CONOCIMIENTO

CONOCIMIENTO

El árbol del conocimiento

En la filosofía griega, el conocimiento se consideraba como el sumo bien del hombre. Para Sócrates, equivalía a la virtud, de ahí su máxima clásica: «Conócete a ti mismo». Pero en el Antiguo Testamento todo conocimiento se contrasta con el conocimiento de Dios. El conocimiento de Dios es infinito (Sal 147.5) e íntimo. Jehová conoce los nombres (Éx 33.12; Sal 91.14), los pensamientos (Job 21.27; Sal 44.21; 94.11), los caminos (Job 23.10) y las actividades del hombre (Sal 139.2; Is 66.18). Mientras el hombre persigue el conocimiento (Pr 2.3–5; 3.13; 4.5; 23.23), debe reconocer que todo su conocimiento es incompleto (Ec 8.7; 9.12; 11.5; Is 59.8; Miq 4.12) y puede ser vano (Is 44.25).
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