servicio especial a Dios; principia en la regeneración, es progresiva en su desarrollo, y llega al estado de perfección en la purificación de los cuerpos en la segunda venida de Cristo.

11. La Perseverancia y Seguridad de los Redimidos: Los salvos no apostatarán irremediablemente sino que perseverarán hasta el fin,porque son hijos de DIos por la fe y la relación de hijo y padre nunca se destruye; no vendrán a condenación porque son redimidos de la maldición de la ley y son sellados por el Espíritu Santo hasta el fin.

12. Una Iglesia Verdadera: Una iglesia verdadera de Cristo es una asamblea de creyentes en Cristo bautizados después de una profesión de fe unidos en las doctrinas del evangelio, comprometidos en mantener las ordenanzas conforme a las escrituras; reconociendo a Cristo como la única cabeza, tomando la Biblia como su única regla de fe y práctica; y sus oficiales son pastor u obispo y diáconos.

13. El bautismo cristiano: El bautismo es la inmersión en el agua del creyente en Cristo, ejecutado por un administrador idóneo, hecho en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, porque tal es el mandato; es símbolo de la sepultura y rsurrección de Cristo y del creyente; y es un requisito para gozar de los privilegios de la iglesia.

14. La cena del Señor: La cena del Señor es la segunda ordenanza y consiste en dos especies que son pan sin levadura y jugo, fruto de la vida, los que representan respectivamente el cuerpo y la sangre de Cristo; los participantes son creyentes bautizados que tienen la misma doctrina; se celebra en la reunión de la iglesia, y conmemora el sufrimiento y la muerte de Cristo hasta que él vuelva.

15. El Día del Señor: El primer día de la semana es el día de reposo del cristianismo; se ha de consagrar a los fines religiosos, absteniéndose de todo trabajo secular que no sea obra de misericordia o de absoluta necesidad.

16.El gobierno civil: El gobierno civil está puesto por Dios para el bienestar y el orden de la sociedad humana; se debe orar por los magistrados, honrándoles en conciencia , y obedeciéndoles, salvo en aquellas cosas que sean opuestas a la voluntad del Señor, único dueño de la conciencia; y debe haber una separación completa entre el Estado y la iglesia, cada cual siendo cosa buena e importante en su lugar.

17. La Resurrección: Cristo resucitó y ascendió al cielo; resucitarán también los justos y los injustos; los redimidos se levantarán a la dicha eterna y los réprobos a condenación eterna.

18. La Segunda Venida de Cristo: Cristo vendrá otra vez, como ladrón en la noche, porque no se sabe ni el día ni la hora; vendrá como juez porque el día de la salvación habrá pasado.

19.El jucio Final: Cuando venga Cristo al mundo otra vez se verificará el juicio , el que tien por objeto premiar al hombre según sus obras; hacer manifiesto su carácter verdadero, y hacer separación entre los redimdios y los perdidos; todos estarán presentes en el juicio y de este juicio cada cual irá a su respectivo lugar.

20. El cielo y el infierno: Hay dos lugares en que los hombres habrán de morar después de esta vida. Los redimidos vivirán en el cielo, y los perdidos existirán en el infierno con el diablo y sus ángeles y tal existencia sea en el cielo o sea en el infierno,será eterna.

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Los bautistas (XVI)

Los bautistas (XVI)

En resumen

Sagrado es el amor que nos ha unido aquí…”

Los bautistas constituyen realmente un pueblo singular La fe bautista es de confianza y obediencia personal. Cada creyente se relaciona directamente con Dios. Sus reuniones locales son asociaciones voluntarias de compañeros creyentes; cada uno busca compartir su fe con su hermano, asi como también sus cargas. Al hacerlo así los bautistas expresan el reino de Dios entro de lo que ellos llaman la iglesia. Voluntariamente se asocian en organismos regionales y mundiales para tratar de hacer en forma cooperativa, la voluntad de Dios en el mundo.

Cada uno de los muchos millones de bauitistas del mundo es libre e independiente,no es responsable ante ningún sacerdote o lider terrenal.Cuando el extraño mira el cuadro descriptivo de la organización, la llama anarquía. Pero la verdad es lo opuesto. Los bautistas forman un gran ejército en marcha, en el cual cada creyente busca y sigue la dirección de Jesucristo como Salvador y Señor. El padre de los bautistas es Dios.

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La Teología de la Liberación

CITA:

¿Sigue usted la teología de la liberación?

Sigo el Evangelio, y Jesús da preferencia a los pobres, una preferencia que no es exclusiva ni excluyente para los que no son pobres, pero que empieza dando más a quien más lo necesita. Así fue y así debería ser.
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CITA:

¿Promover la pobreza es una virtud?

Combatirla, sí, pero para ello has de estar del lado de los pobres y saber que “lo que no es necesario ya no es mío, es de todos”.

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La Teología de la Liberación
Breve reflexión                                           Pablo Santomauro

Desde la perspectiva de la Biblia, tanto el pobre como el rico, el oprimido y el opresor, son afectados por el pecado y tienen necesidad de salvación.

El Señor predicó el evangelio a los pobres, cierto. Aunque parezca extraño a algunos, el Señor predicó el mismo mensaje a los ricos (Lc. 5:32; 10:1-10). Más sorprendente puede ser el hecho de que Dios no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 P. 3:9).

Es cierto que Dios tiene una preocupación especial para con el pobre, y éL mismo dice que la salvación es aceptada más abiertamente por los menos afortunados (Mt. 19:23). Sin embargo, el mensaje prioritario por sobre todo, desde Génesis a Apocalipsis, es que la preocupación más importante de Dios es para con los pecadores.

Si el teólogo de la liberación fuera imparcial en su interpretación de las Escrituras, y si no se aproximara a la Biblia con la presuposición de que es una versión temprana del manifiesto comunista, descubriría que la disparidad entre el rico y el pobre no es la causa de los problemas de la humanidad, sino que es nada más que una consecuencia del verdadero problema.

El primer objetivo para ser derrocado no es la burguesía, sino el pecado del hombre, su egoismo y su avaricia. En lugar de una revolución política, lo que se necesita es una revolución en el corazón del hombre, y eso sólo lo puede lograr Cristo (2 Co. 5:17). Cristo no vino a ser un modelo de revolucionario sino a morir por los pecados del hombre.

La triste realidad es que algunos protestantes, en contra de la instrucción bíblica, adoptan las filosofías populares de la época para desarrollar su teología. Así como Orígenes adoptó el platonismo, Agustín el neo-platonismo, Aquino a Aristóteles, Bultmann al existencialismo, la Teología de la Liberación adoptó el marxismo, y en el proceso desarrolló “otro evangelio”.

Nuestra filosofía debe ser bíblica. Esto significa que debe haber razones exegéticas para las posiciones por las cuales reclamamos ser cristianos. Si no las hay, no tenemos el derecho a reclamar que nuestra visión es cristiana.

La Teología de la Liberación no comienza con Dios, comienza con el hombre, y este error fatal debe ser un llamado de alerta más que suficiente para no caer en el engaño. En el caso de los teólogos de la liberación, ya sabemos qué sistema importaron. Los problemas con esto son:

1) Cuando escarban en la Biblia para poder descubrir el sistema que quieren meter a fuerza en la Escritura, terminan maquillando pasajes, ignorando muchos textos y evitando la exégesis cuidadosa. Terminan haciendo teología especulativa en vez de teología exegética.

2) Una vez que han construido artificialmente un sistema, éste se convierte en más autoritativo que la Biblia misma. La doctrina no necesita estar basada en ningún texto, sino sólo en lo que ellos piensan que puede ser deducido del texto.

3) La Escritura ya no es considerada como la sustancia o el foco de revelación, sino que se le considera el paquete o la envoltura en la que el sistema nos es entregado.

4) Suponen que el sistema es necesario para obtener la “llave” que les permite abrir los componentes de la Escritura. Esto por sí mismo significa negar la claridad de las Escrituras.

5) Esta metodología reduccionista conduce a estos amigos a seleccionar arbitrariamente un tema en la Escritura (la situación del pobre), aislarlo y a absolutizarlo como la “llave”. Esto los lleva a reducir todas las demás ideas en la Escritura y embotellarlas en el tema de su predilección.

Estos teólogos ignoran que la Escritura es multitemática, multidimensional, y por sobre todo, centralizada en Cristo. De ahí la falla de los teólogos de la liberación en reconocer que un número de temas que comienzan en Génesis son desarrollados a posteriori en la Escritura. De la forma en que una cuerda tiene muchas fibras que se extienden de principio a fin, la Biblia hace lo mismo con muchos temas. Seleccionar un solo tema y reducir toda la Escritura a ese tema, esteriliza la Biblia y la reduce a una revelación unidimensional.

Lamentablemente, la fijación natural con un solo sistema tiene como consecuencia trágica (o efecto práctico) el aislamiento y la imposibilidad de aprender de otros planteos. Cuando ellos consideran su sistema como el “verdadero sistema”, muestran su arrogancia y desprecio A todo lo que otros puedan decir.

Lamentablemente están paralizados por su propia contradicción hegeliana, es decir, sugieren y sueñan con una sociedad de corte marxista benevolente (con pincelazos cristianos) pero saben que para intentar lograrla se necesita la fuerza de las armas. Pero su identificación cristiana les impide presentar propuestas claras e inmediatas porque saben que para que la clase gobernante pierda el poder debe correr sangre.

Como además están atrapados en su interpretación del mandamiento “no matarás”,  es claro que no tienen más remedio que dejar que otros con sus mismos principios ideológicos, pero con más decisión o agallas, hagan la revolución. Yo considero que existe una hipocresía muy sutil, así como una cobardía básica, en aquellos teólogos que promueven la teología de la liberación aparte del uso de las armas. Con su retórica encienden pasiones, pero a la hora de la hora, prefieren tomar las “armas del amor”, como dijo un conocido mío partidario de la Teología de la Liberación.

Como resultado, la posición de estos ideólogos es parasitaria por excelencia. Parasitan en medio de los movimientos de izquierda y parasitan en la Iglesia de Cristo. Los primeros los usan como ideólogos para ganar el apoyo de ciertos sectores sociales con inclinación hacia principios cristianos básicos, pero no comprometidos realmente con Cristo. La forma en que parasitan en la Iglesia es incrustando su evangelio marxista en la mayor medida posible en las iglesias evangélicas que carecen de liderazgo bíblico.

Por último, digamos que también están atrapados en la irracionalidad y el sincretismo de su propio sistema. Tienen que explicar por qué la propuesta marxista ha sido un fracaso a través de la historia. Han fracasado en mencionar un solo estado donde la justicia social, los derechos humanos, y todos los componentes de la utopía comunista se hayan cristalizado. No sólo no se ha podido lograr, sino que los resultados han sido exactamente lo contrario a lo esperado: pobreza, deterioramiento o ausencia de valores morales, cercenamiento de los derechos humanos, opresión, millones de muertos, derrumbe del sistema, etc. La cortina de humo para cubrir este fracaso es, por supuesto, echarle la culpa de todo al “imperialismo americano” o el “gigante del norte”. Siguen prendidos de la teoría de la dependencia, algo que los marxistas más inteligentes ya han abandonado por ser harto ingenua.

Más allá de eso, toda la retórica académica de los teólogos de la liberación queda reducida al nivel de cuentos para dormir a los niños.

Saludos.

Pablo Santomauro

La ineludible persecución (I)

El seguidor de Cristo será perseguido

La ineludible persecución (I)

Hay un aspecto de la evangelización en el que no se suele hacer mucho énfasis -si es que se hace alguno- y que resulta, sin embargo, esencial. Aún más. Pasarlo por alto constituye un error de no escasa envergadura. Me estoy refiriendo a la persecución que deberán arrostrar los creyentes.

La palabra persecución provoca una serie de imágenes que no siempre son afortunadas. Para algunos, evoca alambradas, campos de concentración, deportaciones y, de manera comprensible, se llega a la conclusión de que no todos los creyentes –afortunadamente– deberán pasar por situaciones semejantes.

Para otros, la palabra persecución tiene un regusto a rancio y a tiempos pasados. Los de los cristianos arrojados a los leones o ardiendo como pavesas en una hoguera es una realidad innegable en términos históricos, pero impensable en un mundo como el actual, al menos en el civilizado Occidente.

Finalmente, están los que darían una vuelta más a las dos imágenes anteriores e incluso dirían que, hoy por hoy, los únicos creyentes que son objeto de persecución son aquellos que carecen de la suficiente formación como para discutir con sus tolerantes vecinos, en resumen, los fanáticos.

Imagino que aquellos que me lean con habitualidad sospecharán que estos tres puntos de vista no me parecen en absoluto acertados. Pues han dado en el blanco porque, a decir verdad, constituyen un peligroso disparate que sólo sirve para que los creyentes no sepan como reaccionar en medio de determinadas situaciones y, de paso, limen todo lo que el Evangelio pueda tener de molesto para aquellos a los que se anuncia.

De entrada, debemos dejar clara una premisa que señaló Pablo: “todos aquellos que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos” (2 Timoteo 3:12).

Que el apóstol realizara tan tajante afirmación en su testamento epistolar debería llevarnos a reflexión. Ciertamente, no todos pasaremos por una cárcel, un campo de concentración o siquiera un juzgado, pero todos los que deseen – no dice consigan, sino deseen – vivir piadosamente de acuerdo a las enseñanzas de Jesús serán perseguidos.

La afirmación de Pablo, por otro lado, no hace sino repetir de manera clara y concisa las propias enseñanzas de Jesús que señaló que enviaba a sus discípulos como “ovejas en medio de lobos”, ovejas que padecerían persecución como parte de su ministerio (Mateo 10:16 ss).

Me consta que semejante radicalismo por parte de Jesús y Pablo –es que eran unos fundamentalistas, ¿sabe usted?– molestará a algunos.

Por ejemplo, entre los peligros que revolotean sobre los creyentes en los últimos tiempos están tanto el creer que no tenemos que sufrir enfrentamiento alguno con nadie porque nuestra postura es punto menos simpática que la de Santa Claus (o incluso más) como el estar convencidos de que el Señor ansía librarnos del menor inconveniente y, por lo tanto, se las apañará para convertir la predicación del Evangelio en motivo de solaz e incluso de beneficios personales sin cuento.

Perdóneseme el que hable tan claro, pero ambas posturas, a la luz de la Biblia, son falsas. Permítaseme además que empiece por la segunda.

De entrada, Jesús le dejó claro a Pedro –que pensaba que eso del sufrimiento no era para cristianos– que el negarse a aceptar la persecución es una postura diabólica y que además si alguien deseaba seguirlo, debía negarse a si mismo (¡¡¡negarse!!! ¿Por qué Jesús no leyó manuales de autoayuda o hizo un cursillo de coaching?), estar dispuesta a morir en la cruz como el delincuente más vil y seguirle (Mateo 16:24).

Por supuesto, muchos lo interpretarían como una gran pérdida, pero no cabía engañarse, “el que desee salvar su vida, la perderá y el que la pierda por causa de Mi, la salvará” (Mateo 16:25).

Por lo que se refiere a la primera de esas posturas –junto con otros aspectos relacionados con la persecución– tengo intención de comentarla, pero, si Dios lo permite, lo haré en la siguiente entrega.

CONTINUARÁ

César Vidal es escritor, historiador y teólogo

© C. Vidal, ProtestanteDigital.com (España, 2008).