ESPIRITUALIDAD ORIENTAL: UN ACERCAMIENTO DESDE UNA COSMOVISIÓN CRISTIANA


ESPIRITUALIDAD ORIENTAL: UN ACERCAMIENTO DESDE UNA COSMOVISIÓN CRISTIANA

ESPIRITUALIDAD ORIENTAL: UN ACERCAMIENTO DESDE UNA COSMOVISIÓN CRISTIANA

Por  David Suazo

En la espiritualidad oriental los conceptos de la realidad, el ser humano, el mal, la naturaleza física, el propósito de la vida y la historia difieren de la cosmovisión teísta. La espiritualidad oriental atribuye poco valor al ser humano y su futuro y falla al no darle un propósito a la historia. Aprendiendo de la espiritualidad oriental, los cristianos debemos recuperar un mayor aprecio por la naturaleza. La encarnación del Evangelio dentro de una cultura con cosmovisión oriental puede resultar en un cristianismo muy diferente del cristianismo occidental.

In oriental spirituality the concepts of reality, the human being, evil, physical nature, the purpose of life, and history differ from a theistic worldview. Oriental spirituality attributes little value to human beings and their future and fails to find purpose in history. Learning from oriental spirituality, we Christians should recover a greater appreciation for nature. The incarnation of the Gospel in a culture with an oriental worldview may result in a Christianity very different from western Christianity.

INTRODUCCIÓN

Cuando yo era un joven escuchaba con mucha emoción la música de los Beatles, quienes fueron mi grupo favorito de música contemporánea de aquellos dorados años. Nunca entendí por qué se disolvió el grupo, ni su inclinación por el misticismo oriental hindú. Cuando George Harrison, antiguo integrante del grupo, compuso la famosa canción My Sweet Lord, yo ingenuamente pensé (como muchos otros) que se trataba de un tributo al Dios de la Biblia, pero pronto descubrí que no era así. El dulce Señor en la canción es Krishna, la deidad principal hindú. ¿Qué había pasado? Ahora varios años después, al estudiar la historia del pensamiento occidental y las filosofías influyentes en la década de los sesenta del siglo XX, descubro qué pasó. Otra cosmovisión ingresó en la cultura occidental, la cual ejerció tremenda atracción, especialmente en el mundo artístico.

Sin embargo, no quiero acercarme al tema de la espiritualidad oriental simplemente porque está en Occidente y ejerce influencia en “nuestro mundo”. Creo que eso sería mantener una mentalidad egocéntrica, arrogante en que me interesa saber de los demás porque me afecta, me influye, me perturba. Cada cultura y cada cosmovisión debe ser estudiada lo más objetivamente posible por lo que es intrínsecamente, no solamente por lo que me daña o afecta. En este trabajo se intentará describir brevemente la espiritualidad oriental, particularmente el hinduismo védico, evaluarla y dar orientación básica desde la perspectiva evangélica.

BREVE DESCRIPCIÓN DE
LA ESPIRITUALIDAD ORIENTAL

La realidad

En la espiritualidad oriental la realidad es una, sin distinguirse ni del ser humano, ni de la deidad, ni de la naturaleza. Atman, la esencia del ser humano, y Brahman, la esencia del cosmos, son una sola realidad.[1] Cada persona, cada animal, cada planta, cada río, montaña o roca es Dios.[2]

En la espiritualidad oriental la realidad última tiene dos vertientes. Por un lado el hinduismo védico parece apuntar a una deidad personal, Krishna, mientras que el budismo a algo impersonal. El primero habla del Todo y el segundo de la Nada. Al final cada elemento de la naturaleza se une al Uno (Brahman)[3] o desaparece en la Nada (Nirvana).[4]

Las realidades particulares de las personas o las cosas en el diario vivir son pura ilusión (Maya), apariencia, no reales “en realidad”.[5]

El ser humano: naturaleza, dignidad,
personalidad, conducta

El valor del ser humano en la espiritualidad oriental depende del grado de conciencia que tenga de su unión con el Uno. No hay individualidad intrínseca, porque todo ser humano es Dios (Brahman). La dignidad humana se asocia siempre con la realidad última, que es una sola. La personalidad es ilusión. El ser humano más bien debe negar su personalidad individual para ingresar en la unidad de Dios. Lo mismo se puede decir de la moralidad y la conducta humanas; son ilusión y las leyes del karma, que son arbitrarias, determinan el premio o castigo de las personas según su conducta.[6]

El poema Bhagavad Gita señala que la vida humana casi no importa, porque el hombre siempre vive. Krishna responde a las inquietudes de Arjuna sobre la lucha y la muerte de sus seres queridos diciendo: “Quien piensa que mata y quien piensa que es matado no conoce cómo actúa la verdad. Lo eterno en el hombre no puede matar: lo eterno en el hombre no puede morir”.[7] También se dice que la vida humana puede seguir existiendo físicamente en diferentes cuerpos a través de las edades.[8]

El mal, la ética, la moral y los valores

¿Cómo explica la espiritualidad oriental el problema del mal? Sire aclara esto al decir:

La unicidad con el cosmos está más allá del bien y del mal; el cosmos es perfecto en cada momento… De manera que, así como lo verdadero y lo falso, en última instancia la distinción entre el bien y el mal se acaba. Todo es bueno (lo cual, claro, es idéntico a decir ‘nada es bueno’ o ‘todo es malo’). El ladrón es el santo es lo mismo que decir que el santo es el ladrón…[9]

Las leyes arbitrarias del karma determinan el crimen y castigo, sin que la persona sepa exactamente por qué.[10]

La naturaleza física

La espiritualidad oriental, tanto en su expresión hinduista védica como en su expresión Zen budista, tiene gran aprecio por la naturaleza física, porque ella representa también la deidad, la unidad de toda la realidad. Sin embargo, en el Zen budista es donde mejor se observa este aprecio y relación. D. T. Zuzuki describe esto en su artículo “Conferencias sobre Zen Budismo”.[11] Allí se dice que una gran diferencia entre el mundo occidental y el mundo oriental es precisamente su aprecio por la naturaleza. Mientras en Occidente se ensalza la razón, el intelecto, la mente inquisitiva y analítica, en Oriente se ensalza la reflexión, la meditación, la identificación con la naturaleza, no para entenderla, sino para sentirla, para disfrutarla.

Propósito final de la vida

La espiritualidad oriental hace énfasis en la unidad de toda la realidad. Cada persona individualmente es una ilusión mientras vive y llega a unirse con esa gran unidad.[12] Por lo tanto, el propósito final del ser humano es llegar a la conciencia universal, al Brama, al todo luego de pasar por innumerables ciclos de vida. La historia es, entonces, una sucesión ininterrumpida de eventos que la persona puede recordar o no. Las encarnaciones y reencarnaciones sucesivas se repiten una y otra vez hasta que la persona llega a fundirse con el alma cósmica y desaparece como individuo. La imagen del río en la novela Siddharta es la mejor explicación de este concepto. El río siempre es, siempre corre, siempre pasa, siempre es nuevo y termina en el mar que simboliza el alma cósmica.[13] La historia es entonces cíclica, sin una meta definida, lo cual, en última instancia no importa. Zuzuki dice que los pueblos orientales aman la vida tal como es vivida, es decir, en sí misma, y no desean convertirla en un medio para realizar otra cosa, un propósito ulterior.[14]

EVALUACIÓN DE LA ESPIRITUALIDAD ORIENTAL DESDE LA COSMOVISIÓN CRISTIANA

Punto de partida

La cosmovisión teísta cristiana parte de una realidad muy distinta a la de la espiritualidad oriental. Ese algo que existe, que en la espiritualidad oriental se describe como el Todo, la Nada, la conciencia cósmica, a veces personal pero indefinido, a veces impersonal, es Dios para el teísmo cristiano. Todas las preguntas sobre la realidad, la persona humana, su dignidad, sus sentimientos, su propósito—en fin todo se conecta con ese Dios infinito, personal, creador, trascendente e inmanente, redentor y relacional.[15] Agrego a eso el carácter revelador de ese Dios y lo normativo de esa revelación en las Escrituras.

La persona humana

Más que ningún otro asunto, quiero enfocar el tema de la persona humana, porque es allí donde veo el mayor problema de la espiritualidad oriental. La descripción del ser humano como parte de un todo, de la individualidad y personalidad como una mera ilusión y del propósito de la vida como una disolución, una desaparición así no más, no le hace justicia ni a la revelación bíblica, ni a la realidad de la historia humana.

El ser humano tiene un valor incalculable que la espiritualidad oriental no aprecia ni reconoce. Al contrario, parece haber más aprecio por la naturaleza física (animales, plantas, ríos, etc.) que por el ser humano en sí. Esto es particularmente cierto en el hinduismo védico. Creo que esa es la razón principal del poco desarrollo, progreso y avance de las culturas hinduistas. No quiero decir que necesariamente el progreso deba medirse en los términos occidentales de afluencia económica, industrialización, automatización del trabajo, etc., pero sí en términos de la vida misma: la salud, la educación, el orden, la limpieza, las relaciones interpersonales, etc.

Lo más lamentable en todo esto es el poco aprecio por el futuro del ser humano, tanto en cuestiones físicas, económicas, políticas y sociales, como en cuestiones trascendentales, como la vida eterna. Las sucesivas encarnaciones y reencarnaciones solamente contribuyen a fundamentar un espíritu conformista, pasivo, indiferente y muchas veces pesimista. La cosmovisión teísta cristiana no ve ni presenta al ser humano de esa forma, sino como la corona de la creación y con una dignidad por encima de todo lo demás creado. Eso lo hace crecer, desarrollarse, progresar, avanzar con libertad, incluso para equivocarse y alejarse del plan de Dios. El ser humano es digno de redención. Por eso Dios lo redime y lo encausa de nuevo al rumbo del propósito final: comunión eterna con Dios. El ser humano sí tiene un futuro mejor, consciente, individual y corporativo.

La naturaleza

La espiritualidad oriental hace énfasis marcado en la naturaleza física. Se puede decir que el aprecio por la naturaleza en esta cosmovisión es mayor que en la cosmovisión teísta, la cual ha sido fuertemente influida por el naturalismo científico occidental. El artículo de Zuzuki hace clara la diferencia entre Occidente y Oriente en este tema de la relación con la naturaleza.

Aunque por razones distintas, la cosmovisión teísta debe recuperar ese aprecio por la naturaleza, no en el sentido hindú o budista, ni siquiera en el sentido ecologista de los partidos verdes de Occidente, sino en el sentido bíblico. Debemos aprender de otras cosmovisiones ese aprecio. La naturaleza no es solamente un instrumento de trabajo, de progreso. Tiene un valor propio que le es innato en virtud de la creación divina. Pienso que la cosmovisión teísta cristiana ha absorbido algo del pensamiento naturalista, racionalista, analítico del mundo moderno que ha afectado la relación entre el ser humano y la naturaleza.

Está claro que la cosmovisión oriental deifica la naturaleza a tal grado que estropea el propio desarrollo humano. Aprender de la espiritualidad oriental el aprecio por la naturaleza no es lo mismo que aceptar su cosmovisión, que incluye la deificación de esa naturaleza.

El propósito o significado de la historia[16]

No cabe duda que, desde la perspectiva de la cosmovisión teísta cristiana, la espiritualidad oriental falla al no darle un significado ni un propósito a la historia. La historia en la cosmovisión oriental no solamente es cíclica, sin ninguna meta definida, sino que también carece de significado aquí y ahora.[17]

Esto último tiene muchas implicaciones en varios aspectos. Por un lado están las implicaciones relacionadas con la proclamación del Evangelio, el cual se basa en hechos históricos muy significativos. Un Dios que irrumpe en la historia, que se encarna, que interviene, que diseña un plan redentor a través de la historia misma no es parte de la cosmovisión oriental. Allí no tiene sentido toda esta proclamación.

Por otro lado están las implicaciones relacionadas con la vida de cada persona, con la sociedad, con la organización de las comunidades. La historia es la vida misma, la evolución significativa de la humanidad; es el desarrollo personal y corporativo. La historia, en fin, es, con sus altibajos, una historia de progreso bajo la dirección soberana de Dios, pero con las acciones contingentes de los hombres. Los hombres son sujetos de su historia, la pueden cambiar, la pueden diseñar. Los seres humanos no son meros componentes pasivos de un río que fluye sin razón ni meta. Dios nos ha dado la capacidad de soñar y de anhelar un futuro, una sociedad y un ser humano mejores. ¡Nos espera un futuro glorioso!

CONCLUSIÓN

Así como los Beatles fueron atraídos por la cosmovisión oriental, hoy muchos artistas y personas comunes también se sienten atraídos por esa cosmovisión. Encuentro que la mejor manera de responder, dialogar y aun evangelizar a personas dentro de la espiritualidad oriental es a través de un acercamiento “cosmovisionero” del Evangelio, de la cultura, de las religiones, de las personas.

Aunque es cierto que las culturas son el resultado de una cosmovisión, muchos elementos de la cultura pueden ser rescatados de tal manera que el Evangelio pueda encarnarse en otras culturas sin ser necesariamente una reproducción de la cultura occidental “cristiana”. En el caso de la cosmovisión oriental, las culturas resultantes son milenarias y ricas. El reto es aprender a verlas con ojos redentores, es decir, pensando en su transformación, pero también en la encarnación del Evangelio allí. Es posible que el resultado sea un cristianismo muy diferente del cristianismo occidental. ¿Estaríamos dispuestos a aceptar esa realidad?

Usado con permiso

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[1]James Sire, The Universe Next Door: A Basic Worldview Catalog (Downers Grove, Illinois: InterVarsity Press, 1997): 121-22.

[2] Herman Hesse, Siddharta, trad. por Carmen Grossa (México: Editores Mexicanos Unidos, 1993). En esta novela Siddharta, el protagonista, llega a identificarse con rocas, plantas y animales y termina encontrando lo que buscaba (su Atman) en un río.

[3] Sire, The Universe: 130.

[4] Ibid., 133. Sire usa la expresión “Vacío”.

[5] Ibid., 123.

[6] Scott Horrell, “Notas de la materia Teología y Cosmovisión: Three Basic Worldviews” (Guatemala: SETECA, 2004).

[7] Bhagavad Gita, versión e introducción de Juan Mascaró, trad. José Manuel Abeleira (Madrid: Editorial Debate, 1999): 63.

[8] Ibid., 62.

[9] Sire, The Universe: 128.

[10] Horrell, “Three Basic Worldviews”.

[11] D. T. Zuzuki, “Conferencias sobre Zen Budismo” en D. T. Zuzuki, Erich Fromm e Richard de Martino, Zen-budismo e Psicoanálise, trad. Octavio Mendes Cajado (Sao Paulo: Cultrix, 1987): 9-25.

[12] Horrell, “Three Basic Worldviews”.

[13] Hesse, Siddharta: 121.

[14] Zuzuki, “Conferencias sobre Zen Budismo”: 16.

[15] Horrell, “Three Basic Worldviews”.

[16] Estoy usando una de las categorías que Sire emplea en The Universe Next Door para evaluar las cosmovisiones que él incluye en dicho libro.

[17] Sire, The Universe: 131.


Recursos Relacionados:

http://www.obrerofiel.com/content.php?cnt=TmprNQ==

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